domingo, enero 21, 2018

Elsa Morante / El gato al pajarito

















     Broma - Dedicada a S.P.


¡Halalí! ¡Halalí!
Sobre el hilo peligroso tú, lleno de gracia,
te posaste, y en un vuelo te me robas:
a mí, que ando en ayunas en círculos insanos,
yo, fútil minotauro negado para el vuelo.

¡Oh tú, feliz e inerme te burlas de mí,
mísero cazador de terrestres uñas armado!
Sabes que por ti me atormento, oh frágil, santo
alimento mío no consumido.

Oh vida de mi carne, sangre alada,
galante esposo de las pájaras,
oh tenorcito
narciso
feudatario de los sitios más altos.
¡Hallalí! ¡Hallalí!
                  Y tú del monstruo ríes.

Un ratoncito de tierra fue mi presa.

1957

Elsa Morante (Roma, 1912-1985), Alibi, Garzanti, Milán, 1988
Versión de Jorge Aulicino

Ref.:
Frammenti
Heroínas


Il gatto all'uccellino

    Scherzo - Dedicato a S.P.

Hallalì! Hallalì!
Sul filo periglioso tu, pieno di grazia
ti posavi, e in un volo a me ti rubi:
a me che giro digiuno in cerchi insani,
io futile minotauro negato al volo.

O tu beato e inermi che mi canzioni
io misero cacciatore di terrestri unghie armato!
Tu sai che di te mi tormento, o fragile e santo
mio pasto non consumato.

O vita della mia carne, alato sangue,
galante sposo delle uccelle,
o tenorino
narciso
feudatario dei luoghi più alti.
Hallalì! Hallalì!
                 E tu del mostro ridi.

E un topolino di terra fu la mia preda.

                                                             (1957)

sábado, enero 20, 2018

Edward Thomas / Cincuenta haces de leña














Allí están, en su lugar, los cincuenta haces de leña
que alguna vez fueron bosques de avellanos y fresnos
en las arboledas de Jenny Pink. Ahora, apilados estrechamente
junto al seto, forman un matorral que sueña que sin ayuda
puede colarse junto al pájaro ratón y al chercán. La próxima primavera
un mirlo o un zorzal anidarán allí,
habituados a ellos, creen que permanecerán
sea lo que sea siempre para un pájaro.
Esta primavera comienza muy tarde; el vencejo ha llegado,
fue un día caluroso para subirlos:
mejor no me abrigarán jamás, aunque tendrán que
encender varias fogatas invernales. Antes de que se acaben
la guerra habrá terminado, muchas otras cosas
terminarán tal vez, que ya no puedo
predecir o controlar más que un mirlo o un zorzal.

[1915]

Edward Thomas (Londres, 1878-batalla de Arras, Francia, 1917), Modern British Poetry, edited by Louis Untermeyer, Harcourt, Brace and Howe Publisher, Nueva York, 1920
Bartleby com, 1999
Versión © Silvia Camerotto, 2018

Ref.:
Poets Org
The Telegraph


Fifty Faggots

There they stand, on their ends, the fifty faggots
That once were underwood of hazel and ash
In Jenny Pinks's Copse. Now, by the hedge
Close packed, they make a thicket fancy alone
Can creep through with the mouse and wren. Next Spring
A blackbird or a robin will nest there,
Accustomed to them, thinking they will remain
Whatever is for ever to a bird.
This Spring it is too late; the swift has come,
'Twas a hot day for carrying them up:
Better they will never warm me, though they must
Light several Winters' fires. Before they are done
The war will have ended, many other things
Have ended, maybe, that I can no more
Foresee or more control than robin and wren.

http://www.bartleby.com/103/105.html

viernes, enero 19, 2018

Hilda Doolittle / Atardecer





















La luz pasa
de una cima a otra
de una flor a otra
los trifolios, dispersos
bajo la luz desfallecen
los pétalos se doblan hacia adentro
las azules puntas se pliegan
hacia el corazón más azul
y las flores se pierden.

Los brotes del cornejo todavía son blancos
pero las sombras se lanzan
desde sus raíces
el negro se arrastra de una raíz a otra,
cada hoja
corta otra hoja en la hierba
la sombra pide sombra,
entonces ambas la hoja
y su sombra se pierden.

[Sea Garden, 1916]

Hilda Doolittle (Bethlehem, Estados Unidos, 1886 –Zürich, Suiza, 1961), Collected Poems 1912-1944, Louis L. Martz, ed., New Directions, Nueva York, 1986
Traducción Jonio González

Ref.:
Questia
Hilda Doolittle Blog
Poetry Foundation


EVENING

The light passes
from ridge to ridge, 
from flower to flower
the hypaticas, wide-spread 
under the light grow faint
the petals reach inward, 
the blue tips bend 
toward the bluer heart 
and the flowers are lost.

The cornel-buds are still white, 
but shadows dart 
from the cornel-roots
black creeps from root to root,
each leaf 
cuts another leaf on the grass,
shadow seeks shadow, 
then both leaf 
and leaf-shadow are lost.

jueves, enero 18, 2018

José Barroeta / Una rusa
















Tania Voroshilov
es la rusa a quien hablo soñando.
El oso de sus pies me seduce y vuélvese nieve
todo el amor.
Todo ha sido soñar y recorrer con ella
la estepa,
todo ha sido echarme en las flautas
de su cabeza.
Todo el cuerpo de Tania Voroshilov lo he conseguido
soñando.
Al apagar la luz de mi cuarto ya la tengo,
cerca de mí, en Leningrado. Y en las aceras de la ciudad
que lleva el nombre del gran jefe,
Tania Voroshilov baila desnuda. Me entrega su iluminado sexo
en forma de alcohol.
Tania Voroshilov es como el nombre de mis lecturas
de los quince años. Allá en la mesa de aldea que humedece
la lluvia,
la foto del camarada Lenin se confundió entre libros
y yo esquié sobre su helada y calva cabeza, siempre tomado
de la mano de Tania Voroshilov.

