Mostrando las entradas con la etiqueta Poesía argentina 1990-2000. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Poesía argentina 1990-2000. Mostrar todas las entradas

sábado, abril 26, 2025

Sergio Velázquez, / De "El recado y otros escritos",2






Aníbal


Tu sombra fue la excusa
para la sal estéril y la brasa. 
Entre Amílcar y Asdrúbal
tu figura, sembró de arrugas 
la frente del romano. 
El África viril forjó tu hierro,
que asoló la metrópolis.
Fuiste, junto a los paquidermos,
el espectro que el Senado 
juró borrar del mapa.
En las noches de luna
aquella loba, que alimentó
los sueños del imperio,
tembló de miedo junto
a las matronas, temiendo 
tu llegada. 
El continente tórrido
aún espera, la osada garra 
de tu justo brazo. 


Fanal


El fanal de proa alarga las sombras de los reos 
danza oscura sobre la cubierta
recreo de las ampollas bajo la Cruz del Sur.

Mueve los pies y sueña navegante 
el salitre está encerrado en la bodega
y el capitán dormita entre los piojos

Mueve tú también los labios sobre el echarpe
muñeco inerte
la casa está tapada por la nieve
y hay demasiado silencio en el globo de vidrio
habla que ya viene el niño
ávidas pupilas transparentes
a romper la mañana

Y tú campesino 
labrador del terrario 
casi musgo
arcilla coloreada
voltea hacia el sol
apura la mañana
la lluvia llegará o no a humedecer la siega
desde el abierto cristalino
luego los ojos 
severos
detendrán los relojes

Sergio Velázquez,El recado y otros escritos (Barnacle, Buenos Aires, 2025)

Más poemas de Sergio Velázquez

viernes, abril 11, 2025

Catalina Boccardo / De " Pueblo fantasma"






Mestizaje


Qué periferia

Su laguna irradia el principio de 
                                                     todos los seres

Qué barro 
Humana tensión
nos deja abrir el agua

Oscuros y relucientes bagres de un fondo

Y el sol posa
su escudería hirviente

En las chozas fecundas
La próxima generación y
la siguiente

Los mestizos con otra sangre se multiplican 

Y una niña-avispa de ojos amarillentos
Y un polimorfo de piel pálida

—Qué ha cruzado los alambres
—Unos reptilianos
    Cambian de color 
    Brillan entre las nieblas del estero 

Un pueblo invisible al que adorar 
la urgencia del tabú y del tótem

La zona fronteriza

Pueblo fantasma


En el brazo una fístula
la infancia rompe
el dolor rompe
los rastros de la vacuna
de la niña

con los dedos se cierra
un hueco
por las púas

El alambre separa el terreno
abre llagas de una pobreza
de allá, lejos

Naineck Naineck*

Esteros delgados
hedor
sapos intensos
se escuchan gritos
fantasmales

Una niña fantasma aparece
ni aquí ni allá
Lenguas
víboras
mboi, mboi, mboi**

Piso de tierra
y una docena de cerdos
y un idioma al que habría que limpiarle
la suciedad
las semillas
Un trapo, un desinfectante casero
El brazo herido con pus
Fragmento de las madres que migran
sobreviven, mientras otras quedan
y cada cual intuyó la tristeza
a través del aire

Naineck Naineck Naineck

Sin riesgos no habría una secuencia vital
no habría hijos o alimañas
De boca al mundo trasmigran
Que el brazo se pudra
las palabras se pudran 

¿Se puede desinfectar el desarraigo
la melancolía abierta
un día agusanado?

Al otro día
cada madre
se cuelga
clava el clavel del aire
una jeringa
al árbol
respiro por ellas
para que les cicatrice
sus ecos inflamados
la pérdida y el monte

el auxilio



*Pueblo formoseño con nombre en lengua Qom.
**Víbora en Guaraní.


Mbaipú va a haber


Con papa y batata 
las manos se miraron
Al eterno sol
calcinante de las 10
lo vieron
al siempre presente

El tono soleado de
la abuela

Contra los pavos temblorosos

Las temblorosas nietas

Hambre, la palabra
menos dicha 

Asumir que el estómago 
cruje
hacia la tierra
y no hay padres
alrededor

Con un hacha
Con espuelas de gallos

Mbaipú va a haber
Luego del cedazo
De las plantaciones
Donde se esconden
las madres

Mbaipú va a haber
Al mediodía y
la resistencia vital

En la ronda 
El círculo
Las entregas
El amor cabizbajo
de la abuela

Cuando las palabras
se tornan la comida

Para próximas generaciones

El relato
El bravo intersticio
De una panza llena
Permitiendo
que alguien nazca

El campo da de comer más
a quienes no viven allí

que a unas pequeñas nativas

Injusto se vuelve lo que brilla
Y transpira
Y escucha 
una frase de supervivencia

Mbaipú va a haber
Hasta la noche
Catalina Boccardo(Buenos Aires,1961),/ Partidas. Pueblo fantasma Barnacle, 2025

---
Foto:Catalina Boccardo Facebook


martes, abril 08, 2025

María Martha Dechecco / Dos poemas





Avería

Fue en la isla del Astrolabio
allí decidimos encallar.
donde las brújulas enloquecen
y los océanos forman 
un hipnótico 
abismo.

Elegimos el vértice helado
de la gran naranja
para cometer el naufragio.
Era preciso, necesario:
no existe palabra para definir el estrago,
la ley nos condenaría
por esa deliberada meta.

En el hielo del islote
dejamos los últimos mensajes
la bitácora del capitán,
envuelta en lienzos de mortaja
unos granos de pimienta, 
brillaron como gemas sobre la nieve, 
y la osamenta de nuestro amado perro,
muerto al trasponer el paralelo 60.

Luego de la ceremonia
fue el momento de irnos a pique:
la nave, intacta
desprovista de daño alguno,
y nosotros, 
irremediablemente averiados.  



