viernes, septiembre 30, 2022

T. S. Eliot / Lo que dijo el trueno / "La tierra baldía"




V. Lo que dijo el trueno

Tras la roja luz de antorcha en sudorosos rostros
tras el helado silencio en los jardines
tras la agonía en las pétreas zonas
el griterío y el llanto
prisión y palacio y eco
del trueno primaveral sobre distantes montañas
aquel que estaba vivo ahora ha muerto
nosotros que estamos vivos ahora estamos muriendo
con un poco de paciencia

No agua aquí solo roca
roca y no agua y el camino arenoso
el camino que sube sinuoso entre las montañas
que son montañas de roca sin agua 
si hubiera agua nos detendríamos y beber
entre las rocas uno no puede detenerse ni pensar
el sudor es seco y los pies están en la arena
si tan solo hubiera agua entre las rocas
muerta boca de montaña de dientes cariados que no puede escupir
aquí nadie puede ni pararse ni recostarse ni sentarse
ni siquiera hay silencio en las montañas
sino seco trueno estéril sin lluvia
ni siquiera hay soledad en las montañas
sino rojos rostros taciturnos que se burlan y gruñen
desde las puertas de casas de barro agrietado
si hubiera agua
y no roca
si hubiera roca
  y también agua
y un manantial
un oasis entre la roca
si tan solo hubiera rumor de agua
no la cigarra
y el pasto seco cantara
sino rumor de agua en una roca
donde el zorzal ermitaño canta entre los pinos
plic ploc plic ploc ploc ploc ploc
pero no hay agua

¿Quién es el tercero que camina siempre a tu lado?
Cuando cuento, estamos solo tú y yo juntos
pero cuando miro adelante del blanco sendero
siempre hay otro que camina a tu lado
avanza envuelto en un manto marrón, encapuchado
no sé si es hombre o mujer
-pero ¿quién es ése al otro lado de ti?

Qué es ese ruido alto en el aire
murmullo de lamento maternal
quiénes son esas hordas encapuchadas moviéndose
en las infinitas planicies, tropezando en la tierra agrietada
rodeadas solo por un chato horizonte
cuál es esa ciudad en las montañas
que se agrieta y reforma y estalla en el aire violeta
torres que caen
Jerusalén Atenas Alejandría
Viena Londres
irreales

Una mujer estiró su larga cabellera negra
y tocó música suave con las cuerdas del violín
y murciélagos con caras de bebé chillaron
en la luz violeta, y batieron sus alas
y se arrastraron cabeza abajo hacia una pared ennegrecida
y patas arriba en el aire había torres
que doblaban campanas recordatorias, que daban la hora
y voces cantaban desde las cisternas vacías y los pozos agotados.

En este decadente agujero entre las montañas
bajo la débil luz de la luna, la hierba canta
sobre las tumbas desmoronadas, cerca de la capilla
allí está la capilla vacía, solo el refugio del viento.
No tiene ventana, y la puerta se balancea,
Huesos secos no dañan a nadie.
Solo un gallo erguido en la cumbrera
quiquiriquí quiquiriquí
en un fulgor de relámpago. Luego una ráfaga húmeda
trajo la lluvia

El Ganges se había hundido, y las hojas débiles
esperaban la lluvia, mientras las negra nubes
se amontonaban a lo lejos, sobre el Himavant.
La jungla agazapada, agachada en silencio.
Entonces habló el trueno
D A
Datta: ¿qué hemos dado?
amigo mío, sangre sacudiendo mi corazón
la terrible osadía de un momento de debilidad 
que una época de prudencia nunca podría retractarse
de este modo, y solo así, hemos existido
lo que no se hallará en nuestros obituarios
ni en recuerdos cubiertos por la benéfica araña
ni bajo sellos rotos por el insignificante abogado
en nuestros cuartos vacíos
D A
Dayadhvan: he oído la llave
girar en la puerta una vez y girar solo una vez
pensamos en la llave, cada uno en su prisión
al pensar en la llave, cada uno confirma su prisión
solo al anochecer, rumores etéreos
reviven por un instante un Coroliano roto
D A
Damyata: el bote respondió
alegremente, a la mano experta en velas y remos
el mar estaba en calma, tu corazón habría respondido
alegremente, cuando fue invitado, latiendo obediente
a manos controladoras

Me senté a la orilla
a pescar, con la árida llanura a mis espaldas
¿Pondré, al menos, mis tierras en orden?

