lunes, octubre 14, 2019

Miguel Gaya / Sobre los equívocos que provoca Virginia Woolf















Un cuarto propio, una voz reconocible,
el cielo por asalto, ¡cuánta pedantería!
Caminamos por un sendero estrecho,
nuestra mente es estrecha, y la tumba a la que bajaremos
será estrecha.
Y poco tiempo nos recordarán, en un rincón estrecho
de una mente ajena, ocupada febrilmente
en otros menesteres.

Pero a la noche nos volvemos a empeñar
en palabras que son aire, en música leve
y sentidos oscuros.
solo para ver crecer
algo diferente y tenue
con una suave gracia.

Solo nosotros sabemos tantear
la inmensidad,
y aun asi apoyamos
nuestra crédula cabeza
en su regazo.

Miguel Gaya (Ayacucho, Argentina, 1953), Cabeza de artista, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2016

Ref.:

Foto: Miguel Gaya en Facebook

Garcilaso de la Vega / Égloga I



                     









                                             Al Virrey de Nápoles

Personas: SALICIO, NEMOROSO

     El dulce lamentar de dos pastores,
Salicio juntamente y Nemoroso,
he de cantar, sus quejas imitando;
cuyas ovejas al cantar sabroso
estaban muy atentas, los amores,
de pacer olvidadas, escuchando.
           Tú, que ganaste obrando
           un nombre en todo el mundo
           y un grado sin segundo,
agora estés atento sólo y dado
al ínclito gobierno del estado
albano, agora vuelto a la otra parte,
           resplandeciente, armado,
representando en tierra el fiero Marte;

     agora, de cuidados enojosos
y de negocios libre, por ventura
andes a caza, el monte fatigando
en ardiente ginete, que apresura
el curso tras los ciervos temerosos,
que en vano su morir van dilatando:
           espera, que en tornando
           a ser restitüido
           al ocio ya perdido,
luego verás ejercitar mi pluma
por la infinita, innumerable suma
de tus virtudes y famosas obras,
           antes que me consuma,
faltando a ti, que a todo el mundo sobras.

     En tanto que’ste tiempo que adevino
viene a sacarme de la deuda un día
que se debe a tu fama y a tu gloria
(que’s deuda general, no sólo mía,
mas de cualquier ingenio peregrino
que celebra lo digno de memoria),
           el árbol de victoria
           que ciñe estrechamente
           tu glorïosa frente
de lugar a la hiedra que se planta
debajo de tu sombra y se levanta
poco a poco, arrimada a tus loores;
           y en cuanto esto se canta,
escucha tú el cantar de mis pastores.

     Saliendo de las ondas encendido,
rayaba de los montes el altura
el sol, cuando Salicio, recostado
al pie d’una alta haya, en la verdura
por donde una agua clara con sonido
atravesaba el fresco y verde prado;
           él, con canto acordado
           al rumor que sonaba
           del agua que pasaba,
se quejaba tan dulce y blandamente,
como si no estuviera de allí ausente
la que de su dolor culpa tenía,
           y así como presente,
razonando con ella, le decía:

SALICIO

     ¡Oh más dura que mármol a mis quejas
y al encendido fuego en que me quemo
más helada que nieve, Galatea!
Estoy muriendo, y aun la vida temo;
témola con razón, pues tú me dejas,
que no hay sin ti el vivir para qué sea.
           Vergüenza he que me vea
           ninguno en tal estado,
           de ti desamparado,
y de mí mismo yo me corro agora.
¿D’un alma te desdeñas ser señora
donde siempre moraste, no pudiendo
           della salir un hora?
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

     El sol tiende los rayos de su lumbre
por montes y por valles, despertando
las aves y animales y la gente:
cuál por el aire claro va volando,
cuál por el verde valle o alta cumbre
paciendo va segura y libremente,
           cuál con el sol presente
           va de nuevo al oficio
           y al usado ejercicio
do su natura o menester l’inclina;
siempre está en llanto esta ánima mezquina,
cuando la sombra el mundo va cubriendo
           o la luz se avecina.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

     Y tú, desta mi vida ya olvidada,
sin mostrar un pequeño sentimiento
de que por ti Salicio triste muera,
dejas llevar, desconocida, al viento
el amor y la fe que ser guardada
eternamente solo a mí debiera.
           ¡Oh Dios!, ¿por qué siquiera,
           pues ves desde tu altura
           esta falsa perjura
causar la muerte d’un estrecho amigo,
no recibe del cielo algún castigo?
Si en pago del amor yo estoy muriendo,
           ¿qué hará el enemigo?
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

     Por ti el silencio de la selva umbrosa,
por ti la esquividad y apartamiento
del solitario monte m’agradaba;
por ti la verde hierba, el fresco viento,
el blanco lirio y colorada rosa
y dulce primavera deseaba.
           ¡Ay, cuánto m’engañaba!
           ¡Ay, cuán diferente era
           y cuán d´otra manera
lo que en tu falso pecho se escondía!
Bien claro con su voz me lo decía
la siniestra corneja, repitiendo
           la desventura mía.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

     ¡Cuántas veces, durmiendo en la floresta,
reputándolo yo por desvarío,
vi mi mal entre sueños, desdichado!
Soñaba que en el tiempo del estío
llevaba (por pasar allí la siesta)
a abrevar en el Tajo mi ganado;
           y después de llegado,
           sin saber de cuál arte,
           por desusada parte
y por nuevo camino el agua s’iba;
ardiendo yo con la calor estiva,
el curso enajenado iba siguiendo
           del agua fugitiva.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

     Tu dulce habla ¿en cúya oreja suena?
Tus claros ojos, ¿a quién los volviste?
¿Por quién tan sin respeto me trocaste?
Tu quebrantada fe, ¿dó la pusiste?
¿Cuál es el cuello que como en cadena
de tus hermosos brazos añudaste?
           No hay corazón que baste,
           aunque fuese de piedra,
           viendo mi amada hiedra
de mí arrancada, en otro muro asida,
y mi parra en otro olmo entretejida,
que no s’esté con llanto deshaciendo
           hasta acabar la vida.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

     ¿Qué no s’esperará d’aquí adelante,
por difícil que sea y por incierto,
o qué discordia no será juntada?
Y juntamente ¿qué terná por cierto,
o qué de hoy más no temerá el amante,
siendo a todo materia por ti dada?
           Cuando tú enajenada
           de mi cuidado fuiste,
           notable causa diste,
y ejemplo a todos cuantos cubre’l cielo,
que’l más seguro tema con recelo
perder lo que estuviere poseyendo.
           Salid fuera sin duelo,
salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

     Materia diste al mundo de’speranza
d’alcanzar lo imposible y no pensado
y d’hacer juntar lo diferente,
dando a quien diste el corazón malvado,
quitándolo de mí con tal mudanza,
que siempre sonará de gente en gente.
           La cordera paciente
           con el lobo hambriento
           hará su ajuntamiento,
y con las simples aves sin rüido
harán las bravas sierpes ya su nido,
que mayor diferencia comprehendo
           de ti al que has escogido.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

