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martes, abril 18, 2023

Juan Sánchez Peláez / Mi animal de costumbre



Mi animal de costumbre me observa y me vigila.
Mueve su larga cola. Viene hasta mí
A una hora imprecisa.

Me devora todos los días, a cada segundo.

Cuando voy a la oficina, me pregunta:
"¿Por qué trabajas
Justamente
Aquí?"

Y yo le respondo, muy bajo, casi al oído:
Por nada, por nada.
Y como soy supersticioso, toco madera
De repente,
Para que desaparezca.

Estoy ilógicamente desamparado:
De las rodillas para arriba
A lo largo de esta primavera que se inicia
Mi animal de costumbre me roba el sol
Y la claridad fugaz de los transeúntes.

Yo nunca he sido fiel a la luna ni a la lluvia ni a los
guijarros de la playa.

Mi animal de costumbre me toma por las muñecas, me
seca las lágrimas.

A una hora imprecisa
Baja del cielo.
A una hora imprecisa
Sorbe el humo de mi pobre sopa.
A una hora imprecisa
En que expío mi sed
Pasa con jarras de vino.

A una hora imprecisa
Me matará, recogerá mis huesos
Y ya mis huesos metidos en un gran saco, hará de mí
Un pequeño barco,
Una diminuta burbuja sobre la playa.

Entonces sí
Seré fiel
A la luna
La lluvia
El sol
Y los guijarros de la playa.

Entonces,
Persistirá un extraño rumor
En torno al árbol y la víctima;

Persistirá...
Barriendo para siempre
Las rosas,
Las hojas dúctiles
Y el viento.

Juan Sánchez Peláez (Altagracia de Orituco, Venezuela, 1922 - Caracas, 2003) "Animal de costumbre" (1959), Obra poética, Lumen, Barcelona, 2005
Envío de Jonio González


Foto: Juan Sánchez Peláez (en el primer plano), con la escritora y periodista venezolana Carol Prunhuber y otro amigo. Ocumare del Tuy, Venezuela, 1979 Vasco Szinetar/Carol Prunhuber

viernes, mayo 23, 2014

Juan Sánchez Peláez / Los viejos


No sé si los viejos viven lo inmediato
Sé que quieren huir
como borrachos
y que
agachados
o de pie
advienen distintos
y ocurren puntuales
a la gran cita
en un mar
a la orilla del mar

tampoco duermen
ni están solos
sin embargo
hállanse siempre
están siempre ahí
aguardan calmos
bebiendo leche de cabra
entre amplios
corredores
más arriba de los techos
en una aldea que
pertenece a la luna
o en un hotel de Liverpool

no hay sino instantes
no vengan a contradecirme
mis pensamientos
vanos
hay eso
que sobra
nos falta
y
zozobra

aquello que tú echas de menos
que arde
es joven
y es antiguo
pero
ninguna madre nos habla ya
sino
la puta madre muerte
que come
umbelas    umbrales
cerezos rojos en el patio

cantarían los viejos
pero ellos ocupan un nombre extranjero
sin lugar en el mapa ni en la
geografía

por eso cuando me pesan y
degüellan
a causa del tiempo
también soy de otro rumbo
doy un paso al frente
pruebo el norte con mi nuca
y me asalta abajo
o en medio
del agua que mana sed
el espíritu en vela
de los viejos
que
descorren la enorme cortina
o
quieren trepar
la muralla
hipando rabiosos
guturales o naturales
los jalones sucesivos de una historia
verídica
real
que transcurrió

hablarían o cantarían entonces
si tuvieran timbre de voz
para hacernos humano el nombre.

Juan Sánchez Peláez (Altagracia de Orituco, Venezuela, 1922 - Caracas, 2004), Aire sobre el aire, Pequeña Venecia, Caracas, 1989
Envío de Victoria De Stefano y Gustavo Valle
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Foto: s/d

martes, mayo 20, 2014

Juan Sánchez Peláez / Filiación oscura





No es el acto secular de extraer candela frotando una
   piedra.
  No.

Para comenzar una historia verídica es necesario atraer
   en sucesiva ordenación de ideas las ánimas, el
   purgatorio y el infierno.

Después, el anhelo humano corre el señalado albur.
Después, uno sabe lo que ha de venir o lo ignora.

Después, si la historia es triste acaece la nostalgia.
   Hablamos del cine mudo.

No hay antes ni después; ni acto secular ni historia
   verídica.

Una piedra con un nombre o ninguno. Eso es todo.

Uno sabe lo que sigue. Si finge es sereno. Si duda,
   caviloso.

En la mayoría de los casos, uno no sabe nada.

Hay vivos que deletrean, hay vivos que hablan tuteándose
   y hay muertos que nos tutean,
   pero uno no sabe nada.

En la mayoría de los casos, uno no sabe nada.

Juan Sánchez Peláez (Altagracia de Orituco, 1922, Venezuela - Caracas, 2004), Filiación oscura, Editorial Arte, Caracas, 1966
Envío de Gustavo Valle

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Act. dic. 2020