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miércoles, diciembre 14, 2022

Mario Jorge de Lellis / De "Hombres del vino, del álbum y del corazón"




Un Luis

Bismuto bígamo biliar,
sembrador de discordias,
refinador de llantos,
desanudando el nudo familiar
tuvo su foto.

Se sentaba a la mesa ceño en mano,
mordía testamentos,
pasaba por mal tipo en las cocinas,
se reía de viejos afrailados o judíos
y lo vivificaban las palabras feas.

A la hora del té prendía un cigarrillo.
Cuando partía el pan partía un cigarrillo.
Cuando hacía finanzas, cigarrillo.
Cuando dormía incluso cigarrillo.

Bismuto bígamo biliar terminó loco.
Cierto, de a poco.
Emulaba su luis de fumador,
miraba a sus hermanas.

Dejó, apenas,
una sonrisa leve que tenía para uso personal
en hora de oropéndola.


El sillón

Mañana gris y nadie quiere recogerte.

Junto al cordón de la vereda,
tu bordadura de años, tus escombros.

¿Quién descansó allí?
¿Qué fatiga encorvada de horno y pala?
¿Qué romántico amor caridolente
en tus primeras lunas de folletín y arpa?
¿Mi madre, con su rostro de hortensia entre las nubes?
(En las horas de siesta le gustaba
quedarse en una sala con retratos).
¿Mi abuelo? ¿O el primer gringo amigo de mi abuelo,
aquel que ahorraba moneditas para comprar postales?
Y en las veladas de peinetón y polca,
¿qué tornadizo azul torneado
coqueteó en tu estrechez de nido de abanicos?
¿Y qué cosas tuviste cerca tuyo?
¿Qué reloj de cucú, qué mirlo en jaula,
qué pecíolo rojo, que digno piano?
¿Qué reliquia clavada en la pared
te miró tanto tiempo con los ojos sonánbulos?
¿Qué torreones de sueños se veían
desde tu sitio? ¿Qué pesares borrados?

Mi madre no desconoció tu historia.
Cuando yo te llevé, se sonreía.
Una sonrisa llena de pasado.

Mañana gris y nadie quiere recogerte.

Todo tu tiempo ha terminado.


Yuri Gagarin

Mientras en Tokio un niño trinaba en un triciclo
y en Berlín un burdel lamentaba sus puertas
y en Chicago un negrito lustraba los zapatos
y otro negrito en Londres se moría de pena,
Yuri Gagarin todo con sus ojos desnudos
daba vuelta a la tierra.

Y mientras en Sevilla una muchacha
sangraba perfumada de miedo y de alhucema
y en México se enlazaba un toro al sol caliente
y en Paraguay un cabo requisaba conciencias,
Yuri Gagarin -que no estaba solo-
daba vuelta a la tierra.

Y en tanto sucedía el repunte del dólar,
la caja de caudales violada, la inocencia
del árbol, la moral católica, el zapato en perdón,
el humo, la ceniza, la lujuria industrial, la quema
del amor, el monopolio del hambre, los cuarteles
y tantas cosas más de esta tristona ciencia
de vivir, Yuri Gagarin, Jorge hasta nosotros,
daba vuelta a la tierra.

Este Yuri Gagarin tenía una mujer,
dos hijas, vecinos, una casa, una huerta,
acaso alguna pipa, acaso un sobrenombre,
era un muchacho azul como cualquiera.
Vivía en un país que en los mapas es verde.
Era un buen comunista. Porque en otoño
se emocionaba con las hojas secas.

Y este Yuri Gagarin se fue hasta el espacio.
Vio celeste a la tierra.
Casi la fue tocando con sus manos en molde.
Casi no comprendió su corazón de seda.

Y entretanto ocurría lo de siempre.
En Chicago un negrito lustraba los zapatos
y otro negrito en Londres se moría de pena.

Este Yuri Gagarin.
Este buen comunista. Este Jorge cualquiera.

Mario Jorge de Lellis (Buenos Aires, 1922-1966), Hombres del vino, del álbum y del corazón, Editorial Lautaro, Buenos Aires, 1962


Foto: Herederos de Lucina Álvarez/El Juguete Rabioso n° 2, Buenos Aires, 1972

martes, junio 22, 2010

Mario Jorge de Lellis / Canto a los hombres del vino tinto




Canto a los hombres del vino tinto

Yo sé que vendrán, caminarán,
vendrán, caminarán, darán la vuelta,
dirán mi barco ballenero pesca en las Orcadas,
mi vejez es un canto de rayuela,
mi velador no caza mariposas,
vendrán, caminarán, dirán cualquiera
tiene un gorro frigio,
cualquiera tiene un tango,
tiene un agua tanino;
vendrán, caminarán, dirán la palabrota que les queda,
vendrán, caminarán, dirán del apio,
vendrán, caminarán, dirán que salga pato o gallareta,
dirán, caminarán, dirán qué bárbaro,
dirán imbécil,
dirán yo soy un hombre,
dirán piso la tierra.

