viernes, mayo 31, 2019

Anahí Lazzaroni / Dos poemas














Apuntes de una ciudad en ruinas

Esta vez los finos ecos de la ciudad no son del viento.

El fin del invierno, casi sin nieve, autoriza exclamaciones
o teorías sobre el clima.

Reverbera en las calles la malicia por un casamiento inesperado.

Un grupo de mujeres limpia las casas de fantasmas,
no conocemos sus nombres.

Mientras alguien anota estas palabras, continúa la luz prendida
en la casa de enfrente,

en medio de una noche del fin del invierno, es viernes.

                                                                   22 de agosto, 2004


Far South

Antes el viento soplaba nada más que en primavera.

Eran tiempos en los que no abundaba el dinero, ni la traición.

¿Otra ciudad? ¿El esbozo de la que venía?

¿Quién? ¿Quién puede saberlo?

Los cerros no estaban poblados.

El viento soplaba en el momento justo.

                                                                   31 de diciembre, 2007

De El viento sopla, 2011

Anahí Lazzaroni (La Plata, Argentina, 1957-Ushuaia, Argentina, 2019), Breve tratado del viento sur. Antología poética de Patagonia Argentina, selección y prólogo de Eduardo Bechara Navratilova, Escarabajo, Bogotá, 2017

Ref.:
Las 12
Op. Cit.
Círculo de Poesía
El Poeta Ocasional
Eurasia
Poetas Poemas
El Rompehielos

Foto: Argentina Online

jueves, mayo 30, 2019

Alicia Gallegos / Comerse una flor una pluma tornasolada y después reír













Un rompecabezas desarmado
en la superficie
del gran escritorio

se han dispersado las piezas
con el soplo del viento.

Ella dice que siempre habrá
un nuevo paraíso
y se equivoca.

El mar tranquilo
se parece
a un campo de trigo
infinito
mirarlo desde aquí
hace que la olvide.

Pero resulta fatigoso
volver una y otra vez
a borrar rastros
huellas en la arena
pasos que no di
besos que se perdieron
entre una carta y otra.

Aparece una foto
un pétalo guardado
adentro de un libro.

Los asesinos seriales
saben hacerlo
comerse una flor
una pluma tornasolada
y después reír.

Alicia Gallegos (Buenos Aires, 1959)

Un rayo que nos haga parpadear,
Colman & Colman,
Buenos Aires, 2019









Ref.:
Octavo Boulevard
Cinco Minutos Antes del Tornado
Biblioteca LGTBI
El Humo
Coleccionistas de Palabras

Foto: FB

miércoles, mayo 29, 2019

Marc Patin / He visto el cielo en una estrella

















He visto el cielo en una estrella y el fuego negro en el corazón del árbol
La nieve desnuda como una mujer
Y la sangre acostada sobre la arena

He visto el día el oído contra el vidrio
Barco vigía hundiéndose en la noche
He visto dos ojos más fuertes
Más salvajes que frutos

He visto hombres en la llanura
Cubiertos de polvo de ramas secas de reflejos
Hombres de carne una noche
Llevaban en la mano una luna apagada una mano de mujer una herradura

Tenían en la cara
El acre aliento de los estrechos

                                                                               17 de diciembre de 1943

Marc Patin (París, 1919-Berlín, 1944), Literatura y traducciones, 15 de junio de 2012
Traducción de Miguel Ángel Frontán
Envío de Jonio González

Noticia
Marc Patin fue uno de los fundadores del grupo neodadaísta Réverbères, y luego del grupo surrealista La Main à Plume, que unió la poesía surrealista con la resistencia al nazismo y del que formaron parte Robert Rius (fusilado en julio de 1944, por su participación en la Resistencia, junto con Jean Simonpoli, director de Cahiers de Poésie, y Marco Ménégoz), Laurence Iché, Maurice Blanchard, Gerard de Sède, Léo Malet, Christian Dotremont y Noël Arnaud, entre otros. En 1942, publicó el libro de poemas Femme magique. En 1944 fue arrestado por los nazis y deportado a Alemania, donde murió de neumonía. Dejó alrededor de ochocientos poemas, tres cuartas partes de los cuales aún permanecen inéditos. Su obra fue redescubierta por Guy Chambelland en 1991. (J. G.)

Foto: Wikimedia Commons


J'ai vu le ciel dans une étoile et le feu noir au cœur de l'arbre
La neige nue comme une femme
Et le sang couché sur le sable

J'ai vu le jour l'oreille contre la vitre
Bateau veilleur enfoncé dans la nuit
J'ai vu deux yeux plus forts
Plus sauvages que des fruits

J'ai vu des hommes dans la plaine
Couverts de poussière de bois mort de reflets
Des hommes de chair un soir
Ils tenaient à la main une lune éteinte une main de femme un fer à cheval

Ils avaient sur la face
L'haleine âcre des détroits.

                                                                                           17 décembre 1943

martes, mayo 28, 2019

Kenneth Koch / Un tren puede ocultar otro














(Cartel en un cruce de vías en Kenia)
En un poema, un verso puede ocultar otro verso,
Como en un cruce, un tren puede ocultar otro tren.
Es decir, si estás esperando para cruzar
Las vías, esperá un segundo, al
Menos, después de que el primer tren haya pasado. Y también
cuando leés
Esperá hasta haber leído el verso siguiente-
Ahí, es seguro seguir leyendo.
En una familia una hermana puede ocultar a otra,
Por eso, cuando la cortejes, es mejor tener todas a la vista
Si no, conociendo a una, podrías enamorarte de la otra.
Un padre o un hermano pueden esconder al hombre,
Si sos una mujer, al que estabas esperando para amar.
Así que siempre delante de una cosa hay otra
Como las palabras delante de los objetos, sentimientos, ideas.
Un deseo puede ocultar otro. Y la reputación de una persona
La reputación de otra. Un perro puede ocultar otro
En el pasto, escapar del primero no quiere decir que estés a salvo;

Kenneth Koch (Cincinnati, Estados Unidos, 1925-Nueva York, Estados Unidos, 2002)
Traducción de Silvia Galup y Aníbal Cristobo

Un tren oculta otro tren,
Zindo & Gafuri,
Buenos Aires, 2017









Ref.:
Kenneth Koch
Poetry Foundation
Buenos Aires Poetry
Hablar de Poesía
Verboser

Foto: Larry Rivers/San Diego Reader

lunes, mayo 27, 2019

W. H. Auden / De "Horae Canonicae"















Immolatus Vicerit

1. Prima

Simultánea, tan silenciosa,
espontánea, tan repentinamente
como en la vanagloria del alba los benignos
portales del cuerpo se abren de par en par
a su mundo del más allá, los portales de la mente,
el portal del cuerno y el portal del marfil,
se abren y se cierran, instantáneamente
controlan el desordenado trastorno nocturno
de su rebelde fronda, repulsiva,
malévola y de menor cuantía,
carente de derechos, viuda y huérfana
por causa de un error histórico:
convocado desde las sombras para convertirme en un ser sensible,
desde la ausencia para exhibirme,
sin nombre ni historia me despierto
entre mi cuerpo y el día.

