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lunes, julio 29, 2024

Alberto Girri / De "Juegos alegóricos", 3




26/1/91

   De acuerdo, Musil,
            el mundo es Cacania, tu hombre
sin atributos su ciudadano ejemplo,
de suciedad irracional alimentándose,

   pero qué dirías
si quisiera descansar de su papel,
apartarse en diáfanos lugares de montaña,
y lo que enfrenta, escépticamente considerado,
es desalentador, ningún alivio de sí,
suma de fealdades por hirsutas,
verrugosas laderas,
             y no obstante, de súbito,
un como sosiego original, sus percepciones
abriéndose tras las fatigas de escalar,
             irresistible entonces algo
que en torno del viajero flota, inasible,
desde la mudez de las rocas manando
lo que el paisaje atesora,

              lo vedado a tus páginas, Musil,
lo elemental como salud de eternidad,
el flujo de la vida desnuda, ajena
a toda identidad, atributos,
               indemne a que tú descompongas,
y examines en prescindencia, detrás de tu vidrio.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "Juegos alegóricos", 1991, Obra poética VI, Corregidor, Buenos Aires, 1992

Girri según David Viñas en Calibán, 3 de noviembre de 2020
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Foto: Arriba: Alberto Girri por Sara Facio. Abajo: documentos personales y foto de Alberto Girri en la Biblioteca Nacional argentina. Guillermo Rodríguez Adami/ Clarín


domingo, junio 09, 2024

Catulo Castillo / La cantina



[Tango]

Ha plateado la luna el Riachuelo
y hay un barco que vuelve del mar,
como un dulce pedazo de cielo
con un viejo puñado de sal.
Golondrina perdida en el viento,
por qué calle remota andará,
con un vaso de alcohol y de miedo
tras el vidrio empanado de un bar.

La cantina
llora siempre que te evoca
cuando toca, piano, piano,
su acordeón el italiano...
La cantina,
que es un poco de la vida
donde estabas escondida
tras el hueco de mi mano.
De mi mano
que te llama silenciosa,
mariposa que al volar,
me dejó sobre la boca, ¡sí!
su salado gusto a mar.

Se ha dormido entre jarcias la luna,
llora un tango su verso tristón,
y entre un poco de viento y espuma
llega el eco fatal de tu voz.
Tarantela del barco italiano
la cantina se ha puesto feliz,
pero siento que llora lejano
tu recuerdo vestido de gris.

[1954]

Catulo Castillo (Buenos Aires, 1906 - 1975), Todo Tango

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sábado, diciembre 30, 2023

Juan Rodolfo Wilcock / De "Luoghi comuni", 2




3.

Tal vez el alma es divina, pero no es indispensable,
como el cuerpo, en el que mora y que es su ocasión.
Desde la primera infancia ese cuerpo es la prisión
del alma que fermenta como una masa maleable,
para finalmente endurecerse en las formas más raras,
desde pájaro melodioso hasta las peores iguanas;
pero siempre incomodísima pues no logra escapar
de un cuerpo inadecuado y siempre menos fuerte,
que provoca desordenes difíciles de curar,
las complicadas neurosis que aceleran la muerte.

6.

A pesar de los triunfos de las ciencias aplicadas
el mejor instrumento para ver el universo
sigue siendo la lámpara penetrante del verso,
la música, la voz de gargantas privilegiadas,
o en una penumbra con velas de tarde en tarde
el púlpito cosmatesco de diorita incrustada;
cualquier luz que nos muestre una idea que arde,
antorchas muy sencillas o espléndidos candelabros,
monasterios carpáticos en bosques centenarios,
o runas en Islandia de los príncipes bruscos,
falos de ámbar en el bosque, sarcófagos etruscos.
A la luz de esas luces el hombre se mueve más seguro,
ve los atardeceres, ve las orillas del mar,
y pronuncia palabras cuyos sentidos oscuros
finalmente se le comienzan a revelar.

7.

Para el hombre llegado a cierta edad,
el uso de esas luces deviene necesidad.
De jóvenes, nadie nos preparaba para esto,
que, además, no fue predicho por ninguna teoría:
ni un desfile triunfal, ni un banquete modesto,
sino más bien un funeral de cuarta categoría,
con un telón de fondo pintado por diletantes,
entre los fieles tremolantes.
Por tanto, debemos buscar escenografía mejor.
y en la oscuridad del caos quedar iluminados
por el anillo de bronce con su perfil de señor,
o la tumba con escenas de picnic o de amor,
o el auriga con caballos de mar azotados,
entre ancianos que tocan la flauta nostálgicamente;
cualquier cosa alejada de la luz de la mente
del tiempo giratorio, del espacio fluyente.