Yo sé que ellos vendrán, caminarán.
Dirán, caminarán y cantarán con la violeta
y cantarán el ajo de los guisos
y el ábside, el gorrión, las azoteas.
Vendrán, caminarán, dirán que antepasados
murieron en cadalsos o en hogueras,
murieron sobre camas de hospitales,
sobre catres sin luz o sobre las veredas.

Vendrán, caminarán,
con la antigua zozobra
del alquiler,
con la herramienta húmeda, oxidada;
vendrán, caminarán, vendrán la siesta,
falseadores del sol,
halconeros audaces del de pronto,
viejos amigos míos, cantantes de violetas,
venteando lluvias coloradas,
cayendo, decayendo, diciendo que vendrán, caminarán,
diciendo apenas
que aquí vendrán, caminarán...
Y un chapoteo dulce pica en la piel
y uno sabe que están como los muertos:
acostados y duros y sin pena.

Como los muertos duros.
Los muertos ya no tienen vanagloria. Ni problemas.
Ni decapitación. Ni ley.
Ni llave familiar para el altillo. Ni retratos de abuelas.
Los muertos tienen solamente
un raptado moverse entre las cosas y una cruz oficial
y un pasado rumor de voces vivas en la oreja.
Y están bajo el zapato del que vive,
químicamente amargos, naturalmente pobres y de tierra.
Vendrán, caminarán. Observadores simples,
jugadores de truco, sacrílegos del agua,
bicarbonatos, hígados, confidencias,
lo que yo siempre tuve es poca suerte,
viejos amigos míos, cantantes de violetas.

Vendrán, caminarán.
Tendrán la mano abierta,
un tajo de dolor hundiendo sus infancias,
una hermosura en vino y un vino en la moneda.

Vendrán, caminarán.
La vida es tan correcta,
tan construida así como esas casas de diez pisos,
tan dócilmente puesta
hacia la muerte
que al encontrarlos
uno se siente afuera.

Vendrán, caminarán. Caña, pescado, pipa.
Pelos en la nariz, buenas noches me voy la tengo enferma
yo le voy a contar la historia de mi pueblo,
qué has quedado pensando marivelcha.

Yo sé que ellos vendrán, caminarán,
vendrán, caminarán, darán la vuelta.
Tienen cosas acaso que decir,
tienen qué preguntar: cuántas botellas,
cuántos lagares dulces,
cuánta ocupada mesa,
cuánto codo raído
o pantalón gastado en las veredas
anoche me soñé vinado en un cadáver
anoche me soñé a mi María muerta.

Vendrán, caminarán.
Visitarán mi tierra.

Vendrán, caminarán.
Fueron la tierra.

Vendrán, caminarán.
Se los tragó la tierra.

Vendrán, caminarán.
Campanas tocan en las copas. Buenas noches amigos,
buenas noches por catres, bodegones, viento al irse a dormir,
cantantes de violetas.

Mario Jorge de Lellis (Buenos Aires, 1922-1966), Cantos humanos, Colección Ventana de Buenos Aires, Buenos Aires, 1956

Foto: Mario Jorge de Lellis (der.) con el narrador y dramaturgo Abelardo Castillo en la Sociedad Argentina de Escritores (SADE). Publicada en Historia de la Literatura Argentina, volumen II, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1968

lunes, junio 21, 2010

Mario Jorge de Lellis / Boca Juniors


Uno sabe el color bandera sueca(1),
desarrancado gol grito del hincha,
vocación de este Boca boca llena,
tictac de historia de tablones(2)
chuenga a chuenga(3).
Uno siente la sangre de azul-oro
metiéndose en las venas
por un punto de más, por una nada.
Y ocurre que ni almuerzo ni merienda
tienen algo que ver,
ocurre que la novia zaguanera(4)
o el padre encabezando los domingos
miran pasar la tarde bizcochada(5)
y esperan como espera,
pasivamente el lunes.
Uno se va volado, está de loco al paso,
refuerza el corazón, grita sin grieta,
aplaude el gol sellado en la gambeta,
siente su afán,
lo sigue hasta en la sexta(6).
Y siempre, cuando ese sol domingo color pájaro
le pega en la cabeza,
cuando tiene en capilla la memoria
o en blanco la leyenda,
suelta nombres con nombres a medida
que los nombres lo sueltan:
tesoriere(7) capando los penales,
bidoglio(8) con refrán en cada pierna,
lazzatti(9) semafórico a las puntas,
cherro(10) firmando la pelota para una ida y vuelta,
arico(11) llevándola al desprecio,
varela(12) en boina suelta,
sarlanga(13) como dulce golosina,
angelillo(14) maestro, filósofo poeta.
Así, de Boca en boca,
lo inconsolable tiene
consuelo de domingo por la siesta:
léxico libre, loco levantado, potrerío(15) de fiesta.

Hacer la flor(16) de bocajuniors,
hacerlo con belleza,
hablar del pueblo pobre
que sin pedir permiso
se vuelca hacia la izquierda(17)
es una primavera de cosas hipotéticas:
¿qué pensarán los clásicos,
qué pensará la golondrina bécquer(18),
qué espronceda(19)?

No sé.
Pero ese pueblo vivo que empuja y desempuja,
que parla y parlamenta
es el único eco de estas voces
y el único que cuenta.

