jueves, marzo 18, 2021

Miguel Gaya / Himnos de la batalla vencida




I

Empujando la carreta donde van los heridos
alejándose del campo de batalla, de la historia
y de todo recuerdo
el médico con su guardapolvos embarrado
bufa y grita y golpea los caballos y los ayudantes
y algún herido que ha bajado del carromato a ayudar
porque ama los hombres
que lleva de cualquier modo, algunos moribundos, otros
quejándose a gritos o llorando quedo,
y los lleva como si sobre sus hombros los llevara
porque le han encargado que los salve
a él, que nunca hizo nada, ni les dijo ni les pidió ni les mandó
que fueran allá, donde la batalla arrecia
y los muertos se apilan, y se apilan los heridos
en espera del médico 
que debe sacarlos de allí
 a toda prisa
para salvar acaso uno, o dos, cualquiera,
cuando haya tiempo
de mirarlos. 

II

Cuando vamos por los pastos, cuando
vamos por los pastos y llevamos el ganado
a encerrar
lejos y la tarde,
y la tarde es cálida y olorosa, nuestros pasos
son blandos y largos y seguros
en la tierra negra
abonada por los hombres
enterrados malamente
por aquí y por allá 
en túmulos que los años han ido borrando
y si nuestros padres no sembraron
y si nuestros abuelos evitaron el paso
nosotros no, los hollamos
con alegría
al terminar la jornada y llevar el ganado
sobre los muertos
sobre los muertos
en la tierra. 
Así ha sido siempre, ¿no?

III

Los cocineros se cruzan de brazos y miran,
miran los humos 
que se elevan lejos, el humo de la fusilería
y los obuses y de las granjas quemadas
y las cosas rotas,
y los cocineros no hacen nada más 
que cruzarse de brazos y mirar
y a veces calcular
si habrá que hacer comida mañana
y cuánta, 
ellos no corren hacia las balas, 
hacia los fusiles, ellos preparan 
los guisos y las sopas
y a veces, es cierto, han sido sorprendidos
por las balas, o se han defendido
con bayonetas o sartenes negras,
pero las más de las veces juiciosamente
huyen por sus vidas y eluden 
la metralla 
para estar joviales
unos días después 
con el cucharón
y siendo generosos con el soldado bisoño
que come con hambre verdadera
y avaros con el otro, el que los mira con rencor
y se queja de todo
cuando debiera ser agradecido
por el guiso grasiento
y el nuevo día. 


IV

Cuando volvemos a casa,
porque siempre ha habido
quien ha podido volver, y ahora
nos toca eso, 
como nos tocó ayer otra cosa, 
queremos, ilusos a más no poder,
los que no guardamos ilusión alguna,
queremos que nuestras esposas sean
las que salieron a saludar cuando nos fuimos,
que es decir
nosotros queremos ser los que nos fuimos, 
pero no, 
volvimos, 
y eso somos y seremos
para ellas, pobres 
de ellas, pobres
de nosotros. 

V

Todos tenemos sueños, todos
soñamos
con los ojos abiertos
mientras marchamos de aquí para allá
y marchamos sin ver
más que aquello que soñamos,
lavarnos los pies, beber
agua fresca, entrar en una mujer
y en una aldea y buscar 
en una casa rota
las monedas que esconden o aferran
en las manos muertas,
o hacer una familia
con la hija de un granjero, aquella
gorda y jovial, o la otra que corría
las rodillas desnudas y ágil en la nieve, 
todos soñamos y hacia la noche,
cuando muchos parecen dormir y otros 
tienen los ojos abiertos y vaciados
nuestros sueños 
se evaporan como el aliento que tuvimos
y se pierden arriba
y le dan forma al mundo.

[inédito]

Miguel Gaya (Ayacucho, Argentina, 1953)


Foto: Miguel Gaya, costa de Normandía, 2019. Gentileza del autor

miércoles, marzo 17, 2021

Serguéi Gandlevski / Mi vieja juventud















Mi vieja juventud, mi joven vejez
voy a describir para uso interno.
¡Ahí hay de todo! Pero nada extraordinario.
Todo lo que se encuentra a la vista está desapareciendo.
Y no quiero ni ver cómo mi tiempo
a la fuerza va hacia la inexistencia colectiva.
Me expropiarán todo lo que tengo, y punto.
¿Qué, nos despedimos ya por si acaso,
   tontita mía, cielo, noche mía?
Entregándote a los cachorros del régimen y demás gentuza
al final diré: acuérdate de mí.
Y guarda para los días malos
los reflejos de nuestros arrumacos
en el desnudo espejo del armario que la nieve iluminaba.
Quisiera conocer de memoria cada inspiración
   y expiración de tu deseo
y tenerlas conmigo cuando me llamen para salir
   con mis pertenencias,
a condición de que la memoria sea considerada
   un objeto personal

Serguéi Gandlevski (Moscú,1952), La hora de Rusia. Poesía contemporánea, Visor, Madrid, 2011
Traducción de María Ignátieva
Envío de Jonio González


Serguéi Gandlevski, 2007 Wikimedia Commons

martes, marzo 16, 2021

Leopoldo María Panero / Le dernier voyage de Napoleón





















Se trata de un llano ondulado en el punto de separación de las cuencas del Dyle y del Senne, dos ríos del Brahante. Desde Genappe hasta Wavre, el Senne recorre un trecho de unos 20 kilómetros encajonado entre capas alternativas de granito y piedra calcárea, y atraviesa los bosquecillos de Court-Saint-Étienne. A menos de 10 kilómetros antes de Wavre, desemboca en él por la izquierda un riachuelo procedente del barranco en cuyo borde está situada la aldea de Maison-du-Roi
            Maison du Roi 
            y la nieve
            depositada en las almenas
¿no era aquello una victoria?