Bitácora con tigres y el otro


Para un verdadero poeta, cada momento de la vida, cada hecho, 
debería ser poético, ya que profundamente lo es.
                                                                               J.L.B.



Los tigres de arena viajarán conmigo hoy:
atravesaremos la jornada de tedio y violencia
serán la ciudad, la sala de espera,
la indiferencia de los prójimos,
la miseria bajo los puentes
quienes pongan a prueba la premisa;
cada momento de la vida es poético.

El poeta mismo arrastra una condena
su  muerte no lo ha liberado pues él mismo 
se encargó de destruir el olvido,
ese ominoso castigo que decía anhelar en vida.
Gustaba adornar sus sienes con linajes vacíos, 
e imaginar su silueta recortada en bronce.

Ahora volvamos al instante
y a la verdad poética 
que deben encontrarse en un punto determinado
                                                                                  aunque 
¿podrá un río incesante de automóviles 
y basura 
ser comparado con el paisaje helado del río Charles
en la glorificada Boston? 
¿Vale la imagen para
rememorar a Heráclito, maestro?
Una mujer muy joven
espera el ómnibus a mi lado,
no necesitamos mirarnos
con sus dieciocho años
sabe que quien la observa es ella misma,
desde ese cuerpo tan semejante 
al de su madre.
El caudal creciente de autos y camiones
ha desbaratado la perfección de la mañana
la frescura de la lluvia de hace un instante
ahogada en cientos de miles 
de caños de escape 
                                 ambas lo percibimos al mismo tiempo. 
El instante es poético
el río fluye
ambas hemos estado frente a él
y hemos contemplado la destrucción
aquel día ella lloraba sin lágrimas
había dibujado su adentro 
con trazos desgarrados,
un río rojo de tristeza sin fin,
y la destrucción -como hoy- salía de las bocas humeantes
atronaba la canción sin sentido.

La paloma embistió los cables de alta tensión
y cayó sobre el río de asfalto
veintiséis ruedas de un mismo camión
pasaron sobre su breve cuerpo.
El lagarto overo atrapado en la cuneta
me interpeló con sus ojos aquella mañana
tanto él como yo  
                           insensatos
pretendíamos huir
aún
sabiendo 
que eso
no es 
posible.

María Martha Dechecco (Córdoba, Argentina, 1967)

jueves, enero 09, 2025

Judith Filc / De " Paisajes"


3.

un cielo nublado
bajo el cielo
pasto amarillento
en el medio
un círculo de piedras
dentro del círculo
tierra endurecida
sobre la tierra
una excavadora
el brazo inmóvil
la pala vacía


7.

una ventana

en la ventana
un marco y rieles
colgando de los rieles
cortinas ajadas
entre las cortinas
más allá
una alfombra de pasto
gaviotas

un río azul


20.

una puerta
detrás de la puerta
un piso de madera
en el piso
una cama cucheta
en la cama de abajo
un caleidoscopio
a través de la lente
múltiples vidrios de colores
en figura de flor
inalterada


30.

una calle
en el asfalto
huellas de autos
en la vereda
casas bajas de ladrillos
en las paredes blancas
palabras ilegibles
figuras geométricas

hashtags
en negro
diluido

Judith Filc (Buenos Aires, 1962)

Paisajes,
Buenos Aires, 2025










Una entrevista con Judith Filc en El Teclado Excéntrico
---
Foto: Judith Filc / Facebook

viernes, enero 03, 2025

Germán Arens / De "La novela que no fue"


Desde la barda miré al pueblo por última vez
 
Obedeciendo a una decisión desesperada
algunos buscan la ruta.
¿Quiénes son los que escapan?
¿Irá entre ellos el hombre del que aprendí el funcionamiento de una 
dínamo?


*

La mente espera a que nos metamos en la cama
para dar vueltas y vueltas sobre aquello que nos ocupa.
El sol, al que según Nerval nadie ve en sueños
se incorpora a la noche ordenando mi inconsciente.


*

Anochecía. La 154 había sido recién asfaltada. El Renault se desplazaba 
en silencio. Siempre que viajábamos, como una manera de disimular 
la distancia, teníamos la costumbre de cantar. Agotado nuestro repertorio, 
mi padre contaba alguna de sus clásicas historias de viajante de comercio. 
Mi hermana dijo que detrás de los alambrados las cosechadoras parecían luciérnagas.


*

Se me ha hecho costumbre en las mañanas acariciar a Bolita y ver como se enrolla, 
parece un perdigón. Soy consciente de que no hago más que molestarlo y por eso se 
cierra. Lo acaricio como acariciaría a un perro. Quizás cuando me vaya de este lugar lo 
lleve conmigo y lo deje, si es aún posible, en algún lugar húmedo y oscuro, un lugar 
cubierto por una mantilla de hojas donde podrá reunirse con los de su especie y vivir lo 
que le quede de vida en compañía. No estoy alimentándome bien. Vivo en una
abstracción. Quisiera recobrar para mi cuerpo esos pocos días de conducta en que todo 
parecía venidero. 

Germán Arens (Bahía Blanca, Argentina, 1967), La novela que no fue, publicará Editorial Agnes, provincia de Buenos Aires

---
Foto: Barnacle Editores

miércoles, enero 01, 2025

Isaías Garde / De "Espejos ensamblados"



