martes, agosto 31, 2010

Alfredo Le Pera / En la doliente sombra




Soledad

[Tango, 1934]

Yo no quiero que nadie a mí me diga
que de tu dulce vida
vos ya me has arrancado.
Mi corazón una mentira pide
para esperar tu imposible llamado.
Yo no quiero que nadie se imagine
cómo es de amarga y honda mi eterna soledad,
en mi larga noche el minutero muele
la pesadilla de su lento tic-tac.

En la doliente sombra de mi cuarto, al esperar
sus pasos que quizás no volverán,
a veces me parece que ellos detienen su andar
sin atreverse luego a entrar.
Pero no hay nadie y ella no viene,
es un fantasma que crea mi ilusión.
Y que al desvanecerse va dejando su visión,
cenizas en mi corazón.

En la plateada esfera del reloj,
las horas que agonizan se niegan a pasar.
Hay un desfile de extrañas figuras
que me contemplan con burlón mirar.
Es una caravana interminable
que se hunde en el olvido con su mueca espectral,
se va con ella tu boca que era mía,
sólo me queda la angustia de mi mal.

Alfredo Le Pera (San Pablo, 1900-Medellín, 1935)

Foto: Corrientes, esquina Uruguay, 1936, Horacio Coppola

lunes, agosto 30, 2010

Azucena Maizani / Llegando la noche




Pero yo sé

[Tango, 1928]

Llegando la noche
recién te levantas
y sales ufano
a buscar un beguén.
Lucís con orgullo
tu estampa elegante
sentado muy muelle
en tu regia baqué.
Paseás por Corrientes,
paseas por Florida,
te das una vida
mejor que un pachá.
De regios programas
tenés a montones...
Con clase y dinero
de todo tendrás.

Pero yo sé que metido
vivís penando un querer,
que querés hallar olvido
cambiando tanta mujer...
Yo sé que en las madrugadas,
cuando las farras dejás,
sentís tu pecho oprimido
por un recuerdo querido
y te ponés a llorar.

Con tanta aventura,
con toda tu andanza,
llevaste tu vida
tan sólo al placer.
Con todo el dinero
que siempre has tenido
todos tus caprichos
lograste vencer.

Pensar que ese brillo
que fácil ostentas
no sabe la gente
que es puro disfraz.
Tu orgullo de necio
muy bien los engaña...
No quieres que nadie
lo sepa jamás.

Azucena Maizani (Buenos Aires, 1902-1970)

Foto: Azucena Maizani s/d

José Lezama Lima / De la contradicción...




Discordias

De la contradicción de las contradicciones,
la contradicción de la poesía,
obtener con un poco de humo
la respuesta resistente de la piedra
y volver a la transparencia del agua
que busca el caos sereno del océano
dividido entre una continuidad que interroga
y una interrupción que responde,
como un hueco que se llena de larvas
y allí reposa después una langosta.
Sus ojos trazan el carbunclo del círculo,
las mismas langostas con ojos de fanal,
conservando la mitad en el vacío
y con la otra arañando en sus tropiezos
el frenesí del fauno comentado.
Contradicción primera: caminar descalzo
sobre las hojas entrecruzadas,
que tapan la madriguera donde el sol
se borra como la cansada espada,
que corta una hoguera recién sembrada.
Contradicción segunda: sembrar las hogueras.
Última contradicción: entrar
en el espejo que camina hacia nosotros,
donde se encuentran las espaldas,
y en la semejanza empiezan
los ojos sobre los ojos de las hojas,
la contradicción de las contradicciones.
La contradicción de la poesía,
se borra a sí misma y avanza
con cómicos ojos de langosta.
Cada palabra destruye su apoyatura
y traza un puente romano secular.
Gira en torno como un delfín
caricioso y aparece
indistinto como una proa fálica.
Restriega los labios que dicen
la orden de retirada.
Estalla y los perros del trineo
mascan las farolas en los árboles.
De la contradicción de las contradicciones,
la contradicción de la poesía,
borra las letras y después respíralas
al amanecer cuando la luz te borra.

Diciembre y 1971

José Lezama Lima (La Habana, 1910-1976), Fragmentos a su imán, 1970-1976, La Habana

Ilustración: Abstracto, 1990, Andrés Montani

domingo, agosto 29, 2010

Yves Bonnefoy / Llamaré desierto...




Nombre verdadero

Llamaré desierto al castillo que fuiste
Noche a aquella voz, ausencia a tu rostro
Y cuando caigas en la tierra estéril
Llamaré nada al relámpago que te llevó.

Morir es un lugar que te gustaba. Voy
Pero eternamente por tus caminos sombríos.
Destruyo tu deseo, tu forma, tu memoria.
Soy tu enemigo que no tendrá piedad.

Te llamaré guerra y me tomaré
Contigo las libertades de la guerra y tendré
Entre mis manos tu rostro oscuro y atravesado,
En mi corazón esa región que ilumina la tormenta.


Yves Bonnefoy (Tours, Francia, 1923-París, 2016)
Versión de Florence Baranger-Bedel en Las egerias


Vrai Nom
Je nommerai désert ce château que tu fus. / Nuit cette voix, absence ton visage. / Et quand tu tomberas dans la terre stérile / Je nommerai néant l’éclair qui t’a porté // Mourir est un pays que tu aimais. Je viens / Mais éternellement par tes sombres chemins. / Je détruis ton désir, ta forme, ta mémoire. / Je suis ton ennemi qui n’aura de pitié. // Je te nommerai guerre et je prendrai / Sur toi les libertés de la guerre et j’aurai / Dans mes mains ton visage obscur et traversé, / Dans mon cœur ce pays qu’illumine l’orage.


Foto: Bonnefoy DR/Editions Galilée

viernes, agosto 27, 2010

Fogwill / Tres sonetos y un poema




Versión (de Versiones sobre el mar)

El mismo mar nos pierde: nos encuentra
y nos pierde con su pulso marino.
Y con su eterno nunca nos despierta
del siempre breve sueño de un camino.
Pero no hay mar: el mar es solo ausencia
en la sílaba mar: pasa el sonido
y queda el hombre frente a un mar que inventa
y pierde entre los pulsos del sentido.
Pulsos del mar que intermitentes traman
su recomienzo siempre suspendido.
Fondo que es forma, superficie y pausas
de un deseo en rompientes que reclaman
perderse por partir o estar partido
y aquí quedarse en un hacer sin causas.


Versión (de Sentimiento de Sí)

Voz que creada de sí, gritando a nada
vuelves a aparecer intercalada
aquí en mi voz grabando tu cadencia:
eco que canta donde me silencia.
Eco que me silencia y me revela.
Eco que es yo, que fuí y que me desvela
habitándome aún con oraciones
que forman mi razón: sus omisiones.
Misión de oír y de escuchar latidos
de tantos muertos que en la voz habitan
(Se repiten en mí cuando los mido
midiendo estas palabras que los citan).
Yo estoy entero aquí, pero partiendo
frases que me dividen y no entiendo.


Versión (de Nueve Lieder)

Will will fulfil the treasure of thy love
Ay, fill it full with wills and my will one...

W.S.

Se vuelve hacia la nada y vuelve a mí
y en mí se vuelve nada este deseo
sed de niebla que niega ser allí
para afirmarse en el aquí que creo.
Pensada sed: nombrándola viví
y ví niebla en los signos donde hoy leo
dos nombres en el nombre que de mí
solo nombra un desear no ser deseo.
Ser sed de hacer que al no cesar saciada
sea saciada en mas sed y crezca haciéndose
como la niebla entera ya colmada
de sí y de luz oulta un mundo yéndose.
Desear ser sed: volverse sed deseada
ser toda sed vivida en sed viviéndose.