     Siempre de nueva leche en el verano
y en el invierno abundo; en mi majada
la manteca y el queso está sobrado.
De mi cantar, pues, yo te via agradada
tanto, que no pudiera el mantüano
Títero ser de ti más alabado.
           No soy, pues, bien mirado,
           tan diforme ni feo,
           que aun agora me veo
en esta agua que corre clara y pura,
y cierto no trocara mi figura
con ese que de mí s’está reyendo:
           ¡trocara mi ventura!
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

     ¿Cómo te vine en tanto menosprecio?
¿Cómo te fui tan presto aborrecible?
¿Cómo te faltó en mí el conocimiento?
Si no tuvieras condición terrible,
siempre fuera tenido de ti en precio,
y no viera este triste apartamiento.
           ¿No sabes que sin cuento
           buscan en el estío
           mis ovejas el frío
de la sierra de Cuenca, y el gobierno
del abrigado Estremo en el invierno?
Mas ¿qué vale el tener, si derritiendo
           m’estoy en llanto eterno?
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

     Con mi llorar las piedras enternecen
su natural dureza y la quebrantan;
los árboles parece que s’inclinan;
las aves que m’escuchan, cuando cantan,
con diferente voz se condolecen
y mi morir cantando m’adevinan;
           las fieras que reclinan
           su cuerpo fatigado
           dejan el sosegado
sueño por escuchar mi llanto triste.
Tú sola contra mí t’endureciste,
los ojos aun siquiera no volviendo
           a los que tú hiciste
salir, sin duelo, lágrimas corriendo.

     Mas ya que a socorrerme aquí no vienes,
no dejes el lugar que tanto amaste,
que bien podrás venir de mí segura.
Yo dejaré el lugar do me dejaste;
ven si por solo aquesto te detienes.
Ves aquí un prado lleno de verdura,
           ves aquí un’ espesura,
           ves aquí un’ agua clara,
           en otro tiempo cara,
a quien de ti con lágrimas me quejo;
quizá aquí hallarás, pues yo m’alejo,
al que todo mi bien quitar me puede,
           que pues el bien le dejo,
no es mucho que’l lugar también le quede.

     Aquí dio fin a su cantar Salicio,
y sospirando en el postrero acento,
soltó de llanto una profunda vena;
queriendo el monte al grave sentimiento
d’aquel dolor en algo ser propicio,
con la pesada voz retumba y suena;
           la blanda Filomena,
           casi como dolida
           y a compasión movida,
dulcemente responde al son lloroso.
Lo que cantó tras esto Nemoroso,
decidlo vos, Pïérides, que tanto
           no puedo yo ni oso,
que siento enflaquecer mi débil canto.

NEMOROSO

     Corrientes aguas puras, cristalinas,
árboles que os estáis mirando en ellas,
verde prado de fresca sombra lleno,
aves que aquí sembráis vuestras querellas,
hiedra que por los árboles caminas,
torciendo el paso por su verde seno:
           yo me vi tan ajeno
           del grave mal que siento,
           que de puro contento
con vuestra soledad me recreaba,
donde con dulce sueño reposaba,
o con el pensamiento discurría
           por donde no hallaba
sino memorias llenas d’alegría.

     Y en este mismo valle, donde agora
me entristezco y me canso en el reposo,
estuve ya contento y descansado,
¡Oh bien caduco, vano y presuroso!
Acuérdome, durmiendo aquí algún hora,
que, despertando, a Elisa vi a mi lado.
           ¡Oh miserable hado!
           ¡Oh tela delicada,
           antes de tiempo dada
a los agudos filos de la muerte!
Más convenible fuera aquesta suerte
a los cansados años de mi vida,
           que’s más que’l hierro fuerte,
pues no la ha quebrantado tu partida.

     ¿Dó están agora aquellos claros ojos
que llevaban tras sí, como colgada,
mi alma, doquier que ellos se volvían?
¿Dó está la blanca mano delicada,
llena de vencimientos y despojos,
que de mí mis sentidos l’ofrecían?
           Los cabellos que vían
           con gran desprecio al oro
           como a menor tesoro
¿adónde están, adónde el blanco pecho?
¿Dó la columna qu’el dorado techo
con proporción graciosa sostenía?
Aquesto todo agora ya s’encierra,
           por desventura mía,
en la escura, desierta y dura tierra.

     ¿Quién me dijera, Elisa, vida mía,
cuando en aqueste valle al fresco viento
andábamos cogiendo tiernas flores,
que habia de ver, con largo apartamiento,
venir el triste y solitario día
que diese amargo fin a mis amores?
           El cielo en mis dolores
           cargó la mano tanto,
           que a sempiterno llanto
y a triste soledad me ha condenado;
y lo que siento más es verme atado
a la pesada vida y enojosa,
           solo, desamparado,
ciego, sin lumbre en cárcel tenebrosa.

     Después que nos dejaste, nunca pace
en hartura el ganado ya, ni acude
el campo al labrador con mano llena;
no hay bien qu’en mal no se convierta y mude.
La mala hierba al trigo ahoga, y nace
en lugar suyo la infelice avena;
           la tierra, que de buena
           gana nos producía
           flores con que solía
quitar en sólo vellas mil enojos,
produce agora en cambio estos abrojos,
ya de rigor d’espinas intratable.
           Yo hago con mis ojos
crecer, lloviendo, el fruto miserable.

     Como al partir del sol la sombra crece,
y en cayendo su rayo, se levanta
la negra escuridad que’l mundo cubre,
de do viene el temor que nos espanta
y la medrosa forma en que s’ofrece
aquella que la noche nos encubre
           hasta que’l sol descubre
           su luz pura y hermosa,
           tal es la tenebrosa
noche de tu partir en que he quedado
de sombra y de temor atormentado,
hasta que muerte’l tiempo determine
           que a ver el deseado
sol de tu clara vista m’encamine.

     Cual suele’l ruiseñor con triste canto
quejarse, entre las hojas escondido,
del duro labrador que cautamente
le despojó su caro y dulce nido
de los tiernos hijuelos entretanto
que del amado ramo estaba ausente,
           y aquel dolor que siente,
           con diferencia tanta
           por la dulce garganta,
despide, que a su canto el aire suena,
y la callada noche no refrena
su lamentable oficio y sus querellas,
           trayendo de su pena
el cielo por testigo y las estrellas,

desta manera suelto yo la rienda
a mi dolor y ansí me quejo en vano
de la dureza de la muerte airada;
ella en mi corazón metió la mano
y d’allí me llevó mi dulce prenda,
que aquél era su nido y su morada.
           ¡Ay, muerte arrebatada,
           por ti m’estoy quejando
           al cielo y enojando
con importuno llanto al mundo todo!
El desigual dolor no sufre modo;
no me podrán quitar el dolorido
           sentir si ya del todo
primero no me quitan el sentido.

     Tengo una parte aquí de tus cabellos,
Elisa, envueltos en un blanco paño,
que nunca de mi seno se m’apartan;
descójolos, y de un dolor tamaño
enternecer me siento que sobre’llos
nunca mis ojos de llorar se hartan.
           Sin que d’allí se partan,
           con sospiros calientes,
           más que la llama ardientes,
los enjugo del llanto, y de consuno
casi, los paso y cuento uno a uno;
juntándolos, con un cordón los ato.
           Tras esto el importuno
dolor me deja descansar un rato.

