domingo, octubre 06, 2019

Gabriel Celaya / Paraíso al día















En la mañana funcionan
las máquinas y los lirios suavemente;
los números me suenan
como si nadie los hubiera usado antes.

(Pero aquella golondrina
loca en un aire cuajado de inventos y teorías...
Pero aquella golondrina
que han herido unas aristas de luz definitiva...)

Nunca estuvimos más solos;
nunca más limpios de engaños.
Nos miramos a los ojos
y allí el mundo es pequeñito,
preciso, neto, brillante,
tan anterior al pasado
que no comprendemos nada.

Gabriel Celaya (Hernani, País Vasco, España, 1911-Madrid, 1991), Los poemas de Juan de Leceta, Jaime Salinas Editor, Barcelona, 1961; Lumen, Barcelona, 1976, 1988
Envío de Jonio González.

Gabriel Celaya - Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes - A Media Voz - RTVE (Video)

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Foto: Gabriel Celaya Alberto Schommer/Web Gabriel Celaya 

sábado, octubre 05, 2019

Georg Leß /Décima vértebra / el arca, la preocupación




















DÉCIMA VÉRTEBRA / EL ARCA, LA PREOCUPACIÓN

del detector de humo cubrió dos tercios de la cocina
la relación de la rueda con el pavo real, del brillo con el miedo

el incendio aquí no tendría ningún lugar, así que cuidado; si
yo, y esto no te concierne, en cualquier momento fallara
o una luciérnaga sin fuerza en la noche
se posara sombría sobre un interruptor
y esperara el dedo, la luz

en el guante de cuero están metidos cinco camarones
el más gordo pregunta: dónde están los delgados,

     escucho sus voces delgadas:
     te necesitamos

Georg Leß (Arnsberg, Alemania, 1981), Hohlhandmusikalität, Berlín, Kookbooks, 2019
Versión de Silvana Franzetti y Odile Kennel
Hablar de Poesía publicará poemas de Leß y otros poetas alemanes en su edición #40

Der Tagesspiegel - Fixpoetry - Signaturen - Parasitenpress

Foto: Georg Leß, Berlín, 2016, por Dirk Skiba


ZEHNTER WIRBEL / ARCHE, DIE SORGE

des Rauchmelders füllte die Küche zu zwei Dritteln aus
die Relation vom Rad zum Vogel Pfau, vom Glanz zur Angst

kein Wohnungsbrand fände hier Platz, also Vorsicht; wenn
ich, was dich nicht betrifft, irgendwann ausfalle
oder ein kraftloses Glühwürmchen sich in der Nacht
finster auf einen Lichtschalter setzt
um auf den Finger zu warten, das Licht

im Lederhandschuh stecken fünf Garnelen
die dickste fragt: wo sind die dünnen, ich

     höre eure dünnen Stimmen: wir
     brauchen dich

viernes, octubre 04, 2019

Enrique Santos Discépolo / Chorra














[Tango]

Por ser bueno
me pusiste a la miseria,
me dejaste en la palmera,
me afanaste hasta el color.
En seis meses
me comiste el mercadito,
la casiya de la feria,
la ganchera, el mostrador...
¡Chorra!...
Me robaste hasta el amor...
Aura,
tanto me asusta una mina,
que si en la calle me afila
me pongo al lao del botón.

¡Lo que más bronca me da,
es haber sido tan gil!

Si hace un mes me desayuno
con lo qu' he sabido ayer,
no er'a mí que me cachaban
tus rebusques de mujer...
Hoy me entero que tu mama
"noble viuda de un guerrero",
¡es la chorra de más fama
que ha pisao la treinta y tres!
Y he sabido que el "guerrero"
que murió lleno de honor,
ni murió ni fue guerrero
como m'engrupiste vos.
¡Está en cana prontuariado
como agente 'e la camorra,
profesor de cachiporra,
malandrín y estafador!

Entre todos
me pelaron con la cero,
tu silueta fue el anzuelo
donde yo me fui a ensartar.
Se tragaron
vos, "la viuda" y "el guerrero"
lo que me costó diez años
de paciencia y de yugar...

¡Chorros!
Vos, tu vieja y tu papá,
¡Guarda!
Cuidensé porque anda suelta,
si los cacha los da vuelta,
no les da tiempo a rajar.

[1928]

Enrique Santos Discépolo (Buenos Aires, 1901-1951)


Foto: s/d

Anahí Flores / De "Sin embalar"












Domingo

Camino veinte cuadras hasta el río,
me descalzo y me siento. Como islotes
hay grupos de personas que conversan,
toman mate, hacen picnic. Una hormiga
se trepa por mi pie, llega al tobillo.
Me recuesto, un perro pasa cerca
y un padre con su hijo juega al fútbol
a pocos metros, ¿y si la pelota…?
Miro el cielo: un montón de barriletes
como naves de Star Wars, sobrevuelan.
Más allá, una pareja está aburriéndose,
¿qué los lleva a venir acá, sentarse,
disfrutar de la Estrella de la Muerte?


Estornuda hacia el sur

El vecino de al lado
estornuda de madrugada.
Al rato se va
y no tengo más noticias
hasta que vuelve a estornudar
a eso de las diez de la noche,
aunque sin la intensidad de la mañana.
Salgo al balcón,
miro las luces de las casas
mientras él sigue estornudando
uno o dos metros hacia el sur,
como si se despidiera.


Con tren y adoquines

Cuando me escribías
desde tu ciudad de ciervos y coyotes
cada letra
me ajustaba sus patas de enchufe.
Si te pensaba
desde mi barrio con tren y adoquines
entrecerrabas los ojos, allá lejos,
y veías, me dijiste, una diapositiva gigante
como un zoom de nuestra piel.

Ahora
en un café de un barrio neutro
te escudás en el jet lag y pedís
un earl grey.
Yo también pido algo.
Es lo que se hace
en los cafés del mundo real.

Anahí Flores (Buenos Aires, 1977)

Sin embalar,
Kintsugi Editora,
Buenos Aires, 2019










Kintsugi Editora - Outsider - Tren Insomne - Oz - Kundra - Malón Malón - 1 Poeta 10 Pregutas
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Foto: El Living sin Tiempo

jueves, octubre 03, 2019

Martina Evans / ¿Se puede confiar en los dentistas?













