miércoles, junio 30, 2021

Cesare Pavese / Simplicidad



El hombre solo -que ha estado en prisión- regresa a la prisión
cada vez que muerde un pedazo de pan.
En prisión soñaba con las liebres que escapan
sobre el manto invernal. En la niebla de invierno
el hombre vive entre muros de calles, bebiendo
agua fría y mordiendo un pedazo de pan.

Uno cree que después renace la vida,
que la respiración se calma, que regresa el invierno
con la fragancia del vino en la cálida hostería,
y el buen fuego, la cuadra y las cenas. Uno cree,
mientras está adentro, uno cree. Se sale una noche,
y las liebres las cazaron y las comen al calor
los otros, alegres. Hay que mirarlos desde el vidrio.

El hombre solo se atreve y entra para beber un vaso,
cuando ya se está helando, y contempla su vino:
el color humoso, el sabor pesado.
Muerde un pedazo de pan, que sabía a liebre
en prisión, pero ahora no tiene sabor a pan
ni a nada. Y el vino no sabe más que a niebla.

El hombre solo piensa en esos campos, contento
de saberlos ya arados. En el salón desierto,
en voz baja, prueba cantar. Vuelve a ver,
a lo largo del terraplén, el penacho de las zarzas despojadas,
que en agosto fue verde. Le da un silbido a la perra. *
Y aparece la liebre y ya no tienen frío.


* Hay probablemente un juego con el doble sentido de la palabra cagna: perra y ramera (N. del T.)

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, Italia, 1908-Turín, Italia, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Trabajar cansa. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, Griselda García Editora, Del Dock, Cartografías, Buenos Aires, 2018
Versión de J. Aulicino

Otra Iglesia Es Imposible - Fondazione Cesare Pavese - Griselda García Editora - Ediciones del Dock - Editorial Cartografías - Op.Cit. - Dardanelos - De Sibilas y Pitias - Eterna Cadencia - Nosotros - Indie Hoy - Revista Ñ - Infobae - El Litoral - Página 12

Foto: Gangemi Editore


Semplicità

L'uomo solo -che è stato in prigione- ritorna in prigione
ogni volta che morde in un pezzo di pane.
In prigione sognava le lepri che fuggono
sul terricio invernale. Nella niebba d'inverno
l'uomo vive tra muri di strade, bevendo
acqua fredda e mordendo in un pezzo di pane.


Uno crede che dopo rinasca la vita,
che il respiro si calmi, che ritorni l'inverno
con l'odore del vino nella calda osteria,
e il buon fuoco, la stalla, e le cene. Uno crede,
fin che è dentro, uno crede. Si esce fuori una sera,
e le lepri le han prese e le mangiano al caldo
gli altri, allegri. Bisogna guardarli dai vetri.


L'uomo solo osa entrare per bere un bicchiere
quando propio si gela, e contempla il suo vino:
il colore fumoso, il sapore pesante.
Morde il pezzo di pane, che sapeva di lepre
in prigione, ma adesso non sa più di pane
nè di nulla. E anche il vino non sa che di nebbia.


L'uomo solo ripensa a quei campi, contento
di saperli già arati. Nella sala deserta
sottovoce si prova a cantare. Rivede
lungo l'argine il ciuffo di rovi splogiati
che in agosto fu verde. Dà un fischio alla cagna.
E compare la lepre e non hanno più freddo.

Poesie, Mondadori, Verona, 1969

martes, junio 29, 2021

Anna Świrszczyńska / Me golpeaba la cabeza contra la pared
















De niña
metí un dedo en el fuego
para convertirme
en santa.
De adolescente
todos los días me golpeaba la cabeza contra la pared.
De joven
salí al tejado
por la ventana del altillo
con la intención de saltar.
Ya mujer
tuve el cuerpo cubierto de piojos.
Crujían cuando planchaba el suéter.
Esperé seis minutos
a que me ejecutaran.
Pasé hambre durante seis años.
Entonces di a luz un niño,
me apuñalaron
sin haberme puesto a dormir.
Entonces una bomba me mató
tres veces y tres veces tuve que volver de la muerte
sin que nadie me ayudara.
Ahora estoy descansando
después de tres resurrecciones.

Anna Świrszczyńska (Varsovia, 1909-Cracovia, Polonia, 1984), Talking to my Body, Copper Canyon Press, Washington, 1996
Traducción del polaco al inglés: Czeław Miłosz y Leonard Nathan
Versión del inglés: Jonio González




I KNOCKED MY HEAD AGAINST THE WALL

As a child
I put my finger in the fire
to become
a saint.
As a teenager
every day I would knock my head against the wall.
As a young girl
I went out through a window of a garret
to the roof
in order to jump.
As a woman
I had lice all over my body.
They cracked when I was ironing my sweater.
I waited sixty minutes
to be executed.
I was hungry for six years.
Then I bore a child,
they were carving me
without putting me to sleep.
Then a thunderbolt killed me
three times and I had to rise from the dead three times
without anyone’s help.
Now I am resting
after three resurrections.

lunes, junio 28, 2021

Giorgio Caproni / Dos poemas

















Condición

Un hombre solo,
encerrado en su habitación.
Con todas sus reflexiones.
Con todos sus tropiezos.
Solo ‒con los muertos‒ en una
habitación vacía de conversación.