Leopoldo María Panero (Madrid, 1948 - Las Palmas de Gran Canaria, España, 2014), Poesía completa (1970-2000), edición de Túa Blesa, Visor Libros, Madrid, 2003
Envío de Jonio González


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lunes, marzo 15, 2021

Paul Celan / Salmo














Nadie nos amasa nuevamente de tierra y barro,
nadie bendice nuestro polvo.
Nadie.

Loado seas, nadie.
Por agradecerte queremos
florecer.
A tu
encuentro.

Una nada
éramos, somos,
permaneceremos, floreciendo:
la rosa-nada, la
rosa-nadie.

Con
el pistilo de alma luminosa.
el estambre de cielo yermo,
la roja corona
de la palabra purpùrea que cantábamos
encima, oh encima
de la espina.

Paul Celan (Czernowitz, Rumania, hoy Ucrania, 1920-París, 1970), Poesía alemana de hoy (1945-1966), Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1967
Traducción de Rodolfo Alonso y Klaus Dieter Vervuert

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domingo, marzo 14, 2021

Robert Frost / Dos poemas
















La pradera

Voy a limpiar el pasto del manantial;
Sólo me detendré a barrer las hojas
(y esperar hasta ver el agua clara, quizás).
No demoraré mucho. - Ven tú también.
Voy a buscar al ternerito
Que está junto a la madre. Es tan pequeño,
Vacila cuando ella lo lame,
No demoraré mucho. - Ven tú también.


Fuego y hielo

Algunos dicen que el mundo concluirá con fuego,
Algunos con hielo.
De lo que he probado del deseo
Estoy con los que desean el fuego.
Si tuviera que perecer dos veces
-Creo conocer bastante del odio-
Puedo decir que para destruir, el hielo
Es también bueno.
Y sería suficiente.

Robert Frost (San Francisco, Estados Unidos, 1874 - Boston, Estados Unidos, 1963), Dos siglos de poesía norteamericana, Ediciones Antonio Zamora, Buenos Aires, 1969
Versiones de Alfredo Casey



The Pasture

I'm going out to clean the pasture spring;
I'll only stop to rake the leaves away
(And wait to watch the water clear, I may):
I sha'n't be gone long. — You come too.

I'm going out to fetch the little calf
That's standing by the mother. It's so young,
It totters when she licks it with her tongue.
I sha'n't be gone long. — You come too.

[North of Boston, 1914]

Fire and Ice 

Some say the world will end in fire,
Some say in ice.
From what I’ve tasted of desire
I hold with those who favor fire.
But if it had to perish twice,
I think I know enough of hate
To say that for destruction ice
Is also great
And would suffice.

[Harper's Magazine​, 1920; New Hampshire, 1923] 
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Foto: Robert Frost, 1962 Dimitri Kesel/LIFE/Getty Images

sábado, marzo 13, 2021

Mario Campaña / De "Aires de Ellicott City"


















III, II

Con oído tísico en el camino las campanas 
Ominosos arreos desperdigados 
Agrandados por el viento
Un golpeteo hiriente, de alfiler oxidado
Que nadie veía pero inflamaba el ánimo; campanas 
Que en la noche parecían tañer solas; música 
Salvífica, en el comienzo del andar. 

En el camino
Un sol hundido entre flores espumosas
A veces alguien, quizá Dios, sacudía en lo alto 
El blanco plumaje de los pájaros del cielo 
Caía la nieve, su sombra débil
Su luz lenta.

Una noche verde y roja
El cielo de la muerte, verde y rojo 
Un iridiscente caracol
Anunciando alumbramientos milagrosos
Puertas destrozadas en el aire, traspasando el filo de las nubes 
Voces que atraviesan corredores de humo
Alto y frondoso el árbol
En cuya cúspide anida el guaraguao
Y el carrao engorda cantando glorias a las crías 
Víctimas devoradas en su suplicio.

Quizá sea el destino y sus chillidos lo que escucho 
Rostro arrugado de proféticos muñecos
Que cuelgan como antiguos prodigios.

Quizá la clamorosa marcha de espinos blancos 
Que rondan como sereno fiel de nuestra noche 
Cuando abre las hojas el zarzal; o
El resonar de un gran agujero
Por donde evacúa el día sus pócimas.

Huelo. Olor del ir. Lo vivo Brota y crece para quien huele
Un poderoso aroma un viento envenenado 
Va y viene:
-¿Qué haces aquí, viento
Aterrado en estos contubernios de negación y excusa?

