miércoles, agosto 31, 2011

Giuseppe Conte / De "Canti d'Oriente e d'Occidente"






¿No más el Occidente?
Pero es de Dios el Oriente.

Del Dios de las mezquitas, del Dios del fuego.
Todo es Dios más allá del Jordán.

Las alas, los toros, los leones
sobre el pedestal de Persépolis

los jardines, los bazares, las cúpulas
de la ciudad que perdonó Tamerlán

porque allí crecían las rosas más bellas
y allí estaba escribiendo su Diván

Hafiz*.

(De Canti d'Oriente e d'Occidente, 1997)


* Hafiz Shirazi (Isfahán, c.1325-Shiraz, c.1389), cuyos gazhals (gacelas) fueron recopilados en Diván, hacía 1368 (N. del T.)

Giuseppe Conte (Porto Maurizio, 1945), Dopo la lirica, poeti italiani 1960-2000. A cura di Enrico Testa, Giulio Einaudi Editore, Turín, 2005
Versión de J. Aulicino

[da Canti d'Oriente e d'Occidente]

L'Occidente non più?
Ma l'Oriente è di Dio.

Del Dio delle moschee, del Dio del fuoco.
Tutto è Dio, oltre il Giordano.

Le ali, i tori, i leoni
sul piedistallo di Persepoli

i giardini, i bazar, le cupole
della città che risparmiò Tamerlano

perché vi crescevano le più belle rose
e vi stava scrivendo il suo Divano

Hafiz.


Foto: Conte Sitio oficial

Niní Bernardello / Pan de azúcar




Pan de azúcar

Como si un libro mágico fuera
la montaña azul que me vio nacer
se abre dulce y es mi espejo
Leve asciende hasta su altura
luminosa lo que dice que Es
fluye con ondulación precisa
desde mi sangre y soy
ladera, abismo, cumbre
y de mí lo que disuelto
ya no tiene nombre

Niní Bernardello (Cosquín, 1940), Natal, editorial Bajo la Luna, Buenos Aires, 2011

Foto: Niní Bernardello Tuerto Rey

martes, agosto 30, 2011

Lorine Niedecker / Dos poemas




Mi amigo árbol (fragmento)

Qué horror levantarse en medio de la noche
y atisbar la luz desde la penumbra.

El tiempo es una hoja en blanco
y los mosquitos muerden.

Mi vida se desperdicia en la nada.

Cuánto incomoda este pensamiento. Cómo estás tú, Nada,
sentada alrededor con la esposa de Algo.

Zumbar y consumirse
es todo cuanto he aprendido.
Porque he desperdiciado mi vida en la nada.

Embalsamada y superflua, pálida y resoplante,
levantando trastos domésticos aquí y allá
-carpetas, platos,
mesas, peceras-.

Mi vida se desperdicia en la nada.


Norte central (fragmento)

Mi vida es un estorbo
en este torrente

el borroso retrato
de una ola

No te enamores
de este rostro:

ya no existe más.
En estas aguas
no podemos pescar.


Lorine Niedecker (Fort Atkinson, Estados Unidos, 1903-Blackhawk Island, Estados Unidos, 1970), Covers, 36 poetas en lengua inglesa, traducción de Armando Roa, Uqbar Editores, Santiago de Chile, 2010


My Friend Tree (fragment)

What horror to awake at night / and in the dimness see the light. / Time is white / mosquitoes bite. / I've spent my life on nothing. // The thought that stings. How are you Nothing, / sitting around with Something's wife. / Buzz and burn / is all I learn / I've spent my life on nothing. // I'm pillowed and padded, pale and puffing / lifting household stuffing - / carpets, dishes / benches, fishes / I've spent my life in nothing.

North Central (fragment)

My life is hung up / in the flood / a waveblurred / portrait // Don't fall in love / with this face -/ it no longer exists / in water / we cannot fish


Foto: Lorine Niedecker c.1967 wood s lot

lunes, agosto 29, 2011

Jorge Teillier / Despedida


















el caso no ofrece
ningún adorno para la diadema de las Musas
                                                      Ezra Pound

Me despido de mi mano
que pudo mostrar el paso del rayo
o la quietud de las piedras
bajo las nieves de antaño.

Para que vuelvan a ser bosques y arenas
me despido del papel blanco y de la tinta azul
de donde surgían ríos perezosos,
cerdos en las calles, molinos vacíos.

Me despido de los amigos
en quienes más he confiado:
los conejos y las polillas,
las nubes harapientas del verano,
mi sombra que solía hablarme en voz baja.

Me despido de las virtudes y de las gracias del planeta:
los fracasados, las cajas de música,
los murciélagos que al atardecer se deshojan
de los bosques de casas de madera.

Me despido de los amigos silenciosos
a los que sólo les importa saber
dónde se puede beber algo de vino
y para los cuales todos los días
no son sino un pretexto
para entonar canciones pasadas de moda.

Me despido de una muchacha
que sin preguntarme si la amaba o no la amaba
caminó conmigo y se acostó conmigo
cualquiera tarde de esas en que las calles se llenan
de humaredas de hojas quemándose en las acequias.
Me despido de una muchacha
cuya cara suelo ver en sueños
iluminada por la triste mirada de linternas
de trenes que parten bajo la lluvia.

Me despido de la memoria
y me despido de la nostalgia
-la sal y el agua
de mis días sin objeto-

y me despido de estos poemas:
palabras, palabras -un poco de aire
movido por los labios- palabras
para ocultar quizás lo único verdadero:
que respiramos y dejamos de respirar.

Jorge Teillier (Lautaro, Chile, 1935 - Viña del Mar, Chile, 1996), "El árbol de la memoria", 1961, El árbol de la memoria. Antología poética, edición de Niall Binns, Signos, Huerga y Fierro Editores, Madrid, 2001

Foto: Crónica Digital

María del Rosario Sola / Sonata doméstica




Sonata doméstica

Todo está oscuro
menos la mesa con la comida servida que humea.
Hablo de oscuridad sencilla como una mano caída sobre un mueble después del mediodía. La niebla dentro de la casa suele ser mortal.
Se aloja como una pálida luz debajo de las cosas y luego nos recuerda que el aire y el color de la copa de vino se cerrarán con el libro. Pienso entonces en aquel que alguien lee, acodado en la ventanilla de un tren, sin saber nada. La manga de su saco huele a tabaco y el sol lo empalidece. La mugre de los vidrios es como arenilla de oro, encaje abstracto tras el cual la realidad se empeña en colocar una escena:
hiedra, muro gris
con alabastros de humedad,
reja, herrumbre, ciprés. El tren parte entonces y hace rodar la escena que se debate por no entrar en el olvido y se aferra como una ortiga de plata detrás de la retina. El hombre se decide a mirar el paisaje y cierra el libro.
Todo está oscuro
menos la mesa con la comida servida que aún humea.

