domingo, julio 14, 2024

Ferreira Gullar / Fotografía de Mallarmé



es una foto
premeditada
como un crimen
basta
fijarse en el arreglo
de las ropas el pelo
la barba todo
adrede preparado
-un gesto y la manta
equilibrada sobre
los hombros
caerá- y
especialmente la mano
como la lapicera
detenida
encima de la
hoja en blanco: todo
a espera
de la eternidad
se sabe:
después del clic
la escena se deshizo en la
rue de rome la vida volvía
a fluir imperfecta
pero
eso la foto no lo
captó porque la foto
es la pose la suspensión
del tiempo
ahora
meras manchas
en el papel raso
pero ocurre que
tu mirada
encuentra la de él
(mallarmé) que
allá
desde el fondo
de la muerte
mira

[Muitas vozes, 1999]

Ferreira Gullar (São Luís do Maranhão, Brasil, 1930 - Río de Janeiro, Brasil, 2016), La Jornada Semanal, n° 268, México, 23 de abril de 2000
Traducción de Alfredo Fressia
Envío de Jonio González

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FOTOGRAFIA DE MALLARMÉ

é uma foto
premeditada
como um crime
basta
reparar no arranjo
das roupas os cabelos
a barba tudo
adrede preparado
— um gesto e a manta
equilibrada sobre
os ombros
cairá — e
especialmente a mão
com a caneta
detida
acima da
folha em branco: tudo
à espera da eternidade
sabe-se
após o clique
a cena se desfez na
rue de Rome a vida voltou
a fluir imperfeita
mas
isso a foto não
captou que a foto
é a pose a suspensão
do tempo
agora
meras manchas
no papel raso
mas eis que
teu olhar
encontra o dele
(Mallarmé) que
ali
do fundo
da morte
---
Foto: Ferreira Gullar, San Pablo, 2015 Greg Salibian/Fronteras del Pensamiento

sábado, julio 13, 2024

Jessie Redmon Fauset / Douce souvenance



De nuevo, como siempre, cuando caen las sombras,
en ese espacio dulce entre la oscuridad y el día,
abandono el presente y sus impacientes reclamos
y busco el borroso pasado donde están mis recuerdos.
Sueño un viejo, olvidado, perdido sueño,
y me asaltan viejos pensamientos y vivo otra vez viejas escenas,
hasta que de pronto alcanzo el corazón de la primavera—
¡la primavera que hasta mí te trajo!
Veo de nuevo un camino boscoso,
la dorada luz de la luna que se abre paso entre los árboles;
oigo el quejumbroso gorjeo de un pájaro adormecido
por el arrullo de una brisa errante y suave;
tomo tu mano, te miro a los ojos,
toco tus labios, ¡oh incomparable, sin igual legado!
¡Oh Memoria que el Tiempo y el Espacio y la Muerte frustras!
¡Oh breve, perfecta hora!

Jessie Redmon Fauset (Lawnside, Estados Unidos, 1882 - Filadelfia, Estados Unidos, 1961), The Crisis, vol. 20, n° 1, mayo de 1920, archivo digital en Marxists Internet Archive / African American Poetry 1870-1928, Amardeep Singh, ed., antología digital, Lehigh University, 1922
Versión de Jonio González.

N. del T.: El título significa "Dulce recuerdo", en francés.


DOUCE SOUVENANCE

Again, as always, when the shadows fall,
In that sweet space between the dark and day,
I leave the present and its fretful claims
And seek the dim past where my memories stay.
I dream an old, forgotten, far-off dream,
And think old thoughts and live old scenes anew,
Till suddenly I reach the heart of Spring—
The spring that brought me you!
I see again a little woody lane,
The moonlight rifting golden through the trees;
I hear the plaintive chirp of drowsy bird
Lulled dreamward by a tender, vagrant breeze;
I hold your hand, I look into your eyes,
I touch your lips,—oh, peerless, matchless dower!
Oh, Memory thwarting Time and Space and Death!
Oh, Little Perfect Hour!
---
Foto: Village Preservation, Nueva York

viernes, julio 12, 2024

Czeslaw Milosz / Dos poemas




Un pobre cristiano observa el ghetto

Las abejas construyen alrededor del hígado rojo,
Las hormigas construyen alrededor del hueso negro,
Comienza el despedazamiento, el pisoteo de las sedas,
Comienza la ruptura del vidrio, de la madera, del cobre, del
 níquel, de la plata, de las espumas
Del yeso, de la hojalata, de las cuerdas, de las trompetas,
 de las hojas, de las bolas, de los cristales —
¡Tric! El fuego fosforescente de las paredes amarillas
Traga el pelo humano y animal.

Las abejas construyen alrededor del panal de los pulmones,
Las hormigas construyen alrededor del hueso blanco, 
Se despedaza el papel, el caucho, el lienzo, el cuero, el lino,
Las fibras, las materias, la celulosa, el cabello, la piel de
 serpiente, los alambres,
En las llamas se derrumban el techo y la pared, el ardor
 abraza los cimientos. 
Ya sólo queda la tierra arenosa, pisoteada, con un árbol
Sin hojas.
Lentamente, perforando un túnel, avanza el topo guardián
Con una pequeña lámpara enganchada en su frente. 
Toca los cuerpos enterrados, los cuenta, sigue avanzando,
Distingue la ceniza humana por su vapor irisado, 
La ceniza de cada hombre por su color distinto en el arco
 iris.

Las abejas construyen alrededor de la huella roja, 
Las hormigas construyen alrededor del sitio que quedó de
 mi cuerpo.
Tengo miedo, tengo tanto miedo del topo guardián. 
Sus párpados están hinchados como los de un patriarca 
Que se sentaba a menudo a la luz de las velas 
Leyendo el gran libro de la especie. 
A él ¿qué le diré yo, judío del Nuevo Testamento, 
Que desde hace dos mil años estoy esperando el regreso 
...de Jesús?
Mi cuerpo roto me entregará a su mirada
Y él me contará entre los ayudantes de la muerte:
Los incircuncisos


No más

Debo decir algún día cómo cambié
De opinión sobre la poesía y cómo sucedió
Que hoy día me considero uno de los innumerables
Mercaderes y artesanos del Imperio del Japón
Que componen poemas sobre el florecer de los guindos,
Sobre los crisantemos y la luna llena.

