lunes, octubre 31, 2011

Cesare Pavese / Lo steddazzu




Lo steddazzu *

El hombre solo se levanta cuando el mar está todavía oscuro
y las estrellan vacilan. Una tibieza de aliento
sube desde la orilla, donde está el lecho del mar,
y suaviza la respiración. Esta es la hora en que nada
puede suceder. Hasta la pipa, entre los dientes,
cuelga apagada. Nocturno es el tranquilo chapoteo.
El hombre solo ya encendió un gran fuego de ramas
y lo mira enrojecer el terreno. También el mar,
dentro de poco, será como el fuego, llameante.

No hay cosa más amarga que el alba de un día
en que no pasará nada. No hay cosa más amarga
que la inutilidad. Cuelga cansada del cielo
una estrella verdosa, sorprendida por el alba.
Mira el mar todavía oscuro y la mancha de fuego
con la que el hombre, por hacer algo, se calienta;
mira, y cae de sueño entre las oscuras montañas,
donde hay un lecho de nieve. La lentitud de la hora
es despiadada para quien no espera ya nada.

¿Vale la pena que el sol se levante del mar
y la larga jornada comience? Mañana
volverá el alba tibia con la luz diáfana
y será como ayer y nunca pasará nada.
El hombre querría solamente dormir.
Cuando la última estrella se apaga en el cielo,
lento el hombre prepara la pipa y la enciende.


Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969
Versión de J. Aulicino


* dialectal, Calabria: la gran estrella, el lucero. Pavese escribió este poema durante su confinamiento en Brancaleone

Nota: Durante su confinamiento, Cesare Pavese escribió a su hermana María: "Frente a mi habitación hay un patio pequeño, luego el ferrocarril, luego el mar. Cinco o seis veces al día (y por la noche) se me renueva la nostalgia detrás de los trenes que pasan. Al contrario, me dejan indiferente los piróscafos en el horizonte y la luna sobre el mar, que con todos sus clarores me recuerda simplemente el pescado frito. Inútil, el mar es una gran estupidez" (19 de agosto de 1935). El poema fue escrito en enero de 1936. En Brancaleone Calabro, Pavese no podía recibir visitas y debía reportarse una vez al día en la comisaria. Llegó en mayo de 1935 y fue liberado en marzo del año siguiente.

Lo steddazzu

L'uomo solo si leva che il mare è ancor buio
e le stelle vacillano. Un tepore di fiato
sale su dalla riva, dov'è il letto del mare,
e addolcisce il respiro. Quest'è l'ora in cui nulla
può accadere. Perfino la pipa tra i denti
pende spenta. Notturno è il sommesso sciacquío.
L'uomo solo ha già acceso un gran fuoco di rami
e lo guarda arrossare il terreno. Anche il mare
tra non molto sarà come il fuoco, avvampante.

Non c'è cosa piú amara che l'alba di un giorno
in cui nulla accadrà. Non c'è cosa piú amara
che l'inutilità. Pende stanca nel cielo
una stella verdognola, sorpresa dall'alba.
Vede il mare ancor buio e la macchia di fuoco
a cui l'uomo, per fare qualcosa, si scalda;
vede, e cade dal sonno tra le fosche montagne
dov'è un letto di neve. La lentezza dell'ora
è spietata, per chi non aspetta piú nulla.

Val la pena che il sole si levi dal mare
e la lunga giornata cominci? Domani
tornerà alba tiepida con la diafana luce
e sarà come ieri e mai nulla accadrà.
L'uomo solo vorrebbe soltanto dormire.
Quando l'ultima stella si spegne nel cielo,
l'uomo adagio prepara la pipa e l'accende.

Ilustración: fotos del expediente de confinamiento de Pavese Internet Culturale, Ministero per i Bene e la Attività Culturali di Italia

sábado, octubre 29, 2011

Cesare Pavese / Un recuerdo




Un recuerdo

No hay hombre que llegue a dejar una marca
sobre ella. Cuanto ha sido, se disipa en un sueño,
como la calle en una mañana, y sólo queda ella.
Si no fuese rozada la frente por un instante,
parecería perpleja. Sonríen las mejillas,
cada vez.

Ni siquiera se acumulan los días
sobre su mirada para cambiar la sonrisa ligera
que irradia hacia las cosas. Con dura firmeza
hace cada cosa, pero parece siempre la primera vez;
sin embargo vive hasta el último instante. Se entreabre
su sólido cuerpo, su mirada ensimismada,
a una voz acallada y un poco ronca: una voz
de hombre cansado. Y ningún cansancio la toca.

Al mirarle la boca, entorna la mirada
esperando: ninguno osaría un arrebato.
Muchos hombres saben de su ambigua sonrisa
o de la arruga imprevista. Si hubo ese hombre
que la supo gimiente, humillada de amor,
paga día tras día, ignorando por quién
ella vive este presente.

Sonríe a solas
la sonrisa más ambigua caminando por la calle.


Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969
Versión de J. Aulicino


Un ricordo


Non c'è uomo che giunga a lasciare una traccia
su costei. Quant'è stato dilegua in un sogno
come via in un mattino, e non resta che lei.
Se non fosse la fronte sfiorata da un attimo,
sembrerebbe stupita. Sorridono le guance
ogni volta.


Nemmeno s'ammassano  i giorni
sul suo viso, a mutare il sorriso leggero
che si irradia alle cose. Con dura fermezza
fa ogni cosa, ma sembra ogni volta la prima:
pure vive fin l'ultimo istante. Si schiude
il suo solido corpo, il suo sguardo raccolto
a una voce sommessa e un po' rauca: una voce
d'uomo stanco. E nessuna stanchezza la tocca.


A fissarle la bocca, socchiude lo sguardo
in atessa: nessuno può osare uno scatto.
Molti uomini sanno il suo ambiguo sorriso
o la ruga improvvisa. Se quell'uomo c'è stato
che la sa mugolante, umiliata d'amore,
paga giorno per giorno, ignorando di lei
per chi viva quest'oggi.

Sorride da sola
il sorriso più ambiguo camminando per strada.

Ilustración: Estudio para la Virgen de las rocas, c.1483, Leonardo Da Vinci

Batania / Dos poemas de amor




Con los ojos abiertos

Hace poco pero mucho tiempo,
tanto como un fémur o un mediodía,
yo amé a una chica de ojos azules,
diecisiete años llenos de ojos azules,
doscientos cuatro meses de ojos azules,
seis mil ciento veinte días de ojos azules,
y nunca le perdonaré
que me dejara con los ojos abiertos,
que me dijera basta con los ojos abiertos,
que me tirara al vacío con los ojos abiertos,
que me pasara a pistola con los ojos abiertos,
porque ahora no logro acordarme
de las fuentes antiguas de sus ojos azules,
los diecisiete años mirando sus ojos azules,
los doscientos cuatro meses de ojos azules,
los seis mil ciento veinte días de ojos azules,
y sólo me queda su mirada puñal y definitiva,
los ojos azules y traidores,
los ojos azules y póstumos,
increíblemente abiertos aquella tarde,
mientras los gorriones volaban como gorriones
y el cielo era el cielo de todos los días.


Prefiero Natalia a la revolución

La prefiero a la defensa de la infancia, al cuidado del ozono.
La prefiero al final de las fronteras.
La prefiero a la Amazonia.

Más que alejar el hambre y la tormenta, el volcán y el terremoto.
Más que ahuyentar la crisis.
Más que parar la guerra.

Antes que salvar al tigre y al leopardo.
Antes que proteger al inmigrante.
Antes que el feminismo y la filantropía.

Por encima de la paz en Jerusalén.
Por encima de la paz en Kabul. De la paz en Trípoli.
Por encima de curar el cáncer o atajar el sida.

Mejor que el rescate de Grecia, la salvación de África, la sanidad, la lectura.
Mejor que la ayuda a Haití. Que la ayuda a Somalia.
Mejor que parar el racismo, la ignorancia, la policía.

Prefiero Natalia a los Derechos Humanos.
Prefiero Natalia a las libertades.
Prefiero Natalia a la democracia.
Prefiero Natalia a la concordia.
Prefiero Natalia a la justicia.
Prefiero Natalia a la revolución.


Batania (Alberto Basterrechea, Lauros, Vizcaya, 1974), en Batania

Giuseppe Ungaretti / Hermanos










Hermanos
Mariano, 15 de julio de 1916


¿De qué regimiento son,
hermanos?

Palabra temblorosa
en la noche.

Hoja recién nacida.

En el aire desgarrado
involuntaria revuelta
del hombre presente en su
fragilidad.

Hermanos.


Giuseppe Ungaretti (Alejandría, 1888-Roma, 1970), "L'allegria", Vita d'un uomo. Tutte le poesie,
Mondadori, Milán, 1969
Versión de Jorge Aulicino


Fratelli
Mariano il 15 luglio 1916

Di che reggimento siete
fratelli?

Parola tremante
nella notte

Foglia appena nata

Nell'aria spasimante
involontaria rivolta
dell'uomo presente alla sua
fragilità


Fratelli

Ilustración: Velocità astratta, 1913, Giacomo Balla

Cesare Pavese / El instinto




El instinto

El hombre viejo, desilusionado de todo,
en el umbral de la casa en el tibio sol,
mira al perro y a la perra desfogar el instinto.

