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domingo, abril 27, 2025

Gina Saraceni / Me entristece la casa



Sin el paso de la madre
que regaba las orquídeas
y miraba al Ávila * crecer
todos los días.

La casa donde la luz
era una medusa inmensa
que nadaba entre nosotros.

La casa abierta
para que el padre
regresara cada tarde
a su tierra lejana.

No sé cómo habitar
esta orfandad

sin flores,

sin medusa,

sin idioma.
Gina  Saraceni(Caracas, 1966):  Lugares abandonados. Antología personal, Eafit, Medellín, 2018. 
* El Ávila, parque nacional ubicado en la Cadena del Litoral dentro de la cordillera de la Costa, en el centro-norte de Venezuela. (N. del Ad-)

Envío de Jonio González

Más poemas de Gina  Saraceni


domingo, marzo 23, 2025

Alexis Romero /De "La inclinación",3



La paciencia de las nubes

anota las cosas que viste
dile no a la temperatura que enferma el cuerpo

cántale al pájaro
que amanece triste por ti

borra las palabras dictadas
por el humus que ambiciona tus manos
no llames a los caracoles
no enciendas las velas para maldecir el viento

no me nombres
mientras recuperas el afecto
donde alguna vez durmió mi flaqueza

la casa de mi padre
es la habitación de mi desprecio
por la íntima paciencia de las nubes
que están para decirnos a quién no debemos mencionar

* 

Los días anteriores 

una forma de la decadencia
agregué a mi cuerpo

no usaré más las palabras alma y espíritu
tal como las heredé de mi familia

quitaré los rieles
debo desviar el tren donde viajo sin paisajes

el mal es transitivo
me lo dicta el miedo que hallé en los hoyos
donde incendiábamos los desperdicios de los días anteriores
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Alexis Romero (San Félix, Venezuela, 1966), La inclinación, Fundación La Poeteca, Caracas, 2021

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viernes, febrero 21, 2025

Gustavo Valle/ De "La máquina de leer los pensamientos", 2

                     
                       
                              A Alexis Romero

Morábito dice que   
Cada libro que escribe lo envejece
Lo vuelve un descreído
Cada libro se desprende
Del síntoma 
Y la ocasión que lo estrangula
Cada párrafo opera
Como un desfibrilador
En su propia ceniza
Se deshace convulsiona
Deja escombros
En sus páginas
Esparcidos


Protesta en idioma inaudito
Salpica al tronar
Siendo mudo
Finge de todo fingimiento
Escapa descalzo
Como un ánima atraviesa
Las paredes
Desde los bosques
Su áspero silbido nos guía 


Un segundo
Ese lapso en el que medramos 
La duración de nueve billones ciento noventa y 
 [dos millones 
Seiscientos treinta y un mil setecientos setenta 
 [oscilaciones 
De la radiación emitida en la transición entre los 
 [dos niveles hiperfinos 
Del estado fundamental del isótopo ciento treinta 
 [y tres del átomo de Cesio
A una temperatura de cero Kelvin

Gustavo Valle (Caracas, 1967), La máquina de leer los pensamientos, Luba Ediciones, Buenos Aires, 2024

Más poemas de Gustavo Valle en Otra Iglesia Es Imposible
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Foto: Gustavo Valle/Facebook

lunes, enero 27, 2025

Miyó Vestrini / El país, decíamos



El país, decíamos, 
lo poníamos en las mesas, 
lo cargábamos a todas partes, 
el país necesita, 
el país espera, 
el país tortura, 
el país será, 
al país lo ejecutan, y estábamos allí por las tardes 
a la espera de algún doliente 
para decirle 
no seas idiota 
piensa en el país.

Marie-José Fauvelle Ripert, Miyó Vestrini (Nimes, Francia, 1938 - Caracas, 1991), Todos los poemas, Monte Ávila, Caracas, 1994
Envío de Jonio González

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domingo, noviembre 24, 2024

Eugenio Montejo / Tres poemas


Escritura

Alguna vez escribiré con piedras,
midiendo cada una de mis frases
por su peso, volumen, movimiento.
Estoy cansado de palabras.

No más lápiz: andamios, teodolitos,
la desnudez solar del sentimiento
tatuando en lo profundo de las rocas
su música secreta.

Dibujaré con líneas de guijarros
mi nombre, la historia de mi casa
y la memoria de aquel río
que va pasando siempre y se demora
entre mis venas como sabio arquitecto.

