sábado, octubre 17, 2020

Henri Michaux / He trazado un gran canal en mi vida


















A fuerza de penurias, de varias ascensiones, a fuerza de ser arrojado desde afuera, desde los afuera que yo me había prometido alcanzar a mí mismo, a fuerza de ser peloteado de todas partes, he trazado en mi vida un profundo canal.

Vuelvo a caer más bien en él en vez de encontrarlo. Ahora me conmueve. Ha llegado a conmoverme a pesar de que no me ilustre, ni me ayude ni me satisfaga. Por el contrario, me recuerda más bien el auténtico límite que no me es permitido franquear, salvo en contados instantes. Así, por su duradero "no sé qué", me confirma en una continuidad que jamás hubiese esperado, que solamente yo conozco y que desprecio rotundamente.

Navego en él a hurtadillas.

Henri Michaux (Namur, Bélgica, 1899-París, 1984), "Pruebas, exorcismos", 1945, Poemas 1927-1954, Compañía General Fabril Editora, Buenos Aires, 1971
Versiones de Lysandro Z. D. Galtier


Foto: Clarín s/d

viernes, octubre 16, 2020

Alberto Girri / De "Playa sola", 7



















A Thomas de Quincey

Para hablarte,
no quiero saber nada de tu amado Lactancio,
ni de la indulgencia servil de tu leyenda,
ni de la droga que piensa,
ni de tu seria abominación del veneno.
Esta es mi confesión preliminar.

Thomas de Quincey,
tú, el imaginador para quien el amor era una clepsidra rota,
tú, que hacías gestos de burla
y mirabas a los hombres como planetas extraviados,
ven hoy a recorrer mi colección de máscaras, sabor del espejo,
albergue de la tregua cotidiana.
Ven, acuéstate en un propicio cielo de pizarra,
hombre-dios buscando el ansioso, húmedo caer de las palomas
sobre un arrabal de niñas hambrientas. 
Tirso, tirso y frente enriquecida de gas,
toda vergüenza es inhumana y para anunciarte
marcharon por la noche las infinitas caballerías del desvelo.
Ven, dame el puro equilibrio de tu mundo
nunca rebajado a comparar la muerte con la ambigüedad del sueño.

Tirso del pensamiento,
me rescataste del cielo y yo te lo agradezco.
Ríe entonces de lo que el orden y el nivel te hubieran
   reservado:
"Yo era célebre y admirado,
ahora me comen los gusanos"

Thomas de Quincey.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "Playa sola" (1946), Obra poética I, Corregidor, Buenos Aires, 1977

---
Foto: Alberto Girri por Tito La Penna, 1985 Otra Iglesia Es Imposible

jueves, octubre 15, 2020

José Lezama Lima / Sobre un grabado de alquimia china

















Debajo de la mesa
se ven como tres puertas
de pequeños hornos,
donde se ven piedras y varas ardiendo,
por donde asoma el enano
que masca semillas para el sueño.
Encima de la mesa
se ven tres cojines grises y azules,
en dos de ellos hay como figuras geométricas
hechas con huevos irrompibles.
Al lado un jarrón sin ornamento.
Pedazos de leña por el suelo.
Un hombre curvado con una balanza
pesa una cesta de almendras.
La varilla de ébano
alcanza de inmediato el fiel.
El hombre que vende
teme a los tres pequeños hornos
que se esconden debajo de la mesa.
Por allí deben salir
las figuras esperadas
que vendrán cuando el pesador
logre el centro de la canasta.
A su derecha el hombre que contempla
absorto al pesador,
juega con unos pájaros.

Junio de 1975

José Lezama Lima (La Habana, 1912-1976), Fragmentos a su imán, Arte y Literatura, La Habana, 1977


miércoles, octubre 14, 2020

Hugo Williams / Nueva chaqueta, última chance



















Tenía puesta una chaqueta así
cuando me rescataron del enredo
de mi primera aventura.

Estaba trepándome por la cuneta con mi perro,
"¡No te muevas!", gritó mi gobernanta
desde la proa de una lancha.

Me lavé las manos en la sacristía
pero el olor del encerado 
me quedó en los dedos en la iglesia.

Mi desgracia retorna
cuando levanto el cuello 
frente al largo espejo de esta tienda.

"¡No te muevas!", susurra mi gobernanta.
Sus antiparras congelan mis pasos,
Mis pies se resbalan.

