martes, mayo 17, 2022

Maria Luisa Spaziani / Nada de nada





Arráncame de la sospecha
de no ser nada, nada más que nada de nada.
Ni siquiera hay memoria.
No existen cielos

Ante los ojos una meseta de nieve,
incontables días, cristales
de una nieve que se esfuma en el horizonte
-y no hay horizonte-

Maria Luisa Spaziani (Turín, Italia, 1924-Roma, 2014), La traversata dell’oasi. Poesie d’amore 1998-2001, Mondadori, Milán, 2002
Versión de Jorge Aulicino


Nulla di nulla

Strappami dal sospetto
di essere nulla, più nulla di nulla.
Non esiste nemmeno la memoria.
Non esistono cieli.

Davanti agli occhi un pianoro di neve,
giorni non numerabili, cristalli
di una neve che sfuma all’orizzonte
-e non c’è l’orizzonte -.

lunes, mayo 16, 2022

Franco Fortini / Lejos, muy lejos, resuena la guerra...




Lejos, muy lejos resuena la guerra.
La sangre de otros se esparce en la tierra.

Yo esta mañana me he pinchado un dedo
en un rosal y me he chupado el dedo.

Chupándome el dedo pensaba en la guerra.
¡Oh pobre esa gente, qué triste es la tierra!

No puedo ayudar, no puedo ni hablar,
no puedo partir por cielo o por mar.

Y aunque yo pudiera, oh gente del zoco,
¡árabe no hablo, y el inglés muy poco! 

Bajo la cabeza de miembros dispersos,
¿pondría un espeso volumen de versos?

No creo. Dejemos la ironía amarga.
Ponte una remera que el sol ya se larga.

Franco Fortini (Florencia, Italia, 1917–Milán, Italia, 1994), Tutte le poesie, Mondadori, 2021 Vía Interno Poesia
Versión  de Jorge Aulicino

N. del T.: Esta versión cree respetar el sarcasmo con que fueron usados la rima y los clásicos versos pareados. Para lograr rimas se debió apelar en algunos casos a libertades que no alteran, a nuestro juicio, el sentido original de cada verso y del poema en general




Lontano lontano si fanno la guerra.
Il sangue degli altri si sparge per terra.

Io questa mattina mi sono ferito
a un gambo di rosa, pungendomi un dito.

Succhiando quel dito, pensavo alla guerra.
Oh povera gente, che triste è la terra!

Non posso giovare, non posso parlare,
non posso partire per cielo o per mare.

E se anche potessi, o genti indifese,
ho l’arabo nullo! Ho scarso l’inglese!

Potrei sotto il capo dei corpi riversi
posare un mio fitto volume di versi?

Non credo. Cessiamo la mesta ironia.
Mettiamo una maglia, che il sole va via.

 © Interno Poesia/Mondadori

domingo, mayo 15, 2022

Maria Luisa Spaziani / Vine a Paris para olvidarte




Vine a Paris para olvidarte
pero tú, obstinado, impregnas cada espacio.
Eres la quimera hórrida de los aleros de Notre-Dame,
eres el ángel que invencible sonríe.

Hagamos un pacto (el campesino y el diablo):
déjame el día para ver, leer,
perder el tiempo, divertirme, excluirte.
Noches y sueños, por supuesto, son tuyos

Maria Luisa Spaziani (Turín, Italia, 1924-Roma, 2014), La stella del libero arbitrio, Mondadori, Milán, 1986
Versión de Jorge Aulicino



Sono venuta a Parigi per dimenticarti

Sono venuta a Parigi per dimenticarti
ma tu ostinato me ne intridi ogni spazio.
Sei la chimera orrida delle gronde di Notre-Dame, 
sei l'angelo che invincibile sorride.

