jueves, diciembre 31, 2015

Ricardo Güiraldes / De "El cencerro de cristal"










Tríptico

AMANECE

Es la noche de las estrellas; soñolentas parpadean, para dormir en la violencia del día.
Un churrinche, gota de púrpura, emprende su viaje azul.
El disco de luz, invencible en su ascenso, ha desgarrado en amplia herida, las nubes que pesaban sobre él.
Las nubes sangran.
   
MEDIO DÍA

La atmósfera embebida de átomos solares, tiene solidez irrespirable.
El canto de la torcaza, adormece con la monotonía de su ritmo lloroso.
A lo lejos, el campo reverbera, turbio.
El sol, sus grandes alas desplegadas, planea inmóvil sobre el mundo.

LA ORACIÓN

Las ovejas vuelven del campo.
Rezagadas, las decrépitas y enfermas, son punto final de la larga frase blanca, que parece evaporarse, en el polvo, inmovilizado por la tranquilidad del aire.
Es la hora mística.
Lentamente, la noche se ha dormido, acostada sobre el llano.

«La Porteña», 1913

Ricardo Güiraldes (Buenos Aires, 1886-París, 1927), El cencerro de cristal, Librería "La Facultad", de Juan Roldán, Buenos Aires, 1915 Biblioteca Virtual Cervantes



miércoles, diciembre 30, 2015

Hugo Claus / Mientras se desvela, el primate desnudo










Mientras se desvela, el primate desnudo
se considera a sí mismo la medida de las cosas.
En el desorden de las estaciones
ha plantado un cuadrado.
Y entonces decreta:

“La tierra es una colonia
del cielo,
la lluvia es mi sangre,
la roca son mis mocos,
el mar mi bilis.”

Del aire transparente
destila gases abrasivos.

Y mira satisfecho la huella
que ha dejado marcada en el fango,
el rastro de sus sueños y de su peste.

Hugo Claus (Brujas, Bélgica, 1929-Amberes, Bélgica, 2008), Greetings: Selected Poems, Hougthon Mifflin, Nueva York, 2005, traducción de John Irons
Traducción del inglés al castellano; Eduardo Conde
Envío de Jonio González




martes, diciembre 29, 2015

Natalia Litvinova / Lienzo de la memoria










Las aguas perturbadas de la memoria
no se alisarán.
Todos los días me iré de mi niñez.
Regresaré sucia antes de que anochezca
y me sentaré a la mesa.
¿Viste si floreció el lino? preguntará mi padre.
Mi madre le ofrecerá té con descuido,
molesta por algo que desconoce
o desatenta con lo humano, como si se imaginara
danzando entre las hermanas flores.
El tiempo se mueve en ríos subterráneos
y las aguas turbulentas del recuerdo no descansan.
Esa madre servirá té para siempre,
ese padre se irá una y otra vez.
No levantaré la mirada para verlo,
lo reconstuiré como una ciega,
como las imágenes salpicadas
en los lienzos de Pollock.

Natalia Litvinova (Gómel, Bielorrusia, 1986; vive en la Argentina), Siguiente vitalidad, Audisea, Buenos Aires, 2015

Foto: Natalia Litvinova en FB




lunes, diciembre 28, 2015

Allen Tate / Señor Pope










Cuando Alejandro Pope paseó por la ciudad
Era puro reflejo de los adornos de perlas y oro.
Las damas se inclinaban, más por miedo que por compasión;
Porque la tiesa espalda de Pope era más de cabra que de hombre.

Muchas veces se piensa que la urna debía tener más huesos
Que la de los esqueletos provistos para alimentar la tierra;
La urna se vuelve hueca, telarañas quebradizas como piedra
Tejen en la caja mortuoria una frívola herrumbre.

Y él, que vivió al ritmo de la culebra
Que se enrosca en sí misma con la precisión del sol.
Está ausente. El cántaro está vacío, pueden romperlo
Para sólo descubrir que el señor Pope ha partido.

Qué anhelo de verdad
Agitaba entre sus dientes el ingenio y el despecho,
No puede saberse: a un árbol torcido
Un mortal trepa y su nombre debía ser suspiro.

Allen Tate (Winchester, Estados Unidos, 1899-Nashville, Estados Unidos, 1979),  Dos siglos de poesía norteamericana, selección, traducción y presentación de Alfredo Casey, Ediciones Antonio Zamora, Buenos Aires, 1969 (La edición no es bilingüe)



Mr. Pope

When Alexander Pope strolled through the city
Strict was the glint of pearl and gold sedans.
Ladies leaned out, more out of fear than pity;
For Pope's tight back was rather a goat's than man's.

One often thinks the urn should have more bones
Than skeletons provide for speedy dust;
The urn gets hollow, cobwebs brittle as stones
Weave to the funeral shell a frivolous rust.

And he who dribbled couplets like a snake
Coiled to a lithe precision in the sun,
Is missing. The jar is empty; you may break
It only to find that Mr. Pope is gone.

What requisitions of a verity
Prompted the wit and rage between his teeth
One cannot say: Around a crooked tree
A moral climbs whose name should be a wreath.

De Mr. Pope and Other Poems, Milton, Balch & Company, Nueva York, 1928
Citado en "Mr. Pope": A Reading, de Margaret Morton Blum, John Hpkins University Prees, 1959
JSTOR




domingo, diciembre 27, 2015

Carlo Molinaro / Cruel











Eres, a veces, de veras cruel.
Si yo fuese un poeta del Duecento
y tú la amada enemiga, no sería
un problema decírtelo: sería
casi un cumplido.
En el siglo XXI, en cambio,
parece incorrecto, lesivo del derecho
que tienes de rechazar todo contacto conmigo.

Este siglo es demasiado racional:
en la idolatría a lo políticamente
correcto esconde un nada
que decir y un demasiado dicho.

Queda el hecho
de que tú eres, a veces, de veras cruel:
y esto es lo que siento -decirte lo que siento
no puede ser un mal.

Carlo Molinaro (Vercelli, Italia, 1953), Nel settimo anno (settembe 2014-maggio 2015), edición de diez copias numeradas, Turín, 2015
Versión de Jorge Aulicino
Envío de Silvia Rosa

Foto: Carlos Molinaro en FB


CRUDELE   

Tu sei, certe volte, davvero crudele. 
Se io fossi un poeta del Duecento 
e tu l’amata mia nemica, non sarebbe 
un problema dirti questo: 
sarebbe quasi un complimento. 
Nel XXI secolo invece 
già sembra scorretto, lesivo del diritto 
che hai di rifiutarmi ogni contatto.
   
Questo secolo è troppo razionale: 
nell’idolatria del politicamente 
corretto nasconde un niente 
da dire e un troppo detto.   

Resta il fatto 
che tu sei, certe volte, davvero crudele: 
è ciò che sento – e dirti ciò che sento 
non può essere un male. 




sábado, diciembre 26, 2015

Nicanor Parra / Nuestros mayores










Eran más instruidos que nosotros
Sabían cómo se debe solicitar una gracia
Golpeándose el pecho desde luego
Con humildad
         Con fe
             Con esperanza
Poco se gana con escupir para arriba

Recuerdo bien a mi señora madre
Que Dios la tenga en su Santo Reino
Como también a mi abuela Rosario
Dios la tenga en su Santo Reino también
Arrodilladas ante el santísimo
Misericordia Dios mío misericordia

Pero la religión pasó de moda
Antes todos sabíamos ahuyentar al demonio
Hoy no tenemos la menor idea.

Nicanor Parra (San Fabián de Alico, Chile, 1914), Temporal, Universidad Diego Portales, Santiago de Chile, 2014



viernes, diciembre 25, 2015

Roberto Themis Speroni / Come mi madre un guiso de verduras










Come mi madre un guiso de verduras
en su casa distante; come un guiso
que tiene casi un siglo y los cubiertos,
niquelados de amor, comen con ella
hoy, en abril, mientras mis tres hermanos
comen en sus hogares, con los hijos
sonoros de maíz, blancos de almíbar.

