sábado, abril 20, 2024

José Bergamín / La vejez es una máscara



La vejez es una máscara:
Si te la quitas, descubres
El rostro infantil del alma.
La niñez te va siguiendo
Durante toda la vida.
Pero ella va más despacio
Y tú andas siempre de prisa.
Cuando la vejez te llega,
No es que vuelves a la infancia,
Es que moderas el paso
Y al fin la niñez te alcanza.

José Bergamín (Madrid, 1895 - San Sebastián, País Vasco, España, 1983), "Rimas y sonetos rezagados" (1962), Poesías completas, Pre-Textos, Valencia, 2009
Envío de Jonio González

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Foto: José Bergamín  Benjamín Atienza/ El Español

viernes, abril 19, 2024

Pedro Ignacio Vicuña / Tres poemas




Domingo 26 de julio

Pareciera que el tiempo no pasa 
el mismo gato ronronea
a la misma hora
bajo la misma sombra

Por el tiento de la piel                los años        se agolpan
                 de la ausencia

Es como una película vieja              con señales de algo
                  que no es ya
Avanza siempre        y es siempre la misma
sólo la luz varía el ángulo

Pienso en una otredad que no tiene lengua
y me avasalla el silencio que gotea
desde las paredes ateridas.

Diario del retorno, Balandro, Santiago de Chile, 2020


La rama de mirto

Al final
todas las tintas
las manchas y las trazas
que uno deja en el papel
todos los diarios que uno escribe
todas las señas
las marcas en el muro
los pasos en silencio
son diarios de muerte.

La fatigosa lucha se desgasta
el insistente martillo
la duda impenitente
dejan su sombra en las cuartillas
en el garabato inane
en la raya absurda.

Solo esa rama de mirto
que juguetea airosa
y el pelo cayendo por la espalda
el eco de una voz en Sardes
caminando sobre el agua
aquello que uno ama
permanecen en el aire
en su rodar puro
sin propósito ni afán
en el tiempo
ignorando la sombra
la boca negra
de las sombras.

Cuarentena, abril 17 de 2020


Arte poética 

Cuando la palabra polen
golpea a mi puerta
y los objetos cotidianos toman matices amarillos
y un aroma como el sol se perfila en los utensilios mínimos
sé que las cosas no tienen nombre
sino un sonido oculto
como la piedra recién nacida. 

Es que el verano con sus pedazos de espuma
No puede tener nombre sino esencia
Que la palabra que golpea las almas
Con su sello preciso
Reteniendo apenas trizaduras de memorias
Conteniendo apenas soplos detenidos
Apenas si toca el pulso loco del oleaje. 

Así renacen los sonidos en mi boca
y ruedo manso vertiendo este eco indetenido
de lo que conoce su propia envergadura
del agua que se hace piedra y cáliz
y cuerpos derramándose en la medianoche fugitiva.
Así repito repitiendo sonidos que maduran
la textura del sueño y del deseo
y sé (aunque no parezca)
que las cosas no responden a su nombre
a la triste insignia que se les clava en el alma
sino que ruedan embrujadas, transparentes
labrando su propio ascenso
conteniendo el signo de su puro peso.

 Fragmenta Memoriae, Mosquito Editores, Santiago de Chile, 1995

Pedro Ignacio Vicuña (Santiago de Chile, 1956)

Más poemas de Pedro Ignacio Vicuña en Otra Iglesia Es Imposible

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jueves, abril 18, 2024

Hiromi Ito / Coyote



Mi abuela era médium
Mi madre era maga
La hermana mayor de mi madre era geisha
La hermana menor de mi madre tuvo tuberculosis
La otra hermana menor de mi madre era estéril
Todas eran maravillosamente hermosas
Todos los hechizos que mi madre me enseñó
Requerían sake, arroz y sal
Teníamos miedo de las serpientes, el agua y el este

Mi hermana empezó a balbucear a los dos meses
Cuando el coyote le habla
Ella sonríe y siempre responde
El coyote: "Un llano, llano, llano seco"
Mi hermana: "Llano, llano, llano"
El coyote: "No mentir"
Mi hermana: "No mentir, no mentir, no mentir"
El coyote: "Tengo hambre"
Mi hermana: "También tengo hambre"
El coyote: "Ah, ah, ah"
Mi hermana: "Aaaaaaaaah, oh"
El padre de mi hermana, mi padre: "Quería concentrarme sólo en el coyote quería aislarme, quería recluirme, no ver otra cosa que el coyote
y quería intercambiar el lugar con él"

La leche fluye generosamente de mi pecho
Para engordar a mi hija brota en abundancia, mucha, mucha
La leche de mi abuela también fluyó generosamente
Con ella engordó a cuatro hijas y dos hijos
La leche de la hermana mayor de mi madre también fluyó generosamente
Con ella engordó a sus tres hijos
La leche de mi madre también fluyó generosamente
Con ella sólo me engordó a mí, y la leche sobrante se perdió
La leche de la hermana menor de mi madre trambién fluyó generosamente
Con ella engordó a sus dos hijos
La otra hermana menor de mi madre amamantó y amamantó a su hijo adoptado
Con sus pechos sin leche hasta que por fin la leche empezó a fuir de su cuerpo
Llueve mucho
Todo acaba empapado
Dentro de un marco húmedo el bello rostro sonriente de mi abuela sin cejas ni dientes
El bello rostro de la hermana mayor de mi madre sin barbilla, dientes ni cabello pero con grandes labios
El bello rostro de la hermana menor de mi madre con párpados carnosos y sin pestañas, y sin dientes
El bello rostro de la otra hermana menor de mi madre con manchas y sin dientes
El bello rostro de mi madre con las mejillas hundidas, patas de gallo y sin dientes
Pero todas ellas con los pechos secos