Los olores nos recuerdan tal como éramos -
mitad ficción mitad realidad -
probándonos distintas vidas.

Salen corriendo ante nosotros como spaniels,
girando y esperando junto al río
a que sus amos se vuelvan ciertos.

[Writing Home, 1985]

Hugo Williams (Windsor, Inglaterra, 1942), La isla tuerta, 49 poetas británicos (1946-2006), selección y traducción de Matías Serra Bradford, Lumen, Barcelona, 2009


 - 
New Coat, Last Chance 

I wore a coat like this
when they rescued me from the plot
of my first adventure.

I was climbing the weir with my dog.
"Don’t move! " shouted my governess
from the prow of motorboat.

I washed my hands in the vestry,
but the smell of oilskin
stayed on my fingers in church.

My disgrace comes back to me
as I turn up the collar
in the long mirror of this shop.

"Don’t move! " whispers my governess.
Her goggles freeze me in my tracks.
My feet slither.

Smells remember us as we were then –
half fact, half fiction –
trying on different lives.

They race ahead of us like spaniels,
turning and waiting by a river
for their masters to come true.

martes, octubre 13, 2020

Susana Szwarc / Esperando a Stefan



















Miraba: dos tilos
(altísimos aquí
donde la gente
empequeñece cada día
un poco 
más).

Hace frío afuera.
En cambio
adentro,
en el café Sperl de 1880,
nos quitamos los abrigos,
los pulóveres y quedamos
como si fuera verano.
(Por fin entiendo el como si).

(Habíamos leído al costado
del Durero: en 1552 se talaron
los tilos y el tiro, libre.
Talar/tilos/tiro/ aliteraban sin saber
de, sin saber de un, de una, del
Sprachgitter  
del, de la, de una, de un
holocausto, por ejemplo, bonita con su diptongo.)

(Donde imponen actos, no entienden chistes
 ni al que los hace: llamar inconsciente 
a lo que bulle.)

Sin los anteojos, recuerdo
el silbido de su partida desde dentro de mi cabeza…
así, perpleja hoy, como quien pensó y halló y olvidó
Bostecé del esfuerzo.  Me tapé 
la boca que se abría
más grande que una jaula.
(Señor, señora, sheine frau,
fra fre fri fro.) Soñé  
niñas enjauladas
vestidas a cuadro vestidas a rejas y los
vestidos fru fru mientras afuera fru fru
adulan: barrio del bocado, del barro, del maten,
como si (como si)
decir muchas veces 
sin palabra, escurriera 
lo sentido. 

Eso le dije: no tiene sentido que no 
supieras
ni entonces.
Nadie (nadie) 
escuchó ni vio
en Viena, decía Augusto 
y yo le creí.
Le creí que había olvidado del mismo modo
que vos, que yo
y seguí caminando
-con Augusto-
hasta la casa de Freud.

Sus hermanas barrerían el festejo
de los años, las veredas de Viena. Mirá
qué limpias tus suelas, tus zapatos.
¿De ellas te acordás?
 
(Boca sucia, manos sucias, se agregó 
solo el lugar común. Se soltó la risa 
entre arañas iluminadas.)
(Parpadeo entre las manos sucias.)

 Cierran, abren. Cierran, abren
 ojos. Tanteo. 

Stefan me dice: ahora vas a ver.
Y deja los anteojos 
y deja los tilos
sobre el mármol tibio. Latente.

[Inédito]

Susana Szwarc (Quitilipi, Argentina, 1954)


lunes, octubre 12, 2020

Osvaldo Ballina / De "La soledad prescindente"

 









la sombra

un desierto en reversa
fue el aluvión de luz
que cayó sobre los hombres
discutiendo en la plaza
destinos a ellos ajenos
la sombra era solo interior
los cuerpos no se proyectaban al externo
para desconcierto general
los discutidores devinieron metáforas
sin repliegues de liberación
se multiplicaron las apariencias
el mundo se fundía entre ellos
con luz convulsa
y árboles de delirio 
la existencia de lo exterior
fue solo un deseo altivo
vago zumbido algo confuso
que estaba fuera de lugar


un objeto infinito

inmovilidad de la observación
quedarse en silencio lo más posible
como una posibilidad de vértigo
sin códigos
factible forma de conocimiento
en cada objeto hay un infinito
pero no hay lenguaje
limpio de aproximación
gitanería de sabihondo
la idea
de que no hay lenguaje
solo imagen
una vuelta a la desnudez
a la desaprensión
a la brujería reseca