Mi padre come arriba, con los muertos
que fundaron Orión, que amojonaron
el granizo celeste de la Vía,
y que en la piel boreal de Casiopea
hallaron la respuesta del sextante.

Yo espero aquí; no ceno todavía.
Lo haré después, cuando los míos duerman.

Roberto Themis Speroni (La Plata, 1922-City Bell, 1967), Speroni. Poesía completa, edición de la Municipalidad de La Plata y del Colegio de Escribanos de la Provincia de Buenos Aires, La Plata, 1982.
Envío de Jonio González


jueves, diciembre 24, 2015

William Carlos Williams / Paterson, 25


Libro Dos
Domingo en el Parque 
III

     


     
     Busca lo nulo
     todo lo vence

     la N de todas
     las ecuaciones     .

     esa roca, el vacío
     que las sostiene

     que arrancado-
     hace la roca 

     su caída. Busca
     eso nulo

     que está más allá de
     lo visible

     la muerte de todo 
     lo que está más allá

     de todo ser     .

Pero vendrá la primavera y las flores brotarán
y el hombre debe hablar de su condena     .     .

El descenso llama
           como el ascenso llamó
                 La Memoria es una forma
de consumación
                 una clase de renovación
                         incluso
una iniciación, porque los espacios que abre son lugares
nuevos
                  habitados por hordas
                            hasta ahora inadvertidas,
de nuevo orden-
             porque sus movimientos
              van hacia nuevos objetivos
(aunque antes fueron abandonados)

Ninguna derrota esta hecha solo de derrota-ya que
el mundo que abre es siempre un lugar
                              previamente
                                           insospechado. Un
mundo perdido,
                                         un mundo insospechado
                                                          llama a nuevos lugares
y ninguna blancura (perdida) es más blanca que el recuerdo
de la blancura     .

Con el atardecer,  despierta el amor
                                       aunque sus sombras
                                              que están vivas porque
el sol brilla-
                                      se adormecen ahora y se alejan
                                                       del deseo     .

El amor sin sombras se  agita ahora
                                comienza a  despertar
                                      mientras la noche
avanza.

El descenso
                               hecho de desesperación
                                         y sin consumación
alcanza un nuevo despertar     :
                                       que es el reverso
de la desesperación.

                              Porque a eso que no podemos consumar, a eso que
                   es negado al amor,
                        a eso que hemos perdido en la expectativa-
                                         le sigue el descenso,
interminable e indestructible     .

¡Escucha!      -

          ¡el agua cayendo!
             ¡Los perros y árboles
          conspiran para inventor
          un mundo- ido!

          ¡Guau, guau! ¡Guau, guau! Un
          auto que se aleja levanta la grava cuando
          acelera!

          ¡Cansado! le pauvre petit minister
           hizo todo lo que pudo, lloran,
          pero aunque sudó al máximo,
          ningún poeta ha venido     .

          ¡Guau, guau! ¡Guau, guau!

          Los perros ladraron con variaciones, los árboles
          acercaron los dedos a sus narices. Ningún
          poeta ha venido, ningún poeta ha venido.
          -pronto nadie queda en el parque sino
          amantes culposos y perros perdidos     .

                                                          ¡Sueltos!

         Solo, observando la luna de mayo debajo de los
         árboles     .

          El parque cierrra a las nueve. Deben
          salir del lago, vestirse, en
          sus autos y en marcha: se cambian por
          ropa de calle en los asientos traseros
          y salen de entre los árboles     .

          La “gran bestia” completamente eliminada
         antes de que caiga la noche, los grillos
         de alas negras y las hylas despiertan     .

Perdido estaba eso que Jim había encontrado en Marx y Veblen y Adam Smith y Darwin-el sonido digno de una enorme, serena  campana anunciando la mañana de una nueva era     .     .    en cambio, la lánguida queja de una puerta con las bisagras flojas.

          Faitoute, consciente de a ratos,
          se enciende de a ratos, finalmente lo rechaza
          y se va      .


          Que el poema,
          la roca y el templo más perfectos, las más altas
          cataratas, en nubes de diáfano rocío, sea
          tan combatido     .     que el poeta,
          en desgracia, deba prestarse de la erudición (para
          liberar la mente) : denigrándose ante el vocabulario
          (pidiendo prestado a aquellos a quienes odia, para su propia
          esclavitud)      .
          -sin contar sus fracasos     .
          tratando de inducir a sus huesos a meterse en escena,
          sus huesos secos, por encima de la escena, (no lo harán)
          iluminándola dentro de sí, fuera de sí
          formando colores, en términos de algún
          callejón oscuro, para que la historia huya
          de los proxenetas
          .      .      consumando la inevitable
          pobreza, la invisible, vapuleada, fecunda
          .     rebajada ciudad

          El amor no es consuelo, sino un clavo en la
          cabeza

          .      revertido en el espejo de su
           propia miseria, devaluado por el divorcio del saber,
          su basura en las cunetas, sus legisladores
          debajo de la basura, ignorantes, incapaces de
          instruirse a sí mismos      .

                         un boicot, una avulsión     :

          -flores arrancadas, copas de rey, amarillas y rojas,
          esparcidas por el sendero, cornejos en flor,
          los árboles desmembrados; sus mujeres
          superficiales; sus hombres negándose categóricamente-en el
          mejor de los casos     .

          El lenguaje     . ¡palabras
          sin estilo! cuyos eruditos (no hay ninguno)
          o pendientes, alrededor de las cuales
          el agua teje sus orillas revistiéndolos
         en una especie de laca espesa, acumulada
          bajo su corriente     .

                                     Atrapado (mentalmente)
          junto al agua mira hacia abajo, ¡escucha!
          Pero todavía no encuentra ni una sílaba en el confuso
          alboroto: perdiendo el sentido (aunque lo intenta)
          no aprendido pero escuchando, se estremece con la intensidad
          de su escucha     .

          Pensar en la corriente es lo que lo consuela,
          su aterradora caída, invitando al matrimonio-y
          a una estola de piel     .

William Carlos Williams (Rutherford, Estados Unidos, 1883-1963), Paterson, William Carlos Williams, New Directions, New York, 1963
versión © Silvia Camerotto

Foto: William Carlos Williams en Garret Mountain, Paterson, New Jersey, en 1957 (detalle). Foto de Eve Arnold / Isola di Rifiuti


Book Two
Sunday in the Park III

Look for the nul /defeats it all //the N of all /equations     . //that rock, the blank  /that holds them up //which pulled away- /the rock’s //their fall. Look /for the nul //that’s past all /seeing //the death of all /that’s past  //all being    . //But Spring shall come and flowers will bloom/and man must chatter of his doom   .    .    . //The descent beckons /as the ascent beckoned /Memory is a kind /of accomplishment /a sort of renewal /even /an initiation, since the spaces it opens are new /places //inhabited by hordes /heretofore unrealized, /of new kinds- /since their movements /are towards new objectives /(even though formerly they were abandoned) //No defeat is made up entirely of defeat-since /the world it opens is always a place /formerly /unsuspected. A /world lost, /a world unsuspected /beckons to new places /and no whiteness (lost) is so white as the memory /of whiteness   .    //With evening, love wakens /though its shadows /which are alive by reason /of the sun shining- /grow sleepy now and drop away /from desire   . //Love without shadows stirs now /beginning to waken /as night /advances. //The descent /made up of despairs /and without accomplishment /realizes a new awakening   : /which is reversal /of despair. //For what we cannot accomplish, what /is denied to love,  /what we have lost in the anticipation- /a descent follows /endless and indestructible    . //Listen! – //the pouring water! /The dogs and trees /conspire to invent /a world-gone! //Bow, wow! A /departing car scatters gravel as it /picks up speed! //Outworn! le pauvre petit minister /did his best, they cry, /but though he sweat for all his worth /no poet has come    . //Bow, wow! Bow, wow! //Variously the dogs barked, the trees  /stuck their fingers to their noses. No /poet has come, no poet has come. /–soon no one in the park but /guilty lovers and stray dogs     . //Unleashed!//Alone, /watching the May moon above the  /trees     . //At nine o’clock the park closes. You /must be out of the lake, dressed, in /your cars and going: they change into /their street clothes in the back seats /and move out among the trees     . //The “great beast” all removed /before the plunging night, the crickets’ /black wings and hylas wake     . //Missing was the thing Jim had found in Marx and Veblen and Adam Smith and Darwin–the dignified sound of a great, calm bell telling the morning of a new age     .     .      instead, the slow complaining of a door loos on its hinges. //Faitoute, conscious by moments, /rouses by moments, rejects him finally /and strolls off     . //That the poem, /the most perfect rock and temple, the highest /falls, in clouds of gauzy spray, should be /so rivaled     .     that the poet, /in disgrace, should borrow from erudition (to /unslave the mind): railing at the vocabulary   /(borrowing from those he hates, to his own /disfranchisement)     . /–discounting his failures     . /seeks to induce his bones to rise into a scene, /his dry bones, above the scene, (they will not) /illuminating it within itself, out of itself /to form the colors, in the terms of some /back street, so that the history may escape /the panders //.     .     accomplish the inevitable /poor, the invisible, thrashing, breeding /.      debased city //Love is no comforter, rather a nail in the  /skull //.     reversed in the mirror of its /own squalor, debased by the divorce from learning, /its garbage on the curbs, its legislators /under the garbage, uninstructed, incapable of /self instruction     . //a thwarting, an avulsion     : //–flowers uprooted, columbine, yellow and red, /strewn upon the path; dogwoods in full flower, /the trees dismembered; its women /shallow, its men steadfastly refusing–at /the best     . //The language     .     words /without style! whose scholars (there are none) /.    or dangling, about whom /the water weaves its strands encasing them /in a sort of thick lacquer, lodged /under its flow     . //Caught (in mind) /beside the water he looks down, listens! /But discovers, still, no syllable in the confused /uproar: missing the sense (though he tries) /untaught but listening, shakes with the intensity /of his listening     . //Only the thought of the stream comforts him, /its terrifying plunge, inviting marriage–and /a wreath of fur     .



miércoles, diciembre 23, 2015

Sylvia Plath / Últimas palabras










No quiero una caja simple, quiero un sarcófago
Con rayas atigradas, y una cara en él,
redonda como la luna, para contemplar.
Quiero estar mirándolos cuando vengan
Juntando los tontos minerales, las raíces.
Ya los veo -las caras pálidas, distantes como estrellas.
Ahora no son nada, no son ni siquiera bebés.
Los imagino sin padres ni madres, como los primeros dioses.
Se van a preguntar si fui importante.
¡Debería azucarar y conservar mis días como frutas!
Mi espejo se está nublando-
Unas pocas respiraciones, y no reflejará nada más.
Las flores y las caras se blanquean como una sábana.

No confío en el espíritu. Se escapa como vapor
En sueños, a través de la boca o del ojo. No puedo detenerlo.
Un día no volverá. Las cosas no son así.
Permanecen, sus pequeños brillos especiales
Tibios de tanto manoseo. Casi ronronean.
Cuando las plantas de mis pies se enfríen,
El ojo azul de mi turquesa me confortará.
Dejen que me lleve mis ollas de cobre, dejen que mis potes de rouge
Florezcan sobre mí como flores nocturnas, con buen aroma.
Me envolverán con vendas, guardarán mi corazón
Bajo mis pies en un prolijo paquete.
Difícilmente me reconoceré. Va a estar oscuro,
Y el brillo de estas pequeñas cosas, más dulce que la cara de Ishtar.

Sylvia Plath (Boston, Estados Unidos, 1932–Londres, 1963), The Collected Poems, HarperCollins, New York, 2008
Versión de Griselda García

Foto: Sylvia Plath en el Smith College de Massachusetts (detalle) © Smith College/Faber Books


Last Words

I do not want a plain box, I want a sarcophagus
With tigery stripes, and a face on it
Round as the moon, to stare up.
I want to be looking at them when they come
Picking among the dumb minerals, the roots.
I see them already--the pale, star-distance faces.
Now they are nothing, they are not even babies.
I imagine them without fathers or mothers, like the first gods.
They will wonder if I was important.
I should sugar and preserve my days like fruit!
My mirror is clouding over ---
A few more breaths, and it will reflect nothing at all.
The flowers and the faces whiten to a sheet.

I do not trust the spirit. It escapes like steam
In dreams, through mouth-hole or eye-hole. I can't stop it.
One day it won't come back. Things aren't like that.
They stay, their little particular lusters
Warmed by much handling. They almost purr.
When the soles of my feet grow cold,
The blue eye of my turquoise will comfort me.
Let me have my copper cooking pots, let my rouge pots
Bloom about me like night flowers, with a good smell.
They will roll me up in bandages, they will store my heart
Under my feet in a neat parcel.
I shall hardly know myself. It will be dark,
And the shine of these small things sweeter than the face of Ishtar.




martes, diciembre 22, 2015

Joshua Mehigan / El profesor









Llego temprano y encuentro una silla.
Estrujo la copa de vino de plástico. Asiento.
Como torpemente un pretzel
y apoyo una opinión que no comparto.
Pienso: Cualquier cosa que yo sea, lo seré en otra parte.
Después, escapo a través del patio
hacia el aire fresco, solo de nuevo, gracias a dios.
A nadie le preocupa. Y hacen bien en no preocuparse.
No puedo ir a casa. Hasta mi familia
me desprecia a conciencia.
Tengo mal aspecto. Soy exactamente como el aspecto que tengo.
Estos días no leí nada, pero nadie lo hace,
y, de todos modos, demostré cuán listo era.
Todo lo que sé procede de un libro.

Joshua Mehigan (Nueva York, 1969), Accepting the Disaster, Farrar, Straus & Giroux, Nueva York, 2014
Versión de Jonio González


The Professor

I get there early and I find a chair.
I squeeze my plastic cup of wine. I nod.
I maladroitly eat a pretzel rod
and second an opinion I don’t share.
I think: whatever else I am, I’m there.
Afterwards, I escape across the quad
into fresh air, alone again, thank god.
Nobody cares. They’re quite right not to
care.

I can’t go home. Even my family
is thoroughly contemptuous of me.
I look bad. I’m exactly how I look.
These days I never read, but no one does,
and, anyhow, I proved how smart I was.
Everything I know is from a book.


lunes, diciembre 21, 2015

José Ioskyn / Dos poemas










Una romana

No te quejes, Aulus
cuando hables a una romana
y ésta se quede en silencio:
no hay mayor placer
que dedicar palabras
encendidas
a una mujer
que permanece en su sitio
y no huye.
Eso muestra que lo disfruta
pero es pudorosa.

Si eso no enciende tu deseo
¿Qué lo hará?
¿Prefieres que te conteste
como un soldado?

Su silencio solo dice:
dame tus palabras
más y más
y, por favor
no te detengas.


El celta

Porque no pude llegar a ti
ni ser inmortal
guardé mi escudo para siempre
ahora voy por ahí
afeitado como un romano
pero sé que la barba y la mugre
van a ganar la guerra
y después de muerto voy a estar
como tenga que estar
o como Lugh, el dios de los celtas
lo disponga.

Lugh y yo somos el mismo
Birgit no puede ayudarme
estoy solo.

Dicen que en el sur
tras el océano
el dios Osir te hace inmortal
la suerte es de los egipcios
allí la muerte no llega.
Se seca, le ponen vendas
antes de que la diosa Isis
pudra su corazón.

José Ioskyn (La Plata, Argentina, 1962), Acerca de un imperio (publicará Del Dock en "La verdad se mueve")

Foto: José Ioskyn en FB



domingo, diciembre 20, 2015

Alicia Genovese / Dos poemas










Tormenta tropical

El ventilador de techo
gira ruidoso en medio
de la tormenta tropical;
cada relámpago lanza
una espada de luz
que se deshace contra la pared.

En la atropellada el viento
desestabiliza las aspas
barre la habitación desaforado
como el viraje
que te deja dando tumbos
frente a la crueldad fuera de cálculo.

Los containers se vuelcan
las raíces se destripan
la arboleda se dobla y aúlla;
el paisaje, esa belleza que te sembró
de horas absortas,
se desarma en sacudidas;
estalla en chaparrones
la pesadez del calor.

Pero el agua es la calma
el goterío
la serenidad de la constancia,
un torrente de bautizo
donde tendrás que morder
el grano de sal que te ha tocado

lluvia,
alegría perpendicular.



Objetivas azaleas

Las azaleas se reabren
silenciosas y salvajes.

La lluvia torrencial
no ha podido convencerlas
de lo adverso y lo definitivo.

Sus campánulas
bajo el sol tibio se despegan,
repatriadas a su forma.

Ya no hay desarmonía,
no hubo
devastación.

Alicia Genovese (Lomas de Zamora, Argentina, 1953)




La contingencia,
Gog y Magog,
Buenos Airs, 2015











sábado, diciembre 19, 2015

Carina Sedevich / El sol se aleja como un globo de helio










(Fragmento)

2


Bebé:

El sol se aleja como un globo de helio.

Siempre es de día en el invierno.
La luz es dura, vertical, probada,
como la herida de un puñal.

También son fuertes tus encías
aunque sean rosadas, todavía.

*

Bebé, esta mujer cruza la plaza
con una taza vieja en la cartera.
Piensa en usarla para alimentarte.

*

Bebé, esta mujer escribe
sentada a la vera de tu cuna
mientras la vida no deja de escurrirse.

Se acerca a la ventana
donde sólo ve techos y palomas
y piensa que eso es todo.

Y es bastante.

Carina Sedevich (Santa Fe, Argentina, 1972), Un cardo ruso, inédito

Foto: Cariña Sedevich en FB



viernes, diciembre 18, 2015

Juan Carlos Moisés / El poeta difunto A. G. (Partitura nro. 1 de J. S. B.)









En un suplemento cultural de 1991,
rescatado de una pila de cajas con diarios
que esperaban ser descartados, leo una nota
sobre la muerte de un escritor argentino
cuya poesía no había vuelto a visitar
generosamente desde entonces. Una
especie de cámara de vacío se crea alrededor,
en dor¬mit¬orios, pasillo, living, comedor,
mientras accedo al poema que acompaña
al artículo como flores en un velatorio.

Por la puerta entreabierta de la cocina
veo a mi mujer con manos de tostar el pan.
Del aparador baja un frasco de dulce
de damascos que esas mismas manos
cocinaron en el último verano. Los hijos
llenan los tazones de leche hasta el borde,
revuelven; es inevitable lo que rebalsa.
Preparo el mate, chupo y tiro en la pileta
el agua apenas tibia de los primeros sorbos.
El chorro de la canilla lava el fondo
verdoso del acero inoxidable de la bacha,
y cuando escurre veo duplicarse en el fondo
la imagen de una cara fotogénica que me
sorprende pero que no me resulta extraña.
Sin entrar en detalles ni presentación
—porque no hace falta—, el poeta difunto,
por ahora en silencio, se sienta a la mesa,
como si hubiera sido llamado especialmente
para degustar los distintos sabores ofrecidos.
J. S. B. no ha llegado ni sabemos si llegará,
pero su música, invocada en el poema,
no falla a la cita doble. El poeta difunto
golpetea con cuchillo y cucharita de té
sobre tazas, vasos, platitos, para sacarle
a la improvisación sonidos de la partitura.
Trescientos años después reinterpreta a su
modo la composición. Lo hace por contagio
y pide que no lo juzguemos por ese “juego”.
Lo hablamos con la boca llena, lo hacemos
tema de conversación; de a una las palabras
se encarrilan solas, verosímiles, como la lengua
familiar. Los hijos ríen por alguna ocurrencia
anterior y vuelven de ese lugar que ignoro
para estar, también, en dos lugares a la vez,
que ellos saben hacer sin excusas ni simulación.

En voz baja el poeta se trenza en una rencilla
personal con la experiencia. Y aunque eso de
quien habla no está muerto lo podemos dar
por cierto, le digo que a veces nuestro hablar
patina en burbujas de escarcha y las palabras
en el papel comienzan a tener una cadencia
enrarecida por el rigor excesivo de la forma.
—¿Hay algo más tentador que una lapicera
en reposo o una boca cerrada?
—A eso lo podemos llamar “salirse de la
vaina”, y es trabajo para los sentidos.
—Sí, hasta que una minucia o un descuido
dispara la primera flecha errática al blanco.
—De pronto su poema me hace pensar
en las planchas de hielo que vimos en junio,
desprendidas, golpeándose por el oleaje
del Musters. Dalmacio González nos había
dicho una vez que en las mañanas soleadas
de invierno esa visión era música para los oídos
recordando los años jóvenes cuando trabajaba
de puestero en un campo lindero con el lago;
y basta decirlo para que vuelvan a tener
existencia aquellos sonidos inconfundibles.
—Las cosas deben estar en la mente y la mente
en las cosas para que eso que tiene que ser sea.
—Usted quiere decir que la poesía no es antes
de ser, como le pasó a su poema antes de
haberse encontrado a solas con esa música.
—Con todo, algo o nada, hay que machacar
cada vez sobre lo mismo, hacer del poema
poesía. ¿Se puede entenderlo de otro modo?
—Además de todo, algo o nada, su escritura
se puede leer como una ideología de la forma.
—Ideas sí, como prefiera, atadas a las palabras.
Pero no pase por alto la forma de la acción,
como hace un boxeador en defensa y en ataque.
—Una mente haciendo guantes con las ideas.
—También, otra posibilidad no menos valedera
(quiero decir valiente), podría ser: Ideas no.
—A ver: ¿También ideas no sin los hechos?
—En poesía los hechos no existen sin las
palabras. Sólo puedo proponerme obrar
con el poema. Es una regla, una ley de uso
que no me previene de nada, sólo me vuelve
una persona más curiosa, inmiscuida, tirando
del hilo hasta que el hilo… se corta o no.
Ahora le pido que me hable de nuevo de los
sonidos musicales que oían en el lago helado,
el agua pujando desde abajo. Quiero saber
lo que resulta, en mi percepción de su relato,
de esas planchas laminadas cuando al romperse
friccionan, rozan, se arrugan, dan rienda suelta
a notas como las que reconocí tan cercanas
al sentido de las palabras en la “Partitura n° 1
de J. S. B.”, que motivó la escritura del poema.

No sé si lo que hablamos es o no es ajeno
a la masa horneada de lo que resta
del bizcochuelo con pasas y manzanas
cortadas del árbol asomado a la ventana
del que dientes, lengua y paladar han
dado cuenta. En el mantel sólo quedan
migas, partes desprendidas del todo
que pronto volverán a reunirse en el fondo
de la bolsa de residuos. Me parece irreal
que se pudiera sentir la tensión en el cuerpo,
mientras el momento se prolonga como una
tecla pulsada al azar. Es que no esperábamos
este encuentro de nombres que sabemos
dispersos, distantes, hasta que un hecho fortuito
y un recuerdo triste y particular los reúne.

