jueves, abril 18, 2019

Giacomo Leopardi / La retama, o flor del desierto

     














  Καὶ ἠγάπησαν οἱ ἄνθρωποι µᾶλλον τὸ σκότος ἢ τὸ φῶς
         Y los hombres quisieron más las tinieblas que la luz.
                                                                           Juan, III, 19

Aquí, sobre la árida espalda
del formidable monte,
exterminador Vesubio,
no alegrada por ningún árbol ni flor,
tus matas solitarias alrededor esparces,
fragante retama,
alegría de los desiertos. También te vi
con tus estelas embellecer las baldías regiones
que ciñen la ciudad,
señora de los mortales en un tiempo:
del perdido imperio
parece, con su grave y taciturno aspecto,
dar fe y recuerdo al forastero.
Vuelvo a verte en este suelo, de tristes
lugares y, del mundo abandonado, amante,
y de afligidas fortunas siempre compañera.
Estos campos sembrados
de cenizas infecundas y recubiertos
de lava petrificada,
que bajo los pasos del peregrino suena;
donde anida y se retuerce al sol
la serpiente, y donde al conocido,
cavernoso cubil regresa el conejo,
fueron dichosas villas y cultivos,
y rubio movimiento de espigas, y aquí sonaron
los mugidos de rebaños.
Fueron jardines y palacios:
grato hospedaje para el ocio
de los poderosos; y fueron ciudad famosa
que con torrentes el altivo monte
de su ígnea boca aplastó
junto con los habitantes. Ahora a todo eso
una ruina lo rodea,
donde te asientas, flor gentil, y casi
de los daños apiadándote, mandas
al cielo el dulcísimo olor de tu perfume
que al desierto consuela. A estas playas
venga aquel que exaltar con loas
nuestro estado suele, y vea cuánto
a nuestro género tiene en cuidado
la amante naturaleza. Y el poder
aquí en justa medida
podrá estimar de la humana simiente
a la que su nodriza, cuando menos la teme,
con leve movimiento en un momento anula
en gran parte, y puede aún, con movimiento
poco menos leve, súbitamente
aniquilar del todo.
Pintadas en estas laderas
están de la gente humana
las magníficas y progresivas suertes.

Mira aquí, en este espejo,
siglo soberbio y necio,
que la calle entonces
del resurgido pensamiento antiguo
abandonaste. Y vuelve atrás los pasos
y volver sea tu jactancia.
Y a continuar te llames.
A tu parlotear los ingenios todos,
de los que mala suerte padre te hizo,
adulando continúan,
pero ludibrio tal vez
hacen para adentro. No seré yo
quien con tal vergüenza descienda a la tierra,
sino que el desprecio que mi pecho guarda
mostraré tanto cuanto pueda,
aunque sepa que el olvido
oprime a quien mucho a su propia edad increpa.
De este mal, que contigo
llevo, hoy me río cuanto puedo.
Soñando la libertad y siervo al mismo tiempo
quieres el pensamiento
por el que surgimos
desde la barbarie, y por el que solo
se crece en civilidad, única que al bien
guía los hechos públicos.
Te disgusta la verdad
de la áspera suerte y del bajo lugar
que la naturaleza te dio. Por eso la espalda
cobardemente volviste a la luz
que el pensar hizo evidente y, fugitivo, llamas
a quienes la siguen. Magnánimo
sólo es quien, escarneciendo
a sí mismo o a los otros, sabio o loco,
hasta los astros eleva el mortal grado.

Hombre de pobre estado y cuerpo enfermo,
que de alma sea generoso y alto,
no se llama ni se estima
rico de oro ni gallardo.
y de espléndida vida o de
valiente persona entre la gente
no hace risible demostración.
Pero si de fuerza y riqueza es mendigo
se deja ver sin vergüenza, y habla
abiertamente, y de sus cosas
hace estima en esa forma.
Magnánimo animal
no creo ya, sino necio,
al que nacido para morir, nutrido en penas,
dice: Para gozar soy hecho.
Y con fétido orgullo
llena los papeles de excelsos hechos y nueva
felicidad, que el cielo entero desconoce.
No ya orbe, hace promesas en tierra
a pueblos que la onda
de mar conturbado, el soplo
de aire maligno, el subterráneo derrumbe
destruyen de tal modo que resta
apenas de ellos el recuerdo.
Noble naturaleza es la que
a elevar se dispone
los ojos mortales hacia
el hado común, y con franca lengua
nada a la vista distrayendo,
profesa el mal que nos tocó en suerte
y nuestro bajo y frágil estado.
La que grande y fuerte
se muestra en el dolor, y ni los odios ni las iras
fraternas, aun más graves
que cualquier otro daño, alimenta
en sus miserias, culpando al hombre
de su dolor, sino a la culpable
verdadera, que de los mortales
es madre en el parto y del querer madrastra.
La llama enemiga pero pariente
de su ser la piensa,
tal como es en verdad, y ordenada al principio
como humana compañía.
A todos los seres cree confederados
y a todos los abraza
con amor verdadero, ofreciendo
y esperando valerosa y pronta ayuda
en los peligros y en las angustias
de la guerra común; y a la ofensas
del hombre armar la diestra, y tender lazos
al vecino y ponerle obstáculos,
es necia creencia, como si en el campo
ceñido de contrarios, en el más vivo
acoso del asalto,
olvidando los enemigos, acerba lucha
emprendiera con los amigos,
y dispersara en fuga y fulminara con la espada
a sus guerreros.
Así tales pensamientos
cuando sean, como fueron, entregados al vulgo,
y aquel horror que antes
frente a la despiadada naturaleza
ató a los hombres en social cadena,
sea reconducido por el veraz saber,
el honesto y justo
conversar ciudadano, la
justicia y la piedad, otra raíz
tendrán, no soberbia fábula,
en que se fundará la probidad del vulgo,
tan firme como suele estar parado
aquel que tiene en el error su base.

