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viernes, abril 12, 2024

María Teresa Andruetto / Genealogía




Tengo una foto del casamiento de mis padres, 
él con traje oscuro y el pelo peinado a la gomina. Ella
de trajecito claro y una boina (con un moño grande, a cuadros), 
la sonrisa perfecta, los ojos bajos, una cartera pequeña
en una mano (la otra mano enlazada a la mano de mi padre).
Con los ojos renegridos y las cejas grandes, a él parecen
molestarle los reflejos del sol en esa tarde. Sé que es abril,
que están frente a la plaza, la sombra de sus cuerpos
se estira en el mosaico, hacia la tapia. 

Ella lleva debajo una blusa blanca. Antes
de esa tarde, vendió una cadena de oro de su abuela
para hacerse el anillo de bodas. Si te gusta el oro,
no soy hombre para vos, dijo mi padre. 

Antes, mi padre le dio un echarpe de su madre, de color azul
y grana. Si nos dejamos lo quiero de regreso, es un recuerdo
de la madre de mi madre. 

Antes, un hombre golpeó la puerta de la casa de mi abuela,
allá en el pueblo, buscando a una amiga de su madre
y se encontró con mi madre.

Antes, ese hombre que venía de otro mundo,
le pidió a mi madre que fuera a la ciudad para conocerla,
pero mi madre le dijo que una buena chica no se movía
de su casa.

Antes mi madre juró y juró que no se casaría con nadie.

Era hermosa como una potranca en la llanura y enseñaba
a leer con un peinado de trenzas recogidas. 

Antes su madre se inclinó a fregar junto al arroyo
para alimentar a los hijos y al marido, y antes de eso
se le enfermó el marido. Era un hombre flaco como un pájaro
que no podía oler la sopa de porotos, ni la flor del paraíso,
ni el heno que enfardaba ni las hojas satinadas
de los plátanos. Íbamos a verlos los domingos, mi madre
nos llevaba; hablaban piamontés en una casa oscura,
con piso de ladrillos y un patio con glicinas.

Antes los padres de mi madre emparvaban alfalfa
en Campo Yucat y antes la madre de mi madre
tuvo a su primer hijo cuando era apenas una niña. 

Antes, su madre casó a la hija casi niña con un hombre
bueno, el más bueno que encontré, decía,
sin preguntarle a esa niña nada.

Antes la madre de la madre de mi madre viajó con su hija
pequeña en la bodega de un barco y después atravesó los campos
como una peregrina, detrás de una máquina de trilla;
y antes escapó de su pueblo con su hija, para que no la casaran 
con un hermano del marido.

Antes, en un lugar llamado Casas Viejas, se le murió el marido
y ella se ató un cilicio en la cintura. Cuando yo era niña,
aún vivía, aferrada a un misal y un relicario con pelos
de Santa Cecilia. Era poco agraciada la madre de mi abuela,
la cara angulosa, los ojos hundidos, la boca, pero alguna vez
fue joven y robusta, un animal para el trabajo
cuando conoció al marido. 

Antes ella no tuvo padre y juró que si tenía hijos, 
los hijos tendrían otra vida. Y antes fregó los suelos 
de una iglesia y fregando conoció los libros. Los evangelios, 
La Filotea, La vida de Santa Cecilia (y se escondió en el pecho, 
tal vez robada, esa reliquia, unos pelos de la santa 
en una cajita)

Antes fue campesina y ayudó a su madre a cuidar dos vacas
que tenían y antes su madre arrancó raíces
de entre las piedras, para alimentarla.

Encontré una foto de esa mujer, una foto borrosa, 
amarillenta. Dijo mi madre que le dijeron
que la sacó el cura de Casas Viejas. Es la foto de una campesina
joven, ya con la espalda curva, una mujer muy flaca,
con la quijada hacia adelante, husmeando como un perro
y los ojos, ay los ojos, tan despiertos, como una rata
o una ardilla, ojos alertas como los de una perdiz 
o los de un tero.

