miércoles, agosto 07, 2019

Augusto Munaro / De "Incrustaciones dubaitíes"














la biblioteca

los 300, 000 libros & yo nos conocimos en el invierno de 1993
fue un amor ambarino a primera vista

me rateaba de las clases de matemática y lengua (tedium vitae)
con señalador en mano –“I love my Library”- me perdía entre
sus pasillos angostos, silenciosos
el tiempo se tomaba su tiempo/ no discurría
olor a historia secreta, a datos irrefutables que se ofrecían
/generosos
a mi inquietud PANTAGRUÉLICA

fui deletreando el mundo,
       página x página,
                       siguiendo mi curiosidad
                                                     instintiva
                                                                saltarina
                                                                        como el conejo de Alicia

un diccionario de referencia/ me remitía
a una novela rosa/ ésta, a cierta biografía de Einstein, /
poesía isabelina, / novelas de Pierre Boulle…

así cobré enormes tesoros, compilé paisajes fantásticos,
lecturas góticas, científicas, tomos de numismática, geografía;
acopié datos sobre presidentes yanquis como pocos adolescentes,
(Washington-Lincoln-Wilson-Eisenhower-J.F. Kennedy-Carter)
     y héroes de guerra,
     Patton,
     McArthur
     Custer y sus chapas largas
     en la masacre de Little Bighorn

insomne, muchas mañanas escondía mi desamparo
                                                  entre las páginas de la
                    Britannica
su rumor del papel biblia,
entre
mis dedos,
-música para mis oídos

recuerdo en particular unos tomos
lujosamente encuadernados sobre la
conquista del Oeste

       barbudos
       leñadores talando
       sequoias gigantes,
       el daguerrotipo de
       Buffalo Bill con
       Toro sentado
                (¿no es cierto que el cazador de bisontes estadounidense
                tiene un cierto aire a julio
                Argentino Roca? -me preguntaba en silencio
               de misa)

mi rincón:
ante una luminosa ventana escondida,
al fondo, cerca de la entrada trasera,
allí podía acurrucarme por varias
horas hojeando el mundo sin
ser jamás interrumpido

   si la profesora de Historia
   a primera hora de la mañana
   hacía referencia de la
                          Batalla del Somme,
   esa misma tarde,
                  a las 3 en punto
         (apenas sonaba el timbre)
             ya estaba consultando a
                                                    Hart &
                                                    Middlebrook

era un modo de asaltar aquel tiempo perdido
aquellos días antes de mi nacimiento (excesivamente amplios y complejos)
pero que me fascinaban porque habían sido –a pesar de mí

fue allí donde recité “Mending Wall” de Frost, my favorite american poet
“The Raven” de Poe, y “O Captain! My Captain!” del níveo Whitman
(llegué a analizar verso por verso aquella metáfora sobre Lincoln)

en esa biblioteca comprendí la magia
              & fatalidad
del verbo

Augusto Munaro (Morón, Argentina, 1980)

Incrustaciones dubaitíes,
Editorial Lisboa,
Buenos Aires, 2019









Augusto Munaro - Vallejo & Co.Caína Bella - La Voz - Tuerto Rey
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Foto: Merece una Reseña

martes, agosto 06, 2019

Mario Montalbetti / De "El lenguaje es un revólver para dos", 2

















Los límites

El Perú limita al Este con un idioma
que no domina.

El Perú limita al Oeste con un carguero japonés
de 350 000 toneladas.

El Perú limita al Norte con Chimbote
cuyos puertos nunca supo superar.

El Perú limita al Sur con gran rapidez.


Sobre la expresión "Llevar un peso en el corazón"

El corazón guarda en sus cámaras frigoríficas
carne helada, cuerpos fríos que cuelgan
de garfios de acero,
atraídos por la gravedad y la pena.

Eso que llaman "llevar un peso en el corazón"
no se parece a nada o se parece
al peso de medio kilo de aceitunas negras
envueltas en una bolsa de papel marrón.

Eso que llaman "llevar un peso en el corazón"
no es sino una bolsa húmeda de aceitunas negras
a punto de perforarse.

El corazón late, la carne cuelga.

Vamos, hermanos, a morir de frío, vamos.

Mario Montalbetti (Lima, 1953)

El lenguaje es un revólver para dos [2008],
Caleta Olivia,
Buenos Aires, 2019










Vallejo & Co. - Ojo en Tinta - Latin American Literatura Today - Eterna Cadencia - Círculo de Poesía -
Otra Iglesia Es Imposible

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Foto: Eterna Cadencia

lunes, agosto 05, 2019

Leonard Cohen / Kanye West no es Picasso












Kanye West no es Picasso
Yo soy Picasso
Kanye West no es Edison
Yo soy Edison
Yo soy Tesla
Jay-Z no es el Dylan de nada
Yo soy el Dylan de todo
Yo soy el Kanye West de Kanye West
El Kanye West
Del gran cambio falso de la cultura de pacotilla
De una boutique a otra
Yo soy Tesla
Yo soy su bobina
La bobina que convirtió la electricidad en algo blanco como una cama
Yo soy el Kanye West que Kanye West cree ser
Cuando saca tu culo a empujones del escenario
Yo soy el verdadero Kanye West
Pero ya no me muevo mucho
Nunca lo he hecho
Sólo me animo tras una guerra
Y aún no la hemos tenido

Leonard Cohen (Montreal, Canadá, 1934-Los Angeles, Estados Unidos, 2016) Eterna Cadencia
                       
La llama,
Salamandra,
Barcelona, 2018,
traducción de Alberto Manzano









Salamandra - The Official Leonard Cohen Site - Zenda - A Media Voz - Otra Iglesia Es Imposible

Foto: Leonard Cohen Site

domingo, agosto 04, 2019

Hermann Broch / De "1933"














Descúbrete y piensa en las víctimas.
Pues sólo el que siente la soga en su cuello
se da cuenta de la brizna de hierba
que se agita en el viento
por entre los adoquines que hay bajo el cadalso.
¡Oh, aquellos que disfrutan con el derramamiento de  sangre!
Lo demoníaco es ciego,
lo prohibido es ciego,
los espectros son ciegos,
están ciegos ante lo que germina
porque ellos carecen de crecimiento.
Y sin embargo, cada uno de ellos
fue niño una vez.
No alabes ni premies nunca más a la muerte,
no premies la muerte que los hombres se infligen unos a otros,
no alabes lo indigno.
Ten, en cambio, valor para decir mierda cuando alguien
excite a los hombres a matar a su prójimo.
En verdad que el asesino sin dogmas
es el mejor de los hombres:
¡oh llamada humillante y envilecedora,
llamada al verdugo, la llamada de miedo más secreto,
llamada de todos los dogmas que carecen de fundamento!
Hombre, ¡descúbrete y piensa en las víctimas!
El mal vuelve siempre su rostro hacia el mal:
¿quién consuma el sacrificio humano espectral?
Un espectro.
Está ahí en la habitación, algo prohibido está ahí,
que silba para sus adentros,
¡es el espectro del espíritu burgués
habituado al orden!
Ha aprendido a leer y a escribir,
usa cepillo de dientes,
va al médico cuando está enfermo,
honra a veces padre y madre,
en general se ocupa sólo de sí mismo,
y sigue siendo sin embargo un espectro.

