sábado, octubre 29, 2011

Batania / Dos poemas de amor




Con los ojos abiertos

Hace poco pero mucho tiempo,
tanto como un fémur o un mediodía,
yo amé a una chica de ojos azules,
diecisiete años llenos de ojos azules,
doscientos cuatro meses de ojos azules,
seis mil ciento veinte días de ojos azules,
y nunca le perdonaré
que me dejara con los ojos abiertos,
que me dijera basta con los ojos abiertos,
que me tirara al vacío con los ojos abiertos,
que me pasara a pistola con los ojos abiertos,
porque ahora no logro acordarme
de las fuentes antiguas de sus ojos azules,
los diecisiete años mirando sus ojos azules,
los doscientos cuatro meses de ojos azules,
los seis mil ciento veinte días de ojos azules,
y sólo me queda su mirada puñal y definitiva,
los ojos azules y traidores,
los ojos azules y póstumos,
increíblemente abiertos aquella tarde,
mientras los gorriones volaban como gorriones
y el cielo era el cielo de todos los días.


Prefiero Natalia a la revolución

La prefiero a la defensa de la infancia, al cuidado del ozono.
La prefiero al final de las fronteras.
La prefiero a la Amazonia.

Más que alejar el hambre y la tormenta, el volcán y el terremoto.
Más que ahuyentar la crisis.
Más que parar la guerra.

Antes que salvar al tigre y al leopardo.
Antes que proteger al inmigrante.
Antes que el feminismo y la filantropía.

Por encima de la paz en Jerusalén.
Por encima de la paz en Kabul. De la paz en Trípoli.
Por encima de curar el cáncer o atajar el sida.

Mejor que el rescate de Grecia, la salvación de África, la sanidad, la lectura.
Mejor que la ayuda a Haití. Que la ayuda a Somalia.
Mejor que parar el racismo, la ignorancia, la policía.

Prefiero Natalia a los Derechos Humanos.
Prefiero Natalia a las libertades.
Prefiero Natalia a la democracia.
Prefiero Natalia a la concordia.
Prefiero Natalia a la justicia.
Prefiero Natalia a la revolución.


Batania (Alberto Basterrechea, Lauros, Vizcaya, 1974), en Batania

Giuseppe Ungaretti / Hermanos










Hermanos
Mariano, 15 de julio de 1916


¿De qué regimiento son,
hermanos?

Palabra temblorosa
en la noche.

Hoja recién nacida.

En el aire desgarrado
involuntaria revuelta
del hombre presente en su
fragilidad.

Hermanos.


Giuseppe Ungaretti (Alejandría, 1888-Roma, 1970), "L'allegria", Vita d'un uomo. Tutte le poesie,
Mondadori, Milán, 1969
Versión de Jorge Aulicino


Fratelli
Mariano il 15 luglio 1916

Di che reggimento siete
fratelli?

Parola tremante
nella notte

Foglia appena nata

Nell'aria spasimante
involontaria rivolta
dell'uomo presente alla sua
fragilità


Fratelli

Ilustración: Velocità astratta, 1913, Giacomo Balla

viernes, octubre 28, 2011

Miguel Gaya / Algunas preguntas...




Algunas preguntas contemplando el último
retrato registrado de Raúl González Tuñón

Treinta días después de esa foto
                                        estaba
muerto.
pero, ¿cómo es que se mueren los poetas?

Los poetas jóvenes posaron con él
                                                 en
otra foto.
pero, ¿qué juventud tiene ese hombre ahí entre ellos?

Lo que miro en su retrato
                                 ya
está muerto.
pero, ¿qué hace que en esos ojos yo esté vivo?

Treinta días después de esa foto que ahora miro en la
portada                                           
            ya
está muerto
pero, ¿cuánto tiempo más que su vida los poetas están vivos?

Abro la puerta de su libro.
Abro esa puerta.                                      

[inédito]

Miguel Gaya (Buenos Aires, 1953)

Foto: Tuñón en su casa, un mes antes de su muerte en 1974. Archivo de la familia Tuñón. Revista Ñ de Buenos Aires


Sobre "Poesía reunida", de Tuñón


Nota del Editor
Este blog no alienta ni elude polémicas. En este caso, el pronóstico del Editor es que la siguiente reseña, que no ocupó un lugar destacado en el suplemento cultural del diario Perfil de Buenos Aires, pese a la dimensión de la obra comentada, puede convertirse, y no estaría mal, en detonante de un interesante debate.


Un tsunami de literatura

Popular, leído y querido a mitad del siglo pasado, Raúl González Tuñón fue el poeta de los grandes movimientos sociales, de las épocas picantes de la revolución. Murió en 1974 y automáticamente pasó a ser como un poeta de manual, casi un costumbrista; su fuerte raigambre social lo catapultó. En pocos años dejó de ser leído por la clase "del saber y el conocimiento". Por aquellos años de su muerte desembarcaban los grandes putos de nuestra literatura (hoy nuestros canónicos), que venían con sus alambiques, sus barroquismos, sus perfumitos y sus dramas psicoanalíticos. Nacía una literatura subdesarrollada y bien rioplatense, una estética de la incompletud y la haraganería, en gran modo. Osvaldo Lamborghini, su principal agitador, denostó a Tuñón y a toda la poesía social que le cantaba "al obrero en el andamio". Su prédica de "sacar al poeta del lugar del boludo" no pudo ser desarrollada: después de tanta exaltación snob de lo gay, el poeta se vio más boludo aun. Tuñón, por suerte, sobrevivió a estos monstruos, era el verdadero poeta maldito.
Seix Barral acaba de editar una buena selección de sus libros más representativos, Poesía reunida. La edición de 400 páginas contiene un precioso prólogo de Jorge Monteleone, que funciona como un excepcional ayudamemoria y nos entusiasma para leer al poeta.
Releí a Tuñón y me di cuenta de que es un poeta para gente madura. Rara vez se llega a interpretar en la juventud y toma espesor a medida que pasan los años. Su pensamiento político baña toda su poesía. En este nuevo libro están los excepcionales poemas de Todos bailan (que oportunamente fuera reeditado por el querido José Luis Mangieri, difusor número uno de la poesía de Tuñón), los poemas de Juancito Caminador y otros poemas antológicos de La rosa blindada, El otro lado de la estrella, La calle del agujero en la media. También está recopilado en esta edición, según el prologuista, el poema más conmovedor de la lengua castellana, "Lluvia", uno de sus poemas más famosos.
Dice Jorge Monteleone que Tuñón es un poeta de la imaginación terrestre; "en sus poemas, la materia terrestre se manifiesta en la organicidad de todas las cosas como su ardilla primordial". Y tiene razón, a todos los hombres de bien les aconsejaría correr a las librerías. Encontrarse con la poesía de Tuñón es uno de los grandes placeres de la vida.

Washington Cucurto

Raúl González Tuñón,
Poesía reunida,
Seix Barral, Buenos Aires, 2011

Suplemento Cultura del diario Perfil, Buenos Aires, 23 de octubre de 2011

Foto: Tuñón en la redacción del diario Crítica, años 20 del siglo pasado. Archivo Clarín

jueves, octubre 27, 2011

Marina Ivánovna Tsvetáyeva / Seré feliz si...




Seré feliz si...

Seré feliz si Usted no siente mi dolor,
Y que yo tampoco sienta nada,
Que nunca el pesado globo de la tierra
Se escurra bajo nuestros pies.
Me gusta que pueda ser ridícula, perversa
Y buscar palabras adecuadas
Y no ponerme roja con ola sofocante
Si apenas nuestras mangas se rozaran.

Me gusta que delante de mí Usted pueda abrazar
Tranquilamente a otra mujer,
No me condena a arder en el infierno
Por no besarlo a Usted.
Y que mi cariñoso nombre, mi Cariño
No recuerde ni en la noche ni en el día...
Que nunca sobre nosotros, en el silencio de la catedral,
Cantarán el Aleluya.

Gracias a Usted -con mi mano sobre el corazón-
Que no sabe lo mucho que me ama:
Por mis noches tranquilas,
Por los encuentros de las crepusculares horas,
Por nuestros no paseos bajo la luna,
Por el sol que no existe encima de nosotros,
Por el dolor que no siente, lamentablemente, usted por mí,
Por el dolor que no siento, lamentablemente, por Usted.