Osvaldo Ballina (La Plata, Argentina, 1942) 

La soledad prescindente
Servicop, La Plata, 2020










 
Foto: El Día

domingo, octubre 11, 2020

Ezra Pound / De "Cathay"


















Lamento del guardia fronterizo (1)

Por la Puerta del Norte sopla el viento lleno de arena,
¡Solitario desde el principio de los tiempos hasta ahora!
Las hojas caen de los árboles (2), el pasto se vuelve amarillo en otoño.
Escalo torres y torres
          para vigilar las tierras bárbaras:
Desolado castillo, el cielo, el vasto desierto.
No queda un muro que proteja a este pueblo (3).
Huesos blanqueados por miles de heladas,
Altos montículos, cubiertos de árboles y pasto;
¿Quién causó todo esto?
¿Quién ha traído la ardiente ira imperial?
¿Quién ha traído al ejército con tambores y timbales?
Reyes bárbaros.
Una agradable primavera (4), convertida en un hambriento otoño de sangre,
Un tumulto de guerreros, trescientos sesenta mil,
Esparcido por el Reino Central (5),
Y tristeza, tristeza como la lluvia.
Dolor a la ida, y dolor, dolor al regreso.
Desolados, desolados campos,
Y no hay hijos de la guerra en ellos,
          Ya no hay más hombres para atacar ni defender.
Ah, cómo vas a conocer la tristeza sombría en la Puerta del Norte,
Con el nombre de Rihoku (6) olvidado,
Y nosotros, los guardias, alimento para los tigres (7).

Rihaku

Notas del Traductor
1 En “Transcripts of Fenollosa’s Notes” leemos: “Li Bai (701-762)” (EZRA POUND, Cathay, The
Centennial Edition. Edited with an introduction and Transcripts of Fenollosa’s notes by Zhoaming
Qian, A New Directions Book, 2015, p. 94).
2 “the trees (let) fall the leaves” (K. K. RUTHVEN, A Guide to Ezra Pound’s Personae, University of
California Press, California, 1969, p. 160).
3 En “Transcripts of Fenollosa’s Notes” leemos: “The frontier villages have not even walls left”
(EZRA POUND, op. cit., p. 91).
4 En “Transcripts of Fenollosa’s Notes” leemos: “The balmy spring...” (EZRA POUND, op. cit.,
p. 92).
5 El término chino para China es zhongguo. El mismo puede ser traducido como el Reino
Central o el Reino del Medio. Esta noción fue articulada por primera vez durante la dinastía
Zhou en el primer milenio antes de Cristo. El Reino del Medio era considerado como el centro
geográfico del mundo y el centro del poder mundial. Un lugar intermedio entre los cielos y las
demás civilizaciones inferiores.
6 En “Transcripts of Fenollosa’s Notes” leemos: “Rihoku (Li Mu) es el nombre de un general
que fue enviado en siglos antiguos a pelear contra los bárbaros” (EZRA POUND, op. cit., p. 93).
7 En “Transcripts of Fenollosa’s Notes” leemos: “food for wolves and tigers (i.e. barbarians)”
(EZRA POUND, op. cit., p. 94).



Sureños en el país helado (1)

El caballo de Dai relincha contra el viento sombrío de Etsu,
Los pájaros de Etsu no sienten amor por En, en el norte,
La emoción nace del hábito.
Ayer salimos por la puerta del Ganso Salvaje,
Hoy desde la Pluma del Dragón*.
Sorprendidos. Agitación del desierto. Sol del mar.
La nieve voladora desconcierta el cielo bárbaro.
Los piojos pululan como hormigas sobre nuestras armas.
La mente y el espíritu se dirigen en pos de plumosos estandartes (2).
La dura batalla no recibe recompensa.
La lealtad es difícil de explicar.
¿Quién sentirá pena por el General Rishogu (3),
                    de movimiento rápido,
Cuya canosa cabeza se perdió por esta provincia (4)?