Si yo pudiera describir cómo las cortesanas de Venecia 
En el patio con un mimbre excitan a un pavo real,
Y sacar de la tela de seda, de la faja de perlas 
Sus senos pesados y la huella rojiza
Que la abrochadura del vestido marcó sobre su vientre, 
Así por lo menos como lo ha visto el capitán de los 
    galeones
Que llegaron aquella mañana con una carga de oro;
Y si a la vez pudiera yo sus pobres huesos
En el cementerio, donde el mar grasiento lame al portón,
Encerrar en una palabra más duradera que su último peine
Que en el humus bajo la losa, solo, espera la luz,

Entonces no perdería la esperanza. De la materia resistente
¿Qué es lo que se puede recoger? Nada, a lo sumo la 
    hermosura.
Y tiene que bastarnos entonces con las flores de los guindos
Y con los crisantemos y con la luna llena.

1957, Montgeron

Czesław Milosz (Szetejnie, Lituania, 1911-Cracovia, Polonia, 2004), Czeslaw Milosz, selección, traducción y nota introductoria de Jan Zych, Material de Lectura n° 108, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), 2011

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jueves, julio 11, 2024

César Moro / Tres poemas



Abeja negra

Más bien buscar hacia el cisne
Y los blasones cruzados son espadas
Un puñal como almohada
Una lágrima eterna sobre la frente
Bajo el alto tocado
El silencio entre las flores que hacen signos
A la puesta del sol
Una golondrina cayendo verticalmente en un lago
La torre y las cortes de amor
El mar que irrumpe con espuma en los labios
El horizonte regular de una vida bajo la lámpara
Apagadas todas las luces es posible
Escuchar gemir el ave nocturna
En su oído

Le château de grisou, 1942
 

Batalla al borde de una catarata

Tener entre las manos largamente una sombra
De cara al sol
Tu recuerdo me persiga o me arrastre sin remedio
Sin salida sin freno sin refugio sin habla sin aire
El tiempo se transforma en casa de abandono
En cortes longitudinales de árboles donde tu imagen se disuelve en
                humo
El sabor más amargo que la historia del hombre conozca
El mortecino fulgor y la sombra
El abrir y cerrarse de puertas que conducen al dominio encantado de
                tu nombre
Donde todo perece
Un inmenso campo baldío de hierbas y de pedruscos interpretables
Una mano sobre una cabeza decapitada
Los pies
Tu frente
Tu espalda de diluvio
Tu vientre de aluvión un muslo de centellas
Una piedra que gira otra que se levanta y duerme en pie
Un caballo encantado un arbusto de piedra un lecho de piedra
Una boca de piedra y ese brillo que a veces me rodea
Para explicarme en letra muerta las prolongaciones misteriosas
               de tus manos que vuelven con el aspecto amenazante de un
               cuarto modesto con una cortina roja que se abre ante el infierno
Las sábanas el cielo de la noche
El sol el aire la lluvia el viento
Sólo el viento que trae tu nombre.

La tortuga ecuestre, (1936-1939), 1957


El humo se disipa

                                                                                         A donde voraz y ciego
                                                                                      Es el Minotauro el fuego
                                                                                     Y es el laberinto el humo
                                                                                            Calderón de la Barca

Tu aliento es como la mejor mañana fresca de olor de aves y de mar un
            velamen cruza veloz la foresta interdicta de tu aliento donde los
            pájaros se columpian picoteando estrellas mientras un galope
            tendido de gacelas trastorna las flores y las convierte en piedras
            de luna y el silencio recorre la escala de tu aliento de fuente y de
            montaña nevada.
Frente a frente tu aliento el soplo aterrador de la primavera en los
            bosques de nieve eterna iniciando el desfile de los témpanos
            coronados de osos polares flameantes
Tu aliento certero en medio del corazón una piedra que cae en el estanque
            dormido y levanta geiseres de estrellas enloquecidas que buscan su
            origen en tu boca
Tu aliento es un despeñadero en el que caen árboles enteros y el ruido se
            tapiza y las frutas maduran y todo se volatiliza en una caída sin
            término
La mañana perfila los cendales de tu aliento y la tormenta tiene olor de tu
            saliva y tu saliva es el cráter de donde vuelan los peñascos
            enfurecidos portadores de mensajes ilegibles.
Tu aliento de meteorito disparado desde el cielo cayendo en un bosque
            ardiente chamuscando leopardos y provocando el alarido de los
            elementos
Tu aliento es humareda de ignición de poemas obscenos tu aliento
            precipitándose a mansalva sobre campos inmensos bajo la luna
Tu aliento en la mañana la nostalgia de la noche fulgurante de rayos que
            bordan en el cielo las cataratas de tu aliento

La tortuga ecuestre

César Moro (Lima, 1903-1956), Obra poética completa, edición de André Coyné, Daniel Lefort y Julio Ortega, Alción Editora, Córdoba, Argentina, 2015, vía revista Ñ, 6 de julio de 2014

César Moro en Otra Iglesia Es Imposible
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Foto: César Moro, c.1950, Wikimedia Commons

miércoles, julio 10, 2024

María Elena Walsh / El señor Juan Sebastián



No son los ángeles que cantan,
no son los pájaros ni el mar,
es un señor lleno de cielo
el señor Juan Sebastián.

Hace muchísimos inviernos
que, lloriqueando en alemán,
nació entre fusas y corcheas
el señor Juan Sebastián.

Era chiquito y las canciones
que le enseñaba su papá
las repetía para siempre
el señor Juan Sebastián.

Era gordito y con peluca,
indispensable como el pan
y cascarrabias a menudo
el señor Juan Sebastián.

Soñando en órgano y en clave,
a su país angelical
llevaba a príncipes y a pobres
el señor Juan Sebastián.

Está contándonos un cuento
que no terminará jamás.
Dios le dictaba el argumento
al señor Juan Sebastián

María Elena Walsh (Ramos Mejía, Buenos Aires, 1930 - Buenos Aires, 2011), Juguemos en el mundo, II, Sony Music, 1969; Poemas y canciones, Ministerio de Educación, Buenos Aires, 2020

Más poemas de María Elena Walsh en Otra Iglesia Es Imposible
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Foto: Sara Facio

martes, julio 09, 2024

Ellen Bass / Todos los platos del menú



En un poema no importa
si la casa está sucia. El polvo
avanzando sobre las fotos como un amor
sofocante. La arena volcada de la zapatilla de un chico,
los granos facetados que se diseminan
por la alfombra esmeralda
como las estrellas y los planetas de un pequeño
sistema solar. El Monopoly
apretado contra Dostoyevsky.
Un sticker brillante que dice “the ceiling”,
etiquetando el techo
que quedó de un verano en el que un sobrino
estudió inglés.

