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lunes, diciembre 25, 2017

Sor Juana Inés de la Cruz / Nacimiento de Cristo...















Nacimiento de Cristo, en que se discurrió la Abeja: asunto de certamen.

De la más fragante Rosa
nació la Abeja más bella,
a quien el limpio rocío
dio purísima materia.

Nace, pues, y apenas nace,
cuando en la misma moneda,
lo que en perlas recibió,
empieza a pagar en perlas.

Que llore el Alba, no es mucho,
que es costumbre en su belleza;
mas ¿quién hay que no se admire
de que el Sol lágrimas vierta?

Si es por fecundar la Rosa,
es ociosa diligencia,
pues no es menester rocío
después de nacer la Abeja;

y más, cuando en la clausura
de su virginal pureza,
ni antecedente haber pudo
ni puede haber quien suceda.

¿Pues a qué fin es el llanto
que dulcemente le riega?
Quien no puede dar más Fruto,
¿qué importa que estéril sea?

Mas ¡ay! que la Abeja tiene
tan íntima dependencia
siempre con la Rosa, que
depende su vida de ella;

pues dándole el néctar puro
que sus fragancias engendran,
no sólo antes la concibe,
pero después la alimenta.

Hijo y madre, en tan divinas
peregrinas competencias,
ninguno queda deudor
y ambos obligados quedan.

La Abeja paga el rocío
de que la Rosa la engendra,
y ella vuelve a retornarle
con lo mismo que [la alienta].

Ayudando el uno al otro
con mutua correspondencia,
la Abeja a la Flor fecunda,
y ella a la Abeja sustenta.

pues si por eso es el llanto,
llore Jesús, norabuena,
que lo que expende en rocío
cobrará después en néctar.

Juana de Asbaje y Ramírez de Santillana, Sor Juana Inés de la Cruz (San Miguel de Nepanta, México, 1651-Ciudad de México, 1695), Antología, selección e introducción de María Luisa Pérez Walker, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 1993

Ilustración: Sor Juana Inés de la Cruz por Juan de Miranda (detalle), 1713, UNAM

jueves, octubre 26, 2017

Sor Juana Inés de la Cruz / Al que ingrato me deja...
















Al que ingrato me deja, busco amante;
al que amante me sigue, dejo ingrata;
constante adoro a quien mi amor maltrata,
maltrato a quien mi amor busca constante.

Al que trato de amar hallo diamante,
y soy diamante al que de amor me trata,
triunfante quiero ver al que me mata
y mato al que me quiere ver triunfante.

Si a éste pago, padece mi deseo;
si ruego a aquél, mi pundonor enojo,
de entrambos modos infeliz me veo.

Pero yo por mejor partido escojo,
de quien no quiero, ser violento empleo,
que de quien no me quiere, vil despojo.

Sor Juana Inés de la Cruz (Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, San Miguel Nepantla, México, 1651-Ciudad de México, 1695), Obras completas, Porrúa, México, 2004
Envío de Jonio González

Imagen: Tela de Miguel de Cabrera, c. 1749, detalle

jueves, agosto 01, 2013

Poemas elegidos, 95


Romina Freschi
(Buenos Aires, 1974)

Primero Sueño, de Sor Juana Inés de la Cruz
Elijo a Sor Juana y su sueño porque es un texto que no sé si me es posible terminar de leer, y porque por eso mismo me permite siempre hablar de abandonar la pretensión de “entender” la poesía, o simplemente la de “entender” el mundo. La primera vez que lo leí, en la Facultad, hace unos dieciocho o veinte años, me llené de pasmo, frustración, miedito y admiración. No podía unir una palabra con otra, y esa imposibilidad me resultaba más inquebrantable que las Soledades de  Góngora o cualquier otro texto barroco.
Abandonando esa pretensión, abandono que me sirve para leer cualquier poema, pude simplemente leerlo, como quien se saca anteojos que no necesita. Claro que leí mucho más de Sor Juana, porque su figura me fascina. Su poesía entera, sus cartas, sus obras de teatro. También leí mucho acerca de ella e interpretaciones de su obra.  Creo, como los poetas concretos, que es la iniciadora de la poesía latinoamericana (mal que les pese a tantos con o), y para mí ha sido un punto de ida y vuelta. Vuelvo, con los años, vuelvo y vuelvo a ella. A las cartas, la atenagórica y su brillo prepotente, y la respuesta a Sor Filotea, defensa ajustadísima, desesperada, exhaustiva y por todo eso, luminosísima. Y al "Sueño", muralla increíble. Como con muchos otros sueños, olvido sus versos con frecuencia, por eso, cada vez que lo leo, es siempre nuevo.
Hace unos años escribí un texto que se llama "Todas Cuerdas", y se editó en un volumen en colaboración (con E. Solinas, M.Arancet y V. Melchiorre)  llamado Invocaciones, 4 poetas en la voz del mito (Ruinas Circulares, Bs.As. 2012). Al principio y al final de mi parte hay citas de Sor Juana, anillos perfectos para mis dedos. Lo cierto es que siempre estoy incluyendo algo de ella en mis poemas, y del "Sueño", en particular, el principio o el final, por ejemplo, o  teniendo en mente alguna otra frase magistral como aquella que dice  “cuanto más se implican combinadas/tanto más se disuelven desunidas,/de diversidad llenas”, declaración que me parece define al poema, al conocimiento y a todas las cosas de la vida.
Han tachado ese poema de intelectual, y muchas veces me parece un sinónimo de “difícil” en sentido peyorativo -y es que eso vuelve a la pretensión de “entender” un poema, además de que clausura su lectura-. A mí me parece un poema lleno de pasión por la vida, y Juana misma lo define como el único papel que ha escrito “para sí misma”. En ese atisbo de romanticismo en una época barroca –y en una tierra colonizada y colonial, poblada por inquisidores y cuando no había destino intelectual para las mujeres- hay para mí un camino de luz y de libertad, o al menos un sueño de ello.
Este año, volví a leer el "Sueño", esta vez pensando en hacer conscientes y manifiestas mis referencias recurrentes a Sor Juana en un poema que creo, terminé de escribir hace unos días. Se llama “Eco del Parque”. No es una reescritura, aunque por momentos puede parecerlo. Sí hay un diálogo constante, incluso apelaciones directas a la obra de Sor Juana o de otros que la han leído y escrito a partir de ella, como Margaret Atwood o Roberto Echavarren.
Como el "Sueño" tiene casi 1000 versos, seleccióné solo algunos, aquellos con los que termina (la noche, el sueño y el poema). Además de ser una de las partes que retomo en mi nuevo poema,  creo que es una de las más bellas y transparentes.




