miércoles, noviembre 30, 2016

La lira argentina, ¿cómo suena?, 38

Horacio Fiebelkorn 

Las voces de la poesía argentina, con sus coros y sus solistas, están reconfigurándose todo el tiempo, y en este momento veo que algunas estéticas de otros años han devenido simples etiquetas que nada dicen. Lo que repone, una vez más, la necesidad de leer bien y sin prejuicios antes de formarse una opinión o definir lo que leemos.

En el medio de todo esto, en algunos de los más jóvenes reaparece lo confesional, que era sancionado con dureza desde mediados de los 80. La posibilidad de publicación se convirtió en “urgencia de publicación”, y es así como cada semana se editan y festejan libros en clave generacional inmediata, muy fáciles de fechar, como si perdieran de vista que todo poema, relato, canción o lo que sea, se proyecta hacia adelante. O como si, más que escribir poesía, le tiraran centros a los sociólogos. El colador del tiempo se quedará con lo que vale la pena

Mientras tanto, por otros andariveles, alejados de las retóricas del momento, se sigue produciendo obra sólida e intensa.

Horacio Fiebelkorn (La Plata, provincia de Buenos Aires, 1958). Reside en la ciudad de Buenos Aires. Es poeta y periodista. Trabajó en Radio Universidad de La Plata, donde condujo los programas El cazador americano y La hora de los magos. Colaboró con la revista Humor Registrado y fue coeditor del tabloide de poesía La Novia de Tyson. Su obra poética editada comprende los siguientes libros: Caballo en la catedral (Ediciones El Broche, La Plata, 1999), Zona muerta (La Bohemia, Buenos Aires, 2004), Elegías (Ediciones Al Margen, La Plata, 2008), Tolosa (Eloísa Cartonera, Buenos Aires 2010),  Elegías (2a. edición, Determinado Rumor, Buenos Aires, 2011), Pájaro en el palo. Antología personal (Civiles Iletrados, Montevideo, 2012) y El sueño de las antenas (Ediciones Vox, Bahía Blanca, 2013). Algunos de sus poemas fueron traducidos al portugués por Virna Teixeira y publicados en una plaqueta con el título O tempo que se perde em buscar o tempo perdido (O Arqueiro Verde, San Pablo, 2011). Durante el 2016 se publicaron también Cerrá cuando te vayas (narrativa, Club Hem, La Plata) y La patada del chancho (Zindo & Gafuri).

La lira argentina, ¿cómo suena?, 37


Mariano Shifman

Es de agradecer la oportunidad de opinar libremente sobre poesía, sin preguntarnos antes a qué confesión grupal pertenecemos. Entrando en materia y en espíritu, opino que desde hace tiempo, medido en lustros o incluso en décadas, en la Argentina -pero no sólo-, se amparan bajo el término “poema” miríadas de textos que no lo son.
No me gusta apostrofar; no soy quién y quizá nadie lo sea. Pero entiendo y siento que a un poema que se precie de tal y que no sea apenas una disgregación de prosa –y no de la buena, por lo general- en espacios que la exceden, no pueden faltarle sonido y sentido, para decirlo de un modo elemental.
He publicado hasta ahora tres libros de poesía: los dos primeros no contienen un solo poema que no haya sido escrito según los cánones del “versolibrismo”; el tercero, que recién salió de la imprenta, de 70 sonetos. Creo que todas las opciones son válidas, siempre que el poema tenga algo que decir y que lo diga mejor que lo que podría hacerlo un cronista deportivo o un columnista de espectáculos.
Hay excelentes poetas en nuestro país: nominarlos sería injusto por todos los que quedarían fuera de la lista. Y hay otros tantos, no pocas veces múltiplemente premiados, que, según este modesto escriba, son poetas en un recortado sentido etimológico de la palabra: “hacen”, pero no poesía, sino excelentes relaciones públicas.
La lira argentina suena bien muchas veces, y otras es demasiado cacofónica para mi gusto. ¿Dependerá de la dirección del viento?

Mariano Shifman (Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires, 1969). Abogado y licenciado en Letras. Autor de los libros de poesía Punto rojo (Primer Premio del XI Certamen Nacional de Poesía, Editorial de los Cuatro Vientos, Buenos Aires, 2005), Material de interiores (Proa Editores, Buenos Aires, 2010) y Cuestión de tiempo, recientemente editado por Poemanía, Colectivo Editor Latinoamericano. Aficionado al ajedrez, a las largas caminatas y a la música.

La lira argentina, ¿cómo suena?, 36


Gabriel Roel
(EL RUIDO DON DE ESTARNOS)

En las recobradas cadencias de lo retroactivo, implicado arrebato particular, la experiencia de la letra exige aquella rarezas cuyo tiempo de etcétera atisba consentir con las propias torpezas y destellos. Y de sus infranqueables madejas perceptibles o no, la condición de dejarse conmover como desaprender, stricto sensu, ese albergue innumerable de destituciones que arma lo singular de la experiencia. Don que ninguna época por ideal que sea -raigal canalla- ofrece en su default de maleza y criminal caza-bobo.

Allí donde nadie es contemporáneo de sí, una enunciación suena, hace pie silencioso
por escrito.

¿cuántos añoran sin saberlo / sus oropeles, su esplendor barato, / la eterna adolescencia del espíritu? (1) Provisoria encallada en discordia de linajes (2). E incluso lejana semejanza con las virtudes (3).

En el mar de alusiones y cadencias suena la obsolescencia. Sin Otro. Branquias de platillos de óxido ideológico, de estériles comillas, junto a lo innumerable inédito y ascesis. Paradojas chapitas y tapitas despegadas del bleque que insume horizontes de malentendido a sumidero. Trincheras, segregación y sugestión dizque razón todo terreno de retornos, restos sintomáticos, burocracias para modular disensos, agitación de histrionia y vamos-por-todo. Imaginaria carbonera identitaria en la carnicería de los saldos cínicos. Panderetas ágrafas de rastas, chas-chas, ceos y cebos.

Hamlet, su arduo advenimiento (4)

Don de los entusiasmos desbaratan -desierto simbólico deshecho- el sol de noche de la palabra. Ni primera ni última.  
 
(1) Zaidenwerg, Ezequiel  La lírica esta muerta, Bahía Blanca, Vox Senda, 2011.
(2) Rosa, Nicolás  La letra argentina - crítica 1970-2002, Buenos Aires, Santiago Arcos, 2003.
(3) Rosenberg, Mirta  El paisaje interior, Bajo la luna poesía. Buenos Aires, 2012.
(4) Oliva, Aldo De fascinatione, Universidad Iberoamericana/Artes de México, 1997.


Gabriel Roel (Villa Libertador General San Martín, provincia de Entre Ríos, 1971). Estudió letras en la Universidad de Buenos Aires y psicología en la Universidad Nacional de Rosario. Vive en ciudad de México donde trabaja en literatura y es analista practicante del psicoanálisis, asociado al Campo Freudiano de la Nueva Escuela Lacaniana (NEL). Mantiene el blog de literatura Cuadernos Init Labor Publicó Parque México (2011); Las ciudades descalzas sin nosotros (2012); La sangre de la letra (2012); Dizque (2014); Cantos de bagre (2015); Allende (2015); Comillas sobre un inquebrantable mar de horquetas (2015); El ras de la experiencia (2016); Michaux (2016); Mañana del poema (2016) y Kojève (2016).

La lira argentina, ¿cómo suena?, 35


Mauro Viñuela

Suena tal vez como en el resto del mundo. Con marcadas antinomias entre lo global y un arduo sentido de identidad. Entre realidad en tanto experiencia vital y realidad en tanto medios de comunicación. O dignidad humana versus dilución semántica del mensaje. Tierra y veneno. Poco paisaje. Escasa tradición. Suena, como en todo el mundo, con desbordante talento experimental, pero de una forma  casi emparentada al desasosiego, a la crisis del ser humano en tanto humano.  Suena acaso parecida a siempre. Y dentro de las mismas corrientes y bajo las influencias y confluencias mundiales. Las mismas que legitimaron versiones, por ejemplo, criollas de Paul Éluard, Czeslaw Milosz, en su momento. Y aparece en un mundo que a cada instante socava sus creencias. Y se legitima sin más. Por eso mismo. Y suena muy bien cuando me detengo en autores como Osías Stutman, Bruno Di Benedetto, Jorge Aulicino, Irene Gruss, Eduardo Espósito, Angel Faretta, Víctor Redondo, Jorge Ariel Madrazo, Rubén Reches. Acaso porque logran poner bien en alto y sin dogmas la tarea dignificante del poema, que es restituir al individuo los retazos del ser.


