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miércoles, marzo 19, 2025

Mario Levrero / Ello




Algo late, algo crece en el altillo.
Se sospecha verde, se teme con ojos.

Se presume fuerte, blando, traslúcido, maligno.

No debemos, no queremos, no podemos verlo.

Para hablar de ello solamente usamos adjetivos, y no nos miramos a los ojos.

No usamos la crujiente escalera; no nos detenemos a escuchar junto a la puerta; no tomamos el picaporte y lo hacemos girar; no abrimos la puerta del altillo.
La máquina de pensar en Gladys, 1970

Mario Levrero (Montevideo, 1940- 2004)  Biblioteca Ignoria 

Más poemas de Mario Levrero  en Zenda, Poetas Siglo XXI
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Foto:

miércoles, febrero 19, 2025

Saúl Ibargoyen / alguien



Siempre hay alguien
que habla por nosotros
en idioma cambiante
que apenas podemos oír:
así aparecen sílabas
grupos de sonidos sin forma
destellos de piedras golpeadas
crujidos de plumas
al pie del cazador:
así aparece un hálito oscuro
que llega del bosque y choca
con ciudades de opaca lejanía
con recámaras transitadas por nubes de desdicha
con balbuceos de un verbo corrompido
con torres de cristal desvaneciéndose
con astros trozados por la luz:
habrá siempre alguien que nos diga
trazo a trazo el cántico nacido
de una garganta casual y sin destino
de un grito aullante que el hambre desató:
¿Habrá alguien que perciba la lengua propia
que debemos aprender?
¿Por qué llamar silencio
a la simple miseria
de un tímpano reseco?
 
Saúl Ibargoyen. (Montevideo, 1930  –  Ciudad de México, 2019), Puro hueso, Dogma Editorial, México 2024; El Cautivo, lunes 11 de noviembre de 2024

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viernes, diciembre 20, 2024

Hermenegildo Sábat / Dos textos poemáticos


Solo de batería

La orquesta de Count Basie era escuchada todas las noches
en un boliche de Kansas City (Missouri), ciudad precursora  de 
Las Vegas, que atraía y estimulaba diversas deformaciones del 
vicio. La motivación nocturna de Parker consistía en concurrir al 
Reno Club y admirar al magnífico saxofonista Lester Young. 
No se conformó con ese privilegio. Quiso probarse, ignorante
de tonos, semitonos y cualquier otro fundamento musical. 
Conocía de oído dos temas y creyó que soplando su saxo alto 
tenía garantido un diploma de músico. No advirtió sus
limitaciones. Tampoco preguntó. Se largó a tocar delante 
de maduros instrumentistas. El gran baterista Jo Jones no 
lo perdonó arrojando uno de sus platillos que cayó de manera
poco gentil delante de sus pies. Ese gesto y la humillación
que provocó cambiaron la vida de Parker y de buena parte de la 
historia de la música. Encerrado durante ocho meses aprendió
todos los ejercicios, todos los tonos y semitonos, incluso
aquellos que nunca se usan. Cuando regresó a la luz para
especial alegría de sus vecinos, que amenazaban echarlo,
despidió a un inocente despistado y devino un genio, que
apenas fue el mejor saxofonista.


Persuasiones

Charlie vivió corriendo, casi siempre fundido y pedía prestado
dinero que raras veces devolvía. Otro recurso repetido
fue la visita a casas de empeño donde liquidaba su saxo alto
para financiar sus adicciones. Algunos se sintieron dichosos
de haber sido estafados. Charlie Mingus fue
más pragmático. Lo amenazó: "Si no me devolvés lo que te di,
te cago a patadas."

Hermenegildo Sábat (Montevideo, 1933 - Buenos Aires, 2018), El pájaro murió de risa. Una interpretación gráfica de Charlie Parker, Universidad de Quilmes, 2007

Más poemas de Hermenegildo Sábat en Otra Iglesia Es Imposible, Al Pial de la Palabra
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miércoles, diciembre 04, 2024

Laura Chalar / De "Fin de la tarde"




Pensar en musarañas:

dícese de la actitud del embelesado,
boquiabierto o absorto. 
Pero ellas, en su reino rastrero, 
no paran mientes en las nubes.
En época de cosecha, espigas caídas
aguardan a las más veloces; 
manzanas amargas tachonan
de color la cintura del huerto.


