Mostrando las entradas con la etiqueta Poesía argentina 1970-80. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Poesía argentina 1970-80. Mostrar todas las entradas

lunes, marzo 31, 2025

Liliana Ponce /Poemas





Horizontal/Vertical
11
Como una ilusión, así como hablo y siempre que se habla.

Esta tentativa se disipa,
asciende con pasos lentos
haciendo nacer un conjuro semejante a ese hilo temido
sobre algunas omisiones y la transición.

La idea se desvanece detrás del vidrio del ojo,
atravesando reflejos recíprocos,
extendiéndose sobre la corteza aérea del placer
hasta la visión del deseo.

A mí
y a todo lo que uno
fuera de sus garras, de su hambrienta torre,
donde el polvo viene de la noche
a posarse sobre la piel,
ella arranca estas escamas
situadas en un cuerpo que no distinguiría,
estas escamas de mi aspecto actual,
cuando nado y me deslizo entre paredes de nieve.

Exposiciones
8
III
Mares infinitos.
En los bordes, el pensamiento levanta su espiral de hielo.
La araña acecha bajo la lámpara andrógina
Hay un silencio de mármol en la extensión de las cenizas.

Monólogos que fluyen.
Frases tomadas, redes vegetales
que absorben toda forma flotante.
Hebras —palabras en los orígenes del placer
apartando obstinadamente vidrios, reptiles,
cubriendo las esferas nocturnas.
Hombres gusanos viven al abrigo de la ausencia,
a sus propios ojos desaparecen.

Composición (1984)

Urbs dixit

Esperaba una llamada cuando
en pleno Buenos Aires fueron liberados
y desapareció todo vestigio
—proverbial astucia.
Brotaron los temores
(a veces conviene callarse).

A la misma hora y a metros del lugar,
recolección de basura,
máquinas tragamonedas
y en esos paseos, tolderías y colchones,
juegos, bancos, cestos, bebederos,
vecinos que venden sus propias pertenencias
y sueñan con volver al empleo
—una emoción social,
una emoción ligada al propio yo.

La noche avanza en el bar:
dos voces para respirar otro aire.
El país de donde había salido
ya no existía
—existe sólo en el pasado
(está en la mira, aguarda).

A la misma hora y a metros del lugar,
sobre el caracol del paso a nivel, rezaron,
y un tren aminoró su marcha.

Soportar demoras o no poder viajar,
o hacer una huelga, cortar un puente.
Una fuerza fuera de control:
con guantes y uniformes desfilaron
en la calle peatonal
paralela al muro de ladrillos.
Brotaban los temores
—la violencia es hija de la violencia.

Paseante y Huésped (2016)

Liliana Ponce (Buenos Aires  1950) " La intención y el azar"  Op. Cit.,  entrevista y selección de poemas de Silvana Franzetti, marzo 23, 2025

---

martes, marzo 25, 2025

Ricardo Zelarayán / Pioja



Rezongado rezongo de palabra renga. Pelo y barro.


La horca... limpita. La horquilla puñalea seis veces por vez.

Puñaladas finas, bien clavadoras...¡Y a la puña!


Arado entierra y desentierra. Peine grueso y fino, suave y

liendre, piojo nomás. No saltona pulga. Roña y sangre.

La piedra aguanta, aguantaraz.


Madera, ¡já! Madera y avispas clavadoras. Una siesta basta.

¿Seguro? La carne sin revés se las arregla. Cae una gota loca.

Dos, tres... A la baba nomás mientras el río corra.


Ricardo Zelarayán (Paraná, Argentina, 1922-Buenos Aires, 2010),Roña criolla, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1991

---

miércoles, marzo 12, 2025

Rolando Revagliatti / Dos poemas




Quiero escribir


Papá
        quiero escribir
un libro lúbrico
                         obtuso
                                    alucinado
un libro que falte no escribir
el más atroz
más mal no escrito
ni siquiera
                 un poquito.


*


Rubia en movimiento


Aparece y desaparece
                                   rubia de verdad
te encuentra en su libreta
y llama por teléfono
                                cuando ya la olvidaste

viene y no viene
es detenida, pero se va
se deja retener huyendo
equidistante y cariñosa

te exige que la quieras
mientras la querés
te hace dudar
que es lo que precisa creer que advierte
para disparar
para arrancarse de vos
insostenible
                   tibia
                          disgustada.