8.

La idea que nos hacemos del espacio no es distinta
de la idea que se hace la mayor parte de la gente,
pero es mental puramente y se extingue con la mente,
por ejemplo bajo la acción de excitaciones violentas.
El hombre sabe moverse solo, orientarse topográficamente,
y encontrarse con sus semejantes en lugares determinados,
usando la razón y los sentidos combinados;
así traza laberintos sobre la faz de la tierra
y superpone sus pasos a los de sus antepasados
que como él buscaban hembras, alimento y a veces guerra.

10.

Treinta siglos después del viaje de Odiseo,
los turistas recorren las grutas del Circeo,
sin encontrar trazas de la hechicera histérica
ni un resto asignable a la era prehomérica.
Y no sirve explicar que la isla no es tal,
sino un monte del Lacio en la costa occidental,
y que en suma buscar la huella del hada
es un modo como otro de pasar la jornada,
porque el tiempo como un glaciar arrastra sin piedad
los lugares y los transfiere a otra localidad.

Juan Rodolfo Wilcock (Buenos Aires, 1919-Lubriano di Bagnoregio, Viterbo, 1978), "Luoghi comuni", Poesie, Adelphi Edizioni, Milán, 1993
Versiones: Jorge Aulicino

Poemas de J. Rodolfo Wilcock traducidos por Jorge Aulicino 

Imagen: Fotograma de Un'ora con Rodolfo Wilcock, 1973 Il racconto del Giorno/RAI/YouTube


Luoghi comuni

3.
Forse l'anima è divina, ma non è indispensabile / quanto il corpo in cui dimora e ch'è la sua cagione. / Dalla prima infanzia in poi questo corpo è la prigione / dell'anima che fermenta como una massa malleabile / per finalmente impietrirsi nelle forme più strane, / dall'uccello melodico fino alle peggiori iguane; / me sempre scomodissima perchè non riesce a uscire / da un corpo inadeguato e sempre meno forte, / il che provoca disordini difficili da guarire, / le complicate nevrosi che accelerano la morte.

6.
Nonostante i trionfi della scienza applicata / gli strumenti migliori per osservare l'universo / sono ancora la penetrante lampada del verso, / la musica, la voce di una gola privilegiata, / oppure nella penombra delle candele sparse / il pulpito cosmatesco di dioriti incrostata; / qualsiasi luce indicante dove un pensiero arse, / semplici torce o splendidi lampadari, / monasteri carpatici tra i boschi secolari, / rune d'Islanda con principi bruschi, / falli d'ambra nella foresta, sarcofaghi etruschi./ Alla luce di questi lumi l'uomo si muove più sicuro, / vede i tramonti, vede le rive del mare, / e pronuncia parole il cui senso oscuro / gli si comincia infine a rivelare.

7.
Per l'uomo arrivato a una certa età / l'uso di questi lumi diventa necessità./ da giovani non ci avevano detto di prepararci a questo, / che d'altronde non era previsto da nessuna teoria: / non una sfilata trionfale, nemmeno un convito modesto, / bensì un funerale di quarta categoria / davanti a qualche fondale dipinto da dilettanti / fra i praticabili tremolanti. / Dobbiamo pertanto cercare una scenografia migliore / e nel buio del caos lasciarci illuminare / dall'anello di bronzo col suo profilo di signore, / dalla tomba con scene di picnic o di amore, / o l'auriga che fustiga i cavalli del mare / fra vegliardi che suonano il flauto nostalgicamente; / qualunque cosa sottratta dal lume della mente / al tempo rotatorio, allo spazio fluente.

8.
L'idea che ci facciamo dello spazio non differisce / dall'idea che se ne fa la maggioranza della gente, / ma è puramente mentale e con la mente sparisce / per esempio sotto l'azione delle eccitazioni violente. / L'uomo sa muoversi da solo, orientarsi topograficamente, / e trovarsi con i suoi simili in luoghi determinati, / adoperando la ragione e i sensi combinati; / così traccia labirinti sulla faccia della terra / e sovrapopone i suoi passi a quelli dei suoi antenati / che come lui cercavano femmine, cibo y talvolta guerra.

