jueves, junio 18, 2020

Francis Ponge / Costumbres nupciales de los perros













       ¡Hay que ver las costumbres nupciales de los perros! En un pueblo de Bresse, en 1946… (lo preciso porque, dada esa famosa evolución de las especies, si se precipitara… o si hubiera una mutación brusca: nunca se sabe)…

¡Qué curioso ballet! ¡Qué tensión!
¡Es magnífico ese movimiento que engendra la pasión específica! ¡Dramático! ¡Y qué bellas curvas tiene eso! Con momentos críticos, paroxísticos y gran paciencia, perseverancia inmóvil maniática, ambages con muy amplias revoluciones, circunvoluciones, cacerías, paseos a paso especial…
¡Oh! ¡Y esa música! ¡Qué variedad!
Todos esos individuos como espermatozoides, que se juntan después de inverosímiles, de ridículos rodeos.
¡Pero esa música!
Esa hembra acosada; cruelmente importunada; y esos machos rastreadores, gruñones, músicos.
Dura unos ochos días… (más quizás: voy a corregir cuando haya terminado).

Qué maniáticos esos perros. Qué terquedad. Qué brutos sombríos. ¡Qué grandísimos tontos! Tristes. Limitados. ¡Qué hincha pelotas!
Ridículos de terquedad. Quejumbrosos. Como escuchando, husmeando. Atareados. Humeatareados. Alzando y frunciendo triste, cómicamente las cejas. Completamente tensos: orejas, lomos, corvas. Gruñendo. Quejumbrosos. Ciegos y sordos a cualquier otra cosa que no sea su determinación específica.
(Comparen esto a la gracia y a la violencia de los gatos. También a la gracia de los caballos).

Pero no era mi perra, era la del vecino, el Cartero Féaux: no pude ver eso lo suficientemente cerca, observar los órganos de la dama, su olor, sus regueros, sus pérdidas de semen.
No pude darme cuenta de si había empezado por ser provocativa, o si solamente eso le había pasado (su estado primero, sus pérdidas, su olor, luego los machos y sus tan largas, tan molestas asiduidades), si eso sólo había sido para ella un asombro doloroso y una queja, tímida, con desplazamientos medidos, consentidos.
En fin, ¡qué drama! ¡Qué abrumadora, irritante, absurda debe haberle parecido la vida entonces revelada!
¡Y ahí está herida para siempre –también moralmente!
Pero tendrá sus bellos cachorritos… Para ella sola, durante algún tiempo… Entonces los machos ya no van a joderla, y qué felicidad con sus pequeños, que diversión incluso, qué plenitud –a pesar, tal vez, de mucho estorbo entre las patas y bajo el vientre a veces, mucho cansancio.

En fin, no dormimos mucho durante esos ocho días… Pero no importa: no se puede gozar de todo a la vez –del sueño y de algo así como una serie de representaciones nocturnas en el Teatro Antiguo.
La luna además (encima de las pasiones) me pareció cumplir también un gran papel.

1946

de Pièces  (1961)

Francis Ponge (Montepellier, Francia, 1899-Le Bar-sour-Loup, Francia, 1988), Poesía francesa contemporánea 1940-1997, selección, traducción, prólogo y notas de Jorge Fondebrider, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1997


MŒURS NUPTIALES DES CHIENS 

Les mœurs nuptiales des chiens, c'est quelque chose! Dans un village de Bresse, en 1946… (je précise, car étant donné cette fameuse évolution des espèces, si elle se précipitait… ou s'il y avait mutation brusque : on ne sait jamais)…

Quel curieux ballet! Quelle tension!
C'est magnifique, ce mouvement qu'engendre la passion spécifique. Dramatique! Et comme ça a de belles courbes! Avec moments critiques, paroxystiques et longue patience, persévérance immobile maniaque, ambages à très amples révolutions, circonvolutions, chasses, promenades, à allure spéciale…
Oh! Et cette musique! Quelle variété!
Tous ces individus comme des spermatozoïdes, qui se rassemblent après d'invraisemblables, de ridicules détours.
Mais cette musique!
Cette femelle traquée; cruellement importunée; et ces mâles quêteurs, grondeurs, musiciens.
Cela dure des huit jours… (plus peut-être : je corrigerai quand ce sera fini).

Quels maniaques, ces chiens. Quel entêtement. Quelles sombres brutes. Quel grands bêtas! Tristes. Bornés. Quels emmerdeurs!
Ridicules d'entêtement. Plaintifs. L'air à l'écoute, au flair. Affairés. Affairés. Haussant et fronçant tristement, comiquement les sourcils. Tout tendus : oreilles, reins jarrets. Grondants. Plaintifs. Aveugles et sourds à toute autre chose qu'à leur détermination spécifique.
(Comparez cela à la grâce et à la violence des chats. A la grâce aussi des chevaux.)

Mais ce n'était pas ma chienne, c'était celle du voisin, le Facteur Féaux : je n'ai pas pu voir cela d'assez près, observer les organes de la dame, son odeur, ses traînées, ses pertes de semence.
Je n'ai pu me rendre compte si elle avait commencé par être provocante, ou si seulement cela lui était venu (son état d'abord, ses pertes, son odeur, puis les mâles et leurs si longues, si importunes assiduités), si ça n'avait été pour elle qu'un étonnement douloureux et qu'une plainte, timide, avec déplacements mesurés, consentants.
Enfin, quel drame! Comme la vie, alors révélée, a dû lui paraître harassante, énervante, absurde!
Et la voilà blessée pour toujours, – moralement aussi! Mais elle aura ses beaux petit chiots… Pour elle seule, pendant quelque temps… Alors les mâles lui ficheront la paix, et quel bonheur avec ses petits, quel amusement même, quelle plénitude, – malgré parfois beaucoup d'encombrement entre les pattes et sous le ventre, beaucoup de fatigue.
En fin, nous n'avons pas beaucoup dormi, pendant ces huit jours… Mais ça ne fait rien : on ne peut pas jouir de tout à la fois, – du sommeil et de quelque chose comme une série de représentations nocturnes au Théâtre Antique.
La lune par là-dessus ( au-dessus des passions) m'a paru tenir aussi un grand rôle.

miércoles, junio 17, 2020

Irene Gruss / Cigarros


















Mientras escribo esto, él está en el salón,
ahí donde las putas los reciben. Él enciende su cigarro
y el olor y el humo se le hacen morbosos a
la puta que él ha elegido. Es la de siempre,
teme variar de cuerpos.
El perfume de ella además de barato apesta por excesivo,
por eso él fuma y lo tapa, o intenta taparlo
antes de quitarse la ropa.
Después se viste, satisfecho, y le habla. Habla para sí
y está convencido de que la puta lo escucha, de que le cree.
Sentado como está en la punta de la cama
busca sus zapatos, tantea porque el cigarro que humea
va hacia los ojos, los cierra, no ve.
La puta lo ayuda y como geisha coloca un zapato,
después otro en cada pie del cliente. También por eso él
elige a ésta, y se va desalmado.
Nada tan bueno como el aire frío afuera,
el humo, el volver a casa, todo como estaba,
el encender otro más.