Sagrado este momento, con pleno derecho,
mientras, con completa obediencia
al lacónico clamor de la luz, próximo
como una sábana, cercano como una pared,
exterior como el aporte pétreo de una montaña,
el mundo está presente, en derredor,
y sé que soy, que estoy aquí, no solo
sino con un mundo y me alborozo
sin frustraciones, pues la voluntad aún debe reclamar
este brazo adyacente como el mío,
la memoria aún nombrarme, reanudar
su rutina de elogio y culpa,
y sonriéndome está este instante, mientras
el día todavía sigue intacto, y yo
soy el Adán sin pecar de los comienzos,
el Adán aún previo a todo acto.

Respiro, y eso, por supuesto, es desear,
sin importar qué, es ser sensato,
es ser diferente, morir, y el precio,
sin importar cómo, es el Paraíso,
perdido, por supuesto, y yo que debo una muerte:
el voraz arrecife, el mar calmo,
los planos techos de la aldea pesquera
aún dormida en su barranco,
aunque frescos y soleados ya, no son amigos
sino cosas al alcance de la mano, y esta carne dispuesta
no es igual y honesta, sino mi cómplice ahora,
mi futura asesina, y mi nombre
representa mi parte histórica de responsabilidad
por una mentirosa ciudad que se hizo sola,
temeroso de nuestra tarea en la vida, de la muerte
que el día que llega habrá de reclamar.

                                                                        1949

W. H. Auden (York, Inglaterra, 1907-Viena, 1973), Los Estados Unidos, y después. Poesía selecta 1939-1973, selección y traducción de Rolando Costa Picazo, Ediciones Activo Puente, Buenos Aires, 2009

Nota del Administrador
El plan de este poema de Auden es claro: sigue el orden de las horas canónicas de oración, fundadas a su vez en el horario romano: Prima, seis de la mañana; Tercia, 9 de la mañana; Sexta, mediodía; Nonas las tres de la tarde; Vísperas, las seis; Completas las 9 de la noche y Laudes las tres de la mañana. Si, como se interpreta habitualmente, las siete horas aluden al desarrollo de la Creación, en la primera parte la voz del texto es la de Adán. La interpretación canónica del poema, por así decirlo, incluye también, y básicamente, la idea de las horas previas a la muerte de Cristo. Este motivo está ya presente en el comienzo, no solo porque el pecado originario fue lavado con el Sacrificio, sino porque la voz que suponemos de Adán lo alude al final. Pero nada impide imaginar que el despertar del personaje del primer poema es el de cualquier ser humano y, por lo tanto, que es Auden el que habla de su despertar al mundo, cada mañana.

Ref.:
Vladivostok
The New York Review of Books
Arbor
Letras Libres
El País
A Media Voz
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: National Post/Cecil Beaton/Condé Nast via Getty Images


PRIME

Simultaneously, as soundlessly,
Spontaneously, suddenly
As, at the vaunt of the dawn, the kind
Gates of the body fly open
To its world beyond, the gates of the mind,
The horn gate and the ivory gate
Swing to, swing shut, instantaneously
Quell the nocturnal rummage
Of its rebellious fronde, ill-favored,
Ill-natured and second-rate,
Disenfranchised, widowed and orphaned
By an historical mistake:
Recalled from the shades to be a seeing being,
From absence to be on display,
Without a name or history I wake
Between my body and the day.


Holy this moment, wholly in the right,
As, in complete obedience
To the light's laconic outcry, next
As a sheet, near as a wall,
Out there as a mountain's poise of stone,
The world is present, about,
And I know that I am, here, not alone
But with a world and rejoice
Unvexed, for the will has still to claim
This adjacent arm as my own,
The memory to name me, resume
Its routine of praise and blame
And smiling to me is this instant while
Still the day is intact, and I
The Adam sinless in our beginning,
Adam still previous to any act.


I draw breath; this is of course to wish
No matter what, to be wise,
To be different, to die and the cost,
No matter how, is Paradise
Lost of course and myself owing a death:
The eager ridge, the steady sea,
The flat roofs of the fishing village
Still asleep in its bunny,
Though as fresh and sunny still are not friends
But things to hand, this ready flesh
No honest equal, but my accomplice now
My assassin to be, and my name
Stands for my historical share of care
For a lying self-made city,
Afraid of our living task, the dying
Which the coming day will ask.

                                                        1949

domingo, mayo 26, 2019

Anne Sexton / Tres poemas
















Oh

Está nevando y la muerte me molesta
tan testaruda como el insomnio.
Las burbujas feroces de tiza,
las lesiones menores blancas
se instalan sobre la calle afuera.
Está nevando y la mujer de
noventa años que se estaba peinando
su pelo largo blanco fantasmal
se ha ido, embalsada incluso ahora,
incluso esta noche sus brazos son mosquetes
suaves a su lado y nada ella emana
salvo su última palabra - “Oh”. Sorprendida por la muerte.

Está nevando. Puntos de papel
caen de la agujereadora.
¿Hola? ¡La señora Muerte está aquí!
Ella sufre de acuerdo a las cifras
de mi odio. Oigo los filamentos
del alabastro. Me acostaría
con ellos y levantaría mi locura
como una peluca. Me acostaría
afuera en una habitación de lana
y dejaría que la nieve me cubra.
París blanco o copo blanco
o argentino, todo en el lavamanos
de mi boca, llamando, “Oh”.
Estoy vacía. Soy estúpida.
La Muerte está acá. No hay
otro acuerdo. ¡Nieve!
¡Ve la marca, la cicatriz, la cicatriz!
Mientras tanto sirves té
con tus manos buenmozas y amables.
Después deliberadamente sacas tu
dedo índice y lo apuntas a mi sien,
diciendo, “¡Puta suicida!
Me gustaría agarrar un sacacorchos
y sacar para afuera todo tu cerebro
y así nunca jamás volverás”.
Y cierro mis ojos sobre el té
humeante y veo a Dios abriendo sus dientes.
“Oh”. Él dice.
Veo a la nena dentro de mí escribiendo, “Oh”.
Oh, querida, no por qué.