10.
Trenta secoli dopo il viaggio di Odisseo / i turisti percorrono le grotte del Circeo / senza trovarvi traccia della fattucchiera isterica / né un relitto assegnabile all'età preomerica. / E non serve spiegare che l'isola non è tale / bensì un monte isolato sulla costa laziale, / e che tutto sommato cercare l'orma della fata / è un modo come un altro di passare la giornata, / poiché il tempo come un ghiacciaio trascina senza pietà / i luoghi e li trasferisce in altre località.

jueves, octubre 12, 2023

Alberto Girri / De "Playa sola", 8



El endemoniado

Antes que tú y yo y todos nosotros hubiéramos nacido
muchas generaciones antes de verme y vernos en delirio,
el que me guía estaba ya dispuesto a rodear la tierra
sin importarle la lluvia de miseria
con que llenaría los espacios del hombre.

Su ansia de fieles, libre pero no magnánima,
lo obligó a cambiar de presencia.
A veces conjuró con el olvidado camarada
imagen de la perdida juventud que tanto duele.
A veces con el juramento repentino, porque sí, contra el júbilo,
o con la risa del lobo mordiendo la lámpara nocturna
para adelantarse al sueño y entregarlo a la rapiña,
de pintadas historias que cuelgan en los muros,
donde el pecado derrota a los fuertes,
y el arquero hermoso, buscado por las vírgenes,
desecha la gracia.

Desde que lo recibí
una lenta guerra amenaza mi alma.
Sin desearlo, más allá del poder del justo,
me fortalece ver cómo los demás edifican,
chocan, hasta dejarse ganar por la soledad del cansancio.
Me fortalece saberlos limpios, confiados a esa idea de una muerte
precursora de la divulgada paz eterna,
la paz que se gana con lágrimas,
la que se gana sirviéndome.
Y luego vuelvo la cabeza,
a sus leyes ostentosas del pan y del vino,
leyes del acto y prohibición del acto,
condenando a emplear en duro incendio
viejas fórmulas de arrepentidos por temor.

En este libre cruce del alba,
no necesito aplacar a nadie.
El rey es mi cuerpo,
el único.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919 - 1991), "Playa sola", 1946, Obra poética I, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1977
También puede leerse en Factor Serpiente/Facebook

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martes, septiembre 19, 2023

Enrique Cadícamo / Tres Esquinas




[Tango]


Yo soy del barrio de Tres Esquinas,
viejo baluarte de un arrabal
donde florecen como glicinas
las lindas pibas de delantal.
Donde en la noche tibia y serena
su antiguo aroma vuelca el malvón
y bajo el cielo de luna llena
duermen las chatas del corralón.

Soy de ese barrio de humilde rango,
yo soy el tango sentimental.
Soy de ese barrio que toma mate
bajo la sombra que da el parral.
En sus ochavas compadrié de mozo,
tiré la daga por un loco amor,
quemé en los ojos de una maleva
la ardiente ceba de mi pasión.

Nada hay más lindo ni más compadre
que mi suburbio murmurador,
con los chimentos de las comadres
y los piropos del Picaflor.
Vieja barriada que fue estandarte
de mis arrojos de juventud...
Yo soy del barrio que vive aparte
en este siglo de Neo-Lux.

[1941]

Enrique Cadícamo (General Rodríguez, Argentina, 1900 - Buenos Aires, 1999)


miércoles, junio 07, 2023

Alberto Girri / El tigre




El bostezo, el paseo circular,
el prisionero, la majestad,
como la más implacable de las formas.

Diríase que combina en su derrota
la reflexión de la mente
con la mirada de sus antecesores,
pero contemplándolo
nuestra curiosidad es una derrota mayor
porque no somos lo que aquéllos vieron,
los excéntricos solitarios y duros
lanzados por visiones
a completar entre las fieras un mensaje:
          Jeremías y el tigre,
          Elías y el tigre,
          Amos y el tigre,
          los comprometidos
          a dar con el seno de las cosas.

Es que hace siglos
firmamos una improbable paz,
la selva fue arrasada, hecha yermo,
y ya no precisamos del tigre;
y el hedor de su carne, el agua turbia,
el brillo mustio de la piel,
aceleran su decepción, su muerte,
en tanto se pregunta, nos pregunta,
qué será de nosotros que aceptamos
depender de una verdad
y no adivinamos en su jaula,
permanentemente,
al Hombre colgado de las rejas.