Marina Ivánovna Tsvetáyeva (Moscú, 1892-Yelábuga, 1941), traducción de Víctor Toledo, Periódico de Poesía, Anuario 2010-2011, México

Ilustración: La joven viuda, 1851, Pável Fedótov Museo Ruso

miércoles, octubre 26, 2011

María del Carmen Colombo / De "La familia china"





EN LAS NOCHES DE TORMENTA, la menor de las tres chicas escucha el dream dream del viento contra las puertas dormidas. Y ese rasguido suelta las cuerdas de lana de la afiebrada voz.
Por la rendija de los labios, dream dream, como diciendo sólo su respiración, con la dicción distraída de algún delirio, habla el sueño de la chica: Afuera el diablo chifla/ desde la copa de un árbol:/ cuelga unas babas de choclo/ como lluvia que desprende/ su risa deshilachada./ En el comedor del rancho,/ hierve el mate de la chica, se cocina/ entre sus manos:/ -Qué te pasa –le dice la abuela./ -Nada, estoy pensando un tema./ -Mentira, escuchás ese sonido que atormenta/ la concordancia universal.
En las noches de tormenta, el rasgado corazón desgrana su sin sentido. Dream dream: es sólo el rumor del viento contra las puertas dormidas, la copla del sentimiento que se esfuma en la vigilia.

COMO UN VIOLÍN en su musgoso caparazón, así he vivido adentro de mi bata de seda: cuerpo enfundado en el lujoso estuche de un disfraz. Envuelto en el paisaje del kimono, niño perdido en su propio refugio, obedecí el impulso del regreso, grabado en  el tapiz de la memoria. Pero ahora, por puro deseo de metamorfosis, me desprendo de la espumosa máscara de hierba, mariposa excesiva en su teatro de ausencia.
“Papá, papá”, sopla la voz en mis oídos, la voz lejana de mis hijas, cuando el vals del viento enamora mis alas. Vuelvo a la melodía de mi tierra, como una esencia me evaporo. Y asciendo.
En el cielo enrojecido se apaga la gran estrella natal. La luz fría de la luna me cubre con su lágrima.

María del Carmen Colombo (Buenos Aires, 1950), La familia china (primera edición, 1999) Hilos Editora, Buenos Aires, 2011

Ilustración: Tapa de la edición, sobre una obra de Dolores Etchecopar

martes, octubre 25, 2011

Joan Brossa / Dos poemas




Noche

Más allá del espacio que percibimos brilla una multitud innumerable
de mundos parecidos al nuestro.
Todos giran y se mueven.
Treinta y siete millones de tierras. Nueve millones quinientas mil lunas.
Pienso con espanto en distancias incalculables
y en millones de globos muertos
alrededor de soles ya apagados.
Medito sobre el orgullo.
¿Qué sucede más allá de los astros?
La tierra está regada.
Una mujer da un beso a una niña.
Hoy la cena ha sido estupenda.
Se oye tocar una manivela.
En la pared hay un espejo colgado.
Entrad, entrad, la puerta está abierta.
Fuera pasan un pastor y un trapero.


Derrota

El timón
da la dirección de la nave.
La montaña es la ruina de una
patria trastocada: los edificios
han quedado abajo y los cimientos
arriba.
En las ruinas
yace un pueblo
enterrado. Si escucháis
con atención llega
de dentro de la montaña
una voz profunda
y apagada que
pregunta, que
pregunta
siempre.


Joan Brossa (Barcelona, 1919-1998). "Noche" pertenece a Em va fer Joan Brossa, 1951; "Derrota",  a El saltamartí, 1969
Versiones de Jonio González


Nit


Enllà de l’espai que percebem brilla multitud innombrable
de mons semblants al nostre.
Tots giren i es mouen.
Trenta-set milions de terres. Nou milions cinc-centes mil llunes.
Penso amb espant en distàncies incalculables
i en milions de globus morts
al voltant de sols ja apagats.
Medito sobre l’orgull.
Què s’esdevé més enllà dels astres?
El terra està regat.
Una dona fa un petó a una nena.
Avui el sopar ha estat d’allò més bo.
Se sent tocar un manubri.
A la paret hi ha un mirall penjat.
Entreu, entreu, la porta és ben oberta.
A fora passen un pastor i un drapaire.




Derrota


El timó
dóna la direcció de la nau.
La muntanya és la ruïna d’una
pàtria capgirada: el edificis
van quedar a sota i el fonaments
enlaira.
A les ruïnes
jeu un poble
enterrat. Si escolteu
amb atenció arriba
de dintre la muntanya
una veu profunda
i apagada que
pregunta, que
pregunta
sempre.

Foto: Joan Brossa en Joan Brossa.Poeta

domingo, octubre 23, 2011

Maurice Riordan / Fantasmas




Fantasmas

Llamo mi casa a este lugar donde soy huésped,
donde la cama se alumbra con el Sagrado Corazón,
en la que aún hoy despierto bañado en sudor,
donde oí a un fantasma mas no pude verlo.
Aquí a mis hijos los despiertan las cornejas
que en la chimenea revolotean en la madrugada.
Me levanto sedado y debo imponer calma,
seguridad. Los visto rápido. A las quejas
siguen preguntas y respuestas. ¿Tú crees
en el infierno, papi? ¿Era José el padre de Jesús?
Y mi hijo: ¿Murió el abuelo abajo de esa cruz?
Si, justo ahí en la cama en que dormí; esta vez
voltea y yo también, como si un suspiro
surgiera de la ropa aún tibia en que he dormido.

de A Word from the Loki [1995]

Maurice Riordan (Lisgoold, Cork, 1953), La generación del cordero, antología de la poesía actual de las islas británicas, Carlos López Beltrán y Pedro Serrano, Trilce Ediciones, México, 2000

Ghosts


Y call it home: this house where I'am guest,
in which the Sacred Heart illuminates
the bed, where still I sometimes wake in sweat,
where once I heard (but didn't see) a ghost.
My children, woken by the daws that roost
and squabble in the chimneys, come at dawn.
So I'm up, half-drugged but obliged to warn
and reassure. And quickly get them dressed.
It's questions-and-answer hour, like do I
believe in Hell, was Joseph Jesus'dad?
And now, from my son: where did Grandpa die?
I tell him: right behind us, in my bed.
He looks -and I turn too, as though a sigh
must come from the warm clothes I've shed.

Ilustración: La casa gris, 1917, Marc Chagall

sábado, octubre 22, 2011

Gianfranco Ciabatti / De un descreído a un creyente




De un descreído a un creyente

Te digo yo como será
el más allá,
ni paraíso ni purgatorio,
sólo infierno,
e insoportable tu dolor
por todos los humillados que no has amado,
hasta el perro cegado,
no importa
si no lo fue por tu culpa.
Y ahora que lo sabés, sabés cómo vivir
aquí
todo el dolor de todos, en rebelión,
para que no sea sólo de allá
todo tu dolor.

Gianfranco Ciabatti (Ponsacco, 1936-Florencia, 1994), In corpore viri, 1998, "La poesia della contraddizione", nota y selección de Giovanni Commare, Arcipelago Itaca, 1°apparizione
Versión de Jorge Aulicino


Da un miscredente a un credente


Ti dico io come sarà
l’aldilà,
né paradiso né purgatorio
ma solo inferno,
e insopportabile il tuo dolore
per tutti gli umiliati che non hai amato,
fino al cane accecato
non importa
se non per colpa tua.
E ora che lo sai, sai come vivere
qui
tutto il dolore di tutti, con ribellione,
perché non sia di là solo
tutto il dolore tuo.

Ilustración: The Whirlwind of Lovers, ilustración para la Divina Comedia de Dante Alighieri, 1825-1827, William Blake

viernes, octubre 21, 2011

Cesare Pavese / Retrato de autor




Retrato de autor

(a Leone) *

La ventana que mira el empedrado se ahonda,
siempre vacía. El azul del verano sobre la cabeza
parece en cambio más firme y despunta ahí una nube.
Aquí no despunta nadie. Y estamos sentados en el suelo.

El colega -que huele mal-, sentado conmigo
sobre la vía pública, sin mover el cuerpo
se sacó los pantalones. Yo me saco la camiseta.
Sobre la piedra está frío, y el colega disfruta
más que yo, que lo miro, y no pasa nadie.
La ventana, de pronto, contiene una mujer
de color claro. Tal vez sintió el mal olor
y nos mira. El colega está ya de pie y observa.
Tiene una barba, el colega, desde la cara a las piernas,
que le excusa estar sin pantalones y brota entre los agujeros
de la camiseta. Es una barba que se basta sola.
El colega ha saltado por esa ventana
dentro de la oscuridad, y la mujer desapareció. Se me van los ojos
a la franja de cielo, bien sólido, desnudo también.