     Mas luego a la memoria se m’ofrece
aquella noche tenebrosa, escura,
que siempre aflige esta ánima mezquina
con la memoria de mi desventura.
Verte presente agora me parece
en aquel duro trance de Lucina;
           y aquella voz divina,
           con cuyo son y acentos
           a los airados vientos
pudieran amansar, que agora es muda,
me parece que oigo, que a la cruda,
inexorable diosa demandabas
           en aquel paso ayuda;
y tú, rústica diosa, ¿dónde estabas?

     ¿Íbate tanto en perseguir las fieras?
¿Íbate tanto en un pastor dormido?
¿Cosa pudo bastar a tal crüeza,
que, comovida a compasión, oído
a los votos y lágrimas no dieras,
por no ver hecha tierra tal belleza,
           o no ver la tristeza
           en que tu Nemoroso
           queda, que su reposo
era seguir tu oficio, persiguiendo
las fieras por los montes y ofreciendo
a tus sagradas aras los despojos?
           ¡Y tú, ingrata, riendo
dejas morir mi bien ante mis ojos!

     Divina Elisa, pues agora el cielo
con inmortales pies pisas y mides,
y su mudanza ves, estando queda,
¿por qué de mí te olvidas y no pides
que se apresure el tiempo en que este velo
rompa del cuerpo y verme libre pueda,
           y en la tercera rueda,
           contigo mano a mano,
           busquemos otro llano,
busquemos otros montes y otros ríos,
otros valles floridos y sombríos
donde descanse y siempre pueda verte
           ante los ojos míos,
sin miedo y sobresalto de perderte?

     Nunca pusieran fin al triste lloro
los pastores, ni fueran acabadas
las canciones que solo el monte oía,
si mirando las nubes coloradas,
al tramontar del sol orladas d’oro,
no vieran que era ya pasado el día;
           la sombra se veía
           venir corriendo apriesa
           ya por la falda espesa
del altísimo monte, y recordando
ambos como de sueño, y acusando
el fugitivo sol, de luz escaso,
           su ganado llevando,
se fueron recogiendo paso a paso.

[C. 1534]

Garcilaso de la Vega (Toledo, España, ?1499-Niza, Francia, 1536), Obra poética y textos en prosa, estudio preliminar de Rafael Lapesa, edición de Bienvenido Morros, Crítica, Barcelona, 1995 vía Centro Virtual Cervantes

Ref.:
Fundación Garcilaso de la Vega
Revista de la Universidad de México
Nueva Revista
Poemas del Alma

Ilustración: Supuesto retrato de Garcilaso de la Vega,.anónimo (detalle) Wikimedia Commons

domingo, octubre 13, 2019

Adalberto Polti / Dos poemas



1.
De las sombras heredamos las tinieblas
los desordenados fantasmas del día
Del tembladeral que somos, espacios luminosos
ágiles pasajeros que celebran las piedras
Del árbol heredamos la luna demorada
cuando no lejana
y una garra que se aloja en el aire
y asombrada atraviesa caminos y huellas

De ajustados ojos certificamos la tragedia


El cielo y el infierno

Y si existieran
Y si no fuera sólo una fábula
o un mero sueño
o un simple juego de palabras

Qué suelo seco y pobre
qué planetas o qué piedras
serán el corazón del universo

Adalberto Polti (Buenos Aires, 1943), "Mendiga palabra", 1997, Poesía reunida 1987-2002, Botella al Mar, Buenos Aires, 2012

Ref.:

sábado, octubre 12, 2019

Edgar Allan Poe / Solo















Desde de mi niñez, no he sido
como el resto, no he visto
lo que los demás veían, no pude extraer
mis pasiones del mismo manantial.
Ni de la misma fuente obtuve
mi pena; no pude despertar
mi corazón a la alegría en igual tono;
y todo lo que amé, lo amé solo.
Entonces —en mi niñez— en el amanecer
de una tempestuosa vida, brotó
desde la profundidad misma del bien y del mal
el misterio que aún me ata:
desde el torrente o la fuente,
desde el rojo peñasco de la montaña,
desde el sol que giraba a mi alrededor
en su otoño dorado,
desde el rayo en el cielo
mientras pasaba volando a mi lado,
desde el trueno y la tormenta,
y la nube que tomó la forma
(cuando el resto del cielo era azul)
de un demonio ante mi mirada.

[1829 - Scribner's Monthly, 1875]

Edgar Allan Poe (Boston, Estados Unidos, 1809-Baltimore, Estados Unidos, 1849)
Versión © Silvia Camerotto

Ref.:
Poets Org
Poetry Foundation
Lecturalia
A Media Voz

Ilustración: Grabado de Edouard Manet para la edición en francés del poema "El cuervo", de Edgar Allan Poe, 1871 New York Public Library/Getty

Alone

From childhood's hour I have not been
As others were; I have not seen
As others saw; I could not bring
My passions from a common spring.
From the same source I have not taken
My sorrow; I could not awaken
My heart to joy at the same tone;
And all I loved, I loved alone.
Then— in my childhood, in the dawn
Of a most stormy life— was drawn
From every depth of good and ill
The mystery which binds me still:
From the torrent, or the fountain,
From the red cliff of the mountain,
From the sun that round me rolled
In its autumn tint of gold,
From the lightning in the sky
As it passed me flying by,
From the thunder and the storm,
And the cloud that took the form
(When the rest of Heaven was blue)
Of a demon in my view.

viernes, octubre 11, 2019

Ana Hatherly / Historia de la niña loca















Buscaron por toda la casa, por toda la tierra,
pero nadie la encontraba.
Ella estaba en el tejado detrás de la chimenea.
Miraba las estrellas y cantaba.
¡Estaba tan feliz y sosegada!
Miraba las estrellas y cantaba.
¡Dios mío, estaba loca!
Hay que llevársela.

¡Era tan feliz!
Miraba las estrellas y cantaba…

Me hablas de alas,
de volar…

Pero ¿no ves que yo no soy nada,
que no soy ni ángel ni persona,
ni ave ni ingenio,
que mi definición es completamente otra?

Yo no soy más que el mismo suelo…

Mi vida es poética:
planea entre la vaga mentira y la realidad.

El amor me sucede
como las hojas a los árboles.
Y tan singularmente
que ya ni siquiera sé si es natural que un árbol tenga hojas.

Ana Hatherly (Oporto, Portugal, 1929-Lisboa, 2015), El Cultural, Madrid, 9 de noviembre de 2015
Traducción de Martín López-Vega
Envío de Jonio González

Ref.:
Portal da Literatura
Público
Escritoras
Citador
Poemas y Poetas Portugueses

Foto: Jornal de Poesia

jueves, octubre 10, 2019

Pancho Muñoz / De "Huella de perro en el cemento fresco"















Señalero a la vista

                                                                      A Daniel Ripoll


(El amor que padezco es una enfermedad vergonzosa. Apollinaire)

 
Uno
   
     Lo primero que firmé, el año que comienza, fue una deuda. Después firmé un poema y después volví a firmar más deuda.

Dos
 
     Mi único giro doctrinario y político es haber pasado del “Viva Perón, carajo” al “Viva Perón”, escueto. 30 años de eso, sobre poco más o menos.

Tres
   
     Cuando la carrera tiene que cambiar no cambia y cambia cuando no tiene que cambiar.