Rolando Revagliatti (Buenos Aires, 1945), de su libro Obras completas en verso hasta acá, 3a. edición, 2022. Descarga gratuita

---
Foto: Gentileza del autor

martes, febrero 18, 2025

Alicia Silva Rey / Dos poemas



La copa de cristal
Disonancias
/
Theodor A.*
anticipa
los aportes
de la biología molecular
al desempeño
de un ciborg artista:



en la soledad y el aislamiento
el compositor cumple
las demandas sociales

la soledad

la soledad habita
las células más íntimas
de los problemas técnicos


* Theodor W. Adorno.


Tal como el interior de una catedral vibra y concilia

Ahí prietos y en fila india bajo los grandes
archipiélagos de luz;
no luz y más más luz sino
toda la luz en parcelas de luz.
No era sino re-conocer y vibrar.

¿Desde dónde? No sé, no sabíamos.
Era parecido a recordar y enlazar
no como verbos sino como
cantares:

Ariadna recobrando su hilo de manos de Teseo,
Rose pudiendo sostener hasta ser rescatados con vida, la mano de Jack Dawson luego del hundimiento del Titanic
ah,
y la cesación del dolor

¿Qué dije? Dije
aplazamiento, introspectiva del dolor.

Alicia Silva Rey (Quilmes, Argentina, 1950), "La copa de cristal, 7 poemas inéditos", Op. Cit. 31 de enero de 2025

---
Foto: Alicia Silva Ray/Facebook

miércoles, enero 08, 2025

Osvaldo Andreoli / Coming home


Es normal el vuelo de la mariposa
espejan rieles verdes sones
desdoblan autopistas se desfilan
en cinco puntas érase un estrella
a desplegar amar ennoblecer
hemos crecido sobre ciudades enterradas
huellas gemían a la vista inermes
pero fraguaron los testigos  

No copiar es la hora del dictado
aprendimos a doler de la margarita
buscamos el trébol de cuatro 
penas torneos jinglespot
mariposas de rutina
sobreagujeros y el pasado
resiste bajo nuestro pie.

En la cúspide lanzaron un olvido
cenizas al tronar en las antenas
que ignoran órganos memoria
de los fluviales lechos derivando
a la erupción de las almohadas:
hemos crecido calcinaciones fósiles
espías del ritual de la mariposa

Osvaldo Andreoli (Buenos Aires, 1944), Poesía de transición, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1986
 ---
Foto: Osvaldo Andreoli / Facebook

sábado, diciembre 28, 2024

Alberto Boco / Dos poemas


Los perros cueteros

     “Mientras buscaba la estrella vespertina en una fría ventana
     y silbaba cuando Arturo derramaba su luz,
     oí reñir a los lobos, y dije: Entonces esto es el hombre”
                                                                       Allen Tate


festejos tradicionales y ellos aparecen
un despertar cuando medra la noche y las explosiones comienzan
andar solos por ahí hasta el ritual de lo que se pudre
y disimular en el ruido y el olor de la pólvora barata
efectos de la temporada…

sucios de arenas el gesto distraído
pelo encrespado como en un enojo
se van amontonando en el andar cansino hasta que lo avivan
donde se junta la presa casi nadie mira
tal vez algún chico que adivina y alguna mirada
otra porque intuye
gesto veloz de repente contra el estampido
fuego en la boca y otra vez hacia allá
lejos

qué canta en el fuego y el humo en el chasquido
como rama reseca que se quiebra cada vez
qué canta en la sangre y en la carrera de súbito despierta
y vos que los mirás como se mira el amor
esa química orgánica con ropa de ternura
mirar que no se nubla en el farolero simular de la época
quién sabe qué piensa —decís
detenido ahora en el alto de la mañana
como sombra contra el moverse del mar
ahí las nubes coloreando como si vos y yo no supiéramos
que nada de todo eso es intención mientras ellos están ahí
con esa cosa que raspa como espera debajo de la sangre
cada estallido que apure la caída
del que no mira duerme y se divierte mientras
ellos con la traza del viejo mapa y el ojo que parece apagado
pero detrás de la mirada esa sombra
que apenas campea                         sabe y espera
desde lejos y a su modo
sabe y espera
siempre
desde bien allá

                                                         Para Pugnax

Los perros “cueteros” y otros abandonos; 2011; inédito; Letralia, 22 de julio de 2022

 
Modos de ver

… sobre un techo de cualquier ciudad
un gato se funde con su sombra
sigue con la mirada el planeo del rapaz
que hace su sombra en otra parte
sin saber si hay un resto que flota
o amenaza entre la cosa y su sombra
el gato ya no está y el pajarraco
se perdió de vista en lo alto
no queda un vibrar en el aire
o alguna señal de lo que pasó
en una calle de Lisboa un gato y su sombra
se mueven por el empedrado
y un hombre con los ojos de otro
lo ve pasar y no se distrae
sigue con sus pensamientos
hay algunas nubes en una tarde de sol.