[De El humo de los músicos]

María del Rosario Sola (Mendoza, 1955), Analecta literaria, 2011

Foto: María del Rosario Sola Facebook

domingo, agosto 28, 2011

Forugh Farrokhzad / Dos poemas




El viento nos llevará

En mi pequeña noche
¡ay!
el viento tiene una cita con las hojas de los árboles.
En mi pequeña noche
amenaza la ruina.

¡Escucha!
¿Oyes la corriente de las tinieblas?
Yo miro distante esta felicidad,
apegada estoy a mi desesperanza.

¡Escucha!
¿Oyes la corriente de las tinieblas?
Algo atraviesa la noche.
La luna está roja y agitada
y sobre este techo que a cada instante parece derrumbarse,
las nubes aguardan enlutadas
a derramar sus lágrimas.

Un instante.
Y después nada.
Detrás de esta ventana tiembla la noche
y la tierra deja de girar,
detrás de esta ventana algo desconocido
está pendiente de nosotros.

¡Ah! Tú, verde, todo verde,
pon tus manos como un recuerdo encendido
en mis manos amantes
y como un cálido sentimiento de existencia,
confía tus labios a las caricias de mis amantes labios.

El viento nos llevará consigo.


Sólo el sonido permanece

¿Por qué debería pararme? ¿Por qué?
Los pájaros se han ido en busca
de la dirección azul.
El horizonte es vertical, vertical,
una fuente alzándose;
y en los límites de la visión
los planetas brillando tejen
la elevación de la tierra, repitiéndose,
y los respiraderos
se vuelven túneles conectados;
y el día es una inmensidad,
que no abarcan las estrechas mentes
de los gusanos de la prensa.

¿Porqué debería parar?
La carretera atraviesa los capilares vitales,
la calidad del entorno
en el seno del útero lunar
matará las células corruptas.
Y en el espacio químico tras el amanecer
solo hay sonido,
sonido que atraerá las partículas del tiempo.
¿Por qué debería pararme?

Qué puede ser un pantano.
Qué puede ser un pantano sino un nidal
de insectos corruptos.
Los cuerpos hinchados garabatean reflexiones
de tanatorio,
el afeminado oculta
sus carencias en lo oscuro
y el bicho… ah,
cuando habla el bicho
¿por qué debería callarme?
El esfuerzo de los tipos móviles es vano,
no salvará la reflexión humilde.
Soy descendiente de la arboleda.
Respirar aire viciado me deprime.
Un pájaro moribundo me aconsejó
confiar el vuelo a la memoria.
El último grado de la energía es la unión,
lanzada al brillante principio del sol
derramando la comprensión de la luz.
Es natural que los molinos se derrumben.

¿Por qué debería pararme?
Aprieto en mi pecho
verdes gavillas de trigo
y las amamanto.

Sonido, sonido, sólo sonido,
el sonido de los deseos limpios
Del agua fluyendo.
El sonido de la luz caída de una estrella
sobre la vulva de la tierra.
El sonido del vínculo del esperma del significado
con la expansión de la mente compartida en el amor.
Sonido, sonido, sonido,
sólo el sonido permanece.

En tierras de enanos
la unidad de medida
anda siempre en la órbita del cero.
¿Por qué debería parar?
Obedezco a los cuatro elementos:
y el trabajo de gobernar mi casa
no es asunto
del gobierno local de los cegados

¿Qué me importa el largo gemido
del sexo de los animales?
¿Qué me importa el rastrero caminar de los gusanos
en este vacío carnal?
Los sangrantes ancestros de las flores
me han confiado su vida.
¿Has oído hablar de los sangrantes
ancestros de las flores?


Forugh Farrokhzad (Teherán, 1935-1967) Versiones de Daniel Bellón sobre la traducción al inglés de Michael Hillman

Foto: Forugh Farrokhzad Irán Chamber Society

sábado, agosto 27, 2011

Jorge Leonidas Escudero / De "Aún ir a unir"


Hacer el no hacer

Por ahí doy en la tecla
pero no soy yo el que la pega,
es un ser escondido en mí que actúa
sin que se me ocurra mover un dedo.

Soy el testigo nada más de eso, o sea
estuve esperando sucediera
sin saber cuándo
y de repente la sorpresa me agarró de alivio.

El viejo Krishnamurti
creo que le llamó a eso "darse cuenta":
quedarse uno con la boca abierta
ante repentina claridá.

Claro qu' es lindo, y si te sucede a vos
no vayas a creerte que sos especial,
sos de aquí no más, común,
pero viste una chispa en tu cielo oscuro.


Aplausos

Fui lejos tanto como nunca
y desperté a media noche asustao
por el encuentro que tuve con los monos.
Sí porque no deja de ser preocupante
soñar estar conversando mano a mano
con tales antecesores.

Ahí estábamos en comer bananas
y el jefe de la tribu me preguntaba
por qué me había metido en pensamientos vanos
como a dónde vamos y de dónde venimos.
Tranquilizate hijo, me dijo,
soy el padre de los humanos que andan perdidos
como vos.

La tribu lo aplaudió y él se paseaba
sacando pecho y mirando a todos
sobradoramente.

En eso me desperté,
di otra vuelta en la cama y pensativo
dije para mis adentros: Te agradezco, mono,
pero ahora te aconsejo yo,
los aplausos al jefe son peligrosos.


Los buscahuella

En el arenal veo personas
que van en busca de agua, parece,
o a buscar alguna tierra prometida.
(¿Ahí vamos?)

Es tener es coraje hundir
pies en arena ardiente mientras el viento
borra sus pasos. No dejan rastros hacia
un mundo diferente pero
es su destino ir aunque se queden
muertos de oscuridá.