Inédito 

Irene Gruss (Buenos Aires, 1950-2018), Casta Diva, 3 de septiembre de 2016

Otra Iglesia Es Imposible - Ediciones en Danza - Ediciones del Dock - Ruinas Circulares - Página 12 - La Nación - Tiempo - Clarín - Op. Cit. - Perfil - De Sibilas y PitiasEterna Cadencia - 1 Poeta 10 Preguntas - Círculo de Poesía

Foto: Irene Gruss, Nueva York, 2016 Silvina López Medin

martes, junio 16, 2020

Jacques Réda / Dos poemas
















Personajes de un suburbio

Ustedes nunca terminan de agregar más cosas,
cajas, casas, palabras.
Sin ruido el amontonamiento aumenta en el centro de la vida
y los empuja a la periferia,
a los basureros, las autopistas, las ortigas;
ustedes sólo existen como restos o humo.
Sin embargo, caminan,
dando la mano a sus hijos alucinados
bajo el cielo vasto, y no avanzan;
se estancan para siempre frente al muro de la extensión
donde las cajas, las palabras rotas, las casas se les reúnen,
los empujan un poco más lejos en esa luz
a la que cada vez le cuesta más soñarlos.
Antes de desaparecer,
ustedes se dan vuelta para sonreírle a su mujer rezagada
pero ella también está atrapada en un remolino de soledad,
y sus rasgos borrosos son los de una vieja foto.
Ella no responde, pesada y desconsolada con el peso del día sobre sus
     párpados,
con ese peso vivo que se mueve en su carne y que la incomoda,
y el último billete del mes plegado en su blusa.

de Amen (1968)


Dos visitas de Bercy

I

Es evidente que el sol se detiene y que ya no va a moverse.
Cuando en el fondo de campos grises bajo las torres descansaría una
     secadora de hierba,
su frente rosa a través de las ramas brilla sobre los techos de Bercy.
Doy vueltas entre el medio del río y el atrio rubio de la iglesia,
soy como el demonio variable de la inmovilidad.
Aquí arenas suavizadas marcan las etapas de la bajada,
párpados superpuestos hacia la vuelta al sueño del agua;
acá percibo a una tímida servidora de la luz:
en un rincón malva del granero lleno de musgo se inclina de perfil,
con las manos en el hueco del delantal porque el trabajo está listo
y en el silencio feliz de su cabeza las últimas palabras son dichas.
Llamé a un gato rojizo que se sentó por cortesía,
que sólo espera una conveniente demora para poder irse otra vez.
Lo siento comprehensivo, pero la circunstancia lo incomoda;
se hunde en su pelo y guiña canónicamente los ojos.
Entonces vuela una urraca y, desde el puente de la estación de la aduana,
rueda el estruendo de un tren blando, entre el hierro y el empedrado,
como el cuerpo adormecido del tiempo cuando se da vuelta en sueños
(y soñando que se escucha dormir en el silencio de París,
donde hago crujir la ventanita de los buzones de la oficina de correos).

II

¿Desde hace cuánto no se ha utilizado el estrecho banco de piedra
empleado en un encogimiento de la balaustrada, en el puente Tolbiac?
Los constructores tenían esos principios o atenciones antaño
para los niños, los enamorados, los bastante pocos paseantes
que se contentan con apreciar los montones de arena abajo sobre el muelle
del río inmóvil todo bordado de lentejuelas de reflejos impresionistas.
Un paseo de gleditschias conduce hasta el puente del ferrocarril.
Allí dominan de un lado las torretas de estilo estación termal,
y del otro un aviso del detergente Saint-Marc QUE LIMPIA TODO.
Se ven también bancos pero de fundición y madera bajo los árboles
cuya base se llena de matas de yuyo como alrededor de un pozo.
Pero nunca se encuentra mucha gente tampoco en estos parajes;
incluso los vagabundos prefieren lugares de menor austeridad.
Sólo la tarde se despatarra ahí, sumergida en tal vaho rosa,
que transforma en pastas de porcelana de Sèvres los cubos que trituran la
     estación de Lyon
y todos los plátanos de Bercy se derrumban de amor sobre la orilla.
Sin embargo un poco de viento hace jugar, entre los pilares del puente,
las manos en esos eslabones de cabellos rubios que flotan, como en la proa
de una embarcación bautizada Paulhan, a toda esa ropa y al pabellón
negro con una calavera y dos huesos en X de los piratas.

de Hors les murs (1982)

Jacques Réda (Lunéville, Francia, 1929), Poesía francesa contemporánea 1940-1997, selección, traducción, prólogo y notas de Jorge Fondebrider, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1997

Otra Iglesia Es Imposible - Patrick Corneau - Ere Prod - En Attendant Nadeau - Poèmes - Le Monde - Wiki Poèmes - Poetry Foundation - Poetas Siglo XXI - Letras Libres - Diario de Poesía


PERSONNAGES DANS LA BANLIEUE

Vous n'en finissez pas d'ajouter encore des choses,/ des boîtes, des maisons, des mots./ Sans bruit l'encombrement s'accroît au centre de la vie,/ et vous êtes poussés vers la périphérie,/ vers les dépotoirs, les autoroutes, les orties;/ vous n'existez plus qu'à l'état de débris ou de fumée./ Cependant vous marchez/ donnant la main à vos enfants hallucinés/ sous le ciel vaste, et vous n'avancez pas;/ vous piétinez sans fin devant le mur de l'étendue/ où les boîtes, les mots cassés, les maisons vous rejoignent,/ vous repoussent un peu plus loin dans cette lumière/ qui a de plus en plus de peine à vous rêver./ Avant de disparaître,/ vous vous retournez pour sourire à votre femme attardée,/ mais elle est prise aussi dans un remous de solitude,/ et ses traits flous sont ceux d'une vieille photographie./ Elle ne répond pas, lourde et navrante avec le poids du jour sur ses paupières,/ avec ce poids vivant qui bouge dans sa  chair et qui l'encombre,/ et le dernier billet du mois plié dans son corsage.


DEUX VUES DE BERCY

I
Il est évident que le soleil s'arrête et ne bougera plus./ Comme au fond de champs gris sous les tours se reposerait une faneuse,/ sa face rose à travers les branches luit sur les toits de Bercy./ Je tourne entre le milieu du fleuve et le parvis blond de l'église,/ je suis comme le démon variable de l'immobilité./ Là des sables adoucis marquent les étapes de la décrue,/ paupières superposées vers le retour au sommeil de l'eau;/ ici j'aperçois une timide servante de la lumière:/ dans un recoin mauve de grange plein de mousse elle se penche de profil,/ les mains au creux du tablier parce que l'ouvrage est fait,/ et que dans le silence heureux de sa tête les derniers mots sont dits./ J'ai appelé un chat roux qui s'est assis par politesse,/ qui n'attend qu'un délai convenable pour pouvoir repartir./ Je le sens compréhensif mais la circonstance l'embarrasse;/ il s'enfonce dans son poil et cligne bien chanoinement des yeux./ Alors une pie s'envole et, du pont de la gare de la douane,/ roule le grondement d'un train moelleux, entre le fer et le pavé,/ comme le corps assoupi du temps quand il se retourne en rêve/ (et rêvant qu'il s'entend dormir dans le silence de Paris,/ où je fais grincer ce petit volet aux boîtes du bureau  de poste).

