martes, mayo 18, 2021

Patrick Kavanagh / Dos poemas
















Shancoduff 

Mis colinas negras nunca han visto salir el sol,
eternamente miran al norte, hacia Armagh.
La mujer de Lot no sería sal si no hubiese
sido curiosa como mis colinas negras, que son felices
cuando el amanecer blanquea la capilla Glassdrummond.
 
Mis colinas atesoran los brillantes chelines de marzo
mientras el sol busca en cada bolsillo.
Son mis Alpes y he escalado el Matterhorn
con una gavilla de heno para tres terneros moribundos
en el campo bajo el Big Forth de Rocksavage. 

El aguanieve de los vientos acaricia las barbas espinosas de Shancoduff
mientras los arrieros que se refugian en Featherna Bush
miran hacia arriba y dicen: “¿De quién son esas colinas hambrientas
que la polla de agua y la agachadiza deben haber abandonado?
¿De un poeta? Entonces, caramba, debe ser pobre”.
Oigo y, ¿acaso mi corazón no está gravemente conmovido?


Atardecer húmedo de abril 

Los pájaros cantaron en los árboles mojados
y los escuché, fue dentro de cien años
y yo estaba muerto y alguien más los estaba escuchando.
Pero me alegré de haber registrado para él
la melancolía.
 
Patrick Kavanagh (Inniskeen, Monaghan, Irlanda, 1904-Dublín, 1967), Collected Poems, Penguin Classics, Londres, 2005
Traducción de Jorge Fondebrider


Foto: Patrick Kavanagh, Dublin, 1966 (detalle) Evelyn Hofer/Getty Images

Shancoduff 

My black hills have never seen the sun rising,/ Eternally they look north towards Armagh./ Lot's wife would not be salt if she had been/ Incurious as my black hills that are happy/ When dawn whitens Glassdrummond chapel.// My hills hoard the bright shillings of March/ While the sun searches in every pocket./ They are my Alps and I have climbed the Matterhorn/ With a sheaf of hay for three perishing calves/ In the field under the Big Forth of Rocksavage./ The sleety winds fondle the rushy beards of Shancoduff/ While the cattle-drovers sheltering in the Featherna Bush/ Look up and say: "Who owns them hungry hills/ That the water-hen and snipe must have forsaken?/ A poet? Then by heavens he must be poor."/ I hear and is my heart not badly shaken?

Wet Evening in April 

The birds sang in the wet trees/ And I listened to them it was a hundred years from now/ And I was dead and someone else was listening to them. /But I was glad I had recorded for him/ The melancholy.

lunes, mayo 17, 2021

Luciana Mellado / De "El coloquio de las plantas"
















Lavanda

2.

Abandono el deseo
de abandonarlo todo.

Armo un ramo de lavanda
y recojo las sobras de cada espiga
toda molida como la fe.

Me gustan las flores apenas cortadas,
cuando su vida existe
lejos del cuidado
y las expectativas de futuro.

Miniaturas violetas,
sus despojos fragantes
se desarman adentro de mi mano.

Las huelo y florece en mí
un recuerdo que se vierte
en cada gota de agua.

La presión del riego es fuerte
como la orina de un potrillo.

Una luz modesta tiembla
entre los árboles.

La lluvia de la manguera golpea
la fragilidad de las flores pequeña


Abrojo

1.

El abrojo tiene un fruto con espinas
que se pega a la ropa y al pelo
de la gente y de los animales.

Cuando los tallos son rastreros
las púas se clavan en las piernas o las patas.

Cuando lo notamos, nos urge sacarlos,
eliminar la intrusión.

¿Qué fue la primera cosa que robaste?
¿Qué color tenía, qué textura, qué brillo?

A vos te encantaban las latas de paté,
la redondez dorada de esas monedas
llenas de hígado invisible.

A vos te gustaban las latas, no el paté.

La forma no es igual que el contenido.

¿Las plantas son una forma o un contenido?

¿Y tus ideas y tu insomnio qué cosas son?

Luciana Mellado (Buenos Aires, 1975), De lo que no Aparece en las Encuestas, 24 de abril de 2021

El coloquio de las plantas
La Ballesta Magnífica, 
Delta de San Fernando, 2021










Foto: Letralia

domingo, mayo 16, 2021

Louis MacNeice / La Sala de Lectura del Museo Británico



Debajo de la cúpula en forma de colmena, los encorvados lectores poseídos
suben y bajan por los callejones, tocan las celdas del conocimiento -
cera y miel, la acumulación de años…
Algunos por encargo, algunos por amor al estudio,
algunos porque no tienen nada mejor que hacer
o porque esperan que estas paredes de libros mitiguen
el tambor del demonio en sus oídos. 

Eruditos cascarrabias, escribidores, asolados por la pobreza,
con quevedos, sombreros de época o barbas románticas
y valorando su hobby o su condena,
algunos están muy animados y algunos dormidos
colgando como murciélagos en un mundo de valores invertidos,
plegados en sí mismos en un mundo seguro y silencioso:
esta es la Sala de Lectura del Museo Británico. 

Afuera, en los escalones, al sol, las palomas se cortejan,
hinchando sus buches y arrastrando las colas o tomando
un baño de sol a sus anchas
y bajo los tótems -el antiguo terror-
entre las enormes columnas jónicas acanaladas
se filtra de la mandíbula fuerte o del perfil aquilino de rostros extranjeros  
la tristeza gutural de los refugiados.
                                                                                                                                                                                                                                                                                      1939

Louis MacNeice (Belfast, Reino Unido, 1907-Londres, 1963), Collected Poems, Faber & Faber, 1979
Traducción de Jorge Fondebrider 

 


The British Museum Reading Room 
Under the hive-like dome the stooping haunted readers/ Go up and down the alleys, tap the cells of knowledge –/ Honey and wax, the accumulation of years …/ Some on commission, some for the love of learning,/ Some because they have nothing better to do/ Or because they hope these walls of books will deaden/ The drumming of the demon in their ears.// Cranks, hacks, poverty-stricken scholars,/ In pince-nez, period hats or romantic beards /And cherishing their hobby or their doom,/ Some are too much alive and some are asleep/ Hanging like bats in a world of inverted values,/ Folded up in themselves in a world which is safe and silent:/ This is the British Museum Reading Room. // Out on the steps in the sun the pigeons are courting,/ Puffing their ruffs and sweeping their tails or taking/ A sun-bath at their ease/ And under the totem poles – the ancient terror –/ Between the enormous fluted ionic columns/ There seeps from heavily jowled or hawk-like foreign faces/ The guttural sorrow of the refugees.   1939

sábado, mayo 15, 2021

Odile Kennel / Algo deshilachado
















algo deshilachado
sorprender el momento (ser sorprendido
por el momento), de noche
cuando se mira por la ventana
y no se ve más luz en la ciudad.

Tomar esto como prueba de
que debemos nuestras vidas
a las coincidencias: líneas que se cruzan
ángulos imprevisibles que juntos no
producen trescientos sesenta grados, ninguna
superficie, ningún cuerpo con volumen
geométrico definible.

Algo deshilachado, nuestra vida, cuando nos arriesgamos
a mirar, de noche, la ciudad
y no hay ningún rayo de luz a la vista, surgen
dibujos que recuerdan a otro
dibujo, solo que se nos escapó cuál era

pero por un momento, y solo
porque lo queremos, nos sentimos
igual a partículas del universo, un poco como
estrellas
calles
polvo
o incluso algo menos
soportable, por eso entramos
a nuestras cocinas, encendemos la luz
y tomamos nota de esto

mientras en otra
ventana en otro departamento
alguien justo sorprendió el momento
(fue sorprendido por el momento)
en el que no se veía ninguna luz y tomó
esto como prueba de que debemos nuestras
vidas a las coincidencias, en el momento
en que discurríamos en una ciudad
que por casualidad se parece a otra.

Odile Kennel (Bühl, Alemania, 1967), Oder wie heißt diese interplanetare Luft, Deutscher Taschenbuch Verlag, Múnich, 2013 Op. Cit. abril 12, 2021
Versión de Silvana Franzetti




ausgefranstes Etwas

den Moment überraschen (überrascht
werden von dem Moment), in dem nachts
beim Blick aus dem Fenster kein
Licht mehr zu sehen ist in der Stadt.

Dies als Beweis dafür nehmen
dass wir unser Leben Koinzidenzen
verdanken: sich kreuzende Linien
unvorhersehbare Winkel, die zusammen nicht
dreihundertsechzig Grad ergeben, keine
Fläche, keinen Körper mit geometrisch
bestimmbarem Volumen.

Ausgefranstes Etwas, unser Leben, wagt
man den Blick, nachts, auf die Stadt
und kein Lichtschimmer in Sicht, treten Muster
hervor, die an ein anderes Muster
erinnern, nur welches, ist uns entfallen

doch für einen Moment, und nur
weil wir es wollen, fühlen wir uns
als Partikel des Alls, etwas wie
Sterne
Straße
Staub
oder noch weniger
Aushaltbares, weshalb wir unsere
Küche betreten, Licht anknipsen
und dies niederschreiben

während an einem anderen
Fenster in einer anderen Wohnung
jemand gerade noch den Moment überraschte
(vom Moment überrascht wurde)
in dem kein Licht zu sehen war, und dies
als Beweis dafür nahm, dass wir unser Leben
Koinzidenzen verdanken, einen Gedankengang
lang in einer Stadt, die zufällig
einer anderen gleicht

viernes, mayo 14, 2021

Akiko Baba / Dos poemas





















puesto que no conozco a mi madre
no quiero ser una madre.
frente al sol
nos sonreímos la una a la otra
yo y una niña sin rostro

*

en otoño, cuando las palabras suenan
como el eco de un hacha de piedra,
un demonio dentro de mí
quiere ponerse en pie y alejarse.

Akiko Baba (Tokio, 1928), Modern Japanese Poets and the Nature of Literature, edición y traducción de Makoto Ueda, Stanford University Press, Redwood, 1983. Heavenly Maiden Tanka, edición y traducción de Hatsue Kawamura y Jane Reichhold, AHA Books, Gualala, 1999
Versiones de Jonio González


Foto: Xwhos?



Since I don't know my mother,
I won't be a mother.
Facing the sun
we smile at each other,
myself and a faceless child.

*

In the autumn when words sound
like the echo of a stone ax,
some demon in me
wants to rise up and walk away.

jueves, mayo 13, 2021

Gottfried Benn / De "Morgue y otros poemas"

















Ciclo

El solitario molar de una puta
que falleció en completo anonimato tenía una incrustación de oro.
Como por arte de magia
los otros se habían caído todos.
A ese, el cuidador de cadáveres lo extirpó lo empeñó y se fue a bailar.
Porque, dijo
sólo el polvo ha de volver al polvo.


Café Nocturno

8.24: La vida y el amor de las mujeres.
El cello apura un trago. La flauta
eructa profunda en tres tiempos: su sabrosa cena. El tambor termina de leer una novela policial.

Dientes verdes, espinillas en la cara hace señas a párpado inflamado.

Cabello grasiento
habla a boca abierta con amígdala hinchada fe, amor, esperanza cuelgan del cuello.

Bocio joven es amoroso con nariz aguileña. Compra tres cervezas para ella.

Eczema barbudo compra claveles para conmover a papada.

Bemol-menor: la Sonata Nº35. Dos ojos brillan amenazantes:
¡No salpiquen la sangre de Chopin en esta sala para que estos canallas la pisoteen!
¡Hasta aquí, Gigi! ¡Basta! -

La puerta se abre: una mujer. Desierto reseco. Marrón cananeo.

Casta. Llena de huecos. La acompaña un aroma.
Es sólo una dulce burbuja de aire que azota mi cerebro.

Tras ella, la obesidad camina con paso lento.

[1912]

Gottfried Benn (Westprignitz, Brandenburg,  Alemania,1886-Berlín, 1956)
Traducciones de Verónica Zondek

Morgue y otros poemas
,
Ediciones de la Universidad Austral de Chile,
Valdivia, Chile, 2021











Foto: Gottfried Benn, Berlín, 1955 Imagno/Hulton Archives/Getty Images/The New Republic


Kreislauf

Der einsame Backzahn einer Dirne, die unbekannt verstorben war,
trug eine Goldplombe.
Die übrigen waren wie auf stille Verabredung ausgegangen.
Den schlug der Leichendiener sich heraus, versetzte ihn und ging für tanzen.
Denn, sagte er,
nur Erde solle zur Erde werden.


Nachtcafé

8.24: Der Frauen Liebe und Leben.
Das Cello trinkt rasch mal. Die Flöte
rülpst tief drei Takte lang: das schöne Abendbrot. Die Trommel liest den Kriminalroman zu Ende.

Grüne Zähne, Pickel im Gesicht winkt einer Lidrandentzündung.

Fett im Haar
spricht zu offenem Mund mit Rachenmandel Glaube Liebe Hoffnung um den Hals.

Junger Kropf ist Sattelnase gut. Er bezahlt für sie drei Biere.

Bartflechte kauft Nelken. Doppelkinn zu erweichen.

B-moll: die 35. Sonate. Zwei Augen brüllen auf:
Spritzt nicht das Blut von Chopin in den Saal, damit das Pack drauf rumlatscht!
Schluß! He, Gigi!-

Die Tür fließt hin: Ein Weib.
Wüste ausgedörrt. Kanaanitisch braun.

Keusch. Höhlenreich. Ein Duft kommt mit. Kaum Duft. Es ist nur eine süße Vorwölbung der Luft
Gegen mein Gehirn.

Eine Fettleibigkeit trippelt hinterher.

miércoles, mayo 12, 2021

Silvina Ocampo / Escenas de Palermo
















Una mendiga imita con su cara quemada
la cara del busto de Alfonsina Storni.
Esto no impide que se pase la mañana
lavando ropa sin jabón,
con el agua de la fuente.
De las ramas de los arbustos
cuelga cuidadosamente la ropa lavada.
La ropa atada en las ramas,
parece una gigantesca floración.
Por eso la gente exclama,
no muy segura, en tono de pregunta:
“Ahora que hay menos gatos
¿no les parece que Palermo está mejor cuidado?”.
-Es claro que puede ser. Los gatos son muy limpios

Poesía inédita y dispersa, Emecé, 2001

Silvina Ocampo (Buenos Aires, 1903-1993), "Mendigos: Una antología", por Eduardo Ainbinder Op. Cit. abril 12, 2021


Foto: Silvina Ocampo fotografiada por Adolfo Bioy Casares, Buenos Aires, 1959  Tam Tam Press

martes, mayo 11, 2021

Kenneth Rexroth / La familia



















Tarde en la noche
volviendo de Melbourne
de una fiesta en Kangaroo Plains,
paramos el auto junto a una laguna negra.
El aire es inmóvil, cristalino.
Salgo, enciendo un fósforo,
y estudio el mapa de las estrellas.
Soplo el fósforo,
y por encima y adelante y debajo mío,
doble en el agua inmóvil,
millones de estrellas aparecen
que no había visto nunca antes
y que nunca volveré a ver otra vez.
Y ahí están esas dos
hijas universos de mi universo,
las Nubes de Magallanes –
dos amebas fosforescentes por encima,
y dos en el agua sin fondo.

[1974]

Kenneth Rexroth (South Bend, Estados Unidos, 1905-Santa Barbara, Estados Unidos, 1982)
Traducción de Laura Crespi

El amor es un arte del tiempo
,
Editorial Mansalva,
Buenos Aires, 2021












The Family

Late night
Coming back from Melbourne
From a party on the Kangaroo Plains,
We stop the car by a black pool.
The air is immobile, crystalline.
I get out, light a match,
And study my star map.
I blow out the match,
And overhead and before and below me,
Doubled in the unmoving water,
The million stars come on
That I have never seen before
And will never see again.
And there are the two
Daughter universes of my universe,
The Magellanic Clouds –
Two phosphorescent amoebas overhead,
And two in the bottomless water.

lunes, mayo 10, 2021

Louis MacNeice / El álbum que se cierra




I
Dublín

Ladrillo sobre ladrillo gris,
enfático bronce
sobre oscuros pedestales 
–O’Connell, Grattan, Moore–,
y los remolcadores de la cervecería y los cisnes
en la corriente con barandilla,
y los desnudos huesos de un montante
sobre una puerta hambrienta,
y el aire suave en la mejilla,
y porter fluyendo de las espitas
con espuma de crema amarilla,
y Nelson en su columna
viendo colapsar su mundo.

Ésta nunca fue mi ciudad,
no nací ni me crié aquí,
ni fui a la escuela, ni me tendrá
vivo o muerto,
pero ella todavía tiene mi mente
con su elegancia de pacotilla,
con sus suaves velos de lluvia
y con todos sus fantasmas que caminan
y con todo lo que se esconde detrás
de sus fachadas georgianas –
la guarangada y el dolor,
el glamour de su miseria,
la bravata de su habla.

Las luces bailan en el río
con un movimiento de acordeón
y el sol sale a la mañana
como azúcar perlado sobre el agua, 
y en las colinas de Wicklow la niebla
está cerca, tan cerca
como el campesinado del terrateniente,
como el irlandés del anglo-irlandés,
como el asesino está cerca en un momento 
del hombre al que mata, 
o como el momento mismo 
está cerca del siguiente momento.

No es una ciudad irlandesa,
ni tampoco inglesa,
histórica con armas y plagas,
y el renombre frío
de un fragmento de latín eclesiástico,
de una frase retorica.
Pero oh, los días son suaves,
lo suficientemente suaves para olvidar
la lección más aprendida,
la bala sobre las calles
mojadas, el trato no cumplido,
el acero detrás de la risa,
la quema de los Four Courts.*

Fuerte del danés,
guarnición del sajón,
augusta capital 
de una nación gaélica
que se apropia de todo
lo que trajo el extranjero,
me diste tiempo de pensar
y con un truco de prestidigitador
preparas la hora de la caída:
oh grisura que llegas a flor,
piedra gris, agua gris
y ladrillo sobre ladrillo gris.


* N. del T.: Sede del tribunal supremo de Irlanda, del alto tribunal de Irlanda y del tribunal central criminal de Irlanda, que, durante la guerra civil irlandesa fue bombardeado por el gobierno para expulsar a los rebeldes. En su incendio se quemaron todos los documentos y registros que allí había y que se remontaban al siglo XII.  


II
Chusendun

Fucsia y artemisa y las colinas distantes
hechas como de nubes y mar:
toda la noche la bahía es salpicada y la luna
marca la rompiente de las olas.

Caliza y basalto y una casa blanqueada
con trozos de grandes losas de piedra
y un jardín cercado con púrpura en el muro
y un pájaro que chilla por la noche.

Olvido: lámparas de latón y jarras de cobre
y pan casero y el olor a turba o lino,
y el aire un guante y el agua volviéndose fácil espuma
y campanillas en el seto.

Sólo en el cuarto verde oscuro y junto al fuego
con las cortinas corridas contra los vientos y olas
hay una cajita con una voz educada:
qué lugar para hablar de la Guerra.


III
Sligo and Mayo

En Sligo el campo era suave; había pavos
picoteando debajo de los sicomoros
y las sombras de nubes sobre las montañas desplazándose
como ganado paciendo descansado.

Y los pequeños campos distantes estaban formaban ramos de henares 
y salpicados contra una blanca
cabaña al costado de la ruta un revoltijo de tacos de reina 
inundando la vista,

Y las gallina picotean las moscas de alrededor de los ojos de las novillas 
sentadas en el barro del corral 
entre las hortensias y los zarcillos que caen 
de fucsias rojas como sangre.

Pero en Mayo las paredes derrumbadas saltaban como ranas 
sobre los páramos 
el azúcar y la sal en los pubs estaban húmedas en las ruedas 
y el agua era tan marrón como la cerveza en las orillas

de lagos desolados y roble fósil de un viejo pantano 
atascado aquí y allá 
y mientras el crepúsculo se filtraba en los brezos 
la música del agua llenaba el aire,

y cuando la noche descendía sobre el pantano
con alas envolventes  
las pilas de turba negra como el carbón se alzaban contra la oscuridad 
como las tumbas de reyes sin nombre.


IV
Galway

Oh, las tibias cruzadas de Galway,
las casas grises huecas,
la basura y las aguas residuales,
el muelle de pasto crecido
Y la draga refunfuñando 
toda la noche en el puerto:
la guerra cayó sobre nosotros aquí.

Salmón en el Corrib
meciéndose suavemente 
y el agua desenredada 
sobre el vertedero
y cien cisnes 
soñando en la bahía:
la guerra cayó sobre nosotros aquí.

La noche era alegre 
con la música de la luna,
pero Marte estaba enojado
en las colinas de Clare
y amaneció septiembre 
sobre sauces y ruinas: 
la guerra cayó sobre nosotros aquí.


V

¿Por qué, ahora ha sucedido, 
debería el reloj seguir golpeando los morillos 
y por qué los grajos debería volar a la noche 
como papel quemado en una chimenea? 

¿Y por qué el mar debería mantener su turbulencia, 
su elegancia, 
y dibujar una película de muselina sobre la arena
con cada ola que se aleja?

¿Y por qué, ahora que ha sucedido, 
debería el atlas estar todavía lleno de mapas de países 
que no volveremos a ver? 

¿Y por qué, ahora que ha sucedido,
y la fatalidad toda la noche envuelve la puerta, 
debería recordar que alguna vez te conocí,
una vez en otro mundo?

Louis MacNeice (Belfast, Reino Unido, 1907-Londres, 1963), Collected Poems, Faber & Faber, 1979.
Traducción de Jorge Fondebrider

Nota del Administrador: La primera parte de este poema, "Dublin", traducida por Jorge Fondebrider, fue publicada en este blog el 27 de abril pasado. Se vuelve a publicar para ofrecer el poema en su totalidad. 




The Closing Album
I
Dublin 
Grey brick upon brick,/ Declamatory bronze/ On sombre pedestals –/ O’Connell, Grattan, Moore –/ And the brewery tugs and the swans/ On the balustraded stream/ And the bare bones of a fanlight/ Over a hungry door/ And the air soft on the cheek/ And porter running from the taps /With a head of yellow cream/ And Nelson on his pillar/ Watching his world collapse.// This never was my town,/ I was not born or bred// Nor schooled here and she will not/ Have me alive or dead/ But yet she holds my mind/ With her seedy elegance,/ With her gentle veils of rain/ And all her ghosts that walk/ And all that hide behind/ Her Georgian facades –/ The catcalls and the pain,/  The glamour of her squalor,/ The bravado of her talk.// The lights jig in the river/ With a concertina movement / And the sun comes up in the morning/ Like barley-sugar on the water/ And the mist on the Wicklow hills/ Is close, as close/ As the peasantry were to the landlord,/ As the Irish to the Anglo-Irish,/ As the killer is close one moment/ To the man he kills,/ Or as the moment itself/ Is close to the next moment. // She is not an Irish town/ And she is not English,/ Historic with guns and vermin/ And the cold renown/ Of a fragment of Church latin,/ Of an oratorical phrase. / But oh the days are soft,/ Soft enough to forget/ The lesson better learnt,/ The bullet on the wet/ Streets, the crooked deal,/ The steel behind the laugh,/ The Four Courts burnt.//  Fort of the Dane,/ Garrison of the Saxon,/ Augustan capital/ Of a Gaelic nation,/ Appropriating all/ The alien brought,/ You give me time for thought/ And by a juggler’s trick/ You poise the toppling hour –/ O greyness run to flower,/ Grey stone, grey water,/ And brick upon grey brick.

II
Chusendun
Fuchsia and ragweed and the distant hills/ Made as it were out of clouds and sea:/ All night the bay is plashing and the moon/ Marks the break of the waves.// Limestone and basalt and a whitewashed house/ With passages of great stone flags/ And a walled garden with plums on the wall/ And a bird piping in the night.// Forgetfulness: brass lamps and copper jugs/ And home-made bread and the smell of turf or flax/ And  the air a glove and the water lathering easy/ And convolvulus in the hedge.// Only in the dark green room beside the fire/ With the curtains drawn against the winds and waves/There is a little box with a well-bred voice:/ What a place to talk of War.

III
Sligo and Mayo

In Sligo the country was soft; there were turkeys/ Gobbling under sycamore trees/ And the shadows of clouds on the mountains moving/ Like browsing cattle at ease.// And little distant fields were sprigged with haycocks/ And splashed against a white/ Roadside cottage a welter of nasturtium/ Deluging the sight,// And pullets peckins the flies from around the eyes of heifers/ Sitting in farmyard mud/ Among hydrangeas and the falling ear-rings/ Of fuchsias red as blood.// But in Mayo the tumbledown walls went leap-frog/ Over the moors/ The sugar and salt in the pubs were damp in the casters/ And the water was as brown as beer upon the shores// Of desolate loughs, and stumps of hoary bog-oak/ Stuck up here and there / And as the twilight filtered on the heather/ Water-music filled the air, //And when night came down upon the bogland/ With all-enveloping wings/ The coal-black turfstacks rose against the darkness/ Like the tombs of nameless kings.

IV
Galway

O the crossbones of Galway, / The hollow grey houses, / The rubbish and sewage, / The grass-grown pier, / And the dredger grumbling / All night in the harbour: / The war came down on us here.// Salmon in the Corrib / Gently swaying / And the water combed out / Over the weir / And a hundred swans / Dreaming on the harbour: / The war came down on us here.// The night was gay / With the moon’s music / But Mars was angry / On the hills of Clare / And September dawned / Upon willows and ruins: / The war came down on us here.

V

Why, now it has happened,/ Should the clock go on striking to the firedogs/And why should the rooks be blown upon the evening/ Like burnt paper in a chimney?// And why should the sea maintain its turbulence,/ Its elegance,/ And draw a film of muslin down the sand/ With each receding wave?// And why, now it has happened,/ Should the atlas still be full of the maps of countries/ We never shall see again?// And why, now it has happened,/ And doom all night is lapping at the door,/ Should I remember that I ever met you –/ Once in another world? 
                                                                                                              Agosto-Septiembre, 1939

domingo, mayo 09, 2021

Marcelo Leites / Como si tal cosa



















Como si un viento huracanado te llevase
como si tu voz se perdiese
en el blanco oscuro de la página
como si tu respiración moviera los pies
como si las hojas ocres de los árboles
que caen fueran un reflejo de tu cara
como si creer en el sol de la mañana
fuera sólo la perspectiva de la noche
como si las manos que acarician, las manos
que toman, las manos que dan, fueran sólo
dedos moviéndose sin control
como si el barro que transforma la calle
después de la lluvia no tuviera otra
significación más que una calle
en la que no camina nadie
como si cada vez que escuchamos una canción
siempre pensáramos en lo que fuimos
o quisiéramos ser, más  
que en lo que somos
como si la música no tuviera otro sentido
más que el de hacerte volver tu corazón
hacia adentro, hacia una zona desconocida
de vos mismo
como si no hubiera otra cosa más que un tenue
resplandor en la oscuridad
como si la casa donde dormís
se hubiera convertido en la caja de resonancia
de tus miedos inconfesables
como si no tuvieras otro argumento más 
convincente que una escritura en el vacío
como si cada uno de tus pasos tuviera
la gracia de un bailarín
como si el aire que ahora mueve
las hojas del aguaribay
atravesara cada uno de los poros de tu piel
como si las flores que cortaste del jardín
permanecieran vivas en el jarrón
como si la ambrosía del vino 
bastara para unir a todos los poetas
como si una música se repitiera en una cinta
sin fin
y no hubiera modo de detenerla
como si las gotas que caen afuera
también cayeran adentro
como si la conversación se perdiera
en un murmullo lejano intrascendente
como si el silencio fuera una respuesta
como si el rocío de la madrugada
te permitiera respirar el olor del campo
como si alguien te abrazara 
y el mundo adquiriera otro sentido
como si lo que ves afuera
se correspondiera con lo que ves adentro
como si este poema fuera una piedra
haciendo círculos concéntricos en el agua
como si eso, 
como si todo eso
como si nada
como si blanco
como si negro
como si gris
como si adentro
como si afuera
como si lo único que hubiera
fuera una voz perdida en las palabras.

Marcelo Leites (Concordia, Argentina, 1963), Adentro y afuera, Barnacle, Buenos Aires, 2019


sábado, mayo 08, 2021

María Gainza / De "Un imperio por otro"


















La abuela

Esto me lo contó Beatriz 
y no sé si es verdad
pero es en ese “quizás” 
donde las cosas se vuelven
interesantes.
Cuando su abuela 
empezó a envejecer 
se encerró en su departamento 
de la calle Lafinur custodiada 
por la boisserie y los candelabros 
de plata.
No volvió a salir. 
Si su nieta iba a visitarla
la esperaba en cama 
entre sábanas limpias de algodón.
Acercáte, chiquita, no seas tímida.
Beatriz, con sus manos apretando la falda 
de su vestido de organza y los ojos fijos 
en los arabescos de la alfombra, 
daba unos pasos hacia ella.
La anciana recorría con dedos anudados
el rostro fresco en busca de imperfecciones.
Maldita juventud, murmuraba 
entre dientes y apretaba los labios 
hasta hacerlos desaparecer


Una misa

Adentro se celebra una misa, 
“¿cuándo tocan la campana, mamá?”,
pregunta y balancea su vestido rosado.
Salta de una lápida a otra,
con la delgada pierna izquierda
recogida como flamenco,
pisando sin pudor los nombres 
grabados en la piedra
toc toc toc,
de las cosas tristes
siempre queda
un ruido de fondo


Un punto fijo

Imaginá que con la última luz del día
un colibrí picotea 
el vidrio de tu ventana.
Sus alas furiosas abanican
el aire tibio, su cuerpo azulado
se sostiene en un punto fijo.
Imaginá entonces 
que el silbido de la pava 
hace estallar en pedazos la visión
cuando ésta más urgente parecía,
y que vos mecánica 
apagás el fuego 
hasta que todo enmudece 
y algo dentro tuyo 
vuelve a comprimirse 
a su tamaño habitual

María Gainza (Buenos Aires, 1971)

Un imperio por otro,
Mansalva,
Buenos Aires, 2021










viernes, mayo 07, 2021

Yannis Ritsos / De "La casa muerta"
















(De toda la familia, quedaron sólo dos hermanas, y una de ellas enloqueció.
Imaginó que su casa había sido trasladada cerca de la antigua Tebas o, más bien,
a Argos. Confundía la mitología, la historia y su vida privada, el pasado y el
presente, no el futuro. Sólo eso. Más tarde volvió en sí. Y es ella la que me hablaba
esa tarde que les traje un mensaje de su padre, desde el extranjero. La otra no se
hizo presente en absoluto. De vez en vez, solamente, se escuchaba un suave 
caminar con pantuflas en el cuarto contiguo, mientras la mayor hablaba.)


(Fragmentos)

en otros días, en bodas, en bautizos, en fiestas, en cumpleaños, 
en días de triunfo y glorias, cuando el mensajero lleno de polvo 
caía acezando en esta escalera 
y besaba el mármol y lloraba 
y anunciaba con una voz varonil, algo ronca, 
extraña en la resaca de su postrer sollozo;

y los sirvientes de la casa y algunos viejos de paso 
escuchaban apretujados en la columnata 
y las sirvientas en las puertas con sus delantales levantados hasta los ojos 
y nuestra madre, la patrona, en el medio del zaguán 
y la nodriza a su lado como encina quemada por el rayo 
y más allá el institutor, amarillo como cera entre su rala barba, 
todo entero como una mano sin carnes, agarrada a las cuerdas de un arpa 
y las niñas pequeñas inmóviles en las ventanas, 
escondidas detrás de sus sueños y de sus sospechas, 
escuchando y no entendiendo, 
observando la bella inclinación de la rodilla del mensajero, 
su joven barba castaña y sus negros cabellos, 
rizados y costrosos por el sudor y el polvo 
y una rama de espino enganchada en su túnica – De modo 
que los bosques caminan y las mesas se levantan como caballos en sus dos patas, 
y los trirremes pasan por encima de los árboles con el crepúsculo 
y los remeros se inclinan y se yerguen se inclinan y se yerguen, se inclinan 
     y se yerguen,
por cierto, al ritmo del amor; y los remos 
son mujeres desnudas colgadas de sus cabellos 
que palpitan y se agitan brillando dentro del mar 
hasta que tras los trirremes se marca la espuma de la 
     galaxia. De modo que entonces – 


El mensajero anunciaba la brillante victoria 
entremedio de mil y tantas muertes  – aparte de los heridos –  
anunciaba en fin, la llegada del Señor 
con mucho botín y banderas y carros y esclavos 
y una herida en medio de la frente – decía – 
como un nuevo, excelso ojo, desde donde vigilaba la muerte, 
y ahora el Señor veía hasta dentro de las entrañas 
de los paisajes, de las cosas, de los hombres, 
como si todo fuera de vidrio transparente y leía libremente 
el ritmo de nuestra sangre, nuestros deseos, nuestro destino, 
las venas de oro que fluyen en las piedras, 
y la ramas del carbón extendidas en la oscuridad subterránea 
y los nervios plateados del agua ramificados dentro de las rocas 
y los pequeños calofríos de la culpa bajo las ropas y la piel.

Todos oían (igual nosotros) como petrificados, 
inquietos todos y curvados y sin lágrimas 
como si fueran ya de vidrio 
y todos los vieran y se vieran ellos a sí mismos 
con su desnudo esqueleto en el vidrio, también de vidrio, 
frágil, sin refugio alguno ya. Y sin embargo

en esta total ausencia de resguardo, 
en esta mortal debilidad, 
en esta transparencia sin sombras

se sentían de pronto apaciguados, desarmados 
en la infinitud de la transparencia, también ellos infinitos, 
como inmaculados en medio del pecado general, 
todos como hermanos en soledad general de la enemistad recíproca, 
como armados de lo inerme del hombre, 
bella y gentilmente vestidos de la desnudez universal.


(...)

Una lechuza voló bajo, sobre el atrio, 
a pesar de que aún era temprano en la tarde – 
no había anochecido y la sombra de la lechuza se marcó indeleble, 
exactamente sobre la entrada (aún existe). Las sirvientas corrieron adentro. 
La señora olvidó engalanar a sus hijos. Entró al baño. 
Lo llenó de agua caliente y no se lavó. Al poco 
se encerró en su cuarto y se pintó al espejo 
roja, roja, púrpura, como máscara, como muerta, como estatua, 
como asesina o como ya asesinada. Y el sol se ocultaba a lo lejos 
amarillo y encendido como adúltero coronado, 
como usurpador dorado de un poder ajeno, 
salvaje en su cobardía y temible en su miedo, 
mientras sonaban desquiciadas las campanas en todo el país


(...)


Por las noches si una mujer se atrasaba 
lavando aún en el río y se oía el golpe del palo 
sobre los tejidos blandos, empapados, nadie decía 
que un cuchillo se entierra en la carne 
ni que cierran una trampa secreta 
ni que lanzan por la ventana norte un cadáver al foso – simplemente decían 
que un palo golpea en la ropa 
además por el sonido distinguían 
si era lana o algodón o lino el género
 y sabían que una mujer  blanqueaba la dote de su hija 
se imaginaban además el día de la boda 
la palidez del novio el rubor de la novia 
el entramado de los dos cuerpos casi incorpóreos por el  velo de tul de la cama, 
que mueve el aire de la noche. Tantos detalles 
y tanta exactitud (¿no es acaso muestra de equilibrio?) 
junto a esta sensación de lo indispensable, 
como si hubiese sido necesario aquello que ocurrió y lo que luego sucedió – 
la sensación de lo inexorable y lo irresponsable y aún incluso
una vena de música que late en el aire 
y la oyes de nuevo y la oyes de nuevo y no sabes

dónde se encuentra – ¿un poco más arriba de los árboles? 
¿bajo los solitarios bancos del parque? 
¿adentro de ese baño? ¿encima del río rojo? 
o en la cerrada armería del padre con los trofeos de tantas guerras vanas 
o en las sandalias vacías del hermano mayor que hace años está ausente en los barcos,
     tripulante, 
y que quién sabe si jamás volverá 
o en los cuadernos de dibujo del hermano menor que dejó ya de escribirnos 
     desde el sanatorio, 
o en el guardarropía de nuestra infeliz madre 
con los largos, vestidos blancos llenos de pliegues y las anchas fíbulas labradas – 

(a menudo, desde la ventana, por las noches, vi los vestidos 
caminando solitarios debajo de los árboles 
livianos, ondeando como sombras del claro de luna y detrás 
de su blanco vaho, detrás de su pálida ondulación, 
distinguía la fuente seca con el delfín de bronce 
curvado en un postrer brillo de fuga – aquella transparencia, de vidrio, 
     que no dejaba estigmas de remordimiento ni memoria 
porque la memoria también es inútil en una constante ausencia 
     o presencia). En todo caso

esa vena de música se oía en todas partes y ni siquiera sabes 
por qué eres feliz, qué es la felicidad; sólo distingues 
aquello que nunca te importó y ni siquiera viste 
liberado empero de su peso. Ni al mensajero conocíamos, 
ni el asesinato, ni las aterradas sirvientas que corrían 
y era yo una de las dos muchachas que estaban en las dos ventanas 
y que miraba las dos hijas como abajo de la escalera o del camino, 
más o menos desde el lugar del mensajero o desde el lugar de la sirvienta más pequeña, 
yo que estaba siempre en la ventana; (a menudo envidiaba a las sirvientas 
por su bella insolencia, astucia, su buen ánimo y su libertad, 
aquella libertad profunda de la esclavitud que te libera 
de iniciativas y decisiones – las envidiaba).

[1949]

Yannis Ritsos (Monemvasía, Grecia, 1909-Atenas, 1990), La casa muerta, Lom, Santiago de Chile, 2017
Traducción de Pedro Vicuña


jueves, mayo 06, 2021

Hernán Miranda / Dejo a la luna girando alrededor de la tierra




















Dejo a la luna girando alrededor de la tierra
Y las estrellas iluminando el cielo
Igual como lo hicieron hace un millón de años
Dejo el océano siempre en movimiento
Los ríos depositando su agua en el mar
Y los volcanes explotando por aquí y por allá
Dejo a las ciudades
En riesgo de desaparecer o ser absorbidas por otras
Que vendrán a ocupar el espacio disponible 

Dejo los días de la semana transcurriendo inmutables
Los bosques en extinción inexorable 

Dejo el sol que alumbrará por millones de años
Hasta convertirse en una estrella amarilla
Y terminar como una roca muerta 

Dejo a la sonda Voyager 1 navegando
En dirección a la constelación de Ofiuco
Que en 40 mil años más se acercará a la estrella
AC +79 3888
Aunque no sabemos qué será entonces de nuestro planeta 

En cuanto a la Voyager 2
Me aseguran que
En unos 296 mil años pasará a la cuadra de Sirius
La estrella más brillante del cielo
Y no se descarta que en su trayecto
Voyager 2 sea avistada por seres inteligentes
Con los que seguramente nunca nos podremos comunicar
 
Dejo a mi corazón latiendo hasta
Tanto la enfermedad de Chagas lo permita
Y el recuerdo de viejos amores permanezca intacto…

Hernán Miranda (Quillota, Chile, 1941), Plaquettes de la Cuarentena, Ediciones Tácitas, Santiago de Chile, 2020. Vía Cine y Literatura


Foto: Hernán Miranda en la portada de Bar abierto, Ediciones UDP, Santiago de Chile, 2014

miércoles, mayo 05, 2021

Octavio Paz / Himno entre ruinas



                                    donde espumoso el mar siciliano…
                                                                              Góngora

Coronado de sí el día extiende sus plumas.
¡Alto grito amarillo,
caliente surtidor en el centro de un cielo
imparcial y benéfico!
Las apariencias son hermosas en esta su verdad
momentánea.
El mar trepa la costa,
se afianza entre las peñas, araña deslumbrante;
la herida cárdena del monte resplandece;
un puñado de cabras es un rebaño de piedras;
el sol pone su huevo de oro y se derrama sobre el mar.
Todo es dios.
¡Estatua rota,
columnas comidas por la luz,
ruinas vivas en un mundo de muertos en vida!

Cae la noche sobre Teotihuacan.
En lo alto de la pirámide los muchachos fuman marihuana,
suenan guitarras roncas.
¿Qué yerba, qué agua de vida ha de darnos la vida,
dónde desenterrar la palabra,
la proporción que rige al himno y al discurso,
al baile, a la ciudad y a la balanza?
El canto mexicano estalla en un carajo,
estrella de colores que se apaga,
piedra que nos cierra las puertas del contacto.
Sabe la tierra a tierra envejecida.

Los ojos ven, las manos tocan.
Bastan aquí unas cuantas cosas:
tuna, espinoso planeta coral,
higos encapuchados,
uvas con gusto a resurrección,
almejas, virginidades ariscas,
sal, queso, vino, pan solar.
Desde lo alto de su morenía una isleña me mira,
esbelta catedral vestida de luz.
Torres de sal, contra los pinos verdes de la orilla
surgen las velas blancas de las barcas.
La luz crea templos en el mar.

Nueva York, Londres, Moscú.
La sombra cubre al llano con su yedra fantasma,
con su vacilante vegetación de escalofrío,
su vello ralo, su tropel de ratas.
A trechos tirita un sol anémico.
Acodado en montes que ayer fueron ciudades,
Polifemo bosteza.
Abajo, entre los hoyos, se arrastra un rebaño de hombres.
(Bípedos domésticos, su carne
-a pesar de recientes interdicciones religiosas-
es muy gustada por las clases ricas.
Hasta hace poco el vulgo los consideraba animales impuros.)

Ver, tocar formas hermosas, diarias.
Zumba la luz, dardos y alas.
Huele a sangre la mancha de vino en el mantel.
Como el coral sus ramas en el agua
extiendo mis sentidos en la hora viva:
el instante se cumple en una concordancia amarilla,
¡oh mediodía, espiga henchida de minutos,
copa de eternidad!

Mis pensamientos se bifurcan, serpean, se enredan,
recomienzan,
y al fin se inmovilizan, ríos que no desembocan,
delta de sangre bajo un sol sin crepúsculo.
¿Y todo ha de parar en este chapoteo de aguas muertas?

¡Día, redondo día,
luminosa naranja de veinticuatro gajos,
todos atravesados por una misma y amarilla dulzura!
La inteligencia al fin encarna,
se reconcilian las dos mitades enemigas
y la conciencia-espejo se licua,
vuelve a ser fuente, manantial de fábulas:
Hombre, árbol de imágenes,
palabras que son flores que son frutos que son actos.

[1948]

 Octavio Paz (Ciudad de México, 1914-1998), La centena, Barral Editores, Barcelona, 1969


Foto: Octavio Paz frente al Parlamento español, 1982 Kim Llenas/Cover/Getty

lunes, mayo 03, 2021

Marina Ivánovna Tsvetáyeva / De "El alumno"

















Todo el esplendor
De las chimeneas - no es sino un murmullo
De la yerba - frente a Ti.

Todo el esplendor
De las tempestades - no es sino un gorjeo
De pájaros frente a Ti.

Todo el esplendor
De las alas - no es sino un temblor
De párpados - frente a Ti.

                                23 de abril de 1921

Marina Ivánovna Tsvetáyeva (Moscú, 1892-Yelábuga, Rusia, 1941), Poemas sueltos, Colección El Oro de los Tigres III, Universidad de Nuevo León, México, 2011
Versiones de Selma Ancira y Francisco Segovia


domingo, mayo 02, 2021

Tennessee Williams / Dos poemas


















Problema

Los muertos habitan una ciudad tan atestada
que los alquileres que pagan deben de ser extremadamente altos;
no veo el modo de que nosotros, la clase trabajadora,
resolvamos nuestro problema de vivienda cuando muramos.
Por supuesto, es posible que se nos dé 
cierta oportunidad de decidir dónde moraremos,
de elegir entre las pobres habitaciones del cielo
o los modernos y encantadores chalets del infierno.


Después de una visita

Los pétalos del cosmos
han caído del florero
y la tarde es la negación
de todo lo que fue la mañana...
El olor del té con limón,
y un ángulo de una silla
permanecen como tu única señal
contra el aire cada vez más oscuro.

Tennessee Williams (Columbus, Estados Unidos, 1911-Nueva York, Estados Unidos, 1983), The Collected Poems of Tennessee Williams, David Roessel y Nicholas Moschovakis, eds., New Directions, Nueva York, 2002
Versiones © Jonio González




PROBLEM

The dead inhabit such a crowded city
The rents they pay must be extremely high;
I do not see how we, the working classes,
Will solve our housing problem when we die.
Of course, it's possible that we'll be given
Somo Chance to arbitrate where we shall dwell,
To choose between the tenements of heaven
Or charming modern cottages in hell.

AFTER A VISIT

The petals of the cosmos
Are fallen to the vase;
And evening is denial
Of all that morning was …
The smell of tea and lemon.
And an angle of a chair
Remain your only signature
Against the darkening air.

sábado, mayo 01, 2021

Marcelo Rizzi / Versiones sánscritas



  















      Devas adadāt datás, Devas dat dhānās.
      ("Dios nos dió dientes, Dios nos dará el pan")


Estos versos serán algún día traducidos 
al sánscrito, lo sé. Donde dice centinelas 
dirá probablemente soldados. En donde 
se menciona un sueño dirán: fragmento 
del alma que se desvía de su río original.
En piel de animal que al sol se la deja secar, 
un mapa deseado para este arrabal del mundo.
Dirán que toda lengua recrea su propio espejo, 
donde cada día admira y niega a la vez su propia 
convexidad. Lo dirán con una nube de signos 
que creeremos un sintagma, en un bello trazo 
manuscrito: un caracol que sigue el sendero 
de su baba, de brillo infinito y estelar, frutas 
ya maduras en un huerto del Punjab.

[inédito]

Marcelo Rizzi (Rosario, Argentina, 1961)


viernes, abril 30, 2021

Jim Harrison / Una variación sobre Machado
















Me inquieta mucho el sufrimiento
de Machado. Yo sólo tenía un año cuando cruzó
con su madre la frontera entre España y Francia
en medio de una tormenta. Ella murió y él también
pocos días más tarde en una pensión junto a un canal seco.
Para cargar con su Madre abandonó su mochila
llena con sus últimos años de poesía.
He viajado a Collioure varias veces
para buscar la mochila perdida de Machado.
Los franceses le dieron de comer pero no pudieron salvarlo.
No existe camino verdadero hacia una muerte -
descubrimos el camino caminando.
Doblamos la esquina en una calle que no existe
y hay una casa en una verde colina
con mil pájaros multicolores volando en círculo.
¿Los poemas están en el sótano de la casa o en la colina?
Lo descubriremos si recordamos la tierra.

Jim Harrison (Grayling, Estados Unidos, 1937-Patagonia, Arizona, Estados Unidos, 2016), Dead Man´s Float, Copper Canyon Press, Port Townsend, 2016
Versión © Jonio González




A VARIATION ON MACHADO

I worry much about the suffering
of Machado. I was only one when he carried
his mother across the border from Spain to France
in a rainstorm. She died and so did he
a few days later in a rooming house along a dry canal.
To carry Mother he abandoned a satchel
holding his last few years of poetry.
I've traveled to Collioure several times
to search for Machado's lost satchel.
The French fed him but couldn't save him.
There's no true path to a death —
we discover the path by walking.
We turn a corner on no road
and there's a house on a green hill
with a thousand colorful birds sweeping in a circle.
Are the poems in the basement of the house on the hill?
We'll find out if we remember earth at all.