José Barroeta (Pampanito, Venezuela, 1942-Mérida, Venezuela, 2006), "Poesía joven de Venezuela", suplemento cultural de La Opinión, Buenos Aires, domingo 21 de enero de 1973
Envío de Jonio González

Ref.:
Digo.Palabra.TXT
Espanito
Letras Libres

miércoles, enero 17, 2018

Rose Ausländer / "Debajo de una manta" y otro













Debajo de una manta

De noche
cuando los pensamientos
impactan
entran los muertos
desde sus escondites

Sus ojos
me conquistan
sus voces cubiertas de musgo
me convencen

Hablamos
sobre cosas terrenales
a ellos les interesa todo
no puedo responder
a sus preguntas
están mejor informados
A veces surge
una conversación
sobre Hölderlin o Spinoza

Nunca se habla acerca de
si ellos están muertos
Su discurso es claro
reparte
luz y sombra

Olvidamos el incidente
muerte
nosotros sí que estamos acá
juntos debajo de una manta
nada me impide aceptar
que aún vivo


Sin poemas...

Sin poemas
por el momento
quiero vivir

Mañana
tal vez
la palabra salga bien
página blanca
selva llena de pájaros

Aguzo
los oídos
miro con los
ojos lechuza de la noche

Sin poemas
mañana
tal vez

Rose Ausländer (Chernivtsí, Ucrania, 1901-Düsseldorf, Alemania,1988), Brief aus Rosen, Fischer, Fráncfort del Meno, 2004
Versones de Silvana Franzetti


Ref.:
El País
Emma Gunst
Liberalia


Unter einer Decke

Nachts
wenn die Gedanken
einschlagen
treten die Toten
aus ihren Verstecken

Ihre Augen
bezwingen mich
ihre bemoosten Stimmen
überzeugen mich

Wir unterhalten uns
über irdische Dinge
alles interessiert sie
ich kann ihre Fragen
nicht beantworten
sie sind besser unterrichtet
Manchmal ergibt sich
ein Gespräch
über Hölderlin oder Spinoza

Nie ist die Rede davon
daß sie tot sind
Ihre Rede ist klar
Licht und Schatten
verteilt

Wir vergessen den Zwischenfall
Tod 
wir sind ha hier
unter einer Decke beisammen
nichts hindert mich anzunehmen
daß ich noch lebe


*

Keine Gedichte
im Augenblick
ich will leben

Morgen
vielleicht 
glückt das Wort
weißes Blatt
Wald voller Vögel

Ich
spitze die Ohren
sehe mit den
Eulenaugen der Nacht

keine Gedichte
Morgen 
vielleicht

martes, enero 16, 2018

Jorge Fondebrider / "Elegía por el casquete polar ártico" y otro















Elegía por el casquete polar ártico

No sé nada de espiritualidad.
palabra hueca, como es hueco el centro del bambú
cuando lo sopla un tipo con túnica violeta mientras vigila China
detrás de las montañas.

Y no tengo las respuestas
precisamente porque no me hago las preguntas. Dios no existe.
No hay forma de que crea,
Yo ya dije: no sé nada.
Apenas escribo estas palabras
sabiendo de antemano que el fracaso
es la mejor opción para esta especie
que a menudo se piensa superior
mientras el humo
se eleva desde siempre y todavía hay gente que niega las cámaras de gas,
la bomba que pusieron en la iglesia,
el mercader del templo,
las pieles derretidas con fósforo y napalm.

Después están las focas,
la foto de la sangre sobre el hielo,
lo que queda del hielo.
Y aquella otra con doscientos
osos polares comiendo una ballena.
Repito: dios no existe. Su alabanza
cuando se acaba el mundo, me parece,
es mera estupidez.



Un correo 

Hoy recibí un correo desde México
con treinta y seis segundos de un arroyo
que estaba en Oregon.

Alguien filmó con su teléfono
el agua que corría rodeada por la nieve y cristalina
sobre la tierra oscura de ese invierno.

Noticias desde el norte, supe,
donde siempre habrá un arroyo robándole a la piedra
un tiempo que no acaba y se repite,
un tiempo prolongado en agua fresca, transparente,
del todo inalcanzable.

Nada más tenía en el correo.
No sé qué responder.

[inéditos]

Jorge Fondebrider (Buenos Aires, 1956)

Ref.:
Buenos Aires Poetry
Ediciones LOM
El Poeta Ocasional
UNL

lunes, enero 15, 2018

Joseph Brodsky / El fuego, ¿oyes?
















El fuego, ¿oyes?, se empieza a apagar.
En los ángulos las sombras se agitan.
Y ya no hay modo de poder señalarlas,
gritarles que se queden quietas.
Cerrando filas, se han puesto a formar.
No, esta hueste no atiende palabras.
Silenciosa avanza desde cualquier rincón
y yo de pronto he ocupado el centro.
Más altas cada vez, signos de exclamación,
las explosiones de tinieblas se elevan.
La noche arruga el papel hasta el mentón
de lo alto, cada vez más densa.
Se han esfumado las agujas del reloj.
Y éste no se ve, ni se oye siquiera.
Y aquí no ha quedado más que el brillo ocular,
inmóvil, detenido. Detenido.
El fuego se apagó. ¿Lo oyes?: se apagó.
El humo ardiente vuela por el techo.
Pero no huye de la vista este fulgor.
O, mejor dicho, no deja las tinieblas.

