viernes, junio 22, 2018

Susana Villalba / El Caso Ruth
















La piedra es,
una mujer mata,
por instinto
busca el reverso de la piedra
donde se esconde un animal.
Sólo quería que dé la cara,
dice sin resistir.
No había remedio,
me dolía él.
Cuando al fin lo encontró
sacó de su cartera la Smith and Wesson
y vació el cargador.
Se gana, se pierde
pero negocios son negocios.
¿El dinero? está o no,
como las piedras, en el camino.
Ahora soy yo
la que mata.
Ahora moriré de un acto
real,
es la ley del amor querer perder
la cabeza,
que él abandone el cuerpo
entre mis brazos.
¿El arma? qué sé yo,
las cosas aparecen.
Me enceguecí,
ya no quería verme.
Nos amamos,
después yo disparaba,
es algo contundente.
Antes que nada
leíste las noticias policiales,
tomaste café.
Sí, estás despierta,
ese dolor que sos ahora
es el mundo,
la orilla del sueño aún golpea,
agua aceitosa contra un casco.
Algo que deje de moverse,
por favor.
Pero un disparo
en la piedra podría revelar
que nada es tan sencillo,
todo tiene un momento
que nunca cristaliza.
Un corazón.
Estás despierta, todo gira,
no sabés si es el día
siguiente
y faltaste al trabajo
o es domingo.
Sí, fuiste a esa casa,
tomaron un taxi
que se perdió en la niebla,
hubo choques en cadena, dice el diario,
así es que la niebla fue real.
De bar en bar
alguien dijo hay una fiesta
en algún sitio.
Y nunca es ésta.
Llegaron a esa casa o pretensión
de teatro under,
fiesta de primavera.
Un travesti
o lo que un hombre dice
que es una mujer
te hizo sentir ambigua
en tus vaqueros.
Hizo un sketch,
ya se sabe, un sketch.
Princesa, sultán, odalisca,
nadie bailaba, hacía frío,
rodaron latas de cerveza.
Los travesti eran encantadores
de serpientes
sin serpientes,
vos también.
Mariposas deslumbradas por la fiesta
que iluminaban.
Encontraste a tus amigos en el baño,
habían capturado una botella
pero mejor era volver
al bar.
Un lugar donde caer
sin caer.
Ahora entendés el viejo chiste
de decir al taxista: a casa
por favor.
Ahora el sentido
toma su sentido:
el deseo brilla
por su ausencia.
La noche fue un largo, repetido
nunca más.
Encontraste un murciélago
como si todo lo perdido
por perdido en esa casa
hubiera rezumado su animal.
Se movía si topaba
con el límite.
La propia imagen
de todos los errores,
el terror al fin
tenía una cara
mítica.
Encendiste la luz
y chocó con la pared;
no la piedad, la ley
de semejanza,
la culpa del demonio
se mata con culpa
verdadera.
Golpeaste
una y otra vez,
sonaba a cuerpo contra piedra,
se quebraba, arrastraba el aleteo,
al fin era un insecto
grande
o una muñeca rota.
Entonces cortaste la cabeza,
las membranas,
clavaste una estaca en el corazón
y abriste para ver
que se movía.
Las manos pegajosas,
el piso de un humor
que no era sangre
lo cubriste con diarios,
esa noticia de la mujer
que guardó a su amante
en el freezer.
No podías tirarlo a la basura,
quemaste el cuerpo
y la cabeza juntos
para mirar como algo termina alguna vez
sin dejar restos.
Después dormiste todo el día.
Y ahora alguien dice, en el contestador,
¿venís al club de cine?
por lo tanto es el domingo
lo que perdiste
o la idea del día
y de la noche
o no sabés qué querías
perder.
Aunque el cuerpo no olvida
no encontrás el argumento.
Si entrara ese forense capaz
de encontrar babas y uñas
y huesos calcinados,
demonios, que me cuelguen
pero no me pregunten
por qué.