Niña

Dar razón de ella y sus ojos
zarcos y el vórtice ilegible
de su oreja. La boca 
un cendal de espuma. Dar 
razón de ella, que mira
desde un derredor de limo
o acuarela.  


Verano finlandés

                     (para Laura)

Llevo años andando hacia aquí.
Después de haberme inventado 
a Tampere, llegar en tren,
ver el bosque de chimeneas
de su paraíso industrial
y sus obreros de bronce
forzudos y bien comidos. 
Mi hija estudia, fascinada,
tu tatuaje en tinta blanca,
copo de nieve prendido
al recodo del cuello.
No pensé que llovería
así de gris, ni que haría frío.
Tus manos hacen fina magia
sobre monedas bruñidas.
Recuerdo el nombre del pueblo
al que te escribía: Eno.
Tu madre aún vive ahí.
Pero esto es Tampere, y tu vida
adulta y la mía. 

Laura Chalar (Montevideo, 1976)

Fin de la tarde
,
Sigamos Enamoradas,
Buenos Aires, 2024









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Foto: Laura Chalar / Facebook

lunes, mayo 27, 2024

Roberto Appratto / Es la voz de tu conciencia



Es la voz de tu conciencia la que te habla
Y te dice: no has de sufrir.
Has de pensar en ti sobre todas las cosas,
Es decir en mí: sin distraerte
Con las ansiedades y los sentimientos de pérdida
Que te acechan a cada paso. Escucha:
Es la voz de tu conciencia la que te pide
Concentración y seriedad
Para pensar en tu vida.
Ésta es la voz de tu conciencia que te exige,
Desde ahora,
Escribir un poema por día.
Un poema.
No es una broma
Ni una exageración: un poema por día
Te ayudará a limpiar tu espíritu
Para no sufrir. Repito: no has de sufrir
Por los problemas amorosos, sino
Amar a ese poema que escribirás
Para no sufrir. La voz de tu conciencia
Vuelve a hablar: escúchame: no te pierdas
En los trajines del día. No duermas tanto.
No vayas al cine
Sólo para pasar el rato.
Debí haberte hablado antes. Debí
Haberte prevenido contra todo eso,
Pero esperaba que actuaras
Por ti mismo. De modo
Que me mantuve en silencio. Hoy,
Con una voz ronca, tal vez por desuso,
Pero fuerte,
He decidido hablar, y por eso me estás escuchando,
¿Me estás escuchando?
Hablo con una voz pausada, serena, para decirte
Que te quedes así,
Sentado, si es posible, en actitud de cumplir
Estrictamente mis palabras: es en presente,
Es en imperativo, que te digo que te concentres,
Que te mantengas alejado del alcohol
Y de las malas compañías; que estés solo,
Profundamente solo,
Aun en presencia de los otros,
Que no harán sino molestarte
Con textos imprecisos, torpes, mal puntuados,
La expresión indirecta y borrosa de sus almas;
La voz de tu conciencia te dice que no los escuches,
Que limpies tus oídos,
Que te pongas de una vez
A escribir el poema. Ése es el llamado.
El poema permanece en ti como una fuerza invisible,
El ritmo de un contrabajo que va y viene
Sobre las inclinaciones de tu espíritu, hasta el otro día,
En que escribirás otro poema,
Como se nunca hubieras escrito antes:
Con una pose ingenua ante la salida libre,
Indómita, de tus palabras. Yo las guiaré, yo,
La voz de tu conciencia, capaz de ver el dolor
Y la imperfección en lo que has hecho.
Me dirás que es tu vida, pero es también la mía;
Tengo derecho, por tanto, a decirte que te calles.
La voz de tu conciencia exige, perentoria,
El respeto del silencio,
Del ejercicio espiritual
De un poema por día, y lo seguirás aun cuando
Los demás te indiquen otro camino:
Serás un hombre si puedes desoírlos y hacer
Solamente lo que te estoy diciendo:
No pienses en otra cosa; sobre todo,
No pienses en eso. La voz de tu conciencia
Piensa por ti
para que no confundas el ritmo de tu vida
con el de tu corazón. Te lo dice, sólo por hoy,
esta voz, que advierte el desorden
en el uso inútil, operático,
de la fantasía, de la memoria,
de la ensoñación.
Deja que tu pasado,
a menudo abrumado por el dolor,
por la incertidumbre,
por la entrega absoluta a causas imposibles,
se evapore. Por eso te dice, una vez más,
la voz de tu conciencia que te quedes así, quieto,
y no sufras. Escribe tu poema, firme, sólido,
impasible, galvanizado en tu soledad, y estarás bien.
Ahora, con un gesto desprendido y generoso,
Con una sonrisa de aceptación, sin otra cosa que tu propia fuerza,
Escribe lo que te dictaré: empieza así:

Roberto Appratto (Montevideo, 1950), Levemente ondulado, Linardi y Risso, Montevideo, 2005

Más poemas de Roberto Appratto en Otra Iglesia Es Imposible

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Foto: Minerva

martes, abril 16, 2024

Horacio Cavallo / De "Descendencia", 2




Haikus para un domingo encapotado

II

Andar descalzo
paseando ensimismado
tiene sentido.


Estaciones

Primavera

Hay dos caras
diametralmente opuestas
en setiembre.

Una que se construye hacia la luz,
donde brota el verdor de la enramada.

Otra que la provocan siete vientos
que empujan a gorriones desplumados
hacia el cuadrado gris de las veredas.

Puedo mirar el cielo en primavera,
pero en puntas de pie.


Verano

Hay un verano que no vuelve nunca
aunque siempre regrese otro verano.


Otoño

Idas las moscas vuelvo al recurrente
sueño en que la hojarasca incontrolable,
lejos de las escobas y las quemas
sepulta a la ciudad en su beige(eza).

Indignado va el cielo ensangrentando
desde marzo hasta junio nubarrones.


Invierno

Solo la cama guarda la segura
dulce inmovilidad del paraíso.
El resto de la casa, la ciudad,
todo es mentira cuando lluvia, viento,
hacen temblar las manos y las ramas.

Una tonada triste bajo las frazadas.
Eso es lo cierto: duerme, espera, hiberna.


Haroldo

Ayer asamos carne y esperamos
a Haroldo Conti entrar desde el silencio.
Él se hizo ver mientras nos repasamos
los últimos dos días en el río.
Le pregunté los nombres de los árboles
y dijo nombre, altura y residencia.
Le pregunté los nombres de los pájaros
y mirando las brasas los nombraba.

Nos preguntó si alguno vio su cuerpo
y no tuvimos nada para darle.

Horacio Cavallo (Montevideo, 1977), Descendencia, Ediciones del Estómago Agujereado, Montevideo, 2012

Más poemas de Horacio Cavallo en Otra Iglesia Es Imposible

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Foto: Horacio Cavallo por Fernando Sosa

viernes, noviembre 17, 2023

Ida Vitale / Un pintor reflexiona



Qué pocas cosas tiene
este callado mundo,
más allá de mis Cosas.
Está ese sol que incendia
las paredes vecinas,
los cables del tendido
y aquí no entra porque
qué pensaría el triste,
el alón del sombrero
que, perdida su copa,
ya no abandona el muro
y tengo por la Elipse.
Y las flores de trapo,
que pintadas soñaron
con ser frescas y hermosas
y sobreviven mustias,
¿qué dirían, mis eternas?
Mis ocres, lilas, rosas,
mis marfiles sesgados
por sombras que entretejen
mis líneas adivinas,
son, en su quieto reino.
No importa el sol, afuera.
Que le baste Bolonia
y el ladrillo ardoroso
y en mera luz y sombras
me deje entre mis cosas.
Ya nos encontraremos
si en el pequeño parque,
pinto y pienso en Corot.
Voy a ser aún más leve:
en leves acuarelas
últimas, que precisen
el paso de las formas
por la bruma que sea
un color suficiente.
Pintaré un mandolino
que acompañe la danza
de mis disposiciones
entre sí con sus sombras,
con luces y con trazos
que sutiles abrazan
mis objetos amados.
Y ya toda Bolonia
será de un suaverrosa
sin presunción alguna,
sobre el fatal hastío
si, decimonónico,
de lecheras y henares,
gallineros y cielos.
Cerca de mis hermanas,
viajaré por mis Cosas.

