martes, noviembre 30, 2021

Lucía Delbene / Saturnalia




(Fragmentos)

*

el agua desborda las copas de la fronda
como si fuera un champán navideño
en las patas del perro blanco del vecino
el barro que viene a saludarme.


*

Ahora, la lana es de acrílico
ya no abriga con ese olor de un cuero arrancado
en las verdes planicies de los graneros globales
como gusanos de hilos plastificados emergen multitudes
de las fábricas en Vietnam donde hace calor.
La oveja es un animal en vías de extinción.
Mi campera de ahora es más liviana y no admite plancha.


*

Un sueño letal, un opiáceo avasallante
se va apoderando de los miembros
como aquella miel silvestre de Quiroga
en las selvas del Paraná
los brazos, las piernas
van perdiendo turgencia, electricidad
me acuerdo
cuando los osos dormían en las cuevas
durante meses en los montes blancos
hasta el retorno de la primavera
mientras, las mujeres y los hombres
robaban chispas del cielo
llevándose el calor, entonces
el ciclo largo del sueño les fue vedado.

Lucía Delbene Azanza (Montevideo, 1974), Interregno (inédito), Op. Cit., noviembre 28, 2021
 

lunes, noviembre 29, 2021

Ruth Stone / Camino



Era un viejo camino.
Ascendía hasta la cima atravesando bosques.
Tú ibas delante porque eras más joven.
"Es mi camino", dijiste.
Sí, estos caminos siempre pertenecen a alguien.
Se entrecruzan en mi mente,
las hojas tienen la fragancia de las fogatas,
los perros se separan  en la maleza.
Salvo los bosques; suben tan rectos y angostos,
las hojas empiezan a cambiar,
las sombras se calman, diciendo:
"Dejadnos vagabundear y acostarnos juntas.
No desaparecer nunca, sino yacer aquí, bajo estos arbustos".

Ruth Stone (Roanoke, Virginia, Estados Unidos, 1915 - Ripton, Vermont, Estados Unidos, 2011), What Love Comes To. New and Selected Poems, Copper Canyon Press, Port Townsend, Washington, 2008
Versión de Jonio González


Foto: Ruth Stone en casa de su hija. Ripton. Vermont, 2002 Paul O. Boisvert/The New York Times


PATH

It was an old path.
It went uphill through the woods.
You led the way because you were the youngest.
“It’s my path,” you said.
Yes, these paths always belong to someone.
They crisscross through my mind,
The leaves smelling like campfire sweetness,
The dogs diverging in the underbrush.
But the woods; going up so straight and thin,
Leaves beginning to turn,
The shadows soothing, saying,
“Let us drift easy and lie down together.
Never go away, but lie here under this bush.”

domingo, noviembre 28, 2021

Irene Gruss / De 'Poemas inéditos' / "Poesía completa"



Mica

A veces el contacto pesa
como una plancha de mica,
y aunque la mica reluzca
o el calor sea
alivio, la plancha arde encima
como un espejo irregular, capas encimadas
del mineral extraño y fino que
reluce, abriga, pesa
como una plancha, como
un abrazo no querido llega
por fin, y alisa
no sé qué arruga de un cuerpo siempre
afligido por la falta o la falla
de contacto, idéntico a la mica, esa
que soporta el calor, lo aísla,
que se deshace y no apunta a reflejar
la arruga, lo tibio liso,
lo que se desarma
o se desune.


Lo que puede la rosa

Esta rosa casi abierta tiene un
pétalo abierto en su totalidad,
con una inclinación
acentuada que me invita
al baile.


*

Ahora que pareciera que todo cabe en mi puño
y sé que va a pasar,
como el cormorán que pasó allá lejano
graznaba y gemía
por no sé qué aire
o qué espuma pasó,
como la vida negra estuvo y pareciera
que hoy es púrpura y cabe en mi mano,
así contengo sin nada
para perder.

                       en tributo a El arte de perder de Mirta Rosenberg


Música amable al fin

Porque las hojas de ese arbolito brillan todavía,
imagino, allá, lejos, el bosque encantado de verano.
Hasta apuraría la noche, a que el bicherío inunde todo de música
/amable, al fin,
canto que se ríe de lo grave del mar, allá, a pocos pasos,
como el pobre se ríe,
como las chicharras y los grillos
y los sapos se ríen del mar, allá, lejos, 
cuando es verano todavía.

Irene Gruss (Buenos Aires, 1950-2018)

"Poemas inéditos",
Poesía completa,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2021









sábado, noviembre 27, 2021

Pablo Queralt / De "Obra reunida"




#

Una vez en la vida acaricio el vacío las palabras en el rumiar la
voz y dejarme llevar en esa sinestesia de silencio rezado en esa
nada en que todo vuelve a la sinapsis de su limo.


#

música del ensayo como partículas leves
en la mañana que se hundirá en el blanco
recuerdo casi niebla en la que llega

el poema a su materia

cuando todo alcanza ese imperio
voluntad en el minuto de goce

canto.

Levanto la cortina a otra escena
y en ese desparpajo de rostros, cantos busco el centro tonal
el color de cada voz,
aprendo.

#

antiguo tabaco que armaba
fumaba en su ópera
aire de humo en esta espera ahora
que soy viejo en esta paz del dormitorio.
Sabía su cocción su reducción flor de loto
carita de dragón las teteras las tazas de té
el olor a la mostaza

mi vida pende de esa miguita de pan la canción
que la orquesta tomó
y desde la fosa sale ese run, run,
morir es al fin dormir en ese run, run
sin haber salido de estas manos
que ejecutan todavía la melodía

Pablo Queralt (Buenos Aires, 1955)


Obra reunida 2001-2021,
Barnacle, 
Buenos Aires, 2021










viernes, noviembre 26, 2021

Lucas Soares / De "El poeta y el buey"




hay cosas que tienen 
el mismo nombre 
con distinto significado 

un buey vive
y un poema 
también vive 

pero vivir no es 
lo mismo para el buey 
que para el poema 

*

si un poeta se siente 
tan vivo como un buey 

vivir es 
para el poeta y el buey 
el mismo nombre 
con el mismo significado

*

las cosas se dicen 
juntas 

un poeta cruza la calle 
un buey atropella a un poeta

o se dicen solas 

poeta 
cruza
calle
buey
atropella 

*

cuando las cosas 
se dicen solas 
son 

una cualidad
una relación
un tiempo
un lugar
una acción
un padecer

*

según el tiempo
una cosa es 
anterior a otra

según la existencia
un buey es 
anterior a dos bueyes 

según el orden 
al escribir un poema 
los versos son 
anteriores a las palabras

Lucas Soares (Buenos Aires, 1974)

El poeta y el buey,
Caleta Olivia,
Buenos Aires, 2021










jueves, noviembre 25, 2021

Volker Braun / Dos poemas




Despierto en la siesta dogmática

¿Aprovechaste la noche? – Practiqué
La espera. – ¿De quién? – ¿Vos también conocés
El dolor dulce: amar a la desconocida? –
¿La acción desconocida? – ¿Qué?, – ¿De qué hablás? –
Las venas casi revientan en mi carne.
Estoy tan cansado de cruzar la Markusplatz. –
Soñás, no es cierto, soñás con decisión. –
Y en las calles sopla la transparencia.


Marlboro is red. Red is Marlboro

Ahora a dormir, descansar... y estás riendo despierto.
Este es solo mi cuerpo que durante el viaje va
Por cualquier calle, ¡ah! hacia dónde.
Querría abrazar lo desconocido.
Ahora conozco todo eso. Es el desierto.
El desierto, decís. O yo digo bienestar.
Disfrutá, respirá, comé. Abrí las manos.
Nunca más vivo esperando un cambio.

Volker Braun (Dresde, Alemania, 1939), La flora de los escombros, El Jardín de las Delicias, Buenos Aires, 2018
Versiones de Silvana Franzetti


miércoles, noviembre 24, 2021

Eduardo Mileo / De "Pentámeros"



Un escenario

A Alberto Muñoz


I

Una mano
pinta de negro un escenario.
En el sitio donde
iría una silla
hay un abismo.
Nadie se sienta. Nadie
se siente.
El que quiere descansar
cae al vacío.


II

La mano que pinta
cree que pintar
es crear mundos.
El que mira la pintura
cree que hay actos
que dejan  huellas.
Una huella que es un mundo
crea un lazo.


III

La comunión no es
el signo de esta época.
La soledad
es el signo de esta época.
Estar unidos es
una provocación
para una época que vive
de fragmentos.


IV

La forma en que esta época
crea lazos
es la guerra.
Son 
fragmentos de cuerpos
la ilusión de estar
en este mundo.
La guerra es
una forma
que destruye contenidos.


V

Una mano
pinta de negro un escenario.
La verdad es
un escenario vacío.

Eduardo Mileo (Buenos Aires, 1953)

Pentámeros
,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2021










martes, noviembre 23, 2021

Fernando Pessoa / De "35 sonetos ingleses"




XXXII

Cuando siento, el sentido ya es sentido
-antes de que sea mío o esté-.
Antes que yo -al oír-, oye el Oído.
Al ver, antes un Ver abstracto ve.

Alma y yo soy en todo lo que toco:
Alma, en lo que común a todos siento;
y Yo, en la carcajada que provoco
cuando digo que es mío el sentimiento.

Lo demás es saber que no se sabe,
pensamiento confuso, que pretende
mucho explicarnos, pero nada aclara;

como quien logra descifrar la clave
de un mensaje secreto, y no lo entiende,
porque está escrito en una lengua rara.

Fernando Pessoa (Lisboa, 1888-1935)

35 sonetos ingleses
.
Edición crítica,
bilingüe y anotada.
Prólogo y traducción de
Esteban Torre.
Leteo, 
Buenos Aires, 2020





Nota del Ad.: Fernando Pessoa publicó en 1918 sus 35 Sonnets. Continuó la publicación de su obra en inglés en 1921, con English Poems I-II  y English Poems III.




XXXII

When I have sense of what to sense appears,
Sense is sense ere 'tis mine or mine in me is.
When I hear, Hearing, ere I do hear, hears.
When I see, before me abstract Seeing sees.
I am part Soul part I in all I touch —
Soul by that part I hold in common with all,
And I the spoiled part, that doth make sense such
As I can err by it and my sense mine call.
The rest is wondering what these thoughts may mean,
That come to explain and suddenly are gone,
Like messengers that mock the message' mien,
Explaining all but the explanation;
As if we a ciphered letter's cipher hit
And find it in an unknown language writ.

lunes, noviembre 22, 2021

Carl Rakosi / Viajando por el código genético




Mi corazón está buscando
el Elíseo

algún país sencillo
ausente de los mapas

con sólo tres
abogados
y ninguna embajada

y sin embargo se ha extraviado
en una tierra extraña
poblada por genomas

más ancianos que Dios

un punto infinitesimal
en el mapa del hombre.

The London Review of Books, 2003

Carl Rakosi (Berlín, Alemania, 1903–San Francisco, Estados Unidos, 2004), Perros en la playa, junio de 2008
Traducción de Jordi Doce


Foto: Carl Rakosi en su época de escritor residente en la Universidad de Madison, Wisconsin, 1969 The "Objectivits"

domingo, noviembre 21, 2021

Li-Young Lee / El código




1

Por la noche
las manzanas
al otro lado de mi ventana
sueltan una a una
sus ramas y
se dejan caer sobre la hierba.
No puedo verlas, pero oigo
que el tallo se rompe y se desploman
a través de las hojas, para
finalmente estrellarse contra el suelo.

A veces dos
al mismo tiempo, o una
tras otra.
Durante los largos intervalos de silencio
espero
y me pregunto sobre los cuerpos magullados,
el terror de precipitarse en el aire, y
pienso que día siguiente iré en busca
de las últimas que han caído, pero
parecerá que yacen allí
empapadas de rocío, desapareciendo frente a mí.

2

Estoy acostado bajo mi ventana escuchando
el sonido de las manzanas que caen

en el jardín, un código sincopado que quiero conocer,
que continúa incluso mientras duermo, y sueño que sé

el significado de lo que oigo, de cada golpe sordo
de manzanas invisibles:

cuerpo, la tierra
cayendo a la tierra

una vez y para siempre, una
y otra vez.

Li-Young Lee (Yakarta, Indonesia, 1957), Rose, BOA Editions, Rochester, 1986
Traducción de Jonio González




FALLING: THE CODE

1

Through the night
the apples
outside my window  
one by one let go  
their branches and 
drop to the lawn.
I can’t see, but hear
the stem-snap, the plummet
through leaves, then
the final thump against the ground.

Sometimes two 
at once, or one 
right after another.
During long moments of silence
I wait
and wonder about the bruised bodies,
the terror of diving through air, and   
think I’ll go tomorrow
to find the newly fallen, but they
all look alike lying there
dewsoaked, disappearing before me.


2

I lie beneath my window listening 
to the sound of apples dropping in

the yard, a syncopated code I long to know,
which continues even as I sleep, and dream I know

the meaning of what I hear, each dull 
thud of unseen apple-

body, the earth   
falling to earth

once and forever, over   
and over.

sábado, noviembre 20, 2021

Kateriina Vuorinen / Los sueños de Mostar

 



Te escucho hablar, mientras el tiempo aclara
al fondo de la plaza, el aire se vacía de colonia y alcohol
y los pulmones reciben a la fría mañana
como un anuncio: durante los próximos momentos
vivirás limpio y sorprendido como una extraña criatura
que se eleva de repente sobre el mar,
lo que sigue es la tarea de mercader, de básculas y pesas,
los hombres silenciosos de la calle miran desde sus puertas
dando a cada tomate su lugar en el mundo. 

Dices que debemos olvidar lo que sucedió en las montañas,
los disparos en la ciudad,
debemos abrir el candado de la mandíbula y el papel
doblado y metido en el buzón.
“¿Qué más?”, dices. Nos encontramos como si lo entendiéramos
todo y nada. 

Qué más, mientras existan suficientes de aquellos
que permanecieron despiertos toda la noche,
existan recuerdos y tejidos inconclusos, reuniones
en una región desconocida 

amores de los que no tienes conocimiento
si los calicantos de las golondrinas caerán debajo de los aleros
si las sombras enfriadas se desvanecerán de las paredes
un intacto cuadro
brilla repentinamente en el sol
y tú aprietas el teléfono, en él, en el espacio
dices bellamente, rápido, con bordes afilados
como una piel que acaban de abrir con un cuchillo,
y es reparada y suturada. 

Kateriina Vuorinen (Janakkala, Finlandia, 1976), Rouvien ja lintujen talo (Casa de las mujeres y los pájaros), Savukeidas, 2010, vía Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires 2021
Traducción: cooperación de poetas


viernes, noviembre 19, 2021

Juan Desiderio / De "Barrio trucho", nueva edición



VIII

Madera de puerto escombro
cuerpo de náufrago lexotanil
como madera de zapatos allá en la cárcel
madera de huérfano allá en el puerto

cardo de zanjón
club nocturno zaguán de la especie
en las mentes un supercristo de cien dólares
y un pájaro cristiano con clavos
en cada pensamiento
un wing del cielo en un sótano
abortando la raza pegándose una ducha
de sarro la sangre
del mundo

pensándolo bien
un puerto de madera puede hundirse
la marea
ser fatal
un estibador cargar en sus hombros un
dios clandestino
una madre congelar la imagen del mundo
un wing izquierdo morir
en la humedad de una pieza con restos de
pescado y manchas de alcohol
en la piel
un puerto de madera
convertirse en un shopping center.

Juan Desiderio (Buenos Aires, 1962)

Barrio trucho
 
(edición aumentada),
prólogo de José Villa.
Editorial Maravilla, 
Villa Ventana, 2020

Primera edición: 
Trompa de Falopo, 
Buenos Aires, 1990.





Foto: Juan Desiderio por Diego Martelli Juan Desiderio/Facebook

jueves, noviembre 18, 2021

Karl Krolow / Tres poemas




Palabras

Ingenuidad de palabras inventadas,
Que se pronuncian detrás de las puertas,
Desde las ventanas y contra los muros
Encalados con luz paciente.

Realidad de vocablos,
De dos sílabas o de tres;
Cortados de los enigmas del cielo,
De una vena en la piedra.

Desciframiento de rostros ajenos
Con relámpagos bajo la piel,
Con barbas en las que el viento está,
Por un acento susurrado.

Pero los nombres dejan
En el oído sólo un zumbar
Como de cigarras y abejas,
Al silencio retornan.

Vocales: insectos menores,
Invisibles sobre el aire,
Caen como ceniza,
Quedan como aroma de membrillo.



Político

I

Seguridad: ¡impresión digital
Sobre un papel que está en regla
Y ayuda en cada
Comisaría!

El surco de Deméter es árido
Si un cartel lo ordena.

Las rodillas de los dioses
Son insignificantes:
Formaciones físicas de la casualidad.
En cambio un programa partidario
Siempre es libre
De tal inocencia.

¿Hay alguien que habla
Del cabello de Circe, de los vegetales
Vínculos de la gracia,
Creados totalmente de follaje?

Mejor se puede leer
Un pasaporte que un sueño.

Político: una mano
Crece del suelo,
¡Negligentemente cortada una vez al otro!

II

¡Dobla la frazada!
¡Apaga la lámpara!
La anestesia engañosa
De la oscuridad es irresponsable
Como el sueño.

¡Dobla la frazada!
¡Apaga la lámpara!
La noche trae como ámbar
Un mosquito: ¡tu memoria!
¡Tu conciencia!

¡Dobla la frazada!
¡Apaga la lámpara!
El estado, ese es
El convidado de piedra.
Aparece: a pesar de
Todo gesto de rechazo.

¡Dobla la frazada!
¡Apaga la lámpara!
La era sin documentos
No ha comenzado sin embargo.

¡Dobla la frazada!
¡Apaga la lámpara!
Ya se acercan pasos
Hacia tu puerta. ¿Te podrás
Identificar?

¡Dobla la frazada!
¡Apaga la lámpara!
Tu hora
Llegará, en todo caso.


El viento en el cuarto

Con risas y golpear de puertas
Llega al cuarto.
Sin reverencia vuelca
La lámpara
Y lee en los ojos
De los hermanos hostiles.
A la luz del fósforo no dice
Buenas noches.
Rompe las cabezas
De los antepasados. Sus bustos
Pasan con ramilletes de violetas
A la basura.
Sobre un hombro cabalga
A lo largo de las paredes
Mientras se apagan los cigarrillos.
Quien lo atrapa en la oscuridad
Despertará al día siguiente
Con una ajena rosa de los vientos en el cabello.

Karl Krolow (Hannover, Alemania, 1915 - Darmstadt, Alemania, 1999), Poesía alemana de hoy (1945-1966), Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1967
Traducción de Rodolfo Alonso y Klaus Dieter Vervuert


Foto: Karl Krolow, años 90 Megabook 

miércoles, noviembre 17, 2021

Mario Ortiz / De "Tratado de iconogénesis"




La apertura de un taller

Hacia 1950, Francis Ponge escribió un ensayo para la UNESCO en el que reflexiona acerca de la condición y destino de los artistas. La época era ciertamente compleja: Europa comenzaba la reconstrucción luego del desastre de la Segunda Guerra mientras el mundo se dividía en dos hemisferios enfrentados por una guerra fría y permanente que amenazaba pulverizar el planeta. Ponge rechazaba por igual las diversas teorías que pretendía definir las características y funciones del productor literario: bufón o ingeniero soviético de almas; alquimista del verbo intelectual comprometido. Lejos de eso, para el poeta francés, "la misión del artista es muy clara, debe abrir un taller". Si suspendemos la frase en este punto, podría pensarse que los escritores tienen la misión pedagógica de abrir laboratorios y clínicas de escritura para formar otros escritores, algo tan frecuente en nuestra época. Pues no: ante los Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Ponge declara que el artista

          debe abrir un taller y reparar el mundo tal como le llega, por fragmentos. Solamente un mecánico. Reparador atento del cangrejo y del limón, del cántaro o de la compotera. Irreemplazable en su función. Su papel es modesto, como vemos, pero no se podría prescindir de él.

En diciembre de 2011 descubrí los restos de un televisor marca ZENITH que alguien había arrojado en la esquina de Liniers y Edison. El marco plástico de la pantalla se había desprendido; lo cargué en la bicicleta y lo instalé en el patio de mi casa. Imaginé que se transformaba en un homoscopio, aparato que permite contemplar lo que aparece ante nuestros ojos y analizarlo con una nitidez insuperable, sin modificar, ampliar ni reducir los objetos. A partir de esas observaciones, escribí un cuaderno que lleva el número VIII de la serie.
     El encuentro de una persona con pedazos de un televisor arrojado en una esquina puede ser un hecho azaroso. Cinco años más tarde, el encuentro de la misma persona (o sea, yo) con otro televisor arrojado exactamente en la misma esquina, debe ser analizado como un mensaje de otro mundo.
     O como decir: el reflejo gris sobre el cristal de una pantalla salpicada por gotas de lluvia es también una imagen del cielo.

~

Esta época también es compleja e injusta, por momentos insoportable.
     Los largos canales de mar que penetran hasta nuestro puerto están llenos de cangrejos; no sé cómo podría repararlos si alguno pierde una patita o una pinza. En las lagunas que quedan sobre la playa cuando la marea se retira, he visto cangrejitos recién nacidos que se deshacían entre los dedos apenas tocarlos.
     No tenemos cántaros. Lo más parecido que hay en nuestra ciudad son jarras de vidrio o plástico que se guardan llenas de jugo en la heladera junto a los limones y alguna compotera con ensalada de frutas.
     Pero es un hecho que hay artefactos y monitores destrozados, completamente irreparables.

Mario Ortiz (Bahía Blanca, Argentina, 1965)


Tratado de iconogénesis. Cuadernos 
de lengua y literatura volumen XI,
Leteo Edito, 
Buenos Aires, 2021










Foto: Télam

martes, noviembre 16, 2021

Alojz Ihan / Ataque



El 27 de junio supe por televisión que nos
habían atacado los tanques. Fui al supermercado a comprar
treinta filetes de pavo y quince litros de leche.
En la caja había cola, en ella estábamos todos callados
escuchando las instrucciones de la radio 
en caso de ataque aéreo.
Después oímos un estruendo que venía de arriba y de golpe
temblaron nuestros labios y nos miramos a los ojos
como los enamorados en un andén, y a muchos
les vinieron lágrimas a los ojos. Saqué el pañuelo y
enjugué las lágrimas de una mujer
que estaba detrás de mí en la cola. “Gracias”, dijo
y se apoyó en mi hombro, así que pude sentir hasta los huesos
el horror que sacudía su bella figura. Después los aviones
callaron, la caja empezó a sonar otra vez,
nosotros sacábamos el dinero del bolso y al pagar
dejábamos nerviosos el cambio
en el mostrador, y salíamos corriendo, como si algo nos diese una profunda vergüenza. 

Alojz Ihan (Liubliana, Eslovenia, 1961), Ritmo, Hiperión, Madrid, 2000
Traducción de Marjeta Drobnič y Francisco J. Uriz
Envío de Jonio González


lunes, noviembre 15, 2021

Carlos Battilana / De "La lengua de la llanura"



Cierta hora

Sobre la llanura verde
sobre su extensísima superficie
frutos maduros están por caer
de las plantas y los espinos.

Nace una luz rosada
detrás del horizonte
que todo lo cubre,
incluso
los restos olvidados del corazón,
sus restos desperdigados
su parte más oscura. En medio de los sedimentos
y el vendaval, que han hecho una labor minuciosa,
la luz lo cubre
todo
después de los meses
de crudo invierno:

deshace la visión del día,
el espejismo de la razón.


Restos

En el parque de la ciudad universitaria
el abrumador silencio de las cosas
empuja el cuerpo,
y filtra
su fuerza -como un agua helada-
entre los brazos.

Escucho ritmos ignorados,
miro
a la manera de un ser ajeno
los restos
que el río trae. Rozamos la superficie
de mínimas gemas, aquí están ¿ves? Todo
es suave: desperdicios,
ramas, artesanías
trabajadas por el agua.

El cúmulo de objetos
se parece 
a muchas palabras

pronombres
cuyos orígenes desconocemos.

Los elementos y los desechos del río
tienen algo de vital. Su núcleo más duro
no se puede tocar
ni tampoco tiene sentido intentarlo.
Es inútil. El presente pesa
como un vendaval.

El canto 
de los viajeros 
-ahogados al amanecer-
sigue sucediendo
en algún sitio. Parece raro,
aunque es así. Por algún motivo
que ignoramos
hay hechos dispersos
voces olvidadas
murmullos
en medio del agua
y la desintegración
que son el signo de algo,
eso que nunca nombraremos del todo
y que, no obstante,
más que un peso
resulta
finalmente
un secreto sostén.

Carlos Battilana (Paso de los Libres, Argentina, 1964)

La lengua de la llanura
,
Caleta Olivia,
Florida, Buenos Aires, 2021










Foto: Gentileza del autor

domingo, noviembre 14, 2021

Noelia Torres / De "Esta es finalmente mi rabia"



Las arroceras

Las mujeres en Japón se sumergen
en el agua para pescar las algas negras
salen cubiertas de todo más allá
Son cazadoras de alimento contra
la naturaleza su equilibrio 
y a favor de sus hijos
La recolección final 
no existe

Las mujeres que viven a orillas del Riachuelo
sacan a sus chicos de las aguas negras
por el miedo la industria la razón y los alejan
de la cal, el viento podrido, los pescados muertos
el metal de los barcos abandonados brilla
y se acomoda como mis vértebras

Ellas son de todos modos la poesía
lo que te arrasa lo que se pone delante tuyo
se ensancha se comienza se termina
el agua el jabón las olas la eficacia del reloj
la comprensión de los otros la experiencia en seco
la confusión de la carne

Ellas son de todos modos las redes que se estiran
la retórica de la luz sus manos 
se empañan cuando se meten al río incapaz

Ellas son cazadoras de alimento
creadoras de mis fábulas 
y es el aire oscuro quien sale se va
de sus pulmones, están vivas 
en la brevedad de un suspiro
partículas admirativas de este cielo
estamos juntas como un puente
somos la combustión de un pasado
que se deduce durante la primavera


Los buenos rosales tienen los ojos abiertos

                                                  a Mary Oliver

Los rosales del jardín
son como una mano mocha
tienen los dedos como ramas
yo aprendí a cortarlos en mayo
para que florezcan mucho después
se corta se corta se corta
en tiempo y certeza
y quedan las puntas de las ramas 
como ojos las vueltas que pega adentro
la savia las recorren como 
las venas circulares del cuerpo
los pájaros los teros
los colibríes
entienden la forma y la perspectiva
ritualizada en tinta o en flor
en emergencia de la imagen
atacan los insectos las abejas
los colibríes las moscas
se acercan y se llevan el néctar son 
el ruido del arco cuando se dispara la flecha
tira y exhala 
rompe y reniega
corta y gana
los ejércitos rivales de hormigas 
y orugas luchan por comerse todas las hojas
yo mojo el té en una taza 
y veo a la luna que cuelga del techo
es un dragón es un ala
es un pedazo que me falta 
la luna envejece conmigo
sobre las aguas de marzo 
entiendo que el amor es irremplazable 
como las moscas en el mundo
como la fruta en lata de aluminio
que alimentó a los soldados de cualquier guerra
como no se puede aprender a correr 
más rápido de un día para el otro 
como la subversión de las paredes de los muros
las espinas en sus ramas son 
como flechas clavadas en el campo 
después de una lucha medieval 
donde el que gana revisa los cuerpos por tesoros
no existe la norma perfecta del duelo
a veces el cielo también intenta vivir 
los ruidos venusinos se cuelan en el agua 
de la pava y no puedo apagarla
todas las pérdidas son íntimas
livianas pasajeras un tren
sobre vías curvas que te dejan cerca 
como los gestos únicos 
como tejer para borrarte de tu isla
como plantar rosas en tu jardín para aparecer 
como destruirme un poquito para renacer de vuelta
como los arqueros que apuntan 
a los ojos de las bestias que cazan o 
al corazón del guerrero que odian
pero que van a extrañar luego de muertos
porque sin rivales no hay nada 
el camino de la aventura es sutil
si me quedo en el ayer no habrá mañana
tenemos ojos para siempre hasta 
que se apagan tenemos manos
para siempre hasta que se apagan 
tenemos pantalones de jean y bolsillos 
llenos y abiertos a la luz y a la noche sin estrellas
las colas de los ratones se esconden luego
arreglo el jardín las rosas el té las rosas
combato las hormigas con veneno
clavo la pala en la tierra el rastrillo
no necesito de ningún milagro
barro el patio consumo luz y te pregunto
¿te acordás de los leones en savannah?
¿te acordás de las hormigas en tu jardín?
¿te acordás que ya es tarde?
pero porque es tarde ya no hay apuro
si ahora las rosas de los rosales del jardín 
ya pierden sus pétalos por el calor 
del verano el viento el tiempo las manos
si ya se quedan vacías las espadas
entonces es porque tuvieron algo
mi cascarón alguna vez estuvo lleno
mi taza de té todavía tiene algo adentro
esta mañana esta tarde este día 
hay oscuridad y hay una sábana amarilla
colgando de la soga de mi patio
como un dragón 
como un dios 
un fantasma 
un espíritu del mal

Noelia Torres (Buenos Aires, 1983)

Esta es finalmente mi rabia,
Halley Ediciones,
Buenos Aires, 2021











Foto: Gentileza de la autora

sábado, noviembre 13, 2021

Lucas Margarit / De "Telesio"



Parte I
Telesio, Bernardino Telesio (1509-1588)

Telesio asume su ignorancia

I

ahora
no voy a hablar
de las flores
que colgaban quietas
en los jardines
perdidos de la segunda babilonia
ni de las piedras que sujetaban
el otro sol con que alumbrabas las tinieblas

sólo apoyaré mis manos sobre 
tus manos
para darnos cuenta de nuestro sacrificio

II

no voy a hablar de la estrella
que observo caer en otro precipicio

cuando la tierra roza el agua y el invierno
se adormece entre los hongos

no voy a hablar de la materia que reduce todo argumento
sobre el índice, dios o la palabra
ni de la arena que reduce todo a un solo recorrido

III

ahora
no escribo sobre dios ni sobre la muerte de dios
sino sobre el movimiento y la materia
en el posible vacío que habita en el espacio
y descubro que soy el tiempo
y el recorrido cerrado de un planeta
que me dejará ciego antes de llegar al bosque que nos oscurece

ahora tu cuerpo es el alma de mi cuerpo


Parte II 
Telesio (nuevamente)

I

si pongo una célula en un calidoscopio
se desintegra para ser el átomo del destierro

en un calidoscopio
una célula azul como el cielo que protege el límite
entre el aire y el viento
y entre la selva y la pradera

cuando Telesio observa a través de esos cristales
con borde de óxido
se desintegra la célula para aparecer
nuevamente entre el fuego y su naturaleza

ahí, en ese linde estaba la razón
entre la niebla y su templanza

II

dejo sobre la mesa
semillas, semillas rotas
de limón, de manzanas que se pudrieron
en el bolsillo.
en la mesa las semillas
de mirto y de sésamo como
flores que verán el mundo y la ciudad caer
y quebrarse y pudrirse
sobre las hojas secas y los huesos de un pájaro

III

UNO es el número de la desesperanza.
el número que reúne la imagen de dios
con la figura del agua
es la cantidad de océanos unidos debajo de las islas y de los bosques
el número que has elegido para triturar y recobrar
no es el siete que se desploma como un cuerpo de madreselva
ni es el otoño donde se reúnen todos los acueductos de tu infierno
es siempre el uno,
cuando ya no podemos creer en la mañana
ni en la última pesadilla de un sol alumbrando esa mañana
es el número más opaco de la cristiandad y del mundo natural
de los mortales

Lucas Margarit (Buenos Aires, 1966)

Telesio, 
brevvisimo tratado sobre el asombro.
Leteo,
Buenos Aires, 2021

Del Posfacio de Adalber Salas Hernández: "En este volumen de lúcido poemas, parcos y afilados, Margarit no pretende convencernos de que es Bernardino Telesio [Cosenza, Italia, 1509-1588] quien habla; antes bien, permite que su escritura sea permeada por el pensamiento y la vida de Telesio, para ingresar así en nuevas regiones, para conquistarle algo de terreno a lo que resta por decir."



viernes, noviembre 12, 2021

Pablo Antonio Cuadra / De "El jaguar y la luna"



Jeroglífico en la pared de un templo maya

¿Soy, acaso -como el Maya-
            la blanca
            esbelta
            intacta
            ruina
ahogada por el tiempo
            o soy
       ese verde fervor
que oculta templos
            vacíos
        y ciudades
dulcemente perdidas?
            En el glifo
         del puro existir
             mis signos
      vienen del olvido
    y van a lo inefable


Interioridad de dos estrellas que arden
                     ´
                                 A Mario Cajina Vega

Al que combatió por la Libertad
se le dio una estrella, vecina
a la luminosa madre muerta al alumbrar.
-¿Fue grande tu dolor? -preguntó
el Guerrero.
     -No tanto como el gozo
de dar un nuevo hombre al mundo.
-¿Y tu herida -dijo ella-
fue honda y torturante?
                     -No tanto
como el gozo de dar al hombre un mundo nuevo.
-¿Y conociste a tu hijo?
                     -¡Nunca!
-¿Y conociste el fruto de tu lucha?
                                  -Morí antes.
-¿Duermes? -preguntó el Guerrero.
-Sueño -respondió la madre.  


En el suburbio se recuerda a Rubén

Recojo una tuerca
-porque hay muchas-
¡más que espigas!
y un hueso
-porque hay muchos-
porque
hay muchos
entre los desechos de la industria
-Debes sentirte profeta
me dice el recién graduado
     en Business Administration
pero el lago oscuro
sus aguas gruesas
     mueve
envenenado.
-La palabra es número dice
                         mientras los niños
                         buscan desnudos
                         en el hediondo detritus. 
                          -Delicadezas
oprimieron el corazón de tus semejantes
Ahora ya estás libre
                    y vuelvo
los ojos cuando los niños gritan
                    y levantan
                    (no sin esfuerzo)
del fango
el pesado cisne muerto. 

Pablo Antonio Cuadra (Managua, 1912-2002), "El jaguar y la luna", 1959, Obra poética completa, volumen III, Libro Libre, San José, Costa Rica, 1984. Se puede ver versión en PDF


Foto: Altazor

jueves, noviembre 11, 2021

Giorgio de Chirico / Una noche



La noche última el viento silbaba tan fuerte que creí que iba a derribar 
las rocas de cartón. 
Mientras duraron las tinieblas las luces eléctricas 
Ardían como corazones 
En el tercer sueño desperté cerca de un lago 
Donde venían a morir las aguas de dos ríos. 
Alrededor de la mesa las mujeres leían. 
Y el monje se callaba en la sombra. 
Lentamente crucé el puente y en el fondo del agua oscura 
Vi pasar lentamente grandes peces negros. 
Súbitamente me encontraba en una ciudad grande y cuadrada. 
Todas las ventanas estaban cerradas, por doquier silencio 
Por doquier meditación 
Y el monje pasó aún por mi lado. A través de los agujeros de su 
silencio podrido vi la belleza de su cuerpo pálido y blanco 
como una estatua del amor. 
Al despertar la dicha dormía aún cerca de mí. 

Giorgio de Chirico (Volos, Grecia, 1888 - Roma, 1978), Versiones del surrealismo, Tusquets, Barcelona, 1974
Versión de César Moro
Envío de Jonio González


Foto: Giorgio de Chirico, 1936 Carl van Vetchen/ Punctul pe Cuvant

miércoles, noviembre 10, 2021

Cesare Pavese / Paisaje III




Entre la barba y el solazo, la cara todavía pasa,
pero está la piel del cuerpo, que blanquea temblorosa
entre los remiendos. No basta la suciedad para taparla
en la lluvia o el sol. Aldeanos renegridos
lo han visto alguna vez, pero la mirada insiste
sobre ese cuerpo, camine o se abandone al descanso.

Por la noche, los grandes campos se funden
en una sombra pesada que ahonda las hileras de viñas
y las plantas: sólo las manos conocen los frutos.
El hombre andrajoso parece un aldeano en la sombra,
pero rapiña todo, y los perros no lo sienten.
Por la noche la tierra no tiene más patrones,
sino voces inhumanas. El sudor no cuenta.
Cada planta tiene su frío sudor en la sombra,
y no hay más que un campo, para nadie y para todos.

Por la mañana este hombre harapiento y tembloroso
sueña, tendido junto a un muro ajeno, que los aldeanos
lo persiguen y quieren morderlo, bajo el solazo.
Tiene una barba goteante de frío rocío
y entre los agujeros, la piel. Llega un aldeano
con la azada al hombro y se seca la boca.
No lo esquiva siquiera, sino que lo pasa sin pisarlo:
uno de sus campos, este día, necesita su fuerza.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, Italia, 1908- Turín, Italia, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Trabajar cansa. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, Griselda García Editora, Del Dock, Cartografías, Buenos Aires, 2018
Versión de Jorge Aulicino


Foto: s/d

Paesaggio III

Tra la barba e il gran sole la faccia va ancora,
ma è la pelle del corpo, che biancheggia tremante
tra le toppe. No basta lo sporco a confonderla
nella pioggia e nel sole. Villani anneriti
l'han guardato una volta, ma l'occhiata perdura
su quel corpo, cammini o si accasci al riposo.

Nella notte le grandi campagne si fondono
in un'ombra pesante, che sprofonda i filari
e le piante: soltanto le mani conoscono i frutti.
L'uomo lacero pare un villano, nell'ombra,
ma rapisce ogni cosa e i cagnacci non sentono.
Nella notte la terra non ha più padroni,
se non voci inumane. Il sudore non conta.
Ogni pianta ha un suo freddo sudore nell'ombra
e non c'è più che un campo, per nessuno e per tutti.

Al mattino quest'uomo stracciato e tremante
sogna, steso ad muro non suo, che i villani
lo rincorrono e vogliono morderlo, sotto il gran sole.
Ha una barba stillante di fredda rugiada
e tra i buchi la pelle. Compare un villano
con la zappa sul collo, e s'asciuga la bocca.
Non si scosta nemmeno, ma scavalca quell'altro:
un suo campo quest'oggi ha bisogno di forza.

Poesie, Mondadori, Milán, 1969