Susana Villalba (Buenos Aires, 1956), Periódico de Poesía, N° 109, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), mayo 2018

Ref.:
Evaristo Cultural
El Placard
El Otro
Página 12

miércoles, junio 20, 2018

María Malusardi / De "El descenso de Jaqueline du Pre"
















ya no había párpados que dominar cuando te cerraste por fin y quedaron atascados (y toscos) en el último invierno (y fue mi mano la que te dejó salir) te retiraste con lentitud y nieve el cuerpo largo y distraído combatía contra el cansancio la espera fue un refugio una llama lenta y tóxica olíamos la tensión de la tristeza la deseábamos hasta el dulzor amargo no era cuestión de revolcarnos sino dejar que tus ojos se adelanten y nos hieran



era cuestión de herir y desanimar cada segundo un latido menos (una denuncia de tu partida) él apretó tu huella y derrapó hacia dentro mis ojos y yo desteñimos sobre los tuyos amplios rugosidad de almendra tanta mirada (alienación proeza) tanta humanidad de fondo tu desazón tus garras tanta animalidad de fiera nuestro sufrir a partos el final



nadie cierra los ojos cuando muere es el impulso de querer quedarse a ciegas redoblando la apuesta: la luz cae brutal sobre las heridas es el impulso de dejar los párpados sobre la mesa recogerlos como a papeles de caramelos y ordenar el lenguaje de los restos sobre una toalla de algodón y otoño en sus esquinas



ahí está el poema: donde no están las palabras para señalar lo indómito de tus ojos (tan abiertos de tan adormecidos) donde no aseguran las palabras que el cielo de la enfermedad te lo darán mis manos cuando desplomes y desordenes el viento

María Malusardi (Buenos Aires, 1966)

El descenso de Jaqueline du Pre,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2018









Ref.:
Buenos Aires Poetry
Página 12
Télam
Vallejo & Co.
Escritores Org



Eugenio Montale / Bajo la lluvia


















Un murmullo, y tu casa se empaña
como en la bruma del recuerdo -
y lagrimea la palma, ahora que sorda
oprime la descomposición que retiene,
en el bochorno de los invernaderos, las mudas
esperanzas y el pensamiento que remuerde.

"Por amor de la fiebre..." me conduce
un vórtice contigo. Refulge colorada
una cortina, una ventana se cierra.
Sobre la rampa materna ahora camina,
cáscara de huevo entre el fango,
poca vida entre el batir de luz y sombra.

Chillaba Adiós muchachos, compañeros
de mi vida, tu disco desde el patio:
y quiero la máscara si todavía,
más allá del torbellino de la suerte,
me queda el sobresalto que lleva de nuevo
a tu sendero.

Sigo los brillantes regueros
y al fondo, en nimbos,
el humo arrastrado por una nave.
Despunta un claro...
                     Por ti entiendo
lo que osa la cigüeña cuando alza
el vuelo desde la cúspide brumosa
y emigra hacia la Ciudad del Cabo.

Eugenio Montale (Génova, Italia, 1896-Milán, Italia, 1981), "Le occasioni" [1939], Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2004
Versión de Jorge Aulicino

"Por amor de la fiebre" y Adiós muchachos compañeros de mi vida: castellano en el original (N. del T.)

Ref.:
Alto Mare Blu
RAI-YouTube
Buenos Aires Poetry
Eterna Cadencia


Sotto la pioggia

Un murmure; e la tua casa s'appanna
come nella bruma del ricordo –
e lacrima la palma ora che sordo
preme il disfacimento che ritiene
nell'afa delle serre anche le nude
speranze ed il pensiero che rimorde.

'Por amor de la fiebre'... mi conduce
un vortice con te. Raggia vermiglia
una tenda, una finestra si rinchiude.
Sulla rampa materna ora cammina,
guscio d'uovo che va tra la fanghiglia,
poca vita tra sbatter d'ombra e luce.

Strideva Adiós muchachos, compañeros
de mi vida, il tuo disco dalla corte:
e m'è cara la maschera se ancora
di là dal mulinello della sorte
mi rimane il sobbalzo che riporta
al tuo sentiero.

