miércoles, junio 19, 2019

James Byrne / Dos poemas
















Recuperación

Déjame imaginarte regresar a casa
desde la oscuridad, entre cuerpo y mente,

haciéndote innegable de la misma manera
en que un árbol hace olas desde su sombra.

Hay refectorios que silencias
con una sola chispa de ingenio,

hay hombres a quienes has gobernado
con solo aroma, solo postura.

Ahora tu ardid más difícil: empezar de nuevo
una vida que termina al convertirse en oro.

En septiembre (el mes que asiste a todos los demás)
déjame conjurar el mejor lado tuyo,

entender de alguna forma lo intacto
de la vida, como hacen los espejos.

De Blood/Sugar, Arc Publications [Lancashire], 2009


El sueño de la  razón produce monstruos

Ahora que el estado legitima el odio,
un despierto triunfo de catástrofe truena
profundo en el valle (¿y dónde están los Blake
y los Milton ahora?). La crisis de los espejos
donde mi vecino razona solo
consigo mismo: una cara que silba, encadenada
al sueño en la coda de una estrella. Una fantasía,
todo lo que es puro es Inglaterra.

De Los Caprichos (after Goya), 2017, inédito

James Byrne (Buckinghamshire, Inglaterra, 1977), Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires, 2019
Traducciones de Katherine M. Hedeen y Víctor Rodríguez Núñez
Foto: Sandeep Parmar

Ref.:
Arc Publications
Poetry Foundation
Buenos Aires Poetry
Círculo de Poesía

martes, junio 18, 2019

Hans Arp / La tabla de huevos





















sobre mi tabla de huevos hoy domina una voz de elogio a cuatro voces a saber en primer lugar una voz con derecho a voto en segundo lugar una voz de falsete en tercer lugar una voz de bajo y en cuarto lugar una voz estentórea: la tabla de huevos patentada por arp hasta cierto punto es el fénix del tenis y se conquistó el corazón de todos los amantes del deporte y del huevo.
así como en el pasado ocupé el primer lugar de los muñecos de nieve en un hierático librito de posiciones hoy estoy en el primer lugar delante de los actos de caridad a cuatro manos con la buena reputación de nariz de león ojos de león y orejas de león.
por mi tabla de huevos el pulmón aprende a soplar el cuerno francés y la paciencia prensada a través del paladar se desliza otra vez en su lugar.
por mi tabla de huevos la persona dedicada a la casa es guiada por el serrador solterón manteniendo el movimiento deseado hasta el toque de campanas.
se convierte en un muñeco de paja dorado resistente al fuego con la mano izquierda dobla el mango izquierdo allí los lirios de civil.
eso que hasta ahora se intentó en vano con una ganzúa y pocos molineros ahora funciona jugando con mi tabla de huevos.
el número de jugadores no tiene límite.
un número cualquiera de gladiadores abre el juego en fila india a la voz de: ave tabula ovo arpis morituri te salutant y se extienden con la tabla de huevos siempre de forma regular rompiendo los huevos y contemplando el gol como vencedores.
así pasan todos los grupos desde la a hasta la z componiendo versos y aspirando al gol sin que ningún grupo dispute al otro la palma de los vencedores y eso solo por la influencia mágica de la tabla de huevos.
parágrafo tres: es desleal emplear huevos duros.
parágrafo cuatro: a las cuatro de la tarde todos sacan su huevos de colón y los degustan bien.
este es el denominado afternoontea porque todos se sientan en su trasero.
el trasero del señor permanece pacíficamente estampado hasta las five-o-clock-tea.
punto five el juego continúa hasta el parágrafo five.
parágrafo five: en un punto five se avanza cinco puntos pero en un punto cinco debe retrocederse five puntos.
parágrafo trece: vuela un huevo sobre un árbol y allí empolla de este modo la gallina me pertenece.

Hans (Jean) Arp (Estrasburgo, Alemania, 1887-Basilea, Suiza, 1966), Dadá Zürich, Zúrich-Hamburgo, Arche, 1998
Versión de Silvana Franzetti

Ref.:
El País
Guggenheim
El Placard
Zenda
A Media Voz

Foto: Jeanne Bucher Jaeger


das Eierbrett

über mein eierbrett herrscht heute eine stimme des lobes und zwar vierstimming erstens mit einer stimmberechtigten stimme zweitens mit einer fistelstimme drittens mit einer baßstimme und viertens mit einer stentorstimme: arps patentiertes eierbrett ist gewissermaßen der phönix des tennisspieles und hat sich die herzen aller sport- und eierliebhaber erobert.
während ich früher im hieratischen rangbüchlein nach den schneemännern rangierte stehte ich heute an erseter setlle vor den benefizvirhändern mit dem guten leumund der leunase den leuagen und den leuohren.
durch mein eierbrett lernt die lunge das urwaldhorn zu blasen und das durch den gaumen gepreßte sitzfleisch rutscht wieder an seine stelle.
durch mein eierbrett wird der stubenhocker von der eingefleischten laubsägerei unter beibehaltung der liebgewordenen bewegung zum glockenläuten geführt.
er wird ein feuerfest vergoldeter strohmann der linke hand am linken griff lilien in zivil knickt.
was bisher vergeblich mit einem langen dietrich und kurzen müller versucht wurde gelingt nun spielend mit meinem eierbrett.
die zahl der spielteilnehmer ist unbegrenzt.
eine a-beliebige zahl gladiatoren eröffnet im gänsemarsch mit dem ruf: ave eierbrettula arpis morituri te salutant das spiel und zieht immer fleißig mit dem eierbrett eier schlagend sich als sieger betrachtend durch das goal.
so ziehen alle gruppen von a bis z dichtend und trachtend durch das goal ohne daß eine gruppe einer andern die siegespalme streitig machen würde und dies nur durch den magischen einfluß des eierbrettes.
paragraph drei: hartgeckochte eier zu verwenden ist unfair.
paragraph vier: um vier uhr holen alle ihre columbuseier hervor und lassen sie sich gut schmecken.
dies ist der sogenannte afternoontea weil alle dabei auf ihren after sitzten.
der allerwerteste herr bleibt dabei friedlich gepreßt bis zum five-o-clock tea.
punkt five geht das spiel weiter nach paragraph five.
paragraph five: geht einer punkt five fünf punkte vor so muß er punkt fünf wieder five punkte zurück.
paragraph dreizehn: fliegt ein ei auf einen baum und wird dort ausgebrütet so gehört das huhn mir.

lunes, junio 17, 2019

Pablo Chacón / Mar del Plata


En la avenida Luro, al final, hay un muelle de madera y cemento.
Era el muelle favorito de Repetto y de Bronzini,
   socialistas ilustrados en el Jockey Club,
   rosa de los vientos que un día amaneció muerta,
piedra sobre piedra,
   bajo un paño gris ceniza,
todo humo y escarnio.
   Esa noche sonó la sirena y otra, mucho después,
abierta al golpe que partió la proa de un barco perdido
   y sin rastros de la tripulación.

Esperamos en la colina. Esperamos mudos.
El muelle de madera y cemento es un dibujo iluminado
   y la playa plana, a los costados,
un espacio vacío, visitado por los resplandores lunáticos.
   Ni una sombra, nada, relámpagos,
arriba
   y a la distancia, un silencio enorme como el miedo.
El resto es desprecio.
   El desprecio se cultiva.
   El desprecio es la única planta que se traga al miedo.
Pero consideremos, por respeto, al humor del comensal;
   las escaras del muelle, chatas,
infladas de parásitos, de lombrices, de larvas encerradas
   que apolillan la materia y los bajíos,
   los revoques de urgencia,
la prosperidad de temporada,
y los caprichos de la gravedad: marea alta y bandazos,
   oleadas y bandazos
que el comensal apunta, y suma a los escapes de un gas
   que pica en los ojos, la nariz,
arruina el aliento...
   ¿es un pozo, un osario?