Ida Vitale (Montevideo, 1923), Tiempo sin claves, Tusquets, Barcelona, 2021; Estuario, Montevideo, 2021


martes, noviembre 07, 2023

José Manuel Barrios / Encanto manual para llamar a las Norias



El águila atraviesa la mañana. En el abismo de sus ojos la inmensidad recobra el sendero.

Hacia el Cenit del día Gaspard de la Nuit sueña en tu cama.
La dicha trastoca la dicha. Un nombre se ha antepuesto
a la vigilancia de los sentidos una vez emancipados.
De controlar el orden de los labios.
Olores, cambios, sensaciones.
¡Nuevo orden mundial hasta cuándo!

Primavera fue decretada a pesar del teatro radical de marionetas.
En medio de la rambla una puerta de 10 centímetros.
Un pestillo aún más bajo. Una ventana. Una inscripción.
Al pestillo de la puerta dale una salida.
Una entrada para volver a entrar.
Una puerta para volver a salir a una puerta.
Ruta de hiedra anonadada y austral.

La rueca que es aguja e hilo de un Mesías vacuo.
También él integró las conspiraciones de la bohème:
filas en zig-zag, fieles ordenados según su ascendente.

Yo estuve en la noche de tres horas.
Tomé sus manos confitadas y las serví a los comensales.
Órganos y vasos ofrendados al más allá.
El resto es de las águilas.


II

La serpiente que dibuja su cuerpo en el horizonte se retrata en su arcada.
El viento se deshizo en ruegos, en anhelos. El viento bailó, danzó y contactó.
El viento rebotó en el piso e hizo ruegos en la mente macabra.

Sueños en el timo/ en la brea.
Su ataque es un abismo veloz.
Su eco un fantasma que marcha hacia lo hondo.
Tenaz eco de lo profundo.

LA ZONA DE LOS VALLES LAGOS Y VOLCANES
FUERON ABRAZADOS A ELLA

La zona de los valles, lagos y volcanes
se dijeron te amo.

Se vieron a sí mismos contemplar el tiempo.
Con un semblante preparado a dar la cara.
Ofrecieron propiedades que no tenían.
Un valle entero, un bosque, un lago.

LA ZONA DE LOS VALLES LAGOS Y VOLCANES
se empeñó como testigo de la leva.
Las casas guardaron su marca desde ese día.
Las casas guardaron la piedra de los volcanes en el orificio de su corazón.


III

Josefina guardaba las migajas hacia el ala oeste de la habitación.
En un rincón de la ventana de la cocina, un pequeño plato.
En él, un pedazo de pan y un poco de leche.
Ofrenda para los duendes —decía
Los duendes, un anzuelo de las Norias.

Tejen y cortan el agua del océano.
Hacen el llamado al corazón secreto conocido entre pociones a lo largo y ancho del Mundo.

Día y noche Una, después Otra,
marean las cartas del Destino
en la dicha de pequeños ratones perdidos en la tormenta.

Cíclope de la barbarie.
Avanza por la noche que es su condena.
Su ojo subterráneo vaga.
La cabeza emerge como un hongo en una pared dorada.


IV

Jóvenes tonantes al amparo de sus Musas
descargan su equipaje y comienza el concierto.

Brazos al viento, manos de música, valle de la espesura
en las alturas del monte Ararat.

Vientos de la China resuenan entre los cerros
a quien abrazan y dan forma.

El cielo es de las águilas
quienes coordinan su ataque con sutileza.

La coordinación es simple
oscila entre la vergüenza y un adusto pavor de alas hacia el infierno.

El Tíbet abre las puertas al desfile de los ángeles.
Las Musas se hacen hueco entre bramidos, croares y discursos.
Leonas antiguas y sabias buscan al mancebo para desalojar su tripa.
Jóvenes tonantes empapados en su propia desazón.
Preparados para el fin de la conciencia.
La fugacidad del río.
El viento y su doble memoria.


V

LLÉNATE DE MÍ TODO ES PROFUNDO
Ve y devuelve mi cuerpo a la vasta y ancha arena.

Enciende mi cuerpo para buscar la vela.

LLÉNATE DE MÍ TODO ES PROFUNDO
Mastica el cuerpo que te fue dado como testimonio de los centinelas.
En este acto elévate.

Por encima de acentos, colores y rasgos.
Enciende mi cuerpo para buscar la vela.

