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lunes, diciembre 18, 2023

Encuesta lírica / Los libros de 2023, 18

José Villa *


Este año ha sido bastante bueno en publicaciones. Mi impresión es que hubo poesía de la buena (y hay muchísimo que todavía no leí), si bien entiendo que el número de publicaciones se reduce. Y el futuro promete mayor crueldad; seguramente la situación socioeconómica irá declinando la oferta de poesía argentina cada vez hasta ponerla en estado de extinción. Mientras tanto, quiero destacar: 

La luminosidad de los sábalos muertos, de Mario Arteca, y Fauna del nuevo milenio, de Roxana Páez (Miño y Dávila, ambos); son dos magníficas ediciones que seleccionan la obra de dos poetas importantes de la década de los noventa; y destaco la edición porque incluye una muestra conceptual, prólogo, entrevistas y bibliografía. Todo este ordenamiento aquilata la producción notable de Roxana y de Mario. Además, pone en contacto sus poéticas: la de ella, como muy fragmentaria hasta llegar a una especie de saga onírica; la de él, un trabajo muy riguroso con lo discursivo que también termina por desplazarse hacia el límite por el hilo de lo racional.

Vendaval, Osvaldo Aguirre (Es Pulpa Ediciones). Es una serie que yo ya tenía leída en parte.Volver a encontrarme con estos textos, ahora en toda esa extensión que sugieren los poemas, me da la sensación de regresar a un lugar muy grato, el de ese universo rural santafesino que Aguirre visita con una delectación admirable.

Una figuración de Laureana Landriel, Silvia Pailhé (Unidad de Sentido). Esta es una narración en verso que en su totalidad es un detalle. Tiene algo de historia contada para que no se la olvide solo porque es narrada, como de necesidad testimonial, y al mismo tiempo tiene procedimientos de ficción.

Lupa de la inmersión, Daniel Durand (Caleta Olivia). Una reunión de textos de la vertiente imaginista de D.D. Es una zona donde él se establece en principio en lo autobiográfico y de ahí a lo fotográfico, a lo que le agrega ciertos conceptos y enunciados ideológicos-estéticos. En paralelo, el volumen tiene una serie de “versiones”, al modo de un libro de Girri. Es un libro muy rico en operaciones, por decirlo así, literarias y en tensiones de este tipo.

Música continua, César Cantoni (Proyecto Hybris). Es la primera vez que puedo leer un libro completo de Cantoni. Para el caso, tiene el beneficio de que se trata de una antología personal muy resuelta. Me sorprendió lo directo: de las frases, de las situaciones, de la gravitación de las influencias. Es un libro que demuestra una presencia.

Ido, Manuel Alemian (Nebliplateada). Con el absurdo por delante, siempre, Manuel sigue en la línea lírica de la viñeta o el episodio. Tiene algo de antipoesía, pero aun así no le debe nada.

Señores chinos, Sergio Pángaro (Lux). Esta es una reimpresión que le permite a este libro de tono mágico una nueva y merecida circulación. Son relatos, encadenados, y estilizados al modo en que solemos reconocer la lírica oriental: por paradojas, delicadas y disruptivas situaciones, y símbolos que se filtran trayéndonos alguna sensación sensual o dramática. Todo esto, recorrido por un sujeto que podríamos decir es argentino y contemporáneo.

Ciruelas, Mariela Laudecina (Borde Perdido). Este volumen reúne gran parte de la obra poética de Mariela, publicada e inédita. Es una buena oportunidad para reconocer la obra de una poeta que murió joven y no muy conocida, y que en cada libro y tal vez en cada poema demostró tener un ingenio que la ponía en contacto con eso que podemos llamar sinceridad del lenguaje. Es decir, cuando la poeta llega a desmentir al lenguaje. A ver si lo digo de otra manera: cuando la estructura del lenguaje deja de ser una carga porque otra vez la descubrimos.