[Il muro della terra, 1975]



Generalización 

Todos recibimos un regalo.

Después, no recordamos más
de quién, ni qué cosa era.

Sólo conservamos
‒punzante y sin absolución‒
la espina de la nostalgia.

[Res amissa, 1991]

Giorgio Caproni (Livorno, Italia, 1912-Roma, 1990), La Jornada Semanal, 27 de junio de 2021
Versiones de Roberto Bernal


Foto: Giorgio Caproni en la portada de L'opera in versi, Mondadori, 1998

domingo, junio 27, 2021

Alberto Cisnero / De "Los dados de la muerte"















18-

la pared desnuda de una choza de adobe. 
horcones. una casa, alega mi padre. de otrora, 
de afuera. fijate si empleás un canto venerable, 
adecentado, enfrente de tu hilera de teclas negras. 
o la extrañeza. para la postal revisionista de los fogones. 
fogatas, dirías vos. datos 
biográficos, listas de tus obras, pa, tus jornales. 
solicitaría un plus de sentido. preferimos 
la limeta. señala la boca del subte: 
acá empezaba el zanjeo.


23-

no usaban gabardinas ni zapatos de gamuza, 
mi padre y sus compañeros de obra. nunca 
profesaron afición por la caza, la pesca, el docto
humanismo, ni se ausentaron los fines de semana 
para realizar otras acciones tenaces. venían del campo, 
de afuera, de ranchos tapiados e incendiados. 
paleaban. sin desechar la proposición de un trago dentro 
de sí. acaso tuviesen un plan para sus vidas. 
mientras estuviesen juntos, iban a ser compañeros 
para siempre. sin doblar la frente ante la patronal. 
del lado de la lluvia, de la música verbal del sectario. 
hablaban cuando era su turno. cuando había 
que hablar, no después. los matarían o algo peor 
[dos versos tachados] solos con sus banderas.


25-

pedíamos vino y carne asada, en liniers, 
de pie, bajo la general paz. casi la única 
serenidad feliz del día. muy cansados 
o perdidos. perfectamente obreros del gremio 
de la construcción. ¿cuánto hace de eso,
cuándo dejó de ser una excusa hermosa? 
¿era nuestra misión en la tierra? padre 
me pasó el brazo sobre los hombros, 
como si tuviese que defenderme. 
en la tarde de la que hablo lloviznaba.

Alberto Cisnero (La Matanza, Argentina, 1975), Los dados de la muerte, edita Barnacle, Buenos Aires

sábado, junio 26, 2021

Arseni Tarkovsky / De los poemas de "El espejo"


















Tercer poema

No creo en los presentimientos, tampoco me asustan las señales,
no huyo ni del veneno, ni de las calumnias.
La muerte no existe en el mundo, todos son inmortales,
todo es inmortal, no hay que temer a la muerte
ni a los diecisiete años, ni a los setenta.

Existe solamente la realidad y la luz.
No hay en este mundo ni oscuridad, ni muerte.
Estamos todos reunidos en la orilla del mar,
y soy de aquellos que recogen las redes,
cuando viene, en cardumen, la inmortalidad.

Sigan viviendo en la casa, y ella no se destruirá.
Convocaré a cualquiera de los siglos,
entraré en él, y construiré allí mi morada.
Por eso están conmigo sus hijos y sus mujeres comparten mi mesa,
pues, la mesa es una sola para el bisabuelo y para el nieto.

Lo venidero acontece ahora, y si yo levanto la mano,
quedarían cinco rayos de luz para todos ustedes.
Mis clavículas apuntalaron, como vigas, los días del pasado,
medí los años con cadenas de agrimensor, horadé el tiempo,
como si fuese los Urales, y elegí el siglo según mi estatura.

Bajamos al sur y levantamos el polvo de las estepas...
El pasto alto se alborotó, bromeó el grillo, tocó las herraduras,
nos auguró el futuro con sus bigotes,
y me amenazó, como un monje, con la perdición segura.

Até mi destino con las correas a la silla de montar,
aún erguido en los estribos, cabalgo como un muchacho en los tiempos venideros;
me satisface mi inmortalidad, para que mi sangre corra de siglo en siglo..
Por un rincón seguro de dulce tibieza pagaría obstinado con mi vida,
si ella no fuera una aguja voladora, que me tira, como a un hilo, por todo el mundo.