Yo no huelo mal porque no tengo barba. Me hiela, la piedra,
esta espalda mía desnuda, que les gusta a las mujeres
porque es lisa: ¿qué cosa no les gusta a las mujeres?
Pero no pasan mujeres. Pasa, en cambio, una perra
seguida de un perro que seguro se mojó con la lluvia,
porque huele muy mal. La nube sola, en el cielo,
mira inmóvil: parece un montón de hojas.
El colega ha encontrado la cena esta vez.
Tratan bien, las mujeres, a quien está desnudo. Aparece
finalmente en la esquina un muchachito que fuma.
Tiene las piernas de anguila también, la cabeza rizada,
piel dura: las mujeres querrán desvestirlo
un buen día y olfatear si tiene buen olor.
Cuando llega, extiendo un pie. Se va al suelo
y le pido un pucho. Fumamos en silencio.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969
Versión de J. Aulicino

* Leone Ginzburg (1909-1944), cofundador de la editorial Einaudi. Esposo de la escritora Natalia Ginzburg y padre del historiador Carlo Ginzburg. Murió tras ser torturado por la Gestapo en la prisión Regina Coeli, de Roma.

Ritratto d'autore


(a Leone)



La finestra che guarda il selciato sprofonda
sempre vuota. L'azzurro d'estate, sul capo,
pare invece più fermo e vi spunta una nuvola.
Qui non spunta nessuno. E noi siamo seduti per terra.


Il collega - che puzza - seduto con me
sulla pubblica strada, senza muovere il corpo
s'è levato i calzoni. Io mi levo la maglia.
Sulla pietra fa un gelo e il collega lo gode
più di me che lo guardo, ma non passa nessuno.
La finestra di botto contiene una donna
color chiaro. Magari ha sentito quel puzzo
e ci guarda. Il collega è già in piedi che fissa.
Ha una barba, il collega, dalle gambe alla faccia,
che gli scusa i calzoni e germoglia tra i buchi
della maglia. E' una barba che basta da sola.
Il collega è saltato per quella finestra,
dentro il buio, e la donna è scomparsa. Mi scappano gli occhi
alla striscia del cielo bel solido, nudo anche lui.


Io non puzzo perchè non ho barba. Mi gela, la pietra,
questa mia schiena nuda che piace alle donne
perchè  è liscia: che cosa non piace alle donne?
Ma non passano donne. Passa invece la cagna
inseguita da un cane che ha preso la pioggia
tanto puzza. La nuvola liscia, nel cielo,
guarda immobile: pare un ammasso di foglie.
Il collega ha trovato la cena stavolta.
Trattan bene, le donne, chi è nudo. Compare
finalmente alla svolta un gorbetta che fuma.
Ha le gambe d'anguilla anche lui, testa riccia,
pelle dura: le donne vorranno spogliarlo
un bel giorno e annusare se puzza di buono.
Quando è qui, stendo un piede. Va subito in terra
e gli chiedo una cicca. Fumiamo in silenzio.


Ilustración: Beso, 1892, Henri de Toulouse-Lautrec

jueves, octubre 20, 2011

Alberto Condemarín / Acuérdate, Hermelinda


Hermelinda
[Vals peruano]

Escucha, amada mía,
la voz de los cantares
que brotan de mi lira
cual desolado son.
Malévola tu ausencia,
temiendo mil azares,
enferma tengo el alma
y herido el corazón.

Ya para mí las aves
no cantan sus amores
ni vierte su perfume
la aurora matinal.
Ni el tímido arroyuelo
que bulle entre las flores
tu rostro peregrino
refleja en su cristal.

Qué triste, amada mía,
los días amanecen,
qué lentas son las horas
que estoy lejos de ti.
Para calmar la duda
que tormentosa crece,
acuérdate, Hermelinda,
acuérdate de mí.

Seré tu fiel amante
que solitario llore
al recordar las horas
de dicha y de placer,
bañada con mis lágrimas
tu frente encantadora,
tus ojos dos luceros
fijados hacia mí.

Alberto Condemarín (Lima, 1898-1975), 1921



 

Mario Sampaolesi / Leonardo experimenta con ranas




Leonardo experimenta con ranas

El niño corta con un estilete el cuerpo del batracio
clavado sobre la tabla de madera.
La puntual incisión divide en dos la mañana: de un lado,
los estremecimientos de esos órganos todavía
latiendo; del otro, la puerta entornada que muestra
una porción radiante del jardín.
En el frasco de vidrio de color morado -el mismo
donde algún día verterá sus lágrimas y las de la Gioconda-
la madre dispuso algunas flores blancas.
El objeto permanece sobre un estante,
perpendicular a la improvisada mesa de disección,
al lado de la ventana.
La cruda luz no le impide a Leonardo leer en el reflejo
veloz de las vísceras una anticipación de su futuro.
Visiones acuáticas, recuerdos de la rana, pasan por el cuarto.
En el origen de toda sensación está la forma.

Mario Sampaolesi (Buenos Aires, 1955), Monet: breve condición del paisaje, Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2011

Foto: Sampaolesi mariosampaolesi.com

miércoles, octubre 19, 2011

Andrea Zanzotto / Al mundo





Al mundo

Mundo, sé, y bueno:
existe buenamente,
haz que, busca en, tiende a, dime todo,
que yo volcaba eludía
y toda inclusión era laboriosa,
no menos que toda exclusión;
vamos, valiente, existe,
no te enrolles en ti mismo en mí mismo.

Yo pensaba que el mundo así concebido,
con ese super-caer super-morir
el mundo así facturado
era sólo un yo mal esbozado
yo indigesto mal fantaseador
mal fantaseado mal pagado
y no tú, guapo, no tú "santo" y "santificado"
un poco más allá, de costado, de costado.

Prueba (ex-de-a etc.)-sistir
y toda otra preposición notada o ignota,
date alguna chance,
"buenamente, un poco":
el dispositivo tenga juego.

Vamos, guapo, vamos.

                   Vamos, münchhausen.

Andrea Zanzotto (Pieve di Soligo, Treviso, 1921-Conegliano, Treviso, 2011), de La beltà, 1968
Versión de J. Aulicino

Al mondo


MONDO, SII, e buono;
esisti buonamente,  
fa’ che, cerca di, tendi a, dimmi tutto,  
ed ecco che io ribaltavo eludevo 
e ogni inclusione era fattiva 
non meno che ogni esclusione; 
su bravo, esisti, 
non accartocciarti in te stesso in me stesso. 


Io pensavo che il mondo così concepito 
con questo super-cadere super-morire 
il mondo così fatturato  
fosse soltanto un io male sbozzolato 
fossi io indigesto male fantasticante 
male fantasticato mal pagato 
e non tu, bello, non tu «santo» e «santificato» 
un po’ più in là, da lato, da lato. 


Fa’ di (ex-de-ob etc.)-sistere 
e oltre tutte le preposizioni note e ignote, 
abbi qualche chance,  
’buonamente un po’: 
il congegno abbia gioco. 


Su, bello, su.


               Su, münchhausen.


Foto: Zanzotto, L'Unità


martes, octubre 18, 2011

Pier Paolo Pasolini / De "Transhumanar y organizar", 6





Resumen para un "digest" del "Poema político"

La Verdad indecible es Nefas,
Fas la verdad decible: esto dicen los Autores.
En el mundo rigen solo las Verdades indecibles, *
naturalmente escritas con V mayúscula;
no pudiéndose decir la Verdad, se hace cháchara,
cómo está, buen tiempo, un poquito fresco,
ya sé que estas aguas artificiales están un poco sucias.
La verdad con v minúscula, el Fas,
contempla las opuestas dos Verdades con V mayúscula
y sus representantes, que por lo tanto hablan de otra cosa:
Nixon y un grupo de Estudiantes.
Es el alba en los alrededores de la Casa Blanca;
Nixon ha descendido como un papa entre sus enemigos,
¿pero para qué? Ni él ni sus enemigos
han sido capaces de decir una sola palabra:
han hablado de más y de menos.
Pero entendámonos: la verdad con v minúscula,
que los condena y les tiene piedad.


* ¡Mundo nefasto!


Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922-Ostia, 1975) "Trasumanar e organizzar", 1971, Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2003
Versión: Jorge Aulicino

Riassunto per un "digest" del "Poema político"


La Verità non dicibile è Nefas,
Fas la verità dicibile: questo dicono gli Autori.
Nel mondo vigono solo le Verità non dicibili, (1)
naturalmente scritte con V maiuscola;
non potendosi parlare la Verità, si fanno chiacchiere,
come va, bel tempo, un po' di freschetto,
lo so che queste acque artificiali sono un po' sporche.
La verità con la v minuscola, il Fas,
contempla le due opposte Verità con la V maiuscola
e il loro rappresentanti che dunque parlano d'altro:
Nixon e un gruppo di Studenti.
È l'alba, nei dintorni della Casa Bianca;
Nixon è sceso come un papa tra i suoi nemici:
ma a far che? Né lui né quei suoi nemici
sono stati capace di dire una sola parola:
hanno parlato del più e del meno.
Ma intendiamoci: la verità con la v minuscola
che li condanna e ne ha pietà.


(1) Mondo nefasto! 