-No vuelvas más tu cuerpo hacia el camino 
Tampoco tu nombre será borrado de aquel muro. 
Huelo.
Y grito de lejos al hombre que corre conmigo 
Palabras de aliento para su lastimosa ensoñación.

Luego enmudezco. Mutismo del andar.
Aléjame de la verdad, patria de la mentira 
Si digo la mentira ésta emprende
El camino de la verdad o la profecía.

Si digo la verdad enseguida se transforma 
En una maldición
Una mentira.

¿He llegado? ¿Adónde?
¿Qué lugar es éste
Donde los cuerpos cuelgan del asta de los augurios 
Hay hombres con soles en la cabeza
Alas cortantes y ojos en las alas 
Guardan el corazón en las arquetas 
Llenan sus bolsas de azufre
Pesan sus almas con gestos tramposos 
En el fiel de balanzas trucadas?

Ante la mirada escrutadora de los ángeles 
Los pájaros pían ferozmente a ras de suelo
No en el aire sino ocultos en una hierba que no hay 
Con sorda furia fantasmal, lejana.

¿Quiénes son, quiénes 
Pobres seres sin rostro
Que hicieron de la mentira un ardid 
Y de la astucia una verdad 
Y se ahogan ahora sin pausa
La lengua hundida en la garganta embalsamada 
Por el polvo? ¿Quiénes esos seres austeros
Que contemplan cabizbajos la vida como estatuas 
Esperando la permanencia
Y no descansan de lo infinito lo olvidan 
Y se complacen de no estar muertos
E intercambian sus muertes
Mientras pierden su polen magnífico?

Sacrifican hombres y no ciervos
A un toque de silbato desnudas mujeres 
Corren delante de sus amos en los bosques 
En sucio juego beatífico.

¿Qué lugar es éste, cuál
Donde no hay, y los amores se amontonan 
Unos sobre otros acechándose
En un gran cementerio
Promiscua voracidad del pasado continuo 
En tortuosa vida póstuma?

Corre el gamo en un campo que no hay, y el ave 
Vuela en un aire que no hay. Y tiembla el pez 
En aguas que no hay. No hay
Vive el hombre una vida que no hay.

¿Qué lugar “calle de la amistad” 
“Plaza del señor de la alegría”, “calle 
De la unión de los hombres” 
Mientras la tumba del poeta 
Recibe comensales en Halloween?
 
¿Dónde queda aquella ciudad lluviosa
Ese lugar remoto que puja en mi memoria 
Donde  el  viento  se  revuelve  en círculos 
Mordiéndose como una bestia
Furiosa en su guarida?
Negras  sierras de infierno: he ahí mis  tierras 
Miro los lagos, donde limpia su cuerpo
Una mujer pelirroja de cabellos de sauce 
Se mueve con furor adolescente
Soñando una vida que acaricie como el agua 
Y  la de cabellos rasta llora
Ante la belleza desmedida del crepúsculo 
Despidiéndose de su vieja casa alumbrada por candiles 
Un campo convertido en recuerdo.

Tierra de seres que tiemblan 
Ante un  devenir  incesante 
Ambicionándolo todo
Ingenuidad que conduce a la gloria 
Ingenuidad que conduce al dolor.

Mi madre y yo jugamos a las cartas por separado 
O por turnos mezclados; ella baraja de otro modo 
O mejor: las  suyas vienen barajadas de otro modo 
Son idénticas, para perder o ganar.

La locura juega con las mismas cartas. 
Yo  juego  con  las  suyas. No hay más 
No hay otras
Para nadie.
 
Llegan brillos de otros mundos 
Estrellas difuntas
Que irradian luz que no les pertenece 
Vienen del pasado a destacar los arrecifes
De lejos admirables, de cerca promesas cortantes.

Hay gente señalada por el signo de la  victoria 
Ungida en humo fragante para la salvación 
He vivido entre ellos.

Un Dios en celo los gobierna 
Un Dios sin brillo los alumbra
Un Dios sin mundo les enseña el mundo.

Mi madre juega y juega. Sus jardines 
No son los de una reina
Entre oxidados barrotes cuelgan 
Junto a sábanas remendadas
En ruinosos edificios que rematan tendederos.

(Oh madre, lanza ya tu poderoso juego. Muestra tus ases 
Consume las probabilidades de tus años
Tira las sobras al suelo 
Deja entrar a las gallinas.)

He aquí un cruce de caminos
Soles de agua en flor verdes soles de ayer
Que irisan el ojo ante el prisma deslumbrante.

Donde ahora pastan lobos había un portón 
Un humilde placer de tierra húmeda
Un jardín fragante, fluyente como río
 
Agua florecida
Unos niños y una mujer de moño limpio 
Un honesto hombre de blanco que celaba.

Sueño: mundo que cambia cada noche
Algo repica en mí con una obscenidad descarnada.

Llevo un atado ligero: una muda de aire 
Tres mazorcas secas y una manta de oro.

Vengo lobo marino, cabeza partida entre mitades 
Con cintas manchadas de rojo y blanco.