Adolfo Mauro Andrés Viñuela (Resistencia, Chaco, 1971). Publicó en diversos medios. Tiene un único libro, publicado por la Fundación Antorchas: Murales sumergidos. Es comerciante.

La lira argentina, ¿cómo suena?, 34


Javier A. Saleh

Sin dudas es una época de la ansiedad. Se tomaron en serio a Osvaldo L. y la publicación compulsiva apremia todo. Fagocita todo. En pos de la foto con, del afiche leyendo en, de la construcción del personaje detrás de la escritura, la mayoría de las veces se deja de lado la escritura, y la mayoría de las veces en la misma escritura suele dejarse de lado la escritura. En este sentido, o fuera de este sentido, o a pesar de este sentido, creo, y como contrapartida, que lo que predomina es la pluralidad poética. Pluralidad, no infinidad. Pluralidad que sólo es posible en la multiplicidad y no en la multiplicación.

Viajando por gran parte del país con La Hernia de Sísifo, y en solitario por América Latina, y por supuesto que de manera fragmentaria porque nunca llegamos (ni de cerca) a todo lo que existe, me parece leer que la pluralidad poética se extranjerizó de sí (se hizo singular), se autonomizó de la mera circunscripción barrial, provincial  e incluso nacional, transgrediendo lobbies lógicos (llámese afinidad, amistad poética, códigos en común).

A tal punto que hasta en un mismo autor puede verse esa pluralidad, son pocos sí, pero los hay. Porque si bien en la multiplicación de circuitos cerrados tanto de escritura como de lecturas, es común lo común y lo condescendiente con la época, parece que esa pluralidad de la que hablo tiene una maquinaria interna e inmanejable: la búsqueda desde la autenticidad. Entonces el “no se puede leer todo lo que existe”, se transforma en “con la inquietud de la búsqueda, se puede llegar por lo menos a esas poéticas singulares”. Es una búsqueda subjetiva (y a la vez colectiva) y se llega como se llega al jazz. Rizomáticamente. De boca en boca. Así (también) suena.

Javier A. Saleh. "Nació en Boedo (una idea que insiste), en 1976. Poeta y periodista. Estudió Ingeniería Mecánica y Filosofía. Pero sigue siendo Nada. Da clases de Física, Análisis Matemático y Dibujo Técnico en Escuelas Secundarias. Fue uno de los fundadores de La Hernia de Sísifo (colectivo multiartístico). Su afición principal es el motociclismo (el verano pasado viajó a Quito en su Ltd 454, ida y vuelta) y perder finales con San Lorenzo. En el 2014 dirigió y guionó el documental La Nuestredad, historia de una montaña.  Fue guionista para la Productora Uramielo en los cortos La tela es violencia y Herodes No. Por ahora ha expuesto un sólo libro: Sujeto sobre uno avos (2016). Tiene otros tres inéditos que no tienen el más mínimo apuro."

martes, noviembre 29, 2016

La lira argentina, ¿cómo suena?, 33


Javier Cófreces

Tengo que estar atento. Conocer la obra de los nuevos poetas argentinos. Me interesa estar en contacto con esas voces. Saber cómo hablan y qué dicen. Con Eduardo Mileo y Gabriela Franco antologamos a poetas nacidos a partir de 1977 en Última poesía argentina (Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2008). Luego leí 53/70 (Editorial Municipal de Rosario, 2015). Tengo a mis “jóvenes” preferidos y podría apostar por unos cuantos... Leo a los nuevos poetas. Quiero saber de ellos. Hace pocos días, los escuché recitar en el Circo de Poesía de la Universidad de La Plata. Leyeron textos jugados, provocadores. Muchachos con uñas pintadas y medias de mujer. Chicas desafiantes, pistoleras del far-west, que se animan a todo...ver en vivo a los nuevos/as poetas fue una experiencia inolvidable. Tienen de qué hablar en estos tiempos y disponen de maestros mayúsculos para inspirarse. No dudo de que en sus cabezas zumban las voces de Madariaga, Orozco y Pizarnik. Habrán leído a Escudero y a Bustriazo. También a Juanele y Beatriz Vallejos. Tengo fe en los nuevos poetas. ¡Necesito leerlos todo el tiempo...! Estar atento.



Javier Cófreces (Ciudad de Buenos Aires, 1957). Poeta. Editor. Técnico químico. En los 70 integró con Miguel Gaya el grupo Onofrio Poesía Descarnada. Fundó en los 80 la revista La Danza del Ratón, con Jonio González. Dirige hoy la editorial En Danza, que dio a conocer en Buenos Aires las obras de Jorge Leónidas Escudero y Juan Carlos Brustriazo Ortiz. Publicó entre otros los libros de poesía Pasaje Renacimiento (1988); Amianto (1991); Mar de fondo (1994) y Ropa íntima (1997) en Libros de Tierra Firme, de José Luis Mangieri. Es autor de compilaciones de poesía y de libros en colaboración con Alberto Muñoz y Eduardo Mileo.

La lira argentina, ¿cómo suena?, 32


José María Pallaoro

Cada día me encuentra más sordo. Quizás por eso, vuelvo a una música conocida, aquella que me asombró en mi juventud. Speroni, Bayley, Aguirre, Giannuzzi, Lamborghini, Gelman, Vilariño, Urondo, Porro... Por difundir, creo que es por eso, recibo, aunque cada vez menos, libros de nuevos y viejos poetas (los “viejos poetas”, salvo honrosas excepciones, tienen mi edad). Lo que nutre mis blogs son mis lecturas, y mis lecturas provienen de mi biblioteca. Armada desordenadamente a lo largo de más de 40 años. Hay miles de libros. Y recurro a algunos de ellos en todo momento. En mis blogs se refleja una pequeña parte de lo leído, no todo (muchos de los poemas y autores amados, vaya uno a saber el motivo, no se encuentran en Aromito, en Poesía La Plata). En esos blogs está lo poco que sé de la actual producción de poesía argentina. Podría afirmar, sin demasiada convicción, que la poesía nunca termina, suena, siempre, y a su ritmo, al del tiempo actual, aunque, posiblemente, yo ya no tenga oídos. Por una cuestión de sobrevivencia, fui y soy de salir poco, no es frecuente que participe de lecturas, presentaciones, festivales. Nada personal. Prefiero, una y otra vez, volver a mis libros, revistas y discos. Para no olvidar la música. Esa que una vez escuché y que aún me permite vivir.

José María Pallaoro (City Bell / La Plata, provincia de Buenos Aires, 1959). Dirigió la revista de poesía El Espiniyo. Editor de Libros de la Talita Dorada. Coordina talleres de lectura y escritura creativa. Administra los blogs de poesía Aromito y Poesía La Plata. Algunos de sus libros: Antología breve (2016); El flautista de City Bell (2015); Son dos los que danzan (2005 y 2012; traducido al italiano y esloveno: Sono due quelli che danzano / Ples v d voje, 2013).

La lira argentina, ¿cómo suena?, 31


Rafael Gabino

Es imposible soslayar el contexto a escala global en que se inscribe la producción poética de esta parte del mundo: ciudades arrasadas por contaminaciones de todo tipo, material y simbólica, levantadas sobre los escombros del contrato social roussoniano, con territorios circundantes que son campo de exterminio de los recursos naturales. Dado este marco, la poesía es, entre otras imposibles definiciones, una estrategia de búsqueda de fulgores y la desesperación de un instante en el que pareciera entrever las fuentes del desasosiego humano. En nuestro país, por lo menos durante los últimos treinta y tres años, quienes escriben poesía exploran y se mueven, con estilos y resultados diversos, en la tensión entre dos polos. A partir de la palabra heredada, hay voces que operan de algún modo sobre cierto sustrato de expresiones de una sensibilidad que el tiempo y la complejidad de las circunstancias desdibujaron. Por otra parte, está el efecto de ruptura de cánones impulsado por la experiencia cada vez más individual y menos colectiva de esta época, aunque se observan indicios de reagrupamientos todavía difusos; amén, en algunas de estas producciones, de cierto extrañamiento (no diremos nostalgia) a modo de reverbero, de una edad de oro perdida de manera impiadosa.


