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viernes, octubre 01, 2021

Robert Lowell / Agua




Era un pueblo langostero de Maine...
Cada mañana botes llenos de trabajadores
partían a las canteras
de granito de las islas,

dejando docenas de lóbregas
casas blancas de madera pegadas
como conchas de ostras
sobre la pedregosa colina,

mientras debajo de nosotros el mar acariciaba
un rudimentario laberinto
de cañas como cerillos,
donde eran atrapados peces para cebo.

¿Te acuerdas? Nos sentábamos en una losa de piedra.
Desde esta distancia en el tiempo
parece del color del iris
pudriéndose y tornándose cada vez más amoratado.

pero era solamente
la típica roca gris
que adquiere el típico verde
cuando es empapada por el mar.

El mar empapaba la roca
a nuestros pies durante todo el día
y continuaba socavándola
capa a capa.

Una noche soñaste
que eras una sirena aferrada a un pilote del muelle
que trataba de sacar
los percebes con sus manos.

Deseamos que nuestras dos almas
pudieran retornar como gaviotas
a la roca. Al final
el agua estaba demasiado fría para nosotros.

For the Union Dead, 1964

Robert Lowell (Boston, Estados Unidos, 1917-Nueva York, Estados Unidos, 1977), Apuntes autobiográficos y algunos poemas, Ediciones Universidad Diego Portales, Santiago de Chile, 2013
Traducción de Sergio Coddou 


Foto: Robert Lowell, Boston, 1964 Steve Schapiro/Corbis/Getty Images


Water

It was a Maine lobster town—
each morning boatloads of hands
pushed off for granite
quarries on the islands,

and left dozens of bleak
white frame houses stuck
like oyster shells
on a hill of rock,

and below us, the sea lapped
the raw little match-stick
mazes of a weir,
where the fish for bait were trapped.

Remember? We sat on a slab of rock.
From this distance in time
it seems the color
of iris, rotting and turning purpler,

but it was only
the usual gray rock
turning the usual green
when drenched by the sea.

The sea drenched the rock
at our feet all day,
and kept tearing away
flake after flake.

One night you dreamed
you were a mermaid clinging to a wharf-pile,
and trying to pull
off the barnacles with your hands.

We wished our two souls
might return like gulls
to the rock. In the end,
the water was too cold for us.

miércoles, agosto 08, 2018

Robert Lowell / Navegando hacia casa desde Rapallo



Tu enfermera sólo sabía hablar italiano,
pero luego de veinte minutos pude imaginarme la semana final
y las lágrimas corrieron por mis mejillas...

Cuando me emabarqué en Italia con el cuerpo de mi madre
toda la costa del Golfo de Génova
estallaba en una vehemente flor.
Los locos amarillos y azulados trineos acuáticos
barrenando como martinetes
en la estela burbujeante spumante de nuestro barco,
recordaban los estrepitosos colores de mi Ford.
Mi madre viajaba en primera clase en la bodega:
su ataúd Risorgimento, negro y oro,
era como el de Napoleón en los Inválidos...

Mientras los pasajeros se tostaban
en el Mediterráneo, en las sillas de cubierta,
nuestro cementerio familiar en Dunbarton
se extendía debajo de las Montañas Blancas
con un tiempo bajo cero.
El suelo del cementerio se estaba convirtiendo en piedra,
tantas de sus muertes habían ocurrido en pleno invierno.
Sombríos y hoscos entre las cegadoras vestiscas,
su negro arroyo y los troncos de los abetos estaban lisos
   como mástiles.
Una cerca de medias lanzas de hierro
bordeaba de negro sus lápidas de pizarra, casi todas
   coloniales.

La única alma "antihistórica" que vino a parar allí
era mi padre, ahora enterrado debajo de su reciente
lonja de mármol de vetas negras sin desgastar.
Aun el latín de su divisa de Lowell:
Occasionem cognosce,
parecía demasiado práctico y agresivo allí,
donde el quemante frío iluminaba
las inscripciones labradas de los parientes de mi madre;
veinte o treinta Winslows y Starks.
La escarcha les había otorgado a sus nombres un borde de
   diamante...

En el grandilocuente rótulo sobre el féretro de mi madre,
Lowell había sido escrito erróneamente LOVEL.
El cadáver
estaba envuelto como un panetone en papel de estaño italiano.

Robert Lowell (Boston, Estados Unidos, 1917-Nueva York, Estados Unidos, 1977), Alberto Girri, Versiones, Corregidor, Buenos Aires, 1974

Poetry Foundation - El Cultural - Página 12 - Literatura y Traducciones


Sailing Home from Rapallo

[February 1954]

Your nurse could only speak Italian,
but after twenty minutes I could imagine your final week,   
and tears ran down my cheeks....

When I embarked from Italy with my Mother’s body,   
the whole shoreline of the Golfo di Genova 
was breaking into fiery flower.
The crazy yellow and azure sea-sleds   
blasting like jack-hammers across
the spumante-bubbling wake of our liner,   
recalled the clashing colors of my Ford.   
Mother traveled first-class in the hold;   
her Risorgimento black and gold casket   
was like Napoleon’s at the Invalides....