   Al borde del muelle,
entre los cascotes derrumbados y las gaviotas muertas,
   a unos doscientos metros de la costa
crece un tumor.
   Es la carta robada.
Los pescadores todavía silban una martingala afantasmada,
compuesta
   para intimidar suicidas.

El cartel de neón chisporrotea GAN A,   CIA,
o GANCIA eventualmente:
   sobre la trayectoria estacional de la arena
se acumulan intensidades y un falso punto de vista.
   El mar es mi casa: los muertos no están muertos.
Los años pasaron desde entonces.
   La ciudad está ahí.
Los restoranes cierran a las ocho. El casino no cierra.
   Hay negocios vacíos y otros clausurados.
Hay autos abandonados y calles vacías.
   Hay vías de tren abandonadas
solares quemados por el frío, y al sur, entre el puerto y el faro,
   bajando desde Alem, una ruta brumosa se estira,
camino al chaparral que algunos, exagerando,
llaman infierno.
Es necesario acelerar, ajustar las luces altas,
   cambiar de ángulo y foco.
En el infierno flamea la bandera roja.
   Pero como el marinero polaco,
yo no quiero ahogarme, sino nadar hasta hundirme.
Sobrevivir a nuestras catástrofes es una prueba de canalla.

   ¿Quién lo duda?
¿Los viejos?
   Para un viejo nada es contemporáneo.
   Y acá, en el balneario, no hay más que viejos
convertidos
   a la utopía de un verano eterno.

Pablo Chacón (Mar del Plata, Argentina, 1960-2018), Calor quieto, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 2000

Ref.:
Pájaro Rojo (1)
Pájaro Rojo (2)
La Capital
Página 12
Noticias Urbanas
Letras Libres

Foto: s/d

domingo, junio 16, 2019

Alberto Cisnero / César Vallejo resiste con sus huesos...














César Vallejo resiste con sus huesos
fidedignos la comedia sintética y profesional
de una forma sobrehumana. no tasa otro
gesto de radicalidad, de heroísmo
o de indagación de alguna causa.
simplemente sigue confrontando
de contínuo con un límite; escribiendo.
nunca le dijo adiós a la vida.
toco la piedra que lleva tu nombre.
murmuro algo que estaba roto
para siempre. caiga la nieve.

[inédito]

Alberto Cisnero (La Matanza, Argentina, 1975)

Ref.:
Barnacle
Op. Cit.
Ruinas Circulares
Griselda García
El Poeta Ocasional
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: Op. Cit.

sábado, junio 15, 2019

Reina María Rodríguez / El éxito

















De todo lo que ha pasado
la explicación es lo peor que ha pasado.
Una madre no es un día
para ir a la tienda.
Una madre tose,
se resfría
y pregunta cosas que nunca
responderás.
Es así esta cadena
desleal.

Toqué sus dedos tan delgados
despidiéndome,
pero en mi cabeza aún sigues joven
bañándote en el mar con la trusa
negra y amarilla
llenita de flores rojas sobre el vientre.
Lo peor de todo es explicar lo que dimos
o lo que no pudimos dar,
lo que está inhabitado
y se protege
sin más explicación.

II

Siento su voz
llamándome
cuando desde la ventanilla
la veo jugar entre olas
que pronto no volverán
-aunque la resaca la traiga
con el plato de sopa a la escalera-,
o el dinerito de un vuelto
que me presta
y nunca devolveré
con el mapa de un retazo que sobró
aunque no alcance esta vez
al estirarlo más
para que la blusa caiga
ranglán
sobre la necesidad del hombro,
sus botones cosidos
unos encima de otros
reafirmando
con hilo naranja
lo que no puede ver.

III

Alguien está tocando el piano
y alguien se detiene junto a él
es ella, la que cosió vestidos
interminables como teclas
sobre acordes
finitos.
Soy yo, la que hice poemas
que no son suficientes
para dar una explicación
que no sea baratija:
un vestido, un color, un botón,
el rastro (el trapi)
“Rojo, blanco y azul”
que nosotras llamábamos:
“El éxito”
y no le decíamos a nadie
dónde quedaba
para ser cómplices
y dueñas del misterio.

IV

Un beso ladeado
se resbala de la mejilla,
sale a la carretera
y se dispersa
hacia el retrovisor que marca
la inocencia,
del tiempo de una vida
donde nos creíamos inteligentes.
Esos fueron nuestros viajes
y nuestras desavenencias.
Voy a morirme sin ti
-como ella morirá sin mí.
Está escrito en el sueño
con zapatos viejos.
Es el destino
una repetición
de la mano abierta
con sus finas líneas
controversiales.

Si volviera a nacer
a tener una hija y una madre
pediría que fueran ustedes.
Les diría lo que no está explicado
en la explicación
frente a la puerta de salida
donde uno no sabe ni dice
cuánto puede dar
ni merecer.

[Inédito]

Reina María Rodríguez (La Habana, 1952),  Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires, 2019
Foto: José Pérez Gómez

Ref.:
Radio Televisión Martí
Diario de Cuba
El País
LL Journal
Vallejo & Co.

viernes, junio 14, 2019

Geoffrey Hill / De "Una apología por el renacimiento de la arquitectura cristiana en Inglaterra"















4 UNA BREVE HISTORIA DE LA INDIA BRITÁNICA (I)

Hacer miniaturas del tema una vez monstruoso:
los devotos de casaca roja, refriegas en ruedas,
amantes de Jagannath. Indiferentes por el objetivo,
descargan el cañón que brama sobre las paredes

de fortalezas y palacios; contaminan los pozos.
Confiscan la memoria para su vergüenza en bancarrota,
fantasías del verdadero destino que mata
"en el nombre de Inglaterra".

Ser movidos por la fe, la obediencia infalible,
la arrogancia perfecta de la culpa heroica,
la gracia de la visitación; y son incitados

por sus búsquedas de dioses, sus idolatrías,
en cónclave por las injurias continuas
saciadas sobre la serenidad de la novia.

Geoffrey Hill (Bromsgrove, Inglaterra, 1932-Cambridge, Inglaerra, 2016), "An Apology for the Revival of Christian Architecture in England" ("Una apología por el renacimiento de la arquitectura cristiana en Inglaterra"), New and Collected Poems, 1952-1992, Poetry Foundation
Versión de Silvia Camerotto y Jorge Aulicino

Ref.:
Poetry Foundation
Paris Review
The Guardian
Perros en la Playa
Vallejo & Co.
Círculo de Poesía
Asamblea de Palabras
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: Geoffrey Hill, 2013 Clara Molden/The Telegraph


4 A SHORT HISTORY OF BRITISH INDIA (I)

Make miniatures of the once-monstrous theme:   
the red-coat devotees, melees of wheels,   
Jagannath’s lovers. With indifferent aim   
unleash the rutting cannon at the walls

of forts and palaces; pollute the wells.
Impound the memoirs for their bankrupt shame,   
fantasies of true destiny that kills
‘under the sanction of the English name’.

Be moved by faith, obedience without fault,   
the flawless hubris of heroic guilt,   
the grace of visitation; and be stirred

by all her god-quests, her idolatries,   
in conclave of abiding injuries,   
sated upon the stillness of the bride.

jueves, junio 13, 2019

Valeria Cervero / Tal vez lo que quede...














Tal vez lo que quede simplemente sea el hueso,
el que hizo de sostén todo este tiempo,
antes y después de la caída,
de la aparición en medio de la tarde
–como una maravilla
de puro olor a jazmines–,
el hueso, en medio de un cielo
que no es cielo ni arte.
¿Porque cuántas vidas abarca una vida?
¿Cuánto amor puede guardar un cuerpo?
Pero el hueso sigue ahí,
en la espera, en la dicha,
en el borde de tanto,
como el ojo del tigre en la espesura
o un destello infinito
en el desierto.

De Agujeros en la superficie, inédito.

Valeria Cervero (Buenos Aires, 1972), Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires, 2019

Ref.:
De lo que no aparece en las encuestas
Op. Cit.
La Ficción del Olvido
Literatura Viva
1 Poeta 10 Preguntas
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: Paper Blog

miércoles, junio 12, 2019

Jaime Saenz / De "Las tinieblas"

 

















4.

   La oscuridad es menos pesada que el aire; el aire es más pesado que la transparencia.
   En la sequedad se encuentra el secreto de las tinieblas; en la falta de agua.
   - en la inmovilidad del movimiento;
   en la falta de espacio - pues en la misma medida en que la amplitud crece, el espacio decrece.
   Así se explica que el hombre, para avanzar cuatro pasos en las tinieblas, debe caminar durante muchos años;
   pues un día de tinieblas, vale más que mil años de transparencia.
   Por eso los hombres amantes del alba, los hombres afectos a la alegría,
   comen de todo y no saben nada.
   Prematuramente se les arruga la cara, y se les achica los ojos;
   cambian y vuelven a cambiar de la noche a la mañana; y cuando resplandecen de alegría,
   hacen un gesto.
   Por eso los que aman las flores, los que aman la jardinería, los que aman el espectáculo ameno de la naturaleza en general,
   carecen de fuerza y no tienen idea de la energía, se vuelven locos y no saben qué hacer,
   y, como son incapaces de dominar el dolor,
   en realidad no aman por amar sino porque tienen miedo,
   cuando creen amar al mundo y cuando no lo aman en absoluto,
   y cuando el mundo no los ama y los rechaza y no quiere ni mirarlos.

   5.

   Por eso los hombres afectos a las tinieblas, los hombres que a nadie aman,
   son los que aman.
   Y por eso no aman al mundo; por lo mismo que lo aman
   - pues no lo aman.
   La apariencia del mundo les infunde recelo.
   Sólo viven para mirar la imagen desnuda del mundo.
   Con el ojo puesto en los pedruscos - con el ojo puesto en la sustancia de los pedruscos.
   Con el oído atento al fragor del polvo que se calcina - con el oído atento al fragor de la tierra que se consume
   - estos hombres secos, flacos, callados, en mucha parte, son los causantes de muchas cosas
   El mundo que se destruye quién sabe cómo, por inmisericordes fuerzas que vienen no sé de dónde;
   y los esfuerzos del hombre obstinado, que vanamente se empeña en recoger los escombros
   - eso les interesa.
   Las tormentas, los terremotos, las epidemias - y por eso están aquí.
   El socavamiento de ciudades y murallas, de grandes obras y de colosales trabajos,
   por ejércitos de hormigas que se cuentan como arenas en el mar.
   las víboras, los alacranes y los moscardones que infestan la faz de la tierra, siempre amenazada por espesos miasmas
   - un mundo despiadado, invisible y temible,
   que no cejará hasta no haber aniquilado al género humano
   - eso les interesa a los hombres amantes de las tinieblas;
   los frutos silvestres que, asumiendo hermosa apariencia, atraen al hombre ávido y lo matan;
   las trampas mortales que el mundo, en lo oculto, utiliza para atrapar al hombre.
   Las hambrunas y los maleficios y las calamidades.
   Los azotes y los flagelos que hacen despertar al hombre.
   Eso les interesa, y por eso están aquí.

Jaime Saenz (La Paz, 1921-1986), Recorrer esta distancia. Bruckner. Las tinieblas, Carlos Cociña ed., Ediciones Intemperie, Santiago de Chile, 1996

Ref.:
Ediciones Intemperie
Poetas del Fin del Mundo
Buenos Aires Poetry
Bolivia Com
Eterna Cadencia
Poemas del Alma
Página 7
El Boomerang

Foto: Jaime Saenz a mediados de los 70 Alfonso Gumucio Dagrón/La Razón

martes, junio 11, 2019

Marina Arrate / La dorada muñeca del imperio















1.

Es el esplendor.
Hay una oscura orfebrería radiante
elaborando una tela solar.

Para su cuerpo       para su piel
bordado en pedrería       de seda y chifón.

La  mujer es alta, dorada y fuerte.
Sus largas manos elevan
        lentos cantos abisales.
Para los círculos
del Mundo   y por su imperio.

Es la estela matutina la que alumbra
su alto entramado corporal y su modo
magnífico de ser
esculpida y ser vibrante.

2.

Es el sistema solar.
Hay antiguas catedrales       viejas cúpulas
ardiendo en el tiempo
como el oro.

Tengo un recuerdo de la Habana Vieja:
                           son sombras doradas en los adoquines
                           y puertos eternamente abiertos
                           como si esperaran a un Dios.

Pero me distraigo:
Esta mujer es ventrílocua     y hermosa.

Oh, quisiera también hablar de amor.

3.

La mujer es alta, dorada y fuerte.
Su desnudez parece recamada y brilla, pero
es tan suave como una amatista.
Sin embargo,
está viva y la veo.
Recostada en los espejos, devana su
paciencia peinando su rubia cabellera
y esperando el turno
para salir al escenario y pasear
la tela imperial.

4.

Nantés, Florencia, Atlanta y Singapur.
Son las flores de Adimanto:
                 la ciudadanía ejemplar.
Se pueden pesquisar aún los rasgados telares
de otra allende ciudad antigua,
anteayer contemporánea:
Indiga Mesopotamia
Y sus valles estelares.
Mi mirada se agiganta.
Dios, son altos lirios y llameantes
                 pozos circulares
rigiendo los tiempos como imperios. 

5.

La mujer se coloca una media.
Ella acerca sus dos brazos a su pie.
Su pelo rubio cae
cae hacia adelante.
Pero ella en gesto colosal
lo ordena tras su oreja.

Torsión de su torso hacia atrás.

Sus dos ávidos pequeños pezones
un instante bailan
a pleno sol.

Muñeca dorada.

6.

Coronas para mi amada,
coronas azules para su cabellera dorada
vasos frágiles y fuertes para sus largas manos
telas tenues y misteriosas para la seda de sus dedos
versos puros y perfectos para su boca
y películas de arroz, escapularios ardientes
roncas caracolas y locas
piedras marinas para su lujo
dorado, historias de barcos
en infinito peregrinaje
                                   y telas y telas
en telas imperiales.

7.

La mujer sorprende mi mirada.
A través del espejo observo como espía
mis dos pupilas inmóviles.
Quieta, continúa su lento maquillaje,
pero ahora sé
que cuando ella gire el cuerpo hacia mí
habrá terminado la larga fiesta,
esta vieja ansiedad de parecerme,
mi profundo deseo de tenerla:

La mujer ha salido al escenario.
Es suya la palabra.

De Máscara negra, Lar [Concepción, Chile], 1990

Marina Arrate (Osorno, Chile, 1957), Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires, 2019

Ref.:
El Mostrador
El Desconcierto
La Calle Passy 061
Los Desconocidos de Siempre
Letras Mysite

Foto: Marina Arrate, 2017, Wikimedia Commons

lunes, junio 10, 2019

Russell Edson / Dos poemas






















Una zoografía

Un hombre tenía una manada de elefantes en miniatura. Eran como bolitas grises de goma de mascar; su barritar como el silbido de una tetera...
Además, tenía una caja de vacas en miniatura. Cuando al atardecer mugían era como si maullasen gatitos...
Le gustaba hacerlas salir en estampida sobre su cama...
En su armario, una polilla gigantesca del tamaño de un enano...


Los caballeros en el prado

Algunos caballeros están flotando en el prado sobre la hierba amarilla. Parecen sostenerlos en el aire aquellas maravillosas florecitas azules que crecen allí junto a aquellas rocas.
¿Es posible que hayan venido flotando desde ese cementerio cercano?
Se alejan un poco cuando el viento sopla.
Las mariposas aletean a través de ellos.

