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viernes, abril 07, 2023

Alberto Pipino / De "Riverside Drive"




Convent Ave. y la 144 

En la calle de la iglesia Bautista 
del Tabernáculo Mayor 
el viento barre la hojarasca, anuncia 
la vuelta del amor 
                 de mi vida, 
el gozo canta en mi núcleo y 
el órgano suelta su música laica.

Dobla en la esquina y aparece 
con la tez oliva y el cabello ceniza, 
podría ser 
          Norma Bessouet 
después de su muerte en 2018. 

Con las piernas juntas y las manos 
en los bolsillos cuajo el deseo 
para que no crea que disfruto del 
baile de San Vito, 
                 en versión propia.

Hábil para no dar el brazo a torcer 
golpea con la vista, 
                  un soplo mide 
el límite y pone pasión al ajustar los 
lazos en mi camisa 
de fuerza

Exhausto apoyo la cara en la luneta 
trasera de la ambulancia,
clavo un alfiler de luz en el instinto 
y tengo miedo.

Enchalecado, con la punta 
de la lengua en el vidrio 
empañado 
        trazo un arbusto 
en un valle entre montañas 
bañadas de neblina.

En tanto, el amor de mi vida susurra:
“-Viejo, calma, la lucidez 
es lo peor que 
           puede suceder”.

Alberto Pipino (Buenos Aires, 1942)

Riverside Drive
,
Barnacle,
Buenos Aires, 2023










Foto: Gentileza del autor

viernes, junio 17, 2022

Alberto Pipino / De "Meneo fúnebre"




Balada entre algas
 
Manotea, busca la orilla de un eslogan, abraza 
a una víbora de espuma pero no es 
un reptil, apenas un tótem
a la deriva de la isla

donde habitan visiones; debajo del cielo de agua 
el canto de una vieja sirena afónica 
amortaja una quimera dormida
en un banco de peces y 

basura de plástico; un alcatraz corta el viento 
a rodajas; de la cruz del sur bajan al 
crucificado; a los lejos
acólitos reclaman 

el paraíso o la hoguera a cambio de un lugar,
enlazado al madero que representa 
a un militante con cabeza 
de medusa

el náufrago se mece sin curso; el agua sabe
ácida con toxinas y penas, un pulpo 
lo abraza y lo lleva 
al inicio.


Al trasluz de una grapa

                  In memoriam Hugo Goldsman 
                  y Marta Mastrogiacomo

Esta noche la trattoria está casi vacía, 
la nieve es un velo que pocos
se animan a cruzar.

En la mesa del rincón junto al horno a leña
un zombi mira el vaso vacío 
de grapa rogando

a los espíritus de vudú Baron Samdi o la 
Grande Brigitte que otra vez 
lo llenen hasta el borde,

pero los dioses están contentos y juegan,
transforman el vaso en un teatro
de títeres

donde un telón estrellado muestra
la ansiedad de la humanidad 
cuando llegó a la luna

y Hugo en la cárcel desafiaba la ficción
viendo a Neil Armstrong 
recoger del suelo
 
lunar algo así como un puño
del tamaño de un racimo 
de uva sin color.

Después de 50 años y pico el candor 
permanece igual que el sabor 
del licor seco, hábiles
 
los ángeles o diablos ahora muestran a 
Hugo en la luna de Georges 
Méliès esquivando
a un grupo de selenitas entre ratas, 
queso roquefort, un misil en 
el ojo de la historia.

Divertidos, los titiriteros dejan la escena
entre lo temporal y lo 
sobrenatural,

entonces, ante el miedo del zombi a ser 
devuelto a la supervivencia el mozo 
le vierte otra grapa.

Alberto Pipino (Buenos Aires, 1942), Meneo fúnebre. Selección de poemas, En el Agua, 2022


Foto: Gentileza del autor

martes, agosto 03, 2021

Alberto Pipino / En Riverside Drive



Renuncié al Río de la Plata, exilio, retorno, 
ya ningún tazón de bayas o de semillas 
me ilusiona, lejos se oye el runrun 
de un avión que va al sur. 
Apegado al ser humano, sus ciudades y ríos, 
acá veo a una mujer saboreando vino 
y disfruto como si lo bebiera 
yo mismo. 

Al instante evoco las ondas del Sena, los labios 
del Xolotlán, los límites del río Masacre,
los cantos del Moscova, y en caída   
libre desde lo alto 
del Washington Bridge aleteo desafiando a la 
razón, sin temer al desvío ni a tu lectura, 
o al vacío que rompe bordes, sean
profanos o sumisos.

A veces la lluvia me rehúsa su caricia y la luz 
me cubre de hielo transparente, pero igual
me doy baños de tierra en Trinity Church Cemetery,
busco bichos y restos de frutas en las aceras 
y patios de las escuelas de Hamilton 
Heights, hasta que la alegría 
temple mi último gorjeo.

¡Ah, Riverside Drive!, no solo eres un lado 
de la corriente natural para llegar 
al deseo, sos además 
el sitio, cavidad 
y arbusto para cobijar lo que queda de mí, 
poner el pico bajo el ala y soñar 
que aquí enlazo siluetas 
del país que tuve.
 
Sí, soy un viejo gorrión que gusta del aire 
viciado e imita silencios. En el Hudson 
un soplo me eriza el plumaje
gris y el pecho prieto,
confiado confundo al río con el cielo, a una 
anguila de cristal con una estrella fugaz 
que sigo hasta el fondo,
seducido por la luna.

Alberto Pipino (Buenos Aires, 1942), Riverside Drive, etcétera, inédito


Foto: Alberto Pipino, Librería y Centro Cultural Barco de Papel, Nueva York, 2016