Primero Sueño

[Fragmento]

Llegó, en efecto, el Sol cerrando el giro
que esculpió de oro sobre azul zafiro:
de mil multiplicados                      
mil veces puntos, flujos mil dorados
--líneas, digo, de luz clara--, salían
de su circunferencia luminosa,
pautando al Cielo la cerúlea plana;
y a la que antes funesta fue tirana        
de su imperio, atropadas embestían:
que sin concierto huyendo presurosa
--en sus mismos horrores tropezando--
su sombra iba pisando,
y llegar al Ocaso pretendía                
con el (sin orden ya) desbaratado
ejército de sombras, acosado
de la luz que el alcance le seguía.

  Consiguió, al fin, la vista del Ocaso
el fugitivo paso,                          
y --en su mismo despeño recobrada
esforzando el aliento en la rüina--,
en la mitad del globo que ha dejado
el Sol desamparada,
segunda vez rebelde determina              
mirarse coronada,
mientras nuestro Hemisferio la dorada
ilustraba del Sol madeja hermosa,
que con luz judiciosa
de orden distributivo, repartiendo        
a las cosas visibles sus colores
iba, y restituyendo
entera a los sentidos exteriores
su operación, quedando a luz más cierta
el mundo iluminado y yo despierta.        

Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, Sor Juana Inés de la Cruz (San Miguel
de Nepantla, 1651- Ciudad de México, 1695)


Foto: Romina Freschi en FB

lunes, enero 23, 2012

Sor Juana Inés de la Cruz / Con el dolor de la mortal herida...



De una reflexión cuerda con que
mitiga el dolor de una pasión

Con el dolor de la mortal herida,
de un agravio de amor me lamentaba,
y por ver si la muerte se llegaba
procuraba que fuese más crecida.

Toda en su mal el alma divertida,
pena por pena su dolor sumaba,
y en cada circunstancia ponderaba
que sobraban mil muerte a una vida.

Y cuando, al golpe de uno y otro tiro
rendido el corazón, daba penoso
señas de dar el último suspiro,

no sé con qué destino prodigioso
volví a mi acuerdo y dije: ¿qué me admiro?
¿Quién en amor ha sido más dichoso?

 Juana de Asbaje y Ramírez de Santillana, Sor Juana Inés de la Cruz (San Miguel de Nepanta, 1651-Ciudad de México, 1695),Versos profanos, Mondadori, Madrid, 1998

 Ilustración: Edipo e la Sfinge, 1968, Giorgio de Chirico

sábado, enero 21, 2012

Sor Juana Inés de la Cruz / Feliciano me adora y le aborrezco...





Continúa el asunto y aun le 
expresa con más viva elegancia

Feliciano me adora y le aborrezco;
Lisardo me aborrece y yo le adoro;
por quien no me apetece ingrato, lloro,
y al que me llora tierno, no apetezco:

a quien más me desdora, el alma ofrezco;
a quien me ofrece víctimas, desdoro;
desprecio al que enriquece mi decoro
y al que le hace desprecios enriquezco;

si con mi ofensa al uno reconvengo,
me reconviene el otro a mí ofendido
y al padecer de todos modos vengo;

pues ambos atormentan mi sentido:
aquéste con pedir lo que no tengo
y aquél con no tener lo que le pido.

Juana de Asbaje y Ramírez de Cantillana, Sor Juana Inés de la Cruz (San Miguel de Nepanta, 1651-Ciudad de México, 1695), Versos profanos, Mondadori, Madrid, 1998

Ilustración: Pianto d'amore (Ettore e Andromaca), 1974, Giorgio de Chirico