            * Es decir, hemos estado en guerra desde un extremo al otro del imperio,
              ahora al este, ahora al oeste, en cada frontera. (Nota Ezra Pound)


Notas del Traductor
1 En “Transcripts of Fenollosa’s Notes” leemos: “Li Bai (701-762)” (EZRA POUND, Cathay, The
Centennial Edition. Edited with an introduction and Transcripts of Fenollosa´s notes by Zhoaming
Qian, A New Directions Book, 2015, p. 119).
2 En “Transcripts of Fenollosa’s Notes” leemos: “Because our mind and spirit must drive upon
(keep close attention to) the motion of the banners” (EZRA POUND, op. cit., p. 118).
3 Para la Dinastía Kan Ri Shogun (Li Guang) fue un famoso general que luchó más de 74
batallas contra los bárbaros del norte (EZRA POUND, op. cit., p. 119).
4 En “Transcripts of Fenollosa’s Notes” leemos: “Whose white head was lost (died) in the three
frontiers” (EZRA POUND, op. cit., p. 118).

Ezra Pound (Hailey, EE UU, 1885-Venecia, Italia, 1972)
Versiones de Juan Arabia

Cathay
[1915],
Buenos Aires Poetry,
Buenos Aires, 2020











LAMENT OF THE FRONTIER GUARD

By the North Gate, the wind blows full of sand,
Lonely from the beginning of time until now!
Trees fall, the grass goes yellow with autumn.
I climb the towers and towers
          to watch out the barbarous land:
Desolate castle, the sky, the wide desert.
There is no wall left to this village.
Bones white with a thousand frosts,
High heaps, covered with trees and grass;
Who brought this to pass?
Who has brought the flaming imperial anger?
Who has brought the army with drums and with kettle-drums?
Barbarous kings.
A gracious spring, turned to blood-ravenous autumn,
A turmoil of wars-men, spread over the middle kingdom,
Three hundred and sixty thousand,
And sorrow, sorrow like rain.
Sorrow to go, and sorrow, sorrow returning,
Desolate, desolate fields,
And no children of warfare upon them,
          No longer the men for offence and defence.
Ah, how shall you know the dreary sorrow at the North Gate,
With Rihoku’s name forgotten,
And we guardsmen fed to the tigers.

Rihaku

古風.胡關饒風沙
胡關饒風沙,蕭索竟終古。
木落秋草黃,登高望戎虜。
荒城空大漠,邊邑無遺堵。
白骨橫千霜,嵯峨蔽榛莽。
借問誰凌虐,天驕毒威武。
赫怒我聖皇,勞師事鼙鼓。
陽和變殺氣,發卒騷中土。
三十六萬人,哀哀淚如雨。
且悲就行役,安得營農圃。
不見征戍兒,豈知關山苦。
爭鋒徒死節,秉鉞皆庸豎。
戰士死蒿萊,將軍獲圭組.
李牧今不在,邊人飼豺虎。


SOUTH-FOLK IN COLD COUNTRY

The Dai horse neighs against the bleak wind of Etsu,
The birds of Etsu have no love for En, in the north,
Emotion is born out of habit.
Yesterday we went out of the Wild-Goose gate,
To-day from the Dragon-Pen.*
Surprised. Desert turmoil. Sea sun.
Flying snow bewilders the barbarian heaven.
Lice swarm like ants over our accoutrements.
Mind and spirit drive on the feathery banners.
Hard fight gets no reward.
Loyalty is hard to explain.
Who will be sorry for General Rishogu,
                    the swift moving,
Whose white head is lost for this province?

              * I.e., we have been warring from one end of the empire to the other, now
                east, now west, on each border.


古风.代马不思越
代马不思越,越禽不恋燕。
情性有所习,土风固其然。
昔别雁门关,今戍龙庭前。
惊沙乱海日,飞雪迷胡天。
虮虱生虎鹖,心魂逐旌毡。
苦战功不赏,忠诚难可宣。
谁怜李飞将,白首没三边。
---

sábado, octubre 10, 2020

Wallace Stevens / Una postal desde el volcán





















Los niños que recogen nuestros huesos
Nunca sabrán que estos una vez fueron
Tan rápidos como zorros en la colina;

Y que en otoño, cuando las uvas
Hacían que el aire penetrante lo fuese aun más con su olor
Tenían un ser que respiraba escarcha;

Y menos supondrán que con nuestros huesos
Dejamos mucho más, dejamos lo que todavía es
El aspecto de las cosas, dejamos lo que sentíamos

Ante lo que veíamos. Las nubes de primavera vuelan
Sobre la mansión cerrada,
Más allá de nuestra verja y el cielo ventoso

Lanza un grito de culta desesperanza.
Conocíamos desde hacía tiempo el aspecto de la mansión
Y lo que dijimos de ella llegó a ser

Una parte de lo que es... Los niños,
Tejiendo todavía nacientes aureolas,
Hablarán nuestro idioma y jamás lo sabrán,

Dirán de la mansión que parece
Como si el que vivía allí hubiese dejado detrás
Un espíritu que atacaba paredes desnudas,

Una casa sucia en un mundo destrozado,
Jirones de sombras que alcanzan el blanco,
Manchado con el oro del opulento sol.