II
Depuis quand n'a-t-on pas utilisé l'étroit banc de pierre/ ménagé dans un retrait de la balustrade, au pont de Tolbiac?/ Les constructeurs avaient de ces principes ou prévenances, naguère,/ pour les enfants, les amoureux, les flâneurs assez rares/ qui se contentent d'apprécier les tas de sable en bas sur le quai/ du fleuve immobile tout pailleté de reflets impressionnistes./ Une allée de gleditschias conduit jusqu'au pont du chemin de fer./ La surplombent d'un côté des donjons de style station thermale,/ et de l'autre un avis de la lessive Saint-Marc QUI NETTOIE TOUT./ On voit aussi des bancs mais en fonte et bois sous les arbres/ dont la base se fourre de touffes d'herbe folle comme autour d'un puits./ Mais on ne rencontre jamais grand'monde non plus dans ces parages;/ même les clochards préfèrent des lieux d'une moindre austérité./ Seul le soir s'y prélasse, plongé dans une telle buée rose,/ qu'elle rend en pâte de Sèvres les cubes qui broient la gare de Lyon/ et que tous les platanes de Bercy croulent d'amour sur la rive./ Pourtant un peu de vent fait jouer, entre les piles du pont,/ des mains dans ces mailles de cheveux blonds qui flottent, comme à la proue/ d'un chaland baptisé Paulhan, tout ce linge et le pavillon/ noir à tête de mort blanche et deux os en X des pirates.
---

lunes, junio 15, 2020

Donald Justice / Recuerdos de un porche

















Lo que recuerdo
es el modo en que la campanilla
empezaba a sonar
cuando ella hablaba de su infancia,

como si la simple
muerte de un gato,
enterrado con flores,

hubiera traído al porche
un rumor de tormentas
que se desvanecían sobre
algún oscuro Atlántico.

Por lo menos oía
el comienzo
–una música tenue, esquelética–

y en el profundo silencio
que subyace a todo recuerdo
el susurro de helechos
medio dormidos en sus macetas.

Donald Justice (Miami, Estados Unidos, 1925-Iowa City, Estados Unidos, 2004), Collected Poems, Alfred A. Knopf, Nueva York, 2006
Versión de Jonio González

Otra Iglesia Es Imposible - Poeticus -  Jámpster - El Blog de Aurelio Asiain - Círculo de Poesía


MEMORY OF A PORCH

What I remember
Is how the wind chime
Commenced to stir
As she spoke of her childhood,

As though the simple
Death of a pet cat,
Buried with flowers,

Had brought to the porch
A rumor of storms
Dying out over
Some dark Atlantic.

At least I heard
The thing begin––
A thin, skeletal music––

And in the deep silence
Below all memory

The sighing of ferns
Half asleep in their boxes.
---

sábado, junio 13, 2020

Enrique Lihn / Dos sonetos















Los maniquíes son sinuosexuales

Los maniquíes son sinuosexuales
nunca ellos mismos ni igualmente otros
Los maniquíes son, no más, algotros
Cosa: ni vegetales ni animales.

En las vitrinas de las principales
calles del mundo viven de nosotros
mueren, si no los vemos, de nosotros
y al mirarlos ya somos sus vestales

y ellos las nuestras. Basta una mirada
que se tenga a sí misma por objeto
y se sirva del otro de sujeto

para que en esa escena entre la nada
haciendo del sujeto y del objeto
la misma vaina no identificada.


Paco, opa, copan, tango, paquito

Paco, opa, copan, tango, paquito
hay que bancarse aquí lo de tu muerte
y te la pintan de distinta suerte
-Viíz (z) te loco, los niños del distrito.

Buenos Aires y Malos, sos el grito
de coraje y terror que te convierte
pólvora y polvo en plomo de la muerte
en un poeta de la acción, maldito.

Dicen que estabas demasiado raro
cuando por un descuido voluntario
o casi, te quitaron el laburo

de vivir, que pagaste mío caro
un precio inmenso, absurdo, extraordinario
por hacerte el pesado, el muerto, el duro.

Enrique Lihn (Santiago de Chile, 1929-1988), Mascaró, n° 5, Buenos Aires, mayo de 1986

Nota: Estos dos poemas de Enrique Lihn fueron publicados como inéditos hasta entonces, junto con poemas éditos y una breve entrevista firmada por Luis Eduardo Alonso

Envío de Eduardo Ainbinder

Otra Iglesia Es Imposible - Poeta Enrique Lihn - Memoria ChilenaGog y Magog - Op. Cit. - OverolDe Sibilas y Pitias - A Media Voz - La Caína - Eterna Cadencia - Vallejo & Co. - El Vuelo de la Lechuza
---
Foto: Claudia Donoso/Latin American Literature Today

Romildo Risso / Los ejes de mi carreta



[Milonga campera]

Porque no engraso los ejes
me llaman abandonao.
Si a mi me gusta que suenen,
¿pa' qué los quiero engrasaos?

Es demasiao aburrido
seguir y seguir la huella.
Demasiau largo el camino,
sin nada que m'entretenga.

No necesito silencio,
yo no tengo en qué pensar.
Tenía, pero hace tiempo,
aura ya no pienso más.

Los ejes de mi carreta
nunca los voy a engrasar.

Romildo Risso (Montevideo, 1882-1946)

Nota del Ad.: Estas coplas fueron musicalizadas y cantadas por Atahualpa Yupanqui en los primeros años 40 del siglo XX. Se transcriben directamente de una de las grabaciones de Yupanqui (París, 1969), siguiendo su pronunciación

Romildo Risso/Facebook - CancionerosPoemas del Alma - Busca Palabra - Calioff/Encuentro/YouTube - Carlos Arroyo/Encuentro/YouTube - Rincón Barda Sureña

Foto: Colección Carlos Guillermo Daws/Wikimedia Commons

viernes, junio 12, 2020

Atahualpa Yupanqui / El arriero



[Zamba]

En las arenas bailan los remolinos;
el sol juega en el brillo del pedregal,
y prendido a la magia de los caminos,
el arriero va, el arriero va.

Es bandera de niebla su poncho al viento;
lo saludan las flautas del pajonal,
y guapeando en las sendas por esos cerros,
el arriero va, el arriero va.

     Las penas y las vaquitas
     se van por la misma senda.
     Las penas son de nosotros;
     las vaquitas son ajenas.

Un degüello de soles muestra la tarde;
se han dormido las luces del pedregal,
y animando a la tropa, dale que dale,
el arriero va, el arriero va.

Amalaya la noche traiga recuerdos
que hagan menos pesada la soledad.
Como sombra en la sombra, por esos cerros,
el arriero va, el arriero va.

[1944]

Héctor Roberto Chavero, Atahualpa Yupanqui (Peña, Pergamino, Argentina, 1908-Nimes, Francia, 1992)

Carlos Jesús Maíta - Infobae - Télam - Prensa Obrera - Instituto Cervantes - ClarínPergamino Gob - Cultura La Plata - La Nación -  Cancioneros - Letras - Poesías - Poemas del Alma - músicalatina/YouTube

Foto: Télam

jueves, junio 11, 2020

Takis Sinópoulos / Elpénor



 














       Ελπῆνωρ, πῶς ἧλθες...
                          ΟΜΗΡΟΣ
     Elpénor, * cómo llegaste...
                               Homero

Paisaje de muerte. La mar petrificada los negros cipreses
la playa baja derruida por la sal y la luz
las rocas huecas el sol implacable encima
y ni rodar de agua ni ala de pájaro
sólo interminable sosiego espeso sin arrugas.