El moho en el pan de la heladera
es tan interesante como el liquen en un roble
sus cabellos minúsculos como la pelusa
en la cabeza de un bebé, sus azules
delicados y sus verdes primaverales,
su plétora de esporas,
continentes repletos de criaturas
deslumbrando nuestras palmas.

En un poema, la vida y la muerte son iguales.
Aceptamos a una niña, aplastada
como piedritas debajo de una rueda.
Y a su abuelo frente a la tumba abierta
estrujando su remerita azul contra la cara.
Le damos la bienvenida al bebé nacido al alba,
la madre desnuda, en cuclillas,
pujando frente al ventanal
justo cuando ruge el camión de basura
y los hombres bajan de un salto, vaciando ruidosamente
los tachos metálicos dentro de sus fauces.

En un poema, no nos importa si te contrataron
o te despidieron, si perdiste o encontraste el amor,
si seguís tomando o dejaste.
No tenés que ejercitarte
o perdonar. Estamos hambrientos.
Vamos a pedir todos los platos del menú.

En los poemas la alegría y el dolor son amigos.
Se acuestan juntos, se
manosean, los dedos
hinchados dentro de las bocas,
los pezones irritados prendidos fuego, sus sexos
encastrados perfectamente como el día y la noche.
Se arquean sobre nosotros, relucen y corcovean,
son las puertas por donde entramos a nuestras vidas.

Ellen Bass (Nueva Jersey, Estados Unidos, 1947), Todos los platos del menú, Gog y Magog, Buenos Aires, 2022
Versión de Daniela Ema Aguinsky y Valentino Cappelloni
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lunes, julio 08, 2024

John Keats / Al sueño



¡Oh suave embalsamador de la queda medianoche!
Clausurando con cautos y benignos dedos
Nuestros tristes, agradecidos ojos, fugitivos de la luz
Ensombrecidos por el divino olvido.
Si así te place, cierra mis párpados en medio
De este, mi himno.
O espera el amén, antes de que tu adormidera trence
Alrededor de mi cama su silenciosa compasión.
Luego, sálvame, o el día pasado dejará su resplandor
Sobre mi almohada, multiplicando mi aflicción;
Sálvame de la curiosa conciencia cuyo aliento
Reina, aun en la oscuridad, barrenando como un topo.
Gira la llave diestramente en las aceitadas cerraduras
Y sella el callado cofre funeario de mi alma.

John Keats (Londres, 1795-Roma, 1821), Robin Hood y otros poemas, versiones de Jorge Aulicino, Selecciones de Amadeo Mandarino, Buenos Aires, 2001

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To Sleep

O soft embalmer of the still midnight,
      Shutting, with careful fingers and benign,
Our gloom-pleas'd eyes, embower'd from the light,
      Enshaded in forgetfulness divine:
O soothest Sleep! if so it please thee, close
      In midst of this thine hymn my willing eyes,
Or wait the "Amen," ere thy poppy throws
      Around my bed its lulling charities.
Then save me, or the passed day will shine
Upon my pillow, breeding many woes,—
      Save me from curious Conscience, that still lords
Its strength for darkness, burrowing like a mole;
      Turn the key deftly in the oiled wards,
And seal the hushed Casket of my Soul.
---
Imagen: Retrato de John Keats por Joseph Severn, 1819, detalle en blanco y negro

domingo, julio 07, 2024

Pablo Seguí / De "Poemas juveniles"




Consagración de apatía 

(a Christian G.; o a su partida

Sabés de los desiertos y del alma, de esa disgregación lenta de tus cosas —sí, asistir a un lento desgastarse los objetos, tenés uno entre las manos y se te va resquebrajando—. Migajas de la arena tuya que te hace, médanos en continua formación y no, porque sólo van a la ruptura: médanos quebrados. Te guardás en piezas silenciosas, en el silencio de algunas horas: sos el que duerme, visto de afuera, tenido entre las manos desde afuera. Monedas pobres del alma, tus cosas van a la deriva, vos mismo sos la deriva de tus cosas, y su sueño. 

Porque podés ver algo claro, de lejos, tus días; pero cuando boyás en ellos todo se te confunde, todo gira en torno a centros ilusorios, varios, efímeros: y qué te ata los días, y cómo atás vos tus días a vos. 

Silencio, entonces, pasividad, apacibilidad: ver cambiar las cosas, sin esperanzas, sin afanes. (Como ante un cuadro postergado: puede acabar. Como el paisaje de una ciudad a oscuras: pensás que, en verdad, no la conoceremos.) 


Voces entre las tumbas 

Aquí diez mil difuntos     hablamos del presente. 
Aquí creció la daga     que llevó a nuestra sangre 
a la pradera negra     de polvo desasido. 
Aquí el verdugo y la razón sin alma. 

Aquí con mis alforjas     y tus alforjas y 
un viento renacido     veníamos cantando. 
Los ojos se elevaban     sobre un mar sin caricias, 
y en las manos había una esperanza. 

Pero llegó la lepra     mordida de alfileres, 
llegó la letanía     que nos midió con plomo, 
y la terca pared,     y el humo y su tormenta, 
detonando su miedo de falanges. 

Ya viene el túnel, ya     se acerca la amenaza 
de la captura ciega,     del desconsuelo ciego, 
ya gritaron el parte,     grises, viejos, oscuros, 
ya se instaló la furia del enano. 

Aquí diez mil difuntos.     La guerra declarada. 
El trueno y su costado.     La evocación del torpe. 
Los vasos que se astillan.     El comedor del sueño. 
Ya nunca volveremos: somos sombras. 


Azar n° 1 

Seguimos siendo brujos 
del sol y de la noche, 
salvajes unitarios 
y cruentos federales. 

Seguimos dando muerte 
y queriendo la vida, 
y somos oro y barro 
y medida del orbe. 

Los mitos no fenecen, 
sólo cambian de efigie: 
otra Esfinge, otro Edipo. 