4. los animales en la lluvia

1
los animales en la lluvia
//de los que nunca dijiste casi
nada
y había qué decir
por supuesto que había//
no
así no

los animales en la lluvia
//de los que apenas
si dijiste
casi//

no
así no

los animales en la lluvia
//los que están
donde no están
donde siguen estando
donde estuvieron//

no
así no

2

los animales en la lluvia
//los que te esperan
los que siguen aguantando la lluvia
los que siguen
aguantando en tu espera
la lluvia//

no
así no

3
tus perros en la lluvia
//tus perros los que están
donde no están
donde estuvieron//
tus perros los que están
atajando la lluvia
tus perros los que siguen
atajando la lluvia

no

tus perros (tus queridos sí)
tus perros (tus empapados sí)
tus perros en sus almas
de hueso en sus huesos
tus perros en la lluvia
tus perros en su altiva intemperie sin vuelta
//en algo así
como intemperie
en lluvia//

no

decir por no decir
o casi por decir
o por decirlo apenas
decir apenas
porque esto no es algo
porque esto no es nada es sueño
//el algo así del tósigo o del sueño//
da igual
da todo y no da nada
es nada más que el sueño
el sueño en el que llueve
está donde no está
es la lluvia en el sueño de siempre y de ahora

así no


7. seguidilla de la chica ciruela

al dios de los ciruelos
le pediré un amor
no importa cuál
Sōseki Natsume


1
la chica de la noche
sale de una ciruela

de una ciruela a un sueño
sale
la chica
y hace la noche

la chica
que en su noche
sale de una ciruela

esta chica que //ciruela de su noche
noche la chica misma//
da con nadie o con uno
o con muchos
en mitad
de su noche
chica ciruela
no ninguna otra chica
esa chica


2
dale dales
chica ciruela
dales de todo

dales
de fumar
y de todo

dales
de todo
ciruela de tu dios
chica del dios ciruela
chica dios
chica ciruela

3
chicas que salen a la noche
que ellas hacen saliendo
chicas que salen
y hacen la noche noches
salidas de las chicas

chicas
salidas a la noche
chicas que salen
las chicas de la noche
que sale de las chicas
a la noche
que sale de las chicas

chicas ciruela en su noche de ahora

4
ya está afuera la chica
ya está salida
de la chica
a la noche
de la ciruela
de la noche a la noche
ya está haciendo la noche
ya está en su noche hecha
ya está en la noche en que no hay nadie
o hay uno
o hay muchos

sale de la noche a la noche
chica que sale de una chica
una chica en la noche
que sale
de una chica
de la noche a la noche
ya hace su noche

la chica
la que insurge en la noche de las chicas
en mitad de la noche de ahora
la noche de la chicas

5
dale
chica
ciruela
chica que das quitando

dales
lo que sigue
dales
de una vez
otra vez lo que sigue
dales de todo
dales un poco
dales ese poco
dales
otro poco
de todo
dales de todo
dales ese otro poco

dale
dales el poco ese
pero todo ese poco
chica del dios
ciruela de tu dios
chica que das quitando
dales -quitando lo que sigue
dales -quitando chica dios todo
dales
todo ese poco

6
yo era la chica
yo era la chica esta
yo en mi noche de ahora...

yo soy
la chica
la que alienta en la noche que ahoga
que a ustedes los ahoga
la noche de este poco
esta noche
no ninguna otra noche

yo soy la chica
la chica de las chicas
la salida a la noche

yo soy la chica
que nadie duerma
aunque todo duerme

yo soy la chica
del aire ahogado
la chica de mi noche de ustedes
ciruela
de la noche
de ustedes

yo soy la chica dios
la que da quitando
la que da en sueños
en los que nadie duerme
ni durmió nunca
ni nunca va a dormir
aunque todo duerme

7
tomen entonces
de la chica
rojiza
lo que tomó
de ustedes
rojiza
la chica
tomen de su noche de ahora
ese poco de todo
lo que tomó
rojiza
de la noche de ustedes
la chica

8
noche a la noche
chica a la chica
noche de la noche
chica de la noche
chica ciruela
dale
dales
chica ciruela

lo que sigue
dales de lo que sigue
dales de lo que debería seguir
ese poco que esperan
ese poco que ni saben que esperan
ese poco

dale
dales
un día de mañana
que sea ahora mismo
que sea esta misma noche
que sea ese poco
que das quitando
dale
dales del todo ese

ciruela de tu dios
chica dios ciruela
que das quitando
danos
de fumar
y de todo

danos de todo
danos quitando
todo

Isaías Garde (Buenos Aires, 1964), Ensamble de espejos, Textos en Transición, edición digital, Buenos Aires, 2024
Descarga gratuita, formato epub: https://is.gd/ZmRPbR

Más poemas de Isaías Garde en Textos en Transición Letralia, Altazor, Los Cuadernos de Vieco
---
Foto: Isaías Garde / Facebook

martes, noviembre 26, 2024

Sergio Velazquez / De "El recado y otros escritos"


1937 

Horacio del cianuro en el ocaso,
del rojo barro 
y de la selva casta.
Horacio del amor de las doncellas,
gótico Horacio, 
misteriosa gema.

Ahí están la jangada,
los mensú,
el almohadón,
los opas, 
la anaconda, 
y la cercana muerte tan cercana.
en el fatal gatillo traicionero.

Atardece en Misiones, 
una flor de lapacho a la deriva
deja sus alas en el Yabebirí.
La noche entra en la noche
y más allá del yerbatal espeso
renacen las criaturas,
que vuelven a soñarte, 
eternamente.


Flaco

Ya ascendiste a la nave del errante,
con Fermín, con Artaud, con los dementes
que beben soledades y amarguras.
Ya circundan Haedo, y las terrazas
se pueblan de malvones y duraznos
sangrando melodías que son lágrimas.
Ya el mudo te hizo un sitio en el comando,
y el santo te sonríe con ternura.
Ese es tu cielo. Tu mundo de corcheas
y metáforas, lejanas muchas veces,
abrieron una grieta en los cerebros.
Tachonan nuestro cielo, ahora eclipsado,
tu diamante dulzura, tu muchacha
de ojos de papiro, tus plegarias.