Nagari Magazine, enero de 2022

Alberto Boco (Buenos Aires, 1949)

Más poemas de Alberto Boco en Letralia, Inmediaciones, Revista Triplov, Eurasia
---
Foto: Alberto Boco, librería El Jaúl. Buenos Aires, diciembre de 2024 

miércoles, diciembre 18, 2024

Arturo Carrera / De "Fastos"


Cuesta creerlo.
Cuesta creer que una sensación se comporte
inhumanamente;
que una sensación sea una piedra,
crezca imperceptiblemente, como las piedras,
como las formas
en el estilo de las piedras.

Cuesta creer en el "estado" del poeta.
En sus aserciones y en las imágenes que a veces
confusamente imita;

¿dónde está la evidencia de su verdad,
la continua animación y movimiento
del deterioro o crecimiento
de su estilo?



Dornkirk: rara vez la televisión
con la cara pegada a la armadura te pide: ¿activás el robot?
A través del arco gótico (dos manos que a fuerza
de estar juntas lo hicieron) pasa un camello.
Y los Tres Reyes Kanzaki: Chabón, Minita, Traba.
Y la cometa queda,
como mancha de aceite
dorado en el cielo...

6 de enero.
la miniserie, la minifábula,
la minichica, el minicabro.

Y que yo escriba y no entienda,
que sueñe y no viva,
la a, la e, el leopardiano apelotonamiento de vocales.
Abuelo, Abuelo, papá, Papa.

Arturo Carrera (Coronel Pringles, Argentina, 1948), Fastos, Hum, 2010

---
Foto: MALBA

martes, diciembre 10, 2024

Tamara Kamenszain / Tres poemas




Envuelta en ropa sucia que te dejo
me dejo ir subida a tres saludos
familia mía ustedes me retornen
amiguen ese andén hasta la casa
qué rieles toquen vidas paralelas
qué vidas cruz en señas de los trenes.
Somos cuatro. Dos (por cuatro)
en la rosa de los vientos
a la luz cardinal de nuestras noches
brillamos más, fugaces
multiplicados todos por la espera.
Quien se va prendiendo del que queda
una moral, un guiño de linterna a
campo abierto arrastra su valija.
La cargo sola. Pido mi descarga:
desde atrás, escudo de la muerte,
brazos cruzados de mi abuela
en candelabro.

Vida de living, 1991


Otra vez en el bar de las mujeres
me tomo la copa del olvido.
"El tango es macho"
cantan mis amigas
pero según el tango
ellas son musas tristes
o se ven
como muñecas marchitas
de vodevil.
Y a juzgar por mí
(gran olvidada de mí)
no sé si nosotras ahora
formamos una orquesta 
             de señoritas
o sin son ellos muchachos de antes
los que ahora tocan de oído
nuestro repertorio
mientras nosotras
antes también pero de apurar la copa
ya entonábamos mal.

Tango Bar, 1998


Antepasados

¿Adónde van?
Me voy con ellos desciendo de mis hijos
hasta donde quieran llegar astros rodantes
si a la hora del nacimiento calcularon ascendiente
no lo abandonen más.
Desde el Mar Negro hasta el Estrecho
se naturalizan conmigo de mí vienen
chicos de apellido descompuesto
viajando para ser argentinos
inmigrantes por vomitar en cubierta
dados vuelta nos vuelven a nosotros
como vinilo rayado de beatles
de Rusia para acá
y de aquí a la URSS que fue
dueños de un desierto que avanza
bisabuelos de la nada.