Llega la hora de levantar la mesa, lavar
la vajilla, sacudir el mantel en el patio de atrás,
y como si nada hubiera pasado en el día
ir cada uno a lo suyo porque la vida,
como la conocemos, pide seguir.

Juan Carlos Moisés (Sarmiento, Chubut, Argentina, 1954), El jugador de fútbol, La Carta de Oliver, Buenos Aires, 2015




jueves, diciembre 17, 2015

Alberto Girri / Cuál









Cúal
con certeza
es
la palabra sacrificial,
o sea la que enriquece,
cuál
la cósmica, inicial y final,
cuál
la enterrada, presa,
codiciado veneno de las lenguas,
cuál
la que es fórmula,
no se nos revela
al absorberlas
y decantarlas
pasando como por cribas
sus asociaciones, el vario
rumor de sus desarrollos,
energías y límites.

Nunca conseguiríamos
llegar a la médula,
atrapar
qué significó, exactamente,
Dante con amor,
qué quiso Sócrates con areté.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), Poesía argentina contemporánea - 50° Aniversario, compilado por Lidia Vinciguerra, Antonio Requeni, Fernando Sánchez Zinny, Fundación Argentina para la Poesía, Buenos Aires, 2015




miércoles, diciembre 16, 2015

Leopold Staff / Cimientos









Construí sobre la arena
y se vino abajo;
construí sobre una roca
y se vino abajo.
Ahora, cuando construya, empezaré
por el humo de la chimenea.

Leopold Staff (Leópolis, Ucrania, 1878- Skarzysko-Kamienna, Polonia, 1957), Post-War Polish Poetry, estudio y traducción del polaco al inglés por Czeslaw Milosz, University of California Press, Berkeley, 1983
Versión al castellano, Jonio González



martes, diciembre 15, 2015

Beatriz Vignoli / Pampa al sur









Mar y Leviatán,
sos adonde voy.

Quiero arribar a tu aeropuerto desierto
en plena madrugada.

Hace frío en tus ojos de champagne gastado,
hace frío en tu voz de larga distancia.

Detrás de la línea de fortines
se extiende el horizonte como un tajo sin causa
abierto de lado a lado por algún animal
al que sin embargo acariciamos.

En una foto estás de pie en el fin del mundo,
todo el blanco de un lado: la nada y su esplendor.
En otra reconocí de un sueño aquellos riscos,
esa luz de arrabal. Ese espacio vacío
donde debería estar la otra vereda.
Ahí, en esas cornisas estuviste
habitando por fin el horizonte
en un día sin miedo.

Todo lo que dijiste entonces te persigue.
Te persigue la luz de aquella inmensidad.
El dios del sol te persigue, laurel frío.

Te persigue este rengo:
sos mi otro pie.

Beatriz Vignoli (Rosario, 1969), Lo gris en el canto de las hojas, Baltasara Editora, Rosario, 2015



lunes, diciembre 14, 2015

John Gould Fletcher / Blake









Blake vio
Ángeles en una calle de Londres;
A Dios Padre en una colina,
Cristo delante de la puerta de una taberna.
Blake vio
Todas esas formas, y más.

Blake supo
Que otros hombres no veían como él;
De modo que intentó dar su visión
A ese mendigo, el mundo.
“Estás loco”
Fue cuanto dijo el ciego mundo.

Blake murió
Entonando canciones de alabanza a Dios.
“No son míos”, dijo a su esposa,
“Puedo alabarlos, no son míos.”
Después murió. Y el mundo lo llamó el divino Blake.

John Gould Fletcher (Little Rock, Estados Unidos, 1886-1950 ),“The Black Rock” en Glenn Hughes, Imagism and Imagists: A Study in Modern Poetry, Biblo and Tannen, Nueva York, 1972
Versión de Jonio González


BLAKE saw
Angels in a London street;
God the Father on a hill,
Christ before a tavern door.
Blake saw
All these shapes, and more.
Blake knew
Other men saw not as he;
So he tried to give his sight
To that beggarman, the world.
"You are mad,"
Was all the blind world said.
Blake died
Singing songs of praise to God.
"They are not mine," he told his wife,
"I may praise them, they are not mine."
Then he died. And the world called Blake divine.



domingo, diciembre 13, 2015

Osip Mandelstam / Todavía no estás muerto











Todavía no estás muerto. Todavía no estás solo.
Con tu amiga la mendiga
gozas de la grandeza de las llanuras,
de la niebla, del frío y de la nevada.

Vive tranquilo y consolado
en la pobreza opulenta, en la miseria poderosa.
Son benditos los días y las noches
y es inocente la fatiga dulce y sonora.

Infeliz aquel que, como su sombra,
teme el ladrido y maldice al viento.
Y miserable aquel que, medio muerto,
pide limosna a su propia sombra.

15 - 16 de enero de 1937

Osip Mandelstam (Varsovia, 1891-Vladivostok, Rusia, 1938), Cuadernos de Voronezh, Igitur, Montblanc, 1999
Traducción directa del ruso de Jesús García Gabaldón
Envío de Jonio González




sábado, diciembre 12, 2015

Tiffany Atkinson / Chico con paraguas rojo










y ustedes dos inclinados
contra de esa luz. Tu reposera
moviéndose en un círculo de zapatos: ellos
te abandonaron en tu antesala de sombra,
tu hermana con sus cosas de nena, acomoda su snorkel
en silencio, tus terribles padres
de la mano. Según la longitud de tus extremidades
no eres más un hombre que una orquídea.
Más allá de ti los cruceros pasan a toda velocidad y
se detienen, el verde mar se espesa y brilla,
las mujeres se aceitan y se desparraman.
Todavía no ha ocurrido nada. Tal vez
nada ocurrirá. Tú observas anonadado las colinas
con una palma apoyada sobre la arena, como si
la tierra pudiera elevar su latido para decir
que está llegando, sí, ahora, sea lo que sea.

                                          Traducción de Silvia Camerotto


Tiffany Atkinson (Berlín, 1972), "So many moving parts" (2014), La rabdomante, traducciones de Inés Garland y Silvia Camerroto, CONACULTA-Cooperativa La Joplin, Ciudad de México, 2015



Boy with Red Umbrella

and both of you askew
against such light. Your sunbed
drifts in a hoop of shoes: they’ve
left you to your anteroom of shade,
your rose-pink sister fitting her snorkelmask
dumbly, your terrible parents
hand in hand. For the length of your limbs
you’re no more a man than an orchid.
Beyond you the pleasure boats zip and
stall, the green sea thickens and glitters,
women oil and spread themselves.
Nothing has happened yet. Nothing may
ever. You gaze out stunned at the hills
with one palm pressed to the sand, as if
the earth might raise its pulse to say
it’s coming, yes, it’s now, whatever it is.










viernes, diciembre 11, 2015

T. E. Hulme / Cuatro poemas










Otoño

Una pizca de frío en la noche otoñal;
yo iba caminando
y vi la luna rojiza inclinarse sobre un seto
como el rostro rubicundo de un granjero.
No me detuve para hablar, pero asentí con la cabeza,
y alrededor melancólicas estrellas
con el rostro blanco como niños de ciudad.


Imágenes

Yazgo solo en el pequeño valle, en el calor del mediodía,
en el reino de sonidos amortiguados.
El aire caliente susurra con lascivia.
Los signos de las alondras como el sonido de distantes
inalcanzables arroyos.


El ocaso

Una corifeo, codiciosa de aplausos,
poco dispuesta a abandonar la escena,
en una última diablura alza un dedo del pie,
despliega una lencería escarlata de nubes púrpuras
a pesar de los murmullos hostiles en la sillería.