Sobre su boca desdentada se persiguen moscas.
Su mujer se le murió hace tiempo. También ella,
como las perras, no quería saber nada,
pero tenía el instinto. El hombre viejo olfateaba,
-todavía no desdentado-, la noche llegaba,
se metían en la cama. Era lindo el instinto.

Lo que le gusta del perro es la gran libertad.
De la mañana a la noche vagabundea por la calle;
y un poco come, un poco duerme, un poco monta a las perras:
ni siquiera espera la noche. Piensa
como olfatea, y los olores que siente son suyos.

El hombre viejo recuerda una vez, de día,
en que hizo de perro en un campo de trigo.
No sabe con qué perra, pero recuerda el gran sol
y el sudor y las ganas de no terminar nunca.
Era como en una cama. Si volviesen los años,
lo querría hacer siempre en un campo de trigo.

Baja por la calle una mujer y se para a mirar;
pasa el cura y se da vuelta. En la plaza pública
se puede hacer de todo. Hasta la mujer,
que tiene recato de mirar, por el hombre, se para.
Solamente un muchacho no tolera el juego
y descarga una lluvia de piedras. El hombre viejo se indigna.


Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969
Versión de J. Aulicino

L'istinto


L'uomo vecchio, deluso di tutte le cose,
dalla soglia di casa nel tiepido sole
guarda il cane e la cagna sfogare l'istinto.


Sulla bocca sdentata si rincorrono mosche.
La sua donna gli è morta da tempo. Anche lei
come tutte le cagne non voleva saperne,
ma ci aveva l'istinto. L'uomo vecchio annusava
-non ancora sdentato-, la notte veniva,
si mettevano a letto. Era bello l'istinto.


Quel che gli piace nel cane è la gran libertà.
Dal mattino alla sera gironzola in strada;
e un po' mangia, un po' dorme, un po' monta le cagne:
non aspetta nemmeno la notte. Ragiona,
come fiuta, e gli odori che sente son suoi.


L'uomo vecchio ricorda una volta di giorno
che l'ha fatta da cane in un campo di grano.
Non sa più con che cagna, ma ricorda il gran sole
e il sudore e la voglia di non smettere mai.
Era come in un letto. Se tornassero gli anni,
lo vorrebbe far sempre in un campo di grano.


Scende in strada una donna e si ferma a guardare;
passa il prete e si volta. Sulla pubblica piazza
si può fare di tutto. Persino la donna,
che ha ritegno a voltarsi per l'uomo, si ferma.
Solamente un ragazzo non tollera il gioco
e fa piover sassi. L'uomo vecchio si sdegna.

Ilustración: Perro rascándose, siglo XV, Maestro del Livre de Raison 

viernes, octubre 28, 2011

Miguel Gaya / Algunas preguntas...




Algunas preguntas contemplando el último
retrato registrado de Raúl González Tuñón

Treinta días después de esa foto
                                        estaba
muerto.
pero, ¿cómo es que se mueren los poetas?

Los poetas jóvenes posaron con él
                                                 en
otra foto.
pero, ¿qué juventud tiene ese hombre ahí entre ellos?

Lo que miro en su retrato
                                 ya
está muerto.
pero, ¿qué hace que en esos ojos yo esté vivo?

Treinta días después de esa foto que ahora miro en la
portada                                           
            ya
está muerto
pero, ¿cuánto tiempo más que su vida los poetas están vivos?

Abro la puerta de su libro.
Abro esa puerta.                                      

[inédito]

Miguel Gaya (Buenos Aires, 1953)

Foto: Tuñón en su casa, un mes antes de su muerte en 1974. Archivo de la familia Tuñón. Revista Ñ de Buenos Aires


Sobre "Poesía reunida", de Tuñón


Nota del Editor
Este blog no alienta ni elude polémicas. En este caso, el pronóstico del Editor es que la siguiente reseña, que no ocupó un lugar destacado en el suplemento cultural del diario Perfil de Buenos Aires, pese a la dimensión de la obra comentada, puede convertirse, y no estaría mal, en detonante de un interesante debate.


Un tsunami de literatura

Popular, leído y querido a mitad del siglo pasado, Raúl González Tuñón fue el poeta de los grandes movimientos sociales, de las épocas picantes de la revolución. Murió en 1974 y automáticamente pasó a ser como un poeta de manual, casi un costumbrista; su fuerte raigambre social lo catapultó. En pocos años dejó de ser leído por la clase "del saber y el conocimiento". Por aquellos años de su muerte desembarcaban los grandes putos de nuestra literatura (hoy nuestros canónicos), que venían con sus alambiques, sus barroquismos, sus perfumitos y sus dramas psicoanalíticos. Nacía una literatura subdesarrollada y bien rioplatense, una estética de la incompletud y la haraganería, en gran modo. Osvaldo Lamborghini, su principal agitador, denostó a Tuñón y a toda la poesía social que le cantaba "al obrero en el andamio". Su prédica de "sacar al poeta del lugar del boludo" no pudo ser desarrollada: después de tanta exaltación snob de lo gay, el poeta se vio más boludo aun. Tuñón, por suerte, sobrevivió a estos monstruos, era el verdadero poeta maldito.
Seix Barral acaba de editar una buena selección de sus libros más representativos, Poesía reunida. La edición de 400 páginas contiene un precioso prólogo de Jorge Monteleone, que funciona como un excepcional ayudamemoria y nos entusiasma para leer al poeta.
Releí a Tuñón y me di cuenta de que es un poeta para gente madura. Rara vez se llega a interpretar en la juventud y toma espesor a medida que pasan los años. Su pensamiento político baña toda su poesía. En este nuevo libro están los excepcionales poemas de Todos bailan (que oportunamente fuera reeditado por el querido José Luis Mangieri, difusor número uno de la poesía de Tuñón), los poemas de Juancito Caminador y otros poemas antológicos de La rosa blindada, El otro lado de la estrella, La calle del agujero en la media. También está recopilado en esta edición, según el prologuista, el poema más conmovedor de la lengua castellana, "Lluvia", uno de sus poemas más famosos.
Dice Jorge Monteleone que Tuñón es un poeta de la imaginación terrestre; "en sus poemas, la materia terrestre se manifiesta en la organicidad de todas las cosas como su ardilla primordial". Y tiene razón, a todos los hombres de bien les aconsejaría correr a las librerías. Encontrarse con la poesía de Tuñón es uno de los grandes placeres de la vida.

Washington Cucurto

Raúl González Tuñón,
Poesía reunida,
Seix Barral, Buenos Aires, 2011

Suplemento Cultura del diario Perfil, Buenos Aires, 23 de octubre de 2011

Foto: Tuñón en la redacción del diario Crítica, años 20 del siglo pasado. Archivo Clarín

jueves, octubre 27, 2011

Marina Ivánovna Tsvetáyeva / Seré feliz si...




Seré feliz si...

Seré feliz si Usted no siente mi dolor,
Y que yo tampoco sienta nada,
Que nunca el pesado globo de la tierra
Se escurra bajo nuestros pies.
Me gusta que pueda ser ridícula, perversa
Y buscar palabras adecuadas
Y no ponerme roja con ola sofocante
Si apenas nuestras mangas se rozaran.

Me gusta que delante de mí Usted pueda abrazar
Tranquilamente a otra mujer,
No me condena a arder en el infierno
Por no besarlo a Usted.
Y que mi cariñoso nombre, mi Cariño
No recuerde ni en la noche ni en el día...
Que nunca sobre nosotros, en el silencio de la catedral,
Cantarán el Aleluya.

Gracias a Usted -con mi mano sobre el corazón-
Que no sabe lo mucho que me ama:
Por mis noches tranquilas,
Por los encuentros de las crepusculares horas,
Por nuestros no paseos bajo la luna,
Por el sol que no existe encima de nosotros,
Por el dolor que no siente, lamentablemente, usted por mí,
Por el dolor que no siento, lamentablemente, por Usted.

Marina Ivánovna Tsvetáyeva (Moscú, 1892-Yelábuga, 1941), traducción de Víctor Toledo, Periódico de Poesía, Anuario 2010-2011, México

Ilustración: La joven viuda, 1851, Pável Fedótov Museo Ruso

miércoles, octubre 26, 2011

María del Carmen Colombo / De "La familia china"





EN LAS NOCHES DE TORMENTA, la menor de las tres chicas escucha el dream dream del viento contra las puertas dormidas. Y ese rasguido suelta las cuerdas de lana de la afiebrada voz.
Por la rendija de los labios, dream dream, como diciendo sólo su respiración, con la dicción distraída de algún delirio, habla el sueño de la chica: Afuera el diablo chifla/ desde la copa de un árbol:/ cuelga unas babas de choclo/ como lluvia que desprende/ su risa deshilachada./ En el comedor del rancho,/ hierve el mate de la chica, se cocina/ entre sus manos:/ -Qué te pasa –le dice la abuela./ -Nada, estoy pensando un tema./ -Mentira, escuchás ese sonido que atormenta/ la concordancia universal.
En las noches de tormenta, el rasgado corazón desgrana su sin sentido. Dream dream: es sólo el rumor del viento contra las puertas dormidas, la copla del sentimiento que se esfuma en la vigilia.