Nos duele, en el parque
la inquietud de los mirones es desigual,
hay quien se disculpa
por su pasiva ceguera,
quien se ofende con el tigre
por haber sido cruel,
quien se olvida yendo
tras el grito amistoso de los monos.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919 - 1991), "La penitencia y el mérito", 1957, Obra poética I, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1977

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Foto: Altazor

jueves, mayo 11, 2023

Enrique Santos Discépolo / Secreto




[Tango]

Quien sos, que no puedo salvarme
muñeca maldita, castigo de Dios...
Ventarrón que desgaja en su furia un ayer
de ternuras, de hogar y de fe...
Por vos se ha cambiado mi vida
-sagrada y sencilla como una oración-
en un bárbaro horror de problemas
que atora mis venas y enturbia mi honor.

No puedo ser más vil
ni puedo ser mejor,
vencido por tu hechizo
que trastorna mi deber...
Por vos a mi mujer
la vida he destrozao
y es pan de mis dos hijos
todo el lujo que te he dao.
No pudo reaccionar
ni puedo comprender,
perdido en la tormenta
de tu voz que me embrujó...
La seda de tu piel que me estremece
y al latir florece, con mi perdición...

Resuelto a borrar con un tiro
su sombra maldita que ya es obsesión,
he buscao en mi noche un lugar pa morir,
pero el arma se afloja en traición...
No sé si merezco este oprobio feroz,
pero en cambio he llegado a saber
que es mentira que yo no me mato
pensando en mis hijos...no, lo hago por vos...

[1932]

Enrique Santos Discépolo  (Buenos Aires, 1901-1951)


Foto: Enrique Santos Discépolo, años '40, por Annemarie Heinrich Wikimedia Commons

viernes, diciembre 30, 2022

Roberto Themis Speroni / Elegía N




Botánica de amor, tus arboledas,
las hamacas de oro, los helechos,
las hojas de tu frente, tantas hojas,
tuyas de verde trémulo. La pulpa,
la noche, con sus bornes de diamante.
El ruido de los ojos. Esa puerta
cerrada desde abril. Un perro frío;
el error de la música moviendo
tantas habitaciones, tanto espacio
de sollozo interior. Amabas limpia.
Convencida de amor entre las cosas
de enlace cotidiano; no importaban
los días pulmonares, los volantes
cajones del invierno.
Sola, sola,
botánica inaudita, flor ilustre,
aristócrata dulce de la lluvia
mirando desde el último conflicto,
desde el último pájaro. Y los meses.
Y la ciudad crujiendo lejos de ti,
sudando como un muerto envuelto en lana,
paralítica, triste.
No despiertes.
Aquí soy un alambre de cianuro,
Un eléctrico enfermo que vigila,
ulcerado, comido por el tiempo,
mientras me inyectan agua de tu sombra,
luz de tu corazón, perdido siempre.

"Elegías alfabéticas", Poesía completa, ed. Ana Emilia Lahitte, 1975

Roberto Themis Speroni (La Plata, Argentina, 1922-City Bell, Argentina, 1967), Naranjos de fascinante música: poesía de amor en La Plata, Libros de la Talita Dorada, 2003. La Talita Dorada. Boletín de Poesía y Literatura, año 1, número 2, diciembre de 2022


miércoles, diciembre 21, 2022

Alberto Girri / De "En la letra, ambigua selva", 2




Relaciones con gemas

Experimentalmente, por obsesiva
compulsión de lapidarios
sujetos a revelarlas, tallar
las sagas que atesoran, ancestrales
desarrollos del cristal bajo presiones
inimaginables, calor, petrificantes hielos,
volúmenes de tizas y carbones
recalando en armoniosos cosmos
de perfección, durabilidad.

Presas en coronas, engastadas
para la historia, inmunes
a si las hace desfilar
ensartando colecciones de lamentos,
escasos actos virtuosos,
          o como seguros con que el avaro
contrarresta la avaricia de los pobres.