Rafael Gabino Britez (Almirante Brown, provincia de Buenos Aires). Periodista, profesor en Letras, licenciado en Educación, docente en escuelas secundarias e institutos terciarios. Obra publicada: Britez, Rafael. Denza, Néstor. Carlotto, Estela de, pról. ”Los pibes del Santa”: represión estudiantil en Florencio Varela 1976-1983. Editorial de la Universidad Nacional de Quilmes, 2012. En prensa: A espaldas de la noche (poesía), Ediciones del Dock.

La lira argentina, ¿cómo suena?, 30


Diego E. Suárez

Muestras preciadas, no de obras completas, sino de poemas sueltos, como frutos perennes, se pueden recolectar en Malatesta, en Caso Rosendi, en Lukin, en Gruss, en Figueroa, en Serrano, en García, en Venturini, en Litvinova. Rasgos comunes: precisión verbal y entonación alejada de toda vanidad retórica; en lo cotidiano o lo íntimo destella lo poético y la complejidad del mundo se representa en juegos de sentido que involucran al lector no sólo desde una semántica, sino también desde una pragmática: risa, goce, conmiseración… percepción transformada.




Diego E. Suárez (Posadas, Misones, 1979). Licenciado en letras, docente, investigador, radicado en Santa Fe. Colaboró con el suplemento literario del diario El Litoral  y con las revistas locales El Arca del Sur y Hoja del viento, dirigidas por Alejandro Álvarez. Publicó los libros de poesía Infinitaedro / El arte de la fuga y el silencio (Santa Fe, La Gota, 2013; reimpresión 2016) y Sufrimiento de otro en su cuerpo (Rosario, Serapis, 2013). En investigación literaria: Un hombre escribe la caída de las palabras al pozo de la luz (Santa Fe, UNL, 2014) sobre la poesía de Roberto D. Malatesta.

lunes, noviembre 28, 2016

La lira argentina, ¿cómo suena?, 29


Valeria Pariso

Si por poesía actual se considera lo reciente, lo que pertenece al tiempo que estamos viviendo, en la poesía argentina encuentro por un lado, una tendencia al texto anecdótico, donde el sonido y el sentido de lo escrito no se despegan entre sí. Es un texto plano, sin vuelo. Como lectora, ese texto me es indiferente, no me provoca asombro ni me muestra una mirada diferente del mundo. No advierto, además, en ninguno de estos casos, un trabajo con el lenguaje diferente al de la prosa, ni con el ritmo ni con la estructura ni con la sonoridad global del texto, ni siquiera a nivel experimental. Es la anécdota por la anécdota misma, como si se tratara de un posteo de un "estado" en Facebook. Circula mucho este tipo de material y para mí eso no es poesía. Ni siquiera puedo decir que no me parece buena poesía, porque va más allá: no encuentro poesía en ese tipo de texto.
Esto no significa que no se esté escribiendo buena poesía en la cual se cuentan hechos como recurso para desarrollar un tema dentro del poema. Existe y bien escrita es bellísima, pienso ahora en Claudia Masin, Dolores Etchecopar, Laura García del Castaño.
Por otro lado, me encuentro con poesía que me conmueve, ya sea por el uso que hace del lenguaje o  por el tratamiento de ciertos temas, como en Estela Figueroa, Irene Gruss, Graciela Cros, Jorge Aulicino, Jorge Spíndola, Diego Roel, Jotaele Andrade, por citar algunos.

Valeria Pariso (Ciudad de Buenos Aires, 1970). Abogada. Poeta. Publicó Cero sobre el nivel del mar (Ediciones AqL, 2012), Paula levanta la persiana (Ediciones AqL, 2013), Donde termina esta casa (Ediciones de la Eterna, 2015) y Del otro lado de la noche (Editorial El Mono Armado, 2015). En 2014 crea, en Bella Vista, povincia de Buenos Aires, un ciclo destinado a la lectura de poesía contemporánea entre vecinos, que continúa coordinando en la actualidad e incluye fotografía a cargo de Karina Giglio y música a cargo de César Jorge.
Coordina talleres de poesía.
Administra dos blogs:
www.tantotequeria.blogspot.com.ar
www.laficciondelolvido.blogspot.com.ar

La lira argentina, ¿cómo suena?, 28


Javier Galarza

Creo que una de las preguntas que plantea la poesía es hasta donde nombrar o narrar y hasta donde sugerir, aludir. Tomo dos libros disimiles que me gustan mucho: De la misma llama ,de Darío Canton, y El cielo una sola vez, de Dolores Etchecopar. En medio de textos tan diferentes se despliega todo un abanico de voces y de nombres. Por ejemplo, Alberto Cisnero logra una lírica que dice. Poetas como Escudero y Bustriazo insuflaron la lengua. Veo que ya no hay lugar para hegemonías o faros. Me interesan los cruces, el diálogo, las influencias impensadas, ir más allá de la propia calle. La lira argentina suena convulsa, como los tiempos, pero suena.



Javier Galarza nació en Buenos Aires en 1968. Da clases en la Fundación Centro Psicoanalítico Argentino  Se dedica a la poesía y es autor de El silencio continente, Refracción y Lo atenuado.

La lira argentina, ¿cómo suena?, 27


Silvana Franzetti

La poesía es minoritaria. No solo en Argentina, en el mundo. En parte, entonces, podría pensarse que es más fácil saber escuchar a esta minoría con sus diferencias intrínsecas. Y sin embargo es una tarea difícil. Entre 2000 y 2016 la producción poética en Argentina creció notablemente, más que entre 1984 y 1999. Se sabe: no solo en cantidad de poetas, editoriales, espacios de lectura, festivales, revistas, blogs o tumblrs, también en diferencias. A modo de hipótesis, otro acontecimiento destacable en los últimos años es la posibilidad de lectura de obras reunidas, práctica diferente a la de la lectura de libros sueltos en papel y de poemas sueltos en línea. Solo un ejemplo de modos y condiciones de lectura contrastantes, que en algunos casos conviven.



Silvana Franzetti (Ciudad de Buenos Aires, 1965). Poeta y traductora. Su último libro, Notas al pie, apareció por Periódica Ediciones en 2016. Una traducción de la obra de Volker Braun, La bahía de los muertos, se encuentra en curso en El Jardín de las Delicias para su publicación.

La lira argentina, ¿cómo suena?, 26


Eduardo Mileo

Creo que desde los manifiestos del surrealismo a esta parte, muy poco se ha inventado en cuanto a grandes filiaciones. En la Argentina, el conflicto Florida-Boedo, una disputa sobre cuál era la verdadera vanguardia artística, fue luego refritado en distintas versiones. La disputa entre objetivistas y neobarrocos en los ochenta no dejó de ser una reescritura de aquella polémica. El movimientismo, ligado a los grandes acontecimientos políticos, perdió vigor desde la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética. Actualmente, la constante es la dispersión: la multiplicidad de poéticas personales es una expresión de la diáspora estética. Se viven, no obstante, tiempos violentos, sacudidas que prometen jaleo político profundo. Las voces de guerra de Trump son un eco de la descomposición de un sistema que ya lleva ocho años de agonía. Y la Argentina no está al margen de ese proceso (perdón por la palabra). Es esperable que de la polarización que comienza a gestarse surjan movimientos estéticos nuevos y, con ellos, nuevas filiaciones.