COMO UN VIOLÍN en su musgoso caparazón, así he vivido adentro de mi bata de seda: cuerpo enfundado en el lujoso estuche de un disfraz. Envuelto en el paisaje del kimono, niño perdido en su propio refugio, obedecí el impulso del regreso, grabado en  el tapiz de la memoria. Pero ahora, por puro deseo de metamorfosis, me desprendo de la espumosa máscara de hierba, mariposa excesiva en su teatro de ausencia.
“Papá, papá”, sopla la voz en mis oídos, la voz lejana de mis hijas, cuando el vals del viento enamora mis alas. Vuelvo a la melodía de mi tierra, como una esencia me evaporo. Y asciendo.
En el cielo enrojecido se apaga la gran estrella natal. La luz fría de la luna me cubre con su lágrima.

María del Carmen Colombo (Buenos Aires, 1950), La familia china (primera edición, 1999) Hilos Editora, Buenos Aires, 2011

Ilustración: Tapa de la edición, sobre una obra de Dolores Etchecopar

martes, octubre 25, 2011

Joan Brossa / Dos poemas




Noche

Más allá del espacio que percibimos brilla una multitud innumerable
de mundos parecidos al nuestro.
Todos giran y se mueven.
Treinta y siete millones de tierras. Nueve millones quinientas mil lunas.
Pienso con espanto en distancias incalculables
y en millones de globos muertos
alrededor de soles ya apagados.
Medito sobre el orgullo.
¿Qué sucede más allá de los astros?
La tierra está regada.
Una mujer da un beso a una niña.
Hoy la cena ha sido estupenda.
Se oye tocar una manivela.
En la pared hay un espejo colgado.
Entrad, entrad, la puerta está abierta.
Fuera pasan un pastor y un trapero.


Derrota

El timón
da la dirección de la nave.
La montaña es la ruina de una
patria trastocada: los edificios
han quedado abajo y los cimientos
arriba.
En las ruinas
yace un pueblo
enterrado. Si escucháis
con atención llega
de dentro de la montaña
una voz profunda
y apagada que
pregunta, que
pregunta
siempre.


Joan Brossa (Barcelona, 1919-1998). "Noche" pertenece a Em va fer Joan Brossa, 1951; "Derrota",  a El saltamartí, 1969
Versiones de Jonio González


Nit


Enllà de l’espai que percebem brilla multitud innombrable
de mons semblants al nostre.
Tots giren i es mouen.
Trenta-set milions de terres. Nou milions cinc-centes mil llunes.
Penso amb espant en distàncies incalculables
i en milions de globus morts
al voltant de sols ja apagats.
Medito sobre l’orgull.
Què s’esdevé més enllà dels astres?
El terra està regat.
Una dona fa un petó a una nena.
Avui el sopar ha estat d’allò més bo.
Se sent tocar un manubri.
A la paret hi ha un mirall penjat.
Entreu, entreu, la porta és ben oberta.
A fora passen un pastor i un drapaire.




Derrota


El timó
dóna la direcció de la nau.
La muntanya és la ruïna d’una
pàtria capgirada: el edificis
van quedar a sota i el fonaments
enlaira.
A les ruïnes
jeu un poble
enterrat. Si escolteu
amb atenció arriba
de dintre la muntanya
una veu profunda
i apagada que
pregunta, que
pregunta
sempre.

Foto: Joan Brossa en Joan Brossa.Poeta

lunes, octubre 24, 2011

Cesare Pavese / Mediterránea




Mediterránea

Habla poco el amigo, y ese poco es diverso.
¿Vale la pena encontrarlo una mañana de viento?
Uno de los dos, al alba, ha dejado una mujer.
Se podría discurrir sobre el viento húmedo,
sobre la calma o un transeúnte, mirando la calle;
pero ninguno comienza. El amigo está ido,
y cuando fuma no piensa. No mira.

Fumaba
también el negro que vimos una mañana juntos,
firme, de pie en un rincón, bebiendo aquel vino
-afuera, el mar esperaba. Pero el rojo del vino
y la nube vagante no eran suyos:
no pensaba en los sabores. Tampoco la mañana
parecía una mañana de aquellas al alba;
era un día monótono, fuera de los días,
para el negro. La idea de una tierra lejana
le hacía de fondo. Pero él no cuadraba.

Había mujeres por la calle y una luz muy fresca,
y el aroma del mar corría por las avenidas.
Nosotros, ni mujeres ni vagar: bastaba
estar sentados y escuchar la vida y pensar que el mar
estaba allá, bajo el sol, todavía fresco de sueño.
Mujeres blancas, de las nuestras, pasaban frente al negro
que ni siquiera bajaba la mirada a las manos,
muy oscuras, y ni siquiera se movía al respirar.
Habíamos dejado una mujer, y cada cosa,
bajo el alba, sabía de nuestra pertenencia:
calma, calles y aquel vino.

Esta vez los transeúntes
me distraen y me olvido del amigo
que en el viento húmedo se ha puesto a fumar,
pero no parece que disfrute.

Al rato me dice:
¿Te acuerdas de aquel negro que fumaba y bebía?


Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969
Versión de J. Aulicino

Meditarranea

Parla poco l'amico e quel poco è diverso.
Val la pena incontrarlo un mattino di vento?
Di noi due uno, all'alba, ha lasciato una donna.
Si potrebbe discorrere del vento umidiccio,
della calma o di qualche passante, guardando la strada;
me nessuno comincia. L'amico è lontano
e a fumare non pensa. Non guarda.

Fumava
anche il negro, un mattino, che insieme vedemmo
fisso, in piedi, nell'angolo a bere quel vino
e la nuvola vaga non erano suoi:
non pensava ai sapori. Neanche il mattino
non pareva un mattino di quelli dell'alba;
era un giorno monotono fuori di giorni
per il negro. L'idea di una terra lontana
gli faceva da sfondo. Ma lui non quadrava.

C'era donne per strada e una luce più fresca,
e il sentore del marre correva le vie.
Noi, nemmeno le donne o girare: bastava
star seduti e ascoltare la vita e pensare che il mare
era là, sotto il sole ancor fresco di sonno.
Donne bianche passavano, nostre, sul negro
che nemmeno abbasava lo sguardo alle mani
troppo fosche, e nemmeno muoveva il respiro.
Avevamo lasciato una donna, e ogni cosa
sotto l'alba sapeva di nostro possesso:
calma, strade, e quel vino.
Stavolta i passanti
mi distraggono e più non ricordo l'amico
che nel vento bagnato si è messo a fumare,
ma non pare che goda.

Tra poco mi chiede:
Lo ricordi quel negro que fumava e beveva?


Ilustración: Naturaleza muerta, 1911, Juan Gris

domingo, octubre 23, 2011

Cesare Pavese / La mujer del barquero























La mujer del barquero

Alguna vez, en el tibio sueño del alba,
sola en el sueño, le sucede que ha desposado una mujer.

Se despega del cuerpo materno una mujer
magra y blanca que baja la pequeña cabeza
en el cuarto. En el frío resplandor la mujer
no espera la mañana, trabaja. Se mueve
silenciosa: entre mujeres no hacen falta palabras.

Mientras duerme, la mujer sabe de la barca sobre el río
y la lluvia que humea sobre la espalda del hombre.
Pero la pequeña esposa, rápida, cierra la puerta
y se apoya y pone la mirada en sus ojos.
La ventana tintinea por la lluvia que arrecia
y la mujer acostada, que mastica despacio,
tiende un plato. La pequeña esposa lo vuelve a llenar
y se sienta sobre la cama y comienza a comer.

Come de prisa la pequeña esposa furtiva,
bajo los ojos maternos, como si fuese una niña,
y resiste la mano que le busca la nuca.
Corre en un instante a la puerta y la abre: las barcas
están todas atracadas en el madero. Regresa
con pies descalzos a la cama y se abrazan ágiles.

Son gélidos y delgados los labios que arrima,
pero difunde en el cuerpo un profundo calor
tormentoso. La pequeña esposa ahora duerme,
tendida al lado de su cuerpo materno. Es sutilmente
áspera, como un muchacho, pero duerme como mujer.
No sabría llevar una barca en la lluvia.

Afuera arrecia la lluvia en la luz indecisa
de la puerta entreabierta. Entra un poco de viento
en la habitación desierta. Si se abriese la puerta,
entraría también el hombre, que ha visto todo.
No diría palabra: sacudiría la cabeza
con mirada burlona a la mujer frustrada.    

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969
Versión de J. Aulicino


La moglie del barcaiolo

Qualche volta nel tiepido sonno dell'alba,
sola in sogno, le accade che ha sposato una donna.

Si distacca del corpo materno una donna
magra e bianca che abbassa la picola testa
nella stanza. Nel freddo barlume la donna
non attende il matino; lavora. Trascorre
silenziosa: fra donne non occorre parola.

Mentre dorme, la moglie sa la barca sul fiume
e la pioggia che fuma sulla schiena dell'uomo.
Ma la picola moglie chiude svelta la porta
e s'appoggia, e solleva gli sguardi nei suoi.
La finestra tintinna alla pioggia che scroscia
e la donna distesa, che mastica adagio,
tende un piatto. La picola moglie lo riempie
e si siede sul letto e comincia a mangiare.