La voz
                 A propósito de "Moisés" de J.J. Saer

“Ahora, te elijo entre mi rebaño.
Podrías haber sido cualquiera (las piedras son infinitas en el yermo), 
pero para ti estaban destinadas la voz en la zarza, el báculo y la tabla. 
El látigo golpea las espaldas y la arena está manchada de sangre.
Ahora unjo con mantequilla tu frente.
No condesciendo a la pena.
No escribo promesas en aguas bermejas.
Conozco el desprecio y la desobediencia de los muchos.
Vivirás para salvar unos pocos guijarros,
matar al becerro
y perpetuar mi nombre.
Antes de llegar a la tierra prometida,
la muerte pisará tu manto 
y no me habrás visto.”


Panadería

Aromas de espigas en la madrugada,
la vereda poblada de pasado es una romería
mechones canos que aguardan su pitanza
esclavos de Ramsés 
legionarios 
devotos que parten la ración en una catacumba
viajeros de la diáspora en pascuas clandestinas
los Forclaz tenaces en la molienda
campesinos que humillan el césped de la Reina
Valjean y su mendrugo.

El recuerdo es un remoto margen
un puente carcomido
y una balsa

En mi calle, 
la niña del olvido
me dejó unos retazos
bordados de memoria

Hoy el pan me trae una ceniza
apenas encendida en la fragua del tiempo.

Sergio Velazquez (Buenos Aires)

El recado y otros escritos
,
Barnacle,
Buenos Aires, 2024-2025









---
Foto: Barnacle

miércoles, noviembre 13, 2024

María del Carmen Marengo / De "Las bestias"


Un tipo especial de cabras

Cuando
por alguna razón,
no quieren hacer algo,
(como buscar el pasto para todas,
o dar de mamar a los pequeños)
lo que intentan
es huir hacia arriba.
Logran embaucar
a la princesa de la montaña
y hasta a la misma reina
en ocasiones.
Logran su complicidad
porque conocen (y es lo único que conocen)
todos los desfiladeros
que las llevan más alto.
Desde allí
dominarán
su triste porción
de tierrita
desamparada.


El gliptodonte

Se aferra
al lugar
que consiguió hace años.
Usa sus garras y sus mandíbulas,
saca raíces
como si fuera planta.
Falsea datos.
Todo
para no dejar pasar
a especies más jóvenes.

“El gliptodonte morirá”,
vaticinan algunos libros,
“fruto de su propia incapacidad
adaptativa”.


Chacalas cebadas

La sangre.
Les encantó la sangre.
Les encantó
que se eternizara.
Que fuera desleal
con los que estaban a su lado.
Que los pisoteara,
que ocupara
todos los lugares,
que les robara la comida,
los mantuviera pobres,
estancados
en el barro primero
que a nadie divierte
después de veinte años.
Que falsificara los datos.

Por eso ahora
beatificarán al gliptodonte.
Le pondrán coronita,
lo instalarán en altar
mejor.

Y como la mentira
es su hábitat,
y saben que su poder reside
en sus dientes ocultos,
inventarán otra historia.
Despedazarían a cualquiera
que osara gritar
lo contrario
aunque fuera en el desierto.

María del Carmen Marengo (Balnearia, Córdoba, Argentina, 1968)
Envío de Alberto Cisnero

Las bestias
,
con ilustraciones 
de Juan Pablo Cozzi,
Charco
(editora artesanal),
Buenos Aires, 2023






---

jueves, octubre 10, 2024

Hugo Patuto / De "Magari"



Una palmera corrige otra luz con mil dedos

Una palmera corrige otra luz con mil dedos;
hay pálpito que soñar en el brillo
vertiginoso de la gata,
soltería mecida por flores.
Agrega miel un reloj olvidado,
miran los abuelos el mar del presente
y vas como dictamen
hacia el papel o tu camisa.
Tendrá esa labor nuestra mano:
empeño de agotarse para los vientos
sobre la roja
condición presa en el día.   


Entre mármol y turistas el sabor de la plegaria

Entre mármol y turistas el sabor de la plegaria,
laberinto de máscaras un verano,
impulso, la retina, paz o miedo:
Roma señala caminos por dádiva eterna.  


Al despedirnos, el futuro se agiganta

Al despedirnos, el futuro se agiganta
y borra el café un parpadeo.
(Ah el futuro, incontestable aro de ceniza
que sirve otra copa en el vacío).

Hugo Patuto (Conesa, Argentina, 1961), Magari, 2022-2023, inédito

---
Foto: Sur y Sur

domingo, septiembre 08, 2024

Fabián Casas / De "Los poemas de Boy Fracassa"



Este poema es sobre la mente en blanco.
Mi respiración asciende y desciende a ritmo pausado,
inspirar hacia dentro del mundo, expirar nuesta presencia
    en el mundo.
Es poema es un edificio vacío, una estación 
    meteorológica
abandonada hace mucho
en la vegetación salvaje
cuyas plantas la recubren
como recubre la personalidad a ciertas personas.
Este poema es sobre la mente en blanco.
Tratando de decir que el pensamiento es dolor.

*

Se fue a meditar al fondo del bosque/ pero no había bosque/ se fue a pensar en el medio de la gente/ pero no había gente/ estar en el mundo/ estar en tu cartera de pana/ se fue a meditar donde nadie puede meditar/ los monos de humo ascienden.

*

Fuma en medio de la nieve de anoche/ una mujer negra, mayor/ Detroit/ zona fabril/ El amor propio de los que no tienen esperanza/ se ve tan estoica/ se ve tan sencilla/ pienso en el atractor/ que en sus infinitas combinaciones/ creó a esta maravilla.