María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, Argentina, 1954), "Últimos poemas (2018-2019)", Poesía reunida, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2019

Más poemas de María Teresa Andruetto en Otra Iglesia Es Imposible

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domingo, febrero 11, 2024

María Teresa Andruetto / De "Poesía reunida"




Ha visto

Ha visto la luna temblando sobre el Po en el agua 
que se ondula, y en la noche de allá lejos los yuyales, 
las chicharras, sentaditas con su hermana en unos sillones 
de jardín que chirriaban. Y vio una ciudad dorada y escuchó 
sobre el Moldava conversaciones animosas sin entender nada. 
Y una escena perfecta con su padre en el patio de una casa 
de la que pronto se fueron y la mudanza a otra casa, ella llevando 
un gato y su hermanita una pelela en la mano. El gato 
se llamaba Geppo y dormía junto al brasero. Vio también allá 
en el sur una ciudad con palafitos y en el norte una sobre agua 
y otra toda de sal prendida a una barranca. Y una ciudad rosada 
como un labio y los últimos damascos del verano y una tropilla 
La desamparada corriendo sin bocado por el campo y una niña 
tan pequeña que cabía en la palma de una mano. Ha visto 
los basurales, las barracas del hambre y los puppi sicilianos, 
y el sol hundiéndose en los maizales, tristeza de puro rojo 
sobre la pampa. Animales como troncos manando hilos 
de sangre y un camino de penurias cuando ya ha caído 
el rayo. Por limitada que sea la vida de cada uno, hay 
un rebaño invisible que come pasto en la noche
estrellada.

Últimos poemas (2018/2019)


Un amigo me escribe desde Siria

                           a Pablo Sigismondi

Un amigo me escribe desde Siria, 
dice pronto esta noche infernal 
terminará y volveremos a caminar 
sobre cadáveres. Recibo su mensaje
en la casa de la hija de otro amigo, 
que ha cumplido quince. Somos viejos 
los invitados a la fiesta; alguien canta 
coplas, cantos cimarrones, montañeses, 
que aprendió en los valles calchaquíes. 
La mujer se llama Eva y le dedica sus coplas 
a la niña que está cabeza baja mirando 
el celular. También yo estoy cabeza baja, 
tengo otro mensaje desde Siria, fui a 
Maalula a ver a mi familia. No puedo 
contarle esto a mi madre, este luto, este 
dolor, Dios cubra a mi tierra con su manto. 
La copla sale de la garganta de Eva, su 
falsete es un grito que llega a Siria, 
mientras la chica dice dale papá, 
pongan música buena, que esto 
está muy triste.

Cleofé [2007]

María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, Argentina, 1954), Poesía reunida, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2019


Más poemas de María Teresa Andruetto en Otra Iglesia Es Imposible

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lunes, enero 15, 2024

Encuesta lírica II / Lecturas elegidas, 1

María Teresa Andruetto
*


Un millón de veranos (Selección, prólogo y entrevista de Jorge Monteleone), Teresa Arijón. (Colección Estaciones, Miño y Dávila)

Gary Snyder

Rastro de conejos
rastro de ciervos ¿qué sabemos?
¿Qué sabemos en la noche helada
bajo los pinos,
recitando el poema de Leopardi
con memoria vaga, viendo
las estrellas limpísimas que acaso
anuncian la aurora boreal?
Rastro de osos
rastro de linces ¿qué sabemos?
¿Qué sabemos cuando la nieve quieta cubre los vidrios
y sólo se oye el sonido del cielo, afuera, lejos?
Rastro de alces
rastro de nutrias ¿qué sabemos?
¿Qué sabemos a la mañana siguiente, en cuclillas,
contemplando el lago donde el zorro se mojó la cola
sólo para demostrarnos que hay cierta verdad
en las palabras?


Guarania, Pola Gómez Codina, 1° Premio Concurso Nacional de Poesía Inés Manzano (ÑZ Poesía)

Poema, último y primero
Ñamandú en el mismísimo
centro de tu corazón. 
Para un guaraní
La poesía no existe
o todo lo que existe
es poesía.