Seguo i lucidi strosci e in fondo, a nembi,
il fumo strascicato d'una nave.
Si punteggia uno squarcio...
Per te intendo
ciò che osa la cicogna quando alzato
il volo dalla cuspide nebbiosa
rémiga verso la Città del Capo.

martes, junio 19, 2018

Mario Montalbetti / De "Notas para un seminario sobre Foucault"

















SESIÓN V
(21.03.2017)

El fin de semana estuve a bordo de un submarino

acoderado en el Callao. El Abtao. Una visita guiada.
Adultos S/. 12.

Abtao, antes BAP Tiburón (S-42) Clase Sierra,
ahora el fin del mundo.

algo así quiere decir abtao en mapadungún
que es la lengua mapuche—

“fin de la tierra” o “extremo habitado”

Estuve en el fin de la tierra
y lo reconocí
            a través del periscopio de un submarino.

Son dos las condiciones para reconocer el fin de algo,

la primera es que)
El fin siempre es reconocible si se mira
indirectamente, de reojo, al sesgo—
            como a través de un periscopio

y la segunda es que)
necesitamos un lugar cerrado. Como un submarino. O,
ya lo adivinan ustedes,
            como un lenguaje.

El submarino es un tipo de clausura.
Hay otras.

Ahora quiero hablarles de las tres grandes clausuras
de las que mucho depende,

            1) la clausura tonal
                        que es como decir
esto es música y esto ya no es música
y si ya no es música es directamente ruido

la clausura es la definición de un campo
es la cerrazón de un campo

            2) la clausura gramatical
                        que es como decir
esto es lenguaje y esto ya no es lenguaje
o lo que es lo mismo
esto es gramatical y esto ya no lo es

y lo que no es gramatical
(o mejor, lo que no ha sido gramaticalizado,
cerrado por el cerco de una gramática)
es sinsentido o
            directamente, Aristóteles decía,
lo que no es gramatical ¡es como las plantas!

            3) la clausura del capital(ismo)
                        que es como decir…               
esto se pone un poco más complicado
porque ya no estamos frente a una forma
(como la música y el lenguaje)
                        sino ante algo de naturaleza distinta
                        algo que quiere aparecer como una forma

                        pero que no es una forma
                        el capital(ismo) no es una forma

pero ése es su disfraz perfecto: una creencia

Creer que el capitalismo es una forma
como cualquier otra, arbitraria, sin valor intrínseco,
negociable—solamente para poder actuar en ella
como si no lo fuera: como si el dinero fuera en sí
algo valioso,
                        tan valioso que debemos depositarlo
                        en esos inmensos baños públicos
                        que denominamos bancos,

Enseñarle a un niño a ahorrar es como enseñarle
a defecar; el depósito es efectivo si se realiza
en un cierto lugar, “hazlo aquí”; en efectivo…

Recuerden la cita de Foucault que coloqué al comienzo
que una moneda no te engañe acerca de su verdadero valor,
no lo sé, tal vez el ejemplo sea innecesariamente
                        procaz, ya veremos;

Las tres clausuras entonces
(la música, el lenguaje, el capital)
se nutren
mejor aún, le deben su existencia misma
a la supuesta imposibilidad del afuera, pero

pero,
sabemos que hay más música que la tonal
            ah, los ruidos del colon procesando
            materia orgánica, por ejemplo;

y que hay más lenguaje que el gramatical (pregúntenle
            a Vallejo
vaveando)
o el hecho de que el jardín está lleno
de plantas ornamentales;

y que hay más economía que … (y aquí
quedo mudo, como Rousseau
–no puedo seguir)

porque al parecer
no hay afuera del capitalismo
(como no hay afuera del lenguaje)

(como no hay afuera del lenguado)
(como no hay afuera del submarino)

digo “al parecer” porque
Hay formas de salir de casa
que no hacen uso de la puerta de entrada.

Hay formas de entender algo
que no hacen uso del significado,

formas de hacer ruido que no hacen uso de la música
formas de robar que no hacen uso del dinero

(como cuando se dice que no hay afuera de estos paréntesis)

(hay formas de salir de estos paréntesis que no hacen uso
de las buenas maneras)

Aclaremos todo esto
que sí, es un poco confuso.