Ideas for order, 1936

Wallace Stevens (Reading, Estados Unidos, 1879-Hartford, Estados Unidos, 1955), The Collected Poems of Wallace Stevens, Alfred A. Knopf, Nueva York, 1990, vía La reversible, grupo de traducción, 8 de octubre de 2020
Versión de Jonio González



A POSTCARD FROM THE VOLCANO

Children picking up our bones
Will never know that these were once
As quick as foxes on the hill;

And that in autumn, when the grapes
Made sharp air sharper by their smell
These had a being, breathing frost;

And least will guess that with our bones
We left much more, left what still is
The look of things, left what we felt

At what we saw. The spring clouds blow
Above the shuttered mansion-house,
Beyond our gate and the windy sky

Cries out a literate despair.
We knew for long the mansion's look
And what we said of it became

A part of what it is ... Children,
Still weaving budded aureoles,
Will speak our speech and never know,

Will say of the mansion that it seems
As if he that lived there left behind
A spirit storming in blank walls,

A dirty house in a gutted world,
A tatter of shadows peaked to white,
Smeared with the gold of the opulent sun.
---
Foto: Los poetas Robert Frost (izq.) y Wallace Stevens en Key West, Florida, Estados Unidos, c.1940 The Huntington Library, San Marino, California/Key West LIterary Seminar

viernes, octubre 09, 2020

Gastón Carrasco Aguilar / La ciudad del fondo

















Los pulpos construyen jardines
y los esqueletos de ballenas son iglesias.

En el fondo todo es ruina, los objetos que olvidamos
van a dar al museo natural de este mundo.

Parece ser un buen lugar a donde ir
me dices, si es que las cosas no salen
demasiado bien o directamente mal.

¿Quién no quisiera estar ahí
donde no se oye la tormenta?

Gastón Carrasco Aguilar (Santiago de Chile, 1988), "13 Poetas Chilenos Contemporáneos", por Rodrigo Arriagada Zubieta, Parte #3, Buenos Aires Poetry, 3 de abril de 2018
 

jueves, octubre 08, 2020

Thomas Lux / Dos poemas






















Tarántulas en el salvavidas

Por algún motivo semitropical
cuando llueve
implacablemente caen

en las piscinas, estos por otra parte
brillantes y terroríficos
arácnidos. Pueden nadar
un poco, no por mucho tiempo

y no pueden subir por la escalera para escapar.
Por lo general se ahogan, pero
si quieres su favor,
si crees que existe la justicia,
una recompensa por no querer

la muerte de desagradables
y aun peligrosas (anguilas, serpientes nariz de cerdo,
ratas) criaturas, si

crees estas cosas, entonces
tendrías que dejar un salvavidas
o dos en tu piscina por la noche.

Y por la mañana
arrastrarías fuera
las acurrucadas, peludas supervivientes

y las acompañarías
de nuevo al matorral y, ¿sabes?,
te asegurarías de que al menos las que se han salvado,
como individuos, no aparecerán

de nuevo un día
en tu sombrero, un cajón
o el enmarañado inframundo

de tus calcetines, y que incluso—
cuando tu confianza en la justicia
se une a tu confianza en los sueños—
pueden comunicar a las otras

mediante un lenguaje de signos
cuatro veces más ingenioso
y complejo que el del hombre

que eres bueno,
que las amas
que las salvarías de nuevo.

New and Selected Poems: 1975-1995, Houghton Mifflin, Nueva York, 1997


Víctimas de la plaga lanzadas por encima 
de los muros de la ciudad sitiada

Primera guerra
biológica.
La muerte
así lanzada semeja ruedas
en el cielo.
Mira: ahí va
Larry el Zapatero, descalzo, por encima del muro,
y Mary la Salchichera, mira cómo vuela,
y los mellizos Sombrerero, los dos a la vez, sobrevolando
el parapeto, el codo del pequeño Tommy doblado
como si saludara,
y su hermana, Mathilda, detrás de él,
con los brazos extendidos, a través del aire,
igual que hacía
en la tierra.