Con piedra viva escribiré mi canto
en arcos, puentes, dólmenes, columnas,
frente a la soledad del horizonte,
como un mapa que se abra ante los ojos
de los viajeros que no regresan nunca.


El sol en todo

El trópico y sus horas de calor,
el sol sobre las cosas día tras día,
y el rencor de los malos matrimonios...
Se oye un sapo a la sombra en todo esto 
que no se ve porque no hay sombra,
sino luz recta y piedras refractarias.
El calor de las horas emerge con su lava
de pantanos volcánicos.
Hay silbatos de barcos en el polvo sin puerto,
un salobre espejismo sin espumas, 
el acre aroma de frutas descompuestas
y el color sin color de la miseria.

—¿Qué más, qué menos, cuál sopor no dicho,
cuál nieve inalcanzable en densos copos
cayendo siempre como blancos sapos,
en las noches más tórridas y amargas?
... Y cuanto no se tuvo ni ha de tenerse nunca,
lo que perdimos antes de este mundo,
el calor con su tedio y su postedio
y la tierra que gira para otros
y tanto sol en todo, hasta de noche,
y el rencor de los malos matrimonios.


Mare nostrum

El horizonte es intuitivo
pero las palmas a la orilla del mar
se sirven té y hablan de los clásicos.

El horizonte es intuitivo y la noche y los barcos
que a esta hora retornan a puerto
por los confines del Atlántico.
Hay un bar de roída madera
donde el agua se rompe en marejada.
Hay una casa miserable
con el grito de un niño en las paredes,
un grito azul, de náufrago.

La luna ronda blanca e intuitiva
pero las palmas conservan sus gafas.
Abstraídas prosiguen sus charlas
ante el mar, ante el salobre té del mar,
sorbo tras sorbo y hablan de los clásicos.

Eugenio Montejo (Caracas. 1938 - Valencia, Venezuela, 2008), Los ausentes y otros poemas, antología del autor, colección Un Libro por Centavos n° 31, Universidad Externado de Colombia, Bogotá, 2007

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miércoles, octubre 09, 2024

Martha Kornblith / Dos poemas



Tus padres te miran.
Ellos habitan en tus delirios.
Te recuerdan las fechas,
el cumpleaños, el aniversario.
Te corrompen tus sueños.
Conspiran en las viejas fotos.
Te anuncian tu próxima liberación.
Tus padres te dicen:
Todo tiene solución
menos la muerte.
Pero yo sé que nunca más
callarán mis nervios
y me hundiré en mi muerte simbólica.
Sin más definiciones.

Oraciones para un dios ausente, 1995


Saga de la Familia

En todas las casas
siempre habitará un poeta
con una hermana (que no es poeta)
que le dirá
que escriba una biografía
sobre su familia.

En todas las casas
habitará una poeta
-loca además-
como aquellas que sostienen
a duras penas
sus propias biografías desdeñables:
Ellas avizoran pasados autistas
mujeres que dicen palabras soeces
dan tumbos a medianoche.

En todas las casas
habitará un primo lejano
-que vive en otro país-
y que busca (en inglés)
la génesis de la familia.
Conoció, hace años,
a esta pariente esquizoide
(tan callada, tan lejana -dijo-)
("So quiet, So withdraw").
No la reconoció en su última foto.
("lucía tan diferente")
("She looked so different,
so atractive, so outlocket")

En todas las casas
habitará una hermana poeta
-loca además-
que busca su propia desdeñable
génesis
(aquella que ya conocemos).

En todas las casas
habitará una hermana
que le pedirá a su hermana poeta
que escriba la historia
de la familia.
Esta poeta (loca de la casa)
pasará a formar parte de esta saga
el día en que deje el teléfono desconectado
en el filo de la madrugada.