Mangia in fretta la picola moglie furtiva
sotto gli occhi materni, como fosse una bimba
e resiste alla mano che le cerca la nuca.
Corre a un tratto alla porta e la schiude: le barche
sono tutte attaccate alla trave. Ritorna
piedi scalzi nel letto e s'abbracciano svelte.

Sono gelide e magre le labbra accostate,
ma nel corpo si fonde un profondo calore
tormentoso. La picola moglie ora dorme
stesa accanto al suo corpo materno. È sottile
aspra come un ragazzo, ma dorme da donna.
Non saprebbe portare una barca, alla pioggia.

Fuori scroscia la pioggia nella luce sommessa
della porta socchiusa. Entra un poco di vento
nella stanza deserta. Se si aprise la porta,
enterebbe anche l'uomo, che ha veduto ogni cosa.
Non direbbe parola: crollerebbe la testa
col suo viso di scherno, alla donna delusa.

Ilustración: Zwei sich umarmende Frauen, 1911, Egon Schiele

Maurice Riordan / Fantasmas




Fantasmas

Llamo mi casa a este lugar donde soy huésped,
donde la cama se alumbra con el Sagrado Corazón,
en la que aún hoy despierto bañado en sudor,
donde oí a un fantasma mas no pude verlo.
Aquí a mis hijos los despiertan las cornejas
que en la chimenea revolotean en la madrugada.
Me levanto sedado y debo imponer calma,
seguridad. Los visto rápido. A las quejas
siguen preguntas y respuestas. ¿Tú crees
en el infierno, papi? ¿Era José el padre de Jesús?
Y mi hijo: ¿Murió el abuelo abajo de esa cruz?
Si, justo ahí en la cama en que dormí; esta vez
voltea y yo también, como si un suspiro
surgiera de la ropa aún tibia en que he dormido.

de A Word from the Loki [1995]

Maurice Riordan (Lisgoold, Cork, 1953), La generación del cordero, antología de la poesía actual de las islas británicas, Carlos López Beltrán y Pedro Serrano, Trilce Ediciones, México, 2000

Ghosts


Y call it home: this house where I'am guest,
in which the Sacred Heart illuminates
the bed, where still I sometimes wake in sweat,
where once I heard (but didn't see) a ghost.
My children, woken by the daws that roost
and squabble in the chimneys, come at dawn.
So I'm up, half-drugged but obliged to warn
and reassure. And quickly get them dressed.
It's questions-and-answer hour, like do I
believe in Hell, was Joseph Jesus'dad?
And now, from my son: where did Grandpa die?
I tell him: right behind us, in my bed.
He looks -and I turn too, as though a sigh
must come from the warm clothes I've shed.

Ilustración: La casa gris, 1917, Marc Chagall

sábado, octubre 22, 2011

Gianfranco Ciabatti / De un descreído a un creyente




De un descreído a un creyente

Te digo yo como será
el más allá,
ni paraíso ni purgatorio,
sólo infierno,
e insoportable tu dolor
por todos los humillados que no has amado,
hasta el perro cegado,
no importa
si no lo fue por tu culpa.
Y ahora que lo sabés, sabés cómo vivir
aquí
todo el dolor de todos, en rebelión,
para que no sea sólo de allá
todo tu dolor.

Gianfranco Ciabatti (Ponsacco, 1936-Florencia, 1994), In corpore viri, 1998, "La poesia della contraddizione", nota y selección de Giovanni Commare, Arcipelago Itaca, 1°apparizione
Versión de Jorge Aulicino


Da un miscredente a un credente


Ti dico io come sarà
l’aldilà,
né paradiso né purgatorio
ma solo inferno,
e insopportabile il tuo dolore
per tutti gli umiliati che non hai amato,
fino al cane accecato
non importa
se non per colpa tua.
E ora che lo sai, sai come vivere
qui
tutto il dolore di tutti, con ribellione,
perché non sia di là solo
tutto il dolore tuo.

Ilustración: The Whirlwind of Lovers, ilustración para la Divina Comedia de Dante Alighieri, 1825-1827, William Blake

viernes, octubre 21, 2011

Cesare Pavese / Retrato de autor




Retrato de autor

(a Leone) *

La ventana que mira el empedrado se ahonda,
siempre vacía. El azul del verano sobre la cabeza
parece en cambio más firme y despunta ahí una nube.
Aquí no despunta nadie. Y estamos sentados en el suelo.

El colega -que huele mal-, sentado conmigo
sobre la vía pública, sin mover el cuerpo
se sacó los pantalones. Yo me saco la camiseta.
Sobre la piedra está frío, y el colega disfruta
más que yo, que lo miro, y no pasa nadie.
La ventana, de pronto, contiene una mujer
de color claro. Tal vez sintió el mal olor
y nos mira. El colega está ya de pie y observa.
Tiene una barba, el colega, desde la cara a las piernas,
que le excusa estar sin pantalones y brota entre los agujeros
de la camiseta. Es una barba que se basta sola.
El colega ha saltado por esa ventana
dentro de la oscuridad, y la mujer desapareció. Se me van los ojos
a la franja de cielo, bien sólido, desnudo también.

Yo no huelo mal porque no tengo barba. Me hiela, la piedra,
esta espalda mía desnuda, que les gusta a las mujeres
porque es lisa: ¿qué cosa no les gusta a las mujeres?
Pero no pasan mujeres. Pasa, en cambio, una perra
seguida de un perro que seguro se mojó con la lluvia,
porque huele muy mal. La nube sola, en el cielo,
mira inmóvil: parece un montón de hojas.
El colega ha encontrado la cena esta vez.
Tratan bien, las mujeres, a quien está desnudo. Aparece
finalmente en la esquina un muchachito que fuma.
Tiene las piernas de anguila también, la cabeza rizada,
piel dura: las mujeres querrán desvestirlo
un buen día y olfatear si tiene buen olor.
Cuando llega, extiendo un pie. Se va al suelo
y le pido un pucho. Fumamos en silencio.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969
Versión de J. Aulicino

* Leone Ginzburg (1909-1944), cofundador de la editorial Einaudi. Esposo de la escritora Natalia Ginzburg y padre del historiador Carlo Ginzburg. Murió tras ser torturado por la Gestapo en la prisión Regina Coeli, de Roma.

Ritratto d'autore


(a Leone)



La finestra che guarda il selciato sprofonda
sempre vuota. L'azzurro d'estate, sul capo,
pare invece più fermo e vi spunta una nuvola.
Qui non spunta nessuno. E noi siamo seduti per terra.


Il collega - che puzza - seduto con me
sulla pubblica strada, senza muovere il corpo
s'è levato i calzoni. Io mi levo la maglia.
Sulla pietra fa un gelo e il collega lo gode
più di me che lo guardo, ma non passa nessuno.
La finestra di botto contiene una donna
color chiaro. Magari ha sentito quel puzzo
e ci guarda. Il collega è già in piedi che fissa.
Ha una barba, il collega, dalle gambe alla faccia,
che gli scusa i calzoni e germoglia tra i buchi
della maglia. E' una barba che basta da sola.
Il collega è saltato per quella finestra,
dentro il buio, e la donna è scomparsa. Mi scappano gli occhi
alla striscia del cielo bel solido, nudo anche lui.


Io non puzzo perchè non ho barba. Mi gela, la pietra,
questa mia schiena nuda che piace alle donne
perchè  è liscia: che cosa non piace alle donne?
Ma non passano donne. Passa invece la cagna
inseguita da un cane che ha preso la pioggia
tanto puzza. La nuvola liscia, nel cielo,
guarda immobile: pare un ammasso di foglie.
Il collega ha trovato la cena stavolta.
Trattan bene, le donne, chi è nudo. Compare
finalmente alla svolta un gorbetta che fuma.
Ha le gambe d'anguilla anche lui, testa riccia,
pelle dura: le donne vorranno spogliarlo
un bel giorno e annusare se puzza di buono.
Quando è qui, stendo un piede. Va subito in terra
e gli chiedo una cicca. Fumiamo in silenzio.


Ilustración: Beso, 1892, Henri de Toulouse-Lautrec

jueves, octubre 20, 2011

Alberto Condemarín / Acuérdate, Hermelinda


Hermelinda
[Vals peruano]

Escucha, amada mía,
la voz de los cantares
que brotan de mi lira
cual desolado son.
Malévola tu ausencia,
temiendo mil azares,
enferma tengo el alma
y herido el corazón.

Ya para mí las aves
no cantan sus amores
ni vierte su perfume
la aurora matinal.
Ni el tímido arroyuelo
que bulle entre las flores
tu rostro peregrino
refleja en su cristal.

Qué triste, amada mía,
los días amanecen,
qué lentas son las horas
que estoy lejos de ti.
Para calmar la duda
que tormentosa crece,
acuérdate, Hermelinda,
acuérdate de mí.

Seré tu fiel amante
que solitario llore
al recordar las horas
de dicha y de placer,
bañada con mis lágrimas
tu frente encantadora,
tus ojos dos luceros
fijados hacia mí.