Madre e hija

Linda, estás dejando
tu cuerpo viejo ahora.
Yace plano, una mariposa vieja, todo brazos,
todo piernas, todo alas, suelto como un vestido viejo.
Extiendo mi mano pero mis dedos se vuelven
llagas y yo soy calor materno y gastado.
Al igual que tu niñez está gastada.
Te pregunto sobre esto y sostienes tus
perlas. Te pregunto sobre esto
y pasas por delante de ejércitos. Te pregunto sobre esto -
con tu reloj grande andando,
sus manecillas más anchas que las pajitas- y coserás
un continente.
Ahora tienes dieciocho
Te di mis nalgas, mis despojos,
mi Madre & Co. y mis dolencias.
Te pregunto sobre esto
y no vas a saber la respuesta -
el bozal en tu boca,
la tienda esperanzada de oxígeno, los tubos,
los senderos, la guerra y el vómito de la guerra.
Sigue, sigue, sigue,
cargando recuerdos para los chicos, cargando
polveras para los chicos, mi Linda, sangre para
el derramamiento de sangre.
Linda, estás dejando
tu cuerpo viejo ahora.
Me vaciaste los bolsillos y juntaste
todas mis fichas de poker y me dejaste vacía y
como el río entre nosotras se angosta, haces calistenia,
ese semáforo femenino de piernas largas.
Te pregunto sobre esto
y me vas a coser una mortaja y seguirás con la parrilla
del lunes y sacarás con el pulgar las tripas de la gallina.
Te pregunto sobre esto y verás mi muerte
babeando en estos labios grises
mientras, mi ladrona, comerás fruta y
pasarás el resto del día.


Jesús levanta a la prostituta

La prostituta se agachó
con sus manos sobre su cabello rojo.
Ella no estaba buscando clientes.
Ella tenía mucho miedo.
Un cuerpo delicado vestido de rojo,
tan rojo como un puño destrozado
y ella estaba sangrante también
porque la gente del pueblo estaban tratando
de apedrearla hasta la muerte.
Las piedras se le acercaron como abejas al caramelo
y la dulce colorada prostituta que ella era
gritaba, J nunca, J nunca.
Rocas volaron hacia su boca como palomas
y Jesús vio esto y pensó en
exhumarla como un funerario.

Jesús sabía que una enfermedad terrible
vivía dentro de la prostituta y que Él podía abrirla
con Sus dos pequeños pulgares.
Él levantó Su mano y las rocas
cayeron al suelo como donas.
De nuevo Él alzó Su mano
y la prostituta fue a besarlo.
Él la abrió dos veces. En el acto.
Él la abrió dos veces en cada pecho,
empujando Sus pulgares hasta que la leche paró,
esos dos forúnculos de prostitución.
La prostituta lo siguió a Jesús como un cachorro
porque él la había levantado.
Ahora ella renunció a sus fornicaciones
y se convirtió en su mascota.
Que él la haya levantado la hizo sentir
como una nena de nuevo como cuando ella tenía un padre
que le sacaba la tierra de los ojos.
De hecho, ella se aferró a sí misma,
sabiendo que le debía la vida a Jesús,
tan seguro como una carta ganadora.

Anne Sexton (Newton, Massachusetts, Estados Unidos, 1928-Weston, Massachusetts, Estados Unidos, 1974)
Traducción de Noelia Torres

El libro de la locura,
Caleta Olivia,
Buenos Aires, 2019









Ref.:
Caleta Olivia
UNAM
ABC
El Cultural
Algún Día en Alguna Parte
El Placard
Buenos Aires Poetry

Foto: Anne Sexton, 1974  Arthur Furst/ABC

sábado, mayo 25, 2019

Antonina Canyelles / Por si un día te faltan los pinos














Fíate tú de la apariencia angélica de la serpiente,
de la blanda bondad de las acelgas,
de la riqueza proteica del cerebro del buey.
Confía en los medicamentos milagrosos
y acabarás llena de bultos y llagas.
Si levantas la mano, te harán una ranura
por la que sólo pasen los cinco céntimos.
Es cierto que los ojos no beben ni fuman,
pero tienen el vicio de mentir.
Si una mano lava la otra
no es por caridad sino por vergüenza.
Te abrirán la puerta para que entres,
tú y el aire, pero más el aire que tú.
Riega el perejil por si un día te faltan los pinos.

Antonina Canyelles (Palma de Mallorca, España, 1942), Nus baixant una escala, Lapislàtzuli, Barcelona, 2015
Versión de Jonio González

Ref.:
Tam Tam Press
Última Hora
Ara Balears
El Establo de Pegaso

Foto: Institut d'Estudis Baleàrìcs - Bculture

PER SI UN DIA ET FALTEN ELS PINS

Fia-te'n, tu, del posat angèlic de la serp,
de la bondat mollericosa de les bledes,
de la riquesa proteica del cervell de bou.
Confia't a miraculosos medicaments
i acabaràs plena de bonys i bues.
Si pares la mà, t'hi faran una ranura
perquè només hi passin els cinc cèntims.
És cert que els ulls no beuen ni fumen,
però tenen el vici de mentir.
Si una mà renta l'altra
no és per caritat, sinó per vergonya.
T'obriran la porta perquè hi entris
tu i l'aire, però més l'aire que tu.
Rega el juevert per si un dia et falten els pins.

viernes, mayo 24, 2019

Eugenio Padorno / Palabras para la arqueología














En los hornos del mar         (tienes ojos de hebreo)
    las movedizas hojas reverberan al fondo

            en el camino de las gravas

las gaviotas descienden sobre monstruos dormidos
montan los areneros las cabinas             jergan
           bebidas refrescantes

                dioses           perros            bañistas

petrificados en la intersección única de los días
    idos y por venir
arañan la fosca realidad
    el hermetismo dórico del domingo
ejercitan el tacto avaricioso sobre cuerdas
    de música
danzan       vomitan                eyaculan
           a orillas del acuario
entre los dos extremos de la inmovilidad sujetas
          juventud y vejez           sin erosión

la imagen de la vida y la muerte
en otros silos cinerarios.

de Comedia [Madrid, Taller de Ediciones JB, 1977]

Eugenio Padorno (Barcelona, 1942), "Antología mínima", Fogal, n° 15, 2018

Ref.:
Babelia - El País
Dragaria
Gran Canaria Cultura
Ediciones La Palma
La Provincia
La Razón

Foto: La Provincia

jueves, mayo 23, 2019

Gloria Gervitz / De "Leteo"














Las palabras se curvan    se tocan    se oscurecen
Alguien afuera abre una puerta    alguien toca el
    piano
Las palabras se guardan y se olvidan
                                            No te debo nada tiempo

Sigo el movimiento del sueño    sus huellas
    pequeñísimas
Sigo el movimiento del río    su peso sus
    partículas    su silencio
sus larvas    sus laberintos    las estrellas que flotan
    como cáscaras

Quedan los fresnos
la pared llena de fotografías
la mañana
la de después    la espesa    la más temida
la mañana para no ser vista    la mañana para
    llorarme
la larga    la indefinible    la quieta mañana

El aire se arquea con el peso de las acacias

He construido mis sueños cerca de las rocas
    golpeadas por el mar
Yo elegí este paisaje árido
                                            Esta constancia    esta sed
Nada más triste que esta vastedad que es apenas
   nada

(...)