Ilustración: Naturaleza muerta con calavera, puerros y jarra ante una ventana, 1945, Pablo Picasso

lunes, octubre 17, 2011

Francisco Bitar / De las fuerzas supremas a las fuerzas elementales





De las fuerzas supremas a las fuerzas elementales

Día ventoso, nubes dóciles
perdiéndose hacia el oeste
por la zona de los hospitales
donde a último momento se las confunde
con la cama vacía de alguien
que se recuperó de una enfermedad
o de otro que usó la suya
hasta las últimas consecuencias.
Es un aire donde una chica
podría apoyar su vestido y hacerlo flotar,
sopla para nosotros, oh dios de las bombachas.
En la puerta de las lavanderías
se siente al pasar
el vapor tibio de las planchas
al contacto con la tela
y el efluvio te arrastra a pensar
en los méritos necesarios
para ganarse la ropa limpia,
una mujer, una cuerda donde secarla,
sobre todo un caudal suficiente
para mezclarlo con jabón.
Como ocurre con el cuerpo
el 70% es agua,
con el 30 real
he arruinado mi vida.

Francisco Bitar (Santa Fe, 1981), Ropa vieja: la muerte de una estrella, Ediciones Stanton, Buenos Aires, 2011

Ilustración: Evening Wind, 1921, Edward Hopper

domingo, octubre 16, 2011

Leonor García Hernando / Dos poemas


   


el devoto paso de los animales a las
aguas.
En plástica humillación, ese recorrido elude todo infierno.
Ellos están mansos en su olfato. Conocen su deseo como
nosotros las marcas de la frente
                       una tensión de bestias en el polvo
y las lenguas pesadas, entregadas al paisaje que aguarda.
La huérfana soy yo     sin mandato que
termine con la sed
soy la que está en el fuego de la estampida.

    quizás   en mi monedero sostenga,
remota, un arma pequeña, de dama, adornada con
incrustaciones de nácar
                un instrumento cursi para matar.




     y después ese tiempo de convalecencia
el pabellón con una suave fila de camas de hierro frente a
largos ventanales

     ir hasta los vidrios con un rengueante
camisón de franela cubriendo el deterioro.

el campo es una helada curva hacia la ruta, el plateado
sonido de los álamos, portones movibles que separan
camiones tapados con lona, cortezas empalidecidas por la
cal, las líneas de alambre manchadas de ligustro
paisaje blanco    espuma de la peste
el cartel de chapa se agita en la intemperie, como la
bandera de una patria se desparrama para cubrir el
cuerpo de los tullidos
                 un amargo olor quemado desprende la
estufa con velas de loza entristecidas por el humo
                 las sábanas se desparraman en los mosaicos
sin orden. El ventanal dilata un páramo de arcilla
empapada. Dibujos de agua adornan la tierra fría
ventanal de La Matanza

                 tengo mi zapato en la mano
de cordones apretando el cuero, de alta suela negra:
un zapato de invierno.


Leonor García Hernando (San Miguel de Tucumán, 1955-Buenos Aires, 2001), Tangos del orfelinato. Tangos del asesinato, Colección Mascaró, Buenos Aires, 1999

Foto: García Hernando s/d


sábado, octubre 15, 2011

Enrique Molina / Alta marea




Alta marea

Cuando un hombre y una mujer que se han amado se separan
se yergue como una cobra de oro el canto ardiente del orgullo
la errónea maravilla de sus noches de amor
las constelaciones pasionales
los arrebatos de su indómito viaje sus risas a través de las piedras
sus plegarias y cóleras
sus dramas de secretas injurias enterradas
sus maquinaciones perversas las cacerías y disputas
el oscuro relámpago humano que aprisionó un instante el furor de sus cuerpos con el lazo fulmíneo de
 /las antípodas
los lechos a la deriva en el oleaje de gasa de los sueños
la mirada de pulpo de la memoria
los estremecimientos de una vieja leyenda cubierta de pronto con la palidez de la tristeza y todos los
 /gestos del abandono
dos o tres libros y una camisa en una maleta
llueve y el tren desliza un espejo frenético por los rieles de la tormenta
el hotel da al mar
tanto sitio ilusorio tanto lugar de no llegar nunca
tanto trajín de gentes circulando con objetos inútiles o
enfundadas en ropas polvorientas
pasan cementerios de pájaros
cabezas actitudes montañas alcoholes y contrabandos informes
cada noche cuando te desvestías
la sombra de tu cuerpo desnudo crecía sobre los muros hasta el techo
los enormes roperos crujían en las habitaciones inundadas
puertas desconocidas rostros vírgenes
los desastres imprecisos los deslumbramientos de la aventura
siempre a punto de partir
siempre esperando el desenlace
la cabeza sobre el tajo
el corazón hechizado por la amenaza tantálica del mundo.

Y ese reguero de sangre
un continente sumergido en cuya boca aún hierve la espuma de los días indefensos bajo el soplo del sol
el nudo de los cuerpos constelados por un fulgor de lentejuelas insaciables
esos labios besados en otro país en otra raza en otro planeta en otro cielo en otro infierno
regresaba en un barco
una ciudad se aproximaba a la borda con su peso de sal como un enorme galápago
todavía las alucinaciones del puente y el sufrimiento del trabajo marítimo con el desplomado trono de
 /las olas y el árbol de la hélice que pasaba justamente bajo mi cucheta
éste es el mundo desmedido el mundo sin reemplazo el mundo desesperado como una fiesta en su
 /huracán de estrellas
pero no hay piedad para mí
ni el sol ni el mar ni la loca pocilga de los puertos
ni la sabiduría de la noche a la que oigo cantar por la boca de las aguas y de los campos con las
 /violencias de este planeta que nos pertenece y se nos escapa
entonces tú estabas al final
esperando en el muelle mientras el viento me devolvía a tus brazos como un pájaro
en la proa lanzaron el cordel con la bola de plomo en la punta y el cabo de Manila fue recogido
todo termina
los viajes y el amor
nada termina
ni viajes ni amor ni olvido ni avidez
todo despierta nuevamente con la tensión mortal de la bestia que acecha en el sol de su instinto
todo vuelve a su crimen como un alma encadenada a su dicha y a sus muertos
todo fulgura como un guijarro de Dios sobre la playa
unos labios lavados por el diluvio y queda atrás
el halo de la lámpara el dormitorio arrasado por la vehemencia del verano y el remolino de las hojas
 /sobre las sábanas vacías
y una vez más una zarpa de fuego se apoya en el corazón de su presa
en este Nuevo Mundo confuso abierto en todas direcciones
donde la furia y la pasión se mezclan al polen del Paraíso
y otra vez la tierra despliega sus alas y arde de sed intacta y sin raíces
cuando un hombre y una mujer que se han amado se separan

Enrique Molina (Buenos Aires, 1910-1997), "Amantes antípodas", 1961, Obra poética. Obras completas Tomo II, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1987

Ilustración: O Sono, 1928, Tarsila do Amaral

viernes, octubre 14, 2011

Franco Fortini / Ese no es grito de victoria






Ese no es grito de victoria

Ese no es grito de victoria ni grito de vencidos.

El clamor que oigo es de gente borracha.

Quien sea, eternamente me acompañe.

Cada uno mate al hermano cada uno al amigo cada uno al vecino.


Franco Fortini (Florencia, 1917–Milán, 1994), "Questo muro", Versi scelti, 1939-1989, Einaudi Editore, Turín, 1990
Versión de J. Aulicino


Questo non è grido di vittoria


Questo non è grido di vittoria né grido di vinti.


Il clamore che odo è di gente ubriaca.


Chiunque è per l'eterno venga con me.


Ciascuno uccida il fratello ciascuno l'amico ciascuno il vicino.




Ilustración: Escena del descenso de Ulises al Hades, fresco en el Esquilino, c.50 a.C. (Biblioteca Apostólica Vaticana)


Luis Luchi / Poema





Paseo por la capital de la esperanza

Por supuesto será primavera
y de mañana,
los rayos del sol jóvenes.
Me pondré la ropa clara,
presentiré el tibio ambiente.
La naturaleza verde,
la luz clara,
yo estaré limpio.
Atiéndanme como visita
para que lleve recuerdos.
Los pájaros gorjearán,
los nombres emitirán reflejos.
Loas al amor en coro
me trasladarán
de un mensaje
al otro.
Rimaré mi pasado con la risa,
haré nuevas amistades,
entraré en los edificios en construcción
y precisaré un traductor excelente
que lúcido me guíe
en el idioma de los planes para el futuro.