Fue alguien de la tropa el que lo divisó
no el más anciano: miren, ése debe ser Elpénor
volvimos los ojos rápido. Es extraño cómo recordamos
ya que la memoria se había secado como el torrente en verano.
Era realmente él, Elpénor, en los negros cipreses
ciego por el sol y por los pensamientos
escarbando en la arena con los dedos cercenados.
Y entonces lo llamé con una voz alegre: Elpénor
Elpénor, ¿cómo es que de pronto aquí te encuentras en esta tierra?
Habías terminado con el fierro negro enterrado en el costado
el pasado invierno y vimos en tus labios la sangre espesa
mientras se te secaba el corazón al lado del palo en la chumacera.
Con un remo quebrado te plantamos al lado del mar
a escuchar el murmullo del viento el estrépito del mar.
¿Cómo ahora estás tan vivo? ¿cómo aquí, en este país, estás?
¿ciego por la amargura y por los pensamientos?

No se volvió a mirar. No escuchó. Y entonces grité de nuevo
hondamente aterrado: Elpénor, tú que tenías pelo de liebre
como talismán colgado de tu cuello, Elpénor
perdido en los inmensos párrafos de la historia
yo te llamo y mi pecho resuena como una caverna
¿cómo llegaste amigo de otros tiempos, cómo pudiste
alcanzar la negra nave que nos trae
muertos errantes bajo el sol? responde
si tu corazón anhela con nosotros venir, responde.

No se volvió a mirar. No escuchó. De nuevo cuajó el silencio alrededor.
La luz cavando impenitente ahondaba la tierra.
La playa los cipreses el mar petrificados
en una inmovilidad de muerte. Y sólo él, Elpénor
a quien buscábamos con tanta insistencia en los viejos manuscritos
torturado por la amargura de su eterna soledad
con el sol cayendo en el vacío de sus cavilaciones
escarbando ciego la arena con sus dedos cercenados
como visión se iba y se perdía lentamente
en el vacío éter celeste sin eco sin alas

Takis Sinópoulos (Agulinitsa, Grecia, 1917-1981), "Linde", 1951, Señales de ruta. Antología, selección, introducción y traducción de Pedro Ignacio Vicuña, Ediciones Balandro, Santiago de Chile, 2020 (en prensa)

* Elpénor es un personaje conmovedor del Canto XI (Nekya) de la Odisea. Se trata de la primera sombra que sale al encuentro de Odiseo (Ulises) en el Hades. Ha muerto en casa de la hechicera Circe y sus compañeros no han tenido tiempo de enterrar su cadáver. El alma le suplica a Odiseo que sepulte el cuerpo en su próxima parada y sobre su tumba clave "el remo con que yo remaba cuando estaba vivo" (Nota del Ad.)

Letras de Grecia - Buenos Aires Poetry - Poetas Siglo XXI - La Jornada - Poetas del Mundo -  A Kind of Clock

Foto: Times News

miércoles, junio 10, 2020

David Greenslade / Dos poemas




















Éste es un país 

Éste es un país
tan pequeño
tan cerca
que podemos
hundir nuestros dedos en él
y hacerlo que chille
nunca nadie lo sabría
ni siquiera
el cuerpo mismo
ajustándose por palabra
y rédito
al calado de
nuestros caminos
nuestro derecho a voto
nuestros periódicos
sustituyendo sus pensamientos
con nuestra legislación
su obediencia con
nuestras demandas
su futuro con
nuestra memoria
su complacencia
con nuestra lujuria
este es un país
tan circunspecto
como un niño atrevido
lo podemos reducir a la
degradación de un bebé
pornográfico
trayéndole noticias
de nuestras conquistas
de la indulgencia de nuestro rey
otorgándole
privilegios y
el respiro apenas
de los subsidios escolares
y los acontecimientos especiales
éste es un país
tan cerca tan pequeño
que puede vivir
con todo lo que atiborremos en él
hasta que explote
como una hemorragia
y entonces con un trapo
lo borramos de la pared.


Camaleón

Hijo de camaleón, camaleoncito,
es lo que decimos entre camaleones. Mezclarse
está muy bien, pero al final todo viejo camaleón
es lo que cada camaleón joven hace.
No es sólo inseguridad lo que me vuelve
indistinguible del papel tapiz.
Me gusta poner nerviosos a los demás,
mientras a tropezones voy cambiándome.
Pero mira a esa insolente mosca del plátano,
ni siquiera sabe que estoy aquí. ¡Ey!
Qué falta de respeto. No baja la voz,
y ni siquiera se quita, bueno,
no voy a parpadear ni a toser ni a moverme, ni me voy a ir.
No puedo rugir, ni volar ni me van a crecer cuernos
pero, en código de color y con toda la sangre fría
que puede tener un reptil, me siento lo máximo:
un asesino impasible e inexpresivo.
Mi lengua es una bala más rápida que un halcón
que cae del cielo, tan rápido como los ojos
binoculares de los humanos, los ojos compuestos de las moscas,
y ni los insomnes guardias en las torretas de mis errabundos,
independientemente reticulados globos oculares, pueden ver
su lanzamiento y recogida. Adoro eso. Supongo que soy
un tipo de vitral dedicado sólo a mí mismo,
cambiando de color a partir de quién soy presa,
tragándome el orgullo de mis mínimas armas 
cada vez que un soberbio, disuasivo nuclear, 
inmenso tucán se cruza en mi camino.

David Greenslade (Cefn Cribbwr, Gales, Reino Unido, 1952), Poesía galesa contemporánea, traducción y prólogo de Jorge Fondebrider, Pedro Serrano y Verónica Zondek. Con con Luciana Cordo Russo y Rhiannon Gwyn, inédito
Versiones de Pedro Serrano

Otra Iglesia Es Imposible - David Greenslade/Facebook - Periódico de Poesía/UNAMPoetry Book SocietyyLolfaBBC - Literature Across Frontiers - Words & - Your Chicken Enemy

Foto: David Greenslade/Facebook


Here’s a country

Here’s a country
small enough
near enough
we can
shove our fingers in
and make it squeal
no one will ever know
not even
the body itself
conforming by word
and yield
to the probing
of our roads
our franchises
our newspapers
replacing its thoughts
with our legislation
its obedience with
our demands
its future with
our memory
its compliance 
with our lust
here’s a country
as dignified
as a fearless child
we can reduce it to the
degradation of a pornographic
baby
bringing it news
of our conquests
the indulgences of our King
rewarding it
with grants and
the breathing space
of schools subsidies
and special events
here is a country
close enough small enough
it can live 
with all we cram into it
until it bursts
like a haemorrhage
and then we mop it
from the walls. 


Chameleon

Once a chameleon always a chameleon,
that’s what we chameleons say. Blending
in feels great, but in the end every old 
chameleon is as each young chameleon does.
It’s not just insecurity that makes me
indistinguishable from wallpaper.
I’d like to make others nervous too,
as I go through my stop-start changes.
But look at that insolent banana fly,
doesn't even know I’m here. Hey!
No respect, won’t lower its voice,
won’t even move out of the way, well
I won’t blink, budge, cough or back off.
I can’t roar, can’t fly, can’t grow a horn
but, colour coded and, as cold-blooded
inquisitive reptiles go, I’m full of myself —
an emotionless, expressionless killer.
My tongue is a rocket faster than a falcon
falling from the sky, so fast the binocular
eyes of humans, the compound eyes of flies,
even sleepless guards in the turrets of my own
independently reticulated, roving eyeballs can’t see 
its launch and recoil. I adore it. I suppose I’m a kind
of stained glass window devoted only to myself,
changing colour according to how I’m prey,
swallowing my small arms pride whenever a fully
primed, nuclear deterrent, massive hornbill walks my way.

martes, junio 09, 2020

Argentina Linares / Manuel

















Las lluvias torrenciales que trajeron Manuel, en el Pacífico, 
e Ingrid, en el Golfo de México, provocaron daños en 26 estados,
123 muertos, 33 heridos, 59 mil personas desalojadas y más de
un millón de damnificados (…)
                                                                                        La Jornada

*

El orden pertenece al agua, su arrullo a nuestros dedos. Pequeños chorros se desbordan por los orificios de las ventanas, la puerta aún no descubre el óxido. Quince aves flotan adentro de la casa, sus picos rígidos tocan los vidrios buscando escapar de la muerte.