A menudo en estas orillas
que, desoladas, de oscuro
viste el flujo endurecido y ondeante,
paso la noche; y sobre esta misma tierra
en purísimo azul
veo a la noche flamear las estrellas,
a las que lejos les hace espejo
el mar, y todo cintila alrededor,
en el vacío sereno del mundo.
Y si los ojos dirijo a esas luces
que parecen un punto,
pero son inmensas, de modo
que un punto son en su pecho tierra y mar,
realmente; y en donde
no solo hombre, sino ese
globo donde el hombre es nada,
son ignorados; cuando miro
todo esto sin un final y aun más remotos
nudos de estrellas
que se nos aparecen como niebla, no ya
el hombre y la tierra solos, sino todo en uno
el número de cuerpos y soles infinitos,
y con el áureo sol juntas, las estrellas
son ignotas, o parecen como
todas a la tierra, un punto
de luz nebulosa: en mi pensamiento,
¿qué pareces tú, prole del hombre?
Mirando
tu estar aquí abajo, del que da señal
el suelo que piso; y de otra parte,
esa señoría y fin que tú
crees otorgados por el Todo, tú, al que tantas veces
le agrada fantasear en este oscuro
grano de arena que llamamos tierra
que por ti los autores del universo
bajaron a conversarte con agrado,
y que deseos y sueños
renovaron, al sabio insulta
hasta la edad presente, que en conocimiento
y en civiles modos
parece adelantar a todas; ¿qué razón,
mortal prole infeliz, o qué pensamiento
de ti finalmente me toma el corazón?
No sé si la risa o la piedad se impone.

Como del árbol cae una pequeña manzana
cuando en el tardo otoño
la madurez sin otra fuerza la derriba,
y de un pueblo de hormigas el dulce albergue,
cavado en blanda tierra
con gran trabajo, y las obras
y la riqueza reunida en larga
fatiga por la asidua cuadrilla
próvidamente en el tiempo de verano
aplasta, devasta y cubre en un punto,
cayendo así desde lo alto,
desde el útero tonante
lanzada al cielo profundo
de cenizas, de pómez y de rocas
noche y ruina, infusa
de borboteantes arroyos,
o bien montada en la ladera,
furiosa entre la hierba,
de licuadas masas
y de metales y de encendida arena
descendiendo llena,
las ciudades que el mar allá en la extrema
playa baña, confunde
y quiebra y recubre
en pocos instantes: allá donde ahora pasta
la cabra, y las nuevas ciudades
surgen y las sepultadas
les hacen de asientos, y los caídos muros
el arduo monte pisotea.
No la naturaleza a la semilla
del hombre estima o cuida
más que a la hormiga:
y si en él es menor el estrago,
tal vez sea porque menos fecunda es su prosapia.

Mil ochocientos
años hace que desaparecieron, oprimidos
por la ígnea fuerza, los sitios humanos,
y el aldeano atento
a los viñedos, que miserablemente
nutre la muerta tierra cenicienta,
todavía eleva la mirada
recelosa a la cumbre
fatal, que nunca apacible,
aún tremenda, lo amenaza
con estragar sus pobres haberes y sus hijos.
Y a menudo
el pobre en su lecho
del rústico hospedaje, hasta la vaga
aurora, yaciendo insomne
y sobresaltado, explora el curso
del temido hervor, que se vuelca
desde el incansable seno
al arenoso dorso, y que ilumina
la costa de Capri
y de Nápoles el puerto y Mergellina.
Y si lo ve apurarse, o si en el fondo
del pozo doméstico oye el agua
hirviendo gorgotear, despierta a sus hijitos,
despierta a la mujer, y con cuanto
de sus cosas agarrar pudieron, huyendo,
mira a lo lejos el usado
nido en el pequeño campo,
que le fue del hambre único resguardo,
presa del flujo incandescente
que crepitando llega, e implacable
para siempre sobre el campo se despliega.
Torna al celeste rayo
desde el antiguo olvido la extinta
Pompeya, como sepulto
esqueleto, que de la tierra
avaricia o piedad devuelve a lo abierto;
y del desierto agujero,
derecho entre las filas
de truncadas columnas, el peregrino
lejos contempla el bipartido monte
y la cresta humeante,
que a la esparcida ruina aún amenaza.
Y en el horror de la secreta noche
por los vacíos anfiteatros, por los templos
deformes y por las rotas
casas, donde el murciélago se esconde,
como siniestra faz
que por desiertos palacios lóbrega pasea,
corre el resplandor de la fúnebre lava,
que a lo lejos las sombras
enrojece y todo alrededor lo tiñe.
Del hombre ignorante y de las edades
que él llama antiguas, y de la herencia que hacen
luego los abuelos y los nietos,
está Natura siempre verde, y avanza
por tan largo camino
que parece durar siempre. Caen reinos en tanto,
pasan gentes e idiomas: ella no ve:
y el hombre, de eternidad se arroga el mérito.

Y tú, lenta retama,
que de selvas fragantes
adornas estos campos despojados,
también al cruel poder del subterráneo
fuego sucumbirás,
porque regresando al sitio
conocido, extenderá su avaro filo
sobre estas tiernas forestas. Y doblarás
bajo el haz mortal, nunca reacia,
tu cabeza inocente:
pero no la inclinarás hasta entonces en vano
cobardemente suplicando ante
el futuro opresor; tampoco la yergues
con desatinado orgullo para ver las estrellas
sobre el desierto, donde
la casa y el nacimiento
no por voluntad sino por fortuna tuviste;
sino que más sabia y menos
enferma que el hombre, tus frágiles
estirpes no creíste,
por el hado o por los hechos, inmortales.

