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viernes, marzo 17, 2023

Daniel Freidemberg / De "Esa materia que se fuga"



He visto a las 
                    últimas grandes manadas
marchar hacia el crepúsculo despacio,
sabiendo, era evidente, la importancia de la escena,

y abrían un gran hueco en el aire, un sitio donde
me senté a mirar
                           el caer de las cosas en el alma,

y era el murmullo de una gran duración,
un brindis, por así decirlo, un silencio entre dos notas,

y era, en el reverso de la hora y el minuto, el estar,
y era el moverse acompasado de los pastos al viento,
y las partículas de la materia, y las galaxias y etcétera.
 
He visto un pentagrama, un mantel a cuadros, un cruce de caminos.


III

He visto libros de historia derogados,
he visto en sueños lo que volvía a empezar,  
he visto en sueños lo que siempre estuvo,

y vi despierto lo que volvía a empezar,
y estar despierto era imposible, y el sueño
ya no era el sueño y empezaba a hacer ruido.

Y oí los ruidos de la ciudad en derrota
y los silencios de los ventiladores rotos

(ruidos, silencios, lo que se rompió, la derrota),

e iban rodando, afuera y adentro, palabras
sabiendo o no la importancia de la escena.

He visto retamas, rajaduras, gurúes de la city.


IV

Me he visto subido al rodar de las palabras,
me he visto subido a las palabras, su speed,
afuera y adentro me he visto, y el alma
otra palabra era, era otra palabra y colgaba
de algo, no sé, como el ruido del tránsito.

Me he visto en el tránsito
(“soy”, me dije, “en el tránsito”).

Me he visto afuera del tránsito y del alma
“¿o no será eso”, me dije, como 
                                  quien se hunde, “el alma?”
Me he visto colgado de esa palabra, “el alma”,
como una música de estar adentro y no.

Y la desidia inmutable del asfalto he visto 
sobre las contradicciones 
                                      de la materia reinar.

Daniel Freidemberg (Resistencia, Argentina, 1945)

Esa materia que se fuga,
Barnacle,
Buenos Aires, 2023








 
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miércoles, abril 20, 2022

Daniel Freidemberg / De "En la resaca", edición definitiva




Julio

Rojo el cartel, con letras (“florida”) blancas
y rojo también el asiento y el
cesto, de hierro, para papeles.
Felicidad del rojo intenso sobre el gris,
un rojo como de sangre, y sobre el rojo el blanco.
Igual que pétalos a punto de marchitarse, rostros
que el tiempo arrastra, como me arrastró
hacia este borde o filo de lo real
donde las cosas pasan
una tras otra, a horarios regulares.

Julio (II)

Igual que pétalos que la corriente arrastra, el siglo,
como los ríos que dan a la mar, me aparta
de lo que fui y seré. 
                          Hacia su fin, el tiempo, en
cubículos iluminados, pasa. Rostros también,

igual que pétalos en la corriente, o almas
rumbo a la mar, que es el morir.


Diciembre

Como quien cierra la puerta
del ascensor, como quien abre
la de la calle, cerré
         la puerta del ascensor,
la de la calle abrí, salí,
la llave aún en la mano
(había ahí un tipo con 
una llave en la mano, era yo),
como quien no tiene
cosa que abrir
              como no sea el aire
recalentado, abrí
sitio en el aire
                   para pasar:
“Laser”, “Junín”, “Marlboro”,
“Hair Technique”, “perfumes”.
Como quien sale
                       de la palabra
para entrar al aire
y eso hay: palabras
detrás del aire,
“Maxim First Pijamas”,
“doce fiesta monos”.

Daniel Freidemberg (Resistencia, Argentina, 1945)

En la resaca.
Edición definitiva,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2022










Foto: Gentileza Ediciones en Danza

sábado, septiembre 11, 2021

Daniel Freidemberg / De "Un hilo naranja"



II

Real es lo
que resiste, hay
un mundo en
el mundo

y un zapato
dos
zapatos
y un hilo naranja

ya sin naranja
ya sin nada que atar.


XXIII

Primer o último sol
en la pizarra falsa
de las cúpulas
unos minutos antes
de lo oscuro, o después.

Como si se pudiera
tocar fondo,
desde el fondo
de la mar del mundo:

rugosidades
de la corteza del plátano,

un cientoquince en
amarillo y rojo
         que pasa
(igual que pasa
-como dicen- todo),

letras
trazando el
horizonte,

flechas que indican
por dónde salir,

ese momento en
que una pantalla
se apaga o se enciende
y otra pantalla y
otra y
         no pasa nada,

lo que, al
plantársele a la luz,
          da sombra,

lo que mueve el tacto.


XXXIII

Y lo que la palabra
“llovizna”
pone a
despertar
ahí en la mente
del que ahora la lee

deseoso de
salir del alma
para estar,
igual que
la llovizna, en
el mundo.