No quedó el frío de la lluvia, quedó el calor de días respondiendo a una luz con lenguaje de humedad. El hallazgo de algún cuerpo ahogado no quedó indicando el temblor en nuestro oído. No sucede la nostalgia y los ojos arden, las ruinas se convierten en imágenes que empujan lo sinuoso de la casa. No sucede y los ojos se irritan al descubrir el agua.

*

La voz en el televisor mece apenas las cortinas.
Las noticias se asumen desde lo alto,
yo observo el río desde mi ventana:
inunda todo lo que pesa en tierra;
pleno, Manuel arroja su itinerario rumbo al Pacífico.

*

Somos dos en el caudal de agua sucia, en su ajetreo. Confío en la posibilidad de otra memoria para cuando los recuerdos busquen su partida:

Manuel sumerge sus manos anegadas de picaduras,
oprime con sus dedos
el moho de una puerta,
derrumba su fragilidad
con el impacto de sus labios.

*

Manuel habita los rincones de la casa,
se apodera de mis ruegos.
Yo
estoy velando porque el viento no nos derrumbe.

*

El huracán comenzó como dato de café
para los que disfrutan el sepulcro de una lluvia.
Su primera víctima fue empujada al mar,
continuó con expulsiones
en medio del quehacer de la casa.
Los autos vociferaban oscuros en los ríos.

*

Bajo lo indecible,
mi sed culmina en la mirada de Manuel.

*

La noche es lo único intacto de la inundación. La noche no calcula la inmensidad del silencio. El pequeño borboteo cuando dormimos se vuelve un ancla adentro de la casa. Caen como plomo los sinónimos de lo nauseabundo, el silencio aterriza en nuestras bocas. Cada noche temo al día: tanta claridad asfixia.

*

Un vestido ha flotado estos últimos nueve días, hoy quedan harapos que Manuel detiene cuando se acercan a la puerta: alguna vez el color rojo habitó el vestido, envolvió a Manuel. Sus heridas se ensanchan con una amarga hilera de ensueños derrapando en el umbral de la puerta. Los temores navegan por la simetría de su vuelo. Todo se reduce al temor de ver huir el vestido y el agua.

*

Un día antes de la lluvia todo nos pertenecía. En las plazas no se adivinaba el desastre a pesar del frío en las baldosas. El oficio de observar moría, pero no pocos volvieron a él cuando los ríos enterraban casas.

Manuel, desde su arrullo en mi cama, imaginaba aguas gestándose en el suelo que aún ardía de polvo matutino. Afuera el leve olor a tierra mojada vaticinaba un próximo aguacero.

*

La fugacidad de los rostros se dispersó.
Al fondo de las calles
queda una sombra negra
desprendiendo la muchedumbre.
Sus dedos eran cauce
disgregando lanzas de lluvia.
Todos somos víctimas en tu puente de ocaso.
Te llamas huracán
o preámbulo del infierno.

*

La coincidencia refugia su ira en las noticias, los ríos y los mares se dilatan junto a mis pupilas. Nadie sabe el horror que habita debajo de tanta arena. Inundación como niño herido. Para Manuel, su nombre es lo único que no flota.

*

Alguien toca la puerta, ya todo es circular menos el mundo: el vestido, las aves, su nombre  —cada objeto tiene una circunferencia—. Manuel se repite al final de cada día.

*

Cuando era niño, Manuel fingía rasurar una barba que no heredó. Heredó la casa que hoy se inunda (se vacía la espesura de la memoria de su padre), aferrado a la barba que pudo haberlo llevado a flote.

*

Los recuerdos vienen después de la lluvia, lavan los techos, desbordan las cosas y sus significados: es el río construyéndose en nuevos edificios.

*

Ya no hay inocencia en los días: antes, las gotas se anunciaban sobre el techo y yo salía al patio a recibirlas con mi frente descubierta. Expuesta después de la calidez de la cama que hoy también flota —verbo que se convierte en lugar común—, he visto partir los oficios de mi lengua.

*

Nada hay firme debajo de los pies, ni los muertos en sus tumbas.

*

Manuel no ha sabido diferenciar los cimientos de mi rostro;
asoma sus ojos ciegos a una lágrima que se funda con sus víctimas
y yo estoy ahí, dándole cabida.

*

A manera de diario, Manuel fija la memoria en tierra devastada. Declina poco a poco la fuerza de los primeros días. Se deja vencer en el aliento que el niño aún no recobra. Nuevamente las aves son del aire.

*

Lo vulnerable del suelo se advirtió a su paso.

Sabiéndose fuerte, Manuel dio un golpe al puerto y desalojó sus barcas. En un breve tiempo la zona se enfrenta a la rotura del agua. Las barcas, ya en la orilla, desatan sus peces muertos.

La miseria aterriza en los pueblos que se levantan junto a los ríos. Algunos dormían en sus hamacas cuando Manuel ofreció la noche más larga. Nadie durmió, sólo los peces sabían de la herrumbre.

*

Las casas se reconstruyen desde los techos. El insomnio toma partida después de la inundación. En las ciudades, el hogar que era enorme rehúsa llamarse esfera de agua. Los rostros cada día palidecen ante la pérdida.

Frente al cerro, las personas desalojadas encontraron la derrota dando continuamente un vistazo a sus pies.

Manuel se extiende deshecho en todo el sur, oculta las manos para que no lo odien. El diario posee su nombre. Manuel se afila intentando la huida.

*

Ahora sólo queda la contemplación de nidos en las barrancas y aves renunciando a la porfía de sus alas.

Yo pertenezco a la inundación que dejó una aburrida muerte de varios números. Con los brazos horizontales, ambos, río y mar se cansan de las preguntas humildes de los pueblos vecinos.

*

Antes de tu llegada, no existía la fértil ansia de reproducirme.

*

A oscuras sobre tus linderos iría contando anécdotas, reservando la ráfaga de llovizna en los bolsillos. Sólo la inquietud aligera las voces acumuladas en septiembre. Su ira tiene futuro en las próximas ofrendas.

El huracán es fuerza más allá del testimonio, o de la práctica de la vejez.

*

Manuel entrega su cuerpo a la inundación
Manuel  flota
Manuel  hunde sus pulmones en la intimidad de los diarios
Manuel es agua y polvo
Manuel duele
Manuel es un reclamo del recuerdo
Manuel es producto de un Dios inasible
Manuel es un vestido giratorio
Manuel es la circunferencia de los días
Manuel es una violenta disipación del instante.

