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sábado, abril 19, 2025

Alberto Muñoz /Ayer estuve en el Carrefour hablando con un espectro




Ayer estuve en el Carrefour hablando con un espectro. Había vivido 
por años en situación de calle y la ola polar se lo había llevado. 
Caminaba por los pasillos del Gulag Carrefour guardándose en los 
bolsillos latas y chocolates.
De no haber sido un buen hombre no se hubiera ofrecido a guardarme 
en su bolsa la botellita de fernet, el queso y el pastrón. 
Conversábamos sobre política. 
El de seguridad del supermercado se aproximó a la góndola donde 
conversábamos comiendo turrones. 
Devolví el queso, el pastrón y el fernet. Me dejaron salir del Gulag; 
me perdonaron, tuvieron piedad de mí.
En la escalinata, con un frío mortal, me esperaba el espectro con 
dos panes robados. Hablemos de política. 

Alberto Muñoz (Buenos Aires, 1951), Obras sanitarias, Ediciones en Danza, 2022
Foto: s/d


sábado, abril 05, 2025

Susana Villalba / Domingo de elecciones en la Shell Select Tango



Todo es una pared en que se ve descascarar la vida en una sola frase: Feliz cumple, aguante Brukman, Cuervo puto. Un solo plano todo, todo plano, carbón, tiza, aerosol. Si tocaras en el cielo moriría Charly, Damas gratis, Rocas sucias. A veces un destello de palabras misteriosas como rocas, como mica en las piedras, veredas de hojas amarillas, cascotes en la calle. De qué rocas en esta planicie de llaneza aplastante, el cielo un plomo sucio del hastío de la lluvia del domingo. Se borronea una palabra, gotea en los cartuchos dispersos en el suelo, los disparos recientes se escriben como huecos del ladrillo. Padre Rainbow, Viejas locas, Pibes chorros. Todo un plano, una toma. Una mancha como hombres alrededor de una fogata, como perros de una noche de mil años.

De día se levanta una ciudad y todos van como leyendo un llamado ultravioleta, hereditario, partitura, como moscas, como entrando en molinetes. Vallados hacia una ventanilla a apostar lo que total ya no tenían. Una vida de pizarra, de una tele para acá. Apenas hace nada, cinco siglos, tres reflejos, un alguien pintó esa caravana de ciegos al abismo, al eco del barranco. Detrás de esa pared en que se estrellan.

Por siempre Chaca, Sebi te amo, Los Tarijas stones. Acaso falta sangre, más aún, que abone esa costumbre de rodar horizontal imaginando que es un plano inclinado, la vida vertical, la tierra un vértigo del cielo, se va a acabar, Señor. No escucho que truene tu voz, si es una voz, no veo quebrarse la pared, el mundo o alguno en parte alguna. Alguna vez quisiera ver algo distinto, final inesperado, palabras misteriosas, rebelión que no se muerda el polvo de la cola para ir a caer de a uno en fondo. Si fuera posible en este siglo. Si fuera posible en este mundo.

Ma terre, mater dolorosa. El que devora a sus hijos, cuerpos se arrojan como rocas. Señor, entiendo que no nos dejes elegir algunas cosas pero nunca ser más que humanidad, más que este barro que amasa como miga, como costilla que se quiebra de su alma, cerebro de pan que se resbala chapoteando las patitas hacia arriba, el lomo hundido, la mirada a la punta del látigo otra vez a ver si lo rescata para atrás. Por enésimo siglo, lugar, por enésima vida, vez, palabras mismas.

Se vota por la fiesta que se mira apiñado en la vereda, en el zaguán. Gramilla, ripio, guijarro de payana, ficha de sapo, silla, fila, centavo. Peor están los ciegos, los sordos que no escuchan ese vals, esa fanfarria de fajina cortesana. Palabras de cartel que prenden un reguero, un arma frase de repetición. Desfilan los fiscales de veredas, gerentes de kiosquitos, figuritas en clips, ideas con alfileres, cabecitas de tacho con palo y a la bolsa, con las cartas marcadas.

El Ciclón, Almas Mugrientas, Santa Revuelta, El Bananazo, la Brukman a sus trabajadores. Apenas hace nada la gente la cuidaba, ahora apoya el desalojo. Apenas hace igual el hombre como ahora asumía Carlos V, imperio sacro, bizantino o británico, romano, mayestático. El imperio sintáctico que ahora titila mientras llueve en algún lado, en este lado, en esta esquina, frente a un muro. Hijos del hijo, Patria Chuker, Trujamán.