                             (para Tatiana y Peter)

Están los que sólo visitas una vez,
como el compañero de Phibsboro, Dublín
que rugió “la concha de Dios”
con la pierna sobre el sillón de dentista
mientras me extraía
mi diente avergonzado.

O el que me dijo que mintiera
sobre estar embarazada
para poder tener coronas
que nunca dije
que quería
gratis en la obra social.

El hombre de Kensington
que me dijo que realmente
amaba a los irlandeses
y se murió cinco años después
dejándome de herencia
un análisis de HIV.

Con otros, tienes que quedarte.
Pero si les pagas
al final pueden querer
todos tus dientes.
Podrías encontrarte
con la boca abierta
mientras estás acostada en la silla
como un cadáver
con una moneda en la boca
viajando
hacia el inframundo.

Martina Evans (Burnfot, condado de Cork, Irlanda, 1961), Can Dentists Be Trusted?, Anvil Press, Reino Unido, 2004
Versión de Jorge Fondebrider

Martina Evans - Martina Evans/Poems - Carcanet Press - Royal Literary Fund - The Irish Times - Irish World - Pelmeni Poetry

Foto: Martina Evans 

miércoles, octubre 02, 2019

Celia Clara Fischer / Dos poemas

 

                     a Ana María Benda

Del movimiento de voces
asoman esos niños junto a la vertiente
y el perro que salta la pared
es el mío
y es mía la habitación a oscuras
donde ha regresado mi madre
sigo caminando
pero son las montañas
que de perfil se deslizan sin detenerse
cuando de un cello llega el canto del cisne
y el campanario desembarca en lo abierto.




                      Heinrich von Kleist

La música de las esferas
gozoso cobijo deslumbrando
la carne todavía temblorosa
de un Aquiles sangrante
en la boca de Pentesilea
del cielo caen palabras
que sólo son palabras
abrazadas a sí mismas
constelaciones
a punto de resucitar en Etiopía
el hueso que las contiene.

Celia Clara Fischer (Buenos Aires, 1943), Blog de Celia Clara Fischer, 5 de mayo de 2019 y 8 de diciembre de 2018

Ref.:

Foto: Blogger

martes, octubre 01, 2019

Claudia Masín / De "Abrigo"















Del tiempo en que mi hermano y yo
crecíamos al sol, abandonados
y desbordantes como frutas salvajes,
quedó en mi pecho un viento
crudo y antiguo que no dejará de agitarse
ni aun en medio del día más apacible,
más hermoso del verano.



Nunca consumé
separación alguna. Unida
a cada brizna de hierba tanto
como a mi madre, soy una cuerda
de luz que desciende del aire
y se anuda a la sombra que dejan
todas las cosas al irse.



Descanso de mí como ciertas flores del desierto,
arrancadas del tallo, descansan en la arena:
sin esperar nada, ni la lluvia ni la muerte.

Claudia Masin (Resistencia, Argentina, 1972)

Abrigo,
El Vendedor de Tierra,
Florida, Buenos Aires, 2019









El Vendedor de Tierra - El Placard - Noticias Día x Día - Otra Iglesia Es Imposible
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Foto: Claudia Masín en Facebook

lunes, septiembre 30, 2019

William Shakespeare / De "Macbeth"

















Mañana y mañana y mañana

[Poesía ocasional]

Casi he olvidado el sabor del miedo;
el tiempo ha sido... Mis sentidos se enfriaban 
al escuchar el chillido nocturno 
o cualquier tragedia me erizaba el pelo.
Estoy lleno de horrores; son tan familiares 
a mi pensamiento asesino que ya no me asustan.
¿Qué fue ese grito?

La reina, mi señor, está muerta.

Debería haber muerto más adelante;
habría sido el momento para tal palabra.
Mañana y mañana y mañana
se arrastran con su pequeño paso día a día
hasta la última sílaba del tiempo escrito,
y todos nuestros ayeres iluminan a los tontos
hacia el polvo y la muerte. ¡Apagate, breve vela!
La vida no es sino una sombra andante, un pobre actor
que se pavonea y gasta su hora en el escenario
y luego ya no se lo escucha: es un cuento
contado por un idiota, lleno de sonido y de furia,
y significa nada.

William Shakespeare (Stratford upon Avon, 1564-1616), Acto V, Macbeth
Versión de Jorge Aulicino basada en el original y en Marcelino Menéndez Pelayo

Imagen: Impresión en cera del sello del actor David Garrick, mediados del siglo XVIII National Portrait Gallery 

MACBETH
I have almost forgot the taste of fears;
The time has been, my senses would have cool'd
To hear a night-shriek; and my fell of hair
Would at a dismal treatise rouse and stir
As life were in't: I have supp'd full with horrors;
Direness, familiar to my slaughterous thoughts
Cannot once start me.
Wherefore was that cry?

SEYTON
The queen, my lord, is dead.

MACBETH
She should have died hereafter;
There would have been a time for such a word.
To-morrow, and to-morrow, and to-morrow,
Creeps in this petty pace from day to day
To the last syllable of recorded time,
And all our yesterdays have lighted fools
The way to dusty death. Out, out, brief candle!
Life's but a walking shadow, a poor player
That struts and frets his hour upon the stage
And then is heard no more: it is a tale
Told by an idiot, full of sound and fury,
Signifying nothing.

Delmore Schwartz / La balada de los hijos del zar














1

Los hijos del Zar
jugaron con un balón

En la mañana de mayo, en el jardín del Zar,
se lo lanzaban y lanzaron.

Cayó entre los arriates
o se fugó a la puerta norte.

Una luna diurna colgaba
del cielo a poniente, calva y blanca.

Como la cara de Papá, dijo Hermana,
arrojando la pelota blanca.


2

Mientras, yo me comía una papa asada
a seis mil millas de distancia,

En Brooklyn, en 1916,
edad dos años, irracional.

Cuando Franklin D. Roosevelt
era un anuncio de camisas Arrow.

¡Oh, Nicolás! ¡Ay! ¡Ay!
Tosió en tu ejército mi abuelo.

Oculto en un tonel apestoso a vino
tres días en Bucarest

Se fue luego a América
y llegó a ser rey.


3

Yo soy el padre de mi padre,
tú eres la culpa de tus hijos.