While the passengers were tanning   
on the Mediterranean in deck-chairs,   
our family cemetery in Dunbarton   
lay under the White Mountains
in the sub-zero weather.
The graveyard’s soil was changing to stone—
so many of its deaths had been midwinter.   
Dour and dark against the blinding snowdrifts,
its black brook and fir trunks were as smooth as masts.
A fence of iron spear-hafts
black-bordered its mostly Colonial grave-slates.   
The only “unhistoric” soul to come here   
was Father, now buried beneath his recent   
unweathered pink-veined slice of marble.   
Even the Latin of his Lowell motto:   
Occasionem cognosce, 
seemed too businesslike and pushing here,   
where the burning cold illuminated
the hewn inscriptions of Mother’s relatives:   
twenty or thirty Winslows and Starks.
Frost had given their names a diamond edge....

In the grandiloquent lettering on Mother’s coffin,   
Lowell had been misspelled LOVEL.
The corpse
was wrapped like panettone in Italian tinfoil.

Poetry Foundation

Robert Lowell, “Sailing Home from Rapallo” from Selected Poems. Copyright © 1976 by Robert Lowell. Used by permission of Farrar, Straus & Giroux, LLC, http://us.macmillan.com/fsg. All rights reserved.
---
Imagen: Steve Schapiro/Corbis/Getty/The New Yorker

sábado, marzo 26, 2016

Robert Lowell / El adiós de Santayana a sus enfermeras















El espíritu da vida; ¿bastarán las cartas
al quieto excéntrico, si por voluntad del cielo
la Iglesia le pareció demasiado hermosa para creer en ella?
"Morirás", responden las Hermanas, "tal cual viviste".
Uno se pregunta cómo garbillarán lo que escribí,
o si las monjas fueron en exceso pragmáticas
para alimentar muchas ilusiones. Creyendo que Pablo,
el más abyecto de los hombres, hubiese errado el blanco
al predicar que la verdad era sólo cuanto su mano podía alcanzar,
al insondable Evangelio entregué el alma;
de mis palabras la esencia extrajo corazón y paisaje.
Al morir, imaginé que las Hermanas Azules me acosaban
revoloteando como gansos, silbando, "Roma ha de dar lo mejor",
hasta que Curcio*, armado, llene el hueco.

Robert Lowell (Boston, Estados Unidos, 1917-Nueva York, Estados Unidos, 1977), Alberto Girri, 15 poetas norteamericanos [primera serie], Bibliográfica Omeba, Buenos Aires, 1966

Notas de Administrador:

Jorge Ruiz de Santayana y Borrais (Madrid, 1863-Roma, 1952), filósofo y poeta hispano-estadounidense, dictó clases en Harvard y contó entre sus discípulos a algunos de quienes serían prominentes escritores, como T.S. Eliot, Wallace Stevens y Gertrude Stein. Se consideró siempre un extranjero en los Estados Unidos y vivió en Europa toda la segunda parte de su vida. Establecido en Roma en 1920, pasó sus últimos años al cuidado de monjas católicas. Su "animismo cósmico" y su idea del conocimiento como intuición de la "actualidad pura" influyó en el imaginismo poderosamente. Santayana se consideraba un "católico estético".

* Alúdese a la leyenda de Curcio, quien, según Tito Livio, en los primeros años de la República Romana se arrojó con sus armas y caballo a un gran agujero que se había abierto en el Foro. El oráculo había dicho que el hueco sólo podía llenarse con "lo mejor de Roma". Curcio se arrogó la representación de la virtud, que, según creía, estaba en la juventud y el ejército. El Lacus Curtio, una higuera, una vid y un olivo brotaron en el lugar desde el abismo.


Santayana's Farewell to his Nurses

The spirit giveth life; will letters kill
The calm eccentric, if by heaven's will
He found the Church too good to be believed?
"You'll die", the Sisters answer, "as you lived".
One wonders how they riddled what I wrote,
Or if the nuns were too pragmatical
To nurse illusion long. Believing Paul,
Most miserable of men, had missed the boat
By preaching truth was that his hand could reach,
I gave the bottomless Evangel soul;
Essence took heart and landscape form my speech.
Dying, I fancied the Blue Sisters pressed
Like geese-girls, hissing, "Rome must give her best",
Till Curtius in full armor filled the hole.

---

domingo, enero 03, 2016

Robert Lowell / Los santos inocentes














Escucha, las campanillas del heno tintinean mientras la carreta
se balancea sobre las llantas de goma por el alquitrán
y el hielo rociado con ceniza bajo el molino de cáñamo
y el canal de los sábalos. Los bueyes se babean y se asustan
estúpidamente ante los guardabarros de un automóvil,
y se mueven pesados y macizos por la colina de San Pedro.
Estos son los no contaminados por mujer, su dolor
no es el dolor de este mundo:
el Rey Herodes gritando venganza junto a las retorcidas
rodillas de Jesús agarrotadas en el aire,

un rey de idiotas mudos y de infantes. El mundo
es aún más Herodes que Herodes; y el año
mil novecientos cuarenta y cinco de gracia
fatigosamente sube con pérdidas la colina de escorias
de nuestra purificación; y los bueyes se acercan
a los gastados cimientos de su refugio,
el santo pesebre donde su lecho es maíz
y desgarbados acebos para Navidad. ¿Si ellos mueren
como Jesús, en el yugo, quién los llorará?
¡Cordero de los pastores, Niño, qué inmóvil yaces!