* José Villa (Martín Coronado, provincia de Buenos Aires, 1966). Corrector de oficio. Poeta. Crítico. Publicó Cornucopia, 8 poemas, Poemas largos, Es un campo, Camino de vacas, obra reunida, Escombro y El estilo verdadero. Dirigió la revista 18 Whiskys y publicó la revista digital Atmósfera con Juan Desiderio. Dirige la revista blog Op. Cit. 

sábado, febrero 04, 2023

José Villa / De "El estilo verdadero", 2




Habrá final tranquilo

La viga
tiene números escritos con un pedazo de ladrillo:
o un dos o un tres, su pata se estira
e irisa hacia el borde
duplicada, veleta, mano, dios
Cormorán saliendo
de escombros para ir tirando de ella que no quería
ir a ninguna parte,
al día de la luz con testigos


Cartógrafo,

gotas, torre, navegación,
silla, carne, alhaja, boca, hollín

peces, con su aire seco, estructuras
orilleras recogiéndose, zapatos, gusanos,
sachets y abombados médanos de vidrio roto

inercia, resina, molicie

Hueco donde buchean las palomas,
en este pseudónimo de plegaria
y regreso

José Villa (Martín Coronado, Argentina, 1966)

El estilo verdadero
, 
Ediciones Lux, 
Bahía Blanca, 2021










lunes, junio 20, 2022

José Villa / De "El estilo verdadero"




Eso parece (composición para Ofelia), 

la nada es la humedad que necesitan; 
“vayan hasta donde les da el caos”

Uña violeta, meñique,
me suele traer algo en bandejas
que acumulo y que ya quedaron 
para mí

Entre tanto, el camino que aprendimos 
continúa sinuoso,
tics tacs 
interiores de la puerta 
ingravitados por sus guías de zapallos
en el fondo y la hervidora que humea,
o son hilos de una nube haciéndose


Irene, recurso del amor ante la belleza

La belleza no conduce
al bien, el amor
te quita de la informidad y te da un boleto
para la escena de la pasión
Le resta a la vida
lo que no es, y deja que el accesorio
se transforme, belleza
en tanto amor no existe, cuando el amor
es abeja, pongamos, ella retira su poder
y queda como una durmiente
mientras el resto de la perturbación
ocurre; así, todo lo que impide es el orden
de la forma, y aquello que provoca
gravedad y arrepentimiento la manera
de ser, real; 
en este juego de tazas con diferentes bebidas
el mal se deposita en el por qué,
en que podrías haber, y eso significa o podría
significar que el amor destituye la forma, 
un artículo de primera
necesidad, te libera de vos misma, 
y te hace no necesitar salvo
la pasión, el deseo impasible,
que se extiende aceptando y aceptándolo 
a él


Todo lo que ella hace

El aire claroscuro 
reposa la humedad, 
los desperdicios de plástico y papel
y las hojas que empezaron a ceder los árboles
Absorbe todo eso y la retiene a ella
conservándola seca 
en su fisiología de terracota

Las casas simulan calaveras
Rejas delante 
y descolorido tiempo de los nichos ñatos
Criptogramas, 
auto con las ruedas pinchadas, 
árbol mutilado por un vecino

Ese hombre va por la otra cuadra,
hilos verdes rojos amarillos, 
su bolsa de las compras motea y desune, 
se aleja escarpado,
frente a los techos de cinc 
de las primerísimas fábricas 
Quien lo viera pasar había dicho 
que iba a comprar el cajón

José Villa (Martín Coronado, Argentina, 1966), El estilo verdadero, Ediciones Lux, Bahía Blanca, 2021


Foto: José Villa, Santiago de Chile, 2015 Ernesto González Barnert/José Villa/Facebook

jueves, diciembre 01, 2016

La lira argentina, ¿cómo suena?, 44


José Villa

El otro día tuve el gusto de dar una charla en Bahía Blanca, ante lectores y escritores de poesía. Hice un recorte algo extremo de lo que se viene escribiendo desde hace unos años. Me jugué a leer lo más extraño de cada autor, según su propia retórica. O mejor dicho, tomé aquellos textos donde yo pudiera ver el elemento extraño. Pensé entonces que en realidad la poesía argentina contemporánea, en un mismo autor con cierta trayectoria, ofrece varios autores dentro del autor en el siguiente sentido: que el estilo está muy expuesto a la variación o la experimentación, por así decir. Es un tipo de escritura mixturado, con muchas tentativas y ensayos, con mezcla de géneros, y estrategias que están relacionadas mucho más que con temas, con trazos, procedimientos, series, ciertos programas de escritura, también, que no van más allá del proyecto en cuestión, es decir, que no se convierten en una dirección definitiva o esencial. Esto viene pasando desde hace algún tiempo. Si tengo que poner un corte, sería a mediados de los ochenta, y durante los dos mil empieza a prevalecer. En aquella charla que di con una gente muy interesada en la lectura, surgió una cuestión de época, por así decir, que me dejó inquieto y disconforme. Confrontamos, para terminar aquella reunión, un texto de otra época respecto de la mayoría, que eran de fines de los noventa y de los dos mil, pero que también evocaba cierta radicalidad de la palabra, un texto de Olga Orozco. La diferencia entre el poema de Orozco y los demás autores que se encuentran en plena producción, no pasó de una elucidación que recorría el concepto de escritura de época. Entiendo esto con cierta complejidad, en tanto y en cuanto se refiere a una cantidad de influencias, reproducciones, deformaciones, variaciones, hiatos, asimilaciones, que conforman esa escritura que consideramos de época. Pero no pudimos transitar mucho más este camino, tal vez porque era el final y ya estábamos algo cansados. Yo tenía pensado desarrollar alguna idea para la que no encontré el ambiente adecuado: que lo contemporáneo tiene una diferencia de gravedad, acotándolo como lo hemos hecho a partir de mediados de los ochenta (no de los que empiezan a escribir en ese momento; sino que ese es el momento), en comparación con las producciones o autores de movimientos inmediatamente anteriores. Creo que la lira de hoy suena más ligera, tratando de incorporar tal vez lo incidental, a veces lo espontáneo, cierta peculiaridad, elementos exteriores, a lo que se suma la raíz literaria, religiosa, política, estética, de cada autor, y esto último es muy importante porque construye ciertos sentidos o significados muchas veces difusos o encriptados. De los más jóvenes, por ahora no voy a decir nada.