La música nos nutre, 
la palabra nos alza: 
todo es canción de siempre. 

Domingo 2, julio 2000 

Pablo Seguí (Ciudad de Córdoba, Argentina, 1973)

Poesía juvenil 1995-2011,
Buenos Aires, 2024









Más poemas de Pablo Seguí en Otra Iglesia Es Imposible
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Foto: Pablo Seguí en Facebook

sábado, julio 06, 2024

Franklin Alves Dassie / De "A vida dos espectros"




Introducción a la metodología de los espectros

Un perro atraviesa la calle y me atraviesa. Una escola de samba
atraviesa el tiempo y no lo atraviesa. Estos son los espectros
para animar la vida de aquellos que creen tener vida
–aquellos que no son tratados bien por la vida.

La vida sin fin, melancolía. La vida sin fin, sandía.

Era el último invierno del mundo, mejor, el último infierno
del mundo. La última historia del mundo. La última pregunta
peligrosa del mundo. ¡Ah! La última pregunta peligrosa. Pero
realmente peligroso es pensar que hay preguntas peligrosas.

Escribo que soy -aquel-que–no-soy. Pero son ellos
los que escriben eso.

La metodología de los espectros es la metodología de los errores
–un objetivo pasa a ser cualquier cosa menos un objetivo.
Cul-de-sac.


Autorretrato u Hombre desesperado

Dos hombres conversan durante una cena en el Quartier Latin.
Conversan sobre arte, política, arte y política, sobre las nubes,
sobre las galerías, sobre dinero, –uno de ellos arriesga una
frase en inglés: “Money is a root of all evil”.
Conversan sobre la relación del dinero con la desesperación,
hablan de una gran guerra, después de otra gran guerra y,
por fin, de la rebelión de la naturaleza. Combinan una visita
al Museo de Historia Natural, que nunca realizan. Uno era
un pintor recién llegado a París, el otro era escritor. Uno promete
pintar el retrato del otro, el otro promete un ensayo
sobre aquel que pintaría su retrato.

Ningún ensayo fue escrito, pero la pintura fue hecha en mil
ochocientos cuarenta y ocho.
Este es el comienzo de la historia de los espectros.

Cuando los espectros hablan, hablan muy fuerte, de ahí que
siempre tengo un dolor de cabeza intenso después de que ellos hablan.

Franklin Alves Dassie (Niteroi, Brasil, año de nacimiento no declarado), A vida dos espectros, Círculo de Poemas, San Pablo, 2022
Traducción de José Ioskyn y Mario Nosotti, Op. Cit., junio 12, 2024
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viernes, julio 05, 2024

Roberto Crinò / De "Cartas del paso de frontera"



Contra las puertas de la noche

Golpean los puños los Anemoi
hasta hacer brotar
instantes, fecundas visiones
parturientas auroras,
húmedos de rocío los iris ávidos
de luz infinitesimal,
codiciosos fragmentos de horas
extendidas para florecer
lentos renacimientos
atentos a la ciencia
del corazón y sus satélites.
Los espíritus de la Tempestad
azotan los cimientos
del mundo prisionero
de la maga del invierno.
Pronuncio la fórmula
alquímica que abra
rojizas explosiones
de humanidad deflagrada,
para barrer la fobia,
oscura carcelera,
para romper el embrujo
del miedo carcelero.


Retazos de certezas

En el ojo del ciclón
vivo ya desde hace tiempo 
aferrado a retazos de certezas
amargas
es la única cosa 
que realmente cuenta 
en este pasar
veloz de estrellas fugaces.

Roberto Crinò (Palermo, Italia, 1972)
Traducción de Antonio Nazzaro

Cartas del paso de frontera
,
Buenos Aires, 2024










Contro le porte della notte

Battono i pugni gli Ánemoi
fino a far germogliare
attimi, feconde visioni
partorienti aurore,
roride iridi avide
di luce infinitesima,
bramante brani d’ore
distese a fiorire
lente rinascenze
attente alla scienza
del cuore e i suoi satellitti.
Gli spiriti deʃ a Tempesta
sferzano le fondamenta
del mondo prigioniero
della maga de l’inverno.
Pronuncio la formula
alchemica che schiuda
rosseggianti esplosioni
d’umanità defl agrata,
a spazzare la fobia,
oscura carceriera,
a spezzare la malìa
di paura canceʃiera.


Ritagli di certezze

Nell occhio del ciclone
vivo ormai da tempo
abbarbicato a ritagli
di certezze
amare
è l’unica cosa
che conta davvero
in questo rapido
sfrecciare di stelle
cadenti.
---
Foto: Roberto Crinò en Antonino Schiera

jueves, julio 04, 2024

Helle Busacca / Octubre



(Fragmento)

Aldo, te mando una carta
como cuando estabas en América
sólo que ahora es de la nada
a la nada.
O a todo. Tengo que decirte
que es un octubre como noviembre,
o peor, en la terraza frente a mí
toda aún de rosas bajo un océano de negro
de relámpagos damasquinos
sobre Fiesole.
Pero ahora, Tina, que viene
de Australia, dice: “¿y si fuese
que él, ahora que está muerto, está bien,
y que estaría mal si estuviera aquí?

Entonces te mando un saludo
un saludo de un silencio a un silencio
frente a estas nubes de año cero
y crisantemos estremecidos
la clemátide sacude todos sus arabescos
espero que en los campos astrales
las begonias no se ahoguen bajo la lluvia como aquí.

Helle Busacca (San Piero Patti, Italia, 1915 - Florencia, Italia, 1996), Ottovolante. Poesie (1940-1995), al cuidado de Idolina Landolfi, Franco Cesati Editore, Florencia, 1990
Versión de Jorge Aulicino


Ottobre

Aldo ti mando una lettera
come quando eri in America
solo che ora è dal nulla
al nulla.
O al tutto.  Ti devo dire
che è un ottobre come novembre
o peggio, sul terrazzo davanti a me
tutto ancora di rose sotto un oceano di nero
damaschinato di fulmini
su fiesole.
Però, ora, tina, che viene
dall’australia, dice: “e se potesse essere
che lui ora ch’è morto stia bene,
e che starebbe male se fosse qui?”