En la piedad y el terror de la historia
el niño es de nuevo Eneas;

Troya está en el cuarto de los niños,
el caballico de madera en llamas.

¡Explotación de menores! Cargue el niño
los padres a su espalda.

Y puesto que pasaron tantas cosas
y que la historia no es sino tristor

Para el individuo,
el que bebe té, el que se acatarra,

Generalícese la furia:
odio cosas abstractas.


4

Hermano y hermana rebotaban
el invicto balón obligado,

Del sol cayeron añicos
como espadas sobre aquel juego,

Marchoso hacia levante entre estrellas
y hacia octubre y febrero.

Mas los vientos de mayo rozaron sus mejillas
como madre que vigila un sueño,

Y si pelean un poco
por culpa del balón

Y la hermana pellizca al hermano,
y el hermano le atiza en las canillas,

¡Pues sí! Así es el corazón humano:
flor de cacto.


5

El jardín donde el balón rebota
es otro balón que retoza.

El remolino rotatorio del orbe
impide el júbilo del albedrío.

Rueda en su foco oscuro de luz,
muy grande para sus manos.

Cosa despiadada sin fin,
capricho y perseverancia,

No se hizo para niños, para juegos,
se hizo para perseguirse.

De los inocentes se apoderan,
no son inocentes.

Son los padres del padre,
el pasado inevitable.


6

Ahora, en este octubre
de esta mala racha,

Veo mi segundo año,
me como mi papa asada.

Mi mundo untado con manteca
que atiza mi torpe mano

Cae de la silla alta
y me echo a chillar.

Y veo el balón rodar bajo
la verja cerrada de hierro.

Grita la hermana, chilla el hermano,
el balón evadió sus albedríos.

Pensar que hasta un balón
es incontrolable,

Y está bajo la tapia del jardín.
El terror se apodera de mí

Si pienso en los padres del padre,
y en mi propio albedrío.

Delmore Schwartz (Nueva York, Estados Unidos, 1913-1966) poesía.us.
Traducción de José Kozer
Envío de Jonio González

Poetry Foundation - Círculo de Poesía - Malón Malón - Otra Iglesia Es Imposible


THE BALLAD OF THE CHILDREN OF THE CZAR

1

The children of the Czar
Played with a bouncing ball

In the May morning, in the Czar’s garden,
Tossing it back and forth.

It fell among the flowerbeds
Or fled to the north gate.

A daylight moon hung up
In the Western sky, bald white.

Like Papa’s face, said Sister,
Hurling the white ball forth.

2

While I ate a baked potato
Six thousand miles apart,

In Brooklyn, in 1916,
Aged two, irrational.

When Franklin D. Roosevelt
Was an Arrow Collar ad.

O Nicholas! Alas! Alas!
My grandfather coughed in your army,

Hid in a wine-stinking barrel,
For three days in Bucharest

Then left for America
To become a king himself.

3

I am my father’s father,
You are your children’s guilt.

In history’s pity and terror
The child is Aeneas again;

Troy is in the nursery,
The rocking horse is on fire.

Child labor! The child must carry
His fathers on his back.

But seeing that so much is past
And that history has no ruth

For the individual,
Who drinks tea, who catches cold,

Let anger be general:
I hate an abstract thing.

4

Brother and sister bounced
The bounding, unbroken ball,

The shattering sun fell down
Like swords upon their play,

Moving eastward among the stars
Toward February and October.

But the Maywind brushed their cheeks
Like a mother watching sleep,

And if for a moment they fight
Over the bouncing ball

And sister pinches brother
And brother kicks her shins,

Well! The heart of man in known:
It is a cactus bloom.

5

The ground on which the ball bounces
Is another bouncing ball.

The wheeling, whirling world
Makes no will glad.

Spinning in its spotlight darkness,
It is too big for their hands.

A pitiless, purposeless Thing,
Arbitrary, and unspent,

Made for no play, for no children,
But chasing only itself.

The innocent are overtaken,
They are not innocent.

They are their father’s fathers,
The past is inevitable.

6

Now, in another October
Of this tragic star,

I see my second year,
I eat my baked potato.

It is my buttered world,
But, poked by my unlearned hand,

It falls from the highchair down
And I begin to howl

And I see the ball roll under
The iron gate which is locked.

Sister is screaming, brother is howling,
The ball has evaded their will.

Even a bouncing ball
Is uncontrollable,

And is under the garden wall.
I am overtaken by terror

Thinking of my father’s fathers,
And of my own will.

Poetry Foundation
New Directions: Selected Poems (1938-1958) © 1967 by Delmore Schwartz
www.wwnorton.com/nd/welcome.htm.
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domingo, septiembre 29, 2019

Hernán Bravo Varela / Como buscar el sol con dos lámparas de mano...












Como buscar el sol con dos lámparas de mano.
Un sol que se confunde con las naranjas
podridas del jardín; luego se desuella,
cae hacia el cielo y lo encontramos
detrás de los edificios,
asomándose
entre casa
y casa,
siguiéndonos
por un ojo de llave.
De noche alumbramos
el naranjo y no el nido bajo tierra,
donde las ratas se frotan entre sí como un pedernal.

Hernán Bravo Varela (Ciudad de México, 1979), #39 Hablar de Poesía, Buenos Aires, agosto de 2019

Enciclopedia de la Literatura en México - Periódico de Poesía - Magis - Letras Libres - Instituto de Cultura de León - Gatopardo - Okupo+

Foto: Javier Senon/Gatopardo

sábado, septiembre 28, 2019

Seán Lysaght / La flora del condado de Armagh


















Hay nuevas flores
en las colinas del sur de Armagh,
nuevas torres del ejército
con radares giratorios.

Los tallos de color intenso
de las adelfas las hacen más grandes
que la planta de mi jardín.
Ésas, y otras especies desgarbadas

se extienden alrededor de la base
de esas crestas ígneas.
La botánica me lleva al norte
sólo por segunda vez,

para nombrar la flora
de la famosa frontera norte:
cómo llenan los setos de las granjas
nativas, y obstruyen las zanjas,

con los estambres de radar
por arriba de las nuevas
que giran sobre sí mismas eternamente.
No queridas, no queridas, no queridas.