Robert Lowell (Boston, Estados Unidos, 1917-Nueva York, Estados Unidos, 1977), Stevens, Williams, Lowell, Poemas, versiones y notas por Alberto Girri, Corregidor, Buenos Aires, 1982 

Notas del traductor:

The Holy Inoncents: "Herodes, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme el tiempo que había inquirido a los magos" (San Matero, 2, 16).
V. 7 These are undefiled by woman: "Estos son los que no se contaminaron con mujer, pues son vírgenes" (Apocalipsis de San Juan, 14, 4).
V. 12 world out-Herods Herod: En el Acto III, escena segunda, de Hamlet, leemos it out-herods Herod.


The Holy Innocents

Listen, the hay—bells tinkle as the cart 
Wavers on rubber tires along the tar 
And cindered ice below the burlap mill 
And ale—wife run. The oxen drool and start 
In wonder at the fenders of a car, 
And blunder hugely up St. Peter’s hill. 
These are the undefiled by woman–their 
Sorrow is not the sorrow of this world: 
King Herod shrieking vengeance at the curled 
Up knees of Jesus choking in the air,

A king of speechless clods and infants. Still 
The world out—Herods Herod; and the year, 
The nineteen—hundred forty—fifth of grace, 
Lumbers with losses up the clinkered hill 
Of our purgation; and the oxen near 
The worn foundations of their resting—place, 
The holy manger where their bed is corn 
And holly torn for Christmas. If they die, 
As Jesus, in the harness, who will mourn? 
Lamb of the shepherds, Child, how still you lie.

en American Poetry of the Twentieth Century, edited by Richard Gray, Cambridge University Press, 1976
---
Foto: s/d

sábado, enero 02, 2016

Robert Lowell / Dea Roma














Augusto te enmendó. Colgó la lengua
de Tulio sobre tu tribuna, a latigazos
arrojó de tu Senado a los usureros;
y Bruto arrancó su cuarenta y seis por ciento
para la Pax Romana. Silenciosa como un ratón
la sangre lame con su lengua los afeites del rey.

Durante años tus legiones militaron por este mundo
bajo las águilas del Señor Lucifer, pero antorchas humanas
iluminaron a los capitanes el camino a casa
allí donde las víctimas curvaban el crucifijo real:
¡Cuántas calles y cloacas llevaron a Roma!
Satán se pasea de un lado a otro por el mundo

en estos dieciséis siglos, oh Ciudad Eterna,
que hemos dilapidado desde que Majencio cayó
bajo el puente Milvio; de la seca cúpula
de Miguel Ángel, tu pescador
camina sobre las aguas de una Roma sin pantanos
para depositar su redada en la Ciudad Celestial.

Robert Lowell (Boston, Estados Unidos, 1917-Nueva York, Estados Unidos, 1977), Stevens, Williams, Lowell, Poemas, versiones y notas por Alberto Girri, Corregidor, Buenos Aires, 1982 

Notas del traductor:

V. 2 Tullius: Cicerón
V. 4 And Brutus bled forty-six per cent: Marco Bruto, según revela Cicerón en su correspondencia, cuando estuvo destacado en Asia Menor se comportó como un prestamista sin escrúpulos. En Salamina, Chipre, había llegado a prestar dinero hasta al cuarenta y ocho por ciento de interés.
V. 9 human torches lit: Los mártires cristianos, crucificados y entregados a las llamas, iluminan como antorchas el retorno de las legiones de Roma diseminadas a la conquista del mundo.
V. 14 Maxentius fell: Se refiere al triunfo de Constantino sobre Majencio, en el año 312, y la subsiguiente promulgación del Edicto de Milán, por el cual el cristianismo es instituido como religión oficial del Imperio.

Mediante un episodio de la historia de Roma, el momento en que Augusto crea medidas en contra de los ricos usureros de la ciudad, prosigue Lowell su insistente meditación sobre la descomposición del mundo y el llamado a la fe, meditación cuyo corolario es que desde la entrada de Constantino en Roma, hace dieciséis siglos, nada hemos hecho para que esa fe retorne, para que la Ciudad Celestial sea sede y gobierno de nuestras almas. "Dea Roma" constituye una excelente muestra de la agudeza de percepción de Lowell ante los hechos históricos, y de su capacidad para mostrar un pasado que prefigura el presente del mundo, y un presente que contiene el pasado.