Sesión de endodoncia, 1997

Martha Kornblith (Lima, 1959 – Caracas, 1997), Obra completa, Eclepsidra, Caracas, 2016


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Foto: Editorial Eclepsidra/Instagram

viernes, junio 28, 2024

Alexis Romero / De "La inclinación", 2



Séneca frente a los pies de la envenenada

te sientas a su lado 
miras los bordes de las uñas de los pies
entonces en ese poema sobre una mesa muerta
los adjetivos de las fortalezas y los puentes colgantes
describen el desaliño y una secreta ancianidad

debe de haber una conexión entre no ser amado 
y las cualidades de ciertas uñas de los pies que piden a grito bálsamo 

Ulises amaba los pies de Penélope
yo los de una mujer que odió mis palabras
 y mi incapacidad de honrar al emperador

tuve un lugar en el senado hasta el día que soñé con las ruinas de hoy
mis verbos son escombros de aquel imperio

llegué con los leones y el látigo
mi amada alejandrina sosegaba mi ira mostrándome sus dedos
llenos de las tardes que no imaginaría

Alexis Romero (San Félix, Venezuela, 1966), La inclinación, Fundación La Poeteca, Caracas, 2021

Más poemas de Alexis Romero en Otra Iglesia Es Imposible
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Foto: La Poeteca, Caracas

martes, junio 25, 2024

Gina Saraceni / De "Adriático"



Isole Tremiti

En medio del Adriático,
se encuentra el archipiélago
de las islas Tremiti.
Según la leyenda,
Diomedes, héroe
de la guerra de Troya,
lanzó al mar unos guijarros
y formó las islas.

Ahí murió el guerrero.
Transformados en pájaros,
sus compañeros
aún lloran su pérdida.

Diomedeas se llaman
estas gaviotas que
cantan al atardecer
cuando regresan al nido.

Su voceo parece
el llanto de un niño
que cruza el mar
y llega hasta mi oído
llenándolo de olas tristes,
de pequeñas islas de piedra.


Gran Roque

Nos acompañaron los perros
cuando subimos
la breve montaña
del Gran Roque.
En el camino,
esperaba que apareciera
la cabra de San Nicola
que era también esta isla
donde un faro envejecía en la cima.

La poesía crea archipiélagos imposibles.

El mar nos rodeaba por todas partes.

Un cactus enterraba
sus espinas en el viento
y era un coral-cerebro
esa planta que veíamos
al subir.

También los perros
estaban en todas partes,
como el agua.


Via Venezia

El trópico está
demasiado lejos
para creer que fuimos
parte de su canto.

Demasiado lejos
está el padre
de sus manos obreras
que colaban acero
en moldes de cafeteras
que ahora duermen
el letargo de los objetos.

Mientras escribe cartas
y cae la nieve,
mi padre
escucha boleros
y vuelve.


Gina Saraceni (Caracas, 1966), Adriático, Alliteration, Miami, 2022
Bilingüe: castellano-italiano: traducción al italiano de Silvio Mignano
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martes, mayo 28, 2024

Gustavo Valle / De "La máquina de leer los pensamientos"

    


                     A Miguel Gomes

Montejo dice que
El poeta y la araña
Tienen en común
El arte de crear forma

Uno y otro alumbran la red
Deambulan sus quicios

Tenaces dígitos segregan
La materia y la técnica

La trama la celada el ardid
Son sus señoríos

Enmascarados veloces desaparecen

Hacia calles nacidas de sus salivas
Se precipitan.


*

Cavafis dice que
El tiempo somos nosotros
Tatuado en la piel de los días

Celoso inventario
En la corteza de la conciencia
De donde huye su tic tac

Escucha su eufonía
Chilla como las hienas

Se expande en un gong abismal

En el tañido del tímpano medra

No lo vemos ni olemos
Ni tocamos

Lo oímos


*

                          A Valentina

Océano gaseoso que emborracha
Ablanda los músculos 
Donde tu arco oscila

En el íntimo filamento de su nervio
Viajas como las estatuas 

Si su cuerpo no fuera invisible
Te aplastaría

La frotación fosforece en tu diafragma


*

La fachada es engañosa
Nuestro perfil es la cara
Que dice la verdad

Al no mirarnos 
Acontecemos
Como axiomas

Todo espejo es plagio 

De lado 
Soy más exacto que de frente

Gustavo Valle (Caracas, 1967)

La máquina de leer los pensamiento
s,
Luba Ediciones,
Buenos Aires, 2024









Más poemas de Gustavo Valle en Otra Iglesia Es Imposible

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Foto: Gustavo Valle en Facebook

domingo, mayo 05, 2024

Geraldine Gutiérrez-Wienken / De "Las grandes margaritas de la noche"