Veniamo a patti (il contadino e il diavolo):
lasciami il giorno per guardare, leggere,
sprecare il tempo, divertirmi, escluderti.
Notti e sogni, d'accordo, sono tuoi.

sábado, mayo 14, 2022

Göran Sonnevi / Koster 2003



Una sombra en la luz gris
viene del mar, sobre la isla, el monte, los altos fresnos Lluvia
Al amanecer tormenta Cuando llegamos subimos al monte, nos juntamos con Lena
junto al barco En el horizonte alumbraba una racha de sol Grandes navíos en camino
a lo lejos  El Archipiélago más pequeño que como lo recordaba  Iré
al pie del océano; luego empezará la subida a su monte
No hay ninguna escolta Humanos que amo;
y por los que me siento amado; no puede ser eso
Como en el nacimiento y muerte Donde tampoco me veo a mí mismo;
por lo tanto no soy escolta de mí mismo  Los árboles del monte son interminables
Los árboles Del monte también parten de cero; pero lo sabías antes
Cada costa es interminable Cada costa también parte de cero
Lo que el océano es, es indecible  Hölderlin vio la planicie del mar del mundo,
allá abajo, abrasada ¿Luego todo se destruyó? Pero no todo está destruido
Para Blake soplaba el viento de la revolución sobre el mar  Desde un nuevo mundo

A cada instante sucede la historia  Aquí, este verano
se exponen Uday y Qusay, hijos de Saddam Hussein, después de ser muertos por el 
     Imperio
Sus rostros en la muerte recuerdan al Che Guevara; también él expuesto
Los intereses del Imperio similares Pero torturadores y asesinos
no son idénticos a los héroes revolucionarios Aunque entre ellos también hay
torturadores y asesinos La diferencia puede ser infinita O cero

¿Cómo represento el tiempo? ¡No solamente yo, nosotros! El inapelable
nacimiento La inapelable muerte Pero también la forma recurrente
La esfera perfecta; en su infinita cantidad de dimensiones Su superficie de reflexión
Su haz de incendio El que lo ha visto ya no existe ¿Quién existe entonces?
Tantas preguntas ¡Cada vez más! Como si de verdad fuesen posibles   ¡Y lo son!
De modo que aquí no puedo quedarme ¡No! No en vida y no en la muerte

Difícil alcanzar el mar; todavía no llegamos Aunque yo
lo toqué, en el estrecho de Koster, cuando el agua entró enjuagando
una hendedura en la roca negra que emergía de la arena
Anduvimos por un bosque de matorrales; las madreselvas colgaban como lianas de los árboles
Yo me enredé El bosque de avellanos sobre Sane talado, para que
El ganado pudiese pastar allí El prado de la costa pisoteado, pastado
Algunos cardos marinos quedaban al borde de la costa; verde azulados, sobresaliendo, filosos
Kerstin y Lena se bañaron, yo no Luego las oí gritar Lena sale
del agua, levanta un pichón que recién han visto volar demasiado bajo sobre el agua;
Ya estaba muerto, o moribundo Vi el pico abriéndose, luego todo
quedó quieto Cuando lo dejamos a la sombra las moscas y hormigas ya estaban allí, en
un instante Pájaro pequeño: para nosotros de especie indefinida Puse la caparazón
de una navaja en mi mejilla, era muy filosa Un tábano gris se metió en mis gafas De pronto mucho              calor, después de la lluvia Junto al gran roble voló una mariposa que no reconocí, al parecer
una vanesa de los cardos También una mariposa de brezo más grande, con grandes formas de ojos en la parte inferior de las alas

Al anochecer subimos los tres al monte, miramos su amplitud
Posicionamos los faros noruegos Allí, allí debe estar la entrada del Fiordo de Oslo
Partes de tierra noruega se ven más allá del fiordo Como flotando sobre el agua

Después vemos en televisión Pulp fiction repetición de la pornografía de la violencia
La ironía es absurda; o mejor dicho coartada Veo las imágenes editadas de
Irak; Kalashnikov de fabricación especial en metal blanco; o de oro El kitsch,
casi idéntico La matanza idéntica La tortura También la masculinidad de los verdugos
Un hemisferio de los espejos de Narciso Girando También eso una forma de lo 
     absoluto
Eso somos; también en el mundo protegido También en Liberia, Costa de Marfil,
Congo, Chechenia, Cachemira ¡Hay más nombres! ¡O es un solo nombre!
Al amanecer salgo a orinar Luz anaranjada sobre la planicie de Kile
Una luna blanca, delgada, sobre la casa donde una vez  vivimos Y tras esa la primera casa