José Villa (Martín Coronado, provincia de Buenos Aires, 1966) Poeta. Corrector de estilo. Periodista y crítico literario. Actualmente coordina y edita el sitio op.cit. (opcitpoesia.com/) dedicado a la poesía, la crítica y la difusión cultural. En los años noventa fue director de la revista 18 Whiskys, y formó parte de la editorial Ediciones del Diego, a finales de esa misma década. Fue editor del sitio web Poesía Argentina, que publicó entre 2012 y 2014 gran cantidad de artículos sobre literatura, una revista y libros digitales. Desde 2005, edita la revista de poesía Atmósfera (revista-atmosfera.com.ar). Publicó  Escombro (2015), Camino de vacas (2007), Es un Campo (2006), Poemas largos (2006), Cornucopia (1996, 2002), Wu (2000) y 8 poemas (1998).

sábado, enero 09, 2016

José Villa / Se le cayó la manzana
















Se agachó sobre la huella,
sangrando
por dentro, y como diciendo
chala, overa, pelo, grueso, suelo,
almidón.

Había un señor mirando hacia la tela celeste
recostado sobre cañas pasadas,
y arrodillados en el charco
los caballos de oro horroroso,
lamiendo pies, Y
de lo contrario hechos Y

Me vi cruzando mi propia
voluntad, con el cierre del sino
que había dado
aquel que va a cruzar: ni manzana
ni tiempo

José Villa (Martín Coronado, Argentina, 1966), Escombro, Club Hem, La Plata, 2015

Foto: Gentileza del autor

miércoles, diciembre 02, 2015

José Villa / Dos poemas















La heladera

Supe de la heladera cuando
vi esos trazos azules,
esos tramos de violetas
entre paredes rojilíneas

Había entusiasmo en el patio
aunque un aburrimiento atávico
se desplazaba fosforescente
como culebra

Pero bueno,
esas cosas debí guardar para otra vez:
cuando llegué a esta silla para contarles esto:
un marco de silencio dentro de una
colina arremolinada
y dentro de ella una palma de cobre
que recorre el mapa


Ladrillo

Vibrato del agua, pudo haber sido tu cabeza
que asomaba en la loma del puente, saliendo de atrás de
la pared,

y encima y con el rostro a este sol con dijes de acaso,
portezuela y durmientes

La llama se comía un rombo de hule
Anillaban las nubes el final

José Villa (Martín Coronado, Argentina, 1966), vía De lo que no aparece en las encuestas


Escombro,
Club Hem,
La Plata, 2015









miércoles, junio 26, 2013

Poemas elegidos, 49



José Villa
(Martín Coronado, 1966)