Luis Luchi (Buenos Aires, 1921-Barcelona, 2000), Vida de poeta, A. Burnichón Editor, Buenos Aires, 1966

Foto: Luchi Sitio oficial

jueves, octubre 13, 2011

Yorgos Seferis / El rey de Asiné




El rey de Asiné

"Y Asiné..."
Ilíada, II, 560


Todas las mañas bordeamos la acrópolis
primero del lado de la sombra, donde el mar
verde y sin destellos, como un pavor real muerto,
nos acogió bajo un tiempo sin fallas.
Las venas de la roca bajaban de lo alto,
desnudas cepas retorcidas, animadas por
el roce del agua, y el ojo mientras las seguía
luchaba por escapar del vaivén fastidioso
perdiendo fuerza a cada instante.

Del lado del sol una playa abierta, enorme,
y la luz pulía diamantes en las altas murallas.
Ninguna criatura viva, ni siquiera las torcazas,
ni el rey de Asiné, a quien buscamos desde hace dos años,
desconocido, olvidado de todos, también por Homero,
tan solo una palabra -y aún incierta- en la Ilíada,
arrojada allí como una máscara de oro funeraria.

La tocaste, ¿recuerdas su sonido? Hueco en la luz
como tinaja vacía en la tierra excavada;
y el mismo ruido del mar en nuestros remos.
El rey de Asiné un vacío bajo la máscara,
y en todas partes con nosotros,
junto a nosotros siempre bajo un nombre:
"Y Asiné... y Asiné..."
Y sus hijos, estatuas,
y sus anhelos, aletetos de pájaros, y el viento
en el espacio de sus cavilaciones, y sus naves
fondeadas en un puerto invisible;
bajo la máscara, un vacío.

Tras los ojos enormes, los labios curvados, los bucles
en relieve sobre la tapa de oro de nuestra existencia,
un punto oscuro viaja como un pez
en la paz de alta mar y de la aurora, y lo ves:
un vacío que ya no nos abandona más.
Y el pájaro que voló con el ala quebrada,
el invierno pasado, albergue de la vida,
y la joven mujer que partió a jugar
en los colmillos del verano,
y el alma que llorando buscó el averno
y el país como la gran hoja de plátano
que arrastra el torrente del sol
con las ruinas de antaño y la tristeza de hoy.

Y el poeta se retrasa mirando las piedras y preguntándose:
¿acaso existe
entre estas líneas depedazadas, estas crestas, estos picos,
                    estas puntas convexas, cóncavas?;
¿acaso existe
allá donde se cruzan las rutas de la lluvia, del viento y la erosión?,
¿existe el movimiento del rostro, la silueta de la ternura
de aquellos que extrañamente se fueron borrando de nuestras vidas,
de aquellos que se quedaron, como sombras de olas
y pensamientos en la infinitud del mar?
O quizá no, no queda nada sino tan sólo el peso,
la nostalgia del peso de una existencia viva,
allí donde permanecemos ahora, sin sustancia e inclinándonos
como las ramas del sauce siniestro
apretadas en la larga desesperación
mientras que la corriente amarilla arrastra
lentamente los juncos arrancados del barro,
imagen de un rostro pétreo
con la certeza de una amargura eterna.
El poeta, un vacío.

El sol ascendía, combatía con su escudo
y desde el fondo de la gruta un murciélago asustado
golpeó contra la luz como la flecha en un escudo:
"y Asiné... y Asiné...". ¿No era él, entonces, el rey de Asiné
que con tanto esmero buscamos en esta acrópolis
rozando a veces con nuestros dedos las piedras que él mismo pudo tocar?


        Asiné, verano de 1938-Atenas, enero de 1940


Yorgo Seferis (Urla, Esmirna, 1900-Atenas, 1971), versión de Arturo Carrera, sobre la traducción al francés de Jacques Lacarrière, en El nombre del rey Asiné, de Yves Bonnefoy, editorial Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2010


Ilustración: Figura rinoceróntica del Ilisos de Fidias, 1954, Salvador Dalí

miércoles, octubre 12, 2011

Walter Cassara / Dos poemas






De poesía bucólica

   Hermes tocaba la alegre zampoña
hecha con caparazón de tortuga.
   Artemis soplaba en una caña.
Apolo confeccionó la lira de siete cuerdas.
   Orfeo con la suya embriagó a los dioses.
   Y Dafnis...
   Dafnis tenía el sentimiento melancólico.



Vi el cielo Garcilaso

Vi el cielo Garcilaso
        en una tersa pradera
                  aguas puras
un campamento de jóvenes desnudos
almas como pequeños putti
      subidos a los árboles
ninfas vestales en la fuente
       y la monja Mectilde salmodiando
SACRUM SACRUM
ILUMINATIO COITU
     Vi la tierra Garcilaso
yermo mental cubierto de asfódelos.


Walter Cassara (Buenos Aires, 1971), "Juegos apolíneos", 1998, Nostalgia y otros poemas (antología personal), editorial Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2011

Ilustración: El solaz de los putti, siglo XIX, Franz Lefler

martes, octubre 11, 2011

Esteban Moore / Dos poemas








"catch the roar of eternity" 25

en la indescriptible chatura de estas tierras -una ruta de
brillante asfalto / recta ---- hasta la desesperación / será el
terreno ideal -para los grandes camiones -que al ritmo
de sus motores constantes / rolan sus neumáticos ---- / que
en interminable giro se consumen -al compás triturador
de una trepidación -que se desplaza -precisa -lejana


"the air blows desolate" 28

el aire destemplado del amanecer --- mece con
suavidad las ramas de un tala guacho --- vibra
quizás en sus largas espinas / --- orea el rocío
de la mañana

este aire --- que se repite en las madrugadas --- y
nos tiene acostumbrados --- es el mismo --- que
así dicen algunos --- agitó durante la Blitzkrieg
de Londres --- el espeso humo de los incendios
es el que remueve --- los papeles que los turistas
arrojan / --- en los carcomidos restos del Partenón
es el aire ---quien lo duda--- que consumirá / -sí,
las ruinas de todo imperio


ese aire hoy, sopla
abatido -------- / no logra establecer su música
en la desolada geografía de la ruta 40


Esteban Moore (Buenos Aires, 1952), "Partes mínimas", Veinte años no son nada, Alción Editora, Córdoba, Argentina, 2010

Foto: Moore en Poetas Argentinos

lunes, octubre 10, 2011

María Mascheroni / De "El cansancio de los hijos"






padre mío...


padre mío
has quedado en tumba ajena alada y animal
así estremecidos ceremonias y usos
con la generosidad de otra especie la calma parece acercarse

empecinado fuiste y tus hijos

el cuerpo de un pájaro concentra todos tus cantos
y las patas quebradas
a esta tumba -no es altar- vuelvo a llevar mis flores tardías

conozco el lugar     con mis manos fue cavado
con las manos de todos nosotros fue cavado
es que cavamos
para tener donde hincarnos    persignar
para bajar las cabezas y quedarnos sin padre

en este suelo -por dos siglos herido- cada tumba se levanta
borde piadoso y bullente de la tierra alzada


María Mascheroni (Buenos Aires, 1958), El cansancio de los hijos, Hilos Editora, Buenos Aires, 2011

Foto: María Mascheroni Facebook

domingo, octubre 09, 2011

Franco Fortini / Dos poemas








"Weltgeschichtlich"

Grande como la claraboya de la catedral
era la boca de la jovencita
que dos malditos ataban a un palo
sobre la pantalla del drive-in. Jesús
hablaba con el acento del pontífice
-high fidelity- en el microsurco.
Tres escritores franceses preguntaban
por el camino de Auschwitz
a un comunista ucraniano muerto a golpes
de leninismo en las costillas. Era
dificilísimo vivir. Nosotros,
por fortuna, teníamos una cabaña
en Cavi di Lavagna; y los decenios
pasan rápido.

1957

[De Poesia e errore]


La hiedra

Hace muchos años, cuando no éramos
todavía marido y mujer, una tarde
de marzo o abril, por las orillas de un lago,
un poco bromeando, un poco en serio, recogimos
al pie de un abeto un breve ramo de hiedra,
símbolo de la fidelidad de sentimiento,
en recuerdo de aquel paseo tranquilo,
último de una época de nuestra vida.

No puedo mirarla sin turbarme.
La luz ha decolorado poco a poco
las hojas que eran verdes y negras.
Mutaciones imperceptibles, síntesis
muy lentas, alteraciones invisibles,
como si hubieran pasado no veinte años
sino muchos siglos. Ahora aquel ramo parece
muchas cosas que es inútil mencionar aquí.

Sin embargo, palideciendo de este modo, ha vivido.
Si una vez fue digno de sonrisa,
ahora es más parecido a una figura de amor.

