sábado, marzo 28, 2020

Manuel J. Castilla / Balderrama

[Zamba]

A orillitas del canal,
cuando llega la mañana,
sale cantando la noche
desde lo de Balderrama,

Adentro puro temblar
el bombo con la baguala
y se alborota quemando,
dele chispear la guitarra.

Si uno se pone a cantar
un cochero lo acompaña
y en cada vaso de vino
tiembla el lucero del alba.

Zamba del amanecer,
arrullo de Balderrama,
canta por la medianoche,
llora por la madrugada.

Lucero solito,
brote del alba,
dónde iremos a parar
si se apaga Balderrama.

[1967]

Manuel J. Castilla (Estación de Cerrillos, Argentina, 1918-Ciudad de Salta, Argentina, 1980), Los mejores poemas de la poesía argentina, selección, prólogo y notas de Juan Carlos Martini Real, Corregidor, Buenos Aires, 1974

Otra Iglesia Es Imposible - Editorial Universitaria de Buenos Aires - Portal de Salta - El Tribuno - La Poesía de Tardes Amarillas - La Poesía Alcanza para Todos - Artenautas

Foto: Cuarto Poder

viernes, marzo 27, 2020

Jim Harrison / Otro país












Amo estos amaneceres húmedos y crudos con
mil pájaros que escuchas pero no puedes
dilucidar del todo en la niebla.
Mi cuerpo viejo es un forastero
luchando por entrar en otro país.
El intenso sonido me hace temblar.
De vuelta en la cabaña veo un libro
y no estoy muy seguro de lo que es.

Jim Harrison,  (Grayling, Estados Unidos, 1937-Patagonia, Arizona, Estados Unidos, 2016), Dead Man´s Float, Copper Canyon Press, 2016
Traducción: © Juan Arabia, 2017

Otra Iglesia Es Imposible - Jim Harrison Facebook Author Page - Buenos Aires Poetry - PoemHunter

Foto: Jim Harrison, 2015 A.Soland/Jim Harrison Facebook Author Page


ANOTHER COUNTRY

I love these raw moist dawns with
a thousand birds you hear but can’t
quite see in the mist.
My old alien body is a foreigner
struggling to get into another country.
The loon call makes me shiver.
Back at the cabin I see a book
and am not quite sure what it is

jueves, marzo 26, 2020

Jim Harrison / Regreso













Los cálidos rayos del sol contra los listones del granero,
un charco helado en la sombra de los escalones;
el sabueso de mi tío
corre
a través del trigo de invierno,
verde tierno, verde frío.
El molino, que no se usa desde hace tiempo, chirría
y gira en el viento.
Día primaveral, demasiado ruidoso para hablar,
cuando los huesos se cansan de su carne
y quieren algo mejor.

Jim Harrison (Grayling, Michigan, Estados Unidos, 1937-Patagonia, Arizona, Estados Unidos, 2016), The Shape of the Journey. New and Collected Poems, Copper Canyon Press, Port Townsend, 2000
Versión de Jonio González.

Otra Iglesia Es Imposible - Jim Harrison/Facebook- Poemas del Alma - ABC - New York Times - El Universal - Buenos Aires Poetry - Eterna Cadencia

Foto: ABC

RETURN

The sun's warm against the slats of the granary,
a puddle of ice in the shadow of the steps;
my uncle's hound
lopes
across the winter wheat,
fresh green cold green.
The windmill, long out of use, screeches
and twists in the wind.
Spring day, too loud for talk,
when bones tire of their flesh
and want someting better.

miércoles, marzo 25, 2020

Raúl González Tuñón / De "Todos bailan", 5



















El dancing 

Bajo el verde de la pantalla
mariposa de la tulipa
ensaya un vuelo, de golpe estalla
y Christophen fuma su pipa.
Bajo la media puerta ve
las piernas de las bailarinas
y todo el oro de las minas
va al cajoncito de café.
Mientras bailan los escoceses
la madrugada está acercando
un aire tibio, un aire blando
sobre trágicas livideces.
En el pino del mostrador
la botella del Old-Tom-Gin
y el caricaturesco dolor
del real doble de Charles Chaplín.
El asalto a la diligencia
está planeado, Christophen mira
a través de su displicencia
el humo azul; las cartas tira
bebe su copa de cerveza,
un suspiro profundo exhala
e inclina la hermosa cabeza
agujereada por una bala.