Voy a decir algo muy simple,

afuera está más lejos que cualquier otra cosa
más lejos que el mundo exterior
más lejos que Gocta o Maldonado

y es por eso que parece que no hay afuera
porque está muy lejos

Las comparaciones ayudarán,
Distinguir poema de novela ayudará,
Hablar del Abtao ayudará,

leer una novela es como subirse a un avión

un día soleado y sin turbulencia
un traslado amable a poca altura
con paisaje visual, vacas,
montañas, ríos, caminos,

claramente distinguibles a través de las ventanillas

¡aún es posible ver otros aviones haciendo lo mismo!
Es una pequeña celebración
del mundo exterior en todo su esplendor

una pequeña celebración de la visibilidad del exterior;

digo exterior ahora y no afuera
porque afuera no es visible, ya saben,
está demasiado lejos

Viajar en avión es entretenido (casi
siempre)

Leer un poema es otra cosa
no es entretenido (casi
nunca)
Si leer una novela es como subirse a un avión
leer un poema es como subirse a un submarino

sumergirse de noche a 70, a 90
metros de profundidad

y todo lo que vemos son las entrañas
del submarino mismo

y todo lo que oímos
son los ruidos de la presión del agua
contra la nave

(la presión del afuera contra la nave
y afuera, recordemos,
es lo que está más lejos que cualquier otra cosa)

y todo lo que sabemos se traduce
a expresiones raras en medio de aire raro
mediciones de lo inconmensurable

el submarino es ciego, el poema es ciego
es ciego al afuera lejos
Debo regresar más adelante
a esto de la ceguera del poema

regresar
sobre una forma de escribir en la que las cosas
sean dichas sin llegar a la luz, sin salir a la luz
sino saliendo, más bien, al lenguaje mismo,

—el submarino no emerge a la superficie
ni para orientarse ni para cargar sus baterías
ni para hacer que la tripulación respire—

palabras
que se niegan a aparecer, a emerger, a asomarse
a la luz
& por tanto,
que rehúyen el juego del velamiento y des-
velamiento que tan contentos pone a los metafísicos

cuando algo sale al lenguaje
en lugar de
salir a la luz

entonces estamos ante el poema,
en el poema

Pregunta del público: Pero la novela…
Respuesta: Me piden hablar de la novela
Me piden, pero no lo haré.

Ya sé, citarán contraejemplos a lo que digo
pero Es inútil.

Si quieren una buena crítica de todo esto
lean la “Oda al Jet” de J. M. Arguedas;
¡que es un poema!
& ahí Arguedas se ríe de la novela
a carcajadas

¿Maytaq kuntur, maytaq waman? se pregunta Arguedas

¿Dónde está el cóndor, dónde está el halcón?
Se han vuelto invisibles como los insectos alados
se han perdido en el aire o entre las cosas ignoradas,
dice.
se han vuelto hamankukuna, garrapatas

Se cree ver pero no se ve; sólo se dice.
El lenguaje es ciego
por más alianzas que quiera establecer con la luz.

También está en Cisneros.
Cisneros, recuerdan, tiene un arte poética
con cerdo y limonero,
su Arte Poética nº1

pero pocos saben que también escribió
un Arte Narrativa nº1,
            que nunca publicó
Se encontró entre sus papeles
tal vez sea apócrifo
No tiene animales ni árboles frutales
pero igual, hay premios
y se parece mucho a la anterior

Aquí está, les puede interesar,
se llama “La nueva narrativa”

*   *   *

La nueva narrativa
(Arte Narrativa nº 1)

Te vas al exterior, vuelves en diciembre y dices algo.
(Creerán que has visto algo afuera o adentro).

Te vas al exterior, vuelves en diciembre y no dices nada.
(Creerán que te has enriquecido, o que eres tonto,
o ambas cosas).

Te vas, no vuelves, ni en diciembre ni en ningún otro mes.
Dices algo.
(Creerán que no tienes nada que decir).

Tebas, vuelves, dices que algo ocurre y no lo entiendes.
(Creerán que has matado a tu padre,
o ambas cosas).