[De Una volta per sempre]

Franco Fortini (Florencia, 1917–Milán, 1994), Versi scelti, 1939-1989, Einaudi Editore, Turín, 1990
Versiones de J. Aulicino

"Weltgeschichtlich"


Come la lanterna del duomo
era grande la bocca della giovinetta
che due cattivi legavano a un palo
sullo schermo del drive-in. Gesù
parlava con l'acento del pontefice
-high fidelity- nel microsolco.
Tre scrittori francese domandavano
la via di Auschwitz
a un comunista ucranio morto a colpi
di leninismo nelle costole. Era
difficilissimo, vivere. Noi,
per fortuna, avevamo una villetta
a Cavi di Lavagna; ed i deccenni
passano in fretta.


1957




L'edera


Molti anni fa quando non eravamo
ancora marito e moglie, in un pomeriggio
di marzo o aprile, lungo le rive de un lago,
un poco scherzando, un poco sul serio, colsi
al piede di un abete un breve ramo di edera,
simbolo di fideltà dei sentimenti,
per ricordo de quella passeggiata tranquila
ultima di una età della nostra vita.


Senza turbamento non so guardarla.
La luce ha scolorito a poco a poco
le foglie che erano verdi e nere.
Mutamenti impercettibili, sintesi
molto lente, alterazioni invisibili
come se non vent'anni ma molti secoli
fossero passati. Ora quel ramo somiglia
tante cose che inutile è qui nominare.


Pure, solo così impallidendo, ha vissuto.
Se una volta era degno di sorriso
ora è più somigliante figura d'amore.

Ilustración: Monte bajo con hiedra, 1889, Vincent Van Gogh

sábado, octubre 08, 2011

Dinapiera Di Donato / El techo de cristal





El techo de cristal

Que hable de la hipótesis
preguntan sin retórica
—estoy en problemas
antes, mucho antes de cruzar
no era que no hubieran cabezas
con la misma gorra
haciendo equipo
abriéndose paso
era que si escribías: estoy en problemas
cuando los amigos te hacen en Venecia
los pagos al día
los secuestrados devueltos
escribías y Claudio Bertoni tan lejano
te apuntaba con su linterna
de todo lo dicho
—es un poeta chileno coleccionista
del tiempo ido

—es él de nuevo
supe
cuando dejando atrás el puente
de los suspiros de Brooklyn
de miña terra miña terra
con nombre de indio
el hombre de la gorra
ciclista con barbas
Claudio Bertoni de nuevo dándome
alcance
—estoy en problemas
supe que realmente lo estaba
el zumbido de las balas puro
viento
un equipo de hombres con piernas
completas torneadas
griegas
ya cedo el paso
es cuando la imagen baja a toda prisa
la ventanilla
y grita Bertoni seguramente
y ahora te ha nacido un sobrino
en el sur
también a ti
llamado Luciano
y veo rodar las bolitas de cristal
del sobrino de Bertoni
tan descuidado
una metra que se desliza bajo mi pie
y me lleva de bruces
—estoy en problemas
cruzando el aire
disparada
dorada
buscando el bolsillo de
mi propio sobrino
el piso de su casa
en Caracas
tan lejos
en lugar de escribir
al menos
una tesis doctoral
en la edad de lucir
la carne disimulada
con anticas
murrinas

Dinapiera Di Donato (Upata, Bolívar, Venezuela, 1958)

Foto y textos de Dinapiera Di Donato en Las Malas Juntas

viernes, octubre 07, 2011

Juan Antonio Vasco / De "Parranda y funeral"




Esta agua corta el jabón

Esa es mi madre
el agua de pantano
corta el jabón
Aquí hacemos sopa
Viene algún hongo
Y se mueren los pájaros
No hay país
Tenemos alambradas
La madre friega
Se cortó un dedo
Sería botón roto hojas de afeitar
No pudimos
mejorar la ciénaga
Se le dio la orden al mérito
Nuestro país el charco nosotros borbollones
de la gloriosa libre
nunca atada al carro de ningún lechero triunfal
Patria nuestra
marisma con pescado muerto.


Había un ángel

Un ángel salió del pantano
cubierto de légamo
verdín
fango de las esferas
Celestial reclamo su ablución
se le dijo
Eres el ángel del bañado
vete a otro país
A uno que no sea país
o al cielo
si puedes.


Juan Antonio Vasco (Buenos Aires, 1924-1984), Parranda y funeral, edición póstuma a cargo de Juan Calzadilla, Fondo Editorial Tropykos, Caracas, 1992
Jornal de Poesía, Banda Hispánica

Ilustración: Granja en paisaje acuático, 1906, Piet Mondrian

jueves, octubre 06, 2011

Wallace Stevens / De "Notes Towards a Supreme Fiction", 5




Debe cambiar

I
El viejo serafín, en un plato dorado entre violetas,
inhalaba el olor asignado, mientras las palomas
se levantaban como fantasmas de cronologías.
Las chicas italianas llevaban junquillos en el pelo
y esto vio el serafín, y lo había visto mucho tiempo antes,
en las vinchas de las madres, lo volvería a ver.
Las abejas se acercaban con estruendo como si nunca se hubieran ido,
como si los jacintos jamás se hubieran ido. Hablamos
de estos cambios y de aquellos. Así las constantes
violetas, palomas, chicas, abejas y jacintos
son objetos inconstantes de causa inconstante
en un universo inconstante. Esto significa que
el azul noche es una cosa inconstante. El serafín
es sátiro en Saturno, según piensa.
Quiere decir que el disgusto que sentimos por esta escena marchita
es que no ha cambiado lo suficiente. Permanece,
es una repetición. Las abejas se acercan con estruendo
como si— las palomas aletean en el aire.
Un perfume erótico, mitad del cuerpo, mitad
de un ácido evidente que seguro es lo que desean
y la floración es contundente, no se quiebra en sutilezas.

II
El Presidente ordena a la abeja que sea
inmortal. El Presidente ordena. Pero ¿acaso
el cuerpo levanta su pesada ala, sube
otra vez, un ser infatigable, se eleva sobre
el arrogante antagonista
para repetir monótonamente las inmaduras frases de su juventud?
¿Por qué habría la abeja de recuperar una mistificación perdida,
encontrar un eco profundo en una campanilla y zumbar
el insondable trofeo, nuevo áspid después del viejo?
El Presidente tiene manzanas sobre la mesa
y sirvientes descalzos a su alrededor, que acomodan
las cortinas en una t metafísica
y las banderas de la nación ondulan, estallando
en los mástiles con un fulgor rojiazul, golpeando
los cabos. ¿Por qué, entonces, cuando la primavera diluye
los restos del invierno en furia dorada,  por qué habría
de ser una cuestión de retorno o
de muerte en la memoria de un sueño? ¿Acaso la primavera es sueño?
Este calor es, al fin, la realización de su amor para los amantes
este principio, no la reanudación, este
estruendo de la abeja recién llegada.

III
La gran estatua del general Du Puy
descansaba inmóvil, aunque los catafalcos vecinos
aburría como ostras a los habitantes de tan noble lugar.
La mano derecha del caballo levantada
sugería que en el entierro
la música se detuvo y el caballo se quedó quieto.
Los domingos, los abogados, en sus paseos,
se acercaron a está efigie sólidamente realzada
para estudiar el pasado, y los médicos, habiéndose bañado
con esmero, buscaron en la figura inerme
una suspensión, una permanencia, tan rígida
que hacía que el General pareciera algo absurdo,
trocada su carne en bronce inhumano.
Nunca había existido, nunca pudo existir, un hombre
así. Los abogados descreyeron, los médicos
dijeron que como ornamento ilustre, de primera,
como escenario para los geranios, el General,
la misma plaza Du Puy, de hecho, pertenecían
a nuestros más rudimentarios estados mentales.
Nada había ocurrido porque nada había cambiado.
Entonces, al final, el General era basura.

IV
Dos cosas de naturaleza contraria parecen depender
una de la otra, así como el hombre depende
de una mujer, día y noche, lo imaginado
de lo real. Este es el principio del cambio.
Invierno y primavera, fríos copuladores, se abrazan
y así llegan los pormenores del éxtasis.
La música cae en el silencio como un sentido,
una pasión que sentimos y no comprendemos.
Mañana y tarde se entrelazan
y el norte y el sur son una pareja intrínseca
y el sol y la lluvia la pluralidad, como dos amantes
que se alejan como uno en el conjunto verde.
En la soledad las trompetas de la soledad
no pertenecen a otra resonante soledad;
una pequeña cuerda habla para una multitud de voces.
El participante participa de aquello que lo transforma.
El niño que toca asimila el carácter de la cosa,
del cuerpo, que toca. El capitán y sus hombres
son uno y el marinero y el mar son uno.
Sigamos, oh mi compañero, mi amigo, yo mismo,
hermana y consuelo, hermano y gozo.