Argentina Linares (Tierra Colorada, México, 1994), Flecha Roja, Guerrero, México

Tercera Vía - Punto en Línea/Cultura UNAM - ADN CulturaCarruaje de Pájaros - Monolito

Foto: Flecha Roja
https://derechalaflecha.wordpress.com/

lunes, junio 08, 2020

Pedro Ignacio Vicuña / Fataj
















I

Fataj bajó a lo profundo del silencio
para reinar en su silueta.
El primer día de su silencio astral
conoció el pavor a las hormigas
y su extraño ruido centelleante.
Todo pareció caminar a grandes pasos
incluso su pesado murmullo
que nada lograba decir al vuelo de las aves.
El negro hábito de su sangre
se escurría lentamente por las puertas
y segundo a segundo
formaba la espesura de su aliento,
su viaje desesperado
Fataj a la busca de la sombra
a la busca de un juego antitético
a la espesura del bosque propio.

No importaba la caída del sol
no importaba el temor a la luz
el dolor de la ignorancia lo abatía
y no era más que un silbido planetario
o la quimera de un centauro alado
o bien, nada más que la sombra de su sombra.

Fataj descubrió el brillo de sus ojos en la noche
el silencio, su extraño fantasma
su extraño mundo sin señas ni signos
el silencio y su extraño vagar por las fosas propias
el escozor de sus ojos
y su extraño mirar anciano
su vejez y su ignorancia ensordecedora.
Quiso crear la luz
por eso se cortó las orejas.
Quiso la claridad y su viaje se prolongaba
más allá de la piel,
a lo profundo y estático de la nada.

El silencioso vuelo hacia la conquista de sus manos
revelaba sus continuos amores lunares.
Ah, falaz! Tu silencio se clavó en cada piedra
tu sangre se secó en cada costado de tus ojos
y tu extraño viaje no daba los colores adecuados!

La ceguera lo tumbó de espaldas
en la arena ardiente de su historia.

Adónde vas Fataj,
a qué silencios enclavados en la tierra
a qué juego de tus misteriosos besos?
Quién eres?
Qué marcas has dejado en las arenas,
qué de minutos en un segundo?
Y tus ojos,
qué hay de tus ojos vaciados?
de tus clarividencias inoportunas?
de tus manos sudorosas?
El viento cantó como un pájaro herido
las cerbatanas de la boca
las liras de sus lágrimas
en derredor
en derredor un frío carnicero
en lontananza un esbozo de luz
un silencio aterrador
entre los pasos marcados en el aire.

Una pirueta magistral
las fuentes pueden peinarse
o descubrir la imagen de su quietud
en el palpitar cansado de dos cuerpos amantes
los espejos
los colgados espejos delatores
no hay silencio Fataj!
No hay calma.
Hay algo que danza.
Hay algo de carnavalesco en tu silencio
hay algo que delata que no existes.

Tírenme los espacios anudados en bolsas de papel
muéstrenme los quejidos de la nada parturienta
denme a beber un pedazo del camino.

Fataj tu camino se detiene
a veces tu silueta
a veces tu mirar
quebrantan el silencio del trayecto.

Algo se acerca
un sonido se levanta cerca de ti mismo
una mirada te besa desde lejos
pasos y más pasos
tu cuerpo hundido
manoseado por los hemisferios celestes.
El rocío huía de su costado.
Estaba más solo que al comienzo
estaba más triste y más salado.
No era más que la migaja de su origen.

Pudo haber más silencio en la tierra
pudo haber más nubes en su boca
pudo haber más saliva en sus orejas
mas su sueño terminaba allí
mas su ser no era más que suspiros
no era más que sed de regar el desierto con lágrimas
o de rasgar el himen de su ser.

Las lunas giraban en torno a su cabeza
y en vano trataba de besarlas
en vano quiso ser el amante del cielo nocturno
y el sueño le vencía
el cansancio de su viaje
el pavor de ver la luz le hacían detenerse
contemplar sus propias manos
y su cuerpo desnudo frente al negro abismo
y su pequeñez astral
en los huecos de la tierra.

Tuvo miedo
y tanto intentó gritar
que finalmente se asustó de no ver flores en su aliento.
Sintió las miradas en las ventanas
el paso de los hombres por su cabeza
tuvo vergüenza de verse desnudo
y se tapó la cara con las rodillas.
Quizá el vagar por ciudades desiertas
por encima de sus propias huellas
le salvó del suicidio de sus pies.

II

La respiración agotada de sus pies lo despertó
o lo transportó a otro sol
a un silencio más clarividente
donde cada mirada se convertía en una gota
en un pestañear de dedos
que lo iluminaban sombríamente.

Dónde estás Fataj?
En qué cavidades de la luz
en qué peldaño de tu mitificación?
Llegas a tu tiempo propio
al tiempo que te espera
como una amante dócil
y el beso se deshace en la nada
estás, eres y no eres

pasos gigantes sobre gigantes blancos
azules ventanales, gritos, motores
un teléfono en la cocina
tu viaje
tu cabalgar sombrío en tu silueta
tu reino hecho y deshecho
¡el mundo está creado!
Una bocina o el metro
un silbido
un par de ojos que te rozan
que te tocan anudado
tu caverna tu grito milenario
tu larga silueta de un segundo
te tocas, estás y no lo sabes.

III

Pudo haber viajado hacia los pulmones de la luna
pero no,
la luz comenzaba a cegarle
su extraña caverna se abría
como una tarde de primavera,
el sol comenzaba a roerle la mirada
no había pasos sobre los pasos
un detenimiento de la mirada
una cabeza que subía estelar
hacia lo vacío de la noche.

Las caras comenzaban a rodearle
ya no hay silencio detrás de las piedras
tu silencio en flor
como vagina de doncella
los pasos agotados entre las frialdades ciudadanas
las manos te acarician
estás solo,
te ves.
Tu cuerpo baila de temor lunar
tu caverna tan antigua
tantos pasos en un segundo.

La luz te enceguece
y no entiendes el dolor de tus noches
ni los soles que giran como veleros.

Hay más ojos sobre la tierra
y los pies quieren navegar.

Caminó lunas enteras
como al encuentro del mar
y las miradas le evadían.

Tenía temor de la luz
y no había regreso

lo conducían la sangre y los cabellos
hacia el encuentro infinito
hacia el acoplamiento marino
de la gaviota y la arena.

Temblaba el sudor de su corazón
a medida que el sol
como paloma ausente
se acercaba a la soledad del cenit.

Ensombrecido de luz
avanzaba hacia el encuentro estelar
con sus raíces y su piel.
Había quedado todo atrás
incluso su pelo
que se batía
como lagarto herido
en las caricias del viento.

IV

No queda nada de tu sombra
y sin embargo permaneces.

De tus ansias y temores
sólo queda la violenta caída
y los extraños seres pétreos
que deambulan a tus alrededores.

Las miradas ya no te tocan
los ojos buscados se han esfumado
como tu saliva ancestral.
Los paisajes marinos
no son sino sueños aplastados
por los largos pasos en la arena
por los ásperos cantos del cuervo salvaje.

Tu idioma de revoloteos celestes
se pierde entre las callejas
tu desnudez vuelve a avergonzarte
y no puedes cubrirte con silencios
tu voz se alza más allá de las higueras
tiritas de tristeza
descubres que la piel se corroe
y que no hay manos que te miren
no hay voces que te toquen
no hay ojos que te hablen.

Vagó por las calles
perdía su enormidad en el bullicio
una vez en los bancos de la plaza
otra vez acurrucado a la sombra de los ríos
buscando la compañía inquieta de la noche.
Le dolía su engaño.

¡Cuántos años y fiebres
Para crear el mundo!

