Mostrando las entradas con la etiqueta Nuno Judice. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Nuno Judice. Mostrar todas las entradas

domingo, agosto 18, 2024

Nuno Júdice / De "Meditación sobre ruinas"



Poema

Las cosas más simples las oigo en el intervalo
del viento, cuando el simple caer de la lluvia en los
vidrios rompe el silencio de la noche, y su ritmo
apaga el de las palabras. En ocasiones, es
una voz cansada, que repite incansablemente
lo que la noche enseña a quien la vive; otras
veces, corre apresurada, atropellando sentidos
y frases como si quisiera llegar al fin, más
rápido que la madrugada. Son cosas simples
como la arena que tomamos y se escurre
entre los dedos mientras los ojos buscan
una línea definida en el horizonte; o son las
cosas que recordamos de pronto, cuando
el sol se asoma en el hueco de una nube.
Estas son las cosas que pasan, cuando el viento
se queda; y son las que tratamos de recordar, como
si las hubiéramos oído, y el ruido de la lluvia en los
vidrios no hubiera borrado su voz.


Las santas místicas

Hay mujeres resplandecientes bajo el manto
que las oculta. Sus cuerpos son blancos como el lino
áspero en que se tienden, y su piel es suave
cuando el frío de la mañana la recorre con las manos
duras del invierno. Sus cabelleras negras se esparcen
a lo largo de la espalda, y cuando las vemos de frente
son la cortina que oculta sus senos. Esas mujeres
se sientan en una banca de piedra junto a la ventana
desde donde observan el mundo. Con los finos
dedos de sus manos cuentan los días que faltan
para el fin de su eternidad. Cuando rezan, arrodilladas,
se lastiman los codos en la piedra del corredor. Sus labios
murmuran la oración con la que piden a dios
que descienda al nivel de sus rostros; y abrazan
la nube que se forma cuando la humedad
se escapa de sus bocas, cuando respiran, y el vidrio
se empaña para que ellas miren dentro de sí,
y no hacia afuera, donde el cielo se oscurece con las razones
de la lluvia. Y observo el fondo de su alma, donde
se abre el camino del éxtasis que las posee.


La apariencia mística del cisne engaña a los creyentes

En el cuarto donde colgué el grabado de dos
mujeres desnudas en una fuente, el agua empezó
a escurrir de las vigas del techo. Una nueva
fuente, diría un agnóstico; de hecho, era la
lluvia que caía, y pronto las ninfas se arrojaban
toallas una a la otra para secarse, aunque
las toallas estuvieran empapadas. Pero
el silencio era total en el cuarto, y lo que ellas gritaban,
porque el agua estaba fría, o porque
las toallas eran ásperas, sólo se oía
en mi cabeza. Era posible, claro, que
todo sucediera ahí; y que el agua que escurría del techo
fuera en realidad la luz que surgía de lo
profundo de mi memoria, donde las dos
mujeres desnudas se transformaban en cisnes
que salían del lago y abrían las alas. La pared
del cuarto, sin el grabado, se secó; y de las
vigas del techo surgió otra luz,
parecida a la que yo imaginaba, la misma que ahora
cae en el piso donde me puse a recogerla con
la escoba de la estrofa, para que no se pierda.

Nuno Júdice (Mexilhoeira Grande, Portugal, 1949 - Lisboa, 2024), Meditación sobre ruinas, Textofilia / Universidad Autónoma de Nuevo León, México, 2018
Versiones de Blanca Luz Pulido



Poema

As coisas mais simples, ouço-as no intervalo
do vento, quando um simples bater de chuva nos
vidros rompe o silêncio d noite, e o seu ritmo
se sobrepõe ao das palavras. Por vezes, é uma
voz cansada, que repete incansavelmente
o que a noite ensina a quem a vive; de outras
vezes, corre, apressada, atropelando sentidos
e frases como se quisesse chegar ao fim, mais
depressa do que a madrugada. São coisas simples
como a areia que se apanha, e escorre por
entre os dedos enquanto os olhos procuram
uma linha nítida no horizonte ou são as
coisas que subitamente lembramos, quando
o sol emerge num breve rasgão de nuvem.
Estas são as coisas que passam, quando o vento
fica; e são elas que tentamos lembrar, como
se as tivéssemos ouvido, e o ruído da chuva nos
vidros não tivesse apagado a sua voz.