Frívolamente, desde el hueco
homenaje del oficio de rimar
"diamantes" con "mutantes",
          y la alegría
y obstinación de los que anhelan
una dieta especial y habitual de luz
          y fantasiosos
que combinan majestad y augurios,
mezclan los excesos del orfebre
con credulidades activas, sin tregua,
y donde la malaquita, color
para descifrar lenguajes irracionales,
es puesta junto a la esmeralda, jardín, verde
resplandor de sombra verde,
         y el zafiro, ala de insecto,
convive con el lapislázuli, tono
que induce a contemplación devota.
Multiplicad de pasados,
nostalgias de Paraísos,
angélicas perpetuidades,
         tantas son
las provocaciones que suscitan
cuantas las de considerar un mirlo
(trece, enumeró Wallace Stevens,
frecuentador de mirlos),
aunque las gemas no silben, no griten
y su dureza y pureza atraigan por alusiones
y nunca alcancen, como el mirlo,
a fraguar una unidad con el hombre y la mujer.


El sentido más que la belleza de las manzanas

Perennes cosechas
cubren los suelos,
y por remoto, vigente hábito,
comparable al de pelar un uva,
         los dientes no dejan de morderlas,
sólo que excesivas mudanzas
acontecieron desde las bíblicas manzanas
que al enfermo de amor curaban,
desde la manzana de Newton,
y la que Cézanne lustró
y eternizó para asombrar
con que la íntima realidad de las manzanas
no cuelga de ningún árbol, no cabe
en la escrupulosidad naturalista,
         y los que todavía
se consagran a pintar manzanas,
a demostrar con manzanas
irrefutables leyes físicas,
son envueltos en sarcasmos,
         y quienes las comían
libremente, confiados
en que una manzana por noche
aleja de males,
soportan pesadillas, despiertan
sobresaltados, temblando,
se provocan úlceras,
malsanas obesidades,
alergias y depresiones,
                       tal como se suele dar
en el comportamiento de animales en cautiverio.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "En la letra, ambigua selva", 1972, Obra poética II, Corregidor, Buenos Aires, 1978

sábado, abril 16, 2022

Juan Rodolfo Wilcock / De "Poesie inedite", 3



Dos

Conmigo mi mundo desaparecerá, la red
que me tejí como una araña
que se ha parado en el borde de la tela
y a veces come y a veces la remienda;
pero su tela está cada vez más desgarrada
y la araña no siente ganas de arreglarla.
Proseguirán mientras tanto los otros mundos
cada uno con su insecto vigilante en el medio,
tramas brillantes o madejas grises,
esférulas como jaulas delicadas
que no tienen descanso y en el medio la araña
hasta que desaparece y nadie se da cuenta.
Pero tú, ya que quisiste hacer también tuyo
este mundo que fue quizá el más bello,
erizado de alfileres de oro y fibras finas,
estréchate  a mí, envuélvete en la misma
red compleja irrepetible,
hilo a hilo poséela y sostenla
como lo hice hasta ahora estando solo.

Juan Rodolfo Wilcock (Buenos Aires, 1919 - Lubriano di Bagnoregio, Viterbo, Italia, 1978), "Poesías inéditas", Poemas, prólogo, selección y traducción de Ana María del Re, serie Breves, Fundarte, Caracas, 1985


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Imagen: Fotograma de Un'ora con Rodolfo Wilcock, 1973 Il racconto del Giorno/RAI/YouTube


Due

Con me il mio mondo sparirà, la rete
che mi sono tessuto come un ragno
che sta fermo in un angolo della tela
e a volte mangia e a volte la rammenda;
ma la sua tela è sempre più squarciata
e il ragno non ha voglia di aggiustarla.
Proseguiranno intanto gli altri mondi
ognuno col suo insetto in mezzo vigile,
trame lucide oppure matasse grige,
sferule como gabbie delicate
che non si danno pace e in mezzo il ragno
finché sparisce e nessuno se ne accorge.
Ma tu, già che hai volunto fare anche tuo 
questo mondo che fu forse il più bello.
irto di spilli d'oro e fibre fine,
stringi a me, avvolgiti nella stessa
rete complessa che non si ripete,
filo a filo possiedila e sorreggila
come ho fatto finora ch'ero solo.

Poesie, Adelphi, Milán, 1980 -1993

domingo, febrero 20, 2022

Alberto Girri / Gatos




Hoy, domingo,
deponen su ferocidad,
su mando
de orejas erguidas,
su arcaica brujería,
y optan por echarse
a inspeccionar nuestro descanso,
la labor de clasificación,
rotulado, encasillamiento,
de nuestras pequeñas construcciones,
y acaso el displicente ronroneo
es un perdón,
un acorde
de la música del instinto.

