lunes, julio 31, 2017

Giovanni Raboni / El departamento
















1
Pasa, dicen, los días
con el piyama puesto, una bata. A quien
le aconseja salir, moverse, de otro modo
los músculos, a su edad, se atrofian, las articulaciones
se bloquean, responde
con una dulce, lenta sonrisa.

2
Caverna, bunker, mucosa,
desempolvados libros que nadie
leerá ni desordena,
gran pantalla milimetrada de la concentración,
de la introyección -¿debería
apagarla, vestirse, exponer los huesos
al aire confuso, cargado de polen?

3
Va despacio hasta la ventana
a ver si todavía nieva, si continúa
en la oscuridad luminosa, allá afuera,
el infantil desastre del mundo.

Giovanni Raboni (Milán, Italia, 1932-Fontanellato, Italia, 2004), A tanto caro sangue, Mondadori, Milán, 1988
Versión de Jorge Aulicino

Ref.:
Italian Poetry
Un posto di vacanza


L'appartamento

1
Passa, dicono, le giornate
con addosso un pigiama, una vestaglia. A chi
gli consiglia d'uscire, di muoversi, altrimenti
i muscoli, alla sua età, si atrofizzano, le giunture
si bloccano, risponde
con un dolce, lento sorriso.

2
Caverna, bunker, mucosa,
spolverati libri che nessuno
leggerà né scompiglia,
grande schermo millimetrato della concentrazione,
dell'introiezione - e dovrebbe
spegnerlo, vestirsi, arrischiare le ossa
nell'aria confusa, piena di pòlline?

3
Va piano piano alla finestra
a vedere se nevica ancora, se continua
nel buio luminoso, là fuori
l'infantile disastro del mondo.


domingo, julio 30, 2017

Hilda Doolittle / De "Tribute to the Angels"















[I]

Hermes Trismegisto
es el patrono de los alquimistas;

su campo es pensamiento:
creativo, ingenioso y curioso;

su metal es mercurio,
sus clientes: oradores, ladrones y poetas;

roba entonces, oh orador,
desvalija, oh poeta,

toma lo que la iglesia antigua
encontró en la tumba de Mitra,

cirio y escrituras y campana,
toma aquello sobre lo que escupió la nueva iglesia

y rompió y destrozó;
junta los pedazos de esquirlas

y tu fuego y respira,
disuélvete e intégrate,

re invoca, recrea
ópalo, ónix, obsidiana,

ahora desparramados entre los fragmentos
que pisan los hombres.

Hilda Doolittle (Bethlehem, Estados Unidos, 1886–Zürich, Suiza, 1961), "Tribute to the Angels", 1945, HD Trilogy, Carcanet, Manchester, 1973
Versión © Silvia Camerotto

Ref.: Poetry Foundation


[I]

Hermes Trismegistus
is patron of alchemists;

his province is thought,
inventive, artful and curious;

his metal is quicksilver,
his clients, orators, thieves and poets;

steal then, O orator,
plunder, O poet,

take what the old-church
found in Mithra’s tomb,

candle and script and bell,
take what the new-church spat upon

and broke and shattered;
collect the fragments of the splintered glass

and of your fire and breath,
melt down and integrate,

re-invoke, re-create
opal, onyx, obsidian,

now scattered in the shards
men tread upon. 


sábado, julio 29, 2017

José Di Marco / Escribo sobre nada















Escribo sobre nada, y estoy contento.
Vengo de ahí, de lo trivial
y me corona su aura deleznable.
Escribo sobre nada, y no lo niego.
Pasa una señora con un televisor al hombro.
Pasa un niño con su fiebre de bosques.
Pasa un poeta con su librito flaco.
Pasa el dolor, la pena, las promesas rotas.
Pasa la vida con su collar de muertos.
Y yo escribo sobre nada, y soy feliz
porque estoy solo y entregado
a lo que vendrá: espanto o maravilla.
Escribo sobre nada, y bebo y sueño
una vida sin tragedias.
Escribo sobre nada
porque no hay nada más que llovizna
y una tristeza cósmica mayor que el mundo
donde escribo versos truncos,
parábolas del absurdo,
chistes que no causan risa.
Vengo de escribir, y estoy contento
y eso que fui un testigo de la nada.

[inédito]

José Di Marco (Río Cuarto, Argentina, 1966)

Foto: José Di Marco en FB


viernes, julio 28, 2017

William Carlos Williams / Ocho versiones de "The Red Wheelbarrow" (La carretilla roja)


Una de las editoras del blog Literary Hub, Emily Temple, comprobó este mes que el poema "The Red Wheelbarrow" (La carretilla roja), de William Carlos Williams, es el más antologizado en los últimos 25 años en antologías de poesía de la lengua inglesa. Temple revisó 20 antologías aparecidas desde mediados de los años 90. La lista completa de los poetas antologizados puede consultarse en el sitio, y asimismo la lista de antologías revisadas. El poema de Williams aparece en 11 de esas selecciones, seguido, con diez apariciones, por dos de T.S Eliot, "The Love Song of J. Alfred Prufrock" y "The Waste Land"; uno de Robert Frost, "Birches"; dos de Robert Lowell, "For the Union Dead" y "Skunk Hour", y uno de Ezra Pound, "The River-Merchant’s Wife : a Letter".
El poema al parecer ha producido igual impacto en lengua castellana, si se tienen en cuenta las traducciones con las que cuenta. Recopilé ocho, que van a continuación, incluida la más reciente, la de Noelia Torres, publicada en el post anterior, que aquí cierra la muestra. Fueron tomadas de las publicaciones disponibles. El orden no es cronológico.

1) La carretilla colorada

Hay tantas cosas
sobre

una carretilla
colorada

brillante por el
agua de la lluvia

junto a las blancas
gallinas.

-versión de Alfredo Casey (Argentina), Dos siglos de poesía norteamericana, Antonio Zamora, Buenos Aires, 1969


2) La carretilla roja

Tanto depende de
una

carretilla roja lustrada
con

agua de lluvia
junto

a los pollos
blancos

-versión de Santiago Perednik (Argentina), La música del desierto y otros poemas, Los Grandes Poetas N° 34, CEAL, Buenos Aires


3) La carretilla roja

Mucho depende
de una

carretilla
roja

lavada con agua
de lluvia

junto a los blancos
polluelos

-versión de Agustí Bartra (Cataluña, España), Antología de la poesia norteamericana, Universidad Nacional Autónoma de México, 1972


4) La carretilla roja

cuánto
depende

de una carre
tilla roja

reluciente de
agua de lluvia

junto a blancas
gallinas

-versión de Octavio Paz (México), Veinte poemas, Ediciones Era, México, 1973


5) La carretilla roja

Tanto depende
de

una carretilla
roja

reluciente de gotas
de lluvia

junto a las gallinas
blancas

-versión de Ernesto Cardenal y José Coronel Urtecho (Nicaragua), Poemas, Visor, Madrid, 1985


6) La carretilla roja

cuánto depende
de una

carretilla
roja

bruñida por el agua
de la lluvia

junto a los blancos
pollitos.

-versión de Alberto Girri (Argentina), Poemas (Stevens, Williams, Lowell), Corregidor, Buenos Aires, 1982


7) La carretilla roja

tantas cosas
dependen de

una carretilla
roja

lustrosa por el agua
de la lluvia

entre gallinas
blancas.