Fabián Casas (Buenos Aires, 1965), Los poemas de Boy Fracassa, traducción del portugués de Martín Caamaño, postfacio de Fabián Casas, Ediciones Nebliplateada, Buenos Aires, 2024

---
Foto: Fabián Casas en el documental La vida que te agenciaste (2018), de Mario Varela

domingo, agosto 25, 2024

Gerardo Foia / Cuando tenemos a mano un café o una mandarina



                                                                                                            a Isabel Yumatle

Cuando nos dibujamos las muñecas y brazos
esos tatuajes improvisados que nos hacemos con lo que atente y sellan con pasta de luz lo que aparenta falso sobre la piel

en cada brindis de brasa líquida cuando golpeamos vidrios
con los ojos descalzos sobre esos cielos con grandes olas

cuando salimos a buscar el sol
sin importarnos la hora de la noche

en todas las lunas que ya desovillamos juntos
y vamos amontonando sobre los techos de Colegiales

en nuestro escondite que es el peor del mundo y quien quiera ver que se enamore

en mi auto girando en espiral por Acceso Norte o en la esfera de la muerte del Clown Art
o si no en cualquier auto que nos haya tocado por azar de la calle o del teléfono

estacionado sobre la avenida Juan B Justo con las balizas puestas
esperando que nunca te bajes del auto pero diciéndote hasta mañana mientras afuera nos raspan veloces los que zumban

debajo del toldo destartalado a la vuelta de la sensatez casi al reparo de la lluvia
con una botella de vino en el pico de la noche

también en el umbral de la casa de Vicente López entreverada con la puerta intentando ingresar con dificultad ante el ángulo del instante donde todo se despeja

en aquél picnic lleno de barro y cervezas sobre el pasto de la plaza Armenia 

en las cenas siempre inconclusas
porque somos echados de todas las cantinas a la hora del toque de queda

en la plaza Clemente y en la Mafalda sentados con las rodillas en el mentón
escuchando el canto de los gorriones desafinados

aquél mediodía tardío almorzando
en la cápsula cuadrada entre drogas vencidas por el recuerdo y aquellas que solo nos hicieron carretear entre escombros

en la parrilla abandonada del canal
ante la indiferencia de una colonia de gatos negros

mucho en la oficina de Maradona

en cada dibujo tuyo que hacés frente a mí y que yo guardo en un cajón
por si algún día todos esos rostros desgarran el papel

cuando nuestras risas andan sueltas por los pasillos

acostados en la caja de lápices de colores entre ellos hacinados
casi como si fuésemos dos más

en el momento que dibujaste a oscuras un tren y te subiste a él hasta el día siguiente

la primera vez que me escribiste ilegalmente los ojos

a veces trabajando
concentrados cada uno en lo suyo
armando estrategias de cómo encarar cual cosa

cuando me leés
todas las veces que te escribo

en el silencio de las palabras
y en los gritos de nuestras miradas estrellándose unas a otras salpicando lo que se avecina 

todas las veces que jugamos a tantas cosas
sobre todo cuando nos desafiamos a vencer o morir

en nuestras charlas de aljibe y en las rasantes
honradas unas y otras

las veces que acomodamos las piezas de nuestra confianza frente al otro para que las mueva y haga su jugada

cuando nos esquivamos cuando nos hacemos trampa
cada momento en que alguno de los dos juega sucio

cuando pasa que nos espiamos
y cada cual conversa con sus fantasmas unos buenos tintos de estación

en los temores que invitamos a que sean parte en las conclusiones erradas
en los presagios y los conjuros
y cuando le charlo rezos al gauchito Gil

claramente aquella noche que te llamé desde la Península San Pedro
y aniquilamos al tiempo a puros decires y botellazos

en los puchitos y sus rincones
y en todo lo que el humo nos cementa

cuando tenemos a mano un café o una mandarina

en los miles de nombres de mujeres
que uso para nombrarte cada mañana para llegar siempre a vos

en mis regalos de tus nacimientos hasta alcanzarte

escuchando a Lucio Dalla sintiendo el dolor de la música a Charly o C. Tangana
también paseando por la urbe de la armónica de Hugo Díaz

aquella vez que bailamos tan apretujados en ciudades distintas Paraná Buenos Aires
y aprovechaste para inyectarme de esas ilusiones como heroína y ya no pude dormir en todo el viaje 

recorriendo las cuerdas de nuestros pensamientos en pequeñas letras atadas al cerebro como vinchas

haciendo malabares con nuestras creencias como si fuesen naranjas
y haciéndolas cruzar por el aire
de tus manos a las mías y viceversa

cuando se nos cae al piso alguna naranja del otro

a orillas de todos los días que se nos anuncian incluso los ausentes y los escondidos
y los que estarán hoy como ninguno

en las mareas de cerveza bajo los zapatos y en los vinos que llevamos en los bolsillos

yendo a comprar whisky
en la otra cuadra de todos los martes
y en la petaca moscovita que es nuestra lámpara a frotar

cuando nos escapamos
a caminar por ahí por los alrededores de nosotros mismos

o cuando estamos sentados en lugares que inventamos para estar un rato más juntos

en nuestros planes diminutos

también en nuestras peleas
en cada minuto en que me odiás
y en todos los que no hay disculpas posibles

por supuesto en los peligros que fueren en nuestras discusiones serias
y en las que diseñamos sólo para molestar al otro

mientras el frío nos azota sin piedad también

entre artistas de varieté periodistas
computadoras tachos de luces y cámaras de televisión 

cuando nos mostramos fotos pedazos de vida de antes
y los quiénes son

en los cuadros de tu infancia los hermosos culpables
que aún tienen pegados cientos de tus dedos y tus miles de ojos de aquellos años

en el rostro grande que dibujaste aquella madrugada sobre un lienzo que robé
y tengo colgado en el camino de la escalera que va

en los sueños que soñamos cada uno en su noche más cercanos que de otra manera

al borde de la tarde
y en la forma de tu boca

en los embates del deseo

cuando no hace falta
y cuando ponemos a rodar el corazón como si fuera una pelota en una pendiente

cada vez que nos damos cuenta todas las veces que no

en el equilibrio forzado que nos pretendemos

y en los pasos de los besos que escuchamos acercarse.

                                                    Villa Luro - julio de 2021 / corregido en agosto de 2024
[Inédito]

Gerardo Foia (Buenos Aires, 1967)

Libros de Gerardo Foia en Ediciones en Danza
---
Foto: Gentileza del autor

sábado, agosto 24, 2024

Juan Desiderio / De "Pines Sprun"


II

y dulce mira
cómo pelan cables
los huérfanos
en habitaciones
se inyecta de azul
y azul se come
te oxida.

