jueves, mayo 23, 2019

Gloria Gervitz / De "Leteo"














Las palabras se curvan    se tocan    se oscurecen
Alguien afuera abre una puerta    alguien toca el
    piano
Las palabras se guardan y se olvidan
                                            No te debo nada tiempo

Sigo el movimiento del sueño    sus huellas
    pequeñísimas
Sigo el movimiento del río    su peso sus
    partículas    su silencio
sus larvas    sus laberintos    las estrellas que flotan
    como cáscaras

Quedan los fresnos
la pared llena de fotografías
la mañana
la de después    la espesa    la más temida
la mañana para no ser vista    la mañana para
    llorarme
la larga    la indefinible    la quieta mañana

El aire se arquea con el peso de las acacias

He construido mis sueños cerca de las rocas
    golpeadas por el mar
Yo elegí este paisaje árido
                                            Esta constancia    esta sed
Nada más triste que esta vastedad que es apenas
   nada

(...)

Alta la voz del polvo al atardecer
Arriba las migraciones de los pájaros
y el canto del muecín que rompe la tarde

En los museos cerrados
las estatuas y las vasijas vuelven a ser
sólo piedra    sólo bronce

Al oeste la línea recta va hacia los pasadizos de la
    muerte
y a ese olor a sueños de abajo
de la tierra


Afuera las ciudades del pensamiento
las disonancias los residuos las meditaciones
    el deseo bajo mi piel
y el río como una espada oxidada


Uno se va a morir a solas    a solas en lo oscuro
lejos de lo que uno fue o creyó ser

Uno se muere entre los sentimientos más simples
en la sorpresa enorme de estarse muriendo
Uno se hace un hueco en la oscuridad y se echa ahí
    como un animal

(...)

Hay un vértigo en esta luz

El día se desploma
Las golondrinas atraviesan el instante

   ¿Qué saben los dioses de los sueños de los hombres?

Es en esta luz que me consume
En su transparencia
Donde más te busco

Es en la resequedad de esta mañana
Imperceptible    derramada
Agua en los labios del sediento

Madre    soy yo la buscada
Te he llevado sobre mí
Sintiendo tu peso

Y el olvido me duele
Como una herida
La luz se aquieta

Y te oía dentro de mí
Te oía en la desembocadura
Naciéndote

Y las palabras se hundieron en el agua
Y el llanto se embebió en la arena
Y yo me quedé en la orilla
Era cerca del corazón oscuro de los sauces
Donde aún te nombro y me postro ante ti
Como antes    como siempre

Estoy bajo un cielo pálido

Y había algo entrañable en los días y en el recuerdo
    de los días
Y me tomó el tiempo de vivir para despertar
Pero lo más importante no lo dijimos
Por siempre el pálido inmenso silencio
Y era dentro de mí como una floración

Un despertar al otro lado
Y yo quería saber
Pero sólo me fue dado preguntar

El otoño se tensa como un arco    el aire está inmóvil
La lluvia también se desplaza hacia el sueño
Lentamente recupera su sombra    se inclina como un
    sauce
                                                                            Cae

Gloria Gervitz (Ciudad de México, 1943), Material de Lectura n° 176, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), 2013

Ref.:
Migraciones. Poema 1976-2016, MaNgos de HaChA, México, 2017
Treno, filodecaballos Editores-CONACULTA, 2003
Letras Libres
Tercera Vía
Poesía del Toro de Barro

Foto: Mikael Andersson/TT/Sydsvenskan

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