[1836]

Giacomo Leopardi (Recanati, Italia, 1798-Nápoles, Italia, 1837), Canti, Asociación Dante Alighieri, Buenos Aires, 1987
Traducción de Jorge Aulicino

Ref.:
Casa Leopardi
Studenti
RAI Storia
El País
UNAM

Ilkusración: Retrato de Giacomo Leopardi por Domenico Morelli Marche Beni Culturali

XXXIV - LA GINESTRA, O FIORE DEL DESERTO

          Καὶ ἠγάπησαν οἱ ἄνθρωποι µᾶλλον τὸ σκότος ἢ τὸ φῶς
          E gli uomini vollero piuttosto le tenebre che la luce
                                                                    (Giovanni, III, 19)

Qui su l’arida schiena
del formidabil monte
sterminator Vesevo,
la qual null’altro allegra arbor né fiore,
5tuoi cespi solitari intorno spargi,
odorata ginestra,
contenta dei deserti. Anco ti vidi
de’ tuoi steli abbellir l’erme contrade
che cingon la cittade
10la qual fu donna de’ mortali un tempo,
e del perduto impero
par che col grave e taciturno aspetto
faccian fede e ricordo al passeggero.
Or ti riveggo in questo suol, di tristi
15lochi e dal mondo abbandonati amante
e d’afflitte fortune ognor compagna.
Questi campi cosparsi
di ceneri infeconde, e ricoperti
dell’impietrata lava,
che sotto i passi al peregrin risona;
dove s’annida e si contorce al sole
la serpe, e dove al noto
cavernoso covil torna il coniglio;
fûr liete ville e cólti,
e biondeggiâr di spiche, e risonâro
di muggito d’armenti;
fûr giardini e palagi,
agli ozi de’ potenti
gradito ospizio; e fûr cittá famose,
che coi torrenti suoi l’altèro monte
dall’ignea bocca fulminando oppresse
con gli abitanti insieme. Or tutto intorno
una ruina involve,
ove tu siedi, o fior gentile, e quasi
i danni altrui commiserando, al cielo
di dolcissimo odor mandi un profumo,
che il deserto consola. A queste piagge
venga colui che d’esaltar con lode
il nostro stato ha in uso, e vegga quanto
è il gener nostro in cura
all’amante natura. E la possanza
qui con giusta misura
anco estimar potrá dell’uman seme,
cui la dura nutrice, ov’ei men teme,
con lieve moto in un momento annulla
in parte, e può con moti
poco men lievi ancor subitamente
annichilare in tutto.
Dipinte in queste rive
son dell’umana gente
le magnifiche sorti e progressive.

 Qui mira e qui ti specchia,
secol superbo e sciocco,
che il calle insino allora
dal risorto pensier segnato innanti
abbandonasti, e vòlti addietro i passi,
del ritornar ti vanti,
e procedere il chiami.
Al tuo pargoleggiar gl’ingegni tutti,
di cui lor sorte rea padre ti fece,
vanno adulando, ancora
ch’a ludibrio talora
t’abbian fra sé. Non io
con tal vergogna scenderò sotterra;
ma il disprezzo piuttosto che si serra
di te nel petto mio,
mostrato avrò quanto si possa aperto;
bench’io sappia che obblio
preme chi troppo all’etá propria increbbe.
Di questo mal, che teco
mi fia comune, assai finor mi rido.
Libertá vai sognando, e servo a un tempo
vuoi di novo il pensiero,
sol per cui risorgemmo
della barbarie in parte, e per cui solo
si cresce in civiltá, che sola in meglio
guida i pubblici fati.
Cosí ti spiacque il vero
dell’aspra sorte e del depresso loco
che natura ci die’. Per queste il tergo
vigliaccamente rivolgesti al lume
che il fe’ palese; e, fuggitivo, appelli
vil chi lui segue, e solo
magnanimo colui
che sé schernendo o gli altri, astuto o folle,
fin sopra gli astri il mortal grado estolle.

     Uom di povero stato e membra inferme
che sia dell’alma generoso ed alto,
non chiama sé né stima
ricco d’òr né gagliardo,
e di splendida vita o di valente
persona infra la gente
non fa risibil mostra;
ma sé di forza e di tesor mendíco
lascia parer senza vergogna, e noma
parlando, apertamente, e di sue cose
fa stima al vero uguale.
Magnanimo animale
non credo io giá, ma stolto,
quel che nato a perir, nutrito in pene,
dice: — A goder son fatto, — 
e di fetido orgoglio
empie le carte, eccelsi fati e nòve
felicitá, quali il ciel tutto ignora,
non pur quest’orbe, promettendo in terra
a popoli che un’onda
di mar commosso, un fiato
d’aura maligna, un sotterraneo crollo
distrugge sí, ch'avanza
a gran pena di lor la rimembranza.
Nobil natura è quella
ch’a sollevar s’ardisce
gli occhi mortali incontra
al comun fato, e che con franca lingua,
nulla al ver detraendo,
confessa il mal che ci fu dato in sorte,
e il basso stato e frale;
quella che grande e forte
mostra sé nel soffrir, né gli odii e l’ire
fraterne, ancor piú gravi
d’ogni altro danno, accresce
alle miserie sue, l’uomo incolpando
del suo dolor, ma dá la colpa a quella
che veramente è rea, che de’ mortali
madre è di parto e di voler matrigna.
Costei chiama inimica; e incontro a questa
congiunta esser pensando,
siccom’è il vero, ed ordinata in pria
l’umana compagnia,
tutti fra sé confederati estima
gli uomini, e tutti abbraccia
con vero amor, porgendo
valida e pronta ed aspettando aita
negli alterni perigli e nelle angosce
della guerra comune. Ed alle offese
dell’uomo armar la destra, e laccio porre
al vicino ed inciampo,
stolto crede cosí, qual fôra in campo
cinto d’oste contraria, in sul piú vivo
incalzar degli assalti,
gl’inimici obbliando, acerbe gare
imprender con gli amici,
e sparger fuga e fulminar col brando
infra i propri guerrieri.
Cosí fatti pensieri
quando fien, come fûr, palesi al volgo;
e quell’orror che primo
contra l’empia natura
strinse i mortali in social catena,
fia ricondotto in parte
da verace saper; l’onesto e il retto
conversar cittadino,
e giustizia e pietade altra radice
avranno allor che non superbe fole,ove fondata probitá del volgo
cosí star suole in piede
quale star può quel c’ha in error la sede