Anotación del Administrador:

Verso 2: el rostrum era el espolón de las naves de guerra. Desde que, en el siglo IV a.C, se colocaron espolones de naves enemigas derrotadas sobre la tribuna del Foro, ese lugar pasó a conocerse como la rostra. Lowell anota "rostrum" por lo que puede entenderse como figura que la lengua de Cicerón, paradigma de los oradores, fue colgada directamente de un espolón. Lo que se expuso en verdad fue su cabeza en la rostra, acompañada por sus manos.


Una versión del original

Dea Roma 

Augustus mended you. He hung the tongue
Of Tullius upon your rostrum, lashed
The money-lenders from your Senate-house;
And Brutus bled his forty-six per cent
For Pax Romana. Quiet as a mouse
Blood licks the king’s cosmetics with its tongue.

Some years, your legions soldiered through this world
Under the eagles of Lord Lucifer;
But human torches lit the captains home
Where victims warped the royal crucifix;
How many roads and sewers led to Rome.
Satan is pacing up and down the world.

These sixteen centuries, Eternal City,
That we have squandered since Maxentius fell
Under the Milvian Bridge; from the dry dome
Of Michelangelo, your fisherman
Walks on the waters of a draining Rome
To bank his catch in the Celestial City.

en foro mlingua


DEA ROMA

First appeared in the Sewanee Review, LI (1943), 391.
Revised and reprinted in Land of Unlikeness, 1944.
Revised and reprinted in Lord Weary's Castle, 1946.
Reprinted in Poems 1938-1949, 1950.
Reprinted in Poesie 1943-1952, 1955.

The achievement of Robert Lowell, 1939-1959

---
Foto: Robert Lowell, c. 1965 (detalle)  Elsa Dorfman/París Review

jueves, julio 17, 2014

Robert Lowell / Buenos Aires












En mi habitación del Hotel Continental
a mil millas de ninguna parte,
escuché
el grueso, carnoso respirar de la manada.

El ganado cubría mi ropa nueva:
abrigo de delgada gamuza color nuez,
calzado puntiagudo
que me apretaba los pies.

Un falso decoro de fin de siglo
roncaba sobre Buenos Aires,
perdido en las pampas
gobernada desde cuarteles.

Antiguos hombres fuertes  a quienes se negó la gloria,
en bancarrota, a caballo, soldados a sus monturas, movían
patas alzadas en mármol blanco de forma lunar
para abatir al país.

La escultura militar romántica
enarbolaba sables frente a arquitectura Dickensiana,
lacónicos pelotones patrullaban los vacíos
dejados por la pobreza invisible.

Todo el día leí de golpes de estado de la prensa
de pesados, generales destructivos –
bollos de masa en el tablero de ajedrez – y nunca vi
los tanques que se le enfrentaban.

En los soleados paseos de cipreses
en  el cementerio de Mártires Republicanos,
cientos de templos romanos monoambientes
albergaban sus neoclásicos catafalcos.

Bustos realistas conmemorativos
preservaban los sacones de campaña
y las preocupadas, surcadas frentes
de esos soldados burócratas.

Al borde de sus portones de bronce
cien diosas de mármol
lloraban como sauces. Hallé alivio
cubriendo con suaves palmas cada duro seno.

Esa noche caminé las calles.
Mis apretados pies sangraban en los zapatos. En una plaza
rechacé la seducción desde la oscuridad de
cuerpos de pitonisas semidiosas del nuevo mundo.

En todas partes bramaba el viejo toro –
los amordazados de abajo clamaban
por la bruta carne de Perón,
el Don Juan de las cortesanas.

En la plaza principal
un obelisco de piedra blanca
se erguía como falo
sin piel ni pelo –

siempre mi faro
¡me dirigí a casa que es el hotel!
Mi aliento blanqueaba el aire invernal
abatido yo por el cansancio.

Cuando la negrura de la noche se disipó,
vi la luz de la madrugada
sobre una Buenos Aires llena
de un severo gentío almidonado.

Robert Lowell (Boston, 1917- New York,1977), New York Review of Books, 1 de febrero de 1963. Incluido en el libro For the Union Dead (Para los muertos de la unión), 1964
Versión de Andrew Graham-Yooll


Buenos Aires

In my room at the Hotel Continental
a thousand miles from nowhere,
I heard
the bulky, beefy breathing of the herds.

Cattle furnished my new clothes:
my coat of limp, chestnut-colored suede,
my sharp shoes
that hurt my toes.
A false fin de siecle decorum
snored over Buenos Aires,
lost in the pampas
and run by the barracks.

Old strong men denied apotheosis,
bankrupt, on horseback, welded to their horses, moved
white marble rearing moon-shaped hooves,
to strike the country down.

Romantic military sculpture
waved sabers over Dickensian architecture,
laconic squads patrolled the blanks
left by the invisible poor.

All day I read about newspaper coup d’états
of the leaden, internecine generals—
lumps of dough on the chessboard—and never saw
their countermarching tanks.

Along the sunlit cypress walks
of the Republican Martyrs’ graveyard,
hundreds of one-room Roman temples
hugged their neo-classical catafalques.

Literal commemorative busts
preserved the frogged coats
and fussy, furrowed foreheads
of those soldier bureaucrats.