Es de aquellos
donde piden mesa
y cien gramos
de picado fino
que se oxidan
se comen
te oxidan.

Amanece con la yugular
abierta
mojado de tendón
y lluvia
las tardes fijan
su manía
en sus manos el pan
el fiambre que se inhala
y se come
se oxida
te come
te oxida.

Se llamó pies en el cambio
o azafata muda que todo
golpea
puesto en primera
marcapaso
tranca que tranca
salame picafino
pan
la ceremonia

no puede ser tan
místico.

Barrio trucho, 1990, 1997, 2020


I

Argentina
¿cuándo beberé tu sangre
hasta hacerme fuerte?
¿cuál de tus siete cabezas
me corresponde?
aliado
entre tus brazos negros
haciendo equilibrio
en una de tus pistas
volcando mi cabeza
en un baño de tren
argentina
esta es mi carne
mi mecanismo perfecto
pero tus brazos
ya no son los mismos
tus pulmones podrían reventar
nena
las piernas las dejé sobre la
mesa
no sea que corras hacia el mar
dormida


VIII

aquí la parábola de los hijos
de nena:
llamó a su primogénito “nada”
a su hermano se lo conoce
como “asilo”
y nena amó a nada
y depositó en asilo
todos sus horrores
en los pasillos mentales
de asilo
la carne no se entierra
y pudo
matar a nada
una noche de lluvia
si no fuera que su madre
se interpuso
y así fue que nada
mama de las tetas de
nena
y asilo baila
en las pistas de ezeiza
a las tres de la mañana

Argentina, 1992


II

Esto es un laboratorio
bienvenidos
el brazo derecho
arrodíyese ahí
la sangre espesa
no respire
a usté no le sale nada
deme el otro brazo
aprete esta piedra
largue
aprete
largue.
La piedra
en la cabeza del enfermero.
Y esto pasó.
Los dos están prófugos.
El enfermero
no recuerda su nombre.


III

-Bitácora de vuelo-
-no te hagás el Espok
y corré más rápido
que nos matan
esto marciano de la 19
y te van a rodar
las orejas
hasta la zanja.
-La zanja. La recuerdo
tomando sol
a orillas de la zanja
sus pelos con abrojos
excitaban
a lo vendedore
de sandía
y su risa
helaba el barrio
todos la veían
le creían santa
por el barro seco
que frotaba en su pierna
y aparecía como
santa rita envuelta
en una nube
con su cara
color acero y
-seguí corriendo
que nos cagan a palo
-y te acordá del viejo
que creía ser san jorge
y yevaba al matungo
a tomar agua
a la zanja
se sentaba siempre
sobre el caño ese
que estaba roto
y miraba a la gente
y veía dragone corría
 a los pibes les quería
sacar lo dragone
de la cabeza
¿te acordá?
-si, eran piojo
-no, loco
eran dragone en serio
-espok
no digá boludece
y decile a tu piba
que compre faso y gayetita.

La zanjita, 1996, 1999


Hijo
tuve mi cabeza medieval
un póster de Hendrix
y el chaleco de jean
correspondiente.

Ahora 
me siento a esperar
imágenes
en este cine de cráneo.

*

Desde la torre once
los espejos le gritan.
Hematomas en su cara
toque lila entre las piernas.
Una luz verde
divide su cuerpo
a lo largo.

Habla de su credo
en los pasillos
que hay detrás 
de la pared.

Ángeles parricidas, 1998


¿podar el fresno?
¿las ramas de Einstein?
Martilleo sobre
la parte podrida 
de la casa. Tomo
en jardines de avenida
y el azar es vuelo
por cielos de capot.

Suerte de ser
mitad cuerpo
y una parte de la reja
¿o es la pasión
con la que evito
ser un souvenir
en la fiesta?

Tos, 2002


Un hombre anciano,
sentado en el living de cemento
de un parque. Sobre la mesa, una naranja.
El anciano observa la copa de un árbol. Baja la vista
hacia la naranja. Ella, posa y él, la estudia.
Ambos, en trance.

Hipnosis, 2005

Juan Desiderio (Buenos Aires, 1962)

Pines Sprun
Obra reunida 1990-2014,
Buenos Aires, 2023








---
Foto: Juan Desiderio/Facebook

jueves, agosto 01, 2024

Virginia Caramés / Variaciones Storni



(Relectura de los poemas "Voz", "Contravoz" 
y "Versos a la tristeza de Buenos Aires") 

II

Dónde, cuando la carne
de los hombres sin arraigo,
correré puños en alto

Debo
con los dedos
Debo
separar los párpados
hasta que las raíces lleguen
    del cielo a la casa

Con los dedos
Con sus uñas que crecen
que crecen

Cuando el universo se desmembra
   -o no se desmembra-
mis ojos estarán rojos
Mis ojos que ceden

No te duermas,
   cuéntame los cabellos.


III

Por el llano buscaré tu agua

La que hace canales
la que se desparrama

Tu agua con limos
Tu agua de cosas estúpidas

La de la punta de tu pluma 
para armar tu cuerpo
                  tu lengua
                  tu vida

Agua para apagar tu hoguera

Voy a juntar agua
para que la casa humana,
esa,
pueda rozar la fracción de cielo


IV

Que si triste
Que recta la calle
repta
por la gris
calle
igual a calle
igual
a calle
Así mi alma
lenta
de su gris ahora
se decora

Que si untada de río
en sombras
en la calle
igual y gris
igual y bruma
de la calle en sombras
untada de río en sombras

Ya no respondo
ya gris
y en sombras
yazgo yo enterrada

[inéditos]

Virginia Caramés (La Plata, Argentina, 1963)

Más poemas de Virginia Caramés en Otra Iglesia Es Imposible, Montaje, Biblioteca Ignoria, La Caína
---

viernes, julio 26, 2024

Pablo Caramelo / De "Impresión, Oscuridad"



También el vacío es un paisaje

Del fundamento del lar
hablábamos con miedo.