Alberto Condemarín (Lima, 1898-1975), 1921



 

Mario Sampaolesi / Leonardo experimenta con ranas




Leonardo experimenta con ranas

El niño corta con un estilete el cuerpo del batracio
clavado sobre la tabla de madera.
La puntual incisión divide en dos la mañana: de un lado,
los estremecimientos de esos órganos todavía
latiendo; del otro, la puerta entornada que muestra
una porción radiante del jardín.
En el frasco de vidrio de color morado -el mismo
donde algún día verterá sus lágrimas y las de la Gioconda-
la madre dispuso algunas flores blancas.
El objeto permanece sobre un estante,
perpendicular a la improvisada mesa de disección,
al lado de la ventana.
La cruda luz no le impide a Leonardo leer en el reflejo
veloz de las vísceras una anticipación de su futuro.
Visiones acuáticas, recuerdos de la rana, pasan por el cuarto.
En el origen de toda sensación está la forma.

Mario Sampaolesi (Buenos Aires, 1955), Monet: breve condición del paisaje, Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2011

Foto: Sampaolesi mariosampaolesi.com

miércoles, octubre 19, 2011

Andrea Zanzotto / Al mundo





Al mundo

Mundo, sé, y bueno:
existe buenamente,
haz que, busca en, tiende a, dime todo,
que yo volcaba eludía
y toda inclusión era laboriosa,
no menos que toda exclusión;
vamos, valiente, existe,
no te enrolles en ti mismo en mí mismo.

Yo pensaba que el mundo así concebido,
con ese super-caer super-morir
el mundo así facturado
era sólo un yo mal esbozado
yo indigesto mal fantaseador
mal fantaseado mal pagado
y no tú, guapo, no tú "santo" y "santificado"
un poco más allá, de costado, de costado.

Prueba (ex-de-a etc.)-sistir
y toda otra preposición notada o ignota,
date alguna chance,
"buenamente, un poco":
el dispositivo tenga juego.

Vamos, guapo, vamos.

                   Vamos, münchhausen.

Andrea Zanzotto (Pieve di Soligo, Treviso, 1921-Conegliano, Treviso, 2011), de La beltà, 1968
Versión de J. Aulicino

Al mondo


MONDO, SII, e buono;
esisti buonamente,  
fa’ che, cerca di, tendi a, dimmi tutto,  
ed ecco che io ribaltavo eludevo 
e ogni inclusione era fattiva 
non meno che ogni esclusione; 
su bravo, esisti, 
non accartocciarti in te stesso in me stesso. 


Io pensavo che il mondo così concepito 
con questo super-cadere super-morire 
il mondo così fatturato  
fosse soltanto un io male sbozzolato 
fossi io indigesto male fantasticante 
male fantasticato mal pagato 
e non tu, bello, non tu «santo» e «santificato» 
un po’ più in là, da lato, da lato. 


Fa’ di (ex-de-ob etc.)-sistere 
e oltre tutte le preposizioni note e ignote, 
abbi qualche chance,  
’buonamente un po’: 
il congegno abbia gioco. 


Su, bello, su.


               Su, münchhausen.


Foto: Zanzotto, L'Unità


martes, octubre 18, 2011

Pier Paolo Pasolini / De "Transhumanar y organizar", 6





Resumen para un "digest" del "Poema político"

La Verdad indecible es Nefas,
Fas la verdad decible: esto dicen los Autores.
En el mundo rigen solo las Verdades indecibles, *
naturalmente escritas con V mayúscula;
no pudiéndose decir la Verdad, se hace cháchara,
cómo está, buen tiempo, un poquito fresco,
ya sé que estas aguas artificiales están un poco sucias.
La verdad con v minúscula, el Fas,
contempla las opuestas dos Verdades con V mayúscula
y sus representantes, que por lo tanto hablan de otra cosa:
Nixon y un grupo de Estudiantes.
Es el alba en los alrededores de la Casa Blanca;
Nixon ha descendido como un papa entre sus enemigos,
¿pero para qué? Ni él ni sus enemigos
han sido capaces de decir una sola palabra:
han hablado de más y de menos.
Pero entendámonos: la verdad con v minúscula,
que los condena y les tiene piedad.


* ¡Mundo nefasto!


Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922-Ostia, 1975) "Trasumanar e organizzar", 1971, Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2003
Versión: Jorge Aulicino

Riassunto per un "digest" del "Poema político"


La Verità non dicibile è Nefas,
Fas la verità dicibile: questo dicono gli Autori.
Nel mondo vigono solo le Verità non dicibili, (1)
naturalmente scritte con V maiuscola;
non potendosi parlare la Verità, si fanno chiacchiere,
come va, bel tempo, un po' di freschetto,
lo so che queste acque artificiali sono un po' sporche.
La verità con la v minuscola, il Fas,
contempla le due opposte Verità con la V maiuscola
e il loro rappresentanti che dunque parlano d'altro:
Nixon e un gruppo di Studenti.
È l'alba, nei dintorni della Casa Bianca;
Nixon è sceso come un papa tra i suoi nemici:
ma a far che? Né lui né quei suoi nemici
sono stati capace di dire una sola parola:
hanno parlato del più e del meno.
Ma intendiamoci: la verità con la v minuscola
che li condanna e ne ha pietà.


(1) Mondo nefasto! 

Ilustración: Naturaleza muerta con calavera, puerros y jarra ante una ventana, 1945, Pablo Picasso

lunes, octubre 17, 2011

Francisco Bitar / De las fuerzas supremas a las fuerzas elementales





De las fuerzas supremas a las fuerzas elementales

Día ventoso, nubes dóciles
perdiéndose hacia el oeste
por la zona de los hospitales
donde a último momento se las confunde
con la cama vacía de alguien
que se recuperó de una enfermedad
o de otro que usó la suya
hasta las últimas consecuencias.
Es un aire donde una chica
podría apoyar su vestido y hacerlo flotar,
sopla para nosotros, oh dios de las bombachas.
En la puerta de las lavanderías
se siente al pasar
el vapor tibio de las planchas
al contacto con la tela
y el efluvio te arrastra a pensar
en los méritos necesarios
para ganarse la ropa limpia,
una mujer, una cuerda donde secarla,
sobre todo un caudal suficiente
para mezclarlo con jabón.
Como ocurre con el cuerpo
el 70% es agua,
con el 30 real
he arruinado mi vida.

Francisco Bitar (Santa Fe, 1981), Ropa vieja: la muerte de una estrella, Ediciones Stanton, Buenos Aires, 2011

Ilustración: Evening Wind, 1921, Edward Hopper

domingo, octubre 16, 2011

Leonor García Hernando / Dos poemas


   


el devoto paso de los animales a las
aguas.
En plástica humillación, ese recorrido elude todo infierno.
Ellos están mansos en su olfato. Conocen su deseo como
nosotros las marcas de la frente
                       una tensión de bestias en el polvo
y las lenguas pesadas, entregadas al paisaje que aguarda.
La huérfana soy yo     sin mandato que
termine con la sed
soy la que está en el fuego de la estampida.

    quizás   en mi monedero sostenga,
remota, un arma pequeña, de dama, adornada con
incrustaciones de nácar
                un instrumento cursi para matar.




     y después ese tiempo de convalecencia
el pabellón con una suave fila de camas de hierro frente a
largos ventanales

     ir hasta los vidrios con un rengueante
camisón de franela cubriendo el deterioro.

el campo es una helada curva hacia la ruta, el plateado
sonido de los álamos, portones movibles que separan
camiones tapados con lona, cortezas empalidecidas por la
cal, las líneas de alambre manchadas de ligustro
paisaje blanco    espuma de la peste
el cartel de chapa se agita en la intemperie, como la
bandera de una patria se desparrama para cubrir el
cuerpo de los tullidos
                 un amargo olor quemado desprende la
estufa con velas de loza entristecidas por el humo
                 las sábanas se desparraman en los mosaicos
sin orden. El ventanal dilata un páramo de arcilla
empapada. Dibujos de agua adornan la tierra fría
ventanal de La Matanza

                 tengo mi zapato en la mano
de cordones apretando el cuero, de alta suela negra:
un zapato de invierno.


Leonor García Hernando (San Miguel de Tucumán, 1955-Buenos Aires, 2001), Tangos del orfelinato. Tangos del asesinato, Colección Mascaró, Buenos Aires, 1999

Foto: García Hernando s/d


sábado, octubre 15, 2011

Enrique Molina / Alta marea




Alta marea

Cuando un hombre y una mujer que se han amado se separan
se yergue como una cobra de oro el canto ardiente del orgullo
la errónea maravilla de sus noches de amor
las constelaciones pasionales
los arrebatos de su indómito viaje sus risas a través de las piedras
sus plegarias y cóleras
sus dramas de secretas injurias enterradas
sus maquinaciones perversas las cacerías y disputas
el oscuro relámpago humano que aprisionó un instante el furor de sus cuerpos con el lazo fulmíneo de
 /las antípodas
los lechos a la deriva en el oleaje de gasa de los sueños
la mirada de pulpo de la memoria
los estremecimientos de una vieja leyenda cubierta de pronto con la palidez de la tristeza y todos los
 /gestos del abandono
dos o tres libros y una camisa en una maleta
llueve y el tren desliza un espejo frenético por los rieles de la tormenta
el hotel da al mar
tanto sitio ilusorio tanto lugar de no llegar nunca
tanto trajín de gentes circulando con objetos inútiles o
enfundadas en ropas polvorientas
pasan cementerios de pájaros
cabezas actitudes montañas alcoholes y contrabandos informes
cada noche cuando te desvestías
la sombra de tu cuerpo desnudo crecía sobre los muros hasta el techo
los enormes roperos crujían en las habitaciones inundadas
puertas desconocidas rostros vírgenes
los desastres imprecisos los deslumbramientos de la aventura
siempre a punto de partir
siempre esperando el desenlace
la cabeza sobre el tajo
el corazón hechizado por la amenaza tantálica del mundo.