The Streets of Clocks, Houghton Mifflin, Nueva York, 2001

Thomas Lux (Northampton, Estados Unidos, 1946-Atlanta, Estados Unidos, 2017)
Versiones de Jonio González



TARANTULAS ON THE LIFEBUOY

For some semitropical reason 
when the rains fall 
relentlessly they fall

into swimming pools, these otherwise 
bright and scary
arachnids. They can swim
a little, but not for long

and they can’t climb the ladder out.
They usually drown—but 
if you want their favor,
if you believe there is justice, 
a reward for not loving

the death of ugly
and even dangerous (the eel, hog snake, 
rats) creatures, if

you believe these things, then 
you would leave a lifebuoy
or two in your swimming pool at night.

And in the morning 
you would haul ashore
the huddled, hairy survivors

and escort them
back to the bush, and know,
be assured that at least these saved, 
as individuals, would not turn up

again someday
in your hat, drawer,
or the tangled underworld


of your socks, and that even—
when your belief in justice
merges with your belief in dreams—
they may tell the others

in a sign language 
four times as subtle
and complicated as man’s

that you are good, 
that you love them,
that you would save them again.


PLAGUE VICTIMS CATAPULTED OVER WALLS INTO BESIEGED CITY

Early germ
warfare.
 The dead
hurled this way look like wheels
in the sky.
 Look: there goes
Larry the Shoemaker, barefoot, over the wall,
and Mary Sausage Stuffer, see how she flies,
and the Hatter twins, both at once, soar
over the parapet, little Tommy's elbow bent
as if in a salute,
and his sister, Mathilde, she follows him,
arms outstretched, through the air,
just as she did
on earth.

miércoles, octubre 07, 2020

Juan Luis Martínez Holger / La desaparición de una familia


















1.  Antes que su hija de 5 años
se extraviara entre el comedor y la cocina,
él le había advertido: “-Esta casa no es grande ni pequeña,
pero al menor descuido se borrarán las señales de ruta
y de esta vida al fin, habrás perdido toda esperanza”.

2.  Antes que su hijo de 10 años se extraviara
entre la sala de baño y el cuarto de los juguetes,
él le había advertido: “-Esta, la casa en que vives,
no es ancha ni delgada: sólo delgada como un cabello
y ancha tal vez como la aurora,
pero al menor descuido olvidarás las señales de ruta
y de esta vida al fin, habrás perdido toda esperanza”.

3.  Antes que “Musch” y “Gurba”, los gatos de la casa,
desaparecieran en el living
entre unos almohadones y un Buddha de porcelana,
él les había advertido:
“-Esta casa que hemos compartido durante tantos años
es bajita como el suelo y tan alta o más que el cielo,
pero, estad vigilantes
porque al menor descuido confundiréis las señales de ruta
y de esta vida al fin, habréis perdido toda esperanza”.

4.  Antes que “Sogol”, su pequeño fox-terrier, desapareciera
en el séptimo peldaño de la escalera hacia el 2º piso,
él le había dicho: “-Cuidado viejo camarada mío,
por las ventanas de esta casa entra el tiempo,
por las puertas sale el espacio;
al menor descuido ya no escucharás las señales de ruta
y de esta vida al fin, habrás perdido toda esperanza”.

5.  Ese último día, antes que él mismo se extraviara
entre el desayuno y la hora del té,
advirtió para sus adentros:
“-Ahora que el tiempo se ha muerto
y el espacio agoniza en la cama de mi mujer,
desearía decir a los próximos que vienen,
que en esta casa miserable
nunca hubo ruta ni señal alguna
y de esta vida al fin, he perdido toda esperanza”.

Juan Luis Martínez Holger (Valparaíso, Chile-1942 -Villa Alemana, Chile, 1993) La Biblioteca de Marcelo Leites, 29 de septiembre de 2020


martes, octubre 06, 2020

Juan Arabia / Plaza Dorrego















Have you heard about Plaza Dorrego?
Un Aleph de tango y cannabis sobrevuela en la superficie 
donde un poeta chileno puede dar una entrevista
bebiendo whisky con su amigo en altas horas de la madrugada

Mezclas raras, mandan todo a la concha de su hermana,
y todos conviven con sus ollas
afilan en público sus cuernos

Tango Plaza, a la salida te kedas sin hermana
mientras unos jóvenes improvisan el saqueo

But have you heard about it...?
Tal vez en un sueño revivas tus prendas
allí, donde todo pasa