[Debajo de la mesa
con Louise Bourgeois] *

Somos garantes de casas 
                         por las que corre el imperdible
somos el que siempre perdías 
                         y te obligaban a buscar
somos la sala de estar la mesa donde nunca estaba
somos dos debajo de la mesa miedo y cascanueces
somos él de lejos de perfil y de frontal ternura
ella su pecho de alcanfor y voz           un témpano
una lágrima en cada ojo se guarda      rueda
en objetos cotidianos el imperdible      a solas
somos Casas frágiles Casas vacías en sobremesa
somos campantes y sonantes en este mundo
somos la incidencia la visión de un maratón
somos el extranjero que sin correr nos persigue


[Té de penumbra
con Hokusai y la sempiterna ola]

36 vistas del Monte Fuji de neblina de perfil y marea sempiterna
36 veces se eleva una pared líquida de la costa de Kanagawa
36 dedos sacan sus garras de espuma blanca. 36 olas invisibles
36 xilografías sugieren el ciclo de la vida
36 asanas de orden universal y el yin-yang en su natural apogeo
36 meditaciones sobre vacío y plenitud
36 origamis desdoblan el mismo drama. 36 cirros me llevan la mano
36 expediciones de las que regreso con
el mismo fajo de cartas y sin liebres
36 ventarrones [de Ejiri en la provincia de Suruga] bastan
para innovarte: el relato es corto
36 prórrogas de papel. 36 grullas plantean nuevas leyes de
migración, yéndose por las ramas. 36 cuadernos de Kafka
36 tautologías desde que estamos en conversación
bajo mi lámpara. 36 cántigas pero nunca
nunca fue tan amargo el día de San Rafael en Córdoba
36 tarros de té de penumbra
para guarecerse mientras el encandilamiento
36 migajas bastan a mi perro guardián para entretenerse
con el idioma del pan
36 granos de arroz equivalen, en su blancura, a cien años de Einsamkeit
36 caminos de carne han transitado la niña y su perro guardián
36 mujeres parias contra un solo Zeus [Deméter / Perséfone]
36 ejercicios de claridad sin derecho a ocultar el sol
36 olimpos y una sola fruta
dulce
36 islas rezuman lo que habría que traducir pero no traducen
36 pinos rojos humedecen mi lengua
36 veces ¡oh, Hécate!, diosa liminar
- ¡diles que no me rapten! En aguas llenas.

* El Administrador se atuvo en el caso de este poema a la versión publicada en Voces periféricas pp. 131 y 132, por ser la más reciente. Las diferencias entre las dos fuentes citadas más abajo refieren tanto a cortes de versos cuanto a sustitución o supresión de algunas palabras, o al orden sintáctico (N. del Ad.)

Geraldine Gutiérrez-Wienken (Ciudad Guayana, Venezuela, 1966), Las grandes margaritas de la noche, Latin American Literature Today, n° 18, mayo de 2021; Voces periféricas. Antología de poetas latinoamericanos en Alemania, edición de Tino Berger, Equidistancias, Buenos Aires, 2024

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Foto: Geraldine Gutiérrez-Wienken Michael Wienken/Letralia

domingo, marzo 31, 2024

Juan Calzadilla / Dos poemas



Los pájaros

¿Es que volaron antes de nos diéramos cuenta
de que podían hacerlo sin necesidad de tener alas?
¿O fue que nuestras miradas se las prestaron?
Así el poema.


El paisaje y él

Fue de paseo al campo aquel día
pero nada en especial
vio ni sintió
como no fuera
lo que por el camino
iba pensando.
Ambos pasaron de largo.
El campo y él.

Juan Calzadilla (Altagracia de Orituco, Venezuela, 1930), Poesía por mandato. Antología personal 1978-2012, Monte Ávila, Caracas, 2014
Envío de Jonio González

Más poesía de Juan Calzadilla en Otra Iglesia Es Imposible

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viernes, marzo 01, 2024

Adalber Salas Hernández / (San John Coltrane en los infiernos)




Prefiere todas aquí, aunque haya pésima
acústica y apenas se escuche la respiración
rugosa del saxofón. Prefiere montarse en escena a pesar
del micrófono dañado, la mala ventilación, los tragos
sin hielo. Aquí, a tan solo quince minutos
de la eternidad, si no menos, entre yonquis
y las putas trasnochadas, entre los condenados por anfibios
o ambidiestros, por faltos de simetría, aquí, bien lejos,
de los coros celestiales, donde ya no queda espacio
para un ascenso más. Porque esta música solamente
puede subir, fue hecha con esas cosas que se derrumban
sin un crujido, sin pedir perdón. No separa la carne del día
de los huesos de la noche, no se sienta a la diestra
de nadie. Lluvia dura, viento de hojalata, cielo
inconcluso y terco, música que lleva en el costado
una herida que no sangra, luz que busca
hacerse polvo entre las manos.