Viéndolo andar de Boca al hombro,
de corazón con quince estrellas(20),
de pasión sin corbata,
le digo este poema.

Mario Jorge de Lellis (Buenos Aires, 1922-1966), 1962 La Bombonera com.ar *

* El sitio ya no existe (nota del Ad., 2022)


Notas de La Bombonera com.ar:

(1) Los colores de Boca se tomaron de la bandera de Suecia.
(2) Los antiguos estadios eran de graderíos de tablas.
(3) Chuenga era una golosina (castellanización del inglés "chewing gum": chicle o goma de mascar) y su vendedor en los estadios, que gritaba el nombre del producto, acabó apodándose también así.
(4) El zaguán (la entrada de la casa) era el sitio preferido de los novios para las despedidas más íntimas.
(5) Juego de ideas: miran pasar la tarde comiendo bizcochos o miran pasar la tarde color bizcocho.
(6) Se refiere a la sexta edición de los diarios, que salía por la tarde-noche y los domingos traía ya los resultados de fútbol.
(7) Américo Tesoriere o Tesorieri: arquero de Boca de 1916 hasta 1927. Apodado "La Gloria", ganó cinco torneos en Boca. Jugó en la selección y mantuvo su valla invicta en los sudamericanos de 1921 y 1924.
(8) Ludovico "Vico" Bidoglio: Defensor de gran clase que jugó en Boca entre 1922 y 1931. Ganó nueve torneos.
(9) Ernesto "el Pibe de Oro" Lazzatti: centromedio de juego fino y atildado, que debutó en Boca con 18 años en 1934 y jugó hasta 1947, ganando cinco campeonatos de la era profesional.
(10) Roberto "Cabecita de Oro" Cherro: mediocampista de endiablada habilidad y gran llegada, goleador histórico de Boca con 221 goles (106 en la era profesional) cuyos equipos integró de 1926 a 1938.
(11) Pedro "Arico" Suárez: defensor español que jugó en Boca de 1929 a 1942. De gran calidad en la salida del balón.
(12) Severino "la Boina Fantasma" Varela: Delantero uruguayo, jugó en Boca sólo tres torneos y ganó dos. En 67 partidos que jugó marcó 43 goles, 5 a River. Usaba una boina blanca por un convenio publicitario, muy adelantado a su éspoca.
(13) Jaime "Piraña" Sarlanga: centrodelantero muy efectivo (193 partidos, 115 goles) que jugó en Boca de 1940 a 1948.
(14) Angelillo: Delantero de Boca en 1956 y 1957, de gran habilidad, luego transferido al Inter de Milán, realizando en Italia una dilatada carrera.
(15) Alude a los "potreros", como se llamaba a los terrenos baldíos donde los niños y jóvenes juegan al fútbol de manera informal.
(16) La flor se dice, en poesía, de la misma poesía. O sea que está diciendo: "hacer poesía de Boca Juniors..."
(17) Se entiende: la izquierda política.
(18) Referido a Gustavo Adolfo Bécquer, poeta español del período romántico, autor de una famosa rima "Volverán las oscuras golondrinas / de tu balcón sus nidos a colgar..."
(19) Referido a José de Espronceda, otro poeta español del período romántico.
(20) Las que Boca, según la tradición de estrella por campeonato en el escudo, tenía en el momento del poema.

Foto: Diego Armando Maradona festeja un gol en la cancha de Boca Juniors, 1997. BBC 

jueves, julio 03, 2008

Mario Jorge de Lellis / De "El último estaño"


Café 2 Avenidas
(Carabobo y Directorio)

Claro, con dos ginebras
se abarata la angustia.

Se oyen menos los ruidos del doctor
con sus dagas de nunca.

Se idealizan las cosas que caminan
con zapatos sin música.

Y el llamamiento del amor
tiembla en la tarde con olor a lluvia.

Esta noche, ¿qué luz de velador
te inventaría en tu dulzura?

qué pintita de sueño sin nacer
se morirá en la luna?

Qué azoteas, qué gatos, qué barandas
trabajarán tu cúpula?

Pero con tres ginebras es más fácil
habilitarme la locura.

Oír todo este ruido de la triste vida
como una magnífica obertura.

Decir esto que sé de jabalí mordiendo
tu poco de criatura.

Mesas, manolos, litros,
trapo rejilla o terrón de azúcar.

No te conozco y nada más que hoy
sos bolichón de mi amargura.

No volveré. Mi enero 21
es un dolor en punta.

Y una ginebra más. Con gusto a muerte
y ganas de olvidar. La última.

Mario Jorge de Lellis (Buenos Aires, 1922-1966), revista El Juguete Rabioso n° 2, Buenos Aires, 1972. Del libro inédito El último estaño, escrito entre 1964 y 1966.

N. del Ad.: No tengo noticias de la publicación del libro El último estaño. Copias de los poemas publicados en la revista El Juguete Rabioso fueron proporcionadas por la poeta Lucina Alvarez, secuestrada y desparecida durante la dictadura de 1976-1983.

Foto: De Lellis. El Juguete Rabioso n° 2, Buenos Aires, 1972