Seán Lysaght (Cork, Irlanda, 1957), 
Scarecrow, Gallery Press, Oldcastle, Irlanda, 1998
Versión de Jorge Fondebrider

The Gallery Press - The Mayo News - Tuesday Poem - Poetry Ireland


THE FLORA OF COUNTY ARMAGH
  
There are new flowers
in the hills of south Armagh,
new army towers
with revolving radar.

The deep-coloured stems
of the willow-herbs make them  greater
than the plant in my garden.
These, and other slovenly species

sprawl about the base
oOf those igneous ridges.
Botany brings me north
for only the second time,

to name the flora
in the famous northern line;
how they fill the hedges of native 
farms, and clog up ditches,

with the stamens of radar
on the new ones above
turning on themselves eternally.
Unloved, unloved, unloved.

viernes, septiembre 27, 2019

María Calcaño / Había olvidado las muñecas...




















Había olvidado las muñecas
por venirme con él.
De puntillas,
conteniendo el aliento
me alejé de mis niñas de trapo
por no despertarlas…
Ya me iba a colgar de su brazo,
a cantar y bailar
y a sentirme ceñida con él:
¡como si a la vida
le nacieran ensueños!
Yo no llevaba corona,
pero iban mis manos colmadas
de bejucos floridos de campo,
de alegría, de amor, de fragancias.
Muchas noches pasaron encima
de aquella honda pureza sagrada.
¡Todo el cielo volcado en nosotros!
Había olvidado las muñecas.
Ahora él se ha ido:
lo mismo.
Despacito, por no despertarme…

María Calcaño (Maracaibo, Venezuela, 1906-1956), Canciones que oyeron mis últimas muñecas, Asociación de Escritores Venezolanos, Caracas, 1956
Envío de Jonio González

Ref.:
EPDLP
Biblioteca Virtual Universal
Estampas Maracaiberas
La Maja Desnuda

Foto: Qué Pasa

jueves, septiembre 26, 2019

Sophia de Mello Breyner Andresen / Tres poemas














Luz de luna

Tómame oh noche en tus jardines suspendidos
En tus patios de luna y de silencio
En tus atrios de viento y de vacío.

¡Noche
Bagdad de bruces en tu río
País de brillos y de olvido
Con tu rumor de cedros y tu lento
Círculo azul del tiempo.

Desnuda y aguda dulzura de la vida, Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2003
Versión de Diana Bellessi


Penélope

Durante la noche deshago mi camino,
todo cuanto tejí no es verdad,
sino tiempo, para ocupar el tiempo muerto,
y cada día me alejo y cada noche me aproximo.


Biografía

Tuve amigos que morían, otros que partían
otros quebraban su rostro contra el tiempo.
Odié lo que era fácil
buscándome en la luz el mar el viento.

Antología poética, Arquitrave, Bogotá, 2005
Traducción de Rodolfo Alonso
Envió de Jonio González

Sophia de Mello Breyner Andresen (Oporto, Portugal, 1919-Lisboa, 2004)

Ref.:
El País
La Gaceta Salta
La Nación
Cyber Humanitatis
Círculo de Poesía
A Media Voz
Blog del Amasijo

Foto: Sophia de Mello Breyner Andresen, 1999 Adriano Miranda/Publico

miércoles, septiembre 25, 2019

José Lezama Lima / Una oscura pradera me convida




















Una oscura pradera me convida,
sus manteles estables y ceñidos,
giran en mí, en mi balcón se aduermen.
Dominan su extensión, su indefinida
cúpula de alabastro se recrea.
Sobre las aguas del espejo,
breve la voz en mitad de cien caminos,
mi memoria prepara su sorpresa:
gamo en el cielo, rocío, llamarada.

Sin sentir que me llaman
penetro en la pradera despacioso,
ufano en nuevo laberinto derretido.

Allí se ven, ilustres restos,
cien cabezas, cornetas, mil funciones
abren su cielo, su girasol callando.

Extraña la sorpresa en este cielo,
donde sin querer vuelven pisadas
y suenan las voces en su centro henchido.

Una oscura pradera va pasando.
Entre los dos, viento o fino papel,
el viento, herido viento de esta muerte
mágica, una y despedida.
Un pájaro y otro ya no tiemblan.

[de Enemigo rumor, 1941]

José Lezama Lima (La Habana, 1912–1976), Antología de la poesía cubana, selección de José Miguel Oviedo, Ediciones Paradiso, Lima, 1968
Envío de Jonio González

Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes - Diario de Cuba (audio) - La Soledad de la Página en Blanco - 
A Media Voz - Otra Iglesia Es Imposible

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Foto: Lezama Lima, 1970 Iván Cañas/France Press/El País

martes, septiembre 24, 2019

Diego Brando / Dos poemas














Ruido de ángeles cayendo en el patio
y de insectos tragados por las arañas.
Los frutos crecen y absorben la noche
y destilan el azul más bravo del universo.
He oído demasiado caerse
el mundo sobre la casa,
y cargar con sus cimientos sería
darle de comer a los chacales.
Se precipita la lluvia y las gotas golpean
sobre el cobertizo, como un oro pálido.
Huyo entre la bruma y pienso en no regresar;
detrás cuelgan las ropas de los muertos.
Qué loca idea fue nacer, madre,
en noche de tormenta y lloviznas.
Algo se quebró desde el principio.

[inédito]

*

El cuerpo pide que lo rieguen
como esas plantas al comenzar el verano,
hojas y flores apuntando hacia la tierra.
El pequeño demonio que se posa
sobre la nuca y los brazos deja marcas
que arden al contacto con la lluvia,
y es preciso correr por las avenidas
del pueblo hasta refugiarse
en un pequeño alero de alguna casa ajena.
Somos jóvenes del interior,
vivimos entre la pereza y la insolación,
y correr resulta un acto desesperado.
Pero corremos y miramos quién se adelanta,
quién se queda detrás, y sonreímos.
Encontramos oro en una tierra abandonada.

de Frontera, Vilnius, Córdoba, Argentina, 2016

Diego Brando (Leones, Córdoba, Argentina, 1987)

lunes, septiembre 23, 2019

Claudia Magliano / De "Res"














Uno que atiza el fuego preparando la pala es flaco el hombre/ es un hombre/ claro y cómo no serlo golilla sucia sobre el cuello flaco y la familia allá en la ciudad allá en la capital/ah quién no hubiera sido rudo rural rupestre rústico quién hubiera sido señorito señor quién hubiera no yo que no tuve suerte vine a parar aquí caminante resto de gaucho lo que queda de otros tiempos antepasado soy de mí mismo/ y la pala al rojo pobre bicho cómo sufre vio cómo sufre el bicho y no dice nada.