Arseni Tarkovsky (Elisavetgrado, hoy Kirovogrado, Ucrania, 1907-Moscú, 1989), "Los poemas de El espejo", Diario de Poesía, nº 19, invierno de 1991
Traducción de Irina Bogdaschevski

Nota del Ad.: En la película El espejo (1975), Andrei Tarkovsky incluyó poemas escritos y dichos por su padre, Arseni Tarkovski


Foto: Arseni Tarkovsky, 1970 Vladimir Bogdanov/FotoSoyuz/Getty Images

viernes, junio 25, 2021

Padraic Fallon / Observación de campo



















Allí murió anoche
en una choza de paja ese hombre pesado y de bigotes
que solía pasar por mi camino
tan rústico y pacífico como Saturno; 

con un parpadeo de luz de luna,
y el enano del pueblo quejándose en sueños,
abandonó su cadáver y rincón,
una olla rota y un brillante vaso de agua.
Ya las cosas no podrán dar idea
de su medida, horóscopo o del gran tamaño de su aliento,
que cada año renacía
en la excursión anual al cereal; 

que se movía en la gravedad
de alguna gran señal, y lentamente sobre el arado
salía de nuevo a orbitar
con pájaros y estaciones que lo rodeaban por costumbre; 

la mañana cayó sobre
sus caballos, y detrás se movió el clima;
de la fría Navidad él
ascendió a la colina en cada árbol con hojas.

Ahora el barbecho vacío
por armonía debe a su vez inventar al hombre,
bigotes, semillas y ojos,
sus bolsas cerca de él y de sus cielos agitados;
un día el tibio sol
en setos desnudos y con púas como rollos de alambre,
una vieja figura rígida medio rayada, la única razón
de cada estación que se revela;

en cargas de heno perdidas en junio, en
otoño el hombre trigueño, mientras
juntas sus hijas de estirpe irlandesa
pálidas como la paja cuchichean a la intemperie; 

ningún otro pariente, ningún
rayo desde la tristeza en los fríos corrales alrededor
de la montaña donde los cuervos lo conocieron pero nunca
las mujeres que se aferran a las ráfagas invernales;
 
y no deja nombre
que una estación no borre, vieja cara de morsa
que alineó a la poderosa yunta
en un largo surco recto como el rayo de la mañana.

Padraic Fallon (Athenry, County Galway, Irlanda, 1905-Kent, Reino Unido, 1974), Poems, Dolmen Press, Dublin, 1974
Traducción de Jorge Fondebrider


Imagen: Retrato de Padraic Fallon en la portada de Collected Poems, publicado por Gallery Press en 1990, con introducción de Seamus Heaney 

Field Observation

There died last night/ In a poor thatch that whiskered heavy man/ Who used to go my road/Peaceful as Saturn and as countryfied; // In a flit of moonlight,/ With the town dwarf complaining in his sleep,/ He left corpse and corner,/ A broken pot and one bright glass of water.// No more will all things cast/ His measure, horoscope or the great size of his breath,/ Who was each year reborn/ In the annual excursion of the corn; //Who moved in the gravity/ Of some big sign, and slowly on the plough/ Came out anew in orbit/ With birds and seasons circling him by habit;// Morning fell upon/ His horses, and the weather moved behind;/ From cold Christmas he/ Moved up the hill in every leafing tree.// Now the windy fallow/ For harmony must invent him in its turn,/ Whiskers, seeds and eyes,/ His bags about him and his flapping skies;// One  day the low-fired sun/ In hedges bare and barbed as rolls of wire,/ An old stiff half-rayed figure, the sole reason/ For each divulging season; ///In hayloads lost in June, in / Autumn the wheatn man, while/ At their harps together/ His strawpale daughters tinkiling in the weather; // No other kin, not one/ Beam from the blues in the cold cowyhards round/ The mountain where the crows knew him but never/ The women clinging to the winter flaws;// And leaves no name/ A season won’t erase, old Walrus-face/ Who lined the surging team/ On a long furrow straight as the morning beam.

jueves, junio 24, 2021

Sergio Bizzio / De "Te desafío a correr como un idiota por el jardín"
















Otras aguas

En la hora justa
(¿será feliz esta silla -hundida- mientras el mar retrocede 
     lleno de luces?)

invitado a vacilar
(lirios y lirios y el guinda senegalés tiene otras aguas. ¡Eh! 
     ¡La cima que separa esas vidas!)

Entre las sepias de ayer y su alarma y el dedo ciego que 
     roza, que toca, en el deslumbre, mi saquito niquelado-

la realidad, querida, pierde un guante que nadie levanta.

¡Pompa, desarma tus radios! (No me oye)


Campo lateral

¿Soy esto que tus ojos se están llevando?

Miserable manada, chamusquina de las horas, en la marca 
     de la creciente
roja
bajo los árboles dirá: “Hermana mía, eras tan suave, yo 
     temblaba en tus brazos como un dios sin duración”.

-¿Para quién deja ella caer
sus mascarillas aspiradas, acá y allá, dando pasos como vidas 
incontables a ninguna parte?


Los casinos del firmamento

Fiel
como un lector de corazón negro al que tu labio se ha negado (vuelvo al 
   cielo

desde el estéreo de unas hojas frotadas por las cosas que no 
     he visto
-un pájaro, eso sí,
un lince quieto en su nácar-)
vuelvo al cielo.

La que va a ser vieja cerró los ojos:
-Narra usted bien.

(La delicia boba con los vellos deshechos
en el día y la hora oscuros
aletea sobre mí).

Sergio Bizzio (Villa Ramallo, Argentina, 1956)

Te desafío a correr como un idiota por el jardín
(Mansalva, 2008),
Caleta Olivia,
Buenos Aires, 2020










miércoles, junio 23, 2021

Robert Francis / Profeta



Con ojo evaluador y práctico,
mientras fuma su pipa otea el cielo.
El humo asciende para encontrarse con la niebla.
La niebla desciende para encontrarse con sus pensamientos.
Apoyando un pie en un viejo tronco
contempla la obra de Dios.
El humo vuela hacia el oeste, el humo gira hacia el sur –
aparta la pipa de su boca
y sopesa los reclamos de la lluvia y de la sequía.
Cuando hay buen tiempo olfatea la lluvia
tan tenazmente que me pregunto si
para sus adentros no lamentará
el que a veces los días malos engendren buen tiempo.
Pero bajo este cielo inescrutable
¿qué puede profetizar un profeta?

Robert Francis (Upland, Estados Unidos, 1901-Northampton, Estados Unidos, 1987), Collected Poems 1936-1976, University of Massachusetts Press, Amherst, Massachusetts, 1985
Versión de Jonio González


Foto: Robert Francis en Fort Juniper, Amherst, Massachusetts, c. 1975 Digital Amherst

PROPHET

With an appraising, practiced eye,
Smoking his pipe, he scans the sky.
The smoke goes up to join the fog.
The fog comes down to join his thought.
Resting his foot on an old log
He contemplates what God hath wrought.
Smoke blowing west, smoke veering south–
He takes his pipe out of his mouth
And weighs the claims of rain and drouth.
In all fair weather he smells rain
So doggedly I wonder whether
He does not inwardly complain
That foul days sometimes breed fair weather.
But under this inscrutable sky
What can a prophet prophesy?

martes, junio 22, 2021

Silvina López Medin / De "Excursión"
















2. 

El barco enciende sus motores.
Para ver el mar
voy de espaldas al mar.
Vamos tomando distancia de la costa, las cosas
que quiero dejar atrás 
se me vienen encima y esos pájaros 
siguen el barco tan de cerca
casi sin mover las alas
los señalo, digo en voz alta: tan quietos.
Vamos de espaldas al mar
mi hermano y yo.
Mi hermano el ingeniero
mira los pájaros
niega la quietud
desarma la definición de movimiento.
El barco acelera 
no quiero ver el neón que se enciende en mi espalda.
Mi hermano habla
el sonido metálico de sus palabras
me tranquiliza. Le hago preguntas
necesito el frío, el brillo 
del metal.

3. 
INT. PASILLO DE HOTEL — NOCHE

Alza un aro que deposita en la palma de ella
con lentitud ritual,
él encontró eso que a ella le faltaba
ese aro
rojo
piedra 
que parece preciosa
aferrada a una pieza de metal
con forma de anzuelo.


Algo que aprender de una tormenta

¿habrá más
agua? 
¿habrá algo
que como un rayo aparte el sonido
de la luz,
nos aparte? 
esta llovizna
estos gestos moderados del agua 
se nos pegan
caminamos pegados
a las paredes
sin aleros
sin desesperación
en la insistencia de estar
secos,
a salvo de qué.

Silvina López Medin (Buenos Aires, 1976)

