martes, julio 17, 2018

Miguel Gaya / Una excursión a los indios ranqueles















Para que engorde el caldo
le ponemos
cosas innombrables
Para que tenga sustancia
                Y después negamos
“Tiene choclo nomás
Alguna tripa gorda …”


Tierra de ranqueles es esta
De cristianos dudosos
Más que de mentiras
nos alimentamos de ocultamientos
Todos comimos
Carne de yegua
gusanos de la tierra

Miguel Gaya (Ayacucho, Argentina, 1953)

Colección Robin Hood,
segunda edición,
En Danza,
Buenos Aires, 2018










Ref.:
El Infinito Viajar
Círculo de Poesía
La Poesía Alcanza para Todos

lunes, julio 16, 2018

Cesare Pavese / El dios cabrón
















La campaña es un lugar de verdes misterios
para el muchacho, que viene en el verano. A la cabra,
que muerde ciertas flores, se le hincha la panza y tiene que correr.
Cuando el hombre ha gozado con alguna muchacha
-tienen pelos ahí abajo- el chico le hincha la panza.
Pastando las cabras, se hacen bravatas y burlas,
pero en el crepúsculo cada uno comienza a cuidarse las espaldas.
Los muchachos saben cuándo ha pasado la culebra
por el rastro sinuoso que queda en la tierra.
Pero ninguno sabe si pasa la culebra
entre la hierba. Ahí están las cabras que van a pararse
sobre la culebra, en la hierba, y gozan de hacerse chupar.
Las muchachas también gozan, de hacerse tocar.

Al levantarse la luna, las cabras no pueden quedarse quietas,
es necesario reunirlas y arrearlas a casa,
si no, se alza el cabrón. Saltando en el prado
despanzurra todas las cabras y desaparece. Muchachas calientes
dentro de los bosques van solas, de noche,
y el cabrón, que bala tendido en la hierba, corre a su encuentro.
Pero que despunte la luna: se alza y las despanzurra.
Y las perras, que ladran bajo la luna,
es porque han sentido al cabrón que salta
sobre las colinas y han olisqueado el olor de la sangre.
Y las bestias se agitan en los establos.
Solamente los perrazos más fuertes muerden la cuerda,
y alguno se libera y corre a seguir al cabrón
que lo rocía y embriaga de una sangre más roja que el fuego,
y después balan todos, derechos y ululando a la luna.

Cuando, de día, el perrazo regresa pelado y gruñón,
los campesinos lo agarran a patadas en el traste.
Y a la hija, que pasea de noche, y al muchacho que regresa
cuando está oscuro, perdida una cabra, les parten el cuello.
Llenan mujeres, los campesinos, y las fatigan sin respeto.
Salen de día y de noche y no tienen miedo
de zapar incluso bajo la luna o de encender un fuego
de pastos en la oscuridad. Por eso, la tierra
es tan bella verde; y labrada tiene el color,
bajo el alba, de los rostros encendidos. Se va a la vendimia
y se come y se canta; se va a pelar las mazorcas
y se baila y se bebe. Se sienten muchachas que ríen,
porque alguno menciona al cabrón. Arriba, en la cima, en los bosques,
entre los bordes rocosos, los campesinos han visto
que buscaba la cabra y pegaba golpes a los troncos.
Porque, cuando una bestia no sabe trabajar
y se la tiene sólo de semental, le gusta destruir.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, Italia, 1908-Turín, Italia, 1950)

Trabajar cansa. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos,
Griselda García Editora, Del Dock, Cartografías,
Buenos Aires, 2018
Versión de Jorge Aulicino