José Manuel Barrios (Montevideo, 1983), "Los poemas que no leo se siguen escribiendo", Op. Cit., 28 de agosto de 2022, selección de Carolina Massola


domingo, agosto 06, 2023

Roberto Echavarren / De "Verde escarabajo"



La línea de la mano
baja gruesa desde el cielorraso
y se abisma delgadísima
contra el zócalo.
Pájaros supernumerarios
se han posado en cada rama
desglosada de la línea principal,
cada pájaro lleva un nombre,
conceptos singulares
agarrados a cada nervadura,
el viento levanta las plumas
y escapada por todos lados.
La línea de vida continúa,
desfibra las nervaduras,
se afina en el abismo del zócalo
y ya no sabemos cuál color,
si amarillo encarnado punzó
fuimos en aquel momento.



Una pleroma de mantarraya
en el fondo arcilloso
lanza golpes furibundos
con su cola de lanza,
destello azul sobre la arena
levanta un caos
alrededor de sí,
un precipitado browniano,
confunde la presa
desatenta a la sorpresa
de la boca venenosa.

Roberto Echavarren (Montevideo, 1944)

Verde escarabajo
,
Mansalva,
Buenos Aires, 2023










martes, mayo 09, 2023

Circe Maia / Dos poemas



Junto a mí

Trabajo en lo visible y en lo cercano
-y no lo creas fácil-.
No quisiera ir más lejos. Todo esto
que palpo y veo
junto a mí, hora a hora
es rebelde y resiste.

Para su vivo peso
demasiado livianas se me hacen las palabras.


Tarea inútil

Hay un trabajo amargo
como de fatigados pescadores
arrojando sus redes
-ansia y desesperanza-
recogiendo sus peces
de aletas frías, muertos.
Así, a duros golpes
se cree traer vivos todavía
viejas escenas en fragmentos, restos
de diálogos, perdidos
brillos de pupilas enterradas.
No quiero más, no quiero.
Porque sé que de un modo que no entiendo
de algún oscuro modo, está presente
en mí, total, entero
el sumergido mundo que no alcanzo.
No quiero alzar pedazos, restos, sombras
ya fríos, en mis manos.

Circe Maia (Montevideo, 1932), "Presencia diaria", 1964, La pesadora de perlas. Obra poética. Conversaciones con María Teresa Andruetto, Viento de Fondo, Córdoba, Argentina, 2013

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Foto: Circe Maia, Tacuarembó, 2014 Wikimedia Commons

martes, mayo 02, 2023

Leonardo de León / De "El santo horror"




Casa

La lluvia que martilla su gotera
el aire que embaraza nuestra manta
un trago en la fracción de tu garganta
el fuego torturando la madera
tu paso en dejà vu por la escalera
el íntimo reloj que me adelanta
el día en otro día que suplanta
el chiste detenido en primavera
y esta casa que insultas y enamoro
y el pan como un temblor sobre la mesa
una letra en la sopa se confiesa
indigna del poema que demoro
y tantas, tantas cosas en secreto
mirándonos afuera del soneto


Sospecha

En el sueño moría como un perro
la sábana emulaba mi mortaja
el aire despertó con su navaja
dos tajos de vigilia. Desentierro
los ojos de la cama. No me aferro
al cuerpo que obedece. La migaja
del día concedido se rebaja:
alquimia del revés, del oro al hierro.
Bajo el suelo la fosa que aglomera
famélica mis pasos, uno a uno
prepara el accidente que consumo
como un fuego viajando a su madera:
el féretro me muerde los talones
deprava y alimenta sus razones.

Leonardo de León (Minas, Uruguay, 1983), El santo horror, Ginkgo, Montevideo, 2022


domingo, abril 16, 2023

Julio Herrera y Reissig / La gota amarga




Soñaban con la Escocia de tus ojos
verdes, los grandes lagos amarillos;
y engarzó un nimbo de esplendores rojos
la sangre de la tarde en tus anillos.

En la bíblica paz de los rastrojos
gorjearon los ingenuos caramillos,
un cántico de arpegios tan sencillos
que hablaban de romeros y de hinojos.

¡Y dimos en sufrir! Ante aquel canto
crepuscular, escintiló tu llanto...
Viendo nacer una ilusión remota,

callaron nuestras almas hasta el fondo...
y como un cáliz angustioso y hondo
mi boca recogió la última gota.