Daniel Freidemberg (Resistencia, Argentina, 1945)

Un hilo naranja
,
Barnacle, 
Buenos Aires, 2021









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martes, febrero 04, 2020

Daniel Freidemberg / De "Abril", 3
















Abril (XXIV)

Los que, esos que
lirízanse,
como sexo a
sí mismos
ante espejo,
los que elevánbase,
los que elabismo,
los que loabsoluto.

¿Y a la hora de
pagar las cuentas, qué?
¿Y a la hora de cobrar?
¿Y a la de lavar
prendas inconfesa-
blemente sucias?
¿Y a la hora de
todo está dicho? ¿A
qué agregar
más ruido al ruido?

¿Y después de
ya sabemos qué cosa,
qué poesía?

Poesía del
todo está dicho, del
no está dicho en
lo dicho, del
no sé. Del
todo está dicho y
qué, del
ruido. De
mirar el ruido y
escribir
atrás o adentro, o
por encima
del ruido, con
ruido, en el
mundo del
ruido, y
qué.

Daniel Freidemberg (Resistencia, Argentina, 1945), Abril, Barnacle, Buenos Aires, 2016

Barnacle - Otra Iglesia Es Imposible - Op. Cit. - Buenos Aires Poetry - Vallejo & Co. - Clarín - 1 Poeta 10 Preguntas - Kriller 71 - Espacio Murena - Eterna Cadencia 
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Foto: Daniel Freidemberg/Facebook

miércoles, diciembre 28, 2016

Daniel Freidemberg / De "Abril", 2















Acá la noche. La
     hilera de luces
de la avenida, atrás,
y acá, ahora, alta, en la
noche, una estrella.
     ¿La misma?

No sé: una es-
trella, al-
go ahí, en
     lo alto
del mundo, en
el mundo,
que brilla,

como si
fuera a irse,
o no alcanzara
del todo a llegar.

Ni la palabra
ni el recuerdo:
una estrella,
tic de luz
puesto, vaya a
saber por
quién o qué, a brillar
sobre lo negro del presente,
y acá el presente, con
estrella y todo.

Estrella y
      todo:
      un gran
telón de escombros
se arrumba al fondo:
ni un comienzo ni un fin.

Miro esa luz que
la palabra “estrella” no toca.

Daniel Freidemberg (Resistencia, Argentina, 1945), Abril, Barnacle, Buenos Aires, 2016

lunes, noviembre 21, 2016

La lira argentina, ¿cómo suena?, 1


Daniel Freidemberg

No sé si alguien está de veras en condiciones de decir cómo es la actual producción poética argentina. Yo, en todo caso, no lo estoy: hablo de lo que alcanzo a ver y, entre lo que alcanzo a ver, de lo que me interesa (pasaron los tiempos en que creía un deber estar al tanto de todo). Y de eso que me interesa puedo decir que, desde hace un tiempo –cuatro o cinco años, tal vez más–, veo aflorar algo así como una afirmación de la singularidad: gente que al escribir se ocupa de hacer lo suyo, sin fijarse en si encaja o no con alguna tendencia, si representa o no a una generación, si expresa o no el espíritu de la época. Lo que, de hecho, implica sacarse de encima una batería de más o menos tácitas interdicciones que, en muchos casos, muchísimos, se habían naturalizado, como si con sólo respetarlas estuviera asegurada la condición de “poeta”: nada de metáforas, nada de inquietud lírica, nada de hermetismo, nada de alterar la sintaxis o recurrir a un léxico o a modos expresivos que no sean los que se usan para hablar por celular o bromear entre amigos, nada de indagación en las posibilidades del lenguaje ni de suponer que las palabras pueden tener otro sentido o más de un sentido, nada de dar importancia al ritmo, la métrica y los elementos sonoros, nada de reflexión intelectual o especulaciones filosóficas o religiosas, nada de dramatismo ni pasión, nada de referencias “cultas” o de atención a la tradición poética, incluso la más próxima, como no sea para burlarse de ella. Exagero, por supuesto, al decir “nada”, porque algo de lo desaconsejado a veces se filtraba, pero más bien eran matices que no afectaban el consenso. No creo ver una ruptura, sin embargo, en el actual desentenderse de aquel consenso, entre otras cosas porque persisten rasgos de lo que se venía haciendo (humor, referencias políticas y sociales, atención a la cotidianeidad y a la información circulante, desenvoltura): no es oponerse a algo, me parece, lo que les interesa a esos poetas surgidos en estos años, sino responder a las razones por las que la escritura de poesía le resulta necesaria a cada uno, que nunca pueden ser para todos las mismas, y aclaro que también percibo algo así en autores que vienen de antes, necesitados ahora, según parece, de encontrar más posibilidades para su escritura. No sé hasta qué punto esto está extendido ni si “marca una época”, pero me llama la atención. Y me alegra.


Daniel Freidemberg  (Resistencia, Chaco, 1945). Profesión: jubilado. Ocupación: escritura de textos de diverso tipo, en general poesía o acerca de la poesía. Afición: poesía, escuchar música, cine en dvd o mp4 o avi, series, webeo por Facebook, lecturas de teoría, filosofía y política, novelas que no se empeñen mucho en “contar historias”, caminatas, viajes (cuando hay posibilidad), cerveza, café, tetris, cuidar las plantas de la ventana de la cocina, nietos, las satisfacciones que permite el sildenafil.
Obra principal publicada: Lo espeso real (1996), Cantos en la mañana vil (2001), En la resaca (2007), Abril (2016).

miércoles, marzo 16, 2016

Daniel Freidemberg / De "Abril"













Abril (XIV)

Había que, dijeron, blindar,
yo lo creí, para escribir, la rosa,
pero al fin blindamos
sitios para escribir, era que el aire
tocaba el nervio, y yo no quise,
no quiero gritar. Escrito en un
Mc Donald’s de barrio: descubrí
la gran pasión, la mayor de todas,
la que se cambia, como el dinero, por todas:
la Indiferencia. Escrito en un Mc Donald’s
de barrio: Indiferencia. No supe, no
quise blindar las palabras:
miren estos agujeros, estos tropiezos, esta confusión.


Abril (XIX)

¿La lírica?, eso que
llaman “yo”,
tomarlo
y arrojarlo a los perros.


Abril (XXIII)

Sobre tu amor y tu
debilidad, cuando avancen
hambrientos los perros,
los ojos rojos de terror,
que se lo coman todo y
acabemos,
una vez y otra vez.

Daniel Freidemberg (Resistencia, Argentina, 1945)



Abril,
Barnacle Libros,
Buenos Aires, 2016






lunes, junio 03, 2013

Poemas elegidos, 4


Daniel Freidemberg
(Resistencia, 1945)

El entierro de los muertos (segunda parte), de Thomas Stearns Eliot
Es, como se ve, la segunda de las cinco partes que componen “El entierro de los muertos”, a su vez primera de las cinco secciones de La tierra baldía, de T.S. Eliot (sigo utilizando ese título para la traducción de The Waste Land, en vez de La tierra yerma, El páramo o algún otro de los varios que se propusieron, porque es el que más se acerca, me parece, a la variedad de connotaciones que tiene el título en inglés, o quizá simplemente porque así me quedó grabado en la mente). No sería exactamente un poema pero tiene una unidad que lo hace recortarse nítidamente en el conjunto del texto, y bien creo que puede considerarse a La tierra baldía como un gran poema compuesto de varios poemas que en su mayor parte también contienen poemas (de hecho, algo así intenté en mi último libro). Y si tanto me importa, es sobre todo por las cinco primeras líneas, aunque también las cuatro últimas siguen estremeciéndome cada vez que las leo, y ni hablar del conjunto, de principio a fin.
Esa frase, “un montón de imágenes rotas donde el sol bate” fue para mí encontrar una clave, algo que me abrió la cabeza y me permitió vislumbrar caminos en varios planos, y en especial para pensar a la poesía y a mi escritura. Estaba en plena elaboración de mi segundo libro, Diario en la crisis, en los últimos años de la última dictadura, pero decir “elaboración” es excesivo: trataba apenas de apuntar lo que pudiera encontrar que tuviera alguna significación para mí, en medio de la carencia de palabras y de posibilidades de alguna “visión poética” en que vivía, como si el mundo fuera precisamente una tierra baldía o yerma. Y sucedió que me encargaron para una revista española una de las consabidas notas sobre “poesía argentina actual” (creo ahora recordar que me la encargó Beatriz Sarlo) y, mientras la iba pensando, me encontré con “El entierro de los muertos”, en la versión de Agustí Bartra, en una brevísima antología de poesía del siglo XX publicada por el Centro Editor de América Latina.
Ya lo había leído, pero al reencontrarlo descubrí, en esas primeras cuatro líneas, lo que necesitaba para la nota: ahí, en un mundo hecho de desperdicios, restos, residuos de algo que fue otra cosa, endurecidos ya y mudos, como de piedra, ¿cómo podía saber uno qué puede arraigar o crecer? ¿qué podía uno realmente conocer de todo eso? Y algo, sin embargo, estaba, sí, ante mí, y de eso tal vez podíamos dar cuenta en nuestros poemas: no el mundo, porque el mundo se había hecho pedazos, sino imágenes del mundo, apenas imágenes, con lo que las imágenes tienen de irreductible, pero a su vez imágenes rotas, ya que no había manera de completar una imagen de nada, y sobre esas imágenes, en medio de la aridez de un gran campo sembrado de residuos, batía indiferente y espléndida la luz del sol de siempre, el del mundo real, indiferente, poniendo todo eso a la vista.
Eso era lo que estábamos escribiendo, pensé entonces, y en base a esa idea elaboré aquel artículo que ya no sé a dónde fue a parar. Hoy no podría volver a decirlo, pero sí, en todo caso, sé que eso era lo que escribía yo. Eso es Diario en la crisis y esa es la base a partir de la cual escribí toda la poesía que produje desde entonces. Al fin y al cabo, el título de En la resaca, mi último libro, surge de un poema que incluí en Lo espeso real en el que miro al mundo como si todas las cosas fueran resaca depositada antes mis ojos al retirarse por un rato el mar del tiempo. Aprender a mirar: no puedo dejar de hablar, una y otra vez, de lo mismo. Así creo que lo sigo mirando al mundo, no siempre, sino cuando consigo apartarme de los vientos de la urgencia o de las visiones consensuadas, para tratar de apreciar algo, y no está nada mal. El sol bate sobre las cosas aunque no sepamos qué son, pero algo son, y eso ya es mucho.

La tierra baldía

El entierro de los muertos

II

¿Cuáles son las raíces que arraigan, qué ramas crecen
en estos pétreos desperdicios? Oh hijo del hombre,
no puedes decirlo ni adivinarlo; tú sólo conoces
un montón de imágenes rotas, donde el sol bate,
y el árbol muerto no cobija, el grillo no consuela
y la piedra seca no da agua rumorosa. Sólo
hay sombra bajo esta roca roja
(ven a cobijarte bajo la sombra de esta roca roja),
y te enseñaré algo que no es
ni la sombra tuya que te sigue por la mañana
ni tu sombra que al atardecer sale a tu encuentro;
te mostraré el miedo en un puñado de polvo.

T. S. Eliot (St. Louis, 1888-Londres, 1965)
Versión de Agustí Bartra

lunes, noviembre 12, 2012

Daniel Freidemberg / Dos poemas



Mayo (II)

Detrás de la ventana, lluvia,
y detrás de la lluvia, música nocturna
                             de bajos eléctricos
como si fuera el fin del mundo.
    Como si fuera el fin de un mundo:
sonidos de una fiesta ajena,
          entre el caer, continuo, del agua,
allá, al fondo de todo, en lo negro.
     Nubes blancuzcas a la mañana en
                                                    el charco, un papel
como crucificado, también blanco, en el gris, viento,
y algo en el viento, o detrás de él, o en la mente
                                                 (ruidos al fondo
de la oscuridad, el caer de un agua), y la luz:
el lento hacerse otra vez del mundo en la luz;
un lento hacerse, otra vez, y el mundo, y la luz.


Noviembre (VII)

El gran cuerpo inocente de mi padre, su
pesadez translúcida, la piel
                         extensa y pálida humillada
por la ciencia médica. Enceguecía el
verano, la basura al costado de los rieles
pugnaba por manifestarse. No hay
                                 cuervos en este paisaje:
cerveza tibia y revistas de fútbol.
¿Pasó algo desde aquellos días? ¿Volví?
Ahora que miro esta planicie del cosmos,
es verano otra vez: motores detrás de la luz, la luz
como si para siempre, como
                                quien avisa “es así” ¿es así?
Soy el que, más papel que carne, gira
dentro de un cubo, ante una ventana. No estoy
                           en esta escena que creció a su modo
entre las ruinas de un planeta ocupado, ¿no estoy?
Papel o carne, me repito, arruinados, tratados mal,
desperdiciados no sé a cuenta de qué (saliva agolpada en
la boca, tensión en los músculos): no el alma, la carne, los
                                                     gestos que me hacen,
fuera de toda razón, de toda belleza, en mi fin.
Alas rasantes sobre un mediodía plúmbeo, palabras.


Daniel Freidemberg (Resistencia, 1945), "En la resaca", Sonidos de una fiesta ajena, Ediciones Ruinas Circulares, Buenos Aires, 2012
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Ilustración: 020608-3-60x60. Foto de Eduardo Grossman

viernes, marzo 09, 2007

Daniel Freidemberg / Dos poemas

Abril (XIX). Sobre las ruinas/ de las co-/ rrespondencias, las/ correspondencias/ de las ruinas, escribo.


Junio (VII) No cuesta nada este dios, no cuesta seguir de largo o no seguir, pasar o no pasar. Por este mundo o por otra parte. No cuesta nada un buda de oro falso, un gaucho esmaltado, un mate forrado en cuero de vaca tobiana, cajitas de no sé qué polvos. 



 Daniel Freidemberg (Resistencia, 1945), En la resaca, Paradiso, Buenos Aires, 2007