-versión de Ezequiel Zaidenwerg (Argentina), Zaidenwerg, 2010


8) La carretilla roja

muchas cosas dependen
de una

carretilla
roja

glaseada con agua
de lluvia

al lado de las gallinas
blancas

-versión de Noelia Torres (Argentina), Otra Iglesia Es Imposible, 28.7.2017


The Red Wheelbarrow  

so much depends 
upon 

a red wheel 
barrow 

glazed with rain 
water 

beside the white 
chickens

William Carlos Williams (Rutherford, Estados Unidos, 1883-1963), “The Red Wheelbarrow”, The Collected Poems of William Carlos Williams, Volume I, 1909-1939, edited by Christopher MacGowan. Copyright 1938 by New Directions Publishing Corporation. Poetry Foundation


William Carlos Williams / La carretilla roja


muchas cosas dependen
de una

carretilla
roja

glaseada con agua
de lluvia

al lado de las gallinas
blancas

William Carlos Williams (Rutherford, Estados Unidos, 1883-1963), The Collected Poems: Volume I 1909-1939, New Directions Publishing Corporation, 1938 - Poetry Foundation
Versión de Noelia Torres


Ref.: Poetry Foundation


The Red Wheelbarrow  

so much depends 
upon 

a red wheel 
barrow 

glazed with rain 
water 

beside the white 
chickens


jueves, julio 27, 2017

John Ashbery / Malo para los nombres













Hemos estado aquí lo suficiente.
El pasado retrocede como una sombra exageradamente grande
hacia lo presciente y nuevo-
aquello que en principio vine a investigar.
Tengo mis notas, gracias. El tren espera
en la pequeña área cercada. Mi única obligación
ahora es agradecer a todos los que me aguantaron
y confiaron en mí tanto tiempo. Debió parecer
un largo proceso. Mi agradecimiento es también
para otros con quienes nunca estuve en contacto,
quienes podrían no haber estado vivos, pero con
quienes de algún modo estuvimos yuxtapuestos, y como mi pluma
tacha por su cuenta, es en especial a esos otros
a quienes quiero recordar. En una palabra, merci.

Y en etapas aleatorias del viaje él ve
lo que estábamos destinados a ver: ropa interior en la soga,
hojas volando, áreas de nieve sucia. Es verdad que nadie nunca
te evalúa en estas cosas, que nada hubiera sido distinto
si no hubieses visto todas, pero al emerger
se convirtieron en parte del paisaje, tan vasto y vigoroso
que nadie lo ve. Luego, en la estación,
te encuentras con un pequeño grupo de amigos y de no tan amigos,
discutiendo sobre si el trato habría sido diferente
si hubiera ocurrido en algo similar a un período de tiempo,
o en un paisaje, incluso un paisaje del que solo hayamos oído hablar.
Y se muestran sus ropas entre ustedes, sonriendo con timidez,
y hablan de los efectos secundarios de la medicación
que todos toman estos días, y que parece que ha hecho
una diferencia, haciendo brotar hojas en las plazas.

La escritura de grandes viajes debe ser fabricada así
para que el brillo del desierto se convierta en algo manejable
y las antenas congeladas se resistan a los precios de cierre del día.
Un momento de horrible brujería no es demasiado que digerir
para que la tierra se convierta en una, y la gente se acomode
como mejor les parezca.

John Ashbery (Rochester, Estados Unidos, 1927), "Hotel Lautréamont", 1992, Notes from the Air. Selected Later Poems, HarperCollins, New York, 2007
Versión © Silvia Camerotto

Ref.: Meet John Ashbery


No good at names

We’ve been out here long enough.
The past recedes like an exaggeratedly long shadow
into what is prescient, and new –
what I originally came to do research on.
I have my notes, thank you. The train is waiting
in the little enclosed yard. My only duty
now is to thank all those who put up with me
and trusted me so long. It must have seemed
like  a long process. My thanks are due, too,
to others with whom I never came in contact,
who may not have been alive, but
somehow we were in apposition, and as my pen
strikes out on its own, it is chiefly those others
I wish to remember. In a word, merci.

And at random stages of the journey he sees
what we were meant to see: underwear on a clothesline,
flying leaves, patches of dirty snow. It’s true no one
ever tests you on these things, that nothing would have been different
if you hadn’t seen them all, yet by emerging
they have become part of the picture, so vast and energetic
it gets seen by nobody. Later, in the station,
you greet a small group of close and not-so-close friends,
sparring about would the bargain have been different
if it had happened in something resembling a time-frame,
or a landscape, even a landscape one has only heard about.
And you show each other your clothes, smiling shyly,
and talk about the after-effects of the medication
everyone’s taking these days, and it seems to have made
a difference, brought out the leaves in the public squares.

Great travel writing has to be manufactures this way
For the desert’s glitter to sink back into something tractable
and frozen antennae to balk at the day’s closing prices.
A moment of horrible witchcraft isn’t too much to be swallowed
for the land to become whole, and people wise
in the way that suits them.



miércoles, julio 26, 2017

Darío Jaramillo / De "Gatos"















La luna dora los techos.
Inesperadas, aparecen las sombras de los gatos.
Son tan sigilosos
que son solamente sus sombras.
Ellos ven todo sin ser vistos
y todo debe estar quieto mientras se mueven
para que ellos puedan sentirse inmóviles,
los gatos, sus sombras.


*


Estados de la materia.
Los estados de la materia son cuatro:
líquido, sólido, gaseoso y gato.
El gato es un estado especial de la materia,
si bien caben las dudas:
¿es materia esta voluptuosa contorsión?
¿no viene del cielo esta manera de dormir?
Y este silencio, ¿acaso no procede de un lugar sin tiempo?
Cuando el espíritu juega a ser materia
entonces se convierte en gato.

Darío Jaramillo Agudelo (Santa Rosa de Osos, Colombia, 1947), Gatos, Pre-Textos, Valencia, 2005

Ref.:
El País - Cali, Colombia
Poeticus
Pre-Textos


martes, julio 25, 2017

Uriel Martínez / Como ladrón
















como ladrón primerizo el aire
brincó la ventana y cayó
la fotografía en que aparecemos
juntos;
cayó al piso, se estrelló
y fue luego una imagen
en sepia, como nosotros,
ajenos;
corrí luego la ventana,
eché la aldaba, gritó
el pestillo; no había aceite;

barrí los restos de la imagen
como pude y los llevé
al cesto de desechos,
como yo, como tú,
como nadie;

luego el silencio fue.


[Inédito]

Uriel Martínez (Zacatecas, México,1950)


Ref.: Los Lavaderos
Foto: Uriel Martínez en FB


lunes, julio 24, 2017

Carl Solomon / La vida es















La vida es Gary Cooper peleando contra los árabes en su uniforme
/de la Legión Extranjera.
La vida es leer a Kierkegaard en 1948 en la biblioteca de la calle
/Cuarenta y Dos.
La vida es madre y tías y tíos y primos y el recuerdo del padre.
La vida es enumerar los suicidios y psicosis de éste y el otro.
La vida es indignación, indignación contra aquellos reales o imaginados
que se han vuelto ricos y exitosos y se fueron y te dejaron arrastrándote
/en la desesperanza.
La vida es analizar verbos y cepillarse los dientes.
La vida es jugar al Monopoly y al Scrabble, y al tenis y el ping pong y
/avanzar hacia el siguiente destino.
Sobre todo, la vida es engañosa – cuando aquellos olvidados regresan, cuando encuentras viejos amores y nuevos odios y combinan inextricablemente el entretejido en un lienzo del cual uno nunca puede percibir el diseño maestro predominante.

-More Mishaps, City Light Books, San Francisco, 1968
Traducción de Mariano Rolando Andrade

Carl Solomon (Nueva York, Estados Unidos, 1928-1993), Poesía beat, selección de Juan Arabia y Mariano Rolando Andrade, Buenos Aires Poetry, Buenos Aires, 2017


Foto: Carl Solomon por Allen Ginsberg (detalle) /Allen Ginsberg Project © The Estate of Allen Ginsberg

Ref.:
Buenos Aires Poetry
The Allen Ginsberg Project
The Philosophy of the Beats


LIFE IS

Life is Gary Cooper fighting the Arabs in his Foreign Legion uniform.
Life is reading Kierkegaard in 1948 in the Forty Second Street Library.
Life is mother and aunts and uncles and cousins and memory of father.
Life is enumerating the suicides and psychoses of this one and that one.
Life is anger, anger at those real or imagined who have become rich and
successful and gone away and left you grovelling in despair.
Life is parsing of verbs and brushing of teeth.
Life is playing Monopoly and Scrabble and Tennis and Pingpong and moving
/on to a new destination.
Above all, life is deceptive – when those forgotten return, when you meet old
loves and new hates and they mingle inextricably interwoven into a fabric
of which one can never perceive the whole overriding master design.


domingo, julio 23, 2017

Emma Barrandeguy / La foto













Esa soy yo:
una mujer gastada y melancólica
con la mirada
que arranca de una infancia razonable
y una cabeza peinada
como corresponde
a una señora de tantos años.
Procuro que las canas
tengan su orden natural
que tranquiliza a los que miran,
aunque yo casi estoy segura,
después de todo,
que moriré sin haber sentado cabeza.