Russell Edson (Connecticut, Estados Unidos, 1935-Stamford, Estados Unidos, 2014), The Tunnel. Selected Poems, Oberlin College Press, Oberlin, 1994
Versiones de Jonio González

Ref.:
Poetry Out Loud
Poetry Foundation
Penny's Poetry Pages
A Web del Sol Featured Prose Poet
The Art of the Prose Poem
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: Whiting Foundation

A ZOOGRAPHY 

A man had a herd of miniature elephants. They were like wads of gray bubble gum; their trumpeting like the whistling of teakettles...
Also, he had a box of miniature cattle. When they lowed at sunset it was like the mewing of kittens...
He liked to stampede them on his bed...
In his closet a gigantic moth the size of a dwarf...


THE GENTLEMEN IN THE MEADOW

Some gentlemen are floating in the meadow over  the yellow grass. They seem to hover by those wonderful blue little flowers that grow there by those rocks.
Perhaps they have floated up from that nearby graveyard?
They drift a little when the wind blows.
Butterflies flutter through them . . . 

domingo, junio 09, 2019

Françoise Roy / Dos poemas
















Paisaje

Paisaje: mariposas que revolotean en un paraje yermo percutido por la luz.

En la recámara, un entramado de fémures y costillas que han resistido la carga del exilio: alambres invisibles cosen todo aquello junto, a la hora amatoria.

***

Resol ciego, agujero donde sopla una brizna de mar (nada se evapore por los surcos de los índices, pulgares y anulares prensados).

***

He aquí la estancia de callar, la vasta estepa de la catadura, el diluvio grumoso cuyos ácidos emblanquecen los carámbanos del invierno. He aquí el verano.

De La jaula de las medusas, Instituto Mexiquense de Cultura, 2010


Problemas de deglución

Dórame la píldora otra vez. Tú que sabes de nácar, de ostras que guardan lo que el aire destruiría, tú que sabes de esmaltes, maquillaje, barnices y colorantes, oropel y chapa de metal noble para disfrazar el fiero oxidado.
Dórame la amarga píldora de la verdad con trucos de confitería. Sácale con un popote delgado el ácido, tú que tanto sabes de productos corrosivos.
Mete los dedos detrás de mi campanilla y sácala con cuidado, entre tu índice y tu pulgar de mago. Arrójasela a las hienas.
No estoy enojada. Tengo hipo.

De Atrás de la máscara, Instituto Mexiquense de Cultura, 2014
Traducción de la autora

Problemes de deglutition

Dore-moi la pilule encore une fois. Toi qui en sais long sur les mystères de la nacre, sur les huîtres qui préservent ce que l’air y détruirait, toi qui t’y connais bien en vernis, en maquillage, en laques et en colorants, toi qui es féru d’oripeau et de plaqué or pour en masquer la rouille.
Dore-moi la pilule amère de la vérité avec tes trucs de confiserie. Extrais son acide au moyen d’une paille, toi qui es tellement versé en produits corrosifs.
Prend-moi la luette et extirpe-la soigneusement, la pinçant entre ton index et ton pouce de magicien. Jette-la aux hyènes.
Ce n’est pas que je sois fâchée. J’ai tout simplement le hoquet.

Françoise Roy (Québec, Canadá, 1959), Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires, 2019

Ref.:
Françoise Roy 
Enciclopedia de la Literatura en México
Escritores Org.
Metapoesía
El Cálamo

sábado, junio 08, 2019

José Lezama Lima / Pensamientos en La Habana















Porque habito un susurro como un velamen,
una tierra donde el hielo es una reminiscencia,
el fuego no puede izar un pájaro
y quemarlo en una conversación de estilo calmo.
Aunque ese estilo no me dicte un sollozo
y un brinco tenue me deje vivir malhumorado,
no he de reconocer la inútil marcha
de una máscara flotando donde yo no pueda,
donde yo no pueda transportar el picapedrero o el picaporte
a los museos donde se empapelan asesinatos
mientras los visitadores señalan la ardilla
que con el rabo se ajusta las medias.
Si un estilo anterior sacude el árbol,
decide el sollozo de dos cabellos y exclama:
my soul is not in an ashtray.

Cualquier recuerdo que sea transportado,
recibido como una galantina de los obesos embajadores de antaño,
no nos hará vivir como la silla rota
de la existencia solitaria que anota la marea
y estornuda en otoño.
Y el tamaño de una carcajada,
rota por decir que sus recuerdos están recordados,
y sus estilos los fragmentos de una serpiente
que queremos soldar
sin preocuparnos de la intensidad de sus ojos.
Si alguien nos recuerda que nuestros estilos
están ya recordados;
que por nuestras narices no excogita un aire sutil,
sino que el Eolo de las fuentes elaboradas
por las que decidieron que el ser
habitase en el hombre,
sin que ninguno de nosotros
dejase caer la saliva de una decisión bailable,
aunque presumimos como las demás hombres
que nuestras narices lanzan un aire sutil.
Como sueñan humillarnos,
repitiendo día y noche con el ritmo de la tortuga
que oculta el tiempo en su espaldar:
ustedes no decidieron que el ser habitase en el hombre;
vuestro Dios es la luna
contemplando como una balaustrada
al ser entrando en el hombre.
Como quieren humillarnos, le decimos
the chief of the tribe descended the staircase.

Ellos tienen unas vitrinas y usan unos zapatos.
En esas vitrinas alternan el maniquí con el quebrantahuesos disecado,
y todo lo que ha pasado por la frente del hastío
del búfalo solitario.
Si no miramos la vitrinas charlan
de nuestra insuficiente desnudez que no vale una estatuilla de Nápoles.

Si la atravesamos y no rompemos los cristales,
no subrayan con gracia que nuestro hastío puede quebrar el fuego
y nos hablan del modelo viviente y de la parábola del quebrantahuesos.
Ellos que cargan con sus maniquíes a todos los puertos
y que hunden en sus baúles un chirriar
de vultúridos disecados.
Ellos no quieren saber que trepamos por las raíces húmedas del helecho
-donde hay dos hombres frente a una mesa; a la derecha, la jarra
y el pan acariciado-,
y que aunque mastiquemos su estilo,
we don't choose our shoes in a show-window.

El caballo relincha cuando hay un bulto
que se interpone como un buey de peluche,
que impide que el río le pegue en el costado
y se bese con las espuelas regaladas
por una sonrosada adúltera neoyorquina.
El caballo no relincha de noche;
los cristales que exhala por su nariz,
una escarcha tibia, de papel;
la digestión de las espuelas
después de recorrer sus músculos encristalados
por un sudor de sartén.
El buey de peluche y el caballo
oyen el violín, pero el fruto no cae
reventado en su lomo frotado
con un almíbar que no es nunca el alquitrán.
El caballo resbala por el musgo donde hay una mesa que exhibe las espuelas,
pero la oreja erizada de la bestia no descifra.

La calma con música traspiés
y ebrios caballos de circo enrevesados,
donde la aguja muerde porque no hay un leopardo
y la crecida del acordeón
elabora una malla de tafetán gastado.
Aunque el hombre no salte, suenan
bultos divididos en cada estación indivisible,
porque el violín salta como un ojo.
Las inmóviles jarras remueven un eco cartilaginoso:
el vientre azul del pastor
se muestra en una bandeja de ostiones.
En ese eco del hueso y de la carne, brotan unos bufidos
cubiertos por un disfraz de telaraña,
para el deleite al que se le abre una boca,
como la flauta de bambú elaborada
por los garzones pedigüeños.
Piden una cóncava oscuridad
donde dormir, rajando insensibles
el estilo del vientre de su madre.
Pero mientras afilan un suspiro de telaraña
dentro de una jarra de mano en mano,
el rasguño en la tiorba no descifra.

Indicaba unas molduras
que mi carne prefiere a las almendras.
Unas molduras ricas y agujereadas
por la mano que las envuelve
y le riega los insectos que la han de acompañar.
Y esa espera, esperada en la madera
por su absorción que no detiene al jinete,
mientras no unas máscaras, los hachazos
que no llegan a las molduras,
que no esperan como un hacha, o una máscara,
sino como el hombre que espera en una casa de hojas.
Pero al trazar las grietas de la moldura
y al perejil y al canario haciendo gloria,
l'etranger nous demande le garçon maudit.

El mismo almizclero conocía la entrada,
el hilo de tres secretos
se continuaba hasta llegar a la terraza
sin ver el incendio del palacio grotesco.
¿Una puerta se derrumba porque el ebrio
sin las botas puestas le abandona su sueño?
Un sudor fangoso caía de los fustes
y las columnas se deshacían en un suspiro
que rodaba sus piedras hasta el arroyo.
Las azoteas y las barcazas
resguardan el líquido calmo y el aire escogido;
las azoteas amigas de los trompos
y las barcazas que anclan en un monte truncado,
ruedan confundidas por una galantería disecada que sorprende
a la hilandería y al reverso del ojo enmascarados tiritando juntos.

Pensar que unos ballesteros
disparan a una urna cineraria
y que de la urna saltan
unos pálidos cantando,
porque nuestros recuerdos están ya recordados
y rumiamos con una dignidad muy atolondrada
unas molduras salidas de la siesta picoteada del cazador.
Para saber si la canción es nuestra o de la noche,
quieren darnos un hacha elaborada en las fuentes de Eolo.
Quieren que saltemos de esa urna
y quieren también vernos desnudos.
Quieren que esa muerte que nos han regalado
sea la fuente de nuestro nacimiento,
y que nuestro oscuro tejer y deshacerse
esté recordado por el hilo de la pretendida.
Sabemos que el canario y el perejil hacen gloria
y que la primera flauta se hizo de una rama robada.

Nos recorremos
y ya detenidos señalamos la urna y a las palomas
grabadas en el aire escogido.
Nos recorremos
y la nueva sorpresa nos da los amigos
y el nacimiento de una dialéctica:
mientras dos diedros giran mordisqueándose,
el agua paseando por los canales de los huesos
lleva nuestro cuerpo hacia el flujo calmoso
de la tierra que no está navegada,
donde un alga despierta digiere incansablemente a un pájaro dormido.
Nos da los amigos que una luz redescubre
y la plaza donde conversan sin ser despertados.
De aquella urna maliciosamente donada,
saltaban parejas, contrastes y la fiebre
injertada en los cuerpos de imán
del paje loco sutilizando el suplicio lamido.
Mi vergüenza, los cuernos de imán untados de luna fría,
pero el desprecio paría una cifra
y ya sin conciencia columpiaba una rama.
Pero después de ofrecer sus respetos,
cuando bicéfalos, mañosos correctos
golpean con martillos algosos el androide tenorino,
el jefe de la tribu descendió la escalinata.

Los abalorios que nos han regalado
han fortalecido nuestra propia miseria,
pero como nos sabemos desnudos
el ser se posará en nuestros pasos cruzados.
Y mientras nos pintarrajeaban
para que saltásemos de la urna cineraria,
sabíamos que como siempre el viento rizaba las aguas
y unos pasos seguían con fruición nuestra propia miseria.
Los pasos huían con las primeras preguntas del sueño.
Pero el perro mordido por luz y por sombra,
por rabo y cabeza;
de luz tenebrosa que no logra grabarlo
y de sombra apestosa; la luz no lo afina
ni lo nutre la sombra; y así muerde
la luz y el fruto, la madera y la sombra,
la mansión y el hijo, rompiendo el zumbido
cuando los pasos se alejan y él toca en el pórtico.
Pobre río bobo que no encuentra salida,
ni las puertas y hojas hinchando su música.
Escogió, doble contra sencillo, los terrones malditos,
pero yo no escojo mis zapatos en una vitrina.

Al perderse el contorno en la hoja
el gusano revisaba oliscón su vieja morada;
al morder las aguas llegadas al río definido,
el colibrí tocaba las viejas molduras.
El violín de hielo amortajado en la reminiscencia.
El pájaro mosca destrenza una música y ata una música.
Nuestros bosques no obligan el hombre a perderse,
el bosque es para nosotros una serafina en la reminiscencia.
Cada hombre desnudo que viene por el río,
en la corriente o el huevo hialino,
nada en el aire si suspende el aliento
y extiende indefinidamente las piernas.
La boca de la carne de nuestras maderas
quema las gotas rizadas.
El aire escogido es como un hacha
para la carne de nuestras maderas,
y el colibrí las traspasa.
Mi espalda se irrita surcada por las orugas
que mastican un mimbre trocado en pez centurión,
pero yo continúo trabajando la madera,
como una uña despierta,
como una serafina que ata y destrenza en la reminiscencia.
El bosque soplado
desprende el colibrí del instante
y las viejas molduras.
Nuestra madera es un buey de peluche;
el estado ciudad es hoy el estado y un bosque pequeño.
El huésped sopla el caballo y las lluvias también.
El caballo pasa su belfo y su cola por la serafina del bosque;
el hombre desnudo entona su propia miseria,
el pájaro mosca lo mancha y traspasa.
Mi alma no está en un cenicero.

José Lezama Lima (La Habana, 1912–1976). La Jiribilla, año XII, n° 774, La Habana, abril de 2016

Ref.:
Cuba Literaria
La Jiribilla
Palabra Virtual
Letras Libres
The Clinic
A Media Voz

Foto: Leedor

viernes, junio 07, 2019

María Teresa Andruetto / Con mi hija, en auto

                                         












                                                 A Josefina

Íbamos, con tu hija durmiendo
en el asiento de atrás, hablando las dos
de un modo nuevo sobre cómo lo real
atraviesa la experiencia del cuerpo
y de la psiquis. ¿Estás cansada?,
pregunté y enseguida pensé que había
hablado por demás. En otros tiempos
reprochabas no hables fuerte, no hables
tanto, no hagas gestos, pero anoche,
en la oscuridad del camino que va a casa,
preguntaste por mis partos, mis puerperios,
y yo te conté de aquella noche
llegando más muerta que viva al hospital.
Largué lo que tenía atascado en la garganta
y vos dijiste a mí si me hacen eso, los mato,
te juro que los mato. Hablábamos las dos
de un modo nuevo, en medio del camino,
con tu hija durmiendo en el asiento
de atrás. Entonces me contaste
lo que habías leído, que todo el dolor
que guarda el útero se sana en los hijos
de los hijos, y la resaca que guardaba
se fue limpiando entre los saltos
del auto sobre el ripio.

De Cleofé, Caballo Negro [Córdoba], 2017

María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, Argentina, 1954), Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires, 2019

Ref.:
La Voz
Eterna Cadencia
Op. Cit.
Eurasia
Blog del Amasijo
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: Mario Quinteros/Clarín

jueves, junio 06, 2019

Robert Creeley / Ecos















Ocho cristales
en esta ventana
para que la luz de Dios,
para que el exterior,
entre por la puerta
esta mañana.
El sol proyecta sombras
entrelazadas en la pared
a través del cristal imperfecto.
La mente las recorre,
encuentra las líneas,
los puntos vacilantes.
El resto quiere
tenderse
al sol,
alcanzar una resolución.
El cuerpo se sienta solo
esperando-
pero el qué
lo ignora.
Viejas palabras
repiten lo que
el físico
no puede-
“Márchate amor,
márchate día,
ven
conmigo.”

Robert Creeley (Arlington, Estados Unidos, 1926-Odessa, Texas, Estados Unidos, 2005), "Later", The Collected Poems of Robert Creeley 1975-2005, University of California Press, Berkeley, 2006
Versión de Jonio González

Ref.:
Paris Review
La Períódica Revisión Dominical (Traducc. de la entrevista de Paris Review de 1968)
Electronic Poetry Center
Letras Libres
Letras en Línea
El Placard
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: Smartish Pace

ECHOES

Eight panes
in the window
for God’s light,
for the outside,
comes trough door
this morning.
Sun makes laced
shadows on wall
trough imperfect glass.
Mind follows,
finds the lines,
the wavering places.
Rest wants
to lie down
in the sun,
make resolution.
Body sits single,
waiting-
but for what
it knows not.
Old words
echoing what
the physical
can’t-
“Leave love,
leave day,
come
with me.”

miércoles, junio 05, 2019

Marie Silkeberg / Bárðarbunga*

















Una azul niebla de azufre por la erupción cubre la ciudad.
Una fina neblina.
Tú sientes el olor del azufre también en la ducha
Ves casas bajas de madera. Metal corrugado.
Una avioneta vuela bajo aterrizando.
Llueve.
Te empapas
Tomas sopa de fideos
La carne tiene un sabor distinto. Más pesada.
Oyes el idioma chino mientras la lluvia torrencial cae afuera
Sales a la lluvia
Preguntas por el barco
Nosotros le avisamos responde la mujer.

