jueves, septiembre 30, 2010

Martha Kornblith / Pendiente




Por eso dedicamos nuestros libros...

Por eso dedicamos nuestros libros
a los muertos.
Porque tenemos la vana convicción
de que nos escuchan.
Nosotros, cómplices de oficios
menos inocentes,
creemos que seremos dioses
en otros mundos
porque pensamos que la felicidad
es la distancia del milagro
cuando soñamos con una palabra,
cuando vemos alzarse los aviones.

Por eso me volví poeta
porque pasa lento el tiempo en soledad.
¿No es apenas un peligroso instante
lo que sostiene nuestra cordura?
¿No depende la locura
de nuestra única, frágil, cuerda?
¿No pende ella de un solo término,
del preciso término
aquel que nos salva
o nos condena?

Martha Kornblith (Lima, 1959-Caracas, 1997), Gina Saraceni, En-obra. Antología de la poesía venezolana 1983-2008, Editorial Equinoccio, Caracas, Venezuela

Foto: Martha Kornblith Herederos Del Kaos/Homenajes

lunes, septiembre 27, 2010

Moya Cannon / Tren





El tren

El terraplén del ferrocarril a nuestra izquierda
traza una línea verde a través de las piedras sueltas y el brezo agrisado
Una vía espectral lleva a un tren spectral
al oeste desde Letterkenny a Burtonport.
En uno de los asientos de tabla está sentada
una joven de catorce años seria y de Tyrone
de cabello fino, lacio, rojizo.
El tren resopla y rechina encima de nuestras cabezas
sobre altos pilares de piedra
que bordean la parte más angosta del camino.

Está yendo a aprender irlandés a Ranafast
en mil novecientos veintinueve.
El tren de trocha angosta avanza humeando tan despacio
que ella puede tocar
y arrancar las hojas del árbol ocasional que pasa.
Su amiga sostiene el sombrero fuera de la ventana con un dedo
haciéndolo girar distraídamente una y otra vez,
hasta que sale volando y aterriza entre las piedras.

Mi madre no sabe que el ferrocarril fue construido
por hombres que creían que el tren ya estaba presente
en la profecías de Colmcille
como un cerdo negro que resopla por el barranco.
No puede profetizar, así que no sabe
que su padre habrá muerto en tres años,
ni que conocerá a su marido
y pasará su vida adulta
al oeste de esas colinas de granito redondeadas.

Dentro de setenta y cinco años
una de sus hijas la llevará
debajo de ese puente desaparecido
y fuera de Donegal
una última vez.
Lo único que sabe es que está yendo a Ranafast
y que el tren está yendo muy despacio.

Moya Cannon (Dunfanaghy, Donegal, 1956)
Versión de Jorge Fondebrider


The train

The railway embankment to our left
drives a green line through scree and grizzled heather.
A ghost track carries a ghost train
west from Letterkenny to Burtonport.
On one of the slatted wooden seats sits
a serious fourteen-year-old from Tyrone
with fine, straight, reddish hair.
The train huffs and clanks over our heads
across tall, cut-stone pylons
which flank the narrowest part of the road.

She is travelling to Irish college in Ranafast
in nineteen twenty-nine.
The narrow-gauge train steams along so slowly
that she can reach out
and pull leaves off the occasional, passing tree.
Her friend holds her hat out of the window
and swizzles and swizzles it around, absent-mindedly,
until it spins off and lands amid the scree.

My mother does not know that the railway line was built
by men who believed that the train was foreseen
in the prophecies of Colmcille
as a black pig snorting through the gap.
She cannot prophesy, so she does not know
that her father will be dead within three years,
or that she will meet her husband
and will spend her adult life
west of these rounded, granite hills,

or that, in seventy-five years time,
one of her daughters will drive her
under this disappeared bridge
and out of Donegal
for the last time.
All she knows is that she is going to Ranafast
and that the train is travelling very slowly.


Ilustración: Train at Night, c.1890, Lionel Walden

Mario Trejo / Poema de amor



El doble fondo de tus ojos

De pronto callaron las voces
El viento nos dejaba sordos
El mar se detuvo de pronto
La ola cubrió el horizonte

Un caballo cruzó al galope
El doble fondo de tus ojos
Los días se hicieron más cortos
La vida transcurrió de noche

Sería imposible repetirla
Esa temporada en el invierno
Premonitoria de desastres

Pero fue vida todo es vida
Amor cierto días inciertos
Distancia eterna de este viaje

Mario Trejo (Buenos Aires, 1926-2012), Los pájaros perdidos. Poemas de amor, Ediciones Continente, Buenos Aires, 2010

Ilustración: Pequeño paisaje de invierno con esquiadores, 1924, Paul Klee

Sergio Bizzio / Subir y bajar




Subir es más viejo que bajar

Hay que reconocer que subir es más viejo que bajar,
pienso mientras me hundo
en el recuerdo de algo feliz y tan menor
que podría dedicarle la vida a su veneno:
escribir, leer, abandonarse, bebiendo, y ocasionalmente
girar la cabeza sobre un hombro y preguntar “¿qué?”
con los ojos apenas entreabiertos.
La casa es linda, hay tiempo para todo.
El equipo suena bien.
Hacemos lo que nos gusta hacer.
Y de pronto no pasa nada.
Ninguna garra se apoya sobre mi hombro.
Por más que lo intento
no puedo decir que alguien me sacude,
ni que abro los ojos y la veo a ella,
la que me odia, la que me amó.

Sergio Bizzio (Villa Ramallo, 1956), Te desafío a correr como un idiota por el jardín, Ed. Mansalva, Buenos Aires, 2008
XVIII Festival de Poesía de Rosario

domingo, septiembre 26, 2010

Igor Barreto / Gallo




Ladrón de gallos

Mi vecino floricultor
me ha robado un ave muy preciada.
Se trata de un gallo color tabaco
que pastaba en una jaula
al fondo del segundo patio de la casa.
No hice ningún reclamo,
simplemente no me atreví.
Cada madrugada caminé furtivo
por la carretera de tierra
que bordea nuestras casas
y acercándome a la suya
escuché de nuevo cantar mi gallo.
Es un ave que canta como el Ángel Gabriel
espantando las sombras,
con cuatro inflexiones musicales bien marcadas.
Este modesto ritual
se prolongó por tres noches.
Tres veces aguardé el amanecer
anhelando escucharlo.
Mi vista y mi oído
se aguzaron de tal manera
en aquel último gesto
de pertenencia sobre el ave,
que sentí,
que la deuda estaba saldada.

Igor Barreto (San Fernando de Apure, 1952), XVIII Festival de Poesía de Rosario

sábado, septiembre 25, 2010

Jorge García Sabal / Dos poemas




Sitio

Hice bien.
Esta noche tapé la jaula de los pájaros,
dejé sin luz a los peces que dormían
cautivos de un solo ojo, eché
por la escalera, junto con su última vida,
al gato.
Hice todo bien.
Ahora estoy solo y Billie Holiday me dice,
hamacándome, la voz llena de pasto y agria,
un cuento para dormir, un sueño. Ella
dice y cuenta cosas que conozco, hamacándome,
suave, solos.

Ahora amanece, es el día de siempre.
Me hamaco. Estoy solo. Hice bien, todo bien.


Todo está por ocurrir y nada es cierto

Todo está por ocurrir y nada es cierto.
Hay aquí zarcillo y calas y violetas
y juncos y árboles altos y raíces
secas alzadas de la tierra, devoradas,
inhóspitas, estirándose al aire, a nada.
Y también frutas y frutos que van y vienen,
puntuales en la sequía, puntuales
en su primitivo ardor. Y también hay aquí
algo que no ocurre, algo, alguna cosa,
cualquiera, que no da paso al ocurrir
y no está bien ni mal: sólo no ocurre.

En fin, quería decir que no hay violetas
ni juncos ni plantas de nada ni sequía
ni ardor. Este lugar es sólo el lugar
del no ocurrir: un sueño aturdido
de voces, raíces, gestos contra la muerte.

Jorge García Sabal (Balcarce, 1948-Buenos Aires, 1996), 200 años de poesía argentina. Selección y prólogo de Jorge Monteleone, Editorial Alfaguara, Buenos Aires, 2010

Ilustración: La cantante de jazz, Johanna Kriesel

viernes, septiembre 24, 2010

John Keats / Lo que dice el tordo...




Dice el tordo

(Líneas en una carta a John Hamilton Reynolds)

¡Oh tú cuyo rostro ha probado el viento del Invierno,
Cuyos ojos vieron las nubes de nieve colgadas en la niebla
Y las copas oscuras de los olmos entre astros helados!
Para ti será la primavera tiempo de cosecha.
¡Tú, cuyo único libro ha sido la luz
De la suprema tiniebla que alimentas
Noche tras noche cuando Febo está lejos!
Para ti la primavera será triple alborada.
No te inquietes después de la sabiduría. No tengo ninguna
Y sin embargo mi canción acude, natural y cálida.
No te inquietes después de la sabiduría. No tengo ninguna
Y sin embargo el atardecer escucha. Aquel que se acongoja
Al pensar en la ociosidad no puede ser ocioso
Y está despierto aunque crea que duerme.


John Keats (Londres, 1795-Roma, 1821), Robin Hood y otros poemas, versiones de Jorge Aulicino, Selecciones de Amadeo Mandarino, Buenos Aires, 2001


What the Thrush Said

Lines From A Letter To John Hamilton Reynolds

O thou whose face hath felt the Winter’s wind,
Whose eye has seen the snow-clouds hung in mist,
And the black elm tops ‘mong the freezing stars!
To thee the spring will be a harvest time.
O thou whose only book has been the light
Of supreme darkness, which thou feddest on
Night after night, when Phoebus was away!
To thee the spring shall be a triple morn.
O fret not after knowledge. I have none,
And yet my song comes native with the warmth.
O fret not after knowledge! I have none.
And yet the evening listens. He who saddens
At thought of idleness cannot be idle,
And he’s awake who thinks himself asleep.