     Nunca cambia el que gana.
     Gana el que conoce con precisión cuando las cosas van a cambiar, el que anticipa y sucede, llámese como se llame: rock and roll, instinto, sed de futuro, cerveza con limón a las seis de la tarde haciendo veredita en Santa Fe y Ayacucho. Bs.As.

Cuatro

   Cómo no ser de acá, de este río que aligera la espuma y embellece los cuerpos y colorea la tarde del león, según Lugones; digamos que la enturbia para aumentar los espejismos de la carne y el hueso y la lengua y el paladar haciendo filtro mientras chupa palabras, comas, mujeres y cerveza. Siempre fue un lírico y el lirismo puede hacerte perder el cuerpo.
 
Cinco
   
     Estoy en Bs.As., no pude evitarlo, tratando de acertar cuándo cambian las cosas. Y las cosas cambian de un día para el otro; de una milésima a la otra en y en cualquier parte del mundo.

Seis
 
     Ordenado entre los repentinos; casual padre de actos y sobre todo frívolo en los enamoramientos y en eso de sostener la crítica. Emocionalmente fácil.

Siete
   
     El poema que firmé, a comienzo de año, no era un poema de amor ni de enamoramientos. No amo cuando escribo, escribo con la cola de una laucha entre las manos. Mi problema siguen siendo las deudas y el error de nunca  arrepentirse. La laucha está viva y cada tanto mordisquea.

Ocho

     Al enemigo que te caga la vida hay que precisarlo en el colimador y hay que saber seguirle el rastro; porque eso de cagarte la vida es bastante. Las deudas y los arrepentimientos cambian rápido, lo que tardan en decirse dos palabras o disparar un tiro.

 Nueve
 
     Toda una teoría a partir de un dato equivocado.
Toda una teoría y sus jardines que no paran de bifurcarse y, encima de todo, sus iglesias de opio puro y leninista. Almas de cofias con habitación de servicio.
     Toda una teoría y toda una estética de umbrales acólitos, soberbios inocentes chupadores de pija “amujerados”, acierta aquí Osvaldo Lamborghini, y todas esas cosasmodernosas de la época y su aduana pública y su falta de secretos. No emboba la política, encula.

Diez
 
    Menos el poder, todo es inútil escribo/ lo que puedo/ que escribo/ con la cola de la laucha entre las manos.
    Toda una teoría tengo, comprobable en su contra
    y también tengo incorporado un ejercicio físico agotador que no parece y que a veces sangra, como prueba telúrica de la cosa en que ando metido.

Once

Repiquetea el sol hasta que muere
bajo la sombra suave de tu sandalia de hilo.
Nada podrá ninguna noche fresca contra esto.

Todo se va haciendo.

Doce

Todos los pasos son en falso,
los de para adelante y los al revés.
A mi, nadie puede ya mentirme
ni esta

ni ninguna vez.

Trece
   
     Yo puedo escribir porque las palabras tienen la buena voluntad de recordarnos

y el que recuerda cambia
 
           ciertas cosas que hacen a veces favores de verdad: gracia, don, cola de laucha, crédito, fianza.

Catorce
   
     El agotamiento de la iluminación es más importante que la iluminación misma. 
    La frase aparece cada tanto en la pared del fondo –yo vivo entre paredes estas- y con toda claridad puede leerse el hecho por sobre el palimpsesto propuesto por la enredadera y su circuito húmedo y verde caprichoso:
   El agotamiento de la iluminación es más importante que la iluminación misma.

   Siempre fui de beber; ahora grito menos producto de cierto agotamiento con eso de las iluminaciones. Yo sé que va a pasar, yo sé que va a ocurrir.
     Las cosas son más fieles a mí que yo a las cosas.

Quince

     Una señal a la vista para dejarse llevar mientras como papafritas obvias en el mismo Palacio.
     Una antología de momentos marcando la vida con el taco. Los hijos y sus hijos y las hijas y sus hijas revoleteando futuro y futuritos en un jardín que no tiende jamás a bifurcarse.
   
     Mate y mariposas hasta siempre. Sorbo, toso y lagrimeo por culpa del colesterol.

Dieciséis 

    He varado embarcación en el medio del río que nos caracteriza y he cenado con Pappo.
    Navego aún con vientos que varían en amenazas y mucho movimiento en la cabina, cosa que dificulta el hecho de escribir y beber al mismo tiempo; teniendo a pesar y entre las manos la cola de la laucha que, por momentos, pretende independizarse la muy turra.
    Hay que tener cuidado con lo que se hace. Esto no es un concurso de belleza.

Diecisiete
   
Voy a mirar
hoy 
el mar, hasta que quede mar
 y quede luz del mar
 y quede ojo entre las fosforescencias 
y la sal de la sal.   

Dieciocho
 
Y cómo, de qué forma
 o manera de la pirueta obrera 
iba a faltar el que escuda
 su propia valentía en el pasado. En su tiempo 
cualquiera.

Diecinueve

     Nada es lo mismo, ir que volver enamorado por los bulevares encendidos al frente que nos quedan y la noche lubricando la noche y el rocío el rocío y así por el estilo. Nada es lo mismo.
   Exigencias del caso y, otra vez, el futuro y las muchedumbres en la boca estómago.

Veinte

    Llegué, como pude pero llegué para firmar el manifiesto que explica como y porque hemos llegado a esto.
    Todo se paga y todo regresa con usura y encima no hay cuenta que valga.

Veintiuno

    La carrera no cambia porque si, siempre hay algo: peso, viento, humedad, jinete, sombra, sol, castigo.
   Y siempre hay algo más que tuerce la carrera y su rumbo: destino, capricho del destino, “pastito recién cortado”, arena.

Veintidós

    La política es la posibilidad de hablar. Unos la dicen de una manera y otros de otra. Elesella y esellos y esellas; todas personas que alguna vez se conocieron o anduvieron cerca sacudiéndose. Nada más cerca ni nada más familiar que la política.
    Nuestras conversaciones de sobremesa no dejaban escaparnos a ninguna costa y el mar como un mantel. 
    El punto flojo era la cola de la laucha, que además de no tener memoria, trataba de borrar la mía. Yo, cuando hablo me ensaño y cuando escribo me tranquilizo un poco. La política es algo de mueca sonriente en la cuerda floja y un toque de vestuario en donde el tiempo siempre pasa.

Veintitrés

     El río, otra vez el río y sus riberas salvadoras a tanta soledad que nada teje, no es mar el río que nos tiñe y es barco varado y es cena nostalgiosa.
     La política no incluye ni rechaza y existe nada más que para cerrar lo cerrado y abrir lo que haya que ir abriendo. Lo más blanco del blanco y al revés.
     Un alcaucil convertido en diamante, cosa que demuestra la posibilidad curiosa de

(…de la política no se come, se come de la mano del amo, del poder de ese cuenco impiadoso al que no conviene morder nunca, canturrea la historia…)

una confrontación con la más correcta y pura realidad, dentro o fuera del tiempo.

     Tengo un plan para ganar y una teoría comprobable.

Veinticuatro

     Siempre existe la posibilidad de echarse para atrás, dice Maquiavelo
y yo no tengo manera de evitar repetirlo, mientras

     la planta de tú pié desnudo le devuelve a mi empeine el frío del mosaico.                                                                                                                       
Veinticinco

    Siempre hay una línea, una entrelínea, un pensamiento de mesita de luz apaciguado en tu más íntima dictadura; en la obsesión por la bebida

y encima y por debajo 
y por arriba
y en los costados,
 esa cola de laucha incontrolable 
que da tanto trabajo 
haciendo 
tanto estrago.