Adalber Salas Hernández (Caracas, 1987), De ningún viaje se vuelve, Mantis Editores, Guadalajara, 2019
Envío de Darío Jaramillo Agudelo 
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martes, agosto 29, 2023

Ramón Palomares / En el patio



Pues me estuve entre las flores del patio
con las cayenas
gozando con las hojas y los rayos del cielo.

Aquí pongo mi cama y me acuesto
y me doy un baño de flores.
Y después saldré a decirles a las culebras y a las gallinas
y a todos los árboles.
Me estuve sobre las betulias y sobre las tejas de rosas
conversando, cenando, escuchando al viento.
Yo me voy a encontrar un caballo y seremos amigos.

Mañana le digo al saúco que me voy
hasta muy lejos, hasta allá donde están cantando los hombres , 
donde corren los muertos y se entierran.
Yo caminaba por unos árboles, por unas hojas doradas
y me comía las estrellas, y me senté
y escuché la hierba alta y vi los ojos de una mujer
que brillaban como un diente
entonces arrojé una gran rama de naranjo
y todo quedó oscuro.

Ramón Palomares (Escuque, Venezuela, 1935 - Mérida, Venezuela, 2016), "Paisano" (1964), Antología poética, Fundación Editorial el Perro y la Rana, Caracas, 2007
Envío de Jonio González


martes, abril 18, 2023

Juan Sánchez Peláez / Mi animal de costumbre



Mi animal de costumbre me observa y me vigila.
Mueve su larga cola. Viene hasta mí
A una hora imprecisa.

Me devora todos los días, a cada segundo.

Cuando voy a la oficina, me pregunta:
"¿Por qué trabajas
Justamente
Aquí?"

Y yo le respondo, muy bajo, casi al oído:
Por nada, por nada.
Y como soy supersticioso, toco madera
De repente,
Para que desaparezca.

Estoy ilógicamente desamparado:
De las rodillas para arriba
A lo largo de esta primavera que se inicia
Mi animal de costumbre me roba el sol
Y la claridad fugaz de los transeúntes.

Yo nunca he sido fiel a la luna ni a la lluvia ni a los
guijarros de la playa.

Mi animal de costumbre me toma por las muñecas, me
seca las lágrimas.

A una hora imprecisa
Baja del cielo.
A una hora imprecisa
Sorbe el humo de mi pobre sopa.
A una hora imprecisa
En que expío mi sed
Pasa con jarras de vino.

A una hora imprecisa
Me matará, recogerá mis huesos
Y ya mis huesos metidos en un gran saco, hará de mí
Un pequeño barco,
Una diminuta burbuja sobre la playa.

Entonces sí
Seré fiel
A la luna
La lluvia
El sol
Y los guijarros de la playa.

Entonces,
Persistirá un extraño rumor
En torno al árbol y la víctima;

Persistirá...
Barriendo para siempre
Las rosas,
Las hojas dúctiles
Y el viento.

Juan Sánchez Peláez (Altagracia de Orituco, Venezuela, 1922 - Caracas, 2003) "Animal de costumbre" (1959), Obra poética, Lumen, Barcelona, 2005
Envío de Jonio González


Foto: Juan Sánchez Peláez (en el primer plano), con la escritora y periodista venezolana Carol Prunhuber y otro amigo. Ocumare del Tuy, Venezuela, 1979 Vasco Szinetar/Carol Prunhuber