Y ese reguero de sangre
un continente sumergido en cuya boca aún hierve la espuma de los días indefensos bajo el soplo del sol
el nudo de los cuerpos constelados por un fulgor de lentejuelas insaciables
esos labios besados en otro país en otra raza en otro planeta en otro cielo en otro infierno
regresaba en un barco
una ciudad se aproximaba a la borda con su peso de sal como un enorme galápago
todavía las alucinaciones del puente y el sufrimiento del trabajo marítimo con el desplomado trono de
 /las olas y el árbol de la hélice que pasaba justamente bajo mi cucheta
éste es el mundo desmedido el mundo sin reemplazo el mundo desesperado como una fiesta en su
 /huracán de estrellas
pero no hay piedad para mí
ni el sol ni el mar ni la loca pocilga de los puertos
ni la sabiduría de la noche a la que oigo cantar por la boca de las aguas y de los campos con las
 /violencias de este planeta que nos pertenece y se nos escapa
entonces tú estabas al final
esperando en el muelle mientras el viento me devolvía a tus brazos como un pájaro
en la proa lanzaron el cordel con la bola de plomo en la punta y el cabo de Manila fue recogido
todo termina
los viajes y el amor
nada termina
ni viajes ni amor ni olvido ni avidez
todo despierta nuevamente con la tensión mortal de la bestia que acecha en el sol de su instinto
todo vuelve a su crimen como un alma encadenada a su dicha y a sus muertos
todo fulgura como un guijarro de Dios sobre la playa
unos labios lavados por el diluvio y queda atrás
el halo de la lámpara el dormitorio arrasado por la vehemencia del verano y el remolino de las hojas
 /sobre las sábanas vacías
y una vez más una zarpa de fuego se apoya en el corazón de su presa
en este Nuevo Mundo confuso abierto en todas direcciones
donde la furia y la pasión se mezclan al polen del Paraíso
y otra vez la tierra despliega sus alas y arde de sed intacta y sin raíces
cuando un hombre y una mujer que se han amado se separan

Enrique Molina (Buenos Aires, 1910-1997), "Amantes antípodas", 1961, Obra poética. Obras completas Tomo II, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1987

Ilustración: O Sono, 1928, Tarsila do Amaral

viernes, octubre 14, 2011

Franco Fortini / Ese no es grito de victoria






Ese no es grito de victoria

Ese no es grito de victoria ni grito de vencidos.

El clamor que oigo es de gente borracha.

Quien sea, eternamente me acompañe.

Cada uno mate al hermano cada uno al amigo cada uno al vecino.


Franco Fortini (Florencia, 1917–Milán, 1994), "Questo muro", Versi scelti, 1939-1989, Einaudi Editore, Turín, 1990
Versión de J. Aulicino


Questo non è grido di vittoria


Questo non è grido di vittoria né grido di vinti.


Il clamore che odo è di gente ubriaca.


Chiunque è per l'eterno venga con me.


Ciascuno uccida il fratello ciascuno l'amico ciascuno il vicino.




Ilustración: Escena del descenso de Ulises al Hades, fresco en el Esquilino, c.50 a.C. (Biblioteca Apostólica Vaticana)


Luis Luchi / Poema





Paseo por la capital de la esperanza

Por supuesto será primavera
y de mañana,
los rayos del sol jóvenes.
Me pondré la ropa clara,
presentiré el tibio ambiente.
La naturaleza verde,
la luz clara,
yo estaré limpio.
Atiéndanme como visita
para que lleve recuerdos.
Los pájaros gorjearán,
los nombres emitirán reflejos.
Loas al amor en coro
me trasladarán
de un mensaje
al otro.
Rimaré mi pasado con la risa,
haré nuevas amistades,
entraré en los edificios en construcción
y precisaré un traductor excelente
que lúcido me guíe
en el idioma de los planes para el futuro.

Luis Luchi (Buenos Aires, 1921-Barcelona, 2000), Vida de poeta, A. Burnichón Editor, Buenos Aires, 1966

Foto: Luchi Sitio oficial

jueves, octubre 13, 2011

Yorgos Seferis / El rey de Asiné




El rey de Asiné

"Y Asiné..."
Ilíada, II, 560


Todas las mañas bordeamos la acrópolis
primero del lado de la sombra, donde el mar
verde y sin destellos, como un pavor real muerto,
nos acogió bajo un tiempo sin fallas.
Las venas de la roca bajaban de lo alto,
desnudas cepas retorcidas, animadas por
el roce del agua, y el ojo mientras las seguía
luchaba por escapar del vaivén fastidioso
perdiendo fuerza a cada instante.

Del lado del sol una playa abierta, enorme,
y la luz pulía diamantes en las altas murallas.
Ninguna criatura viva, ni siquiera las torcazas,
ni el rey de Asiné, a quien buscamos desde hace dos años,
desconocido, olvidado de todos, también por Homero,
tan solo una palabra -y aún incierta- en la Ilíada,
arrojada allí como una máscara de oro funeraria.

La tocaste, ¿recuerdas su sonido? Hueco en la luz
como tinaja vacía en la tierra excavada;
y el mismo ruido del mar en nuestros remos.
El rey de Asiné un vacío bajo la máscara,
y en todas partes con nosotros,
junto a nosotros siempre bajo un nombre:
"Y Asiné... y Asiné..."
Y sus hijos, estatuas,
y sus anhelos, aletetos de pájaros, y el viento
en el espacio de sus cavilaciones, y sus naves
fondeadas en un puerto invisible;
bajo la máscara, un vacío.

Tras los ojos enormes, los labios curvados, los bucles
en relieve sobre la tapa de oro de nuestra existencia,
un punto oscuro viaja como un pez
en la paz de alta mar y de la aurora, y lo ves:
un vacío que ya no nos abandona más.
Y el pájaro que voló con el ala quebrada,
el invierno pasado, albergue de la vida,
y la joven mujer que partió a jugar
en los colmillos del verano,
y el alma que llorando buscó el averno
y el país como la gran hoja de plátano
que arrastra el torrente del sol
con las ruinas de antaño y la tristeza de hoy.

Y el poeta se retrasa mirando las piedras y preguntándose:
¿acaso existe
entre estas líneas depedazadas, estas crestas, estos picos,
                    estas puntas convexas, cóncavas?;
¿acaso existe
allá donde se cruzan las rutas de la lluvia, del viento y la erosión?,
¿existe el movimiento del rostro, la silueta de la ternura
de aquellos que extrañamente se fueron borrando de nuestras vidas,
de aquellos que se quedaron, como sombras de olas
y pensamientos en la infinitud del mar?
O quizá no, no queda nada sino tan sólo el peso,
la nostalgia del peso de una existencia viva,
allí donde permanecemos ahora, sin sustancia e inclinándonos
como las ramas del sauce siniestro
apretadas en la larga desesperación
mientras que la corriente amarilla arrastra
lentamente los juncos arrancados del barro,
imagen de un rostro pétreo
con la certeza de una amargura eterna.
El poeta, un vacío.

El sol ascendía, combatía con su escudo
y desde el fondo de la gruta un murciélago asustado
golpeó contra la luz como la flecha en un escudo:
"y Asiné... y Asiné...". ¿No era él, entonces, el rey de Asiné
que con tanto esmero buscamos en esta acrópolis
rozando a veces con nuestros dedos las piedras que él mismo pudo tocar?


        Asiné, verano de 1938-Atenas, enero de 1940


Yorgo Seferis (Urla, Esmirna, 1900-Atenas, 1971), versión de Arturo Carrera, sobre la traducción al francés de Jacques Lacarrière, en El nombre del rey Asiné, de Yves Bonnefoy, editorial Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2010


Ilustración: Figura rinoceróntica del Ilisos de Fidias, 1954, Salvador Dalí

miércoles, octubre 12, 2011

Walter Cassara / Dos poemas






De poesía bucólica

   Hermes tocaba la alegre zampoña
hecha con caparazón de tortuga.
   Artemis soplaba en una caña.
Apolo confeccionó la lira de siete cuerdas.
   Orfeo con la suya embriagó a los dioses.
   Y Dafnis...
   Dafnis tenía el sentimiento melancólico.



Vi el cielo Garcilaso

Vi el cielo Garcilaso
        en una tersa pradera
                  aguas puras
un campamento de jóvenes desnudos
almas como pequeños putti
      subidos a los árboles
ninfas vestales en la fuente
       y la monja Mectilde salmodiando
SACRUM SACRUM
ILUMINATIO COITU
     Vi la tierra Garcilaso
yermo mental cubierto de asfódelos.