Alta la voz del polvo al atardecer
Arriba las migraciones de los pájaros
y el canto del muecín que rompe la tarde

En los museos cerrados
las estatuas y las vasijas vuelven a ser
sólo piedra    sólo bronce

Al oeste la línea recta va hacia los pasadizos de la
    muerte
y a ese olor a sueños de abajo
de la tierra


Afuera las ciudades del pensamiento
las disonancias los residuos las meditaciones
    el deseo bajo mi piel
y el río como una espada oxidada


Uno se va a morir a solas    a solas en lo oscuro
lejos de lo que uno fue o creyó ser

Uno se muere entre los sentimientos más simples
en la sorpresa enorme de estarse muriendo
Uno se hace un hueco en la oscuridad y se echa ahí
    como un animal

(...)

Hay un vértigo en esta luz

El día se desploma
Las golondrinas atraviesan el instante

   ¿Qué saben los dioses de los sueños de los hombres?

Es en esta luz que me consume
En su transparencia
Donde más te busco

Es en la resequedad de esta mañana
Imperceptible    derramada
Agua en los labios del sediento

Madre    soy yo la buscada
Te he llevado sobre mí
Sintiendo tu peso

Y el olvido me duele
Como una herida
La luz se aquieta

Y te oía dentro de mí
Te oía en la desembocadura
Naciéndote

Y las palabras se hundieron en el agua
Y el llanto se embebió en la arena
Y yo me quedé en la orilla
Era cerca del corazón oscuro de los sauces
Donde aún te nombro y me postro ante ti
Como antes    como siempre

Estoy bajo un cielo pálido

Y había algo entrañable en los días y en el recuerdo
    de los días
Y me tomó el tiempo de vivir para despertar
Pero lo más importante no lo dijimos
Por siempre el pálido inmenso silencio
Y era dentro de mí como una floración

Un despertar al otro lado
Y yo quería saber
Pero sólo me fue dado preguntar

El otoño se tensa como un arco    el aire está inmóvil
La lluvia también se desplaza hacia el sueño
Lentamente recupera su sombra    se inclina como un
    sauce
                                                                            Cae

Gloria Gervitz (Ciudad de México, 1943), Material de Lectura n° 176, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), 2013

Ref.:
Migraciones. Poema 1976-2016, MaNgos de HaChA, México, 2017
Treno, filodecaballos Editores-CONACULTA, 2003
Letras Libres
Tercera Vía
Poesía del Toro de Barro

Foto: Mikael Andersson/TT/Sydsvenskan

miércoles, mayo 22, 2019

Roberto Bolaño / Dos poemas














El mono exterior

¿Te acuerdas del Triunfo de Alejandro Magno, de Gustave Moreau?
La belleza y el terror, el instante de cristal en que se corta
la respiración. Pero tú no te detuviste bajo esa cúpula
en penumbras, bajo esa cúpula iluminada por los feroces
rayos de armonía. Ni se te cortó la respiración.
Caminaste como un mono infatigable entre los dioses
pues sabías -o tal vez no- que el Triunfo desplegaba
sus armas bajo la caverna de Platón: imágenes,
sombras sin sustancia, soberanía del vacío. Tú querías
alcanzar el árbol y el pájaro, los restos
de una pobre fiesta al aire libre, la tierra yerma
regada con sangre, el escenario del crimen donde pacen
las estatuas de los fotógrafos y de los policías, y la pugnaz  vida
a la intemperie. ¡Ah, la pugnaz vida a la intemperie!

Los detectives

Soñé con detectives perdidos en la ciudad oscura.
Oí sus gemidos, sus náuseas, la delicadeza
De sus fugas.
Soñé con dos pintores que aún no tenían
40 años cuando Colón
Descubrió América.
(Uno clásico, intemporal, el otro
Moderno siempre,
Como la mierda.)
Soñé con una huella luminosa,
La senda de las serpientes
Recorrida una y otra vez
Por detectives
Absolutamente desesperados.
Soñé con un caso difícil,
Vi los pasillos llenos de policías,
Vi los cuestionarios que nadie resuelve,
Los archivos ignominiosos,
Y luego vi al detective
Volver al lugar del crimen
Solo y tranquilo
Como en las peores pesadillas,
Lo vi sentarse en el suelo y fumar
En un dormitorio con sangre seca
Mientras las agujas del reloj
Viajaban encogidas por la noche
Interminable.

Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953-Barcelona, España, 2003)

Poesía reunida,
Alfaguara,
Madrid, 2018









Ref.:
El País
A Media Voz
Poetas del Fin del Mundo
Buenos Aires Poetry

Foto: Arcadia

martes, mayo 21, 2019

Daniel Chirom / Leonardo y "La última cena"















Por encargo de Ludovico el Moro
deletreé durante tres años la Última Cena.
No cometí ningún error,
fue mi voluntad que Cristo y sus apóstoles
se fuesen desintegrando con el tiempo.
Estoy seguro de que cuando la cena sea nuevamente servida
otro Ludovico me encargará rehacerla
hasta que el vino vuelva a escasear.
Confío en la eterna sed del hombre.

Daniel Chirom (Buenos Aires, 1955-2008), La diáspora, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1983
Envío de Jonio González

Ref.:
Jewish Latin America
Analecta Literaria
Télam
Página 12
Blog del Amasijo
Poetas Siglo XXI

Foto: El Patagónico

lunes, mayo 20, 2019

Cesare Pavese / Ulises






Ulises

Este es un viejo sin ilusión, porque ha hecho a su hijo
demasiado tarde. Se miran a la cara cada tanto,
pero antes bastaba un cachetazo. (Sale el viejo
y regresa con el hijo que se aprieta una mejilla
y no levanta más los ojos). Ahora el viejo está sentado
hasta la noche delante de una gran ventana,
pero no llega nadie y la calle está desierta.

Esta mañana ha escapado el muchacho y regresa
esta noche. Se sonreirá burlón. A nadie
querrá decirle qué comió en el almuerzo. Tal vez
tendrá los ojos pesados y se irá a la cama en silencio:
dos zapatos embarrados. La mañana era azul,
tras las lluvias de un mes.

Por la fresca ventana
corre amargo un olor de hojas. Pero el viejo
no se mueve de la oscuridad, no tiene sueño de noche,
y querría tener sueño y olvidar cada cosa,
como en otro tiempo al regresar de un largo camino.
Para calentarse, gritaba y pegaba.