By their brazen doors
a hundred marble goddesses
wept like willows. I found rest
by cupping a soft palm to each hard breast.

That night I walked the streets.
My pinched feet bled in my shoes. In a park
I fought off seduction from the dark
python bodies of new world demigods.

Everywhere, the bellowing of the old bull—
the muzzled underdogs still roared
for the brute beef of Peron,
the nymphets’ Don Giovanni.

On the main square
a white stone obelisk
rose like a phallus
without flesh or hair—

always my lighthouse
homeward to the hotel!
My breath whitened the winter air,
I was the worse for wear.

When the night’s blackness spilled,
I saw the light of morning
on Buenos Aires filled
with frowning, starch-collared crowds.

---
Foto: Robert Lowell en Londres, 1967 Jane Brown/The Guardian

miércoles, abril 30, 2014

Robert Lowell / Para Delmore Schwartz












(Cambridge, 1946)

¡Ni siquiera éramos capaces de mantener prendida la caldera!
Incluso después de haberlo desconectado,
el anticuado
refrigerador esparcía gas mostaza
por toda tu casa amarillo mostaza,
y arruinaba nuestra largamente planificada
visita del hermano de T. S. Eliot, Henry Ware...

Tu pato relleno estiraba el cuello oteando hacia Harvard desde mi baúl:
su pico tenía la forma de un pico negro, su cresta
era alta y más delgada que el pulgar de un bebé;
las membranas de sus patas eran duras como un ramaje de uñas de pie.
Era tu primer asesinato; te habías apresurado a llevarlo a casa,
encurtido en un basurero de lata lleno de ron,
desde donde nos miraba, como si se hubiese emborrachado hasta morir.
Seguramente trataste de cerrarle los párpados con las uñas
y aún así vivió para encontrar nuestras miradas,
rabelesiano, lascivo y drogado. Y desde ahí,
colgado sobre mi baúl-escritorio,
calmó nuestra universal
Angst por un instante, Delmore. Bebimos y miramos
las cobardes sombras de este mundo.
Compañeros submarinos, notablemente locos,
conversamos largamente sobre nuestros camaradas. "Deja que Joyce y Freud,
los maestros del júbilo,
sean nuestros invitados aquí", dijiste. La habitación estaba llena
de humo de cigarrillos que trazaba círculos sobre la inerte mirada
paranoica de Coleridge, de vuelta
de Malta -sus ojos llenos de carnosidades, los labios cocidos y negros.
Tu gatito atigrado, Oranges,
daba jubilosas volteretas en una gruñente danza.
Tú dijiste:
"Nosotros, poetas, en nuestra juventud comenzamos con la tristeza;
y después, al final, llegan el abatimiento y la locura;
¡Stalin ya ha tenido dos hemorragias cerebrales!"
El río Charles
comenzaba a volverse plateado. En la mortecina
luz de la mañana, encajamos
la pata
del pato, a modo de vela, en una botella de ginebra que nos habíamos bajado.

de Life Studies (1959)

Robert Lowell (Boston, 1917-Nueva York, 1977), Apuntes autobiográficos y algunos poemas, traducción de Sergio Coddou, Ediciones Universidad Diego Portales, Santiago de Chile, 2013


To Delmore Schwartz

(Cambridge 1946)

We couldn't even keep the furnace lit!
Even when we had disconnected it,
the antiquated
refrigerator gurgled mustard gas
through your mustard-yellow house,
and spoiled our long maneuvered visit
from T.S. Eliot's brother, Henry Ware...

Your stuffed duck craned toward Harvard from my trunk:
its bill was a black whistle, and its brow
was high and thinner than a baby's thumb;
its webs were tough as toenails on its bough.
It was your first kill: you had rushed it home,
pickled in a tin wastebasket of rum–
it looked through us, as if it'd died dead drunk.
You must have propped its eyelids with a nail,
and yet it lived with us and met our stare,
Rabelaisian, lubricious, drugged. And there,
perched on my trunk and typing-table,
it cooled our universal
Angst a moment, Delmore. We drank and eyed
the chicken-hearted shadows of the world.
Underseas fellows, nobly mad,
we talked away our friends. "Let Joyce and Freud
the Masters of Joy,
be our guests here," you said. The room was filled
with cigarette smoke circling the paranoid,
inert gaze of Coleridge, back
from Malta – his eyes lost in flesh, lips baked and black.
Your tiger kitten, Oranges,
cartwheeled for joy in a ball of snarls.
You said:
"We poets in our youth begin in sadness;
thereof in the end come despondency and madness;
Stalin has had two cerebral hemorrhages!"
The Charles
River was turning silver. In the ebb-
light of morning, we stuck
the duck
-'s web-
foot, like a candle, in a quart of gin we'd killed.