John Keats, Complete Works, Edited by H. Buxton Forman, Gowans & Gray, New York, 1901

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From Hampstead, February 19th, 1818

My dear Reynolds-
I had an idea that a Man might pass a very pleasant life in this manner - Let him on a certain day read a certain page of full Poesy or distilled Prose, and let him wander upon it, and bring home to it, and prophesy upon it, and dream upon it: until it becomes stale - But when will it do so? Never - When Man has arrived at a certain ripeness in intellect any one grand and spiritual passage serves him as a starting-post towards all 'the two-and-thirty Palaces.' How happy is such a voyage of concentration, what delicious diligent Indolence! ...Nor will this sparing touch of noble Books be any irreverence to their Writers - for perhaps the honors paid by Man to Man are trifles in comparison to the Benefit done by great works to the 'spirit and pulse of good' by their mere passive existence. Memory should not be called Knowledge - Many have original minds who do not think it - they are led away by Custom. Now it appears to me that almost any Man may like the spider spin from his own inwards his own airy Citadel - the points of leaves and twigs on thich the spider begins her work are few, and she fills the air with a beautiful ciruiting. Man should be content with as few points to tip with the fine Web of his Soul, and weave a tapestry empyrean full of symbols for his spiritual eye, of softness for his spiritual touch, of space for his wandering, of distinctness for his luxury. But the Minds of Mortals are so different and bent on such diverse journeys that it may at first appear impossible for any common taste and fellowship to exist between two or three under these suppositions. It is however quite the contrary. Minds would leave each other in contrary directions, traverse each other in numberless points, and at last greet each other at the journey's end. An old Man and a child would talk together and the old Man be led on his path and the child left thinking. Man should not dispute or assert but whisper results to his neighbour and thus by every germ of spirit sucking the sap from mould ethereal every human might become great, and Humanity instead of being a wide heath of Furze and Briars with here and there a remote Oak or Pine, would become a grand democracy of Forest Trees! It has been an old comparison for our urging on - the Beehive; however, it seems to me that we should rather be the flower than the Bee - for it is a false notion that more is gained by receiving than giving - no, the receiver and the giver are equal in their benefits. The flower, I doubt not, receives a fair guerdon from the Bee - its leaves blush deeper in the next spring - and who shall say between man and woman which is the most delighted? Now it is more noble to sit like Jove than to fly like Mercury - let us not therefore go hurrying about and collecting honey, bee-like buzzing here and there impatiently from a knowledge of what is to be aimed at; but let us open our leaves like a flower and be passive and receptive - budding patiently under the eye of Apollo and taking hints from every noble insect that favours us with a visit - sap will be given us for meat and dew for drink. I was led into these thoughts, my dear Reynolds, by the beauty of the morning operating on a sense of Idleness - I have not read any books - the Morning said I was right - I had no idea but of the morning, and the thrush said I was right - seeming to say,

O thou whose face hath felt the Winter's wind,
Whose eye has seen the snow-clouds hung in mist,
And the black elm-tops 'mong the freezing stars,
To thee the Spring will be a harvest-time.
O thou, whose only book has been the light
Of supreme darkness which thou feddest on
Night after night when Phoebus was away,
To thee the Spring shall be a triple morn.
O fret not after knowledge - I have none,
And yet my song comes native with the warmth.
O fret not after knowledge - I have none,
And yet the Evening listens. He who saddens
At thought of idleness cannot be idle,
And he's awake who thinks himself asleep.

Now I am sensible all this is a mere sophistication (however it may neighbor to any truths), to excuse my own indolence - so I will not deceive myself that man should be equal with Jove - but think himself very well off as a sort of scullion-Mercury, or even a humble Bee. It is no matter whether I am right or wrong, either one way or another, if there is sufficient to lift a little time from your shoulders.

Your affectionate friend,
John Keats


John-Keats.com

Ilustración: Hampstead,1881, John Atkinson Grimshaw

jueves, septiembre 23, 2010

John Keats / Musa, dame una lección...




Escrito en la cumbre del Ben Nevis

¡Musa, dame una lección en voz bien alta
sobre la cumbre del Nevis, ciega de niebla!
Miro los abismos y una mortaja vaporosa
los esconde: justo así, quisiera que el hombre

sepa que hay infierno; miro hacia arriba
y veo una niebla plomiza: y así tal cual,
el hombre conoce el cielo; la niebla cubre
la tierra a mis pies, y así, del mismo modo,

tan vaga es la visión del hombre sobre sí.
Bajo mis pies están las piedras escarpadas,
y todo cuanto sé, pobre duende sin ingenio,
es que piso sobre ellas, que todo lo que mi ojo ve

es niebla y riscos, no sólo en esta altura
sino en el mundo de la mente y su poder.


John Keats (Londres, 1795-Roma, 1821), La poesía de la tierra, selección y traducción de Ana Bravo y Javier Adúriz, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2003

Written upon the top of Ben Nevis

Read me a lesson, Muse, and speak it loud
Upon the top of Nevis, blind in mist!
I look into the chasms, and a shroud
Vaporous doth hide them, -- just so much I wist

Mankind do know of hell; I look o'erhead,
And there is sullen mist, -- even so much
Mankind can tell of heaven; mist is spread
Before the earth, beneath me, -- even such,

Even so vague is man's sight of himself!
Here are the craggy stones beneath my feet, --
Thus much I know that, a poor witless elf,
I tread on them, -- that all my eye doth meet

Is mist and crag, not only on this height,
But in the world of thought and mental might!


Ilustración: A Lane in Headingley, Leeds, 1881, John Atkinson Grimshaw

John Keats / A una urna griega




Oda a una urna griega

¡Tú, aún, inviolada novia de la calma!
Tú, hija adoptiva del silencio y el tiempo lento,
Historiadora salvaje quien así expresa
Un florido cuento más dulce que nuestra rima,
¿Qué adornada leyenda hechiza por alrededor tu forma
De deidades o de mortales o de ambos
En Tempe o en los valles de la Arcadia?
¿Qué hombres o dioses son estos? ¿Qué esquivas doncellas?
¿Qué propósito loco? ¿Qué lucha por huir?
¿Qué gaitas y timbales? ¿Qué éxtasis salvaje?

Las melodías oídas son dulces, pero aquellas no oídas
Son más dulces. Por lo tanto, suaves gaitas, toquen,
No para el sensual oído sino para alguien más querido,
El espíritu, gaitas, cancioncitas sin tono.
Hermosa muchacha, debajo de los árboles no puedes abandonar
Tu canción, ni pueden estos árboles estar desnudos.
Atrevido amante, nunca, nunca podrás besar
Tu dura ganancia ya cerca de la meta. No entristezcas,
Ella no puede desvanecerse y aunque no obtengas su encanto
¡Tú las amarás siempre y ella será hermosa!

¡Felices, felices ramas que no pueden desprenderse de sus hojas
ni decir adiós a la Primavera! Y feliz el músico incansable
que por siempre toca canciones siempre nuevas.
¡Y más feliz el amor, más feliz, feliz amor!
Por siempre cálido y calmo y disfrutable,
Por siempre anhelante y siempre joven,
Todo respirando la elevada pasión humana
Que deja el corazón pesaroso y saciado,
La frente quemada y la lengua reseca.

¿Quiénes son estos que van al sacrificio?
¿Hasta qué verde altar, oh misterioso sacerdote,
Conduces este becerro que lanza su grito al cielo,
Con sus sedosos flancos adornados con guirnaldas?
¿Qué pequeña ciudad junto al río o al mar
O pacífica ciudadela coronando una montaña
Quedó deshabitada esta pía mañana?
Y, pequeña ciudad, tus calles para siempre
Estarán silenciosas, sin un alma siquiera que cuente
Por qué estás desolada y nadie volverá.

¡Oh figura del Atica! ¡Bello gesto! Con hombres
de mármol y doncellas muy bien torneadas;
con ramas de bosque y hollada hierba,
tú, forma silenciosa, no tomas a broma el pensamiento
como lo hace la Eternidad: ¡Fría Pastoral!
Cuando el viejo tiempo devaste a esta generación,
Tú permanecerás en medio de otra aflicción
Como la nuestra; amiga del hombre a quien dices:
"Belleza es verdad, verdad belleza... esto es todo
lo que sabes en la tierra, y todo lo que necesitas saber".

John Keats (Londres, 1795-Roma, 1821), Robin Hood y otros poemas, versiones de Jorge Aulicino, Selecciones de Amadeo Mandarino, Buenos Aires, 2001

Ode on a Grecian Urn

Thou still unravish'd bride of quietness,
Thou foster-child of silence and slow time,
Sylvan historian, who canst thus express
A flowery tale more sweetly than our rhyme:
What leaf-fring'd legend haunt about thy shape
Of deities or mortals, or of both,
In Tempe or the dales of Arcady?
What men or gods are these? What maidens loth?
What mad pursuit? What struggle to escape?
What pipes and timbrels? What wild ecstasy?
Heard melodies are sweet, but those unheard
Are sweeter: therefore, ye soft pipes, play on;
Not to the sensual ear, but, more endear'd,
Pipe to the spirit ditties of no tone:
Fair youth, beneath the trees, thou canst not leave
Thy song, nor ever can those trees be bare;
Bold lover, never, never canst thou kiss,
Though winning near the goal - yet, do not grieve;
She cannot fade, though thou hast not thy bliss,
For ever wilt thou love, and she be fair!