[1934]

Raúl González Tuñón (Buenos Aires, 1905-1974), "Los poemas de algún país", La calle del agujero en la media Todos bailan, Seix Barral, Buenos Aires, 2005

Otra Iglesia Es Imposible - Poeticus - El Placard - Página 12 - Infobae - Clarín - La Nación - Mirá lo que te Digo - La Nueva España

Imagen: Raúl González Tuñón por Hermenegildo Sábat. Archivo del Administrador

martes, marzo 24, 2020

Edgar Allan Poe / El cuervo. Versión de Andrés Ehrenhaus



















Cierta medianoche aciaga, con la mente fatigada,
revisaba unos libracos de saber inmemorial
y asentía, adormecido, cuando rechinó un postigo,
como si alguien, con sigilo, golpeara mi portal.
“Es –me dije– un visitante que golpea mi portal;
sólo eso y nada más”.

¡Ah, me acuerdo claramente de aquel lóbrego diciembre!
Cada rescoldo muriente dejaba un rastro espectral.
Yo esperaba ansioso el alba, pues no había hallado calma
en mis libros, ni consuelo por Leonor, que ya no está,
por Leonor, la impar y bella a quien solo nombran ya
ángeles del más allá.

Con sus roces, las cortinas, purpurinas y furtivas,
me inspiraban fantasías de un terror tan inusual
que, por sosegar mi pecho, repetí muy circunspecto:
“Es tan solo un visitante que ha llegado a mi portal;
un tardío visitante que me aguarda en el portal.
Será eso, nada más”.

Cuando al fin recobré el temple decidí ser más vehemente,
“Caballero –dije– o dama, me tendrá que disculpar,
pues estaba adormecido cuando un son me puso en vilo,
y tan leve fue el rasguido que ha sonado en mi portal
que dudé de haberlo oído...” y aquí raudo abrí el portal:
sombras, noche y nada más.

Escruté la noche oscura, temeroso, envuelto en dudas,
y soñé sueños que nadie nunca osó soñar jamás;
pero nada, ni un rumor, alteró el silencio atroz
salvo la expresión “¿Leonor”? que en susurros fui a nombrar;
yo lo susurré y el eco repitió “¡Leonor!” tal cual.
Eso sólo y nada más.

Aunque mi alma ardía por dentro, regresé a mis aposentos
pero pronto aquel rasguido se volvió más pertinaz.
“Esta vez, quien sea que llama se ha llegado a mi ventana;
veré, pues, qué es lo que trama, qué misterio habrá detrás.
Si mi corazón se aplaca lo podré desentrañar.
¡Es el viento y nada más!”

Abrí entonces la persiana y, con gran despliegue de alas,
se coló en la sala un cuervo muy solemne y ancestral.
Sin cumplido ni respeto, sin dudarlo ni un momento,
con desdén de dueña o dueño fue a posarse en el umbral,
en el gran busto de Palas que hay encima del umbral;
fue, posóse y nada más.

Este pájaro azabache, con sus aires fatuos, graves,
trastocó en sonrisa suave mi febril morbosidad.
“El penacho corto y ralo no te impide ser osado,
viejo cuervo desterrado de la negrura abisal;
¿cuál es tu tétrico nombre en el abismo infernal?”
Dijo el cuervo: “Nunca más”.

Me asombró que un ave absurda se expresara con facundia,
a pesar de que el sentido no fuera nada cabal,
pues acordarán conmigo que muy pocos han tenido
ocasión de ver cernido pajarraco así en su umbral;
bestia o pájaro cernidos en el busto del umbral
que se llamen “Nunca más”.

Pero el cuervo, huraño y mustio, solo emitió desde el busto
ese sombrío trasunto de su alma y nada más.
No movió una sola pluma ni añadió palabra alguna
hasta que expresé mis dudas: “Vi a otros amigos volar;
él también, por la mañana, como mis ansias, se irá”.
Dijo entonces: “Nunca más”.