Eduardo Mileo (Ciudad de Buenos Aires, 1953). Poeta. Corrector. Editó entre otros los libros de poesía Quítame estas cruces (Ediciones del Escuerzo, 1982), Tiendas de campaña (Trocadero, 1985), Mujeres (Ultimo Reino, 1989), Misa negra (con Alberto Muñoz, Ultimo Reino, 1992) y Poemas del sin trabajo (Ediciones en Danza, 2007).
Gano el Primer Premio de Poesía del Fondo Nacional de las Artes en 2002 por Poemas sin libro (Ediciones en Danza). Realizó, con Alberto Muñoz, el trabajo de teatro musical Misa negra (1991). Junto al compositor Raúl Mileo, ha actuado en la capital y el interior del país presentando los espectáculos A boca de jarro e Irala, sueño de amor y de conquista. Fue miembro del consejo editorial de la revista de poesía La Danza del Ratón y dirigente de la Sociedad Argentina de Escritores (SEA).

domingo, noviembre 27, 2016

La lira argentina, ¿cómo suena?, 25


Jonio González

Hay críticos temidos, hay críticos temerosos, los hay temerarios (que tarde o temprano acaban convertidos en excéntricos). Los temidos trazan rayas (en la forma de listas, antologías, la mera mención de nombres) que suponen la diferencia entre la existencia y la inexistencia. Las liras también trazan rayas. Trazamos rayas los neorrománticos, los coloquialistas, los neosurrealistas, los formalistas, los objetivistas, los neobarrocos (presuntos inventores en exclusiva de la modernidad), rayas que dejan fuera a casi todos los que no son de nuestro club salvo excepciones (a las cuales solemos enviar a una suerte de nada extática, remedo parnasiano). La lira argentina, como casi toda lira, es la historia de esas rayas, pero en su caso se trata a menudo de rayas marcadas con recelo, tras un análisis cardinalmente pasional y una buena dosis de frustración. Seamos, sin embargo, comprensivos: la torta es chica y somos muchos los que nos consideramos invitados a la fiesta.



Jonio González (Ciudad de Buenos Aires, 1954). Poeta, traductor, crítico de jazz. Fundó y dirigió con Javier Cófreces en 1981 la revista de poesía La Danza del Ratón. Ha sido incluido en diversas antologías y traducido a varias lenguas. Su obra poética incluye El oro de la república, Muro de máscaras, Cecil, Últimos Poemas de Eunice Cohen, El puente, Ganar el desierto y La invención de los venenos, este último publicado por Ediciones en Danza en 2016. Reside en Barcelona desde 1983.

La lira argentina, ¿cómo suena?, 24


Silvia Camerotto

¿Cómo suena la lírica hoy? Diferente. La poesía no se entiende  como se entendía. Pese a la distribución en versos, el terreno es frágil, casi prosaico.  Y suena,  sí. Suena a corrimiento de la tradición, a marcado individualismo, a inmediatez. Se lee la fijación de un momento, dicho en un lenguaje carente  de precisión y con un ritmo cortado con los dientes. No por coloquial. Tampoco por realista. Falta el eje ficcional. El poema es hoy una anécdota. Todo esto sostenido a su vez por los likes de un Facebook que opera como nuevo aparato crítico. La lírica se oye como gesto performático, más que nada irreflexivo, nada afín a lo universal, a lo perdurable.  Un tilín tilín. Con excepciones, claro. Contadas con los dedos de una mano.



Silvia Camerotto (Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires, 1959). Poeta, docente y traductora. LEP Tutor en British Council. Su último libro de poesía publicado es La Grosse Fuge (Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2012). Administra el blog de poesía en castellano y traducida De Sibilas y Pitias.

La lira argentina, ¿cómo suena?, 23


Pablo Seguí

Suena como estados de Facebook. Prácticamente todos apuestan por: 1.- la crónica/anécdota; 2.- el orden sujeto-verbo-predicado; 3.- la confesión. Mucha prosa cortada. Es pasajera (resbala en forma de bytes) y muchas veces pasatista. Hablo de la peor. De la mejor, la cosa pide palabras específicas para cada poeta que haya logrado cierta singularidad.












Pablo Seguí (Ciudad de Córdoba, 1973). Lector y escritor a tiempo completo. Melómano. Libros: Los nombres de la amada (1999), Claves y armaduras (2005), Naturaleza muerta (2011).
Un blog de poemas propios: Crocante de Seco.
Un blog de poemas propios, en intentos de francés: Similifranchute.
Una especie de crónica diarística: Otro Diario Éxtimo.

La lira argentina, ¿cómo suena?, 22


Jotaele Andrade
(La lira Argentina suena muy monocorde y cursi)

“… lo literario es distinto y quizás lo contrario de literal: es necesario introducir una oblicuidad para dar significación y rango poético a los datos de la historia y la realidad
        José Donoso, del prólogo a la edición de La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes, Biblioteca Básica Salvat, 1971.

En gran parte de la poesía actual, sobre todo en aquella cuyas edades oscilan desde los 45 hacia abajo, aunque también hay las excepciones que exceden este rango etario, sucede una tendencia de escritura que bien podría denominarse del realismo emocional o como de una lírica de cabotaje, que se construye al abrevar en aquello que le sucede al poeta en la vida cotidiana y exponerlo de modo cursi, sin pudor, apelando a diversos lenguajes populares: tal el de la canción melódica de los años, 70´s, 80´s, (también el uso naïf de la palabra en la canción pop de los últimos años) y la textura emocional del lenguaje de las telenovelas, entre otros. Esto denota en la carga simbólica del uso de palabras como corazón, muchacha/o, novia/o, alma. Un uso pegado al modo cotidiano, como si las palabras no contuvieran o estuvieran reñidas con los recursos poéticos, y que da una poesía chata, cursi y monocorde.

Sucede entonces una vertiente de escritura que establece la anécdota apenas corrida de los matices de la realidad; en ella el yo lírico no se ha despegado del yo al que le ha acontecido eso que cuenta. Quiero significar un tono de quien se encuentra en un consultorio psicológico donde todo deviene confesional y con fines terapéuticos, o fines afectivos- reflexivos: buscar conmover al lector desde la narración como si éste se mirara en un espejo emocional y viera que lo que se cuenta es lo que le pasa a él también, ya que lo dicho se ha realizado con el rango de la palabra que nomina la cotidianidad; lo que lleva a que se inscriba en una misma carga semántica lo que se cuenta, de tal modo que los temas tratados -la muerte del abuelo, de la madre, del perro, de un amigo, del amor o el regalo de una cintita- lleven el mismo espesor que cuando se cuenta que uno ha ingerido un sanguche de morcilla.

Toda poesía tiene un componente confesional, es la dicción subjetiva de un espíritu que mira al mundo y es mirado a su vez. Ejercer la crítica fuera del tallerismo, gru(o)pi(e)smo, de las relaciones de poder que se construye en los ciclos de lectura, los blogs, las revistas virtuales quizás contribuya a reconfigurar la lírica hacia otros modos de decir, diversos, plurales, como es el caso de la poesía de Laura García del Castaño, Rita González Hesaynes, Gabriel Pantoja, María Belén Aguirre, Damián Lamanna Guiñazú, Luciana Jazmín Coronado, Daniel Chao, entre otrxs, todos poetas inscriptos en la franja etaria mencionada.



Jotaele Andrade (La Plata, provincia de Buenos Aires, 1974). Poeta. Publicó: El salto de los antílopes (El Mono armado, Caba, 2012), El oleaje del mundo (Editorial Azul, ciudad de Azul, 2013), La mano del verdugo (Ediciones de la Eterna, Tucumán, 2014), Los metales terrestres (Añosluz, CABA, 2014), El psicólogo de dios (Qué Diría Víctor Hugo, CABA, 2016) y La Rosa orgiástica (Editorial Añosluz, CABA, 2016).

La lira argentina, ¿cómo suena?, 21


Valeria Melchiorre

Puestos a oír las liras, los tonos enfrentados han confabulado una trama afín al romanticismo, a las mieles con que el modernismo lo ha endulzado; y haciéndole el contrapunto –que siempre es un amiguismo- a un coloquialismo real-histórico-pensante, sin sacacorchos ni dientes, ni salidas a otros pagos suculentos. Y allí pastamos –muy tiesos- en el feliz maridaje, alto en el cielo el poema, de tanto en tanto una mosca con zumbidos de otros charcos. Habrá fárragos afuera de lenguajes que se cruzan; o poemas incrustándose en las verjas de las redes. Y nosotros: quietecitos, sosegados.



Valeria Melchiorre (Ciudad de Buenos Aires, 1970). Doctora en Letras por la Universidad de París 8. Docente e investigadora. Tuvo a su cargo la edición y el prólogo de Poesía completa de Amelia Biaigoni (Adriana Hidalgo, 2009) y es autora del libro Amelia Biagioni: la “excentricidad” como trayecto (Corregidor, 2014). Colaboró con la revista Plebella y con Hablar de Poesía. Escribió, en poesía, Los dictados de la moda (2012) y participó en Cuatro poetas en la voz del mito, junto con Enrique Solinas, Marimé Arancet y Romina Freschi (2012). Su libro más reciente es El hombre que soy yo en un cuadro de Francis Bacon (2013). Prologó una antología del poeta francés Pierre-Jean Jouve, de reciente aparición, cuya selección y traducción realizó en colaboración con Ricardo Herrera.

sábado, noviembre 26, 2016

La lira argentina, ¿cómo suena?, 20

Mirta Rosenberg

Lo más notable que ocurre, a mi entender, es la aparición de escuelas o universidades de poesía. También la gran cantidad de pequeñas y pequeñísimas editoriales en papel. Y hay gran variedad de tendencias de escritura, ninguna hegemónica.