Ah, happy, happy boughs! that cannot shed
Your leaves, nor ever bid the spring adieu;
And, happy melodist, unwearied,
For ever piping songs for ever new;
More happy love! more happy, happy love!
For ever warm and still to be enjoy'd,
For ever panting, and for ever young;
All breathing human passion far above,
That leaves a heart high-sorrowful and cloy'd,
A burning forehead, and a parching tongue.

Who are these coming to the sacrifice?
To what green altar, O mysterious priest,
Lead'st thou that heifer lowing at the skies,
And all her silken flanks with garlands drest?
What little town by river or sea shore,
Or mountain-built with peaceful citadel,
Is emptied of this folk, this pious morn?
And, little town, thy streets for evermore
Will silent be; and not a soul to tell
Why thou art desolate, can e'er return.

O Attic shape! Fair attitude! with brede
Of marble men and maidens overwrought,
With forest branches and the trodden weed;
Thou, silent form, dost tease us out of thought
As doth eternity: Cold Pastoral!
When old age shall this generation waste,
Thou shalt remain, in midst of other woe
Than ours, a friend to man, to whom thou say'st,
"Beauty is truth, truth beauty," - that is all
Ye know on earth, and all ye need to know.

englishhistory.net

Ilustración: De la transcripción del manuscrito de John Keats, por George Keats, 1820 englishhistory.net

miércoles, septiembre 22, 2010

Javier Adúriz / Alabanza



Alabanza*


Yo, Masaoka Shiki, me jacto:
he venido a dar testimonio de lo que va a pasar aquí
y ahora
en esta choza flotante sobre el páramo
donde voy a agotar los máximos placeres
de la vida:
la salvia y el romero
y esta íntima luna escarchada que cede
hacia el oeste…

Viva el asombro de cada día vivo
Viva el asombro de lo que no vive en vano
Y hace de su compenetración
la voz invicta, la invicta melodía…


* El poeta canta cada línea del poema, como si encontrara
algo manso y definitivo; una secreta victoria personal.

Javier Adúriz (Buenos Aires, 1948), inédito

Ilustración: Recipiente, siglo XVIII, Torei Enji

lunes, septiembre 20, 2010

Jude Nutter / Cuervos




Cuervos

Vi esa mezcla extraña de fragilidad
y de débil fuerza en el ala rota,

y el azul flotando bajo la superficie
de sus alas —a veces la carne es un espejo

pero lo que se refleja nunca es este mundo.
No había nada interesante en la playa

excepto este cuerpo: Mientras me alejaba
descendieron desde los árboles —después del primero,

en avalancha—se detuvieron chillando
en círculo alrededor de su compañero muerto.

Permanecieron allí hasta que subió la marea,
levantó ese cuerpo roto sobre la orilla, lo dio vuelta,

lo sacó a flote —mostrando la negrura revuelta,
desapareciendo después, en cada oleaje.

Lo único que hicieron fue esperar ahí. Vigilantes.
Eso es todo. A veces este mundo

es apenas un paraíso.


Jude Nutter (North Yorkshire, Inglaterra, vive en los Estados Unidos desde 1980), The Curator of silence, University of Notre Dame Press, 2006
Versión de Silvia Camerotto


Crows
I saw that strange blend of softness /and brittle energy in the shattered wing, //and the blue that floated beneath the surface /of its feathers —sometimes the flesh is a mirror //but it’s never this world that’s reflected. /There was nothing on the beach of interest //except this body: As I moved away /they came down, out of the trees —after the first, //an avalanche—to stand fussing /in a circle around their dead companion. //They were there until the tide came in, /lifted that broken body up on its hem, turned, //floated it out —an untidy blackness riding /into view, then vanishing, with each swell. //All they did was wait there. Keeping vigil. /That’s all. There are times when this world //is just enough like paradise.

Ilustración: Cuervos, siglo XVIII, Torei Enji

Juan Rodolfo Wilcock / De "La parola morte", 1




23.

"Piensa, hombre civil, que eres el último
hombre que queda sobre la tierra y piensa:
todos los diamantes se han vuelto piedras,
eres el rey de América y de Rusia,
con las esterlinas te puedes limpiar el culo,
¿pero por quién deberías ahora limpiártelo?
¿por un escrúpulo hacia los gusanos?
Y como el falo busca la vulva ausente,
tu lengua va en busca de una oreja,
te pones la máscara de oro de Agamenón
y te miras al espejo, pero no te habla,
buscas la Esfinge, pero no te interroga,
lees los diarios viejos para reencontrar
la voz imunda de la raza desaparecida,
avara, hipócrita, asesina y ladrona,
pero que al menos te hablaba, no como ahora,
te mentía, te odiaba, te escarnecía,
pero te hablaba, y a veces, te escuchaba,
extrañas al juez, al esbirro, al verdugo,
que te reflejaban con la máscara,
pero aquellos labios de oro te hablaban,
no como las riquezas de la tierra
que sin las palabras son polvo,
cenizas, andrajos, piedras, papel y metales.
Puedes hacer lo que quieras, quien está solo está muerto".

Pero aquel hombre civil que era el último
hombre que quedaba sobre la tierra, se puso
sobre la cara la máscara de Agamenón
y se tumbó en el sepulcro en Micenas
esperando que Alguien lo viese.


24.

Quien no se quema como un bonzo,
no por eso se salva de las llamas,
cintas de fuego lo envuelven cada día,
deberes y deshonras lo rocían de nafta,
y en sus sueños galopa como un diablo
azotado por otros diablos que repiten
"dos veces siete liras son seis liras"
"una señora no se rasca el culo"
"el que tiene tres chanchos verdes sube la escalera",
girando con la piel agrietada,
lamido por liras en combustión,
abatido porque tiene un solo chancho verde,
hasta que se le encienden los cabellos
y cae envuelto en lenguas de fuego,
para rodar buscando apagarlo
y hacer durar lo que el bonzo hace rápido.


Juan Rodolfo Wilcock (Buenos Aires, 1919-Lubriano di Bagnoregio, Viterbo, 1978), "La parola morte", Poesie, Adelphi Edizioni, Milán, 1993
Versiones: Jorge Aulicino

23.
"Pensa, uomo civile, che sei l'ultimo / uomo rimasto sulla terra e pensa: / tutti i diamanti sono tornati sassi, / sei il re dell'America e della Russia, / con le sterline puoi pulirte il culo / ma per chi mai dovresti ormai puliterlo, / per uno scrupolo verso i vermi? / E come il fallo cerca la vulva assente, / la tua lingua va in cerca di un orecchio, / metti la maschera d'oro di Agamennone / e ti guardi allo specchio, ma non ti parla, / cerchi la Sfinge, ma non ti fa domande, / leggi i giornali vecchi per ritrovare / la voce immonda della razza scomparsa, / avara, ipocrita, assasina e ladra, / ma almeno ti parlava, non come adesso, / ti mentiva, ti odiava, ti dileggiaba, / ma ti parlava e a volte ti ascoltava, / rimpiangi il giudice, lo sbirro, il boia, / che erano te specchiato con la maschera, / ma quelle labbra d'oro ti parlavano, / non come le ricchezze della terra / che senza le parole sono polvere, / ceneri, cenci, sassi, carte e metalli. / Poui fare quel che vuoi, chi è solo è morto". // Ma quell'uomo civile che era l'ultimo / uomo rimasto sulla terra si mise / sulla faccia la maschera di Agamennone / e si sdraiò nel sepolcro a Micene / sperando che Qualcuno lo vedesse.

24.
Chi non si fa bruciare come un bonzo, / non per questo si salva dalle fiamme, / nastri di fuoco lo avvolgono di giorno, / doveri e onte cosparsi di benzina, / e nei suoi sogni galoppa come un diavolo / frustrato da altri diavoli che ripeteno / "due volte sette lire sono sei lire" / "una signora non si gratta il culo" / "chi ha tre maiali verdi sale la scala", / girando con la pelle screpolata, / lambito dalle lire in combustione, / affranto perché ha un solo maiale verde, / finché non gli si incendiano i capelli / e cade avvolto nelle lingue di fuoco / a rotolarsi cercando di spegnerle, / per far durare quel che il bonzo fa subito.


Ilustración: La llamada "máscara de Agamenón", siglo XVI a.C., Museo de Arqueología de Atenas

domingo, septiembre 19, 2010

John Keats / Robin Hood






Robin Hood

¡No! Aquellos días se fueron.
Sus horas están viejas y grises
Y sus minutos yacen sepultados
Bajo la pisoteada mortaja
De las hojas de muchos años.
Muchas veces las tijeras del Invierno,
El helado Norte y el frío Este,
Con sonoras tempestades la fiesta
Del bosque susurrante esquilaron,
Puesto que los hombres no pagaban renta ni alquiler.

No, ya no suena más el cuerno
Y tampoco la cuerda del arco;
El silencio, de estridente marfil,
Atraviesa el matorral y sube la colina.
No hay risas en medio del bosque
Donde Eco, solitaria, asusta
A algún caminante azorado de oír
Bromas en la profunda espesura.

En el buen tiempo de Junio
Puedes ir con Sol o con Luna
O a la luz de siete estrellas
O guiado por el rayo polar
Pero nunca podrás contemplar
Al Pequeño John o al atrevido Robin
Y nunca a ninguno del clan
Golpeando en un cacharro vacío
Alguna vieja cancioncita de caza
Mientras va por el verde camino
Hacia la honesta posadera Merriment
Abajo, en las pasturas de Trent;
Porque él dejó el alegre cuento,
Emisario de aromática cerveza.