[1962]

Joseph Brodsky (San Petersburgo, Rusia, 1940-Nueva York, Estados Unidos, 1996), No vendrá el diluvio tras nosotros. Antología poética 1960-1996, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2000
Traducción de Ricardo San Vicente
Envío de Jonio González

Ref.:

sábado, enero 13, 2018

Edward Thomas / Dos poemas














Los cerezos

Los cerezos se inclinan y esparcen, generosos,
sobre el viejo camino por el que van los muertos,
sus pétalos; igual que en una boda, cubren
la hierba esta mañana en que no hay novio alguno.

[1916]

Llueve

Llueve, y nada se agita tras la verja,
en un campo de orégano por donde
nadie pasea. Nadie hay que rompa
los diamantes de lluvia entre la hierba
ni haga temblar los pétalos caídos.

Y yo estoy tan feliz como es posible
explorando los bosques a mi antojo
e imaginando dos que caminaran,
se besaran ajenos a la lluvia.
Y también estoy triste por pensar

que nunca, si no es solo, volveré
a caminar bajo la lluvia. Al irme,
las flores del orégano en la sombra,
blancas como un fantasma, simbolizan
el pasado que vuelve con la luz.

[1916]

Edward Thomas (Londres, 1878-batalla de Arras, Francia, 1917), Poesía completa, traducción de Gabriel Insausti, Pre-textos, Valencia, 2012

Ref.:
Poetry Foundation
The Guardian
Ojos de Papel
El País


The Cherry Trees

The cherry trees bend over and are shedding
On the old road where all that passed are dead,
Their petals, strewing the grass as for a wedding
This early May morn when there is none to wed.


It Rains

It rains, and nothing stirs within the fence
Anywhere through the orchard’s untrodden, dense
Forest of parsley. The great diamonds
Of rain on the grassblades there is none to break,
Or the fallen petals further down to shake.

And I am nearly as happy as possible
To search the wilderness in vain though well,
To think of two walking, kissing there,
Drenched, yet forgetting the kisses of the rain:
Sad, too, to think that never, never again,

Unless alone, so happy shall I walk
In the rain. When I turn away, on its fine stalk
Twilight has fined to naught, the parsley flower
Figures, suspended still and ghostly white,
The past hovering as it revisits the light.

Romina Freschi / Cuerda de María

                             
 
                                 














                                   ¿Adónde, dónde los jazmines, los azahares de la novia-niña? 
                                                             ¿Dónde, dónde la suave corona de espinas? 
                                                        Miguel Ángel Bustos, Fragmentos fantásticos


la alegría me invade como un ángel en la mañana
plumón de ave que evade el vacío y me llena
de certidumbre el vientre, vientre del hambre
dos veces hambre, dos veces sed, bebé del cielo
bebé del amor, bebé de la luz de la mañana
que como un ángel benéfico me anuncia que es cierto
que doy vida, llevo vida, soy vida sin certificado alguno
sin piedra estampada ni viejo de larga barba que me diga
que ahora puedo, que ahora debo, oh crearte mi hijo
crearte como un arte, creerte, hermosa pluma de la fe
y del campo, correr y corrernos, saltar y saltarnos, del mar
al mar, sin presa ni represa, conejo del marfil que luce
todavía en su trompa, desea el elefantito niño colgarse
de su papá, ángel de orejas como alas, patito de la mañana
fría de oro de limón amarillo patito del sol de la madrugada
es cierto, es hijo de dios, hijo natural, hijo del amor y yo, tu madre

entregada y célibe me encontró mi hijo, tanta vida
me entregó a tanta vida y el edén se ilumina
y qué importa el padre si hay hijo y si encima hay padre
padres, que vienen y me acunan para que yo dé a luz
como la alegría, dé a luz la alegría que me ocupa, me sienta
como una esperanza que cambie el mundo, mi bebé
mi naturaleza, yo siga como una enredadera que se prolonga
en el tiempo enamorada, y su justeza, su oportunidad, dé por tierra
el edén que nos recuesta en la hierba y nos hace oir el susurro del río
y los cuerpos que se reparten en el universo como hojas de especias
y estrellas que guían a los magos, reinen los magos siempre
en el enredado sendero luminoso del fruto de mi vientre

de amor a mi amado se hace mi hijo, pieza por pieza
parte por parte del amor, desenfrenado y algo más
lo increíble, lo inverosímil, aquello que trenza a los seres
y los lleva por túneles permeables, pulmones que absorben
la gracia del amor, sus alvéolos batientes como ojos aterciopelados
de insectos en la noche, sus patas que se frotan peludas y hacen
música así este son aparece en mí como un cristal, un diamante
estrella tan buena del carbono que nos une a todos bramanes
branáticos en el asma liberador que libera mi amado
cuando lo beso, cuando compartimos ésta, la idea de nuestro hijo,
salvador de esa belleza, príncipe y principio del amor, corra
el agua del río y caigan los perezosos de sus laureles que nace
mi amor, nace, alado y salado como el mar que me yergue, alegre
como un arcángel vuela el pequeño pàjaro de la mañana
de buena nueva

redes de peces y panes para mi hijo que vino en agua y en andas
lo lleven, le laven los peces, ungido y perfumado, alegre vino
como un orgasmo justo en el momento justo, bocanada de aire
ola del mar, verano rojo del maíz que partirá y repartirá
por su patria, cabecilla de la pureza por puro amor concebida
sin pecado en un jardín, bodas de amor para mí y para él
perfume de las especias para diferenciar las ramas
el álamo, el olivo y el laurel, el romero y el manzano
fruto más sano de la tierra, mi hijo, fiesta de mi cuerpo
que se partirá para librar la batalla que trocara sangre
en vino, piedras en panes, muertos en vivos, al fin vivos
para disfrutar el fruto de todo amor