El puente de Londres está cayendo cayendo cayendo

Luego él se escondió en el fuego que los mejora [1]
Cuándo seré como la golondrina [2] -Oh golondrina, golondrina
El príncipe de Aquitania en una torre en ruinas [3]
Con estos fragmentos he apuntalado mis ruinas
Entonces te daré lo que mereces. Hieronimo está otra vez loco.[4]
Datta, Dayadhvam. Damyata. [5]

Shantih shantih shantih [6]

T. S. Eliot (Missouri, Estados Unidos, 1888-Londres, 1965), La tierra baldía / The Waste Land [1922], Atelier 77, Andorra, MMXXII
Traducción de Silvia Camerotto

De la declaración de citas de Eliot (glosa del Administrador):

Poi s'ascose nel foco che li affina. Cita textualmente el canto XXVI de "Purgatorio" (Alighieri, Commedia). El poeta provenzal Arnaut Daniel se identifica como tal ante Dante en la cumbre en la que arde un fuego insoportable pero que no quema ni carboniza a los reos (tampoco a Dante). Arnaut le habla en provenzal, dice su nombre y le ruega que interceda en el Cielo para que su paso por la llamas se abrevie. Dante finaliza el canto y la narración en toscano. Literalmente: 'Luego se ocultó en el fuego que allí refina', palabra esta última que en algunos casos se ha preferido traducir como "purifica".

2 Quanto fia, uti ch chelidon. "Pervigilium Veneris", XXII, poema anónimo del siglo IV, que describe la fiesta nocturna de primavera; anotado en manuscritos hallados en Italia. Eliot cita parte de la queja de un poeta excluido.

3 Le Prince d'Aquitaine a la tour abolie. Cita el soneto "El desdichado", de Gerald de Nerval, siendo la Torre Abolida una carta del tarot, de no muy buen augurio.

4 De La tragedia española, de Thomas Kyd. Siglo XVI

5 Cita completa la frase que venía desgranando: 'Da, simpatiza, gobierna', de los Upanishad

6  Final repetido de un Upanishad: "La paz que va más allá del entendimiento es nuestro equivalente de esa palabra", escribe Eliot.





V. What the Thunder Said

  After the torchlight red on sweaty faces
After the frosty silence in the gardens
After the agony in stony places
The shouting and the crying
Prison and palace and reverberation
Of thunder of spring over distant mountains
He who was living is now dead
We who were living are now dying
With a little patience

Here is no water but only rock
Rock and no water and the sandy road
The road winding above among the mountains
Which are mountains of rock without water
If there were water we should stop and drink
Amongst the rock one cannot stop or think
Sweat is dry and feet are in the sand
If there were only water amongst the rock
Dead mountain mouth of carious teeth that cannot spit
Here one can neither stand nor lie nor sit
There is not even silence in the mountains
But dry sterile thunder without rain
There is not even solitude in the mountains
But red sullen faces sneer and snarl
From doors of mudcracked houses
                                      If there were water
   And no rock
   If there were rock
   And also water
   And water
   A spring
   A pool among the rock
   If there were the sound of water only
   Not the cicada
   And dry grass singing
   But sound of water over a rock
   Where the hermit-thrush sings in the pine trees
   Drip drop drip drop drop drop drop
   But there is no water

Who is the third who walks always beside you?
When I count, there are only you and I together
But when I look ahead up the white road
There is always another one walking beside you
Gliding wrapt in a brown mantle, hooded
I do not know whether a man or a woman
—But who is that on the other side of you?

What is that sound high in the air
Murmur of maternal lamentation
Who are those hooded hordes swarming
Over endless plains, stumbling in cracked earth
Ringed by the flat horizon only
What is the city over the mountains
Cracks and reforms and bursts in the violet air
Falling towers
Jerusalem Athens Alexandria
Vienna London
Unreal

A woman drew her long black hair out tight
And fiddled whisper music on those strings
And bats with baby faces in the violet light
Whistled, and beat their wings
And crawled head downward down a blackened wall
And upside down in air were towers
Tolling reminiscent bells, that kept the hours
And voices singing out of empty cisterns and exhausted wells.

In this decayed hole among the mountains
In the faint moonlight, the grass is singing
Over the tumbled graves, about the chapel
There is the empty chapel, only the wind’s home.
It has no windows, and the door swings,
Dry bones can harm no one.
Only a cock stood on the rooftree
Co co rico co co rico
In a flash of lightning. Then a damp gust
Bringing rain

Ganga was sunken, and the limp leaves
Waited for rain, while the black clouds
Gathered far distant, over Himavant.
The jungle crouched, humped in silence.
Then spoke the thunder
DA
Datta: what have we given?
My friend, blood shaking my heart
The awful daring of a moment’s surrender
Which an age of prudence can never retract
By this, and this only, we have existed
Which is not to be found in our obituaries
Or in memories draped by the beneficent spider
Or under seals broken by the lean solicitor
In our empty rooms
DA
Dayadhvam: I have heard the key
Turn in the door once and turn once only
We think of the key, each in his prison
Thinking of the key, each confirms a prison
Only at nightfall, aethereal rumours
Revive for a moment a broken Coriolanus
DA
Damyata: The boat responded
Gaily, to the hand expert with sail and oar
The sea was calm, your heart would have responded
Gaily, when invited, beating obedient
To controlling hands
 
                                    I sat upon the shore
Fishing, with the arid plain behind me
Shall I at least set my lands in order?