Ves el sangriento color rojo en la carne de ballena sobre el mostrador refrigerado.
Intentas tomar café afuera en el puerto y fumar
el único cigarrillo que te queda en el bolsillo.
La lluvia azota desde el mar.

Tú nadas en una gran piscina exterior.
Pertinaz.
Como a través del volcán.
En mareas de lava.

Epilepsia. Visiones.
Una bebida azul.

Una mujer te habla en el vestuario.
Dice reconocerte. Haberte visto a menudo.
Es la primera vez le dices.

Ves un arco iris en el cielo.
Una película sobre el mar dices.
Como la isla tiende en el océano.
Profundo en la memoria.

Conoces una mujer de Uruguay.
Con abuelos maternos y paterno de Hungría y Polonia.
Que ahora viven en Australia.
Ella cuenta que afuera del departamento que alquila
hay altas pilas de basura.
Que una mañana vio a una mujer metida hasta la cintura en la montaña de basura.
Usaba una herramienta para extraer algo comestible.

Un hombre y una mujer de Montreal junto a ustedes quedan petrificados.
¿En serio?
Parece que la prosperidad ha retornado dicen.

Habrían podido haber hecho algo mejor le preguntas a una mujer.
2008.
Algo más radical responde ella.

Vas al mercado de pulgas en una gran barraca.
Miras suéteres. Pulseras de piedra de lava.

De Atlantis, Albert Bonniers, [Estocolmo], 2017

Marie Silkeberg (Estocolmo, 1961), Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires, 2019
Traducción de Miriam Tai
Foto de Eva Jagerup

* Bárðarbunga es un volcán de Islandia, la segunda montaña más alta de ese país. Se eleva unos 2000 metros sobre el nivel del mar. (Nota del Administrador)

Ref.:
Marie Silkeberg
The National
Kristianstadsbladet
SVT Nyheter
Asymptote
The Institute for Experimental Arts
San Francisco International Poetry Festival

Bárðarbunga

En blå dimma av svavel från utbrottet ligger över staden.
Ett tunt dis.
Du känner lukten av svavel i duschen.
Ser låga hus av trä. Korrugerad plåt.
Ett litet plan som flyger in för landning.
Det regnar.
Du blir genomblöt.
Du äter nudelsoppa.
Köttet smakar annorlunda. Tyngre.
Du lyssnar till det kinesiska språket medan regnet öser ner utanför.
Du går ut i det.
Frågar om båten.
Vi hör av oss svarar kvinnan.

Du ser den blodiga röda färgen i valköttet i kyldisken.
Försöker dricka kaffe utomhus i hamnen och röka
den enda cigarett du har kvar i fickan.
Regnet piskar in från havet.

Du simmar i en stor utomhusbassäng.
Länge.
Som genom vulkanen.
I lavaströmmar.

Epilepsi. Syner.
En blå dryck.

En kvinna börjar tala med dig i omklädningsrummet.
Säger att hon känner igen dig. Sett dig ofta.
Det är första gången säger du.

Du ser en regnbåge över himlen.
En film om havet säger du.
Hur ön ligger i havet.
Deep in our memory.

Du träffar en kvinna från Uruguay.
Med far- och morföräldrar från Polen och Ungern.
Som nu bor i Australien.
Hon berättar att det utanför lägenheten hon hyr
ligger högar med sopor.
Att hon en morgon såg en kvinna stå till midjan i sopberget.
Att hon använde ett redskap för att skyffla fram något ätbart ur det.

En man och en kvinna från Montreal bredvid er stelnar till.
Really?
Det verkar ju som om välståndet kommit tillbaka säger de.

Hade de kunnat göra något bättre frågar du en kvinna.
2008.
Något radikalare svarar hon.

Du går till loppmarknaden i en stor barack.
Ser tröjor. Armband av lavastenar.

martes, junio 04, 2019

Efraín Huerta / El Tajín


   















              A David Huerta
                  Pepe Gelada

“...el nombre de El Tajín le fue dado por los indígenas totonacas de la región por la frecuencia con que caían rayos sobre la pirámide...”

    1

Andar así es andar a ciegas,
andar inmóvil en el aire inmóvil,
andar pasos de arena, ardiente césped.
Dar pasos sobre agua, sobre nada
—el agua que no existe, la nada de una astilla—,
dar pasos sobre muertes,
sobre un suelo de cráneos calcinados.

Andar así no es andar sino quedarse
sordo, ser ala fatigada o fruto sin aroma;
porque el andar es lento y apagado,
porque nada está vivo
en esta soledad de tibios ataúdes.
Muertos estamos, muertos
en el instante, en la hora canicular,
cuando el ave es vencida
y una dulce serpiente se desploma.

Ni un aura fugitiva habita este recinto
despiadado. Nadie aquí, nadie en ninguna sombra.
Nada en la seca estela, nada en lo alto.
Todo se ha detenido, ciegamente,
como un fiero puñal de sacrificio.
Parece un mar de sangre
petrificada
a la mitad de su ascensión.
Sangre de mil heridas, sangre turbia,
sangre y cenizas en el aire inmóvil.

    2

Todo es andar a ciegas, en la
fatiga del silencio, cuando ya nada nace
y nada vive y ya los muertos
dieron vida a sus muertos
y los vivos sepultura a los vivos.
Entonces cae una espada de este cielo metálico
y el paisaje se dora y endurece
o bien se ablanda como la miel
bajo un espeso sol de mariposas.

No hay origen. Sólo los anchos y labrados ojos
y las columnas rotas y las plumas agónicas.
Todo aquí tiene rumores de aire prisionero,
algo de asesinato en el ámbito de todo silencio.
Todo aquí tiene la piel
de los silencios, la húmeda soledad
del tiempo disecado; todo es dolor.
No hay un imperio, no hay un reino.
Tan sólo el caminar sobre su propia sombra,
sobre el cadáver de uno mismo,
al tiempo que el tiempo se suspende
y una orquesta de fuego y aire herido
irrumpe en esta casa de los muertos
—y un ave solitaria y un puñal resucitan.

    3

Entonces ellos —son mi hijo y mi amigo—
ascienden la colina
como en busca del trueno y el relámpago.
Yo descanso a la orilla del abismo,
al pie de un mar de vértigos, ahogado
en un inmenso río de helechos doloridos.
Puedo cortar el pensamiento con una espiga,
la voz con un sollozo, o una lágrima,
dormir un infinito dolor, pensar
un amor infinito, una tristeza divina;
mientras ellos, en la suave colina,
sólo encuentran
la dormida raíz de una columna rota
y el eco de un relámpago.

Oh Tajín, oh naufragio,
tormenta demolida,
piedra bajo la piedra;
cuando nadie sea nada y todo quede
mutilado, cuando ya nada sea
y sólo quedes tú, impuro templo desolado, 
cuando el país-serpiente sea la ruina y el polvo,
la pequeña pirámide podrá cerrar los ojos
para siempre, asfixiada,
muerta en todas las muertes,
ciega en todas las vidas,
bajo todo el silencio universal
y en todos los abismos.

Tajín, el trueno, el mito, el sacrificio.
Y después, nada.