Walter Cassara (Buenos Aires, 1971), "Juegos apolíneos", 1998, Nostalgia y otros poemas (antología personal), editorial Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2011

Ilustración: El solaz de los putti, siglo XIX, Franz Lefler

martes, octubre 11, 2011

Esteban Moore / Dos poemas








"catch the roar of eternity" 25

en la indescriptible chatura de estas tierras -una ruta de
brillante asfalto / recta ---- hasta la desesperación / será el
terreno ideal -para los grandes camiones -que al ritmo
de sus motores constantes / rolan sus neumáticos ---- / que
en interminable giro se consumen -al compás triturador
de una trepidación -que se desplaza -precisa -lejana


"the air blows desolate" 28

el aire destemplado del amanecer --- mece con
suavidad las ramas de un tala guacho --- vibra
quizás en sus largas espinas / --- orea el rocío
de la mañana

este aire --- que se repite en las madrugadas --- y
nos tiene acostumbrados --- es el mismo --- que
así dicen algunos --- agitó durante la Blitzkrieg
de Londres --- el espeso humo de los incendios
es el que remueve --- los papeles que los turistas
arrojan / --- en los carcomidos restos del Partenón
es el aire ---quien lo duda--- que consumirá / -sí,
las ruinas de todo imperio


ese aire hoy, sopla
abatido -------- / no logra establecer su música
en la desolada geografía de la ruta 40


Esteban Moore (Buenos Aires, 1952), "Partes mínimas", Veinte años no son nada, Alción Editora, Córdoba, Argentina, 2010

Foto: Moore en Poetas Argentinos

lunes, octubre 10, 2011

María Mascheroni / De "El cansancio de los hijos"






padre mío...


padre mío
has quedado en tumba ajena alada y animal
así estremecidos ceremonias y usos
con la generosidad de otra especie la calma parece acercarse

empecinado fuiste y tus hijos

el cuerpo de un pájaro concentra todos tus cantos
y las patas quebradas
a esta tumba -no es altar- vuelvo a llevar mis flores tardías

conozco el lugar     con mis manos fue cavado
con las manos de todos nosotros fue cavado
es que cavamos
para tener donde hincarnos    persignar
para bajar las cabezas y quedarnos sin padre

en este suelo -por dos siglos herido- cada tumba se levanta
borde piadoso y bullente de la tierra alzada


María Mascheroni (Buenos Aires, 1958), El cansancio de los hijos, Hilos Editora, Buenos Aires, 2011

Foto: María Mascheroni Facebook

domingo, octubre 09, 2011

Franco Fortini / Dos poemas








"Weltgeschichtlich"

Grande como la claraboya de la catedral
era la boca de la jovencita
que dos malditos ataban a un palo
sobre la pantalla del drive-in. Jesús
hablaba con el acento del pontífice
-high fidelity- en el microsurco.
Tres escritores franceses preguntaban
por el camino de Auschwitz
a un comunista ucraniano muerto a golpes
de leninismo en las costillas. Era
dificilísimo vivir. Nosotros,
por fortuna, teníamos una cabaña
en Cavi di Lavagna; y los decenios
pasan rápido.

1957

[De Poesia e errore]


La hiedra

Hace muchos años, cuando no éramos
todavía marido y mujer, una tarde
de marzo o abril, por las orillas de un lago,
un poco bromeando, un poco en serio, recogimos
al pie de un abeto un breve ramo de hiedra,
símbolo de la fidelidad de sentimiento,
en recuerdo de aquel paseo tranquilo,
último de una época de nuestra vida.

No puedo mirarla sin turbarme.
La luz ha decolorado poco a poco
las hojas que eran verdes y negras.
Mutaciones imperceptibles, síntesis
muy lentas, alteraciones invisibles,
como si hubieran pasado no veinte años
sino muchos siglos. Ahora aquel ramo parece
muchas cosas que es inútil mencionar aquí.

Sin embargo, palideciendo de este modo, ha vivido.
Si una vez fue digno de sonrisa,
ahora es más parecido a una figura de amor.

[De Una volta per sempre]

Franco Fortini (Florencia, 1917–Milán, 1994), Versi scelti, 1939-1989, Einaudi Editore, Turín, 1990
Versiones de J. Aulicino

"Weltgeschichtlich"


Come la lanterna del duomo
era grande la bocca della giovinetta
che due cattivi legavano a un palo
sullo schermo del drive-in. Gesù
parlava con l'acento del pontefice
-high fidelity- nel microsolco.
Tre scrittori francese domandavano
la via di Auschwitz
a un comunista ucranio morto a colpi
di leninismo nelle costole. Era
difficilissimo, vivere. Noi,
per fortuna, avevamo una villetta
a Cavi di Lavagna; ed i deccenni
passano in fretta.


1957




L'edera


Molti anni fa quando non eravamo
ancora marito e moglie, in un pomeriggio
di marzo o aprile, lungo le rive de un lago,
un poco scherzando, un poco sul serio, colsi
al piede di un abete un breve ramo di edera,
simbolo di fideltà dei sentimenti,
per ricordo de quella passeggiata tranquila
ultima di una età della nostra vita.


Senza turbamento non so guardarla.
La luce ha scolorito a poco a poco
le foglie che erano verdi e nere.
Mutamenti impercettibili, sintesi
molto lente, alterazioni invisibili
come se non vent'anni ma molti secoli
fossero passati. Ora quel ramo somiglia
tante cose che inutile è qui nominare.


Pure, solo così impallidendo, ha vissuto.
Se una volta era degno di sorriso
ora è più somigliante figura d'amore.

Ilustración: Monte bajo con hiedra, 1889, Vincent Van Gogh

sábado, octubre 08, 2011

Dinapiera Di Donato / El techo de cristal





El techo de cristal

Que hable de la hipótesis
preguntan sin retórica
—estoy en problemas
antes, mucho antes de cruzar
no era que no hubieran cabezas
con la misma gorra
haciendo equipo
abriéndose paso
era que si escribías: estoy en problemas
cuando los amigos te hacen en Venecia
los pagos al día
los secuestrados devueltos
escribías y Claudio Bertoni tan lejano
te apuntaba con su linterna
de todo lo dicho
—es un poeta chileno coleccionista
del tiempo ido

—es él de nuevo
supe
cuando dejando atrás el puente
de los suspiros de Brooklyn
de miña terra miña terra
con nombre de indio
el hombre de la gorra
ciclista con barbas
Claudio Bertoni de nuevo dándome
alcance
—estoy en problemas
supe que realmente lo estaba
el zumbido de las balas puro
viento
un equipo de hombres con piernas
completas torneadas
griegas
ya cedo el paso
es cuando la imagen baja a toda prisa
la ventanilla
y grita Bertoni seguramente
y ahora te ha nacido un sobrino
en el sur
también a ti
llamado Luciano
y veo rodar las bolitas de cristal
del sobrino de Bertoni
tan descuidado
una metra que se desliza bajo mi pie
y me lleva de bruces
—estoy en problemas
cruzando el aire
disparada
dorada
buscando el bolsillo de
mi propio sobrino
el piso de su casa
en Caracas
tan lejos
en lugar de escribir
al menos
una tesis doctoral
en la edad de lucir
la carne disimulada
con anticas
murrinas

Dinapiera Di Donato (Upata, Bolívar, Venezuela, 1958)

Foto y textos de Dinapiera Di Donato en Las Malas Juntas

viernes, octubre 07, 2011

Juan Antonio Vasco / De "Parranda y funeral"




Esta agua corta el jabón

Esa es mi madre
el agua de pantano
corta el jabón
Aquí hacemos sopa
Viene algún hongo
Y se mueren los pájaros
No hay país
Tenemos alambradas
La madre friega
Se cortó un dedo
Sería botón roto hojas de afeitar
No pudimos
mejorar la ciénaga
Se le dio la orden al mérito
Nuestro país el charco nosotros borbollones
de la gloriosa libre
nunca atada al carro de ningún lechero triunfal
Patria nuestra
marisma con pescado muerto.


Había un ángel

Un ángel salió del pantano
cubierto de légamo
verdín
fango de las esferas
Celestial reclamo su ablución
se le dijo
Eres el ángel del bañado
vete a otro país
A uno que no sea país
o al cielo
si puedes.


Juan Antonio Vasco (Buenos Aires, 1924-1984), Parranda y funeral, edición póstuma a cargo de Juan Calzadilla, Fondo Editorial Tropykos, Caracas, 1992
Jornal de Poesía, Banda Hispánica

Ilustración: Granja en paisaje acuático, 1906, Piet Mondrian

jueves, octubre 06, 2011

Wallace Stevens / De "Notes Towards a Supreme Fiction", 5




Debe cambiar

I
El viejo serafín, en un plato dorado entre violetas,
inhalaba el olor asignado, mientras las palomas
se levantaban como fantasmas de cronologías.
Las chicas italianas llevaban junquillos en el pelo
y esto vio el serafín, y lo había visto mucho tiempo antes,
en las vinchas de las madres, lo volvería a ver.
Las abejas se acercaban con estruendo como si nunca se hubieran ido,
como si los jacintos jamás se hubieran ido. Hablamos
de estos cambios y de aquellos. Así las constantes
violetas, palomas, chicas, abejas y jacintos
son objetos inconstantes de causa inconstante
en un universo inconstante. Esto significa que
el azul noche es una cosa inconstante. El serafín
es sátiro en Saturno, según piensa.
Quiere decir que el disgusto que sentimos por esta escena marchita
es que no ha cambiado lo suficiente. Permanece,
es una repetición. Las abejas se acercan con estruendo
como si— las palomas aletean en el aire.
Un perfume erótico, mitad del cuerpo, mitad
de un ácido evidente que seguro es lo que desean
y la floración es contundente, no se quiebra en sutilezas.