Ref.:
Eterna Cadencia
UNAM
Controppuntoblog
Charta Sporca
Luciano Zappella

Foto: Cesare Pavese en Santo Stefano Belbo, c.1928


Il dio-caprone
La campagna è un paese di verdi misteri/ al ragazzo, che viene d'estate. La capra, che morde/ certi fiori, le gonfia la pancia e bisogna che corra./ Quando l'uomo ha goduto con qualche ragazza/ -hanno peli là sotto- il bambino le gonfia la pancia./ Pascolando le capre, si fanno bravate e sogghigni,/ ma al crepuscolo ognuno comincia a guardarsi alle spalle./ I ragazzi conoscono quando è passata la biscia/ dalla striscia sinuosa che resta per terra./ Ma nessuno conosce se passa la biscia/ dentro l'erba. Ci sono le capre che vanno a fermarsi/ sulla biscia, nell'erba, e che godono a farsi succhiare./ Le ragazze anche godono, a farsi toccare.// Al levar della luna le capre non stanno più chete,/ ma bisogna raccoglierle e spingerle a casa,/ altrimenti si drizza il caprone. Saltando nel prato/ sventra tutte le capre e scompare. Ragazze in calore/ dentro i boschi ci vengono sole, di notte,/ e il caprone, se belano stese nell'erba, le corre a trovare./ Ma, che spunti la luna: si drizza e le sventra./ E le cagne, che abbaiano sotto la luna,/ è perché hanno sentito il caprone che salta/ sulle cime dei colli e annusato l'odore del sangue./ E le bestie si scuotano dentro le stalle./ Solamente i cagnacci più forti dàn morsi alla corda/ e qualcuno si libera e corre a seguire il caprone,/ che li spruzza e ubriaca di un sangue più rosso del fuoco,/ e poi ballano tutti, tenendosi ritti e ululando alla luna.// Quando, a giorno, il cagnaccio ritorna spelato e ringhioso,/ i villani gli dànno la cagna a pedate di dietro./E alla figlia, che gira di sera, e ai figli, che tornano/ quand'è buio, smarrita una capra, gli fiaccano il collo./ Riempion donne, i villani, e faticano senza rispetto./ Vanno in giro di giorno e di notte e non hanno paura/ di zappare anche sotto la luna o di accendere un fuoco/ di gramigne nel buio. Per questo, la terra/ è cosi bella verde e, zappata, ha il colore,/ sotto l'alba, dei volti bruciati. Si va alla vendemmia/ e si mangia e si canta; si va a spannocchiare/ e si balla e si beve. Si sente ragazze che ridono,/ ché qualcuno ricorda il caprone. Su, in cima, nei boschi,/ tra le ripe sassose, i villani l'han visto/ che cercava la capra e picchiava zuccate nei tronchi./ Perché, quando una bestia non sa lavorare/ e si tiene soltanto da monta, gli piace distruggere.

domingo, julio 15, 2018

Wilson Pérez Uribe / De "Movimientos"
















Nocturno # 2, Op. 9 -Frédéric Chopin-
El cuerpo quiere ser ola y espuma. Tras las ruinas de la tarde no queda más que el consuelo de una música callada. Los libros están ordenados. Las palabras por decir ya se han dicho. El aire es ligero, está tatuado de un aroma muy lejano, tal vez sea la presencia de algo perdido. Mientras camino por la habitación, de ida y vuelta, como transitando una ruta en el desierto que imponen las cosas, llevo a cuestas la tarea de descifrar el mundo en el sonido de una palabra. Entre las manos se diluye la forma como se aprendieron a unir los vocablos en la memoria. El corazón solo sabe de esa música recobrada en un tiempo y perdida al ser escuchada. No vale preguntarle al corazón, su respuesta es la misma, un ritmo secreto que alienta en el vivir y cuyo pálpito disminuye instante a instante. El poema: el mismo hilo, la herida de una palabra, la costumbre de borrar los trazos al mirarlos. El poema: si lo pensaba era una imagen verbal vívida; si lo transcribía era un acto doloroso, una exigencia apasionada que me enfrentaba directamente con el reverso de las cosas. Tal vez nunca sabremos cómo nace el poema o cómo surge el fuego del madero.
                                                   
Melodía en C menor, Op. 4, N. 2 -Fanny Mendelssohn-
Una gota en la ventana hilando, al verla, los tejidos de un Recuerdo: el rostro de una mujer joven cuya condición de sombra hoy se revela presente, algo palpable. El lenguaje se hace cuerpo, gesto, palabra. Los tiempos se superponen. La memoria ordena entre la niebla unas pocas imágenes y un único instante es una piadosa inquietud. Contemplar en ese silencio de la gota de agua, aferrada aún al vidrio, sus lágrimas abundantes, su ajustado cabello, el eco de su voz. Su recuerdo persistirá mientras la gota se deslice sobre la ventana. Todo pasado en su mayor claridad es irrecuperable, todo intento de atesorarlo es un vano estímulo; siempre se recae en la deformación o en la transformación. Tal vez toda presencia sea la memoria de aquello que no podremos recuperar. Ha caído la gota de agua. Qué admirable su deslizarse sobre el cristal. Ha dejado una recta humedad en la que he creído recobrar la tersura de sus manos o la razón de la tristeza que hizo de su sueño la trama de una larga vigilia.
                                                     