Veintiséis     

     Parece que todo el mundo tiene que hacer caso. Hay que ir obligándose a hacer caso, pavada de anarquismo esto de contar.
    Escribe lo que piensa y dice y piensa en lo que debe: Perón cartonero, Perón pibe, Perón guacho, Perón pedigüeño, Peroncito, Perón pobre, Perón humillado, Perón manco dos veces, Perón viudo, Perón en la cañonera. Perón bajo su paraguas. 
    La política administra el desorden, no es una casa; y también administra la muerte, según acierta en afirmar el poeta  Rodolfo Edwards mientras prologa esto.
   La política no es nada más que una carrera de caballos, en política es “nesario” saber antes el resultado de lo qué se está jugando y por jugar, y pensar sobre todo en el minuto siguiente y en las próximas cien carreras.  Un hipódromo de aquí a la eternidad de tiempos empleados, o sea el tiempo mismo abstraído de cualquier otra contingencia.
   La cosa es explicar porqué todo está tan lejos. A todo esto la cola de la laucha se pone cada vez más indócil y soberbia. Soberbiosa, si me permite.

Veintisiete

   El miedo a buscar es no encontrar las cosas que se andan buscando, deudas o poemas.


Veintiocho

   Sonríe hasta que sangra por la comisura de los labios. Se seca y habla como conductor televisivo, si fuese o un sujetador, si fuera. Correcto, visto desde la gramática en eso del sujeto y predicado.

   No hay que perder la calma y hay que dejarse llevar por la señales.
   Siempre hay revancha frente al vacío.

Francisco "Pancho" Muñoz (Buenos Aires, 1945)

Huella de perro 
en el cemento fresco.
Poemas (2016-2019)
Milena Caserola,
Argentina, 2019







Ref.:
Milena Caserola/Facebook
Sobre la Hora
Otra Iglesia Es Imposible
De Sibilas y Pitias
Aromito
Poetas Siglo XXI

Foto: AM750/Facebook

miércoles, octubre 09, 2019

Pere Gimferrer / Band of angels












Un jazmín invertido me contiene,
una campana de agua, un rubí líquido
disuelto en sombras, una aguja de aire
y gas dormido, una piel de carnero
tendida sobre el mundo, una hoja de álamo
inmensamente dulce, cuanto puede
vegetal y callado remansarse
sobre nuestras cabezas, y la sien
y los labios y el dorso de la mano
ungir de luz:
                 Tú llegas.
                          Mía, mía
como el árbol del cielo de noviembre,
la lluvia del que en sus cristales óyela
y piensa en ella, el mar de su eco lóbrego,
el viento de la cueva donde expira
y se sume, pasado el planisferio,
la luz de su reflejo en un estanque,
el astro de su luz, del tiempo el hombre
que lo vivió y luchó para ganarlo,
ganando aquél, del silencio la música
que un instante ha cesado y se retiene
para volcarse luego, un solo río,
una sola corriente de oro en pie,
inmóvil y cambiante, tal el signo
de la centella en el recuerdo, cuando
la pensamos y fue, sobre la tapia
en cal de nuestra infancia, un aro roto,
y aquel fulgor estremeciendo el aire,
caliente en las mejillas, glacial luego,
cuando la lluvia en chaparrón nos vence
y vence a nuestra infancia:
                          toda mía
como esa infancia que no tuve, el ruido
de una máquina al coser, tarde perlada
de cansancio, cortinas fantasmales,
unánime el pasillo hacia el balcón
y la calle entre rejas, un perfil
desconocido, el mío, y en sus ojos
otra luz de leyenda, un mundo, salas,
caminos, rosas, montes, arboledas,
tapices, cuadros, parques de granito,
abanicos abiertos, tumba abierta
como un ángel de mármol, tumba abierta
con coronas y versos, tumba abierta
de un niño, tumba oscura, aún mi pelo
rizado estaba, tumba abierta al cierzo
y la lluvia de otoño, verdes eran
ya mis ojos, en mi boca había un lirio,
tumba abierta de barro removido,
paletadas de estiércol en los ojos
de un niño, tumba abierta, venid todos,
murió en noviembre y llueve en su piel blanca
llueve con la dulzura del otoño
y el dolor de la infancia que no tuve
y hoy sueño para ti,
                     pues era mía,
mía como lo más mío de mí mismo.
Yo te he esperado años, y no importa
(no debiera importar) que sin tu luz
permanezca unas horas, escribiendo
poemas al azar, mientras te sé
con otras gentes -¿tú la que me sueño,
o la que eres?- ida, ajena, en este
país tan tuyo de metal y sombra
donde no puedo entrar, en este tiempo
vivido sólo por y para ti,
el tiempo de sala de concierto
donde entraste aquel día, y bruscamente
te vi partir, sabiéndome a tu lado
y queriéndome aún, más desde lejos,
donde imposible no sonó mi paso
ni mi respiración de amor llegaba
a tus cabellos, desde el centro mismo,
de la otra vida, el corazón magnético
que envolvía en un círculo, hacia arriba,
sala y rostros y música ya ti .
No debiera importarme que no tenga
de este modo en las horas que tú vives
lejos de mí, fiel a tu vida propia,
para luego en la luz de amor transida
de mis ojos reconocerte en mí
y latir al unísono los pulsos,
astros, flores y frutos del amor;
no debiera importarme, mas no sé
dar al olvido tantos años muertos,
tanta belleza inútil, pues no vista
ni gozada contigo, tanto instante
que no sentí, pues no sentí a tu lado,
toda mi vida antes de abrirme a ti:
este jardín, esta terraza misma,
el vientre tibio de la noche fuera,
las ubres ciegas del pasado, el agua
latiendo al fondo de un poema, el fuego
crepitando en la cumbre de un poema,
la cruz donde confluye el elemento,
el círculo o conjuro cabalístico,
la pezuña del diablo, los ardides
que con mi amor fabrican poesía
como metal innoble.
                     Veo el claustro
ya en silencio a esta hora de la tarde,
mágico en la distancia y la memoria,
arropado de sombras indecisas,
y tú saliendo, tu cabello suave
que ahuyenta las brujas, tu mirada
vertida en algo más allá de ti,
la astral fosforescencia de tus dientes,
el hielo dulce y terso de tus labios,
todas las dalias que en tu piel expiran
y en cada pliegue de tu cuerpo, y toda
la piedad que tus manos me conceden.
Irreductiblemente, ¿cómo ves
al que te espera, con tus ojos puros?
Supiera esto, y tú serías mía,
y al esperarte ahora, en esta tarde
que existe sólo porque existes tú,
la luz que confabula este poema
incendiaría nuestra soledad.
Ven hasta mí, belleza silenciosa,
talismán de un planeta no vivido,
imagen del ayer y del mañana
que influye en las mareas y los versos;
ven hasta mí y tus labios y tus ojos
y tus manos me salven de morir.

Pere Gimferrer (Barcelona, Cataluña, España, 1945), Arde el mar, El Bardo, Barcelona, 1966; Cátedra, Madrid, 2009

Ref.:
Instituto Cervantes
Poemas a 1000
A Media Voz
La Cola de Rata
El País
El Cultural
Nueva Revista

Foto: EFE/ABC

martes, octubre 08, 2019

Marilyn Contardi / De "En constante inconstancia"













Taza de té

Me gustaría poder decir:
“a cup of tea” como los ingleses,
apretando “tea” entre los dientes
como una vibrante escama de aire,
pero no puedo y mi “taazaa de tée”
con sus vocales amplias se posa
en su blancura de porcelana
sobre la oscura mesa, igual
a un nenúfar en las aguas de espejo
bajo el infinito estrellado.


No hay mucho tiempo 

No hay mucho tiempo
para cortar los jazmines,
disponerlos en el vaso sobre la mesa.
No hay mucho tiempo
para almidonar las cortinas y
volver a colgarlas en las ventanas.
Drapeada de terciopelo, el agua
cada vez más oscura, tiembla.
Los duendes de la noche
cabalgan las primeras gotas de luz,
las campanadas se enredan en el
chirrido del portón que se cierra.
Una última mirada, Clemetina,
una última vez, antes de cerrar los postigos.

Marilyn Contardi (Zenón Pereyra, Argentina, 1936)

En constante inconstancia. Obra poética,
Editorial de la Universidad de Entre Ríos,
Entre Ríos, 2018









Ref.:

Foto: Ciclo Taller de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) 

lunes, octubre 07, 2019

Dorianne Laux / Dos poemas

















Polvo

Alguien me habló anoche,
me dijo la verdad. Sólo unas pocas palabras,
pero las reconocí.
Sabía que debería haber hecho el esfuerzo de levantarme,
apuntarlo, pero era tarde,
y estaba agotada tras haber trabajado
todo el día en el jardín trasladando piedras.
Ahora, sólo recuerdo el sabor,
distinto de si se tratara de comida, dulce o picante.
Era más como el de una arenilla fina, como polvo.
Y yo no estaba eufórica ni asustada,
sino sencillamente cautivada, consciente.
Así es cómo ocurre a veces:
Dios llega hasta tu ventana,
todo intensa luz y alas negras,
y tú estás demasiado cansada para abrir.


Suficiente música

En ocasiones, cuando hacemos un viaje largo
y ya hemos hablado bastante y escuchado
suficiente música y parado dos veces,
una para comer, una para contemplar el paisaje,
caemos en este ritmo de silencio.
Se balancea hacia atrás y hacia adelante entre nosotros
como una cuerda sobre un lago.
Tal vez lo que no decimos sea
lo que nos salva.

Dorianne Laux (Augusta, Estados Unidos, 1952), What We Carry, BOA Editions, Rochester, N. Y., 1994
Versiones de Jonio González.

Ref.:
Dorianne Laux
Poetry Foundation
Poets House
Tuesday Poem
Divedapper
Poeticus
Pacific University/YouTube
Poetas Siglo XXI

Foto: Divedapper


DUST

Someone spoke to me last night,
told me the truth. Just a few words,
but I recognized it.
I knew I should make myself get up,
write it down, but it was late,
and I was exhausted from working
all day in the garden, moving rocks.
Now, I remember only the flavor—
not like food, sweet or sharp.
More like a fine powder, like dust.
And I wasn’t elated or frightened,
but simply rapt, aware.
That’s how it is sometimes—
God comes to your window,
all bright light and black wings,
and you’re just too tired to open it.


ENOUGH MUSIC

Sometimes, when we’re on a long drive,
and we’ve talked enough and listened
to enough music and stopped twice,
once to eat, once to see the view,
we fall into this rhythm of silence.
It swings back and forth between us
like a rope over a lake.
Maybe it’s what we don’t say
that saves us.

domingo, octubre 06, 2019

Gabriel Celaya / Paraíso al día















En la mañana funcionan
las máquinas y los lirios suavemente;
los números me suenan
como si nadie los hubiera usado antes.

(Pero aquella golondrina
loca en un aire cuajado de inventos y teorías...
Pero aquella golondrina
que han herido unas aristas de luz definitiva...)

Nunca estuvimos más solos;
nunca más limpios de engaños.
Nos miramos a los ojos
y allí el mundo es pequeñito,
preciso, neto, brillante,
tan anterior al pasado
que no comprendemos nada.

Gabriel Celaya (Hernani, País Vasco, España, 1911-Madrid, 1991), Los poemas de Juan de Leceta, Jaime Salinas Editor, Barcelona, 1961; Lumen, Barcelona, 1976, 1988
Envío de Jonio González.

Ref:
Gabriel Celaya
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
A Media Voz
RTVE (Video)
Gibralfaro
El País

Foto: Gabriel Celaya Alberto Schommer/Web Gabriel Celaya 

sábado, octubre 05, 2019

Georg Leß /Décima vértebra / el arca, la preocupación




















DÉCIMA VÉRTEBRA / EL ARCA, LA PREOCUPACIÓN

del detector de humo cubrió dos tercios de la cocina
la relación de la rueda con el pavo real, del brillo con el miedo

el incendio aquí no tendría ningún lugar, así que cuidado; si
yo, y esto no te concierne, en cualquier momento fallara
o una luciérnaga sin fuerza en la noche
se posara sombría sobre un interruptor
y esperara el dedo, la luz

en el guante de cuero están metidos cinco camarones
el más gordo pregunta: dónde están los delgados,

     escucho sus voces delgadas:
     te necesitamos

Georg Leß (Arnsberg, Alemania, 1981), die Hohlhandmusikalität, Berlín, Kookbooks, 2019
Versión de Silvana Franzetti y Odile Kennel

Hablar de Poesía publicará poemas de Leß y otros poetas alemanes en su edición #40

Ref.:
Der Tagesspiegel
Fixpoetry
Signaturen
Literarischer Marz
fowlerpoetry/YouTube
Parasitenpress

Foto: Georg Leß, Berlín, 2016, por Dirk Skiba

ZEHNTER WIRBEL / ARCHE, DIE SORGE

des Rauchmelders füllte die Küche zu zwei Dritteln aus
die Relation vom Rad zum Vogel Pfau, vom Glanz zur Angst

kein Wohnungsbrand fände hier Platz, also Vorsicht; wenn
ich, was dich nicht betrifft, irgendwann ausfalle
oder ein kraftloses Glühwürmchen sich in der Nacht
finster auf einen Lichtschalter setzt
um auf den Finger zu warten, das Licht

im Lederhandschuh stecken fünf Garnelen
die dickste fragt: wo sind die dünnen, ich

     höre eure dünnen Stimmen: wir
     brauchen dich

viernes, octubre 04, 2019

Enrique Santos Discépolo / Chorra











[Tango]

Por ser bueno
me pusiste a la miseria,
me dejaste en la palmera,
me afanaste hasta el color.
En seis meses
me comiste el mercadito,
la casiya de la feria,
la ganchera, el mostrador...
¡Chorra!...
Me robaste hasta el amor...
Aura,
tanto me asusta una mina,
que si en la calle me afila
me pongo al lao del botón.

¡Lo que más bronca me da,
es haber sido tan gil!

Si hace un mes me desayuno
con lo qu' he sabido ayer,
no er'a mí que me cachaban
tus rebusques de mujer...
Hoy me entero que tu mama
"noble viuda de un guerrero",
¡es la chorra de más fama
que ha pisao la treinta y tres!
Y he sabido que el "guerrero"
que murió lleno de honor,
ni murió ni fue guerrero
como m'engrupiste vos.
¡Está en cana prontuariado
como agente 'e la camorra,
profesor de cachiporra,
malandrín y estafador!

Entre todos
me pelaron con la cero,
tu silueta fue el anzuelo
donde yo me fui a ensartar.
Se tragaron
vos, "la viuda" y "el guerrero"
lo que me costó diez años
de paciencia y de yugar...

¡Chorros!
Vos, tu vieja y tu papá,
¡Guarda!
Cuidensé porque anda suelta,
si los cacha los da vuelta,
no les da tiempo a rajar.

[1928]

Enrique Santos Discépolo (Buenos Aires, 1901-1951)

Ref.:

Foto: s/d

Anahí Flores / De "Sin embalar"












Domingo

Camino veinte cuadras hasta el río,
me descalzo y me siento. Como islotes
hay grupos de personas que conversan,
toman mate, hacen picnic. Una hormiga
se trepa por mi pie, llega al tobillo.
Me recuesto, un perro pasa cerca
y un padre con su hijo juega al fútbol
a pocos metros, ¿y si la pelota…?
Miro el cielo: un montón de barriletes
como naves de Star Wars, sobrevuelan.
Más allá, una pareja está aburriéndose,
¿qué los lleva a venir acá, sentarse,
disfrutar de la Estrella de la Muerte?


Estornuda hacia el sur

El vecino de al lado
estornuda de madrugada.
Al rato se va
y no tengo más noticias
hasta que vuelve a estornudar
a eso de las diez de la noche,
aunque sin la intensidad de la mañana.
Salgo al balcón,
miro las luces de las casas
mientras él sigue estornudando
uno o dos metros hacia el sur,
como si se despidiera.


Con tren y adoquines

Cuando me escribías
desde tu ciudad de ciervos y coyotes
cada letra
me ajustaba sus patas de enchufe.
Si te pensaba
desde mi barrio con tren y adoquines
entrecerrabas los ojos, allá lejos,
y veías, me dijiste, una diapositiva gigante
como un zoom de nuestra piel.

Ahora
en un café de un barrio neutro
te escudás en el jet lag y pedís
un earl grey.
Yo también pido algo.
Es lo que se hace
en los cafés del mundo real.

Anahí Flores (Buenos Aires, 1977)

Sin embalar,
Kintsugi Editora,
Buenos Aires, 2019









Ref.:
Kintsugi Editora
Outsider
Tren Insomne
Oz
Kundra
Malón Malón
1 Poeta 10 Pregutas
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: El Living sin Tiempo

jueves, octubre 03, 2019

Martina Evans / ¿Se puede confiar en los dentistas?













                             (para Tatiana y Peter)

Están los que sólo visitas una vez,
como el compañero de Phibsboro, Dublín
que rugió “la concha de Dios”
con la pierna sobre el sillón de dentista
mientras me extraía
mi diente avergonzado.

O el que me dijo que mintiera
sobre estar embarazada
para poder tener coronas
que nunca dije
que quería
gratis en la obra social.

El hombre de Kensington
que me dijo que realmente
amaba a los irlandeses
y se murió cinco años después
dejándome de herencia
un análisis de HIV.

Con otros, tienes que quedarte.
Pero si les pagas
al final pueden querer
todos tus dientes.
Podrías encontrarte
con la boca abierta
mientras estás acostada en la silla
como un cadáver
con una moneda en la boca
viajando
hacia el inframundo.

Martina Evans (Cork, Irlanda, 1962), Can Dentists Be Trusted?, Anvil Press, Reino Unido, 2004
Versión de Jorge Fondebrider

Ref.:
Martina Evans
Martina Evans/Poems
Carcanet Press
Royal Literary Fund
The Irish Times
Irish World
Pelmeni Poetry

Foto: Martina Evans 

miércoles, octubre 02, 2019

Celia Clara Fischer / Dos poemas

 

                     a Ana María Benda

Del movimiento de voces
asoman esos niños junto a la vertiente
y el perro que salta la pared
es el mío
y es mía la habitación a oscuras
donde ha regresado mi madre
sigo caminando
pero son las montañas
que de perfil se deslizan sin detenerse
cuando de un cello llega el canto del cisne
y el campanario desembarca en lo abierto.




                      Heinrich von Kleist

La música de las esferas
gozoso cobijo deslumbrando
la carne todavía temblorosa
de un Aquiles sangrante
en la boca de Pentesilea
del cielo caen palabras
que sólo son palabras
abrazadas a sí mismas
constelaciones
a punto de resucitar en Etiopía
el hueso que las contiene.

Celia Clara Fischer (Buenos Aires, 1943), Blog de Celia Clara Fischer, 5 de mayo de 2019 y 8 de diciembre de 2018

Ref.:

Foto: Blogger

martes, octubre 01, 2019

Claudia Masín / De "Abrigo"















Del tiempo en que mi hermano y yo
crecíamos al sol, abandonados
y desbordantes como frutas salvajes,
quedó en mi pecho un viento
crudo y antiguo que no dejará de agitarse
ni aun en medio del día más apacible,
más hermoso del verano.



Nunca consumé
separación alguna. Unida
a cada brizna de hierba tanto
como a mi madre, soy una cuerda
de luz que desciende del aire
y se anuda a la sombra que dejan
todas las cosas al irse.



Descanso de mí como ciertas flores del desierto,
arrancadas del tallo, descansan en la arena:
sin esperar nada, ni la lluvia ni la muerte.

Claudia Masin (Resistencia, Argentina, 1972)

Abrigo,
El Vendedor de Tierra,
Florida, Buenos Aires, 2019









Ref.:
El Vendedor de Tierra
El Placard

Foto: Claudia Masín en Facebook

lunes, septiembre 30, 2019

William Shakespeare / De "Macbeth"

















Mañana y mañana y mañana

[Poesía ocasional]

Casi he olvidado el sabor del miedo;
el tiempo ha sido.
Mis sentidos
se enfriaban al escuchar el chillido
nocturno o cualquier tragedia me erizaba el pelo.
Estoy lleno de horrores;
son tan familiares a mi pensamiento asesino
que ya no me asustan.

¿Qué fue ese grito?

La reina, mi señor, está muerta.

Debería haber muerto más tarde;
habría sido mejor momento
para esa palabra.
Mañana y mañana y mañana
se arrastran con su pequeño paso día a día
hasta la última sílaba del tiempo escrito,
y todos nuestros ayeres iluminan a los tontos
hacia el polvo y la muerte. ¡Apagate, breve vela!
La vida no es sino una sombra andante,
un pobre actor
que se pavonea y
gasta su hora en el escenario
y luego ya no se lo escucha: es un cuento
contado por un idiota, lleno de sonido y
de furia,
y significa nada.

William Shakespeare (Stratford upon Avon, 1564-1616), Acto V, Macbeth
Versión de Jorge Aulicino basada en el original y en Marcelino Menéndez Pelayo

Imagen: Impresión en cera del sello del actor David Garrick, mediados del siglo XVIII National Portrait Gallery 

MACBETH
I have almost forgot the taste of fears;
The time has been, my senses would have cool'd
To hear a night-shriek; and my fell of hair
Would at a dismal treatise rouse and stir
As life were in't: I have supp'd full with horrors;
Direness, familiar to my slaughterous thoughts
Cannot once start me.
Wherefore was that cry?

SEYTON
The queen, my lord, is dead.

MACBETH
She should have died hereafter;
There would have been a time for such a word.
To-morrow, and to-morrow, and to-morrow,
Creeps in this petty pace from day to day
To the last syllable of recorded time,
And all our yesterdays have lighted fools
The way to dusty death. Out, out, brief candle!
Life's but a walking shadow, a poor player
That struts and frets his hour upon the stage
And then is heard no more: it is a tale
Told by an idiot, full of sound and fury,
Signifying nothing.

Delmore Schwartz / La balada de los hijos del zar














1

Los hijos del Zar
jugaron con un balón

En la mañana de mayo, en el jardín del Zar,
se lo lanzaban y lanzaron.

Cayó entre los arriates
o se fugó a la puerta norte.

Una luna diurna colgaba
del cielo a poniente, calva y blanca.

Como la cara de Papá, dijo Hermana,
arrojando la pelota blanca.


2

Mientras, yo me comía una papa asada
a seis mil millas de distancia,

En Brooklyn, en 1916,
edad dos años, irracional.

Cuando Franklin D. Roosevelt
era un anuncio de camisas Arrow.

¡Oh, Nicolás! ¡Ay! ¡Ay!
Tosió en tu ejército mi abuelo.

Oculto en un tonel apestoso a vino
tres días en Bucarest

Se fue luego a América
y llegó a ser rey.


3

Yo soy el padre de mi padre,
tú eres la culpa de tus hijos.

En la piedad y el terror de la historia
el niño es de nuevo Eneas;

Troya está en el cuarto de los niños,
el caballico de madera en llamas.

¡Explotación de menores! Cargue el niño
los padres a su espalda.

Y puesto que pasaron tantas cosas
y que la historia no es sino tristor

Para el individuo,
el que bebe té, el que se acatarra,

Generalícese la furia:
odio cosas abstractas.


4

Hermano y hermana rebotaban
el invicto balón obligado,

Del sol cayeron añicos
como espadas sobre aquel juego,

Marchoso hacia levante entre estrellas
y hacia octubre y febrero.

Mas los vientos de mayo rozaron sus mejillas
como madre que vigila un sueño,

Y si pelean un poco
por culpa del balón

Y la hermana pellizca al hermano,
y el hermano le atiza en las canillas,

¡Pues sí! Así es el corazón humano:
flor de cacto.


5

El jardín donde el balón rebota
es otro balón que retoza.

El remolino rotatorio del orbe
impide el júbilo del albedrío.

Rueda en su foco oscuro de luz,
muy grande para sus manos.

Cosa despiadada sin fin,
capricho y perseverancia,

No se hizo para niños, para juegos,
se hizo para perseguirse.

De los inocentes se apoderan,
no son inocentes.

Son los padres del padre,
el pasado inevitable.


6

Ahora, en este octubre
de esta mala racha,

Veo mi segundo año,
me como mi papa asada.

Mi mundo untado con manteca
que atiza mi torpe mano

Cae de la silla alta
y me echo a chillar.

Y veo el balón rodar bajo
la verja cerrada de hierro.

Grita la hermana, chilla el hermano,
el balón evadió sus albedríos.

Pensar que hasta un balón
es incontrolable,

Y está bajo la tapia del jardín.
El terror se apodera de mí

Si pienso en los padres del padre,
y en mi propio albedrío.

Delmore Schwartz (Nueva York, Estados Unidos, 1913-1966) poesía.us.
Traducción de José Kozer
Envío de Jonio González

Ref.:
Poetry Foundation
Buenos Aires Poetry
Círculo de Poesía
Malón Malón
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: New Directions/The Times Literary Supplement


THE BALLAD OF THE CHILDREN OF THE CZAR

1

The children of the Czar
Played with a bouncing ball

In the May morning, in the Czar’s garden,
Tossing it back and forth.

It fell among the flowerbeds
Or fled to the north gate.

A daylight moon hung up
In the Western sky, bald white.

Like Papa’s face, said Sister,
Hurling the white ball forth.

2

While I ate a baked potato
Six thousand miles apart,

In Brooklyn, in 1916,
Aged two, irrational.

When Franklin D. Roosevelt
Was an Arrow Collar ad.

O Nicholas! Alas! Alas!
My grandfather coughed in your army,

Hid in a wine-stinking barrel,
For three days in Bucharest

Then left for America
To become a king himself.

3

I am my father’s father,
You are your children’s guilt.

In history’s pity and terror
The child is Aeneas again;

Troy is in the nursery,
The rocking horse is on fire.

Child labor! The child must carry
His fathers on his back.

But seeing that so much is past
And that history has no ruth

For the individual,
Who drinks tea, who catches cold,

Let anger be general:
I hate an abstract thing.

4

Brother and sister bounced
The bounding, unbroken ball,

The shattering sun fell down
Like swords upon their play,

Moving eastward among the stars
Toward February and October.

But the Maywind brushed their cheeks
Like a mother watching sleep,

And if for a moment they fight
Over the bouncing ball

And sister pinches brother
And brother kicks her shins,

Well! The heart of man in known:
It is a cactus bloom.

5

The ground on which the ball bounces
Is another bouncing ball.

The wheeling, whirling world
Makes no will glad.

Spinning in its spotlight darkness,
It is too big for their hands.

A pitiless, purposeless Thing,
Arbitrary, and unspent,

Made for no play, for no children,
But chasing only itself.

The innocent are overtaken,
They are not innocent.

They are their father’s fathers,
The past is inevitable.

6

Now, in another October
Of this tragic star,

I see my second year,
I eat my baked potato.

It is my buttered world,
But, poked by my unlearned hand,

It falls from the highchair down
And I begin to howl

And I see the ball roll under
The iron gate which is locked.

Sister is screaming, brother is howling,
The ball has evaded their will.

Even a bouncing ball
Is uncontrollable,

And is under the garden wall.
I am overtaken by terror

Thinking of my father’s fathers,
And of my own will.

Poetry Foundation
Neww Directions: Selected Poems (1938-1958) © 1967 by Delmore Schwartz
www.wwnorton.com/nd/welcome.htm.

domingo, septiembre 29, 2019

Hernán Bravo Varela / Como buscar el sol con dos lámparas de mano...












Como buscar el sol con dos lámparas de mano.
Un sol que se confunde con las naranjas
podridas del jardín; luego se desuella,
cae hacia el cielo y lo encontramos
detrás de los edificios,
asomándose
entre casa
y casa,
siguiéndonos
por un ojo de llave.
De noche alumbramos
el naranjo y no el nido bajo tierra,
donde las ratas se frotan entre sí como un pedernal.

Hernán Bravo Varela (Ciudad de México, 1979), #39 Hablar de Poesía, Buenos Aires, agosto de 2019

Ref:
Hablar de Poesía
Enciclopedia de la Literatura en México
Períódico de Poesía
Magis
Letras Libres
Letras 
Instituto de Cultura de León
Gatopardo
Okupo+

Foto: Javier Senon/Gatopardo