En la familia todas las mujeres disfrutan acariciando a sus bebés
Mi hija
Es la única nieta
Es la única sobrina

En la familia las palabras de las mujeres que acarician a los bebés
Hacen lentamente que los bebés hablen delante de nuestros ojos
Las mujeres de noventa a cincuenta se reúnen
(La de noventa años ha muerto hace una década)
Las mujeres se sientan juntas
Empiezan a balbucear como bebés
"Gyaaatei"
"Gyaaatei"
"Haaraagyaatei"
"Harasoogyaatei"*

Mi abuela era médium
Mi madre era maga
La hermana mayor de mi madre era geisha
La hermana menor de mi madre tuvo tuberculosis
La otra hermana menor de mi madre era estéril
Mi abuelo era paralítico
El hermano mayor de mi madre murió joven
El hermano menor de mi madre no hablaba
Mi padre no se relacionaba con ninguno de ellos
El marido de mi madre y mi marido
Desaparecieron justo antes
De que yo diera a luz a mi hija

Coyote: "Gyaatei"
Mi hija: "Gyaatei"
Coyote: "Haaraagyaatei"
Mi hja: "Haraharagyaatei"
Coyote: "Gyaagyaagyaatei"
Mi hija: "Haragyaatei"

Las precipitaciones y la humedad en esta época del año
Mi madre entona sus mágicos hechizos
Maldiciendo la humedad
Sake y lluvia
Arroz y lluvia
Sal y lluvia
Ordenando al agua
Que fluya hacia el este
Olvídanos, oh honorable serpiente

Sake y lluvia
Arroz y lluvia
Sal y lluvia.

Hiromi Ito (Tokio, 1955), Killing Kanoko, Action Books, Notre Dame, Indiana, 2009
Traducción del japonés al inglés, Jeffrey Angles
Traducción del inglés al castellano, Jonio González.

* Jeffrey Angles, el traductor al inglés, opta por dejar las palabras, deformándolas, "Gyatei, gyatei, haragyatei, harasogyatei" correspondientes al párrafo final del mantra budista conocido como Sutra del Corazón, cuya traducción aproximada al castellano es “Vamos todos juntos más allá del más allá a la orilla de la iluminación”. (N. del T. al castellano)


COYOTE

My grandmother was a medium
My mother was a magician
My mother’s older sister was a geisha
My mother’s younger sister had tuberculosis
My mother’s other younger sister was barren
All were wonderfully beautiful
The spells mother taught me
All required saké, rice, and salt
We were afraid of snakes, water, and the east

My daughter began speaking baby talk at two months
When the coyote speaks to her
She smiles and always responds
The coyote: "A dry plain, plain, plain"
My daughter: "Plain, plain, plain"
The coyote: "No lying"
My daughter: "No lying, no lying, no lying"
The coyote: "Hungry, hungry"
My daughter: "Hungry too"
Coyote: "Hah, hah, hah"
My daughter: "Haaaaaaaa-ohh"
My daughter’s father, my father: "I wanted to concentrate just on the coyote 
I wanted to isolate myself, insulate myself, see nothing other than the coyote
And I wanted to trade places with him"

The milk flows from my breast bountifully
To fatten my daughter it flows in overabundance, much too much
My grandmother’s milk also flowed bountifully
With it she fattened her four girls and two boys
My mother’s older sister’s milk also flowed bountifully
With it she fattened her three boys
My mother’s milk also flowed bountifully
With it she fattened just me, and the leftover milk flowed out
My mother’s younger sister’s milk also flowed bountifully
With it she fattened her two boys
My mother’s other younger sister nursed and nursed her adopted child
With her milkless breasts until eventually
The milk began to flow from her body
There is so much rain
Everything and anything gets soaked
Inside a damp frame, grandmother’s beautiful smiling face with no eyebrows or teeth
My mother’s older sister’s beautiful face with no chin, teeth, or hair but with large lips
My mother’s younger sister’s beautiful face with fleshy, hairless lashes and no teeth
My mother’s younger sister’s beautiful face with spots and no teeth
My mother’s beautiful face with sagging cheeks, crow’s feet, and no teeth
But all of them do have breasts that sag

The women all enjoy fondling the babies in the family
My daughter
Is the only female grandchild
Is the only female niece

The words of the women who fondle the babies in the family
Slowly turn to baby talk before our eyes
The women from age ninety to fifty gather
(The ninety-year-old has been dead for a decade)
The women sit together and
Begin to speak in baby talk
"Gyaaatei"
"Gyaaatei"
"Haaraagyaatei"
"Harasoogyaatei"

My grandmother was a medium
My mother was a magician
My mother’s older sister was a geisha
My mother’s younger sister had tuberculosis
My mother’s other younger sister was barren
My grandfather was a paralytic
My mother’s older brother died young
My mother’s younger brother did not speak at all
My father was related to none of them
My mother’s husband and my husband
Vanished right before
I gave birth to my daughter

Coyote: "Gyaatei"
My daughter: "Gyaatei"
Coyote: "Haaraagyaatei"
My daughter: "Haraharagyaatei"
Coyote: "Gyaagyaagyaatei"
My daughter: "Haragyaatei"

The precipitation and humidity this time of year
My mother chants her magical spells
Cursing the humidity
Saké and rain
Rice and rain
Salt and rain
Ordering the water
To flow to the east
Forgive us, oh honorable snake