Sólo silencios detrás de la piel
las miradas no se abrían como cataratas
tuvo miedo
como tantas otras veces
lloró de bruces en los espejos.

Su cuerpo herido y tan lleno de dudas.
Quiso volver sobre sus pasos
y los arreboles nocturnos
le ataban la piel
a las piedras de su quehacer solar.
Has encontrado el aleteo frío de los hombres
y sólo avanzar a la locura espacial
te llama a abandonar la noche.
Estás, te tocas y lo sabes.
Y la luna revolotea en tus uñas
tu silueta crece,
tu reino deshecho
y tu cuerpo todo sol
crecen en los silencios de la tierra.

La figura se inunda de deseos
y tu viaje brutal hacia los hombres
te estremece el aire
y tu fuego, tu extrañeza del amor
y tu dolor infinito e implacable
te anudan a las carreteras
te enredan entre pies y manos
y no estás solo en tu callar

te estremeces de hombres y cristales
y eres otro más
otro hijo de la tierra engañada
y tu sangre se estremece.

De nuevo a la búsqueda de los arco-iris
de nuevo la mirada avanza
hacia la juntura erótica del cielo y el mar.

Salónica, Hydra, Atenas, 1975

Pedro Ignacio Vicuña (Santiago de Chile, 1956), Bitácora del otro mar. Antología de 40 años de poesía, Editorial Pfeiffer, Chile, 2011

Nota en esta edición: El poema "Fataj" fue publicado en la ciudad de Atenas, Grecia, en mayo de 1979 por las Ediciones Diogenis. Se trató de una edición bilingüe castellano-griego con traducción del propio autor.

Otra Iglesia Es Imposible - Pedro Ignacio Vicuña/Facebook - Poesía y Crítica - El Mostrador - Poetas Siglo XXI - Buenos Aires Poetry - Club de Traductores Literarios/Instituto Goethe/YouTube

Foto: I Avgi

domingo, junio 07, 2020

Anthony Hecht / Naturaleza muerta















Un vapor sonámbulo, como un fantasma de visita, flota
sobre un lago con una calma a lo Tennyson justo antes del amanecer.
Árboles invertidos y pedruscos tiemblan y se diluyen
en una oscuridad pulida. Destellos de plata despuntan
en el líquido follaje, y poco después desaparecen.

Todo está empapado y enjoyado de humedad.
Una telaraña, tejida bien tirante
en el entramado de las puntas del pasto,
se comba como una red de bomberos
con todo el oropel y las riquezas que ha atrapado,
cada gota un pisapapeles de cristal Steuben.

Ningún canto de pájaro aún, ni un grillo ni una trucha estalla
   en los remolinos
en busca de una mosca rasante. Todo está por suceder.
Las cosas están calmas e inmóviles a lo largo
de todo el universo, como antiguos cuencos chinos,
y la naturaleza está magníficamente muda.

¿Por qué me agita tanto todo esto, como un código o un
   sordo presentimiento
de propósitos y sucesos ya preestablecidos?
Me conoce, y yo reconozco su vacilación cautelosa,
ceñida, ese silencio tan afectado y tan intenso.

Como en una superficie de agua contemplo el primer y suave
   decreto color durazno
de la luz, sus pálidas órdenes inaudibles.
Permanezco debajo de un pino en el frío,
justo antes del amanecer, en algún lugar de Alemania,
con un fusil Garand, mojado, helado, en mis manos.

Anthony Hecht (Nueva York, Estados Unidos, 1923-Washington, 2004), Revista Ñ, n° 871, Buenos Aires, 6 de junio de 2020
Versión de Joaquín de Tristero

Poetry Foundation - Paris Review - Poeticus - All Poetry - My Poetic Side - El Blog de Aurelio Asiain - Poetas Siglo XXI - Periódico de Poesía - El Poeta Ocasional

Foto: Anthony Hecht, 2000  Jack Mitchell/Getty Images

jueves, junio 04, 2020

Camillo Sbarbaro / Mi corazón se hincha por tí, Tierra


















Mi corazón se hincha por ti, Tierra,
como los terrones en primavera.
                                              Vuelvo.
Mis ojos son nuevos, todo lo que veo
es como si nunca lo hubiese visto;
las cosas más viles y comunes,
todo me enternece y me alegra.

En ti me lavo como en un agua
en que se olvida todo de uno mismo.
Mi miseria dejo detrás
como la culebra su vieja piel.
No soy más yo, soy otro.
Estoy liberado de mí mismo.

Tierra, tú eres llena de gracia para mí.
Mientras me sienta un chico
junto a ti, mientras mi pena
en ti se disperse como la nube
en el sol,
no maldeciré el haber nacido.

Me senté aquí en el suelo,
con las dos manos abiertas sobre la hierba,
mirando amorosamente alrededor.
Y mientras miro, se me moja
de cálidas dulces lágrimas la cara.

invierno 1912

Camillo Sbarbaro (Santa Margherita Ligure, Italia, 1888-Savona, Italia, 1967), Poesie. Edizione definitiva, All'Ensegna del Pesce d'Oro, Milán, 1983
Versión de Jorge Aulicino

Otra Iglesia Es Imposible - Club degli Autori - Libreriamo - Quotidiano - Fillide - Margutte - Librújula - All Poetry - Free VerseEl CulturalEl Trabajo de las Horas - La Caína - El Poeta Ocasional

Foto: Camillo Sbarbaro, 1965 Antonio Cesano/Fillide

Il mio cuore si gonfia per te, Terra 

Il mio cuore si gonfia per te, Terra,
coma la zolla a primavera.
                        Io torno.
I miei occhi son nuovi. Tutto quello
che vedo è come non veduto mai;
e le cose più vili e consuete,
tutto m’intenerisce e mi dà gioia.

In te mi lavo come dentro un’acqua
dove si scordi tutto di se stesso.
La mia miseria lascio dietro a me
come la biscia la sua vecchia pelle.
Io non sono più io, io sono un altro.
Io sono liberato di me stesso.

Terra, tu sei per me piena di grazia.
Finché vicino a te mi sentirò
così bambino, fin che la mia pena
in te si scioglierà come la nuvola
nel sole,
io non maledirò d’esser nato.

Io mi sono seduto qui per terra
con le due mani aperte sopra l’erba,
guardandomi amorosamente intorno.
E mentre così guardo, mi si bagna
di calde dolci lacrime la faccia.

inverno 1912

Moya Cannon / Arcilla que escucha

  

















           para Caitriona 


Hay sonidos
en los que podemos confiar
y en los que confiamos:

         el viento en los árboles,
         el suave chasquido de piedras, donde retrocede la marea,
         un bebé que llora de noche.

Nadie jamás se burló de esos sonidos
o trató de comprenderlos.
Son demasiado comunes para ser comprados o vendidos,
estaban acá antes que la palabra,
y legalmente carecen de importancia.

Interminablemente repetidos,
inmutables,
son sonidos sin una historia.
Consuelan y perturban
la parte de arcilla del corazón.

Moya Cannon (Dunfanaghy, Condado de Donegal, Irlanda, 1956), Aves de invierno y otros poemas, Pre-Textos, Valencia, 2015
Traducción de Jorge Fondebrider

Otra Iglesia Es Imposible - Moya Cannon - The Irish TimesPoets Org - PN Review - Poetry - The Galway Review - California Journal of Poetics - Island's Ege - Carlos Alcorta - Luvina - El Día - La Pecera - Club de Traductores Literarios de Buenos Aires

Foto: Dara Mac Dónaill/The Irish Times


LISTENING CLAY 

               for Caitriona


There are sounds
that we can,
and do, trust; 

         a gale in the trees,
         the soft click of stones, where the tide falls back,
         a baby crying in the night. 