Perdida, la alegre batahola;
Perdida, la canción de Gamelyn;
Perdidos, los duros bandoleros
Que haraganeaban en el verdecito,
¡Todo perdido y pasado!
Y si Robin se levantara de su tumba
Cubierta de césped, y si Marian
Volviera aún a los días del bosque.
Ella querría llorar y él volverse loco;
Maldeciría porque todos los robles
Fueron derribados por los astilleros
Y hoy se pudren en los mares salados;
Lloraría Marian porque sus abejas salvajes
No cantarían para ella. ¡Extraño! Esa miel
Ya no puede obtenerse sin duro dinero.

Así es. Y a pesar de todo, cantemos.
¡Honor a la vieja cuerda del arco!
¡Honor al cuerno de caza!
¡Honor a los bosques intocados!
¡Honor al verde de Lincoln!
¡Honor al arquero hábil!
¡Honor al duro pequeño John!
¡Y al caballo que montaba!
¡Honor al atrevido Robin Hood
que duerme bajo los árboles!
¡Honor a la moza Marian!
¡Y a todo el clan de Sherwood!
Aunque sus días volaron
Un par de versos les debemos.

John Keats (Londres, 1795-Roma, 1821), Robin Hood y otros poemas, versiones de Jorge Aulicino, Selecciones de Amadeo Mandarino, Buenos Aires, 2001

Robin Hood
To a Friend
No! those days are gone away, / And their hours are old and gray, / And their minutes buried all / Under the down-trodden pall / Of the leaves of many years: / Many times have winter’s shears, / Frozen North, and chilling East, / Sounded tempests to the feast / Of the forest’s whispering fleeces, / Since men knew nor rent nor leases. // No, the bugle sounds no more, / And the twanging bow no more; / Silent is the ivory shrill / Past the heath and up the hill;/ There is no mid-forest laugh,/ Where lone Echo gives the half / To some wight, amaz’d to hear / Jesting, deep in forest drear. // On the fairest time of June / You may go, with sun or moon, / Or the seven stars to light you, / Or the polar ray to right you; / But you never may behold / Little John, or Robin bold; / Never one, of all the clan, / Thrumming on an empty can / Some old hunting ditty, while / He doth his green way beguile / To fair hostess Merriment, / Down beside the pasture Trent; / For he left the merry tale / Messenger for spicy ale. // Gone, the merry morris din; / Gone, the song of Gamelyn; / Gone, the tough-belted outlaw / Idling in the “grenè shawe;” / All are gone away and past! / And if Robin should be cast / Sudden from his turfed grave, / And if Marian should have / Once again her forest days, / She would weep, and he would craze: / He would swear, for all his oaks, / Fall’n beneath the dockyard strokes, / Have rotted on the briny seas; / She would weep that her wild bees / Sang not to her—strange! that honey / Can’t be got without hard money! // So it is: yet let us sing, / Honour to the old bow-string! / Honour to the bugle-horn! / Honour to the woods unshorn! / Honour to the Lincoln green! / Honour to the archer keen! / Honour to tight Little John, / And the horse he rode upon! / Honour to bold Robin Hood, / Sleeping in the underwood! / Honour to Maid Marian, / And to all the Sherwood-clan! / Though their days have hurried by, / Let us two a burden try.

Bartleby.com

Ilustración: Oberon, Titania and Puck with Fairies Dancing, s. XVIII, William Blake

sábado, septiembre 18, 2010

El cantar tiene sentido



Polo margariteño

El cantar tiene sentido
entendimiento y razón.
La buena pronunciación
del instrumento al oído.

Mira ese lirio, que el tiempo lo consume,
hay una fuente que lo hace florecer.
Tú eres el lirio, ay dame tu perfume
que soy la fuente, ay dejame correr.

Qué hago yo solo en el campo,
qué hago yo en el campo solo.
Yo no enamoro ni canto,
yo no canto ni enamoro.

Suspira la brisa suspirando lejos
y abre el capullo da una blanca rosa.
Sale el gusano de su prisión de seda
y se convierte en linda mariposa.

El cantar tiene sentido,
entendimiento y razón,
la buena pronunciación
del instrumento al oído.

Yo fui marino que en una isla
de una culisa me enamoré,
y en una noche de mucha brisa
en mi falucho me la robé.

La garza prisionera
no canta cual solía
y cantar en el espacio
sobre el dormido mar,
su canto entre cadenas
es canto de agonía,
¿por qué te empeñas pues, Señor,
su canto en prolongar?

Allá lejos viene un barco
y en él viene mi amor.
Se viene peinando un crespo
al pie del palo mayor.

A ti vuelvo de nuevo, mar querido,
y lejos de ti, ¡cuánto fui desdichado!
Lo que puede sufrirse lo he sufrido
y lo que puede llorarse lo he llorado.

Y ese cadáver que por la playa rueda,
y ese cadáver, ¿de quién será?
Ese cadáver debe ser de algún marino
que hizo su tumba en el fondo del mar.

El cantar tiene sentido,
entendimiento y razón.

Ilustración: Niña levantando la piel del agua para ver un perro dormido a la sombra del mar, Salvador Dalí


viernes, septiembre 17, 2010

Tamara Kamenszain / Tres poemas



No puedo narrar

No puedo narrar.
¿Qué pretérito me serviría
si mi madre ya no me teje más?
Desmadrada entonces me detengo
ante un estado de cosas demasiado presente:
ser la descuidada que la cuida
mientras otros la descuidan por mí.
Son personas que me sobran
y la gramática se torna un escándalo
cuando ella que olvidó las palabras
adelanta su bebé furioso
con el fin de decirlo todo
aunque no se entienda nada.


El padre de Lucy copiaba un libro ajeno

Se inclina sobre el cuaderno y con esfuerzo
va copiando una a una las palabras
del libro que tiene al lado.

Lucía Laragione

El padre de Lucy copiaba un libro ajeno
mientras decía que lo estaba escribiendo.
En ese gesto senil la desmemoria del escritor
fuerza un homenaje doméstico
a lo que letra por letra tuvo para su vida
la trascendencia del asunto impreso.
Mi madre también se copia de lo que era
mientras yo plagiando al plagiario
trato de pasar en limpio ese diario de vida
que la autora de mis días escribe como puede.


Como la torcaza que de transparencia en transparencia

Como la torcaza que de transparencia en transparencia
anuncia muy claro lo que no sabe decir
mi madre voló llevándose con ella todo el repertorio
duplicó lo que no dijo puso en eco el viejo acento familiar
y me dejó sin oído buscando sonidos reconocibles
indicios de letra viva bajo la campana fónica del tiempo
porque si es cierto que la voz se escucha desde lejos
aunque nos tomen por locos tenemos que atrapar
en el espiritismo de esa garganta profunda
un idioma para hablar con los muertos.


Tamara Kamenszain (Buenos Aires, 1947), El eco de mi madre, Ediciones Bajo la Luna, Buenos Aires, 2010


Foto: Tamara Kamenszain, Cronópios.com.br

jueves, septiembre 16, 2010

Juan Rodolfo Wilcock / De "Luoghi comuni"




Lugares comunes

3.

Tal vez el alma es divina, pero no es indispensable,
como el cuerpo, en el que mora y que es su ocasión.
Desde la primera infancia ese cuerpo es la prisión
del alma que fermenta como una masa maleable,
para finalmente endurecerse en las formas más raras,
desde pájaro melodioso hasta las peores iguanas;
pero siempre incomodísima pues no logra escapar
de un cuerpo inadecuado y siempre menos fuerte,
que provoca desordenes difíciles de curar,
las complicadas neurosis que aceleran la muerte.


8.

La idea que nos hacemos del espacio no es distinta
de la idea que se hace la mayor parte de la gente,
pero es mental puramente y se extingue con la mente,
por ejemplo bajo la acción de excitaciones violentas.
El hombre sabe moverse solo, orientarse topográficamente,
y encontrarse con sus semejantes en lugares determinados,
usando la razón y los sentidos combinados;
así traza laberintos sobre la faz de la tierra
y superpone sus pasos a los de sus antepasados
que como él buscaban hembras, alimento y a veces guerra.


10.

Treinta siglos después del viaje de Odiseo,
los turistas recorren las grutas del Circeo,
sin encontrar trazas de la hechicera histérica
ni un resto asignable a la era prehomérica.
Y no sirve explicar que la isla no es tal,
sino un monte del Lacio en la costa occidental,
y que en suma buscar la huella del hada
es un modo como otro de pasar la jornada,
porque el tiempo como un glaciar arrastra sin piedad
los lugares y los transfiere a otra localidad.