Wilson Pérez Uribe (Medellín, Colombia, 1992)
Envío de Darío Jaramillo


Movimientos,
Editorial Universidad de Antioquia,
Medellín, 2018









Ref.:
Darío Jaramillo 
Otro Páramo
Los Mil Otoños del Atardecer
Voz y Mirada

sábado, julio 14, 2018

Germán Arens / De "El libro de mamá"
















11 de octubre de 2016 

Heráclito hacía referencia a que el perro ladra cuando “adivina” o intuye las intenciones aviesas de la gente al no reconocer en ella la lealtad de sus emociones.

7 de noviembre de 2016   

Los gestos son el espejo del pensamiento. Es divertido observar. También para quienes nos ven.

22 de diciembre de 2017 

Hacer mi trabajo me lleva tiempo. Soy muy maniática,  lo reconozco. Intento lo mejor posible en cuanto a resultado. Invierto horas de mi vida; encima soy criticada al respecto. Todo trabajo cualquiera sea exige dedicación y obligación de nuestra parte hacia toda persona con la que nos relacionemos a tal efecto.

2 de enero de 2018 

Estoy cansada de que me presionen; o harta como decía mi mamá. Hasta los tres gatos en forma telepática saben hacerlo. Ni de ellos es posible es-cabullirme.

Elsa Beatriz actualizó su estado.

Germán Arens (Bahía Blanca, Argentina, 1967)


El libro de mamá,
Barnacle,
Buenos Aires, 2018

Ref.:

viernes, julio 13, 2018

Ruth Hernández Boscán / Dos poemas

   
           

                  












                   Pon tu mano en esa rama 
                 mira las olas que brotan.
                                 Quito Nicolaas

Divi-divi

Árbol y viento se atrapan y se poseen
El tronco torcido
es un cuerpo que consiente y resiste
Uno pide viaje
el otro raíz

Así el amor

[inédito]



               saber guarecerse de la tormenta con la tormenta,
               de la lluvia con la lluvia, vivir debe ser eso.
                                                                      Ángel Fondo


Cuando ya no hay nada que contar
Cuando las puertas ya no abren ni cierran
       y prefieren bailar un tango con el viento
Habrás de escribir nada
          Escribir
               el sonido de las piedras en el río

Gramática de piedras, Eclepsidra, Caracas, 2011

Ruth Hernández Boscán (Caracas, 1970)

Ref.:


Foto: FB

jueves, julio 12, 2018

Jonio González / Allen Ginsberg y Thelonious Monk: Una conversación















hablaban de mí y me leían
en una habitación destartalada
pasaba por delante de su puerta
y los oía
(afuera halcones
se lanzaban en picado)
eran huérfanos
deudores
débiles
creían interpretar mis palabras
no sé qué se imaginaban
puedes bailar en los aeropuertos
sentarte inmóvil ante un piano
aullar en medio del kaddish
que si has sobrevivido al leviatán
te llevas el cielo contigo
pero también el dolor:
pocas veces serás algo más
de lo que has sido
casi nunca menos

[inédito]

Jonio González (Buenos Aires, 1954)

Ref.:
Periódico de Poesía
El Infinito Viajar
Barcelona Review

Foto: Daniel Mordzinsky FB

miércoles, julio 11, 2018

Alí Chumacero / La imprevista















Mírame así, a la frente: deshacías
en himnos la apariencia semejante
al sueño, y la lujuria en el sudor
ardía témpanos de mal, araba
en oquedades los remordimientos.

Cuando con esa voz de lejanías
invocabas los sitios, las costumbres,
era tu cabellera la humedad
del alma en el verano, parecida
a insomnios dilatados por la ausencia.