No one has ever mocked these sounds,
or tried to comprehend them.
They are too common to be bought or sold,
they were here before the word,
and have no significance in law.

Endlessly repeated,
immutable,
they are sounds without a history.
They comfort and disturb
the clay part of the heart.

miércoles, junio 03, 2020

César Vallejo / Y si después de tantas palabras...




















¡Y si después de tántas palabras,
no sobrevive la palabra!
¡Si después de las alas de los pájaros,
no sobrevive el pájaro parado!
¡Más valdría, en verdad,
que se lo coman todo y acabemos!

¡Haber nacido para vivir de nuestra muerte!
¡Levantarse del cielo hacia la tierra
por sus propios desastres
y espiar el momento de apagar con su sombra su tiniebla!
¡Más valdría, francamente,
que se lo coman todo y qué más da…!

¡Y si después de tanta historia, sucumbimos,
no ya de eternidad,
sino de esas cosas sencillas, como estar
en la casa o ponerse a cavilar!
¡Y si luego encontramos,
de buenas a primeras, que vivimos,
a juzgar por la altura de los astros,
por el peine y las manchas del pañuelo!
¡Más valdría, en verdad,
que se lo coman todo, desde luego!

Se dirá que tenemos
en uno de los ojos mucha pena
y también en el otro, mucha pena
y en los dos, cuando miran, mucha pena…
Entonces… ¡Claro!… Entonces… ¡ni palabra!

[c.1937]

César Vallejo (Santiago de Chuco, Perú, 1892-París, 1938), "Poemas humanos", Obra poética completa, Francisco Moncloa Editores, Lima, 1968

Otra Iglesia Es Imposible - UNAM - A Media VozPoemas del Alma - El Sudamericano (PDF) Cuba Sí - Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes - Textos Info - Vallejo & Co.
---
Fotos: Arriba, César Vallejo, París, c.1927 (detalle).  Francisco Moncloa Editores. Op. cit.; abajo: Facsímil del poema mecanografiado por Vallejo. Francisco Moncloa Editores. Op. cit.



martes, junio 02, 2020

Joseph Brodsky / Fragmento inacabado















En medio de la cena se levantó y, tras abandonar
la mesa, salió afuera. La luna brillaba
como en invierno; las negras sombras del zarzal
volcadas sobre el perfil de la empalizada
se dibujaban en la nieve con tanta claridad
que se diría que allí hundieran sus raíces.
Alrededor ni un alma. Latir del corazón.

Tanta es el ansia de todo ser
viviente por superar toda frontera,
por desbordarse a lo alto y ancho, que
basta con que sólo asome una estrella,
sea cual sea, para que al instante mismo
el entorno se torne presa,
no nuestra, sino de nuestros sueños.

Joseph Brodsky (San Petersburgo, Rusia, 1940-Nueva York, Estados Unidos, 1996), Cuadernos Hispanoamericanos n° 777, España, marzo de 2015
Traducción de Ricardo San Vicente

Otra Iglesia Es ImposibleLetras Libres - Letras en la Frontera - Animales en BrutoEl Placard - A Media Voz - Círculo de Poesía - Trianarts
---
Foto: Joseph Brosdsky, Universidad de Michigan, c.1972, Anuario de la Universidad de Michigan/Wikimedia Commons

lunes, junio 01, 2020

Enrique Molina / Dos poemas


















Los hoteles secretos

El brillo nómade del mundo
Como un ascua en el alma una joya del tiempo
Se abre tan sólo al paso de ciertos hechos tormentosos
Arrastrados por la corriente
Hasta las escaleras cortadas por el mar
En ciertos antros de lujuria de bordes sombríos
Poblados por estatuas de reyes
Casi irreconocibles entre el reverberar de las antorchas cuya
                             luz es la hiedra que cubre los muros
¡Oh corazón corazón orgulloso!
Entrégate al fantasma apostado en la puerta

Ahora que tan bien te conozco
Sin otra sed que tu memoria
Criatura melancólica que tocas mi alma de tan lejos
Invoca en las alcobas el éxtasis y el terror
El lento idioma indomable de la pasión por el infierno
Y el veneno de la aventura con sus crímenes
¡Oh! invoca una vez más el gran soplo de antaño
En estas cámaras de piedra enlazada a tu amante
Y ambos envueltos en la lona de los días perdidos como el muerto en el mar
Y prontos a deshacerse en las hogueras instantáneas
Sobre lechos de un metal misterioso que brilla en las tinieblas
                              bajo la zarpa de los candelabros
Y el coro de pájaros lascivos girando con furia en las habitaciones
                              selladas por el hierro de otras noches

Pues tales antros solemnes cubiertos de flores carnívoras
Con mármoles que se pudren a la sombra de cabelleras opulentas
Se balancean labrados pomposamente desde el portal hasta la cúpula
Como la nave anclada sobre el abismo
Agitando con lentitud sus espejos para adormecer a la mujer
Desnuda entre los verdugos que incineran el corazón de la noche
Y el zaguán donde se cruzan la lluvia y la frustración
Los camareros con el rostro podrido por el tufo de las flores
Acumuladas en los pasillos infinitos
El rumor de los suspiros sofocados
Los besos entretejidos en nácar tristísimo
La hierba sin nombre en que se hunden sus huéspedes
Repiten una vez más entre la sombra
La leyenda del amor que nunca muere

Costumbres errantes o La redondez de la tierra [1951]


Los lugares, los dioses, los demonios

Los lugares, los dioses, los demonios que uno amará para siempre
le están ya destinados desde el vientre materno,
con el polen y el graznido del cuervo, desde la flor del nacimiento,
si esperanzas en el furor de lo orgánico,
hasta descubrir la secreta explosión del sol en cada cosa: la muerte.

¿Pero cómo podía saber que los muertos bailan en el jugo de las frutas,
con grandes risas de magos en el vino, seguidos por las gaviotas,
con un corazón pintado que salta de gozo en la lluvia...?
Porque el zumbido del abejorro los conduce a la fiesta,
despreocupados y pródigos con el encanto del viento,
aunque no vuelva jamás el mantel de la infancia
y el sombrío sol del sexo con su idilio perdido.

¿Pero qué podía saber de los días con su fatal imán?
Los espíritus que escarban en sueno asoman a la luz desde las raíces,
con terribles recompensas, proyectos pagados con sangre,
los milagros, la agazapada belleza que abre las alas,
¿y quién canta por mí par perderme, para encontrar la esposa saltarina'
Solemnes mujeres profanas que perfuman el tiempo con majestuosa lentitud
y la luna de la mortaja silbando en la noche
para que nada deje de ser amado en un reino de incendio.

¿Cómo podía saber de tal manera
          las extrañas ramificaciones de todo vínculo...?

Poemas recientes [1987]

Enrique Molina (Buenos Aires, 1910-1997), Obras completas, tomo II, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1987

Otra Iglesia Es Imposible - De Sibilas y Pitias - El Placard - Buenos Aires Poetry - UNAM - Antonio Miranda - Mágicas Ruinas - Poéticas - Altazor

Foto: Historia de la Literatura Argentina, volumen I, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1968