Nuestra Mater lacrimosa, apenas los gases se disipan. En esta esquina Campeón, le vamo a hacer el culo a las galli. Gallito de baldío. Pollitos mojados bajo el frío. Se vota entre la barra de la jaula o el degüello, en un desfiladero como a cuerda. La marcha hipnotizada de la vida, la primera salvación es la del cuerpo, Señor, recuérdanos el alma cada tanto. En tiempos más soleados, más amables. En este año si es posible. Si es posible en esta vida.

Susana Villalba (Buenos Aires, 1956), El amor es animal. Poesía reunida, Salta el Pez, Buenos Aires, 2024 Op. Cit.,marzo 23, 2025

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Fofo: Pilar Benítez /La Nación

jueves, abril 03, 2025

Alfredo Lemon/ De "El búho de Minerva levanta vuelo al anochecer"




El búho de Minerva levanta vuelo al anochecer

Recordá con júbilo el jardín de los jazmines

Gratitud por los momentos magníficos que fueron
               cuerpos espléndidos 
               contornos y dunas del deseo

Tomábamos té de menta y manzanilla
Comíamos cerezas y dátiles para festejar
Había sandías paltas duraznos chocolates

Fuimos amantes leopardos sudando en una cama

Almohadas y alfombras
Memorias y promesas
Mística y marihuana 
Licor de anís y lemoncello

Celebrá así, escribir porque sí
Enlazá el ánimo a la escritura
Sea tu catarsis savia nutriente

Barriletes verdes 
Meteoritos amarillos entre átomos y estrellas

La mente gira como una calesita con visiones que titilan
¿Son fósforos de neón en un parque de diversiones?

Bendecí esa ebullición de absoluto

A beber el champagne de los chimpancés
El cóctel de los arlequines 



El búho de Minerva levanta vuelo al anochecer

En Las Grutas viste una ballena y pensaste en Jonás 
y en Simbad

En Ansenuza paseaste junto a las gaviotas 
y los flamencos

En el Egeo fuiste desnudo y libre

En el Ganges fuiste un peregrino

En el Quilpo fuiste un vagabundo

Fluye suave fuego de Heráclito hasta que termine mi canto

Hasta que alcance a discernir lo transitorio de lo fijo
lo fugaz de lo perenne

Adiós poemas inconclusos poemas extraviados 

Adiós músicas remotas que no se olvidan

Violín en París/ piano en Berlín/ narguile en Katmandú

Adiós lugares prohibidos, orgasmos de oro y terciopelo
Secretos custodiados bajo una pirámide
Perros infieles de mi infancia que me mordieron dos veces

Dejaré aquí mi torpe itinerario
Mi trabajo sellado en un cofre

Huyo hacia un sitio abierto y palpitante

Adiós adiós



El búho de Minerva levanta vuelo al anochecer
Aquel verano estuvimos en Ascochinga
Nadamos a cielo abierto al pie de una montaña
Después almorzamos al borde de un puente en Agua de Oro
Al volver caminamos por la costanera hasta que atardeció
Dorada violácea opalina
La naturaleza en calma nos atravesó
Pasó la belleza con un plato redondo de nísperos
y manzanas

Entre mi nacimiento y mi herencia
está mi justificación

Alfredo Lemon (Córdoba, Argentina, 1960)

El búho de Minerva levanta vuelo al anochecer
Mascarón de Proa, Villa María, Córdoba,  Argentina 2025












martes, marzo 18, 2025

Jonio González / Mudez




¿estás preparado
racimo
para el vino?

nube escondida
en la sucesión de noches
diáspora del cuerpo
es la herida

¿temes o deseas
flor
la llovizna?

sentido imaginario
última excusa
temor de encontrar
en el lugar vacío

[inédito]

Jonio González (Buenos Aires, 1954)

Foto: Jonio González /Facebbok

lunes, marzo 17, 2025

Jorge Fondebrider / Dos poemas




¿En qué consiste ser normal?
 
Acaso en guardar las apariencias
porque, al decir “normal”, “normalidad”,
hablamos de conceptos,
de ideas construidas y no de realidad. Pensemos:
cualquier familia,
cualquier unión entre personas que se quieran
engendra siempre error, a veces desencuentros
disfuncionalidad. Pensemos
en qué consiste ser normal
cuando hay un cuerpo que no somos,
un gusto que es ajeno
olor del sol que no sentimos, sombras, piedras,
un cielo inconcebible y es Finlandia
donde jamás se oyó la voz de nuestra suerte.
Pensemos en el límite de todo
que acaso nos impone guardar las apariencias,
saber que hay otra cosa y no nombrarla
por no saber cómo se nombra
la sombra del leopardo contra el pasto,
su rápida carrera. Ahora pensemos
en las reglas arbitrarias de cada grupo humano. 