Hermann Broch (Viena, 1886-New Haven, Estados Unidos, 1951), "1933", Voces, Material de Lectura, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Ciudad de México, 2009
Traducción de de María Ángeles Grau

Voces es un largo poema dividido en tres partes ("1913", "1923" y "1933"), escrito por Broch para que sirva de contrapunto a su novela Die Schuldlosen (Los Inocentes), publicada en 1954. (Del prólogo de la traductora)

Ref.:
Encuentros de Lectura
Poéticas
Deriva
El Psicoanalítico
El Cultural

Foto: Abenteur Industrie

sábado, agosto 03, 2019

Laura Fuksman / Dos poemas













V

Todo comenzó en la oscuridad
la estrepitosa caída del imán
y las astillas que quedaron sobre la baldosa de la cocina.
Lo que siguió a tu rugido
fue ejercicio de buenos modales:
acariciar la gata
ofrecerme un té.

Subterráneo, el temblor
suave no cesó hasta despertar
al demonio que habita en los arenales.

de Tan real como el pavo



No sólo el pan se vuelve cotidiano.
Con el mismo asombro
que los verdes búhos de traje victoriano
descifran mis trazos
en la pequeña libreta
traída de África
con el mismo asombro
escucho el albedrío de mi voz
y las palabras con las que soy dicha.

de Hostal Klezmer

Laura Fuksman (Buenos Aires, 1970)

Tan real como el pavo,
Patronus Ediciones,
Buenos Aires, 2019











Hostal Klezmer,
Zingo & Gafuri,
Buenos Aires, 2016









Vallejo & Co. - El Infinito Viajar - La Primera Piedra - Transtierros
---
Foto: Laura Fuksman en Facebook

viernes, agosto 02, 2019

Paula Abramo / Angelina


     prende un cerillo
          no me gusta esta falta esencial del pobre modo
     préndelo
          como si uno a sí mismo nunca se imperara
          como si para imperarse fuera necesaria
          rutinaria y filosa la escisión
     préndelo
     lo prendo y qué hago luego

-Prende la estufa
-Sí, señora.
Angelina es breve y requemada.
Las marcas de sol. No son de sol.
Sí son.
Son preludios del cáncer. Son herencia.
Sobre la hornilla, el aceite bulle en iras.
Esta cocina casi pasill, casi tránsito a otro mundo mucho
menos azul y más de orquídeas, de pereza, de flores
más lentas que la tarde, humedades profundas,
corruptoras, colibríes, cruás allá en lo alto, a contraluz.

Angelina va friendo camarones.
Guarda uno, come tres;
guarda uno, come tres.
Guarda uno.
Come
tres.
Angelina tiene el hambre de su abuela;
más allá;
tiene el hambre de la abuela
de su abuela.
Y una historia de retirarse y retirarse bajo el crepitar de décadas de sol,
sobre el fulgor insano de una tierra
más quebrada que sus pechos.
No es la lengua, es el Nordeste el que le lame los dedos a Angelina:
la seca esparce sal sobre su presa.
Y son tan buenos estos camarones.
Los subterráneos del hambre lloran -sí, pero no siempre- caldo de sopa.
Lloran también esta charola
tan abundante y gris de camarones.
Lloran las madurada tersura de los libros.
Y lloran las rosas - cómo no - las rosas.
Y llorarán siempre hasta que el fuego.

Paula Abramo (Ciudad de México, 1980), Fiat Lux, Fondo Editorial Tierra Adentro, Ciudad de México, 2012, vía Eterna Cadencia

Enciclopedia de la Literatura de México - Poesía Mexicana Contemporánea - Eterna Cadencia  Lyric-line - La Jornada - Noticias 22

Foto: La Jornada

jueves, agosto 01, 2019

Kim Addonizio / Elegía para Jon















El haz de luz del faro pasa sobre mí.
Nunca confié en el mar, siempre metiéndose
en las caletas, esparciendo símbolos de sal
sobre los hoteles de los turistas, reduciendo
embarcaciones y botes de remo a palitos. Suelo
encontrarme a mí misma, a su lado, deseando
que se convierta  en un lago
con quizá un muelle flotando cerca de la costa.
Si no fuese un lago, entonces un río
entre despeñaderos. Si no fuese un río
entonces un piano iluminado por la luna
provisto de peces. Toca irremediablemente
con la tapa cerrada,
Satie escribió en una de sus partituras
pero nunca descubrí en cuál
o cómo sonaba la música.
Pero ésta es una dirección en la que iría
una playa donde feas algas marinas
y una tecla del piano amarillenta son arrojadas
del océano. Desearía que la tierra
hubiera esperado un poco más
antes de tragarse a mi hermano.
Desearía que el mar dejara
de tragarse su nombre, mientras continúa
besando la arena, dejando
otra fría corona de flores a mis pies.

Kim Addonizio (Washington DC, 1954), Op. Cit., junio 30, 2019
Versión de Marina Kohon

Kim Addonizio - Poetry Foundation - Círculo de Poesía - Otra Iglesia Es Imposible

Foto: Kim Addonizio

Elegy for Jon

The lighthouse beam sweeps over me.
I never trusted the sea, always shoving
Into coves, scattering salt-glyphs
Over tourist hotels, smashing
Trawlers and rowboats to sticks.  I keep
Finding myself beside it, wishing
It would turn into a lake
With maybe a dock floating close to shore.
If not a lake, then a river
Between canyons. If not a river
Then a big moonlit piano
Stocked with fish. Play irretrievably
With the lid closed,
Satie wrote on one of his scores
But I never discovered which one
Or how the music sounded
But this is one way it might go
On a beach where ugly kelp
And a yellow piano key are flung
From the ocean. I wish the earth
Had waited a little linger
Before swallowing my brother.
I wish the sea would stop
Swallowing his name, while it goes on
Kissing the sand, laying
Another cold wreath at my feet.

miércoles, julio 31, 2019

Manuel Alemian / Dos poemas















A ver

Me doy cuenta de que ahora
escribo sin la mínima expectativa,
lo siento.

Escribo, cuándo no,
para que avance el tiempo:

Enrique, la bomba no funciona
y mis músculos tiemblan tanto
que temo un desgarro.

Gaviotas, ustedes coman
los ojos de las focas.

Osos, ustedes coman
la miel dorada y espesa y pegajosa
y dulce y empalagosa,
sana, moderna y clásica.


The answer is:

Rechazamos:
la odontología sin anestesia.
Rechazamos:
cualquier oferta por humillante.
Rechazamos:
los actuales requisitos para la contratación del gaucho.