No puedo saber si voy a permanecer 
Más tiempo que un instante.

Ahora goza grave animal de la molicie 
Del aroma y la nostalgia
Estas aguas que no hay 
Que corren todavía
Por este cauce que no hay.

Hay ángeles astutos, contratistas de la posteridad 
Ciegos y solos con sus flores impolutas.

El único argumento es la paciencia 
La única sabiduría la paciencia 
Con su hervor irreversible
La única fidelidad la paciencia
La esperanza la paciencia, su sosegada 
Sed que lame y sedimenta.
 
Nada más perenne que el bronce 
No es tiempo de inscripciones
No es venerable el tiempo ni los muros venerables.

Este es mi  saldo: un  templo de  papel, acopio 
De la fe. Mi fortuna.

Un emigrante eterno, voy con viada 
Aquí con mis bultos, faltas y culpas 
No dichas
Pez raspabalsa que avanza
Río abajo abrazado a una palmera.

Se viaja y de costado se ve 
Pero si uno parpadea la visión 
Desaparece. Un oasis perdido 
Un animal que salta y se esconde.

El alma
Cuerpo ajeno instalado en nosotros 
Conserva lo más radicalmente humano 
Fuera. Fuera del mundo
Esa es otra parte del pasado: 
No se hace visión del infinito.

Y morir así es solo
El andrajoso reverso de la gloria.

Mario Campaña (Guayaquil, Ecuador, 1959), 

"
Aires de Ellicott City", 2006, 
Poesía reunida 1988-2018
Festina Lente, Quito, 2020











Foto: Paralaje

viernes, marzo 12, 2021

Javier Adúriz / El nadador




Las últimas piletas son agrias. Llueve
tanto o más de lo pensado, aun
cuando los jazmines revienten
y las enredaderas se aúpen a los árboles.
Creeme... no se puede creer. Los huesos
hablan y el animal afina por debajo
una canción indescriptible. Igual,
no se quiere dejar de sonreír.
Hay algo en los recuerdos, vale decir,
en el seco ahora, en el puro y desaforado 
ahora, que no importa demasiado
si el resto se vuelve confuso y breve,
fragmentario. Lo interesante está aquí,
en este aquí del tiempo, aunque la casa
finalmente esté sola... o vieja... o devastada.

                                               para Jorge Olivero

Javier Adúriz (Buenos Aires, 1948-2011), "La verdad se mueve", 2008, Poesía completa, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2014


jueves, marzo 11, 2021

W. B. Yeats / El Segundo Advenimiento
















Dando vueltas y vueltas en la espiral creciente
no puede ya el halcón oír al halconero;
todo se desmorona; el centro cede;
la anarquía se abate sobre el mundo, y por doquier
se anega el ritual de la inocencia;
los mejores están sin convicción, y los peores
llenos de apasionada intensidad. 

Alguna revelación se aproxima;
se aproxima el Segundo Advenimiento.
¡El Segundo Advenimiento! Lo digo,
y ya una vasta imagen del Spiritus Mundi
turba mi vista; allá en las arenas del desierto
una figura con cuerpo de león y cabeza de hombre,
una mirada en blanco y despiadada como el sol,
mueve sus lentos muslos, y en rededor planean
sombras de airadas aves del desierto.
Cae la oscuridad de nuevo, mas ahora sé
que a veinte siglos de obstinado sueño
meció en su cuna una pesadilla,
¿y qué escabrosa bestia, llegada al fin su hora,
se arrastra a Belén para nacer?

William Butler Yeats (Dublín, 1865-Roquebrune-Cap-Martin, Francia, 1939), Poesía reunida, Pre-Textos, 2010
Versiones de Antonio Rivero Taravillo 



THE SECOND COMING

Turning and turning in the widening gyre
The falcon cannot hear the falconer; 
Things fall apart; the centre cannot hold;
Mere anarchy is loosed upon the world, 
The blood-dimmed tide is loosed, and everywhere
The ceremony of innocence is drowned; 
The best lack all conviction, while the worst 
Are full of passionate intensity. 

Surely some revelation is at hand; 
Surely the Second Coming is at hand. 
The Second Coming! Hardly are those words out 
When a vast image out of Spiritus Mundi 
Troubles my sight: a waste of desert sand;
A shape with lion body and the head of a man, 
A gaze blank and pitiless as the sun,
Is moving its slow thighs, while all about it 
Wind shadows of the indignant desert birds.
The darkness drops again but now I know 
That twenty centuries of stony sleep 
Were vexed to nightmare by a rocking cradle, 
And what rough beast, its hour come round at last, 
Slouches towards Bethlehem to be born?
---