Allora ti mando un saluto
un saluto da un silenzio a un silenzio
davanti a queste nuvole da anno zero
e i crisantemi rabbrividiscono
la clematide scrolla tutti i suoi rabeschi
io spero che nei campi astrali
le begonie non affoghino di pioggia come qui.
---
Foto: Helle Busacca en la portada de I quanti del suicidio, Elliot, Roma, 2013 / Il Sicilia

miércoles, julio 03, 2024

Bernardo Carrettoni / De "Usura"



- 1

al pecho el dolor enquistado como lluvia
cansancio, partidas negras, abandono.

al camino de los caminos, el nervio intacto
de angustia concéntrica/expresionista

himno rituario/ tierra frágil y tóxica
tarde de naufragios, desfi laderos,
             ir dejando la sangre
             por el mundo.

del desprecio al desprecio
a pura insignia del dolor


- 10

¿y si lloviera, ahora, hasta donde compartirían 
mis huesos húmeros mis testigos jueves mártires?
solo un desecho, sin importancia, al costado del costado 
el viento mueve las cosas en la ciudad y los perros aúllan. 
no hay sitios donde volver si nadie espera.

Bernardo Carrettoni (Alberti, provincia de Buenos Aires, Argentina, 1992)

Usura
Barnacle, 
Buenos Aires, 2024









Más poemas de Bernardo Carrettoni en Otra Iglesia Es Imposible
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Foto: Barnacle

martes, julio 02, 2024

Virgilio / La edad de oro



Antes que Jove, nadie cultivaba los campos, 
no se ponían cotos ni linderos en ellos;
la tierra era común: lo daba todo con largueza 
y producía frutos por sí misma, abundante.
Fue él quien introdujo el venenos en las sierpes,
quien prescribió a los lobos el pillaje
y al mar el movimiento, quien despojó
a las hojas de su miel y retiró el fuego
y secó los ríos de vino que por doquier fluían.
Lo hizo a fin de que el ingenio de los hombres
forjase poco a poco las variadas artes,
y buscase en los surcos el trigo, y descubriere
el fuego oculto entre las venas del pedernal.
Fue entonces cuando, por primera vez,
sintieron los ríos el peso de los huecos
alisos; cuando el marinero dio nombre a las estrellas:
Pléyades, Híades y la Osa brillante de Licaón:
fue entonces cuando comenzó a cazar fieras
con trampas, engañándolas con lazos y con cebos,
y a rodear con perros los dilatados bosques.

                                               (Georgicon I)

Publio Vergilio Maro, Virgilio (Andes, cerca de Padua, Galia Cisalpina, 70 a.C. - Brindisi, 29 a.C.), Antología de la poesía latina, Alianza, Madrid, 1981
Traducción de Alberto de Cuenca y Antonio Alvar

(…)
Ante Iovem nulli subigebant arva coloni;
ne signare quidem aut partiri limite campum
fas erat: in medium quaerebant ipsaque tellus
omnia liberius nullo poscente ferebat.
Ille malum virus serpentibus addidit atris
praedarique lupos iussit pontumque moveri,
mellaque decussit foliis ignemque removit
et passim rivis currentia vina repressit,
ut varias usus meditando extunderet artis
paulatim et sulcis frumenti quaereret herbam.
[Ut silicis venis abstrusum excuderet ignem.]
Tunc alnos primum fluvii sensere cavatas;
navita tum stellis numeros et nomina fecit,
Pleiadas, Hyadas, claramque Lycaonis Arcton;
tum laqueis captare feras et fallere visco
inventum et magnos canibus circumdare saltus
(…)

Más de Virgilio en Otra Iglesia Es Imposible
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Imagen: Detalle del mosaico que representa a Virgilio y las musas Clío y Melpómene, siglo III, Susa, Túnez, conservado en el Museo del Bardo tunecino

lunes, julio 01, 2024

Gustavo Adolfo Garcés / De "Intento un verso de espíritu leve"




Vendaval

El mar y el viento
no tienen
traducción


Hallazgo

La noche
habla
todas
las lenguas


Hasta el fin de los números 140

Llegas al alma
por el esplendor
de lo inútil

y entonces
las palabras
se hacen
ciencia


Hasta el fin de los números 360

El deseo
tiene más dedos que el verso

Gustavo Adolfo Garcés (Medellín, Colombia, 1957), Intento un verso de espíritu leve, Libro Homenaje del XXXI Festival Internacional de Poesía de Bogotá, Corpoulrika/Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, 2023
Envío de Darío Jaramillo Agudelo, vía Gozar Leyendo, correo periódico de la editorial colombiana Luna Libros
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domingo, junio 30, 2024

Juan Carlos Moisés / Dos poemas




Perro negro tallado en la nieve

Si al galgo negro le dijera que en estos días animados
es posible concebir la realidad con liebre albedrío
me diría que los juegos de palabras no son lo mío.
No es necesario engañar a nadie con el lenguaje,
esa especie de conciencia crítica en la memoria. 
Las cosas tienen su maravilla y su complicación 
y los sueños no se pueden torcer en el sueño. 
Las palabras piden estar donde las cosas suceden: 
quieren seguir en escena, despiertas y fantasiosas, 
con sus ropas y sus historias para ponerse.
El poema se talla como a un perro negro en la nieve.


Arrancando zanahorias en la nieve

Vincent le escribe a Theo Van Gogh,
“en los viejos cuadros, los hombres no trabajan”.
Nadie, casi nadie, pintaba trabajadores,
los trabajadores no podían pagar sus retratos, 
los trabajadores no colgaban cuadros 
en sus “chozas con techos de caña”.            
“En estos días ando detrás de una mujer, 
a quien vi este invierno 
arrancando zanahorias en la nieve”. 
Iba detrás de figuras en movimiento 
con la misma obsesión 
que le escribía cartas a su hermano. 
Así vi a las abuelas escarbar la tierra helada 
en busca de las últimas papas enterradas.
Cuando veían la despensa y la fiambrera vacías 
el alma se les iba del cuerpo, se quedaban 
sin nada, sin alma y sin palabras, 
y yo no sabía que ellas sabían 
que en algún lugar había algo más.
Ahora es el momento en que mis abuelas 
y la mujer observada por Vincent, 
abrigadas con un pañuelo que les cubre 
la cabeza, cruzan las miradas, sin hablarse, 
antes de inclinar el cuerpo hacia la tierra dura.

Vincent solo piensa en lo que ve:
“la inexpresable forma armoniosa 
del cuerpo humano; pero al mismo tiempo, 
la acción de arrancar zanahorias en la nieve.
¿Me explico con claridad?”

En la tierra dada vuelta del poema 
también busco zanahorias en la nieve 
y las últimas papas enterradas.

[inéditos]

Juan Carlos Moisés (Sarmiento, Chubut, Argentina, 1954)

Más poemas de Juan Carlos Moisés en Otra Iglesia Es Imposible
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Foto: Juan Carlos Moisés, Facebook

sábado, junio 29, 2024

Rolando Revagliatti / De "Ojalá que te pise un tranvía llamado Deseo"



Para la foto
mi embarazo
no es histérico.


*
Una exorbitancia:

la monogamia.


*
Mi desprecio por vos
siendo profundo
ni siquiera es

infinito.


*
El camino más corto
es el trillado por mis enemigos


*
Hablo por lo que me toca
hablo por la mano que me toca
hablo porque me toca
hablo porque no me toca.


*
Yo lo tenía todo:
deudas, extrema soledad, odios

Fugitivo, rodeado de vagos
la vida me sonríe.


*
Yo venía no existiendo hasta que vos
impusiste lo contrario

Jamás
          cesaré
                     de reprochártelo.

Rolando Revagliatti (Buenos Aires, 1945)


Ojalá que te pise un tranvía llamado Deseo
,
Leviatán,
Buenos Aires, 2024









Más poemas de Rolando Revagliatti en Otra Iglesia Es Imposible
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Foto: Gentileza del autor

viernes, junio 28, 2024

Alexis Romero / De "La inclinación", 2



Séneca frente a los pies de la envenenada

te sientas a su lado 
miras los bordes de las uñas de los pies
entonces en ese poema sobre una mesa muerta
los adjetivos de las fortalezas y los puentes colgantes
describen el desaliño y una secreta ancianidad

debe de haber una conexión entre no ser amado 
y las cualidades de ciertas uñas de los pies que piden a grito bálsamo 

Ulises amaba los pies de Penélope
yo los de una mujer que odió mis palabras
 y mi incapacidad de honrar al emperador

tuve un lugar en el senado hasta el día que soñé con las ruinas de hoy
mis verbos son escombros de aquel imperio

llegué con los leones y el látigo
mi amada alejandrina sosegaba mi ira mostrándome sus dedos
llenos de las tardes que no imaginaría

Alexis Romero (San Félix, Venezuela, 1966), La inclinación, Fundación La Poeteca, Caracas, 2021

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Foto: La Poeteca, Caracas

jueves, junio 27, 2024

Ariana Daniele / La analfabeta



Me protejo del mundo
y descuido otro mundo. 
He aquí el origen de la inmovilidad.

Quien contempla 
ornamenta un amor a salvo 
y lo guarda para sí. 

Tantas cosas por aprender todavía
en los primeros pasos que ya di hace siglos. 
Y mi sombra se empeña en escribir su biografía
se prepara como una niña 
que despliega sus lápices sobre la mesa 
y trazada la primera línea
cree haber dado la vuelta al mundo.

Tal es su alegría al dibujar
que ya nada quiero enseñarle. 

Ariana Daniele (Rufino, Argentina, 1990)

Poética de un corazón abierto
Córdoba, Argentina, 2023









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Foto: Ariana Daniela, Facebook

miércoles, junio 26, 2024

Catalina Boccardo / De "Abjurar de los cuerpos"



Estómago uno

Sálvame de las harinas y frituras
la carne grasienta de los cerdos

Sálvame intestinalmente
el mundo provee frutas pesadas
y leves
símbolos
diría esa poeta
sublimando al vegetal

Sálvame de eso indeseado que regresa 
a la tierra  
al agua
mi torpe escritura


Blanche (una gecko blanca)

Blanche podría convertirse
en alguna otra especie extinta
adentro de mi casa

Se engolosina con las cosas húmedas
la buena comensal toma riesgos
a la hora de la cena
No es un problema que hurgue
el bolsón de ropa sucia
su devoción con las cucarachas
del motor de la heladera
yo paso y paso lavandina

Ella no conoce la manía humana 
de asquearnos
de nuestro íntimo y viscoso origen


Águila de Haast

La vi cuando soñaba
o en una enciclopedia
de niña
era tan usual
palpar las hojas robustas
y olfatear

En mi glándula pineal retumban
hasta hoy
rugidos de leones y
perros milenarios. 
Mastican
La sensación insólita de una bestia
de doble corazón 

Aquel estruendo, fuerza de Haast
bombea la sangre de los pájaros
los pensados como frágiles ¿por qué?

Catalina Boccardo (Buenos Aires, 1961), Abjurar de los cuerpos, inédito

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Foto: Catalina Boccardo, Facebook

martes, junio 25, 2024

Gina Saraceni / De "Adriático"



Isole Tremiti

En medio del Adriático,
se encuentra el archipiélago
de las islas Tremiti.
Según la leyenda,
Diomedes, héroe
de la guerra de Troya,
lanzó al mar unos guijarros
y formó las islas.

Ahí murió el guerrero.
Transformados en pájaros,
sus compañeros
aún lloran su pérdida.

Diomedeas se llaman
estas gaviotas que
cantan al atardecer
cuando regresan al nido.

Su voceo parece
el llanto de un niño
que cruza el mar
y llega hasta mi oído
llenándolo de olas tristes,
de pequeñas islas de piedra.


Gran Roque

Nos acompañaron los perros
cuando subimos
la breve montaña
del Gran Roque.
En el camino,
esperaba que apareciera
la cabra de San Nicola
que era también esta isla
donde un faro envejecía en la cima.

La poesía crea archipiélagos imposibles.

El mar nos rodeaba por todas partes.

Un cactus enterraba
sus espinas en el viento
y era un coral-cerebro
esa planta que veíamos
al subir.

También los perros
estaban en todas partes,
como el agua.


Via Venezia

El trópico está
demasiado lejos
para creer que fuimos
parte de su canto.

Demasiado lejos
está el padre
de sus manos obreras
que colaban acero
en moldes de cafeteras
que ahora duermen
el letargo de los objetos.

Mientras escribe cartas
y cae la nieve,
mi padre
escucha boleros
y vuelve.