II
El Presidente ordena a la abeja que sea
inmortal. El Presidente ordena. Pero ¿acaso
el cuerpo levanta su pesada ala, sube
otra vez, un ser infatigable, se eleva sobre
el arrogante antagonista
para repetir monótonamente las inmaduras frases de su juventud?
¿Por qué habría la abeja de recuperar una mistificación perdida,
encontrar un eco profundo en una campanilla y zumbar
el insondable trofeo, nuevo áspid después del viejo?
El Presidente tiene manzanas sobre la mesa
y sirvientes descalzos a su alrededor, que acomodan
las cortinas en una t metafísica
y las banderas de la nación ondulan, estallando
en los mástiles con un fulgor rojiazul, golpeando
los cabos. ¿Por qué, entonces, cuando la primavera diluye
los restos del invierno en furia dorada,  por qué habría
de ser una cuestión de retorno o
de muerte en la memoria de un sueño? ¿Acaso la primavera es sueño?
Este calor es, al fin, la realización de su amor para los amantes
este principio, no la reanudación, este
estruendo de la abeja recién llegada.

III
La gran estatua del general Du Puy
descansaba inmóvil, aunque los catafalcos vecinos
aburría como ostras a los habitantes de tan noble lugar.
La mano derecha del caballo levantada
sugería que en el entierro
la música se detuvo y el caballo se quedó quieto.
Los domingos, los abogados, en sus paseos,
se acercaron a está efigie sólidamente realzada
para estudiar el pasado, y los médicos, habiéndose bañado
con esmero, buscaron en la figura inerme
una suspensión, una permanencia, tan rígida
que hacía que el General pareciera algo absurdo,
trocada su carne en bronce inhumano.
Nunca había existido, nunca pudo existir, un hombre
así. Los abogados descreyeron, los médicos
dijeron que como ornamento ilustre, de primera,
como escenario para los geranios, el General,
la misma plaza Du Puy, de hecho, pertenecían
a nuestros más rudimentarios estados mentales.
Nada había ocurrido porque nada había cambiado.
Entonces, al final, el General era basura.

IV
Dos cosas de naturaleza contraria parecen depender
una de la otra, así como el hombre depende
de una mujer, día y noche, lo imaginado
de lo real. Este es el principio del cambio.
Invierno y primavera, fríos copuladores, se abrazan
y así llegan los pormenores del éxtasis.
La música cae en el silencio como un sentido,
una pasión que sentimos y no comprendemos.
Mañana y tarde se entrelazan
y el norte y el sur son una pareja intrínseca
y el sol y la lluvia la pluralidad, como dos amantes
que se alejan como uno en el conjunto verde.
En la soledad las trompetas de la soledad
no pertenecen a otra resonante soledad;
una pequeña cuerda habla para una multitud de voces.
El participante participa de aquello que lo transforma.
El niño que toca asimila el carácter de la cosa,
del cuerpo, que toca. El capitán y sus hombres
son uno y el marinero y el mar son uno.
Sigamos, oh mi compañero, mi amigo, yo mismo,
hermana y consuelo, hermano y gozo.

V
En una isla azul en aguas anchas como el cielo
los naranjos silvestres siguieron floreciendo y soportando,
mucho tiempo después de la muerte del colono. Sobrevivieron unas pocas limas,
donde la casa se derrumbó, tres árboles enclenques
cargados con verde enmarañado. Estos eran los turquesas del colono
y sus manchas naranjas. Estas eran sus zonas verdes,
un verde cocido más verde bajo el más verde sol.
Estas eran sus playas, sus cálamos en
la arena blanca, su correteo en las largas salpicaduras del mar.
Había una isla más allá donde él descansaba,
una isla al sur, en la que se apoyaba como
una montaña, una piña incisiva como el verano cubano.
Y allí, allí, las bananas frescas crecieron,
colgando pesadas del gran plátano,
que perfora las nubes y dobla el mundo a la mitad.
A menudo pensaba en la tierra de la que provenía,
cómo el mundo entero era un melón, rosado
si se lo mira con cuidado y aun posiblemente rojo.
Un hombre simple bajo una luz negativa
no podría haber soportado su trabajo ni morir
suspirando porque debió haber dejado el tañido del banjo.

Wallace Stevens (Reading, Pennsylvania, 1879 - Hartford, Connecticut, 1955), Notes Towards a Supreme Fiction, 1942
Versión de Silvia Camerotto


It Must Change


I /The old seraph, parcel-gilded, among violets /Inhaled the appointed odor, while the doves /Rose up like phantoms from chronologies. /The Italian girls wore jonquils in their hair /And these the seraph saw, had seen long since, /In the bandeaux of the mothers, would see again. /The bees came booming as if they had never gone, /As if hyacinths had never gone. We say /This changes and that changes. Thus the constant /Violets, doves, girls, bees and hyacinths /Are inconstant objects of inconstant cause /In a universe of inconstancy. This means /Night-blue is an inconstant thing. The seraph /Is satyr in Saturn, according to his thoughts. /It means the distaste we feel for this withered scene /Is that it has not changed enough. It remains, /It is a repetition. The bees come booming /As if–The pigeons clatter in the air. /An erotic perfume, half of the body, half /Of an obvious acid is sure what it intends /And the blooming is blunt, not broken in subtleties. //II /The President ordains the bee to be /Immortal. The President ordains. But does /The body lift its heavy wing, take up /Again, an inexhaustible being, rise /Over the loftiest antagonist /To drone the green phrases of its juvenal? /Why should the bee recapture a lost blague, /Find a deep echo in a horn and buzz /The bottomless trophy, new hornsman after old? /The President has apples on the table /And barefoot servants round him, who adjust /The curtains to a metaphysical t /And the banners of the nation flutter, burst /On the flag-poles in a red-blue dazzle, whack /At the halyards. Why, then, when in golden fury /Spring vanishes the scraps of winter, why /Should there be a question of returning or /Of death in memory’s dream? Is spring a sleep? /This warmth is for lovers at last accomplishing /Their love, this beginning, not resuming, this /Booming and booming of the new-come bee.  //III /The great statue of the General Du Puy /Rested immobile, though neighboring catfalques /Bore off the residents of its noble place. /The right, uplifted foreleg of the horse /Suggested that, at the final funeral, /The music halted and the horse stood still. /On Sundays, lawyers in their promenades /Approached this strongly-heightened effigy /To study the past, and doctors, having bathed /Themselves with care, sought out the nerveless frame /Of a suspension, a permanence, so rigid /That it made the General a bit absurd, /Changed his true flesh to an inhuman bronze. /There never had been, never could be, such /A man. The lawyers disbelieved, the doctors /Said that as keen, illustrious ornament, /As a setting for geraniums, the General, /The very Place Du Puy, in fact, belonged /Among our more vestigial states of mind. /Nothing had happened because nothing had changed. /Yet the General was rubbish in the end.  //IV /Two things of opposite natures seem to depend /On one another, as a man depends /On a woman, day on night, the imagined /On the real. This is the origin of change. /Winter and spring,cold copulars, embrace /And forth the particulars of rapture come. /Music falls on the silence like a sense, /A passion that we feel, not understand. /Morning and afternoon are clasped together /And North and South are an intrinsic couple /And sun and rain a plural, like two lovers /That walk away as one in the greenest body. /In solitude the trumpets of solitude /Are not of another solitude resounding; /A little string speaks for a crowd of voices. /The partaker partakes of that which changes him. /The child that touches takes character from the thing, /The body, it touches. The captain and his men /Are one and the sailor and the sea are one. /Follow after, O my companion, my fellow, my self, /Sister and solace, brother and delight.  //V /On a blue island in a sky-wide water /The wild orange trees continued to bloom and to bear, /Long after the planter’s death. A few limes remained, /Where his house had fallen, three scraggy trees weighted /With garbled green. These were the planter’s turquoise /And his orange blotches. These were his zero green, /A green baked greener in the greenest sun. /These were his beaches, his sea-myrtles in /White sand, his patter of the long sea-slushes. /There was an island beyond him on which rested, /An island to the South, on which rested like /A mountain, a pineapple pungent as Cuban summer. /And là-bas, là-bas, the cool bananas grew, /Hung heavily on the great banana tree, /Which pierces clouds and bends on half the world. /He thought often of the land from which he came, /How that whole country was a melon, pink /If seen rightly and yet a possible red. /An unaffected man in a negative light /Could not have borne his labor nor have died  /Sighing that he should leave the banjo’s twang.


Ilustración: Wedding Dream in Nudist Colony, 1971, Gustave Klumpp Virtual Museum of Canada