Romina Freschi (Buenos Aires, 1974)

Todas cuerdas,
Ediciones Hekht,
Buenos Aires, 2017

Ref.:
1 poeta 10 preguntas
El Infinito Viajar
IndieHoy

viernes, enero 12, 2018

Odysseas Elytis / Mozart: Romance















Del concierto para piano
                n° 20, KV 466


Hermosa vida penosa
Piano lejano subterráneo
Mi cabeza se reclina en el Polo
Y las hirebas me avasallan

Ganges oculto de la noche ¿dónde me llevas?
De humos negros veo corzas
Entre la plata correr y correr
Y no vivo y no he muerto

Ni el amor ni la gloria
Ni el sueño tan siquiera
De costado duermo duermo
Y oigo las máquinas de la tierra que navega.

Odysseas Elytis (Heraclión, Grecia, 1911-Atenas, 1996), "Los consanguíneos", 1974, Antología inicial, selección, traducción y notas de Pedro Ignacio Vicuña, Tajamar Editores, Santiago de Chile, 20113

Ref.:
El Placard
El País
Poetry Foundation

Foto: S/D

jueves, enero 11, 2018

Alfred Victor de Vigny / La muerte del lobo















I

Las nubes deslizándose por la luna inflamada,
igual que en el incendio se ve escaparse el humo,
ennegrecían los bosques por todo el horizonte.
- Sin hablar caminábamos sobre la húmeda hierba,
por el espeso brezo y por la alta maleza,
cuando, bajo unos pinos como los de las landas,
pudimos percibir marcas de grandes uñas
de los lobos errantes que habíamos acosado.
Oímos con atención, conteniendo el aliento
y el paso suspendido. —La llanura ni el bosque
lanzaban un suspiro por los aires; tan sólo
la veleta de luto gritaba al firmamento.
Pues del viento, elevado por encima del suelo,
sólo sobresalían las torres solitarias,
y los robles de abajo, en la roca apoyados,
en sus ramas mostrábanse dormidos y acostados.
- Nada se oía, cuando, bajando la cabeza,
el cazador más viejo de los de la partida
ha observado la arena, esperando, en cuclillas,
que una estrella arrojara su luz sobre nosotros;
luego, quedo, ha jurado que estas marcas recientes
anunciaban el paso y las garras poderosas
de dos enormes lobos y de sus dos lobeznos.
- Preparamos entonces todos nuestros cuchillos,
y ocultando las armas y sus blancos destellos,
íbamos, paso a paso, apartando las ramas.
    Tres se paran y yo, buscando lo que veían,
percibo de repente dos ojos que llameaban,
y veo más allá unas formas ligeras
danzar bajo la luna en medio de los brezos
como hacen, cada día, con un gran alborozo,
los lebreles alegres al regreso del dueño.
El aspecto era igual, como también la danza;
mas las crías del Lobo jugaban en silencio,
sabiendo que a dos pasos, durmiendo sólo a medias,
habita tras sus muros el hombre, su enemigo.
      El padre de pie estaba más lejos, contra un árbol,
su Loba reposaba como aquella de mármol
que honraban los romanos, cuyos flancos velludos
nutrían a los gemelos llamados Remo y Rómulo.
- Llega el Lobo y se sienta, las dos patas erguidas,
con sus garras punzantes hundidas en la arena.
Se ha sentido perdido, pues lo habían sorprendido,
cortado su repliegue y tomadas sus sendas;
entonces atenaza con sus ardientes fauces,
del perro más osado la jadeante garganta,
y no afloja por nada sus mandíbulas férreas,
pese a nuestros disparos que se hundían en su cuerpo
y de nuestros cuchillos que, al igual que tenazas
se cruzaban hundiéndose en sus vastas entrañas,
hasta el postrer momento en que el perro, ya ahogado,
muerto mucho antes que él, rueda bajo sus patas.
Lo suelta el Lobo entonces y luego nos contempla.
Los cuchillos, del flanco hasta la empuñadura,
lo clavan a la hierba bañada con su sangre;
las armas lo cercaban como cruel media luna.


II

He apoyado la frente en mi fusil sin pólvora,
meditando si luego, sin poder decidirme,
perseguir a su Loba, que, junto a sus dos vástagos,
quisieron esperarlo y, yo así al menos lo creo,
de no estar sus cachorros, la hermosa y triste viuda
lo habría acompañado a sufrir la gran prueba,
mas era su deber salvarlos, para así
poderles enseñar a soportar el hambre,
a no inmiscuirse nunca en el concierto urbano
que el hombre ha realizado con las bestias serviles
que cazan junto a él, para tener cobijo,
ellos que eran los dueños del bosque y de la roca.


 III

¡Ay!, pensé, ¡a pesar de este pomposo nombre de Hombres,
siento una gran vergüenza de que seamos tan débiles!
¡Pues, para abandonar la vida con sus males,
vosotros sabéis cómo, sublimes animales!
      ¡Al ver lo que antes erais y lo que os han dejado,
sólo importa el silencio: todo el resto es quebranto!
- ¡Ah!, ¡qué bien te he entendido, indomable viajero,
y tu última mirada me ha llegado hasta el alma!
Me decía: "Si puedes, haz que tu alma consiga,
a fuerza de ser firme en reflexión y estudio,
llegar a este alto grado de estoico desdén
en que, aquí naciendo, yo llegué a lo más alto.
      Gemir, llorar, rogar, es cobarde igualmente.
- Con energía realiza tu arduo y duro trabajo
en la vía en que la Suerte ha querido llamarte,
luego, igual que hago yo, sufre y muere en silencio."