Mirta Rosenberg (Rosario, Argentina, 1951-Buenos Aires, 1919). Poeta, traductora. El árbol de palabras. Obra reunida (Bajo la Luna, 2006), El paisaje interior (Bajo la Luna, 2012), El arte de perder y otros poemas (Pre-Textos, Valencia, España, 2015). En 2016 fundó la revista Extra. Lecturas para Poetas. Entre muchos otros autores tradujo a Marianne Moore, William Shakespeare, Katherine Mansfield, Anne Talvaz, Louise Glück, Elizabeth Bishop, Anne Carson, Anne Sexton, Ted Hughes. En 21013 recibió el Premio Provincial de Poesía José Pedroni que otorga el gobierno de Santa Fe, Argentina.

Foto: Valentina Rebasa/Bajo la Luna/Facebook jun. 2019

Actualizado en 2020

La lira argentina, ¿cómo suena?, 19


Silvina López Medin

De lo que he leído que se escribe actualmente, creo que en la poesía argentina que más me atrae hay algo que no termina de encajar, algo que se me escapa como lectora, y que incluso da la sensación de que hasta al autor mismo, aún al más laborioso, se le escapa. Algo que no se agota en una lectura rápida, lectura-facebook, que hace que me detenga, volver y volver y tratar de definir y no lograrlo del todo. Quietud, movimiento. Preguntas que me genera: cómo sostiene el autor un poema, un libro, cómo pasa de un libro a otro, qué me conmueve. Que abra, que arriesgue, que haya capas, que suceda, que no espere el aplauso inmediato, que se aguante el silencio.







Silvina López Medin (Buenos Aires, 1976). Publicó los libros de poemas La noche de los bueyes (Visor, Madrid, 1999), Esa sal en la lengua para decir manglar (Del Dock, Bueos Aires, 2014) y 62 brazadas (Zindo & Gafuri, Buenos Aires, 2015). Su obra de teatro Exactamente bajo el sol se estrenó en el Teatro del Pueblo de Buenos Aires en 2008. Tradujo al español, junto con Mirta Rosenberg, el libro Eros the Bittersweet de Anne Carson (Fiordo Editorial, Buenos Aires, 2015). Preparó la antología de poemas Home Movies, de Robert Hass (Zindo & Gafuri, 2016), que tradujo junto con Alejandro Crotto, Liliana García Carril y Mirta Rosenberg. Colabora con la revista Extra. Lecturas para Poetas y con la editorial Ugly Duckling Presse.

La lira argentina, ¿cómo suena?, 18


Carles Tàvec

La creación poética argentina muestra brotes verdes en cualquier estación. Ninguna germinación es igual a otra, pero todas se nutren de la misma tierra, fértil en acercamientos y desencuentros, certezas e incertidumbres, sombras e iluminaciones, como huellas que se descubren en los senderos elegidos en busca del ser. Me parece que la creación poética argentina se mueve entre dos regiones: la resiliencia y la resistencia.










“Nací en el sur de Santa María de los Buenos Aires. Mi nombre es la traducción de Carlos Tábano al catalán. Ya sé que los nombres no se traducen, pero aquí hay una historia detrás que en esta ocasión carece de sentido revelar. De día me disfrazo de contador público, de noche de lector, y siempre estoy escribiendo algo, con lo cual se deduce que no sé qué soy. Edad: entre 64 y 30, según se mire el documento o el comportamiento. Hobby anterior: fumar en pipa. Hobby actual: envidiar a los que fuman en pipa.”  

La lira argentina, ¿cómo suena?, 17


Miguel Angel Morelli

Hace mucho, muchísimo, que ni un solo poeta me obliga a revisar mi mirada del mundo, que es para lo que yo entiendo que tiene servir la poesía. Hay voces muy interesantes, lo sé,  especialmente entre los que ya tienen un buen recorrido, pero ninguna ha logrado quitarme el aliento como lo hicieron Juanele, Juarroz o Giannuzzi en su momento. Desde luego, no puedo culpar a nadie. Sin duda he perdido capacidad de asombro. O se me habrán secado los ojos, vaya a saber.









Miguel Angel Morelli (Coronel Suárez, provincia de Buenos Aires, 1955). Periodista. "Llevo publicados algunos libros".

viernes, noviembre 25, 2016

La lira argentina, ¿cómo suena?, 16


Griselda García

En la actual poesía argentina -en su mayoría porteña- veo dos grandes estéticas: una que se ha dado en llamar "del pensamiento", caracterizada por un lenguaje preciso y un tono grave (podrían representarla los poetas nacidos en los 40 y 50); y otra en la que predominan las emociones expresadas a través de un yo lírico que muchas veces coincide con el yo biográfico (más usual en poetas nacidos en los 70 y 80).
Si bien podría decirse que no es con ideas únicamente con lo que se hacen versos, sin ellas no es posible hacerlos. Dentro de la primera línea mencionada, el riesgo es que, en ese traslado de ideas a palabras y de palabras a versos, en algún lugar la cadena se corte.
En cuanto a la segunda vertiente, con la emoción salvaje tampoco se logra el poema; sí, acaso, una identificación inmediata del lector con ese yo que enuncia, y un efecto de catarsis. La emoción debe aflorar del poema y no del poeta, cuya tarea es hacerla surgir a través del lenguaje. Ardua tarea, sin duda, pero asequible para quien se empeña en su oficio, como el carpintero hace una mesa o el albañil levanta una pared.




Griselda García (Ciudad de Buenos Aires, 1979). De oficio escritora, de profesión docente, y de afición practicante de yôga. Último libro publicado: Ahora (Ediciones Del Dock, 2016).

La lira argentina, ¿cómo suena?, 15


Diego Colomba
(Panorama impresionista e impreciso de la actual poesía argentina)

Nombro a poetas que poseen algunos de los rasgos (apenas apuntados) que me interesan de la producción poética argentina actual (me ahorro, bajo el dictado de las pasiones tristes, de nombrar lo que no me gusta: una lista larga): Luis Tedesco, María del Carmen Colombo, Osvaldo Aguirre (la invención de una lengua); Griselda García, Cristian Molina, Fernando Callero, Osvaldo Bossi (la intensidad vitalista); Carolina Musa, Jorge Aulicino, Daniel Freidemberg (el distanciamiento irónico); Irene Gruss, Carlos Battilana, Estela Figueroa (el laconismo pudoroso); Eduardo Mileo, José Villa, Silvio Mattoni (la sutileza sintáctica); Diana Bellessi, Elena Anníbali, Lisandro González, Jorge Isaías (la entonación lírica); Alejandro Pidello (la osadía imaginativa); Alberto Muñoz, Eduardo D’Anna (el ethos antipoético).



Diego Colomba (San Nicolás, provincia de Buenos Aires, 1972). Docente, poeta, crítico. Licenciado en Letras, y doctor en Humanidades y Artes, con mención en Literatura. Publicó Letras de rock argentino (Editorial Académica Española, 2011) y Mesa de novedades. Poesía y narrativa del presente (Santa Fe, Universidad Nacional del Litoral, 2013). Su más reciente libro de poesía es El largo aliento (Alción Editora, Córdoba, 2016).

La lira argentina, ¿cómo suena?, 14


Rafael Felipe Oteriño

Perdida su incidencia en la Historia, abandonada su práctica como gracia nemotécnica, alejada de las costumbres mundanas, pero conversada, ágil, irónica, resistente, la poesía busca recuperar la esfera de la intimidad en una época entregada a la idolatría del mercado, con la consiguiente aniquilación de los lenguajes familiares, hechos de sobreentendidos, acentuados por la emotividad y atravesados por la discreción y el silencio. Ha apagado el énfasis y hace pie en las preguntas simples (y no tan simples) de una criatura que se sabe solo humana. Así cumple su papel de ser la otra voz, última red, testimonio y reserva de sonido y sentido.