London Bridge is falling down falling down falling down
Poi s’ascose nel foco che gli affina
Quando fiam uti chelidon—O swallow swallow
Le Prince d’Aquitaine à la tour abolie
These fragments I have shored against my ruins
Why then Ile fit you. Hieronymo’s mad againe.

Datta. Dayadhvam. Damyata.

                  Shantih     shantih     shantih

jueves, septiembre 29, 2022

Edna St. Vincent Millay / Amanecer otoñal




Viento frío de otoño que sopla intenso
al alba con quince días de retraso,
que empuja las puertas y atraviesa
mi dormitorio para reunirse con la nube,
sé -porque puedo oír el silbido
y el roce de las hojas en el suelo-
cuántas ramas, azotadas hasta quedar desnudas,
barrerán el alborotado cielo una vez más.

Lentamente, y un poco hacia el sudeste, 
saldrá el sol por fin, y lo advertiré
menos por el exiguo aumento de la luz
que por el resplandor que el disco exhibe,
cuando, con sólo volver la cabeza,
a través del arce sin hojas pueda ver,
desolada y recordada, cubierta de parches rojos,
la montaña que todo el verano se escondió de mí.

Edna St. Vincent Millay (Rockland, Estados Unidos, 1892 - Austerlitz, Nueva York, Estados Unidos, 1950), "Wine From These Grapes" (1934), Collected Poems, HarperCollins, Nueva York, 2011
Versión de Jonio González


Foto: Edna St. Vincent Millay a bordo del Cabo Tortosa, rumbo a España. Viaje que realizó en compañía de su esposo, Eugene Boissevain en 1932 Bettmann/Getty Images

AUTUMN DAYBREAK

Cold wind of autumn, blowing loud
At dawn, a fortnight overdue,
Jostling the doors, and tearing through
My bedroom to rejoin the cloud,
I know—for I can hear the hiss
And scrape of leaves along the floor—
How may boughs, lashed bare by this,
Will rake the cluttered sky once more.

Tardy, and somewhat south of east,
The sun will rise at length, made known
More by the meagre light increased
Than by a disk in splendour shown;
When, having but to turn my head,
Through the stripped maple I shall see,
Bleak and remembered, patched with red,
The hill all summer hid from me.

miércoles, septiembre 28, 2022

César Vallejo / De "Trilce", 3




XIII

Pienso en tu sexo.
Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,
ante el hijar maduro del día.
Palpo el botón de dicha, está en sazón.
Y muere un sentimiento antiguo
degenerado en seso.

Pienso en tu sexo, surco más prolífico
y armonioso que el vientre de la Sombra,
aunque la Muerte concibe y pare
de Dios mismo.
Oh Conciencia,
pienso, sí, en el bruto libre
que goza donde quiere, donde puede.

Oh escándalo de miel de los crepúsculos.
Oh estruendo mudo.

¡Odumodneurtse!


XXXIV

Se acabó el extraño, con quien, tarde
la noche, regresabas, parla y parla.
Ya no habrá más quien aguarde,
dispuesto mi lugar, bueno lo malo.

Se acabó la calurosa tarde;
tu gran bahía y tu clamor; la charla
con tu madre acabada
que nos brindaba un té lleno de tarde.

Se acabó todo al fin: las vacaciones,
tu obediencia de pechos, tu manera
de pedirme que no me vaya fuera.

Y se acabó el diminutivo, para
mi mayoría en el dolor sin fin
y nuestro haber nacido así sin causa.

César Vallejo (Santiago de Chuco, Perú, 1892-París, 1938), Trilce [1922], edición facsimilar, Barnacle, Buenos Aires, 2022

El último verso del poema XII de Trilce resulta -como se anotó muchas veces- de la unión de las palabras "estruendo mudo" escrita al revés (N. del Ad,)

martes, septiembre 27, 2022

Diego L. García / De "Siluetas hablando porque sí"



Exterior

un lenguaje a medias
consume carteleras de espectáculos
y bares evanescentes.
cómo encontrar lo que sucede sin titubeos.
algo que se digiere
mucho antes de que la sintaxis
asalte las profundidades.
es el instinto de patinar por las luces de la vida
a la que no se consuela con buenas acciones.
la tentación de no lidiar con eso.
una detención nerviosa
que no prospera. que no saca la cabeza
de su exterior implacable


Momentos de espacios negativos

tras una pared y otra
nos movemos como palabras
que encajan en una frase
sin estar diciendo nada.
son posiciones para disputar lo visible.
los árboles ya no están allí
y solo aquellos tipos engrasados
que no tendrán retiro ni siguiente papel.
manos en los bolsillos.
el pastor tuvo que huir de su granja.
un cigarrillo para no tener que hablar
cuando ya está dicho todo

Diego L. García (Berazategui, Argentina, 1983)

Siluetas hablando porque sí
Editorial Casa Vacía, 
Richmond, Virginia, Estados Unidos, 2022









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Foto: Diego L. García por Diego Bernachi

lunes, septiembre 26, 2022

Cesare Pavese / Fumadores de papel



Me trajo a escuchar su banda. Se sienta en un rincón
y emboca el clarinete. Arranca un estruendo infernal.
Afuera, un viento furioso y los cachetazos,
entre los relámpagos, de la lluvia, hacen que la luz vacile
cada cinco minutos. En la oscuridad, las caras
se descomponen adentro, al tocar de memoria
un bailable. Enérgico, mi pobre amigo
conduce a todos desde el fondo. El clarinete se retuerce,
rompe el alboroto sonoro, demanda, se desfoga,
como un alma solitaria, en un seco silencio.