El ganado mastica lo que será después la casa/ juntar bosta campo arriba para hacer refugio/ hacer muralla contra el viento oeste que sopla y arrastra/ cae un rayo en la punta del facón cae un rayo en la mano de la niña diminuta al lado del ganado/ escasa es hoy la cosecha/ no avanzará la torre las casas de barro y bosta/ hacer un pozo salva a veces/ tapera calpul complot para evitar el viento/ mañana tal vez otro día tormenta se avecina viene sola/ señor haz que el pasto crezca pase la lluvia el viento ventarrón. Haz que el ganado mastique la casa.

Claudia Magliano (Montevideo, 1974), Res, Ático Ediciones, Uruguay, 2013

Granizo - Literariedad - Emma Gunst - El Infinito Viajar - Excéntrica
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Foto: Granizo

domingo, septiembre 22, 2019

Carlos Eduardo Jaramillo / Los amantes se despiden




















Los amantes se dejan
y no es el fin del mundo
descuidan aun la formalidad
   de la tristeza
   de las lágrimas
cada quien tiene prisa por volver a su vida
como si fuera asunto de reloj.
Es cierto amantes
todas las despedidas son así
se olvidan pronto o no se olvidan nunca
/ojalá no seas un zahir
ojalá no te me hagas inolvidable/
y el momento preciso ya no duele
como si un reflejo de la divinidad
nos tocara en sus cóncavos espejos
como un relámpago
   /Nadie soportaría la mirada
        del tiempo simultáneo
    de su propia existencia
    en los espejos de la eternidad/
Id en la gracia, amantes, id
en la ignorancia, id
en el olvido
Pero no pretendáis ya
   con arrogancia
ser felices.

Carlos Eduardo Jaramillo (Loja, Ecuador, 1932), Antología de la poesía ecuatoriana, selección y prólogo de Edwin Madrid, Ediciones Lom, Santiago de Chile, 2015

La Poeteca - Culturaylojanidad - Casa de la Cultura Ecuatoriana - Revista Ómnibus - Festival Internacional de Poesía de Medellín - La Tierra de mis Juglares -Biblioteca Virtual - Pontificia Universidad Católica del Ecuador
---
Foto: Revista Ómnibus

sábado, septiembre 21, 2019

Hilda Doolittle / De "La bailarina"













II

Adoro el arte;
ahora soy de la ciudad
de los pensadores y creadores de la sabiduría
y custodio como alguien venida de lejos
en una toga de plata;

no llevo una jarra de vino;

observo intensamente
como alguien afuera que tiene la respuesta;
alerta la inteligencia,
yo estoy aquí para reportar,
para decir esto es
o no es
Dios;

soy plenamente consciente,
soy perfectamente fría;

una muchacha toma la muñeca de su amante,
no me importa
(soy plenamente consciente de lo que haces,
qué semillas estás sembrando),
sé lo que esta joven piensa,
qué arrojo palpita en ese hombre viejo,
cómo ese demacrado soldado
que vino de la última guerra
siente la curación, eléctrica, en una varilla clara
donde debería haber un brazo;

nada está oculto
para mí;

si das un paso en falso,
te mato;
odio y no tengo miedo,
no puedes traicionarme,
no puedes traicionarnos,
no al Sol,
que es tu Señor;

ya que eres abstracta,
no cometes errores,
no mascullas palabras
en el ritmo que llevas,
el poema,
escrito en el aire.

Hilda Doolittle (Bethlehem, Estados Unidos, 1886–Zürich, Suiza, 1961)

"Uncollected and unpublished poems", 1912-1944,
Qué son las islas,
traducción de Tom Maver,
notas de Javier Galarza,
Llantén,
Buenos Aires, 2018






Ref.:
Llantén
Poetry Foundation
Op. Cit.
Eterna Cadencia
El Placard
Analytica del Sur
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: H. D. (Hilda Doolittle) en Egipto, 1923  Frank Hudson Org

viernes, septiembre 20, 2019

Pablo de Rokha / de "Cosmogonía"













I
AUTORRETRATO DE ADOLESCENCIA

Entre serpientes verdes y verbenas,
mi condición de león domesticado
tiene un rumor lacustre de colmenas
y un ladrido de océano quemado.

Ceñido de fantasmas y cadenas,
soy religión podrida y rey tronchado,
o un castillo feudal cuyas almenas
alzan tu nombre como un pan dorado.

Torres de sangre en campos de batalla,
olor a sol heroico y a metralla,
a espada de nación despavorida.

Se escuchan en mi ser lleno de muertos
y heridos, de cenizas y desiertos,
en donde un gran poeta se suicida.


V
SURLANDIA MAR AFUERA

Puertos de barro triste y triste vino,
en donde el pobre es un manchón de herrumbre,
como la hembra preñada en el camino
o un pabellón entre la muchedumbre.

La Mar-Océano y su barco, el sino
canta del gran atleta y su costumbre
del beso colosal del potro andino
a quien no hay un volcán que lo deslumbre.

A cuchilla, a cebolla o a baraja
huele la faz marina y se desgaja
como una gran guitarra sollozando;

O enluta en llanto los campos mineros,
donde mordidos de hambre los obreros
son toda la nación que está acusando.


***

Mordido de canallas yo fui "el gran solitario
de las letras chilenas", guerrero mal herido,
arrastro un desgarrado corazón proletario
y la decisión épica de no caer vencido.

Sobre la patria arada de espanto, mi calvario
chorrea sangre humana y un sol despavorido
me va ciñendo el cuerpo de fuego extraordinario,
como un caballo de oro con el freno perdido.

Irreductible al látigo, salvaje e innumerable,
el instinto social me da el imponderable,
y descubro un subsuelo que el drama humano aprueba.

Con tu recuerdo, el hombro, mi rol específico,
y como andando solo, en ti me identifico,
fundo con tus cenizas una religión nueva.