Sonetos, (1985-1998)


Versiones sobre el mar

El mismo mar nos pierde; nos encuentra y nos pierde. Tema de las olas: se arman, desobedecen, las crea el viento -¿su amor?- y se derrumban para volver a armarse con restos de olas anteriores, idénticas. Historia de amor: la planicie del mar, el viento que la oprime, y todo se levanta para perderse. Y todo tiende a disolverse contra una línea de aguas eternas y sol dilapidado llamada mar. Mar: abundancia de sinsentido humano. Alegorías: mostrar que desde un fondo de mar, marino, vendría la vida. Marina, salina, inmensidad de fuerzas paralizadas. Heráldica: mar inorgánico, mar vegetal, mar animado, mar que envejece en este cuadro. Y mar inmotivado con sus señales y sus sueños. Y mar inmóvil. ¿O no habría un culto de mar, marino...? ¿Con animales que se nutren de su ausencia abisal...? Nutriéndose de aplicaciones y explicaciones humanas: ¿algo se impregna con sabores humanos?Tus manos: ¿traen sabores de mar prohibidos para evocar la prohibición de amar a una materia que se descompone? Cuerpos y ondulaciones de esos cuerpos marcan su breve descomposición. Y sus formas anuncian nuestra leve recomposición. ¿Amar...? Sí: y en ese mar perderse. Llamar perderse a un extravío: mar amarillo, mar amariconado, la mar. La amarga superficie que nos refleja y nos revela plegándose sobre sí, sobre nos. Nuestra pluralidad: en nuestra singularidad plural construimos el nombre mar y el mar para sumarnos a la menuda sociabilidad de sus playas: arena política y falso mar rozando la desnudez de nuestras pieles politizadas. Pieles politizadas, pechos maternos, ceños paternos, ojos policiales, brazos humanos, mano pesada: indispensable, histórica. Como los cuerpos: piesecillos pulidos por el canto de las arenas -roce social- cuerpos sumidos en algún sueño de perfección, sueños marinos, arena temporal, señuelos de una muerte por derivas solares, cierta y a espaldas siempre del mismo mito. Muñón marino, piel depilada, piel lubricada para la humillación solar, ¿y habría un culto de mar, solar? Hagiografías urbanas: pieles de bronce, sonar del bronce de las pasiones chicas y por la gloria. Fraternidad urbana: ¿humana o mera imitación de un mar igualitario y dependiente? El mar semeja, el mar conduce, el mar identifica, el mar es un Estado de la materia. Y el mar crece con la acumulación de poemas de mar. Pero jamás conocerás tu verdadero mar: lo que difiere de los usos humanos del mar. Ni agua es su solución salina. Solución final: el mar, sin tiempo, acumuló en sus aguas todo el naufragio del universo. Y el mar, sin ti, es el naufragio del universo. Y el mar, sin textos, sería la espuma de un instante. Mirá: el mar, ¿no era el reflejo de a-quel sol entrevisto mientras la olas reventaban contra tu cuerpo atónito...? ¿tras los cristales de la espuma...? ¿bajo su manto azul verdoso que se tornaba espuma, ex-agua...? Tu exigua escritura: ¿verías esa mirada o azul o verde, esa mirada falsa bajo el disfraz verdadero de las espumas...? Impresionante, che. Y oral: todo es ficticio en un poema sobre el poema. Y nada en el poema nada. Y en un poema nadas porque todo es oceánico en un poema de mar. ¡Si el mar es solo intermitencia de los cultos humanos! Y los cultos... ¡Piden que el mar occidental sea el sí de los hombres rendidos a sus orillas! ¡Pueblos en bajamar! ¡Patrias perdidas en lo oceánico, en el o-sea del sentido! Vayámonos, perdámonos así en este o-sea donde no hay mar ni nada: ni vos, ni mar, ni oleadas en tu cuerpo, ni ecos de vagas olas, ni obras que registraron navegaciones interiores, ni vientos que suplieron una apariencia de plenitud. Escuchemos:

hombre
marino
late
tu corazón

y en tu mar padeces el hundimiento de un sueño de intensidad
y en su mar pareces el nacimiento de un sueño de inmensidaddesanudemos:

hombre
marino
late
tu corazón

y su pulso marino te suma y te sume en su mar



sumar:
una extensión inalcanzable
una invención inalcanzable
una intención inalcanzable

el hombre flota sobre sí mismo

flota sobre sí

flota
sobre


Partes del todo, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1986


Rodolfo Fogwill (Buenos Aires, 1941-2010)
fogwill.com.ar

Foto: Fogwill, 2010 Lucio Ramírez/Eterna Cadencia

jueves, agosto 26, 2010

Moya Cannon / Las manos




Manos

Para Eamonn y Kathleen

Fue en algún lugar sobre la costa noreste de Brasil,
sobre Fortaleza, una ciudad de la que nada sé,
salvo que está llena de gente
cuyas vidas son un misterio
mayor que el río Amazonas;
fue ahí, mientras el avión de juguete del monitor de vuelo
se desplazaba al ecuador
y viraba al este hacia Marruecos,
cuando empecé de nuevo a pensar en las manos,
en lo extraño que es que nuestras vidas
–la vida de la francesita pelirroja a mi izquierda,
la vida del niño argentino a mi derecha,
mi vida y las vidas de todos los pasajeros dormidos
que están siendo rápidamente transportados en la oscuridad
sobre el oscurecido Atlántico–,
todas esas vidas ahora estuvieran siendo sujetadas
por las manos del piloto,
y pienso en otras manos que pueden sostener nuestras vidas,
las manos del cirujano
a quien tendré que volver a ver cuando llegue a casa,
las manos de la inteligente enfermera de cabello negro
que desenrolló de mi cuello el cordón umbilical,
las suaves manos de mi madre,
las manos de esos otros
que me quisieron
hasta que parece casi
como si esto fuera lo que es la vida humana:
ser pasado de mano en mano,
para ser, improbablemente, llevado sobre un océano.

Moya Cannon (Dunfanaghy, Donegal, 1956)
Versión de Jorge Fondebrider para Otra Iglesia es Imposible


Hands
For Eamonn and Kathleen

It was somewhere over the north eastern coast of Brazil, / over Fortaleza, a city of which I know nothing, / except that it is full of people / each one of whose life is a mystery / greater than the Amazon river, / it was there, as the toy plane on the flight monitor / moved over the equator / and veered east towards Marrakech, / that I started to think again of hands, / of how strange it is that our lives – / the life of the red-haired French girl to my left, / the life of the Argentinean boy to my right,/ my life, and the lives of all the dozing passengers, / who are being carried fast in the dark / over the darkened Atlantic- / all of these lives are now being held / in the hands of the pilot, / in the consciousness of the pilot, / and I think of other hands which can hold our lives, / the hands of the surgeon / whom I must meet again when I return home, / the hands of the intelligent, black-haired nurse / who unwound the birth-cord from my neck, / the soft hands of my mother, / the hands of those others / who have loved me, / until it seems almost / as though this is what a human life is, / to be passed from hand to hand, / to be borne up, improbably, over an ocean.


Ilustración: Improvisación, Vassily Kandisnki

miércoles, agosto 25, 2010

Cecco Angiolieri / Si yo pudiese con la lengua...




XLV

Si yo pudiese con la lengua decir
la menor pena que siento por Amor,
y si mi dama se dignase a oír
así ella fuese del mundo la peor,
no estaría tan seguro del morir,
pues ya no soy de su impío corazón:
haría todo lo que llevo en mi deseo
al oírme contar tanto dolor.
Con gusto volvería a su poder
si mi servicio le fuera placentero,
pero sé bien que ella no querría,
pues no he oído esto en juramento:
cuando yo voy a parte donde esté,
huye, para no verme, como el viento.

Cecco Angiolieri (Siena, 1260-c.1312), Rime, Rizzoli, Milán, 2000
Versión de J. Aulicino

XLV
Se io potesse con la lingua dire / la minor pena ch'io sento d'Amore, / e la mia donna lo degnasse udire, / s'ella fosse del mondo la piggiore, / io non son sì sicuro del morire, / ch'i' non son più del suo spietato core: / farebbe tutto quel che m'ho 'n desire, / odiendomi contar tanto dolore. / Volentier torneri'a sua segnoria, / se 'l mio servir le fosse in piacimento; / ma io so bene ch'ella non vorrìa, / ch'io n'ho udito questo in saramento: / quando io vo in parte dove sia, / fugge, per non vedermi, come 'l vento.


Ilustración: Venus y Adonis, c.1580, El Veronés

Denise Levertov / Dos poemas




El inocente

El gato tiene su deporte
Y el ratón sufre
Pero el gato
Es inocente
No habiendo imagen de dolor en él
Un ángel danza con su presa

Lo lleva, lo libera, salta otra vez
Con gozo sobre su querido juguete

¡Una danza, una plegaria!
Qué cruel es el gato a nuestros ojos culpables


Poema de amor

Tal vez yo sea ‘la parte enferma
De una cosa enferma’
Tal vez algo
Me ha atrapado
Ciertamente hay una
Bruma entre nosotros
Yo apenas puedo
Verte
Pero tus manos
Son dos animales que empujan la
Bruma a un costado y me tocan.