Pongámosle que hay viento

un viento que sacude ahora las ramas que se rompen,
cae el nido que estaba en construcción.
Recomenzar,
juntar palitos,
hurgar entre las piedras,
las cosas que uno hace todo el tiempo. 

Pongámosle que llueve y el agua se escurre entre las tejas,
deja un charco y no da tiempo,
como quien dice no llegamos, perdemos el avión.
 
Pongamos lo que sea, da lo mismo
saber o no saber las consecuencias.

[inéditos]

Jorge Fondebrider (Buenos Aires, 1956)

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Foto: Jorge Fondebrider, Feria del Libro de Buenos Aires. 2015, Antonio Nava / Secretaria de Cultura Ciudad de México/Wikimedia Commons

sábado, febrero 15, 2025

Ricardo Ruiz / Dos poemas



miserere

nudo a nudo 
la escritura
presiente

un saber 
que no termina 

de saberse

la lengua 
que nos habla 
resuena
en un callar

de las cosas
del mundo dichas 

y pesares

la ley 
del horror

en la caída

el nosotros
cantando 
miserere 
a verso a verso 

sobre
los huesos rotos

hojas 
en la tormenta 

girando

en el viento 
dicen

lo que la luz
oculta
en su silencio



*

decir tal vez

          Lo que podía haber sido y lo que ha sido
          Apuntan a un fin, que es siempre presente.
                                                                T.S. Eliot

en este tiempo 
que persiste 
en su medianoche 
en un cielo
sin estrellas 
y negro biblia

escuchamos
sus máquinas 
de guerra
bendecir

en letras de sangre y fuego

el bajo continuo
de la rapiña 
acumulación
primitiva
permanente

de la mentira 
la construcción 
verdadera:
el sinsentido 
de las cosas 

el resto 
del resto
los sin nombre
que somos

aparecidos
de cuerpo presente
cantando
un sueño plural
que no despierta

bajo este cielo
que nos queda

la indisciplina 
de la oralidad 
reunida 
en escritura

decir 
tal vez 

y  
que tal vez 
sea

[inéditos]

Ricardo Ruiz (Buenos Aires, 1953)

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Foto: Ricardo Ruiz7Facebook

martes, enero 07, 2025

Marcelo Ajubita / Gatus Flatus


Gatus Flatus es un gato
con problemas estomacales
que se pasea solitario
soltando metrallas y gases

.En su pancita hay batallas
entre porotos y arvejas
también orejas de ratones
y explosiones de galletas.

Ayudó a robar un banco
pagado por los ladrones
soltó un pedo en el atraco
y huyeron todos por los portones.

La policía escapaba
y así entraron los maleantes
con máscaras anti gas
trabajaron sin apurarse.

Nadie se arrima al Sr. Flatus
pues posee un arma nuclear
corre, si levanta la cola
es que una bomba va a estallar.

Tiene un polvorín de pedos
y una rara colección
también los dispara en la iglesia
cuando le aburre el sermón.

Más cuando vacía el tanque
carga nueva munición
en el barrio es un héroe
pues no hay robos ni hay acción.

Le han dado un doctorado
por experto en explosiones
cuídate del culo Flatus
o te arruinará los pulmones.

Gatus Flatus es un gato
con artillería estomacal
que luce condecoraciones
porque no puede fallar
con sus bombas del trasero
al enemigo hace temblar.

Marcelo Ajubita (Venado Tuerto, Argentina,1958), 

Gatoons, un libro gatuno
, con dibujos de Pier
Ediciones Gogol,
Mar del Plata,
2024



lunes, diciembre 30, 2024

Jan de Jager / De "Casa de cambio IV", 2




amanecer:

ola de luz que va barriendo 
ese trompo que es el planeta,
precedida por barullo y griterío 
de pájaros


Al sol

es curioso que todas las vidas 
empiecen por la infancia

y qué interminable que es: 
especialmente las tardes de verano

son las cuatro y diez
y te compran un helado

te terminás el helado y son apenas 
las cuatro y veinte

a lo lejos un perro sigue ladrando, 
atado al sol


Horacio remozado

Ves cómo el cerro se puso blanco de alta nieve, 
los árboles hacen horas extra para sostenerla
y los ríos de tan súbito congelarse 
dejaron la marca de la frenada.