     Sovente in queste rive,
che, desolate, a bruno
veste il flutto indurato, e par che ondeggi,
seggo la notte; e su la mesta landa,
in purissimo azzurro
veggo dall’alto fiammeggiar le stelle,
cui di lontan fa specchio
il mare, e tutto di scintille in giro
per lo vòto seren brillare il mondo.
E poi che gli occhi a quelle luci appunto,
ch’a lor sembrano un punto,
e sono immense, in guisa
che un punto a petto a lor son terra e mare
veracemente; a cui
l’uomo non pur, ma questo
globo, ove l’uomo è nulla,
sconosciuto è del tutto; e quando miro
quegli ancor piú senz’alcun fin remoti
nodi quasi di stelle,
ch’a noi paion qual nebbia, a cui non l’uomo
e non la terra sol, ma tutte in uno,
del numero infinite e della mole,
con l’aureo sole insiem, le nostre stelle
o sono ignote, o cosí paion come
essi alla terra, un punto
di luce nebulosa; al pensier mio
che sembri allora, o prole
dell’uomo? E rimembrando
il tuo stato quaggiú, di cui fa segno
il suol ch’io premo; e poi dall’altra parte,
che te signora e fine
credi tu data al Tutto; e quante volte
favoleggiar ti piacque, in questo oscuro
granel di sabbia, il qual di terra ha nome,
per tua cagion, dell’universe cose
scender gli autori, e conversar sovente
co’ tuoi piacevolmente; e che, i derisi
sogni rinnovellando, ai saggi insulta
fin la presente etá, che in conoscenza
ed in civil costume
sembra tutte avanzar; qual moto allora,
mortal prole infelice, o qual pensiero
verso te finalmente il cor m’assale?
Non so se il riso o la pietá prevale.

     Come d’arbor cadendo un picciol pomo,
cui lá nel tardo autunno
maturitá senz’altra forza atterra,
d’un popol di formiche i dolci alberghi
cavati in molle gleba
con gran lavoro, e l’opre,
e le ricchezze ch’adunate a prova
con lungo affaticar l’assidua gente
avea provvidamente al tempo estivo,
schiaccia, diserta e copre
in un punto; cosí d’alto piombando,
dall’utero tonante
scagliata al ciel profondo,
di ceneri e di pomici e di sassi
notte e ruina, infusa
di bollenti ruscelli,
o pel montano fianco
furiosa tra l’erba
di liquefatti massi
e di metalli e d’infocata arena
scendendo immensa piena,
le cittadi che il mar lá su l’estremo
lido aspergea, confuse
e infranse e ricoperse
in pochi istanti: onde su quelle or pasce
la capra, e cittá nove
sorgon dall’altra banda, a cui sgabello
son le sepolte, e le prostrate mura
l’arduo monte al suo piè quasi calpesta.
Non ha natura al seme
dell’uom piú stima o cura
ch’alla formica: e se piú rara in quello
che nell’altra è la strage,
non avvien ciò d’altronde
fuor che l’uom sue prosapie ha men feconde.

     Ben mille ed ottocento
anni varcâr poi che sparîro, oppressi
dall’ignea forza, i popolati seggi,
e il villanello intento
ai vigneti, che a stento in questi campi
nutre la morta zolla e incenerita,
ancor leva lo sguardo
sospettoso alla vetta
fatal, che nulla mai fatta piú mite
ancor siede tremenda, ancor minaccia
a lui strage ed ai figli ed agli averi
lor poverelli. E spesso
il meschino in sul tetto
dell’ostel villereccio, alla vagante
aura giacendo tutta notte insonne,
e balzando piú volte, esplora il corso
del temuto bollor, che si riversa
dall’inesausto grembo
sull’arenoso dorso, a cui riluce
di Capri la marina
e di Napoli il porto e Mergellina.
E se appressar lo vede, o se nel cupo
del domestico pozzo ode mai l’acqua
fervendo gorgogliar, desta i figliuoli,
desta la moglie in fretta, e via, con quanto
di lor cose rapir posson, fuggendo,
vede lontan l’usato
suo nido, e il picciol campo,
che gli fu dalla fame unico schermo,
preda al flutto rovente,
che crepitando giunge, e inesorato
durabilmente sovra quei si spiega.
Torna al celeste raggio
dopo l’antica obblivion, l’estinta
Pompei, come sepolto
scheletro, cui di terra
avarizia o pietá rende all’aperto;
e dal deserto fòro
diritto infra le file
de’ mozzi colonnati il peregrino
lunge contempla il bipartito giogo
e la cresta fumante,
ch’alla sparsa ruina ancor minaccia.
E nell’orror della secreta notte
per li vacui teatri,
per li templi deformi e per le rotte
case, ove i parti il pipistrello asconde,
come sinistra face
che per vòti palagi atra s’aggiri,
corre il baglior della funerea lava,
che di lontan per l’ombre
rosseggia e i lochi intorno intorno tinge.
Cosí, dell’uomo ignara e dell’etadi
ch’ei chiama antiche, e del seguir che fanno
dopo gli avi i nepoti,
sta natura ognor verde, anzi procede
per sí lungo cammino
che sembra star. Caggiono i regni intanto,
passan genti e linguaggi: ella nol vede:
e l’uom d’eternitá s’arroga il vanto.