Denise Levertov (Ilford, Reino Unido, 1923-Seattle, EE.UU., 1997), de Here and now, 1957
Versiones de Angel Faretta


The Innocent
The cat has his sport / And the mouse suffers / Is innocent / Having no image of pain in him / An angel / Dancing with his prey // Carries it, frees it, leaps again / With joy upon his darling plaything // A dance, a prayer! / How cruel the cat is to our guilty eyes

Love Poem
May be I’ am ‘a sick part of a / Sick thing’ / Maybe something / Has caught up with me / Certainly there is a / Mist between us / I can barely /See you / But your hands / Are two animals that push the / Mist aside and touch me.


Ilustración: El pequeño gato, 1923, Joan Miró

lunes, agosto 23, 2010

Franco Fortini / El borde de un alero




El alero

Descubro desde la ventana el borde de un alero
en una casa envejecida; es de madera corrompida,
doblado por estratos de tejas. Golondrinas se detienen
allí a veces. Aquí y allá, sobre el techo, las juntas,
y a lo largo de los tubos, manchas de alquitrán y revoque
de míseras reparaciones. Pero viento y nieve,
si fatigan las soldaduras de las canaletas, a la viga podrida
no la han podido romper aún.
Pienso, con cierta dicha,
que un día, y no importa
si no estoy yo, bastará que una golondrina
se pose un instante allí para que precipite todo en el vacío,
irreparablemente, mientras ella se aleja volando.

[1958]


Franco Fortini (Florencia, 1917–Milán, 1994)
Versión de Jorge Aulicino

La gronda
Scopro dalla finestra lo spigolo d’una gronda, / in una casa invecchiata, ch’è di legno corroso / e piegato da strati di tegoli. Rondini vi sostano / qualche volta. Qua e là, sul tetto, sui giunti / e lungo i tubi, gore di catrame, calcine / di misere riparazioni. Ma vento e neve, / se stancano il piombo delle docce, la trave marcita / non la spezzano ancora. / Penso con qualche gioia / che un giorno, e non importa / se non ci sarò io, basterà che una rondine / si pose in un attimo lì perché tutto nel vuoto precipiti / irreparabilmente, quella volando via.

Liquida.it

Ilustración: Cortile di Via Fondazza, 1957, Giorgio Morandi

Guido Cavalcanti / Una joven dama de Tolosa




XXIX

Una joven dama de Tolosa,
bella y gentil, de honesta gracia,
es tan derecha y semejante cosa
en sus dulces ojos a la dama mía,

que ha hecho en el corazón deseosa
al alma, de modo que de él se desvía
y va a ella; pero es tan temerosa
que no le dice de cuál dama se trata.

El alma mira en su dulce mirada,
en la que hace alegrarse a Amor,
tanto es a la de su dama parecida;

luego vuelve suspirando al corazón,
herida de muerte por cortante dardo
que esta dama al partir le arroja.


Guido Cavalcanti (Florencia,1250-1300), Rime, Biblioteca Universale Rizzoli, Milán, 1978
Versión de Jorge Aulicino

XXIX
Una giovane donna di Tolosa, / bell'e gentil, d'onesta leggiadria, / è tant'e dritta e simigliante cosa, / ne' suoi dolci occhi, della donna mia, // che fatt' ha dentro al cor disideriosa / l'anima, in guisa che da lui si svia / e vanne a lei; ma tan'è paurosa, / che non le dice de quel donna sia. // Quella la mira nel su' dolce sguardo, / ne lo qual face rallegrare Amore / perchè v'è dentro la sua donna dritta; // po' torna, piena di sospir', nel core, / ferita a morte d'un tagliente dardo / che questa donna nel partir li gitta.


Ilustración: Flora, 1559, Jan Massys

Jacobo Fijman / Cuatro poemas




Poema I

Caía mi sueño en la otra soledad de los canales.
Regocíjate niño, la presencia graciosa de la muerte
reparte en sombras alternadas el olor de los ángeles
y levanta tus sordos desamparos.

Niño de paz,
han apagado las islas monótonas de los soles perfectos.
Niño de paz,
imito el mundo en mi sueño ajeno a la claridad.

Un silencio de música se apacienta en las torres.


Poema II

Oíase a través de las olas subidas el grito de los puertos
y las ciudades
y el frío de las campanas.

Los cielos mueven el puente de los días.

El frío se sumerge en las ramas.

Recogemos la sombra que cae de los pájaros.
Te has ido.
Enumero las albas bajo la espuma azul de la noche.

Corderos desfigurados reflejan en sus ojos las vueltas de las estrellas
y los viejos molinos.


Poema III

Está mi risa de niño
con la abuelita ciega de la noche oscura.

Resuenan mis botas groseras de campesino
en la ternura de los caballos,
y he ido.

Al son de ríos lúcidos y puros
tiemblan las curvas de los pozos como las dulces patas de los corderos.

Encerrada en mis pasos sigue la noche oscura.


Poema IV

Extiendo mis brazos hacia el silencio descansado que inmoviliza la lejanía.
Caen océanos en las noches oscuras de nuestras adolescencias en Dios.

Herido de mi canto
por uniones de azar
toda mi carne mortal recoge la blanca limosna del misterio.

Siento venir el fresco gusto del alumbrar;
Siento venir entre olas de la desesperanza maduros imperios.

Agito los ramajes.
Danzo en la gracia de todas las familias de la tierra y el universo.

Jacobo Fijman (Uriff, Besarabia, 1898-Buenos Aires, 1970), "Hecho de estampas", 1930, Poesía completa, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2007

Foto: Fijman s/d Alan Robinson

sábado, agosto 21, 2010

Jude Nutter / Nocturno




El poeta reflexiona

Salgo de la cueva
de mi mente hacia la malsana oscuridad
exterior, donde las cosas pasan y
el Señor no está en ninguna de ellas.

—R.S.Thomas

Al fin me descubro a mí misma: una mujer reflejada
en el retrato del vidrio de una ventana, inclinada
sobre su trabajo en un círculo de luz, desarmada, luchando
por dejar algo perdurable en el umbral
de su desaparición. Detrás de ella,

las escaleras se desdibujan hacia la oscuridad
y el largo pasillo se desvanece
en la sombra. Hay una canasta de corteza de abedul
amontanada en lo alto junto a piedras del lago y desechos; dos
palomas de mármol en un manto, sus alas
desplegadas en un anticipo de vuelo; y la piel
de un animal imposible de nombrar,
arrancada, tal cual es, del placer
demandante del cuerpo, de la felicidad que nos da
nuestra forma reconocible. La noche entera se apoya

contra la ventana, y el lago distante
es olvidado, hasta que lejos, en el agua, las luces
aparecen: barcos cargados con taconita camino a
Detroit o Windsor, Ontario. Y delante de ella,

detrás de la puerta blanca de la página, la oscuridad
de la mente antes de pensarse viva.

¿Y cuánto tiempo lleva a esos barcos navegar
de una costa a otra, abrumados
por la evidencia de una oscuridad anterior, más profunda aún
que aquella a través de la que navegan? Lo suficiente,
lo suficiente.

Jude Nutter (North Yorkshire, Inglaterra, residente en los Estados Unidos desde 1980), The Curator of Silence, University of Notre Dame Press, 2006
Versión de Silvia Camerotto

The Poet in Reflection
I emerge from the mind’s /cave into the worse darkness /outside, where things pass an /the Lord is in none of them.— R.S.Thomas
/I discover myself at last: a woman reflected /in a picture window, bent over /her work in a circle of light, unarmed, struggling /to place one lasting thing at the threshold /of her vanishing. Behind her, //the stairs dissolve upward into darkness /and the long hall fades /into shadow. There’s a basket of birch bark /piled high with lake rocks and driftwood; two /marble doves on the mantle, their wings /unlocked in a premise of flight; and the pelt /of an animal impossible to name, /removed, as it is, from the bossy /delight of the body, from the happiness that gives us /our recognizable form. The whole night leans //against the window and the lake beyond /is forgotten until, far out on the water, lights /appear: lakers, loaded with taconite, on their way /to Detroit, or Windsor, Ontario. And before her, //behind the white door of the page, the darkness /of the mind before it thought itself into existence. //And how long does it take those ships to travel /from one shore to another, weighed down /with evidence of a previous darkness, deeper, /even, than the one they ply through? Long /enough. Long enough.