Aquí adentro no le hagamos caso al frío, 
échale unos buenos troncos al fuego, 
descorcha un falerno de los caros, amado 
mío, y de todo lo demás que se hagan

cargo los dioses, que en cuanto hayan 
domado los vientos que marean a las olas 
del lago, ya no se sacudirán ni los cipreses 
ni los añosos olmos. Lo que traerá el futuro,

MAÑANA, no preguntes: los equis días que 
el destino te otorgue son tiempo ganado que
podrás, deberás dedicar a la danza y los amores. 
Ahora que eres mocito y aún no peinas canas

gruñonas, en parques y plazas ve a encontrarte, 
a la hora acordada, al anochecer, con esa chica 
escondida que revela con risitas su escondrijo, 
y recuerda que no se esconde de ti, sino para ti.

Odas 1.9


*
¿De qué muerto somos 
la viva imagen?

muy más que la nieve fría
     - hiberna de glande    [Virgilio]

     - where the winter/
             olive is taken    [Pound, Canto CX] 

la cabeza lustrosa y apiñada –

           scrotumtightening sea    [Joyce]

los huevos casi adentro del propio vientre – 
machedumbre recia,
 reducida y
         orgullosa, dolorida.
(ven 
dramas 
tarde

                    porque piensan
vendrá 
más 
tarde)

te lo dije corazón, 
no te me escapes
de tu jaula de costillas:

                    he vuelto a ver a aquel 
                    de quien debo protegerte

                                           de quien debo protegerte 
                               muchísimo más que de la misma muerte

Jan de Jager (Buenos Aires, 1959)

Casa de cambio
IV,
Ediciones el Dock
Buenos Aires, 2024









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Foto: Jan de Jager / Faebook

domingo, diciembre 22, 2024

Alfredo Lemon / Fin de año


En la última noche del año viejo
lo que fue espera o deseo
se vuelve necesariamente desapego
o aceptación.
Rosas, almohadas, champagne
y un cigarro a medio armar.
En lo nimio se busca algún significado.
Hay que agitar el ayer para cerrar.
Romper equívocos para conectar con las esencias.
En la encrucijada del país
el silencio es un grito de auxilio
que ahoga nuestros propios pedidos de socorro.
¿Habrá una brújula posible?
En la contradicción se juntan los extremos.
Las equidistancias y los vértices se rozan.
Rezo por la realidad circundante.
Rezo por la salvación de la raza.
Dios escucha hasta los ecos de un mudo.
¿Algún párrafo equilibrará las cosas?
El espectáculo no acaba.
Sigue hacia adelante.
Sin duda, un privilegio
y orfandad.

[inédito]

Alfredo Lemon (Córdoba, Argentina, 1960)

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Foto: Gentileza del autor

lunes, diciembre 16, 2024

Alfredo Rescia / Este niño


Brilla la estrella en Belén
y Roma brilla en su trono,
nació el hijo de María
se oyen gritos y sollozos.

En la paja del pesebre
y en la marcha del exilio,
este niño es Jesucristo
en pañales perseguido.

Su nombre en la lista negra
no deja de figurar,
la mano que hace la lista
enrojece la ciudad.

A su frente está el destierro,
a su espalda la matanza,
la sangre del inocente
es la sangre más amarga.

A mi canto no lo cantes,
no quieras cantarlo ahora,
canto que nace de noche
tiene que esperar la aurora.

Cuidado niño. Cuidado
bajo la noche de Herodes.

[inédito]

Alfredo Rescia (Leones, Córdoba, Argentina)

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Foto: Alfredo Rescia/ Facebook

domingo, diciembre 01, 2024

María Mascheroni / De "Hoy no hay tiempo para la eternidad"



Comenzó después de su muerte y dejé que sucediera. No se 
trata de recuerdos, aunque participe a pleno la memoria.
Decidí, una y otra vez, no abandonar la conversación. Sucede 
que hablo de un vínculo incorpóreo, sideral, extraterreno. 
La transformación sufrida por ambas partes es definitiva.


*

Así es que no está. Se aproxima cada día. Con sigilo intenta 
acercar la palma de su mano a mi cabeza. Yo me distraigo, 
pienso: ¿son humanos los muertos madre? ¿o las especies 
no existen en tus dominios? Y entonces, ¿qué ahora?

La ignorancia me separa de la muerte, empaña los días 
con una nostalgia protectora.

Hay días en los que no concibo su muerte como algo material 
y la atraigo hacia mí con toda la fuerza que puedo encontrar 
en las palabras descubro en mí una convicción que no 
conocía: existe un plano inmaterial donde el encuentro 
puede producirse.
 

*

Madre se inclina, pide por favor que me aquiete, dice que
existe enlazada a los pájaros y los caballos del cielo y encuentra 
allí cercanía con su Dios. ¿Madre, dónde te detenés, cómo, 
cómo te acercás?

Una pluma cae delicada y en tiempo real a mis pies. Y madre
se ilumina, ríe ante esa constatación de su presencia en mi mundo. 
Una permanencia sin remedio. Ese amor.