Las santas místicas

Há mulheres resplandecentes sob o manto
que as esconde. Os seus corpos são brancos como o linho
áspero em que se deitam, e a sua pele é macia
quando o frio da manhã a percorre com as mãos
duras do inverno. Os cabelos negros soltam-se
ao longo das costas, e quando as vemos de frente
são a cortina que lhes esconde os seios. Essas mulheres
sentam-se no banco de pedra junto à vigia
de onde espreitam o mundo. Com os dedos
finos das suas mãos contam os dias que faltam
para o fim da sua eternidade. Quando rezam, de joelhos,
ferem os cotovelos na laje do corredor. Os lábios
murmuram a oração em que pedem a deus
que desça até junto dos seus rostos; e abraçam
a nuvem que se forma quando a humidade
se solta das suas bocas, quando respiram, e o vidro
se embacia para que elas olhem para dentro de si,
e não para fora, onde o céu escurece com as contas
da chuva. E espreito o fundo da sua alma, onde
se abre o caminho do êxtase que as possui.


A aparência mística do cisne engana os crentes

Na sala onde pendurei a gravura de duas
mulheres nuas numa fonte, a água começou
a jorrar das madeiras do tecto. Uma nova
nascente, diria um agnóstico; de facto, tratava-se
das águas do céu, e as ninfas em breve atiravam
toalhas uma à outra, para se limparem, embora
as toalhas estivessem encharcadas. Mas
o silêncio era total, na sala, e o que elas gritavam,
ou porque a água estivesse fria, ou porque
as toalhas as magoavam, só se ouvia no fundo
da minha cabeça. Podia ser, por outro lado, que
tudo se passasse aí; e a água que corria do tecto,
na verdade, era como a luz que brotava do
mais fundo da minha memória, onde as duas
mulheres nuas se transformavam nos cisnes
que saíam do lago e abriam as asas. A parede
da sala, sem a gravura, ficou seca; e das
madeiras do tecto soltava-se uma outra luz,
como a que estava na minha cabeça, e agora
caía no chão onde me pus a apanhá-la com
a vassoura da estrofe, para que não se perdesse.
---

martes, julio 26, 2016

Nuno Júdice / La crisis griega













Fue en las islas griegas donde vi el Mediterráneo
completamente azul, sin sombra de transparencia. "Y
felizmente es así", me dijo la muchacha griega que
servía cafés a la orilla de las rocas. "Conocí a algunos que
quisieron rasgar el mar para ver lo que escondía
y nunca más volvieron". Entendí lo que quería: que
yo rasgara la superficie del mar, y bajase los peldaños
del abismo que nos cautiva hasta la eternidad. "Si vienes
detrás de mí, y me traes de vuelta, haré lo que
deseas". Pero ella fingió no entender mi
lengua, aunque hablásemos un inglés de aeropuerto.

Y cuando llegamos al gran anfiteatro, bajo
las colinas de los pinos rodenos y los bosques de
cipreses, el cielo estaba completamente limpio, como si
los dioses ya hubieran dejado de existir. Recité
un verso en griego clásico, poniendo a las aves en
desbandada. "¿Ves lo que has hecho?", me gritó la muchacha
griega. "¡Llenaste el cielo con una nube de pájaros!"
Y nos pusimos a mirarlos, a la espera de saber para
dónde se dirigían. Pero se hacía tarde para tomar
el barco. Las islas me dan claustrofobia, dijo
la muchacha griega. Y me puse a correr hacia el barco que
ya tenía los motores en marcha, sin pagarle el café.

Nuno Júdice (Mexilhoeira Grande, Portugal, 1949 - Lisboa, 2024), selecciòn del autor en Aurora Boreal, 2012
Traducciones de Diego Valverde Villena


A CRISE GREGA

 Foi nas ilhas gregas que vi o mediterrâneo
completamente azul, sem sombra de transparência. «E
ainda bem que é assim», disse-me a rapariga grega que
servia cafés à beira das rochas. «Conheci alguns que
quiseram rasgar o mar para ver o que ele escondia,
e nunca mais voltaram.» Percebi o que ela queria: que
eu rasgasse a superfície do mar, e descesse os degraus
do abismo que nos prende até à eternidade. «Se vieres
atrás de mim, e me puxares de volta, farei o que
desejas.» Mas ela fingiu que não percebia a minha
língua, embora falássemos num inglês de aeroporto.