Estas pobres latas están demasiado a menudo abolladas:
campesinas las manos que aprietan las teclas,
y las frentes, duras, que apenas se levantan de la tierra.
Miserable sangre agotada, extenuada
por muchas fatigas, se la oye mugir
en las noches y el amigo la guía con esfuerzo mortal,
él, que tiene las manos endurecidas de tomar una maza,
de mover el cepillo de carpintero, de romperse el alma.

Tuvo en otro tiempo compañeros y no tiene más que treinta años.
Fue de aquellos de después de la guerra, crecidos en el hambre.
Fue también él a Turín, buscando una vida,
y encontró la injusticia. Aprendió a trabajar
en las fábricas sin una sonrisa. Aprendió a medir,
sobre su propia fatiga, el hambre de los otros,
y encontró en todas partes injusticias. Intentó calmarse
caminando, embotado, las avenidas interminables
en la noche, pero vio solamente un millar de faroles
resplandecientes sobre iniquidad: mujeres broncas, borrachos,
tambaleantes fantoches perdidos. Había llegado a Turín
un invierno, entre centelleos de fábricas y escorias de humo;
y sabía qué era el trabajo. Aceptaba el trabajo
como un duro destino del hombre. Pero si todos los hombres
lo aceptaran, en el mundo habría justicia.
Se hizo de compañeros. Soportaba las largas palabras
y debía escucharlas, esperando el final.
Tuvo compañeros. Cada uno en su casa tenía familia.
La ciudad estaba cercada por ellos. Y la cara del mundo,
ellos la cubrían. Sentían dentro de sí
la gran desesperación de vencer al mundo.

Toca seco esta noche, a pesar de la banda
que ha instruido uno a uno. No atiende al estruendo
de la lluvia ni a las luces. La cara severa
mira atenta un dolor, mordiendo el clarinete.
Le he visto esos ojos una noche en que, solos,
con el hermano, diez años más triste,
velábamos en una luz escasa. El hermano estudiaba
sobre un inútil torno construido por él.
Y mi pobre amigo acusaba al destino
que lo tenía clavado al cepillo y a la maza
para alimentar a dos viejos, sin pedirlo.

De repente gritó
que no era el destino si el mundo sufría,
si la luz del sol arrancaba blasfemias:
el hombre era culpable. Si por lo menos pudiéramos irnos,
libres con el hambre, responder no
a una vida que usa amor y piedad,
la familia, el pedacito de tierra, para atarnos las manos
.

[1932]

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, Italia,1908 - Turín, Italia, 1950), Trabajar cansa. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, Griselda García Editora, Del Dock, Cartografías, Buenos Aires, 2018
Versión de Jorge Aulicino


Fumatori di carta

Mi ha condotto a sentir la sua banda. Si siede in un angolo
e imbocca il clarino. Comincia un baccano d'inferno.
Fuori, un vento furioso e gli schiaffi, tra i lampi,
della pioggia fan si che la luce vien tolta,
ogni cinque minuti. Nel buio, le facce
danno dentro stravolte, a suonare a memoria
un ballabile. Energico, il povero amico
tiene tutti, dal fondo. E il clarino si torce,
rompe il chiasso sonoro, s'inoltra, si sfoga
come un'anima sola, in un secco silenzio.

Questi poveri ottoni son troppo sovente ammaccati:
contadine le mani che stringono i tasti,
e le fronti, caparbie, che guardano appena da terra.
Miserabile sangue fiaccato, estenuato
dalle troppe fatiche, si sente muggire
nelle note e l'amico li guida a fatica,
lui che ha mani indurite a picchiare una mazza,
a menare una pialla, a strapparsi la vita.

Li ebbe un tempo i compagni e non ha che trent' anni.
Fu di quelli di dopo la guerra, cresciuti alla fame.
Venne anch'egli a Torino, cercando una vita,
e trovò le ingiustizie.

Imparò a lavorare nelle fabbriche senza un sorriso.
Imparò a misurare  sulla propria fatica la fame degli altri,
e trovò dappertutto ingiustizie. Tentò darsi pace
camminando, assonnato, le vie interminabili
nella notte, ma vide soltanto a migliaia i lampioni
lucidissimi, su iniquità: donne rauche, ubriachi,
traballanti fantocci sperduti. Era giunto a Torino
un inverno, tra lampi di fabbriche e scorie di fumo;
e sapeva cos'era lavoro. Accettava il lavoro
come un duro destino dell'uomo. Ma tutti gli uomini
lo accettassero e al mondo ci fosse giustizia.
Ma si fece i compagni. Soffriva le lunghe parole
e dovette ascoltarne, aspettando la fine.
Se li fece i compagni. Ogni casa ne aveva famiglie.
La città ne era tutta accerchiata. E la faccia del mondo
ne era tutta coperta.. Sentivano in sé
tanta disperazione da vincere il mondo.