Juan Rodolfo Wilcock (Buenos Aires, 1919-Lubriano di Bagnoregio, Viterbo, 1978), "Luoghi comuni", Poesie, Adelphi Edizioni, Milán, 1993
Versiones: Jorge Aulicino


Luoghi comuni
3.
Forse l'anima è divina, ma non è indispensabile / quanto il corpo in cui dimora e ch'è la sua cagione. / Dalla prima infanzia in poi questo corpo è la prigione / dell'anima che fermenta como una massa malleabile / per finalmente impietrirsi nelle forme più strane, / dall'ucello melodico fino alle peggiori iguane; / me sempre scomodissima perchè non riesce a uscire / da un corpo inadeguato e sempre meno forte, / il che provoca disordini difficili da guarire, / le complicate nevrosi che accelerano la morte.
8.
L'idea che ci facciamo dello spazio non differisce / dall'idea che se ne fa la maggioranza della gente, / ma è puramente mentale e con la mente sparisce / per esempio sotto l'azione delle eccitazioni violente. / L'uomo sa muoversi da solo, orientarsi topograficamente, / e trovarsi con i suoi simili in luoghi determinati, / adoperando la ragione e i sensi combinati; / così traccia labirinti sulla faccia della terra / e sovrapopone i suoi passi a quelli dei suoi antenati / che come lui cercavano femmine, cibo y talvolta guerra.
10.
Trenta secoli dopo il viaggio di Odisseo / i turisti percorrono le grotte del Circeo / senza trovarvi traccia della fattucchiera isterica / né un relitto assegnabile all'età preomerica. / E non serve spiegare che l'isola non è tale / bensì un monte isolato sulla costa laziale, / e che tutto sommato cercare l'orma della fata / è un modo come un altro di passare la giornata, / poiché il tempo come un ghiacciaio trascina senza pietà / i luoghi e li trasferisce in altre località.


Ilustración: Circe y Ulises, 1910, Edmund Dulac

miércoles, septiembre 15, 2010

Friedrich Hölderlin / De "Quejas de Menon por Diotima"




Quejas de Menon por Diotima

3

¡Luz del amor!, ¿también te muestras tú a los muertos, tú luz dorada?
¿imágenes de tiempo más claro lucís para mí en la noche?
¡Amorosos jardines, montañas crepusculares,
sed bienvenidos, y vosotros, silenciosos senderos del bosquecillo,
testigos de celeste ventura, y vosotras, estrellas mirando desde lo alto,
que en otros tiempos me concedisteis miradas de bendición!
¡Y vosotras también, amorosas hijas del día de mayo,
rosas tranquilas, y vosotros, lirios, aún os nombro a menudo!
Pasan las primaveras, un año empuja al otro,
alternando y luchando, así muge el tiempo al fluir
sobre las cabezas mortales; pero no ante los ojos felices,
pues a los amantes otra vida les es concedida.
Porque todos los días y los años de las estrellas estaban,
¡oh Diotima!, en torno nuestro íntima y eternamente unidos.


Friedrich Hölderlin (Lauffen am Neckarm, 1770-Tubinga, 1843), Poemas, traduccción de José María Valverde, Editorial Icaria, Barcelona, 1983


Menons Klagen um Diotima
3
Licht der Liebe! scheinest du denn auch Toten, du goldnes! / Bilder aus hellerer Zeit, leuchtet ihr mir in die Nacht? / Liebliche Gärten, seid, ihr abendrötlichen Berge, / Seid willkommen und ihr, schweigende Pfade des Hains, / Zeugen himmlischen Glücks, und ihr, hochschauende Sterne, / Die mir damals so oft segnende Blicke gegönnt! / Euch, ihr Liebenden auch, ihr schönen Kinder des Maitags, / Stille Rosen und euch, Lilien, nenn ich noch oft! / Wohl gehn Frühlinge fort, ein Jahr verdrängt das andre, / Wechselnd und streitend, so tost droben vorüber die Zeit / Über sterblichem Haupt, doch nicht vor seligen Augen, / Und den Liebenden ist anderes Leben geschenkt. / Denn sie alle, die Tag und Jahre der Sterne, sie waren, / Diotima! um uns innig und ewig vereint.


Ilustración: Crepúsculo sobre un lago, 1840, Joseph M. William Turner

martes, septiembre 14, 2010

Constantino Cavafis / Aquí descanso yo, Jases...




La tumba de Jases

Aquí descanso yo, Jases. De esta gran ciudad
efebo famoso por su hermosura.
Admirado por reflexivos sabios y también por
el pueblo simple y frívolo, me regocijaban
ambas cosas. Pero tanto
me compararon con Narciso y Hermes que
los abusos me consumieron, me mataron. Caminante,
si tú eres alejandrino, no me juzgues. Sabes de
la intensidad de nuestra vida, qué ardiente es,
qué voluptuosidad extrema.

1917

Constantino Cavafis (Alejandría, 1863-1933), Recuerda cuerpo..., traducción de Nina Anghelidis, con la colaboración de Jorge García Sabal, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1998


Ilustración: Narcissus, 1881, Gyula Benczúr

lunes, septiembre 13, 2010

Héctor Freire / Dos poemas




Cárceles

(Carcere VII, Giovanni Battista Piranesi)

Exacta como un sueño,
la misteriosa escenografía de Piranesi:
derrotados muros entre ruinas de prisiones
y borrosos arcos.

-¿Un sueño dentro del sueño?-

De pronto, la mirada brillante
de una mujer inesperada se asoma
por entre esa imprecisa materia
derrumbada.
y reconstruye un espacio de espejos rotos
donde todo rostro de muerte se refleja
como salvado del tenaz estrago de los años.

¿Quizás Piranesi haya querido construir
a través de sus cárceles "una teoría visual del insomnio",
y en el intento se quedó dormido
y prisionero para siempre?



Por amor a la simetría

(Sobre una escena del film Primavera, verano, otoño,
invierno... y otra vez primavera
, de Kim Ki-duk)

El amarillo de los follajes
como suspendidos, sin espesor,
no estorba la transparencia del aire.
En cambio, amarillas, con el amarillo
más luminoso, las hojas llueven
desde las ramas más altas.
En forma de abanico, su prepotencia cromática
cubre la insípida superficie del lago.
En este paisaje todo parece espontáneo,
pero todo está calculado;
la construcción de una naturaleza
que la mente puede dominar, y donde
lo pequeño crea la ilusión de lo grande:
un haiku hecho de colores, luces y hojas
que marca el cruce de dos dimensiones:
la perpetuidad de lo vegetal
y el tiempo sucesivo de las palabras
que germinan, se secan o se pudren.


Héctor Freire (Buenos Aires, 1953), Satori, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2010

Foto: Paisaje en el filme Primavera, verano, otoño, invierno... y otra vez primavera, 2003; dirección de Kim Ki-duk; fotografía de Baek Dong-hyun

Constantino Cavafis / El Lanis que amaste...




La tumba de Lanis

El Lanis que amaste no está aquí, Marcos,
en la tumba donde vienes a llorar, tantas horas.
El Lanis que amaste lo tienes más cerca
cuando en tu casa te encierras mirando su retrato,
ese que algo conservó de lo que tú has amado.

Recuerda, Marcos, cuando trajiste del palacio
del procónsul a aquel pintor famoso de Cirene,
y él, con astucia de artista,
al ver a tu amigo quiso convencerlos
de que debía pintarlo como Jacinto
(de tal forma, más conocida sería su pintura).

Pero Lanis no prestaba su belleza;
con firmeza y contrariado dijo
no ser Jacinto, no ser ningún otro,
sino Lanis, hijo de Ramético, un alejandrino.


1917

Constantino Cavafis (Alejandría, 1863-1933), Recuerda cuerpo..., traducción de Nina Anghelidis, con la colaboración de Jorge García Sabal, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1998

Ilustración: Retrato de un joven como San Sebastián, 1528, Bronzino (Agnolo di Cosimo di Mariano)

domingo, septiembre 12, 2010

Antiguos y cristianos



Éxtasis y regocijo. Dante y Homero

por Leonardo Castellani

Dante trae a la poesía el amor ideal, porque la deificada Beatriz está a cien leguas de la deiforme Penélope; Dante trae la lucha, y con ella el odio, desconocido por Homero que no sabe más que de la ira; Dante conoce la melancolía, que Homero ignora, ese "afecto cristiano", como dice Balmes, hecho de esperanza y desilusión, que infiltra como un hálito íntimo el libro segundo y abre bellísimamente el canto octavo del Purgatorio. Homero conoce el dolor y la desesperación, pero ignora ese nostálgico y noble descontento del alma que se siente peregrina y presiente que todas las bellas cosas de la tierra, cuya belleza no es incapaz de comprender, no lo saciarán nunca sin embargo. Dante tiene el bálsamo de la esperanza frente al Ananké homérico y es por eso capaz de afrontar tragedias, problemas y catástrofes ante los cuales la musa pagana no podía más que callar y temblar, consignándolos fuera de los campos del arte o afectando ignorarlos. Dante trae el éxtasis cuando homero no alcanza más que el regocijo.
Crítica literaria, 1945

Diego Bentivegna, Castellani crítico, Editorial Cabiria, Buenos Aires 2010


Del prólogo de Castellani crítico: "Quizá, lo más potente hoy de la escritura de Castellani resida justamente en su capacidad de generar el comentario condenatorio, la repulsión primaria de una falange considerable de teóricos y críticos literario argentinos, adiestrados para leer con eficacia los más densos ensayos de Ezequiel Martínez Estrada, los más delicados versos de Juan L. Ortiz, las más tersas novelas de Bioy Casares o los más transgresivos relatos de Osvaldo Lamborghini, pero impulsados, por alguna arcana convicción, por algún poderoso preconstruido, a apartar los ojos de los textos castellanianos como si del cuerpo de un condenado, con sus pústulas barrocas y su sangre, se tratara; como si aún fuera posible preservar un lugar para lo ilegible, lo no clasificable: lo monstruosamente irreductible."

Hölderlin / Canción




Canción del destino de Hiperión


Allá arriba marcháis por la luz,
en blando suelo, ¡bienaventurados genios!
Fúlgidas brisas de los dioses
os tocan ligeras
como los dedos del artista
las sagradas cuerdas.

Sin hado, como el dormido
niño, respiran los celestiales;
castamente guardado
en modesto capullo,
florece eterno
para ellos el espíritu,
y los ojos dichosos
miran en tranquila
y eterna claridad.