*   *   *

Yo diría que no es de Cisneros
porque Cisneros no haría ese juego con Tebas
no sé, pienso en otro que sí lo haría

Pues bien,
la novela se ha convertido en arte visual

artefactos para que la gente se entretenga, pase el rato,
viajes en avión, en jet…

& todo lo visual vive de salir a la luz
mientras que todo lo verbal

ya saben ustedes, es un submarino

Pregunta del público: (inaudible)
Respuesta: Primero, el poema de Arguedas
            tal vez no sea en realidad sobre un avión.
            El poema fue escrito en 1962
            Un año antes Yuri Gagarin
fue el primer ser humano
en orbitar la Tierra
(y regresar vivo)
                        a bordo del Vostok I
                                    que no era un avión, precisamente
            ¿Demasiada coincidencia?
            ¿Era esto lo que Arguedas tenía en mente?
            (Quiero decir, si se trata de una nave espacial
            entonces Gagarin/Arguedas buscaban un afuera
            y no un paseo turístico sobre las montañas.)

            Segundo, la novela se convierte en arte visual
            en San Francisco en 1995,
ahí se partieron las aguas
y la novela decidió irse con las artes visuales
que era donde estaba el dinero
del entretenimiento)

Pregunta del público: (inaudible)
Respuesta: Sí, Deleuze sostiene que pensar
es siempre pensar lo que está afuera
a condición de que
lo que está afuera sea lo que está
más lejos que cualquier otra cosa

Pregunta del público: ¿…lo de Aristóteles y las plantas…?
Respuesta: está en el libro G de la Metafísica, 1006a.

Mario Montalbetti (Lima, 1953)



Notas para un seminario sobre Foucault
Fondo de Cultura Económica y Sur Librería Anticuaria, 
Lima, 2018











Ref.:

lunes, junio 18, 2018

Miguel Gaya / No estuve atento...

















No estuve atento, no estuve alerta. ¿Cómo
podría haberlo estado? Pasaban
campos, pasaban vacas, girasoles.
O tal vez mejor diría
pasaba yo, o rodaba por los campos
entre las vacas y los girasoles.
Pero eso no era cierto.
No rodaba, no, no desafiaba
el viento, o la imaginación, de atravesar
esas cosas entrevistas.
En verdad iba atado a un asiento
a una velocidad
inverosímil. ¿cómo, digo, podría haber prestado atención
a lo que huía si yo huía más rápido que todo
lo que veía?
Campos, vacas, girasoles,
¡qué paisaje
trivial
deshecho por el viento!
Nada queda de él, de él nada extraje,
y el lugar al que llegué
y el lugar de donde vine
tampoco tienen ya
importancia alguna
si no pude ver
de qué estaba hecho
el viaje en el que estuve.

[inédito]

Miguel Gaya (Ayacucho, Argentina, 1953)

Ref.:
CADRA
Página 12
Clarín
El Infinito Viajar
Blog del Amasijo
Aromito

domingo, junio 17, 2018

Eugenio Montale / Arsenio















El viento levanta el polvo
en remolinos sobre los techos y sobre
espacios desiertos donde caballos
encapuchados huelen la tierra delante
de los vidrios relumbrantes de los hoteles.
Por la avenida, de cara al mar, desciendes
este día por momentos lluvioso, por momentos
encendido, en el que parece estallar
para trastornar las horas
iguales, en estrecha trama, un estribillo
de castañuelas.

Es el signo de otra órbita: síguelo.
Desciende al horizonte amenazado
por una tromba de plomo, alta sobre los remolinos,
más que ellos vagabunda: salado turbión
arremolinado, soplado por los rebeldes
elementos hacia las nubes; que tu paso
sobre el pedregullo rechine, tropiece
en el enredo de algas: ese instante
es tal vez el momento tan esperado que te libre
de terminar tu viaje, anillo de una
cadena, inmóvil andar, oh delirio evidente,
Arsenio, de inmovilidad...

Escucha entre las palmeras los brotes tiernos
de los violines, que se apagan cuando rueda
el trueno con un estrépito de hojalata
percutida; la tormenta es dulce cuando
surge blanca la estrella de Canícula
en el cielo azul y parece lejana la noche
que ya está cerca: si el rayo la corta,
se esparce como un árbol precioso
en la luz que enrojece; y el tambor
de los gitanos es el trueno silencioso.