Suona secco stasera, malgrado la banda
che ha istruito a uno a uno. Non bada al frastuono
della pioggia e alla luce. La faccia severa
fissa attenta un dolore, mordendo il clarino.
Gli ho veduto questi occhi una sera, che soli,
col fratello, più triste di lui di dieci anni ,
vegliavamo a una luce mancante. Il fratello studiava
su un inutile tornio costrutto da lui.
E il mio povero amico accusava il destino
che li tiene inchiodati alla pialla e alla mazza
a nutrire due vecchi, non chiesti.

D'un tratto gridò
che non era il destino se il mondo soffriva,
se la luce del sole strappava bestemmie:
era l'uomo, colpevole. Almeno potercene andare
far la libera fame, rispondere no
a una vita che adopera amore e pietà,
la famiglia, il pezzetto di terra, a legarci le mani.

Poesie, Mondadori, 1969 

domingo, septiembre 25, 2022

Bernardo Carrettoni / Dos poemas




5

no es audible
     con los oídos externos,
   ni pronunciable
 con los labios,
ni abarcable
 por la mente
 ni el intelecto

Y encontréme
en ese saber no sabiendo,
toda ciencia transcendiendo



8

y siendo| es
          inasible
          a ojos mortales esgrime
 la sentencia:

Sus almas están embadurnadas
       con deseos mundanos
 sólo buscan
 la satisfacción
 de deseos materiales.”

La recompensa para éstos
                            es nacer
 una y otra vez.”

Bernardo Carrettoni (Alberti, provincia de Buenos Aires, Argentina, 1992), Usura, Editorial Salado del Sur, 2019


Foto: Gentileza del autor

sábado, septiembre 24, 2022

Nancy Willard / Preguntas que me hizo mi hijo, respuestas que nunca le di




1. "¿Cumplen años los gorilas?"
Sí. Como el arco iris, suceden.
Como el aire, nadie los observa.

2. "¿Hacen ruido las mariposas?"
El alambre en la lengua de la mariposa 
zumba oro.
Algunos hombres oyen a las mariposas
incluso en invierno.

3. "¿Forman parte de nuestra familia?"
Nos olvidaron, pues olvidamos cómo se vuela.

4. "¿Quién ligó mi ombligo? ¿Lo ligó Dios?"
Dios hizo el hilo: ¡Hombre, vive para siempre!
El hombre hizo el nudo: Ya es suficiente.

5. "Si se me cae un diente en el teléfono
¿irá por los cables y le morderá la oreja a alguien?"
He visto lóbulos a los que había mordido un diente de acero.
Le gusta lo que dura.
No le gusta la carne.
Deja un anillo de oro en la herida.

6. "Si me paro sobre la cabeza
¿se enroscarán dentro de mi cabeza las legañas?"
¿Conoce el sueño a su propio padre?
¿Puede el trigo volver al prado donde nació?

7. "¿Puedo comerme una estrella?"
Sí, con la boca del tiempo
que con todo disfruta.

8. "¿Podemos fotocopiar la luna?"
Este es el primer mandamiento:
Soy la luna, tu luna.
No te postrarás ante ninguna otra luna.

9. "¿Quién inventó el agua?"
Las manos del aire, que querían lavarse la una a la otra.

10. "¿Qué ocurre al final de los números?"
Veo a tres hombres correr hacia un prado.
Al final de la alta hierba, se convierten en luz.

11. "¿Pueden acabarse los años?"
Dios dijo: Romperé el corazón del tiempo.
El tiempo iba cada vez más lento, como un viejo fonógrafo.
Está tan plano como una alfombra.
Tranquila en sus hilos, estoy aprendiendo a volar.

Nancy Willard (Ann Arbor, Estados Unidos,1936-Poughkeepsie, Estados Unidos, 2017, Household Tales of Moon and Water, Mariner Books, Nueva York, 1987
Versión de Jonio González


Foto: Nancy Willard en 1998 Eric Lindbloom/New York Times


QUESTIONS MY SON ASKED ME, ANSWERS I NEVER GAVE HIM

1. Do Gorillas have birthdays?
Yes. Like the rainbow, they happen.
Like the air, they are not observed.

2. Do butterflies make a noise?
The wire in the butterfly’s tongue
hums gold.
Some men hear butterflies
even in winter.

3. Are they part of our family?
They forgot us, who forgot how to fly.

4. Who tied my navel? Did God tie it?
God made the thread: O man, live forever!
Man made the knot: enough is enough.

5. If I drop my tooth in the telephone
will it go through the wires and bite someone’s ear?
I have seen earlobes pierced by a tooth of steel.
It loves what lasts.
It does not love flesh.
It leaves a ring of gold in the wound.