Saké and rain
Rice and rain
Salt and rain rain

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miércoles, abril 17, 2024

Leopoldo María Panero / Edgar Allan Poe, o el rostro del fascismo




Leí en un solo día bajo una luz oscura
en las páginas de Poe sobre un enano oscuro
que de muchos sorbía el rostro y el recuerdo
y era de generales esclavo y de peonza.
En un baile de muertos conocí al verdadero
y gran golpe de Estado. Caían como moscas
a mis pies generales,
y unos al despedirse la mano alzaban
como para decir adiós, y se reían
de ellos las vírgenes y efebos
y en los bares caía la sangre, única gloria
de aquel por el alcohol llamado
a luchar por un país más puro.
Caída hoy está también mi mano,
y muerta la farándula
quedan dos huesos de pollo en la mano.
No sé quién soy, ni quién los militares,
y en mi cabeza un huevo
ha puesto la gallina
blanca como Jesús y limpia como el miedo,
como el sudor de espanto que denunciarles fuera
entre aroma de alcohol y viento de cerveza,
símbolo y prez de lo que mi vida fuera
antes de que llegaran los militares,
para limpiar España y barrer mi existencia
que para los camareros un peligro fuera.
Hoy día no me encuentro y soy como perdido
y temo sobre todo a la bandera.
Que un día de mi mano comerán ya las moscas
y seré solo espectro en la acera humillado
clamando día y noche contra el golpe de Estado.
Bajarán las palomas y entrarán en la casas
si un día como el viento llegan esos soldados.
Y estaremos desnudos como un blanco disparo
para saber que España no quiere más que vivir si puede
y si no llorar y beber en la barra 
sedientos de la frente en la blanca marea.

Y quedó sólo hoy, de aquel 23 F.,*
la espuma de la boca y de la noche.

Leopoldo María Panero (Madrid, 1948 - Las Palmas de Gran Canaria, España, 2014), "Contra España y otros poemas no de amor" (1990), Poesía completa (1970-2000), octava edición, Visor, Madrid, 2020

* Denominación periodística de un intento de golpe de Estado en España, el 23 de febrero de 1981 (N. del Ad.)

Más poemas de Leopoldo María Panero en Otra Iglesia Es Imposible

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Foto: Leopoldo María Panero, Las Palmas de la Gran Canaria, 2013 Wikimedia Commons

martes, abril 16, 2024

Horacio Cavallo / De "Descendencia", 2




Haikus para un domingo encapotado

II

Andar descalzo
paseando ensimismado
tiene sentido.


Estaciones

Primavera

Hay dos caras
diametralmente opuestas
en setiembre.

Una que se construye hacia la luz,
donde brota el verdor de la enramada.

Otra que la provocan siete vientos
que empujan a gorriones desplumados
hacia el cuadrado gris de las veredas.

Puedo mirar el cielo en primavera,
pero en puntas de pie.


Verano

Hay un verano que no vuelve nunca
aunque siempre regrese otro verano.


Otoño

Idas las moscas vuelvo al recurrente
sueño en que la hojarasca incontrolable,
lejos de las escobas y las quemas
sepulta a la ciudad en su beige(eza).

Indignado va el cielo ensangrentando
desde marzo hasta junio nubarrones.


Invierno

Solo la cama guarda la segura
dulce inmovilidad del paraíso.
El resto de la casa, la ciudad,
todo es mentira cuando lluvia, viento,
hacen temblar las manos y las ramas.

Una tonada triste bajo las frazadas.
Eso es lo cierto: duerme, espera, hiberna.


Haroldo

Ayer asamos carne y esperamos
a Haroldo Conti entrar desde el silencio.
Él se hizo ver mientras nos repasamos
los últimos dos días en el río.
Le pregunté los nombres de los árboles
y dijo nombre, altura y residencia.
Le pregunté los nombres de los pájaros
y mirando las brasas los nombraba.

Nos preguntó si alguno vio su cuerpo
y no tuvimos nada para darle.

Horacio Cavallo (Montevideo, 1977), Descendencia, Ediciones del Estómago Agujereado, Montevideo, 2012

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Foto: Horacio Cavallo por Fernando Sosa

lunes, abril 15, 2024

Pier Paolo Pasolini / De "Poesía en forma de rosa"




Apéndice
La falta de demanda de poesía

Como un esclavo enfermo o una bestia,
vagaba por un mundo que me tocó en suerte,
con la lentitud que tienen los monstruos
del barro - o del polvo - o del bosque -
arrastrándose sobre la panza - o sobre las aletas
vanas para la tierra firme - o alas de membranas...
Alrededor había terraplenes o calzadas de grava,
o quizá estaciones abandonadas en el fondo de la ciudad
de los muertos - con las calles y pasajes subterráneos
de la alta noche, cuando se sienten solamente
trenes espantosamente distantes,
y el lavado de las alcantarillas, en el frío definitivo,
en la sombra que no tiene mañana.
Entonces, mientras me erguía como un gusano,
blando, repugnante en su ingenuidad,
algo pasó en mi alma - como
si en un día claro se oscureciese el sol;
por encima del dolor de la bestia cansada,
surgió otro dolor, más mezquino y oscuro,
y el mundo de los sueños se quebró.
"¡Ya nadie te pide poesía!"
Y: "Ha pasado tu tiempo de poeta..."
"¡Los años cincuenta se acabaron en el mundo!"
"¡Tú, con las Cenizas de Gramsci, te marchitas
y todo lo que fue vida te duele
como una herida que se vuelve a abrir y da la muerte!"

Pier Paolo Pasolini (Bolonia, Italia, 1924 - Ostia, Italia, 1975), "Poesia in forma di rosa" (1964), Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2003

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Appendice
LA MANCANZA DI RICHIESTA DI POESIA

Come un schiavo malato, o una bestia,
vagavo per un mondo che mi era assegnato in sorte,
con la lentezza che hanno i mostri
del fango - o della polvere - o della selva -
strisciando sulla pancia - o su pinne
vane per la terraferma - o ali fatte di membrane...
C'erano intorno argini, o massicciate,
o forse stazioni abbandonate in fondo a città
di morti - con le strade e i sottopassaggi
della notte alta, quando si sentono soltanto
trenni spaventosamente lontani,
e sciacquii di scoli, nel gelo definitivo,
nell'ombra che non ha domani.
Così, mentre mi erigevo come un verme,
molle, ripugnante nella sua ingenuità,
qualcosa passò nella mia anima - come
se in un giorno sereno si rabbuiasse il sole;
sopra il dolore della bestia affannata,
si collocò un altro dolore, più meschino e buio,
e il mondo dei sogni si incrinò.
"¡Nessuno ti richiede più poesia!"
E: "È passato il tuo tempo di poeta..."
"¡Gli anni cinquanta sono finiti nel mondo!"
"¡Tu con le Ceneri di Gramsci ingiallisci,
e tutto ciò che fu vita ti duole
come una ferita che si riapre e dà la morte!"

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Foto: Pier Paolo Pasolini durante la filmación de "El Evangelio según San Mateo", 1962 Keystone/ Hulton Archive/ Getty Images

domingo, abril 14, 2024

Dora Pentimalli / De "Los años poblados"




Inhabilitante el pensamiento
           -capa densa de estrellas húmedas 
que se cruzan y se abandonan
                        en un lodo expectante-
Te chupa
            Te ata
                       Te priva
                                   Te exige
Te deja por fin
como una esponja estremecida.


*

Y sin quererlo 
adopto
la quietud 
de un sapo. 


*

Algo habita este silencio mineral 
el canasto de frutas
sobre la mesa redonda para seis 
la cama deshecha
la casa barrida.

Voces como fósiles
el relámpago vital nos deja en vilo 
ciudades de piedra
para siempre suspendidas 
en ese último gesto.

Injertos de luz 
dispuestos al abismo 
a la intemperie
de nosotros mismos.

Dora Pentimalli (Barcelona, 1968)

Los años poblados,
Barnacle, 
Buenos Aires, 2023









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sábado, abril 13, 2024

Abraham Sutzkever / Leyendo a Shakespeare



“Es la maldición del tiempo en que ciegos 
se dejan conducir por locos.” 
Líneas actuales del Rey Lear, 
terribles líneas de uno para ti. 
No existe para ellas cerca ni lejos 
adonde puedas escaparte; 
el eco: “Es la maldición del tiempo” 
ha de encontrarte. 
-¿Y fuera del tiempo? 
-Peor aún… En aquellos sordos castillos 
no duele la profunda herida de un cuchillo. 
Y ni siquiera puede uno perder el juicio. 

Abraham (Avrom) Sutzkever (Smorgon, Gobernación de Vilna, hoy Smarhon, Bielorrusia, 1913 - Tel Aviv, 2010), Poesía, Pardés, Buenos Aires, 1983
Traducción del idish: Eliahu Toker

Más poemas de Abraham Sutzkever en Otra Iglesia Es Imposible

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viernes, abril 12, 2024

María Teresa Andruetto / Genealogía




Tengo una foto del casamiento de mis padres, 
él con traje oscuro y el pelo peinado a la gomina. Ella
de trajecito claro y una boina (con un moño grande, a cuadros), 
la sonrisa perfecta, los ojos bajos, una cartera pequeña
en una mano (la otra mano enlazada a la mano de mi padre).
Con los ojos renegridos y las cejas grandes, a él parecen
molestarle los reflejos del sol en esa tarde. Sé que es abril,
que están frente a la plaza, la sombra de sus cuerpos
se estira en el mosaico, hacia la tapia. 

Ella lleva debajo una blusa blanca. Antes
de esa tarde, vendió una cadena de oro de su abuela
para hacerse el anillo de bodas. Si te gusta el oro,
no soy hombre para vos, dijo mi padre. 

Antes, mi padre le dio un echarpe de su madre, de color azul
y grana. Si nos dejamos lo quiero de regreso, es un recuerdo
de la madre de mi madre

Antes, un hombre golpeó la puerta de la casa de mi abuela,
allá en el pueblo, buscando a una amiga de su madre
y se encontró con mi madre.

Antes, ese hombre que venía de otro mundo,
le pidió a mi madre que fuera a la ciudad para conocerla,
pero mi madre le dijo que una buena chica no se movía
de su casa.

Antes mi madre juró y juró que no se casaría con nadie.

Era hermosa como una potranca en la llanura y enseñaba
a leer con un peinado de trenzas recogidas. 

Antes su madre se inclinó a fregar junto al arroyo
para alimentar a los hijos y al marido, y antes de eso
se le enfermó el marido. Era un hombre flaco como un pájaro
que no podía oler la sopa de porotos, ni la flor del paraíso,
ni el heno que enfardaba ni las hojas satinadas
de los plátanos. Íbamos a verlos los domingos, mi madre
nos llevaba; hablaban piamontés en una casa oscura,
con piso de ladrillos y un patio con glicinas.

Antes los padres de mi madre emparvaban alfalfa
en Campo Yucat y antes la madre de mi madre
tuvo a su primer hijo cuando era apenas una niña. 

Antes, su madre casó a la hija casi niña con un hombre
bueno, el más bueno que encontré, decía,
sin preguntarle a esa niña nada.

Antes la madre de la madre de mi madre viajó con su hija
pequeña en la bodega de un barco y después atravesó los campos
como una peregrina, detrás de una máquina de trilla;
y antes escapó de su pueblo con su hija, para que no la casaran 
con un hermano del marido.

Antes, en un lugar llamado Casas Viejas, se le murió el marido
y ella se ató un cilicio en la cintura. Cuando yo era niña,
aún vivía, aferrada a un misal y un relicario con pelos
de Santa Cecilia. Era poco agraciada la madre de mi abuela,
la cara angulosa, los ojos hundidos, la boca, pero alguna vez
fue joven y robusta, un animal para el trabajo
cuando conoció al marido. 

Antes ella no tuvo padre y juró que si tenía hijos, 
los hijos tendrían otra vida. Y antes fregó los suelos 
de una iglesia y fregando conoció los libros. Los evangelios, 
La Filotea, La vida de Santa Cecilia (y se escondió en el pecho, 
tal vez robada, esa reliquia, unos pelos de la santa 
en una cajita)

Antes fue campesina y ayudó a su madre a cuidar dos vacas
que tenían y antes su madre arrancó raíces
de entre las piedras, para alimentarla.

Encontré una foto de esa mujer, una foto borrosa, 
amarillenta. Dijo mi madre que le dijeron
que la sacó el cura de Casas Viejas. Es la foto de una campesina
joven, ya con la espalda curva, una mujer muy flaca,
con la quijada hacia adelante, husmeando como un perro
y los ojos, ay los ojos, tan despiertos, como una rata
o una ardilla, ojos alertas como los de una perdiz 
o los de un tero.

María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, Argentina, 1954), "Últimos poemas (2018-2019)", Poesía reunida, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2019

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jueves, abril 11, 2024

Ricardo Ruiz / Al costado de la noche




al costado de la noche

un dedo de la mano
debajo de la almohada
señala un sueño

el dolor 
la música 
del sueño 
que señala

uno por vez

aparecidos
gotas de bruma
en la lengua
que los nombra
el vuelo 
de un pájaro 
ciego 
el amor cayendo
otros pesares

vuelven 

al sueño 
laberinto
lo que del sueño
es angustia 
o espanto

uno por vez

los monstruos 
sobre el pecho
tocan la cicatriz 
del aire que respira

mientras duerme

murmura un ruego
quitapenas 

un río que los lleve
aguas abajo
piedra contra piedra
lavando el alma

despertándonos

[inédito]

Ricardo Ruiz (Buenos Aires, 1953)

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Foto: Ricardo Ruiz / Facebook

miércoles, abril 10, 2024

José Pedroni / Paga




Mamá Angustia, en la puerta,
llora y da de mamar;
llora porque su hombre en la taberna
se está bebiendo el jornal.
 
No llores, mamá Angustia, que tu niño
bebe tu mal.
Míralo, en la luna de tu pecho,
dispuesto a lloriquear.
  
Yo iré, si tú lo quieres,
a buscar a tu Juan,
que ha perdido el camino de tus ojos
y no lo puede hallar.
Le diré que tu mesa ya está puesta
debajo del parral,
con su jarra de vino de Mendoza
y su redondo pan. . .
  
Pero que nunca llores en la puerta
cuando das de mamar;
nunca las dulces lunas de tu pecho
se hagan lunas de sal.

José Pedroni (Gálvez, Argentina, 1899-Mar del Plata, Argentina, 1968), El pan nuestro, Losada, Buenos Aires, 1941; Portal Homenaje al Poeta Argentino José Pedroni

Más poemas de José Pedroni en Otra Iglesia Es Imposible

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martes, abril 09, 2024

Luis Hernández / Dos poemas




A un suicida en una piscina

No mueras más
oye una sinfonía para banda
volverás a amarte cuando escuches
diez trombones
con su añil claridad
entre la noche
no mueras
entreteje con su añil claridad
por lo que Dios más ame
sécate
contémplate en el espejo
en el cual te ahogabas
quédate en el tercer planeta
tan solo conocido
por tener unos seres bellísimos
que emiten sonidos con el cuello
esa unión entre el cuerpo
y los ensueños
y con máquinas ingenuas
que se llevan a los labios
o acarician con las manos
arte purísimo
llamado música
no mueras más
con su añil claridad

                             Lima, 8 de agosto de 1971

"Vox horrísona", 1970, Antología poética, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Alicante, 2022

Cuarteto Opus 131

A través de la soledad de los tejados,
Como frutos malvados de la noche
Los últimos cuartetos de Beethoven:
Igual los ha de oír
Quien en deseo vaga
O aquel que solitario yace
Junto a la mujer
Con quien ya jamás ha de soñar.

Gato, mi querido y sordo gato,
Yo sé que a través de tus patas,
A través de tu aciaga cabellera
Y la noche que me envuelve,
Hemos vuelto a beber,
Hemos llegado
A tener un lugar bajo los cielos.

Las constelacionesTrujillo, Cuadernos Trimestrales de Poesía, 1965; Encuentra tu Poema, Fundación BBVA, Perú

Luis Hernández (Lima 1941 - Buenos Aires, 1977)

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Foto: Luis Hernández fotografiado por su familia en la sala de su casa en Lima, 1974 Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

lunes, abril 08, 2024

Antonio Machado / De "Nuevas canciones"




PROVERBIOS Y CANTARES

                  A José Ortega y Gasset

LXIII

  Sentía los cuatro vientos,
en la encrucijada
de su pensamiento. 


LXIV

¿Conoces los invisibles
hiladores de los sueños?
Son dos: la verde esperanza
y el torvo miedo.
  Apuesta tienen de quién
hile más y más ligero,
ella su copo dorado;
él, su copo negro.
   Con el hilo que nos dan
tejemos, cuando tejemos.


LXVI

  Poned atención:
un corazón solitario
no es un corazón.


LXXIII

De un Arte de Bien Comer,
primera lección:
No has de coger la cuchara
con el tenedor.


LXXV

  Conversación de gitanos:
-Para rodear,
toma la calle del medio;
nunca llegarás.


SONETOS

II

     Verás la maravilla del camino,
camino de soñada Compostela
-¡oh monte lila y flavo!-, peregrino,
en un llano, entre chopos de candela.
     Otoño con dos ríos ha dorado
el cerco del gigante centinela
de piedra y luz, prodigio torreado
que en el azul sin mancha se modela.
     Verás en la llanura una jauría
de agudos galgos y un señor de caza,
cabalgando a lejana serranía,
     vano fantasma de una vieja raza.
Debes entrar cuando en la tarde fría
brille un balcón en la desierta plaza.

Antonio Machado (Sevilla, España, 1875 - Colliure, Francia, 1939), "Nuevas canciones" (1917-1930), Poesías completas, edición de Manuel Alvar; guía de lectura de María Pilar Celma; Espasa Calpe, Colección Austral, Madrid, 2007

Más poemas de Antonio Machado en Otra Iglesia Es Imposible

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domingo, abril 07, 2024

Tone Pavček / Elogio de vivir



Sólo esto y nada más.
Sólo este continuo perder
los días y la sangre,
sólo esta postergación,
sólo este vagabundear
de noche en noche
de materia en materia.

Sólo esto y nada más.
Sólo esta prisa
desde las semillas hasta los frutos,
sólo este deslizarse
de las horas entre los dedos,
sólo esta despedida
sólo esta caída
hacia la madera última.

Sólo ésta, sólo ésta, sólo ésta
vida.
La piedra y la flor,
la flor y la piedra,
el instante fugaz, atrapado
en la eterna existencia
como involuntaria celebración
de todo lo vivo.
Sólo esto y nada más.

Tone Pavček (Šentjurij na Dolenjskem, Eslovenia, 1928 - Liubliana, 2011), Verba Hispánica. Anuario de la Sección de Estudios Hispánicos nº 21, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Liubliana, Eslovenia, 2013
Traducción del esloveno, Juan Octavio Prenz
Envío de Jonio González

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sábado, abril 06, 2024

Michael O’Loughlin / Cuchulainn



Si tuviera mil años en este lugar
nunca podría interpretarte, Cuchulainn*.
Tu nombre es un fósil, un árbol petrificado
Tu nombre significa menos que nada.
Menos que Librium, o Bizcochos Burton
o Sistemas Audio-Visuales Phoenix -
Nunca lo oí susurrado
por el viento en los cables de teléfono
ni lo vi garabateado en el muro
en la parte de atrás del parque donde juegan los niños.
Tu nombre significa menos que nada
para el ama de casa a la deriva en el Shopping
a las once y cuarto de la mañana de un martes
con el viento que sopla fragmentos de concreto
en ojos ya rotos y golpeados
por cuatro paredes estrechas
en un departamento de un monoblock
que lleva el nombre de un patriota irlandés
que murió con tu nombre en los labios.
Pero mirando TV la otra noche
empecé a interpretarte, Cuchulainn;
llegaste como un espectro cursi
en una serie americana de ciencia ficción
en blanco y negro hecha para TV
un obvio marciano disfrazado de humano
irrumpiste con grandes botas
con un rostro infinitamente confundido y tenso
y tu profunda voz bramando en letras mayúsculas:
Qué Es Esta Cosa De La Que Hablan Terrícolas

Michael O’Loughlin (Dublín, 1958), Jorge Fondebrider, Gerardo Gambolini, Poesía irlandesa contemporánea, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1999
Traducción de Jorge Fondebrider

* El héroe Cuchulainn, el hijo del gran dios Lug -deidad céltica del rayo, el relámpago y el cielo brillante-, es el principal protagonista del llamado Ciclo de Ulster -así llamado por el lugar preponderante de los ulates, habitantes del actual Ulster-, cuyo centro es la Tain, epopeya irlandesa que reúne historias correspondientes a tiempos muy diversos (siglos VI y VIII). A Cuchulainn se lo ha comparado con Aquiles y se ha advertido la influencia clásica sobre los poemas del ciclo, aunque, según Jean Marx (cf. Las literaturas célticas, Eudeba, Bs. As. 1964), "los rasgos del héroe, la naturaleza de sus hazañas, el carácter mágico y fabuloso de los tabúes a los que se somete y las proezas sobrehumanas que cumple, son evidentemente célticos". (Nota del traductor)


Cuchulainn

If I lived in this place for a thousand years
I could never construe you, Cuchulainn.
Your name is a fossil, a petrified tree
Your name means less than nothing.
Less than Librium, or Burton’s Biscuits
Or Phoenix Audio-Visual Systems –
I have never heard it whispered
By the wind in the telegraph wires
Or seen it scrawled on the wall
At the back of the children’s playground.

Your name means less than nothing
To the housewife adrift in the Shopping Centre
At eleven-fifteen on a Tuesday morning
With the wind blowing fragments of concrete
Into eyes already battered and bruised
By four tightening walls
In a flat in a tower-block
Named after an Irish Patriot
Who died with your name on his lips.

But watching TV the other night
I began to construe you, Cuchulainn;
You came on like some corny revenant
In a black-and-white made-for-TV
American Sci-Fi serial.
An obvious Martian in human disguise
You stomped about in big boots
With a face perpetually puzzled and strained
And your deep voice booms full of capital letters:
What Is This You Earthlings Speak Of

© 1980, Michael O’Loughlin; Another Nation: New and Selected Poems; New Island Books, Dublín
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Foto: Michael O’Loughlin/Facebook

viernes, abril 05, 2024

Raúl González Tuñón / Polka de la tarjeta de cartón



I

¿Quién no conoció el peinado 
que usaba misia Felisa,
su pollera con bordado, 
su cara llena de risa,
sus patios con emparrado, 
sus fiestas con pericón,
y quién no estuvo invitado
"con tarjeta de cartón"?

II

¿Quién no conoció la gloria
de matear bajo la parra
cuando tocaban victoria
los dedos en la guitarra,
cuando el mísero colado
salía por el balcón
porque no estaba invitado 
con tarjeta de cartón?

III

Entonces un chorro fino 
caía en la canaleta
haciendo su remolino 
saltarín en la pileta.
Si faltaban los de al lado 
se decía en la reunión
que no estaban invitados 
con tarjeta de cartón.

IV

Ah, las reuniones, comadre, 
comentadas por semana,
Five o'clock tea de Las Ranas, 
de la gente más compadre,
de los que recién llegados 
ligaban un ginebrón
porque estaban invitados 
con tarjeta de cartón.

V

Tenidas de rompe y raja, 
de malevos orilleros
que no se iban a baraja 
cuando olían entreveros.
Chinas empingorotadas 
hacían sonar el tacón,
porque estaban invitadas 
con tarjeta de cartón.

VI

Farolito a kerosén 
del almacén de Perfumo,
mozos que se iban al humo 
si les seguían el tren;
moños, cintas, charolados, 
puro corte y confección,
porque estaban invitados 
con tarjeta de cartón.

VII

Época en que se formaba
corrillo al cantor del Bajo
y Buenos Aires fumaba 
cigarrillos "Vuelta abajo";
patios de cielo entoldado 
con estrellas de ocasión.
¡Ah, no haber sido invitado 
con tarjeta de cartón!

VIII

Polka de cintura fina 
y peinado a la banana,
polka que fue la mañana 
de la milonga argentina;
ya terminó tu función 
y yo nunca te he bailado
pues nunca estuve invitado 
con tarjeta de cartón.

(Escrito en Río de Janeiro, en 1931, para Juan Carlos Moreno González, autor de la música.) [Nota del autor]

Raúl González Tuñón (Buenos Aires, 1905 - 1974), Hay alguien que está esperando. El penúltimo viaje de Juancito Caminador, Editorial Carabelas, Buenos Aires, 1952

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Foto: Raúl González Tuñón, Santiago de Chile, c.1937 Archivos

jueves, abril 04, 2024

Simone Weil / El mar



Mar dócil al freno, mar sumiso en silencio,
Mar disperso, con oleajes encadenados por siempre,
Masa ofrecida al cielo, espejo de obediencia,
Para tejer allí cada noche pliegues nuevos,
Los astros de lejos sin esfuerzo tienen poder.

Cuando la mañana llega a colmar todo el espacio,
Recibe y devuelve el don de la claridad.
Un fulgor ligero se posa en la superficie.
Se extiende en la espera y sin deseo,
Bajo el día que crece, resplandece y se esfuma.

Los reflejos de la noche harán relucir veloz
El ala suspendida entre el cielo y el agua.
Los oleajes oscilantes y sujetos a la llanura,
Donde cada gota a su vez sube y desciende,
Permanecen en lo bajo por la ley soberana.

La balanza de los brazos secretos de agua transparente
Se pesa ella misma, y la espuma, y el hierro,
Justa sin testigo para cada barco errante.
En el navío un hilo azul traza un reporte,
Sin ningún error en su línea aparente.

Mar vasto, a los mortales desdichados sé propicio,
Apretados en tus bordes, perdidos en tu desierto.
A quien va a zozobrar habla antes que perezca.
Entra hasta el alma, oh nuestro hermano el mar;
Dígnate a lavarla en tus aguas de justicia.

[Marsella, Francia, 1941-1942]

Simone Weil (París, 1909 – Ashford, Inglaterra, 1943), Pensamientos, poemas, Alción Editora, Córdoba, Argentina, 2023; Op. Cit., 30 de diciembre de 2023
Traducción de Carolina Massola


LA MER

Mer docile au frein, mer soumise en silence,
Mer éparse, aux flots enchaînés pour toujours,
Masse offerte au ciel, miroir d’obéissance ;
Pour y tisser chaque nuit des plis nouveaux,
Les astres au loin sans effort ont puissance.

Lorsque le matin vient combler tout l’espace,
Elle accueille et rend le don de la clarté.
Un éclat léger se pose à la surface.
Elle s’étend dans l’attente et sans désir,
Sous le jour qui croît, resplendit et s’efface.

Les reflets du soir feront luire soudaine
L’aile suspendue entre le ciel et l’eau.
Les flots oscillants et fixés à la plaine,
Où chaque goutte à son tour monte et descend,
Demeurent en bas par la loi souveraine.

La balance aux bras secrets d’eau transparente
Se pèse elle-même, et l’écume, et le fer,
Juste sans témoin pour chaque barque errante.
Sur le navire un fil bleu trace un rapport,
Sans aucune erreur dans sa ligne apparente.

Mer vaste, aux mortels malheureux sois propice,
Pressés sur tes bords, perdus sur ton désert.
À qui va sombrer parle avant qu’il périsse.
Entre jusqu’à l’âme, ô notre sœur la mer ;
Daigne la laver dans tes eaux de justice.

Poemès, Gallimard, 1968

Foto: El salvoconducto otorgado a Simone Weil por Francia Combatiente (formada por la Francia Libre de Charles De Gaulle y los movimientos de resistencia internos durante la ocupación nazi). Las siglas CNI significan Comisión Nacional del Interior Photo 12 / Universal Images Group. / Getty Images

miércoles, abril 03, 2024

Pablo Seguí / En el nombre no está la cosa



Catorce letras tienen
el nombre y apellido
con que firmás. Podría
escribir un soneto
en el que encabezaran
cada línea. Infinitas
las posibilidades
de “escritura” (así dicen
ahora los snobs)
y al mismo tiempo meras
variaciones o moscas
que vos espantarás
sin más, ¡oh La Sin Nombre,

la de abanico cruel!

Pablo Seguí (Ciudad de Córdoba, Argentina, 1973), Remy LaCroix y otros poemas, Barnacle, Buenos Aires, 2023

Más poemas de Pablo Seguí en Otra Iglesia Es Imposible

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Foto: Pablo Seguí/Facebook

martes, abril 02, 2024

Gwen Harwood / En el parque




Ella se sienta en el parque. Su ropa es anticuada.
Dos niños riñen y lloriquean, tiran de su falda.
Un tercero traza absurdos dibujos en el barro.
Ha pasado alguien a quien una vez amó – demasiado tarde
para fingir indiferencia ante aquel ademán casual.
"Qué alegría" et cetera. "La vida da grandes sorpresas."
De la bonita cabeza de él se eleva sin duda
un pequeño globo... "pero gracias a Dios...".

Permanecen un rato en la vacilante luz, repitiendo
los nombres y fechas de cumpleaños de los niños. "Qué ternura
produce oírlos hablar, verlos crecer y prosperar",
dice ella a la sonrisa de él, que ya se aleja. Después, 
mientras alimenta al niño más pequeño, sentado a sus pies,
dirigiéndose al viento, dice: "Me han comido viva".

Gwen Harwood (Taringa, Australia, 1920 - Hobart, Australia, 1995), Selected Poems, Penguin, Hawthorn, 2001
Versión de J. G. 


IN THE PARK

She sits in the park. Her clothes are out of date. 
Two children whine and bicker, tug her skirt. 
A third draws aimless patterns in the dirt. 
Someone she loved once passed by – too late 
to feign indifference to that casual nod. 
“How nice” et cetera. “Time holds great surprises.” 
From his neat head unquestionably rises 
a small balloon…”but for the grace of God…” 

They stand a while in flickering light, rehearsing 
the children’s names and birthdays. “It’s so sweet 
to hear their chatter, watch them grow and thrive, ” 
she says to his departing smile. Then, nursing 
the youngest child, sits staring at her feet. 
To the wind she says, “They have eaten me alive.”

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lunes, abril 01, 2024

Dylan Thomas / La luz entra donde ningún sol brilla



La luz entra donde ningún sol brilla;
donde no corre ningún mar, las aguas del corazón
empujan sus mareas;
y los rotos fantasmas con luciérnagas en sus cabezas;
las cosas de la luz
se meten en la carne donde ninguna carne cubre los huesos.

Una vela en los muslos
anima a la juventud y a la semilla y quema la semilla de la vejez;
donde ninguna semilla despierta,
el fruto del hombre rejuvenece en las estrellas,
brilloso como un higo;
donde ninguna cera hay, la vela muestra su pabilo.

El alba entra detrás de los ojos;
de mástiles de calavera y dedos la sangre turbulenta 
se desliza como un mar;
sin cercas, ni vallados, los surtidores del cielo
brotan hasta la caña
adivinando en una sonrisa el aceite de las lágrimas.

La noche ronda en las órbitas,
como una luna de alquitrán, el límite de los globos;
el día ilumina el hueso;
donde no hay frío alguno, los vendavales desolladores desprenden 
los vestidos del invierno;
la película de la primavera cuelga de los párpados.

La luz entra en solares secretos,
en la punta del pensamiento donde los pensamientos huelen en la lluvia;
cuando muere la lógica,
el secreto del suelo crece a través del ojo,
y la sangre salta al sol;
sobre los terrenos baldíos se detiene el alba.

Dylan Thomas (Swansea, Gales 1914 - Nueva York, Estados Unidos, 1953), Poemas escogidos (1934-1952), Editorial Barnacle, Buenos Aires, 2024
Traducciones de Silvia Camerotto

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Light Breaks Where no Sun Shines 

Light breaks where no sun shines;
Where no sea runs, the waters of the heart
Push in their tides;
And, broken ghosts with glow-worms in their heads,
The things of light
File through the flesh where no flesh decks the bones.

A candle in the thighs
Warms youth and seed and burns the seeds of age;
Where no seed stirs,
The fruit of man unwrinkles in the stars,
Bright as a fig;
Where no wax is, the candle shows its hairs.

Dawn breaks behind the eyes;
From poles of skull and toe the windy blood
Slides like a sea;
Nor fenced, nor staked, the gushers of the sky
Spout to the rod
Divining in a smile the oil of tears.

Night in the sockets rounds,
Like some pitch moon, the limit of the globes;
Day lights the bone;
Where no cold is, the skinning gales unpin
The winter's robes;
The film of spring is hanging from the lids.

Light breaks on secret lots,
On tips of thought where thoughts smell in the rain;
When logics dies,
The secret of the soil grows through the eye,
And blood jumps in the sun;
Above the waste allotments the dawn halts.

The Poems of Dylan Thomas, New Directions © 1952, 1953 Dylan Thomas © 1938, 1939, 1943, 1946, 1971 New Directions Publishing Corp

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Foto: Dylan Thomas en White Horse Tavern, Greenwich Village, Nueva York, 1952 Vanity Fair /Cordon Press

domingo, marzo 31, 2024

Juan Calzadilla / Dos poemas



Los pájaros

¿Es que volaron antes de nos diéramos cuenta
de que podían hacerlo sin necesidad de tener alas?
¿O fue que nuestras miradas se las prestaron?
Así el poema.


El paisaje y él

Fue de paseo al campo aquel día
pero nada en especial
vio ni sintió
como no fuera
lo que por el camino
iba pensando.
Ambos pasaron de largo.
El campo y él.

Juan Calzadilla (Altagracia de Orituco, Venezuela, 1930), Poesía por mandato. Antología personal 1978-2012, Monte Ávila, Caracas, 2014
Envío de Jonio González

Más poesía de Juan Calzadilla en Otra Iglesia Es Imposible

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