Enfrente están los que vinieron 
a echar un vistazo y cabecean,
o paladean reminiscencias,
pedazos de bromas piamontesas, 
poemas preparatorios:
sin saber adónde ir, se quedó en casa.

Amoladora y masa, metro y
niveles, sogas, cinceles y cucharas,
la vieja carretilla verde transporta
la mezcla futura. Descansan las jaulas
con pajaritos cuyo canto es similar
afuera y adentro, ahora o antes.  
Los lindes anfitriones fingen 
fechas de exterminios ilustres. 
El catastro borronea parcelas en el tiempo. 

Lo que se ve es tan hermoso
como lo que no se ve.
So beautiful el mapa que deambula.
So beautiful. So beautiful el calor 
de los nombres afuera de la mente. 

Enfrente se despereza el plan
de los objetos tumbados. 
Nadie desea nada, pero el miedo
es una voluntad que se hereda.

Un brazo llega a estirar lo que no está.
Discreción

La mesa de conversar mudábamos
detrás del rastro furtivo de la luz.

¿Temíamos despertar al demonio 
de la solemnidad, dormido junto 
a otros pasmos como la Hidra
o el Abuelo Descamisado? 

Como si hubiésemos cortado la cabeza 
del ansia que no nos dejaba suspirar.
Con la exhalación triunfante, resistimos.
Ni siquiera la noche nos deja adornar 
los bordes de las palabras. Tan discreto.
Susurrar casi besándonos arrastra 
la misma nimiedad, el mismo ayuno.


Los muebles cambian de lugar

Un presidente sueña. 
Aquellos a quienes nadie habla, 
escuchan a un predicador. 
Hace rato dejamos de reír, 
aunque en los rostros congelados
se conserva una mueca iluminista. 
Así nos despedimos. Palabras tuyas, 
mías, vanas, no bastaron. 
Enfermás, animal altruista, 
un pensamiento de higiene te masturba 
y te hace suspirar. También te dormís.
El predicador subasta imágenes 
contra lo indigno. Son baratas, eficaces.
Los sordos del mundo transfieren dinero 
a cambio de la palabra que nadie les dirige. 
Un presidente despierta solo. Mira en el espejo 
la palabra vos escrita con rouge. 
Vas a ganar la guerra, piensa.  

Alguien prende una vela blanca contra sí mismo.


Nómades

Medicinas, víveres, colchones, 
mantas tejidas por la vacilación,
estertor de la estación retrasada: 
nace muriendo la cala, embebe
los ojos del chico que la percibe 
no del todo blanca, plomiza, 
pues brotó para opacar la mirada 
del que aún aprende a vivir entre pares, 
a mortificarse solo y preguntar al viento.

Golpean los hielos en el vaso de whisky, 
algo se desprende: viene de lejos 
la mole fría que nos arrasa. 

(¿Hay tiempo para el cuento del ciego 
que ve el color blanco al acariciar un cisne?)

Pablo Caramelo (Junín, Argentina, 1964)

Impresión, Oscuridad
,
Buenos Aires, 2024









Más poemas de Pablo Caramelo en Otra Iglesia Es Imposible, Voces del Extremo
---

sábado, julio 20, 2024

Daniel Durand / De "Tulang pinoy"




(...)

Yo vivo en el infierno de los perros,
arenales calientes que nunca afilan las garras,
montañas de esqueletos de pescado
y la calor eterna entre vendavales y brisas.
Los perros que muy seguido no comen
le ladran a las olas y rabiosos
andan mordiendo el viento.

Por no haber sido aplicado
ahora estoy condenado
a vivir en esta hamaca
escuchando a los orioles amarillos.
Por no haber sido aplicado
y practicar wingsuit con cromosomas
ahora estoy condenado
para siempre, a la rima y a las bromas.
Acá en la iglesia me dicen el Soga
y en la mezquita de la vuelta, Maderita,
pero mi nombre es Lagarto.
Acá me dicen Botella
pero mi nombre es Bolsita
de plástico.

Alon Niña Maharlika
y el Lobito es toda mi familia.
La casa está llena de vecinos
que a la noche caminan invertidos
por el cielorraso, vecinos fríos de goma blanda,
butikís lizards y lagartijas.

La tabilí es rama de carne
y mi nombre es Tambís.

Ahora resulta que lo mejor que me pasa
es una Go Pro con mango flotante
y toda la humareda circundante
que no se aleja nunca
de aquel lote de barcazas.

La brisa viene a la mesa
a acariciar la comida
y zarparse los vapores de los platos,
la brisa viene a la cama
a refrescar los colchones
y la almohada.
Por esta choza barata
de junco y clavo herrumbrado
la brisa pasa de largo
atravesando
telas cañas y ennipados.
En cambio los vendavales
que se mandan a la noche
se trenzan con las palmeras,
la pelea suele durar la noche entera.
Vendaval encastra en palmeral,
son palabras macho y hembra,
son objetos hembra y macho
y yo en el medio me bautizo basural.

(...)

Daniel Durand (Concordia, Argentina, 1964)

Tulang pinoy (Los días filipinos)
, 
Fadel & Fadel, 
Buenos Aires, Argentina










Más poemas de Daniel Durand:

---

domingo, julio 07, 2024

Pablo Seguí / De "Poemas juveniles"




Consagración de apatía 

(a Christian G.; o a su partida) 

Sabés de los desiertos y del alma, de esa disgregación lenta de tus cosas —sí, asistir a un lento desgastarse los objetos, tenés uno entre las manos y se te va resquebrajando—. Migajas de la arena tuya que te hace, médanos en continua formación y no, porque sólo van a la ruptura: médanos quebrados. Te guardás en piezas silenciosas, en el silencio de algunas horas: sos el que duerme, visto de afuera, tenido entre las manos desde afuera. Monedas pobres del alma, tus cosas van a la deriva, vos mismo sos la deriva de tus cosas, y su sueño. 