Por encima del muelle

Por encima del callado muelle a medianoche,
enredada en las cuerdas en lo más alto del mástil,
cuelga la luna. Qué distante parece
lo que sólo es un globo que un niño olvidó después de jugar.


T. E. Hulme (Endon, Gran Bretaña, 1883-Oostduinkerke, cerca de Nieuwpoort, Bélgica, 1917), The Collected Writings of T.E. Hulme, ed. Karen Csengeri, Clarendon Press, Oxford 1994
Versiones de Jonio González

Noticia: Maestro de Ezra Pound, T.S. Eliot y Wyndham Lewis,T.E. Hulme fue ideólogo del imagismo, cuyo manifiesto formuló, y de una influencia decisiva en el ambiente vanguardista de las primeras décadas del siglo pasado, a pesar de los pocos poemas que llegó a escribir. Hulme murió a los 34 años, durante la Primera Guerra Mundial. (N. del E.)



AUTUMN

A touch of cold in the Autumn night— 
I walked abroad, 
And saw the ruddy moon lean over a hedge 
Like a red-faced farmer. 
I did not stop to speak, but nodded, 
And round about were the wistful stars 
With white faces like town children.


IMAGES

I lie alone in the little valley, in the noon heat
In the kingdom of little sounds.
The hot air whispers lasciviously.
The larks sings like the sound of distant
Unattainable brooks.


THE SUNSET

A coryphée, covetous of applause,
Loth to leave the stage,
With final diablerie, poises high her toe,
Displays scarlet lingerie of carmin’d clouds,
Amid the hostile murmurs of the stalls.


ABOVE THE DOCK

Above the quiet dock in mid night,
Tangled in the tall mast’s corded height,
Hangs the moon. What seemed so far away
Is but a child’s balloon, forgotten after play.





jueves, diciembre 10, 2015

Odysseas Elytis / Bebiendo sol de Corinto









Bebiendo sol de Corinto,
leyendo los mármoles,
correteando por mares de viñedos,
apuntando con el tridente
a un pez que se me escapa,
encontré las hojas que memoriza el salmo del sol
y la tierra que la pasión goza
en abrir.

Bebo agua. Cojo una fruta.
Meto la mano en el follaje de los aires.
Los limoneros esparcen el polen del buen tiempo.
Los verdes pájaros rasgan mis ensoñaciones.

Parto con una ojeada,
una ojeada inmensa donde el mundo se rehace,
bello desde el principio, a la medida del corazón.

Odysseas Elytis (Heraclión, Grecia, 1911-Atenas, 1996), Prometeo, nº 133, Madrid, 1 de abril de 2009
Traducción de Juan Ruiz de Torres
Envío de Jonio González




miércoles, diciembre 09, 2015

Soledad Castresana / Dos poemas










El vértigo

La noche ha construido un equilibrio simple. Cualquier mínimo
cambio en el ritmo del aire o de la sangre retumba en el orden
de las cosas.
Abro los ojos, cae una piedra.


No es un juego

Es como si cada pulso de la materia hubiera encontrado su sonido,
la cuerda única que vibra con la sombra del aire.
Es la madera que cruje, me decían cuando era hija. Pero ahora sé que
hay más entre el ruido y lo que escucho. Me aferro a este trance. Ya no
voy a dormir hasta encontrar las correspondencias.


Soledad Castresana (General Pico, Argentina, 1979)




Contra la locura,
El Ángel Editor,
Quito, 2015







Foto: Soledad Castresana en FB






martes, diciembre 08, 2015

Walt Whitman / Cruzando en el ferry de Brooklyn









No sólo sobre vos caen las manchas oscuras,
la oscuridad dejó caer sus manchas también sobre mí,
lo mejor que había hecho me pareció vacío y sospechoso,
lo que creí mis grandes pensamientos, ¿no eran en realidad muy pobres?
no sos el único que sabe lo que es ser malo,
soy yo el que supo lo que era ser malo,
yo también tejí el viejo nudo de la contrariedad,
balbuceé, me ruboricé, me molesté, mentí, robé, envidié,
tuve astucia, furia, lujuria, deseos ardientes que no me atreví a expresar,
fui caprichoso, vanidoso, glotón, superficial, ladino, cobarde, maligno,
el lobo, la serpiente, el cerdo, no faltaron en mí.
La mirada tramposa, la palabra frívola, el deseo adúltero, no me faltaron.

Rechazos, odios, aplazamientos, maldad, pereza, nada de esto me faltó,
fui uno con el resto, los días y los sucesos del resto,
fui llamado por mi apodo más íntimo por las voces fuertes y claras de hombres jóvenes,
cuando me veían llegar o pasar,
sentí sus brazos en mi cuello al pararme, o el contacto negligente de su carne contra mí al sentarme,
vi a muchos de los que amé en la calle o en el ferry o en las asambleas públicas, pero nunca les dije        una palabra,
viví la misma vida con el resto, la misma vieja risa, mordisqueo, sueño,
representé el papel que aún recuerda el actor o actriz,
el mismo viejo rol, el rol que es lo que hacemos, tan grande como nos guste,
o tan pequeño como nos guste, o grande y pequeño a la vez.

Walt Whitman (West Hills, Estados Unidos, 1819 – Camden, Estados Unidos, 1892), Leaves of Grass, 1867
Traducción de Griselda García





It is not upon you alone the dark patches fall, 
The dark threw its patches down upon me also, 
The best I had done seem'd to me blank and suspicious, 
My great thoughts as I supposed them, were they not in reality meagre? 
Nor is it you alone who know what it is to be evil; 
I am he who knew what it was to be evil, 
I too knitted the old knot of contrariety, 
Blabb'd, blush'd, resented, lied, stole, grudg'd, 
Had guile, anger, lust, hot wishes I dared not speak, 
Was wayward, vain, greedy, shallow, sly, cowardly, malignant, 
The wolf, the snake, the hog, not wanting in me. 
The cheating look, the frivolous word, the adulterous wish, not wanting, 

Refusals, hates, postponements, meanness, laziness, none of these wanting, 
Was one with the rest, the days and haps of the rest, 
Was call'd by my nighest name by clear loud voices of young men as 
they saw me approaching or passing, 
Felt their arms on my neck as I stood, or the negligent leaning of 
 their flesh against me as I sat, 
Saw many I loved in the street or ferry-boat or public assembly, yet 
 never told them a word, 
Lived the same life with the rest, the same old laughing, gnawing, sleeping, 
Play'd the part that still looks back on the actor or actress, 
The same old role, the role that is what we make it, as great as we like, 
Or as small as we like, or both great and small.
 
  Poetry Foundation





lunes, diciembre 07, 2015

Robinson Jeffers / Pinos de la montaña













En desdeñosa soledad vertical se yerguen,
sin considerarse emparentados de alguna forma
ni en el cielo ni en la tierra. Sus nudosas raíces se aferran
como los agotados dedos de una mano en garras
a  la roca lúgubre. Una  silenciosa banda espectral
observa el viejo cielo, pero no comparte
nada. Sólo, cuando el ala de algún águila solitaria
se agita al pasar por sobre su tierra gris y desolada,
o cuando el viento resuella en un áspero  valle,
inclinándolos como si estuvieran en edad avanzada,
o cuando, entre las nubes que se deslizan sin opacar
su luz constante, la luna brilla plateada, entonces
ellos encuentran un alma, y su lamento tenue es forjado

en un canto triste y hermoso.