Manuel Alemian (Buenos Aires, 1971), "Ejercicios de desbaste", Op. Cit., junio 30, 2019

Ref.:
Editorial Municipal de Rosario
Plástico Sagrado
Palabras Amarillas
Ñ
Eterna Cadencia
Indie Hoy
1 Poeta 10 Preguntas

Foto: Archivo de Manuel Alemian

martes, julio 30, 2019

Arturo Carrera / Crepúsculo argentino



     









                                               


                                a Elina y Alejandro Carrafancq


El campo,

un espacio donde los niños
confunden la belleza con la felicidad;

la luz los atonta, el flash doméstico
y natural los oculta en catacumbas, agujeros
negros, blancos conventos insonorizados,
sin follaje...
oh pequeños religiosos de la exigencia:

una sonrisita fosforescente y acústica
y un abracito afectado que se conoce
en esa especie de Vacío Mundo

en otra más lejana galáctica
insaciable risita que lucha.

Todas las astillas cósmicas.
Todos los hilos agámicos.
Todas las taciturnas
vocecitas en la luz amarilla,
intensa, de azufre fosforescente
y de luciérnaga que agoniza.

nosotros en ese campo expulsado
donde la fatiga es imprevista
con sus misteriosos eclipses...

La insistencia de un pánico silvestre
y los diminutivos con que Arturito recorre
su paciencia, su olvido en todo lo que se
afinca como parpadeo.

Las cajas del sueño donde el poder dormir
como volver a morir se precipita; el aire
se funde con la luz oscura y el agua con
los desplazamientos del rumor acuático

imanes, imanes de felicidades remotas mímicas
en los estados de belleza pura, y variaciones
mágicas con dedos de reptil, pero ese reptil

de miniatura africana
que salta continuamente en el hirviente
desierto de arena para no escaldarse y
vivir al unísono,

para que el día entre en él por todas sus
semejantes, ínfimas, innumerables huellas
para que la presencia insaciable del día
no lo adormezca;

sin embargo,
a ellos otros espero, anhelo,
anillo sus múltiples exigencias.

Puedo envejecer esperándolos en otra humanidad
y puedo otra vez nacer; estar como un fruto
en corona, esperando el picotazo de otros
mundos,

la vida de cada minúscula noche hacia el mar.

Ellos,
bienes dormidos bajo estatuas de olmos, gnomos,
tesoros en cofres de pirotecnias perpetuas,
aún en el vacío insonoro, atraídos como ranas
En la inquietud de los estanques o el mar,

sobre la vasta ola roma, sin cresta, alzándose
silenciosa sobre el amor:

minutos sin ley ni astros
tiempos sin cuerpo ni deseo
espacios donde se cortan los afectos
a cada exiguo pie de un hombre.

Son niños siempre y
niños en un festín donde
se desconocen los nombres

Niños arrancados del cuerpo y
del corazón, como raicillas que
ya hubieran echado en otros niños
su ligazón; en otros pensamientos
su dolorosa espesura.

Niños explosiones acústicas
Niños ortigas del verano; a un punto
en la seda
vienen a mirar faisanes;

un círculo luminoso donde caen
todas las remotas ideologías naturales
y todas nuestras cósmicas huellas
estrelladas: los niños.

Duelo de no pertenecer
duelo de las sabidurías desconocidas
sin órganos
sin ostentación y sin goces

duelo de apartarse dudando del patio
de la dicha: donde allí todo nos
sosegaba como sofocado dolor

aquí todo nos despierta
aquí somos el sobresalto del lince
aquí el sueño oculta
la alegría del secreto

Aquí la verdad solitaria derrumba
el placer
y el placer no sostiene
el secreto no sostiene
el despertar no me sostiene,
su realidad,
es más devastadora que el deseo

¿Qué es?

Es la desesperación
que nos impone como un sueño
el vacío, el campo...

Vaho amarillo y los diablitos
riéndose. Arrastran un perrito,
escriben una eme majestuosa;
las brujas-lolita con sus mechones
eléctricos y sus malcriadas muñecas,

la voz del perrito; los dientes de las cosas;
la acústica estirpe china del súbito día

(el té).

Los niños.
Sus rasos borran la única fiesta,
la única mentira, la única verdad,
la única risa.

No te alejes más.
No te alejes más.

¿Qué haré sin los ojillos de tu faisán?
Sin tus gestos como picotazos dorados.

Mi desesperación clavada en el deseo
como un colibrí salvaje en la

gigantesca flor acuática. La hipertrófica
magnolia del deseo:

un limón escarlata y óxido de hierro la van
centrando con sus suavísimos ganchos:
la abeja allí se empolva, los zánganos
conocen y reconocen: desconocen

El campo, la noche y
sus caretas de olores
que no enmascaran, los
mensajes cortados y los
gritos suntuosos;
la noche con sus señales
de amores de alfalfas y
alfabetos de sapos y
telarañas.

Magnolia del zorrino
con su chorro de humos acres

¿Nada sostendría?
¿Nada consentiría en su risa de chaparrones
de blancos y agrios fuegos
luminosos?

Es la madrugada: ¿pero cómo...?

Los niños se duermen:
fácilmente se duermen sobre estos clavos
de azúcar, fakires del infinito turbulento.

El campo tiembla.
El campo nuestro. (...el delirio, los surcos
de la lava del alba. El agua donde amanecemos.

Los terrores poderosos giran en torno a
objetos sin valor. ¿Te acordás? Fase del
desprecio, incluso por el no...

El No de un amarillo vibratorio,
los girasoles en el vozarrón del día
y el humo del atardecer, los ojos
en la cabeza leñosa
en el espumoso anaranjado del sol.

No te alejes más.
No te alejes más.

el deseo desdibuja en su plumosa tierra
un espacio: "que no te despierten todavía,
y que no hiervan la leche todavía".

Multiplicidades. Multiplicidades
secretas

Lo que pasa durante la tarde
como los pequeños frutos de las intensidades
se abre, como un último frutillo
en las fogatas anaranjadas

Deja que bajo nuestra incertidumbre
croe lo incierto: el agro de la espera,
la niñita que baila... la patria de San Juan
y esas inquisitorias cartas que quemaste
para cocer la langosta y las habas:

La pintura es la extensión más sutil

Arturo Carrera (Coronel Pringles, Argentina, 1948), Arturo y yo, Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 1984

lunes, julio 29, 2019

Severo Sarduy / Morandi















Una lámpara. Un vaso. Una botella.
Sin más utilidad ni pertinencia
que estar ahí, que dar a la consciencia
un soporte casual. Mas no la huella
del hombre que la enciende o que los usa
para beber: todo ha sido blanqueado
o cubierto de cal y nada acusa
abandono, descuido ni cuidado.
Sólo la luz es familiar y escueta
el relieve eficaz; la sombra neta
se alarga en el mantel. El día quedo
sigue el paso del tiempo con su vaga
irrealidad. La tarde ya se apaga.
Los objetos se abrazan: tienen miedo.