Los árboles han crecido Están oscuros contra el luminoso cielo ascendente

A quién hablo con voz profética; también desde el abismo
Subo por tercera vez al monte, solo, en la lluvia
Allí toco la flauta; para el vento, el mar, las islas Los tonos
se deforman en el viento Bajo rápidamente También toco para
los puntos cardinales Y para la línea terrestre, la línea celeste Y para la línea
imposible Allí, donde todo se decide La tarde es trabajo con
el manuscrito del muerto; yo y Lena hacemos la edición final De pronto, 
       inesperadamente
llega la solución Como si toda forma creciese rectamente de la muerte Como vida
Así hablamos con el muerto, con los muertos En la noche voy al pie
Del océano; también solo En Brevik, junto al camino hacia el puerto
creció un bosque de verbasco; los grillos chirriaban Junto al mar
toqué el agua, miré haca la línea de montes de las islas allí
Desde el camino había visto la luz de los faros de Ursholmen Un bote a motor
Con luz fuerte iba sobre el agua   Después busqué a Kerstin en la 
tercera casa, donde ahora han instalado agua y saneamiento Nos despedimos
de la gente allí, luego fuimos juntos en la noche aún clara, sus
árboles oscuros creciendo, el camino de grava que serpentea volviendo a la segunda casa

¿Cómo toco yo a los humanos: con qué clase de voz? ¿Llega ella 
sobre el océano, como forma nueva? ¿Forma de aniquilación? Como si también mi voz fuese la muerte   
¿Es eso lo que quiero? ¡No! Yo quería tocarte con vida
Pero no es mi voluntad lo que cuenta La musa gris también me tocó
¿Puedes describir esto? ¡Sí! También ¿Una vez más? ¡Sí! También

Los muertos hablan con los muertos Salen del mar Su procesión se mueve
a través de todas las dimensiones Pasan a través de todo, a través de nosotros
¿Misericordiosamente? Nadie sabe Como si también los castigos, persecuciones 
atravesaran, fueran perforadas por eso Entonces de todos los muertos ¿Cómo
los tocamos? Cómo santificamos nosotros El Nombre; lo que hay en todos los nombres   Todos
son el mismo Así les mostramos respeto ¿Cómo? Como si pudiese haber lenguaje
     sin violencia, solamente amor
En la noche brilló la estrella Salí y oriné al amanecer,
más allá de la planicie de la caldera brillaba Aurora, rojo-lila sobre los árboles verdes
Nos tocamos el uno al otro en el sueño, en la habitación con tablas anchas en el techo
La rueca no está hace mucho tiempo; la TV está aquí Nos adaptamos a ella;
las necesidades de otros, que también nos llevan a la tentación Estamos en el mundo
imaginario de los humanos   Lo que hacemos con nosotros no puede ser quitado
tampoco la estrella ¿Un retorno al Paraíso? ¡No! No es posible
Tampoco eso deseo Lo que deseo es más grande Cada pensamiento en su 
     enormidad

Y cuando la tormenta invisible pasa sobre el mundo ¿Qué hago entonces?
¿Qué sucede aquí, en el tercer milenio, en nuestro sistema de tiempo,
con la tierra materna, o la tierra paterna, en el sentido de Hölderlin? La
gran convulsión, la gran cesura llegará, y ya ha
llegado ¿Puede el abismo profundizarse? ¡Sí! Es la cualidad del abismo, no
tener fondo alguno  Ni hacia arriba ni hacia abajo  O hacia ningún otro lado
La tierra tiembla bajo nuestros pies  El rostro invisible sobre nosotros bajo nosotros
Tiembla  Qué se oye a la distancia  ¿Qué caballos? ¿Qué prodigios?
Oceánico El gran vacío, del que las filas de madres de universos nacen

La bomba del hidróforo golpea una y otra vez  Algo anda mal
en la válvula del aljibe, de modo que el agua que es subida
una y otra vez vuelve a caer  Oigo este sonido todo el día   Los
árboles oscuros estaban en el silencio de la noche  Altos  Colosales  Su poder está en nosotros
Kerstin y Lena estuvieron ayer en el mar en la lluvia  yo no  Yo escribí el epílogo
  