Con su certera respuesta el ave me puso alerta;
“Sin duda –dije– repite lo que ha podido acopiar
del repertorio olvidado de algún amo cuyo infausto
destino redujo, al cabo, sus canciones a un refrán,
enterrando su esperanza bajo un lúgubre refrán
tal que “Nunca, nunca más”.

Como al verlo aún sonreía pese a mis miedos y cuitas,
planté una silla mullida frente a ave, busto, umbral
y, hundido en la blanda almohada, concentré mis suspicacias
en maliciar qué buscaba la funesta ave ancestral,
esa exangüe, enjuta, agónica y grotesca ave ancestral
            graznándome “Nunca más”.

Yo sondeaba estas palabras, sentado y sin decir nada
al ave que me abrasaba el pecho con su mirar;
eso y más iba rumiando, con la cabeza de canto
sobre el cojín de brocado al que apocaba el fanal,
¡sobre aquel cojín purpúreo que ella acostumbraba usar
y ya no usará jamás!

Sentí el aire más cargado, cual si ardiera un incensario
mecido por serafines de leve andar musical.
“¡Innoble! –me dije– ¡Mira! Es tu Dios el que te envía
con sus ángeles la mirra que a Leonor te hará olvidar.
¡Cata, cata el dulce filtro y a Leonor olvidarás!”
Dijo el cuervo: “Nunca más”.

“¡Profeta –dije–, villano; vil profeta, ave o diablo!
Tanto si fue el Tentador o acaso una tempestad
quien te arrojara, inmutable, a este trágico paraje,
a este hogar de horror constante, ¡te lo ruego, dime ya,
dime, te imploro, si existe algún bálsamo en Galaad!”
Dijo el cuervo: “Nunca más”.

“¡Profeta –dije–, villano; vil profeta, ave o diablo!
Por el Dios que veneramos, por la gloria celestial,
dile a este alma sin consuelo si en el Edén postrimero
el fulgor casto y sereno de Leonor podré abrazar;
si a quien conocen los Cielos por Leonor podré abrazar”.
Dijo el cuervo: “¡Nunca más!”

“¡Que tus dichos nos separen”, proferí, “diablo o ave!”
“¡Vuelve a la noche insondable! ¡Húndete en la tempestad!
¡No dejes rastro ni pluma que rubriquen tu calumnia!
¡No interrumpas mi clausura! ¡Sal del busto del portal!
¡Quita el pico de mi pecho y tu sombra del portal!”
Dijo el cuervo: “Nunca más”.

Y ahora el cuervo, sin moverse, aún se cierne, ¡aún se cierne!,
sobre el blanco busto inerte que corona mi zaguán;
y sus ojos asemejan los de un demonio que sueña,
y su sombra se descuelga como un aura fantasmal;
y mi alma, de esa sombra que allí flota, fantasmal,
no va a alzarse... ¡nunca más!

Edgar Allan Poe (Boston, Estados Unidos, 1809-Baltimore, Estados Unidos, 1849)

El cuervo y otros textos poéticos, Edgar Alan Poe, Penguin Clásicos, Barcelona 2020. Traducción de los poemas y "Nota a la edición" por Andrés Ehrenhaus; traducción de los ensayos y prólogo por Edgardo Dobry









Original en inglés, con las ilustraciones de Gustav Doré, en Project Gutenberg
Más traducciones de poemas de Edgar Allan Poe, incluida la clásica versión Pérez Bonalde de "El cuervo", en Otra Iglesia Es Imposible

Foto: Retrato no identificado fotografiado en 1913 por Rufus W. Holsinger en la Universidad de Virginia. Estados Unidos Wikimedia Commons

lunes, marzo 23, 2020

Cesare Viviani / El que cree que tiene...












El que cree que tiene una habitación,
un hogar seguro, una residencia permanente,
no ve en qué carro de nómadas y caravana,
en qué estela de presencias, en qué flujo,
en qué ligero y rápido tránsito
corre.