Severo Sarduy (Camagüey, Cuba, 1937-París, 1993), Un testigo fugaz y disfrazado, Hiperión, Madrid, 1993
Envío de Jonio González

Escritores - A Media Voz - Círculo de Poesía - Revue Noire - La Silla Prestada - Otra Iglesia Es Imposible
---
Foto: Revue Noire

domingo, julio 28, 2019

Juan Fernando Bermeo / De "Metrópolis. Cementerio de espadas"














Uróboros

Las cruces que caen del cielo presagian el burdo extinguirse del alba
el poema se convierte en el beso de las flores al caer en el suelo
un niño se transforma en una metáfora de sí mismo
los álbumes de fotos son evidencias del crimen que todos cometen:

la apuesta por perdurar en un universo donde la entropía viene desde dentro

Un vacío que se complementa con el silencio
un vestido que no vive sin una oferta en la tienda
un camino de piedra que resalta cuando causa un accidente
una carestía provocada por la usura y la caridad

Así, poco a poco, en un círculo interminable
nos comemos a nosotros mismos
condenados a sentirnos inadaptados en nuestra propia casa
condenados irremediablemente
a girar en cualquier dirección mordiéndonos la cola

como el Uróboros
o el logotipo del reciclaje


Metrópolis es un abismo

Nosotros no nos realizamos nunca.
Somos un abismo que va hacia otro abismo -un pozo que mira al Cielo.
Letanía; Fernando Pessoa

A pesar de lo que te han contado
el encierro nunca depende de lugares
una prisión se construye con fechas
las cárceles se miden en segundos
yo puedo sentirme atrapado entre flores
y tú puedes decirte libre mientras aún puedas masturbarte a oscuras

no pienso que la vida sea un rompecabezas
pero mientras más fragmentos y cortes veo entre los juegos
me doy cuenta de que no se puede vivir sin uno aceptarse cojudo

el mundo nos hace cojudos mientras pensamos que no lo somos
y el primer paso para ver la realidad propiamente
es creer con firmeza en que uno es libre en encierros
y es prisionero también de una libertad que se nos muestra
tal como la vimos en la TV

Mientras aprovechemos el cine para los besos, los terrenos baldíos para un rápido episodio sexual
mientras sonriamos solo para las fotos y bailemos solo cuando ponen esa canción deseada
mientras nos enamoremos por internet y nos suicidemos por un mensaje de texto

seguiremos siendo unos pendejos taciturnos y miopes
seguros de nosotros mismos por tener un control remoto
u orgullosos por llevar una camiseta hecha de material reciclado

pero si en vez de eso, aceptamos la pendejada como un credo irrevocable
nos será más fácil digerir el mal trago
de esta realidad repetitiva e irresoluta

Pero estoy volando muy alto, de antemano sabemos que no lo aceptaremos
porque el orgullo del hombre es lo que nos motiva como especie
ese orgullo que nos hace usar la palabra ‘superiores’ como onomástico
ese orgullo que nos hace ser buenos samaritanos para contarlo al que no lo vio
ese orgullo que nos atrapa en el libre albedrío y nos libera en un claustro mental
ese orgullo que nos hace creer que escribimos poesía

Juan Fernando Bermeo (Cuenca, Ecuador, 1989), Metrópolis. Cementerio de espadas, La Caída, Cuenca, Ecuador, 2018, Cráneo de Pangea, julio 2, 2019

Liberoamérica - Eternidad - Cráneo de Pangea
---
Foto: Cráneo de Pangea

sábado, julio 27, 2019

Osvaldo Baigorria / Poesía estatal














I

Esta noche voy a leer
un poema que no se sostiene
en el papel.
Un poema para ser leído en voz alta
y escuchado en voz baja
o leído en voz baja
y no escuchado
porque ¿quién va a escuchar un poema leído en voz baja?
Cómo decirlo… A propósito, ad hoc, por encargo.
Un poema escrito especialmente para esta noche
tan especial
para vos.
Sí, a vos te hablo,
oh Noche de los Museos
(acá empieza el poema, más o menos).
Yo quiero ser museo
para seducirte y que entres
por las várices abiertas de mis piernas latinoamericanas:
así, a mansalva.
Que me penetres con tu luz oscura, sol de noche,
luz que se drapea, que se pliega,
noche de la estola y del strass,
como diría la Rosa de la patria
internacional de los trabajadores.
Que entres y recorras mis entrañas,
mis bifes de costilla, mi tripa gorda, mis vísceras, mis grasitas.
Que contemples mi interior extasiada,
y digas: ”Ah, ah, ah”,
como en la poesía
mala
y a coro entre miles de visitantes de dos, tres, muchos museos.
El Museo de Arte Barroso Rioplatense y Neo-Litoraleño.
El Museo de Literatura Post-Infra-Multi-Trans-Retro autónoma.
El museo de Cultura Popular y Más-Iva
El Museo de los Tadeys.
El Museo del 7-D y
el Museo del 8-N.
¿Se acuerdan?
El Museo de la Memoria Selectiva del Proletariado.
El Museo del Tricentenario
de la Revolución Cubana.
¿Dónde estaremos entonces, compañeros, camaradas?
¿Qué será de todo esto?
¿Habrá Facebook?
El Museo del Consumo Popular Ilimitado
de Recursos Naturales no Renovables.
El Museo de las Esperanzas y Expectativas de Vida en la Tierra
El Museo de la Súper-Tierra a 42 años luz,
acá cerquita.
En fin: Museo de la Novela de la Eterna,
Museo de las Musas, silabeo:
millones de visitantes de millones de museos
cada año y en esta noche,
Yeah! To night, con ustedes:
Las mejores mentes de mi generación
-por qué seremos tan hermosas-
destruídas por la locura, histéricas, desnudas
-la murga, los polacos, los cadáveres-
arrastrándose  por los barrios negros a la madrugada
en busca de una droga
curiosa.
Los rebeldes amaestrados y alguna bestia rock
de Adorno
El insecto gordo volador que arroja flechas
envenenadas.
El terrorista del último terror que arrasó con las redes
sociales, individuales.
Aquella que mató al marido antes que él la quemara viva
Aquel que abrió una cuenta bancaria en Uruguay
para las investigaciones del espíritu
extranjero… que pasaba.
Y la chica embarazada que espera la asignación final del universo.
El bombo
y la cacerola:
la noche es una sola, ¡aprovechen!
¡Y que se vengan todos!
Shhh… Acá ya no se puede hablar de política.
Pero esto no es hablar de política.
Esto es solo un poema
que no se sostiene
en el papel
ni sobre el papel.

II

El pelpa, sí: el documento, el…
sobre-cito: cartón pintado.
Pulpa y contenido.
Árbol y pastera.
Hoy es más fácil publicar,
hay aspiración de sobra:
dosis masivas de inspiración por vía aérea,
microdosis por vía endovenosa
e incluso rectal.
Sirve para curar el chancro blando,
el llanto de la bacteria,
el granuloma inguinal,
la vaginosis transgénica,
las verrugas externas y también las internas.
Ahora dicen que la poesía
también es de ayuda en terapia intensiva.
Pero ayer fui al hospital a visitar a un amigo
que hace medio siglo se fue a California
y hace un año volvió a la Argentina
porque allá empezó la crisis y acá, la cosa, divina.
Resulta que se amargó, le cambió todo:
vino a descubrir que tenía un cáncer
en la segunda porción del duodeno.
En la primera sección de islas del Tigre
una vez le pregunté, me acuerdo,
cómo se traducía “beat the reaper”.
Me contestó “esquivar la guadaña”
Ahora yo leo y él está internado
a la espera de un filo, de una cita
de corte pero no de verso.
Asi que no le leí
nada
y menos
de este nocturno insostenible.
Porque además, ojo:
este es un poema que ya se fue con el viento
por las ventanas abiertas de mis esfínteres norteamericanos.

III

Un museo de open doors,
eso quiero ser.
Un museo administrado por drogodependientes.
Ayahuasqueros, santo daime,
místicos vengadores del rock y de la militancia.
Un museo lleno de cuadros
del Partido Peronista Soviético XXIII Congreso.
Cuadros dirigentes y cuadros dirigidos.
Un verdadero museo
de luchas intestinas, de guerras ácidas,
clorhídricas.
Choques no de ideas sino de moléculas,
rizomas y tubérculos
cuadrigéminos
debatiéndose en el acueducto de Silvio,
en la formación gris propia del pedúnculo:
a la vanguardia, el “Locus niger”;
en retaguardia, el cuerpo estriado.
Todo micro, nada macro.
Un museo de revueltas imperceptibles:
la insurrección de las cándidas,
los microbios, las lombrices
solitarias y las acompañadas.
Quiero ser ese museo.
Con un cartel que diga:
“Hoy como ayer
y más que nunca:
No matar la palabra,
no dejarse matar por Ella”.
Y explicar en mesa de entradas a las visitas
que aunque yo aquí lea un poema
que no se sostiene,
o presente un ciclo de lecturas en Plaza de la Lengua,
no tengo la más pinche idea,
no tengo la más parietal, puñetera, fucking idea
de si esto es o no es… poesía
en el papel o fuera de él.

IV

Very well, fandango! dijo el rimero
y se fue de joda a la noche de los museos.
Una de esas noches conocí a un muchacho
que me ofreció su amor
pero no pude corresponderle porque yo ya estaba casado
con una muchacha
que me ofreció su amor
pero no pude corresponderle porque yo ya estaba casado
con un muchacho que…
Cha-cha-cha! Very well, fandango!
Por eso esta noche no voy a leer un poema
de amor:
solo quiero leer un poema
que quizá ya esté leyendo.
-¿Cuánto cobrás por una lectura?
-¿Acá, de parado?
No sé si tengo uña, guitarrero.
No sé si soy capaz, mi capataz.
Puedo intentarlo, tengo referencias, le muestro mi a-cv
Alguna mala lengua me atacará por twitter,
dirá que soy un chantapufi,
un pedo al aire: puf! y…
Ya es un hashtag.
Como un pelo en el pedo,
que se vuela,
algo inútil,
que no sirve para nada,
más que para anunciar un poema que…
la verdad, te cuento, la posta, entre nos:
no existe.
Y la única verdad es la realidad.
O las únicas 20 verdades son las únicas 20 realidades.
Alguien del público ya empieza a gritar:
“¡Esto no es arte, es una estafa!”
Como si el arte…
Sigo leyendo.
Otra que vino con la banderita dice:
“¡Basta de robar con la cultura!”
Como si la cultura…
Sigo leyendo.
Otro, más borracho, me encara:
“¡Terminá de una vez, payaso!”
Como si esto realmente no fuera a terminar
como todo,
de una vez:
La noche, los museos, las várices, las drogas,
los proletarios, la masa, la multitud, el pueblo,
el público, el privado, el dirigente, el dirigido,
los rizomas, las raíces, los tubérculos, los árboles,
las patrias, los soviets, los cuadros, las lenguas,
incluso este poema que nunca fue leído
porque nada,
pero nada,
se sostiene en el papel.

Osvaldo Baigorria (Buenos Aires, 1948), Paseo Esquizo, 2012, Poesía estatal, Iván Rosado, 2017

Ref.:
Plaza de la Lengua/YouTube
Iván  Rosado
Escritores
Paseo Esquizo
Música Rara
Eterna Cadencia

Foto: La Voz

jueves, julio 25, 2019

Russell Edson / Dos poemas
















Una piedra no es nadie

Un hombre tendió una trampa a una piedra. La atrapó. La hizo prisionera. La metió en una habitación a oscuras y la vigiló durante el resto de su vida.
Su madre le preguntó por qué.
El respondió, porque está en cautividad, porque es la prisionera.
Mira, la piedra duerme, dijo ella, lo cual hace que no sepa si está en un jardín o no. La eternidad y la piedra son madre e hija; eres tú el que envejece. La piedra sólo está durmiendo.
Pero la atrapé, madre, es mía por derecho de conquista, dijo él.
Una piedra no es de nadie, ni siquiera de sí misma. Tú eres el conquistado; eres tú quien tiene que ocuparse del prisionero, que eres tú mismo, porque tienes miedo de salir, dijo ella.
Sí, sí, tengo miedo, porque nunca me has amado, dijo él.
Es verdad, porque siempre has sido para mí lo mismo que la piedra es para ti, dijo ella.


Antimateria

Al otro lado de un espejo hay un mundo inverso, donde el loco se vuelve cuerdo; donde los huesos surgen de la tierra y se alejan hacia el primer légamo del amor.
Y por la tarde el sol recién está saliendo.
Los amantes lloran porque son un día más jóvenes, y pronto la infancia les arrebata el placer.
En semejante mundo hay mucha tristeza, la cual, por supuesto, es alegría...

Russell Edson (Connecticut, Estados Unidos, 1935-2014), The Tunnel. Selected Poems, Oberlin College Press, Oberlin, 1994
Versiones de Jonio González

Otra Iglesia es Imposible - Poetry Foundation - Letras Libres - Le Monocle de mon Oncle - New York State Writers Institute /YouTube


A STONE IS NOBODY'S

A man ambushed a stone. Caught it. Made it a prisoner. Put it in a dark room and stood guard over it for the rest of his life.
His mother asked why.
He said, because it's held captive, because it is captured.
Look, the stone is asleep, she said, it does not know whether it's in a garden or not. Eternity and the stone are mother and daughter; it is you who are getting old. The stone is only sleeping.
But I caught it, mother, it is mine by conquest, he said.
A stone is nobody's, not even its own. It is you who are conquered; you are minding the prisoner, which is yourself, because you are afraid to go out, she said.
Yes yes, I am afraid, because you have never loved me, he said.
Which is true, because you have always been to me as the stone is to you, she said.


ANTIMATTER

On the other side of a mirror there's an inverse world, where the insane go sane; where bones climb out of the earth and recede to the first slime of love.
And in the evening the sun is just rising.
Lovers cry because they are a day younger, and soon childhood robs them of their pleasure.
In such a world there is much sadness which, of course, is joy...
---

Juan José Saer / Aldo

















La boca cumple un enorme papel: toma
el vino tinto, de a poco, a lo largo de la noche,
y devuelve, incansablemente, iluminándose, el verbo.
Y cuando está en silencio, los labios se mueven todavía,
se estiran, se entreabren porque los dientes, sin motivo,
sin ninguna pasión, por pura costumbre, se aprietan.
Es, se ve bien, un reflejo que viene desde el fondo, o mejor
dicho desde el principio. La calvicie
no alcanza más que la coronilla, la frente,
y en la nuca, y a los costados, el pelo grisáceo termina
humildemente, escarolado, insumiso.
En el conjunto, la cabeza vendría a ser
de un gris ceniza evanescente, la cara
rojiza, a causa quizás del vino, y los hombros,
cubiertos por el saco azul marino, resaltan,
como contra un infinito, contra el afiche amarillo pegado a la pared.
Está todo aureolado, si se quiere, de grafismos negros.
La mesa del bar, al lado de la vidriera, es, entre todos,
el mejor lugar; sobre la mesa
el vaso de vino, medio lleno, que la mano,
negligentemente, toca: de esas manos, se ha sabido decir
que, como las de Borges, son blandas, evasivas. Las ha ocultado
parece, a medias, desde siempre: ¿un complejo? Y a veces
sin embargo, pueden moverse, elegantes, en el aire,
diciendo un alegato mudo en favor, por ejemplo de Baudelaire,
y en ellas, entonces, todo lo qué le queda de pasión se concentra.
Pero no es, propiamente, una pasión:
son como unas señales, rápidas, que le llegan, de vez en cuando, desde
lejos, desde el fondo, probablemente, o desde el principio,
y alrededor de cuyo centelleo, todos sus días,
que él se dice vivir, inútilmente, en dispersión,
como un milagro austero, para el oyente, se reúnen.

Juan José Saer (Serodino, Argentina, 1937-París, 2005), El arte de narrar, Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, Argentina, 1988

Otra Iglesia Es Imposible - Revista de Lengua y Literatura - Otra Parte - Eterna Cadencia
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Foto: Ulf Andersen/AURIMAGES/AFP/Arcadia

miércoles, julio 24, 2019

Marina Serrano / De "Variaciones Argerich"














Los ciclos y el uso de la barra de repetición

Nunca pude reconocer tu juego,
entender
aquellas reglas propias de los trastornados.
Quizá lo más preciso
fue conjeturar un azaroso ciclo en donde alternabas tres fases:
indiferencia, maltrato y éxtasis.
La indiferencia la jugabas con los ojos,
fijando tu negra opacidad sobre los míos
y, una vez captado el hilván,
lo girabas hacia el no me importa.
Para el maltrato tenías herramientas más vulgares,
las escenas públicas, tu voz destrozada
casi siempre capaz de nuevos aires al insultarme.
Y el pico del amor eran tus manos,
tu cuerpo y el derrumbe
de todo lo demás, sobre las mías.


El amor a la música

Ríos azules entran en la boca,
extienden sus hojas en el interior cardúmenes plateados.
Porque el amor hace callar
a la carne
y es su propia forma de autocompasión,
un trébol de crines llevadas al sol, al hueco
de un espacio cerrado e inmenso,
lleno hasta la garganta
de caballos.


Pánico escénico

Entre sombras aquello que observa,
filos de dientes, brillos, toses, ataques
grabados en una isla sumergida,
ciegan, despiertan
la refleja parálisis,
en el oscuro fondo, negro sobre negro, sala saturada
por el olor a bocas, perfumes, hospital, presidio, gente
grave, llama el nombre que se lleva,
entre pasos vacilantes, y aprietan
para ir y hacer
lo hay que hacer, como hay que hacerlo,
como se hacen tantas cosas, sin explicación,
con urgencia,
llevando en el seno, entre máscaras, oculta
una cara de otro tiempo, un insecto
que solo puede salvarse
si alcanza a clavar las uñas, a entrar
en algún hueco
antes del temporal, del diluvio.


Enlaces

Ensimismada en una partitura
con clavos largos y acéfalos entre los metacarpianos
es posible creer
en el amor,
en la presencia
de un tiempo lento,
muy regular, largo y lento, que no perdona,
deshilvana,
engancha los plegados velámenes del cerebelo,
ahora
que el amor, sin palabras, llega a la carne,
y se instala
en esta casa, en este sillón,
en tus manos arponeadas.


La femme argentina

Una mujer argentina
ante todo, parece
un adjetivo
en la boca, objeto, palabra,
una sombra.

Marina Serrano (Quequén, Argentina, 1973)

Variaciones Argerich,
Ediciones del Dock,
Buenos Aires, 2019









Otra Iglesia Es Imposible - Literatura Viva - El Infinito Viajar - 1 Poeta 10 Preguntas

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Foto: Marina Serrano, Santiago de Chile, 2016 JA

martes, julio 23, 2019

Santiago Sylvester / De "Llaman a la puerta"















                                                  (la ley de los grandes números)

Un alivio la ley de los grandes números,
nos permite saber que hay una secuencia y también
este descubrimiento: lo que ocurre
no es universal ni simultáneo.

                             Por la ley de los grandes números
no morirán al mismo tiempo todos nuestros amigos,
no se secarán de golpe los ceibos del planeta;
no será éste el año de todos los incendios, los volcanes en
       erupción, los derrumbes de las cordilleras;
no nacerán sabios todos los niños, ni rubios, ni todos serán
       jugadores de fútbol;
no todos andaremos en bicicleta, ni escribiremos una marcha
       fúnebre, ni seremos abandonados en una isla;
no es cierto que todos los jóvenes estudiarán latín.

La proporción consiste en que las cosas no sucedan todas juntas,
hay gradación:
un precursor suele ser el que ha llegado antes de tiempo,
un plagiario el que ha llegado tarde;
la reiteración existe y por ella sabemos cómo es el mundo;
unas veces ocurre esto y otras lo contrario: es un alivio que no
       suceda en una hora
lo que corresponde a medio siglo.

Gracias a las variantes aleatorias esta noche
unos dormirán
otros tendremos insomnio:
ambas cosas según el promedio.



                                                  (el sitio donde vivimos)


Un verano con 40ºC a la sombra
y alguien muere de frío en algún lugar:
consecuencias de vivir en un planeta en construcción.

El que tenga hambre
y el que esté saciado,
el que vea, el que no quiera ver;
el que habla o calla para siempre;
tienen un sitio en este planeta en construcción;

viajar o no viajar,
los estados intermedios: claroscuro, entreacto, mientras tanto:
pruebas de un planeta en construcción;
madrugar o anochecer son variantes del mismo verbo en un
       planeta en construcción.

Nosotros: nuestro paso rápido, nuestro intento de tener un
       porvenir; los recuerdos que amamos, los que
       sobrellevamos, los sentimientos que no debiéramos tener;
la utopía del éxito, el prestigio del fracaso,
la aceptación de lo que venga,
la propensión por el engaño:
                              no alcanza la sabiduría del mundo
para que éste deje de ser un planeta en construcción.

Los que hablan por teléfono, consultan su correo, y siempre
       quieren estar en otra parte;
los que gastan un presupuesto en avisos fúnebres;
¿y la magia? ¿el ocultismo? ¿los trasmundos de este mundo?

                     Los lugares
cambian de lugar, nosotros con ellos,
y aquí terminan las constataciones
que podrían seguir:
más pruebas de que estamos en un planeta en construcción.

Santiago Sylvester (Salta, Argentina, 1942)

Llaman a la puerta,
Ediciones del Dock,
Buenos Aires, 2019









Bibliografía
Academia Argentina de Letras

Poemas
Otra Iglesia Es Imposible
Buenos Aires Poetry
Círculo de Poesía

Reportajes
Los Andes
El Faro
---
Foto: Francisco Manzano/El Vendedor de Tierra

lunes, julio 22, 2019

Luisa Futoransky / Capricornio - Vía Dolorosa 1969














Señor de mi signo,
triste Señor del Saturno regente;
hoy degusté piedra a piedra
el sabroso calor de la iluminación
o la demencia.

Vine por el monte donde Abraham
estuvo a punto de sacrificar su hijo muy querido;
deambulé por aldeas árabes
junto a los pastores y los cencerros de las cabras,
descansé en cuevas estrechísimas
construidas en la roca viva
a la medida de un beduino, un santo,
un criminal
o una fiera a punto de parir.
Sentí resbalar sobre mi cuerpo
el mismo ardor del sol, el deseo y el odio
que recorrieron en tu cuerpo
las miradas de los otros.

Estoy segura,
hermoso y taciturno joven de la Galilea
que, como yo, también fuiste a la casa
donde duermen los gusanos de Absalón
—hermano de infortunio—
y tropezaste con los negrísimos ciempiés,
las pequeñas iguanas
y esa rana monstruosa que continúa mirándonos
desde las terribles esmeraldas de sus ojos.

Hice tu camino, señor de Capricornio
—sin orden y con bastante desconcierto—
desde Belén, Cafarnaum, Caná, Hebrón, Gólgota,
a esta calleja estrecha donde una inscripción latina
me señala el sitio exacto en que un oficinista romano
de segunda categoría y relativa influencia
entró en la historia
por el solo hecho de prenderte.

Mientras me apoyo
para orar con disimulo en esa piedra
te acercas, como todos los días
por esta angosta, ruidosa vía de la ciudad más ciudad
al menos de esta tierra y este tiempo.
Y quizás estás entre los jóvenes o ancianos
que divagan su haschich en el narguile
a la puerta de comercios y salones,
o tal vez revoloteamos como algún pájaro
que en ocasiones se aventura por estos recovecos asesinos
aspirando el olor del oriente
hasta que la imaginación puede corporizarse
en un dedal o en la cruz de Bizancio
que me obsequió Mohammed, el vendedor de helados
y antigüedades del barrio de Silwán.

Hoy, cuando bajé al túnel milagroso
de uno de los reyes de Israel
para refrescarme un tanto de las heridas,
el sol y las horas de caminar
por los precipicios de mi vida,
dejé correr agua en el cuenco de mi mano
también por ustedes, nosotros
y los señores de Capricornio que están en camino,
los que por nuestras calles
—carreteras del cielo y del infierno—
vendrán desnudos o vestidos con su Vía dolorosa,
un cometa, un pan bajo el brazo,
un manto de la dicha o una tienda de souvenirs
a remover las cenizas
que construyen y destruyen sus laboriosos hermanos
porque nadie duda
que Suyo es el Reino.

Luisa Futoransky (Buenos Aires, 1939)

"Lo regado por lo seco", 1972
Los años argentinos (1963-1972),
edición de Mariano Rolando Andrade,
Leviatán,
Buenos Aires, 2019







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Foto: Jordi Batallé/RFI

domingo, julio 21, 2019

Cesare Pavese / Revuelta















Aquel muerto fue tumbado y no mira las estrellas:
tiene los cabellos pegados al pavimento. La noche es más fría.
Los vivos regresan a casa estremecidos.
Es difícil andar con ellos; se desbandan todos
y uno sube una escalera, otro baja a un sótano.
Hay alguno que sigue hasta el alba y se tira en un prado,
bajo el sol. Mañana, alguno reirá burlonamente,
desesperado, en el trabajo. Después, pasa también esto.

Cuando duermen, parecen el muerto: si hay una mujer,
es más pesado el olor, pero parecen muertos.
Cada cuerpo tumbado se aprieta a su cama,
como al pavimento rojo: la larga fatiga,
desde el alba, bien vale una breve agonía.
Sobre cada cuerpo coagula una suciedad oscura.
Solamente aquel muerto está tendido bajo las estrellas.

Parece muerto también el montón de andrajos que el sol
calienta fuerte, apoyado en una parecita. Dormir
en la calle demuestra fe en el mundo.
Hay una barba entre los andrajos y la recorren moscas
que tienen trabajo; los que pasan se mueven en la calle
como moscas; el andrajoso es una parte de la calle.
La miseria recubre de barba la risa burlona,
como una hierba, y da un aire tranquilo. Este viejo
que podría morir tumbado, ensangrentado,
parece en cambio una cosa y está vivo. Así,
menos la sangre, cada cosa es una parte de la calle.
Y en la calle las estrellas han visto la sangre.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Trabajar cansa. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, Griselda García Editora, Del Dock, Cartografías, Buenos Aires, 2018
Versión de Jorge Aulicino


Foto: Cesare Pavese  en la entrega de los premios Stegra, 1950 La Stampa


Rivolta

Quello morto è stravolto e non guarda le stelle:
ha i capelli incollati al selcitato. La notte è più fredda.
Quelli vivi ritornano a casa, tremandoci sopra.
È dificile andare con loro; si sbandano tutti
e chi sale una scala, chi scende in cantina.
C'è qualcuno che va fino all'alba e si butta in un prato
sotto il sole. Domani qualcuno sogghigna
disperato, al lavoro. Poi, passa anche questa.

Quando dormono, sembrano il morto: se c'è anche una donna,
è più greve il sentore, ma paiono morti.
Ogni corpo si stringe stravolto al suo letto
come al rosso selciato: la lunga fatica
fin dell'alba, val bene una breve agonia.
Su ogni corpo coagula un sudicio buio.
Solamente, quel morto è disteso alle stelle.

Pare morto anche il mucchio di cenci, che il sole
scalda forte, appoggiato al muretto. Dormire
per la strada dimostra fiducia nel mondo.
C'è una barba tra i cenci e vi scorrono mosche
che han da fare; i passanti si muovono in strada
come mosche; il pezzente è una parte di strada.
La miseria ricopre di barba i sogghigni
come un'erba, e dà un aria pacata. Sto vecchio
che poteva morire stravolto, nel sangue,
pare invece una cosa ed è vivo. Così
tranne il sangue, ogni cosa è una parte di strada.
Pure, in strada le stelle hanno visto del sangue.

Lavorare stanca, Einaudi, 1952

sábado, julio 20, 2019

Silvia Rosa / Algo que no sé decir















Escuchá, yo también te hablo de los objetos
te cuento que en esta pieza había una cama
donde ahora hay una pared blanca desnuda
donde mañana -o algún otro día- colgará la foto
enmarcada en plata que nos sacaremos juntos
cuando vengas, cuando la madera seca de mi puerta
se despinte de a poco al toque de tu mano que golpea
lento

Mirá, yo también pruebo hablar de la escalera
que no subí nunca saltando sus últimos escalones
y de la silla mórbida roja que gira fija
junto al borde tenso de mi escritorio y luego, sí,
de la ventana donde te querría encontrar reflejado
de lejos, una silueta apenas, no vos
-por la avenida a pasos rápidos- sino el rostro desnudo
     de la ausencia
que se confunde en la espera con el tuyo

(y no te quiero a vos en esa foto
no sos el que se sienta en mi silla y escribo
y no sos el que salta el último escalón
hacia la puerta cerrada y la cama, la cama
se la llevó otro hombre
y queda -una palabra- el sueño denso de la infancia
que astilla de improviso los ojos en la oscuridad)

Escuchá, yo también (no) duermo
como algo que no sé decir
como un objeto olvidado roto -en pedazos, muchos-

ayudame a contarlos, en voz baja, uno por uno.

Silvia Rosa (Turín, Italia, 1976), Genealogia imperfetta, La Vita Felice, Milán, 2014
Traducción de Jorge Aulicino

Ref.:
Laboratori Poesia
Poesia del Nostro Tempo
Poetas Siglo XXI
Periferia Letteraria
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: Silvia Rosa, Turín, 2016

UNA COSA CHE NON SO DIRE

Ascolta, ecco, anch'io ti parlo degli oggetti
ti racconto che in questa stanza c'era un letto 
dove ora c'è una parete bianca spoglia 
dove domani - o un altro giorno - appenderò la foto 
incorniciata argento che scatteremo insieme
quando verrai, quando il legno secco della mia porta
scolorirà piano piano al tocco della tua mano lento
nel bussare

Vedi, ecco, anch'io ci provo a dire della scala
che non ho mai saltato i suoi gradini in cima
e della sedia morbida di rosso che gira fissa 
al bordo teso della mia scrivania e poi, sì,
della finestra che ti vorrei incontrare di lontano 
riflesso, una sagoma appena, non tu
- nel viale a passi svelti - ma il volto nudo dell'assenza
che si confonde nell'attesa al tuo

(e non sei tu che voglio in quella foto
e non sei tu che siedi la mia sedia e scrivo
e non sei tu che sali l'ultimo gradino
fino alla porta chiusa e al letto, il letto
un altro uomo se l'è portato via
e resta - una parola - il sonno denso dell'infanzia
che schiaccia all'improvviso gli occhi al buio)

Guarda, ecco, anch'io (non) dormo 
come una cosa che non so dire 
come un oggetto dimenticato rotto - in pezzi, quanti -

e tu aiutami a contarli, sottovoce, ad uno ad uno

viernes, julio 19, 2019

Adélia Prado / Linaje















Mi árbol ginecológico
me trasmitió hidalguías:
gestos marmorizables:
mi padre, en el día de su casamiento,
dejó sola a mi madre y se fue al baile.
¡Mi madre tenía un vestido solo, pero
qué porte, qué piernas, qué medias de seda mereció!
Mi abuelo paterno negociaba con tomates verdes,
no le fue bien. Taló el bosque para hacer carbón,
hasta el final de su vida, los poros negros de ceniza:
"No me entierren en Jaguara, en Jaguara, no."
Mi abuelo materno tuvo un pequeño almacén,
una piedra en el riñón,
sintió cólicos y demasiado frío,
en un cofre de madera guardaba queso y monedas.
Jamás pensaron en escribir un libro.
Todos extremadamente pecadores, arrepentidos
hasta la pública confesión de sus pecados
que uno de ellos pronunció como si fuese todos:
"Todo hombre se equivoca. No sirve decir yo
porque yo. Todo hombre se equivoca."
Esta sentencia sin pulir, cargada
de los sollozos propios de la hora en que fue llorada,
permaneció inédita hasta que yo,
cuya madre y abuelos murieron temprano,
de parto, sin discursos,
la trasmitiera a mis futuros,
enormemente admirada
de un dolor tan alto,
de un dolor tan hondo,
de un dolor tan bello,
entre tomates verdes y carbón,
moho de queso y cólicos.

Adélia Prado (Divinópolis, Brasil, 1935), "El corazón disparado", 1978, Poemas reunidos, Griselda García Editora, Buenos Aires, 2019
Versiones de José Ioskin

Escritas - Protestante - Criterio - Blog del Amasijo - Aromito
---
Foto: Adélia Prado en Facebook

jueves, julio 18, 2019

Florencia Fragasso / De "Melliza"













Cáscaras

Los cuadraditos laminados en oro
están ahí para quedarse:
no se descascara el dorado a la hoja
de Viena fin de siglo
diecinueve,
no se despegan las piezas
porque, aunque cueste creerlo,
no es un rompecabezas lo que forman.

En ese fondo móvil de oro y ondinas
estaba ambientado el cuento
que mi papá nos contaba cada sábado
–o sábado por medio–
en el living de Bánfield
–mis piernas cortas
despatarradas
en el sillón–


Oracular

Habitábamos un jardín de las delicias
todo pilchas todo
accesorios en miniatura
de la femineidad universal
cultivada en el microcosmos bonaerense

Jugar era preparar
el juego, acomodar, poner en orden
los objetos, decir lo que iba a suceder
clasificar

Mientras la vida se estaba haciendo
a gran velocidad
vos, tu mente de niña en patineta,
te ibas yendo
diciéndote lo que iba a suceder
dándote letra
armando urgente la valija

Florencia Fragasso (Lomas de Zamora, Argentina, 1975) Op. Cit. junio 30, 2019

Melliza,
Gog y Magog,
Buenos Aires, 2018









Gog y Magog - Espacio Murena - El Infinito Viajar - 1 Poeta 10 Preguntas
---
Foto: Florencia Fragasso Gog y Magog/Facebook