Ilustración: Nocturne in Blue and Gold, Valparaiso Bay, 1866, James McNeill Whistler

jueves, agosto 19, 2010

Moya Cannon / Las sombras




Sólo sombras

Muéstranos qué es la luz:
las sombras negras de los álamos
sobre el verde y cálido suelo del valle;
la sombra rota al frente de una pintura de Pisarro,
mientras una joven lava platos al sol;
sombras en nuestras vidas: enfermedad, pérdida, muerte.

Las sombras
alertan nuestra visión
para la luz vívida en los claros árboles encarnados,
para la luz veteada sobre el algodón azul y blanco,
para la luz lavada sobre recipientes amontonados.

Moya Cannon (Dunfanaghy, Donegal, 1956)
Versión de Jorge Fondebrider para Otra Iglesia es Imposible


Only Shadows
show us what light is – / the black shadows of poplars / on the valley’s green, warm floor; / broken shadow in the forefront of a Pissarro painting, / as a young woman washes dishes outside in sunlight; / shadows in our lives – illness, loss, death. //Shadows / alert our vision / to the living light in clear-blooded trees, / to dappled light on blue and white cotton, / to washed light on stacked vessels.


Foto: Moya Cannon junto a una placa grabada con uno de sus poemas, Galway, 2010 Irishtimes.com

miércoles, agosto 18, 2010

Ardengo Soffici / De la guerra




Sobre el Kobilek

Sobre la ladera rubia del Kobilek
Cerca de Bavterca,
Los shrapnel estallan en ramilletes
Sobre nuestra cabeza.

Sus nubecillas de humo
Blancas, color de rosa, negras
Ondean en el nuevo cielo de Italia
Como deliciosas banderas.

En los bosques alrededor de frescos avellanos
La ametralladora canta
Las balas que rozan nuestra mejilla
Tienen el sonido de un beso largo y fino que volara.

Si no fuera el bárbaro ondulante hedor
De estas carroñas enemigas,
Se podría en esta trinchera que se desmenuza al sol
Encender cigarrillos y pipas;

Y tranquilamente esperar
Soldados unos a otros más que hermanos,
La muerte; que quizá no osaría tocarnos,
Tan bellos y jóvenes somos.

de Kobilek, 1918

Ardengo Soffici (Rignano sull'Arno, 1879 - Forte dei Marmi, 1964), Los mares del Sud y otros poemas. Poesía italiana del siglo XX, traducciones de Rodolfo Alonso, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1982 (edición no bilingüe)

Sul Kobilek
Sul fianco biondo del Kobilek / Vicino a Bavterca, / Scoppian gli shrapnel a mazzi / Sulla nostra testa. / Le lor nuvolette di fumo / Bianche, color di rosa, nere / Ondeggiano nel nuovo cielo d'Italia / Come deliziose bandiere. // Nei boschi intorno di freschi nocciuoli / La mitragliatrice canta, / Le pallottole che sfiorano la nostra guancia / Hanno il suono di un bacio lungo e fine che voli. // Se non fosse il barbaro ondante fetore / Di queste carogne nemiche, / Si potrebbe in questa trincea che si spappola al sole / Accender sigarette e pipe; // E tranquillamente aspettare, / Soldati gli uni agli altri più che fratelli, / La morte; che forse non ci oserebbe toccare, / Tanto siamo giovani e belli.


Dibujo de Mario Baggi Associazione Storica Cimeetrincee
Texto del original: Associazione Storica Cimeetrincee/I canti e le poesie della Grande Guerra

Alfonso Reyes / Propio camaleón de otros cielos...






Para un mordisco

Propio camaleón de otros cielos mejores,
a cada nueva aurora mudaba de colores.

Así es que prefiera a su rubor primero
el tizne que el oficio deja en el carbonero.

Quiero decir (me explico): la mudanza fue tal,
que iba del rojo al negro lo mismo que Stendhal.

Luego, un temblor de púrpura casi cardenalicio
(que viene a ser también el tizne de otro oficio)

se quebró en malva y oro con bandas boreales,
que ni el disco de Newton exhibe otras iguales.

Es muy de Juan Ramón esto de malvas y oros,
o del traje de luces de un matador de toros.

Y no sé si atreverme, en cosa tan sencilla,
a decir que hubo una “primavera amarilla”,

con unas vetas verdes, con unos jaspes grises
en olas circunflejas como en el mar de Ulises.

¡Ulises yo, que apenas de Caribdis a Escila
-de un vértice a un escollo- saciaba la pupila!

Porque como es efímero todo lo que es anhelo,
el color se evapora y otra vez sube al cielo,

y ya sabemos que poco a poco se va
aun la marca de fuego de la infidelidá.

Y se acabó la historia. –Tal era la mordida
que lucía en el anca mi querida.


Alfonso Reyes (Monterrey, 1889-Ciudad de México, 1959), Una ventana inmensa. Antología poética, edición a cargo de Gerardo Deniz, Editorial Vuelta, México, 1993

Foto: Reyes, 1949

martes, agosto 17, 2010

Kenneth Koch / Estabas...




Estabas vestida

Estabas vestida con tu blusa Edgar Allan Poe de algodón estampado.
En cada uno de los cuadros en que la blusa estaba dividida había un retrato de Edgar Allan Poe.
Tu cabello era rubio y eras graciosa. Me preguntaste: "¿Es que la mayoría de los muchachos creen que casi todas las chicas son malas?"
Sentí el olor de moho de tu cuarto de hotel de la playa en tu cabello sostenido por un sujetador John Greenleaf Whittier.
"No", dije, "son las chicas las que creen que los muchachos son malos".
Después leímos Snowbound juntos
Y dimos vueltas por el desván, tanto que un poco de charol se raspó de mis zapatos George Washington, Padre de su Patria.
La madre se paseaba por el cuarto de estar, con su peine Vals de Strauss en el cabello.
Esperamos un poco y luego nos unimos a ella, sólo para tomar el té en tazas pintadas con retratos de Herman Melville.
Y con ilustraciones de su libro Moby Dick y de su relato Benito Cereno.
El padre entró con su corbata Dick Tracy: "¿Qué tal un trago, todos?"
Yo dije: "Salgo afuera un rato". Entonces fuimos hasta el porche y nos sentamos en una mecedora Abraham Lincoln.
Tú te sentaste sobre los ojos, boca y parte de la barba, y yo sobre las rodillas.
En el patio del otro lado de la calle había un muñeco de nieve sosteniendo la tapa de un tacho de basura aplastado a semejanza del rey inglés loco, Jorge III.


Kenneth Koch (Cincinnati, 1925-Nueva York, 2002), Quince poetas norteamericanos. Segunda serie, selección y traducción de Alberto Girri (edición no bilingüe), Bibliográfica Omeba, Buenos Aires, 1969

Foto: De pie: Patsy Southgate, Bill Berkson, John Ashbery; sentados: Frank O’Hara, Kenneth Koch. En el loft de Frank O’Hara en Nueva York, 1964 Mario Schifano/Jacket Magazine

lunes, agosto 16, 2010

Derechos de autor, 2

El Ireland Literature Exchange difundió el siguiente comunicado (se publica con relación a la nota de este blog Sobre la supresión de algunos poemas):



Irish Poetry in Translation on the Web: Clarification

It has come to the attention of Ireland Literature Exchange that misinformation has circulated in certain territories of the world in relation to ILE's position regarding the posting/publishing of Irish poetry in translation on the internet (websites, blogs, etc).

We wish to clarify Ireland Literature Exchange's position on this matter.


•It is a breach of international copyright law to place an entire poem on the internet without prior permission of the rights holder(s), i.e., the poet and/or their publisher (depending on their contract).

•It is also a breach of copyright law to place an entire translation of a poem on the internet without prior permission of the rights holder(s) of the translation, i.e., the translator and/or their publisher (depending on their contract).

•If a translator wishes to post his/her own translation of a work on the web, he/she must acquire permission to do so from the rights holder(s) of the original work, prior to posting.

We would like to highlight ILE's continued support and encouragement for the worldwide promotion of Irish poetry. ILE recognizes that, through their use of web-based platforms, translators can often play a key role in bringing new work to the attention of both publishers and general readers alike.

Ireland Literature Exchange can only endorse such activities when they are fully compliant with international copyright law.

Sinéad Mac Aodha
Director

Poesía Irlandesa traducida en la web: Aclaración

El ILE (Irish Literature Exchange) ha tomado conocimiento de cierta información errónea que ha circulado por algunos países del mundo en relación con la posición del ILE respecto del posteo y de la publicación de poesía irlandesa traducida en internet (sitios web, blogs, etc).

Deseamos aclarar la posición del ILE al respecto:

* Es una violación a las leyes internaciones de copyright publicar/subir un poema completo a internet sin autorización previa de los derechohabientes, es decir, del poeta y/o editor (dependiendo del contrato).

* Es una violación a las leyes internaciones publicar/subir un poema completo a internet sin la autorización previa de los derechohabientes de la traducción, es decir, del traductor y/o su editor (dependiendo del contrato).

* Si un traductor desea postear/publicar su traducción en la web, debe obtener la autorización de los derechohabientes de la obra original para hacerlo, antes de su publicación.

Deseamos destacar el apoyo permanente del ILE y su incentivo para la promoción mundial de la poesía irlandesa. El ILE reconoce que, bajo el uso de los sitios web, los traductores muy a menudo tienen un importante papel en dar a luz los nuevos trabajos a editores y lectores.

El ILE solo aprobará aquellas actividades que cumplan con las formalidades legales exigidas por las leyes internacionales de copyright.

Sinéad Mac Aodha
Director


N. del E.: Por supuesto este blog no está interesado especialmente ni en violar las formalidades legales, ni tampoco en obtener la aprobación del ILE, que hasta donde sé, no es custodio legal de la obra de los autores irlandeses.
Este blog publica poesía traducida o en su idioma original en el convencimiento de que viola sistemáticamente la ley, en favor de la difusión de la poesía argentina, y de otros sitios del mundo, que le parece interesante al editor. En última instancia, en apoyo de la difusión de la obra de los autores.
Esto forma parte del riesgo que corren miles de editores de blogs de poesía a quienes no los orienta ni el lucro ni ningún otro tipo de rédito.
Si bien el ILE no pretende más que contribuir a la difusión de la literatura irlandesa, y se atiene a la ley para realizar su actividad, e, incluso, tiene el derecho de remarcar que existen normas internacionales sobre derechos de autor, con su alerta ha favorecido más a las casas editoriales que a los autores a los que pretende difundir, por no tener la amplitud que la ley misma debería tener sobre la nueva normativa que los medios digitales de poesía se han dado de hecho. Y esta es que si bien no piden permiso para realizar su propia lectura y publicación de la poesía local o internacional, tampoco lucran con ello. El ILE podría haberse abstenido de señalar que un blog estaba violando el derecho universal sobre propiedad intelectual. Con ello, no contrariaba su función. Pero no se abstuvo. Hélas!

Jorge Aulicino

Eugenio Montejo / Cruzo la calle Marx...




Adiós al siglo XX

a Alvaro Mutis

Cruzo la calle Marx, la calle Freud;
ando por una orilla de este siglo,
despacio, insomne, caviloso,
espía ad honorem de algún reino gótico,
recogiendo vocales caídas, pequeños guijarros
tatuados de rumor infinito.
La línea de Mondrian frente a mis ojos
va cortando la noche en sombras rectas
ahora que ya no cabe más soledad
en las paredes de vidrio.
Cruzo la calle Mao, la calle Stalin;
miro el instante donde muere un milenio
y otro despunta su terrestre dominio.
Mi siglo vertical y lleno de teorías...
Mi siglo con sus guerras, sus posguerras
y su tambor de Hitler allá lejos,
entre sangre y abismo.
Prosigo entre las piedras de los viejos suburbios
por un trago, por un poco de jazz,
contemplando los dioses que duermen disueltos
en el serrín de los bares,
mientras descifro sus nombres al paso
y sigo mi camino.

Eugenio Montejo (Caracas, 1938-Valencia, 2008), Adiós al siglo XX, Editorial Renacimiento, Sevilla, 1997

Ilustración: Edificio fantástico, siglo XVIII, Giovanni Battista Piranesi

domingo, agosto 15, 2010

Jacqueline Goldberg / De "La salud"



LA FAMILIA ESPERA EN LA CUERDA FLOJA
el veredicto hematológico
la anchura respiratoria
el conteo de las esperanzas


EL CLAN NO DIFERENCIA
entre parturientas y condenados

a todos conducen
a todos encierran

nunca se sabe
quién merece la plegaria
quién partirá de improviso


LA FAMILIA ESPERA EN LA CUERDA FLOJA
avanza y se retracta
celebra y luego tienta

la bitácora médica
es tan desquiciante como la policial

siempre hay un homicida inatrapable
una bacteria misteriosa
un maldito recodo de la sangre


Jacqueline Goldberg (Maracaibo, 1966) "La salud", 2002, Verbos predadores. Poesía reunida 2006-1986, Editorial Equinoccio, Caracas, 2007


Ilustración: Los juegos terribles, 1925, Giorgio de Chirico

Hernán Zamora / Cosas y palabras




Amigos

No se puede
respirar este aire mineral lleno de fuego
sin mover cosas y palabras
escribir con las manos limpias húmedas
en medio de tanto polvo
volar sobre las piedras que nos miran
fabricando precarios artilugios
esculcar la casa
sin otear despiadadamente el horizonte

No es posible
servir la mesa que nos une
o nos separa
sin razón
roces o risas
rosas ni arroz

Apenas se puede
nada
sin nosotros

Hernán Zamora (Caracas, 1964), "No somos nuestros", 2003, En obra. Antología de la poesía venezolana 1983-2008, Editorial Equinoccio, Caracas, 2008

Ilustración: Caquis, siglo XIII, Mu Qi

sábado, agosto 14, 2010

Robert Horan / Dos poemas




Renuncia, en el espejo, al fatal, hosco príncipe

Renuncia, en el espejo, al fatal, hosco príncipe,
coronado con las astas de la infancia y el zodíaco.
Seductor como amapolas, su exótica mirada
sonríe entre imposibles, un almanaque
de páginas de pesadillas: la grotesca, torva danza
allá en la profunda sala hasta el cuarto de los niños y atrás;
la almidonada, maternal lencería: luego las negras
buenas noches; luego las manos exploran cubiles oscurecidos.

Renuncia, en el espejo, al insistente otro
de ayer, al desesperado hincado rey y padre
con sus cuchillos y sus exigencias, que recuerda
el fracaso y la fiebre, ahora y para siempre.
La sin igual reina, también, con su corazón escarlata
se aparta del espejo; y después también tú te alejas.


Pequeña ciudad

La Araña, de su llameante sueño,
se tambalea en el marco de la ventana;
se columpia desde la roja guarida donde durmió
para anidar en el retorcido vidrio.
Gordo héroe, bruñido caníbal,
deja caer una frágil escala y hace un nudo,
desciende balanceándose hasta un rellano con velluda gracia.

A mediodía ese rincón es una ciudad color de bala
y el agotado arquitecto
duerme en su pálida rueda,
aguarda sin piedad un visitante de oro
o un prisionero cobrizo, sus enemigos aéreos
rodando temerarios de la ventana a la trampa.

La calle de cuerdas ahora se sacude y anuncia
un ángel sorprendido en el túnel de hilos.
La araña danza en su cielo de alambre para gustar la polilla.
Una pequeña batalla comienza y la prisión tiembla.
La redonda araña se encorva como un juez.
La rueda centellea.
Pero esta ciudad transparente que con un suspiro se hunde
está empedrada de perfecto acero.
La víctima cuelga de sus pies y la araña
rodea por avenidas invisibles, tejiendo una tumba.

De noche la tela está colmada de monstruos,
brillante constelación de avispas y abejas,
sin aliento, rendidas.
Esqueletos de bronce cuelgan de los hilos
y una leve ala se agita.
La medieval ciudad cuelga de sus estrellas.
La araña se mueve pesadamente por la tela
y la ciudad se ensancha bajo el peso de su andar.
De noche no podemos ver el rostro de las moscas
y de la araña, balanceándose.

Robert Horan (Nueva York, 1922), Quince poetas norteamericanos. Segunda serie, selección y traducción de Alberto Girri (edición no bilingüe), Bibliográfica Omeba, Buenos Aires, 1969

Foto: Nebulosa del Cangrejo, tomada por el telescopio Hubble NASA/ESA/J. Hester & A. Loll

jueves, agosto 12, 2010

Martín Rodríguez / De "Para el lado de las cosas sagradas"




Para el lado de las cosas sagradas

(...)