Rafael Felipe Oteriño (La Plata, provincia de Buenos Aires, 1945). Poeta, ensayista, abogado. Publicó once libros de poesía, el último titulado Viento extranjero (Del Dock, 2014). Su obra se encuentra parcialmente reunida en Antología poética (1997), Cármenes (2003), En la mesa desnuda (2008) y Eolo y otros poemas (2016). Ha sido docente y funcionario judicial. Codirige la colección Época de ensayos sobre poesía en Ediciones del Dock. En ella publicó su libro de ensayos y notas sobre poesía Una conversación infinita (2016). Es miembro de número de la Academia Argentina de Letras.

jueves, noviembre 24, 2016

La lira argentina, ¿cómo suena?, 13


Alberto Cisnero

Somos autores de los hechos sin ser sus cómplices. Algunos necesitan la ayuda de los síndicos dedicados al apoyo y manutención de escritores para escribir. A la hora de permanecer sentados y escribir, en ese momento, todos nosotros creemos disponer de bellas imágenes y un gusto selecto. ¿A qué nos dedicamos profesionalmente? ¿Aprendimos a jugar solos, a inventarnos los propios juegos?
Si escribir fuese sonrisas, laics y ligeros apretones de manos tendríamos que leer demasiadas muchas cosas.









Alberto Cisnero (La Matanza, provincia de Buenos Aires, 1975). Escribió, entre otros, El movimiento obrero granizado (2011) y  Forma parte de mi guerra (2015). Su más reciente libro publicado es Ajab (Barnacle, Buenos Aires, 2016). Es editor y docente.

La lira argentina, ¿cómo suena?, 12


Alicia Silva Rey

La lírica argentina actual suena o ritma a partir de la armonía de los acentos –que facilitan una rima solapada-, y de la asonancia indefinida. Sin olvidar ni las  métricas rigurosas ni las rigurosas rimas. Es una lírica que enlaza diversas poéticas en las que se entrecruzan lenguas, culturas, formatos, fuentes, otras artes, redes sociales.
Están las mixturas, la tramoya que abreva en enciclopedias realistas, lo geográfico como locación o territorio de lo ficcional.
Hay linajes de uno solo (Bustriazo Ortiz, Jorge Leónidas Escudero).
Hay poéticas –para mí, las mayores de nuestra lírica actual y son más de cinco y menos de diez- donde intervienen la yuxtaposición, la intersección, le mot just que fisura el espacio-tiempo. Y, en el orden del ritmo, un palimpsesto donde la oralidad de antiguo cuño abre su delta intratextual.
Cada autor + sus afluentes de lecturas y lectores constituiría una micropoética. Un conjunto de autores reunidos en el parecido lector (ideológico) establecería una suerte de micropolítica. Si cada  micropoética puede definirse como un quehacer que alcanza su ápice en la producción de obras estéticas, el paradigma estético sería lo que cae por fuera de esa producción poética (Guattari). Por eso nos resulta bien difícil visualizarlo: las obras, nos impacten o no, van por fuera del paradigma, que se está gestando o nunca será alcanzado. Pero es una micropolítica existencial aquello que va siendo modelado por las distintas perspectivas estéticas.
Dejo fuera de este panorama los epigonismos acríticos, la reiteración aguachenta, la retórica vacua, los calcos, las parodias de parodias, los versos tan puros que destacan por su insubstancialidad.



Alicia Silva Rey (Quilmes, provincia de Buenos Aires, 1950). Escribe poesía y narrativa. (circa), Añosluz Editora, Buenos Aires, 2014; Partes del campo, Ediciones de la Eterna, Buenos Aires, 2016; Orillos, Barnacle Libros, Buenos Aires, 2016.

La lira argentina, ¿cómo suena?, 11


Pablo Anadón

Cuando leí el título de esta convocatoria, recordé a Vittorio Sereni, en un campo de prisioneros británico en Argelia, cuando anotaba: “Hoy la música es ésta: / las lonas que golpean en los postes. / No es música de ángeles, / pero es mi sola música, y me basta.” Lo decía, es cierto, aunque no fuera música angélica, en versos de excelente música verbal humana. Si tuviera que dar, como gentilmente nos solicita Jorge Aulicino, una impresión general sobre la poesía actual argentina, observaría que aquí también domina esa cruda sonoridad “delle tende che sbattono sui pali”, como si los poetas vivieran asimismo en un campo de reclusión, o tuvieran ―tuviéramos― la sensibilidad aprisionada en un perímetro semejante de alambres de púas. Ahora bien, me temo que la música resultante no sólo no es angélica, sino tampoco tan excelente, tan modulada, como la del poeta de Diario d’Argelia. Vale decir: la lira argentina ha perdido casi toda resonancia lírica, más allá de la crudeza o la rugosidad de la experiencia tratada. Predomina, pues, la prosa en versos de mayor o menor extensión, que a menudo no extrañarían la condición de versos si fueran yuxtapuestos en un texto que ocupara todo el renglón. Eso no quita, sin embargo, que esas prosas, cortadas con criterios menos rítmicos que sintácticos o visuales, puedan captar experiencias poéticas, pensamientos poéticos, descripciones poéticas, sentimientos poéticos, etc. El lirismo, así, se ha convertido más en un factor de “sentido” ―se me permita la didáctica distinción― que de “forma” (esa “forma que es el supremo contenido”, según Staiger, recordado por Benn y Klee). No se trata de una cuestión de verso medido o verso libre, sino de atención a la sonoridad del verso, entre otras dimensiones estilísticas. Hay excepciones, claro: muy raras en mi generación y la precedente a la mía, menos en las anteriores (pero ya van quedando pocos poetas vivos de ellas), y algunas, esperanzadoras, en las nuevas.



Pablo Anadón (Villa Dolores, provincia de Córdoba, 1963). Poeta, traductor, ensayista y docente. Sus dos últimos libros de poesía son El trabajo de las horas (Ediciones del Copista, Córdoba, 2006) y Estudios de la luz (Pre-textos, Valencia, 2010). Es autor de las antologías críticas Poetesse argentine (Plural Poesia, Acquaviva Picena, 1994); El astro disperso. Últimas transformaciones de la poesía en Italia. 1971-2001 (Ediciones del Copista, Córdoba, 2001) y Señales de la nueva poesía argentina (Llibros del Pexe, Gijón, 2004), así como del libro de crítica literaria La poesía en el país de los monólogos paralelos (Editorial Brujas, Córdoba, 2014). Ha publicado traducciones de Dante Alighieri, Giuseppe Ungaretti (El Dolor, Alción, Córdoba, 1994, en colaboración con Esteban Nicotra), Vittorio Sereni, Alfonso Gatto, Mario Luzi, Giorgio Caproni, Robert Frost, T. S. Eliot, W. S. Merwin, Boris Pasternak, Serguiei Esenin, entre otros.
Doctor en Letras por la Universidad Nacional de Córdoba, hizo estudios de especialización en la Universidad de Florencia y fue docente en la Universidad de Calabria. Vive actualmente en Córdoba, y trabaja en la docencia secundaria y universitaria. Ha fundado y dirige desde 1997 la revista de poesía y crítica Fénix y la colección de libros del mismo nombre. Es aficionado a los cafés, la noche, el tabaco de pipa, los gatos y la contemplación de la belleza femenina, en especial la de una, “igual a las demás, pero que es ella”.

La lira argentina, ¿cómo suena?, 10


Valeria Cervero

Si pienso en la escritura actual de poesía en la Argentina, atendiendo a todo lo que llego a conocer y no solo a lo que parece predominar en ciertos circuitos, observo una cantidad de caminos variados. Si bien hay cierto sector de jóvenes que siguen una poética hija de los noventa, con mejores y peores resultados, creo que en la multiplicidad de voces tanto de los poetas de menos edad como del resto se puede leer una diversidad de búsquedas propias. De todos modos, más de una vez me puse a pensar si, en momentos de la llamada “generación de los noventa” (a mi entender un fenómeno más propio de Buenos Aires, Rosario y Bahía Blanca), no sería así también, pero el fenómeno no se notaba. Lo diferente tal vez sea la circulación de la poesía actualmente por medios electrónicos, lo que permite lecturas que antes no estaban disponibles, así como cierto fenómeno de poetas que, si bien escribían hace tiempo, han publicado sus primeros libros ya pasada la tercera década (en contraste con los que se apuran a publicar muy jóvenes). Quizá la tendencia de la época no esté tanto en la producción de poesía en sí sino en la forma de acceso a ella, las posibilidades de lectura.