martes, febrero 28, 2023

Rafael Cadenas / Derrota



Yo que no he tenido nunca un oficio
que ante todo competidor me he sentido débil
que perdí los mejores títulos para la vida
que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución)
que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos
que me arrimo a las paredes para no caer del todo
que soy objeto de risa para mí mismo que creí
que mi padre era eterno
que he sido humillado por profesores de literatura
que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada
que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida
que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo
que tengo vergüenza por actos que no he cometido
que poco me ha faltado para echar a correr por la calle
que he perdido un centro que nunca tuve
que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo
que no encontraré nunca quién me soporte
que fui preterido en aras de personas más miserables que yo
que seguiré toda la vida así y que el año entrante seré muchas veces más burlado en 
     mi ridícula ambición
que estoy cansado de recibir consejos de otros más aletargados que yo ("Ud. es muy 
     quedado, avíspese, despierte")
que nunca podré viajar a la India
que he recibido favores sin dar nada en cambio
que ando por la ciudad de un lado a otro como una pluma
que me dejo llevar por los otros
que no tengo personalidad ni quiero tenerla
que todo el día tapo mi rebelión
que no me he ido a las guerrillas
que no he hecho nada por mi pueblo
que no soy de las FALN y me desespero por todas estas cosas y por otras cuya 
     enumeración sería interminable
que no puedo salir de mi prisión
que he sido dado de baja en todas partes por inútil
que en realidad no he podido casarme ni ir a París ni tener un día sereno
que me niego a reconocer los hechos
que siempre babeo sobre mi historia
que soy imbécil y más que imbécil de nacimiento
que perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo
que no lloro cuando siento deseos de hacerlo
que llego tarde a todo
que he sido arruinado por tantas marchas y contramarchas
que ansío la inmovilidad perfecta y la prisa impecable
que no soy lo que soy ni lo que no soy
que a pesar de todo tengo un orgullo satánico aunque a ciertas horas haya sido humilde 
     hasta igualarme a las piedras
que he vivido quince años en el mismo círculo
que me creí predestinado para algo fuera de lo común y nada he logrado
que nunca usaré corbata
que no encuentro mi cuerpo
que he percibido por relámpagos mi falsedad y no he podido derribarme, barrer todo y crear 
     de mi indolencia, mi
flotación, mi extravío una frescura nueva, y obstinadamente me suicido al alcance 
     de la mano
me levantaré del suelo más ridículo todavía para seguir burlándome de los otros y de mí 
     hasta el día del juicio final.

Rafael Cadenas (Barquisimeto, Venezuela, 1930), El Clarín, Venezuela, 31 de mayo de 1963


miércoles, noviembre 16, 2022

Kaira Vanessa Gámez / De "Lo demás es voz"




Ojos negros

            Soy del reino donde la noche se abre repentinamente.
                                                                       Hanni Ossott

¿Qué de mí alberga ese rostro
incipiente y minúsculo
asido a la inmundicia
de La paz y el encanto?

Respiro su pavor
desde la noche ausente
del futuro.

Es oscura el aura de la quebrada.
La brisa arrastra tus apellidos
me los deshace.

Yo no pedía el silencio.

Cúbrete, abuela
por favor, revístete.

El tiempo oscuro
engulle las sombras
de mi patria.


Oí versos perdidos de camino a Pampán.

Me pidieron que mirara con la noche
que cediera todo idioma
hasta olvidar
mi casa enceguecida.
Me advirtieron
             que no vería sino voces
             que no sería sino en mí
             que habría de aceptar un cuerpo
que no ha de ver

que mi voz esperaba allá
              -dijeron-
      al pie del río

que una familia pasaría a mi lado, de prisa
buscando, desmantelada
su propia búsqueda.

Kaira Vanessa Gámez (Caracas, 1990), Lo demás es voz, Colección Primera Intemperie, Fundación la Poeteca, Caracas, 2022


jueves, julio 28, 2022

Jacqueline Goldberg / De "Al otro lado del clima"




Climaterio

[2]

klimaktḗr
en griego escalera
barrote de escalera
punto crítico de la vida
 
de ahí climaterio
que es un poco descender de bruces
 
una mujer en el climaterio
-una mujer como yo en su climaterio-
nunca sabe
nunca sube
no se vuelve pájaro
no cría larvas
escribe
 
saber es cartografiar
estregarse
 
no me quejo
 
vivo mis mejores torpezas
mis más lúcidos heridos años
 

Angostura

al otro lado de Angostura
está Soledad

pueblo tristón
fundado en mil seiscientos y algo

mi suegro nos llevó
a tomar cerveza
a ver la piedra en medio del río
a ver su ciudad detrás del río

no fuimos a la plaza
no nos detuvimos en la iglesia

de regreso
mi esposo y su padre
recordaron tiempos aluviales
yo pensaba
en el gentilicio de por allá
-¿soledadenses?-

pensaba en lo arduo
de pertenecerle a la soledad
aceptar su credo
corroborar que nacimos
sin entender lo de antes
el agua
la soledad de todos

Jacqueline Goldberg (Maracaibo, Venezuela, 1966)