Antes de saber si ya es el día, de abrir los ojos, pensar: voy a 
salir con madre, a caminar, a mirar las nubes, los espejos de
agua salpicados de aves blancas, los tonos alterados del otoño. 
Antes, detrás de mis ojos, en la órbita. Antes madre dónde.


*

Son humanos. Los muertos. Son humanos, madre.
¿Sos ahora una suerte de animal fabuloso como en aquella
Enciclopedia de las cosas que nunca existieron? ¿Recordás?

Una mezcla, ¿una aleación? caballo, Dios, ave nocturna, 
mujer. El rostro un girasol salvaje una corona de niños 
como plumas reales.

Un motor de mil caballos avanza por ese mundo prodigioso.
Vamos a correr, levanto vuelo en el impulso. Ya no vas
a dejarme voy como las cosas que no existieron jamás. 
Firme a tu lado.

Entonces, los animales fabulosos existen y rodean nuestros
               sueños

María Mascheroni (Buenos Aires, 1958)

Hoy no hay tiempo para la eternidad
,
Hilos Editora,
Buenos Aires, 2024









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Foto: María Mascheroni / Facebook

miércoles, noviembre 20, 2024

Dolores Etchecopar / De "No hables tan rápido delante de la noche"



El cartero

el cartero tardó 65 años en llegar
tuvo percances
le dieron un beso y cerró los ojos
vio morir a su padre
cuidó a su perro enfermo
tuvo un huerto que abandonó
por aliarse a los insectos
que devoraron todo lo sembrado
el cartero tardó 65 años en llegar
mientras tanto tuve percances
cuando creí estar afuera estaba adentro
vi morir a mi padre
y no sostuve su mano
mi cuerpo esculpido en desapariciones
me llamó con muchos nombres
y sin responder
me quedé dormida
en el país tumultuoso de los muertos
con denuedo me puse a la par de ellos
a buscar las dos orillas del río
el cartero tardó 65 años en llegar
tuvo percances
se enamoró de una ola
que levantó sus pies sin derribarlo
cuando recordó la carta

todas las puertas del mundo estaban en guerra
y ya no supo dónde se encontraba
cuál era mi puerta
entregó la carta al primero que pasaba
en los ojos de un extraño vivió la carta que iba a traerme
cuando el cartero tocó el timbre
habían pasado 65 años
llegó con el invierno
en las manos vacías vi el fulgor de su contento
su llegada por fin y solo eso
ninguna otra cosa tenía para darme


XI

a veces hay que volverse hacia los Antiguos
sus voces atraviesan los siglos
como luz de estrellas extintas
sus voces sacudidas por el viento feroz de la historia
así trastocadas álgidas
hasta aquí llegan intactas las preguntas
y dañados los argumentos
por sus fisuras nos llega el sollozo el desespero de alguien
que antes de morir sueña una puerta
y golpea el muro con palabras
deja marcas partituras
para un instrumento roto

pero hay otras voces unas pocas
no piden que ceda la última puerta
ellas se abren como ramas
abrazan el sol
y sostienen por unos instantes
lo que en ellas se posa
sea eso una araña
o el Espíritu Santo


XVII

el tilo de ramas desgajadas
mora en lo que demora su caída
las palabras comenzaron a tararear la muerte
no puedo detenerlas
a mis penas les pido
que se entiendan con los muertos
los muertos se desprenden de mi vida
mientras respiro
y cuando lloro
caminan más rápido que yo
hacia el día inmenso

Dolores Etchecopar (Buenos Aires, 1956)

No hables tan rápido delante de la noche
,
Buenos Aires, 2024









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Foto: Altazor

lunes, octubre 21, 2024

Alicia Waisman / De "Suite francesa"



Gilberte

I
(Lo blanco del día presagia desdicha. Ya no puede medir 
la distancia entre ella y el silencio que los separa. Un 
silencio que Gilberte no calmará).

Ese nombre dejaba en el aire una promesa pequeña.
Salías desde adentro del aire, con tu gorro de piel, 
corriendo hacia mí, empujada por mi deseo.

Gilberte, cómo no amar tu esencia pequeña, tu desdén, 
tu ignorancia, si sólo yo sabía que el ruido/crujido del 
comienzo de tu nombre me extasiaba, y luego era la b 
de la segunda sílaba, como el beso que hubiera querido 
darte —¿hubiera querido?—, para terminar en un eco 
apenas pronunciado, resonancia de una boca entreabi erta. Silenciosa.

Y así como tu nombre anticipaba tu presencia, así tu 
imagen se escapa. Humo que me rehúye.