A media tarde
dejamos de interesarles,
enmudecen,
y con envidiable solidaridad
corren hacia sus iguales,
la abeja que revolotea en el jardín,
la hoja cayendo en espiral
sin sentido aparente:
velos rojizos
y dorados lustres vegetales
cuelgan de sus zarpas.

Estirados en el sillón,
mirando esos enigmáticos juegos,
nuestras sensaciones se aclaran,
se hacen más claras 
que los dictados del cerebro.
No, no los llamaremos,
la interrupción les disgustaría.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "La condición necesaria", 1960, Obra poética I, Corregidor, Buenos Aires, 1977; "Antología mínima", Diario de Poesía, n° 18, otoño 1991

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Foto: UNAB

miércoles, diciembre 22, 2021

Julio Cortázar / Happy New Year




Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestas tu mano en esta noche
de fin de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Así la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.

31/12/1951

Julio Cortazar (Bruselas, 1914-París, 1984), Pameos y meopas, Llibres de Sinera, Barcelona, 1971. Nórdica Libros, Madrid, 2017


Foto: Julio Cortázar, París, 1978 Ulf Andersen/Getty Images

miércoles, mayo 12, 2021

Silvina Ocampo / Escenas de Palermo
















Una mendiga imita con su cara quemada
la cara del busto de Alfonsina Storni.
Esto no impide que se pase la mañana
lavando ropa sin jabón,
con el agua de la fuente.
De las ramas de los arbustos
cuelga cuidadosamente la ropa lavada.
La ropa atada en las ramas,
parece una gigantesca floración.
Por eso la gente exclama,
no muy segura, en tono de pregunta:
“Ahora que hay menos gatos
¿no les parece que Palermo está mejor cuidado?”.
-Es claro que puede ser. Los gatos son muy limpios

Poesía inédita y dispersa, Emecé, 2001

Silvina Ocampo (Buenos Aires, 1903-1993), "Mendigos: Una antología", por Eduardo Ainbinder Op. Cit. abril 12, 2021


Foto: Silvina Ocampo fotografiada por Adolfo Bioy Casares, Buenos Aires, 1959  Tam Tam Press

miércoles, marzo 24, 2021

Edgar Bayley / De "El día", 5
















Abrir la puerta

me pregunto
y es una pregunta inmoral
si servirá de algo abrir esa puerta
que da al patio
a la tierra
al viento del mundo
a los pasos de la gente
me pregunto
si servirá de algo escribir
a estas horas de la noche
en el silencio de mi habitación
con la puerta cerrada

sería tan sencillo
me digo
abrir por fin la puerta
y asomarme y mirar
dejando que me lleven
los pasos y las sombras del camino
me pregunto si servirá de algo explicar
por qué no explico
cuando tanta palabra y confidencia
intentaron traducirme
y ponerme al descubierto

si servirá de algo abrir la puerta
me pregunto
y andar por el patio
por el mundo entre la gente
abrir de par en par la puerta
para que todo pueda cumplirse
como la hoja de un cuchillo al extremo de un puente
como la red y el roble que salvan la alegría al final del espectáculo
como el canto de las aguas y el susurro de la siesta
como la playa en sombras y el lecho infinito de los amantes reencontrados

para que todo pueda cumplirse
la luz la noche la inocencia
el nombre que pasa entre las ramas
la puerta se abrirá enteramente
se abrirá por fin la puerta
por si alguno
quiere volver a entrar o salir
o curiosear entre mis cosas
o esperarme mientras vuelvo
y si tardo y no regreso
salir al viento
y olvidarme

Edgar Bayley (Buenos Aires, 1919-1990), "El día", 1960-1963, Antología poética, selección y prólogo de Jorge Aulicino, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2015


Foto: Edgar Bayley en la Feria del Libro de Buenos Aires, 1987. Archivo del Administrador

jueves, noviembre 19, 2020

Alberto Girri / Dos poemas

























Cuando la idea del yo se aleja

De lo que va adelante
y de lo que sigue atrás,
de lo que dura y de lo que cae,
me deshago,
abandonado quedo
del fuerte soplo,
del suave viento,
y quieto, las espaldas
vueltas las manos hacia arriba,
apoyo en el suelo,
corazón
abjurando de armas, faltas,
de oraciones donde borrar las faltas,
blando organismo, entidad
que ignora cómo decir: "Yo soy",
y en la que enfermedad y muerte,
vejez y nacimiento,
ya no encontrarán lugar,
como no lo encontraría el tigre
para meter su garra,
el rinoceronte el cuerno,
la espada su filo.