Pero a nosotros no nos es dado
descansar en ningún lugar;
desaparecen, caen
los dolientes hombres
ciegamente de una
hora a otra,
como agua de peñasco
en peñasco, arrojada,
a través de los años, allá hacia lo incierto.


Friedrich Hölderlin (Lauffen am Neckarm, 1770-Tubinga, 1843), Poemas, traduccción de José María Valverde, Editorial Icaria, Barcelona, 1983


Hyperions Schicksalslied
Ihr wandelt droben im Licht / Auf weichem Boden, selige Genien! / Glänzende Götterlüfte / Rühren Euch leicht, / Wie die Finger der Künstlerin / Heilige Saiten. // Schicksallos, wie der schlafende / Säugling, atmen die Himmlischen; / Keusch bewahrt / in bescheidener Knospe, / Blühet ewig / Ihnen der Geist, / Und die seligen Augen / Blicken in stiller / Ewiger Klarheit. // Doch uns ist gegeben, / Auf keiner Stätte zu ruhn; / Es schwinden, es fallen / Die leidenden Menschen / Blindlings von einer / Stunde zur andern, / Wie Wasser von Klippe / Zu Klippe geworfen, / Jahrlang ins Ungewisse hinab.



Ilustración: Puente del Demonio en Schöllenen, 1777, Caspar Wolf

sábado, septiembre 11, 2010

Julián Bejarano / Acabo de mudarme a este monoambiente




El hombre y los astros

Acabo de mudarme a este monoambiente.
De espaldas a la cama tengo un ventanal
para espiar las mutaciones del cielo
y los movimientos pausados de las nubes
además de ver cubiertas de automóviles
que la gente abandona sobre los techos de sus viviendas.
Arriba del escritorio tengo desplegado el mapa estelar
correspondiente al mes de agosto
veo que Andrómeda está en dirección a Pegaso
hacia el extremo este
y que Piscis persigue a Acuario con velocidad
escapando de la traición y de la muerte.
Nos peleamos y después nos amamos
debajo de estas cobijas que ahora están desordenadas
hacia la punta de la cama.
Seguramente algo de todos estos fenómenos
que ocurren en el espacio
explican nuestras idas y venidas,
nuestros aciertos y fallidos,
las ganas de estar acompañados o totalmente solos.


Julián Bejarano (Buenos Aires, 1983), XVIII Festival de Poesía de Rosario

Ilustración: Luna, 1711, Donato Creti

Eugenio Montale / Vi el Éufrates en sueños



El Eufrates

Vi el Éufrates en sueños,
su somnoliento cauce entre zambullidas
de roedores y anchos remansos en bahías
de barro orladas de telarañas vegetales.
Quién sabe qué habrás visto tú en treinta años
(o cien, quizá), si es que queda algo de ti.
No me repitas que hasta en un palillo,
una migaja o en lo más ínfimo puede caber el todo.
Es lo que yo pensaba cuando existía el mundo,
pero mi pensamiento desvaría, se adhiere a lo que puede
para saber que sigue vivo. Él mismo no lo sabe,
sigue muchos caminos y a menudo
se busca en el atlas para darse un nombre.


Eugenio Montale (Génova, 1896-Milán, 1981), "Satura", Poesía completa, traducción de Fabio Morábito. Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, Barcelona, 2006.

L'Eufrate
Ho visto in sogno l'Eufrate, / il suo decorso somnolento tra / tonfi di roditore e larghi indugi in sacche / di fango orlatte di ragnateli arborei. / Chissà che cosa avrai visto tu in trent'anni / (magari cento) ammeso che sia qualcos di te. / Non ripetermi que anche uno stuzzicadenti, / anche una briciola o un niente può contenere il tutto. / È quello che pensavo quando esisteva il mondo / ma il mio pensiero svaria, si appiccia dove può / per dirsi che non s'è spento. Lui stesso no se sa nulla, / la vie che segue son tante e a volte / per darsi ancora un nome si cerca sull' atlante.


Ilustración: La ruta de la seda, Jafar T. Kaki

jueves, septiembre 09, 2010

Cesare Pavese / Dos cigarrillos






Dos cigarrillos

Cada noche es la liberación. Se ven los reflejos
en el asfalto sobre las avenidas que se abren lustrosas al viento.
Cada raro transeúnte tiene una cara y tiene una historia.
Pero a esta hora no hay más cansancio: los miles de faroles
son todos para el que se detiene a raspar un fósforo.

La llamita se apaga sobre el rostro de la mujer
que me ha pedido un fósforo. Se apaga en el viento
y la mujer, desilusionada, me pide un segundo,
que se apaga: la mujer ahora ríe, sin ruido.
Aquí podemos hablar en voz alta y gritar,
que nadie oye. Levantamos las miradas
a las muchas ventanas -ojos apagados que duermen-
y esperamos. La mujer abraza sus hombros
y se lamenta de que ha perdido el chal de colores
que a la noche le hacía de estufa. Pero basta con apoyarse
contra la esquina y el viento no es más que un soplo.
Sobre el asfalto extenuado hay ya una colilla.
Ese chal venía de Río, pero dice la mujer
que está contenta de haberlo perdido, porque me ha encontrado.
Si el chal venía de Río, ha pasado de noche
sobre el océano bañado por la luz del gran transatlántico.
Por cierto, noches de viento. Es el regalo de un marino suyo.
No está más el marino. La mujer susurra
que, si subo con ella, me lo muestra en un retrato,
con ricitos y bronceado. Viajaba en sucios vapores,
y lustraba las máquinas: yo soy más bello.

Sobre el asfalto hay dos colillas. Miramos hacia el cielo:
la ventana allá arriba -me señala la mujer- es la nuestra.
Pero allá no hay estufa. A la noche, los barcos solitarios
tienen pocas luces o solamente las estrellas.
Cruzamos la calle del brazo, jugando a calentarnos.


Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908- Turín, 1950), "Lavorare stanca", Poesie, Mondadori, Milán, 1969
Versión de Jorge Aulicino


Due sigarette
Ogni notte è la liberazione. Si guarda i riflessi / dell'asfalto sui corsi che si aprono lucidi al vento. / Ogni rado passante ha una faccia e una storia. / Ma a quest'ora non c'è più stanchezza: i lampioni a migliaia / sono tutti per chi si sofferma a sfregare un cerino. // La fiammella si spegne sul volto alla donna / che mi ha chiesto un cerino. Si spegne nel vento / e la donna delusa ne chiede un secondo / che si spegne: la donna ora ride sommessa. / Qui possiamo parlare a voce alta e gridare, / che nessuno ci sente. Leviamo gli sguardi / alle tante finestre - occhi spenti che dormono - / e attendiamo. La donna si stringe le spalle / e si lagna che ha perso la sciarpa a colori / che la notte faceva da stufa. Ma basta appoggiarci / contro l'angolo e il vento non è più che un soffio. / Sull'asfalto consunto c'è già un mozzicone. / Questa sciarpa veniva da Rio, ma dice la donna / che è contenta d'averla perduta, perchè mi ha incontrato. / Se la sciarpa veniva da Rio, è passata di notte / sull'oceano inondato di luce dal gran transatlantico. / Certo, notti di vento. E' il regalo di un suo marinaio. / Non c'è più il marinaio. La donna bisbiglia / che, se salgo con lei, me ne mostra il ritratto / ricciolino e abbronzato. Viaggiava su sporchi vapori / e puliva le macchine: io sono più bello. // Sull'asfalto c'è due mozziconi. Guardiamo nel cielo: / la finestra là in alto - mi addita la donna - è la nostra. / Ma lassù non c'è stufa. La notte, i vapori sperduti / hanno pochi fanali o soltanto le stelle. / Traversiamo l'asfalto a braccetto, giocando a scaldarci.


Ilustración: Nocturno en el Parque Real de Bruselas, 1897, William Degouve de Nuncques

miércoles, septiembre 08, 2010

Juan Rodolfo Wilcock / De "I tre stati"




III

4.

La sabiduría no es un don de los años
sino una cualidad aristotélica
que se tiene o no se tiene desde el nacimiento,
un equilibrio entre lo factible y lo imposible,
un conocimiento previo al conocimiento.
No llueve del cielo, con nosotros florece;
no es indiferencia sino retenida pasión,
gozosa y melancólica aceptación
del humano efímero capricho.

Pocas cosas sabe el sabio, pero las recuerda:
que el hombre está al servicio de la mujer,
y ésta, al servicio de la maternidad,
y los unos y las otras mueren, perpetuados.
Además, existe la palabra
con la que los objetos devienen nominados
y los conceptos creados,
eso que nos hace distintos de las bestias,
un poco, no demasiado.

Pero no es ésta la sabiduría a salvar
si cada hombre en sí mismo la puede encontrar.


5.

El amor que hace dulce a quien áspero era
no se concede a los gregarios.
El amor que ordena las distintas percepciones
no resiste las músicas vulgares.
El amor que hace azules el aire y el agua
no puede todo transustanciar.
El amor que da sentido al mundo externo
ama el silencio, la soledad, el mar.

Tú, huso de fuego interno,
casta rosa radioactiva,
que lo transitorio en eterno
muda en la llama viva,
efluvio de la materia
por tu espíritu restaurada,
y de nuestra miseria
singular belleza abstracta,
tú, ascua de hielo, emanas
tu inmortalidad
sólo a quien tiene puras las manos
de la común pusilanimidad.