Todos estos años de gente, de Luis Alberto Spinetta
Dentro de esta sucesión de buena poesía que se viene publicando bajo la idea de poemas elegidos, en la que aparecen poemas queridos y otros desconocidos, o a los que no les había prestado atención, se me ocurrió que sería apropiado sumar a Spinetta. Un poeta que le agregó un trazo a la poesía argentina, algo de imagen liviana y deforme, misteriosa y apelativa. Había pensado en “Con la sombra de tu aliado”, pero sin la música ese poema tal vez se queda un poco suelto (aunque tiene algunos recursos que son propios de su dicción y de su tono: ese envío de profeta, amigo o amante, que tiene en principio una escena que se ha hecho interna).
Por eso elijo “Todos estos años de gente”, en el que aparece, creo que por primera vez, al menos en la poesía que me es contemporánea, la figura del inmigrante ilegal bolita (esta canción es de mediados de los ochenta). Además, el poema tiene el encanto organillero de las marcas (caña Legui), el color de los personajes spinetteanos (la florista) y la imagen aérea y desencajada de las pistas de Ezeiza. Todos estos cruces de libertades léxicas e imaginarias me llevan a ese barrio de imágenes plateadas que es la poesía de Luis Alberto Spinetta.


Todos estos años de gente

En el extremo de la calle
la florista se emborracha con Legui
y la ciudad la mambea un instante
y la devuelve en su silla.

Todos estos años de gente,
todos estos años de gente.

Frente a los vidrios de un banco
un anciano desfallece sin nombre
los pordioseros lo reclaman
desde un pozo en el aire de Ezeiza.

Todos estos años de gente,
todos estos años de gente.

Hay un tinglado inconcluso
donde moran dos bolitas ilegales pero limpios
y entre las lluvias y los falcon
ya no viven ni adentro ni afuera.

Todos estos años de gente,
todos estos años de gente.

Luis Alberto Spinetta (Buenos Aires, 1950-2012)


Foto: José Villa por Mario Varela en Editorial Gog y Magog

miércoles, diciembre 21, 2011

José Villa / Membranas






Membranas

acaba de lloviznar
           sobre la moneda
sobre los techos negros
sobre los gatos

y al canto no le queda más que una membrana impermeable
donde halla o no su resonancia
su estación madura
             desprendiéndose roja
sobre la tierra
             de terrones finos

y nada - o bien casi nada
podría inferir lo íntimo del cuchillo
hincándose en la voz

-junto a la ventana
donde posa una flor
como prueba o testimonio del paisaje

e irás - con el tren desnudo cosiendo tierra
con su hilo de agua

otros momentos
-y el estilo de este correr de la mirada
y otros hombres y otras razones

y otro decir -como articular la vivacidad
de la saliva
contra la misma lengua, lanzada por el tobogán
para que quienes la tocan y la juegan
la miren sin extrañar que han sido
                 y serán otros

(el vidrio, blanco orlado
metidos entre sus párpados
no podría
                  sino advertir el tono - el paisaje
verlo derramar

la mano, la loma
contra su propio
                fino, aletargado delirio
donde la pintura llora entre estos
                animales de fierro

entre esta
simple -desaforada
no más que eso - obstinada luz)
para nosotros - los neutros átomos
de este puente - donde soñamos
otros días - otro barniz
para la silla que hoy
engaña y piensa cuando tiembla
y no queda más noción que

aferrar con la pequeña braza
las palabras
donde la gente lluviosa recuerda que blanquea - sus dientes
y obnubilan sus espasmos
y las hojas -en verdad
cantan y beben

José Villa (Martín Coronado, 1965), Poemas largos, Ediciones 73, Buenos Aires (c.2005)

Ilustración: Rain, Rooftops, West 4th Street (detalle), 1913, John French Sloan

miércoles, agosto 03, 2011

José Villa / Dos poemas





El nombre

Desde esta otra orilla
debe resultarle extraño
mi verdadero nombre
El sol del mediodía
le da en los ojos,
el estruendo del agua
la confunde
Un globo asciende
en el aire,
la mujer sonríe, con
alegría, con bondad



Bebedero

Antes que el día termine
emprendo un viaje
medio gótico
un poco despeinado
Los perros me ladran
a la altura de la plazoleta
De la carpintería sale polvo
en madera
Me observás llena de
picaduras resecas
sobre un guante gris

José Villa (Martín Coronado, 1966), XIX Festival de Poesía en Rosario

Foto: Villa, por Manuel Alemian

martes, abril 27, 2010

José Villa / de "Abreviatura"

Abreviatura

(II)

Por un visor en rojo

Marco a la derecha
Un vector en un ángulo
de 70 grados hacia el vestido
con estampados casi orientales
amarillos

Una percha marrón
Hombros anchos hacia delante
El vestido es fino y largo
Y aunque parece breve se prolonga bastante
después de la cintura...

el rectángulo

dentro del marco rojo hace de fondo
al vestido

La proyección de una sombra en cruz
cae sólo en una parte de él

Absorbe una franja de sol


(III)