Gina Saraceni (Caracas, 1966), Adriático, Alliteration, Miami, 2022
Bilingüe: castellano-italiano: traducción al italiano de Silvio Mignano
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lunes, junio 24, 2024

Anahí Flores / De "Por encima del agua"



Ayer vimos un cóndor
en lo alto de una isla
parecía
a punto
de saltar
el contorno
de sus alas abiertas
arañaba las nubes
¿cómo salta al vacío
alguien que vuela?

*

Las montañas
parecen ancianos
que conversan en completo silencio
hasta que uno de ellos
dice algo a los gritos
se desprende una roca de hielo
va cayendo
rebota en las paredes
se estrella al lado mío
algunos pedacitos
como insectos de nieve
se posan
en mis labios.

Anahí Flores (Buenos Aires, 1977)

Por encima del agua,
Buenos Aires, 2023









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Foto: Anahí Flores por Jitka Teubalová, Facebook

domingo, junio 23, 2024

María del Carmen Colombo / De "Poesía reunida"



TO SEE III

pájaros disecados en un
    cielo de zinc
cubren de espuma negra ese pulmón
     vacío del espejo
                  que apunta con su llaga
                  de luz dormida
                  en un diluvio de coñac
dinosaurios aquellos
       cuerpos
              sólo
ciegos pedazos de aire

Blues del amasijo, 1985


*

III

un modo de montar
cuando fundo la palabra
confundo caballo con
jinete: una sola cosa

cuando la cosa sólo
es una: el modo
la manera de montar
un oscuro caballo

cuando sola y mortal
confundo
la montura y fundo
el eterno
caballo del fluir

cuando una sola cosa


*

calle de los dibujos
Bosch y Brueghel
una atmósfera familiar

percherones
locomotoras
remolcadores

pitan y resoplan
tiran
cargados de bolsas
románicas de cúpulas
de ropa enormes
como iglesias

son imágenes escenas
tiernas lecturas
de humilde condición

una época de ocres
chapas otoñales
en árboles sin techo

los chicos pían Bosch
resoplan Bruegel
pajaritos sobre ramas
de románicos ranchos

son imágenes tiernas
de condición percherones
             remolcadores
             locomotoras
en los dibujos
de la calle

humildes padre Bosch madre Brueghel
encuadernados como carros
en galpones ilustran
una atmósfera una época
familiar

La muda encarnación, 1993


*

Paisaje sin concierto de las casas del barrio. Sobre todo 
el fluir dislocado de los techos que delata la desarmonía 
de sus habitantes. Adictos al etílico pincel, de gorda 
brocha entintada, lo pintaron un día, seguramente 
calígrafos disidentes del imperio, maestros viscerales 
atacados por la furia.

Por allí se desliza el contrahecho, un mamotreto al que 
los chinos llaman el Hombre de Pekín. “Oscuridad, 
humillación, servidumbre –avanza entre brochazos y 
rabiosos manchones, lanzando frases como navajazos al 
aire–: Errantes y proscriptos andamos”, dice con tono 
sentencioso el garabato de su boca. A su paso, cientos 
de abanicos y párpados suspenden en el aire su batir de 
mariposas: atruena ese vacío como una eternidad que 
el viejo mamarracho recorre con sus dichos: “deseamos 
y no podemos satisfacer, ambicionamos y no podemos 
realizar”.

Cuando el Loco se pierde entre los escombros de la le 
janía, el paisaje pierde peso, dramatismo, y en el desvío 
su dibujo adquiere la alegría turística que alivia un poco 
a los desheredados.

La familia china, 1999

María del Carmen Colombo (Buenos Aires, 1950)

Poesía reunida
,
Buenos Aires, 2024









Más poemas de María del Carmen Colombo en Otra Iglesia Es Imposible
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Foto: Hilos Editora

sábado, junio 22, 2024

Gabriela Troiano / De "Primera bondad de la sombra", 2



Pequeño sueño del infinito soñante. Silencio es el umbral hacia otro sueño. Quién 
sabe. ¿Quién nos oculta la única puerta 
tendida sobre el océano? Puerta que siempre huye. Puerta 
flotante: danza oblicua de polvo. Dorado polvo del 
pensamiento. Pensamiento de lo soñado.

*
Otras almas esperan la caída del durmiente, el sobresalto del despierto. Otras 
almas esperan en un médano de luz donde danza el enterrador de sueños. Donde 
eleva su pala de hierro en silencio. Sólo sabe ocultarla bajo el rayo oculto de la 
sombra. Pozo de luz para los cuerpos que descienden. Pozo de luz para los 
ojos abiertos.

Gabriela Troiano (Buenos Aires, 1980), Primera bondad de la sombra, Barnacle, Buenos Aires, 2023

Más poemas de Gabriela Troiano en Otra Iglesia Es Imposible
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Foto: Gabriela Troiano, Facebook

viernes, junio 21, 2024

Daniel Martínez / De gatos y rodillas



Seguro que los gatos 
se sienten como en casa en tus rodillas

aman la temperatura de tu cuerpo
mientras se distraen con presas imaginarias
o van directamente al grano 
con los ovillos de lana en el piso
cruzando como fantasmas 
bajo el resplandor del fuego de la salamandra

cuando no
exhiben ante el espanto de los invitados 
los restos de una presa ahora tan real 
que nos recuerda que debajo de su disfraz inocente
se esconden las garras de antepasados feroces

a mí me tratan como al gran Maestre de cocina
solo les falta aplaudir 
a la hora del arrítmico y torpe solo percusivo 
de la puerta de la heladera y las tapas de las ollas
el resto del tiempo 
soy un habitante más del territorio compartido
que cada tanto les roba los asientos

admiro su poder de síntesis 
cuando en nuestras conversaciones
les sobra  con tres maullidos 
para expresar lo que piensan
mientras a mí no me alcanzan 
toda la parafernalia del gastado diccionario

a veces  en invierno sobre todo
se suben a la cama
con el único afan de ser acariciados
a cambio de un reglamentario ronroneo

la noche se las dejo a ellos
(al fin las pastillas indicadas
para apagar el insomnio
dieron en el blanco)

y repartimos el día
como avaros solitarios:
cada cual a  lo suyo 
más una leve mirada en el cruce de caminos

hay que verlos rastreando tus feromonas 
dispersadas entre mis prendas desordenadas en el ropero

es una verdad
que no hace falta gritar a los cuatro vientos
que estos gatos te aman

aunque ninguno  como yo

[inédito]

Daniel Martínez (Allen, Argentina, 1963)

Más poemas de Daniel Martínez en Otra Iglesia Es Imposible

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Foto: Daniel Martínez, Facebook

jueves, junio 20, 2024

Robert Duncan / Este sitio del que se rumorea que fue Sodoma




Este sitio, del que se rumorea que fue Sodoma, pudo haberlo sido.
Cierto, estas cenizas pudieron haber sido placeres.
Los peregrinos en camino hacia los Santos Lugares notan
este sitio. Tan claro como que ahí está la nariz en tu cara,
estos montículos son palacios. Esto fue antaño una ciudad
entre los hombres, una reunión de espíritu.
El Señor la midió y comprobó su mengua.