Después de ti, el asombro del pecado
y la virtud donde el placer concluye
nada eran y en nada convertían
el último solaz, el desafío
ante el olor cansado de lo inmóvil.

En la conciencia un muro desvanece
la furia, la piedad, el movimiento,
y de aquellos sollozos esparcidos
en medio del relámpago el fulgor
de su imagen anima las tinieblas.

Deja el ayer, descúbrete en mis ojos:
sobre el vacío caen las palabras
y en su oscilar las horas resplandecen
hasta tornarse en el espacio adonde
asciende la mujer desconocida.

Alí Chumacero (Acaponeta, México,1918-Ciudad de México, 2010), Responso del peregrino, "Palabras en reposo" (1956 y 1966), Material de Lectura n° 76, edición de José Emilio Pacheco, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), 2010
Envío de Uriel Martínez Martínez Venegas

Ref.:
El Universal
Enciclopedia de la Literatura en México
Milenio
Garuyo

martes, julio 10, 2018

Gerardo Deniz / Tres poemas inéditos
















Secreto

Ponderan mi memoria de cosas variadas
(—Tiene usted una memoria felicísima,
me dijo a mis diecisiete un viejo químico),
pero el secreto que sólo yo conozco
es que más y mejor recuerdo todo
lo que atañe a cierto olfato y cierto tacto
(no hablo de zonas erógenas pues son el cuerpo entero),
y que estos rastros mnémicos
me asaltan a mano armada en mil circunstancias.
De pronto mi órgano de Jakobson, mis manos y lo demás
despiertan, desvergonzados y simultáneos,
ante la estantigua de las ausencias,
quienes, por si fuera poco, cargan a la espalda
sentimientos, palabras, preguntas sin respuesta o respondidas,
más toda la tramoya necesaria
para seguir existiendo sin perder lo existido
que siempre concluyó de igual manera,
pero dejando todos los detalles tragicómicos.
Huellas dactilares, indicios de ADN,
parafernalia caduca, pero ello,
lo puedo asegurar, no tiene gracia ninguna.


Preparativos

Me preocupa (entre otras quisicosas) pensar,
ahora que me quede ciego,
qué voy a hacer con la mesa de billar que traigo dentro de la cabeza
cuando rueden por ella
(y a oscuras)
cisticercos, pezones lisos como caramelos chupados,
canicas, avellanas, vólvoces (gónadas), burbujas de chicle, oes
y hasta una que otra piedra de la locura.

(No) vamos a ver qué pasa.


Sintomatología

Esto va de mal en peor.
Hace unas horas te encontré en una pieza de Scriabin
que, por tanto, en adelante será tuya.
En mi poblacho habrá esta noche una luz
y en adelante continuarán siendo más, bien lo sé:
son las metástasis que sin querer desparrama tu existencia.
No sólo por el andar se denunció la diosa.
Es ello, estoy seguro.

Gerardo Deniz (Madrid, 1934-Ciudad de México, 2014), Siglo en la brisa. Blog de Fernando Fernández. Laberintos. Revista de estudios sobre los exilios culturales españoles, n° 17, 2015
Envío de Eduardo Ainbinder

Ref.:
Cultura UNAM
Babelia
Letras Libres

Foto: Warp Magazine

lunes, julio 09, 2018

Eloísa Oliva / [Me cuento…]
















Me cuento a mí misma el cuento:
hubo una época en que todo
estaba entero
tu cuerpo era un elástico, tu cabeza
el centro de gravedad. Tenías fuerza.
La vida era un durazno
íntegro, dorado
todavía enganchado a la rama.
En la paciencia estaba el secreto.
Y no supiste, y después
ya estaba hecho. El chasquido
de esa rama al quebrarse
te golpea todavía la cara.
Vendada la cabeza, tratás
de recordar quién sos. A veces
hay una astilla, una luz, algo
no del todo inconexo.
Y te preguntás si quienes somos
es lo mismo que quienes éramos
si quienes éramos
es lo mismo que podríamos ser.