El verde corazón de William Shakespeare, Normand Argarate (Mascarón de Proa)

Sentado en una vieja reposera, 
toda remendada 
Álvaro pinta sus cuadros, 
como quien explora el día 
los élitros de un insecto 
o se asoma al espejo del agua. 
Es la forma, la misma maravilla 
cuando dibuja en sus cuadernos 
captura la esfera de cristal 
el vuelo de una mosca. 
Y sigue con su mano 
la declinación de la tarde, 
es el sol, un nido más 
entre las ramas. 
Y así trabaja, cuando su cuerpo 
parece estar haciendo nada 
porque es su línea, el movimiento 
de las hojas, las horas, los rizos de la flor 
que tremolan en la sombra.


En todas las distancias: Amaro Nay dice Riquil-da, Amaro Nay, con Ariel Livadiotis y Mariano Medina (Cuadernillo artesanal, 100 ejemplares sin valor comercial. Se puede descargar en forma gratuita)


Ave de nubedil

Ave
descansa
sobre el vientre
duerme
junto al calor
de las palabras
juega
ave
que anidas
en los sueños
vive
ave
que vives
la vida
vuela


La felicidad de los animales. Poesía reunida 2000-2021, Sonia Scarabelli (Bajo la Luna)

Pescadoras

Sin pensar nos hicimos
pescadoras del vacío.
Nuestras cañas
no se quiebran, no pesan,
son flexibles como el mimbre,
livianas como la luz.
Pescamos el vacío
como si fuera una ranita
en el gran zanjón
de la noche constelada.


Nostalgias del Imbat. Poesía reunida, Denise León (Editorial de la Universidad Nacional de Tucuman)

¿Ya komites, kieres komer, ken te dio?
Mazal de perro,
ojo de siego,
piedra minudika
los días se le fizieron.
¿Ya komites, kieres komer, ken te dio?
Un viento ke ti vulanderea
Komo el guezmo
de la fasulia
i el yaprak.
¿Ya komites, kieres komer, ken te dio?
Una ves,
dos veses,
mil veses,
komo un kamino
ke asuve
a kaentarle los pieses frios
a su muerto.


* María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, Argentina, 1954). Poeta. Narradora. Ensayista. Profesora. Recibió el premio Hans Christian Andersen de Literatura Infantil y Juvenil en 2014. Ediciones en Danza publicó en 2019 su Poesía reunida.  

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Esta segunda Encuesta Lírica permite la inclusión de cualquier libro de poesía o poemas sueltos, de cualquier época, leídos en los distintos "soportes", el año pasado, y no solo de los libros de poetas argentinos publicados en ese período.

lunes, mayo 31, 2021

María Teresa Andruetto / de "Pavese"

 

              











Instante

                No se recuerdan los días, se
                recuerdan los instantes.
                         C.P. 28 de julio de 1940
                                                     Diario

Una turbulencia balancea
las barcazas. La luz pinta el aire
de amarillos y están cerradas
las viejas puertas. Nadie
en la pescara, ni las góndolas
lúgubres. En el puente de Cannaregio
ni las de lujo ni el vaporetto,
sólo pequeñas barcazas
han pasado la noche entre los palos.
Allá al fondo, un hombre barre
la fondamenta de Cà laria. El resto,
nada.

Pavese, 1998

María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, Argentina, 1954), Poesía argentina contemporánea, Tomo I, Parte Vigesimoprimera, Fundación Argentina para la Poesía y Editorial Vinciguerra, Buenos Aires, 2014


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viernes, agosto 16, 2019

María Teresa Andruetto / Volvías del colegio













                                            A Juana

Volvías del colegio
y me hablabas de los griegos,
mientras yo preparaba la comida.
Yocasta, Alcestes, Medea, Ariadna,
Afrodita. Electra, Athenas, Artemisa,
tremendas de pie sobre sí mismas
arrojaban al aire su moneda. Ismene
temerosa quería disuadirte, no le digas 
a nadie, mi hermanita. Antígona
gritaba buscándose a sí misma.
Y vos, con los ojos azorados, la voz
todavía en su capullo, ¿se puede?, 
                                      me decías.