V
En una isla azul en aguas anchas como el cielo
los naranjos silvestres siguieron floreciendo y soportando,
mucho tiempo después de la muerte del colono. Sobrevivieron unas pocas limas,
donde la casa se derrumbó, tres árboles enclenques
cargados con verde enmarañado. Estos eran los turquesas del colono
y sus manchas naranjas. Estas eran sus zonas verdes,
un verde cocido más verde bajo el más verde sol.
Estas eran sus playas, sus cálamos en
la arena blanca, su correteo en las largas salpicaduras del mar.
Había una isla más allá donde él descansaba,
una isla al sur, en la que se apoyaba como
una montaña, una piña incisiva como el verano cubano.
Y allí, allí, las bananas frescas crecieron,
colgando pesadas del gran plátano,
que perfora las nubes y dobla el mundo a la mitad.
A menudo pensaba en la tierra de la que provenía,
cómo el mundo entero era un melón, rosado
si se lo mira con cuidado y aun posiblemente rojo.
Un hombre simple bajo una luz negativa
no podría haber soportado su trabajo ni morir
suspirando porque debió haber dejado el tañido del banjo.

Wallace Stevens (Reading, Pennsylvania, 1879 - Hartford, Connecticut, 1955), Notes Towards a Supreme Fiction, 1942
Versión de Silvia Camerotto


It Must Change


I /The old seraph, parcel-gilded, among violets /Inhaled the appointed odor, while the doves /Rose up like phantoms from chronologies. /The Italian girls wore jonquils in their hair /And these the seraph saw, had seen long since, /In the bandeaux of the mothers, would see again. /The bees came booming as if they had never gone, /As if hyacinths had never gone. We say /This changes and that changes. Thus the constant /Violets, doves, girls, bees and hyacinths /Are inconstant objects of inconstant cause /In a universe of inconstancy. This means /Night-blue is an inconstant thing. The seraph /Is satyr in Saturn, according to his thoughts. /It means the distaste we feel for this withered scene /Is that it has not changed enough. It remains, /It is a repetition. The bees come booming /As if–The pigeons clatter in the air. /An erotic perfume, half of the body, half /Of an obvious acid is sure what it intends /And the blooming is blunt, not broken in subtleties. //II /The President ordains the bee to be /Immortal. The President ordains. But does /The body lift its heavy wing, take up /Again, an inexhaustible being, rise /Over the loftiest antagonist /To drone the green phrases of its juvenal? /Why should the bee recapture a lost blague, /Find a deep echo in a horn and buzz /The bottomless trophy, new hornsman after old? /The President has apples on the table /And barefoot servants round him, who adjust /The curtains to a metaphysical t /And the banners of the nation flutter, burst /On the flag-poles in a red-blue dazzle, whack /At the halyards. Why, then, when in golden fury /Spring vanishes the scraps of winter, why /Should there be a question of returning or /Of death in memory’s dream? Is spring a sleep? /This warmth is for lovers at last accomplishing /Their love, this beginning, not resuming, this /Booming and booming of the new-come bee.  //III /The great statue of the General Du Puy /Rested immobile, though neighboring catfalques /Bore off the residents of its noble place. /The right, uplifted foreleg of the horse /Suggested that, at the final funeral, /The music halted and the horse stood still. /On Sundays, lawyers in their promenades /Approached this strongly-heightened effigy /To study the past, and doctors, having bathed /Themselves with care, sought out the nerveless frame /Of a suspension, a permanence, so rigid /That it made the General a bit absurd, /Changed his true flesh to an inhuman bronze. /There never had been, never could be, such /A man. The lawyers disbelieved, the doctors /Said that as keen, illustrious ornament, /As a setting for geraniums, the General, /The very Place Du Puy, in fact, belonged /Among our more vestigial states of mind. /Nothing had happened because nothing had changed. /Yet the General was rubbish in the end.  //IV /Two things of opposite natures seem to depend /On one another, as a man depends /On a woman, day on night, the imagined /On the real. This is the origin of change. /Winter and spring,cold copulars, embrace /And forth the particulars of rapture come. /Music falls on the silence like a sense, /A passion that we feel, not understand. /Morning and afternoon are clasped together /And North and South are an intrinsic couple /And sun and rain a plural, like two lovers /That walk away as one in the greenest body. /In solitude the trumpets of solitude /Are not of another solitude resounding; /A little string speaks for a crowd of voices. /The partaker partakes of that which changes him. /The child that touches takes character from the thing, /The body, it touches. The captain and his men /Are one and the sailor and the sea are one. /Follow after, O my companion, my fellow, my self, /Sister and solace, brother and delight.  //V /On a blue island in a sky-wide water /The wild orange trees continued to bloom and to bear, /Long after the planter’s death. A few limes remained, /Where his house had fallen, three scraggy trees weighted /With garbled green. These were the planter’s turquoise /And his orange blotches. These were his zero green, /A green baked greener in the greenest sun. /These were his beaches, his sea-myrtles in /White sand, his patter of the long sea-slushes. /There was an island beyond him on which rested, /An island to the South, on which rested like /A mountain, a pineapple pungent as Cuban summer. /And là-bas, là-bas, the cool bananas grew, /Hung heavily on the great banana tree, /Which pierces clouds and bends on half the world. /He thought often of the land from which he came, /How that whole country was a melon, pink /If seen rightly and yet a possible red. /An unaffected man in a negative light /Could not have borne his labor nor have died  /Sighing that he should leave the banjo’s twang.


Ilustración: Wedding Dream in Nudist Colony, 1971, Gustave Klumpp Virtual Museum of Canada

miércoles, octubre 05, 2011

Raúl González Tuñón / De "La rosa blindada"






Los pequeños trenes de carga

A veces un terrible rey musulmán ordena la descarga.
Un viento caliente y rojo pone en retirada a las nubes,
oh, femeninas,
y va a estrellarse en las cumbres de la montaña,
entre pinares, entre camiones rurales, entre gargantas de tierra amarilla,
y va a estrellarse pasando sobre los campos andaluces,
oh, femeninos,
y sobre los lentos molinos manchegos moliendo los siglos,
allí donde fermenta y fermenta el vino oscuro y el oscuro
grito de la tierra.

El sol, terrible y musulmán, se oculta diariamente.
Pero el siroco, su ejército invisible, su ejército de viento,
pasa ardiendo con árboles, con árboles sin sombra,
pasa ardiendo con pájaros, con pájaros sin alas,
con cigarras dormidas, dormidas, dormidas con cigarras,
con lunas rojas entreabiertas rojas,
con sapos reventados con orejas, con manos con arena
y sopla y sopla y sopla implacable africano.
El agrario dolor se hace crispado puño hacia la altura
y los obreros mueren en las alcantarillas de las ciudades.

En cierto lugar,
donde hay una pequeña estación de carga, en la hondonada,
entre un hilo de río y la sombra verde del bosque en rampa,
no entra el siroco.
Yo adoro este paisaje internacional, el reloj de la estación, el río delgado,
los vagones abandonados en las vías muertas, el cementerio de los trenes,
y sobre el humo y los ladridos de los perros violetas, las golondrinas,
oh, internacionales,
volando entre los giros propicios del viento.

Los vagones no saben que transportan sudor y sangre y luto
y pasan tan alegres, pintados de gris, soltando al aire una sirena loca.
Cerca de la fábrica de cerámica van los buscones a dormir.
En la noche, de vez en cuando, un tren de carga pasa,
se detiene un instante, luego dispara un afilado grito, un grito azul,
hacia ambos lados de las vías.
Y parte al norte, al sur, al este y al oeste
y parte de la montaña, a la llanura, al mar
y parte y parte y parte con los mendigos, con los soldados, con las prostitutas,
y parte y parte y parte y nosotros nos quedamos,
Adiós, adiós.

En la noche, de vez en cuando, un tren de carga pasa.
Tren subversivo que sacude la tierra mansa, el suburbio tranquilo,
y deja una inquietud de horizonte y distancia y libertad y música con ruedas
y aire mojado, viento de las máquinas, adorable siroco.

Raúl González Tuñón (Buenos Aires, 1905-1974), "La rosa blindada", Poesía reunida, Editorial Seix Barral, Buenos Aires, 2011


Ilustración: Stati della mente: addii, 1911, Umberto Boccioni

martes, octubre 04, 2011

Eugenio Montale / La crianza





La crianza

Fuimos criados como pollos
en el Forward Institute
no cual patos salvajes o aguiluchos
como lo requería nuestro
imaginario destino.
¡Y asentimos en coro entonando la marcha
En avant Fanfan-la-Tulipe!

Así
justo es morir por una causa injusta.
Aquel que pidiera una pausa
en la mortandad sería un traidor.
Y es aquí donde lo ridículo se mezcla
con el horror.


Eugenio Montale (Génova, 1896-Milán, 1981), "Otros versos", Poesía completa, traducción de Fabio Morábito. Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, Barcelona, 2006.