Eloísa Oliva (Buenos Aires, 1978) Op. Cit junio 19, 2018

El año de los psicotrópicos,
Neutrinos,
Rosario, 2017










Ref.:
Eterna Cadencia
La Voz
Malón Malón
Emma Gunst

domingo, julio 08, 2018

Celeste Diéguez / De "Lo real"

















21
c-

El sosegado clamor de las gallaretas
levantándose en la aguada lejana
toda untada con la grasa murmurada al oído
puro rosa en el atardecer;
así el ávido picaflor se abre
ante el coyuyo montaraz
montera la paloma arroja
con la honda un cuarzo
espejeando
así de sudorosa brilla
la piel yegua
que se raya y rezuma
al manotazo ahogado de crines y saliva.
Un belfo que se hunde en la pupila cebada,
el fragor que domina la campaña y la yerra,
el cuerpo enorme que tiembla
al lazo y al fierro;
suave el polvo envuelve los cascos
al vaivén de las pequeñas pisadas
principia  el  tornado y la fiebre, todo vuela
el viento es una hélice en el eucalipto
hoja vibrando en la boca que la sopla
el cielo se encauza en el zanjón,
las estrellas entreveradas con los terrones.
Ya vendrá la cigarra y la lluvia a contar sus cosas;
las semillas prenden aun en la tierra seca.

Celeste Diéguez (Chascomús, Argentina, 1979)

Lo real,
Caleta Olivia,
Buenos Aires, 2018










Ref.:
Vallejo&Co
Poetas Argentinos
La Primera Piedra

Foto: FB

sábado, julio 07, 2018

Larry Levis / Un poema de caballos















Tus amigos asienten. Las miradas que te lanzan son como chozas
En las que alguien abandonó las herramientas.
Tal vez ya hayas empezado a morir.
Alguien choca contra ti y echa raíces,
Un arbusto pequeño, renuente.

De modo que trabajas hasta tarde en un edificio de oficinas
Mientras un hombre barre el suelo.

Avanzas en el papel en blanco
Dejas atrás la blanca sonrisa de satisfacción del benigno.
Encuentras los pantalones oscuros de tu padre,
Las horquillas de tu madre.
Los sostienes en tus manos,

Mientras cierran las cárceles en Santiago
Y las heridas en la cruz del caballo
Son normales. Brillan en la lluvia
Fuera de la cárcel y no dicen nada.

*

Era el año 1946 y la guerra había terminado.
Tu padre colgó los pantalones en la cama.
Tu madre se desvistió y se sacudió el cabello.
Se acercaron. Mientras tú empezabas,
Le vendaron los ojos al caballo y se lo llevaron más lejos
Pasando el risco mientras las sombras
Se ponían sus guantes uno a uno y se alejaban
Y los dejaban solos.

Larry Levis (Fresno, Estados Unidos, 1946-Richmond, Estados Unidos, 1996), The Selected Levis, University of Pittsburgh Press, Pittsburgh, 2003
Versión de Jonio González


Ref.:
Literal
Poetry Foundation
Poems&Quotes
Poets Org

Foto: Jay Paul/Poetry Foundation


A POEM OF HORSES

Your friends nod. Their glances are like huts
In which tools habe been abandoned.
Maybe you have already begun dying.
Someone bumps into you and takes root,
A low shrub, desinterested.

So you work late in an office building
While a man vacuums the floors.

You go further into the blank paper.
You go past the white smark of the beningn.
You find the dark trousers of your father,
The hairpins of your mother.
You hold them in your hands,

While the jails are closing in Santiago
And the sores in the gelding's withers
Are ordinary. They glisten in the rain
Outside the jail, and say nothing.

*

It was 1946 and the war was over.
Your father hung his trousers on the bed.
Your mother undressed and shook out her hair.
They moved closer. As you began,
They Blindfolded the horse and led him further
Up the cliff while the shadows
Pulled on their gloves one by one and went out,
And left them alone.

viernes, julio 06, 2018

Alicia García Bergua / Dos poemas

















Todos los días mi perro y yo paseamos
junto al viejo ahuehuete casi muerto,
se yergue entre las frondas de los fresnos
y su tenacidad de estar plantado
mostrando esas raíces
y ese tronco que se descascara,
me llena de piedad
porque sabe que la vida puede ser sólo esto.
Sin pasar caminando, sin ahondar en hechos
y sin una cabeza que se pierda rumiando,
el ahuehuete está  siempre dispuesto
a ser lo que es sin disculparse por ya no tener hojas.