6. If I stand on my head
will the sleep in my eye roll up into my head?
Does the dream know its own father?
Can bread go back to the field of its birth?

7. Can I eat a star?
Yes, with the mouth of time
that enjoys everything.

8. Could we Xerox the moon?
This is the first commandment:
I am the moon, thy moon.

Thou shalt have no other moons before thee.
9. Who invented water?
The hands of the air, that wanted to wash each other.

10. What happens at the end of numbers?
I see three men running toward a field.
At the edge of the tall grass, they turn into light.

11. Do the years ever run out?
God said, I will break time’s heart.
Time ran down like an old phonograph.
It lay flat as a carpet.
At rest on its threads, I am learning to fly.

viernes, septiembre 23, 2022

Héctor Yánover / Dos poemas





6

Me estimo como el más fuerte, 
pues de tan hondos dolores acometido me veo,
y sigo diciendo al cabo: vivo y creo.

Toda el agua que yo bebo
no alcanza a mojarme el labio,
y el corazón, que es más sabio,
ni en el mar halla consuelo.

¿Y qué haré con esta vida
que en desventuras no cesa
y que reír aún no sabe
y que a vivir aún no empieza?

Si fuera más liviana la trama de mi corazón
se hubiera roto ya;
si menos poderosa
de muerte me vestía.

Me estimo como el más fuerte,
pues de tan hondos dolores acometido me veo,
y sigo diciendo al cabo: vivo y creo.

Poesía argentina contemporánea. 50° Aniversario, Vinciguerra y Fundación Argentina para la Poesía, Buenos Aires, 2015


XXII

Quien tenga un oso que me lo preste
y quien tenga una flauta
y quien tenga un sombrero de mago
y un yo-yo y un barrilete.
Porque me mudo,
porque me voy al año sin viernes
al país de lo alegre
al reino de los más conscientes.
Quien tenga un tambor que me lo preste
y quien tenga un papel verde.
Que me voy para siempre, para siempre.

Antología poética, Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, 1996

Héctor Yánover (Alta Gracia, Córdoba, 1929-Buenos Aires, 2003)


Foto: Archivo global 

jueves, septiembre 22, 2022

Edwin Morgan / Cuando te vayas



cuando te vayas,
si te vas, 
y yo quiera morir, 
nada habrá que me salve
más que la vez
en que te me dormiste en brazos
con una confianza tan dulce
que dejé a la habitación ensombrecerse
y beber la tarde, hasta
que el descanso o la lluvia nueva
te despertaron mansamente.
te pregunté si habías oído llover en sueños
y, aún soñando a medias, solo dijiste te quiero.

Edwin Morgan (Glasgow, Escocia, 1920-2010), The Second Life, University Press, Edimburgo, 1968
Traducción de Andrés Ehrenhaus


Foto: Edwin Morgan en 2003 Murdo MacLeod/The Guardian

When you go

When you go,
if you go,
and I should want to die,
there’s nothing I’d be saved by
more than the time
you fell asleep in my arms
in a trust so gentle
I let the darkening room
drink up the evening, till
rest, or the new rain
lightly roused you awake.
I asked if you heard the rain in your dream
and half dreaming still you only said, I love you.

miércoles, septiembre 21, 2022

Hu Xudong / Mulita




Al ver la fecha en la pantalla hoy de golpe
me acordé de un día hace un año en Paraty
en la costa de Latinoamérica. Un pequeño pueblo,
levantado merced al oro del siglo XVII,
con todo el mar a su disposición, y toda la miseria portuguesa.
A la noche, llenos de nubes e islas nuestros cuerpos,
volvimos a la orilla y paseamos por las calles
parando cada tanto a suspirar frente a una reliquia.
Faroles rojos alumbraban un rincón escondido,
por donde entraban y salían mujeres incitantes,
de carnes flácidas, y hombres atildados.
El barrio rojo-pensamos, con alegría súbita.
Pero al entrar descubrimos que se trataba
del distrito de arte local, donde intelectuales
de los alrededores, con sus intelectáculos,
acudían para conmemorar la historia sangrienta
de los indios de la costa sureste de Brasil.
Había indios decorando las paredes; indios,
en escena, convertidos en trabalenguas académicos,
y en el salón principal, en nombre de los indios,
la madera y el fuego cerraban su extraña alianza.
No parecía haber ahí a la vista un solo indio vivo.
Hasta que, al salir, en la esquina a metros de la puerta,
en la oscuridad, vimos unos indios vendiendo artesanías:
toscas figuras de madera, toscos tejidos y plumas.
Ofrecían en silencio sus productos, a la intemperie,
creciendo como un callo en la garganta de la noche,
capaces de pronunciar apenas, en un portugués
áspero y doloroso, como un callo partido,
unos pocos números. La alerta en sus ojos
empalmaba directo con una antigua trinchera
del 1500, y desde ese otro lado, con cuidado,
trajimos una mulita de madera. Ah, la mulita.
Este animal dócil, del orden de los xenarthra,
con su cuerpo todo cubierto por una armadura,
se afincó en la selva, igual que sus antepasados,
en busca de seguridad. Ah, Paraty. Los sabihondos,
con un tono doliente, me acababan de enseñar
que los indios de aquí, antaño un orden magnífico,
con su tupí-guaraní fluido, habían sido aniquilados.
A esta descendencia, muda e invisible,
como un pequeño callo en la garganta de la noche,
no estaban dispuestos a considerarla.