Carlos Ignacio Díaz Loyola, Pablo de Rokha (Licantén, Chile, 1894 - Santiago de Chile, 1968), "Cosmogonía", 1927, Epopeya del fuego. Antología, selección de Naín Nómez, Editorial Universidad de Santiago de Chile, 1995

Memoria Chilena -Escritores de Chile - El Amigo Piedra - Cine y Literatura - A Media Voz
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Foto: Icarito

jueves, septiembre 19, 2019

Dante Alighieri / Infierno, Canto décimo


















Se encaminó por una secreta senda
entre los muros desa tierra y los martirios,
mi maestro, y yo detrás de sus espaldas.

"¡Oh virtud suma, que por infames círculos
me llevas", comencé, "tal como te place,
háblame, y satisface mis deseos.

"¿La gente que por los sepulcros yace
podré ver? Ya están levantadas
 las cubiertas y no hay quien las vigile."

Y él a mí: "Todas serán cerradas
cuando de Josafat aquí regresen
con los cuerpos que dejaron allá arriba.

"Su cementerio en esta parte tienen
con Epicuro todos sus secuaces,
que creen que el alma con el cuerpo muere.

"Pero la pregunta que me haces
pronto será aquí mismo satisfecha
y también el deseo que no dices."

Y yo: "Buen duca, nada tengo oculto
a ti en mi corazón, sino por decir poco,
y tú, no solo ahora, a ello me has dispuesto.

"Oh toscano, que por la ciudad del fuego
vivo vas así, hablando honesto,
te plazca detenerte en este sitio.

"Tu inflexión te hace manifiesto
de aquella noble patria nacido
a la cual, tal vez, fui muy pesado."

Súbitamente este cantar salió
de una de las arcas; por esto me arrimé,
temiendo, un poco más al duca mío.

Y él me dijo: "¿Qué haces? Date vuelta.
Mira allá a Farinata que se está derecho; *
de la cintura para arriba, todo lo verás."

Yo había ya mi mirada en la suya puesto;
y él se erguía con el pecho y con la frente
como si tuviese al infierno en gran desprecio.

Y las animosas manos del duca, ágiles,
me empujaron entre las tumbas hacia él,
diciendo: "No sean tus palabras imprudentes."

Tan pronto al pie de su tumba estuve
me miró un poco, y luego, casi desdeñoso,
me preguntó: "¿Quiénes fueron tus mayores?"

Yo, que era de obedecer deseoso,
no le recelé, más bien le dije todo;
por lo que las cejas levantó un poco,

para decir: "Fueron adversos fieramente
a mí, a mis primeros y a mi parte,
de suerte tal que los dispersé dos veces."

"Echados, volvieron desde todas partes",
yo le respondí a él, "una vez y otra;
los tuyos no aprendieron esas artes."

Entonces surgió a la vista descubierta
otra sombra, junto a esta, hasta el cuello;
creo que se sostenía arrodillada.

Miró a mi alrededor, como si tuviese
voluntad de ver si otros eran conmigo;
y luego que su sospechar fuera apagado,

llorando dijo: "Si por este ciego
presidio vas por la altura del ingenio,
¿mi hijo dónde está? ¿por qué no va contigo?"

Y yo a él: "No vengo por mí mismo:
el que espera allá, por aquí me lleva,
tal vez, el que tuvo en desdén tu Guido." **

Sus palabras y el modo de la pena
me habían de aquel el nombre dicho;
por eso fue tan plena la respuesta.

De súbito levantado, gritó: "¿Cómo
dijiste? ¿Él lo tuvo? ¿No vive ya?
¿No hiere la dulce luz sus ojos?"

Cuando observó alguna demora
que yo tuve en darle la respuesta,
supino cayó y ya no se alzó fuera.

Pero aquel otro magno en cuya posta
me había detenido, no mudó de aspecto,
no movió el cuello ni torció su costa;

y continuando el diálogo primero,
"Si  tienen aquel arte", dijo, "mal sabido ,
eso me atormenta más en este lecho.

"Pero no cincuenta veces encendido
será el rostro de la dama que aquí reina, ***
que el peso de ese arte habrás probado. ****

"Y así nunca al dulce mundo vuelvas,
dime, ¿por qué es tan impío ese pueblo
con los míos, en cada una de sus normas?"

Y yo a él: "La vejación y el exterminio
que hicieron el Arbia colorar de rojo,
tal oración ordena en nuestro templo."

Luego que moviera la cabeza suspirando,
"A eso no fui solo", dijo, "y por cierto,
no sin razón me he movido con los otros.

"Pero estuve solo allá, donde aprobaron
todos que Florencia fuera devastada,
y la defendí a rostro descubierto."

"¡Ah, tenga reposo tu descendencia!",
imploré, "desátame ahora un nudo
que aquí ha enredado mi sentencia.

"Parece que ven ustedes, si bien oigo,
delante lo que el tiempo agrega,
pero en el presente tienen otro modo."

"Vemos, como el que tiene luz escasa,
las cosas", dijo, "que nos son lejanas,
todo cuanto nos ilumina el sumo guía.

"Cuando se acercan o son, todo es vano
nuestro intelecto; y si otros no aportan,
nada sabemos de vuestro estado humano.

"Puedes comprender que será muerta
nuestra sabiduría desde el punto
que del futuro se cerrará la puerta."

Entonces, de mi culpa compungido,
dije: "Le dirás entonces al que cayó
que su hijo aún se reúne con los vivos,

"y si fui, antes, en la respuesta mudo,
hazle saber que fue porque pensaba
en el error que ahora me has resuelto."

Y ya mi maestro me reclamaba;
por lo que al espíritu rogué apurado
me dijera quién más con él yacía.

Me dijo: "Aquí con más de mil yazgo;
acá dentro está el segundo Federico,
y el Cardenal, y los demás me callo." *****

Entonces se ocultó; y yo hacia el antiguo
poeta volví los pasos, meditando
ese hablar que me pareció enemigo.

Se movió y  mientras caminaba
me dijo: "¿Por qué estás abatido?"
Y yo lo satisfice a su demanda.

"Tu mente conserve lo escuchado
contra ti", me ordenó aquel sabio.
"Y ahora atiende", y alzó el dedo:

"cuando delante estés del dulce rayo
de aquella cuyos bellos ojos todo ven,
por ella sabrás de tu vida el trazo."

Luego volvió a mano izquierda el pie:
dejamos el muro y fuimos hacia el medio,
por un sendero que conduce a un valle
que hacía sentir arriba olor inmundo.

Dante Alighieri (Florencia, Italia, 1265-Rávena, Italia, 1321), La Divina Comedia, Ediciones Lom, Santiago de Chile, 2018
Traducción de Jorge Aulicino

[Notas del traductor:]

* Farinata degli Uberti, recordado gibelino (partidario del emperador germano). Todo lo que sigue a continuación hace referencia a la rivalidad con los güelfos (partidarios de Roma, es decir, del papado). Dos veces Farinata echó a los güelfos de Florencia. En ocasión de la batalla de Monteaperto, en 1260, junto al Arbia (que se tiñe de rojo en este canto), los venció en lucha franca. Luego se opuso, en el consejo de los gibelinos toscanos, a la destrucción de los muros de Florencia y la reducción de la ciudad a pequeños burgos. El pecado de Farinata no ha sido la traición: Dante lo trata con duro respeto en el cementerio de los epicúreos.

** La sombra que ha hablado es la de Cavalcante Cavalcanti, güelfo y, según Boccaccio, epicúreo, padre del poeta Guido Cavalcanti. Algunos comentaristas -entre nosotros, Angel Battistessa- han considerado la posibilidad de que Dante no pretendiese decir que su entrañable amigo, Guido, desdeñaba a Virgilio, aunque eso es, literalmente, lo que menciona como conjetura: forse cui Guido vostro ebbe a disdegno: tal vez al que vuestro Guido tuvo en desdén. La edición oficial de la Commedia resume todas las variantes anotadas a lo largo de las ediciones históricas del libro, en cuanto a explicar el desdén atribuido a Guido. Estas sobreentienden que tal sentimiento es “desdén” y no “desprecio”, ya que ambas acepciones son válidas. En tal conjunto de opiniones, se distinguen las políticas de las filosóficas y estéticas. Entre las primeras, tiene peso la que atribuye a Cavalcanti, güelfo, desdén por el entusiasta cantor del Imperio. Entre las filosóficas, la que señala que Guido bien podría desdeñar al Virgilio que Dante eleva a símbolo de razón y sabiduría. Entre las estéticas, la inclinación natural de Calvalcanti al canto lírico, de raíz provenzal, desdeñoso del latín épico. Hay, aún, una hipótesis gramatical, un tanto más peregrina, y no obstante acogida por la Sociedad Dantesca, que desvía el desdén de Guido hacia Beatriz, símbolo de la fe casada con la lógica; matrimonio este no apreciado por Cavalcanti. En tal hipótesis, el cui, con valor de "quien", deviene en colei che (aquella que), de suerte que los versos en cuestión dirían entonces: “aquel que espera allá, por aquí me lleva, / tal vez a aquella que vuestro Guido tuvo en desdén”. La solución no deja mejor parado a Cavalcanti a los ojos de Dante.

*** La Luna. Antes de que se encienda cincuenta veces, es decir, antes de que pasen otros tantos meses.

**** Probable alusión al futuro destierro de Dante. Razón, en ese caso, de su congoja en los versos finales y de la severa amonestación de Virgilio, en tanto solo en el cielo puede considerarse inscrito el porvenir humano.

**** El emperador germano Federico II Hohenstaufen, llamado Stupor Mundi (asombro del mundo), y también el Anticristo, y el cardenal Ottaviano degli Ubaldini, gibelino, quien se encuentra entre los herejes por haber dicho que había entregado su alma al partido del emperador, con el agravante, herético, "si hay un alma".

Ref.:
Studenti
Prefacios a los Cantos de la Comedia
Universidad Complutense de Madrid
Letras Libres

Imagen: Farinata y Calvacante, por William Blake

Canto X

Ora sen va per un secreto calle,
tra ’l muro de la terra e li martìri,
lo mio maestro, e io dopo le spalle.

«O virtù somma, che per li empi giri
mi volvi», cominciai, «com’ a te piace,
parlami, e sodisfammi a’ miei disiri.

La gente che per li sepolcri giace
potrebbesi veder? già son levati
tutt’ i coperchi, e nessun guardia face».

E quelli a me: «Tutti saran serrati
quando di Iosafàt qui torneranno
coi corpi che là sù hanno lasciati.

Suo cimitero da questa parte hanno
con Epicuro tutti suoi seguaci,
che l’anima col corpo morta fanno.

Però a la dimanda che mi faci
quinc’ entro satisfatto sarà tosto,
e al disio ancor che tu mi taci».

E io: «Buon duca, non tegno riposto
a te mio cuor se non per dicer poco,
e tu m’hai non pur mo a ciò disposto».

«O Tosco che per la città del foco
vivo ten vai così parlando onesto,
piacciati di restare in questo loco.

La tua loquela ti fa manifesto
di quella nobil patrïa natio,
a la qual forse fui troppo molesto».

Subitamente questo suono uscìo
d’una de l’arche; però m’accostai,
temendo, un poco più al duca mio.

Ed el mi disse: «Volgiti! Che fai?
Vedi là Farinata che s’è dritto:
da la cintola in sù tutto ’l vedrai».

Io avea già il mio viso nel suo fitto;
ed el s’ergea col petto e con la fronte
com’ avesse l’inferno a gran dispitto.

E l’animose man del duca e pronte
mi pinser tra le sepulture a lui,
dicendo: «Le parole tue sien conte».

Com’ io al piè de la sua tomba fui,
guardommi un poco, e poi, quasi sdegnoso,
mi dimandò: «Chi fuor li maggior tui?».

Io ch’era d’ubidir disideroso,
non gliel celai, ma tutto gliel’ apersi;
ond’ ei levò le ciglia un poco in suso;

poi disse: «Fieramente furo avversi
a me e a miei primi e a mia parte,
sì che per due fïate li dispersi».

«S’ei fur cacciati, ei tornar d’ogne parte»,
rispuos’ io lui, «l’una e l’altra fïata;
ma i vostri non appreser ben quell’ arte».

Allor surse a la vista scoperchiata
un’ombra, lungo questa, infino al mento:
credo che s’era in ginocchie levata.

Dintorno mi guardò, come talento
avesse di veder s’altri era meco;
e poi che ’l sospecciar fu tutto spento,

piangendo disse: «Se per questo cieco
carcere vai per altezza d’ingegno,
mio figlio ov’ è? e perché non è teco?».

E io a lui: «Da me stesso non vegno:
colui ch’attende là, per qui mi mena
forse cui Guido vostro ebbe a disdegno».

Di sùbito drizzato gridò: «Come?
dicesti «elli ebbe»? non viv’ elli ancora?
non fiere li occhi suoi lo dolce lume?».

Quando s’accorse d’alcuna dimora
ch’io facëa dinanzi a la risposta,
supin ricadde e più non parve fora.

Ma quell’ altro magnanimo, a cui posta
restato m’era, non mutò aspetto,
né mosse collo, né piegò sua costa;

e sé continüando al primo detto,
«S’elli han quell’ arte», disse, «male appresa,
ciò mi tormenta più che questo letto.

Ma non cinquanta volte fia raccesa
la faccia de la donna che qui regge,
che tu saprai quanto quell’ arte pesa.

E se tu mai nel dolce mondo regge,
dimmi: perché quel popolo è sì empio
incontr’ a’ miei in ciascuna sua legge?».

Ond’ io a lui: «Lo strazio e ’l grande scempio
che fece l’Arbia colorata in rosso,
tal orazion fa far nel nostro tempio».

Poi ch’ebbe sospirando il capo mosso,
«A ciò non fu’ io sol», disse, «né certo
sanza cagion con li altri sarei mosso.

Ma fu’ io solo, là dove sofferto
fu per ciascun di tòrre via Fiorenza,
colui che la difesi a viso aperto».

«Deh, se riposi mai vostra semenza»,
prega’ io lui, «solvetemi quel nodo
che qui ha ’nviluppata mia sentenza.

El par che voi veggiate, se ben odo,
dinanzi quel che ’l tempo seco adduce,
e nel presente tenete altro modo».

«Noi veggiam, come quei c’ha mala luce,
le cose», disse, «che ne son lontano;
cotanto ancor ne splende il sommo duce.

Quando s’appressano o son, tutto è vano
nostro intelletto; e s’altri non ci apporta,
nulla sapem di vostro stato umano.

Però comprender puoi che tutta morta
fia nostra conoscenza da quel punto
che del futuro fia chiusa la porta».

Allor, come di mia colpa compunto,
dissi: «Or direte dunque a quel caduto
che ’l suo nato è co’ vivi ancor congiunto;

e s’i’ fui, dianzi, a la risposta muto,
fate i saper che ’l fei perché pensava
già ne l’error che m’avete soluto».

E già ’l maestro mio mi richiamava;
per ch’i’ pregai lo spirto più avaccio
che mi dicesse chi con lu’ istava.

Dissemi: «Qui con più di mille giaccio:
qua dentro è ’l secondo Federico
e ’l Cardinale; e de li altri mi taccio».

Indi s’ascose; e io inver’ l’antico
poeta volsi i passi, ripensando
a quel parlar che mi parea nemico.

Elli si mosse; e poi, così andando,
mi disse: «Perché se’ tu sì smarrito?».
E io li sodisfeci al suo dimando.

«La mente tua conservi quel ch’udito
hai contra te», mi comandò quel saggio;
«e ora attendi qui», e drizzò ’l dito:

«quando sarai dinanzi al dolce raggio
di quella il cui bell’ occhio tutto vede,
da lei saprai di tua vita il vïaggio».

Appresso mosse a man sinistra il piede:
lasciammo il muro e gimmo inver’ lo mezzo
per un sentier ch’a una valle fiede,

che ’nfin là sù facea spiacer suo lezzo.

miércoles, septiembre 18, 2019

Pat Boran / Dos poemas













El  jardín

Atrás en la luz moteada de la glorieta del jardín trasero
donde las abejas son como satélites
orbitando planetas de fruta,

el pasto sin cortar se balancea, y de una radio se oye
The Last Rose of Summer, The Young Ones,
Only For You;

sin reloj en la muñeca, una ramita en el puño,
la vista en una hilera de hormigas negras
que avanzan a través del espacio,

descaradas pero nerviosas, frenéticas pero concentradas
en su objetivo final, el límite,
la cima, aquello a lo que apuntan;

en la escuela informal del ensueño en el último extremo del verano,
ese punto ciego que el mundo ignora
pero que nosotros, los chicos, conocemos tan bien,

en la brecha entre árboles, en el lapso entre certezas,
mantenido en suspenso en el momento,
libre en su hechizo.


La enfermera

Aparece la enfermera y le dice al chico, Lo siento.
Parece requerir toda su energía levantar
su brazo fino, poner la palma abierta
suavemente sobre el hombro del muchacho, como para

calmarlos a ambos. Tal vez es la primera vez
que cruza ese vacío, sin reloj ni joya alguna,
el cabello recogido, los ojos inflamados
como si nadara para estar allí temblando en la luz.
 
Pat Boran (Portlaoise, Irlanda, 1963) Next Life, Dedalus Press, Irlanda, 2012
Versiones de Jorge Fondebrider

Ref.:
Pat Boran
Dedalus Press
The Irish Time
Irish Examiner
El Día
Tuerto Rey
La Pecera
El Poeta Ocasional
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: The Irish Time

THE GARDEN 

Back in the back garden’s light-dappled arbour
where the bees are like satellites
orbiting planets of fruit,

the uncut grass swaying, a radio playin
The Last Rose of Summer, The Young Ones,
Only For You;

no watch on my wrist, a twig in my fist,
my sights on a chain of black ants
advancing through space,

brazen but nervous, frantic but focused
on their final objective, the limit, 
the summit, their aim;

in the hedge school of slumber at the back end of summer,
that blind spot the world overlooked
but us kids knew so well,

in the gap between trees, in the lapse between certainties,
held in suspense in the moment,
free in its spell.


THE NURSE
  
The nurse comes out and tells the boy, I’m sorry.
It seems to take all her energy to lift
her slender arm, to place her open palm
gently on  the youngster’s shoulder, as if to steady

both of them. Perhaps this is her first time
to cross this gap, no watch or jewellery,
her hair tied back, her eyes salt-stung as if
she swam to stand here trembling in the light.