Del Salto y sueño, 2015-2017, inédito


Este edificio es un barco al pie de un océano,
se mantiene a flote en estos días
en que aumenta la marea de automóviles.
En uno como este
empezó a avanzar mi vida.
Aún extraño el ruido del tranvía,
era mejor que este ruido
de altamar que hace la autopista.
En ese entonces los edificios eran como islas
y todo un mundo se movía en ellos,
cada departamento era su historia
y su escenografía:
la casa de mi abuela, su taller de costura,
la señora de enfrente y sus jaulas de pájaros,
el pequeño zoológico de arriba,
las casas limpias como tazas de té
de las mujeres solas,
los departamentos vacíos
de dos hombres avaros,
el cubo de basura
y un pueblo de jaulas para tender en la azotea.
Ahora tendría miedo de entrar al edificio
y sin embargo hay algo en mí
que todavía corre escaleras abajo,
escuchando los ruidos,
sintiendo los olores.
Hay algo en mí que espera
en el balcón de ese edificio
este futuro que he ido viviendo lejos.
Esperaba viajar,
perderme en avenidas
y sin embargo siento todavía
cómo pego el mentón a la baranda
caliente al mediodía
y miro el mismo mar crecido de edificios.

De La anchura de la calle, Dirección General de Publicaciones, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Col. Práctica Mortal, México, 1996

Alicia García Bergua (Ciudad de México, 1954)

Ref.:
Cienciorama
Periódico de Poesía
Letras Libres

jueves, julio 05, 2018

Isobel Dixon / Punto de asombro















Tú piensas que no me sorprendo. Espera…
Tengo una o dos cosas para compartir. Nunca
seré el río en pleno auge, el fuego furioso,
pero, mira, también tengo mis momentos:
un salto de pez, un destello de plata juguetona
apenas visto antes del chapuzón;
una sombra templada disparándose a través
del agua hacia algún lugar secreto;
el repentino kudu en la maleza, *
sorprendido por tus faros, saltando a un lado.
y te detienes en el camino, alerta:
al principio sólo asombrado por la gracia musculosa,
pero después, el cristal destrozado del ojo de la mente,
el revelador pulso del corazón, el sabor del miedo.

Isobel Dixon (Umtata, Sudáfrica, 1969), Peródico de Poesía, n° 109, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), mayo 2018
Traducción de Emma Julieta Barreiro

* Kudu: antílope africano de gran cornamenta (Nota del Administrador)

Ref.:
Isobel Dixon
British Council
Poetry International
My Cradok


Startling Point 

You think me unsurprising. Wait —
I have a thing or two to share. I'll never 
be the river in full spate, the raging fire, 
but, look, I have my moments too:
fish-leap, a flash of juggled silver
barely seen before the splash;
a scumbled shadow shooting through
the water to some secret place;
the sudden kudu in the underbrush,
etched by your headlights, leaping clear.
and you pause at the wheel, aware:
at first just awed by muscled grace,
but then, the mind’s eye shattered glass,
the heart's revealing race, the taste of fear.

-The Tempest. Prognosticator, Salt Publishing, Londres, 2011, p.11

miércoles, julio 04, 2018

John Gould Fletcher / Una mujer de pie junto a una puerta con paraguas





















El final del verano da paso al otoño:
las cercas están salpicadas
de crisantemos.

Oro y bermellón
la tarde.

Yo espero aquí, soñando con bermellones atardeceres:
mi corazón tiene algo de miedo a la fría lluvia del otoño.


John Gould Fletcher (Little Rock, Arkansas, Estados Unidos, 1886-1950), Japanese Prints, Four Seas, Boston, 1918; The Gutenberg Project, e-book.
Traducción de Jonio González

Ref.:
Poetry Foundation
The Encyclopedia of Arkansas History & Culture
My Poetic Side

Foto: John Gould Fletcher con su segunda esposa, Charlie May Simon, y Sister Sue, c. 1945. Encyclopedia of Arkansas


A WOMAN STANDING BY A GATE WITH AN UMBRELLA

Late summer changes to autumn: 
Chrysanthemums are scattered 
Behind the palings.

Gold and vermilion 
The afternoon.

I wait here dreaming of vermilion sunsets: 
In my heart is a half fear of the chill autumn rain.