[Inédito]

Juan Arabia (Buenos Aires, 1983)


Foto: Gentileza del autor

lunes, octubre 05, 2020

Jean Valentine / Al bardo

















Soñé que finalmente conseguía comunicarme por teléfono con C
él susurraba
yo no conseguía entender qué decía
él había estado en el hospital
y después en una casa
M había enfermado también
Ya sabes que cuando sueñas eres todo el mundo:
despierta también eres todo el mundo:
estoy escuchando
respirando tu aliento lleno de ceniza
Viejo poeta chino:
fuego:
para ver el camino

Jean Valentine (Chicago, Estados Unidos, 1934), Door in the Mountain. New and Collected Poems, Wesleyan University Press, Connecticut, 2003
Versión de Jonio González



Foto: Jean Valentine por Tyler Flynn Dorholt, en el sitio de Jean Valentine 

TO THE BARDO

I dreamed I finally got through to C on the phone
he was whispering
I couldn’t make out the words
he had been in the hospital
and then in a home
M was sick too
You know how in dreams you are everyone:
awake too you are everyone:
I am listening
breathing your ashy breath
Old Chinese poet:
fire:
to see the way

domingo, octubre 04, 2020

T. S. Eliot / Little Gidding

























[Cuarto de los Cuatro cuartetos, 1935-1942]

I

La primavera a mitad del invierno es una estación en sí,
infinita aunque empapada hacia el ocaso,
suspendida en el tiempo, entre el polo y el trópico.
Cuando el día corto es el más brillante, con escarcha y fuego,
el breve sol inflama el hielo, en un lago y un cráter,
en un frío sin viento que es el calor del corazón;
y refleja en un espejo acuoso
un brillo que es ceguera en la tarde joven.
Y un fulgor más intenso que una rama ardiendo, o que un brasero,
agita el espíritu mudo: no hay viento, tan sólo fuego de Pentecostés
en la edad oscura del año. A punto de derretirse o de helarse,
la savia del alma tiembla. No hay olor de tierra
ni olor de cosas vivas. Ésta es la época de la primavera,
mas no en la alianza del tiempo. Ahora la valla de arbustos
empalidece por una hora con florecer fugaz
de nieve, una flor más repentina
que la del verano, sin crecer ni menguar,
ausente del proyecto creador.

¿Dónde está el verano, el inimaginable
verano cero?

     Si vinieras por este sendero,
tomando la ruta que quizá tomarías
desde el lugar del que quizá vendrías,
si vinieras por este camino cuando florece el espino blanco, encontrarías los
    \setos
albos de nuevo, en mayo, con una dulzura voluptuosa.
Pasaría lo mismo al final del viaje,
si vinieras de noche como un rey derrocado,
si vinieras de día sin saber a qué viniste,
sería siempre lo mismo, cuando dejaras el camino adusto
y voltearas tras la pocilga de los cerdos a la descolorida fachada
y a la lápida. Y aquello por lo que creías haber venido
es solamente una concha, una cáscara de significado
donde el propósito se devela sólo cuando ha sido conquistado,
si se conquista. Aun si no tuvieras una meta
o aun si la meta fuera más allá de donde te imaginas
y hubiera sido ya alcanzada. Hay otros lugares
que son también el fin del mundo, algunos en las fauces oceánicas,
o sobre un estanque oscuro, en un desierto o una ciudad—
pero éste es el más cercano, en tiempo y lugar,
ahora y en Inglaterra.

     Si vinieras por este camino,
tomando cualquier ruta, empezando por cualquier lugar,
en cualquier tiempo, o en cualquier estación,
siempre sería lo mismo: tendrías que apartar
el sentido y la noción. No estás aquí para comprobar,
instruirte, o saciar tu curiosidad
o trasmitir un reporte. Estás aquí para arrodillarte
donde el rezo ha sido permitido. Y el rezo es más
que un orden de palabras, que la consciente ocupación
de la mente rezando, o que el sonido de la voz rezando.
Y lo que fue inefable para los muertos, mientras vivían,
te lo pueden decir ya muertos: la voz
de los difuntos tiene una lengua dada por el fuego, más allá del idioma de los vivos.
Aquí, la intersección de un momento atemporal
es Inglaterra y no es ningún lugar. Nunca y siempre.