Algo nos mira desde el plato.

¿Hay carne ahí? ¿Alguien respira del otro lado de ese hueso caracú?

Sí. Un hueco respira, supura, agita.

Cada plato es un pozo al que desciende el cuerpo,
dijo la abuela...

(...)

Cada navidad encendía el rojo deseo de rajar.

En las navidades se produce una iluminación: recuerdo de navidades
en San Miguel con el terror
de cohetes y tiros: la del '83, la del '84, la del '85,
a las 12 un revólver marcaba el fin, el comienzo,
la largada, el fin, el comienzo.

Es que se hacía de noche, y las cruzas se detenían.
Ya ni el perro movía la cola. Dos pistoleros de pie, dos sombras (padre y tío)
(envueltos en humo)


Martín Rodríguez (Buenos Aires, 1978), Para el lado de las cosas sagradas, ediciones El Niño Stanton, Buenos Aires, 2010

Foto: Martín Rodríguez Blog del Amasijo

Robert Lowell / Como un plátano...





Como un plátano junto al agua

Las tinieblas atrajeron tinieblas, y la ignominia
se abre paso por nuestras ventanas en esta planificada
Babel de Boston donde nuestro dinero habla
y multiplica las tinieblas de una tierra
de preparación donde la Virgen camina
y las rosas enmarcan en espiral su esmaltado rostro
o caen astillas sobre las calles resecas.
Nuestra Señora de Babilonia pasa, pasa,
yo fui una vez la niña de tus ojos;
moscas, moscas sobre el plátano, en las calles.

Las moscas, las moscas de Babilonia
zumban en mis tímpanos mientras el diablo con el prolongado
canto fúnebre de la gente hace detonar la hora
de las flotantes ciudades donde su áurea lengua
embruja a los albañiles de la Torre de Babel
para que levanten la ciudad de mañana hasta el sol
que jamás se pone en las infernales calles
de Boston, donde la luz del sol es una espada
golpeando al que contempla al Señor:
moscas, moscas sobre el plátano en las calles.

Moscas invaden las aguas milagrosas del helado
Atlántico, y los ojos de Bernardeta
que vieron a Nuestra Señora de pie en la gruta
de Massabielle, la vieron con claridad tal
que su visión cegó los ojos de la razón. La tumba
está abierta por completo y absorbida en Cristo.
¡Oh muros de Jericó! Y todas las calles
que conducen a nuestra muralla atlántica cantan. "Cantad,
cantad por la resurrección del Rey."
Moscas, moscas sobre el plátano, en las calles.

Robert Lowell (Boston, 1917-Nueva York, 1977), Stevens, Williams, Lowell, Poemas, versiones y notas por Alberto Girri (edición no bilingüe); Corregidor, Buenos Aires, 1982

Ilustración: Apocalipsis, siglo XIX, Francis Danby

martes, agosto 10, 2010

Leopoldo Lugones / Salmo




Salmo pluvial

Tormenta

Érase una caverna de agua sombría el cielo;
el trueno, a la distancia, rodaba su peñón;
y una remota brisa de conturbado vuelo,
se acidulaba en tenue frescura de limón.

Como caliente polen exhaló el campo seco
un relente de trébol lo que empezó a llover.
Bajo la lenta sombra, colgada en denso fleco,
se vio el caudal con vívidos azules florecer.

Una fulmínea verga rompió el aire al soslayo;
sobre la tierra atónita cruzó un pavor mortal;
y el firmamento entero se derrumbó en un rayo,
como un inmenso techo de hierro y de cristal.

Lluvia

Y un mimbreral vibrante fue el chubasco resuelto
que plantaba sus líquidas varillas al trasluz,
o en pajonales de agua se espesaba revuelto,
descerrajando al paso su pródigo arcabuz.

Saltó la alegre lluvia por taludes y cauces,
descolgó del tejado sonoro caracol;
y luego, allá a lo lejos, se desnudó en los sauces,
transparente y dorada bajo un rayo de sol.

Calma

Delicia de los árboles que abrevó el aguacero.
Delicia de los gárrulos raudales en desliz.
Cristalina delicia del trino del jilguero.
Delicia serenísima de la tarde feliz.

Plenitud

El cerro azul estaba fragante de romero,
y en los profundos campos silbaba la perdiz.


Leopoldo Lugones (Villa María del Río Seco, 1874-Tigre, 1938), El libro de los paisajes, Otero y García, Editores, Buenos Aires, 1917

Ilustración: Atardecer con laguna, Ernesto Laroche

lunes, agosto 09, 2010

Rodolfo Alonso / Dos poemas




Crónicas del Proceso

a Franz Kafka, con toda modestia

Parecía presumirse un panorama
preferible: una fraternidad latente, un coro
subyugado. pero la cosa vino a dar
en cambalache apenas, mancebía.
trastienda de tartufo, cuchitril
de usurero, lenocinio, caverna
de bandoleros pobres, noche de miserables
lomos mojados por la lluvia
que nunca cesará.


Oui, Madame, je m'appele Lyon

El hombre hermoso y su perro cortejan a la fornida señora.

El perro hace ejercicios de destreza para distraerlos, como si fuera un burgués amaestrado.

La fornida señora, hija de la cortesía, amó al perro y se escapó con él para dedicarse a la piratería.

Mantuvieron una delicada amistad con el capellán dominico, pero el contramaestre los expulsó de la nave.

Desde entonces bogan.


Rodolfo Alonso (Buenos Aires, 1934), Poemas pendientes, Alción Editora, Córdoba, Argentina, 2010

Foto: Alonso, Marcos Morales/TriploG

sábado, agosto 07, 2010

Silvia Camerotto / Tocaste...




Tocaste un subdominante en fuga...


Why should calamity be full of words?
Shakespeare, Richard III


Tocaste un subdominante en fuga
Mi pelo de mujer descansa sobre tu almohada:
el punto de reposo de la duración de las figuras
en tu espalda
en los artefactos del baño
en la pintura blanca del techo
Después de más de treinta años
la connivencia se convierte en gesto de triunfo
Vinimos de lo que somos
no del pollo que almorzamos esta tarde
no de las flores que enviaste
no de la utopía formal con que me sacás la ropa
sino de la alegoría de la rosa
de la aburrida música de Mozart
de la calamidad de los cuerpos.


Silvia Camerotto (Buenos Aires, 1959), inédito

Ilustración: Mujer entrando en la bañera, 1973, Darío Morales Arte y artistas

viernes, agosto 06, 2010

Francisco Bitar / Despertar en algún punto...




DESPERTAR EN ALGUN PUNTO del año
en que todas las cuerdas del cuerpo están tensadas
bajo la luz sin temperatura que viene de la calle

torcido en el colchón

confundido con una noche larga de viaje
en la que el frío se filtraba
por los agujeros del auto

o es un sueño oscuro
con la respiración por única imagen
o sueño que mis ojos son ventanas
cubiertas por bolsas de consorcio
que se hinchan con el viento

Al prender la luz
la habitación se corta detrás de la lámpara
y hace pensar en todo lo que falta
para recibir el cuadro completo:
del suspiro en el teléfono,
el viaje de una respiración por la línea
sin demoras por encima
de paradas de taxi, farmacias de turno;
los ladrillos cargados de sol durante la tarde,
el aura roja de la noche
depositada en el centro de los cuartos
Calle larga con luna y antenas
de televisión brillando en lo alto,
bajan los hilos plateados de las constelaciones

La mitad de una bolsa de carbón
es suficiente para pasar la noche

para que empiece a brotar la corriente
de agua negra que baña las piedras
en los pasillos dejados por los objetos.


Francisco Bitar (Santa Fe, 1981), El olimpo, ediciones El Niño Stanton, Buenos Aires, 2010

Foto: Santa Fe, 2009, Miguel Gratier © Miguel Gratier

jueves, agosto 05, 2010

Marianne Moore / Si la acción externa...




El pasado es el presente

Si la acción externa está agotada
y la rima está pasada de moda,
volveré a ti,
Habacuc, como cuando en la clase de Biblia
el maestro nos hablaba de los versos sin rima.
El decía -y creo que repito sus exactas palabras-:
"La poesía hebrea es prosa
con una suerte de conciencia intensificada". El éxtasis proporciona
la ocasión y lo conveniente determina la forma.

Marianne Moore (Kirkwood, Missouri, 1887-Nueva York, 1972), "Selected poems (1935)", Complete Poems, Macmillian Publishing Company/Penguin Books, Nueva York, 1994
Versión de J. Aulicino


The past is the present
If external action is effete / and rhyme is outmoded, / I shall revert to you, / Habakkuk, as when in a Bible class / the teacher was speaking of unrhymed verse. / He said -and I think I repeat his exact words, / "Hebrew poetry is prose / with a sort of heightened consciousness". Ectassy affords / the ocassion and expediency determines the form.


Ilustración: Isaías (detalle), 1729, Giovanni Battista Tiepolo


José Lezama Lima / Voy con el tornillo...




El pabellón del vacío

Voy con el tornillo
preguntando en la pared,
un sonido sin color
un color tapado con un manto.
Pero vacilo y momentáneamente
ciego, apenas puedo sentirme.
De pronto, recuerdo,
con las uñas voy abriendo
el tokonoma en la pared.
Necesito un pequeño vacío,
allí me voy reduciendo
para reaparecer de nuevo,
palparme y poner la frente en su lugar.
Un pequeño vacío en la pared.

Estoy en un café
multiplicador del hastío,
el insistente daiquirí
vuelve como una cara inservible
para morir, para la primavera.
Recorro con las manos
la solapa que me parece fría.
No espero a nadie
e insisto en que alguien tiene que llegar.
De pronto, con la uña
trazo un pequeño hueco en la mesa.
Ya tengo el tokonoma, el vacío,
la compañía insuperable,
la conversación en una esquina de Alejandría.
Estoy con él en una ronda
de patinadores por el Prado.
Era un niño que respiraba
todo el rocío tenaz del cielo,
ya con el vacío, como un gato
que nos rodea todo el cuerpo,
con un silencio lleno de luces.

Tener cerca de lo que nos rodea
y cerca de nuestro cuerpo,
la idea fija de que nuestra alma
y su envoltura caben
en un pequeño vacío en la pared
o en un papel de seda raspado con la uña.
Me voy reduciendo,
soy un punto que desaparece y vuelve
y quepo entero en el tokonoma.
Me hago invisible
y en el reverso recobro mi cuerpo
nadando en una playa,
rodeado de bachilleres con estandartes de nieve,
de matemáticos y de jugadores de pelota
describiendo un helado de mamey.
El vacío es más pequeño que un naipe
y puede ser grande como el cielo,
pero lo podemos hacer con nuestra uña
en el borde de una taza de café
o en el cielo que cae por nuestro hombro.

El principio se une con el tokonoma,
en el vacío se puede esconder un canguro
sin perder su saltante júbilo.
La aparición de una cueva
es misteriosa y va desenrollando su terrible.
Esconderse allí es temblar,
los cuernos de los cazadores resuenan
en el bosque congelado.
Pero el vacío es calmoso,
lo podemos atraer con un hilo
e inaugurarlo en la insignificancia.
Araño en la pared con la uña,
la cal va cayendo
como si fuese un pedazo de la concha
de la tortuga celeste.
¿La aridez en el vacío
es el primer y último camino?
Me duermo, en el tokonoma
evaporo el otro que sigue caminando.

1° de abril y 1976.


José Lezama Lima (La Habana, 1910-1976), Fragmentos a su imán, 1970-1976, en Cuba Literaria

Foto: Lezama Lima s/d Cuba Literaria

miércoles, agosto 04, 2010

Franco Fortini / Dioses






A los dioses de la mañana

El viento sacude laureles y pinos.
En los vidrios, agua que baja.
Entre humos y luces, ves por momentos la costa,
después, nada.
La mañana se purifica en la estancia tranquila.
Un hilo de música de rock, los lápices, los papeles.
Estoy feliz con la lluvia.
¡Oh dioses inexistentes,
protejan el idilio, les ruego!
¿Qué más pueden hacer,
dioses del otoño, indulgentes durmientes,
tristes de ramas las sienes?
¡Qué majestuosos sus luminosos cúmulos!
¡Cuántas ansiosas hormigas en la sombra!


Franco Fortini (Florencia, 1917-Milán, 1994), Questo muro, 1973
Versión de J. Aulicino

Agli dèi della mattinata
Il vento scuote allori e pini. / Ai vetri, giù acqua. / Tra fumi e luci la costa la vedi a tratti, / poi nulla. / La mattinata si affina nella stanza tranquilla. / Un filo di musica rock, le matite, le carte. / Sono felice della pioggia. / O dèi inesistenti,/ proteggete l'idillio, vi prego. / E che altro potete, / o dèi dell'autunno indulgenti dormenti, / meste di frasche le tempie? / Come maestosi quei vostri luminosi cumuli! / Quante ansiose formiche nell'ombra!

la poesia.it

Ilustración: Lontani segni, Rosalba Mangione

martes, agosto 03, 2010

de archivo / La pista de la traducción

El indiferente azul

El esfuerzo realizado por el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince para probar la autenticidad de un poema de Jorge Luis Borges que estaba en los bolsillos de su padre, asesinado en 1987 por un grupo parapolicial, tiene una justificación que parece exceder la de rendir tributo a una memoria. Según el relato que publicó Clarín el martes pasado (30 de junio de 2009), Abad Faciolince ya había hecho mucho en pos de ese último objetivo: hace dos años, publicó el libro El olvido que seremos, para contar quién era el doctor Héctor Abad, abogado, defensor de los derechos humanos. Aunque el supuesto poema de Borges le había dado el título del libro, no le importaba especialmente. Sólo cuando se alzaron voces denunciando el texto como apócrifo, se preocupó el escritor en averiguar si era tal. ¿Su honor estaba en juego? ¿El de su padre? No parece. Si el asesinado doctor Abad guardaba ese poema, era porque lo daba por bueno en dos sentidos: por su contenido y en cuanto a la autoría. Estaba en su bolsillo y tenía las iniciales de Borges. El doctor no se lo atribuía a él mismo, desde luego. Tampoco su hijo intentó hacerlo pasar por obra de su padre. Fue más bien lo contrario: la mención de Borges desató un mínimo coro de protestas.
No contaremos los detalles. El escritor partió en pos del autor verdadero y encontró primero un falsificador que había publicado el poema alterándolo y atribuyéndoselo, y más tarde a los primeros editores, y por último a quienes habían tomado de mano de Borges la copia de este soneto que elogia al olvido y que no figura en ninguno de sus libros.
Se seguirá discutiendo. Los testimonios pueden convencer o no, pero una historia de dolor y minucias, bajo un azul indiferente, está escrita. Muchos se han dado a desmenuzar la obra buscando el sello del estilo. No agrego nada a esto último si digo que hay un verso en el poema que es marcadamente borgiano pero que no es de Borges enteramente: “Bajo el indiferente azul del cielo” evoca unas líneas de “Domingo a la mañana”, un complejo prodigio del poeta estadounidense Wallace Stevens. Este profetiza allí que el cielo será, alguna vez, “una parte de trabajo y una parte de dolor (...) no este divisor e indiferente azul ”. Hubo algunas traducciones del poema en la Argentina. Alberto Girri hizo una. Otra la habían hecho Borges y Adolfo Bioy Casares y fue publicada en la revista Sur en marzo de 1944.

Revista Ñ, 4 de julio de 2009



Hace dos semanas, anoté que un verso del poema atribuido a Borges que apareció en un bolsillo del asesinado doctor Héctor Abad en 1987 podía estar citando a otro, de “Domingo a la mañana ”, una composición en ocho tramos del estadounidense Wallace Stevens.
Borges, junto con Adolfo Bioy Casares, había traducido este poema en la década de los 40. La versión apareció en marzo de 1944 en la revista Sur. Para nadie que lea “Domingo a la mañana”, de Stevens, en el original o en respetuosas traducciones, los calificativos aplicados al cielo en la tercera estrofa pasan sin pena.
The sky will be much friendlier then than now,/A part of labor and a part of pain,/And next in glory to enduring love,/Not this dividing and indifferent blue, escribe Stevens, lo que traducido por Alberto Girri es: El cielo será entonces más amistoso que ahora,/una parte de esfuerzo y una parte de dolor,/y cercano en la gloria el amor perdurable,/no este divisorio e indiferente azul,verso este último que Borges y Bioy traducen: “No este indiferente azul, que aleja”.
Y se trata de que el poema que según diversas evidencias Borges escribió, y el doctor Abad llevaba en su bolsillo, habla sin más del “indiferente azul ”.
Borges pudo o no haber escrito el poema que se le atribuye. El falsificador pudo imitarlo. Pudo incluso haber leído a Stevens y haber recordado su indifferent blue sin saber que Borges lo había traducido con Bioy. Pudo saberlo, incluso, y pudo haber adivinado que Borges lo habría usado si hubiese escrito el soneto póstumo.
Stevens era un pagano, Borges un agnóstico; para ambos el azul, metonimia del cielo, era indiferente en términos bíblicos.
Borges escribió mucho en defensa de la traducción y también tradujo -no tanto como otros poetas de los que después nacieron en esta tierra de traductores-. Sea que conocía ambos poemas o no, el supuesto falsificador tradujo la mente de Borges a su vez. Y si Borges fue el autor, usó en su creación aquel verso que había volcado al castellano con Bioy y que sin duda dormía en su memoria.
Esta pista, cierta o falsa, sobre la autenticidad del poema de Borges hallado en el bolsillo de un hombre asesinado sólo pudo aparecer, para aclarar o mezclar aun más la baraja, en un país como la Argentina, cuyos autores se dedicaron apasionadamente a la traducción como a una parte de su obra.