     E tu, lenta ginestra,
che di selve odorate
queste campagne dispogliate adorni,
anche tu presto alla crudel possanza
soccomberai del sotterraneo foco,
che ritornando al loco
giá noto, stenderá l’avaro lembo
su tue molli foreste. E piegherai
sotto il fascio mortal non renitente
il tuo capo innocente:
ma non piegato insino allora indarno
codardamente supplicando innanzi
al futuro oppressor; ma non eretto
con forsennato orgoglio inver’ le stelle,
né sul deserto, dove
e la sede e i natali
non per voler ma per fortuna avesti;
ma piú saggia, ma tanto
meno inferma dell’uom, quanto le frali
tue stirpi non credesti
o dal fato o da te fatte immortali.

miércoles, abril 17, 2019

Julian Przyboś / Notre Dame












¡Y el espacio brotó
de un millón de dedos unidos para rezar!

Pero el terror puntiagudo me hundió
en su Entraña.
Escarnecido y despreciado por las quimeras
con su boca abierta por la lluvia
me pregunto: ¿Quién soy yo vivo
al pie de los pilares?
Estos muros desprendidos de la roca
se levantan del sarcófago, sus quijadas
se alzan por encima de mí.

¿Quién estremeció las tinieblas?
¿Quién las plegó? ¿Quién las abrazó?

Ya sé. Las cruces sujetadas
a sus Cristos
hay que convertirlas en andamios
verticales con sus peldaños,
igualar la voluntad con el azul
más hondo del cielo,
y a la propia muerte
hay que clavarla con el rayo
del gótico—

—arriba en la piedra angular
palpita el vuelo atrapado de las flechas—

Perduro bajo el trueno de las piedras
que suben siempre, implacablemente,
hasta que de repente el vértigo
las haga precipitarse en el fondo
de dos torres — dos honduras detenidas.
¿Quién concibió ese abismo?
¿Quién lo expulsó hacia arriba?

Julian Przyboś (Gwoznica, Polonia, 1901-Varsovia, 1970), Poesía polaca contemporánea, Selección, traducciones y notas de Krystyna Rodowska, Material de Lectura n° 31, Universidad Nacional Autónoma de México, Ciudad de México, 2008

Ref.:
Material de Lectura de la UNAM

Foto: s/d

martes, abril 16, 2019

Heather Dohollau / Hölderlin en la torre














Pájaros esporádicos
Los campos todavía están ahí delante
Las palabras que se fueron regresan
Lo tocan, él tiende la mano
Y dulcemente las pone
Las unas junto a las otras
Dicen cosas muy sencillas
Como la música
El agua está en calma
La sombra del pájaro sorprende
Los días son largos
Como al comienzo de la vida.

A partir de un instante de una
Extrema sencillez ya no hace falta esperar.

Heather Dohollau (Treherbert, Gales,1925-Saint Brieuc, Francia, 2013), Seule enfance, Editions Solaire, Issirac, 1978
Traducción de Eduardo Conde

Ref.:
Vallejo & Co.
Víctor Bermúdez
The Independent
Crew

Foto: Crew

HÓLDERLIN À LA TOUR

Les oiseaux intermittents 
Les champs toujours là en face 
Les mots voltigent, reviennent 
Le touchent, il tend la main 
Et les pose doucement 
Les uns à côté des autres 
Ils disent les choses très simples 
Comme la musique 
L'eau est calme 
L'ombre de l'oiseau surprend 
Les jours sont longs 
Comme au début de la vie

A partir d'un moment d'une 
extrême simplicité il ne faut plus espérer

lunes, abril 15, 2019

Sebastián Salazar Bondy / Desde el corazón















Me sitúo en el centro de mi corazón,
pongo los ojos en el fondo de ese pozo
como dos lámparas frías que encienden el amor,
¿y qué veo?

           Dios mío, si veo
el claro espejo familiar que hay en mi sueño,
el pan que sale del horno de la vida a cada rato.

Vuelve a ti, viajero, vuelve
al Hotel de Bâle, ya que París es una pieza mortecina,
un lavabo, una mesa, un lecho para el vino de esta noche,
y sabrás nuevamente que eres un círculo de dudas
un remolino incesante que gira en torno de la ausencia.

Me sitúo en el centro de mi corazón, repito,
y me digo:
           “Estoy aquí, pero en Lima
despertará mi madre cuando el perro
gima a su puerta, le dé los buenos días, la bendiga,
porque su mano es como un fruto que no cesa”.

Sebastián Salazar Bondy (Lima, 1924-1965), Confidencia en alta voz, Ediciones Vida y Palabra, Lima, 1960

Ref.:
Vallejo & Co.
Ser Peruano
Revista de la Universidad de México
Centro Cultural Trilce
Poemas del Alma

Foto: Vallejo & Co.

domingo, abril 14, 2019

Robert Creeley / Mar



















Siempre
para dormir,
agua que regresas.

*

La roca permanece recta,
pensando.

*

Niño y perro
bordeando
la orilla.

*

Vuelve, primera
ola que vi.

*

Anciano
junto al agua, pantalones
marrones remangados,
blancas las piernas, y el pelo.

*

Tenues borrosas
nubes empiezan
a cubrir
el sol, im-
perceptiblemente.

*

Palo clavado
en la arena, zapatos,
suéters, cigarrillos.