Robinson Jeffers (Pittsburgh, Estados Unidos, 1887- Carmel, Estados Unidos, 1962), The Selected Poetry of Robinson Jeffers, Stanford University Press, 2002
Versión: Marina Kohon

Dibujo de David Levine/The New York Review of Books


Mountain  Pines

In scornful upright loneliness they stand,
     Counting themselves no kin of anything
     Whether of earth or sky. Their gnarled roots cling
Like wasted fingers of a clutching hand
In the grim rock. A silent spectral band
     They watch the old sky, but hold no communing
     With aught. Only, when some lone eagle’s wing
Flaps past above their grey and desolate land,
Or when the wind pants up a rough-hewn glen, 
     Bending them down as with an age of thought,
     Or when, ‘mid flying clouds that can not dull
Her constant light, the moon shines silver, then
     They find a soul, and their dim moan is wrought
     Into a singing sad and beautiful. 



domingo, diciembre 06, 2015

Sebastián Morfes / Compañero humo









Antes de que Mark Chapman subrayase
un párrafo cualquiera del cazador
en el centeno, libro que fue
su acompañante terapéutico
en esas las largas madrugadas
Ana Sexton en el garage
aceleraba su auto.
Era la previa a la celada del yo.
En un país vasto y verde
donde los mitos rompían
la tierra y donde los géneros
eran miniaturas
como la naturaleza
como sobrevivir;
antes de que el terror tenga medida
Ana Sexton en el garage
aceleraba su auto.
Era la previa a la celada del yo.
Las yemas de los dedos escribían
ideogramas descuidados en las repisas
vacías, no brillaba un adorno
ni sus detalles de oro
y antes de que rompiera ese vacío
una flamante botella
con forma de caramañola
Ana Sexton en el garage
aceleraba su auto.
Era la previa a la celada del yo.

(La bruma dulce que envuelve los poemas privados que no
encuentran remate)

Sebastián Morfes (Bahía Blanca, Argentina, 1976)


Pañuelo de perro,
Caleta Olivia Ediciones,
Buenos Aires, 2015










Foto: Sebastián Morfes en Boyitas

sábado, diciembre 05, 2015

Carlos Dariel / Entramado









     Uno es uno con otros; sólo no es nadie.
     Antonio Porchia.

el humo
después de qué fragua
o consecuencia
se torna más
o menos cercano
vertical
oblicuo
y  obliga a lagrimear al ojo

en manos de qué vientos
o distancias
deja la lluvia
la dirección que tome
su cuerpo errátil
a modo de mano tendida a tientas

a riesgo de qué desmedro
se vocifera una pregunta
hasta amarla

¿serán también
la lluvia
el humo
la palabra
          como la ignorancia
el material del que estamos hechos?

entonces sí
el ojo
la mano inclinada
el estiramiento de la voz
sospechosos todos de contingencia
se nos vuelvan necesarios

Carlos Dariel (Buenos Aires, 1956), Donde la sed, Macedonia Ediciones, Argentina, 2010
Foto: Carlos Dariel en FB



viernes, diciembre 04, 2015

Roberto Appratto / Dos poemas









QUÉ LUGAR LE CORRESPONDE AL ARTE
en todo esto. Cómo sirve para señalar un detalle,
cuando no se sabe qué hacer con las manos
y el tiempo pasa. Qué es el olvido del detalle
y su recuperación en circunstancias difíciles,
donde todo se juega. Y qué es lo que se juega,
podría preguntar.
Si suena cuando cae o se desplaza
a la misma velocidad del pensamiento
en qué queda el arte, como contribuye a la expresión
de todo esto.


***

LA IDEA PARTICULAR DE QUIÉN ES UNO Y QUIÉN HA SIDO UNO
es una cuerda que vibra bajo los pies a varios metros de altura.
A medida que piensa en esa imagen, más alto del suelo
parece que estuviera, es una cuerda a la luz de cuya vibración
aparece la historia personal, cada vez más personal.
Cómo darse vuelta para ver la calle en ese instante,
cómo sonaba varios años atrás:
la prolongación de la sombra de una lámpara, la prolongación
de la sombra del pensamiento a la luz que se proyecta
sobre lo que se escribe, sin parar.

Roberto Appratto (Montevideo, 1950), Sin palabras, Yaugurú, Montevideo, 2014
Envío de Jorge Fondebrider

Foto: Appratto por Santiago Mazzarovich / La Diaria


jueves, diciembre 03, 2015

Charles Simic / Nota deslizada por debajo de una puerta









Vi una ventana alta cegada
por el último sol de la tarde.

Vi una toalla
con muchas huellas oscuras de dedos
colgando en la cocina.

Vi un viejo manzano
con un chal de viento sobre los hombros
avanzando lentamente por su solitario camino
hacia las áridas colinas.

Vi una cama deshecha
y sentí el frío de sus sábanas.

Vi una mosca atrapada en la brea
de la noche cercana
mirándome porque no podía escapar.

Vi piedras que habían venido
tras recorrer una gran distancia púrpura
amontonadas ante la puerta de entrada.

Charles Simic (Belgrado, 1938), Classic Ballroom Dances, George Braziller Publishers, Nueva York, 1980
Versión de Jonio González


NOTE SLIPPED UNDER A DOOR 

I saw a high window struck blind
By the late afternoon sunlight.

I saw a towel
With many dark fingerprints
Hanging in the kitchen.

I saw an old apple tree,
A shawl of wind over its shoulders,
Inch its lonely way
Toward the barren hills.

I saw an unmade bed
And felt the cold of its sheets.

I saw a fly soaked in pitch
Of the coming night
Watching me because it couldn’t get out.

I saw stones that had come
From a great purple distance
Huddle around the front door 

miércoles, diciembre 02, 2015

José Villa / Dos poemas










La heladera

Supe de la heladera cuando
vi esos trazos azules,
esos tramos de violetas
entre paredes rojilíneas

Había entusiasmo en el patio
aunque un aburrimiento atávico
se desplazaba fosforescente
como culebra

Pero bueno,
esas cosas debí guardar para otra vez:
cuando llegué a esta silla para contarles esto:
un marco de silencio dentro de una
colina arremolinada
y dentro de ella una palma de cobre
que recorre el mapa


Ladrillo

Vibrato del agua, pudo haber sido tu cabeza
que asomaba en la loma del puente, saliendo de atrás de
la pared,

y encima y con el rostro a este sol con dijes de acaso,
portezuela y durmientes

La llama se comía un rombo de hule
Anillaban las nubes el final

José Villa (Martín Coronado, Argentina, 1966), vía De lo que no aparece en las encuestas



Escombro,
Club Hem,
La Plata, 2015












martes, diciembre 01, 2015

Elena Anníbali / Algunos mueren como los conejos










I

algunos mueren como los conejos
mirando la luz
de su propio exterminio

no esperan tomando la sopa fría
su pastilla del corazón
oliendo la propia
sostenida
corrupción de la carne

amanece y alguien entra
al cuarto oscuro, el televisor
alumbra los ojos vacíos
como los de la muñeca
en el estante

afuera
el árbol se mueve un poco
y más atrás los autos

después
la vida de siempre
como siempre

Elena Anníbali (Oncativo, Argentina, 1978)



La casa de la niebla,
Ediciones del Dock,
Buenos Aires, 2015










lunes, noviembre 30, 2015

Walt Whitman / Los durmientes, 6









Ahora, lo que mi madre me contó un día mientras cenábamos juntos,
De cuando ya era casi una chica grande viviendo con sus padres en la vieja granja.
Una india fue un día a la hora del desayuno a la vieja granja,

En la espalda llevaba un atado de juncos para hacer asientos de sillas,
Su pelo, lacio, brillante, grueso, negro, abundante, a medias envolvía su cara,
Su paso era libre y elástico, y su voz sonaba exquisita cuando hablaba.

Mi madre miraba con deleite y asombro a la extraña,
Miraba la frescura de su cara altiva y sus rellenos y flexibles miembros,
Cuanto más la miraba más la amaba,
Nunca antes había visto tan maravillosa hermosura y pureza,
La hizo sentarse en un banco junto a la jamba de la chimenea, cocinó para ella,
No tenía trabajo para darle, pero le dio su homenaje y su cariño.