Antes hacía, ahora comprendo.

El ojo, 1963
 

Poesía de observación

En los viejos de Yeats,
asistiendo a un acumularse
de experiencia e historia
que impreca con doctos
y respetables harapos,
informes ruinas eruditas,
la sagrada Bizancio
como urbe hostil a viejos,
y el persistente rencor
hacia la vida, que agravia
por acabar siempre pagando
con moneda de desgracia,
soledad, separación,
y la fácil, trivial conjetura,
de que la indignidad de la vejez
fue más llevadera
en siglos distantes.

Y cuando,
vanamente, por las plazas,
quisiéramos reconocerlos
entre el anónimo, ininterrumpido
tremolar en los bancos,
      no nos parecen de Yeats
esos ancianos que nada
comentarían si Catulo pasara por allí, 
mientras balbucean sus crueles
datos, para encuestas:
                       "¿De qué sirvo ahora? Mis hijos
apenas si vienen a verme una vez al año.
¿De qué sirve un viejo?"

Poesía de observación, 1973

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), Obra poética II y III, Corregidor, Buenos Aires, 1978 y 1980

---
Ilustración: Alberto Girri por Hermenegildo Sábat, c.1998 Archivo del Administrador

martes, noviembre 17, 2020

José A. Ferraté / De "Los pebeteros exóticos"


















Los pebeteros exóticos

I
Tengo tres pebeteros. El uno es de la China.
Se lo adquirí a un marino venido de Bombay
el que entre frases, hipos y ensueños de morfina
me confesó que había robádolo en Shanghai.

Pequeñito. Sus formas son raras y grotescas.
Tiene pintado un Buda de fuerte bermejón
y en sus fondos celestes, en líneas arabescas
se dibujan las fauces de un tétrico dragón.

Es mayor el segundo y es más raro… Contiene
su fondo requemado vestigios de otro ayer…
(El vendedor me dijo: “Señor, lo menos tiene
tres siglos de existencia…” Todo pudiera ser)

Arábigo su origen. Su dueño, ¿Quién lo sabe?
¿Fue su dueño algún moro cetrino y soñador?
No sé. Más un perfume suavísimo en él cabe
tal cual cabe en un pecho de a gotas el dolor…

Cómo encontré el tercero no lo recuerdo hoy día,
pero vivió en Egipto su gloria espiritual,
en un meditativo glosar de epifanía
bajo la luz ardiente del clima tropical.

Con oro de las rocas labráronlo a la egipcia
las manos de un artista temblantes de emoción…
(El pebetero tiene la gracia y la delicia
de una mano amorosa puesta en el corazón.)

II
Tres pebeteros tengo… Incienso de la angustia
de un corazón que tuvo sueños de inmensidad,
quemó en sus breves fondos, ¡Yo sé de una flor mustia
que diluyó su esencia para la soledad!

Tres pebeteros tengo… La mirra del silencio
de un visionario loco que desvivió de amor,
quemó en sus breves fondos. ¡Con ello reverencio
las ilusiones muertas de una época mejor…!

Tres pebeteros tengo… Benjuí de soledades
de un alma que se agita cansada de vagar,
quemó en sus breves fondos… ¡Yo sé de hondas verdades
porque la vida misma me señaló al pasar!

III
Ignoro qué fragancia condensará cada uno,
Nadie cálculos óptimos debe jamás hacer,
que a veces los destinos, por algo inoportuno
se trocan en fracasos de largo padecer…

Por eso yo no labro ni ensueños ni quimeras.
No estoy solo en la cumbre, frente a la inmensidad,
pues tengo en lo más hondo por mudas compañeras
a la Angustia, al Silencio y al hada Soledad…

[1943]

José A. Ferraté (Concepción del Uruguay, Argentina, 1900-Buenos Aires, 1980)

Foto: Blanco Móvil


Los pebeteros exóticos
,
prólogo de Laura Crespi y Eduardo Ainbinder,
Ediciones Blanco Móvil,
Buenos Aires, 2020

viernes, octubre 16, 2020

Alberto Girri / De "Playa sola", 7



















A Thomas de Quincey

Para hablarte,
no quiero saber nada de tu amado Lactancio,
ni de la indulgencia servil de tu leyenda,
ni de la droga que piensa,
ni de tu seria abominación del veneno.
Esta es mi confesión preliminar.