miércoles, marzo 10, 2021

Ezra Pound / De "Cathay", 3




La canción del río 1

Este barco es de madera arrayán 2, y su borda de magnolia 
   tallada 3,
Músicos con flautas enjoyadas y con pipas de oro
Ocupan los flancos en hileras, y nuestro vino
Alcanza para mil copas.
Llevamos muchachas cantando, flotando en la corriente del agua,
Sin embargo Sennin 4  necesita
Una cigüeña amarilla como corcel 5 y todos nuestros marineros
Querían seguir a las gaviotas blancas y montarlas. 
La canción en prosa de Kutsu
Cuelga con el sol y la luna. 6
El palacio escalonado del rey So
     es ahora una colina desolada,
Pero yo escribo 7  en este bote
Haciendo temblar los cinco picos,
Y encuentro alegría en estas palabras
     como la alegría de las islas azules. 
(Si la gloria pudiera durar por siempre
Entonces las aguas del Han fluirían hacia el norte). 8
¡Y yo me he sentido abatido en el jardín del Emperador, esperando 
     una orden para poder escribir!
Miraba el estanque de los dragones, con sus aguas del color del 
      sauce
Que reflejaba el tono del cielo,
Y escuchaba a cientos de ruiseñores cantando sin rumbo fijo. 9
El viento del este trae el color verde a los pastos de la 
     isla en Yei-shu,
La casa color púrpura y la carmesí están llenas de la delicadeza de la 
      primavera.
Al sur del estanque, las puntas de los sauces son medio azules y 
      más azules,
Sus cuerdas se enredan con la niebla, contra el palacio como de 
      brocado. 
Cuerdas de enredaderas de cien pies de largo caen de las barandas 
      talladas,
Y en lo alto de los sauces, hermosos pájaros cantan entre uno y otro,
      y escuchan, 
Gritando  -“Kwan, Kuan,” por el viento temprano y 
      su efecto 10.
El viento se amontona en una nube azulada y se aleja. 
Sobre más de mil puertas, sobre más de mil puertas se escuchan los sonidos 
      del canto de la primavera,
Y el emperador está en Ko.
Cinco nubes cuelgan en lo alto, brillantes en el cielo púrpura,
Los guardias imperiales salen de la casa dorada con 
      sus relucientes armaduras. 
El emperador sale en su carruaje enjoyado a inspeccionar sus 
      flores,
Va a Hori a mirar el aleteo de las cigüeñas,
Regresa por el camino de la piedra de Sei, para escuchar a los nuevos 
       ruiseñores, 
Porque los jardines de Jo-run están llenos de nuevos ruiseñores,
Su sonido se mezcla con esta flauta,
Su voz está aquí en estos doce tubos. 11 

Rihaku *, siglo VIII

Ezra Pound (Hailey, EE UU, 1885-Venecia, Italia, 1972), Cathay [1915], Buenos Aires Poetry, Buenos Aires, 2020
Versiones de Juan Arabia

Notas del Traductor
1 En “Transcripts of Fenollosa’s Notes” leemos: “By Li Bai (701-762)” (EZRA POUND, Cathay, The 
Centennial Edition. Edited with an introduction and Transcripts of Fenollosa’s notes by Zhoaming 
Qian, A New Directions Book, 2015, p. 74). 
2 “Spicewood” (K. K. RUTHVEN, A Guide to Ezra Pound’s Personae, University of California 
Press, California, 1969, p. 206). 
3 En “Transcripts of Fenollosa’s Notes” leemos: “with sides of mokuran” (EZRA POUND, op. 
cit. p. 68).
4 “El japonés Sennin del chino hsien-jeng (Fang): Hada del aire” (K. K. RUTHVEN, op. cit., p. 
206).
5 En “Transcripts of Fenollosa’s Notes” leemos: “Sennin is need of a yellow stork to ride on” 
(EZRA POUND, op. cit., p. 69).
6 En “Transcripts of Fenollosa’s Notes” leemos: “handed down to posterity never changing in 
brightness, fame, like sun & moon” (EZRA POUND, op. cit., p. 69)
7 En “Transcripts of Fenollosa’s Notes” leemos: “I sweep my pen, and write poems” (EZRA 
POUND, op. cit., p. 69).
8 En las anotaciones de Fenollosa, este poema de Li Bai termina en este último verso. Sin embargo, y por causa que desconocemos, Pound optó por incluir en “The River Song” otro poema de Li Bai, titulado por Fenollosa como “appropriate spring”. 
9 En “Transcripts of Fenollosa’s Notes” leemos: “hear new nightingale 100 warble” (EZRA 
POUND, op. cit., p. 71).
10 En “Transcripts of Fenollosa’s Notes” leemos: “Then kan kan alredy resounds the emotion of 
the spring winds” (EZRA POUND, op. cit., p. 72).
11 Se mantiene el singular debido a dos precisas anotaciones de Fenollosa. La primera, en lo que refiere al canto de los ruiseñores como una metáfora de la primavera: “This (fresh new spring) nightingales”. La segunda, respecto a la característica misma del ruiseñor, rey de pájaros: “but the bird is the King of birds” (EZRA POUND, op. cit., p. 74). En un recomendable ensayo, el poeta Wang Yin sugiere que “el chino a menudo omite el sujeto y no hay una distinción clara entre el singular y el plural”.(“Laberinto de Idiomas en la Traducción de Poesía” Wang Yin 王寅).

* Ezra Pound usó el nombre japonés para Li Po (701-762) (N. del Ad.)