[inédito]

María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, Argentina, 1954)

Poesía reunida,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2019









Más poemas de María Teresa Andruetto en Otra Iglesia Es Imposible

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Foto: Vos

viernes, junio 07, 2019

María Teresa Andruetto / De "Cleofé", 2

                                         












                                                
 Con mi hija, en auto

                                              A Josefina

Íbamos, con tu hija durmiendo
en el asiento de atrás, hablando las dos
de un modo nuevo sobre cómo lo real
atraviesa la experiencia del cuerpo
y de la psiquis. ¿Estás cansada?,
pregunté y enseguida pensé que había
hablado por demás. En otros tiempos
reprochabas no hables fuerte, no hables
tanto, no hagas gestos, pero anoche,
en la oscuridad del camino que va a casa,
preguntaste por mis partos, mis puerperios,
y yo te conté de aquella noche
llegando más muerta que viva al hospital.
Largué lo que tenía atascado en la garganta
y vos dijiste a mí si me hacen eso, los mato,
te juro que los mato. Hablábamos las dos
de un modo nuevo, en medio del camino,
con tu hija durmiendo en el asiento
de atrás. Entonces me contaste
lo que habías leído, que todo el dolor
que guarda el útero se sana en los hijos
de los hijos, y la resaca que guardaba
se fue limpiando entre los saltos
del auto sobre el ripio.

De Cleofé, Caballo Negro [Córdoba], 2017

María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, Argentina, 1954), Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires, 2019

Otra Iglesia Es Imposible

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Foto: Mario Quinteros/Clarín

jueves, marzo 22, 2018

María Teresa Andruetto / De "Cleofé"














Amigas

Cuando eras chica tenías una amiga muy amiga,
¿te acordás de la Nelly Rosso?  Ah... pero no lo escuché
nunca. Una vez me dijiste que quería escribir una
novela entre las dos. Era la pasión de ella, ¿O de las
dos? Yo miraba. Ella quería hacer todo eso. Me
acuerdo de una foto de ustedes, en Arroyo Cabral,
muy lindas, con unos sombreros grandes de paja.
No me acuerdo. ¿Tuviste muchos novios? Ninguno.
No quería. No querías, pero te deben haber buscado
muchos hombres porque eras muy linda. Linda
nunca fui, no me gustaba. Yo tenía cosas mías. Te
gustaba leer, escribir, coleccionar estampillas. Era
feliz con eso. Y me gustaba yo también. Después te
casaste. Él hablaba de cosas importantes no hablaba
pavadas. ¿Esto te gustaba?
Sí, me gustaba, había algo que me gustaba.

María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, Argentina, 1954)


Cleofé,
Caballo Negro,
Córdoba, Argentina, 2017








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Foto: Clarín

jueves, marzo 05, 2015

María Teresa Andruetto / De "Beatriz"












Autorretrato ante el caballete

1.
Esto es lo que queda
de un hombre que se muere:
un pincel y la mano agrietada
que sostiene el pardo, el rojo,
el amarillo... la mano que va,
que se desvela, desde el charco
de luz hacia la tela.

2.
Lenta la pincelada oscura,
el hijo del molinero
tantea con ojos ciegos
la espesura
hasta dar con la luz.

3.
Este rostro ya estaba
debajo de la tela, estaba y carcomía
con su podredumbre el retrato del joven
con gorguera. Bajo las arrugas y los ojos
desteñidos están los ojos arrogantes
de otro tiempo, pero ni el otro ni éste
son grandes, a todos los ha herido
esta luz: ya nada es menos,
hasta lo más miserable
tiene su destello.

4.
No es la pieza oscura donde pinta,
ni la pobreza que trajo la desnuda forma.
ni la luz que cae sobre la gorra,
ni el pelo desprolijo, ni la barba,
tampoco el cuerpo vencido,
ni el olor rancio del encierro.
Son los ojos que no encuentran
a Saskia, a Hendrickje, al bienamado Tito;
los ojos que se han vuelto
hacia un lugar de nada,
hacia el vacío.