*

Ningún hogar más
al que ir.

*

Pero esa línea,
de cielo y de mar,
algo más.

*

Adiós, agua-
hasta otro día.

Robert Creeley (Arlington, Estados Unidos, 1926-Odessa, Texas, Estados Unidos, 2005), Later, New Directions, Nueva York, 1979
Versión de Jonio González.

Ref.:
El Placard
De Sibilas y Pitias
Otra Iglesia Es Imposible
Poetry Foundation
PennSound
PoemsBeingRead/YouTube
Paris Review
The New York Times/El País

Foto: Robert Creeley en julio de 1984 fotografiado por Allen Ginsberg. La leyenda manuscrita con la firma de Ginsberg dice: "I wanted to focus on a sharp clear eye - Robert Creeley's friendship, July 1984, Boulder" Allen Ginsberg Project

SEA

Ever
to sleep,
returning water.
*
Rock’s upright,
thinking.
*
Boy and dog
following
the edge.
*
Come back, first
wave I saw.
*
Old man at
water’s edge, brown
pants rolled up,
white legs, and hair.
*
Thin faint
clouds begin
to drift over
sun, im-
perceptibly.
*
Stick stuck
in sand, shoes,
sweater, cigarettes.
*
No home more
to go to.
*
But that line,
sky and sea’s,
something else.
*
Adios, water —
for another day.

sábado, abril 13, 2019

Alberto Cisnero / De "Forma parte de mi guerra"


23-

no confío en nadie que rechace el frasco
y la pipa, chocar e incendiarse. en efecto,
por debajo del lustre está el instinto, chicos
azorados de corazón clemente. antes
de las drogas, el terrorismo, el sexo con niños
y el sexo con óbitos. esa es nuestra quince rue
vivienne, la serena ventaja de marcar la página
y cerrar el libro. no hay víctimas aquí (a lo sumo
voluntarios que apelan a su orfandad en pos
de conseguir un domicilio particular). me dedico
al negocio de envejecer, planeo nombrar todas
las estrellas sobre una rama en un poema.
fuera de la aldea y lejos de la manada, uno sólo
puede ansiar que ese tipo de hechos continúen
para siempre. confrontar la realidad sin dejar
demasiada sangre en el jardín, conservar ese
mágico momento y repetirlo a voluntad.
ya lo escribí muchas veces. escribir, eso es algo
que no está en ninguna parte. ni aquí ni allá
está cerca su camino.

28-

¿ya aceptaste lo que odiás, o todavía
desconocés lo peor acerca de cualquier cosa,
es decir, escribís para lograr la calma, el equilibrio,
la libertad personal en tu cubil?¿captaste
un tiempo idílico en el cual los pájaros cesaron
de repente en sus trinos y una constelación
se hundió hasta extinguirse en la cera
con que los empleados de limpieza adecentan
el jol de los salones?¿tachás y mirás
directamente detrás del folio
sin localizar un rayo de luz o de sonido, algún
impulso eléctrico que te oriente?¿ya lo habías
encontrado una vez y luego lo habías perdido?
¿atestiguaste que era un camino más largo
que llevaba a la misma meta o que llevaba más
allá de donde se puede regresar?¿desgraciada
la perdiz que se enreda en el alambre?¿vas
a declararte responsable de algún otro extraño
y arcaico rito?¿tomás notas de todo lo que se
ausenta en tu cuerpo, creyendo al mismo
tiempo dos cosas que se contradicen?

41-

en la apacibilidad de un gesto, los negros,
los obreros, los ancianos, las mujeres
y los niños somos más felices. no llegué
a esta playa ningún diecinueve de septiembre.
y nunca divisé un faro protector. leía al tiempo
que mercaba la fuerza de mis músculos dando
vuelta un pastón, levantando o revocando
una pared. con mi dinero pago el traje
que me cubre, la olla que paro y cada libro
que me atribuyo. no para proporcionarme
una fe nueva, sino para cuando no esté ahí,
ni en ningún lado y ya nadie recuerde
que siempre estuvimos
a un tris de lograrlo, de convertirnos
en duros y silentes como una piedra,
comprimidos y silentes detrás
de unas pocas palabras. y que bastaba enero
en los cánticos de los grillos y la silueta
en declive de los chañares meciéndose
en el agua para descubrir que de pronto
necesitábamos compañía.

Alberto Cisnero (La Matanza, Argentina, 1975)

Forma parte de mi guerra,
Barnacle,
Buenos Aires, 2019









Ref.:
Colofón
Literatura Viva
El Poeta Ocasional

viernes, abril 12, 2019

Odile Kennel / pensar salvia

























pienso salvia cuando miro
salvia, pienso verde grisáceo, hojas de terciopelo
por parejas opuestas, labiadas
amargas y aromáticas o no pienso nada
ni salvia ni plantas tampoco aroma
porque por puro pensamiento la salvia
prende bien en la ventana, sin embargo
se echa a perder en la cabeza, entonces para mí
la salvia no existe, aun así existe
para sí y no sabe cómo se llama
y no sabe nada de su existencia
es posible que no sepa absolutamente nada.