---
Foto: Robert Lowell en la portada de Collected Poems, Farrar, Straus and Giroux, 2007

lunes, marzo 24, 2014

Robert Lowell / A la venta













Pobre juguete avergonzado,
organizado con despilfarradora animosidad,
vivió durante solo un año:
la casita de papá en Berverly Farms
ya estaba a la venta el mismo mes en que murió.
Vacía, abierta, íntima,
su mobiliario de casa de ciudad
tenía un aire provisorio
como si esperara a los de la mudanza,
que van pisando los talones a los sepultureros.
Preparada, asustada
de vivir sola hasta los ochenta,
mamá languidecía en la ventana
como si se hubiera quedado en el tren
una estación más allá de su destino.

de Life Studies (1959)

Robert Lowell (Boston, 1917-Nueva York, 1977), Apuntes autobiográficos y algunos poemas, traducción de Sergio Coddou, Ediciones Universidad Diego Portales, Santiago de Chile, 2013


For Sale

Poor sheepish plaything,
organized with prodigal animosity,
lived in just a year—
my Father’s cottage at Beverly Farms
was on the market the month he died.
Empty, open, intimate,
its town-house furniture
had an on tiptoe air
of waiting for the mover
on the heels of the undertaker.
Ready, afraid
of living alone till eighty,
Mother mooned in a window,
as if she had stayed on a train
one stop past her destination.

viernes, mayo 31, 2013

Robert Lowell / Para hablar del infortunio que hay en el matrimonio




Para hablar del infortunio que hay en el matrimonio

La noche calurosa nos hace mantener abiertas las ventanas del dormitorio.
Nuestra magnolia florece. La vida comienza a acontecer,
mi excitado marido interrumpe sus discusiones hogareñas
y recorre las calles de un lado a otro, en busca de prostitutas,
lanzándose por el filo de la navaja.
Ese insensato podría matar a su mujer y luego jurar no beber más.
Oh la monótona bajeza de su lujuria...
Es la injusticia... él es tan injusto...
ciego de whisky volviendo a casa a las cinco, fanfarroneando.
¿Qué lo mueve? Cada noche ato a mi muslo
diez dólares y la llave del auto...
Aguijoneado por la urgencia de su deseo,
se desploma sobre mí como un elefante.

Robert Lowell (Boston, 1917-Nueva York 1977), Alberto Girri, Versiones, Corregidor, Buenos Aires, 1974 

To Speak of Woe That Is in Marriage

The hot night makes us keep our bedroom windows open.
Our magnolia blossoms.Life begins to happen.
My hopped up husband drops his home disputes,
and hits the streets to cruise for prostitutes,
free-lancing out along the razor's edge.
This screwball might kill his wife, then take the pledge.
Oh the monotonous meanness of his lust...
It's the injustice ... he is so unjust...
whiskey-blind, swaggering home at five.
My only thought is how to keep alive.
What makes him tick? Each night now I tie
ten dollars and his car key to my thigh...
Gored by the climacteric of his want,
he stalls above me like an elephant.

Poetry Org.-

---
Ilustración: Vista de Basilea y el Rin, 1927, Ernst Ludwig Kirchner

sábado, octubre 13, 2012

Robert Lowell / Pielrroja




Pielrroja 

Desenvainada, inesperadamente te vuelves pielrroja,
salvo por dos antorchas blancas, frutos del verano,
faros de mujer que nos guían en la oscuridad
a amar el cuerpo, el único amor que es hombre.
Desvestidas, las mujeres lucen naturales, el hombre no,
equipado con su bate redentor y sus pelotas
-Renoir, paralizado, pintaba con el pene-
Frases consecutivas sin final ni propósito…
La lluvia araña el tragaluz, mil uñas,
dedos helados, con mala circulación
goteando toda la noche desde el cielo a nuestra piel…
nuestro cuerpos enrojecidos bajo el vitral del amanecer…
Al despuntar la ira, cuando la tierra y el océano se funden,
¿quién quiere alzar su arma contra la ballena?

Robert Lowell (Boston, 1917-Nueva York 1977), traducción de Mirta Rosenberg, "Conversos", El paisaje interior, inédito


Redskin

Unsheathed, you unexpectedly go redskin,
except for two white torches, fruits of summer,
woman’s headlights to guide us through the dark
to love the body, the only love man is.
Women look natural stripped to flesh, not man
equipped with his redemptive bat and balls—
Renoir, paralyzed, painted with his penis. 
Endless, aimless consecutive sentences…
Rain claws the skylight, a thousand fingernails,
icy, poor circulating fingers
trickling all night from heaven to our skins…
our bodies sunburnt in the staining dawn…
At wrath-break, when earth and ocean merge,
who wants to hold his weapon to the whale?
---
Ilustración: Jawlensky and Werefkin, 1908-09, Gabriele Münter

domingo, octubre 02, 2011

Robert Lowell / Epílogo





Epílogo

Esas benditas estructuras, tramas y rimas:
¿por qué no me ayudan ahora,
para consumar
algo que he vislumbrado y que aún no ha sido recordado?
Escucho el timbre de mi propia voz:
la visión del pintor no es un cristal;
tiembla por acariciar la luz.
Pero a veces cuando escribo
con el raído arte de mi ojo
semeja una fotografía
algo vulgar, apresurada y abigarrada, estridente,
realzada desde la vida
pero aprisionada por los hechos:
un desafortunado vínculo.
Aun así, ¿por qué no decir qué fue lo ocurrido?
Oremos por la gracia de la precisión
que Vermeer prodigó a las luminosidades del sol,
sigilosamente, como una corriente a través del diseño,
en esa muchacha que persevera afanosa.
Somos escuálidas y pasajeras circunstancias;
prevenidos de esto entregamos
a cada figura de la fotografía
un nombre duradero.