Imagen: Ezra Pound por Wyndham Lewis, c.1920 (detalle) National Portrait Gallery, Londres


THE RIVER SONG

This boat is of shato-wood, and its gunwales are cut
     magnolia,
Musicians with jewelled flutes and with pipes of gold
Fill full the sides in rows, and our wine
Is rich for a thousand cups.
We carry singing girls, drift with the drifting water,
Yet Sennin needs
A yellow stork for a charger, and all our seamen
Would follow the white gulls or ride them.
Kutsu’s prose song
Hangs with the sun and moon
King So’s terraced palace
                        is now but a barren hill,
But I draw pen on this barge
Causing the five peaks to tremble,
And I have joy in these words
                    like the joy of blue islands.
(If glory could last forever
Then the waters of Han would flow northward.)
And I have moped in the Emperor’s garden, awaiting
        an order-to-write!
I looked at the dragon-pond, with its willow-coloured
        water
Just reflecting the sky’s tinge,
And heard the five-score nightingales aimlessly singing.
The eastern wind brings the green colour into the island
        grasses at Yei-shu,
The purple house and the crimson are full of Spring
        softness.
South of the pond the willow-tips are half-blue and
        bluer,
Their cords tangle in mist, against the brocade-like
        palace.
Vine-strings a hundred feet long hang down from carved
        railings,
And high over the willows, the fine birds sing to each
         other, and listen,
Crying —“Kwan, Kuan,” for the early wind, and the feel
         of it.
The wind bundles itself into a bluish cloud and wanders off.
Over a thousand gates, over a thousand doors are the sounds
         of spring  singing,
And the Emperor is at Ko.
Five clouds hang aloft, bright on the purple sky,
The imperial guards come forth from the golden house with
         their armour a-gleaming.
The emperor in his jewelled car goes out to inspect his
         flowers,
He goes out to Hori, to look at the wing-flapping storks,
He returns by way of Sei rock, to hear the new nightingales,
For the gardens at Jo-run are full of new nightingales,
Their sound is mixed in this flute,
Their voice is in the twelve pipes here.

By Rihaku. 8th century A.D

martes, marzo 09, 2021

Jane Austen / Feliz el trabajador




¡Feliz el trabajador en sus ropas de domingo!
Con chaqueta gris claro, elegante chaleco, medias bien zurcidas,
Y sombrero en la cabeza, a la iglesia va;
Como siempre, con deliberado orgullo, baja la vista
Hacia la gran rosa de mayo
Que, prendida en el ojal, deleita su olfato,
No envidia a los "beaux" más alegres de Londres.
En la iglesia toma asiento entre las hileras,
Rinde al lugar el homenaje debido,
Las plegarias que más le gustan son aquellas cuyo significado menos entiende,
Se escora y dormita durante el sermón
Y despierta alegre en el bienvenido final.

Jane Austen (Steventon, Inglaterra, 1775-Winchester, Inglaterra, 1815), Poems and Favourite Poems, Douglas Brooks-Davies, ed., Everyman Paperback, Nueva York, 1998
Traducción: Jonio González


Imagen: Jane Austen por Cassandra Austen, c.1810 (detalle) National Portrait Gallery, Londres


HAPPY THE LAB'RER

Happy the lab’rer in his Sunday clothes!
In light-drab coat, smart waistcoat, well-darn’d hose,
And hat upon his head, to church he goes;
As oft, with conscious pride, he downward throws
A glance upon the ample cabbage rose
That, stuck in button-hole, regales his nose,
He envies not the gayest London beaux.
In church he takes his seat among the rows,
Pays to the place the reverence he owes,
Likes best the prayers whose meaning least he knows,
Lists to the sermon in a softening doze,
And rouses joyous at the welcome close.

lunes, marzo 08, 2021

Cesare Pavese / Aventuras




Sobre la negra colina está el alba, y sobre los techos
se adormecen los gatos. Un muchacho se ha caído
desde el techo anoche, y se partió la espalda.
Vibra un viento entre los árboles frescos: las nubes
rojas, en lo alto, son tibias y viajan lentamente.
Abajo, en el callejón, asoma un perrazo que olfatea
al muchacho sobre el empedrado, pero un ronco maullido
se alza entre las cumbreras: alguien no está contento.

A la noche cantaban los grillos y las estrellas
se apagaban en el viento. En la claridad del alba,
se apagan también los ojos de los gatos en celo
que el muchacho espiaba. La gata, si llora,
es porque no tiene gato. No hay nada que hacerle
-ni las puntas de los árboles ni las nubes rojas-:
llora a cielo descubierto como si aún fuese de noche.

El muchacho espiaba los amores de los gatos.
El perrazo que olfatea su cuerpo gruñendo,
ha llegado cuando aún no era el alba: escapaba
desde la claridad de la otra vertiente. Nadando
en el río que empapa como en los prados
el rocío, lo alcanzó la luz. Las perras
ululaban todavía.

Corre el río tranquilo
y lo espuman los pájaros. De entre las nubes rojas
se tiran abajo, de la alegría de encontrarlo desierto.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, Italia, 1908-Turín, Italia, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Trabajar cansa. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, Griselda García Editora, Del Dock, Cartografías, Buenos Aires, 2018
Versión de Jorge Aulicino




Avventure

Sulla nera collina c’è l’alba e sui tetti
s’assopiscono i gatti. Un ragazzo è piombato
giù dal tetto stanotte, spezzandosi il dorso.
Vibra un vento tra gli alberi freschi: le nubi
rosse, in alto, son tiepide e viaggiano lente.
Giù nel vicolo spunta un cagnaccio, che fiuta
il ragazzo sui ciottoli, ma un rauco gnaulio
sale su tra i comignoli: qualcuno è scontento.

Nella notte cantavano i grilli, e le stelle
si spegnevano al vento. Al chiarore dell’alba
si son spenti anche gli occhi dei gatti in amore
che il ragazzo spiava. La gatta, che piange,
è perché non ha gatto. Non c’è nulla che valga
-né le vette degli alberi né le nuvole rosse -
piange al cielo scoperto, come fosse ancor notte.

Il ragazzo spiava gli amori dei gatti.
Il cagnaccio che fiuta sto corpo ringhiando,
è arrivato e non era ancor l’alba: fuggiva
il chiarore dell’altro versante. Nuotando
dentro il fiume che infradicia come nei prati
la rugiada, l’ha colto la luce. Le cagne
ululavano ancora.

Scorre il fiume tranquillo
e lo schiumano uccelli. Tra le nuvole rosse
piomban giù dalla gioia di trovarlo deserto.

Poesie, Mondadori, 1969

domingo, marzo 07, 2021

William Ospina / De "Sanzetti"
















Thriller

El asesino viene buscando al asesino.
Un árbol, unas rejas, un cigarro, un revólver.
La tarde se detuvo en las bancas del parque.
El secreto se cierra como una caja fuerte.

Todo está en un rumor de fronteras y de islas,
En algún tren lejano ella esconde las llaves,
No hay nadie en el pasillo de la esperanza rota,
Las nubes van cayendo como lentos leopardos.

Pero tú no te creas que aquí termina todo,
La puerta está ensamblada con culpas y amenazas,
Algo vuelve a empezar en los relojes muertos,
Alguien arma el trapecio de los circos del cielo.


Tango

La oblicua luz que salta de los cuerpos contrarios,
Diabluras de una música que se arrastra en el viento,
El clavel del puñal entre el vivo y el otro,
Y una racha de exilio por las dársenas ciegas.

Las polacas, los besos en los dedos cruzados,
¿Quién arroja a los charcos su sombra de alma en pena?
Vuelve al patio la Luna su herradura sin puerta,
Tapias en los suburbios alambradas de estrellas.

La sombra antes que el cuerpo traza el signo salvaje,
Viejas noches infligen su página inconclusa,
Danzan barcos fantasmas la ciudad de hombres solos
Y lo que no fue nunca maquina su venganza.

William Ospina (Padua, Tolima, Colombia, 1954), Sanzetti, Navona Editorial, Barcelona, España, 2018


Foto: William Ospina por Daniel Mordzinski, Buenos Aires, 2008 FILBA

sábado, marzo 06, 2021

Linda Gregg / El cordero

















Era una foto que tuve después de la guerra.
Una iglesia inglesa bombardeada. Yo era demasiado joven
para conocer la palabra "inglesa" o "guerra",
pero conocía la foto.
La ciudad en ruinas aún parecía aristocrática.
La catedral no era menos santa
porque le hubieran volado el techo. Los pájaros entraban y salían
de los agujeros que el puño de Dios había hecho en las paredes.
Todo nuestro deseo de amor o niños
es considerado una broma por el enemigo.
Yo sabía tanto, y de todos modos cantaba.
Como un pájaro que cantará hasta
que lo derriben. Cuando quitan
los árboles, el niño recoge una rama
y dice, esto es un árbol, esto es la casa
y la familia. Como querríamos nosotros. A través de una puerta
de lo que ha sido una casa, en un terreno
cubierto de escombros, camina un cordero solitario, con la cabeza
inclinada, husmeando, sin miedo, hambriento.

Linda Gregg (Suffern, Estados Unidos, 1942-Nueva York, 2019), Poetas norteamericanos en dos siglos, vol. 2, Ediciones en Danza, 2020
Versión de Jonio González


jueves, marzo 04, 2021

Ted Hughes / No levantes el teléfono

















Ese Buda de plástico lanza un chillido karatesco

Ante las suaves palabras con sus esporas
El aliento cosmético de la lápida

La muerte inventó el teléfono parece el altar de la muerte
No adores el teléfono
Arrastra a sus adoradores a tumbas reales
A través de variados recursos, de una variedad de voces disfrazadas

Quédate quieto y sin dios al oír el gemido religioso del teléfono

No creas que tu casa es un escondite es un teléfono
No creas marchar por tu camino marchas por un teléfono
No creas dormir en la diestra de Dios duermes en la bocina de un teléfono
No creas que tu futuro es tuyo pende de un teléfono
No creas que tus pensamientos son tus propios
pensamientos son los juguetes del teléfono
No creas que estos días son días son los sacerdotes
sacrificantes del teléfono
La policía secreta del teléfono

Oh teléfono vete de mi casa
Eres un mal dios

Ve a susurrar en alguna otra almohada
No alces en mi cara tu cabeza de serpiente
No muerdas más gente hermosa
Cangrejo de plástico
¿Por qué es tu oráculo siempre igual a fin de cuentas?
¿Qué tajada sacas de los cementerios?

Tus silencios también son nefastos
Cuando se te necesita, mudo con la malicia del clarividente insano
Las estrellas susurran a una en tu aliento
El vacío del mundo se hace océano en tu bocina
Estúpidamente oscila tu cordón en los abismos
Plástico eres luego piedra una rota caja de letras
Y no puedes proferir
Mentiras ni verdad, sólo el maligno
Te hace temblar del súbito apetito de ver a alguien deshecho

Ennegrecientes conexiones eléctricas
Con el sitio donde la muerte blanquea sus cristales
Te hinchas y te retuerces
Abres tu bostezo de Buda
Chillas en la raíz de la casa

No levantes el detonador del teléfono
Una llama del último día saldrá restallante del teléfono
Un cadáver caerá del teléfono
No levantes el teléfono

Ted Hughes (Mytholmroyd, Inglaterra, 1930-Devon, Inglaterra,1998), Material de Lectura nº 170, UNAM, Ciudad de México, 2012
Versión de Juan Tovar


miércoles, marzo 03, 2021

Piergiorgio Viti / Cuando era chico

 


Cuando era chico,
me acuerdo, cada vez,
qué gran miedo ...

Pero hoy
ya no tengo miedo
de doctores en sí y para sí,
solo de lo que podrían decirme,
algo del tipo:
Sabe, señor Viti,
solo le queda una semana.

No sé qué haría
si las cosas sucedieran realmente así.
Tal vez desafiaría mis miedos,
encontraría el coraje
de escalar una montaña,
arrojarme al vacío en bungee jumping,
asomarme a un balcón
gritando tu nombre hasta el cansancio,
hasta que la luna
rompiera su caparazón
y entonces algo,
algo desconocido saliese...

[inédito]

Piergiorgio Viti (Sulmona, Italia, 1978)
Versión de Jorge Aulicino



Quando ero bambino,
mi ricordo, ogni volta,
che gran spavento…

Ma oggi
non ho più paura
dei dottori in sé e per sé,
solo di quello che potrebbero dirmi,
qualcosa del tipo:
Sa, signor Viti,
non Le resta che una settimana.

Non so cosa farei,
se le cose andassero davvero così.
Forse sfiderei le mie paure,
troverei il coraggio 
di scalare una montagna,
lanciarmi nel vuoto in un bungee jumping,
affacciarmi da un balcone
urlando a sfinimento il tuo nome,
finché la luna
spezzerà il suo guscio
e allora qualcosa,
qualcosa di ignoto verrà fuori…

martes, marzo 02, 2021

Claudia Schvartz / Este joven zorzal
















Este joven zorzal
En el encaje del alcanfor
Trina su inclinado compás
Combinando a veces un como estremecimiento
Al canto sereno y campeón
Al que me viene acostumbrando
Llega con ella, que a esta hora
Ya tardía
Se dedica a su plumaje
Con callado esmero
¡Ah, quién pudiera transcribirte,
Zorzalito encantador!

................................

Desesperante zorzal
Tu canto clava en el alba de mi insomnio
Esta certeza
La fatigada
De no poder despertar
La verdadera vida

Alcanfor, Leviatán, Buenos Aires, 2018

Claudia Schvartz (Buenos Aires, 1952), Animales, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2020


Foto: Letralia

lunes, marzo 01, 2021

Antonella Anedda / Táuridas






















Cuando desde la mañana nos rendimos al calor
esperando la noche
con los camiones de limpieza que lavan las calles
y el asfalto que humea de vapor,
cuando la vida no es una trama
sino un balbuceo de digresiones,
aflora en el letargo una imagen de agua
entrevista en el campo entre helechos y ortigas,
tensa como una sábana con broches de ramas
y un fondo de piedras verde-hielo.
De golpe entonces esa tregua consuela
hasta a los escépticos como nosotros, como cuando un invierno
asomados por casualidad a un balcón hemos visto
el enjambre de las Táuridas hendir de pronto el cielo oscuro.

Antonella Anedda (Roma, 1958), Historiae, Einaudi, Turín, 2018
Versión de Jorge Aulicino



Tauridi

Quando fin dal mattino ci si arrende al caldo
aspettando la notte
con le pompe che lavano le strade
e l'asfalto fuma di vapore,
quando la vita non è un intreccio
ma un balbettio di digressioni
affiora dal torpore l'immagine di un'acqua
intravista in campagna tra le felci e le ortiche,
tesa come un lenzuolo con mollette di rami
e un catino di sassi verde-gelo.
Di colpo allora quella tregua consola
anche noi scettici, come quando un inverno
affacciandosi per caso ad un balcone abbiamo visto
lo sciame delle Tauridi fendere a sorpresa il cielo buio.