jueves, agosto 15, 2019

Rainer María Rilke / De "Elegías de Duino", Tercera Elegía
















(Fragmento)

Mira, nos amamos sólo desde hace un año
como las flores. Cuando amamos
inmemorable savia remonta nuestros brazos. ¡Oh, muchacha!,
lo que amamos en nosotros no es un ser, no un futuro
sino lo innumerable que fermenta; no un hijo entre todos
sino, como ruinas de montañas, los antepasados
que reposan dentro de nosotros; el seco lecho del río
maternal, de antiguas madres; todo el paisaje
en silencio bajo el signo de un nebuloso
o puro destino-: todo esto ¡oh muchacha!,
se adelantó a ti.
Y tú misma, ¿qué sabes tú? Hiciste surgir
en el amante su prehistoria; hiciste que el pasado
ascendiese a su corazón. ¡Qué sentimientos
de seres desvanecidos lograron llegar hasta él!
¡Qué mujeres te odiaban desde entonces! ¡Qué hombres
sombríos despertaste en las venas del adolescente! Niños
muertos querían venir a ti... ¡Oh, dulce, dulcemente
ofrécele una amorosa empresa, una tarea cotidiana
en qué confiar! ¡Condúcele
cerca del jardín; bríndale la supremacía de la noche!...
¡Guárdale!

[1923]

Rainer Maria Rilke, (Praga, 1875-Val-Mont, Suiza, 1926), El surco y la brasa. Traductores mexicanos, selección y prólogo de Marco Antonio Monte de Oca, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 1974   
Traducción de Ángela Selke y Bernardo Ortíz de Montellano

Ref.:
UNAM
Literatura us
Otra Iglesia Es Imposible
A Media Voz
Zenda
El País
El Cultural

Foto: Loff it

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