L'allevamento


Siamo stati allevati como polli
nel Forward Institute
non quali anatre selvatiche o aquilotti
como chiedeva il nostro
imaginario destino.
E abbiamo annuito in coro intonando la marcia
En avant Fanfan-la-Tulipe!


Così
giusto è morire per una ingiusta causa.
Chi chiedesse una pausa
nella morìa sarebbe un traditore.
Ed è qui che il ridicolo si mescola
all'orrore.

Ilustración: Corredores en un ánfora griega, 333-332 a.C. British Museum

lunes, octubre 03, 2011

Pancho Muñoz / Un poema que parece...





Un poema que parece que no termina nunca


Un poema termina de cualquier manera
y no tiene cantidad para
                                       tal trámite, o
sea que un poema
puede terminar sin haber comenzado; a juicio puro
del poeta. Por ahí anda.

Los poemas son deliberados alevosos y pueden iniciar de forma incierta
con letra, número o accidente gramático.
Un poema notienesaladeespera
y está antes.
                                  Tal la circulación, la mirada, el arrebato y la costumbre.
                                                                                                                        Por ahí anda.

Un poema es un cacho
de algo de algo
terminado y para siempre,
es decir:
la cuadratura del círculo que es la cuadratura
del poema
regulando.

Un poema tiene que estar escrito en el idioma
que uno entienda como el idioma de uno; lenguaraz
y sin reflejos ni contenidos vagos o imprecisos.
                                                                                             Tal las traducciones.


Nada no es un poema, orgullo no es un poema.


Un poema no puede ser ocupado por el espacio de otro poema porque los poemas son límites físicos de la abstracción más pura, y la abstracción suele ser peligrosa.
                                                                                                     Tal el panóptico de Girri.

Un poema no ve pero es visto y solo por eso es poema.
Único como el río y su ceja.

Un poema se las arregla solo y siempre viene de algo
                                                                         de algo.
La cuadratura repetida
                                     y su genealogía y su insistencia.
                                                                                     Por ahí anda.


Un poema incluye y oprime y es cosa audaz y dando vueltas y dando vueltas y vueltas.



Un poema zumba como un oso asustando a las abejas.
                                                                                      Tal Joyce.

Un poema no se toca más que con la yema
y no se interpreta y
no se ayuda con el resto de las manos
y no tolera el tarareo
y la falta de sexo y sus antónimos pertinentes.


No se puede
contar un poema
como quien cuenta un
cuento
o
como quien cuenta
gota
s
que amenazan con rebasar otra vez el vaso. Un poema sabe lo que hace.
                                                                                               


No se vende un poema. No se compra un poema y consta en actas.
                                                                                                   Tal Guillermo Boido.


Un poema es un rival durísimo
con poca recuperación y mucha facilidad para la muerte rápida; antes o después de haber comenzado.

Nada peor es eso de no estar en el rincón con el poema.
                                                                     Por ahí anda.


Un poema es labio humedecido de ternura gorda por la lengua que bien te chupa y bien, un poema no es playa de palabras y es siempre efecto de la iluminación; sea el poema que sea y venga de donde venga el dolor/ el sol/  el aire/  el vino o la cerveza.

Un poema no brilla por su ausencia.


En algún lugar está el poema –no falla nunca-
y su período de construcción es más rápido de lo pensado. Un Porsche
que devora y que vomita mandolinas. 100 m. en 2´´.  No es sorda su mecánica.
                                                                      Tal Rimbaud y sus hidrolatos y sus amantes y sus sus. (En Rimbaud se nota mucho más el asunto de la cuadratura circular y poética)
                                                                        Por ahí anda, y no tengo otra idea.



Orgullo no es poema. Un poema se va haciendo: hilo, puntada y nudo.


Un poema cose y cicatriza más cerca de la escuela San Basilio que de la neurocirugía.
Un poema se puede creer o no.
Un poema es lo que más pasa.


Un poema es astilla del mismo palo.

Un poema es comprobable, es resistente. Un rival durísimo
atacando por todos los                frentes,
                                   turrito       inocente yéndose
a la cama con nosotros; lo que no es poema.

Un poema escribe lo que ve y escucha, y por ver escucha y obedece a la modernidad y al desaliento y al delito y a cualquier forma de mordedura.
Un poema siempre está
en medio del camino con una oreja sola y con dos bocas. Un poema es fatal.
                                                                                               Tal el punk más decorativo.

Hay que saber:
                             un poema pertenece al reino del orden,
la “ordenalidad”
                            que estira el cuello del borracho bajándole
                            un hombro solamentemientras
                            amenazacaerse para atrás sobre toda cosa todeltiempo.
                                         Es así. Por ahí, tambaleante, anda.
                                                                     Tal la teoría del Equilibrio y los contrapesos.

                             Un poema no es nada.
                             Dos poemas iguales no hay aunque las coincidencias puedan, llegar a, ser las mismas.

                             Un poema no es otra cosa camino al cementerio y es pasado siendo y es futuro rebuscándosela.

                             Un poema desconfía de los síntomas y los síntomas del poema.

                                                                                                                      Tal la historia.

Para
un poema los enemigos de sus amigos
son
sus parientes                          putativos,
generosamente
                                              convertidos.



Por ahí pifia y por ahí se acaba la épica y el heroísmo y le viene la trunca.

Un poema es lija, suave al agua y a las neblinas del aceite.

Un poema respira en algún lado. No es otra cosa; grasa para tu dieta y  rayas para tus hemorroides, y es raro que llore o sangre.

Un poema hace escándalo y sabe adonde va, tiene su recorrido empezando o dando por terminado.
Un poema sabe que con el escándalo no alcanza, pero jamás lo dejará de lado.
                                                                                                                   Por ahí anda

Un poema puede ser gesto atrapado,
red,
diagrama,
enredadera,
estructura,
tormenta en el instrumental; jamás problema.
                                                                                      Tal el empecinamiento de los días.



No es gil, no se abandona ni pierde el conocimiento. No es detalle
un poema y es multa y es venganza, depende del poeta.
Un poema no es ajeno y el orégano le es campo y el tiempo pérdida.
Huele y respira a ras de tierra.

Un poema nunca falta y nada no es un poema. Orgullo no es un poema.
                                                                                                   Tal el aforismo porchiano.


Si se rompe no es cristal y un poema funciona y refleja y descompone la luz fanatizándola; bárbaro y civilizado.
                                                                                    Por ahí anda. Hilo, puntada y nudo.

Un poema recurre a todo.
Todo no es un poema.


                           
Un poema siempre es biográfico, razonable y metódico.
Un poema es nada más lo que parece,
y eso le conviene al poema porque las palabras, sin pareceres,
dudan a veces hasta del mismísimo poema y de las mismísimas palabras.

Un poema también se hace con palabras
como



el gusano de manzana se hace con manzanas.


Un poema maneja la simetría como nadie, deja sugerirse en su túnel de escombros y busca el aire mas leve.


A veces un poema espera
para después y sabe que
todo está dicho y aún puede
decirse. Un poema obsta
y se agarra del primer lugar que luzca.
Un poema insiste con eso de la iluminación.
                                                                             Tal Quaranta y las bujías necesarias.


Puede no existirse.
Puede renunciarse
por mil motivos y un poema no tiene mil motivos y
la resistencia más que la épica no es su
fuerte ni tampoco es su bandera. Confianza en el escudo.
                                                                             Tal Vallejo insistiendo.
Por ahí anda.


Un poema sirve: para entrar
                           para ir viendo
                           para darse cuenta clara
                           para regar las plantas
                           para malcriarle la vida

Un poema no se detiene nunca
                      y esta es su única obediencia.
Un poema no tiene quizás pero si variables.
Un poema levanta el muerto.
                                                                           
Un poema
es pozo más que huella y
está bien que así sea
el unpoema .

Unpoema tiene memoria y
no tiene público. Socorre y asesina.
Unpoema es viento en popa.
                                                                           Tal todos los griegos.

Unpoema se escribe, finalmente.


Unpoema tiene aviso de retorno, según el poeta que más le convenga.


Unpoema se presta.
Unpoema quema las cosas por su nombre
y no para. Siempre pierde tiempo y no es orgullo.
Unpoema así está bien como la torre de Pisa, como un péndulo en su cenit.
No vuelca unpoema y el tema de la cuadratura circular lo ayuda.

Unpoema es casual encuentro. Por ahí anda. Tal el surrealismo.                      

 Hilo, puntada y nudo.

Unpoema no se ahoga en las alcantarillas.
                                                                         Tal Pizarnik y las leyes de la óptica.



Francisco "Pancho" Muñoz (Buenos Aires, 1945), inédito

Ilustración: Forma oscura, 1962, Alfredo Hlito