Robert Lowell (Boston, 1917-Nueva York, 1977), Covers, 36 poetas en lengua inglesa, traducción de Armando Roa, Uqbar Editores, Santiago de Chile, 2010


Epilogue

Those blessed structures, plot and rhyme-
why are they no help to me now
I want to make
something imagined, not recalled?
I hear the noise of my own voice:
The painter's vision is not a lens,
it trembles to caress the light.
But sometimes everything I write 
with the threadbare art of my eye
seems a snapshot,
lurid, rapid, garish, grouped,
heightened from life,
yet paralyzed by fact.
All's misalliance.
Yet why not say what happened?
Pray for the grace of accuracy
Vermeer gave to the sun's illumination
stealing like the tide across a map
to his girl solid with yearning.
We are poor passing facts,
warned by that to give
each figure in the photograph
his living name. 

---
Ilustración: Abrir el cubo y encontrar la vida, 1969, Roberto Matta

jueves, agosto 12, 2010

Robert Lowell / Como un plátano...




Como un plátano junto al agua

Las tinieblas atrajeron tinieblas, y la ignominia
se abre paso por nuestras ventanas en esta planificada
Babel de Boston donde nuestro dinero habla
y multiplica las tinieblas de una tierra
de preparación donde la Virgen camina
y las rosas enmarcan en espiral su esmaltado rostro
o caen astillas sobre las calles resecas.
Nuestra Señora de Babilonia pasa, pasa,
yo fui una vez la niña de tus ojos;
moscas, moscas sobre el plátano, en las calles.

Las moscas, las moscas de Babilonia
zumban en mis tímpanos mientras el diablo con el prolongado
canto fúnebre de la gente hace detonar la hora
de las flotantes ciudades donde su áurea lengua
embruja a los albañiles de la Torre de Babel
para que levanten la ciudad de mañana hasta el sol
que jamás se pone en las infernales calles
de Boston, donde la luz del sol es una espada
golpeando al que contempla al Señor:
moscas, moscas sobre el plátano en las calles.

Moscas invaden las aguas milagrosas del helado
Atlántico, y los ojos de Bernardeta
que vieron a Nuestra Señora de pie en la gruta
de Massabielle, la vieron con claridad tal
que su visión cegó los ojos de la razón. La tumba
está abierta por completo y absorbida en Cristo.
¡Oh muros de Jericó! Y todas las calles
que conducen a nuestra muralla atlántica cantan. "Cantad,
cantad por la resurrección del Rey."
Moscas, moscas sobre el plátano, en las calles.

Robert Lowell (Boston, 1917-Nueva York, 1977), Stevens, Williams, Lowell, Poemas, versiones y notas por Alberto Girri (edición no bilingüe); Corregidor, Buenos Aires, 1982

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Ilustración: Apocalipsis, siglo XIX, Francis Danby

miércoles, mayo 19, 2010

Robert Lowell / Dos poemas




Para Harpo Marx

Harpo Marx, como blanca pluma tu mano en el arpa;
las solas palabras que dijiste fueron sonido.
El cine no es siempre el arte más endeble,
tus películas alcanzaban las estrellas; Harpo, tu cambiante
imagen es una naturaleza inmutable, no naturaleza muerta.
Tontamente memorizabas un guión no escrito...
Te vi dos años antes que murieras
en el Central Park, cerca de la Quinta Avenida, en el frágil otoño;
viejos cabellos rubios, demasiado rubios,
viejos ojos, demasiado jóvenes.
Dos camiones de filmación y cinco coches policiales estaban
dispuestos en círculo como carromatos. Algo de gente alrededor.
Hubiera querido arrodillarme; yo envejecí en la mueca de tu sonrisa.
Películas dantescas, sus grupos de dolor en acción:
el género festivo es un actor genérico.


Dios de nuestros padres

Dí que es únicamente el viaje de ida,
el vuelo en una sola dirección,
y despoja el significado de "viaje" y de "vuelo"
de lo que tiene de peor:
entonces podría afirmar que te hallas
en la fría luz de la ciencia,
viendo como eres visto, ligado a la realidad.
Extraño, una vida es el fuego y el combustible; nosotros,
los animales, los objetos, debemos permanecer aquí
sin ningún título que acredite
que nunca nada dejó de vivir
sino que vuelve a vivir cuando la vida cesa.
Más maravilloso es el Dios relojero
de Descartes y Paley; Él diseñó e instaló
para nosotros el Mecanismo. Le gustaba trajinar,
y habiendo perfeccionado lo que debía hacer,
se mantuvo aparte envuelto en su soledad.