E quando chegámos ao grande anfiteatro, debaixo
das colinas de pinheiros bravos e dos bosques de
ciprestes, o céu estava completamente limpo, como se
os deuses já tivessem deixado de existir. Ainda recitei
um verso em grego antigo, pondo as aves em
debandada. «Vês o que fizeste?», gritou-me a rapariga
grega. «Encheste o céu com uma nuvem de pássaros!»
E ficámos a olhar para eles, à espera de saber para
onde se dirigiam. Mas fazia-se tarde para apanhar
o barco. As ilhas fazem-me claustrofobia, disse
à rapariga grega. E entrei a correr para o barco que
já tinha os motores a trabalhar, sem lhe pagar o café.
---
Foto: Zunái

act. 2024

domingo, septiembre 28, 2008

Nuno Júdice / Dos poemas




















Hamlet

Hay una altura, antes de despertar, en que
sueño y realidad se confunden. A veces,
el sueño impide que se haga esa distinción;
otras veces, nos juzgamos metidos
en la vida sin saber que aún no salimos
del limbo nocturno. En todos los casos,
sentimientos y emociones sobresaltan
el cuerpo; nos movemos para un lado y para otro
con la angustia de la doble existencia; nada
dominamos de las acciones que, todavía,
sufrimos como si algo nos hubiese arrancado
de la cama. Durante el desayuno, pensando
en eso, ya poco queda de cualquier cosa
de la noche. Ni las personas, ni las palabras,
ni las imágenes nos atormentan con la intensidad
de hace un momento. No obstante, es como si nos faltara
algo de nosotros. Y, durante el día, repetimos
gestos que no sabemos a quien se dirigen;
oímos frases de las que no percibimos
el sentido. Y no sabemos, de hecho,
dónde encontrar una explicación para ese
deambular entre ser
y no ser.


Metafísica

Con la taza de café enfrente, enciende
un cigarrillo. No quiere saber de inspiración,
de versos casuales, de rumbos vagos
como la dirección de los ríos. Es probable
que el tiempo no lo asuste; que la muerte
no sea, para él, más que una
idea sin realidad visible; que
los ojos no dejen traslucir
algo de una vida abstracta que coincida
con el alma. A veces, piensa en responder
las preguntas que se le plantean. Pero
aplaza ese instante. Prefiere mantener
la silenciosa obstinación del presente,
como si durara, y el café
no se hubiera enfriado en la taza.

Nuno Judice (Mexilhoeira Grande, Portugal, 1949)
Traducción de Jorge Fondebrider


Hamlet
Há uma altura, antes de acordar, em que/ sonho e realidade se confundem. Por vezes,/ o sono impede que se faça essa distinção;/ de outras vezes, julgamo-nos metidos/ na vida sem saber que ainda não saímos/ do limbo nocturno. Em todos os casos, sentimentos e emoções sobressaltam/ o corpo; movemo-nos para um e outro lado/ como a angústia da dupla existência; nada/ dominamos das acções que, no entanto,/ sofremos como se algo nos tivesse arrancado/ da cama. Durante o pequeno-almoço, pensando/ nisso, já pouco resta de qualquer coisa/ da noite. Nem as pessoas, nem as palavras,/ nem as imagens, nos atormentam com a intensidade/ de há pouco. Porém, é como se nos faltasse/ alguma coisa de nós. E, durante o dia, repetimos/ gestos que não sabemos a quem se dirigem;/ ouvimos frases de que não sabemos, de facto, onde encontrar uma explicação para esse/ deambular entre ser/ e não ser.

Metafísica
Com a chávena de café à frente, acende/ un cigarro. Não quer saber de inspiração,/ de versos de acaso, de rumos vagos/ como a direcção dos rios. E provável/ que o tempo não seja, para ele, mais do que uma ideia sen realidade visível; que/ os olhos não deixem transparecer algo de uma vida abstracta que coincida/ com a alma. Por vezes, pensa em responder/ ás questões que lhe colocam. Mas/ adia esse instante. Prefere manter/ a silenciosa obstinação do presente,/ como se durasse, e o café/ não tivesse arrefecido na chávena.