El Señor la midió y comprobó su mengua,
destruida fue por los ángeles que moran en el ansia.
Seguro que esta es la Gran Sodoma donde gritos como
si los hombres fueran pájaros que se remontan desde la ciénaga
resuenan en nuestros oídos, donde miedos de los que una vez
     fueron deseos
vagan, casi espectaculares,
acechando por los círculos desolados, rojos los ojos.

Este sitio, del que se rumorea que fue una Ciudad, fue sin duda
separada de nosotros por la mano del Señor.
Los devotos han trazado jardines en el desierto,
trayendo agua de manantiales donde la luz fue nublada.
Con cuánta ternura deben asistir a estas amistades
o todo está perdido. Todo está perdido.
Sólo los fieles mantienen verde este sitio.

Sólo los fieles mantienen verde este sitio,
donde la corona de espinas ardientes desciende.
Hombres que antaño se entregaron a la lujuria, ahora 
     son indiferentes. Un espíritu
envuelto en una nube, cenizas más que cenizas,
fuego más que fuego, asciende.
Sólo estos nuevos amigos se congregan jubilosos aquí,
donde el mundo como la Gran Sodoma yace bajo el miedo.

El mundo como la Gran Sodoma yace bajo el amor
y no conoce la mano del Señor que mueve.
Esto enseñan los amigos donde gritos
como si los hombres fueran pájaros se remontan de las muchedumbres
reunidas y aullantes al calor del sol.
En el Señor a Quien los amigos han llamado por fin Amor
las imágenes y el Amor de los amigos no muere jamás.

Este sitio del que se rumorea que fue Sodoma, es bendito
a ojos del Señor.

[1960]

Robert Duncan (Oakland, Estados Unidos, 1919 - San Francisco, Estados Unidos, 1988), Poetas norteamericanos contemporáneos, Ediciones Librerías Fausto, 1976
Traducción de de E.L. Revol

Más poemas de Robert Duncan en Otra Iglesia Es Imposible


This place rumord to have been Sodom 

might have been.
Certainly these ashes might have been pleasures.
Pilgrims on their way to the Holy Places remark
this place. Isn’t it plain to all
that these mounds were palaces? This was once
a city among men, a gathering together of spirit.
It was measured by the Lord and found wanting.
 
It was measured by the Lord and found wanting,
destroyd by the angels that inhabit longing.
Surely this is Great Sodom where such cries
as if men were birds flying up from the swamp
ring in our ears, where such fears that were once
desires walk, almost spectacular,
stalking the desolate circles, red eyed.
 
This place rumord to have been a City surely was,
separated from us by the hand of the Lord.
The devout have laid out gardens in the desert,
drawn water from springs where the light was blighted.
How tenderly they must attend these friendships
or all is lost. All is lost.
Only the faithful hold this place green.
 
Only the faithful hold this place green
where the crown of fiery thorns descends.
Men that once lusted grow listless. A spirit
wrappd in a cloud, ashes more than ashes,
fire more than fire, ascends.
Only these new friends gather joyous here,
where the world like Great Sodom lies under fear.
 
The world like Great Sodom lies under Love
and knows not the hand of the Lord that moves.
This the friends teach where such cries
as if men were birds fly up from the crowds
gatherd and howling in the heat of the sun.
In the Lord Whom the friends have named at last Love
the images and loves of the friends never die.
This place rumord to have been Sodom is blessd
in the Lord’s eyes.

Selected Poems. Copyright © 1993 Robert Duncan. New Directions Publishing Corporation

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miércoles, junio 19, 2024

Diego L. García / De "Registro grave"




Blues

las plantas de la puerta están muertas
pero aún siguen ahí. ocupan
su puesto de trabajo eficazmente
mientras el otoño las consume
(esa estación poética las asfixia).

la madera blanca repite rasguños
que la vuelven más cálida
(empapelado amarillo huevo
y camisa de jean). un terreno
de extraña dulzura patriótica.

ya no hay nadie ahí. sólo viejas historias
en la materia familiar


Renault 12

el sol en el parabrisas del Renault 12
al tercer día hizo que esa salida
fuera una especie de castigo titánico
contra sus pupilas.

la indemnización fue papel picado
que tuvo que barrer mientras los invitados
se ponían los sacos y trastabillaban
entre confusiones horarias.

la casa ya había sido.
los sonidos familiares
se alejaron como una cámara
que retrocede por un carril
para desfigurar el horizonte.
▓▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒░▒ ▒ ▒ ▒▒ ▒ ▒ ▒▒ ▒ ▒ ▒
“Las autoridad▓es locales reciben cada▒▒ ▒ ▒ ▒
vez más▒ ▒ quejas sobre per▓sonas que viven ▒ ▒ ▒ ▒
en sus vehículos”, recuerda KS▒▒▒▒▒, ▒ ▒ ▒ ▒
directora ejecutiva de NB. ▒ ▒ ▒ ▒ ▒ ▒ ▒ ▒ ▒ ▒▒ ▒ ▒
“Y un día, ▒ ▒ [entonces] la supervisora ▓▒▓▒▓▒▓▒▓
del condado, RS salió después del trabajo y dijo: ‘E▓s▓p▓e▓ra,
hay un estacionamiento ▒ ▒ justo aquí’” ▓▓▒▓▓▒▓▓ ▓ ▓

Diego L. García (Berazategui, Argentina, 1983), Registro grave, inédito Op. Cit., junio 12, 2024

Más poemas de Diego L. García en Otra Iglesia Es Imposible

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Foto: Diego L. García por Diego Bernachi, Facebook