La india se quedó toda la mañana y hacia la mitad de la tarde se fue,
Oh, mi madre no quería que ella se fuera,
Toda la semana pensó en ella, la esperó muchos meses,
La recordó durante muchos inviernos y muchos veranos,

Pero la india nunca regresó ni volvió a oírse de ella.

Walt Whitman (West Hills, Estados Unidos, 1819 - Camden, Estados Unidos, 1892), Leaves of Grass, 1891-1892, The Walt Whitman Archive
Traducción: Griselda García



The sleepers


6
Now what my mother told me one day as we sat at dinner together,
Of when she was a nearly grown girl living home with her parents on the old homestead.
A red squaw came one breakfast-time to the old homestead.

On her back she carried a bundle of rushes for rush-bottoming chairs,
Her hair, straight, shiny, coarse, black, profuse, half-envelop'd her face,
Her step was free and elastic, and her voice sounded exquisitely as she spoke.

My mother look'd in delight and amazement at the stranger,
She look'd at the freshness of her tall-borne face and full and pliant limbs,
The more she look'd upon her she loved her,
Never before had she seen such wonderful beauty and purity,
She made her sit on a bench by the jamb of the fireplace, she cook'd food for her,
She had no work to give her, but she gave her remembrance and fondness.

The red squaw staid all the forenoon, and toward the middle of the afternoon she went away,
O my mother was loth to have her go away,
All the week she thought of her, she watch'd for her many a month,
She remember'd her many a winter and many a summer,
But the red squaw never came nor was heard of there again.



domingo, noviembre 29, 2015

John Ashbery / Un poema del desasosiego









Los hombres comprenden a su debido tiempo el río de la vida,
deconstruyéndolo  a medida que se ensancha y sus ciudades se vuelven
oscuras y más densas, siempre más lejanas.

Y, por supuesto, esa remota densidad  nos
sienta bien, como corderos y tréboles lo harían
si las cosas hubieran sido construidas para ordenarse de otro modo.

Pero como no me entiendo a mí mismo, sino solo segmentos
de mí mismo que no se entienden entre sí, no hay
razón para que usted quiera, de ninguna manera podría

incluso si los dos lo quisiéramos. ¿Siquiera existen esas torres?
Debemos verlo de ese modo, siguiendo esas líneas
para que el pensamiento se eleve, como almenas de madera terciada.

John Ashbery (Rochester, Estados Unidos, 1927), "Can You Hear, Bird", 1995; Notes from the Air, Selected Later Poems, Harper Collins Publishers, New York, 2007
Versión de Silvia Camerotto De Sibilas y Pitias



A Poem of Unrest

Men duly understand the river of life,
misconstructing it, as it widens and its cities grow
dark and denser, always farther away.

And of course that remote denseness suits
us, as lambs and clover might have
if things had been built to order differently.

But since I don’t unsderstand myself, only segments
of myself that mistunderstand each other, there’s no
reason for you to want to, no way you could

even if we both wanted it. Do those towers even exist?
We must look at it that way, along those lines
so the thought can erect itself, like plywood battlements.

sábado, noviembre 28, 2015

Philippe Soupault / Hacia la noche









Es tarde
en la sombra y en el viento
un grito asciende con la noche
No espero a nadie
a nadie
ni siquiera a un recuerdo
Hace ya tiempo que pasó la hora
pero ese grito que lleva el viento
y empuja hacia adelante
viene de un lugar que está más allá
por encima del sueño
No espero a nadie
pero aquí está la noche
coronada por el fuego
de los ojos de todos los muertos
silenciosos
Y todo lo que debía desaparecer
todo lo perdido
hay que volver a encontrarlo
por encima del sueño
hacia la noche.

                                                              Poésies complètes


Philippe Soupault (Chaville, Francia, 1897-París, 1990), Antología de la poesía surrealista, Editorial Argonauta, Buenos Aires, 2006 (primera edición, Fabril Editora, Buenos Aires, 1961), selección y traducción de Aldo Pellegrini
Elegido por Jonio González



viernes, noviembre 27, 2015

Lucio Madariaga / Silencio y después











La mujer del vestíbulo en la calle
del ruido
          ríe
desafiante
          confiándose a la noche
como si poco importara el dolor

¡Ay si supiera!

Lo que suele tener ese aroma
dulce
    a tanta vida


Una fracción de segundo arrítmica
inmensa y solitaria
es todo lo que nos hace falta
para comenzar
de nuevo.

Hay algo desgarrador en el silencio:

me resulta auténtico.

Lucio L. Madariaga (Buenos Aires, 1985)





Materia oscura,
La Pulga Renga,
Rosario, 2015









Foto: Lucio Madariaga en FB

jueves, noviembre 26, 2015

Gabriela Kízer / En una vida









En una vida
deben escribirse pocos poemas de amor.
Sólo cuando el corazón anuncia algún presentimiento difícil,
cuando ya no sabemos si en medio de un mal sueño
seremos despertados por un beso
o pasaremos de largo hacia un sueño peor,
sólo ante un minuto que oscila
es dado escribir algo breve y conciso,
que no salga muy fácil.
Por lo demás
sólo rezamos cuando creemos que estamos a punto de morir,
pero creer ya es algo.

Gabriela Kízer, (Caracas, 1964), Guayabo, Ediciones Arte Dos Gráfico/Ediciones Esta Tierra de Gracia, Bogotá, 2002
Envío de Jonio González



miércoles, noviembre 25, 2015

Yamil Dora / mi abuelo vivía en Homs











34

mi abuelo vivía en Homs
Siria
cinco litros de sangre vinieron en barco
vengo de ahí
de las calles de Homs que caminaban
mi abuelo
mi abuela
nunca me sentí menos que otro hombre
ni más que otro hombre
siempre me sentí menos que un niño
un hombre que muere en Homs
puedo ser yo
un niño que muere
mi hijo
un anciano
mi abuelo
de Homs a Casilda
hay mucho que andar
mi abuelo
se llamaba Wasfi
mi mamá me puso Yamil
para que no me olvide
para que todos sepan
del lugar donde vengo

Yamil Dora (Casilda, Argentina, 1971)




Un hombre encima del mar,
Ediciones Del Dock,
Buenos Aires, 2015










martes, noviembre 24, 2015

Laura López Morales / Dos poemas










Mi madre
toda ella se fue del guadal un día

de la escasez dice

para que yo
con idéntica escasez
viva entre los árboles.




Anotan los días del agua
y los días del trueno
pero no ven los caballos
en las laderas del sur

cuando la noche entra en los corrales
de nada sirve contar las faltas

las desperdigadas minucias

todo está aquí
junto al caliente asedio del miedo.

Laura López Morales (Villa Dolores, Argentina, 1976)



Las desperdigadas minucias,
Barnacle,
Buenos Aires, 2015










lunes, noviembre 23, 2015

Luis María Sobrón / No busques el verbo









No busques el verbo
de los encantamientos
y tampoco a tigres
fugados del bestiario.
Compara el cielo con el mar
y admira los pródigos trigales;
llora por las brasas de los justos
en el fulgor de la hoguera.
Llama las cosas por sus nombres
como a los girasoles,
soles del campo,
como a Judas,
hipócrita elegido,
como a la esperanza,
loba que no llora,
como a los dioses ebrios,
paganos traidores.
Descansa del jadeo,
para que el mensaje de las aves
rememore la luminosidad del universo,
y evoque el recuerdo
despojado de terror y espanto.

Luis María Sobrón (Nogoyá, Argentina, 1931-Mar del Plata, Argentina, 2010), La memoria encendida, Vinciguerra, Buenos Aires, 2002