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lunes, octubre 31, 2022

Gabriel Chávez Casazola / Dos poemas




Se busca   

Si alguien hubiera encontrado
un libro de los Cantos de Ezra Pound color verde
eléctrico, extraviado en la carretera antigua entre el valle
central y el altiplano
una noche de julio de 1992. 

Si alguien tuviera ese ejemplar
con poemas preciosamente traducidos
como aquél en que habla de los dedos de una mujer
que parecían una servilleta japonesa de papel o aquel otro
de Rihaku sobre la vieja esposa del mercader del río. 

-Tú viniste con zancos de madera jugando a los caballos,
caminaste junto a mi asiento, jugando con ciruelas azules… 

Si estuviera en la biblioteca de alguna persona
ese volumen con una fotografía de Ezra
con todas las arrugas, comisuras, todas las cicatrices
de la incomprensión
cuyo reverso es la locura. 

Si lo tuvieras tú, jamás lo hubieras abierto y al leer esto
decidieras hacerlo y encontraras adentro,
entre dos páginas,
tal vez marcando Portrait d’une femme,
que me recordaba a una novia de entonces,
una ingenua estampa de la Virgen niña con su Niño
en monocromo azul cerúleo
con una oración al dorso
que repetía cuando era feliz o estaba triste
en la edad de la alegría verdadera
y de la vera tristeza. 

Si encontraras ese libro habrías hallado
el muñón de un alma,
algo que se me extravió. 

No sabes lo que vale para mí ese ejemplar de los Cantos.
Si lo encuentras puedes quedártelo. Pero la estampa
-si aún está ahí-
remítemela, por favor. 

Los libros se extravían y se encuentran
pero el asombro (o la fe, que es lo mismo)
se pierden para siempre. 

-Hubo una hora iluminada por el sol, y los más altos dioses
no pueden jactarse de nada mejor
que de haber contemplado su paso a esa hora.
 
En esta u otras vidas tendrás tu recompensa.
 
 
El trabajo en lo echado a perder 

Veo el rostro de mi padre
-llamémoslo así-
figurado en una moneda

china, de esas de tirar el I King. 

Su rostro está delimitado por el perímetro de la
moneda, su cabello se
confunde con los trazos y arabescos
-¿o chinescos?-
de la parte superior, su bigote
con las volutas de la parte inferior. 

Dicen que lo fundamental en estas monedas,
su valor,
está en el centro
hueco como en la rueda del Tao,
donde lo importante no son los radios sino el vacío del eje
que permite a la rueda girar. 

En eso también esta moneda se parece a mi padre
-sigamos llamándolo así-
o al rostro de mi padre.

Gabriel Chávez Casazola (Sucre, Bolivia, 1972), Multiplicación del sol, Los Torreones, Bogotá, 2017 Vía Círculo de Poesía


viernes, julio 01, 2016

Gabriel Chávez Casazola / Dos poemas














La Odisea, libro XVII

Ese mendigo que, estopa en crisma ves llegar,
ese despojo
que Atenea ha vestido
y a quien nadie conoce, ya cerca de casa,
al final del camino iniciado
veinte años ha,
es, sin embargo,
(lo has descubierto con un temblor de tus orejas)
el mismo apuesto doncel que te enseñara
a cazar ciervos y liebres por el monte
en aquellas tardes de libertad
cuando eras raudo y tu cuerpo elástico
y no esta
cosa
que yace hoy sobre el estiércol
(estopa en pelo, despojo también tú).
Mas, sin embargo,
-con la certeza instintiva que da la amistad
que profesan los de tu especie, no los de la nuestra-
en este alto mediodía eres el solo capaz de reconocer
(ni Eumeo ni Filetio ni tan siquiera Telémaco)
al astroso que llega y menearle el rabo
en penúltima señal de alegría
(veinte años ha el camino)
justo antes de ser a tu vez reconocido,
esbelto galgo de ayer,
por Ulises que retorna a habitar lo que es suyo
y atravesar de parte a parte a los traidores
pretendientes
que te dejaban morir en el estiércol
porque les recordabas
al amigo incómodo que se llevaron (pero no para siempre, lo intuías)
los mares,
y al que creían ya morador definitivo
de esotra orilla
donde seguramente nos reencontraremos contigo,
Argos,
en alguna de tus formas y tus nombres
de invariable aunque múltiple
complicidad
con nosotros, pobres hombres,
que no te merecemos.



 Ya nada queda por descubrir a lo largo y ancho de esta tierra, todos
los cabos, las bahías, las penínsulas, los istmos,
los volcanes encendidos y los volcanes apagados,
los mares, los océanos,
incluso las corrientes submarinas y
hasta la última isla otrora ignota
todos
los puntos de la geografía y todas las geografías
han
perdido
su misterio.

Tienen
nombre
–es el problema–
y ahora que nada queda por nombrar, tampoco
quedan héroes, pioneros, descubridores, adelantados,
y ni siquiera
viajeros de aventuras.

Sólo
restan
los libros
y la
remota y siempre tentadora
posibilidad de un asalto a los transbordadores.
 
Gabriel Chávez Casazola (Sucre, Bolivia, 1972), Cámara de niebla, Plural Editores, La Paz, 2015

viernes, agosto 01, 2014

Gabriel Chávez Casazola / De su estancia












De su estancia en vaya a saberse cuáles ciudades de la confusión
conservaba,
apenas a salvo de la humedad y el calor propio a esa hacienda
estacada en el centro del verano,
unas cuantas revistas que en el cuarto de baño daban cuenta
de un pasado mejor, de unos años
de bullente actividad intelectual,
de grupos activistas, de talleres de cuento, de seminarios
  lacanianos,
de círculos de discusión de la Escuela de Frankfurt
y otros misterios reservados para los iniciados en
el buen sexo y los porros de aquella época y de aquellas ciudades de la
  confusión
en las que esa mujer altiva y lúcida aprendió a preparar un par
  de buenos platos
-por ejemplo, pollo al mole-
que hoy junto a las revistas son todo el patrimonio que perdura
de aquellos años dorados, esplendentes,
en que todos querían cambiar el mundo a fuerza
de bullente actividad intelectual y porros y Gramsci y hasta Louis Althusser.
hasta que Louis Althusser estranguló a su mujer e ingresó al manicomio
y murió babeando su impotencia y su ira en un camino
lodoso, del color del mole del pollo al mole,
botando sangre como rojos un cuadro de Frida Kahlo,
esa lugar común ahora, por entonces un descubrimiento
en una de las tapas de aquellas revistas estacadas
en medio del baño de aquella hacienda,
estacada a su vez
en el centro de esa mujer altiva y lúcida, tan digna
en su derrota
como la golondrina de Wilde cuando decía
despreciar el verano.

Gabriel Chávez Casazola (Sucre, 1972), Revista de Humanidades El Navegante n° 5, Universidad del Desarrollo, Santiago de Chile, 2013