Revista Ñ, 18 de julio de 2009


Foto: Wallace Stevens (Reading, Pennsylvania, 1879-Hartford, Connecticut, 1955)

Angel Faretta / Dos poemas




Lontana

“I ricordi, un inutile
infinito”
Ungaretti

Tú no sabes de Italia
Alguna otra cosa
Que llamarla
O nombrarla.
Apenas escuchas voces
Que la reclaman
Por ti
O para ti.
En vano de alguna de ellas
Transcurre su grito
En moderado silencio;
En vetas preciosas
Se esparce por la tarde.
Al tramonto
Se lo llama
-entre nosotros-
atardecer.


Contraria suerte

“Frappés au flanc tous deux pour
un double mystere”

Gerard de Nerval

Estoy apurado en otro lado
Dice quien se sienta
En esta mesa y en la otra
Bebiendo en la una
Y extrañando a la remota.
Las paredes de esta casa,
Esta tarde, este sillón, el té,
La mesa, la flor cercana
Que en el balcón dicta
Primavera temprana
Eso no está en el presente tuyo,
Es un puente para estar en el futuro.
Así no descansa quien cansa al otro.

Si yo bajo esta escalera
O dibujo esas nubes tersas,
Es siempre en otro tablero
Dispuesto de antemano
En otra sala y otra casa.
Si esta mano toca este lugar
La otra se adelanta en replicar
Tocando el extremo opuesto
Que se dilata hacia el rincón
Oscuro y en penumbras
Donde mi padre espera
Por toda la otra eternidad
Más doméstica y epicena.

Siendo yo el que sale
Y siendo el que entra
A la misma pieza y mira
Por la misma ventana
No es en todo caso
El mismo que ahora siente
El deseo de marcharse,
Irse afuera, caminar,
Estrechar otras manos
Y oír otras voces,
Entrar en otro patio,
Pisar otro empedrado
Mirar la magnolia
En su maceta roja
Que permanece en otro
Patio que fue y es el mío.

Si ahora digo adiós,
Asiento lentamente
E inclino la cabeza
Con delicada humildad
Y muy serenamente,
Es que estoy pidiendo permiso
En otra entrada,
Un umbral en penumbras
Que me recibe y me despide.


Angel Faretta (Buenos Aires, 1953), inéditos

Ilustración: Piccolo porto al tramonto, siglo XIX, Vittorio Avondo

lunes, agosto 02, 2010

Gabriel Roel / En la cuenta de yemas...




La forma migratoria

En la cuenta de yemas de las sílabas
el haiku; Quaolom; los sitios emplazados.
Los versos suelen zanjar provistas, aduanas de arenas movedizas.
Tender propias fronteras en el rictus de lengua y habla callada
en las propias canteras.
La forma es de los títeres de sombra lo sin tatuarse nunca.
Distancia de las mangas en desierto, borrosas, sobre luces de sueño.
El agrio pórtico de Roma donde la arena borra en circo y círculo a Pompeya.
Olvido que hace pie, por suerte de los vientos.
Y Cayo Petronio baila mi espera.
En la cuenta sin papeles de dios, donde la miel desova.
Hexámetros de trenes, aceitunas de papel encendidas, ciudad detrás arriba,
en escenas turquesas sin turistas y un muelle sin marina donde escandir partidas.
Estación Pantitlán que agita el puerto muerto. Con el hangar enfrente de los vuelos.
Entre anuncios de silencio sin nombre y un bullicio de mediodía de sábado.

Gabriel Roel (Buenos aires, 1971)

Foto: Roel, Facebook

domingo, agosto 01, 2010

Rodolfo Wilcock / Cuanto tú, mi poesía...


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6. Cuando tú, mi poesía, lees poesía


Cuando tú, mi poesía, lees poesía,
el cielo se oscurece con una luz verde,
la gente huye de la orilla del mar
por un presentimiento remoto de tormenta
o de contraste entre los elementos,
se enarbolan chispas en los cables del tranvía,
y un gran silencio cae sobre la ciudad:
es la poesía que se contempla a sí misma.
Lees palabras de un tiempo olvidado,
de un presente que se derrumba sin tregua,
velozmente, en un pasado informe,
lees acerca de un rey y de coronas, jardines y guerras,
tú, que eres la corona de cada imperio
y el jardín del mundo conocido
y la guerra de los sentidos de la naturaleza,
lees: "¿quién profesará mis versos en el futuro
si digo ahora todo lo que vales?".
Y sucede en aquel momento que esos versos,
como una flecha arrojada a los siglos,
llegan un día a quien los inspiró.
Y entonces la oscuridad verde se hace total,
la gente se oculta, abrumada,
y en un silencio, como de terremoto,
se alza la luna sobre los castillos romanos
y todo vira lentamente al azul,
mientras tú, mi poesía, lees poesía.


Juan Rodolfo Wilcock (Buenos Aires, 1919-Viterbo, Italia, 1978), Italienisches Liederbuch, traducción de Guillermo Piro, editorial Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2010


6. Quando tu, mia poesia, leggi poesia.
Quando tu, mia poesia, leggi poesia / si oscura il cielo de una luce verde, / la gente sfugge la riva del mare / per un senso remoto di tempesta / o di contrasto tra gli elementi, / vampe si anelberano * sui fili dei tram / e un gran silenzio cala sulla cità: / è la poesia che contempla se stessa. / Leggi parole di un tempo scomparso, / di un presente che crolla senza sosta / velocemente nell'informe passato, / leggi de un re e corone, giardini e guerre, / tu che sei la corona di ogni impero / e il giardino del mondo conosciutto / e la guerra dei sensi della natura, / leggi, "chi crederà i miei versi in avvenire / se dico adesso tutto il tuo valore?" / e accade in quel momento che quei versi / come una freccia scagliata nei secoli / raggiungono chi un giorno li ha ispirati. / E allora il buio verde si fa totale, / la gente si rintana, sopraffatta, / e in un silenzio come di terremoto / si alza la luna sui Castelli Romani / e lentamente volge tutto all'azurro, / mentre tu, mi poesia, leggi poesia.


* Probablemente, un error de transcripción, por inalberano, de inalberare (enarbolar)

[Otra versión]

Cuando tú, mi poesía, lees poesía,
se oscurece el cielo de una verde luz,
la gente escapa de la orilla del mar
por una impresión remota de tormenta
o de litigio entre los elementos;
enarbolan llamas los cables del tranvía
y un gran silencio baja sobre la ciudad:
es la poesía que se contempla a sí misma.
Lees palabras de un tiempo desaparecido,
de un presente que se desmorona sin pausa
velozmente en el informe pasado,
de un rey y coronas, jardines y guerras,
tú, que eres la corona de todo imperio
y el jardín del mundo conocido
y la guerra de sentidos de la naturaleza,
lees "¿quién creerá en mis versos en el porvenir
si digo ahora todo tu valor?",
y sucede en ese momento que esos versos,
como una flecha arrojada hacia los siglos,
alcanzan a quien un día los inspiró.
Y entonces, lo oscuro verde se hace total,
la gente se guarece, agobiada,
y en un silencio como de terremoto,
se alza la luna sobre los Castillos Romanos
y lentamente gira todo hacia el azul,
mientras tú, mi poesía, lees poesía.

J.A.

Ilustración: Mujer y espejo, siglo XVI, Giulio Romano