Valeria Cervero (Buenos Aires, 1972). Poeta y correctora. Administra los blogs De lo que no aparece en las encuestas y mordiscos. Es integrante del staff de la revista virtual de poesía Op. cit. Su último libro publicado es Sin órbitas (El Ojo del Mármol, 2016).

miércoles, noviembre 23, 2016

La lira argentina, ¿cómo suena?, 9


Diego L. García

Mencionaré 3 líneas. Una que proviene de lecturas a medias, facilista y que se infla para ocupar espacio; se trata de una réplica de la lengua televisiva, pospolítica, de autoayuda. Otra línea es la de ciertos poetas que ya realizaron una Obra pero que han respondido a una moda de época de imitar traducciones; ahí están los poetas-fans de Pound, Levertov, etc. Y una tercera línea, la de quienes han retorcido el lenguaje heredado sin preocuparse por los canapés para el público; poéticas fundadas en el rechazo de la legalidad.








Diego L. García (Berazategui, Buenos Aires, 1983). Es Profesor en Letras. Escribe poesía y crítica. Ha publicado recientemente el poemario Esa trampa de ver por Añosluz Editora (2016).

La lira argentina, ¿cómo suena?, 8


Mercedes Álvarez

Hace poco le leí un comentario a Irene Gruss en una entrevista: "Por suerte, se terminaron los 90". No sé si estoy del todo de acuerdo con la afirmación, pero bien es cierto que cuanto menos quedaron atrás. Los 90 como museo, del que permanecen retazos vivos pero donde sobre todo se va por curiosidad o por el valor de la referencia. Y de pronto, cierta sensación de búsqueda de la intemporalidad, del más allá: la irrupción de lo sagrado. Me provoca algo entre el asombro y la pregunta encontrarme hoy con poetas como Alejandro Crotto, quien escribe un libro sobre Francisco de Asís, o con Diego Roel y su poemario sobre Hildegarda de Bingen. ¿Poesía religiosa? "Siempre hay un creyente/que mordisquea mi tobillo", dice Yenia Fischer en Persuasión de un crimen. Otros, se quedan con el símbolo. Es decir, el peso de lo sagrado, pero sin lo sagrado: Diego Muzzio, Jorge Chiesa, Cristóbal Miranda. Por ejemplo. Digo estos, pero hay otros. Digo esto. Por lo demás, reconozco más diversidades que filiaciones.



Mercedes Álvarez (Tandil, provincia de Buenos Aires, 1979). Poeta, narradora y socióloga. Vivió en Mar del Plata hasta los diecinueve años. Entre 1998 y 2006 residió en España, donde se licenció en Sociología por la Universidad Pública de Navarra. Realizó un máster en Gestión Cultural. Publicó los libros Vecinos (Baile del Sol, España, 2010), Historia de un ladrón (Caballo de Troya, España, 2010), Imitación de los pájaros (Zindo & Gafuri, Buenos Aires, 2013), Ficciones súbitas (comp., De aquí a la Vuelta, Buenos Aires, 2013), Saigón (Zindo & Gafuri, Buenos Aires, 2015) y El cuerpo intacto (plaqueta, Pen Press, 2016). En 2013 ganó el premio Edmundo Valadés de cuento latinoamericano con el relato "Grow a lover".

La lira argentina, ¿cómo suena?, 7


Miguel Gaya

Imposible delimitar el campo y criterios para evaluar la producción poética. Es difícil una foto con tanta gente entrando y saliendo de cuadro. Además, el fácil acceso a otras tradiciones y producciones genera influencias y ecos impensables ayer. Si siempre resultó difícil hablar de tradiciones en países con pocas generaciones por historia, hoy resulta naïf. Pero es posible que al leer desde lejos a varios poetas argentinos, nacidos de mediados de siglo XX en adelante, encontremos cierto aire común. Tal vez, economía de lenguaje, escasa lírica, mesura sentimental, indagación por el sentido.







Miguel Gaya (Ayacucho, Buenos Aires, 1953). Abogado. Escritor. Ha publicado libros de poemas y tres novelas. Sus más recientes libros de poemas son El alma y otros lugares (En Danza, Buenos Aires, 2012) y Cabeza de artista (En Danza, 2016). En 2016 publicó también la novela Resurrección de un comisario (Nuevo Extremo, Buenos Aires).
Integra el PEN Club de Argentina.

La lira argentina, ¿cómo suena?, 6


Irene Gruss

No sé qué es actual. Para mí, Emily Dickinson , por ejemplo, es actual. Y los que hacen slam del bueno, también. Tampoco sé generalizar ni meter todo en una sola bolsa. Leo, bastante. Últimamente, veo muchos segundos o terceros libros de gente que se queda, no crece. Así como primeros libros que en Facebook idolatran, y me pregunto qué tienen, qué les ven. Me suenan a composiciones de escuela: sujeto, verbo y predicado. "Hoy hice tal cosa". Mirá vos, me digo, qué más, insisto; pagaste 10 o 20.000 pesos para editar eso: "Hoy fui al mercado"; "Hoy me pasó tal cosa"; "Me duele acá".
Entonces, tiro, bastante. Me quedo con lo poco bueno que sostiene las ganas o el decirse "menos mal, el mundo sigue andando, vamos bien".



Irene Grus (Buenos Aires, 1950). Publicó su obra poética reunida hasta 2008 en La mitad de la verdad (Bajo la Luna). Posteriormente, La pared (Ediciones Nudista, Córdoba, 2012), Notas para una tanza (Gog y Magog, Buenos Aires, 2012) y Entre la pena y la nada (Del Dock, Buenos Aires, 2015). En Del Dock publicó también la antología Poetas argentinas (1940-1960) en 2006. Recibió el Primer Premio a obra inédita otorgado por la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires en 1975. Coordina talleres de poesía. Aficiones: "Muchas, demasiadas, a saber, hacer fiaca, ver tele, cafetear (sola y/o con amigos), papel cuadriculado, los gatos, el bosque, últimamente el mar de lejos."
Casta Diva es su blog de autor: www.lamitadelaverdad.blogspot.com.ar

martes, noviembre 22, 2016

La lira argentina, ¿cómo suena?, 5


Santiago Sylvester

Si se habla de sonido, suena disonante. No es crítica, es descripción: la lira argentina ha hecho de la disonancia su telón de fondo, y lo que más se oye suelen ser tropezones deliberados, rupturas, crispaciones. Esto no me disgusta; lo difícil es tener algo que decir, y no abunda. Tal vez ese sonido, que integra ruido, chirrido y silencio, sea el de la contemporaneidad.





Santiago Sylvester (Salta, 1942). Poeta, cuentista, ensayista, periodista y abogado. Enntre sus principales libros de poesía se cuentan Café Bretaña (Visor, Madrid, 1994), escrito en el exilio; El reloj biológico (2007), Los casos particulares (2014) y El que vuelve a ver (2016), en Ediciones del Dock, editorial donde dirige la colección de poesía Pez Náufrago. Ha realizado diversas compilaciones de poesía argentina. Fue Tercer Premio Nacional de Poesía en 1997 y Premio Muncipal de Poesía de la Ciudad de Buenos Aires en 2008. Integra la Academia Argentina de Letras.

La lira argentina, ¿cómo suena?, 4


Marcelo Díaz

Cuando hablamos de autores y de obras de poesía más o menos contemporánea hay recurrencias que implican problematizar sentidos. Cuesta establecer generalizaciones sobre cómo y qué se ha estado escribiendo últimamente partiendo de que existen etiquetas reiteradas en ciclos, coloquios, congresos y papers, como “materialismo”, “lírica” o “barroco”. En lo personal hoy, y ahora mismo, pienso en autores como José Villa, Carlos Battilana o Mario Ortiz que proponen una suerte de zona de contacto de imposible clasificación. Eso sin perder de vista la pregunta: ¿existe una lírica argentina?







Marcelo D. Díaz (Villa Mercedes, provincia de San Luis, 1981). Vive en Río Cuarto, provincia de Córdoba. Lector. Crítico. Poeta. Publicó, entre otros libros de poesía, Newton y yo (Editorial Nudista, Córdoba, 2012) y Bosque chico (Editorial Hem, La Plata, 2015). Fue seleccionado como becario del FNA en el año 2016.