Emma Barrandeguy (Gualeguay, Argentina, 1914-2006), Refracciones, Sociedad de Escritores de Gualeguay, 1986

Ref.:
Emma, la cautiva, por María Moreno / Radar Libros
Emma Gunst


sábado, julio 22, 2017

Leopoldo María Panero / Blancanieves se despide de los siete enanos















Prometo escribiros, pañuelos que se pierden en el horizonte, risas que palidecen, rostros que caen sin peso sobre la hierba húmeda, donde las arañas tejen ahora sus azules telas. En la casa del bosque crujen, de noche, las viejas maderas, el viento agita raídos cortinajes, entra sólo la luna a través de las grietas. Los espejos silenciosos, ahora, qué grotescos, envenenados peines, manzanas, maleficios, qué olor a cerrado, ahora, qué grotescos. Os echaré de menos, nunca os olvidaré. Pañuelos que se pierden en el horizonte. A lo lejos se oyen golpes secos, uno tras otro los árboles se derrumban. Está en venta el jardín de los cerezos.

Leopoldo María Panero (Madrid, 1948-Las Palmas de Gran Canaria, 2014), “Tarzán traicionado" (1967)”, Así se fundó Carnaby Street, Libres de Sinera, Barcelona, 1970
Envío de Mercedes Alvarez

Ref.:
Instituto Cultural de León
Blog Leopoldo María Panero



viernes, julio 21, 2017

Louis Untermeyer / Hogar















¿Es un símbolo de admiración o una traición cuando,
   Volviendo de todo lo dulce, por los caminos acostumbrados,
Dejo tus labios y ojos para buscarte en
                  alguna otra cara?
                           
¿Por qué estoy buscando lo que ya tengo
   Y yendo tan lejos para encontrarlo cerca, al alcance de la mano?
No lo sé - Solo sé que deseo
           encontrarte a vos al final.

Solo sé que el Amor tiene muchos hogares
   Que el Hambre tiene muchos caminos para vagar
Y que la Belleza es el sueño que impulsa la tierra
                  Y me lleva de vuelta al hogar.

Louis Untermeyer (Nueva York, Estados Unidos, 1885-Newtown, Estados Unidos, 1977)
Traducción de Noelia Torres

Ref.:
Poetry Foundation
All Poetry
Poet's Corner


Home

It is a tribute or betrayal when,
   Turning from all the sweet, accustomed ways,
I leave your lips and eyes to seek you in
                   Somes other face?

Why a, I searching after what I have,
   And going far to find the near at hand?
I do not know - I only know I crave
                    To find you at the end.

I only know that Love has many a hearth,
   That Hunger has and endless path to roam,
And Beauty is the dream that drives the earth
                     And leads me home.


jueves, julio 20, 2017

Guadalupe Grande / Dos poemas














Postal VII
(Fábrica de moneda y timbre)

En el centro de cada moneda
se asoma hacia la calle
la pupila de la limosna.

Una lágrima helada,
una lágrima de tinta
en la que se conjugan todas las palabras
hasta llegar aquí,
     espejo sin azogue
que cierra la cuadratura del círculo:

     uno por uno es uno,
     dos por dos en las manos de cada esquina,
     tres por tres en los túneles del desconcierto,

salta la oca en las lágrimas de la limosna.

(La llave de niebla, Calambur, Madrid, 2004)



Gatas pariendo

Así escuchas las cosas de tu vida como el maullido de un gato al fondo del jardín

Te despiertas de madrugada y oyes al fondo muy al fondo ese remoto maullido de gato recién nacido

Y un verano y otro y  luego otro más hasta llegar a esta noche

Al fondo jardín al fondo

Así escuchas las cosas de tu vida así escuchas las cosas del mundo
a oscuras   de noche  palpando el susto de no  entender o el de no querer hacerlo

y ese gato que no para de maullar y es una pequeña herida no sabes de qué no sabes de quién pero ahí está insistiendo clamando de hambre y noche al borde del peligro al borde del abismo al borde del jardín   un coche un faro luego nada

y continuarán los maullidos más obcecados que tú y si no al tiempo al próximo verano hasta la próxima canícula sonido desvalido como una onomatopeya tan poco lírica que no la puedes escribir te dices

qué pensaría nadie y quien es nadie al leer esa onomatopeya tan líricamente escrita tan ridículamente sonora tan de viñeta de posguerra

pero suena suena cada noche

y tú para bordear la herida te dices  que así empezó todo con una onomatopeya con un sonido tan innombrable como ahora el insistente maullido del gato recién nacido convocándote a dónde pidiéndote qué

O quizá algo peor  tal vez nada te convoque y tan solo te despiertas en medio de la noche para ser el precario testigo que no puede traducir una onomatopeya
Eso te dices para bordear la herida


Escuchas al gato y recuerdas que  has visto un hombre con el torso descubierto y sin brazos al borde de la calle
has rozado la pierna perdida en el pantalón doblado sobre el muslo y has visto que la muerte es  un ramo de rosas de plástico atado a un farol

y te has preguntado qué palabra no es una onomatopeya indescifrable para seguir la sombra de los días

Un verano y otro y otro más  al fondo de la vida al fondo del jardín al fondo del sonido

Y las gatas siguen pariendo sin parar y paren onomatopeyas que al fondo del jardín resuenan como las tablas de la ley


(Hotel para erizos, Calambur, Madrid, 2010)

Guadalupe Grande (Madrid, 1965)

Ref.:
Emma Gunst
El Cultural
Trinarts


miércoles, julio 19, 2017

William Carlos Williams / Paterson, 28

Libro Dos
Domingo en el Parque 
III (cont. y final)


Cuando era muy joven, ridículamente joven (en edad escolar) para un papel principal, con mi mente no del todo desarrollada y todas mis ideas en estado embrionario de una semana, podía conseguir reseñas de libros en una cantidad de revistas sin dificultad –y todos ellos, libros de escritores reconocidos (como Cummings, Babette Deutsch, H.D.) mientras que ahora que mis ideas han madurado, y cuando de verdad tengo algo que decir, no puedo conseguir ningún tipo de trabajo de esa índole. ¿Y por qué? Porque en todos esos años intermedios me he visto obligada, como mujer no satisfecha con el lugar de la mujer en el mundo, a realizar una cantidad de trabajo pionero que una cantidad de escritores de tu sexo y de tu contexto social no han padecido, y que los de mi propio sexo desaprueban (por razones a las que ya me he referido) –de modo que en el momento en que quise volver de la vida a la escritura (con mis ideas aclaradas y enriquecidas por la vida) ahí estaba (y todavía estoy)- por esa forma de vida- completamente exiliada de la sociedad.
   Pasé por alto y traté muy por arriba (en mi primera conversación contigo) aquellas actividades literarias de mi temprana juventud, porque el trabajo en sí no era mejor que el de cualquier estudiante de primer año o el precoz estudiante del último año aporta a su revista escolar. Pero, después de todo, ese trabajo, en lugar de aparecer en la revista escolar a la que pertenece, fue tomado tan seriamente por editores con importantes publicaciones literarias de esa época, que yo podía hacer un promedio de 15 dólares semanales con mucha facilidad. Y lo comento y lo señalo aquí porque tu bien podrás imaginar a la luz de ello cómo me siento al darme cuenta en base a unos cuantas superficialidades (tales como tener mucho sex-appeal y estar en la compañía adecuada) es que fui capaz de mantener mi identidad como escritor en mi relación con el mundo, cuando ahora no me está permitido ejercerlas porque fue necesario deshacerme de las superficialidades en mi vida.
   Jamás has tenido que vivir, Dr. P-en  ninguna de las callejuelas o de  los pasillos de subte donde la vida es puesta a prueba con frecuencia. Las mismas circunstancias de tu nacimiento y contexto social te proveyeron de una salida a la cruda vida,  y tu confundes esa protección de la vida con la inhabilidad para vivir –y así es que puedes considerar la literatura nada más como el último y desesperado recurso de la ilusoria incapacidad para vivir. (He estado revisando algunos de tus textos autobiográficos, tal como este comentario indica.)
   Pero vivir (vivir sin resguardo, digo) no es algo que uno se siente a pensar o a decidir. Nos pasa como si fuera algo tan simple como el sarampión o algo tan grave como un bote haciendo agua o un terremoto.  O si no, no pasa. Y cuando lo hace, entonces uno debe dar vida (como lo haces tú) a puras simpatías literarias y puntos de vista, la profunda percepción y humanidad de las palabras únicamente en papel- y también, ay, el ego del hombre de letras que probablemente haya jugado un papel importante en tu cambio de actitud hacia mí. El ego de ese hombre de letras quiso ayudarme en modo tal, creo, que mis propios logros pudieran servir como una flor para su ojal, si acaso esa ayuda hubiera sido suficiente para hacerme florecer.
   Pero no traigo flores para ningún hombre en forma de amor ni de amistad. Esa es una de las razones por las que no quise aquella introducción a mis poemas. Y no quiero ser desagradable ni sarcástica en las últimas líneas de esta carta. Por el contrario, un sentimiento de profunda tristeza ha reemplazado la furia y la indignación con la comencé a escribir todo esto. Deseaba tu amistad, más de lo que nunca he deseado nada (sí, más que nada, y he deseado con intensidad otras cosas). La deseaba con desesperación, no porque no tengo nada con lo que adornar el orgullo de cualquier hombre –sino porque no la tenía.
  Sí, la furia que imaginaba sentir en todas las páginas anteriores era falsa. Soy muy infeliz y estoy demasiado sola para estar furiosa; y si algunas de las cosas sobre las que te he llamado la atención aquí causaran algún cambio en tu corazón respecto de mí, eso sería justamente la única cosa que puedo concebir como posible en mi vida en este momento.