El muchacho, que está por volver, no recibe más cachetazos.
El muchacho comienza a ser joven y descubre
cada día alguna cosa y no le habla a nadie.
No hay nada por la calle que no pueda saberse
sentado frente a esta ventana, pero el muchacho camina
todo el día por la calle. No busca aún mujeres
pero ya no juega en el piso. Regresa cada vez.
El muchacho tiene un modo de salir de casa
que, quien se queda, entiende que ya no hay nada que hacer.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, Italia, 1908-Turín, Italia, 1950), Trabajar cansa / Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, Griselda García Editora, Ediciones del Dock, Cartografías, Buenos Aires, 2018
Versión de Jorge Aulicino

Ulisse

Questo è un vecchio deluso, perché ha fatto suo figlio
troppo tardi. Si guardano in faccia ogni tanto,
ma una volta bastava uno schiaffo. (Esce il vecchio
e ritorna col figlio che si stringe una guancia
e no leva più gli occhi). Ora il vecchio è seduto
fino a notte, davanti a una grande finestra,
ma non viene nessuno e la strada è deserta.

Stamattina è scappato il ragazzo, e ritorna
questa notte. Starà sogghignando. A nessuno
vorrà dire se a pranzo ha mangiato. Magari
avrà gli occhi pesanti e andrà a letto in silenzio:
due scarponi infangati. Il mattino era azzurro
sulle piogge di un mese.

Per la fresca finestra
scorre amaro un sentore di foglie. Ma il vecchio
non si muove dal buio, no ha sonno la notte,
e vorrebbe aver sonno e scordare ogni cosa
como un tempo al ritorno doppo un lungo cammino.
Per sacaldarsi, una volta gridava e picchiava.

Il ragazzo, che torna fra poco, non prende più schiffo.
Il ragazzo comincia a esser giovane e scopre
ogni giorno qualcosa e non parla a nessuno.
Non c'è nulla per strada che non possa sapersi
stando a questa finestra. Ma il ragazzo cammina
tutto il giorno per strada. Non cerca ancor donne
e non gioca più in terra. Ogni volta ritorna.
Il ragazzo ha un suo modo di uscire di casa
che, chi resta, s'accorge di non farci più nulla.

--Lavorare stanca, Einaudi, 1952

Ilustración: Temple of Apollo, 1964, Roy Lichtenstein

Blanca Varela / Flores para el oído















En todas partes hay flores
acabo de descubrirlo escuchando
flores para el oído lentas silenciosas apresuradas
flores
para el oído

caminando por la calle
que un hombre rompe con un taladro
sentí el horror de la primavera
de tantas flores
abriéndose en el aire
y cerrándose
de tantos ecos
negros rizados pétalos
arrastrándose
hasta el borde del mar de tierra
recién abierto

sé que un día de estos
acabaré en la boca de alguna flor

Blanca Varela (Lima, 1926-2009), Poesía escogida 1949-1991, selección de la autora, prólogo de Jonio González, Icaria, Barcelona, 1993

Ref.:
A Media Voz
UNAM
El Comercio
NODAL Cultura

Foto: Casa de la Literatura Peruana

domingo, mayo 19, 2019

Andrew Graham-Yooll / La huerta de tomates














Su labor (¿o fue de ella?) era inseparable de cada estío,
como sentía él,

hizo que los veranos parecieran pocos, también muchos
cuando niños.

Carpía la tierra, más luego peinaba la superficie, suave,
para cada plantín, 
             
docenas, quizás, la idea dirigida a la delicia por suceder,
con cuidado,

revolvía la superficie con vieja horquilla de jardín,
semana tras semana.

De ahí llegaba el fruto con ostentosa firmeza, grandes
duros verdes, el primer

avistaje se comunicaba con un rugir animal. Las esmeraldas,
casi perfectas esferas
                       
se lavaban, cortaban, cocinaban, para cien frascos
de sabrosa conserva.

Se le ordenaba cocinar afuera, claro, en un viejo brasero.
Mi madre opinó

que apestaba el vinagre hirviente, claro, las cocciones
hediondas ¡afuera!

bajo la cuerda de la ropa, ¡horror! que luego se lavaba
tres veces.

Con los días llegaban más colorados, firmes como pecho
de virgen, adorablemente perfumados.

Las colocaba y presentaba a mi madre en una toalla de
cocina, con estilo casi medieval.

Ella olfateaba, todos aspiraban. El aire olía
levemente terroso,

la superficie mínimamente peluda, colorado intenso, con el
gusto dulce de la fruta más fresca.

Mamá lo adoraba, mujer querida, su mente puesta en la
ensalada del siglo,

para mi padre estaba ese otro cielo, el que seguro podía
tocar y sentir.

Para él era como husmear la garganta de mi madre,
donde emanaba,

seguro, el mejor perfume del mundo.
Ella murió joven.

Aquel año los tomates se pudrieron en el suelo.

                             (Barracas, Buenos Aires, Feb. 2015 - 
                             Larroque, Entre Ríos, April  2016)


Andrew Graham-Yooll (Buenos Aires, 1944-Londres, 2019), Espanglish, Prosa Editores, Buenos Aires, 2019

Ref.:
Infobae
La Voz
Radar
Clarín
La Nación

Foto: Néstor García/Clarín

Tomato garden

His work (or was it hers?) became a summer feature, 
as did he.

Maybe the seasons were few but felt as many when we 
were small.

Dad dug the earth then hoed, gently, round the stem 
of each tiny plant,

dozens, with the mind’s eye set on the delicacy that 
would happen, gently.

Home in summer, he hoed with an old garden fork,
week after week.

So arrived the fruit with ostentatious hardness, large 
firm green ones, first

discovered with an animal grunt.  The green almost 
perfect spheres

were washed and cooked for an annual hundred jars of 
scrumptious chutney.  

He was told to cook outdoors, of course, on the old iron 
grate. Mother said 

it stank, the boiling vinegar, of course, cooking had to be 
in the back yard, 

under the laundry line, the wire, later to be cleaned 
three times.

In time came the ripe red, firm as a virgin’s breasts, 
perfumed adorably.

He had them placed in a kitchen cloth and presented, in
medieval manner, 

to my mother. She sniffed, we all sniffed, they smelled of that 
slightly dusty

minimally furry surface, intense red, with a sweet taste 
of the freshest fruit.

Mother loved it, dear woman, her mind set on the salad 
of the century,

but for Dad it was that other heaven, the one he could 
actually touch.

It  was to him like sniffing at my Mother’s throat, 
whence emanated, 

he was sure, all the best perfumes in the world. She 
died too soon. 

The tomatoes rotted in the ground that year.
                                                            
                                     (Barracas, Buenos Aires, Feb. 2015 –
                                     Larroque, Entre Ríos, April  2016)

sábado, mayo 18, 2019

Indran Amirthanayagam / Una carta abierta





















Te imaginaba feliz en estos últimos días, yo en Haiti hablando
en criollo y francés y tú sentado en el escritorio en aquella torre
de marfil leyendo y componiendo versos y ensayos. No sé cómo

decírtelo ahora. He vuelto a la lírica en español y sabes
que nuestro debate sobre el Neobarroco y la Lírica estuvo presente
hasta en mi última entrevista en Argentina. Estamos volviéndonos

famosos a pesar de la caída en picada del peso, igual que los años mozos.
Pero ten por seguro que si no hubiésemos iniciado la conversación
en aquel zócalo hace 20 años, un par de otros maudites lo hubiera hecho

y sin ningún beneficio ni para Sri Lanka ni para aquel país al lado de Dios
y de Argentina. Querido, hay otros temas --la política nos ofrece un sinfín
de quehaceres--, mas entre mis guerras inciviles y lamentos de paraísos
                                                                                                     /perdidos

nunca tendré tanta saudade, y tantas lágrimas, salvo para aquella conversación
que edificó una amistad que sobrevivirá a una elección de un neobarroco
                                                                                                  /como Papa
o la erección del muro de Tejas y de California, y a los aranceles contra
                                                                                                       /la China...

                                                                                  el 15 de mayo, 2019

[Inédito, castellano en el original]

Indran Amirthanayagam (Colombo, Sri Lanka, 1960)

Ref.:
Indran Amirthanayagam
Blanco Móvil
La Poesía Alcanza para Todos
Letras Libres
El Tapiz del Unicornio
Poetry Foundation
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: Indran Amirthanayagam por Dominic Sansoni

viernes, mayo 17, 2019

Santiago Cairo / Via Duca D'Aosta 31















Poco puedo decir de una ciudad
que me encontró ocre
entre calles como pasadizos
hechos de barro naranja y viejo

poco pienso porque estuve
detenido en el tiempo
cruzando puentes de chapa y ladrillo
por sobre un agua sucia,
milenaria, tan nada misma,

igual que yo
y una vez más
se sintió el fin del mundo
tras una vereda sin salida
una curva a la nada
pero al todo, al mar abierto
como nosotros buscando absorber
esa vida, ese mar eterno
donde buscamos nadar para siempre
como la ciudad, sin morir,
palabras como canales podridos
y llenos de algo parecido a la magia

un tren rojo por sobre agua celeste
brillando bajo un sol de tarde,
metal contra metal chirriando
de Mestre a Santa Lucía
ida y vuelta, vuelta e ida,
afueradentro

la gente en góndolas
la gente en puentes
la gente descansando
sentada en veredas
como laberintos enmohecidos
no nos mira, no existimos
ni somos nada para nadie
nada más que dos turistas
de una parte inexistente del mundo,
pero igual un encuentro,
un acento reconocido, antiguos habitantes
de mi mundo que aparecen como fantasmas
y me arrastran de vuelta a casa
tan lejos, tan real como intangible

la noche cae en un tren
entre agua podrida y calor agobiante
entre comida y sepia y celeste

la noche cae entre rostros que nos desconocen
y olvidamos para siempre.
                                                       Mestre, Venecia

 Santiago Cairo (Buenos Aires, 1989)

Nueve ciudades y una tumba blanca,
Buenos Aires Poetry,
Buenos Aires, 2019









Ref.: Buenos Aires Poetry

jueves, mayo 16, 2019

Andreas Altmann / Una historia del camino















el pasto está cortado, en la pared del fondo
de la casa se pierde un árbol.
sonoros son los pájaros, tal vez son tres.
debajo de la ventana se encuentra una mesa
sobre la mesa dos vasos, ambos colmados.
la lluvia no se diferencia.
la madera de las sillas se une
al arbusto. no puedo sentarme mucho tiempo.
quiero contar las piedras detrás del revoque
como si fueran un secreto.
comparo los nombres en la puerta.
los ojos se ven pequeños. claras
son las imágenes, las palabras difíciles
de reconocer. allí el silencio tampoco ayuda.
los pájaros de repente salen volando del árbol.
me apuro para ir. ánimo
las orquídeas acortan el camino
que me lleva por delante.

Andreas Altmann (Hainichen, Alemania, 1963), Ojos de las palabras, Aachen, Rimbaud, 2004
Versión de Silvana Franzetti

Ref.:
Literatur Port
DW
BR
Poetas Siglo XXI

Foto: Falk Bernhardt/Freie Presse

eine geschichte des weges

gras ist gemäht, an der rückwand
des hauses verliert sich ein baum.
laut sind die vögel, vielleicht sind es drei.
unter dem fenster steht ein tisch,
darauf zwei gläser, beide randvoll.
der regen unterscheidet sich nicht.
das holz aus den stühlen liegt verwachsen
im busch. lange kann ich nicht sitzen.
will die steine zählen unter dem putz
als hätten sie ein geheimnis.
ich vergleich an der tür den namen.
die augen sehen sich klein. hell
sind die bilder, die worte schwer
zu erkennen. da hilft auch kein schweigen.
aus dem baum fliegen plötzlich de vögel.
ich beeil mich zu gehen. kopf
hoch verkürzen nesseln den weg,
der an mir vorbei führt.

miércoles, mayo 15, 2019

Georg Trakl / Decadencia











Al atardecer cuando tocan a paz las campanas
Sigo de las aves el maravilloso vuelo
Que en largas bandadas como devotos peregrinos
Desaparecen en las claras vastedades del otoño.

Deambulando a través de umbrosos patios
Sueño yo en sus lúcidos presagios
Y siento que de las sabias horas no podré apartarme.
Así prosigo, por sobre nubes, tras sus viajes.

He aquí que un hálito me hace temblar ante las ruinas.
El mirlo clama entre las ramas deshojadas.
Oscilan las rojas vides entre rejas herrumbrosas.

Entretanto como un corro mortal de pálidos infantes
En torno de oscuros pozos en descomposición
Se inclinan ante el viento, enteleridas, azules ramas.

[Revista Orfeo, números 19-20, Santiago de Chile, 1966]

Georg Trakl (Salzburgo, Austria, 1887-Cracovia, Polonia, 1914), Poesía universal traducida por poetas chilenos, selección de Jorge Teillier, Editorial Universitaria, Universidad de Chile, 1996
Traducción de Walter Hoefler

Ref.:
Die Rheinische Kulturraumverdichtung
UNAM
A Media Voz
Saltana
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: Die Rheinische Kulturraumverdichtung

martes, mayo 14, 2019

Carlos Llaza / Dos poemas














Cuatro a. m., cuando canta el gallo
                    robado a Henry Shukma

es la hora en que el hombre yace
en la oscuridad de su cama mirando el techo
convencido de que debe levantarse
y de que no lo va a hacer;

la hora en que la madre reza en la cocina
para que su hijo vuelva a salvo,
se acomoda la bata y antes de volver al cuarto
eleva otra súplica a San Antonio de Padua;

la hora en que el pintor
mira por la ventana y no sabe
si le toca despertar o dormir,
decide entonces trabajar hasta el amanecer.

El gallo avienta un grito por los aires,
desde los árboles los pájaros responden.
Pronto se les unirán los perros y otros seres,
tazas de café calentarán las manos y sólo
quedará un día cualquiera.

(en Sol Negro, 22 de marzo de 2019)


Nature morte au crâne

       …The room’s smell
       sharpened with phosphorus.
       
Frente al cuadro de Cézanne,
decidió hacer con palabras
una réplica del mundo.

Empezó por la manzana;
forma de pera, brillo de tuna,
olor a fruta de cera.

Y continuó en el fracaso
noche tras noche día tras día,
flores en la cavidad del ojo.

Resolvió entonces perfilar sus letras
cortar las puntas según cada palabra —
restos de ruido aglutinados como hormigas.

Al imaginar la carne humana
ponderó los inconvenientes:

la alteración de los nervios
cuando en presencia de música.

(de Naturaleza muerta con langosta)

El epígrafe es parte del poema "Replica", de Sof Keys, por Michael Symmons Roberts. (Nota del autor)

Carlos Llaza (Arequipa, Perú, 1983)

Naturaleza muerta con langosta,
Buenos Aires Poetry,
Buenos Aires, 2018









Ref.:
Buenos Aires Poetry
El Poeta Ocasional
Digo Palabra TXT
Letras Libres

Foto: Alonso Tejada Polar/Oculta Lit

lunes, mayo 13, 2019

Pär Lagerkvist / Si crees en Dios














Si crees en dios y no existe ningún dios
entonces tu fe es un milagro aún mayor.
Es en verdad algo inconcebiblemente grande.

¿Por qué yace allí abajo en las tinieblas un ser
llamando a algo que no existe?
¿Por qué son así las cosas?
No hay nadie que oiga que alguien llama en las tinieblas.
Pero ¿por qué existe el grito?

Pär Lagerkvist (Växjö, Suecia, 1898-Lidingö, Suecia, 1974), Poesía nórdica, Francisco J. Uriz ed., Ediciones de la Torre, Madrid, 1999
Traducción de Francisco J. Uriz, Kirsti Baggethum, Mona Moltke, Pentti Saaritsa y José A. Fernández Romero
Envío de Jonio González

Ref.:
Lecturalia
The Nobel Prize
A Media Voz

Foto: Lennart Nilsson/Litteratur Magazine

domingo, mayo 12, 2019

Konstanty Puzyna / La señora Grazyna R. cierra la ventana





















En este país húmedo en el que las lluvias
suelen ser continuas e intermitentes
y después sol y de nuevo la ráfaga
(intermitente) de una ametralladora
en este país húmedo en el que por los tejados
tamborilean sin cesar balas de granizo
y de silencio, pero jamás de miedo
porque esto sería ya la histeria
y sin embargo instintivamente escondo la cabeza
tras el marco si me asomo a la ventana
acostumbrado desde la infancia a que un "bandido"
es aquél que es buscado
y no preguntes a lo tonto.

Konstanty Puzyna (Varsovia, 1929-Augustow, Polonia, 1989), Poesía polaca contemporánea, Ediciones Rialp, Madrid, 1994
Traducción de Fernando Presa González
Vía Asamblea de Palabras

Foto: Culture

sábado, mayo 11, 2019

Angela Pradelli / La Gambaro...













La Gambaro
Es viernes, la tarde está helada
en los suburbios
y mientras las dos atravesamos el jardín,
hablamos sobre la rareza de las flores
que siguen abiertas a pesar del frío.
El aire gris oscurece todo
pero esas flores fucsias están aquí,
y brillan contra la pared;

y por qué, dice ella
–pero no es una pregunta–,
por qué debería podarlas.

Adentro de la casa, el té humea
sobre la mesa
y el fuego de la chimenea
desarma
las penumbras alrededor.

Ella enciende un cigarrillo
y tira la cabeza hacia atrás.

Ya escribí mucho, dice
y dibuja volutas de humo
que tardan en desaparecer.

El mundo, dice también
mientras hace crujir en su mano
el atado vacío de cigarrillos,
el mundo es un lugar oscuro
que algunos iluminan
con gestos,
palabras,
ciertos pasos.

Cuando salimos de la casa
el aire está quieto,
pronto empezará a caer la noche suburbana,
pero entonces de dónde viene este brillo
que nos rodea mientras avanzamos.

Las matas de lavanda que bordean
el camino hacia la calle
largan un dulzor tibio
cuando las rozamos al caminar.

Es suave esa belleza
que desprenden las lavandas
como un soplo blando;
es demasiado frágil también,
y aunque nosotras sabemos
que tardará apenas unos instantes
en disolverse,
las dos atravesamos
la respiración fría del jardín
casi sin temblar,
como si camináramos
hacia la felicidad de la memoria
que nos espera a veces
del otro lado
de las cosas.
                       
                         a Griselda Gambaro

Ángela Pradelli (Buenos Aires, 1957)

La poética de la seda,
Ediciones del Dock,
Buenos Aires, 2019

Ref.:
El Desaguadero
Veintitres
Eterna Cadencia
Poémame
Anfibia

Foto: Clarín/La Voz

viernes, mayo 10, 2019

Konstanty Puzyna / Lehrjahre, herr Von Goethe, yo














Sabía mucho para nada. En geografía
siempre sacaba un diez hoy son distintos los paisajes la flora
las fronteras incluso el clima. Estudié historia
hasta que la reescribieron para hacerla legal. La ortografía
pasó por este trance tantas veces que no tiene sentido
partirse la cabeza pensando si en polaco “de verdad”
se escribe o no separado
e incluso si en alguna ocasión escribimos “de verdad”
porque quizá el término desapareció. No se viajaba mal
en el peldaño
pero para nada. Se extinguieron los viejos tranvías
con pretil sobre el peldaño y los cristales rotos
a los que nos aferrábamos como un enjambre charlatán y gris
que escapaba volando inmediatamente al grito de “¡redada!”
Apenas empezaba a crecer en los laboratorios el hongo
atómico. Era cosa de risa nuestra física
mal estudiada en las clases clandestinas de la calle Widok
en un oscuro comedor sobre un mantel de encaje. Así se
olvida fácilmente. Pero algo permanece
en la memoria: otro suéter
y el no volver la vista si al cruzar el umbral
un par de hombre con gabardina llaman a la puerta.

Konstanty Puzyna (Varsovia, 1929-Augustow, Polonia, 1989), Guijarros, Huerga & Fierro, Madrid, 1997 [Kamyki, PIW, Varsovia, 1989]
Traducción de Fernando Presa González
Envío de Jonio González

Lehrjahre: en alemán, “año de aprendizaje”.
La palabra “lapanka” [redada] designaba durante la ocupación nazi de Polonia una detención masiva e imprevista de ciudadanos a los que, posteriormente, se trasladaba a los campos de concentración y exterminio.(N. del T.)

Ref.:
Culture
Caína Bella
Asamblea de Palabras

Foto: K. Puzyna en la portada de su libro Powrot Chrystusa, Instytut Ksiazki, 2014 Amazon

jueves, mayo 09, 2019

Sun Ra / Dos poemas














Invisibilidad

Elévate suavemente de la tierra
y pon a prueba tus alas
ponlas a prueba ahora
mientras hago invisible la oscuridad.
La visibilidad del día
es la invisibilidad de la noche
así que elévate suavemente de la tierra
y pon a prueba tus alas
ponlas a prueba ahora
mientras la oscuridad es invisible.

Inmortales

El ayer
y
el mañana
son
diferentes
cuando cada uno existe en su propio ámbito
pero cuando cada mañana es
igual a cada
ayer
entonces, cada uno de esos mañanas no es
el mañana real
ya que no se trata más que de una copia
de todos los ayeres que han pasado.

Herman Poole Blount, Sun Ra (Birmingham, Alabama, Estados Unidos 1914-1993), The Immeasurable Equation. Collected Poetry and Prose, James L. Wolf y Hartmut Geerken, eds., Waitawhile, Norderstedt, 2005
Versiones de Jonio González

Ref:
Poetry Foundation
Paris Review
Pelagica
Op. Cit.
Fastra

Foto: Sun Ra, Brixton, London, 1985 David Corio/Redferns/Getty Images/Poetry Foundation

INVISIBILITY 

Rise lightly from the earth
And try your wings
Try them now
While I make the darkness invisible
The visibility of the day
Is the invisibility of the night
So rise lightly from the earth
And try your wings
Try them now
While the darkness is invisible.


IMMORTALS

Yesterdays
And
Tomorrow
Are
Different
When they exist in their own spheres
But when every tomorrow is the
Same as every
Yesterday
Then, that every tomorrow is not
The real tomorrow
Because it is only a copy of
All the yesterdays gone by.

miércoles, mayo 08, 2019

Jenny Bernal / Sobre los oficios















Incluso para ser mendigo hay que conocer bien el oficio
saber cuál es la esencia de su infortunio
buscar de los callejones el mejor espacio para resguardarse del frío
reconocerse un ser vulnerable; vestir su fragilidad de trapos viejos
ver en la mirada del otro un espejo de sus miserias.

Incluso para amar hay que conocer bien el oficio
saber cuál es la esencia de su infortunio
buscar de los callejones el mejor espacio para resguardarse del frío
reconocerse un ser vulnerable; vestir su fragilidad de trapos viejos
ver en la mirada del otro un espejo de sus miserias.

Incluso para  olvidar, perdonar…
hay que conocer el oficio.

Jenny Bernal (Bogotá, 1987), Foja de Poesía N° 340, Círculo de Poesía, Puebla, México, s/f

Ref.:
Latin American Literature Today
Claroscuro
La Otra
Marcapiel

Foto: Latin American Literature Today

martes, mayo 07, 2019

Karl Krolow / Estación muerta















Así pudo ocurrir
que, de puro silencio,
se cayesen al suelo
los retratos de los antepasados
colgados de la pared.
O que la botella de Beaujolais
se aliara
con unas peras arrugadas
para componer una naturaleza muerta.

Era la hora de las carpas
y de las moscas moribundas.

El mediodía pestañeaba
bajo el peso de los párpados.
Sí, los soplos de los corazones
se hicieron perceptibles durante algún tiempo
en el estanque de los niños marinos
que ayer habían dado allí
órdenes a sus navíos.

Antes de ayer todavía
era todo distinto.
La estación muerta
vivía aún en el olor, levemente legendario,
de la hierba.

Los retratos esperaban
desbaratados en el suelo
que alguien saliese de la pared
y los enderezase riendo a carcajadas.

Karl Krolow (Hannover, Alemania, 1915-Darmstadt, Alemania, 1999), Veintiún poetas alemanes, Visor, Madrid, 1980
Traducción de Felipe Boso
Envío de Jonio González

Ref.:
Tuerto Rey
EPdLP
Poetas del Mundo

Foto: No me Quites Paz

lunes, mayo 06, 2019

Francis Picabia / Dos poemas















Todos los oídos

Todos los oídos son sobrenaturales
mi ayuda de cámara es el pararrayo
de las buenas noticias
morir de hambre será siempre
una fuente de lamentaciones
si razonáis por encima de todo la probidad
el pan y la sal
pero no quiero fastidiaros
con su descripción 

                      (Pensées sans langage) [1919]

Los gatos que miran

Los gatos que miran a los pájaros
tienen ojos que piensan
los pájaros que miran a los gatos
tienen ojos que dudan
los míos se cierran
para meditar sobre los milagros.
                    
                       (Oui non) [1953]

[Traducciones de Aldo Pellegrini]

Francis Picabia (París, 1879-1953), La poesía surrealista, antología de Rodolfo Alonso, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1980

Ref.:
Dada Companion
Café Surrealista
Réplica 21
El Establo de Pegaso
Edition-Originale

Foto: Francis Picabia, Les Peintres Cubistes, Méditations Esthétiques, por Guillaume Apollinaire, EdEugène Figuière, París, 1913 Wikimedia Commons

domingo, mayo 05, 2019

Louis Aragon / Prejuicio


















Bailo en medio de los milagros
Mil soles pintados en el suelo
Mil amigos Mil ojos o monóculos
me iluminan con sus miradas
Llantos del petróleo en la carretera
Sangre perdida desde las cocheras

Salto así de un día a otro
redondo policromo y más bonito
que felpudo de tiro o el atrio
cuando la llama tiene color de viento
Vida oh apacible automóvil
y el alegre peligro de correr delante

Arderé con la lumbre de los faros

Louis Aragon (París, 1897-1982), Poetas del surrealismo, selección de Reynaldo Jiménez, Leviatán, Buenos Aires, 1997
Traducción de Javier Sologuren

Ref.: