sábado, septiembre 22, 2018

Arthur Rimbaud / El rÍo de Cassis



















El Río de Cassis fluye ignorado
          Por extraños valles:
Voces de cien cuervos lo acompañan, voces
          De buenos y verdaderos ángeles:
Junto a los grandes movimientos de las sapinaies*
          Cuando sobre ellas los vientos se levantan.

Todo fluye con abominables misterios
          De guerras de tiempos antiguos;
Torres conocidas, importantes parques:
          En estas orillas se escuchan
Las pasiones muertas de los caballeros andantes:
          ¡Pero qué saludable es el viento!

Que el caminante mire por esas claraboyas:
           Será más valiente.
¡Soldados de los bosques que el Señor envía,
           Amables y queridos cuervos!
Echen de acá al campesino avaro
           Que brinda con un trozo de hueso viejo.
                                                                               Mayo de 1872


* Invención estética de Rimbaud, derivada de Sapinière [Sapine/ Sapinaye]: género de árboles de la familia de las pináceas. N. de. T.

Arthur Rimbaud (Charleville, Francia, 1854-Marsella, Francia, 1891), "Paris (mayo-junio / 1872)", Nuevos versos y canciones, traducción de Juan Arabia, Descontexto, Santiago de Chile, 2017

Imagen: Arthur Rimbaud rapado. Nota en Arthur Rimbaud, le poete, sobre este dibujo:

Carta de Delahaye a Verlaine - fecha conjeturada por Pakenham: alrededor de mediados de diciembre de 1875 (ver p.467).
Una de las hermanas más jóvenes de Rimbaud (Vitalie) falleció el 18 de diciembre debido a una sinovitis. Los amigos de la familia se sorprendieron al ver afeitada la cabeza de Arthur el día del entierro. Parece que el joven ha justificado este tratamiento severo por los dolores de cabeza que sufrió en ese momento, que atribuyó al cabello demasiado abundante. Michael Pakenham sugiere una razón más mundana: tiña (p.468). En el margen del boceto, Delahaye escribió las siguientes leyendas: "La tronche à Machin"  (izquierda), "Rimbaud" (derecha). Michael Pakenham, Verlaine. Correspondance générale I, 1857-1885, Fayard, 2005.  Biblioteca Literaria Jacques Doucet


La rivière de Cassis

La Rivière de Cassis roule ignorée 
       En des vaux étranges: 
La voix de cent corbeaux l'accompagne, vraie 
       Et bonne voix d'anges: 
Avec les grands mouvements des sapinaies 
       Quand plusieurs vents plongent.


Tout roule avec des mystères révoltants 
       De campagnes d'anciens temps; 
De donjons visités, de parcs importants: 
       C'est en ces bords qu'on entend 
Les passions mortes des chevaliers errants:
       Mais que salubre est le vent!


Que le piéton regarde à ces clairesvoies: 
       Il ira plus courageux. 
Soldats des forêts que le Seigneur envoie, 
       Chers corbeaux délicieux! 
Faites fuir d'ici le paysan matois 
       Qui trinque d'un moignon vieux.
                                                             Mai 1872

viernes, septiembre 21, 2018

Sonia Scarabelli / Corona del día



















Una fila de árboles al oeste
perennes y caducos y una ruta lisa
por donde vamos pasando
como si la vida fuera esto,
ni duración ni muerte,
un instante perdido en la belleza
de ser nomás lo que es,
tiempo y cielo, sobre nuestras cabezas
por un segundo, la corona del día.

[inédito]

Sonia Scarabelli (Rosario, Argentina, 1968), "Dormida en el sillón", Op. Cit. August 3, 2018, selección de Marcelo D. Díaz

Ref.:
Hablar de Poesía,
Editorial Muncipal de Rosario
Griselda García
Nueva Provenza

jueves, septiembre 20, 2018

Fernando Ayala / De "Conurbano, mano de obra"















#11

Si creés estar solo, empujá el picaporte
desanudá la cabeza, mira la voz que suena
escuchá el futuro inmediato que corre
dejá que el pasado duerma solo,
ya lo vas a necesitar despierto
el mar de uno mismo naufraga
las olas se rompen en tu cara
y chupan fuerte las piedras del camino.
Por más vendas que lustren tus ojos
por más desierto que deje la ansiedad
la identidad se abre paso, como sol naciente,
no se negocia, no olvida, no se achica.
Podrás verla como se escapa, pero no ocultarla.
Cuando grita de sueño en tu voz,
dentro.

b

¿Cuántas veces habré dicho la palabra “amor”?
¿Hacia cuántas partes direccionadx?
¿Puedo acariciar tu perfume?
Besarnos los ojos, cansados de ver
cuantos más grandes, más secos.
Si el dolor se transaba en las esquinas
¿cuántas esquinas tendrá tu cuerpo hoy?
Donde hay espacio para doler placeres
¿quedará lugar para el amor? Tu cuerpo.
¿Qué siente, qué ve, qué intuye?
¿Serán salvadas las sábanas del entierro
Proclamando que estuvimos vivos?
qué será de la ceguera de los labios,
del vacío de la cueva en la lengua,
de los lugares sin explorar,
de la mente niña, de la mente joven,
de la mente madura, de la mente senil.

Fernando Ayala (San Justo, Buenos Aires, Argentina, 1987)

Conurbano, mano de obra,
Barnacle,
Buenos Aires, 2018










Ref.:
El Poeta Ocasional
Barnacle-YouTube

miércoles, septiembre 19, 2018

Frank Stanford / La luz que ven los muertos
















Hay muchas personas que vuelven
después de que el médico ha alisado la sábana
en torno a sus cuerpos
y ha abandonado la habitación para hacer su llamada.

Mueren, pero viven.

Se los llama los muertos que vivieron a través de su muerte,
y entre mi gente
se los considera sabios y rectos.

Flotan fuera de sus cuerpos
y se mueven ágilmente en el techo igual que polillas,
observando el trajín de cuantos los rodean.

Las voces y las imágenes de los vivos
se desvanecen.

Un estruendo los absorbe bajo
las ruedas de una oscuridad sin dolor.
A lo lejos
hay alguien
que hace oscilar una linterna como si fuese un guardavía.

La luz aumenta, una flor blanca.
Se vuelve muy intensa, como música.

Ven los rostros de aquellos a quienes amaron,
los verdaderos muertos que hablan amablemente.

Ven a su padre sentado en el campo.
La cosecha ha acabado y su silla de mimbre está reparada.
Hay una toalla en torno a su cuello,
huele a ron.
Luego ven a su madre
de pie detrás de él con unas tijeras de esquilar.
Sopla el viento.
Ella le está cortando el pelo.

Los muertos han contado estas historias
a los vivos.

Frank  Stanford (Richton, Misisipi, Estados Unidos, 1948-Fayetteville, Arkansas, Estados Unidos, 1978), The Light the Dead See: Selected Poems, University of Arkansas Press, Arkansas, 1991
Versión de Jonio González

Ref.:
Poetry Foundation
Poets Org
Punk Freud

Foto: Copper Canyon Press/The Stranger

The Light the Dead See

There are many people who come back
After the doctor has smoothed the sheet
Around their body
And left the room to make his call.

They die but they live.

They are called the dead who lived through their deaths,
And among my people
They are considered wise and honest.

They float out of their bodies
And light on the ceiling like a moth,
Watching the efforts of everyone around them.

The voices and the images of the living
Fade away.

A roar sucks them under
The wheels of a darkness without pain.
Off in the distance
There is someone
Like a signalman swinging a lantern.

The light grows, a white flower.
It becomes very intense, like music.

They see the faces of those they loved,
The truly dead who speak kindly.

They see their father sitting in a field.
The harvest is over and his cane chair is mended.
There is a towel around his neck,
The odor of bay rum.
Then they see their mother
Standing behind him with a pair of shears.
The wind is blowing.
She is cutting his hair.

The dead have told these stories
To the living.

-The Light the Dead See: Selected Poems of Frank Stanford. Copyright © 1991 by Frank Stanford.  Reprinted by permission of University of Arkansas Press. Poetry Foundation

martes, septiembre 18, 2018

Jonio González / Equívocos














el inconveniente de dar por hecho
que lo primero es lo verdadero:
después llega el verano
y aquellas manchas entre los árboles
se convierten en frutos
y cuentan historias
más reales

sin embargo
afirmar que siempre
la consecuencia
sucede al acto
equivaldría a pretender
que a este lo define
lo correcto o esperado

un equívoco:
como si aquel al que amamos
nos olvidara

[inédito]

Jonio González (Buenos Aires, 1954)

En la foto: Jonio González, París, 2013

Ref.:
Barcelona Review
El Infinito Viajar
Analecta Literaria

lunes, septiembre 17, 2018

Inés Legarreta / De "El jardín desconocido"
















XXVIII

      a César Suárez

De la niebla surge
una ventana
el piso abandonado a los pastos secos
y al frío
¿qué hombre vivió aquí?
¿cuánto tiempo atrás? ¿por qué se fue?
                /¿por qué se fueron el hombre y la mujer?
la rama desnuda
solitaria
los tachos y ollas herrumbrados
los montones de tierra cuevas de mulitas
macetas rotas  jarras  una pava
todo
barrido por el viento
pero desde afuera
los alambrados de púa
enmarcan
la intemperie.

Inés Legarreta (Chivilcoy, Argentina, 1951)

El jardín desconocido,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2018









Foto: FB

Ref.:
Ediciones en Danza
La Razón
Analecta Literaria
Nuestras Voces

domingo, septiembre 16, 2018

Antonio Machado / de "Soledades"

















XXXIX
(COPLAS ELEGÍACAS)

¡Ay del que llega sediento
a ver el agua correr,
y dice: la sed que siento
no me la calma el beber!

¡Ay de quien bebe y, saciada
la sed, desprecia la vida:
moneda al tahúr prestada,
que sea al azar rendida!

Del iluso que suspira
bajo el orden soberano,
y del que sueña la lira
pitagórica en su mano.

¡Ay del noble peregrino
que se para a meditar,
después de largo camino
en el horror de llegar!

¡Ay de la melancolía
que llorando se consuela,
y de la melomanía
de un corazón de zarzuela!

¡Ay de nuestro ruiseñor,
si en una noche serena
se cura del mal de amor
que llora y canta sin pena!

¡De los jardines secretos,
de los pensiles soñados,
y de los sueños poblados
de propósitos discretos!

¡Ay del galán sin fortuna
que ronda a la luna bella;
de cuantos caen de la luna,
de cuantos se marchan a ella!

¡De quien el fruto prendido
en la rama no alcanzó,
de quien el fruto ha mordido
y el gusto amargo probó!

¡Y de nuestro amor primero
y de su fe mal pagada,
y, también, del verdadero
amante de nuestra amada!


XLV

El sueño bajo el sol que aturde y ciega,
tórrido sueño en la hora de arrebol;
el río luminoso el aire surca;
esplende la montaña;
la tarde es polvo y sol.

El sibilante caracol del viento
ronco dormita en el remoto alcor;
emerge el sueño ingrave en la palmera,
luego se enciende en el naranjo en flor.

La estúpida cigüeña
su garabato escribe en el sopor
del molino parado; el toro abate
sobre la hierba la testuz feroz.

La verde, quieta espuma del ramaje
efunde sobre el blanco paredón,
lejano, inerte, del jardín sombrío,
dormido bajo el cielo fanfarrón.

Lejos, enfrente de la tarde roja,
refulge el ventanal del torreón.

Antonio Machado (Sevilla, 1875- Collioure, Francia, 1939),"Soledades" (1899-1907), Poesías completas, Espasa Calpe, Colección Austral Poesía, Madrid, 2007

Ref.:
Abel Martín
Instituto Cervantes
EcuRed
Poemas del Alma
Cancioneros

sábado, septiembre 15, 2018

Soledad Castresana / La Virgen en el mercado














Adherida a la columna, una lámina
en papel satinado de la Virgen
con su raro disfraz de Guadalupe.
Quien imprimió esta imagen le agregó
un poco de su fe, de su alegría.
Los colores se alejan del gris santo,
alzan vuelo y se encienden y compiten
con las piñatas que cuelgan rabiosas
del techo del mercado en Coyoacán.
Y porque tal vez la acumulación
funciona en ciertos casos, le pusieron
un marco de un millón de rosas rojas
y un diluvio universal de purpurina.
Pero es curioso observar que nada
le ha cambiado en el gesto a la señora:
sigue quieta, los ojos hacia abajo
y las manos unidas sobre el pecho.
¡Qué poca vanidad!, me digo y miro
mi perfil de reojo en la vitrina
sucia de un puestito de tostadas.
Cualquier diosa, yo misma, si tuviera
tales brillos y flores, alzaría
la vista sonriendo. Aunque en el fondo
supiera que no soy más que otra mosca
sobre la carne cruda y las guayabas.

Soledad Castresana (General Pico, Argentina, 1979), Que sangre, publicará Caleta Olivia, Buenos Aires Op. Cit., 3 de agosto de 2018

Ref.:
Editorial Municipal de Rosario
Ping Pong
Zona Cero
Claroscuro

Foto: FB

viernes, septiembre 14, 2018

Wolfgang Borchert / Carta de Rusia











Uno se vuelve bestial
por el aire ferruginoso.
Mas este arrugado corazón
todavía siente a veces algo lírico.
Un casco de acero al resplandor del sol matinal.
Un pinzón canta y el casco se oxida.
¿Cuánto costará en el terruño un cuarto
con cama y agua caliente?
¡Si no estuviese tan cansado!
Las piernas se han puesto pesadas.
¿Tienes todavía un pedazo de pan?
Mañana tomaremos el bosque.
Aquí la vida resulta tan muerta.
Hasta las estrellas son extrañas y frías.
Y las casas parecen
construidas al azar.
Sólo a veces ves a un niño
de piel maravillosa.

Wolfgang Borchert (Hamburgo, Alemania, 1921-Basilea, Suiza, 1947), Casa del Tiempo, UNAM, México, febrero de 2001
Traducción de Ricardo Corchado y Sabina Scherzer
Envío de Jonio González

Foto: Countercurrents

Ref.:
Internationalen Wolfgang-Borchert-Gesellschaft
Gordon Burgess, The Life and Works of Wolfgang Borchert

jueves, septiembre 13, 2018

Alejandro Cesario / De "El bruto muro de la casa propia"















Pelón

Se alumbra
con sesgo de luz ambarina.

Ropa harapienta,
manos ajadas curtidas,
borsalino de fieltro negro,
cerilla en la boca.

Carro pelado
en búsqueda de chorra,

penco que bostea,
relincho que humilla,

botella escorada.


Fiesta

Baja la escalera de caracol.

Labios de sonrisas de breñas ásperas,
ovulosa,
ojos cerúleos que zampan,

lamedor tatuaje en su espalda,
peto encaje de seda roja
en macilenta muselina,
arreglada con gemas y collares de corindones
sobre el cuello y muñeca.

Lo que más brilla son sus atavíos
de cicatería.

Alejandro Cesario (Buenos Aires, 1967),

El bruto muro de la casa propia,
Edicion La Yunta,
Buenos Aires, 2018










Ref.:
Ediciones La Yunta
Hablar de Poesía
El Poeta Ocasional
Caina Bella

miércoles, septiembre 12, 2018

Stephen Spender / Sin el claro designio de antaño...















316- Without that once clear aim...

Sin el claro designio de antaño, ese camino de evasión
para vivir toda la vida en una blanca atmósfera,
este siglo me ahoga con raíces de noche;
sufro como la historia en las Edades Tenebrosas,

cuando yacía la verdad en las mazmorras inaudibles.
Nos hablan de las torres hace mucho derruídas, disipadas,
de torturas y guerras, con rumores oscuros y brumosos,
pero ninguna luz incide en el sepulcro de las vidas de los hombres.

Miradme caminar por las calles tortuosas; las nieblas y la lluvia
ahogan cada grito; en las esquinas de la aurora
los desagües exploran nuevas áreas de pena;

nunca podrán llegar hasta aquí ni la luz ni el verano.
La ciudad reconstruye su horror en mi cerebro;
tan solo esto que escribo me da alas para huir.

[1933]

Stephen Harold Spender (Londres, 1909-1955), Sur, números 153/156, Buenos Aires, julio-octubre de 1947. Lysandro Z. D. Galtier, La traducción literaria. Antología del poema traducido, tomo II, Ediciones Culturales Argentinas, Buenos Aires, 1965
Traducción de Rodolfo Wilcock

Ref.:
Poetry Foundation
EcuRed
Prodavinci


XXI

Without that once clear aim, the path of flight
To follow for a lifetime through white air,
This century chokes me under the roots of night
I suffer like history in Dark Ages, where
Truth lies in dungeons, from which drifts no whisper:
We hear of towers long broken off from sight
And tortures and war, in dark and smoky rumor,
But on men’s buried lives there falls no light.
Watch me who walk through coiling streets where rain
And fog drown every cry: at corners of day
Road drills explore new areas of pain,
Nor summer nor light may reach down here to play.
The city builds its horror in my brain,
This writing is my only wings away.

-Selected Poems, Grey Gowrie ed., Faber and Faber, 2009

martes, septiembre 11, 2018

John Ciardi / La señora Me-lamo-el-mentón















Algunos de los gatos que conozco
se pasan un rato dentro y un montón de tiempo fuera.
O un montón de tiempo fuera y un rato dentro.
Pero mi gata, la señora Me-Lamo-El-Mentón,
nunca sabe dónde quiere estar.
Si la dejo dentro, me mira
y empieza a cantar que quiere salir.
Así que abro la puerta y ella mira alrededor
y empieza a cantar: "¡Por favor, déjame entrar!"

¡Ah, qué tonta es la pobre señora Me-Lamo-El Mentón!

Lo que pasa con los gatos, como puedes comprobar,
es que nadie sabe qué piensan.

Y te diré algo a propósito de esto:
nadie lo sabe menos que mi gata.

John Ciardi (Boston, Estados Unidos, 1916-Edison, Nueva Jersey, Estados Unidos, 1986)
Traducción de Jonio González

Your Read To Me, I'll Read to You,
ilustrado por Edward Gorey
Harper & Row,
Nueva York, 1962
HarperCollins, 1987







Ref.:
Salisbury Township Branch Library
Poetry Foundation
Academy of American Poets

Retrato: John Ciardi por Kenneth Hari (detalle)


Mrs. Lick-a-chin

Some of the cats I know about
Spend a little time in and a lot of time out.
Or a lot of time out and a little time in.
But my cat, Mrs. Lick-a-chin,
Never knows where she wants to be.
If I let her in she looks at me
And begins to sing that she wants to go out.
So I open the door and she looks about
And begins to sing, "Please let me in!" 

Poor silly Mrs. Lick-a-chin!

The thing about cats, as you may find,
Is that no one knows what they have in mind.

And I'll tell you something about that:
No one knows it less than my cat.

lunes, septiembre 10, 2018

Raúl Vera Ocampo / El otro Shelley













A  veces uno es
fantasma
de uno mismo
y el destino
ordena un tránsito
que deja atónito
al desprevenido
en su paso
por la vida,
¿qué saber
de una silueta
que disipa
su imagen
con el pie
en el estribo
de la nada?

Un pobre hombre
de nombre Shelley
igual que el otro,
poeta
respetado,
éste con su destino
incierto, vulnerado,
enganchado en su bote
y muerto
en el lago Thompson
de un fiero
escopetazo;
qué ridícula suerte
encuentran algunos
y yo descubro
ahí mismo
en ese camposanto
de Spoon River
que la suerte
es dura,
capricho
de pocos.

Uno puede morir
o vivir
es lo mismo,
si el azar
de la ruleta
que nos depara
ese tránsito
desatinado
te señala
una mueca irónica
puedes ver entonces
tu imagen
reflejada
en el filo
de una escopeta
o en la página
en blanco
de un libro
todavía
no escrito.
Y ése
es tu destino.

Raúl Vera Ocampo (La Rioja, Argentina, 1935), Mundo ajeno, Vinciguerra, Buenos Aires, 1998
Envío de Jonio González

Ref.:
Librería Hernández
Wikipedia
YouTube

domingo, septiembre 09, 2018

Horacio Sanguinetti / Nada




















[Tango]

He llegado hasta tu casa...
¡Yo no sé cómo he podido!
Si me han dicho que no estás,
que ya nunca volverás...
¡Si me han dicho que te has ido!
¡Cuánta nieve hay en mi alma!
¡Qué silencio hay en tu puerta!
Al llegar hasta el umbral,
un candado de dolor
me detuvo el corazón.

Nada, nada queda en tu casa natal...
Sólo telarañas que teje el yuyal.
El rosal tampoco existe
y es seguro que se ha muerto al irte tú...
¡Todo es una cruz!
Nada, nada más que tristeza y quietud.
Nadie que me diga si vives aún...
¿Dónde estás, para decirte
que hoy he vuelto arrepentido a buscar tu amor?

Ya me alejo de tu casa
y me voy ya ni sé donde...
Sin querer te digo adiós
y hasta el eco de tu voz
de la nada me responde.
En la cruz de tu candado
por tu pena yo he rezado
y ha rodado en tu portón
una lágrima hecha flor
de mi pobre corazón.

[1944]

Horacio Sanguinetti, seudónimo de Horacio Basterra (Montevideo, 1914-1957), Todo Tango

Ref.:
Una perla y un Tango
Tangos al Bardo
Trascartón

Imagen: Una partitura de Nada s/d El Tango te Espera