Desciende en medio de la oscuridad que se precipita
y cambia el mediodía en una noche
de globos encendidos que se mecen en la orilla -
y fuera -ahí donde una misma sombra atrapa
mar y cielo, sobre barcas dispersas palpita
el acetileno -,

               hasta que gotea trémulo
el cielo, humea el suelo que se empapa,
todo alrededor chapalea, baten
los blandos toldos, un murmullo inmenso corre
a ras de suelo, se desinflan y caen chillando
los faroles de papel por las calles.

Perdido entre mimbres y esteras
goteantes, junco que arrastra
sus raíces viscosas, nunca
arrancadas, tú tiemblas de vida y te asomas
a un vacío resonante de lamentos
sofocados, te engulle la red
en la ola antigua que te envuelve; de nuevo
todo vuelve a atraparte, calle portal
muro espejos te fijan en un misma
helada multitud de muertos,
y si un gesto te roza, una palabra
cae a tu lado, quizá eso es, Arsenio,
en la hora que se suelta, la señal de una
vida estrangulada que por ti ha surgido, y el viento
se la lleva con la ceniza de los astros.

Eugenio Montale (Génova, Italia, 1896-Milán, Italia, 1981), "Ossi di seppia" [1925], Tutte le poesie, Mondadori, Milán 2004
Versión de Jorge Aulicino

Ref.:
Lettere e Didattica
Letras Libres
El Placard
UNAM

Arsenio

I turbini sollevano la polvere
sui tetti, a mulinelli, e sugli spiazzi
deserti, ove i cavalli incappucciati
annusano la terra, fermi innanzi
ai vetri luccicanti degli alberghi.
Sul corso, in faccia al mare, tu discendi
in questo giorno
or piovorno ora acceso, in cui par scatti
a sconvolgerne l’ore
uguali, strette in trama, un ritornello
di castagnette.

È il segno d’un’altra orbita: tu seguilo.
Discendi all’orizzonte che sovrasta
una tromba di piombo, alta sui gorghi,
più d’essi vagabonda: salso nembo
vorticante, soffiato dal ribelle
elemento alle nubi; fa che il passo
su la ghiaia ti scricchioli e t’inciampi
il viluppo dell’alghe: quell’istante
è forse, molto atteso, che ti scampi
dal finire il tuo viaggio, anello d’una
catena, immoto andare, oh troppo noto
delirio, Arsenio, d’immobilità…

Ascolta tra i palmizi il getto tremulo
dei violini, spento quando rotola
il tuono con un fremer di lamiera
percossa; la tempesta è dolce quando
sgorga bianca la stella di Canicola
nel cielo azzurro e lunge par la sera
ch’è prossima: se il fulmine la incide
dirama come un albero prezioso
entro la luce che s’arrosa: e il timpano
degli tzigani è il rombo silenzioso.

Discendi in mezzo al buio che precipita
e muta il mezzogiorno in una notte
di globi accesi, dondolanti a riva, –
e fuori, dove un’ombra sola tiene
mare e cielo, dai gozzi sparsi palpita
l’acetilene –
             finché goccia trepido
il cielo, fuma il suolo che s’abbevera,
tutto d’accanto ti sciaborda, sbattono
le tende molli, un frùscio immenso rade
la terra, giù s’afflosciano stridendo
le lanterne di carta sulle strade.

Così sperso tra i vimini e le stuoie
grondanti, giunco tu che le radici
con sé trascina, viscide, non mai
svelte, tremi di vita e ti protendi
a un vuoto risonante di lamenti
soffocati, la tesa ti ringhiotte
dell’onda antica che ti volge; e ancora
tutto che ti riprende, strada portico
mura specchi ti figge in una sola
ghiacciata moltitudine di morti,
e se un gesto ti sfiora, una parola
ti cade accanto, quello è forse, Arsenio,
nell’ora che si scioglie, il cenno d’una
vita strozzata per te sorta, e il vento
la porta con la cenere degli astri.