Porque podés ver algo claro, de lejos, tus días; pero cuando boyás en ellos todo se te confunde, todo gira en torno a centros ilusorios, varios, efímeros: y qué te ata los días, y cómo atás vos tus días a vos. 

Silencio, entonces, pasividad, apacibilidad: ver cambiar las cosas, sin esperanzas, sin afanes. (Como ante un cuadro postergado: puede acabar. Como el paisaje de una ciudad a oscuras: pensás que, en verdad, no la conoceremos.) 


Voces entre las tumbas 

Aquí diez mil difuntos     hablamos del presente. 
Aquí creció la daga     que llevó a nuestra sangre 
a la pradera negra     de polvo desasido. 
Aquí el verdugo y la razón sin alma. 

Aquí con mis alforjas     y tus alforjas y 
un viento renacido     veníamos cantando. 
Los ojos se elevaban     sobre un mar sin caricias, 
y en las manos había una esperanza. 

Pero llegó la lepra     mordida de alfileres, 
llegó la letanía     que nos midió con plomo, 
y la terca pared,     y el humo y su tormenta, 
detonando su miedo de falanges. 

Ya viene el túnel, ya     se acerca la amenaza 
de la captura ciega,     del desconsuelo ciego, 
ya gritaron el parte,     grises, viejos, oscuros, 
ya se instaló la furia del enano. 

Aquí diez mil difuntos.     La guerra declarada. 
El trueno y su costado.     La evocación del torpe. 
Los vasos que se astillan.     El comedor del sueño. 
Ya nunca volveremos: somos sombras. 


Azar n° 1 

Seguimos siendo brujos 
del sol y de la noche, 
salvajes unitarios 
y cruentos federales. 

Seguimos dando muerte 
y queriendo la vida, 
y somos oro y barro 
y medida del orbe. 

Los mitos no fenecen, 
sólo cambian de efigie: 
otra Esfinge, otro Edipo. 

La música nos nutre, 
la palabra nos alza: 
todo es canción de siempre. 

Domingo 2, julio 2000 

Pablo Seguí (Ciudad de Córdoba, Argentina, 1973)

Poesía juvenil 1995-2011,
Buenos Aires, 2024









Más poemas de Pablo Seguí en Otra Iglesia Es Imposible
---
Foto: Pablo Seguí en Facebook

miércoles, junio 26, 2024

Catalina Boccardo / De "Abjurar de los cuerpos"



Estómago uno

Sálvame de las harinas y frituras
la carne grasienta de los cerdos

Sálvame intestinalmente
el mundo provee frutas pesadas
y leves
símbolos
diría esa poeta
sublimando al vegetal

Sálvame de eso indeseado que regresa 
a la tierra  
al agua
mi torpe escritura


Blanche (una gecko blanca)

Blanche podría convertirse
en alguna otra especie extinta
adentro de mi casa

Se engolosina con las cosas húmedas
la buena comensal toma riesgos
a la hora de la cena
No es un problema que hurgue
el bolsón de ropa sucia
su devoción con las cucarachas
del motor de la heladera
yo paso y paso lavandina

Ella no conoce la manía humana 
de asquearnos
de nuestro íntimo y viscoso origen


Águila de Haast

La vi cuando soñaba
o en una enciclopedia
de niña
era tan usual
palpar las hojas robustas
y olfatear

En mi glándula pineal retumban
hasta hoy
rugidos de leones y
perros milenarios. 
Mastican
La sensación insólita de una bestia
de doble corazón 

Aquel estruendo, fuerza de Haast
bombea la sangre de los pájaros
los pensados como frágiles ¿por qué?

Catalina Boccardo (Buenos Aires, 1961), Abjurar de los cuerpos, inédito

Más poemas de Catalina Boccardo en Otra Iglesia Es Imposible
---
Foto: Catalina Boccardo, Facebook

viernes, junio 21, 2024

Daniel Martínez / De gatos y rodillas



Seguro que los gatos 
se sienten como en casa en tus rodillas

aman la temperatura de tu cuerpo
mientras se distraen con presas imaginarias
o van directamente al grano 
con los ovillos de lana en el piso
cruzando como fantasmas 
bajo el resplandor del fuego de la salamandra

cuando no
exhiben ante el espanto de los invitados 
los restos de una presa ahora tan real 
que nos recuerda que debajo de su disfraz inocente
se esconden las garras de antepasados feroces

a mí me tratan como al gran Maestre de cocina
solo les falta aplaudir 
a la hora del arrítmico y torpe solo percusivo 
de la puerta de la heladera y las tapas de las ollas
el resto del tiempo 
soy un habitante más del territorio compartido
que cada tanto les roba los asientos

admiro su poder de síntesis 
cuando en nuestras conversaciones
les sobra  con tres maullidos 
para expresar lo que piensan
mientras a mí no me alcanzan 
toda la parafernalia del gastado diccionario

a veces  en invierno sobre todo
se suben a la cama
con el único afan de ser acariciados
a cambio de un reglamentario ronroneo

la noche se las dejo a ellos
(al fin las pastillas indicadas
para apagar el insomnio
dieron en el blanco)

y repartimos el día
como avaros solitarios:
cada cual a  lo suyo 
más una leve mirada en el cruce de caminos

hay que verlos rastreando tus feromonas 
dispersadas entre mis prendas desordenadas en el ropero

es una verdad
que no hace falta gritar a los cuatro vientos
que estos gatos te aman

aunque ninguno  como yo

[inédito]

Daniel Martínez (Allen, Argentina, 1963)

Más poemas de Daniel Martínez en Otra Iglesia Es Imposible

---
Foto: Daniel Martínez, Facebook