II
El pelo de Gilberte derrite la nieve, 
encandila a Marcel.

(Quien /La que// escribe//Alguien/ también vio/ Yo 
 —la que escribe—/también vi/ 
los Champs Elysées
incendiados 
desnudos.
Despojos de un verde que ya no es).

Alicia Waisman (Buenos Aires, 1955)

Suite francesa, 1857-1968
,
Barnacle,
Buenos Aires, 2024









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Foto: Barnacle

sábado, agosto 31, 2024

Lidia Rocha / De "Hechicerías"


3

Viniste a mí sin soltarme los ojos. 

Yo cabalgaba una ola 
revolcada de arena y malos pensamientos. 

Sobre el acantilado, 
un nido minúsculo era tu alma. 
Quería alcanzarla en el oleaje. 
Fui llegando a la cima. 

Las fuerzas naturales desconocen la pena. 
El pecado también. 

Desde entonces te fue dada la sabiduría. 
Lo demás ya me pertenece. 
Soy tu ama ahora. 
Llamáme Wanda. 


19

Cerca del lago hay un árbol añoso,
sus hojas secas caen sobre el agua.

Te das vuelta para verme llegar.

No sonrías. 
No vas a derrotarme. 

Las alimañas que viven en lo oscuro 
se aliaron en tu contra. 

Borrá de tu futuro la mañana 
y el sol. 


31

En el invierno de Anglesey acá es verano. 
¿Sentís la luz del bosque de araucarias, 
la brisa que acaricia lupinos y pehuenes? 

Un gato de montaña te está soñando muerto 
aunque tu barco se hunde en el Mar del Norte. 

Pequeño druida, si fueras un náufrago, 
no te rescataría de las aguas heladas.
 
Oigo una ópera oscura, 
un huracán que poda los árboles 
y deja ramas alrededor de tu cadáver,
tieso sobre las losas de un santuario. 

Los pescadores sacan los restos. 
Lo que no se comieron los peces 
se lo llevan los pájaros. 

Los ojos azules colgados del corazón de la borrasca.

Lidia Rocha (Trenque Lauquen, Argentina, 1959)

Hechicerías
,
Olivos, Argentina, 2024









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Foto: Lidia Rocha / Facebook

viernes, agosto 16, 2024

Marcelo Ajubita / De "¿A dónde van los muertos?"


Fumigaciones

El sicario del Anticristo
limpia la lente en el fumadero
esperando en silencio
armado con un diccionario negativo
y las aves vuelan…
por la azotea del templo literario
ajusta una corneta al caño
observando a los tullidos
beber té verde sobre la alfombra.

El sicario del Anticristo
se parece a un niño humillado
esperando el momento de enterrar la garra
en el estado       y no hay lugar para enmiendas
porque las aves vuelan…

Envenenar el verbo
para que el ataque médico no sea denunciado
elevando lo inútil al rango de anticuerpo
sólo lo inútil nos hará portadores de luz
mientras la directora se revuelca en el cuarto
beneficiado por poéticas estatales
el sicario del Anticristo
prepara el fulminante
frente a la mirada atierrada de los niños y…

¡Bummmm!  Scratchhhhhh    Uahhhahhhh

es la hora de la limpieza.


Vaquitas de San Antonio

Joyas con patas
en extravagantes pilotos
cuando a martillazos derrumbaron
el muro
construyeron una pared sonora
¿me escuchas?
¿puedes escucharme?
brillando
como amapolas en la nieve
el camello
pasó por el ojo de la aguja
y la novedad
trajo el empujón químico
las mariquitas
subidas a un mojón
apenas pueden ver
las medias del búho
limpiando
el avispero nocturno
no son
siquiera queridas
como aspiradoras
las catitas
brillan sin mostrarse
a no ser que terminen
en el pico de un mirlo.

Marcelo Ajubita (Venado Tuerto, Argentina, 1958), ¿A dónde van los muertos?, inédito

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Foto: Marcelo Ajubita / Facebook

miércoles, julio 17, 2024

Susana Szwarc / Dos poemas


Romanzas
 
Leves en el país lejano
en vagones subterráneos
a metros bajo tierra
(sin tumbas sin tambores).
 
Un cuerpo cae (lo veo y no alcanza
la mirada a detener
tu mi / caída).
Los golpes resuenan sobre el mismo cuerpo.
Después
alguien hará un hilván
sobre la mano.
 
Se estiran los dedos el lápiz
avisan nuevo surco en las frentes
vías a la vista que cada uno
puede recorrer.

-Ayer la música no me dejaba dormir.
-Ni a mí.
Sin ton ni son
más bien el ruido mantenía despierta
la madrugada y la palma
guarda todavía
tu hilván.
 
Una pierna se rebeló y no ayuda
el pie se niega a seguir
se agarra al suelo
 
En la caminata
honda bajo la tierra

encuentro un botón
lo atesoro
y escuchamos, sordamente,
largamente
romanzas
(número 1 número 2
Beethoven).
 
Los hubiera querido abrazar más fuerte.
 
Leves en el país lejano.


Hacía calor

¿Viste cómo parpadeaba
el terrorista de la esquina?
Un guiño del ojo
del otro
cuando el pájaro justo
asaltó el cableado.

No andaba la luz.
La gente buscaba
a manotazos las tapas
clac clac clac.
Tan oscuro estaba
que no se sabía
cuál era el bueno.

No seas mala
le decía A a B
y B no salía
de su asombro.

No salís Cobarde.
Le gritó una
al terrorista.
No me digas terrorista
esa palabra me resulta
horrible. Me irrita.

Las erres hacían vibrar las paredes
torcidas.
Desarregladas diría el gracioso.

¿Qué?

Susana Szwarc (Quitilipi, Argentina, 1954), Sustento, inédito 

Más poemas de Susana Szwarc en Otra Iglesia Es Imposible
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Foto: Salta 21

domingo, junio 30, 2024

Juan Carlos Moisés / Dos poemas




Perro negro tallado en la nieve

Si al galgo negro le dijera que en estos días animados
es posible concebir la realidad con liebre albedrío
me diría que los juegos de palabras no son lo mío.
No es necesario engañar a nadie con el lenguaje,
esa especie de conciencia crítica en la memoria. 
Las cosas tienen su maravilla y su complicación 
y los sueños no se pueden torcer en el sueño. 
Las palabras piden estar donde las cosas suceden: 
quieren seguir en escena, despiertas y fantasiosas, 
con sus ropas y sus historias para ponerse.
El poema se talla como a un perro negro en la nieve.


Arrancando zanahorias en la nieve

Vincent le escribe a Theo Van Gogh,
“en los viejos cuadros, los hombres no trabajan”.
Nadie, casi nadie, pintaba trabajadores,
los trabajadores no podían pagar sus retratos, 
los trabajadores no colgaban cuadros 
en sus “chozas con techos de caña”.            
“En estos días ando detrás de una mujer, 
a quien vi este invierno 
arrancando zanahorias en la nieve”. 
Iba detrás de figuras en movimiento 
con la misma obsesión 
que le escribía cartas a su hermano. 
Así vi a las abuelas escarbar la tierra helada 
en busca de las últimas papas enterradas.
Cuando veían la despensa y la fiambrera vacías 
el alma se les iba del cuerpo, se quedaban 
sin nada, sin alma y sin palabras, 
y yo no sabía que ellas sabían 
que en algún lugar había algo más.
Ahora es el momento en que mis abuelas 
y la mujer observada por Vincent, 
abrigadas con un pañuelo que les cubre 
la cabeza, cruzan las miradas, sin hablarse, 
antes de inclinar el cuerpo hacia la tierra dura.

Vincent solo piensa en lo que ve:
“la inexpresable forma armoniosa 
del cuerpo humano; pero al mismo tiempo, 
la acción de arrancar zanahorias en la nieve.
¿Me explico con claridad?”

En la tierra dada vuelta del poema 
también busco zanahorias en la nieve 
y las últimas papas enterradas.

[inéditos]

Juan Carlos Moisés (Sarmiento, Chubut, Argentina, 1954)

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Foto: Juan Carlos Moisés, Facebook

domingo, junio 16, 2024

Ricardo Ruiz / Cava su madre el río

                                           


                                               Sin corazón no se puede mirar el río
                                                                               Jorge Aulicino


cava su madre 
el río 

el cauce profundo 
de barro o arcilla

el agua
entre sus márgenes 
acaricia las piedras 
que cantan
otras orillas

cava
hacia el mar 
el cielo 
que lo ampara

el curso 
de todos los pájaros  
y los peces

los días y las noches

en su intemperie
cava

los huesos 
que no disolvieron 
en su limo oscuro
sus remolinos contrarios

vuelve sobre sí

el tiempo 
una hoja viajando
sobre el sueño
de las cosas perdidas 
en su deriva

el discurso del agua

su madre el río
cava

[inédito]

Ricardo Ruiz (Buenos Aires, 1953)

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Foto: Ricardo Ruiz/Facebook

jueves, junio 06, 2024

Alfredo Rescia / Tres poemas



9

Para tus golondrinas

ni la estación amable
ni los espesos campos.

Sólo
un planeta
roído por el viento.


32

No espero tregua alguna
ni cobrarme lágrimas.

No importa
que no exista el milagro.

Sólo 
es grande lo verdadero.

Los rostros del amor.

En este tiempo de rastrojos
el viento de la tarde.


39

Tiempo de heladas.

A estas tierras
de rastrojo
se parece el alma.

Ya no se regresa
a los trigales lejanos.

La poca luz
la da la memoria.

Alfredo Rescia (Leones, Córdoba, Argentina), Postales de invierno. Cielos de enero, Barnacle, Buenos Aires, 2024
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Foto: Alfredo Rescia / Facebook

viernes, abril 12, 2024

María Teresa Andruetto / Genealogía




Tengo una foto del casamiento de mis padres, 
él con traje oscuro y el pelo peinado a la gomina. Ella
de trajecito claro y una boina (con un moño grande, a cuadros), 
la sonrisa perfecta, los ojos bajos, una cartera pequeña
en una mano (la otra mano enlazada a la mano de mi padre).
Con los ojos renegridos y las cejas grandes, a él parecen
molestarle los reflejos del sol en esa tarde. Sé que es abril,
que están frente a la plaza, la sombra de sus cuerpos
se estira en el mosaico, hacia la tapia. 

Ella lleva debajo una blusa blanca. Antes
de esa tarde, vendió una cadena de oro de su abuela
para hacerse el anillo de bodas. Si te gusta el oro,
no soy hombre para vos, dijo mi padre. 

Antes, mi padre le dio un echarpe de su madre, de color azul
y grana. Si nos dejamos lo quiero de regreso, es un recuerdo
de la madre de mi madre. 

Antes, un hombre golpeó la puerta de la casa de mi abuela,
allá en el pueblo, buscando a una amiga de su madre
y se encontró con mi madre.

Antes, ese hombre que venía de otro mundo,
le pidió a mi madre que fuera a la ciudad para conocerla,
pero mi madre le dijo que una buena chica no se movía
de su casa.

Antes mi madre juró y juró que no se casaría con nadie.

Era hermosa como una potranca en la llanura y enseñaba
a leer con un peinado de trenzas recogidas. 

Antes su madre se inclinó a fregar junto al arroyo
para alimentar a los hijos y al marido, y antes de eso
se le enfermó el marido. Era un hombre flaco como un pájaro
que no podía oler la sopa de porotos, ni la flor del paraíso,
ni el heno que enfardaba ni las hojas satinadas
de los plátanos. Íbamos a verlos los domingos, mi madre
nos llevaba; hablaban piamontés en una casa oscura,
con piso de ladrillos y un patio con glicinas.

Antes los padres de mi madre emparvaban alfalfa
en Campo Yucat y antes la madre de mi madre
tuvo a su primer hijo cuando era apenas una niña. 

Antes, su madre casó a la hija casi niña con un hombre
bueno, el más bueno que encontré, decía,
sin preguntarle a esa niña nada.

Antes la madre de la madre de mi madre viajó con su hija
pequeña en la bodega de un barco y después atravesó los campos
como una peregrina, detrás de una máquina de trilla;
y antes escapó de su pueblo con su hija, para que no la casaran 
con un hermano del marido.

Antes, en un lugar llamado Casas Viejas, se le murió el marido
y ella se ató un cilicio en la cintura. Cuando yo era niña,
aún vivía, aferrada a un misal y un relicario con pelos
de Santa Cecilia. Era poco agraciada la madre de mi abuela,
la cara angulosa, los ojos hundidos, la boca, pero alguna vez
fue joven y robusta, un animal para el trabajo
cuando conoció al marido. 

Antes ella no tuvo padre y juró que si tenía hijos, 
los hijos tendrían otra vida. Y antes fregó los suelos 
de una iglesia y fregando conoció los libros. Los evangelios, 
La Filotea, La vida de Santa Cecilia (y se escondió en el pecho, 
tal vez robada, esa reliquia, unos pelos de la santa 
en una cajita)

Antes fue campesina y ayudó a su madre a cuidar dos vacas
que tenían y antes su madre arrancó raíces
de entre las piedras, para alimentarla.

Encontré una foto de esa mujer, una foto borrosa, 
amarillenta. Dijo mi madre que le dijeron
que la sacó el cura de Casas Viejas. Es la foto de una campesina
joven, ya con la espalda curva, una mujer muy flaca,
con la quijada hacia adelante, husmeando como un perro
y los ojos, ay los ojos, tan despiertos, como una rata
o una ardilla, ojos alertas como los de una perdiz 
o los de un tero.

María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, Argentina, 1954), "Últimos poemas (2018-2019)", Poesía reunida, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2019

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