Julio Herrera y Reissig (Montevideo, 1875-1910), "Los parques abandonados" (1902-1908), Poesía completa y prosa selecta, prólogo de Idea Vilariño; edición, notas y cronología de Alicia Migdal; Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1978


Foto: Julio Herrera y Reissig, 1903 Biblioteca Nacional de Uruguay/Cervantes Virtual

miércoles, octubre 05, 2022

Paula Simonetti / Dos poemas



No voy a hablar

voy a hablar de otra cosa
nunca es eso
no te voy a decir
basta
voy a dibujarte este sutil
paraíso de papel
sin contarte los piojos ni los sueños
la mirada que se abre hacia una infancia breve
de las hamacas voy a hablar
de los rosarios
será que no rezás
que no te hamacaste
ayer
mañana
nunca
no voy a retomar la cuenta
moretones que se van pero hacia adentro
para volver a estallar en el gesto de los hijos
de tus hijos y ad eternum
me olvidaré después cuando esté hablando
a nadie
de Picasso
eso
duele
no tu mano firme como
la rigidez de un loco
le diste vuelta la cara y volvió otro
de un golpe tu hijo se hizo hombre
no me vas a decir que ellos son niños
voy a hablar de otra cosa
aunque me vuelvo
a este abecedario
que solo habla de vos y de mi infancia
nada más
no dice basta
no se hizo para decir basta
no voy a hablar del golpe y de la marca
de la forma en que tu mano aplasta el gesto
de tu hijo como si fuera mosca de verano
voy a hablar de la forma en que tu mano
se levanta desde adentro del poema
y lo deshace

En la boca de los tristes, Editorial Lo que Vendrá, Montevideo, 2014



En Montevideo

nosotros tenemos un río del que decimos
es un mar
es bueno saber que tenemos el mar
porque el mar es una sensación
y aquello que sucede frente al mar
obtiene de él su transparencia
porque el mar es el mejor testigo
testigo del tiempo
de nuestro tiempo
porque el mar es como una madre
que no nos espera pero nos recibe
una madre en la que podemos entrar
una y otra vez
aunque no podamos
permanecer en ella

porque el mar es un lugar ambiguo

tan ambiguo
como una madre

El conocimiento y la ignorancia, La Coqueta, Montevideo, 2018

Paula Simonetti (Montevideo, 1989), Festival Internacional de Poesía (FIP), Buenos Aires, 2022


domingo, agosto 14, 2022

Roberto Mascaró / Paisaje del Cabo Polonio





La vaca tropezó con una piedra.


Pero esto no tiene ningún significado. 


¡El viento Norte viene soplando mucho! 


Pero no tiene ningún significado. 


Ayer llovió un poco a medianoche. 


Y esto no tiene ningún significado. 


Los caballos pastan. 


La vaca quiere subir la cuesta de pasto y se demora, avanza, gira, puede veniiiiiir, y 

dice  MUUUUUUUUUUUUUUUUUU 


Y entonces viene el viento del cerro y hace FFFFFFFFFFFFFFFFF 


Y viene la lluvia del mar y hace SHHHHHHHHHHHHHHHHH 


Entra un caballero provisto de todos sus detalles. 


¡Que no tiene  ningún significado! 


Y una señorita con todas las de la ley. 


Tampoco encuentra significado. 


Y un hermoso muchacho de cabellos rizados. 


Significado nulo.


Y no tiene ningún significado.
 

Y un niño que juega con un trompo. 


Y el aire tibio de la tarde hace zumbar los árboles del prado. 


Y la madre lo espera con la leche caliente a la mesa. 


Y él trae a la niña vecina que tiene pelo rojo y la abraza.

Ella tiene pelo rojo.

Y su aliento es delicioso.

Y huele sus bragas.

Y el olor de su orina es el mejor de los perfumes de Oriente.

Y la abraza.

Y la abraza.

Y la abraza.
 

El díííííííííííííííía que me quieras.
 

Sin que tenga todo esto ningún significado. 


Y viene el viento de la noche de la costa y hace FFFFFFFFFFFFFFFFFFFF 


Y llega la lluvia de la noche y hace SHHHHHHHHHHHHHHHHH 


Y la vaca duerme en la noche echada silenciosa como vaca en la noche. 


Y navega echada como si el Cabo Polonio fuese una nave. 


¡Qué vaca tan marinera! 


Se parece al vigía de Cristóforo Colombo. 


Se parece a mi niño enamoradizo y caliente. 


Se parece a un timonel parado. 


Y el negro cielo negro de la noche negra la cubre a la vaca negra como si le brindase un manto de Reina.

Un manto de Reina. De Emperatriz. 


Vaca Reina, Reinavaca. 


¿Qué sé yo?
 

Vaquita mía, reposa. 

Porque tú eres 

la única Rosa.
 

Y no tiene ningún significado.

Roberto Mascaró (Montevideo, 1948), Un río de pájaros, EAFIT, Medellín, 2004


Foto: FILI

sábado, junio 04, 2022

Roberto Appratto / El niño que todos llevamos dentro...



5

El niño que todos llevamos dentro:
la imagen misma de la desolación.
La mirada concentrada en un punto medio
entre lo que no es y lo que no puede ser.
El niño que todos llevamos dentro gana tiempo
dando vueltas por un bosque, su propio bosque:
la belleza kitsch de un crepúsculo dibujado,
la narración de un pasado idílico
con voz de niño, pero sin audio.
La desolación es respirar sin moverse de ahí,
del aspecto de niño que llevamos,
pero en singular:
no es el que juega a la pelota
ni el que dice de vez en cuando un chiste
ni el que sonríe en una foto de la escuela.
Mucho menos el que pinta como Picasso.
Tampoco el que se reconoce en un espejo
puesto por Lacan.
Este niño es la desolación que llevamos dentro
porque no tiene otro lugar donde estar
que dentro del llanto por lo que perdió
o lo que cree que perdió, que le sacaron
y lo echa de menos. El llanto es lo singular
lo que cada uno de nosotros lleva dentro
por más que quiera taparlo con experiencia analítica
o con palabras emocionadas.
El llanto no deja hablar durante un rato
durante el cual el niño se apodera de nosotros
Lo único que se puede hacer entonces es silencio
para escuchar al niño. Escribir viene después.

Roberto Appratto (Montevideo, 1950), Lugar perfecto, Ed. Yaugurú, Montevideo, 2011 Vía El Montevideano


Foto: Clarín

jueves, mayo 05, 2022

William Johnston / Trama




trama/

Al despertar
veo una taza azul,
un libro marcado en página precisa,
un espejo.
Y la realidad contiene un nombre para cada cosa.
Y cada cosa es distinta realidad.
La poesía es el arte sutil de bordar
la taza, el libro, el espejo
mediante correspondencias que procuren
lo posible de lo imposible:
anudar el pensamiento,
el latido
y la memoria
a este paisaje como si fueran
un abierto tapiz medioeval.
No existe una descripción exacta:
el poeta, al anudar, distorsiona.
El poeta al distorsionar, agrega
otros órdenes,
mismas costumbres,
variables pretextos:
la taza tiene forma de un cielo buscado desde niño.
el espejo es inflamable ante tanta claridad.
el libro es oleaje continuo a las siete de la mañana.

Alaska (Colectivo Semilla, Bahía Blanca, Argentina, 2014)



domingo, mayo 01, 2022

Magdalena Portillo / Pasa un muerto y acaricia los bordes de la verdad



Pasa un muerto y acaricia los bordes de la verdad
he olvidado el lenguaje de la explosión
junto piedras en el río
osario del agua
qué me diste, madre?
digamos que aquí
el agua acabó con todo
mientras amasas el alimento para tus hijos
mientras piensas que una ventana
podría ser la salvación
de lo que no se pronuncia
entonces quién es la que habla?
a quién?
qué me diste, madre?
cuantas lenguas nacieron de mí?
antes de que alguien me llamara por mi nombre
antes de que la casa se transformara en un gran pájaro negro
girando su cabeza siempre hacia atrás

Magdalena Portillo (Montevideo, 1991), Feria del Libro de Buenos Aires/Festival de Poesía


domingo, febrero 27, 2022

Selva Casal / Había un bosque





Había un bosque dentro de un bosque
y yo estaba dentro de él
como una hoja más que caía sobre la hierba
iba tan verde y roja
tan distraída
me amaban los escarabajos
¿no tienes lugar dónde vivir?
no tengo
no pido nada
solamente resucitar un día
a qué puedo aferrarme
a qué puede aferrarse cualquiera
mientras ve desaparecer todo
amigos libros camas y retratos no soportaré más
su cabeza es un guijarro donde la lluvia aúlla
los hijos continúan los hombres continúan
este es el revés del mundo
acá puede encontrarse cualquier cosa
pero nunca un plan
nunca buenos días señores buenas tardes. 

Selva Casal (Montevideo, 1927-2020), Vivir es peligroso, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 2001; Obra reunida, Llantén, Buenos Aires, 2021
Envío de Jonio González


Foto: Lira

jueves, febrero 10, 2022

Alfredo Fressia / Cuatro poemas




de Eclipse, Melón Editora, 2013:

Preparación de una cena

Con el ojo irisado de la muñeca china,
la de la seda inconsútil como piel, aquilato
el reflejo jade de las venas, en reposo
las aves à la campagnarde.
Contemplo mucho tiempo
la interrogación lujuriosa de los cuellos
hasta ejecutar con destreza la fina arte cisoria.
Examino las alas sobre la marquetería
del trinchante.
El abanico de tersa malaquita
esconde las respuestas.


Anochecer en la torre
   
                  Úrsula punza la bayuna yunta
        Julio Herrera Reissig

¿Ves? Siempre retumba antes de la huida, brusca
la tarde se derrumba. Úrsula ya no punza
la bayuna yunta y aún no duerme la penumbra
en la espesura. ¿Una tundra? La instantánea oculta:
“Une station balnéaire sur le Rio de la Plata, 1900”
o antes, cuando sucumban los montes en fuga
al túmulo del mar. ¿Ves sobre la playa una medusa
gigante como la congoja? ¿Úrsula no pregunta?
¿Qué lengua muerta el alma pronuncia? Punza
la noche, la cena, la persiana abrupta.
Una mosca perturba la órbita nocturna,
está extraviada, zumba.


de Poeta en el Edén [2012], Editorial Lisboa, 2016:

Vejez

Llegaste a un país congelado
y tiritas.
Nunca estuviste en el Edén, Alfredo,
lo del odio de Dios será mentira
y hay golpes en la vida.
Abandona entonces la poesía
y ahora cuídate de esa tos de perro,
de ti mismo
y de las cóleras en frío.


El gato de Platón

      Un recuerdo de Hippolyte

Un gato contiene en sí
a todos los gatos
cuando salta hacia la gracia
secreta de un gato de Platón.
Entre el gato y su bigote
se engendró el acrobático
oráculo del brinco.
Y ahora danza colgado
del susto de ser todavía gato
y no la pura idea
que gira en la pirueta
de todos los gatos
que contiene
un gato.

Alfredo Fressia (Montevideo, 1948- San Pablo, Brasil, 2021)
Envío de Augusto Munaro

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martes, diciembre 28, 2021

Selva Casal / Yo no escribo para atormentarme



Yo no escribo para atormentarme
no vivo para atormentarme cada noche
porque no hay más
no más pan no más día
no más hueso
todo lo que recuerdo es oscuro frágil
las plantas me hipnotizan
y los seres que matan
el amor narra un cuento de naufragios
los maleficios duermen en las tumbas
la casa estaba llena de gatos y fantasmas
yo fui niña vivía sin verte sin amarte
no comprendo
algo así debe sentir la noche
con cuantas estrellas dentro y sin saberlo
te asustas de mí y me abandonas
así se alejan todos
los que amaron así
como un desliz apenas escuchado
un chasquido
tal las semillas que explotan en los árboles
tal el alimento de todos nuestros días
es tiempo de destrucción lo sé
es imposible expresar lo que soñé anoche
había poderes señores de la fuerza
me visitó el rigor las raíces sacudían mis huesos
con apariencia clara silenciosa
seres omnipotentes descendían del cielo
ocultando su poderío en las rosas
en las muertes pequeñas
desde que luz miramos
yo también nací aquí montevideo
mi madre anduvo sobre el mar
trajo a esta orilla el verde azul de mi esqueleto
y el dolor que no me reconoce
el sol afuera como una casa enorme vacía
las ventanas de donde se desploman seres
esto es demasiado hermoso para ser feliz. 

Selva Casal (Montevideo, 1927-2020)
Obra reunida. El mundo es simplemente un alarido, 
Llantén, Buenos Aires, 2021










Foto: Propeller