Si es cierto o no, tal vez puedan llegar
eso no les importa
todo es ir rumbo a allá,
a la convergencia de todos los caminos.

Porque sienten el impulso de ir
sin para qué, no saben.
Y porque van hacia donde no saben
saludémoslos,
aunque ellos sólo escuchan la voz que los empuja.

Jorge Leonidas Escudero (San Juan, 1920), "Aún ir a unir", 2010, Poesía completa, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2011 

 Ilustración: Le jeu des singes dans le monde, siglo XVII, David Teniers

jueves, agosto 25, 2011

Charles Baudelaire / Las joyas




Las joyas

Mi querida estaba desnuda. Conocedora de mi corazón,
no se había dejado sino sus joyas sonoras,
y este rico atavío le daba el aire triunfal
que las esclavas moras saben tener en sus días felices.

Al saltar, con la danza, su tintineo vivo, burlón,
el mundo abrillanta de metal y de piedra,
y yo caigo en el éxtasis, y yo amo con furia
las cosas en las que el sonido se funde con la luz.

Pero ahora, acostada, ella se dejaba amar,
y desde lo alto del sofá sonreía complacida
a mi amor, como el mar, profundo y dulce,
que hacia ella se alzaba como hacia su rompiente.

Los ojos fijos en mí, como un tigre domado,
con aire vago, soñador, sus poses ensayaba,
y el candor unido a la sensualidad
le daba un nuevo encanto a su metamorfosis;

y sus brazos y piernas, sus muslos y nalgas,
como untados con aceite, como un cisne ondulantes,
pasaban frente mis ojos clarividentes, serenos.
Y su vientre y sus pechos, esas uvas de mi viña,

avanzaban mimosos como Angeles del mal
para turbar el reposo en que mi alma se instalara,
para voltearla de esa roca de cristal
deonde, calma, solitaria, mi alma se había sentado.

Creí ver unidos, en inédita pintura,
las caderas de Antíope y el busto de un mancebo,
tanto hacía su talle resaltar su pelvis.
Sobre ese lienzo pardo, feroz, el sombreado era soberbio.

- Y como la lámpara se resignara a morir,
como sólo el hogar iluminaba el cuarto,
cada vez que lanzaba un suspiro de fuego
inundaba de sangre esa piel color de ámbar.

Charles Baudelaire (París, 1821-1867), Poemas eróticos, antología de Las flores del mal, traducción de Daniel Fara, Colección Traducciones del Dock, dirigida por Javier Adúriz, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2000


Les bijoux

La très-chère était nue, et, connaissant mon coeur,
Elle n'avait gardé que ses bijoux sonores,
Dont le riche attirail lui donnait l'air vainqueur
Qu'ont dans leurs jours heureux les esclaves des Mores.

Quand il jette en dansant son bruit vif et moqueur,
Ce monde rayonnant de métal et de pierre
Me ravi en extase, et j'aime à la fureur
Les choses où le son se mêle à la lumière.

Elle était donc couchée et se laissait aimer,
Et du haut du divan elle souriait d'aise
A mon amour profond et doux comme la mer,
Qui vers elle montait comme vers sa falaise.

Les yeux fixés sur moi,comme un tigre dompté,
D'un air vague et rêveur elle essayait des poses.
Et la candeur unie à la lubricité
Donnait un charme neuf à ses métamorphoses.

Et son bras et sa jambe, et sa cuisse et ses reins,
Polis comme de l'huile,onduleux comme un cygne,
Passaient devant mes yeux clairvoyants et sereins;
Et son ventre et ses seins,ces grappes de ma vignes.

s'avançaient, plus câlins que les Anges du mal,
Pour troubler le repos où mon âme était mise,
Et pour la déranger du rocher de cristal
Où calme et solitaire, elle s'était assise.

Je croyais voir unis pour un nouveau dessin
Les hanches de l'Antiope au buste d'un imberbe,
Tant sa taille faisait ressortir son bassin.
Sur ce teint fauve et brun le fard était superbe!

- Et la lampe s'étant résignée à mourir,
Comme le foyer seul illuminait la chambre,
Chaque fois qu'il poussait un flamboyant soupir,
Il inondait de sang cette peau couleur d'ambre!


Ilustración: La grande odalisque, 1814, Jean Auguste Dominique Ingres

miércoles, agosto 24, 2011

Hugo Gola / Dos poemas




AQUELLO que no se puede
aquello que no es posible
aquello que nadie puede
precisamente
aquello
que ya no puedo
ni tú puedes
ni él
aquello
precisamente
que no puede nadie
ni hoy
ni nunca
precisamente aquello
aquello es
precisamente
precisamente



UN TEMA
un solo tema
redoblar la excavación
penetrar el timbre
el ritmo
deshacerlo
y subir algo
todavía
escala del ascenso

como una taza
dejada en una mesa
ese pozo
oscila
y se revela
la cumbre ofrece
tempestad
brío
silencio huracanado
igual que la caída
o el desvío

hacia el costado
fluye
un desmayo
o el suspenso
se agota el escarceo

nunca se ciñe un tema
un solo tema
te da todos los vientos

Hugo Gola (Pilar, Santa Fe, 1927)

Textos y foto: XIX Festival Internacional de Poesía en Rosario

martes, agosto 23, 2011

Sam Hamill / De "Destino, la nada"




[De Destino, la nada]

6

Como si el agua pudiera darte una respuesta, yo continúo hablando.
Les cuento a las olas la historia de mis días,
presentando mi petición por la gracia
en el tribunal del mar, mientras camino en soledad
las arenas de la playa en Kalaloch.

Aquí en una ocasión hice el amor con una mujer
a la cual adoré, mientras una figura solitaria
me observaba desde un risco,
y la implacable y gris marea se retiraba
abrazándose en el horizonte con el gris implacable del firmamento.

Nuestros gemidos, amor y muerte, fueron ahogados
por los chillidos de las errantes gaviotas.
Ha pasado un año. Y todavía está allí, observando
desde las sombras, suspirando los suspiros del mar.
La memoria es como las olas. Está manchada con la sal del deseo,
una criatura a la orilla del mar ahuyentando el temor con sus palabras,
como confensándome a las aguas,
comprendiendo que solamente la última oración es la muerte,

una niebla cae sobre la luna
que es la rúbrica de todas las cosas,
bella y vacía
como la solitaria sílaba raigal del canto del somormujo.