Juan Rodolfo Wilcock (Buenos Aires, 1919-Lubriano di Bagnoregio, Viterbo, 1978), "I tre stati", Poesie, Adelphi Edizioni, Milán, 1993
Versiones: Jorge Aulicino

4.
La saggezza non è un dono degli anni / bensì una qualità aristotelica / che si ha o non si ha fin dalla nascita, / un equilibrio fra il fattibile e l’impossibile, / una conoscenza previa alla conoscenza. / Non piove dal cielo ma con noi fiorisce; / non indifferenza ma trattenuta passione, / gioiosa e melanconica accettazione / dell’umana effimera fantastichezza. // Poche cose sa il saggio, ma le ricorda: / che l’uomo è al servizio della donna, / e questa al servizio della maternità, / e gli uni e le altre muoiono, perpetuati. / Inoltre, esiste la parola, / con cui gli oggetti vengono nominati / e i concetti creati, / ciò che ci fa diversi dalle bestie, / un poco, ma non troppo. // Ma non è questa la sapienza da salvare / se ogni uomo in sé la può trovare.

5.
L’amore che fa dolce chi aspro era / non si concede ai gregari. / L’amore che ordina le varie percezioni / non resiste alle musiche volgari. / L’amore che fa azzurri l’acqua e l’aria / non può tutto transustanziare. / L’amore che dà senso al mondo esterno / ama il silenzio, la solitudine, il mare. // Tu fuso di fuoco interno, / casta rosa radioattiva, / che il transitorio in eterno / muti nella fiamma viva, / effluvio della materia / per te spirito rifatta, / e della nostra miseria / singola ricchezza astratta, / tu brace di ghiaccio emani / la tua immortalità / solo a chi ha pure le mani / dalla comune viltà.

Sitio J.R. Wilcock en italiano, aquí

Foto: La Stampa Libri, s/d

lunes, septiembre 06, 2010

Germán Arens / Dos poemas




Cuando esos dos hombres...

Cuando esos dos hombres
venidos del pueblo
instalaron el tanque australiano entregado
por la firma fabricante que lo fabricara...
que hicieran al tanque
el envío incluía
accesorios diversos
las chapas
de un metro
de un metro
de ancho
tres metros
de largo...
y entre ellas
las juntas
las juntas
de unión,
etc., etc..



Dijera el abuelo:

-¡Cepillar con cepillo
de año en año debemos las paredes internas...
evitará permanezcan adherencias en tiempo!

Nunca hubiéramos imaginado;
tan niños nosotros...
que estábamos a días
de contemplar agradecidos a Diana en bikini
mientras las vacas abrevaban cerquita.



Anoche apareció el espíritu de Edgardo...

Anoche apareció el espíritu de Edgardo...
La abuela estaba con dolor de cabeza y fue al living a buscar bayaspirinas.
El miraba una fotografía en la que acababa de tomar su primera comunión.


Germán Arens (Bahía Blanca, 1967), Los ojos del cordero, El Suri Porfiado Ediciones, Buenos Aires, 2010

Ilustración: La bañista, 1848, Jean-François Millet

Eiléan Ní Chuilleanáin / Una liebre




A falta de instinto asesino

Me encontré con una liebre absorta, quieta,
Sentada en medio de la huella cubierta de hierba,
Cuando corría a las colinas, a la hora en que
Mi padre moría en un hospital—
De pronto vuelvo a verla, traída de regreso
por la foto premiada del diario de la mañana:
Dos galgos tropezando, absurdamente gordos,
Mientras la liebre corre hacia la izquierda, sus ojos brillantes
Llenos no solo de miedo y velocidad
Sino en el momento, seguro, de un jubiloso poder,

Como el de mi padre, al escapar de un camión con una carga de soldados
En mil novecientos veintiuno, a los diecinueve años, jamás
Tanta alegría, dijo, acorralado en el angosto camino
Entre los setos altos, en el atardecer del verano.
La liebre
Como él, nunca debió haber sido perseguida,
Pero, astuta, se escapa; otro día
engañará a los estúpidos perros regresando
Sobre su mismo olor, colina abajo, y elegirá su momento
para salirse del cuadro, todo mientras
la jauría sube afanosamente.
El camión gruñía,
Y él estuvo astuto, vió una casa
Y se arriesgó a meterse por una puerta abierta. Los soldados
Encontraron seis personas en una cocina de campo, una de ellas
Secándose la cara, confundida, la toalla
Cubriendo su cara a medias. El camión se fue,
La gente lo dejó dormir ahí, y al despertar salió
A un dichoso amanecer. ¿Tenía que entrar por esa puerta?
Si hubieran incendiado ese refugio, ¿qué bien
le habría significado toda su huída brillante
a aquellos que lo albergaron?
Y yo no debí haber
Huído. Pero volví a la ciudad
A la mañana siguiente, lavada en el agua marrón del pantano, y
Pensé en la libre, en su hora de alivio.


Eiléan Ní Chuilleanáin (Cork, 1942)
Versión de Silvia Camerotto

On lacking the killer instinct
One hare, absorbed, sitting still, /Right in the grassy middle of the track, /I met when I fled up into the hills, that time /My father was dying in a hospital - /I see her suddenly again, borne back /By the morning paper's prize photograph: /Two greyhounds tumbling over, absurdly gross, /While the hare shoots off to the left, her bright eye /Full not only of speed and fear /But surely in the moment a glad power, //Like my father's, running from a lorry-load of soldiers /In nineteen twenty-one, nineteen years old, never /Such gladness, he said, cornering in the narrow road /Between high hedges, in summer dusk. /The hare /Like him should never have been coursed, /But, clever, she gets off; another day /She'll fool the stupid dogs, double back /On her own scent, downhill, and choose her time /To spring away out of the frame, all while /The pack is labouring up. /The lorry was growling /And he was clever, he saw a house /And risked an open kitchen door. The soldiers /Found six people in a country kitchen, one /Drying his face, dazed-looking, the towel /Half-covering his face. The lorry left, /The people let him sleep there, he came out /Into a blissful dawn. Should he have chanced that door? /If the sheltering house had been burned down, what good /Could all his bright running have done /For those that harboured him? /And I should not /Have run away, but I went back to the city /Next morning, washed in brown bog water, and /I thought about the hare, in her hour of ease.


Foto: Eiléan Ní Chuilleanáin Den Poezie

domingo, septiembre 05, 2010

Gerardo Gambolini / Distancia




Distancia de las cosas

Los poetas carecen de pudor respecto
de sus aventuras: las explotan.

—Nietszche


Ah, la luz se descompone
y todos los bosques de Trakl,
los bosques estúpidos de Trakl
vienen a mí.

Pero no es la noche
o la lluvia de Lima, o el lago de Albinoni,
los álamos de Brabante. Ah, en un punto,
el pesar sugerido

siempre es falso, cobarde,
inconmovible — el tenebroso
riesgo del arte, la emoción
por interpósita persona.

Otras luces más graves se apagan a diario
y no cambia la distancia de las cosas
ni los ruidos, la rebelión aprendida
o la gratitud.

La noche termina
en un comercio de la piedad —
la verdadera elegía
es otra.

Gerardo Gambolini (Buenos Aires, 1955), inédito

Ilustración: Paisaje con árbol (detalle), 1860, Camille Corot

Alejandro Pidello / Pintura




Viajes de pintura

Pintar un taxi desde adentro
con trazos de Kandinsky
con letras de intensidad según la mirada
con músicas diferentes según el impacto de la noche en cada esquina
eventualmente contando con el efecto del rojo en el espacio detenido
por las luces acumuladas de la regulación del tráfico. Pintar guiando
tu mano
mojada
de arquera azul en la llovizna perdida de un castillo sombrío en París o Berazategui.
O pintar por afuera un tren interurbano,
sin puertas
lento sobre una noche de agua feroz sin luz para llevar los traqueteos mecánicos,
con números
a lo Bilal, es decir con tu cuerpo abrigado como en invierno del Este
sujetando las herramientas necesarias para la Guerra Fría
y bebiendo un alcohol de lujo con nombre como Meruňka
con tu mano pegada a la botella de vidrio traslúcido y con símbolos o signos.
Pintar tus labios con los dedos mojados
con la luz de un barquinazo o de una frenada
con colores untuosos
intransferibles
con sonidos de pintura.

Alejandro Pidello (Rosario, 1947), XVIIII Festival de Poesía de Rosario

Roberto Raschella / El silencio




El silencio era cuatro muchachos

El silencio era cuatro muchachos que pasaban.
Había un pozo de creta delante de la iglesia.
La madre decía el pesar sobre la sangre
del hijo herido o el animal callado,
después arrojaba la desnuda madeja a la cama
que ya estaba excavada.
Temía los signos del perro de cobre puro,
el perro entre martillos de verano y hambres,
el perro que surgía de sus ojos vivo.
"¿De dónde ha llegado esa nube?".
"Ha llegado de otro mar: pasó
por la ventana y arrancó el lunario".
"Llórame, madre, entonces. Llórame
en vida, llórame".
"No. Hago votos por ti,
con toda el alma.
Pero no bailes.
Te dará vuelta la cabeza.

Oh, amargo hijo:
tú que no tienes sufrimiento
todavía, tú que heredas mi mal,
tú que has nacido con los pies de fuego...
Búscate una mujer.
Búscate un hermano, te pido.
Búscate otra tierra".
Ella era la forma mía,
la terrible pared.