Alfred Victor de Vigny  (Loches, Francia, 1797 – París, 1863), Antología de la poesía romántica francesa, Rosa de Diego, ed., Cátedra, Madrid, 2000
Traducción de Miguel Ángel García Peinado
Envío de Jonio González

Ref.:
Encyclopedia Britannica

Foto: Alfred de Vigny por Félix Nadar



LA MORT DU LOUP

I

Les nuages couraient sur la lune enflammée
Comme sur l'incendie on voit fuir la fumée,
Et les bois étaient noirs jusques à l'horizon.
Nous marchions sans parler, dans l'humide gazon,
Dans la bruyère épaisse et dans les hautes brandes,
Lorsque, sous des sapins pareils à ceux des Landes,
Nous avons aperçu les grands ongles marqués
Par les loups voyageurs que nous avions traqués.
Nous avons écouté, retenant notre haleine
Et le pas suspendu. -- Ni le bois, ni la plaine
Ne poussait un soupir dans les airs ; Seulement
La girouette en deuil criait au firmament ;
Car le vent élevé bien au dessus des terres,
N'effleurait de ses pieds que les tours solitaires,
Et les chênes d'en-bas, contre les rocs penchés,
Sur leurs coudes semblaient endormis et couchés.
Rien ne bruissait donc, lorsque baissant la tête,
Le plus vieux des chasseurs qui s'étaient mis en quête
A regardé le sable en s'y couchant ; Bientôt,
Lui que jamais ici on ne vit en défaut,
A déclaré tout bas que ces marques récentes
Annonçait la démarche et les griffes puissantes
De deux grands loups-cerviers et de deux louveteaux.
Nous avons tous alors préparé nos couteaux,
Et, cachant nos fusils et leurs lueurs trop blanches,
Nous allions pas à pas en écartant les branches.
Trois s'arrêtent, et moi, cherchant ce qu'ils voyaient,
J'aperçois tout à coup deux yeux qui flamboyaient,
Et je vois au delà quatre formes légères
Qui dansaient sous la lune au milieu des bruyères,
Comme font chaque jour, à grand bruit sous nos yeux,
Quand le maître revient, les lévriers joyeux.
Leur forme était semblable et semblable la danse;
Mais les enfants du loup se jouaient en silence,
Sachant bien qu'à deux pas, ne dormant qu'à demi,
Se couche dans ses murs l'homme, leur ennemi.
Le père était debout, et plus loin, contre un arbre,
Sa louve reposait comme celle de marbre
Qu'adorait les romains, et dont les flancs velus
Couvaient les demi-dieux Rémus et Romulus.
Le Loup vient et s'assied, les deux jambes dressées
Par leurs ongles crochus dans le sable enfoncées.
Il s'est jugé perdu, puisqu'il était surpris,
Sa retraite coupée et tous ses chemins pris;
Alors il a saisi, dans sa gueule brûlante,
Du chien le plus hardi la gorge pantelante
Et n'a pas desserré ses mâchoires de fer,
Malgré nos coups de feu qui traversaient sa chair
Et nos couteaux aigus qui, comme des tenailles,
Se croisaient en plongeant dans ses larges entrailles, 
Jusqu'au dernier moment où le chien étranglé,
Mort longtemps avant lui, sous ses pieds a roulé.
Le Loup le quitte alors et puis il nous regarde.
Les couteaux lui restaient au flanc jusqu'à la garde,
Le clouaient au gazon tout baigné dans son sang;
Nos fusils l'entouraient en sinistre croissant.
Il nous regarde encore, ensuite il se recouche,
Tout en léchant le sang répandu sur sa bouche,
Et, sans daigner savoir comment il a péri,
Refermant ses grands yeux, meurt sans jeter un cri.


II

J'ai reposé mon front sur mon fusil sans poudre,
Me prenant à penser, et n'ai pu me résoudre
A poursuivre sa Louve et ses fils qui, tous trois,
Avaient voulu l'attendre, et, comme je le crois,
Sans ses deux louveteaux la belle et sombre veuve
Ne l'eût pas laissé seul subir la grande épreuve;
Mais son devoir était de les sauver, afin
De pouvoir leur apprendre à bien souffrir la faim,
A ne jamais entrer dans le pacte des villes
Que l'homme a fait avec les animaux serviles
Qui chassent devant lui, pour avoir le coucher,
Les premiers possesseurs du bois et du rocher. 


III

Hélas ! ai-je pensé, malgré ce grand nom d'Hommes,
Que j'ai honte de nous, débiles que nous sommes!
Comment on doit quitter la vie et tous ses maux,
C'est vous qui le savez, sublimes animaux!
A voir ce que l'on fut sur terre et ce qu'on laisse
Seul le silence est grand ; tout le reste est faiblesse.
- Ah ! je t'ai bien compris, sauvage voyageur,
Et ton dernier regard m'est allé jusqu'au coeur!
Il disait : " Si tu peux, fais que ton âme arrive,
A force de rester studieuse et pensive,
Jusqu'à ce haut degré de stoïque fierté
Où, naissant dans les bois, j'ai tout d'abord monté.
Gémir, pleurer, prier est également lâche.
Fais énergiquement ta longue et lourde tâche
Dans la voie où le Sort a voulu t'appeler,
Puis après, comme moi, souffre et meurs sans parler

miércoles, enero 10, 2018

Emily Dickinson / Esta es la tierra




















Esta  es la tierra  que lava el sol 
éstos  son los bancos del mar amarillo
donde es rosa  o donde se precipita
¡éstos  — son los misterios del oeste!

Noche tras noche
su purpúreo tráfico
siembra la tierra de fardos de ópalo 
barcos mercantes  se mecen en horizontes 
¡se sumergen — y desaparecen como oropéndolas!
                                                                    c. 1861

Emily Elizabeth Dickinson (Amherst, Estados Unidos, 1830 - 1886), Poemas, selección y traducción de Silvina Ocampo, Tusquets Editores, Buenos Aires, 2011 -edición no bilingüe-

Ref.:
Poetry Foundation
Eterna Cadencia
Hipatia
Emma Gunst

Foto: Emily Dickinson alredor de sus 30 años


This -- is the land -- the Sunset washes --
These -- are the Banks of the Yellow Sea --
Where it rose -- or whither it rushes --
These -- are the Western Mystery!

Night after Night
Her purple traffic
Strews the landing with Opal Bales --
Merchantmen -- poise upon Horizons --
Dip -- and vanish like Orioles!

American Poems - Complete Poems of Emily Dickinson

martes, enero 09, 2018

Yannis Yfantis / Eliot a las afueras de Múnich















"Starnbergersee, Hofgarten", son palabras
que te encuentras mientras bajas por la primera de las laderas
de lo que Thomas Eliot llamó
"tierra baldía" (The Waste Land).
"Allí te sientes libre", nos dice, "in the mountains" (en las montañas).
Y quizá la muchedumbre al ver los lagos alpinos
hable de "yermo de espejos".

Y con justicia
cualquiera preguntaría: En lugares semejantes,
preciosos, ¿dónde viste, poeta,
aquella "tierra" que tildas de "baldía"?

En otra parte nos dará la respuesta, en los coros de "La roca":
"El yermo", nos dice, "no se halla en los trópicos meridionales
sino en el corazón de tu hermano".

Yannis Yfantis (Raīna, Grecia, 1949), Fogal, nº 5, mayo-julio de 2015
Traducción de Mario Domínguez
Envío de Jonio González

Ref.:
Audisea
El Placard
YouTube

ΕΛΙΟΤ ΣΤΑ ΠΕΡΙΞ ΤΟΥ ΜΟΝΑΧΟΥ
«Starnbergersee, Hofgarten», είναι λέξεις
που συναντάς κατηφορίζοντας την πρώτη απ’ τις πλαγιές
αυτού που ο Τόμας Έλιοτ ονόμασε
«έρημη χώρα» (The Waste Land).
«Εκεί νοιώθεις ελεύθερος», μας λέει, «in the mountains» (στα βουνά).

Κ’ ίσως το πλήθος βλέποντας των αλπικών λιμνών
μιλά για «ερημιά από καθρέφτες».
Και δικαίως
θα ρώταγε κανείς: Σε τέτοιους τόπους,
πανέμορφους, πού είδες ποιητή
αυτό που αποκαλείς «έρημη χώρα»;
Αλλού θα μας τη δώσει την απάντηση, στα χορικά του «Βράχου»:
«Η έρημος», μας λέει, «δεν βρίσκεται στους νότιους τροπικούς
αλλά μες στην καρδιά του αδερφού σου».


Feldafing, 11 Νοεμβρίου 2003

lunes, enero 08, 2018

Michael O'Loughlin / De "Eight Poems by Mikelis Norgelis",















Un poeta letón escribe una oda al capitalismo

Estuvo muy bien que Pablo Neruda,
Mayakovsky y todos esos camaradas
escribieran sus Odas al Trabajo: tenían
obreros siderúrgicos stajanovistas,
choferes de tractores rojos arando suelo virgen.
Pero, ¿y yo? ¿Cómo voy a elogiar
al operador telefónico,
al mozo del hotel boutique,
al agente inmobiliario que le alquila cuartos a eslovacos?

Me siento aquí ocho horas al día con mi uniforme azul
en la caja registradora del Tesco’s
tratando de pensar en un nombre
para lo que hago en realidad.
Mis compañeros de trabajo se llaman Mariska o Muhummad
no sé dónde viven
no sé lo que comen.

Lo único que sé es que somos sacerdotes de la casta inferior
en la iglesia más grande que la historia ha visto alguna vez.
La gente viene hasta el altar,
ponemos las manos sobre los frutos de la tierra
y se los damos a la gente que los hizo
bendecidos, santificados, pagados.

No, no tengo ganas de escribir una oda a la gente como yo.
De todos modos, hay una fiesta en un departamento en Baggot Street
y el tipo de Brasil tiene porros de los buenos.


Un poeta letón lee Una visión de Yeats en el Oliver St John Gogarty *

Irlanda es un país tan húmedo.
Cerveza y vómito, semen y pis.
En el baño de abajo una inglesa
tiene sexo con dos irlandeses.
Aquí arriba en la cocina, los chinos se ríen nerviosos
y los lavaplatos polacos miran amenazantes.
Por mi parte, estoy empezando mi descanso,
así que puedo volver a Una visión de Yeats.
Me gusta fumar y leer unos pocos versos
y dejar que sus palabras giren alrededor de mi cabeza.

Es extraño pensar que todos nosotros,
–los polacos, los chinos y yo–,
alguna vez fuimos niños con camisas blancas inmaculadas
con pequeñas bufandas rojas alrededor de nuestros cuellos
cantando canciones de Esperanza y Progreso
sin saber que éramos la Bestia
a la que aquí tanto temían
que casi bloqueábamos la luz.

Pero la Bestia está muerta y
 hemos salido arrastrándonos como gusanos
fuera de su piel fría.
Ahora mi descanso terminó,
y de nuevo a trabajar. Tengo
que bajar algo de cerveza,
enormes barriles como píldoras de acero
que hay que meter a la fuerza por la garganta de la serpiente
que llena las calles de Temple Bar.

Ya no hay ninguna oscuridad en el mundo.
La luz brilla en cada rincón.
No puedo dormir, no puedo soñar.
Como un siervo letón del medioevo espero
algo que esperar.

* Oliver Joseph St John Gogarty (1878-1957) fue poeta, otorrinolaringólogo, atleta y político. Sirvió de inspiración a James Joyce para la creación del personaje de Buck Mulligan, con el cual empieza la novela Ulysses. El pub que lleva su nombre se encuentra en la esquina de Fleet Street y Anglesea Street, en el barrio de Temple Bar (N. del T.)


Un poeta letón pasa Navidad en Foley Street *

Las calles están extrañamente llenas.
Las familias vecinas aumentan
Con nuevos miembros. ¿Qué está pasando?

Afuera del Spar abierto toda la noche
Una muchacha me mete la lengua en la boca
Como un pez hambriento.

“No tengo la ‘Alegría de la Navidad’",
Dice. "¿Puedes decirme
El precio de un paquete de cigarrillos?”

* Foley Street (anteriormente llamada Montgomery Street o “Monto”) se encuentra al norte del río Liffey, en Dublín. En su tiempo fue una calle célebre por el número de prostíbulos y prostitutas. Su mala reputación llega hasta el presente (N. del T.)


Un poeta letón escucha canciones irlandesas 

¿Qué es lo que nos hacen esas canciones
las baladas de los gitanos transilvanos
tangos, fados, lamentos georgianos –
La música nos habla con palabras
que no podemos entender, salvo uno o dos
peldaños que nos llevan
sobre un río de negra emoción.

Como esas canciones irlandesas que oigo en los pubs
o en la radio local. A algunas palabras
las aprendí a reconocer,
como muir para el mar. Ésa es fácil,
parecida a las de las lenguas romances.
Luego está crói, para corazón. Es más difícil
pero no demasiado lejana de coeur y corazón.
Pero, ¿qué hay de palabras como brón y uaigneas?
Y mi favortia, la palabra que significa rojo: dearg
extraña y contingente como nuestra sarkans letona…

¿Acaso tengo que aprender esa lengua para entender
las canciones? No.
Mar y corazón, tristeza y rojo,
la historia es siempre la misma.

Como esa chica que trabaja en el negocio de la esquina
donde compro cigarrillos.
No sé su nombre o nación
pero sus ojos son un país que me invita
a explorar su interior.
Todos los días hablamos hasta que
me detengo y se detiene, y sonríe
y espera en el umbral
mientras miro aquellas cuencas, pensando:
en el centro de cada ojo
un círculo de negrura, el mismo
en cada mujer que alguna vez amé
y luego digo adiós y me alejo.

Michael O'Loughlin (Dublín, 1958), Poems 1980-2015, Stillorgan, Co. Dublin, New Island Books, 2017.
Traducción de Jorge Fondebrider

Nota del Traductor:
Durante más de dos años, el poeta irlandés Michael O'Loughlin mantuvo la ficción de haber traducido a un tal Mikelis Norgelis, poeta letón exiliado en Irlanda. En sucesivos números de la revista Poetry Ireland, esas "traducciones" fueron haciéndose públicas, lo que le permitó a O'Louhglin escribir sobre la realidad de su propio país, desde una perspectiva no irlandesa.
Finalmente, con el título "Eight Poems by Mikelis Norgelis", e insistiendo en ser su traductor, los publicó en sus Poems 1980-2015 (Stillorgan, Co. Dublin, New Island Books, 2017)

Ref.:
Poetry International Web
The Irish Time

A Latvian Poet Writes an Ode To Capitalism

It was all very well for Pablo Neruda,
Mayakovsky and all those comrades
To write their Odes to Labour: they had
Stakhanovite steelworkers,
Drivers of red  tractors breaking virgin soil.
But what about me? How am I to praise
The call-centre operative,
The barista in the boutique hotel,
The estate agent renting out boxes to Slovaks?

I sit here eight hours a day in my blue uniform
At the cash register in Tesco’s
Trying to think of a name
For what I actually do.
My co-workers are called Mariska or Muhummad
I do not know where they live
I do not know what they eat.

All I know is we are low-caste priests
In the greatest church that history has ever seen.
The people come to the altar rail,
We lay our hands on the fruits of the earth
And give them back to the people who made them
Blessed, sanctified, paid for.

No, I don’t feel up to writing and ode to people like myself.
Anyway, theres a party in a flat in Baggot Street
And the guy from Brazil has some really good dope.


A Latvian Poet Reads Yeats’ A visión In the Oliver St John Gogarty

Ireland is such a wet country.
Beer and vomit, semen an piss.
In the downstairs toilet an English woman
Is having sex with two Irish men.
Up here in the kitchen the Chinese giggle
And the Polish porters glower.
Me, I’m starting my coffee break
So I can return to Yeats’ A Vision
I like to smoke and read a few lines
And let his words roll round my head.

Strange to think that all of us –
The Poles, the Chinese and me –
Once were children in shining white shirts
With little red scarves around our necks
Singing songs of Hope and Progress
Not knowing we were the Beast
They feared so much over here
That  we almost blotted out the light. 