Al otro lado del clima
,
LP5 Editora,
Santiago de Chile, 2022











martes, junio 21, 2022

Carmen Leonor Ferro / Dos poemas en italiano




De pronto, tuve la impresión 
de estar sola en la ciudad
podía imaginar las montañas
cubiertas de pequeñas casas
las autopistas atestadas
de autos
y ambulancias
los supermercados repletos
de absortos compradores
y en medio de eso
mi cama
como el extremo de una aguja
invisible y muda
no como una mujer solitaria
que sabe que nadie
vendrá a sentarse a la mesa
ni como cualquier animal
inmerso en sí mismo
aquello era otra cosa

*

Comienza la sesión
el oxígeno
es nuestro alimento
hasta emborracharnos
aparecen criaturas inéditas
nos acercamos
con respeto
a veces
hacen mal
y entonces respiramos
como esponjas flotantes
en la alucinación
puede llegar un pájaro
traer el olor del mar
nos aferra la sensación
de venir de otro mundo
frágiles organismos
soñantes

Carmen Leonor Ferro (Caracas, 1962), Acrobata, Raffaelli Editore, Rimini, 2011
Versiones al castellano de Jorge Aulicino


Foto: Carmen Leonor Ferro por Lisbeth Salas, vía Jonio González/Facebook


All'improvviso ho avuto l'impressione
di stare da sola nella città
potevo immaginare le montagne
piene di piccole case
le autostrade affollate
di carri
e ambulanze
i supermercati strapieni
di assorti compratori
e lì in mezzo 
il mio letto
come la punta di un ago
invisibile e muta
non come una donna sola
che sa che nessuno
andrà a sedersi al tavolo
né come un qualsiasi animale
immerso in se stesso
quello era un'altra cosa


*

Comincia la sessione
l'ossigeno
è il nostro alimento
fino a ubriacarci
appaiono creature inedite
ci avviciniamo
con rispetto
a volte
fanno male
e allora respiriamo
como spugne gallegianti
nell'allucinazione
può arrivare un ucello
portare l'odore del mare
ci afferra la sensazione
di venire da un altro mondo
fragili organismi
sognanti

domingo, junio 19, 2022

Carmen Leonor Ferro / En alguna parte...



En alguna parte de esta Sicilia incandescente mi madre no ha muerto,
cientos de ojos me acompañan desde las casas de los montes donde puedo presentir la estancia 
     de parientes lejanos,
la vida campesina de los que aquí estuvieron antes de que la rueda decidiera girar.
No hay muerte en el resplandor de las piedras,
Arquímedes se asoma en los intersticios,
basta un momento fuera del estruendo metálico para que resuciten la cal y la inmateria.
En alguna parte de estas aguas nada desaparece,
todo sigue mirando.
Nada hay que no exista
en este mar

Carmen Leonor Ferro (Caracas, 1962), El viaje, Monte Ávila, Caracas, 2004
Envío de Jonio González


viernes, marzo 04, 2022

Esdras Parra / Tres poemas



Ya no sé hasta dónde camina este calor

todo el océano resuena en mi puerta

qué pueden hacer estos ángeles sin viento
estos árboles sin sueño que levanto en vilo
sobre este trozo de montaña mar afuera.

Cada noche su camino (1996-1997)



¿Es posible amar las despedidas?
quizá
                  en la inocencia o en la orfandad
pues los adioses nos persiguen siempre
                  de noche, de día
y siempre andamos de paso en este vergel
acumulamos cosechas y viandas en el suplicio
que luego abandonamos al borde de nuestro
                        incierto límite oscuro.
Nos hacemos daño en el dolor sangramos solos.

Porque no hay ternura en el otoño, no hay
días límpidos para llevar a casa
ni retornos favorables a los encuentros tardíos.


*

Para ti y para mí no existen el tiempo ni el reloj
de arena, ni la inmensa costumbre de ser, ni los
augurios en la gruta desierta. Pero algunos recuerdos
inasibles leemos bajo los árboles que llegaron
allí por error, o sobre las piedras que jamás
escuchan su silencio. Y somos muchos los que cruzamos
el desnudo frío dentro de las insondables paredes de niebla
y ajustamos las ventanas para que enfrenten
nuestro porvenir. Por eso el tiempo es como una
piedra preciosa que brilla entre vacíos atriles.

El extremado amor (2002-2003)

Esdras Parra (Santa Cruz de Mora, Mérida, Venezuela, 1929-Caracas, 2004), Lo que trae el relámpago: dos libros póstumos, La Poeteca, Caracas, 2021 Vía Latin American Literature Today