Roberto Raschella (Buenos Aires, 1930), XVIII Festival de Poesía de Rosario

sábado, septiembre 04, 2010

Bertolt Brecht / De "Historias del señor Keuner"




La más sabia de todas las sabidurías reside en la actitud

Un profesor de filosofía acudió a la casa del señor Keuner para mostrarle su saber. Pasado un rato, el señor Keuner le dijo: –Estás sentado de una manera incómoda, hablas incómodamente, piensas incómodamente. Encrespado, el profesor de filosofía respondió: –No se refería a mí lo que yo quería saber, sino al contenido de lo que estaba diciendo. No tiene ningún sentido -dijo el señor Keuner–. Andas con torpeza y no he visto que tus pasos te condujeran a ninguna parte. Hablas de manera oscura y tu conversación no ha arrojado ninguna luz. Basta ver tu actitud para perder las ganas de conocer tu objetivo.


La antigüedad

Al contemplar un cuadro "constructivista" del pintor Lundström que representaba unos cántaros, dijo el señor Keuner: -Un cuadro de la Antigüedad, de una época de barbarie. En aquella edad remota los hombres no sabían distinguir las cosas; ni lo redondo les parecía romo ni puntiagudo lo agudo. Los pintores tuvieron que recomponer de nuevo las cosas y mostrar a su clientela objetos distintos, unívocos y precisos, hasta tal extremo reinaba lo confuso, vago y equívoco. Era tanto su afán por encontrar un hombre insobornable en aquellos tiempos, que estaban dispuestos a vitorear al primer loco que encontraran a su paso, con tal de que no quisiera poner precio a su locura. El trabajo se repartía entre muchos, como ya puede verse en este cuadro. Los que determinaban las formas de las cosas no se preocupaban por su función. En este cántaro no se puede verter agua. Debieron existir en aquellos tiempos muchos hombres que sólo eran considerados como objetos de uso. ¡Bárbara edad la Antigüedad!
Pero el señor K. fue advertido de que aquel cuadro era, en realidad, una obra de arte contemporánea.
-Sí, sí, ya sé –dijo el señor K.-. De la Antigüedad.

Bertolt Brecht (Ausburg, 1898-Berlín, 1956), Historias del señor Keuner, traducción de Eduardo Subirats, Barral Editores, Barcelona, 1974

Ilustración: Hombre sentado, 1915, Egon Schiele

Armando Freitas Filho / Dos poemas




Instalación para Benjamín

Debajo de un lustre de lunas
comprado en Murano
de un lujo de galaxias
hélas!
Las escaleras mecánicas y tu delirio súper.
Las luces de la galería se encienden todas.
Y sucesivas.
Parece una carcajada.
¿Una vida, un aura, un halo
sin video que los registre y fije
podrán resistir
solos
sin pudrirse, al aire libre?
¿O agonizarán en el éter, eternamente
deambulando en vivo, sin luz y carbono
-duros, ready-mades, azules-
casi cadáveres a cada minuto
descomponiéndose, sin duplicados
entre surtidores y reflejos quebrados
en esos pasajes, a los gritos?


Fotografía

No amaba el amor. Ni sus pruebas.
Amaba su engranaje. La tramoya
del escenario, el seguidor ciego
con la posibilidad de la luz.
El telón cayendo de golpe
en boca de escena, bajo el corazón imaginario
artificial y monitoreado, distinto
de aquel que latía dentro de sí:
sin control - en la bella y en la bestia.


Armando Freitas Filho (Río de Janeiro, 1940), Entre cielo y suelo. Una antología, selección de Teresa Arijón y Camila do Valle, traducción de Teresa Arijón, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 2010


Instalação para Benjamin
Debaixo de um lustre de luas / comprado em Murano / de um luxo da galáxias / helás! / As escadas rolantes e seu delírio super. / As luzes da galería se acendem todas. / E sucessivas./ Parece uma gargalhada. / Uma vida, uma aura, um halo / sem vídeo que os registre e fixe / poderão resistir / sozinhos / nao apodrecendo, ao ar livre? / Ou agonizarão no éter, eternamente / flanando ao vivo, sem luz e carbono / -duros, ready-mades, azuis- / quase cadáveres a cada minuto / se descompondo, sem duplicatas / entre repuxos e reflexos quebrados / nessas passagens, aos berros?


Fotografia
Não amava o amor. Nem as suas provas. / Amava sua engrenagem. A urdiura / do palco, o holofote cego / com as possibilidade da luz. / A cortina caindo em pano rápido / na boca de cena, sob a coração imaginário / artificial e monitorado, diverso / daquele que batia dentro de si: / sem controle - na bela e na fera.


Foto: Freitas Filho Sergio Liuzi/Mesmo poemas

viernes, septiembre 03, 2010

Irene Gruss / Lluvia




Llueve como si no bastara...

Llueve como si no bastara,
como si un anhelo fuera demasiado poco,
demasiado lo que no alcanza o lo que llueve: bastante,
suficiente.
No alcanza un anhelo, hace falta
más y más de esa nada que sobra, como la lluvia que sobra, arrebata
el borde del postigo y cae
hacia adentro, moja los libros dejados al azar
bien en el borde, sin cuidado,
se corre la tinta en cada uno, demasiado,
demasiado perder lo que no basta,
la lluvia como si no sostuviera el cielo.

Irene Gruss (Buenos Aires, 1950), inédito

Ilustración: Brooklyn Bridge in Winter, 1904, Frederick Childe Hassam

jueves, septiembre 02, 2010

Héctor Freire / Canasta con frutas




Naturaleza muerta

(Canasta con frutas, Caravaggio)

Nada hace prever en el color de las frutas
su muerte próxima.
Sueñan al borde de la mesa
donde se agitan suavemente
en las ramas más altas y flexibles.
Instauran la armonía de los cuerpos blandos:

-lo bello suele estar cerca de lo corrupto-.

Unidas por un hilo de luz,
esas frutas no son más reales
de lo que pueden serlo en una pintura.
En esta "naturaleza muerta",
una luminosa cortina amarilla se deja caer
más allá de la espesura de los años.
Al amanecer los simulados árboles
se volverán a mostrar tras las sombras de las hojas.
Y sin embargo en esta canasta con frutas pintada
en 1596, por el violento y fugitivo Caravaggio,
un claro resplandor se seguirá esparciendo.
el silencio de una escena única que se precipita
sobre el dibujo animado del horizonte.
"Su valor radica en el hecho de estar aquí y no allí".

Ahora, el sol proyecta su dedo de sombra
sobre el lienzo y rompe la permanencia
con que se disfraza: es una luz íntima
y ese instante es perpetuo.

Héctor Freire (Buenos Aires, 1953), Satori, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2010

Ilustación: Canestra di frutta, c. 1596, Michelangelo Merisi da Caravaggio

miércoles, septiembre 01, 2010

Raúl González Tuñón / Epitafios




Marqués de Villamediana

Dejó un cuadro, un puñal y un soneto
Manuel Machado

Pronto partió dejando poco escrito.
(No fue, exactamente, Oliveretto).
Pero hubo amor intriga duelo muerte
y un soneto.
"Silencio en tu sepulcro deposito".


Pushkin

Nadie recuerda al General de entonces
ni al ministro ni al zar a cuya estatua
únicamente acuden las palomas.
Mas hoy se dice: "El tiempo de Pushkin",
"La Rusia de Tolstoi"... Mucha nieve
cayó sobre las isbas y los años
sin cubrir su memoria.


Bécquer

Todo habrá terminado, señores, un buen día,
en nuestra andante y derramada tierra.
La veleta, los pinos, la baraja, el oporto,
la Secretaría de Cultura, el crepúsculo.
Callarán las cigarras de todos los veranos
y el grillo del hogar de todos los inviernos
y él va a sobrevivir a los helados mundos
porque siempre, "siempre habrá poesía".


Tristán Corbière

Al fin él fue a parar como el grumete
de su honda "Lettre du Mexique"
al Jardín de Aclimatación.
¡Qué lindo!
Vengan a ver cómo Van Gogh
lo ha pintado todo de amarillo.


Hilario Ascasubi

Este criollo tan fino
-pudo ser amigo de don Segundo Sombra-
plantó un sauce en la tumba de Musset.
¡Una manera de ser argentino!


Rubén Darío

Del que innovó, de aquel que trajo
otra instrumentación, un nuevo acento
y el alejandrino francés y escribió nobles versos
atravesados por vientos civiles,
don Antonio Machado, que hoy reposa en Colliure
-él, que no compartía el nuevo gay cantar-
dijo en el día amargo:
-"Nadie esta lira taña si no es el mismo Apolo,
Nadie esta flauta toque si no es el mismo Pan."


Jack London

Igual que el precursor Bret Harte
-polvo de diligencias y arenales ardientes-
y el encantador Oscar Henry
-pícaros y pianolas del drama y la comedia-
creó y amó a las gentes y a las cosas
y a él lo amó la aventura.
Quedan libros nevados, soleados, habitados
por lobos y por ángeles. Y el querido recuerdo
de un Gran Muchacho Americano.

Lo mismo que John Reed.


Katherine Mansfield

...Y que el aire perfume su cabellera clara.
Allí donde discurren las memorias perdidas,
las voces olvidadas y los paseos errantes.
La muerte, distraída, que resucita rosas.

El Gran Meaulnes la hubiera amado.

Antón Chejov, padre de la nostalgia y la dulce ironía,
a través de lejanos anteojos de bruma
la contempla en el tiempo de un otoño evadido.

Su vida fue un poema lánguido y penetrante.
Y, como todos los poetas muertos,
cada vez que alguien sueña ella retorna.
Y vuelve a irse cuando muere un sueño.


Raúl González Tuñón (Buenos Aires, 1905-1974), "Sólo unos cuantos nombres de la larga memoria", Demanda contra el olvido, Ediciones La Rosa Blindada, Buenos Aires (1963), tercera edición, 2006

Ilustracion: Dolmen en la nieve, siglo XIX, Caspar David Friedrich