Thomas de Quincey,
tú, el imaginador para quien el amor era una clepsidra rota,
tú, que hacías gestos de burla
y mirabas a los hombres como planetas extraviados,
ven hoy a recorrer mi colección de máscaras, sabor del espejo,
albergue de la tregua cotidiana.
Ven, acuéstate en un propicio cielo de pizarra,
hombre-dios buscando el ansioso, húmedo caer de las palomas
sobre un arrabal de niñas hambrientas. 
Tirso, tirso y frente enriquecida de gas,
toda vergüenza es inhumana y para anunciarte
marcharon por la noche las infinitas caballerías del desvelo.
Ven, dame el puro equilibrio de tu mundo
nunca rebajado a comparar la muerte con la ambigüedad del sueño.

Tirso del pensamiento,
me rescataste del cielo y yo te lo agradezco.
Ríe entonces de lo que el orden y el nivel te hubieran
   reservado:
"Yo era célebre y admirado,
ahora me comen los gusanos"

Thomas de Quincey.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "Playa sola" (1946), Obra poética I, Corregidor, Buenos Aires, 1977

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Foto: Alberto Girri por Tito La Penna, 1985 Otra Iglesia Es Imposible

lunes, septiembre 14, 2020

José María Castiñeira de Dios / Los ríos


















Inclinados al Sur
se van los ríos.
Cerca, los bajos cerros
de mis Tres Picos.

Ríos de mis amores
cómo los miro:
Napostá, Sauce Grande,
y Sauce Chico.

Inclinados al Sur
los ojos míos.
Cómo se están doliendo
de haberse ido.

José María Castiñeira de Dios (Ushuaia, Argentina, 1920-Buenos Aires, 2015), Los mejores poemas de la poesía argentina, selección y notas de Juan Carlos Martini Real, Corregidor, Buenos Aires, 1974


jueves, agosto 20, 2020

Jorge Enrique Ramponi / Mediodía

















Meridiano:
vértice cabal del día.
Mi patio calza una baldosa de oro.

En el columpio fácil de una caña
cuelgan su vuelo brusco los gorriones,
bajo el baño de sombra del alero.

El ángulo de pico mide granos de asfixia
y aventan el cansancio, abanicos las alas.

De una cuenca del muro, dos bocas pedigüeñas
tiritan la llorosa sonaja de sus voces,
salpicando el silencio con sus gotas de música.

Jorge Enrique Ramponi (Mendoza, Argentina, 1907-1977), Los mejores poemas de la poesía argentina, selección y notas de Juan Carlos Martini Real, Corregidor, Buenos Aires, 1974


Foto: (De izq. a der.) Abelardo Vázquez, Graciela de Sola, Alfonso Sola González y Jorge Enrique Ramponi La Quinta Pata

martes, junio 23, 2020

Alberto Girri / De "Quien habla no está muerto", 6


Comida con música

El azulino vapor,
ramificándose por la mesa,
contoneos, fragantes elipses,

el entrañable reverberar,
conduciendo las retinas a la fuente,
a hermanarlas con los punzantes alientos,

el chasquido de comensales,
agradeciendo que comer
sea sobrevivir,

el invocar a los cielos, lenguas
alabándolos por haber sido hechas,
para hundirse como azadas, envolver lo revuelto.

El oratorio de Haendel,
servido al unísono con las lentejas,
como aderezo complementario,
                                                plato
de emergencia, tranquilizador
recurso por si inopinadamente
se despiertan más apetitos, hambre
canina a ser hartada entonces
con comida en otra longitud de onda.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "Quien habla no está muerto", 1975, Obra poética III, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1980

Otra Iglesia Es Imposible - Dardanelos - A Media Voz - El Placard - Analecta Literaria - De Sibilas y Pitias - Javier Barreiro - Diario de Poesía - Universidad Complutense de Madrid - Hablar de Poesía - La Nación - Clarín, 1 - Clarín, 2 - Eterna Cadencia - Palabra Virtual (audio) - Los 7 Locos/YouTube
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Foto: Alberto Girri, Buenos Aires, 1988 Luis Barreiro