5.
Otros buscarán la nota pura,
la imagen que persiste, la tersura,
como buscan sus ojos en la tela

(es la mirada lo que abruma,
lo que desvela)

6.
También yo persigo una palabra
oscura en los retratos de Saskia,
en la ternura de Hendrickje, en la viva
luz de Tito, y el aire de bondad,
la carnadura de un hombre
que se deshizo.

María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, Córdoba, Argentina, 1954), Beatriz, Ediciones Argos, Córdoba, Argentina, 2005

jueves, abril 23, 2009

María Teresa Andruetto / De "Sueño americano"


Sueño americano

Sobre el camino, personajes solitarios
instalados del otro lado del muerto ventanal,
vieron Vietnam, vieron Corea, Afganistán.
Presente perpetuo sacudido por el vértigo
de las autopistas y el desarraigo. Cierta
improvisación también, como una zapada
entre amigos, emerge y arrastra los lugares
comunes. No hay futuro ni tradición, salvo
aquellas hojas de hierba. Todo se funda
a cada instante y coloca en el centro
del mundo su deseo animal
de destrucción.


Muchacha de Ucrania/ 2003

¿Cómo van en tu tierra las cosas?,
pregunto. Siempre peor, me responde,
es todo una mafia. Mi prima allá abajo
levanta la mano. La chica se llama Alexandra
y va a trabajar a Gerona. Tiene a su padre
en Valencia y a su madre limpiando
un albergue en Milano.
Su hermano,
que cumple catorce, se ha quedado en Ucrania
cuidando la casa. Hablo tres lenguas, me dice,
ucraniano, moldavo y rumano, pero eso no sirve
en España. En el bus van gitanos, letones
y húngaros, y esta chica que tiene a su madre
en Milano. También va una mujer de Trujillo
que no tiene papeles, me lo dijo comprando
el pasaje. Hay un sitio mejor
y está lejos.

(Por la tarde
he llamado a mis hijas.
No estaban)


Yo quería quedarme
cuidando la casa, me dice la chica de Ucrania,
pero es mejor que se quede mi hermano.
Conversando, he olvidado que estoy todavía
en Torino, que el bus no ha arrancado,
que mi prima allá abajo levanta
la mano.

María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, 1954), Sueño americano, Caballo Negro Editora, Córdoba, 2009

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Ilustración: Flags, Jasper Johns, 1968 MoMA, Nueva York

Otros poemas de Andruetto en este blog:
Las amigas de mi abuela
Visita

viernes, junio 06, 2008

María Teresa Andruetto / De "Pavese/Kodak"


Las amigas de mi abuela

Íbamos a verlas
los días de los muertos,
cuando la muerte no dolía.
Mi madre (que era hermosa y usaba
tacos altos) nos llevaba de la mano,
se pintaba la boca. Hablaban piamontés,
la palabra cerrada en la garganta a gritos.
Nos ponían vestiditos blancos de piqué
y volvíamos con olor a gladiolos,
a margaritas. Tenían una casa oscura
las amigas de mi abuela, y el tamaño
de un hombre. Ellos en cambio
eran flacos, frágiles como niñas:
se llamaban Geppo, Vigü,
Gennio, Chiquinot.

María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, 1954), Pavese/Kodak, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2008

lunes, septiembre 24, 2007

María Teresa Andruetto / De "Kodak"


Visita

Hoy vino mi madre a visitarme
y caminamos las dos por estas calles.
Hablamos de mi hermano,
de los hijos, de las chicas del Sur,
de mi cuñado. Otra vez yo critiqué
al gobierno y ella dijo otra vez
“¡Es un país tan grande!”. No quiere
que me queje: “¡Este país generoso
recibió a tu padre!” y rodamos las dos
hacia una zona de tristeza, en silencio,
hasta que se detiene y dice: “Ayer
hice dulce de duraznos” y yo digo
que hablaron de mi libro
en el diario.

María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, 1954), Kodak. Ediciones Argos, Córdoba, 2001

Vía Las elecciones afectivas