La votre.
C.

Pd. El que haya regresado aquí a la calle Pine 21 me obliga a añadir que el misterio sobre quién falsificó el ‘Cress’ en aquel giro postal y que además se llevara uno de los cheques de Brown (aunque nunca se cobró, y por lo tanto se reemplazó luego) jamás fue aclarado. Y el portero que estaba aquí entonces, ha muerto. No creo que fuera él quien se llevó el dinero. Pero aun así me alegró que la oficina de correos no investigara a fondo porque en ese caso de que Bob hubiese estado involucrado se hubiera metido en serios problemas –lo que no me hubiera gustado nada, porque él era uno de esos negros miserablemente mal pagos y un tipo extremadamente honrado en muchos aspectos. Pero ahora desearía que hubiera sido investigado luego de que muriera (lo que ocurrió hace dos meses) porque los ladrones podrían haber sido uno de esos bajos y ruines granjeros cuya explotación permanente de los trabajadores de la granja debería ser sacada a la luz de algún modo, y porque si en efecto robaron el giro postal y fueran encarcelados por eso, eso mismo hubiera llamado la atención de las autoridades hacia el resto de sus actividades ilegales: y aun así esa clase de justicia no me interesa demasiado. Lo que se halla en el fondo de este o cualquier otro delito o acto antisocial, psicológica como socialmente, me interesa mucho más. Pero al afirmar esto último, recordé cuánto  me gustaría hacer una cantidad de cosas con gente en alguna prosa- un cuento, tal vez una novela. No puedo decirte cuánto deseo la vida que se necesita para escribir. Y simplemente no puedo hacerlo sola. Ni siquiera tengo una máquina de escribir ahora, ni siquiera una alquilada –y no puedo pensar bien si no es con una máquina de escribir. Puedo escribir poesía (aunque solo el primer borrador) a mano, y cartas. Pero para cualquier tipo de prosa, que no sea cartas, no puedo hacer el trabajo sin una máquina de escribir. Pero eso, por supuesto, es el menor de mis problemas –la máquina de escribir; al menos, es el más fácil de resolver.

C.

Dr. P.:
   Esta es la más simple y directa carta que alguna vez te haya escrito; y debes leerla completa y con cuidado, porque es sobre ti, como escritor, y sobre tus ideas con respecto a las mujeres que escribiste en tu artículo en A.N., y porque en lo que a mí respecta, contiene cierta información que no creí fuera necesario darte antes, y que creo ahora debes conocer. Y si mi enojo al principio te enfurece demasiado para continuar –bueno, ese enojo no figura en la última parte, ahora que agrego esta posdata.

C.

Y si no tienes ganas de leerla incluso por estas razones, ¿lo harías, por favor, solo por consideración hacia mí? –mucho tiempo, muchas reflexiones y mucha infelicidad han circulado por estas páginas.


William Carlos Williams (Rutherford, Estados Unidos, 1883-1963), Paterson, New Directions, Nueva York, 1963
Versión © Silvia Camerotto

Foto: William Carlos Williams (delante) con Ezra Pound, por Richard Avedon, Nueva Jersey, 1958

Book Two
Sunday in the Park  III

When I was very young, ridiculously young (of school-girl age) for a critical role, with my mind not at all developed and all my ideas in a state of first-week embryonic formlessness, I was able to obtain book-reviews from any number of magazines without any difficulty— and all of them books by writers of accepted importance (such as Cummings, Babette Deutsch, H. D.) whereas now when my ideas have matured, and when I really have something to say, I can get no work of that kind at all. And why is that? It's because in all those intervening years, I have been forced, as a woman not content with woman's position in the world, to do a lot of pioneer living which writers of your sex and with your particular social background do not have thrust upon them, and which the members of my own sex frown upon (for reasons I've already referred to) — so that at the very moment when I wanted to return to writing from living (with my ideas clarified and enriched by Jiving) there I was (and still am) — because of that living — completely in exile socially. //I glossed over and treated very lightly (in my first conversation with you) those literary activities of my early girlhood, because the work in itself was not much better than that which any talented college freshman or precocious prep-school senior contributes to her school paper. But, after all, that work, instead of appearing in a school paper where it belonged, was taken so seriously by editors of the acceptably important literary publications of that time, that I was able to average as much as $15 a week, very easily, from it. And I go into that now and stress it here; because you can better imagine, in the light of that, just how I feel in realizing that on the basis of just a few superficial (such as possessing a lot of appealingly youthful sex-appeal and getting in with the right set) I was able to maintain my personal identity as a writer in my relationship to the world, whereas now I am cut off from doing so because it was necessary for me in my living, to strip myself of those superficials. //You’ve never had to live. Dr. P — not in any of the by-ways and dark underground passages where life so often has to be tested. The very circumstances of your birth and social background provided you with an escape from life in the raw; and you confuse that protection from life with an inability to live — and are thus able to regard literature as nothing more than a desperate last extremity resulting from that illusionary inability to live. (I’ve been looking at some of your autobiographical works, as this indicates.) //But living (unsafe living, I mean) isn't something one just sits back and decides about. It happens to one, in a small way, like measles; or in a big way, like a leaking boat or an earthquake. Or else it doesn't happen. And when it does, then one must bring, as I must, one's life to literature; and when it doesn't then one brings to life (as you do) purely literary sympathies and understandings, the insights and humanity of words on paper only— and also, alas, the ego of the literary man which most likely played an important part in the change of your attitude toward me. That literary man's ego wanted to help me in such a way, I think, that my own achievements might serve as a flower in his buttonhole, if that kind of help had been enough to make me bloom. //But I have no blossoms to bring to any man in the way of either love or friendship. That's one of the reasons why I didn't want that introduction to my poems. And I'm not wanting to be nasty or sarcastic in the last lines of this letter. On the contrary a feeling of profound sadness has replaced now the anger and the indignation with which I started to write all this. I wanted your friendship more than I ever wanted anything else (yes, more, and I've wanted other I wanted it desperately, not because I have a single which to adorn any man's pride— but just because I haven't. //Yes. the anger which I imagined myself to feel on all the previous pages, was false. I am too unhappy and too lonely to be angry; and if some of the things to which I have called your attention here should cause any change of heart in you regarding me, that would be just about the only thing I can conceive of as occurring in my life right now. //La votre  //C. //P. S. That I'm back here at 21 Pine Street causes me to add that that mystery as to who forged the "Cress" on that money order and also took one of Brown's checks (though his was not cashed, and therefore replaced later) never did get cleared up. And the janitor who was here at the time, is dead now. I don't think it was he took any of the money. But still I was rather glad that the post- office didn't follow it through because just in case Bob did have anything to do with it, he would have gotten, into serious trouble — which I shouldn't have welcomed, because he was one of those miserably underpaid negroes and an awfully decent human being in lots of ways. But now I wish it had been followed through after he died (which was over two months ago) because the crooks may have been those low vile upstate farm people whose year-round exploitation of down and out farm help ought to be brought to light in some fashion, and because if they did steal the money order and were arrested for it, that in itself would have brought to the attention of the proper authorities all their other illegal activities as well: And yet that kind of justice doesn't interest me greatly. What's at the root of this or that crime or antisocial act, both psychologically and environmentally, always interests me more. But as I make that last statement, I'm reminded of how much I'd like to do a lot of things with people in some prose — some stories, maybe a novel. I can't tell you how much I want the living which I need in order to write. And I simply can't achieve them entirely alone. I don't even possess a typewriter now, nor have even a rented one — and I can't think properly except on a typewriter. I can do poetry (though only the. first draft) in long-hand, and letters. But for any prose writing, other than letters, I can't do any work without a typewriter. But that of course is the least of my problems— the typewriter; at least the easiest to do something about. //C. //Dr. P.: //This is the simplest, most outright letter I've ever written to you; and you ought to read it all the way through, and carefully, because it's about you, as a writer, and about the ideas regarding women that you expressed in your article on A. N M and because in regard to myself, it contains certain information which I did not think it necessary to give you before, and which I do think now you ought to have. And if my anger in the beginning makes you too angry to go on from there — well, that anger of mine isn't there in the last part, now as I attach this post-script. //C. //And if you don't (eel like reading it even for those reasons, will you then do so, please, merely out of fairness to me— much time and much thought and much unhappiness having gone into those pages. 


martes, julio 18, 2017

Juan José Saer / Dos poemas
















A los pecados capitales

Por nuestra fantasía, nos liberan
de la materia pura, pero caemos en la red
de la esperanza. Pecados, vicios, y hasta
las débiles virtudes, nos separan
del cuerpo único del caos.
nos arrancan
de la madera y de los mares.
Guardianes en el umbral de la nada.


Para cantar

La tarde está limpia como una hoja vacía.
A veces, como una mano que escribe, la borronea el viento.
La carcome, como a una esperanza que se enfría
por ráfagas de remordimiento.
Tarde carcomida de octubre, desaforada luz del día.
No tengo paz y estoy contento.

Juan José Saer (Serodino, Argentina, 1937-París, 2005), El arte de narrar, Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, Argentina, 1988


Foto: Juan José Saer s/d


lunes, julio 17, 2017

Archibald MacLeish / Ars Poetica
















Un poema ha de ser palpable
y mudo como fruta redonda.

Mudo
como un viejo medallón entre los dedos.

Silente como piedra suave,
como piedra visible tras el musgo y la ventana.

Un poema entonces, ha de ser
como el vuelo de los pájaros.

*

Un poema ha de ser inmóvil en el tiempo
como la luna cuando asciende,

atravesando junto a ella
y rama tras rama, la noche con sus árboles.

Y como la luna tras las hojas del invierno,
va olvidando nuestra mente las palabras.

Un poema ha de ser inmóvil en el tiempo,
como lo es la luna cuando asciende.

*

Un poema ha de ser igual
a una mentira.

Para toda la historia que nos duele,
un camino vacío y una hoja cayendo.

Para el amor
golpeadas hierbas y dos luces sobre el mar.

Un poema no ha de significar nunca,
sino que ha de ser por un momento.

[Collected Poems 1917-1952, Houghton Mifflin Harcourt, 1952]

Archibald MacLeish (Glencoe, Estados Unidos, 1892-Boston, Estados Unidos, 1982), Periódico de Poesía, N° 100, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), junio de 2017
Traducción de Daniel Medina

Ref. Poetry Foundation


Ars poetica 

A poem should be palpable and mute
As a globed fruit, 

Dumb As 
old medallions to the thumb, 

Silent as the sleeve-worn stone 
Of casement ledges where the moss has grown— 

A poem should be wordless 
As the flight of birds. 



A poem should be motionless in time 
As the moon climbs, 

Leaving, as the moon releases 
Twig by twig the night-entangled trees, 

Leaving, as the moon behind the winter leaves, 
Memory by memory the mind— 

A poem should be motionless in time 
As the moon climbs. 



A poem should be equal to: 
Not true. 

For all the history of grief 
An empty doorway and a maple leaf. 

For love 
The leaning grasses and two lights above the sea— 

A poem should not mean 
But be.

Copyright © 1985 by The Estate of Archibald MacLeish.


domingo, julio 16, 2017

Ján Zambor / Mesa
















Una mesa de escritorio, entrevista
en el viejo garaje de una casa abandonada
y silenciosa, reposando
sobre un costado, traída
de algún sitio, hasta ahora
arrumbada,
fuerte como el roble (todavía),
lisa como una hoja;
el intenso deseo
de quedarse aquí,
de acariciarla con un trapo delicado,
de entrarla solemnemente en la habitación,
de acomodarse en ella, tan amplia,
de dejar en ella un platillo con una taza tintineante,
de lustrarla con los codos, las palmas de las manos y los dedos,
o con el rostro,
de experimentar placeres
de ermitaño.
Seguramente florecería, daría hojas,
frutos.
Buey de los ancestros,
tiraría de una carga pesada,
sacaría del fango un carro atascado.
Buen caballo fiel de los ancestros,
me llevaría
galopando por el paisaje,
nuestras cabezas al viento.

Ján Zambor (Tušická Nová Ves, República Eslovaca, 1947), "Nueva poesía eslovaca", Nayagua. Revista de poesía, 2ª época, nº 19, Madrid, julio de 2013
Traducción de Alejandro Hermida
Envío de Jonio González

Ref.: Fundación Centro de Poesía José Hierro


sábado, julio 15, 2017

Linda Pastan / Amelancier















Porque el sábalo
nada ahora
en nuestras aguas,

abriendo la piel
del río con sus
opacas aletas plateadas,

mientras avanza corriente arriba

directo a nuestras mesas
donde todos

los cuchillos y tenedores brillan
expectantes, esos árboles
en el bosque estallan

en flores pequeñas, blancas
banderas que se rinden
a la primavera.

Linda Pastan (Nueva York, Estados Unidos, 1932), Queen of a Rainy Country: Poems, W. W. Norton, Nueva York, 2006.
Versión de Jonio González

Nota del traductor: El juego entre "shadblow" (un árbol muy corriente en Canadá y el este de EE. UU., de flores pequeñas y blancas) y "shad", sábalo, es intraducible y encuentra su sentido en el último terceto. Dándole vueltas, busqué otras traducciones, para ver cómo se las habían ingeniado otros traductores, aunque sin mucha, o ninguna, esperanza. Y sólo encontré una, en italiano, de Roberto Biacca, que traduce el título como "Colpo d’alosa". "Shadblow", en efecto, puede traducirse literalmente así, "Golpe de sábalo", pero encuentro dos contras. La primera, que me parece que lo más normal, y usual, habría sido que Pastan escribiese "Shad blow", y la segunda, que se pierde por completo la intención de unir el título con el final del poema y a la vez jugar con el nombre del pez. Así, pues, me decidí por el árbol en detrimento del juego. Y de todos los nombres (horribles) que tiene en castellano, me incliné por el científico, aunque con una pequeña trampa: lo modifiqué recogiendo el nombre original (en provenzal) del que deriva el término científico. En fin, puras disquisiciones de aficionado, y, por supuesto, existe la posibilidad de que me haya equivocado por completo.

Ref.: Poetry Foundation


SHADBLOW

Because the shad 
are swimming 
in our waters now,


breaching the skin 
of the river with their 
tarnished silvery fins,


heading upstream 
straight for our tables 
where already


knives and forks gleam 
in anticipation, these trees 
in the woods break


into flower—small, white 
flags surrendering 
to the season.

viernes, julio 14, 2017

Jorge Fondebrider / Cross Country
















I.Bristol

Dormidos, en taxi, temprano, nos fuimos
de Cardiff a Bristol,
72 km para viajar al norte.
Pero por el mal tiempo, se suspendió el avión.
Cansados, molestos, corrimos,
llegamos al andén,
vamos al norte en tren,
viajamos desde Bristol,
ciudad de iglesias bombardeadas
y casi nada más esa mañana de ansiedad.
Llevamos las ganas de llegar y tres valijas.
Llevamos los bostezos de una noche mal dormida.
Miramos por el vidrio. Richard lee.
Marina dice que el campo se termina en una huerta.
Detrás de la ventana vemos cielo, nubes negras,
los prados bien peinados y prolijos,
y el orden aparente de Inglaterra
después de su violencia soterrada, aunque latente,
expuesta en muchas guerras
y en su larga trayectoria criminal.

II.Birminghan

En los años sesenta, para la música, fue tan importante como Liverpool:
Spencer Davis Group, Traffic, The Move son prueba suficiente.
Mercedes Álvarez un día me contó que vivió aquí:
una ciudad industrial, siempre muy gris, muy castigada.
Pero charlábamos de algo con Richard y Marina y no presté atención.
Puede vivir sin mí, les dije. Qué cosa, preguntaron.
La ciudad puede vivir sin mí.

III.Sheffield

Sheffield está en el sur de Yorkshire.
Se llama Sheffield por el río Sheaf, que la cruza y que no vi porque dormía.
Lo sé por la foto de Marina.
Roncabas –dijo ella.
Roncaba.

IV.Leeds

En el 616 o 626, el reino de Elmet fue invadido por Northumbria.
Loidis entonces ya fue Ledes, que fue Leeds,
que en los siglos XVII y XVIII la lana volvió próspera.
De lo demás, sé poco. Lo importante
es que, el 14 de febrero de 1970,
allí los Who grabaron un concierto.
Se lo digo a Marina que vive en otro mundo
y con otras referencias. No me entiende. Richard, sí.
Dice “los Who”,
y el tren, como el tiempo, avanza inexorable.

V. York

Ebocarum era un fuerte en la provincia romana de Britania.
Más tarde llegó a ser una ciudad amurallada
que un día de otro siglo ya fue York, en el norte de Yorkshire,
y quedó en manos de los anglos, de los vikings,
de Erico I de Noruega, echado por Eadred, el rey de los ingleses.
Después vino otro rey, pensaba yo apoyado contra el vidrio
mientras el tren avanza.
Digamos que una cosa es creer en las virtudes de la guerra,
llenarse la boca con la guerra
y otra cosa muy distinta es sentir olor a carne chamuscada,
ver gente sin cabeza,
tener hambre,
tener miedo
saberse responsable de la guerra.

VI. Durham

Aquí vivió Ric Caddel, con quien cambiamos cartas y no nos conocimos
nunca porque un día se murió. Tengo sus libros.
Pronuncian “Duran”, muy rápido y cortito,
y rápido y cortito pasa el tren por la ciudad.

VII. Newcastle

Bajamos en Newcastle. Todo un día.
La cruza el río Tyne de la canción.
Adriano estuvo aquí con su muralla
para impedir que los pictos se instalaran. Se instalaron,
de todas formas, poco a poco. Como Bill.
Bill Herbert es de Dundee y esa noche
nos presenta en la lectura de la universidad.
Histrión y buen poeta, le creemos.
Uno siempre debería creerle a un buen poeta,
sabiendo de antemano que no importa
que diga o que no diga la verdad.

VIII. Lindisfarne

Con marea baja se llega caminando.
Con marea alta es una isla en la costa de Northumberland.
Aidan, que era monje, le puso un monasterio,
donde estuvo San Cuthbert,
San Eadfrith,
San Eadberht,
todos santos de nombres imposibles de siglos imposibles.
Después hubo los vikings, los normandos, los ingleses,
nosotros que pasamos con el tren.

IX.  Berwick-upon-Tweed

Bryneich fue Beornice, fue Bernicia
que finalmente llegó a  Berwick,
el pueblo o la granja de cebada según el traductor.
La cruza el río Tweed que bordea la frontera entre Inlaterra y Escocia.
Cuatrocientos años de peleas, de ser de unos y otros
para volverse un día la ciudad más al norte de Inglaterra y para siempre.
Por la ventana vimos Berwick-upon-Tweed como una exhalación,
sus muros medievales,
la noche que caía,
el fin del viaje.

Jorge Fondebrider (Buenos Aires, 1956), Periódico de Poesía, N° 100, Universidad Autónoma de México (UNAM), junio de 2017

jueves, julio 13, 2017

Margaret Atwood / Canción de sirena














Esta es esa canción que todos
desean aprender: la canción
que es irresistible:

la canción que fuerza a los hombres
a saltar por la borda en escuadrones
aunque puedan ver cráneos en la arena

la canción que nadie conoce
porque cualquiera que la haya oído
está muerto, y los demás no pueden recordarla.
¿Puedo contarte un secreto,
y si lo hago, podrías sacarme
de este traje de pájaro?
No disfruto de estar aquí,
encuclillada en esta isla
viéndome pintoresca y mítica,
con estas dos maníacas emplumadas,
no disfruto cantar
este trío, fatal y valioso.

Te diré el secreto a ti,
a ti, solamente a ti.
Acércate. Esta canción

es un grito de ayuda: ¡Ayúdame!
Sólo tú, solamente tú puedes,
tú eres el único,

finalmente. Por desgracia
es una canción aburrida,
pero funciona todas las veces.

Margaret Atwood (Ottawa, Canadá, 1939), Periódico de Poesía, N° 100, Universidad Autónoma de México (UNAM), junio de 2017
Traducción de Daniela Birt


Ref.
Margaret Atwood's Website
Maclean's


Siren Song 

This is the one song everyone
would like to learn: the song
that is irresistible:

the song that forces men
to leap overboard in squadrons
even though they see beached skulls

the song nobody knows
because anyone who had heard it
is dead, and the others can’t remember.
Shall I tell you the secret
and if I do, will you get me
out of this bird suit?
I don’t enjoy it here
squatting on this island
looking picturesque and mythical
with these two feathery maniacs,
I don’t enjoy singing
this trio, fatal and valuable.

I will tell the secret to you,
to you, only to you.
Come closer. This song

is a cry for help: Help me!
Only you, only you can,
you are unique

at last. Alas
it is a boring song
but it works every time.


miércoles, julio 12, 2017

W. H. Auden / Si pudiera contarte
















El Tiempo no dirá nada pero yo te lo dije
El Tiempo solo sabe el precio que tenemos que pagar;
Si pudiera contarte te lo diría.

Si debemos llorar cuando los payasos hacen su show,
Si debemos tropezar cuando los músicos tocan,
El Tiempo no dirá nada pero yo te lo dije.

No hay presagios para ser dichos, aunque,
Porque te amo más de lo que puedo decir,
Si pudiera contarte te lo diría.

Los vientos deben venir de alguna parte cuando soplan,
Debe haber una razón, un porqué las hojas decaen;
El Tiempo no dirá nada pero yo te lo dije.

Tal vez las rosas de verdad quieren crecer,
La visión tiene la intención seria de quedarse;
Si pudiera contarte te lo diría.

Supongamos que los leones se levantan y se van,
Y los arroyos y los soldados huyen;
¿No dirá nada el Tiempo pero yo igual te lo dije?
Si pudiera contarte te lo diría.

W. H. Auden (York, Inglaterra, 1907-Viena, 1973), Collected poems, Random House, Nueva York, 1945
Versión de Noelia Torres

Ref. Auden Society


If I Could Tell You

Time will say nothing but I told you so 
Time only knows the price we have to pay; 
If I could tell you I would let you know. 

If we should weep when clowns put on their show, 
If we should stumble when musicians play, 
Time will say nothing but I told you so. 

There are no fortunes to be told, although, 
Because I love you more than I can say, 
If I could tell you I would let you know. 

The winds must come from somewhere when they blow, 
There must be reason why the leaves decay; 
Time will say nothing but I told you so. 

Perhaps the roses really want to grow, 
The vision seriously intends to stay; 
If I could tell you I would let you know. 

Suppose the lions all get up and go, 
And the brooks and soldiers run away; 
Will Time say nothing but I told you so? 
If I could tell you I would let you know.

https://www.poemhunter.com/best-poems/wh-auden/if-i-could-tell-you-2/


martes, julio 11, 2017

Saint John Perse / De "Imágenes para Crusoe"














La ciudad

   La pizarra cubre sus techos, o bien la teja en que
vegetan los musgos.
   Su aliento se vierte por el tiro de las chimeneas.
   ¡Grasas!
   ¡Olor de los hombres urgidos, como de un soso matadero!,
¡agrios cuerpos de las mujeres bajo las faldas!
   ¡Oh ciudad contra el cielo!
   Grasas, aspirados alientos, y el vaho de un pueblo
contaminado — pues toda ciudad se ciñe de inmundicia.

   Sobre la lumbrera del tenderete — sobre los cubos
de basura del hospicio — sobre el olor de vino azul
del barrio de los marineros — sobre la fuente que solloza
en los patios de la policía — sobre las estatuas
de piedra mohosa y sobre los perros vagabundos —
sobre el chiquillo que silba, y el mendigo cuyas mejillas
tiemblan en la cavidad de las mandíbulas,
sobre la gata enferma que tiene tres pliegues en la
frente,
la noche desciende, entre el vaho de los hombres. .
.
— La Ciudad por el río mana hacia el mar como un
absceso. .
   ¡Crusoe! Esta noche, cerca de tu Isla, el cielo que se
aproxima loará al mar, y el silencio multiplicará la
exclamación de los astros solitarios.
   Corre las cortinas; no enciendas:
   Es la noche sobre tu Isla y en su contorno, aquí y
allá, dondequiera se curva el impecable vaso del mar;
es la noche color de párpados, sobre los caminos entretejidos
del cielo y del mar.

   Todo es salado, todo es viscoso y pesado como la
vida de los plasmas.
   El pájaro se arrulla en su pluma, bajo un sueño aceitoso;
el fruto vano, sordo de insectos, cae en el agua
de las caletas, cavando su ruido.
   La isla se adormece entre el circo de vastas aguas,
lavada por cálidas corrientes y grasas lechadas, en la
frecuentación de légamos suntuosos.
      Bajo los manglares que lo fecundan, lentos peces
entre el cieno han descargado burbujas de su cabeza
chata; y otros que son lentos, manchados como reptiles,
velan. — Los légamos son fecundados. — Oye
chasquear a las huecas bestias en sus conchas. —
Sobre un trozo del cielo verde hay un humo apresurado
que es el enmarañado vuelo de los mosquitos.—
Los grillos bajo las hojas se llaman dulcemente.— Y
otras bestias que son dulces, atentas a la noche, cantan
un canto más puro que el anuncio de las lluvias: es la
deglutición de dos perlas hinchando su gollete amarillo...
   ¡Vagido de las aguas girantes y luminosas!
   ¡Corolas, bocas de moaré: el duelo que apunta y se
ensancha! Son grandes flores móviles en viaje, flores
vivientes para siempre, y que no cesarán de crecer por
el mundo. . .
   ¡Oh el color de las brisas circulando sobre las aguas
calmas,
las palmas de las palmeras que se menean!
   Y ni un lejano ladrido de perro que signifique la
choza; que signifique la choza y el humo de la tarde y
las tres piedras negras bajo el olor de pimiento.
   Pero los murciélagos cortan la noche blanda con
pequeños gritos.
   ¡Alegría!, ¡oh alegría desatada en las alturas del
cielo!
...¡Crusoe!, ¡estás ahí! Y tu rostro se ofrece a los
signos de la noche, como una invertida palma de la
mano.

Saint John Perse (Pointe-à-Pitre, Francia, 1887-Giens, Francia, 1975), "Imágenes para Crusoe" [1904], Antología mínima, Material de Lectura, Universidad Autónoma de México (UNAM), Ciudad de México, 2008 / Antología poética, traducción de Jorge Zalamea, Fabril Editora, Buenos Aires, 1960


lunes, julio 10, 2017

William Burroughs / El miedo y el mono















Este texto fue preparado en mi apartamento de Nueva York, el cual es una
habitación convertida de un viejo YMCA. Los huéspedes han informado la
presencia del fantasma de un niño. Así que éste es un poema tablero de Oui-ja
tomado de Dumb Instrument, un libro de poemas de Denton Welch, y hechizos
e invocaciones de Necronomicón, un texto mágico y altamente secreto. Hay una
pizca de Rimbaud, una pizca de St. John Perse, y una referencia oblicua a Toby
Tyler with the Circus, y la muerte de su mono.


Turgente picazón y el perfume de la muerte
En el susurrante viento del sur
Un aroma de abismo y vacío
El Oscuro Ángel de los vagabundos aúlla a través del apartamento
Con enfermo aroma dormido
El sueño de la mañana de un mono perdido
Nacido y silenciado bajo viejos caprichos
Con pétalos de rosa en frascos cerrados
El miedo y el mono
El sabor amargo de la verde fruta del amanecer
El lechoso aire condimentado con vientos alisios
Carne blanca mostraba
Sus jeans eran tan viejos
Sombras de piernas junto al mar
Luz de la mañana
En la luz del cielo de una pequeña tienda
En el olor a vino barato en el barrio de los marineros
En la fuente sollozando en los patios de la policía
En la estatua de piedra enmohecida
En el pequeño niño silbando a los perros callejeros.
Vagabundos se aferran a sus casas desvanecidas
El pálido silbato de un tren perdido y amortiguado
En el nocturno apartamento el sabor del agua
Luz de la mañana sobre la carne lechosa
Turgente picazón de mano de fantasma
Triste como la muerte de los monos
Tu padre una estrella fugaz
Hueso de cristal en el aire
Cielo nocturno
Dispersión y vacío.

-The Burroughs File, City Lights, San Francisco, 1984
Traducción de Juan Arabia

William Burroughs (St. Louis, Estados Unidos, 1914-Lawrence, Estados Unidos, 1997), Poesía beat, selección de Juan Arabia y Mariano Rolando Andrade, Buenos Aires Poetry, Buenos Aires, 2017

Ref.
Blurt
Laurie Anderson, "Late Show", Home of Braves, 1984 



FEAR AND THE MONKEY

This text arranged in my New York loft, which is the converted locker room
of an old YMCA. Guests have reported the presence of a ghost boy. So this
is a Oui-Ja board poem taken from Dumb Instrument, a book of poems by Denton
Welch, and spells and invocations from the Necronomicon, a highly secret
magical text released in paperback. There is a pinch of Rimbaud, a dash of
St-John Perse, an oblique reference to Toby Tyler with the Circus, and the death
of his pet monkey.

Turgid itch and the perfume of death
On a whispering south wind
A smell of abyss and of nothingness
Dark Angel of the wanderers howls through the loft
With sick smelling sleep
Morning dream of a lost monkey
Born and muffled under old whimsies
With rose leaves in closed jars
Fear and the monkey
Sour taste of green fruit in the dawn
The air milky and spiced with the trade winds
White flesh was showing
His jeans were so old
Leg shadows by the sea
Morning light
On the sky light of a little shop
On the odor of cheap wine in the sailors’ quarter
On the fountain sobbing in the police courtyards
On the statue of moldy stone
On the little boy whistling to stray dogs.
Wanderers cling to their fading home
A lost train whistle wan and muffled
In the loft night taste of water
Morning light on milky flesh
Turgid itch ghost hand
Sad as the death of monkeys
Thy father a falling star
Crystal bone into thin air
Night sky
Dispersal and emptiness.



domingo, julio 09, 2017

W.S. Merwin / Pan y manteca














Sigo encontrando esta carta
A los dioses del abandono,
Rompiéndola: Señores,
Habiendo vivido en sus santuarios,
Sé lo que les debo—

¿No?, ¿alguna vez yo? Con las dos manos
Me he olvidado, yo sigo
Manteniendo el olvido. No voy a tener ningún santuario acá conmigo.
No le voy a hacer reverencias en el medio de la habitación
A la estatua de la nada
Con las moscas revolotéandole.
Sobre estas cuatro paredes yo soy la escritura.

¿Por qué empezaría esa carta?
Pienso en el hoy, pienso en el mañana.
Hoy en la punta de mi lengua,
Hoy con mis ojos,
La visión del mañana,
Mañana

En la ventana rota
Los barcos rotos van a venir,
Los botes salvavidas
Saludando con sus manos mutiladas,

Y yo te voy a amar como debería
desde el principio.

William Stanley Merwin (Nueva York, Estados Unidos, 1927), Poetry october/november 1962, Chicago
Versión de Noelia Torres

Ref. Poetry Foundation


sábado, julio 08, 2017

Eduard Sanahuja / Tiene un poema escondido















De niño escondía todas las piedras verdes
que buscaba con amor por las playas ardientes
en los cajones secretos del armario del abuelo
o en el fondo del lavadero, como joyas submarinas.
Ocultaba en la cama el frío de las espinas
y en el trinchero ocultaba los lápices y los papeles.
De mayor hizo lo mismo, más o menos lo mismo,
con cosas más selectas y escondrijos más respetables.

Eduard Sanahuja (Barcelona, Cataluña, España, 1953), Mirador, Edicions del Mall, Barcelona, 1984
Versión de Jonio González


TÉ UN POEMA AMAGAT

De petit va amagar totes les pedres verdes 
que cercava amb amor per les platges ardents 
als calaixos secrets de l'armari de l'avi 
o al fons del safareig, com joies submarines. 
Amagava en el llit el fred de les espines 
i al trinxant amagava els llapis i el papers. 
De gran va fer el mateix, més o menys el mateix, 
amb coses més selectes i amagatalls més dignes.
  

viernes, julio 07, 2017

Raymond Carver / Viento













                                             para Richard Ford

Agua perfecta en calma. Perfectamente admirable.
Multitudes de pájaros moviéndose
sin descanso. Es suficiente el misterio, sólo Dios lo sabe.

Me preguntás si tengo tiempo. Tengo.
Tiempo para ir. No hay pique
de cualquier forma. Nada que hacer en todas partes.

Cuando, a un kilómetro de distancia, vemos al viento
cruzando el agua. Nos quedamos sentados y quietos
y lo vemos venir. Nada de qué preocuparnos.

Solo viento. No tan fuerte. Aunque bastante fuerte.
Me decís, “¡Mirá eso!”
Y nos aferramos a la borda cuando pasa.

Lo siento abanicarme la cara y las orejas. Lo siento
despeinarme más dulcemente, parece,
que los dedos de cualquier mujer.

Después giro mi cabeza y lo veo
moverse y bajando por el Estrecho,
llevando las olas antes de eso.

Arrojando las olas contra
nuestro casco. Los pájaros se vuelven locos ahora.
El barca se mueve de un lado a otro.

“Jesús”, decís, “Nunca vi nada como esto”
“Richard”, te digo —
“Nunca vas a ver algo como esto en Manhattan, mi amigo.”

Raymond Carver (Clatskanie, Estados Unidos, 1938-Port Angeles, Estados Unidos, 1988), “Ultramarine” (1986), All of Us, The Collected Poems of Raymond Carver, Vintage Books, Nueva York, 1996
Versión de Noelia Torres


WIND

     for Richard Ford

Water perfectly calm. Perfectly amazing.
Flocks of birds moving
restlessly. Mystery enough in that, God knows.

You ask if I have the time. I do.
Time to go in. Fish no biting
anyway. Nothing doing anywhere.

When, a mile away, we see wind
moving across the water. Sit quiet and
watch it come. Nothing to worry about.

Just wind. Not so strong. Though strong enough.
You say, “Look at that!”
And we hold on to the gunwales as it passes.

I feel it fan my face and ears. Feel it
ruffle my hair-sweeter, it seems, 
than any woman’s fingers.

Then turn my head and watch
it move on down the Strait,
driving waves before it. 

Leaving waves to flop against
our hull. The birds going crazy now.
Boat rocking from side to side.

“Jesus”, you say, “I never saw anything like that.”
“Richard,” I say —
“You’ll never see that in Manhattan, my friend.”

jueves, julio 06, 2017

Circe Maia / Cimientos















Se lee en Anaxágoras
que todo estaba junto y todo era infinito
que las cosas más chicas
también eran inmensas
que aun lo más pequeño
también era infinito.

Y Platón, en su extraño
"Parménides", nos dice
que puntos y unidades
las más chicas posibles
una y otra vez se van abriendo
como a golpes se escinden
como estrellas que se parten
en chispas inasibles.

Unidades finales, ladrillos últimos
con los que se construye el universo
enredada maraña de partículas.
¿Dónde apoyar el pie que no resbale
hacia pozos-misterios
incógnitas-arenas movedizas?

Circe Maia (Montevideo, 1932), "Cambios, permanencias", 1978, La pesadora de perlas. Obra poética. Conversaciones con María Teresa Andruetto, Viento de Fondo, Córdoba, Argentina, 2013

Foto: Circe Maia en su casa, por Iván Franco

Ref. La mejor flor, La Diaria, 28.10.2015


miércoles, julio 05, 2017

Alberto Girri / De "Playa sola", 5
















La fuente

Esta tarde con su estricto abandono
la fuente
es un viejo soldado melancólico.
El aire impera, impera la voluntad del polen
y leones alimonados
acechan la carne dormida de la hiedra.
Desplomada en silencio,
entre un coro verde de cazadores de moscas
vuelven los pobres Narcisos
y montan guardia.

Es la fuente, y su tiempo,
las infinitas generaciones de escarabajos,
las cumplidas efemérides del amor,
nombres veloces, veloces gentilezas registradas.

(Malamente impresa en la base
la calle oriental cambia la vida
y sería irreverencia no pensar en hashish y sociedades secretas).

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "Playa sola" (1946), Obra poética I, Corregidor, Buenos Aires, 1977

Ilustración: Alberto Girri por Sábat © Hemenegildo Sábat


martes, julio 04, 2017

Mauro Viñuela / Te lo diré Watanavi















Te lo diré Watanavi. Me siento en una villa y escribo en el celular.
Y si el gentile signore muestra sus zapatos y dice volver al brillo del sistema
Entonces le digo "Loado Seas".
Así lo redacto Watanavi. Con mayúsculas y tachando
Lo que no me corresponde. El niño que juega tierra en sus uñas
No es imagen. Todos los perros ladran verdaderos.
"Loados Sean".
Ni teólogos ni sepultureros.
Alguien trajo el agua para el barro y la sed.
Todo está escrito para hoy
Watanavi Orante Premium de todas las constelaciones.

¿Tu Eternidad acaso mereciera  un mundo?

(inédito)

Mauro Viñuela (Resistencia, Argentina, 1971)

Foto: Mauro Viñuela FB

lunes, julio 03, 2017

Enrique Bustamante y Ballivián / Nocturno del auto




















A 150 kilómetros
el 200 H.P.
va empujando en la noche
el triángulo de luz
cuyo vértice de incrusta
en el radiador.

Trepida iscócrono
el anhelo de distancias
que agitan los émbolos
y tiembla todo el acero
un vapor de aceites
y de gasolina
y una sed de inmensidad.

Planeando sobre el camino
como un ave
de alas rodantes de caucho,
fue un vértigo toda la noche
empujar la luz hacia occidente.

Y cuando vino la aurora
en las espaldas
teníamos al sol.

Enrique Bustamante y Ballivián (Arequipa, Perú, 1883-Lima, 1937), Los autos (Poemas a cuatro ruedas), selección de Máximo Legnani, investigación y archivo de Javier Cófreces, Ediciones en Danza, 2017

Ref. El libro de unos sonidos, 37 poetas del Perú, selección de Reynaldo Jiménez, Tsé-Tsé, Buenos Aires, 2005
Foto: Archivo de la Biblioteca Nacional del Perú