El ghetto, 2003

Tamara Kamenszain (Buenos Aires, 1947-2021), La novela de la poesía. Poesía reunida, Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2012

---

sábado, noviembre 23, 2024

Constantino Mpolás Andreadis / Zapatero remendón, 15


Carece de anillo

carece de anillo
pero no de sombrero
su cuerpo es redondo como un fruto
como una primavera al pie de un volcán
como el borde de un pájaro
cuando vuela como ella
o sea
como un pañuelo
donde los dioses se cultivan como plantas 
    que han perdido sus uñas
y ella es delgada y alta como el bronce
como una caja de dominó
las 28 fichas del juego
revueltas boca arriba unas del revés las 
    demás
como si todas fueran ella
es más
como si fuera un hombre
porque los dioses no tienen sombra ni
    sombrero
ni agallas ni medallas
y se alimentan de los resucitados
de las corbatas voluntarias y los zapatos
    negros
un dios no es otra cosa que un paraguas
    roto
y el hombre no es un paraguas ni un dios
y esa mujer es hermosa como su reflejo en
     unos ojos muertos
y esos ojos continúan abiertos mientras ella
     se peina con la eternidad de una rosa
y sus cabellos son efímeros pero sus
    ademanes son de oro
y si nos mirara dos veces nos duplicaría
y si nos mirara tres veces nos derrumbaría
    como un himalaya o una madre
y tendríamos piedras y gaviotas y otras falsas
    herencias
y volveríamos a inventar nefertiti
y nos esperarían con cebollas y travestis
y nos encogeríamos de hombros
porque cómo podríamos olvidarla
sin seducirla previamente con una pecera o
    un dedal

Constantino Mpolás Andreadis (Buenos Aires), Literatura Constantino, 29 de julio de 2012

Más poemas de Constantino Mpolás Andreadis en Otra Iglesia Es Imposible
---
Foto: Constantino Mpolás Andreadis, Facebook, 10 de julio de 2016

viernes, noviembre 22, 2024

Luis O. Tedesco/ De "Sangre subjetiva"


Dejala ir, no se te ocurra
untar la herida, desinfectarla
con pomadas y teóricos plumajes,

ni lavar con meadas evangélicas
el flujo salvaje de su nadie,
ese que raspa, muerde tu nirvana.


*

Dejala ir, no la conjugues
en el sibil sin aire de tu mímesis,
¡ese orden que la matrícula pondera!

Es vozarrón, oxígeno de pampa,
simún en tu temblor en cautiverio,
¡esa matriz de muerte que nos urge!


*

Dejala ir, aunque chueca, medio tarta,
se manca tribunera vayejiana
en albores sin madre de la imagen.

Va donde no va, su espuma
cavila en los suburbios de la mente
sin dios, sin aire, sola con su tripa

va donde no va el fajo misionero.


*

Dejala ir, no siempre es gentil
su manar de borrasca, su dación
de pavor sopleteando en el cerebro.

Sus minúsculas lidian entre sí,
buscan el palo mayor, la constancia
de fazer entreveros de limpieza.

*

Dejala ir, la oscuridá,
el quieto baldosón de las palabras,
sin sonido, sin pose de oración

o anatema, sin discurso
de ménades piafantes, sin herida
donde saciar sus venas invisibles,

quebranto de no ser de la materia.

Luis O. Tedesco (Buenos Aires, 1941)

Sangre subjetiva
,
Cartografías y
Ediciones La Yunta,
Buenos Aires, 2024








---

martes, octubre 29, 2024

Jorge García Sabal / De "El fuego de las aguas"



Poema

I

Caen en la tarde pesadas flores amarillas.
Un pez de plata se dibuja en la sombra del estanque.
El día ha crecido.
Un tenue centelleo del cielo hiere
El próximo sueño.


II

El muro es alto, y el follaje abarca el paisaje.
Inclinado sobre la frente destrozada de la noche
Tus ojos aguardan, tu oído piensa.
El delgadísimo hilo de la página blanca
Quiere encontrar su canto: tu error, tu deseo, tu nada.


III

El pájaro vuela desde su más honda frescura.
El pájaro dibuja signos: sobre el cielo, entre las ramas,
En la tierra.
Su arrojo no es libertad, ni esperanza, ni anhelo.
Pero canta, cautivo de su luz,
Dueño misterioso del quejido del alba.


IV

No es tu no estar. No es tu ausencia
(Esa transfigurada sombra que la aguja
de los días siembra y borra). No es la memoria.
Si no es el peso de los muertos que soy.
De los que he de ser aguardando tu sombra.


Territorio

Lo que surge. Lo que se alza. Aquello
Que la noche no cambia ni la vigilia
Adormece. Esas vivas banderas heladas
Persistiendo en el fuego del corazón.

Lugares. Espectáculos de la íntima pobreza
Que socavan y ambulan los labios de la dicha.


Ciudad sueña

El pensamiento hace dibujos en el agua
La memoria tiende a un espacio vacío y de esplendor
El lenguaje es un lugar
                      esperando la música del vacío
                                 el paisaje del agua

Jorge García Sabal (Balcarce, Argentina, 1948 - Buenos Aires, 1996), El fuego de las aguas, Ediciones Botella al Mar, Buenos Aires, 1979

---
Foto: Gentileza de Enrique Solinas

miércoles, octubre 23, 2024

Alicia Silva Rey / Señales de advertencia en ofidios



[Notas sobre un jardín en crisis] 1

Yo quería inventar.
¡Todo estaba inventado! 

serpientes, veneno, coloración, sonido, 
futurología, debates, jet lag

Todo estaba en las antiguas permutaciones,
en los conceptos mismos
de exterminio y salvaguarda
y consunción de una presa:
la delgadez, la anchura, el reverbero,
una coloración distintiva, 
olores o sonidos,  
un sistema conductual de defensa 
secundariamente adquirido.

La peligrosidad de una presa precede 
al desarrollo de la señal de advertencia.
¿ La peligrosidad de una presa precede 
al desarrollo de la señal de advertencia?

Todo estaba inventado,
sellado, inventariado:
la biosfera, los amuletos, el vino, 
la tierra plana, las larvas, 
las dominaciones, el fervor,
las presas peligrosas crípticas y conspicuas,
los depredadores que aprenden 
a evitar más fácilmente a las conspicuas.

Yo quería inventar no sólo el psicoanálisis,
no sola;

no sólo las artes comparadas,
no sola;

no solo la selección de parentesco 
(no sola) 
en la que las interacciones mutualistas 
entre individuos emparentados 
modifican la frecuencia genética 
para la clasificación de las señales 
de carácter honesto.

Yo quería inventar
no sola: 
la señalización, los códices, los códigos,
la imprenta, el software, los hardware
cualquier tipo de señalización:
el color en las serpientes de coral
u otra, estratégicamente costosa
en el sentido de requerir
gasto de producción o mantenimiento
como el cascabeleo en crótalos

o bien
una combinación de ambos tipos de señalización,
digamos, la intensidad de la coloración 
en ranas arlequines. 

Todo estaba inventado.

¡Nada quedaba ya por inventar!

Todo a punto
para el aprendizaje memorable
por parte del depredador.

Todo a punto de estallar, procrear,
intervenir modificadores de experiencia, 
a punto, insisto, de malversar
la eficacia de un sistema
por ejemplo:

¿qué hacer ante 
la inmadurez o
la inmunidad co-evolutiva 
entre un depredador,
la intensidad de la señal de advertencia
y la variabilidad de grado
entre toxicidad o peligrosidad de las presas?

¡Todo estaba inventado!

las cucharas bermellón, los crespones,
las cabinas aeroespaciales, 
la radiación intramolecular,
la experiencia predatoria y psicológica de un depredador
y con ello la credibilidad de una señal, 
¿no cierto?

2022

[inédito]

Alicia Silva Rey (Quilmes, Argentina, 1950)

---
Foto: Alicia Silva Rey / Facebook

martes, septiembre 24, 2024

Eduardo Dalter / De "Semeruco"


Lecuna y Baralt

Desolaciones, nuevos paisajes, cielos tórridos
mientras el autobús avanzaba por la autopista
bajo los altos reflectores de luces amarillas,
próximo a entrar a la terminal, seguro semidormida.
Entonces, recuerdo, pensaba en mi madre
y siempre en las calles de mi país muy lastimado.
Tomaba un café o dos, entre mendigos
y noctámbulos, con sus frentes sudadas,
y aguardaba el clarear de la ciudad de mala fama,
sin comprender mucho en dónde estaba.
(Los exilios de alguna forma nos dejan en el aire,
como levitando; ¿en cuál mar desembocará
esta historia que parece sin ley y sin medida?)
La avenida Lecuna, con sus comercios, se extendía
aún en sueños, bajo la mañana que ya se prometía
olorosa a monóxido, a café largo y frituras.


La realidad me escribe

Hay poemas, Lubio, que es mejor no escribirlos;
sería como deslizar la lapicera sobre algo ya escrito
y cuyos signos se fueron arraigando en los años,
no con vocales, consonantes, sino con aires, voces...;
estaríamos haciendo una copia, o un intento
de copia, que nunca podría ser sino un agregado.
La realidad también escribe sus poemas en nosotros
hondamente, como si fuéramos una pizarra o un papel
repleto de caminos y muelles que se fueron dibujando.
A menudo, sobre todo cuando me detengo en los tiempos
(o en sus momentos más vívidos, o entrañables),
yo los leo y releo, no sin emoción y no sin sorpresa.


Entre Puerto La Cruz y Cumaná
Apunte en el autobús

Tiene sus colores y resplandores, y tiene gracia
y aire abierto, pero es dura, muy dura, la vida
en Venezuela, locha a locha, en la costa, la sabana
y los cerros. A veces, todo se borra con un trago,
pero hacia el fondo de la pizarra, alguna letra
a medio borrar y honda siempre queda
como un murmullo o una lágrima de nadie.
Se anuncia en los rostros, en la parada de autobuses
y en las miradas de las mujeres de los pueblos.
Tiene sus colores y tiene, como en un poema
de Palomares, ese sabor a seguir andando
entre parientes, caminos, memorias y sudores
de estos nacimientos silvestres y estas suertes...

Eduardo Dalter (Buenos Aires, 1947), Semeruco. De Güiria a Maracaibo, inédito
Envío de Rolando Revagliatti

---
Foto: Gentileza del autor

martes, septiembre 10, 2024

Luis Benítez /Tres poemas


La bestia de la aurora

El gato perpetuo en la mañana absoluta
está gritando que es bestia de la aurora,
¿y quién oye al mínimo animal que encarna,
sino el árbol de oro a cuyo pie repite,
se desgañita?
Está hecho de animales
como una fábula antigua,
pero ni aquellos frisos  encanecidos
por el polvo donde duermen los imperios,
ni la fresca novia del amanecer alcanzan
para adelgazar el oído que duerme,
que duerme aunque hace mucho es de día.
Brutal sombra que ves
con indiferencia la sombra de tu sombra
y la de todos hundirse lenta como un barco
en el océano que alardea de ser
la única, posible sombra,
como todo lo terrible tú pareces pedir apenas
una caricia inconsciente de lo frágil,
simulas ser un sirviente y eres el amo que distingue
entre el árbol de oro y la raíz,
por siempre hundida en la tierra,
volumen apenas de la sombra.


Catón, el Censor

“Duda como un griego pero actúa como un romano”,
acaba de decir  hace un rato,
perdido entre los pliegues del pasado,
a un niño poderoso que domina
su suerte y la del mundo que lo escucha.
Hace  un rato, apenas: el tiempo es el tiempo  que repite
las voces de Catón y otras maneras.
Sobre el eco del aplauso se ha enroscado la hiedra,
hoy otro Mediterráneo divide la tierra de la tierra.
Pero él sigue envolviéndose en su manto,
victorioso sobre el emperador y los mortales,
huyendo hacia su villa donde el ánfora
y el pecho de dos adolescentes aún le esconden
el peso del papel representado,
las arduas consecuencias para otros
que son la duda griega, quién  y cuándo.


Deja que hable Ezra Pound 

Si no tienes nada que decir cállate
deja que hable Ezra Pound
desde las sombras el espléndido anciano
desde la fina línea de agua
el magnífico anciano
te muestra los genuinos billetes de su fortuna
y todos brillan legítimos peces
de un río infinito que sí
ése nunca se detiene.
Si no tienes nada que decir cállate
los altos caballeros las damas abigarradas
que vivieron y murieron y nacieron por esta sola causa
no pueden tener al lado
el tartamudeo de un enano
la cojera de un monedero falso
que delata que el oro de sus verbos
carece de aquella delgada línea de agua
esa finesse salvaje la impecable mancha
que no adorna la cabeza del animal escrito
-que cruza sólo un instante por el papel-
sino que sale de adentro del animal desfondado
de las vísceras vivas donde corre la sangre real
-ésa de donde proviene el color del colorado-
y palpita afuera como un monstruo de luz
como una imagen sin otra capilla que cada cosa
de cada universo posible e imposible
la que podría muy bien ser adorada
de pie y sin velos sin altares ni nada
-ni siquiera acólitos-
bajo el nombre de nuestra señora de los verbos
nimbada de estiércoles y nervios
de eclipses y novas oh tú
alta y baja sublime maliciosa
poesía que reinas sobre la amplia noche
y el delgado día

Luis Benítez (Buenos Aires, 1956), Lexia, Portal de Poesía

Más poemas de Luis Benítez en Vallejo & Co., Babab, Foja de Poesía
---

lunes, septiembre 02, 2024

Alejandro Pidello / La voluptuosidad de los días



El sol y los perros
las algas negras
el batir incesante del agua entre las rocas
el torrente febril de la piel tensa
y perfumada
de fruta en el recuerdo
del movimiento geométrico
de los distintos soles según los minutos
del viento lento entre las comidas
con vino fuerte y caliente
los dientes sobre los pimientos
asados
las piernas
extendidas y tensas
sobre la humedad invasora
de la lluvia

Alejandro Pidello (Rosario, Argentina, 1947), El diablo in albis, Ediciones Libros de Alejandría, Buenos Aires, 1997
Envío de Jonio González

---

lunes, agosto 19, 2024

Irene Gruss / Fue una fiesta




              Es difícil escribir un paraíso
              cuando todas las indicaciones
              superficiales hacen pensar
              que debe escribirse el Apocalipsis.      
                                                Ezra Pound

Ya no.
Despreocuparse
en medio de plena guerra, cuando
todo era diversión, y pasión,
y era guerra.
Entretenidas anécdotas entre Picasso y
sus mujeres; Gertrude Stein
manejando una camioneta de la
Cruz Roja Internacional, en el paisaje
del frente.
Eluard haciendo el amor en medio de
la guerra: "¿Qué íbamos a hacer?".
Ya no. El amor ahora apenas
sostiene,
apenas descubre,
salva,
corrobora conclusiones, situaciones
tontas.

Irene Grus (Buenos Aires, 1950 - 2018), Diario de Poesía n° 1, Buenos Aires, invierno de 1986
[El mundo incompleto, Libros de Tierra Firme, 1987; Poesía completa, En Danza, 2021]


---
Foto: Irene Gruss, Buenos Aires, c.2014. Archivo del Administrador

jueves, agosto 15, 2024

Alicia Silva Rey / De "La casa"



LA CASA

La medianera como tope del camino de lajas. Alta, blanca, lisa. Se puso de espaldas a la pared, como si primero hubiera tenido que alzarse desde los talones, apoyando luego las plantas de los pies y finalmente las puntas de los dedos en un movimiento que se le antojaba contrario al de la danza, opuesto al equilibrio, deseado. 
Realizó luego la inflexión contraria, puntas, plantas, talones.
La puntada en los huesos, reminiscencia de la infección. 
Palpó con la palma de las manos, la nuca, las pantorrillas, su textura  como si se tratara de un señuelo de otras cosas, “materiales”, se dijo que pensaría, “otras cosas materiales”, como si ningún significante hubiera estado en condiciones de definir aquello para lo cual la textura de la pared se comportaba como señuelo; “materiales” era aludir a la condición de lo viviente pero en su carácter de opaco real impenetrable. 
Opaco real impenetrable, “material”. Como aquello que se permuta por las monedas del sueño, como lo que del sueño no se permuta por nada que no sea esa cosa definitiva “opaca real impenetrable”.
Giró sobre su cuerpo, su casa. Su cuerpo su casa. Su cuerpo su caza. 
Posó la superficie entera de ese cuerpo sobre la pared, ya de espaldas a la casa a la cual, con solo darse vuelta o retroceder desde donde se había posicionado, podía darle alcance.
De espaldas a la verdadera  casa – sujeto- de- la- cosa- material- opaca -impenetrable que tironeaba desde ella hacia ella. 
Si se desprende si 
retoma el camino de lajas si 
abre la puerta cerrada y 
pasa 
al  otro lado 
que la aguarda 
en su concreta causa de imposibilidad –no, no a las alegorías, nada de fábulas-.
El aire cavando el interior de la piedra. El lento estallarse de la piedra en miríadas de partículas pero sin modificaciones externas o visibles; piedra en trance.
Luego cosería con mano impropia aquellas prendas desgarradas. La costura debía corregir y aún reponer las partes ausentes.  Cortar, hundir, coincidir, traspasar. A mano alzada, toda aguja, con pequeñísimas puntadas, lo perdido reaparecía a causa de su costura invisible. La tela de reposición, idéntica  a la que ya no estaba, copiaba y remedaba a la auténtica. Como si estuviera recordando al revés. Alzó la cabeza, la ventana aún conservaba sus colgajos de niebla que no tardaría en evaporar. Como ciertas sustancias de la materia, en su  propio vapor, el  mar sublima. Cosería hasta alcanzar la perfección.

*

AGOSTO, 2014.

Ahí están los benteveos llamando a uno de sus hijitos que ha caído del nido.
La peripecia que sigue es: el pichoncito, de manera proporcionalmente directa a sus fuerzas y plumón, terminará escondido detrás del macetero del helecho más grande. Finalmente, habrá que ir haciéndolo escalar paulatinamente las distintas alturas de los diversos objetos que vayan acercándolo al techo o a algún árbol próximo desde donde los padres puedan remontarlo.
Esto puede durar de uno a tres días.
Si no lo logra, lo sabremos porque, en algún momento de esos tres días, los padres cesarán su llamado. Si lo logra, también voy a saberlo porque la insistencia se multiplicará y no solo los padres llamarán y revolotearán hasta guiar al caído a lugar seguro. Así sucede en la naturaleza. Nadie llora ni se rasga la piel ni pierde su tiempo en lamentaciones. Lo que se llama júbilo.

Alicia Silva Rey (Quilmes, Argentina, 1950), La casa, inédito

---
Foto: Alicia Silva Rey / Facebook

martes, agosto 13, 2024

Raquel Jaduszliwer / Dos poemas



¿Cuál de todas las horas será la hora tranquila?
Al bies de aquellas nubes no se le puede preguntar,
dormidas como están sobre los abedules.

Dicen que cuanto más se aleja el que se aleja,
más se lo sentirá.

Más vibrará esa copa hasta dejar que caiga
el espíritu púrpura que habitaba en ella.

Dicen que cuando se haya derramado el vino,
también se habrá volcado el desenlace.

*

Sí, a derecha y a izquierda cada cosa corría
pero en verdad todo estaba muy quieto:
realidades que parecían sucederse, no sucedían
-atadas a los alambrados que bordean los rieles,
lo que se recorría era un interior, era todo por dentro.

Por fuera, el sol estaba inmóvil como lo demás:
casas, casillas, alguien saludando lejos con una mano 
estática.

Interminable transcurría la enredadera en primer plano,
casi junto a la vía.

Mareaba, cómo mareaba el torbellino de la inmovilidad.

Raquel Jaduszliwer (San Fernando, Buenos Aires, Argentina, 1946), Espigas de los días *, inédito

* XXVII Premio Flor de Jara, Cáceres, España, 2024

---

viernes, agosto 02, 2024

Rafael Ielpi / Un indiano en la corte




a juan josé saer

El avión
ave serena
te alejaba de aquí

Oh dulces días
interminables
en la calma provinciana
tardes en el río
noches en procura
de una efímera aventura
mujeres en el cabaret
esas tiernas mulatas

Tus manoseadas imágenes
los escasos nombres
para recordar
la torpe y tímida mirada
pregustando un asombro
un gesto
una defensa
ante lo desconocido
tus viejos poemas tristes
tus libros
el pequeño nombre
sudamericano
para exhibir como un escudo
como una mueca
como un acalorado
empuje

Tus lecturas
el arsenal de tus días
la torpeza de tus pies
la melancolía de tus viajes

Después
otros viajes
en otras provincias distintas
el tren con su rápido morir
el paisaje
como un desconocido paisaje
las clases
una norma de subsistencia
la memoria
una forma de subsistencia

Los nuevos amigos
con su acento particular
los viejos amigos
sepultados
en las tierras
americanas
con sus sobresaltos ambiguos
su ambigua felicidad
las ganas
de no quedar al margen
las dudas

Las cartas nunca
enviadas
las nunca recibidas
una corriente
que no viene
que no va
un intercambio
de silencios
Los escondidos temores
del regreso
la incomodidad
del destierro

Y las palabras
las empecinadas palabras
que sin embargo
te resguardan
tan fieles
entre Bizancio y París
de la muerte

Rafael Ielpi (Esquel, Argentina, 1939 - Rosario, Argentina, 2024), "Diez poetas del litoral", selección de Noemí Ulla, Crisis, n° 12, Buenos Aires, abril de 1974. Archivo Histórico de Revistas Argentinas

Más poemas de Rafael Ielpi en Otra Iglesia Es Imposible, Barullo, Sonidos de Rosario
---

jueves, julio 18, 2024

Pancho Muñoz / Haiku





Hay muy poco 
     predicado y mucho
sujeto por ahí.

[inédito]

Francisco Pancho Muñoz (Buenos Aires, 1945)


Más poemas de Pancho Muñoz en Otra Iglesia Es Imposible

---
Foto: Pancho Muñoz /Facebook