El cielo, un buen lugar para empezar

En la puerta

Ella desenreda las puntas
de su pelo marrón

Él tiene un paquete bajo el brazo

Una escalinata
con los pies pálidos de la mujer
El muchacho tiene un pulóver
grande
que se camufla
con el resto líquido

Ella respira
Se le nota en los hombros
E inclinándose un poco
suelta unas palabras

El hombre hace señal de comprender
mientras empieza a girar despacio
para irse

Él tiene algo que hacer
Sin la obligación de regresar
O regresar dentro de un tiempo
-O de inmediato

Tiene un camino (mecanismo) en su mente
Ella también

Las paredes están llagadas
Los frentes parecen gárgolas
Biseles aceitosos en el cielo

Con la mirada helicoidal
del mismo centro
hacia direcciones opuestas


(IV)

Algunos adoran la niebla
En aros. En siluetas humanas

Un tanque de agua parece
un hongo o un tanque de agua
que parece un tanque de agua
gigantesco

Una chica de jean
del brazo de su mamá
Gracia humana y perdón
Van para el supermercado

En esto
un fondo de rieles
Gotas de oliva
Que pasan por la Barrera

Paralela a los techos empinados
la figura humana imita esa agonía
Gentío y construcción lo poco que se
distingue

José Villa (Martín Coronado, 1966), Es un campo, Selecciones de Amadeo Mandarino n° 24, Buenos Aires, 2006

Ilustración: A veces las cosas más grandes parecen pequeñas, Fito Espinosa


De Villa en este blog:
Astillero
Artemis / Pensamiento del ferretero

miércoles, julio 01, 2009

José Villa / Astillero



El agua marrón del Tigre en la costa
los palitos de los árboles
como de mimbre flotando en la oscuridad
de algunas sombras proyectadas
sobre el agua: un astillero enciende su luz
puede vérsela todavía perdida en la tarde
que amarillea, parece un barco inmenso a medio construir
la figura que va ennegreciéndose
de un fantasma, la fortaleza
que deberíamos habitar;
el lugar donde se sueldan los barcos que irán
al río, al mar
o a la memoria: aguas negras, tensas
y flotando sobre ellas
la claridad esponjosa de unos palitos en la costa.

José Villa (Martín Coronado, Buenos Aires, 1966), "8 poemas", Camino de vacas, Gog y Magog, Buenos Aires, 2007

Foto: Eduardo Grossman, 2008

martes, noviembre 18, 2008

José Villa / De "Camino de vacas"


Artemis

Tiene costumbres rigurosas
Cuando llega después de haber cumplido una actividad
más o menos larga en lo que ella llama le mond
come y viste de entrecasa casi mejor
que si anduviera por la calle:
Rojos intensos turquesas
Vestidos sueltos y batones o pantalones elastizados:

"Probó su arco cuatro veces: sus dos primeros blancos
fueron árboles, el tercero una fiera,
y el cuarto una ciudad de hombres injustos"


Pensamiento del ferretero

Una mujer se define
por la belleza de los ojos

Que no deben sólo ocultar con locura el mal
Pero no sólo deben ser claros
Deben recordar el tipo de agua y fuego
La leña quemada

Los ojos de una mujer son la mujer verdadera

No me gusta el comercio de la simpatía con los ojos

Si no hay soledad en lo ojos no hay ojos

José Villa (Martín Coronado, 1966), Camino de vacas, Ediciones Gog y Magog, Buenos Aires, 2007

Foto: José Villa en el Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires, 2008

viernes, marzo 16, 2007

José Villa / Comer y subir

No es lo que todos creen,
en realidad no busco la belleza


Se ahoga y abre una ventana
Esta ventana (la toca)
Cansado busca un poco de aire
Imparte algunas órdenes en silencio

Se oía la hoja de afilador,
el rumor de la calle
Una nena que lloraba,
los insultos de la madre

Mediodía,
se va con un poco de sombra

Recuento de la luz sobre el piso de cemento:

"Vení a comer"

Comen en silencio
aunque plácidos -dos bifes-
Después vendrá
Sólo una llama

La soda que se mezcla
El efecto deseado sobre el blanco
Pan en el aceite, la escalera

de madera hacia el techo, poco usada
Se prefiere subir por la reja de la ventana
Un pie en la cornisa Y sujetarse

de una de las vigas del tanque
Así se llega más rápido

José Villa (Martín Coronado, Buenos Aires, 1966), Un campo, Selecciones de Amadeo Mandarino n° 24, Buenos Aires