Pienso vos cuando no
pienso salvia, no pienso que
los vencejos dormitan
en las esferas más altas del aire
mientras estamos despiertas al lado de la ventana
pienso vos mientras el aroma amargo
y a especia en tu existencia
y en la mía viene de donde el aroma mismo no sabe
y así surge un desequilibrio
existencial en la luz de la tarde
porque sabemos, sabemos con precisión
que el tiempo es nada más que una taza
que se tira hacia el cielo o aceite etéreo o
un dispositivo de aislamiento, es posible

Odile Kennel (Bühl, Alemania, 1967), Oder wie heißt diese interplanetare Luft, Deutscher Taschenbuch Verlag, Múnich, 2013
Versión de Silvana Franzetti

Ref.:
Odile Kennel
Festival de Poesía de Medellín
Poetas Siglo XXI

Foto: Odile Kennel por Jo Frank

salbei denken

ich denke Salbei, wenn ich Salbei
sehe, denke grungraue, samtene Blatter
paarweise gegenstandig, Lippenblutler
bitter und wurzig, oder ich denke nichts
nicht Salbei, nicht Pflanze, nicht Duft
weil vor lauter Denken der Salbei
wohl vorkommt am Fenster, doch
verkommt im Kopf, er also fur mich
nicht existiert, er aber fur sich
existiert und nicht weis, wie er heist
und nichts weis von seiner Existenz
vermutlich gar nichts weis.
Ich denke du, wenn ich nicht
Salbei denke, nicht denke
dass die Mauersegler dosen
in den hoheren Schichten der Luft
wahrend wir wach liegen am Fenster
ich denke du, wahrend der bittere
und wurzige Duft in deine und meine
Existenz dringt, von der er nichts weis
und so entsteht ein existenzielles
Ungleichgewicht im Nachmittagslicht
denn wir wissen, wir wissen sehr genau
dass alle Zeit nur eine himmelwarts sturzende
Tasse ist oder atherisches Ol, oder
eine Apparatur der Einsamkeit, vermutlich

jueves, abril 11, 2019

Ugo Magnanti / Como si el patio...














Como si el patio te coronase
todavía con ciertas resonancias
nacionales, que terminan en el prado,
vivís en el mismo hemisferio
de savia, de hojas, de calles y albores.

Y hoy es el mirlo, el pájaro insensato,
el que te empuja adelante, y el plátano
es en cambio un árbol giratorio, encendido solo
un poco de mito, y mucho de historia,
por un viento nuevo pero aún inactual.

Ugo Magnanti (Nettuno, Italia, 1964), Il nome che ti manca, Pequod Edizioni, Ancona, 2019
Poesia del Nostro Tempo
Vía Silvia Rosa
Versión de Jorge Aulicino

Ref.:
Beppe Costa Blog
Imperfetta Ellisse
L'Ombra della Parole

Foto: Poesia del Nostro Tempo

Come se il cortile ti incoronasse
ancora, con certe sue risonanze
nazionali, finite dietro al prato,
tu vivi sul medesimo emisfero
di linfa, di foglie, di strade e albori.

Perché oggi è il merlo, l’uccello insensato
che ti spinge avanti, e l’albero ruotante
è invece il platano, incendiato solo
un po’, dal mito, e molto, dalla storia,
da un vento nuovo ma ancora inattuale.

miércoles, abril 10, 2019

Susana Cabuchi / La visita














Esta tarde ha venido mi madre.
Le he dicho
que esta ciudad oscura
que nunca será mía,
me ha querido mejor que mis hermanos.
Ella ha hablado de casa,
de mi padre,
y me ha contado cosas.
Las dos somos en esta tarde
casi amigas
y he visto que me extraña.
Le he mostrado mi pieza,
el patio de esta casa
y ella ha dicho
que estos parrales
son parecidos
a los del patio de la abuela.

Susana Cabuchi (Jesús María, Argentina, 1948), El corazón de las manzanas, Alción Editora, Córdoba, Argentina, 2018

Ref.:
VI Festival de Poesía de Mendoza
Noticias Día x Día
Tuerto Rey
La Ficción del Olvido

Foto: Festival de Poesía de Mendoza

Nota: La primera edición de este libro la realizó E. & G. López en Villa del Totoral, Córdoba, Argentina, en 1978

martes, abril 09, 2019

Raúl González Tuñón / De "El rumbo de las islas perdidas"















Y el porvenir que nace como un niño, desnudo

...Cuando andemos de nuevo desnudos
           y no tengamos vergüenza.
                         Jesucristo

Desnudo nace el niño, desnudo y sin un céntimo.
El porvenir es un niño desnudo.
Vienen después los años, las leyes, los prejuicios, el alquiler,
los primeros ministros, y todo se complica.
Vienen los que se oponen a que la historia crezca,
las brújulas se inquieten y se apasionen los relojes,
y están los que se sientan en la piedra
("Non raggionam di lor, ma guarda e pasa".)

A Moisés lo pusieron en una canasta, en la corriente,
y hubo un niño apodado La Suerte en California.
El porvenir estaba en ellos, desnudo y sin vergüenza.


Nostalgia-devenir-soledad-multitud

    Soledad, multitud, términos iguales
         para el poeta altivo y fecundo.
                              Baudelaire

Por momentos en días graves mas no solemnes
vuelvo los ojos a las madres nutricias, viejas fuentes,
y avanzo hacia la verde frescura de las nuevas.
Estoy solo en la calle y rodeado de gentes
en el patio de adentro de la intimidad.
Entre la multitud camino y escapo de ella cuando sueño
o cuando miro, lánguidas, pasar las nubes bajas.

Si, señor Rilke, el creador es un solitario,
pero sólo en el acto de crear, ya se lo dije.
Antes -usted lo supo en un instante intenso-
suele andar, si es auténtico, contemplando los mundos,
en el barro, en la estrella, en la sangre, en el hombre
y en el rumor espeso que viene del Mercado.

Raúl González Tuñón (Buenos Aires, 1905-1974), El rumbo de las islas perdidas, Ediciones del Alto Sol, Buenos Aires, 1969

Ref.:
La Poesía Alcanza para Todos
Letras y Celuloide
Drugstore

Foto: Raúl González Tuñón en su casa en el barrio de Colegiales, Buenos Aires, c.1971. Archivo familiar

lunes, abril 08, 2019

Luis O. Tedesco / El recinto final













VII

En eso que se dice masayá
juegan al "Infalible" con mi carne.