Göran Sonnevi (Lund, Suecia, 1939), Oceanen, Bonniers, Estocolmo, 2005; Disparates, Editorial del Gabo, San Salvador, 2014
Versión de Roberto Mascaró


viernes, mayo 13, 2022

Katherine Mansfield / Pájaro de invierno



Mi pájaro, querido mío,
Llamando a través del frío de la tarde.
Esas notas redondas, cristalinas,
Cada una tan perfecta, separada
De las otras ¡y colgando
Sin embargo en racimos centelleantes!
'Las pequeñas flores suaves y la fruta madura
Ya han sido recogidas.
Ahora es el tiempo de las nueces y las bayas.
Y las redondas gotas cristalinas centelleantes,
En la hierba escarchada.'

Katherine Mansfield (Wellington, Nueva Zelanda, 1888-Fontainebleau, Francia, 1923), Diario de Poesía, n° 23, Buenos Aires, invierno de 1992
Versiones de Mirta Rosenberg y Daniel Samoilovich

Nota del Ad.: Los poemas publicados porl Diario de Poesía en el invierno de 1992 integraron luego el volumen Té de manzanilla y otros poemas, Bajo la Luna, Buenos Aires, 2012

WINTER BIRD: My bird, my darling./ Calling through the cold afternon./ Those round, bright notes,/ Each one so perfect/ Shaken from the older and yet/ Hanging together in flashing clusters!/ 'The small soft flowers and the ripe fruit/ All are gathered./ It is the season now of nuts and berries/ And round, bright, flashing drops/ In the frozen grass.'

jueves, mayo 12, 2022

Antonio Cisneros / Cuatro boleros maroqueros




1
Con las últimas lluvias te largaste
y entonces yo creí
que para la casa más aburrida del suburbio
no habrían primaveras
ni otoños ni inviernos ni veranos.
                                  Pero no.
Las estaciones se cumplieron
como estaban previstas en cualquier almanaque
Y la dueña de la casa y el cartero
no me volvieron a preguntar 
por ti.


2
Para olvidarme de ti y no mirarte
miro el viaje de las moscas por el aire
    Gran Estilo
    Gran Velocidad
    Gran Altura.


3
Para olvidarte me agarro al primer tren y salgo el campo
Imposible
Y es que tu ausencia
tiene algo de Flora de Fauna de Pic Nic.


4
No me aumentaron el sueldo por tu ausencia
sin embargo
el frasco de Nescafé me dura el doble
el triple las hojas de afeitar.

El libro del loco amor, 1972

Antonio Cisneros (Lima, 1942-2012), Diario de Poesía n° 23, Buenos Aires, invierno, 1992


miércoles, mayo 11, 2022

Elvira Hernández / De "Carta de viaje"




Robinson Crusoe se acompañó de Viernes sus días. Hizo 
su juego toda la semana. A mí nadie me acompañará 
por esta tierra blanca donde el polvo es harina que cae 
del cielo.

          Mi carromato se arrastrará en vano.
          La brújula está dormida.
          Es la hora del lobo.
En blanco y negro el panorama de espacio y tiempo.

                            Yo herma
                                  cuchepa
                                        india sudamericana
No vuelvo a cruzar el Estrecho de Behring para devolverle la mano a nadie.

En esa blanca torta boreal no encontrarán la huella de 
mis extremidades.

No intento una plusmarca con las ruedecitas de mi 
trasero.

                              No soy el Capitán Ávalos
                              No soy el Tiburón Contreras
                              Soy lengua ampollada por la 
                                           electricidad

Nunca estaré colgando de una lágrima del Everest
Estoy sentada y me columpio en el sillar de mi pelvis
                                     el filo del mundo.

Carta de viaje, Buenos Aires, Último Reino, 1989

Elvira Hernández (Lebu, Arauco, Chile, 1951), "Releer a Elvira Hernández. Antología poética", Karem Pinto, Ana María Baeza C., Nomadías, nº 16, Universidad de Chile, noviembre de 2012



martes, mayo 10, 2022

Oscar Wladislas de Lubicz Milosz / La danza del mono




Al son de una musiquita burlona y brincadora, sin aliento,
y en tanto llueve -y en tanto llueve una lluvia podrida-,
salta, salta, alma mía, viejo mono de organillo,
viejecito pelón, socarrón animal romántico y tierno.