But the Beast is dead and
We have come crawling like vermin
Out of its cold fur.
Now my break is over,
And it’s back to work. I
Have to bring down some beer.
Huge barrels like steel pills
To be forced down the throat of the serpent
Which fills the streets of Temple Bar.

There is no longer any darknes in the world.
The light shines in every corner.
I cannot sleep, I cannot dream,
Like a medieval Latvian serf I wait
For something to wait for.


A Latvian Poet Spends Xmas In Foley Street

The streets are strangely full.
The neighbouring families swell
With new members. What’s going on?

Outside the all-night Spar
A girl pushes her tongue in my mouth
Like a hungry fish.

‘I’m out of the ‘Joy for Christmas,’
She says. ‘Can you tell me
The price of a packet of fags?’


A Latvian Poet Listens To Irish Songs

What they do to us, these songs
The Ballads of Transylvanian Gypsies
Tangos, fados, Georgina laments –
The music speaks to us in words
We cannont understand, except for one or two
Stepping stones which lead us over
A river of black emotion.

Like these Irish songs I hear in pubs
Or on the local radio. Some words
I have learned to recognize,
Like muir for the sea. That’s an easy one,
Cognate with Romance languages.
Then there’s croí, for heart. That’s harder
But still not far from coeur and corazón.
But what about words like brón and uaigneas?
And my favourite, the word for red: dearg
Strange and contingent as our Latvian sarkans

Do I need to learn this language to understand
The songs? No.
Sea and heart, sorrow and red,
The story is always the same.

Like that girl who works in the corner shop
Where I buy my cigarettes.
I don’t know her name or nation
But her eyes are a country which invites
Me to explore its hinterland.
Every day we talk until
I stop and the stops, and she smiles
And waits on the threshold
While I look into those bogholes, thinking:
At the centre of every eye
A circle of blackness, the same
In every woman I’ve ever loved
And  then I say goodbye and turn away. 

domingo, enero 07, 2018

Juan Villoro / El puño en alto














Eres del lugar donde recoges
                              la basura.
Donde dos rayos caen
                  en el mismo sitio.
Porque viste el primero,
                 esperas el segundo.
Y aquí sigues.
Donde la tierra se abre
               y la gente se junta.

Otra vez llegaste tarde:
estás vivo por impuntual,
       por no asistir a la cita que
                a las 13:14 te había
                      dado la muerte,
treinta y dos años después
            de la otra cita, a la que
                   tampoco llegaste
                                 a tiempo.
Eres la víctima omitida.
El edificio se cimbró y no
           viste pasar la vida ante
             tus ojos, como sucede
                       en las películas.
Te dolió una parte del cuerpo
        que no sabías que existía:
La piel de la memoria,
              que no traía escenas
                de tu vida, sino del
            animal que oye crujir
                           a la materia.
También el agua recordó
                 lo que fue cuando
           era dueña de este sitio.
Tembló en los ríos.
Tembló en las casas
     que inventamos en los ríos.
      Recogiste los libros de otro
                tiempo, el que fuiste
                     hace mucho ante
                           esas páginas.

Llovió sobre mojado
después de las fiestas
                            de la patria,
Más cercanas al jolgorio
                   que a la grandeza.
¿Queda cupo para los héroes
                        en septiembre?
Tienes miedo.
Tienes el valor de tener miedo.
No sabes qué hacer,
                         pero haces algo.
No fundaste la ciudad
      ni la defendiste de invasores.

Eres, si acaso, un pordiosero
                             de la historia.
El que recoge desperdicios
               después de la tragedia.
El que acomoda ladrillos,
                              junta piedras,
encuentra un peine,
dos zapatos que no hacen juego,
una cartera con fotografías.
El que ordena partes sueltas,
trozos de trozos,
restos, sólo restos.
Lo que cabe en las manos.

El que no tiene guantes.
El que reparte agua.
El que regala sus medicinas
     porque ya se curó de espanto.
El que vio la luna y soñó
                   cosas raras, pero no
                     supo interpretarlas.
El que oyó maullar a su gato
              media hora antes y sólo
          lo entendió con la primera
            sacudida, cuando el agua
                      salía del excusado.
El que rezó en una lengua
               extraña porque olvidó
                             cómo se reza.
El que recordó quién estaba
                             en qué lugar.
El que fue por sus hijos
                             a la escuela.
El que pensó en los que
        tenían hijos en la escuela.
El que se quedó sin pila.
El que salió a la calle a ofrecer
                                 su celular.
El que entró a robar a un
              comercio abandonado
                     y se arrepintió en
                 un centro de acopio.
El que supo que salía sobrando.
El que estuvo despierto para
           que los demás durmieran.

El que es de aquí.
El que acaba de llegar
           y ya es de aquí.
El que dice "ciudad" por decir
                 tú y yo y Pedro y Marta
               y Francisco y Guadalupe.
El que lleva dos días sin luz
                                          ni agua.
El que todavía respira.
El que levantó un puño
                        para pedir silencio.
Los que le hicieron caso.
Los que levantaron el puño.
Los que levantaron el puño
                                 para escuchar
                               si alguien vivía.
Los que levantaron el puño para
                         escuchar si alguien
                                 vivía y oyeron
                                   un murmullo.
Los que no dejan de escuchar.

Juan Villoro (Ciudad de México, 1956), Reforma, 22 de septiembre de 2017

Nota: El poema fue publicado en el lugar de una habitual columna periodística de Villoro, después del último terremoto en la Ciudad de México

Ref.:
El Tiempo
Milenio
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes