sábado, agosto 31, 2019

Ulalume González de León / Dos poemas

















En busca del tiempo perdido

La carcoma
         taladra antiguos muebles
madera vieja
            tiempo de madera

Sabe
que en veinte años la madera blanda
no ofrece resistencia
                    y en sesenta la dura
No saca de ello conclusiones
sino un polvillo fino que firma con su nombre
Escúchala
         está abriendo
en la oscuridad sus galerías

De vez en cuando
               se detiene y golpea las paredes
con la cabeza

de Plagios, FCE, México, 2001. Tupé, número 7, Buenos Aires, agosto de 2019


El amante

Mientras besaba a Rosalía
notó que de ella nada había:
ni tronco, ni cabeza, ni miembros... pero esos
detalles olvidó y la cubrió de besos.

de Plagios, A Media Voz

Ulalume González de León (Montevideo, 1932-Querétaro, México, 2009)

Ref.:
Letras Libres
Poéticas
UNAM
Círculo de Poesía
La Jornada
80 Grados

Foto: Mujeres que Hacen la Historia

viernes, agosto 30, 2019

Rafael Roldán Auzqui / Haikus














Fiesta del Agua...
Fanfarria de elefantes
y de trompetas.

A contraluz,
torre y paloma se alzan...
¿Cuándo, la paz?

Niebla de otoño:
entre las ramas secas
el cielo espera...

Noche otoñal:
la luna va entre nubes...
La apura el viento.

El año nuevo:
con fuegos de artificio,
la misma luna...

Se sueña en verde
el furor del verano...
Se acaba en rojo.

La luna llena
perfuma con su luz...
Noche estival.

[inéditos]

Rafael Roldán Auzqui (Córdoba, Argentina, 1960), blog de Rafael Roldám Auzqui

Ref.:
Ruinas Circulares
Poetas Siglo XXI
Cuestionario Schmidt
Artesanías Literarias

Foto: Rafael Roldán Auzqui en Facebook

jueves, agosto 29, 2019

Sandro Barrella / De "Villa Santa Rita o el libro de los pasajes"















III

El bosque cercano donde vivo
provee a la parroquia, dicho esto
en el sentido de comunidad,
no de feligresía,
de leña, sombra, pájaros, castañas,
agua clara, paseos junto al río.
La parroquia, mis hermanos geográficos,
de ellos hablo. Los miembros aleatorios
que por azar nacieron en la tierra
donde fui a dar, por el azar
de mis antepasados.
Nosotros,
como decimos cuando nos cruzamos
las miradas en la feria los domingos
de comienzo de mes,
la kermés, le llamamos;
nosotros que,
acodados en la barra
de la taberna apuramos un trago,
mientras alrededor los niños corren.

De tanto en tanto el municipio trae
una pantalla para darnos cine.
Recuerdo una ocasión, en blanco y negro,
vimos pasar escenas de provincia,
nuestras vidas deslizándose en la cinta.
Reunidas las familias, los paseos,
el carrusel, la iglesia, los que beben,
como en espejo, y además un bosque.
Imágenes movientes, mirábamos estáticos.

(La camarera decide por su cuerpo,
y la pequeña Mouchette
se ve feliz
por un par de minutos,
-las hebillas del pelo resplandecen,
¿o eran cintas de tela?-
los autos chocadores,
empujones mecánicos la llevan
al reino de la risa y la ilusión
del amor juvenil,
-puro, carnal, concreto, ileso-
como en Asís, el de Clara y Francisco.
Luego, la bofetada de su padre
pone otra vez las cosas en su sitio,
como en la vía campesina el palo
en el lomo de un burro,
o una rama en las barbas de las cabras
lleva otra vez las bestias al corral.
La vida condenada de los santos inocentes)

Y yo que hablo de una casa
en el linde del bosque,
no vivo en una casa
en el linde del bosque.


El Ñandú

Se dice del avestruz americano aunque
se dice mal, explican los que saben. El tamaño,
y las patas y más, las diferencias
abundan, entre uno y otro,
por eso es un decir y no otra cosa.
En la tierra anterior a la llamada Argentina,
le daban caza con sus boleadoras,
los que estaban.
El ñandú como nombre obedece a una voz guaraní;
Piyo, lo llaman en Bolivia, y surí es el vocablo natural en lengua quechua.
El ñandú corre y no vuela. Nada, dicen que bien,
y es notable su ansia omnívora.
Puede verse en diversos formatos de video
dispuestos por la Era, la carrera alocada
de ñandúes al modo desgarbado de Emil Zátopek,
y lo mismo que aquel que fue llamado,
la locomotora checa, es imposible asimilar esa figura
a la idea de gloria deportiva.
Es comestible su carne aunque en el tiempo
que nos toca, no está bien visto hacer de él
nuestro alimento.
Los niños que juegan con sus autos
de plástico, a ver quién llega más lejos,
los niños, puedo verlos en cuadro, en la ochava
que el pasaje El Ñandú forma con Cuenca,
viven ese momento de máxima tensión,
ajenos al catastro, a la especulación inmobiliaria,
a los pasos de este falso flâneur
que en la mañana de Villa Santa Rita,
se pasea y escribe, sin garbo y al descuido,
el libro de los pasajes.

Sandro Barrella (Buenos Aires, 1967)

Villa Santa Rita o el libro de los pasajes,
Caleta Olivia,
Buenos Aires, 2019









Ref.:
Buenos Aires Poetry
Vallejo & Co.
Clarín
Vuelo de Noche
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: Sandro Barrella en Facebook

miércoles, agosto 28, 2019

Charles Wright / Homenaje a Ezra Pound













Luego de San Sebastiano, luego
De Ogni Santi y San Trovaso, bajando
Por Zattere y a la izquierda
A través del puente escalonado hacia donde
–A la derecha, a medias escondida–
Arde la Vieja Dogana bajo el sol de primavera:
Así es cómo llegas.
Esta es la calle donde vive Pound,
Una calle ciega
De esquinas con reuma y piedra agrietada,
Ante su avance las aguas
Se reúnen y gritan las gaviotas;
Aquí –mudo, de espaldas– él espera,
Cribando los fríos afectos de la sangre.

*

Otros han abierto camino,
Desapareciendo mientras dormían, sus camas
Desordenadas, las sábanas aún empapadas
De aquello que los ha apartado
–Cáncer o pulmón enfermo, la ruina
De la edad que avanza, el denso
Incienso del suicidio.
Y él ha sobrevivido
O se ha negado a seguir, y ahora
Camina bajo la luz intermitente del sol,
O se sienta en sus habitaciones sordas,
Preguntándose cuándo salió todo mal,
Y se inclina ante la señal, el crujido
Leve de unas alas, el chapoteo de un remo.

*

Días como hoy,
Que uno podría jurar son profecías:
El aire explícito y húmedo,
Como repleto de plegarias sin respuesta;
El crepúsculo, empezando a deslizar
Sus dedos encenizados entre los árboles,
Y tú, Pound,
Dejado por la corriente en la vida equivocada,
Abandonado en el lago (el viento
Aumentando más allá de la costa), mientras la marea baja.
Aquí está tu gorra, tu reflejo cóncavo,
Aquí está tu traje,
Padre de luz, tu sangre fría
–Levántate y hazte entero de nuevo.

[de Hard Freight, 1973]

Charles Wright, Lengua perdida. Poemas selectos, Bid & Co. Editor, Caracas, 2016
Versión de Adalber Salas Hernández
Vía Buenos Aires Poetry y Vallejo & Co.

Ref.:
Poetry Foundation
Image
Library of Congress USA/YouTube
Virginia Magazine
De Sibilas y Pitias
Literariedad
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: Virginia Magazine

martes, agosto 27, 2019

Charles Wright / Sentado en el porche delantero de noche














Estoy acá, en el porche oscuro, renovado sobre la silla de mi madre.
Son las 10:45 y no hay luna.
Debajo de la casa, las luces de los autos
oscilan, sobre el valle del cañón, en el mar.

En esto se parecen a nosotros,
Caen como las llamas de los fósforos a través del vacío grande
Debajo de nuestros pies.
En esto se parecen a ella, ardiendo y desapareciendo.

Todo el mundo se fue
Y yo estoy acá, dimensionando la oscuridad, guardándole el asiento a mi madre.

Charles Wright (Pickwick Dam, Estados Unidos, 1935), China Trace, Wesleyan University Press, 1977, 1997 vía Poets Org
Traducción de Noelia Torres

Ref.:



Sitting at Night on the Front Porch

I’m here, on the dark porch, restyled in my mother’s chair.
10:45 and no moon.
Below the house, car lights
Swing down, on the canyon floor, to the sea.

In this they resemble us,
Dropping like match flames through the great void
Under our feet.
In this they resemble her, burning and disappearing.

Everyone’s gone
And I’m here, sizing the dark, saving my mother’s seat.

lunes, agosto 26, 2019

Susana Cabuchi / De "El viajero"














18

La madre
no nos dejaba ir solos
a la sierra más alta
y allí estaba la loma
retándonos a descubrir
escondites de víboras,
de espinas. Y la cumbre,
casi siempre celeste.
Una mañana el viajero
se decidió a llevarnos.
Jugamos a los exploradores
y teníamos miedo.
Al llegar a la cima
me subió a su espalda,
apoyé la cabeza en su hombro
y vi el campo
a través de su barba
lejano y azul
           como el mar.


19

El viajero
nos acompaña
al pueblo
a comprar alimentos.
Al regresar
a lomo de caballo
vemos,
desde la sierra,
la casa
junto a los árboles
florecidos de manzanas y guindas,
su rojo techo de tejas.
Todo parece
un dibujo
del libro de Agustina.
El viajero nos sonríe
dulcemente
hasta que se distrae
mirando
una lagartija
que aparece y desparece
entre las piedras.

Susana Cabuchi (Jesús María, Argentina, 1948)

El viajero,
Viento de Fondo,
Córdoba, Argentina, 2018









Ref.:
Viento de Fondo
Susana Cabuchi/Facebook
Op. Cit.
La Ficción del Olvido
Blog del Amasijo
Otra Iglesia Es Imposible
La Voz

Foto: Diego Mendez Sousa Blog

domingo, agosto 25, 2019

Hagiwara Sakutaro / El río Hirose















El río Hirose corre completamente blanco,
del modo que el tiempo pasa, así también desaparece todo pensamiento
     fantasioso.
Con la esperanza de que la vida sirviese de cebo en anzuelo y línea,
ayer dejé colgada mi caña de pescar en el río.
Oh, semejante alegría duró bien poco,
ahora el pez es tan pequeño que apenas llama la atención.

Hagiwara Sakutaro (Maebashi, prefectura de Gunma, Japón, 1886-Tokio, 1942), "Cat Town", New York Review Book. Poets, Nueva York, 1978
Traducción del japonés al inglés, Hiroaki Sato
Versiones al castellano, J. G.

Ref.:
Kappa Bunko: Literatura Japonesa
Marabunta
Jacket 2
Otra Iglesia Es Imposible

Imagen: Hagiwara Sakutaro por Onchi Koshiro, 1943 The Times Literary Supplement octubre 4, 2016


HIROSE RIVER

The Hirose River runs all white,
as time wiles away, so too disappear all fanciful thoughts.
Hoping to bait life on hook and line,
I dangled my fishing rod in the river yesterday.
O such merriment has long receded,
now minnowy fish scarce catch the eye

sábado, agosto 24, 2019

Ramón Minieri / Arte de trapería














esta trapera
mi memoria
se arropa
con harapos de muertos –

una canción
de hace cien años
hilachas
de palabras
escorzos
de una mano una boca
como trizas de fotos

es que a cualquiera
nos puede suceder
una hija
un brote

y esta
devota
por demás
como todos los herejes

teme y anhela
el Día de la Quema

Ramón Minieri (Tandil, Argentina, 1946)

Oficio de espectros,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2019










Ref.:
Ediciones en Danza
APP
Radio CUT
Revista Internacional de Poesía
El Poeta Ocasional
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: RCTV/YouTube

viernes, agosto 23, 2019

Manuel J. Castilla / Orillas del Pilcomayo














Vuelvo a mirar de nuevo el Pilcomayo
y el paso solitario de una garza blanquísima
derrumba ante mis ojos
una nevisca rosa en el crepúsculo.

Sobre esta tierra lisa,
en este chaco,
entre picadas blancas de arena que nos pierden
donde el silencio es una nube tendida y alargada,
sobre esta arena, digo,
dejo mis huellas para siempre
como quien se desviste de sombra y se entristece.

Aquí nace el polvoroso tatuaje de los chacos.
Se hunde en ellos como en su propia greda
y desde allí, ya medio ahogado,
canta con una voz de lámpara arcillosa.

Siente que dentro de ella
el chorote tristísimo
ahúma con resinas de algarrobo nuestro origen,
lo pone en unos leves hilos de cháguar,
lo tinta en las raíces calientes de las tuscas
y nos lo da como a su primer beso,
tímido y luminoso.

Déjenme que recuerde
esta guirnalda pobre:
este poco de vino por el viaje
que Nisapé emprendía siempre desde su sueño,
"-Nisapé -me contaba- quiere decir el indio que
siempre va lejos."

El Pilcomayo,
su arena yendo ahogada en suaves tumbos
tragaba y devolvía
el más hermoso esplendor de los días
y al pie del cielo caído
acezaba el más leve latido de la tierra.

¡Oh, riberas, oh río,
oh garzas lentas!
¿Cómo podré olvidaros?
¿A cuál de ustedes cuento este recuerdo?
Era un quirquincho niño el que mamaba.
Prendido de las ubres de la madre redonda
eran los dos, un trozo tierno de la luna,
piedras llenas de leche
rodando en el arroyo de la vía láctea,
toca goteando la vida miedolenta.

Pilcomayo.
Gajo vivo del chaco.
Sombra de mi memoria apaciguada.
Mármol brotando blando del desierto
herida abierta
por el insomne canto de los pájaros.

Ando en tu hollejo bayo.
Toda mi barba es rama de tu harina polvorosa.
Canto bagualas, lejos, con tus gauchos
mientras caigo en la luna, enorme y amarilla,
como en el más antiguo corazón de las frutas.

Manuel J. Castilla (Estación de Cerrillos, Argentina, 1918-Ciudad de Salta, Argentina, 1980), "Andenes al ocaso", 1967, El gozante, selección de Santiago Sylvester, Colihue, Buenos Aires, 2000

Ref.:
Portal de Salta
Ministerio de Cultura de Salta
Tardes Amarillas
El Pájaro Cultural
Jujuy al Momento

Foto: La Nueva Mañana

jueves, agosto 22, 2019

Henry David Thoreau / Dos poemas












Epitafio sobre el mundo

Aquí yace el cuerpo de este mundo,
Cuya alma ¡ay! es arrojada al infierno.
Aquella juventud dorada hace mucho que pasó,
Su virilidad de plata se fue igual de rápido,
Una edad de hierro llegó finalmente;
Vano es su carácter para contar,
Los varios destinos que le suscitaron,
¿Cuándo murió? ¿cuándo se levantará?
Solo sabemos que aquí yace.


En los campos por donde ha pasado  la mano del segador

En los campos por donde ha pasado la mano del segador,
Iluminados por la luna de la cosecha y el sol otoñal,
Mis pensamientos como rastrojo flotando en el viento
Con la sutileza de los aires de octubre,
Allí después de la cosecha podría recoger mi vida
Una cosecha más rica obtenida sin esfuerzo,
Y tejiendo magníficas fantasías a mi antojo
En telarañas más sutiles que la más fina bruma veraniega.

Henry David Thoreau (Concord, Estados Unidos, 1817-1862), Cráneo de Pangea, marzo 27, 2018
Versiones de Juan Fernando Bermeo

Ref.:
Henry David Thoreau Online
Poetry Foundation
Anfibia
Lecturas Sumergidas
El Iletrado Egregio

Foto: Herny David Thoreau, 1856  B. D. Maxham/National Portrait Gallery USA/Wikimedia Commons

Epitaph On The World: Here lies the body of this world, / Whose soul alas to hell is hurled. / This golden youth long since was past, / Its silver manhood went as fast, / An iron age drew on at last; / ‘Tis vain its character to tell, / The several fates which it befell, / What year it died, when ‘twill arise, / We only know that here it lies.

On Fields O’Er Which The Reaper’s Hand Has Pass’D: On fields o’er which the reaper’s hand has pass’d / Lit by the harvest moon and autumn sun, / My thoughts like stubble floating in the wind / And of such fineness as October airs, / There after harvest could I glean my life / A richer harvest reaping without toil, / And weaving gorgeous fancies at my will / In subtler webs than finest summer haze.

miércoles, agosto 21, 2019

Ernesto González Barnert / Valparaíso













Es feriado en el corazón.
Alguien insiste en lo contrario
martillando no sé que lata o madero
a dos o tres casas de aquí.
Lo entiendo, es mejor para ese hombre
que quedarse a secas, en silencio,
con un martillo en la mano.
Observando, por ejemplo, a este otro
sin ganas de escribir, de berrinche,
cansado de leer otro día más al idiota
que raya pueblo, en la carilla.
Arenga todo para todos, guía en la igualdad
con que unos y otros somos tratados de siervo
o pontificamos amo y señor
sobre nuestra mesa de trabajo
aunque sea sobre cucarachas y mierda.
Me comprendes Méndez, todos golpean
donde no duele, borran lo importante:
nuestra ansia de poder,
los pequeños sueños saltando como ovejas
en un desierto de indecisiones.
Volvamos a puerto, bajemos de nuestra cháchara.
Ayer, jadeando en mitad de una escalinata
pensé: estos fieles,
creen los fuegos artificiales
más espectaculares que las estrellas.
No te guíes por el viento
cuando puedes leerlas.
Tampoco lo corrijas.
Corregirse es escribir.
Pero el espíritu del viento
es cumplir la palabra:
no lo enderezcas.
El aire no es ignorado
por el ala de los pájaros.

Ni por mi Breve Historia de Chile
que hoy parezco cargar de recuerdos inconexos,
ideas preconcebidas, versiones ordinarias
mientras el tipo golpea y golpea
como si esto fuera el final de todo
invadiendo mi cerro, apuntalando mi resaca.
Imagínate a Silvia Plath en la de Ted Hughes,
a Carrera en la de O’Higgins.
¿Ves? La poesía porteña
es como ese hombre que machaca
en mi día de asueto, porfía
porque circulen troles que no llegan a casa
con tal de sonar a patrimonio de la humanidad.

A meses del terremoto, da risa
observar a tanto petimetre
pensar que pegarle al clavo es martillar,
tanta baba escaleras abajo.

No sé dónde ir en esta ciudad pasada a viejo orín
y sombras chinescas.
En realidad hace rato perdí el punto,
dejé de tirar migajas para volver.

Ernesto González Barnert (Temuco, Chile, 1978)

Ningún hombre es una isla,
Buenos Aires Poetry,
Buenos Aires, 2019









Ref.:
Buenos Aires Poetry
La Carretilla Roja
Escritores Org.
Carajo
Círculo de Poesía
La Poesía Alcanza para Todos

Foto: Ernesto González Barnert Facebook

martes, agosto 20, 2019

Pier Paolo Pasolini / De "Transhumanar y organizar", 21












Anécdota de los viejos reyes

Caramba, se cantaba en D.,
soldados, oficiales, hombres de gobierno;
sobre el Mar del Norte brillaba un insólito día de sol;
tenía veinte años
y hacía poco era rey;
consideraba al rey de Dinamarca como mi padre -
o uno de ellos, porque de padres tenemos un ejército entero;
a los veinte años ellos te miran con indiferencia o con odio,
pero siempre con una insensata voluntad de enseñar -¿qué?
Ahora tengo la edad de ellos;
aquí F. ¡otra que cantos militares de alegría!
¡Otra que banquetes oficiales para hombres solos
que se emborrachan y se dan palmadas en la espalda!
Aquí se cantan extrañas antífonas;
y naturalmente están presentes, por derecho, curas y mujeres.
Tenía veinte años
y había matado al Monstruo,
había hecho
la del gran héroe, como son tantos jóvenes y no lo saben;
y por eso, grandes fiestas, grandes amores:
el mañana nos tocaba,
como si hubiera quien sabe cuántos otros Monstruos para matar;
no hubo más, como era natural;
el que había vencido en los bosques de D. fue un caso único;
pero no importa, nuestros pechos igual estaban llenos
de alegría y de certeza del futuro.
Y ahora estoy aquí, la vida se fue,
tengo la edad de aquel viejo carcamal del rey de Dinamarca
que me había llamado, lleno de dolor y ansia por su pueblo
(que creyese yo en esas cosas, está bien, ¡pero él, el viejo sabio!)
y escucho las fatales antífonas
que no se puede propiamente decir que sean alegres;
estoy muriendo,
pero no de muerte natural:
muero de heridas:
he matado de hecho (¡¡a mi edad!!) un nuevo Monstruo;
sí, piensen, en las forestas en torno a mi ciudad, a F.,
se ha presentado un Monstruo: un segundo caso único, es evidente:
lo enfrenté, como cuando tenía veinte años -
¿qué podía hacer?- ¡y logré dejarlo fuera de combate otra vez!
Increíble: pero la victoria no la gozo esta vuelta;
no se bebe, no hay francachela,
no se mira con los ojos ebrios un largo mañana;
ha sido una victoria infeliz:
aunque los Monstruos hayan sido dos, y dos las victorias,
¡un hombre no goza más que de una victoria en la vida!

Pier Paolo Pasolini (Bolonia, Italia, 1922-Ostia, Italia,1975) "Appendice a Trasumanar e organizzar", Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2003
Versión: Jorge Aulicino

Ref.:
Otra Iglesia Es Imposible: De "Transhumanar y organizar"
Otra Iglesia Es Imposible: Pasolini
Círculo de Poesía
Calle del Orco
Quimera
ABC

Foto: Télam


Aneddoto dei vecchi Re

Capperi, si cantava a D.,
soldati, ufficiali, uomini di governo;
sul mare del Nord brillava un'insolita giornata di sole;
avevo vent'anni
e da poco ero Re;
consideravo il Re di Danimarca come mio padre -
o uno dei padri, ché di padri abbiamo un intero esercito;
a vent'anni essi ci guardano o con distacco o con odio,
ma sempre con una dissennata voglia d'insegnare - che cosa poi?
Adesso ho la loro età;
qui a F. altro che canti militari di gioia!
Altro che banchetti ufficiali per uomini soli
che si ubriacano e si danno manete sulle spalle!
Qui se cantano strane antifone;
e naturalmente sono presenti, di diritto, preti e femmine.
Avevo vent'anni
e avevo ucciso il Mostro;
gliel'avevo fatta
da bravo eroe como son tanti giovani e non lo sanno;
e perciò grandi feste, grandi amori;
il domani toccava a noi;
come se ci fossero chissà quanti altri Mostri da ucccire;
non ce ne furono più, com'era naturale;
quello che avevo vinto, nelle foreste di D., era un caso unico;
ma non importa, i nostri petti erano ugualmente pieni
di gioia e di certeza del futuro.
E ora sono qui, la vita se n'è andata
ho la età de quel vecchio bacucco del re di Danimarca
che mi aveva chiamato, pieno di dolore e ansia per il suo popolo
(che ci credessi io a queste cose va bene, ma lui il vecchio saggio!)
e ascolto le fatali antifone
che non si può proprio dire che siano allegre;
sto morendo,
ma non di morte naturale:
io muoio di ferite:
ho ucciso infatti (alla mia età!!) un nuovo Mostro;
sì, pensate nelle foreste intorno alla mia città, a F.,
si è presentato, un Mostro: un secondo caso unico, è evidente:
l'ho affrontato, come quando avevo vent'anni -
cosa dovevo fare? - e son riuscito a farlo fuori un'altra volta!
Incredibile: però la vittoria stavolta non me la godo;
non si beve, non si fa bisboccia,
non si guarda con gli occhi ubriachi a un lungo domani;
è stata una vittoria infelice:
anche si i Mostri sono stati due, e due le vittorie,
un uomo non gode che una sola vittoria nella vita!

lunes, agosto 19, 2019

Zinaída Guíppius / El amor es uno














Solo una vez la ola hierve hasta la espuma
y se deshace.
El corazón no puede vivir de la traición,
las traiciones no existen: el amor es uno.

Nos indignamos o jugamos,
o mentimos — pero hay silencio en el corazón.
Nunca traicionamos:
el alma es una — el amor es uno.

Monótono y desierto,
es fuerte en su monotonía,
la vida pasa… Y en la vida larga
el amor es uno, siempre uno.

Solo en lo invariable está el infinito,
solo en lo constante, la profundidad.
Después, el camino, y más cerca la eternidad,
y es cada vez más claro que el amor es uno.

Le pagamos al amor con nuestra sangre,
pero el alma justa es justa,
y con un amor amamos…
El amor es uno, como la muerte.

Zinaída Guíppius (Beliov, Rusia, 1869-París, 1945), Eterna Cadencia, 3 de febrero de 2016. Vía Jonio González
Traducción de Natalia Litvinova

Ref.:

Foto: Parnasse

domingo, agosto 18, 2019

Sebastián Bianchi / De todas las criaturas













De todas las criaturas que habitan en la tierra es el poeta
el más miserable, condenado a poner en palabras lo que pasa
por su cabeza o corazón, galardonado en los concursos,
espiado por los noticieros de TV y las revistas de chimentos,
y consultado por cuanto proyecto se arme en su nación de origen:
orientarse en el desierto, ubicar las aguadas, acordarse
de los himnos importantes.

Si se enferma la hija el poeta piensa en Baudelaire,
siente que la ciudad recrudece, los corazones bombean una
     sangre turquesa
a las arterias y todo el cuerpo del poetas es
violeta.

Suelen los poetas estar preocupados por la música,
buscar en su oquedad risueña y transparente, imbéciles como
niños afiebrados, quedándose allí en vela o respirando.
A veces un poeta visita la tumba de otro poeta famoso,
se pone de cuclillas, mueve unas rocas y se para;
se va del cementerio disconforme con sí mismo y cuando sale
     la luna
la confunde con un diente de ajo amarillento.

Quieren los poetas a las palabras más que a su propia madre,
dan la vida por las palabras y ellas son toda su compañía,
en cambio con la madre harían un bollo si fuera necesario. 

Es un día gris, pasa un avión por el cielo que tiene luces
que se prenden y se apagan -¡escondámoselo al paisaje
en una caja!- Si lo encuentra el poeta andará sonámbulo
toda la noche.

Cuando se hace de noche sobreviene el misterio
y el poeta a menudo duerme.

A menudo un poeta piensa sobre la podredumbre del dinero,
mañana sus canciones serán alcancías repletas de monedas,
un tesoro con el que viajó toda su pobreza.

Cuando a un poeta lo roza un seno pueden pasar varias cosas
—una campana de rubio oro, pero gomoso y suave—
que se sienta un bicho raro
que le dé por orinar.

A veces los poemas resultan cualquier cosa, ellos están hechos
de palabras que no suenan, y que no sueñan: los poetas suelen
soñar tonterías como nosotros, los poemas son los diferentes
y en esto un poeta puede ser un vecino cualquiera.

Existe la fantasía de pensar que los poetas son asesinos seriales,
que arrastran el fantasma de algún degollado
y que el ruido de sus zapatos da pavura porque suena a cadena.

Insanos, rebeldes, acomodaticios, demócratas, presbiterianos,
iconoclastas, achaparrados son de las tantas subespecies de
     poetas que hay.
Con una gomera un niño hace un arma y sale a cazar perros.
Con una gomera un poeta tañe un arpa amplificada con latas
     de conserva.
Shiva, Buda y Pachacuti fueron poetas.
Platón los odiaba y Goethe los confundía
con libélulas.

El papa Juan XXIII les decía hijos míos,
Napoleón tenía toda una retaguardia de poetas neoclásicos
en su tercer o cuarto libro,
en Albuquerque un general recitó a Manrique antes de morir,
para Zolá los poetas competían con los novelistas,
para Longfellow ser poeta era una cosa impresionante.

Qué hacer si a uno lo visita un poeta.
Evitar los momentos prolongados de silencio y tapar los
     recovecos de la casa:
es probable que allí busquen su nido provisorio, su nido de
     un instante,
en los rincones más húmedos y alejados.

Finalmente hay muchos poetas que están malditos
o enfermos de alguna herida pasajera,
se desnudan en lontananza, y nos traen el eco de la furia
ya rendida en sus bocas de lacio cabello.

Sebastián Bianchi (Buenos Aires, 1966)

Lalamatic y otros versos,
Caleta Olivia,
Buenos Aires, 2019









Ref.:

sábado, agosto 17, 2019

Pere Quart / Confidencias a Antonio Machado














Antonio, ¡si vieses estos días!

Tiempo ha, de lejos, añoré la patria
y la ciudad más nuestra;
y lo hacía a la manera catalana,
ortodoxo y castizo
("mas, ¡ay!, ¡devolvedme a tierra,
que quiero morir!").

Melancólico oráculo de Castilla,
obstinado solitario de Cotlliure
("¡oh soledad, mi sola compañía!"),
todavía en sueños tierra mía.

Antonio, si volvieras probarías
"la amargura del tiempo envenenado".

Extraño poeta, Antonio,
siempre nostálgico de lo que no tienes y tocas
al final yo también digo
-proporciones guardadas-
"morirse es lo mejor".

Que hoy, desde dentro, oh hermanos espectrales,
añoro oscuramente, sin remedio,
todo lo que he reencontrado
la presencia envilecida del amor.

Soy el cretino del pueblo
-perdido el juicio, como Ausiàs-
que cuenta al viento
historias increíbles.

"La terrible cordura del poeta".

Joan Oliver, Pere Quart (Sabadell, Cataluña, España, 1899-Barcelona, Cataluña, España, 1986), Vacances pagades, Edicions Proa, Barcelona, 1965
Versión de Jonio González

Nota del traductor: Las frases entre comillas, a excepción de la primera, en castellano en el original

Ref.:
Escritores
Associació d'Escriptors en Llengua Catalana
A Media Voz
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: El Periódico

CONFIDÈNCIES A ANTONIO MACHADO

Antonio, si veiessis aquests dies!
Temps ha, de lluny, vaig enyorar la pàtria
i la ciutat més nostra;
i ho feia a la manera catalana,
ortodox i castís
(“més ai! Tornau-me en terra,
que hi vull morir!”).
Melangiós oracle de Castella,
obstinat solitari de Cotlliure,
(¡oh soledad, mi sola compañía!),
encara en somnis terra meva.
Antonio, si tornessis gustaries
la amargura del tiempo envenado.
Estrany poeta, Antonio,
sempre enyorós del que no tens i toques;
al capdavall jo també dic
- proporcions guardades -
morirse es lo mejor.
Que avui, de dins estant, oh germans espectrals,
enyoro foscament, sense remei,
tot el que he retrobat,
la presència envilida de l'amor.
Sóc el cretí del poble.
- fora seny, com l'Ausiàs -
que conta al vent històries increïbles.
La terrible cordura del poeta.

viernes, agosto 16, 2019

María Teresa Andruetto / Volvías del colegio













                                            A Juana

Volvías del colegio
y me hablabas de los griegos,
mientras yo preparaba la comida.
Yocasta, Alcestes, Medea, Ariadna,
Afrodita. Electra, Athenas, Artemisa,
tremendas de pie sobre sí mismas
arrojaban al aire su moneda. Ismene
temerosa quería disuadirte, no le digas 
a nadie, mi hermanita. Antígona
gritaba buscándose a sí misma.
Y vos, con los ojos azorados, la voz
todavía en su capullo, ¿se puede?
                                      me decías.

[inédito]

María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, Argentina, 1954)

El mismo pan, la misma leche,
Poesía reunida,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2019








Ref.:
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
Op. Cit.
Otra Iglesia Es Imposible
Eterna Cadencia
Lexia
Poetas Argentinas
La Voz

Foto: Vos

jueves, agosto 15, 2019

Rainer María Rilke / De "Elegías de Duino", Tercera Elegía
















(Fragmento)

Mira, nos amamos sólo desde hace un año
como las flores. Cuando amamos
inmemorable savia remonta nuestros brazos. ¡Oh, muchacha!,
lo que amamos en nosotros no es un ser, no un futuro
sino lo innumerable que fermenta; no un hijo entre todos
sino, como ruinas de montañas, los antepasados
que reposan dentro de nosotros; el seco lecho del río
maternal, de antiguas madres; todo el paisaje
en silencio bajo el signo de un nebuloso
o puro destino-: todo esto ¡oh muchacha!,
se adelantó a ti.
Y tú misma, ¿qué sabes tú? Hiciste surgir
en el amante su prehistoria; hiciste que el pasado
ascendiese a su corazón. ¡Qué sentimientos
de seres desvanecidos lograron llegar hasta él!
¡Qué mujeres te odiaban desde entonces! ¡Qué hombres
sombríos despertaste en las venas del adolescente! Niños
muertos querían venir a ti... ¡Oh, dulce, dulcemente
ofrécele una amorosa empresa, una tarea cotidiana
en qué confiar! ¡Condúcele
cerca del jardín; bríndale la supremacía de la noche!...
¡Guárdale!

[1923]

Rainer Maria Rilke, (Praga, 1875-Val-Mont, Suiza, 1926), El surco y la brasa. Traductores mexicanos, selección y prólogo de Marco Antonio Monte de Oca, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 1974   
Traducción de Ángela Selke y Bernardo Ortíz de Montellano

Ref.:
UNAM
Literatura us
Otra Iglesia Es Imposible
A Media Voz
Zenda
El País
El Cultural

Foto: Loff it

miércoles, agosto 14, 2019

Gerardo Deniz / Mosca













Lo soy y mi abdomen
es de metal azul,
ningún insecto díptero me es ajeno. ¿Quedó claro?
Mi larva medró en un policía muerto
al sur de esta capital. Correcto.

Mi alma máter fue la que tenía que ser.
Allí, posada en tubos fluorescentes,
atendí a todas las clases, en las conferencias magistrales
me enteré de que todos los cretenses mienten.
Presencié cómo un tal viejo cachondo, Einstein creo,
era arrastrado sobre corcholatas y colillas (bachichas, puchas),
atados los pelos blancos al carro triunfal del antimonio Birkhof,
y tantísimas cosas más.

Llegado el período de los amoríodos,
sucumbí a las feromonas
y en el cuarto de baño rectoral consumamos nuestras nupcias
sobre baldosín, jabón y caca sabia.
Por el ventalle de cedros huimos a la atmósfera
sin desengancharnos,
impelidos por el bufar del viento
como Paolo y Francesca o Lamberto y Mamerta.
Abandoné a mi pareja cuando se luxó dos patas al hacer tierra;
le dejé un huevo ovalado de recuerdo
y volé a poner los demás en las legañas de un basarisco desahuciado.

Hube de buscar un tema para mi tesis de doctorado.
Opté por hacer un estudio sobre los perjuicios y estragos del neoliberalismo
sobre las moscas del pedregal adyacente.
Ayer empecé, pero hay que volar mucho y ya me siento cansada.
Afortunadamente mañana es domingo.
Atardece.
A duras penas logro distinguir a los lobos de los canes.
Aún distingo con facilidad las nervaduras blancas de las negras en mis alas,
pero esto no me da ni frío ni calor pues me emancipé del ramadán hace tiempo.
Ascenderé cuanto pueda, aun cuando me falla la respiración
y me aterra pensar que el mal del hongo ha hecho presa en mí.

Todo nos amenaza y quizás el tiempo no sea para tanto:
la noche promete ser larga y llena sucesos.
No: en el aire lo más temible son los murciélagos
que surgen de la noche con rectas zigzagueantes
o asintóticamente sobre el suelo
con bocas descoyuntadas, de tragaldabas rápidas,
entre la maleza que por ultrasonora
no trastorna la poética quietud
del castillo de grandes naipes sombríos.

Acaso sea peor a flor de piedra
pues está cubierta de telarañas pringosas
a más de grietas donde es posible cualquier cosa:
se habla de sistemas de túneles y galerías
donde se escuchan gritos y carcajadas lejanas,
todo un salvaje burdel gratuito que despierta entre pruritos.
Allí hay coleópteras panzarriba, desplegados los élitros,
ofreciendo vientres pataleantes
a odonatos infames e injustos,
mientras en los rincones efemerópteros raquíticos
exhalan penúltimos suspiros
masturbándose sin prisa.
Allí enormes grillotalpas pasean por pasillos estrechos su pavorosa mecánica
armada de serruchos;
allí humean sobre estufas las estofas de las estafas
de la trata de blancas, de negras o de verdes,
presas en ergástulas sucias.
A esta hora en que se exalta la fiesta en el pedregal extinto–
¡Xitle! En las crestas de pómez posa Tlazotéotl los talones amarillos
y la única mosca aún activa decide,
antes que nada, reconocer las luces.

Allá, al norte, arriba, en el piso catorce
(téngase presente que todo esto que narro aconteció hace largos años,
en tiempo de las apsaras),
yace en una cápsula un nuevo sesquiterpeno a medio desnudar
en este laboratorio de Canidia
y al cual lo abrasaron con tetróxido de osmio (pues se confesó glicol)
y ahora quieren capturar el fruto del estropicio
como dinitrofenilhidrazona,
cristalizada en mezcal de Oaxaca.
Tras encristalados distantes al oeste,
hominicacos amargados ordenan a sus jorgolines
encender todas las luces de las arañas opulentas.
Llega la mosca exhausta, otea y continúa.
Se eleva para contemplar el inmenso jardín bello y rocoso
desde las estribaciones más allá de donde el hombre llega.
Los cien mil ojos pueden ver, no parpadear. Ve, pues.

Es el jardín de Kachey
sin pájaros y sin fuegos.
Tierra adentro, piedra afuera,
la música está dada a la distancia
y no se oye sino el pitpat de un coyote herido
trotando por un apenas sendero,
sin dejar de dejar huellas con sangre.
Las luces se fueron apagando, ahora la luna
empieza a descender sobre el templo que nunca fue del todo.
Tose la mosca con su cuerpo entero
domeñado por la empusa.
Sólo aspira alcanzar la única luz amarillenta
que desafía a la lunar penumbra
y desafía a una pareja nueva
caída sobre surcos muy frecuentes.
Nobles cópulas les abrieron el camino, pero ahora
han pasado bajo el arco triunfal que conduce sin aduanas
al reino encantado de las parafilias químicamente puras (para análisis)
que los absorben horas enteras, hasta dormirse a media postura,
sin haber siquiera apagado la luz.
Afuera las oreadas mulatas circundantes sin chistar
preparaban con papel y carrizo un amanecer glorioso
digno del día tan festivo aún frío en la olla.
Cuando ellos despertaron tuvieron la primera riña, a propósito de quién iría a
mear primero.
Bien meados, y reconciliados, él se fijó en la mosca pegada al vidrio:

Él: –Ve, fíjate:
a esta pinche mosca le cayó la empusa.
–¿Qué es eso? –Una vil mucoral de las que tú sabes:
la mosca aspira por las tráqueas y se ahoga.
Dirían en mi tierra: se la chupó la bruja.
Qué bueno que no seas mosco: ni tú oruga.
–¿Tú qué sabes? –Sólo me veo a luz más cierta
frente a hongo, pelusa y mosca muerta.

Gerardo Deniz (Madrid, 1934-Ciudad de México, 2014)

Tupé,
número 7,
Buenos Aires, agosto 2019,
con permiso de Fernando Fernández

Publicación original:
revista Este País, enero 2014





Nota: Este número de la revista Tupé está dedicado a poemas sobre insectos. El de Deniz no fue publicado en sus libros, se aclara

Ref.:
Persée
Luvina
Milenio
Letras Libres
ZonaPaz
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: Hilo Directo

martes, agosto 13, 2019

Irene Gruss / Dos poemas nuevos















Vejez

¿Has empequeñecido porque fuiste poco
o ensanchado tu abdomen como Buda
a fuerza de creer saber más?
¿Desalmada o, sencillamente, renunciaste
a la forma?


Habla Joseph M. W. Turner

Trato de conseguir el tono exacto del alba con el aspecto
del ocaso. La verdad no es como se pinta.
Ningún marchand podrá adquirirla porque
conseguir esto es... impagable.
Como cuando me hice atar al palo mayor,
¿creen que he visto algo?
Me atrevería a decir al momento de mi muerte,
con un golpe efectista, The sun is gone!
Pero no, nada es como se pinta,
pura distorsión de luz, el alba
igual a un ocaso.

Irene Gruss (Buenos Aires, 1950-2018)

De piedad vine a sentir,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2019









Ref.:
Casta Diva
Otra Iglesia Es Imposible
Clarín
La Nación
Op.Cit.
Eterna Cadencia
Vallejo & Co.

Foto: Jorge Freidemberg

lunes, agosto 12, 2019

Luisa Futoransky / Llanos del sur


                                 
                                             
                                           A Kity y Ricardo Futoransky, entrañables

los calmos bergantines las flores más sangrientas los lienzos de la discordia
 /los panes del milagro

adjetivos y ritos profusamente iluminados
por la luz mala y fosforescente de lo corrupto
se yerguen de la llanura atrás del acero oxidado de sus armaduras
allí donde el ganado abona el suelo
pero las simientes olvidan crecer

extensión de la condena soledad es tu nombre
repiten las aves que graznan augurios

el sol no tiene prisa en tu calvicie
los vientos fatigados se detienen a contemplarse en tus riachos
pampa de la desesperanza
sólo tu feroz tenacidad hace que entres
por la puerta grande de la tragedia

————————————————————————————

llano enrojecido
llano del atardecer donde la palabra descubre el secreto
y los pájaros enloquecen de temor

hora en que los elementos son un haz vandálico
un estremecimiento prolongado en el espinazo de los vivos
hora en que los hechiceros soplan las narices de las enfermos
pero no logran felices resultados
hora en que la lejanía y la vecindad de los estrechos
confunde aguas y tierras

únete viento
ven basilisco que es tu turno
huye unicornio por las altas gramíneas
refúgiate en los tapices de las damas
que ya las maderas del presagio
arden en razones de cuidado
y el silencio es un enigma que no predice
un solo día venturoso

————————————————————————————

Entre la cima y el valle
el menor esfuerzo, nada agotador
nada que turbe la indiferencia de las tierras llanas
ciudad cuyo medio propicio es la humedad
pulpo extendido, ambiguo y perezoso
tu abrazo es el ahogo febril que impones a los otros
ansiosa ciudad gris
a la que es necesario ganar palmo a palmo la alegría
ciudad de artilugios y espejismos
con su poder agazapado en las tinieblas
contigo los pactos de honor
están destinados al fracaso
ciudad perdida en estéril oratoria
y en la retórica infernal de los posesos
predispuesta de antemano a la condena
cuando las algas se adueñen de tu estridencia
y el limo se solace en tus bodegas
cuando te sumerjas en la noche sin espejos
¿quién tendrá piedad por tu arrogancia?

cuando los peces retiren sus ovas
de los recovecos de tus construcciones
otra vez un ingenuo, un loco, un guerrero
un fanático, un ambicioso, o todos ellos juntos
o alguien con todos y más de estos defectos y virtudes
erigirá un fortín en el desierto
y te llamará de alguna nueva o vieja manera
buenos aires

Luisa Futoransky (Buenos Aires, 1939), "Babel Babel", 1968, Los años argentinos (1963-1972), edición de Mariano Rolando Andrade, Leviatán, Buenos Aires, 2019

Ref.:
Luisa Futoransky
Leviatán
Universidad de Carabobo
Letralia
Poetas Poemas
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: Luisa Futoransky en el avión de José Antonio Berni / Archivo de la autora

domingo, agosto 11, 2019

Thomas Merton / Una canción para nadie














Una flor amarilla
(Luz y espíritu)
Canta por sí sola
Para nadie.

Un espíritu dorado
(Luz y vacío)
Canta sin palabras
Por sí solo.

Que nadie toque este manso sol
En cuyo ojo oculto
Alguien está despierto

(Sin luz, sin oro, sin nombre, sin color
Y sin pensamiento:
¡Oh, totalmente despierto!)

Un cielo dorado
Canta por sí solo
Una canción para nadie

Thomas Merton (Prades, Francia, 1915-Bangkok, 1968), Collected Poems of Thomas Merton, New Directions, Nueva York, 1977
Versión de Jonio González

Ref.:
Poetry Foundation
University of Dayton
Pastoralsj
Ágora Marianista
ABC
Andrés Morales
Encuentros de Lecturas
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: Bellarmine University

A SONG FOR NOBODY

A yellow flower
(Light and spirit)
Sings by itself
For nobody.

A golden spirit
(Light and emptiness)
Sings without a word.
By itself.

Let no one touch this gentle sun
In whose dark eye
Someone is awake

(No light, no gold, no name, no color
And no thought:
O, wide awake!)

A golden heaven
Sings by itself
A song to nobody.

sábado, agosto 10, 2019

Vesna Parun / Mi cara en la sombra













Olvidé su nombre, pero sé que fue querido por los pájaros
y que ese amor era sonrisa lo recuerdan mis ojos.
Y ahora la gente va al muelle, no los miro
varada en el recuerdo de viejas tormentas.
¿Acaso no olvidó ya la gaviota a su compañero?, ¿por qué sufres?
La roca olvidó a su pájaro, no sabe del sur ni del norte.
Aún no silencié mi ventana, todavía no ha callado la mar.
No me regañes, bosque, con tu fronda. No me asustes, agua, con tus abismos.

Vesna Parun (Zlarin, Croacia, 1922-Stubičke Toplice, Croacia, 2012), Zore i vihori (Amaneceres y torbellinos), Društvo Književnika Hrvatske (Sociedad de escritores de Croacia), Zagreb, 1947
Traducción de Carmen Verlichak

Ref.:
El Cultural
La Maja Desnuda
Fausto Marcelo Ávila
Critical Mass
Studia Croatica
Tportal
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: Boris Scitar/PIXSELL/Zadovoljna

viernes, agosto 09, 2019

Pablo Seguí / De "Noción de ritmo"












En fin, las horas...

Palabras inconexas; manoseado
camino artificial.
(Pachelbel no insinúa: suena, y siempre,
ese círculo, acordes
que logran ahondar). Palabras brujas,
delirios a dos manos,
y manos o muñones. La retórica:
sarna de refregarse
contra piedras gastadas. Como ser
un juguete mellado,
tirado en algún río: la costumbre
ahoga los reflejos.

[s/t]

He escrito ciego, nuevamente. El vórtice
de otro ciclón que pasa. Devaneos
el disponer palabras como almíbar
que no respira, que se espesa. Ajeno,
traza el reloj de arena en la espiral
el año nuevo: huellas desprovistas
ya de interés. El sol, tras la cortina.


Collige, virgo, rosae

Luna creciente: tiempo de mirar
cómo cruza tu firma
horas en que el reclamo
insostenible muere cuando cierro
estos áridos ojos.

   Y crecerás, manchada,
y nuevamente escaparás. Agrego
otra pobre moneda
a la fuente, que ahoga
cualquier reflejo asible: demorados.

Pablo Seguí (Córdoba, Argentina, 1973)

Noción de ritmo,
Barnacle,
Buenos Aires, 2019









Ref.:
Barnacle
El Poeta Ocasional
Poetas Argentinos
Analecta Literaria
La Voz
Sólo Tempestad
Revista de Letras
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: Facebook

jueves, agosto 08, 2019

Linda Pastan / Dos poemas














Emily Dickinson

Nos la representamos con un vestido blanco
entre las sábanas dobladas y las almohadillas perfumadas
de armarios bien cuidados, u oculta a la vista
enviando confituras y notas sin dirección
a todos los perplejos vecinos de Amherst.
Rara como el clima de Nueva Inglaterra,
el fuerte viento de su mente, mordaz o amable,
hizo salir volando a dos amantes en parte imaginarios.
La leyenda, sin embargo, no explicará la absoluta sensatez
de sus conceptos, la grave malicia
del lenguaje, el ahorro de dolor.

Me casé contigo

Me casé contigo por las razones equivocadas,
seducida por tu peligrosa historia familiar,
por los inocentes músculos, que abultaban bajo tu camisa
como armas ocultas, por tus vínculos ingenuos,
los colores de retazos pintados de atardecer.
Seducida también por lo que suponías
acerca de mí: mi serenidad -ese espejo a la espera de ser
rajado-, mis llamativas acrobacias con los cuchillos en la cocina.
Qué equivocados estábamos el uno acerca del otro,
y qué felices hemos sido.

Linda Pastan (Nueva York, Estados Unidos, 1932), Queen of a Rainy Country, W. W. Norton & Company, Nueva York, 2006
Versiones de Jonio González

Ref.:
Poetry US
Poets Org
Paris Review
Luvina
Poetas Siglo XXI
El Placard
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: Wikipedia

EMILY DICKINSON

We think of hidden in a white dress
among the folded linens and sachets
of well-kept cupboards, or just out of sight
sending jellies and notes with no address
to all the wondering Amherst neighbors.
Eccentric as New England weather
the stiff wind of her mind, stinging or gentle,
blew two half imagined lovers off.
Yet legend won't explain the sheer sanity
of vision, the serious mischief
of language, the economy of pain.


I MARRIED YOU

I married you for all the wrong reasons,
charmed by your dangerous family history,
by the innocent muscles, bulging like hidden
weapons under your shirt, by your naive ties,
the colors of painted scraps of sunset.
I was charmed too by your assumptions
about me: my serenity— that mirror waiting to be
cracked, my flashy acrobatics with knives in the kitchen.
How wrong we both were about each other,
and how happy we have been.

miércoles, agosto 07, 2019

Augusto Munaro / De "Incrustaciones dubaitíes"














la biblioteca

los 300, 000 libros & yo nos conocimos en el invierno de 1993
fue un amor ambarino a primera vista

me rateaba de las clases de matemática y lengua (tedium vitae)
con señalador en mano –“I love my Library”- me perdía entre
sus pasillos angostos, silenciosos
el tiempo se tomaba su tiempo/ no discurría
olor a historia secreta, a datos irrefutables que se ofrecían
/generosos
a mi inquietud PANTAGRUÉLICA

fui deletreando el mundo,
       página x página,
                       siguiendo mi curiosidad
                                                     instintiva
                                                                saltarina
                                                                        como el conejo de Alicia

un diccionario de referencia/ me remitía
a una novela rosa/ ésta, a cierta biografía de Einstein, /
poesía isabelina, / novelas de Pierre Boulle…

así cobré enormes tesoros, compilé paisajes fantásticos,
lecturas góticas, científicas, tomos de numismática, geografía;
acopié datos sobre presidentes yanquis como pocos adolescentes,
(Washington-Lincoln-Wilson-Eisenhower-J.F. Kennedy-Carter)
     y héroes de guerra,
     Patton,
     McArthur
     Custer y sus chapas largas
     en la masacre de Little Bighorn

insomne, muchas mañanas escondía mi desamparo
                                                  entre las páginas de la
                    Britannica
su rumor del papel biblia,
entre
mis dedos,
-música para mis oídos

recuerdo en particular unos tomos
lujosamente encuadernados sobre la
conquista del Oeste

       barbudos
       leñadores talando
       sequoias gigantes,
       el daguerrotipo de
       Buffalo Bill con
       Toro sentado
                (¿no es cierto que el cazador de bisontes estadounidense
                tiene un cierto aire a julio
                Argentino Roca? -me preguntaba en silencio
               de misa)

mi rincón:
ante una luminosa ventana escondida,
al fondo, cerca de la entrada trasera,
allí podía acurrucarme por varias
horas hojeando el mundo sin
ser jamás interrumpido

   si la profesora de Historia
   a primera hora de la mañana
   hacía referencia de la
                          Batalla del Somme,
   esa misma tarde,
                  a las 3 en punto
         (apenas sonaba el timbre)
             ya estaba consultando a
                                                    Hart &
                                                    Middlebrook

era un modo de asaltar aquel tiempo perdido
aquellos días antes de mi nacimiento (excesivamente amplios y complejos)
pero que me fascinaban porque habían sido –a pesar de mí

fue allí donde recité “Mending Wall” de Frost, my favorite american poet
“The Raven” de Poe, y “O Captain! My Captain!” del níveo Whitman
(llegué a analizar verso por verso aquella metáfora sobre Lincoln)

en esa biblioteca comprendí la magia
              & fatalidad
del verbo

Augusto Munaro (Morón, Argentina, 1980)

Incrustaciones dubaitíes,
Editorial Lisboa,
Buenos Aires, 2019









Ref.:
Augusto Munaro
Vallejo & Co.
Buenos Aires Poetry
Caína Bella
La Voz

Foto: Merece una Reseña