Con tu cola otoñal deshojada, encorvada y presuntuosa
cual un interrogante sobre el vacío cielo del crepúsculo,
enjuga tus llantos, mono galante, taciturno y ridículo;
mono sarnoso del amor muerto, mono desdentado de los días perdidos.

¡Un aria más! ¡Un aria todavía! Aquella que huele a fumadero,
a arrabal leproso, a feria de otoño y a frituras rancias,
para hacer reír a las muchachas desnutridas, ¡on sucio, espantoso,
    escuálido,
mísero, epiléptico mono, animal puro de las nostalgias!

¡Un aria más! -la postrera, ¡ay de mí!-, y que ella sea este sordo
vals del jamás, réquiem de los ladrones muertos, música en ecos
que dice: adiós los recuerdos, el amor y la nuez de coco...
en tanto que la lluvia pobre hace glu-glu sobre el pesado y viejo
     lodo.

Oscar Wladislas de Lubicz Milosz (Czereia, Lituania, hoy Bielorrusia, 1877-Fontainebleau, Francia, 1939), "Las siete soledades", 1906, Antología poética, versión de Lysandro Z. D. Galtier, Compañía General Fabril Editora, Buenos Aires, 1959 


Foto: Oscar Wladislas de Lubicz Milosz en Lietuvos albumas (álbum lituano), 1921 Janina Markevičaitė y Liudas Gira,/Biblioteca Nacional de Lituania/Wikimedia Commons

lunes, mayo 09, 2022

Juano Villafañe / La acción dramática



En el mercado central con las cortinas de Bernarda
En las torres de marfil en las calles empedradas
En la muñeca tirada con la fuente
En el árbol del bosque y los vestidos blancos
Todo es teatro
Ya nada se decora ni con hambre ni con sueño
La escenografía es un cuerpo que camina con actores
No hay función debajo de la pileta de agua
Únicamente sobre la marca del círculo concéntrico en la piedra que cae
En la estructura alta donde paran los pájaros
En la extensión utópica que construyen los puentes
En las grandes recovas
Los patios del retablo las plazas y los circos
Todo es un teatro
Como una fantasía ambulatoria que se sube por el mundo
Como yo mismo lo hice con murales y escaleras sobre el fin
Al subir en utopías circulares que terminan en cielo
Como un gran futuro edificado con andamios
Uno a uno puesto sobre el parque
Todo es el teatro
Ese jardín
La casa de Elba con un arroyo largo
Así decías que había como extendidos
Zonas de flotación con mariposas y luces segmentadas
Trampolines con sus títeres colgados
Todo es un teatro, una entrada, una cortina
El otro humo en el café de al lado
Mi terraza 
Mi última noche tan llena de pintura 
Con hojas y palacios de madera
Todo es un teatro
Éste mi cuerpo que ahora se abanica 
Por encima de este mundo como un gran telón
Yo que fui tan humilde
En mis acciones
Tan arquitecto 
Tan constructor del espacio en las escenas
El mundo es un gran escenario de señales
Con un puerto y marinos que abandonan
En la alfombra, en el paraíso, en la caja de arena
Todo es un teatro hasta morir de nuevo.

Juano Villafañe (Quito, 1952)

El corte argentino
,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2020










domingo, mayo 08, 2022

Hagiwara Sakutaro / Dos poemas




Enamorado del enamoramiento

Con la boca pintada, yo
besé el tronco de un tierno abedul blanco.
Yo, por más guapo que sea,
no tengo pechos como pelotas.
Mi cutis no esparce la fragancia de polvos finos.
Soy un infeliz marchitado.
Ay, ¡qué hombre tan pobre!
En este campo de estío temprano aromado,
en la arboleda fulgurante,
me puse ajustados guantes de color del cielo.
Me puse en la cadera algo parecido a un corsé,
me enhariné la nunca con polvo.
Así coqueteando sigilosamente
como hacen las muchachas
incliné la cabeza levemente,
besé el tronco de un joven abedul blanco.
Pintada la boca con el color de las rosas
abracé al alto árbol blanco.


Caza de la luciérnaga

Una, desde el escote de mi amada hermana
Una, desde la ventana de un hospital de leprosos
Una, desde el pozo del linaje
Una, desde los pies descalzos de Cristo
Una, desde el dorso de un pez
Una, desde el corazón de un homicida
Una, desde mis manos pulidas
En el lejano mundo nocturno cacé una luciérnaga.

Hagiwara Sakutaro (Maebashi, prefectura de Gunma, Japón, 1886-Tokio, 1942), Antología de la poesía moderna del Japón (1868-1945), Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), México, 2010
Selección, traducción, presentación y notas de Atsuko Tanabe
En la redacción de las traducciones intervinieron Óscar Zorrilla, Armando Partida, Héctor Valdés y Sergio Mondragón

Del prólogo de Atsuko Tanabe:
"Para los poetas de la segunda mitad de la etapa moderna, aún quedaba una gran tarea: cómo introducir el lenguaje moderno y coloquial en la poesía, abandonando el lenguaje clásico, en el cual la poesía japonesa tradicional se había apoyado durante varios siglos.
"Sakutaro Haguiwara fue uno de los primeros en romper esta barrera lingüística entre el lenguaje clásico y moderno. Muchos de los poemas de Haguiwara están escritos en lenguaje coloquial, sin utilizar la métrica tradicional. Además, su empleo de abundantes onomatopeyas era sumamente novedoso. La influencia de este poeta tan importante como único se advierte en posteriores poetas jóvenes.
"Esta época coincide cronológicamente con diversos acontecimientos internacionales y nacionales: La
Primera Guerra Mundial (1914), la Revolución Rusa (1917) y el gran terremoto que derribó casi toda la ciudad de Tokio (1923)."


sábado, mayo 07, 2022

Bertolt Brecht / De "Poemas y canciones", 4



Las muletas

Durante siete años no pude dar un paso. 
Cuando fui al gran médico,
me preguntó: "¿Por qué llevas muletas?"
Y yo le dije: "Porque estoy tullido".
"No es extraño", me dijo.
"Prueba a caminar. Son esos trastos 
los que te impiden andar.
¡Anda, atrévete, arrástrate a cuatro patas!"
Riendo como un monstruo,
me quitó mis hermosas muletas,
las rompió en mis espaldas y, sin dejar de reír, 
las arrojó al fuego.
Ahora estoy curado. Ando. 
Me curó una carcajada.
Tan sólo a veces, cuando veo palos, 
camino algo peor por unas horas.


Cuatro invitaciones a un hombre 
llegadas desde distintos sitios 
en tiempos distintos

1
Ésta es tu casa.
Puedes poner aquí tus cosas. 
Coloca los muebles a tu gusto. 
Pide lo que necesites.
Ahí está la llave. Quédate aquí.

Éste es el aposento para todos nosotros. 
Para ti hay un cuarto con una cama. 
Puedes echarnos una mano en los campos. 
Tendrás tu propio plato.
Quédate con nosotros.

3
Aquí puedes dormir.
La cama aún está fresca, 
sólo la ocupó un hombre. 
Si eres delicado,
enjuaga la cuchara de estaño en ese cubo 
y quedará como nueva.
Quédate confiado con nosotros.

4
Éste es el cuarto.
Date prisa; si quieres, puedes quedarte 
toda la noche, pero se paga aparte.
Yo no te molestaré
y, además, no estoy enferma.
Aquí estás tan a salvo como en cualquier otro sitio. 
Puedes quedarte aquí, por lo tanto.
                                                                            (1926, del Libro de lectura para los
                                                                                        habitantes de las ciudades)



Canción de los poetas líricos
(Cuando, en el primer tercio del siglo xx, 
no se pagaba ya nada por las poesías.)

Esto que vais a leer está en verso. 
Lo digo porque acaso no sabéis ya lo que es un verso ni un poeta. 
En verdad, no os portasteis muy bien con nosotros.

¿No habéis notado nada? ¿Nada tenéis que preguntar? 
¿No observasteis que nadie publicaba ya versos?
¿Y sabéis la razón? Os la voy a decir: 
Antes, los versos se leían y pagaban.

Nadie paga ya nada por la poesía.
Por eso hoy no se escribe. Los poetas preguntan: 
"¿Quién la lee?" Mas también se preguntan: 
     "¿Quién la paga?"
Si no pagan, no escriben. A tal situación los habéis reducido.
Pero ¿por qué?, se pregunta el poeta. ¿Qué falta he cometido? 
¿No hice siempre lo que me exigían los que me pagaban? 
¿Acaso no he cumplido mis promesas?
Y oigo decir a los que pintan cuadros

que ya no se compra ninguno. Y los cuadros también 
fueron siempre aduladores; hoy yacen en el desván... 
¿Qué tenéis contra nosotros? ¿Por qué no queréis pagar? 
Leemos que os hacéis cada día más ricos...

¿Acaso no os cantamos, cuando teníamos
el estómago lleno, todo lo que disfrutabais en la tierra? 
Así lo disfrutabais otra vez: la carne de vuestras mujeres, 
la melancolía del otoño, el arroyo, sus aguas bajo la luna...

Y el dulzor de vuestras frutas. El rumor de la hoja al caer. 
Y de nuevo la carne de vuestras mujeres. Y lo invisible 
sobre vosotros. Y hasta el recuerdo del polvo
en que os habéis de transformar al final.

Pero no es sólo esto lo que pagabais gustosos. Lo que 
     escribíamos
sobre aquellos que no se sientan como vosotros en sillas de oro, 
también nos lo pagabais siempre. ¡Cuántas lágrimas 
     enjugamos!
¡Cuántas veces consolamos a quienes vosotros heríais!
Mucho hemos trabajado para vosotros. jamás nos negamos. 
Siempre nos sometimos. Lo más que decíamos era "¡Pagadlo!" 
¡Cuántos crímenes hemos cometido así por vosotros! 
     ¡Cuántos crímenes!
¡Y siempre nos conformábamos con las sobras de 
     vuestra comida!

Ay, ante vuestros carros hundidos en sangre y porquería 
nosotros siempre uncimos nuestras grandes palabras. 
A vuestro corral de matanzas le llamamos "campo 
     del honor",
y "hermanos de labios largos" a vuestros cañones.

En los papeles que pedían impuestos para vosotros 
hemos pintado los cuadros más maravillosos.
Y declamando nuestros cantos ardientes 
siempre os volvieron a pagar los impuestos.

Hemos estudiado y mezclado las palabras como drogas, 
aplicando tan sólo las mejores, las más fuertes. 
Quienes las tomaron de nosotros, se las tragaron,
y se entregaron a vuestras manos como corderos.

A vosotros os hemos comparado sólo con aquello que 
     os placía.
En general, con los que fueron también celebrados 
     injustamente
por quienes les calificaban de mecenas sin tener nada 
     caliente en el estómago.
Y furiosamente perseguimos a vuestros enemigos con 
     poesías como puñales.

¿Por qué, de pronto, dejáis de visitar nuestros mercados? 
¡No tardéis tanto en comer! ¡Se nos enfrían las sobras! 
¿Por qué no nos hacéis más encargos? ¿Ni un cuadro? 
     ¿Ni una loa siquiera?
¿Es que os creéis agradables tal como sois?

¡Tened cuidado! ¡No podéis prescindir de nosotros! 
Ojalá supiéramos cómo atraer
vuestra mirada hacia nosotros!
Creednos, señores: hoy seríamos más baratos.
Pero no podemos regalarles nuestros cuadros y versos.

Cuando empecé a escribir esto que leéis -¿lo estáis 
     leyendo?-
me propuse que todos los versos rimaran.
Pero el trabajo me parecía excesivo, lo confieso a disgusto, 
y pensé: ¿Quién me lo pagará? Decidí dejarlo.

                                                                                            (1931)

Bertolt Brecht, (Augsburgo, Alemania, 1898-Berlín, 1956), "De 1926 a1933", Poemas y canciones, Alianza Editorial, Madrid, 1975
Versiones de Jesús López Pacheco y Vicente Romano


Foto: Bertolt Brecht testificando ante el Comité de Asuntos Antiamericanos de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, 1947 Leonard Mccombe/LIFE/Getty Images