Cesare Viviani (Siena, Italia, 1947), Passanti, Mondadori, Milán, 2002
Versión de Jorge Aulicino

Otra Iglesia Es Imposible - Italian Poetry - The Poeti - Antonio BuxLuigia Sorrentino/RaiNews - Nuovi Argomenti

Foto: en Antonio Bux

Chi crede di avere una stanza,
una sicura dimora, una stabile residenza,
non vede su quale carro di nomadi e carovana,
in che scia di presenze, in quale flusso,
in quale leggero e rapido transito
scorre

domingo, marzo 22, 2020

Cesare Viviani / De "Preghiera del nome", 2













Liliana di Corbetta fue mi
primera novia verdadera, desmañada, recuerdo una vez
que para besarme se deslizó y golpeó
la cabeza contra la mesa -
crees que mejor que yo lo dice
el narrador lombardo el último gran
escritor del Novecento, creo
que estás cerca pero que te falta
la decisión -
si esto es todo yo querría
llevarla a la India a Liliana
a los monasterios tibetanos, recuerdo una película
que hablaba de un valle donde se vive el doble,
y decirle: "Mirá, Liliana, estaremos aquí
por el resto de nuestros días".

*

Será Biolcati mi amor, de un pueblito
del Varesotto, ningún otro ha sido,
ninguno, y serán el sueño de juventud las rimas
recuperadas. Dice: "Baja y consigue
algo para mi estómago ", y voy y me encuentro
en la estación de Varese, nunca antes estuve, ahora
viejo espero
que sea capaz de elegir la cosa pronto
buena, sabrosa. Piensen,
nadie que me conozca. Padres
amigos y todos esos beneficios
me dejaron. Muertos.
Los amores tan perseguidos fueron nada.
¡Oh palabras, oh prole! Ahora nadie
a quien hablarle de mí.

Estoy solo con Biolcati, mi seco amor,
el hábito no es el fin, ciertamente no
se puede pretender nada más que este gran amor,
alma silenciosa, seca, la suya, ahora
que vuelve a correr el tren,
esas montañas de cristal, atractivas, fantásticas,
una vez más las veo
hacia la frontera.

Cesare Viviani (Siena, 1947), Preghiera del nome, Mondadori, 1990
Versiones: Jorge Aulicino

Otra Iglesia Es ImposibleAntonio Bux - Interno Poesia - Italian Poetry - Poesia 2.0 - Il Sasso nello Stagno - The Poeti - Poetarum Silva

Foto: Interno Poesia

La Liliana di Corbetta fu la mia
prima vera fidanzata, sgraziata ricordo una volta
che per baciarmi scivolò sbatté
la testa sulla tavola –
pensi che meglio di me lo dice
il narratore lombardo l’ultimo grande
scrittore del Novecento, penso
che sei vicino ma che ti manca
la decisione –
se è solo questo io vorrei
portarla in India Liliana
nei monasteri tibetani, ricordo un film
che raccontava di una valle dove si vive il doppio,
e dirle: “Ecco Liliana staremo qui
per il resto dei nostri giorni”.

*

Sarà Biolcati il mio amore, di un paesino
del varesotto in ate, nessun altro è stato,
nessuno, e sarà il sogno di gioventù le rime
ritrovate. Dice: “Scendi a prendere
qualcosa per il mio stomaco”, e io vado e mi trovo
nella stazione di Varese, mai stato prima, ora
vecchio spero
che sia capace di scegliere presto la cosa
buona, di gusto. Pensa,
più nessuno che mi conosca. I genitori,
gli amici e quei vantaggi tutti
mi hanno lasciato. Morti.
Gli amori tanto inseguiti furono niente.
Oh parole, oh prole! Ora nessuno
a cui parlare di me.

Sono solo con Biolcati, il mio asciutto amore,
non è fine il vestito, non si può certo
pretendere altro che questo grande amore,
anima silenziosa, secca, la sua, ora
che riprende a correre il treno,
quei monti di cristallo, attraenti, fantastici,
ancora una volta li vedo,
verso il confine.