Incluso enferma y ya barrosa
su sangre los golosea,

me tienen, me tuvieron
desnutrido, vacante, convulsivo,
mi garganta tragando su respiro.

Si me escupen, escupo,
"ya más quisieras", dicen que me dije.


XII

Todo está aquí,
en tu cuerpo de aquí,

en tu vientre retorcido por lujuria,

ruinoso, enfermo, desplegado
en tu desmesura te acompaña,

no lo entregues, resignado,
a su silencio, machucate rabia,

rabia contra la raspa del Ignoro,
rabia contra el festín de sus claveles

y el repunte marcial del esqueleto.


XIV

Sucias de historia, chau
palabras que cavilan sin esencia.

Tu voceo, las dudas, el hablar mestizo,
la decisión formal de tus versitos

desparecerán, no habrá murmuyo
ni completú ni falta ni alarido

en tus grietas de sobra suburbana.

Luis O. Tedesco (Buenos Aires, 1941)

El sin... de mi aparente,
Grupo Editor Latinoamericano,
Buenos Aires, 2017







Ref.:
Ediciones en Danza
Clarín
Espacio Murena
Para Buenos Aires
El Poeta Ocasional
Solo Tempestad
Luvina

Foto: David Fernández/Clarín

domingo, abril 07, 2019

Philip Whalen / Homenaje a Robert Creeley
















Lo que pensé
que era una mosca en la ventana era
un nudo en la rama, fuera

Cerca de él una mosca de verdad sentada
tranquilamente al sol

El viento sacudía todas las ramas la mosca
seguía sentada

Philip Whalen (Portland, Oregón, Estados Unidos, 1923-San Francisco, Estados Unidos, 2002), Evergreen Review, vol. 1, nº 2, 1957, edición digital
Versión de Jonio González

Ref.:
Poetry Foundation
Tricycle
Play Ground
Jacket2

Foto: Tricycle

HOMAGE TO ROBERT CREELEY

What I thought
was a fly on the window was
a knot on the branch outside

Near is a real fly sat
quiet in the sun

Wind rocked all the branches the fly
sat stil

sábado, abril 06, 2019

Víctor Manuel Mendiola / Lot














I
Los ángeles llegaron a Sodoma
tarde en la tarde. El sol caía seco
en las casas lucíferas y un eco
oscuro resonaba en el idioma
de los rebaños. Lot, haciendo un hueco
con la mano, escuchaba una paloma.
Se acercó un puerco y Lot le dijo: “Toma
estas migas. Al dártelas no peco,
aunque la gente de estas propiedades
crea que la ternura es una falta,
un bien que es mal con expiación precisa.”
Los ángeles pensaron las verdades
del viejo fiel en la hora menos alta
cuando el sol cae y todo tiene prisa.

II
Los vecinos de Lot, en el momento
que llegaron los ángeles, miraron
una alada hermosura y observaron
cómo el anciano, con desprendimiento,
los guarecía en su hogar. Se juntaron
y riñeron. La luz en movimiento
ardía tras las nubes. Un violento
rumor creció. Los hombres se quitaron
las ropas largas y desnudos fueron
furiosos a la puerta del anciano.
“Queremos a los jóvenes –dijeron–,
los vamos a montar como un marrano
monta a chillidos una perra inmunda.
No olvidarán la noche gemebunda.”


III
Lot ofrece a sus hijas. Los vecinos
apresurados discuten: “Queremos
nada más a los jóvenes. Sabemos
que los has hospedado. Peregrinos
o lo que sean no permitiremos
que nos evadan. Perros y cochinos
los vamos a gozar por horas. Dinos
dónde los tienes. Permaneceremos
aquí toda la noche y contarán
el dolor del amor que nunca obraron.
Guarda a tus hijas con los gurruminos.”
Los ángeles, entonces, agolparon
a la turba en la sombra sin caminos
donde están los deseos que no están.

IV
Al llover el primer raudal de fuego,
Lot ya se halla muy lejos de Sodoma.
Reaparece prístina “la coma
de la luna” en la fría noche. Luego,
Lot encuentra una cueva en una loma
descolorida. Ahí, se humilla en ruego
y bebe vino con desasosiego.
Una hija se desnuda y él la toma.
A la noche siguiente bebe vino,
otra vez, y el deseo es más deseo
y goza a la segunda. Consolado,
Lot se arrulla en el sueño femenino
del vientre de sus hijas. Como hebreo
sabe que en su corral ha sido hurtado.

Víctor Manuel Mendiola (Ciudad de México, 1954), Letras Libres, marzo de 2019

Ref.:
Milenio
Círculo de Poesía
El Universal
Crónica Antropológica

Foto: Víctor Manuel Mendiola Pascual Borzelli Iglesias/Círculo de Poesía

viernes, abril 05, 2019

Fabio Morábito / En el mar, sobre ciertas rocas macabras...














EN EL MAR, sobre ciertas rocas macabras,
instalan faros para ahuyentar los buques.
Amarga luz que dice: aquí no hay nada, aléjate.
Luz que no alumbra,
que sólo señala la nada en que se asienta,
como un vientre de mujer hinchado
pero sin feto,
luz que no anuncia ni promete sólo indica
la oscuridad que la rodea, que la roe.

Fabio Morábito (Alejandría, Egipto, 1955), Delante de un prado una vaca, Ediciones Era, Ciudad de México, 2011

Ref.:
Infobae
Club de Traductores Literarios de Buenos Aires
Cuadernos Hispanoamericanos
La Voz
Atletas
A Media Voz
Zenda

Foto: Fabio Morábito Atletas