2005/8/18

Hu Xudong (Chongging, China, 1974-Pekín, 2021), traducido y publicado en su blog por Miguel Ángel Petrecca, el 12 de julio de 2017



犰狳 

猛地看见电脑上的日期,想起
一年前的今天,在南美的海滩巴拉奇。
那是一个被十七世纪的金子淘出来的小镇,
坐拥吞天海景和葡萄牙的凋敝。
入夜,我们携一身憨猛的云和岛屿
回到岸上,见街就逛,见古就唏嘘。
有花花红灯闪出一个诡秘的去处,往来者
皆是气质男和肉意阑珊的随便女。
我们骤然欢喜,误以为来到了
本地的风化区,进去之后才发现
此处乃是文艺天地,方圆百里的知识分子
携带成群的知识粉子,在此郑重地追忆
巴西东南沿海印第安人的血泪履历。
墙上是被装裱成艺术品的印第安人,
台前有被演说成学术绕口令的印第安人,
大厅里陌生的干柴和烈火以印第安人的名义
迅速地组合在一起。我们在那里
没有看见一个活着的印第安人,直到
走出门去,在几十米之外的街角
与几个卖手工艺品的印第安人在黑暗中相遇。
他们露宿在街头,出售做工笨拙的
木雕、草编和饰羽。他们不叫卖,
像茧皮一样硬生生地长在黑夜的喉咙里,就连
不得以说出的几个关于价格的葡萄牙语数词,
也像龟裂的茧皮一样,生疼、粗砺。
他们眼神里的警惕连成一道五百年前的防线,
从防线那一边,我们小心翼翼地买来
一只木雕的犰狳。嗯,犰狳。
性格温顺的贫齿目动物,浑身披甲,
像他们的祖先,在丛林里逐安全感而居。
嗯,巴拉奇。我刚刚被精英们沉痛地普及:
此地的印第安人原本盛大而有序,说灵巧的
图比-瓜拉尼语,后来被捕杀无遗。
精英们不愿提及那些黑夜的喉结上
一小片茧皮一样喑哑的,不可见的后裔。

martes, septiembre 20, 2022

Annita Costa Malufe / Un puente cortado al medio...



un puente cortado al medio
estar en el borde del andamio estar
en la punta de una grúa
en lo alto de este puente cortado al medio
de este puente que un día quién sabe
uniría dos montañas un puente
sobre el valle desplegado en tonos de verde
pienso que estar en el borde del andamio es
permitir recuerdos que nos detienen nos lanzan
imágenes que insisten y un olor imperceptible en el aire
siempre un puente que se construye sobre
un valle temporal infinito
infinitamente plegable en tonos de verde y entonces
lo que ocurre es la construcción de un puente
que muchas veces no se concluye y queda como éste
cortado al medio una punta para cada lado
como dos brazos que se estiran al máximo 
uno en dirección al otro
uno apoyado a cada lado del gran valle
sin conseguir tocarse

Annita Costa Malufe (San Pablo, Brasil, 1975), Tejer y destejer, 7 poetas contemporáneas 
del Brasil *, selección y traducción de Agustina Roca, Bajo la Luna, Buenos Aires, 2020

* La antología la integran poemas de Ana Martins Marques, Annita Costa Malufe, Claudia Roquette-Pinto, Izabela Leal, Josely Vianna Baptista, Lu Menezes y Simone Brantes [N. del Ad.]




uma ponte cortada ao meio
estar na beira do andaime estar
na ponta de um guindaste
no alto desta ponte cortada ao meio
desta ponte que um dia quem sabe
ligaria duas montanhas uma ponte
sobre o vale desdobrado em tons de verde
penso que estar na beira do andaime é
permitir lembranças que nos suspendem nos lançam
imagens que insistem e um cheiro imperceptível no ar
sempre uma ponte que se constrói sobre
um vale temporal infinito
infinitamente desdobrável em tons de verde e então
o que se passa é a construção de uma ponte
que muitas vezes não se conclui e fica como esta
cortada ao meio uma ponta para cada lado
como dois braços que se esticam ao máximo
um em direção ao outro
um apoiado em cada lado do grande vale
sem conseguir se toca

lunes, septiembre 19, 2022

Stephen Crane / Cada breve destello...



Cada breve destello era una voz,
una voz como una lámpara -
tonadas de carmín, violeta, verde, dorado.
Un coro de colores llegó hasta el agua;
la maravillosa sombra de la hoja dejó de temblar,
ningún pino cantó en las colinas,
la noche azul fue en otra parte un silencio,
cuando el coro de colores llegó hasta el agua,
tonadas de carmín, violeta, verde, dorado.

Pequeños y brillantes guijarros
arrojados sobre la oscura planicie de la tarde
cantan bellas baladas de Dios
y eternidad, con el descanso del alma.
Pequeños sacerdotes, pequeños padres santos,
nadie puede dudar de la verdad de vuestros himnos,
cuando el coro maravilloso llega hasta el agua,
canciones de carmín, violeta, verde, dorado.

Stephen Crane (Newark, Estados Unidos, 1871-Badenweiler, Alemania, 1900), Prose and Poetry, The Library of America, Nueva York, 1984
Traducción de Jonio González


Foto: Stephane Crane en su escritorio Getty Images, sin más datos

EACH SMALL GLEAM...

Each small gleam was a voice
A lantern voice
In little songs of carmine, violet, green, gold.
A chorus of colors came over the water;
The wondrous leaf-shadow no longer wavered,
No pines crooned on the hills
The blue night was elsewhere a silence
When the chorus of colors came over the water,
Little songs of carmine, violet, green, gold.

Small glowing pebbles
Thrown on the dark plane of evening
Sing good ballads of God
And eternity, with soul's rest.
Little priests, little holy fathers
None can doubt the truth of your hymning
When the marvelous chorus comes over the water
Songs of carmine, violet, green, gold.

domingo, septiembre 18, 2022

César Vallejo / De "Trilce", 2




XXIII 


      Tahona estuosa de aquellos mis bizcochos
      pura yema infantil innumerable, madre.

              Oh tus cuatro gorgas, asombrosamente
       mal plañidas, madre:  tus mendigos.
       Las dos hermanas últimas, Miguel  que ha muerto
       y yo arrastrando todavía
       una trenza por cada letra del abecedario.

              En  la  sala de  arriba nos  repartías
       de mañana, de tarde,  de dual estiba,
       aquellas  ricas hostias de tiempo, para
       
       que ahora nos sobrasen
       cáscaras de  relojes en flexión de las  24
       en punto parados.
 
              Madre,  y ahora!  Ahora, en cuál  alvéolo
       quedaría, en qué retoño capilar,
       cierta migaja que hoy se me ata al cuello
       y  no quiere pasar. Hoy que hasta
       tus puros huesos estarán harina
       que no habra en qué amasar
       ¡tierna dulcera de  amor,
       hasta en la cruda sombra, hasta en el gran molar
       cuya encía late en aquel  lácteo hoyuelo
       que inadvertido lábrase  y pulula  ¡tú  lo viste  tánto!
       en las cerradas manos recién nacidas.

               Tal  la tierra oirá en  tu silenciar,
       
       cómo nos van cobrando todos
       el alquiler del mundo donde nos dejas
       y el valor  de aquel pan inacabable.
       Y nos lo cobran, cuando, siendo nosotros
       pequeños entonces como tú verías,
       no se lo podíamos haber arrebatado
       a nadie; cuando tú nos lo diste,
      
       ¿dí, mamá?


XXVIII 


       He almorzado solo ahora, y no he tenido
       madre, ni súplica, ni sírvete, ni agua,
       ni padre que, en el facundo ofertorio
       de los choclos, pregunte para su tardanza
       de imagen, por los broches mayores del sonido.

               Cómo iba yo a almorzar. Cómo me iba a servir
       de tales platos distantes esas cosas,
       cuando habráse quebrado el propio hogar,
       cuando no asoma ni madre a los labios.
       Cómo iba yo a almorzar nonada.

               A la mesa de un buen amigo he almorzado
       con su padre recién llegado del mundo,
       con sus canas tías que hablan
       en tordillo retinte de porcelana,
       bisbiseando por todos sus viudos alvéolos;
       y con cubiertos francos de alegres tiroriros,
       porque estánse en su casa. Así, qué gracia!
       Y me han dolido los cuchillos
       de esta mesa en todo el paladar.

               El yantar de estas mesas así, en que se prueba
       amor ajeno en vez del propio amor,
       torna tierra el bocado que no brinda  la
                                       
                                       MADRE, 
       hace golpe la dura deglución ; el dulce,
       hiel; aceite funéreo, el café.

               Cuando ya se ha quebrado el propio hogar,
       y el sírvete materno no sale de la
       tumba,
       la cocina a oscuras, la miseria de amor.

[La disposición espacial de estos textos respeta la de la edición original]

César Vallejo (Santiago de Chuco, Perú, 1892-París, 1938)

Trilce
[1922], 
edición facsimilar.
Retrato de la sobrecubierta: 
Merlina H. Cisnero.
Barnacle, 
Buenos Aires, 2022













Foto: César Vallejo, París, c.1927 (detalle). Francisco Moncloa Editores; César Vallejo, Obra poética completa, Lima, 1968