Excursión
,
Bajo la Luna,
Buenos Aires, 2021










lunes, junio 21, 2021

Louis MacNeice / Despedida



















El verde no se atreven a mostrar…el verde no se atreven a mostrar…
Charlatanes y groseros. Las cabezas de las focas se balancean en el flujo de la marea
entre las islas, brillantes y negras e irrelevantes
no pueden explicar lógicamente lo que quieren:
muertas por disparos bajo estandartes prestados,
acechadas en los arbustos húmedos y apresadas por las aletas flácidas
y arrojadas a un pozo como una piel muerta, apaleadas
por campesinos de labios gruesos y la tos del bebedor de whisky.
Estaciona tu auto en la ciudad de Dublín, mira Sackville Street
sin las bolsas de arena de las fotos viejas, conoce
las estatuas de los patriotas, la historia nunca muere
en Irlanda, al fin y al cabo, incendio y asesinatos son legados,
como viejos anillos con el engarce vacío, sin sus piedras
talismanes mudos.
Mira Belfast, devota, profana y dura,
construida sobre barro recuperado, los martillos resonando en el astillero,
el tiempo agujereado como una lámina de acero, el tiempo
endureciendo los rostros, revistiendo con una escarcha gris y moteada
las caras debajo de los chales y las gorras:
esta fue mi ciudad natal, esas mis tetas.
País de lava callosa enfriada hasta ser piedra,
de mínimas parvas empapadas, de gemidos de sirenas de barco,
de entonaciones descendientes– te pediría que tomes nota,
te diría: Mira
-diría-, esto es lo que me has dado:
indiferencia y sentimentalismo,
una risita metálica, una mano torpe,
un corazón que salta al compás de una banda de flautines,
ponlos contra tus conductos de agua
de amatista y feldespato, las patas de los caballos como campanas de pelo
arrastrándose debajo de la carreta naranja, el manantial de color marrón cerveza
tragado entre los brezos, el verde torrente de la primavera irlandesa.
Maldito sea el que maldice a su madre. No puedo ser
ningún otro que el que esta tierra engendró:
en el fondo de mi mente hay pedazos de blanco, las velas
de los botes de pesca del Lough; las cuerdas de las campanas azotan sus colas
cuando hago repicar mis pensamientos, las campanas se sueltan.
Memoria en apostasía.
Sumaría mis factores
Pero, ¿quién puede interponerse en el camino de los tractores de su alma?
Puedo decir que Irlanda carece de sentido, que Irlanda es
una galería de tapices falsos,
pero no puedo negar el pasado al que estoy unido,
la figura tejida no puede deshacer su trama.
En una tapa de cartón que vi cuando tenía cuatro años
estaba la marca de un sabueso y una torre redonda,
y eso era glamour irlandés, y en el cementerio
las falsas cruces celtas afirmaban nuestra individualidad,
y mi padre hablaba del Oeste, donde años atrás
jugaba hurley en las arenas con una rama de algas.
Estaciona tu auto en Killarney, al lado de un souvenir
de mármol verde o de roble negro de pantano, corre hasta Clare,
trepa el acantilado de la postal, visita la ciudad de Galway,
fantasea sobre nuestra sangre española, deja el diez por ciento de piedad
debajo de tu plato para el emigrante,
atribúyete el mérito por nuestra santidad, nuestro heroísmo y nuestra deseo estéril.
Columba Kevin y el marino Brandan los nombres aceptados,
Wolfe Tone y Grattan y Michael Collins los nombres aceptados,
admira la afabilidad con la que el arquitecto
reconstruye la mansión quemada, recuerda
los días gloriosos de la Feria Equina, presume hasta cansarte,
pero toma el barco a Holyhead antes de pagar la cuenta;
antes de enfrentar la consecuencia
del alma endogámica y la maleficencia del clima,
y paga por la belleza tramposa de un prisma
en el fatalismo embotado por las drogas.
Voy a exorcizar mi sangre,
y para no tener mi ropa de bebé, mi mortaja,
voy a adquirir una actitud que no es tuya
y me convertiré en uno de tus turistas de vacaciones,
y por muy seguido que venga
adiós, país, y para siempre;
cualquier deseo que me sorprenda cuando tus vientos se restrieguen en mi cara
lo llevaré a casa y lo pondré en una vitrina
y me limitaré a mirar
cada nueva fantasía de insignia y de pistola.
La escarcha no tocará el seto de fucsias,
la tierra permanecerá inalterada,
pero ninguna dicha permanente puede surgir de estas mentes
aturdidas de sangre, siempre atrapadas por anteojeras;
Las anguilas remontan el Shannon por encima de la gran represa;
no puedes cambiar un reflejo dándole un nuevo nombre.
Fuente de verde y azul que se encrespa en el viento,
debo ir hacia el este y quedarme, sin mirar atrás,
sin saber en qué día la niebla es espesa como una manta
ni cuando el sol cobija el valle y veloces
sombras aladas de nubes blancas pasan
sobre las largas colinas como la frase de un violín.
Si fuera un halo de luz del sol iría
desde Phoenix Park hasta Achill Sound,
siguiendo el olor de un centenar de fugitivos
que han roto la red de vidas ordinarias,
pero siendo ordinario yo también debo, por supuesto, discutir
lo que significamos para Irlanda o Irlanda para nosotros;
tengo que cumplir con el hito y la curiosidad
el apisonado oro enterrado de la bravata de un viejo rey,
antigüedades falsas, tengo que gesticular,
participar o renunciar a cada impostura;
por eso renuncio, adiós a los cerros accidentados y silenciosos
al Atlántico de rayas estridentes, a los molinos de lino
que se tragan la fila de chales, al páramo negro donde la mitad
de un montón de turba se erige como un cenotafio en ruinas;
adiós a tus gallinas entrando y saliendo de la casa blanca
a tus cabras distraídas por el camino, a tus vacas negras
a tus galgos y tus sabuesos bellamente criados,
a tus tambores y a tus Vírgenes engalanadas y a tus muertos ignorantes.

Enero de 1934

Louis MacNeice (Belfast, Reino Unido, 1907-Londres, 1963), Collected Poems, Faber & Faber, 1979
Traducción de Jorge Fondebrider

 Foto: (Frederick) Louis MacNeice, 1942 Howard Coster /National Portrait Gallery, Londres

VALEDICTION

Their verdure dare not show… their verdure dare not show…/ Cant and randy — the seals' heads bobbing in the tide-flow/ Between the islands, sleek and black and irrelevant/ They cannot depose logically what they want:/ Died by gunshot under borrowed pennons,/ Sniped from the wet gorse and taken by the limp fins/ And slung like a dead seal in a boghole, beaten up/ By peasants with long lips and the whisky-drinker's cough./ Park your car in the city of Dublin, see Sackville Street/ Without the sandbags in the old photos, meet/ The statues of the patriots, history never dies,/ At any rate in Ireland, arson and murder are legacies/ Like old rings hollow-eyed without their stones/ Dumb talismans./ See Belfast, devout and profane and hard,/ Built on reclaimed mud, hammers playing in the shipyard,/ Time punched with holes like a steel sheet, time/ Hardening the faces, veneering with a grey and speckled rime/ The faces under the shawls and caps: This was my mother-city, these my paps./ Country of callous lava cooled to stone,/ Of minute sodden haycocks, of ship-siren's moan,/ Of falling intonations — I would call you to book/ I would say to you, Look;/ I would say, This is what you have given me/ Indifference and sentimentality/ A metallic giggle, a fumbling hand,/ A heart that leaps to a fife band:/ Set these against your water-shafted air/ Of amethist and moonstone, the horses' feet like bells of hair/ Shambling beneath the orange cart, the beer-brown spring/ Guzzling between the heather, the green gush of Irish spring./ Cursed be he that curses his mother. I cannot be/ Anyone else than what this land engendered me:/ In the back of my mind are snips of white, the sails/ Of the Lough's fishing-boats, the bellropes lash their tails/ When I would peal my thoughts, the bells pull free -/ Memory in apostasy./ I would tot up my factors/ But who can stand in the ways of his soul's steam-tractors?/ I can say Ireland is hooey, Ireland is/ A gallery of fake tapestries,/ But I cannot deny my past to which my self is wed,/ The woven figure cannot undo its thread./ On a cardboard lid I saw when I was four/ Was the trade-mark of a hound and a round tower,/ And that was Irish glamour, and in the cemetery/ Sham Celtic crosses claimed our individuality,/ And my father talked about the West where years back/ He played hurley on the sands with a stick of wrack./ Park your car in Killarney, by a souvenir/ Of green marble or black bog-oak, run up to Clare,/ Climb the cliff in the postcard, visit Galway city,/ Romanticize on our Spanish blood, leave ten per cent of pity/ Under your plate for the emigrant,/ Take credit for our sanctity, our heroism and our sterile want/ Columba Kevin and briny Brandan the accepted names,/ Wolfe Tone and Grattan and Michael Collins the accepted names, / Admire the suavity with which the architect/ Is rebuilding the burnt mansion, recollect/ The palmy days of the Horse show, swank your fill,/ But take the Holyhead boat before you pay the bill;/ Before you face the consequence/ Of inbred soul and climatic maleficence/ And pay for the trick beauty of a prism/ In drug-dull fatalism./ I will exorcise my blood/ And not to have my baby-clothes my shroud/ I will acquire an attitude not yours/ And becomeas one of your holiday visitors,/ And however often I may come/ Farewell, my country, and in perpetuum;/ Whatever desire I catch when your winds scours my face/ I will take home and put in a glass case/ And merely look on/ At each new fantasy of badge and gun./ Frost will not touch the hedge of fuchsias,/ The land will remains as it was,/ But no abiding content can grow out of these minds/ Fuddled with blood, always caught by blinds;/ The eels go up the Shannon over the great dam;/ You cannot change a response by giving it a new name./ Fountain of green and blue curling in the wind/ I must go east and stay, not looking behind,/ Not knowing on which day the mist is blanket-thick/ Nor when sun quilts the valley and quick/ Winging shadows of white clouds pass/ Over the long hills like a fiddle's phrase./ If I were a dog of sunlight I would bound/ From Phoenix Park to Achill Sound,/ Picking up the scent of a hundred fugitives/ That have broken the mesh of ordinary lives,/ But being ordinary too I must in course discuss/ What we mean to Ireland or Ireland to us;/ I have to observe milestone and curious/ The beaten buried gold of an old king's bravado,/ Falsetto antiquities, I have to gesture,/ Take part in, or renounce, each imposture;/ Therefore I resign, good-bye the chequered and the quiet hills/ The gaudily-striped Atlantic, the linen-mills/ That swallow the shawled file, the black moor where half/ A turf-stack stands like a ruined cenotaph;/ Good-bye your hens running in and out of the white house/ Your absent-minded goats along the road, your black cows/ Your greyhounds and your hunters beautifully bred/ Your drums and your dolled-up Virgins and your ignorant dead.

domingo, junio 20, 2021

Pedro Serrano / Dos poemas




















Paisaje

En la torcida rama mueve el viento sus antiguos fervores.
En ella fija las líneas de su paso,
veletas de incidente regocijo del aire.
Desde el paisaje abierto en la ventana,
ceñido a la ventana,
rompe su línea el monte entre las hojas
y las ramas se hunden en el gris de la tarde.
En el humo apagado que anochece
siguen su movimiento.
Late suave su vida
recogiéndose
en la quietud del valle que las pierde.


Minerales

                             Para Antonio Calvo Roy y Enrique Camarasa

Todo esto son imágenes,
viva carne de vida que recorro,
calles, cafés, conversaciones, voces.
Siempre verter el alma,
convertir este río en un aroma,
olerlo y recordarlo.
En los íntimos datos las vistillas,
el Rey Rodrigo y el café comercial,
el oscuro coñac que son los sueños,
un gato de otra noche,
las primeras palabras y la larga derrota,
las secretas tristezas compartidas
En el dudoso azar de las relaciones,
en ese continuo y vano recorrer de diálogos y vistas,
a veces una calle o un largo parque
o la tímida y vaga complicidad
o el largo compartir del mineral de tardes y de días
o la sólida voz que es ya una imagen o una palabra
o la soledad conocida y parcelaria, paralela,
forman los ecos, suaves, desprotegidos.

Pedro Serrano (Montreal, Canadá, 1957), "Muestra de obra", Flecha Roja, Guerrero, México


Foto: Pedro Serrano, San José de Mayo, Uruguay, 2017 por Jorge Aulicino

sábado, junio 19, 2021

Darío Canton / De "La mesa"














IX. ETIMOLOGÍA 

La antigüedad
de esta palabra
cuyos orígenes
se confunden
con el principio
del mundo
puede rastrearse
en compuestos
de los que
forma parte
como la voz
Mesopotamia
cuna de la
civilización
que nos habla
de una mesa río
simbolizando
el eterno
fluir de las cosas
tan bien captado
por Heráclito de Efeso
el oscuro
al sentenciar
que nunca
nos sentamos
dos veces
a la misma mesa;
o en mesías
con que se
representa
al salvador
y descendiente
de David
prometido
por los profetas
al pueblo hebreo.
En un tono menor
meseta
nos la muestra
en una etapa
más tardía
con el valor
de accidente
geográfico
visto a través
de sus ojos;
anteriormente a ella
sin embargo
el mundo
era una mesa
plano
que luego se curvó
y cerró
para convertirse
en el globo
que hoy nos es familiar
decididamente
una decadencia
con respecto
a aquella forma
primigenia.
La mesa
además
tiene valor de cambio
de dinero
como se ve
en mesada
donde
su antigua acepción
subyace inadvertida
para deleite
de filólogos;
y mes
para dar
un ejemplo
flagrante
¿qué es sino
apócope
de mesa
la medida
que corta
los años de
nuestra vida
en doce partes?
Más aún
la misma idea
se refleja
en mensura
poniendo
en evidencia
lo básico
que resultaba
la mesa
como unidad
de medida.
Pasando
a otro aspecto
señalaremos
que el diminutivo
de mesa es
banco o banquito
-no mesita
con leve matiz
peyorativo-
corno lo saben
los enanos
que en ellos
almuerzan
e ignoran
los guitarristas
y bandoneonistas
que desaprensivamente
apoyan sus pies
en los mismos.
Aumentativo
de mesa es
mesón
originalmente
la mesa comunal
cuna de la ciudad
con todo lo que ella
significa
como salto adelante
para la vida del hombre
en sociedad
y más modernamente
en física nuclear
y como índice
del creciente reconocimiento
de la importancia
de la mesa
una partícula
que asegura
la existencia del átomo.
Como forma verbal
perdura
en la expresión
mesarse los cabellos
con la que se alude
al deseo de hacer
de la cabeza
una tabula rasa
o sea mostrar
su verdadera faz.
Algo de esto
pervive
en ciertas zonas
de los continentes expoliados
donde hombres y mujeres
usan la cabeza
como mesas ambulantes;
en otro contexto
puede verse
en lo que hizo
Guillermo Tell
al colocar
una manzana
sobre la cabeza
de su hijo
convirtiéndose
en precursor
involuntariamente
de las naturalezas muertas.
Se reconoce también
la presencia
de la mesa
en una supuesta
incorrección
del habla rioplatense
acerca de la que insisten
muchos autores
poco versados
en historia de la lengua.
Nos referimos
al llamado vicio de inversión
-mesismo según nosotros-
de los pronombres personales
en expresiones como
"me se cayó la tuerca
debajo del camión".
Se trata
de un caso más
simplemente
del mantenimiento
entre las clases populares
tradicionalmente piadosas
de antiguas fórmulas
de invocación religiosa
pre-colombinas
que comenzaban
con el vocativo Mesa
-o la divinidad-
repetido
en numerosas ocasiones
y tonos
según la importancia
de lo solicitado
que luego
ante el choque
con la cultura española
católica y dominante
se enmascaró
en una
alteración
de la fórmula
de los conquistadores
para mejor sobrevivir.
(Ejemplos recientes
frente a nuevos colonizadores
han tenido menos éxito:
la antigua palabra
mesología
o el estudio integral
de la relación
entre las mesas
y el medio que las circunda
ha sido reemplazada
por ecología
de uso común
en el área
de habla inglesa).
La mesa aparece
finalmente
en muchos apellidos
diversos
según las peculiaridades
de cada idioma
y evoluciones
sufridas por las lenguas.
Entre nosotros
pueden mencionarse
Lamesa
que es la versión madre
y alternativas
que se apartan
progresivamente de ella
como Salame
Samela
o Lezama
que además es un parque
de la ciudad de Buenos Aires.
Formas
algo más complejas
incluyen Chemes
con el argentinismo che
proclítico y confianzudo
y caída de la a final
Caramés
con la triple acepción
de rostro, costosa y querida
como lo recuerda el dicho
"al que quiera celeste
que le cueste"
Amézaga
o mesa
radicada en el Uruguay
que alcanzó la presidencia
y Cantamesa
o Cantalamesa
(con una o dos eses)
testimonio
de que alguna vez
las mesas tuvieron voz
y cantaban
siendo
para los antiguos
se sabe
lo que para los poetas
del siglo diecinueve
era el ruiseñor.

Darío Canton (9 de Julio, Buenos Aires, Argentina, 1928)

La mesa
,
Zindo & Gafuri,
Buenos Aires, 2020










viernes, junio 18, 2021

Susana Cella / De "La fuga del infinito mordido"

















A skeleton in the cupboard

Qué hago con la ropa, qué hago
Pegados al esqueleto
rasgones de camisas, pantalones, medias
aferrándose a los huesos para remedar la carne ida
Por el puro simular resistencia de la materia vestigio
Qué hago con estos jirones de nylon y algodón adheridos
a esta osamenta agobiada
deparándome en su solo estar la más nítida huella de las heridas
bien trazadas y esparcidas donde debían hacerse
dibujo secreto de fieras acometidas.


Y sobre el molino de las sombras

Olvidada la perra suerte de todos sus maltratos
Volviendo porque sí a encabalgar tristezas
o anunciar delicias falsas, rantifusas fugas en mi mayor
Queda lo que se está apenitas y a penas por decir
Negadas las calles y los consuetudinarios días
de rutina siempre impar
Nos quedan ramitas de viento
ojos muy abiertos, agudos ángulos
en cualquier parte nunca avistados
Y encontrar entreverados
sangre mordida, bichos ladrones
y algunos mendigos por doquier.


Punctum

En tres cuartos de un cuarto
recta, suma discreta,
acontecer se amontonó
en chorreados juicios prejuicios juramentos
por nomás proferir
después de velar los tientos en la noche
hasta la primera tempranía y ¿entonces qué?
Enredo de horas y tres cuartos menos diez

Te miro todos los días en el punto de la foto
donde te tengo muy más para mí asida
y siniestrando hoyes y pasos repetidos
toco las flores secas a vos debidas
con la única certeza de que el Lucero sigue hendido.

Susana Cella (Buenos Aires, 1954)

La fuga del infinito mordido
,
Barnacle, 
Buenos Aires, 2021











Foto: Gentileza de Barnacle

jueves, junio 17, 2021

Francesca Battista / Nieve















Yo no esperaba
el pasado
entre las ramas desnudas
de los árboles en la ciudad.

Sobre piedras mucho más viejas que yo
caminé
a través de días
que ya no existen.

Olor a ragú
entre las casas rojas
del ghetto.

Píntalas de blanco.

Dime,
partiendo desde el principio,
adónde vamos.

Francesca Battista (Módena, Italia, 1983), Sorry, Did You Say Something?, 2 de diciembre de 2020
Versión de Jorge Aulicino


Foto: Gentileza de la autora

NEVE

Io non aspettavo
il passato
tra i rami spogli
degli alberi di cittá.

Su pietre molto piú vecchie di me
ho camminato 
attraverso i giorni
che non esistono ormai.

Odore di ragú, 
tra le case rosse
del ghetto.

Tingile di bianco.

Raccontami,
partendo dal principio,
dove si va.

miércoles, junio 16, 2021

Silvio Mattoni / De "La buena suerte"




Ornitología

Una llovizna intensa enfría los anuncios
del final del invierno, pero el último día
en que sentí la presencia del sol, estábamos
cerca de un arroyo en las sierras, visitábamos
a una amiga muy joven que se instaló
a vivir ahí, y mientras caminaba
pisando el pasto, la tierra y las piedras, 
vi un pajarito de pecho amarillo,
busqué en mi muy escaso repertorio
biológico y exclamé, en silencio: 
“un benteveo”. Me acordé del origen 
puramente imitativo de su nombre, dicen
que su canto anuncia: “¡bicho feo!”, o bien
que está llamando a un público cautivo
del suntuoso color de su camisa. 
No hay mitos para él, pero pensé
en los pájaros saltarines que insultaron
tantos refranes y tantos versos, en el lujo
de todo conjunto innumerable. No es
una explicación decir que los bípedos cantan
para reproducirse o que sus plumas
atraen a una pareja que se asombra
por el riesgo de aquella exhibición. 
No busca nada, no sabe, está en el aire
como una hoja, está en su mundo
amarillo del pecho que se hincha
y en mi cabeza está, es una palabra
que alitera furiosamente con el nombre
de otro pájaro vistoso: la abubilla,
que fue un marido cruel y recibió
un castigo incontable, por eso ahora
vuela como un borracho y no pronuncia
nada demasiado melódico. En cambio,
vos, benteveo, que naciste acá, donde
yo aprendí a hablar, me llamaste
en el azul y el verde de la tarde
que parecía confirmar nuestro derecho
a estar presentes: la amiga conversaba
sobre cuestiones de arte con mi esposa
y nuestro hijo corría por el campo.
Tomaste un sorbo de agua en la pileta
de fibra de vidrio y saliste volando
a repetir tu forma en otra parte. 
Te vi bien, te obedecí, y ahora escribo
no para ejercitar la mano alzada
sino por devolver al sinsentido
el roce de los labios que se juntan
en este pensamiento. ¿Será así
la respuesta al proverbio de tener
en la cabeza pájaros? Quizás
sean apenas sílabas, ben-te-ve-o, a-bu-bi-lla,
formas de pluma suave, inaccesible, 
que volverán cuando la lluvia pare. 

Silvio Mattoni (Córdoba, Argentina, 1969)

La buena suerte
,
Caleta Olivia,
Buenos Aires, 2020