                                                      Junio de 1963

Efraín Huerta (Silao, México, 1914-Ciudad de México, 1982), Material de Lectura n° 9, selección del autor, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), 2007

Ref.:
A Media Voz
Cultura Colectiva
Excelsior
El Economista
Fonoteca Nacional de México
Historias Minimalistas
Buenos Aires Poetry
Eterna Cadencia

Foto: Efraín Huerta, 1942 Archivo Eugenia Huerta Bravo/Partido Comunista de México

lunes, junio 03, 2019

Boris Pasternak / La sustituta














Me acompaña tu risa prendida en el retrato
donde te descoyuntas crujiendo las muñecas,
y se quiebran tus dedos con la mueca más triste
cuando vienen amigos a invadir tu salón.
Entre el ruido de naipes y las fanfarronadas
de Rakoczy, las copas, los hombres, los espejos,
eres tú recorriendo las teclas, encendida,
despreciando los juegos, la rosa, por el vals
al que en broma te entregas, nuevamente saltando,
derramado el cabello, graciosa en la cintura
la flor del amarillo, desfallecida casi,
y el echarpe mordido lo mismo que el dolor;
corriendo tras el leve frescor de una naranja,
la corteza en la mano con un gesto nervioso,
presurosa volviendo a la sala reluciente
donde, tras la cortina, se desvanece el vals.

Boris Pasternak (Moscú, 1890-Peredélkino, Rusia, 1960), Poesía rusa del siglo XX, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1970; Antología de la poesía soviética, Jucar, Madrid, 1974
Traducción de Carlos Álvarez
Envío de Jonio González

Ref.:
El Trabajo de las Horas
Zenda
Fronterad
Adamar
Moscovita
El País

Foto: Boris Pasternak, 1942 La Vanguardia

domingo, junio 02, 2019

Alexis Romero / Del diario de los árboles















vivirás como quien le arrebata
la virtud a la bondad de los niños
lleno de la lástima de aquiles
con el desprecio de nosotros por tus míseras batallas

el agradecimiento te será prohibido
crecerás persiguiendo la paz del diamante
corrigiendo tus instantes para llamar el descanso
distorsionando la música de los lugares que pises
escuchando cada tarde cómo terminan los sabios

no habrá aposento ni sonrisa aguardándote
se reirán de tus espinas dorsales
de los espejos con los que hablaste de los sueños
los que te confiaron los senderos de los santos

te acordarás de la púrpura que nunca entendimos
de nuestro anhelo por las ciudades que odiabas
de los hombres y mujeres provenientes de las piedras
con los cuales aprendimos a soplar intimidad

y vendrá la mañana que le quitaste a los castillos
y creerás vernos pasar con semillas en las manos
e intentarás levantarte para decirnos lo mismo
pero ya tus espadas carecerán de filos
y nosotros seremos los árboles del parque

De Demolición de los días, Fundación para la Cultura Urbana [Caracas], 2008

Alexis Romero (Ciudad Guayana, Venezuela, 1966), Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires, 2019
Foto: Lisbeth Salas

Ref.:
Miguel Marcotrigiano L., Las voces de la Hidra
Letralia
Poetas Siglo XXI
Hable Conmigo
Otra Iglesia Es Imposible

sábado, junio 01, 2019

Pia Juul / Mi tío Héctor dijo (-dije yo-















Mi tío Héctor dijo (-dije yo-
con un nombre ficticio, pero el nombre era Holger)
Mi tío Holger dijo
(pero esto ya te lo he contado)
Venía bajando de la Colina
Tenía el sol en los ojos
entonces dijo
cuando los niños pasaron corriendo a su lado
Dijo
no dijo
Ahora lo dice
Knud Erik
y sus tres hijos
y yo digo lo mismo,
digo lo mismo, casi lo mismo
Nos repetimos más o menos entre nosotros
Enterraron al perro
en la Colina
y el perro se llamaba alternativamente
Lassie y Jensen (Jensen era ciego)
y Hugo y Aníbal
allá en la Colina
mi tío Holger
(porque era Holger que se llamaba en realidad)
Knud lo había dicho una vez
de otra manera
Aquí lo digo yo misma otra vez:
¿Quieres decirlo tú, o lo digo yo?
Puedo verlo con claridad
con el sol en los ojos
las lilas en Højen
ese olor en torno al tío Héctor
Además hacía siempre
así con la mano
Así como te lo expliqué antes
-así

De Dije, digo, Ed. Del Gabo, El Salvador, 2015

Pia Juul (Copenhague, Dinamarca, 1962), Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires, 2019
Traducción de Roberto Mascaró
Foto: Lars Gundersen

Ref.:
Editorial del Gabo
Orsai
Círculo de Poesía
Asamblea de Palabras
Urbe Salvaje

viernes, mayo 31, 2019

Anahí Lazzaroni / Dos poemas














Apuntes de una ciudad en ruinas

Esta vez los finos ecos de la ciudad no son del viento.

El fin del invierno, casi sin nieve, autoriza exclamaciones
o teorías sobre el clima.

Reverbera en las calles la malicia por un casamiento inesperado.

Un grupo de mujeres limpia las casas de fantasmas,
no conocemos sus nombres.

Mientras alguien anota estas palabras, continúa la luz prendida
en la casa de enfrente,

en medio de una noche del fin del invierno, es viernes.

                                                                   22 de agosto, 2004


Far South

Antes el viento soplaba nada más que en primavera.

Eran tiempos en los que no abundaba el dinero, ni la traición.

¿Otra ciudad? ¿El esbozo de la que venía?

¿Quién? ¿Quién puede saberlo?

Los cerros no estaban poblados.

El viento soplaba en el momento justo.

                                                                   31 de diciembre, 2007

De El viento sopla, 2011

Anahí Lazzaroni (La Plata, Argentina, 1957-Ushuaia, Argentina, 2019), Breve tratado del viento sur. Antología poética de Patagonia Argentina, selección y prólogo de Eduardo Bechara Navratilova, Escarabajo, Bogotá, 2017

Ref.:
Las 12
Op. Cit.
Círculo de Poesía
El Poeta Ocasional
Eurasia
Poetas Poemas
El Rompehielos

Foto: Argentina Online

jueves, mayo 30, 2019

Alicia Gallegos / Comerse una flor una pluma tornasolada y después reír













Un rompecabezas desarmado
en la superficie
del gran escritorio

se han dispersado las piezas
con el soplo del viento.

Ella dice que siempre habrá
un nuevo paraíso
y se equivoca.

El mar tranquilo
se parece
a un campo de trigo
infinito
mirarlo desde aquí
hace que la olvide.

Pero resulta fatigoso
volver una y otra vez
a borrar rastros
huellas en la arena
pasos que no di
besos que se perdieron
entre una carta y otra.

Aparece una foto
un pétalo guardado
adentro de un libro.

Los asesinos seriales
saben hacerlo
comerse una flor
una pluma tornasolada
y después reír.

Alicia Gallegos (Buenos Aires, 1959)

Un rayo que nos haga parpadear,
Colman & Colman,
Buenos Aires, 2019









Ref.:
Octavo Boulevard
Cinco Minutos Antes del Tornado
Biblioteca LGTBI
El Humo
Coleccionistas de Palabras

Foto: FB

miércoles, mayo 29, 2019

Marc Patin / He visto el cielo en una estrella

















He visto el cielo en una estrella y el fuego negro en el corazón del árbol
La nieve desnuda como una mujer
Y la sangre acostada sobre la arena

He visto el día el oído contra el vidrio
Barco vigía hundiéndose en la noche
He visto dos ojos más fuertes
Más salvajes que frutos

He visto hombres en la llanura
Cubiertos de polvo de ramas secas de reflejos
Hombres de carne una noche
Llevaban en la mano una luna apagada una mano de mujer una herradura

Tenían en la cara
El acre aliento de los estrechos

                                                                               17 de diciembre de 1943

Marc Patin (París, 1919-Berlín, 1944), Literatura y traducciones, 15 de junio de 2012
Traducción de Miguel Ángel Frontán
Envío de Jonio González

Noticia
Marc Patin fue uno de los fundadores del grupo neodadaísta Réverbères, y luego del grupo surrealista La Main à Plume, que unió la poesía surrealista con la resistencia al nazismo y del que formaron parte Robert Rius (fusilado en julio de 1944, por su participación en la Resistencia, junto con Jean Simonpoli, director de Cahiers de Poésie, y Marco Ménégoz), Laurence Iché, Maurice Blanchard, Gerard de Sède, Léo Malet, Christian Dotremont y Noël Arnaud, entre otros. En 1942, publicó el libro de poemas Femme magique. En 1944 fue arrestado por los nazis y deportado a Alemania, donde murió de neumonía. Dejó alrededor de ochocientos poemas, tres cuartas partes de los cuales aún permanecen inéditos. Su obra fue redescubierta por Guy Chambelland en 1991. (J. G.)

Foto: Wikimedia Commons


J'ai vu le ciel dans une étoile et le feu noir au cœur de l'arbre
La neige nue comme une femme
Et le sang couché sur le sable

J'ai vu le jour l'oreille contre la vitre
Bateau veilleur enfoncé dans la nuit
J'ai vu deux yeux plus forts
Plus sauvages que des fruits

J'ai vu des hommes dans la plaine
Couverts de poussière de bois mort de reflets
Des hommes de chair un soir
Ils tenaient à la main une lune éteinte une main de femme un fer à cheval

Ils avaient sur la face
L'haleine âcre des détroits.

                                                                                           17 décembre 1943

martes, mayo 28, 2019

Kenneth Koch / Un tren puede ocultar otro














(Cartel en un cruce de vías en Kenia)
En un poema, un verso puede ocultar otro verso,
Como en un cruce, un tren puede ocultar otro tren.
Es decir, si estás esperando para cruzar
Las vías, esperá un segundo, al
Menos, después de que el primer tren haya pasado. Y también
cuando leés
Esperá hasta haber leído el verso siguiente-
Ahí, es seguro seguir leyendo.
En una familia una hermana puede ocultar a otra,
Por eso, cuando la cortejes, es mejor tener todas a la vista
Si no, conociendo a una, podrías enamorarte de la otra.
Un padre o un hermano pueden esconder al hombre,
Si sos una mujer, al que estabas esperando para amar.
Así que siempre delante de una cosa hay otra
Como las palabras delante de los objetos, sentimientos, ideas.
Un deseo puede ocultar otro. Y la reputación de una persona
La reputación de otra. Un perro puede ocultar otro
En el pasto, escapar del primero no quiere decir que estés a salvo;

Kenneth Koch (Cincinnati, Estados Unidos, 1925-Nueva York, Estados Unidos, 2002)
Traducción de Silvia Galup y Aníbal Cristobo

Un tren oculta otro tren,
Zindo & Gafuri,
Buenos Aires, 2017









Ref.:
Kenneth Koch
Poetry Foundation
Buenos Aires Poetry
Hablar de Poesía
Verboser

Foto: Larry Rivers/San Diego Reader

lunes, mayo 27, 2019

W. H. Auden / De "Horae Canonicae"















Immolatus Vicerit

1. Prima

Simultánea, tan silenciosa,
espontánea, tan repentinamente
como en la vanagloria del alba los benignos
portales del cuerpo se abren de par en par
a su mundo del más allá, los portales de la mente,
el portal del cuerno y el portal del marfil,
se abren y se cierran, instantáneamente
controlan el desordenado trastorno nocturno
de su rebelde fronda, repulsiva,
malévola y de menor cuantía,
carente de derechos, viuda y huérfana
por causa de un error histórico:
convocado desde las sombras para convertirme en un ser sensible,
desde la ausencia para exhibirme,
sin nombre ni historia me despierto
entre mi cuerpo y el día.

Sagrado este momento, con pleno derecho,
mientras, con completa obediencia
al lacónico clamor de la luz, próximo
como una sábana, cercano como una pared,
exterior como el aporte pétreo de una montaña,
el mundo está presente, en derredor,
y sé que soy, que estoy aquí, no solo
sino con un mundo y me alborozo
sin frustraciones, pues la voluntad aún debe reclamar
este brazo adyacente como el mío,
la memoria aún nombrarme, reanudar
su rutina de elogio y culpa,
y sonriéndome está este instante, mientras
el día todavía sigue intacto, y yo
soy el Adán sin pecar de los comienzos,
el Adán aún previo a todo acto.

Respiro, y eso, por supuesto, es desear,
sin importar qué, es ser sensato,
es ser diferente, morir, y el precio,
sin importar cómo, es el Paraíso,
perdido, por supuesto, y yo que debo una muerte:
el voraz arrecife, el mar calmo,
los planos techos de la aldea pesquera
aún dormida en su barranco,
aunque frescos y soleados ya, no son amigos
sino cosas al alcance de la mano, y esta carne dispuesta
no es igual y honesta, sino mi cómplice ahora,
mi futura asesina, y mi nombre
representa mi parte histórica de responsabilidad
por una mentirosa ciudad que se hizo sola,
temeroso de nuestra tarea en la vida, de la muerte
que el día que llega habrá de reclamar.

                                                                        1949

W. H. Auden (York, Inglaterra, 1907-Viena, 1973), Los Estados Unidos, y después. Poesía selecta 1939-1973, selección y traducción de Rolando Costa Picazo, Ediciones Activo Puente, Buenos Aires, 2009

Nota del Administrador
El plan de este poema de Auden es claro: sigue el orden de las horas canónicas de oración, fundadas a su vez en el horario romano: Prima, seis de la mañana; Tercia, 9 de la mañana; Sexta, mediodía; Nonas las tres de la tarde; Vísperas, las seis; Completas las 9 de la noche y Laudes las tres de la mañana. Si, como se interpreta habitualmente, las siete horas aluden al desarrollo de la Creación, en la primera parte la voz del texto es la de Adán. La interpretación canónica del poema, por así decirlo, incluye también, y básicamente, la idea de las horas previas a la muerte de Cristo. Este motivo está ya presente en el comienzo, no solo porque el pecado originario fue lavado con el Sacrificio, sino porque la voz que suponemos de Adán lo alude al final. Pero nada impide imaginar que el despertar del personaje del primer poema es el de cualquier ser humano y, por lo tanto, que es Auden el que habla de su despertar al mundo, cada mañana.

Ref.:
Vladivostok
The New York Review of Books
Arbor
Letras Libres
El País
A Media Voz
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: National Post/Cecil Beaton/Condé Nast via Getty Images


PRIME

Simultaneously, as soundlessly,
Spontaneously, suddenly
As, at the vaunt of the dawn, the kind
Gates of the body fly open
To its world beyond, the gates of the mind,
The horn gate and the ivory gate
Swing to, swing shut, instantaneously
Quell the nocturnal rummage
Of its rebellious fronde, ill-favored,
Ill-natured and second-rate,
Disenfranchised, widowed and orphaned
By an historical mistake:
Recalled from the shades to be a seeing being,
From absence to be on display,
Without a name or history I wake
Between my body and the day.


Holy this moment, wholly in the right,
As, in complete obedience
To the light's laconic outcry, next
As a sheet, near as a wall,
Out there as a mountain's poise of stone,
The world is present, about,
And I know that I am, here, not alone
But with a world and rejoice
Unvexed, for the will has still to claim
This adjacent arm as my own,
The memory to name me, resume
Its routine of praise and blame
And smiling to me is this instant while
Still the day is intact, and I
The Adam sinless in our beginning,
Adam still previous to any act.


I draw breath; this is of course to wish
No matter what, to be wise,
To be different, to die and the cost,
No matter how, is Paradise
Lost of course and myself owing a death:
The eager ridge, the steady sea,
The flat roofs of the fishing village
Still asleep in its bunny,
Though as fresh and sunny still are not friends
But things to hand, this ready flesh
No honest equal, but my accomplice now
My assassin to be, and my name
Stands for my historical share of care
For a lying self-made city,
Afraid of our living task, the dying
Which the coming day will ask.

                                                        1949