Sam Hamill (Estados Unidos, 1943), Un canto pisano, selección y versiones de Esteban Moore, Postales Japonesas Editora, Córdoba, Argentina, 2011 (edición no bilingüe)

Ilustración: Rock Bound, 1913, George Wesley Bellows

lunes, agosto 22, 2011

Rafael Ielpi / Dos poemas




A mí no me miren

Lo he dicho muchas veces y hasta me parece
que han sido demasiadas y tal vez inútiles
tantas justificaciones y disculpas:
no quiero que me cuenten entre ustedes.
No es por una cuestión de edad -me doy cuenta
que ustedes lo saben- ni por odio universal alguno
ni siquiera porque varios de ustedes me resultan
francamente insoportables.
Tampoco por temor a encontrarme
con ella, después de todo lo que pasara entre nosotros,
porque eso, para mí, es parte ya definitiva del olvido.
Simplemente, no quiero ser más uno de ustedes.

Me doy cuenta de que es muy difícil confesar esto
después de tantos años compartidos, en los que todos creímos
estar forjando una amistad hasta la muerte.
Por otra parte, la verdad es que recién ahora me doy cuenta
de las cosas que nos separan de modo –diría- inequívoco.
Tuvieron que pasar algunos años y muchas cosas
para eso, pero nunca es tarde para empezar
a decirse la verdad.
Se los digo: no quiero que me cuenten entre ustedes.

Caigo en la cuenta ahora: me aburren esas reuniones
en las que sólo nos adulamos unos a otros mientras tratamos
de ver de qué manera seducimos a las mujeres
de nuestros amigos, mientras se bebe sin medida
y muchas veces sin ganas y se discute sin altura
sobre las cosas más profundas
y se cantan, ya en la madrugada, canciones que suenan
irremediablemente previsibles mientras comienzan despedidas
tan patéticas como lacrimógenas. Puede que la mía
sea una visión antipática y por qué no injusta,
pero la verdad es que no puedo
mentirles: no quiero ser más uno de ustedes.

Por eso es que será difícil que volvamos a vernos como antes.
Empezaron a gustarme estas noches a solas, las caminatas
por una ciudad de la que me había ido alejando sin saberlo,
los nuevos amigos que se descubren sin buscarlos,
las mujeres de ojos grandes acodadas en la barra,
gente que no pide compromisos ni ofrece
reciprocidades absurdas. Entre ellos, suicidarse,
detonar una bomba, perderse en la selva,
son acciones naturales que difícilmente alteren su rutina.
He arribado al lugar indicado.

(Inéditos, 2008-2010)


Islas

Menudos oficios en estas islas que alzan
sobre la amarillenta siesta sus quemados pastos,
sus restos calcinados que atestiguan nocturnos
asados bajo la luna, conversaciones en voz baja
en las que se narraron desdichas y contratiempos,
azares del insondable río, cuentos de aparecidos
y algún nombre que resonó en el silencio
como un eco definitivamente perdido.

A golpes de remo, en la noche cerrada,
un hombre avanza contra la corriente indomable
mientras, allá a lo lejos, otro tiende sus redes
bajo unas estrellas que titilan y el fuego indeciso
del cigarro marca un rostro en el aire ,
una presencia en el vacío, una señal
que atestigua la vida en medio de las tinieblas.
Fúnebre, el canto de un pájaro perdido
transita por entre los árboles de la orilla
enredándose hasta desaparecer en el silencio.

Unas nubes que manchan el horizonte
anuncian la tormenta con sus grises.
Sopla un viento silente que comienza a mover
las ramas de los sauces. Se levantan del suelo
cenizas y hojas muertas, memorias de asados,
plumas, vejeces, intransigencias y traiciones.
Los hombres reman en el río.

(Inéditos, 2005-2010)

Rafael Ielpi (Esquel, Chubut, 1939, radicado en Rosario, Santa Fe)

Foto Ielpi Crónicas de Rosario, 2008

domingo, agosto 21, 2011

Nicolás Olivari / Presentación




Presentación

Bajo la montaña gris de la tarde,
escribo mi dolor a máquina.
¿Quién asirá el tentáculo de mi gran tristeza?
¿Mi resoplido de ansia?
¿Mi dolor a cadena perpetua?
Soy un gran romántico al revés
-esta es la confesión que más me duele-
partir de la colina del odio, hasta la frontera del aburrimiento
y saber que nadie entrará en el país de mi tristeza
Ni mi amigo, ni mi mujer, ni mi hijo... Acaso mi madre
Esta canción desolada y asmática
no se la hubiera dicho nunca a Ud., lector,
pero me la recito a viva voz,
cuando busco argumentos para mi suicidio:
Por eso me toca decir lo que muchos decir no saben,
ese suicidio diario que apresura
nuestra arterioesclerosis, nuestra frontera
a este país, nocherniego y boreal,
que no es el del buen rey Passoule.

Me gustaría tentar otro camino;
pero ya es tarde,
y estamos clausurados por la desdicha
y por la democracia.

Nicolás Olivari (Buenos Aires, 1900-1966), "El gato escaldado", 1929, Poesías 1920-1930, Ediciones El 8vo. Loco, Buenos Aires, 2008

Ilustración: Portada de la primera edición de El gato escaldado, Gleizer, 1929

sábado, agosto 20, 2011

Edgar Lee Masters / De "Antología de Spoon River", 14




Harry Williams

Recién cumplía veintiuno
y Henry Phipps, el director de la escuela dominical,
dio un discurso en el teatro Bindle.
“El honor de la bandera debe ser defendido —dijo—
aunque lo agreda una tribu bárbara de tagalos
o la primera potencia de Europa.”
Y nosotros aclamamos y aclamamos el discurso y la bandera
que agitaba al hablar.
Y yo fui a la guerra a despecho de mi padre,
y seguí la bandera hasta verla flamear en nuestro campamento
en un arrozal cerca de Manila,
y todos nosotros la aclamamos, la aclamamos.
Pero allí había insectos y criaturas venenosas;
y estaban las aguas mortíferas,
y el calor cruel,
y la comida podrida, nauseabunda,
y el olor de los fosos detrás de las tiendas de campaña
donde iban los soldados a evacuar;
y estaban las putas que nos seguían, llenas de sífilis,
y los actos bestiales entre nosotros o solos,
y prepotencia, odio, degradación entre nosotros,
y días repugnantes y noches de miedo
hasta la hora de la carga por el pantano vaporoso,
siguiendo la bandera,
hasta que caí con un grito, un tiro en las tripas.
¡Ahora hay una bandera sobre mí en Spoon River!
¡Una bandera! ¡Una bandera!


Lois Spears

Aquí yace el cuerpo de Lois Spears,
nacida Lois Fluke, hija de Willard Fluke,
esposa de Cyrus Spears,
madre de Myrtle y Virgil Spears,
niños de ojos brillantes y cuerpo saludable
(yo nací ciega).
Fui la más feliz de las mujeres
como esposa, madre y ama de casa,
cuidando a los que amaba
y haciendo de mi hogar
un lugar de orden y generosa hospitalidad:
porque andaba por los cuartos
y el jardín
con un instinto seguro como la vista,
como si hubiera ojos en la punta de mis dedos;
gloria a Dios en las alturas.


Willard Fluke

Mi esposa perdió la salud
y se fue consumiendo hasta pesar apenas cuarenta kilos.
Entonces apareció esa mujer,
a quien los hombres llamaron Cleopatra.
Y todos nosotros, los casados,
rompimos nuestros votos, yo con los demás.
Pasaron los años, y uno por uno
la muerte los fue reclamando a todos de alguna manera espantosa,
y yo me dejé llevar por el sueño
de una gracia particular de Dios para conmigo,
y comencé a escribir, escribir, escribir, resmas y resmas,
de la segunda venida de Cristo.
Entonces Cristo vino a mí y me dijo:
“Ve a la iglesia y párate delante de los fieles
y confiesa tu pecado.”
Pero justo al levantarme y comenzar a hablar
vi a mi hijita, sentada en el primero de los bancos,
¡mi hijita que había nacido ciega!
¡Después de aquello, todo es tinieblas!

Edgar Lee Masters (Garnett, 1868-Melrose, Pennsylvania , 1950), Spoon River Anthology, Macmillan, 1915
Versiones de Gerardo Gambolini


Harry Wilmans

I was just turned twenty-one,
And Henry Phipps, the Sunday-school superintendent,
Made a speech in Bindle's Opera House.
"The honor of the flag must be upheld," he said,
"Whether it be assailed by a barbarous tribe of Tagalogs
Or the greatest power in Europe."
And we cheered and cheered the speech and the flag he waved
As he spoke.
And I went to the war in spite of my father,
And followed the flag till I saw it raised
By our camp in a rice field near Manila,
And all of us cheered and cheered it.
But there were flies and poisonous things;
And there was the deadly water,
And the cruel heat,
And the sickening, putrid food;
And the smell of the trench just back of the tents
Where the soldiers went to empty themselves;
And there were the whores who followed us, full of syphilis;
And beastly acts between ourselves or alone,
With bullying, hatred, degradation among us,
And days of loathing and nights of fear
To the hour of the charge through the steaming swamp,
Following the flag,
Till I fell with a scream, shot through the guts.
Now there's a flag over me in Spoon River.
A flag! A flag!


Lois Spears

Here lies the body of Lois Spears,
Born Lois Fluke, daughter of Willard Fluke,
Wife of Cyrus Spears,
Mother of Myrtle and Virgil Spears,
Children with clear eyes and sound limbs —
(I was born blind).
I was the happiest of women
As wife, mother and housekeeper,
Caring for my loved ones,
And making my home
A place of order and bounteous hospitality:
For I went about the rooms,
And about the garden
With an instinct as sure as sight,
As though there were eyes in my finger tips —
Glory to God in the highest.

Willard Fluke

My wife lost her health,
And dwindled until she weighed scarce ninety pounds.
Then that woman, whom the men
Styled Cleopatra, came along.
And we — we married ones
All broke our vows, myself among the rest.
Years passed and one by one
Death claimed them all in some hideous form
And I was borne along by dreams
Of God's particular grace for me,
And I began to write, write, write, reams on reams
Of the second coming of Christ.
Then Christ came to me and said,
"Go into the church and stand before the congregation
And confess your sin."
But just as I stood up and began to speak
I saw my little girl, who was sitting in the front seat —
My little girl who was born blind!
After that, all is blackness.


Ilustración: American Progress, c.1872, John Gast

viernes, agosto 19, 2011

Leonardo Sinisgalli / Dos poemas




Visita a los etruscos

No quisieron rosas sobre las lápidas
sino piedras hematites
y a su alrededor juegos para adultos.
Resguardaron su infierno
del sol y del viento salado,
aquí se encerraron como dentro de un gallinero.
En la fosa de toba,
estrecha cámara de amor,
relampaguean los ojos astutos,
el cetro bermejo
y los glúteos del manflorita.


El palomar
(En nuestra mitología Eva no vive en el Edén, vive en un palomar)

Subiré hasta la torre
para encontrar tu nido.
Descubriré la piedra que te oculta.
Abriré tus alas.
Y sobre las plumas virginales
caeré con el peso de una tumba.

Leonardo Sinisgalli (Montemurro, Lucania, 1908-Roma, 1981)
Versiones de Angel Faretta

Visita agli etruschi

Non volero rose sulle mense
ma pasti sanguigni
e intorno giuochi per adulti.
Ripararono il loro inferno
dal sole e dal vento salato,
vi si taparonno come dentro un pollaio.
Nella fossa di tufo,
stretta camera d’amore,
scintillano gli occhi furbi,
lo scetro vermiglio,
e i glutei del manfiorita.

La colombaia
(nella nostra mitologia Eva non vive nell’Eden, vive in una colombaia)

Salirò sulla torre
per trovare il tuo nido.
Scosteró il sasso che ti nasconde.
Aprirò le tue ali.
E sulle piume virginale
cadró col peso di una tomba.


Ilustración: Tomba dei Leopardi, Monterozzi, Tarquinia, c. 500 a.C.

jueves, agosto 18, 2011

Ignacio Di Tullio / Mi padre elige frutas




Mi padre elige frutas...

Mi padre elige frutas en el mercado.
Detuvo su coche camino al trabajo
para bajar a tocarlas.
Desoye las recomendaciones del vendedor:
sus manos sabias bien educadas
prescinden de consejos
saben que se someten a una cuestión moral.
Presiona con sus yemas la piel de un durazno,
verifica la blandura de su carne.
Después pesa una pera en el hueco de su palma.
Con la otra mano envuelve una ciruela
y se adueña del mundo.
También su padre elegía las frutas camino al trabajo.
Entraba con mi padre y sin decir palabra
sujetaba una fruta en cada mano, las pesaba
y lo educaba en el ejercicio de la duda.
Era una escolástica muda y presencial.
Las frutas maduras siempre son las más dulces:
Ahora es mi padre quien deja caer el proverbio.
No me mira al hablar. Piensa en voz alta
y espera que me agache a recogerlo
y lo elija, si quiero.


Ignacio Di Tullio (Villa Adelina, 1982)


Foto: Ignacio Di Tullio

martes, agosto 16, 2011

Milo De Angelis / Semifinal




Semifinal

Me pregunta la Doxa por quién votaré. La voz
es la de un muchacho que, del otro lado, respira. No sé
qué claridad en medio de las ruinas. Todo
retorna aquí, a estos confines. Lo que no se habló
de clavos en el suelo. El profesor D'Amato explicaba
un pronombre... nemo: nadie, non nemo: alguien.
Nadie irá más allá de las venas, es simple, muchachos. Alguien
desapareció o al menos no da noticias. El cartero
me aconseja fijarme mejor en el buzón,
inclusive en el de los vecinos. Me fijaré. Neminem
excipi diem: ningún día dejaré de hacerlo.
Morir es entonces perder hasta la muerte, infinito
presente, ningún reclamo, ninguna música
de una llamada personal. Más allá de las venas que fueron rito
y morada, miligramo y anuncio, grito infinito
de alegría o de auxilio, nadie nunca
más allá de estas venas. Es simple, muchachos, nadie.


Milo De Angelis (Milán, 1951), Biografía sumaria, traducción de María Julia De Ruschi, Hilos Editora, Buenos Aires, 2011


Semifinale

La Doxa mi chiede per chi voterò. La voce
è di un ragazzo che, dall'altra parte, respira. Non so
quale chiarezza dentro la rovina. Tutto
ritorna qui, confine del luogo. Quel non parlato
de chiodi per terra. Il Professor D'Amato spiegava
un pronome...
nemo: nessuno, non nemo: qualcuno. Nessuno
giungerà oltre le vene, è semplice, ragazzi. Qualcuno
è scomparso o comunque non dà notizie. Il postino
mi consiglia di guardare meglio nella buca,
anche in quelle vicine. Guarderò.
Neminem
excipi deum: per nessun giorno ho fatto eccezione. Morire
è dunque perdere anche la morte, infinito
presente, nessun appello, nessuna musica
di una chiamata personale. Oltre le vene che furono rito
e dimora, milligrammo e annuncio, grido infinito
di gioia o di soccorso, nessuno mai
oltre queste vene. È semplice, ragazzi, nessuno.


Ilustración: San Rocco si medica e intraprende il pellegrinaggio, siglo XV, Maestro di San Rocco en Pallanza

Michael Palmer / El estudio clásico




El estudio clásico

Le pregunté al Señor de las Sombras
por qué, y de dónde

pero él dijo que el arte era corto
y que la vida era larga.

Dijo: alabemos
las llamas que consumen el día

piedra por piedra
y las lilas junto al granero

y la hora en que eras joven
y la lengua materna -y la paterna-.

Rizadas por el fuego las hojas de hierba,
combada, la viga del techo,

destrozada, la pértiga de la carreta,
motas de ceniza en el viento inflado.

¿Has olvidado el silbido de las piedras,
la ondulación y el movimiento de las parvas?

Así que le pregunté al Señor de las Sombras
sobre lo de arriba y lo de abajo,

el esto y el aquello,
el primero y el último,

pero dijo,
no soy señor,

sólo una sombra,
y rió.


Michael Palmer (Nueva York, 1943), Thread, A New Directions Book, Nueva York, 2011
Versión: J. Aulicino


The Classical Study

I asked the Master of Shadows
wherefore and wherefrom,

but he said that art was short
and life was long.

Said: let us praise
those flames that consume the day

stone by stone
and the lilac by the barn

andthe hours when you were young
and the mother -and the father- tongue.

Curled by fire the leaves of grass,
buckled, the roof beam,

shattered, the wagon's haft,
ash-flecks in the wind's swell.

Have you forgotten the whistling of the stones,
the heave and shift of the windrows?

So I asked the Master of Shadows
about the above and the below,

the this and the that,
the first and the last,

but he said,
I am no master

only a shadow,
and he laughed.


Foto: Palmer The Poetry Center at Smith College

lunes, agosto 15, 2011

Piergiorgio Viti / Veo las fotos...




Veo las fotos de mi hermano...

Veo las fotos de mi hermano
rejuvenecido, imberbe,
con una sonrisa que hoy es sarcástica,
porque el tiempo amarillea, deforma,
todo gramínea.

Y más allá de los cristales, un vasto sueño:
sólo el eco de una radio portátil
atraviesa las mudas habitaciones,
embarulla una escucha
entre quien está vivo y quien está muerto.


Piergiorgio Viti (Sulmona, L'Aquila, 1978), Accorgimenti, Casa Editrice L'arcolaio, Forli, 2010
Versión: Jorge Aulicino


Vedo le foto di mio fratello
ringiovanito e sbarbato,
con un sorriso che oggi ghigna,
perché il tempo ingiallisce, deforma,
tutto gramigna.

E oltre i vetri, un vasto sonno:
solo l'eco di una radiolina
trapassa le mute stanze,
parapiglia un ascolto
tra chi è vivo e chi è morto.



Ilustración: Piazza S. Stefano (Milano), 1935, Siro Penagini

domingo, agosto 14, 2011

Leónidas Lamborghini / De "Ultimos días de Sexton y Blake"




12. La gran ilusión

1

§§ - "Lo terrenal prevalecerá sobre lo celestial; la
materia sobre el espíritu".
Así hablaba Samarella.
§§ - "La caída de todos los valores anuncia el
derrumbe total. La hipocresía y la ironía los vaciarán
de sentido. Y la especie humana sucumbirá en
medio de esa trágica parodia, con el horror pintado
en el rostro y en el horror, su secreta carcajada. Y
será el fin".
Así hablaba Samarella.

2

Considerado por muchos como un irremediable cretino y, por otros tantos, iluminado hombre sabio, Samarella, durante el tiempo que le tocó vivir, gustaba vociferar ese tipo de profecías apocalípticas.
Samarella explicaba que esta situación era debida a los avances del Mal en todos los ámbitos y en un mamotreto de su autoría titulado "Teología de la Distorsión" exponía la extraña tesis de que al Mal, para vencerlo, había que combatirlo con Mal. Para los que, acaso, pudieran seguir sus pensamiento, desarrollaba aún más esta idea. Decía: "Hay que luchar contra los poderes del Mal asimilando y asumiendo la distorsión que éstos operan en el mundo y devolviéndosela multiplicada". Y le daba una expresión algebraica; anotaba: "Mal x Mal = Bien", o de otra manera: "Mal a la enésima potencia da por resultado el Bien". Textual.
Cuando entregó su alma no le pudieron cerrar sus agrandados ojos.

3

A decir verdad, en la biografía de Samarella no abundan detalles tan sabrosos como el que acaba de ser recopilado. A grandes trazos podría, sí, afirmarse que era seguido por gran parte de la juventud de la época. "Faro", lo llamaban. Tal vez la vehemencia con la que profería sus elucubraciones denunciaba la debilidad de las mismas; prueba de esto habría sido el entusiasta recibimiento que tuvieran por parte de esa juventud.
Como todo ser humano excepcional o no, había -ya se ha dicho- muerto pero, también, había nacido: durante cuarenta días y cuarenta noches, el llanto de Samarella bebé se prolongó, según lo contaba su propia madre.
Pero ya grande fue un duro. Un teólogo del catolicismo, un Santo Tomás capaz de encontrarle la vuelta a Dios y a la razón de todo lo creado entre el cielo y la tierra.

4

Sexton y Blake, jóvenes todavía en ese entonces, eran sus fervientes admiradores; formaban parte de la élite dirigente de la "Secta de Samarella", como denominaba peyorativamente al grupo, la jerarquía eclesiástica.

5

En las secretas reuniones con sus discípulos de la Secta, Samarella aplicaba a la práctica de las tres virtudes teologales -Fe, Esperanza, Caridad- su fórmula de "Mal x Mal". Enseñaba que había que reemplazarlas por "salud, dinero y amor"; entendiendo por "salud", sólo la del cuerpo, con total prescindencia de la del alma; por "dinero", sólo el lucro y la usura; por amor, algo como el deseo de mover el vientre o desagotar la vejiga. Asimilando y asumiendo estas distorsiones hasta el hartazgo, aseguraba, el rebaño habría de volver al redil de las tres verdaderas virtudes.
A raíz de estas osadas incursiones en el reducto de lo sagrado, Samarella y su Secta eran sospechados de blasfemia y herejía por sus superiores.
Samarella, no obstante, insistía temerario: salud, dinero y amor distorsionados a la enésima traerían como salvífera consecuencia que su profecía del fin del mundo no se cumpliera.

6

Sexton: -Pero se está cumpliendo.
Blake: -Pero no el hartazgo.
Sexton: -Pero sí, la distorsión.
Blake: -Parecido que no es lo mismo; lo mismo pero parecido.

7

No hubo contemplaciones: Samarella fue excomulgado y su Secta perseguida y dispersada. Lo cómico no estuvo ausente en esta desdicha: cuando se dio a conocer la bula papal de la excomunión, Samarella no pudo enterarse: había sufrido muerte repentina.
Pero, además, corría un chiste: al momento en que el Sacro Tribunal le exigía que se retractase, Samarella le estaba explicando a Dios Padre, que lo seguía con máximo interés, su Teología de la Distorsión. Y al finalizar su perorata, Dios Padre lo bendecía y le abría las puertas del Paraíso.
La gente rió por mucho tiempo la humorada.

8

Si como se dice, la verdadera dificultad está en el cómo, la de Sexton y Blake fue cómo seguir viviendo después de una gran ilusión perdida. Simplemente, siguieron.


Leónidas Lamborghini (Buenos Aires, 1927-2009), Ultimos días de Sexton y Blake, Paradiso Ediciones, Buenos Aires, 2011

Ilustración: de Adriana Yoel para Ultimos días de Sexton y Blake (detalle)

sábado, agosto 13, 2011

Silvana Franzetti / De "Mientras escribo Bretón"




La insoportable
manía de editar, imprimir,
publicar
UN MANUSCRITO
AUTORAL

dominó los cerebros.



Por qué cargo en mi brazo durante doce cuadras
una resma de papel A4 de ochenta gramos
de una marca que lleva el nombre autor que
para la mayor parte no existe.
Del tratado de los derechos internacionales
de autor que se firmaron en Roma en mil novecientos
noventa y seis, transcribo este pasaje
Los autores de obras
literarias y artísticas gozarán
del derecho exclusivo
de autorizar cualquier
comunicación al público de sus obras
por medios alámbricos o inalámbricos,
comprendida la puesta
a disposición del público de sus obras,
de tal forma
que los miembros del público puedan
acceder a sus obras desde
el lugar y el momento
que cada uno de ellos elija y noto
cómo en un texto jurídico el
pronombre personal ellos da lugar a un mar
de confusiones.




Leo
un texto que bajé de inter-
net: el de la convención de Berna firmada en París
el veinticuatro de julio de mil novecientos setenta
y uno, que fue modificado el veintiocho de septiembre de mil
novecientos setenta y nueve.
Leo los tratados internacionales de derecho de autor.
Decido preguntarme por qué escribieron derecho de autor.
Leo una vez más, leo una
vez más, leo una vez
más, leo.
Y no se menciona la palabra poema o a la palabra poesía.
Leo una vez más,
encuentro la palabra lírica usada como adjetivo
de composiciones musicales.
Decido preguntarme ¿qué es
un derecho internacional
de autor?
¿Cuál es la identidad de autor? ¿Cómo se hace
para no dar lugar
al mar de confusión de identidad de autor, si no se sabe
cuál es la identidad de autor?
¿Qué es una persona? ¿Qué
es
un
juez?
¿Quiénes determinan que una obra sea
la obra de otra obra y no otra cosa, por ejemplo una
obra singular? ¿Quiénes
determinan quiénes son
los críticos de la crítica? ¿Quiénes determinan
quiénes van a publicar o no los textos de la crítica de la crítica?
¿Quiénes determinan
si los textos de la crítica de la crítica son un producto
alienado o no son un producto
alienado como para que lleven el estatuto de propiedad intelectual?
Leo
el texto del tratado de la organización mundial de la propiedad intelectual
sobre derechos internacionales
de autor,
firmado en Roma,
en 1996. Transcribo este pasaje
Los autores de obras literarias y artísticas gozarán
del derecho exclusivo
de autorizar cualquier comunicación al público de sus obras
por medios
alámbricos o inalámbricos
comprendida la puesta a disposición del público de sus obras,
de tal forma que los miembros del público puedan acceder
a sus obras
desde el lugar y el momento
que cada uno de ellos elija
.
Leo una vez
más este pasaje y decido preguntarme
por qué
en un lugar y en un tiempo determinado, y no en otro lugar
y en otro tiempo, unos poetas
decidieron que los textos poéticos no son literatura, sino arte; mientras
en otro lugar y en otro tiempo determinado unos testa-
ferros impusieron que
los textos que escribían eran de su propiedad intelectual.
Leo los créditos de los libros impresos en papel.
Leo el crédito del diccionario Langenscheid
editado en München y en Berlin, en papel,
en dos mil uno que transcribo
Ni la ausencia ni la presencia
de una indicación expresa de patentes
o marcas significa que una
denominación comercial que figure en
esta obra
carezca de protección legal
.
Decido preguntarme por qué
se escribió
el texto en forma de negación.
Decido preguntarme cómo hago
para citar en un país
donde no se aplica la ley
de propiedad intelectual y en un contexto
en el que
no hay autor de función.
Leo el crédito de un libro publicado
en Valencia por la editorial pre – textos
en mil novecientos noventa y siete, en papel, y transcribo este pasaje
La reproducción total o parcial de este libro, no autorizada
por los editores, viola derechos reservados. Cualquier
utilización debe ser previamente
solicitada.

Leo, transcribo el crédito de un libro en papel
publicado en Madrid, en mil novecientos noventa y seis
por la editorial Cátedra
Reservados todos
los derechos. El contenido de esta
obra
está protegido por la Ley, que establece penas
de prisión
y/o
multas, además de las
correspondientes indemnizaciones por daños
y perjuicios, para quienes produjeren, plagiaren,
distribuyeren o comunicaren
públicamente,
en todo o en parte,
una obra literaria, artística o científica, o su transformación,
interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte
o comunicada
a través de cualquier medio, sin
la preceptiva autorización
.
Decido preguntarme por qué la palabra Ley está escrita
con mayúscula.
Leo sobre el papel impreso el crédito de un libro
publicado en Buenos Aires, en mil novecientos sesenta
y dos, por la editorial Losada y no aparece ninguna
normativa acerca de la reserva
de derechos de autor.
En el papel de una revista, publicada en Barcelona
por la editorial Antrophos, en mil
novecientos noventa y dos, leo los créditos,
transcribo este pasaje
Todos
los derechos reservados. Esta
publicación no puede ser reproducida, ni
en todo ni
en parte, ni
registrada en, o transmitida por un sistema
de recuperación de información, en ninguna forma
ni por ningún medio, sea mecánico, foto-
químico, electrónico,
magnético, electroóptico, por fotocopia, o por
cualquier otro,
sin
el permiso previo por escrito de la editorial
.
Tengo
la impresión de haberme olvidado
de pagar el sello de la propiedad de los poemas en
el Registro de Derechos de Autor;
de haberme quedado dormida
para llegar puntual a la oficina de empleo; de
haberme equivocado la altura
de la calle cuando fui a registrarme a la oficina de
desempleo.

Silvana Franzetti (Buenos Aires, 1965), Mientras escribo Bretón, Buenos Aires, 2011, no publicado aún en papel

Foto: Silvana Franzetti, por Laura Varela

viernes, agosto 12, 2011

Charles Simic / Prodigio




Prodigio

Crecí inclinado sobre
un tablero de ajedrez.

Amaba la expresión “jaque mate”.

Todos mis primos parecían preocupados.

Había una casa pequeña
cerca de un cementerio católico.
Los aviones y los tanques
sacudían los cristales de sus ventanas.

Un profesor de astronomía jubilado
me enseñó a jugar.

Debió de ser en 1944.

En el juego que usábamos
las piezas negras
estaban casi totalmente descoloridas.

El rey blanco había desaparecido
y hubo que reemplazarlo.

Lo digo y todavía no me lo creo:
ese verano presencié cómo colgaban a unos hombres
de los postes del teléfono.

Recuerdo a mi madre
tapándome los ojos.
Tenía una habilidad asombrosa para ocultarme
de repente la cabeza debajo de su abrigo…

El profesor me dijo que en el ajedrez
los maestros juegan a ciegas
los mejores, varias partidas
a la vez.

Charles Simic (Belgrado, 1938, radicado en los Estados Unidos), The Vintage Book of Contemporary American Poetry, J. D. McClatchy (comp.), Knopf, Nueva York, 1990
Versión de Jonio González

Prodigy

I grew up bent over
a chessboard.

I loved the word endgame.

All my cousins looked worried.

It was a small house
near a Roman graveyard.
Planes and tanks
shook its windowpanes.

A retired professor of astronomy
taught me how to play.

That must have been in 1944.

In the set we were using,
the paint had almost chipped off
the black pieces.

The white King was missing
and had to be substituted for.

I’m told but do not believe
that that summer I witnessed
men hung from telephone poles.

I remember my mother
blindfolding me a lot.
She had a way of tucking my head
suddenly under her overcoat.

In chess, too, the professor told me,
the masters play blindfolded,
the great ones on several boards
at the same time.



Ilustración: La partita a scacchi, 1881, Gerolamo Induno