La lira argentina, ¿cómo suena?, 3


Pablo Caramelo

Tal vez el último ejercicio de batalla entre cánones poéticos vernáculos se haya librado en los 90. A unas décadas de esa pelea barrial, subsiste, con la enjundia más crepuscular, un eco bélico que revisa de modo permisivo o realista, el corte de los versos. La tradición de permisividad, creo, continúa ampliándose como recurso de queja indiscriminado pero ya sin el enemigo enfrente. Otro asunto en ciernes es lo performático. Cada vez más poetas con deseo de actuar, en la versión menos brechtiana de la cosa. Quizás otro modo de afirmar la distensión formal: tensando la ilusión del yo.



Pablo Caramelo (Junín, provincia de Buenos Aires, 1964). Actor, director, dramaturgo y poeta. Tiene publicados buenos aires planea una revolución justa (Liliputienses, España) y falso feudo (Expreso Nova).

La lira argentina, ¿cómo suena?, 2




Jorge Fondebrider

Si vamos a ser estrictos, en todas las épocas de nuestra historia literaria hubo algunos poetas excepcionales, unos cuantos buenos y un montón más que configuran lo que, sin demasiada piedad, José Luis Mangieri –el mítico editor de La Rosa Blindada y Libros de Tierra Firme– llamaba “la borra de la poesía”. Quién decide cuáles son los excepcionales, cuáles los buenos y quiénes los del montón es asunto de cada cual. Y acá hay que hacer dos salvedades. La primera: lo que el consenso decide que es un gran poeta no tiene por qué coincidir con nuestra idea de la gran poesía. A mí, por caso, nunca me interesaron ni Juan L. Ortiz, ni Olga Orozco, ni Alejandra Pizarnik, ni Leónidas Lamborghini, pero mucha gente a la que respeto está dispuesta a jurar por ellos cuantas veces sea necesario. Para no abundar, diría que no me hablan o que, tal vez, no los sé escuchar, y no hay mal en ello. Luego, no siempre lo que es poesía para los demás tiene por qué ser poesía para uno. Hay mucha gente cuyos nombres se repiten una y otra vez a quienes sencillamente no puedo considerar poetas. Por caso, oigo que la gente comenta sobre Jorge Boccanera, María Negroni u Osvaldo Bossi (la lista podría ser bastante más larga) y me pregunto qué leen mis contemporáneos, qué ven en lo que escriben esas personas que yo no veo. Y aclaro: no juzgo a esas personas en un plano personal; me limito a hablar de lo que escriben. Hechas estas salvedades, lo más interesante de la poesía argentina ha sido siempre su variedad, la multiplicidad de propuestas: Giannuzzi no es Madariaga, y éste no es Gelman y Gelman no es César Fernández Moreno, que no es Edgar Bayley, etc. Y lo mismo cabe para casi todas las generaciones. En la actualidad, hablando de poetas vivos, los nombres que veo con mayor nitidez son los de Santiago Sylvester, Rafael Bielsa, Susana Cabuchi, Jorge Aulicino, Mirta Rosenberg, Estela Figueroa, Miguel Gaya, Horacio Zabaljáuregui, Alejandro Schmidt, D.G. Helder, Laura Wittner, Eduardo Ainbinder, Beatriz Vignoli, Rodolfo Edwards, Teresa Arijón, Ariel Williams, Sergio Raimondi, Marina Serrano y Daiana Henderson. La simple enumeración bastaría para dar cuenta de la diversidad a la que me refería.  



Jorge Fondebrider (Buenos Aires, 1956). Poeta, traductor, ensayista, periodista, crítico de jazz. Publicó numerosas compilaciones de poesía, de testimonios y reportajes y de crónicas de viajes. Tradujo poetas irlandeses, galeses, estadounidenses y franceses. Sus más recientes y destacadas traducciones han sido Madame Bovary, de Gustave Flaubert (2015), y Once cuentos, de Jack London (2016), ambas para la editorial Eterna Cadencia. Sostiene el blog del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, institución que creó y coordina. Su obra poética se publicó bajo el título La extraña trayectoria de la luz, en Bajo la Luna (2016). Su mayor afición es viajar.

lunes, noviembre 21, 2016

La lira argentina, ¿cómo suena?, 1


Daniel Freidemberg

No sé si alguien está de veras en condiciones de decir cómo es la actual producción poética argentina. Yo, en todo caso, no lo estoy: hablo de lo que alcanzo a ver y, entre lo que alcanzo a ver, de lo que me interesa (pasaron los tiempos en que creía un deber estar al tanto de todo). Y de eso que me interesa puedo decir que, desde hace un tiempo –cuatro o cinco años, tal vez más–, veo aflorar algo así como una afirmación de la singularidad: gente que al escribir se ocupa de hacer lo suyo, sin fijarse en si encaja o no con alguna tendencia, si representa o no a una generación, si expresa o no el espíritu de la época. Lo que, de hecho, implica sacarse de encima una batería de más o menos tácitas interdicciones que, en muchos casos, muchísimos, se habían naturalizado, como si con sólo respetarlas estuviera asegurada la condición de “poeta”: nada de metáforas, nada de inquietud lírica, nada de hermetismo, nada de alterar la sintaxis o recurrir a un léxico o a modos expresivos que no sean los que se usan para hablar por celular o bromear entre amigos, nada de indagación en las posibilidades del lenguaje ni de suponer que las palabras pueden tener otro sentido o más de un sentido, nada de dar importancia al ritmo, la métrica y los elementos sonoros, nada de reflexión intelectual o especulaciones filosóficas o religiosas, nada de dramatismo ni pasión, nada de referencias “cultas” o de atención a la tradición poética, incluso la más próxima, como no sea para burlarse de ella. Exagero, por supuesto, al decir “nada”, porque algo de lo desaconsejado a veces se filtraba, pero más bien eran matices que no afectaban el consenso. No creo ver una ruptura, sin embargo, en el actual desentenderse de aquel consenso, entre otras cosas porque persisten rasgos de lo que se venía haciendo (humor, referencias políticas y sociales, atención a la cotidianeidad y a la información circulante, desenvoltura): no es oponerse a algo, me parece, lo que les interesa a esos poetas surgidos en estos años, sino responder a las razones por las que la escritura de poesía le resulta necesaria a cada uno, que nunca pueden ser para todos las mismas, y aclaro que también percibo algo así en autores que vienen de antes, necesitados ahora, según parece, de encontrar más posibilidades para su escritura. No sé hasta qué punto esto está extendido ni si “marca una época”, pero me llama la atención. Y me alegra.


Daniel Freidemberg  (Resistencia, Chaco, 1945). Profesión: jubilado. Ocupación: escritura de textos de diverso tipo, en general poesía o acerca de la poesía. Afición: poesía, escuchar música, cine en dvd o mp4 o avi, series, webeo por Facebook, lecturas de teoría, filosofía y política, novelas que no se empeñen mucho en “contar historias”, caminatas, viajes (cuando hay posibilidad), cerveza, café, tetris, cuidar las plantas de la ventana de la cocina, nietos, las satisfacciones que permite el sildenafil.
Obra principal publicada: Lo espeso real (1996), Cantos en la mañana vil (2001), En la resaca (2007), Abril (2016).

domingo, noviembre 20, 2016

Santiago Sylvester / La lluvia, el fuego

     
     
                               







                                   


                                                       (buenos conversadores)

La lluvia, el fuego de la estufa, el río de montaña: no exigen
que uno les conteste,
no dan consejos, no tienen una causa a defender, salvo la
genérica de la naturaleza
que es revelación y evolución:
la eternidad de visita en este mundo.

El viento, en cambio,
es impaciente: pone en guardia al que lo oye;
las diferencias están a la vista: se puede tomar un whisky
junto al fuego pero no en el viento: el viento
tiene un discurso embrollado, confía en la potencia
más que en su argumento.

El río tiene un orden, sabe a dónde va: confía en la sintaxis;
no quiere ganar por amor a la victoria como un mal educado;
no tiene la solución de los problemas
ni la última palabra.

Santiago Sylvester (Salta, Argentina, 1942)

El que vuelve a ver,
Ediciones del Dock,
Buenos Aires, 2016