Robert Lowell (Boston, 1917-Nueva York, 1977), Stevens, Williams, Lowell, Poemas, versiones y notas por Alberto Girri; Corregidor, Buenos Aires, 1982

Ilustración: Harpo Marx, 1939, Salvador Dalí Theatre Arts Monthly/The Marx Brothers

De Lowell en este blog:
El retorno del desterrado

miércoles, febrero 11, 2009

Se amontona en borrascas




El retorno del desterrado

Se amontona en borrascas una especie de herrumbroso fango,
no hielo, no nieve, para adherirse al Hôtel de Ville,
donde ensamblados dragones de hierro apresan
la ventisca en su rigor mortis. Una campana
se queja cuando los ecos arrancan
la paja del techo de su torre,
las ametralladoras gatillan, escupen, rajan la madera
y mellan los techos de pizarra sobre la Holstenwall
donde las arrancadas tejas coronan al vencedor. Otoño
e invierno, primavera y verano, los cañones se alistan
y avanzan pesadamente por la estrecha calle de techos agudos
delante de tu gris doliente casa ancestral
donde el nogal dinamitado
sombrea una vieja, rolliza puerta desquiciada por el viento
e intimida al comandante yanqui. No verás
niños engreídos ni encontrarás
al infame canciller de pata de palo
con una nomeolvides en el ojal
cuando los insípidos libertadores se derramen
por la Plaza del Mercado, depositen en tierra las armas
ante el Rathaus; pero ya los puestos de azucenas
hacen germinar la resurgida Renania, y una tosca
catedral eleva su ojo. Bastante grato,
voi ch’entrate, y tu vida está en tus manos.

Robert Lowell (Boston, 1917-Nueva York, 1977), Poemas de Robert Lowell, versiones, prólogo y notas por Alberto Girri, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1979

Notas de Alberto Girri

V.8 Holstenwall: Calle de Hamburgo, ciudad en la que se ubica la acción del poema, durante la entrada de las tropas norteamericanas en la última guerra.
V.17 y 18, The peg-leg and reproachful Chancellor/ With a forget-me-not in his button-hole: Según Staples y otros comentaristas de Lowell, estos versos son una reminiscencia del Tonio Krüger, de Thomas Mann, novela que transcurre en Lubeck, ciudad cercana a Hamburgo, y uno de cuyos personajes solía pasearse con una nomeolvides en el ojal.
V. 21. Rathaus: Ayuntamiento.
V. 24 Voi ch’entrate: En la Divina Comedia (Inferno, III, 9), se habla de una inscripción en la puerta del Infierno: Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate*.

N. de R.: "Dejad toda esperanza, vosotros los que entráis"

The Exile’s Return
There mounts in squalls a sort of rusty mire,/ Not ice, not snow, to leaguer the Hôtel De Ville, where brace pig-iron dragons grip/ The blizzard to their rigor mortis. A bell/Grumbles when the reverberations strip/ The thatching from its spire/ The search-guns click and spit and split up timber/ And nick the slate roofs on the Holstenwall/ Where thorn-up tilestones crown the victor. Fall/ And winter, spring and summer, guns unlimber/ And lumber down the narrow gabled street/ Past your gray, sorry and ancestral house/ Where the dynamited walnut tree/ Shadows a squat, old, wind-torn gate and cows/ The Yankee commandant. You will not see/ Strutting children or meet/ The peg-leg and reproachful chancellor/ With a forget-me-not in his button-hole/ When the unseasoned liberators roll/ Into the Market Square, ground arms before/ The Rathaus; but already lily-stands/ Burgeon the risen Rhineland, and a rough/ Cathedral lifts its eye. Pleasant enough,/ Voi ch’entrate, and your life is in your hands.


Foto: Lowell. Alfred Eisenstaed /Time & Life, The Sun, NY

De Robert Lowell en este blog: Hijos de la luz

domingo, agosto 10, 2008

Robert Lowell / Hijos de la luz

Hijos de la luz

Nuestros padres arrancaron su pan de los troncos y de las piedras
y cercaron sus jardines con los huesos del piel roja;
embarcados desde la tierra baja de Holanda,
peregrinos desalojados de sus casas por la noche de Ginebra,
sembraron aquí las semillas de luz de la serpiente;
y aquí los giratorios reflectores indagan para sacudir
las tumultuosas casas de vidrio construidas sobre la roca,
y los cirios gotean junto a un altar vacío,
y la luz está donde la sangre sin tierra de Caín
arde, haciendo arder el insepulto grano.

1942

Robert Lowell (Boston, 1917-Nueva York, 1977), Poemas, versión, prólogo y notas por Alberto Girri. Sudamericana, Buenos Aires, 1969

Children of ligth
Our fathers wrung theri bread from stocks and stones / And fenced their garden with the Redman's bones; /Embarking from the Nether Land of Holland, / Pilgrims unhouseled by Geneva´s nigth, /They planted here the Serpent's seeds of ligth; /An here the pivoting searchlights probe to shock/ The riotous glass houses built on rock, /And candles gutter by empty altar, /And ligth is where the landless blood of Cain /Is burning, burning the unburied grain.
---
Foto: Babelio