II

En la manga de un viejo, ceniza
que es toda la ceniza de las rosas quemadas aprisa.
Polvo en el aire suspendido
marca el lugar donde una historia se ha extinguido.
Polvo sin respirar era una casa—
las paredes, el friso y el ratón que pasa,
la muerte de la esperanza, y el desaliento,
     ésta es la muerte del viento.

Hay inundación y sequía
en los ojos y la boca fría,
agua muerta y arena con mortaja
contendiendo por llevar ventaja.
El suelo seco destripado
se asombra con la vanidad del trabajo,
risas sin risa.
     Es el final de la tierra misma.

Fuego y agua han triunfado
sobre el pasto y la yerba del poblado.
Agua y fuego se han burlado,
del sacrificio despreciado,
fuego y agua destruirán
los cimientos que quisimos olvidar,
del santuario y del coro luego.
     Es el óbito del agua y del fuego.

En la incierta hora que precede a la mañana,
     cerca del final de la noche inacabable,
     en el recurrente final de lo infinito,
después de que la oscura paloma de lengua llameante
     hubo pasado bajo el horizonte de su morada,
     mientras las hojas muertas aún sonaban como hojalata,
sobre el asfalto donde no había otro sonido,
     entre los tres distritos de donde el humo surgió,
     me encontré con alguien que andaba perturbado,
casi empujado hacia mí como las hojas metálicas
     que no resisten el viento de la aurora.
     Y mientras escrutaba ese rostro cabizbajo
con la mirada aguda con que retamos
     al primer extraño en el crepúsculo,
     mi mirada encontró un maestro muerto
que yo ya había conocido y olvidado, renombrado a medias,
     era uno y muchos; en sus rasgos como salidos de un horno,
     los ojos de un conocido fantasma complejo,
íntimo e irreconocible a un tiempo.
     Así que asumí un doble papel, y grité
     y oí el grito de otra voz: “¡Qué!, ¿estás tú aquí?”
A pesar de que no lo estábamos. Yo era aún el mismo,
     conociéndome, siendo con todo otro,
     y él una cara todavía formándose; aunque las palabras bastaban
para forzar el reconocimiento que precedieron.
     Y así, compatibles con el viento común,
     demasiado extraños para malentendernos.
Acordes en ese momento de intersección,
     de no conocernos en ningún lugar; ni antes ni después,
     recorrimos el pavimento en un rondín de muertos.
Yo dije: “Cuán maravillado me siento es simple,
     aun la simpleza maravilla. Por eso habla:
     aunque no comprenda, aunque no recuerde”
Y él: “No quiero repasar
     mis pensamientos y teorías que has olvidado.
     Estas cosas han cumplido su fin: déjalas en paz.
Y haz así contigo, y reza porque sean perdonadas
     por otros, justo como yo te rezo para que perdones
     lo bueno y lo malo. La fruta de la estación pasada se ha comido
y la bestia saciada pateará el cubo vacío.
     Porque las palabras del año pasado pertenecen a la lengua del año pasado
     y las palabras del año nuevo esperan otra voz.
Pero ahora el pasaje no presenta obstáculos
     para el espíritu agitado y peregrino
     entre dos mundos que se han vuelto muy parecidos entre sí,
por eso encuentro palabras que nunca pensé decir
     en calles que nunca pensé volvería a visitar,
     cuando dejé mi cuerpo en una orilla distante.
Porque nuestra preocupación fue la palabra, y la palabra nos indujo
     a purificar el dialecto de la tribu
     y a apremiar la mente a prever y revisar,
déjame develar los obsequios escondidos hace tiempo
     para coronar el esfuerzo de tu vida.
     Primero, la fricción helada del sentido caduco;
sin encantamiento, sin prometer nada
     salvo la amarga insipidez de un fruto umbrío,
     mientras el cuerpo y el alma comienzan a caer pedazo a pedazo.
Después, la consciente impotencia de rabia
     por la locura humana, y la laceración
     de la risa, ante lo cual deja de divertirnos.
Y al último, la pena desgarradora de recrear
     todo lo que has hecho, y sido; la vergüenza
     de motivos revelados muy tarde, y la conciencia
de haber hecho cosas malas para dañar a los otros,
     y que una vez tomaste como ejercicio virtuoso.
     Así la aprobación de los tontos molesta, y el honor se mancha.
De error en error el exasperado espíritu
     procede, a menos que sea restaurado por ese fuego purificador
     donde debes moverte con mesura, como un danzante.”
El día estaba naciendo. En la calle desfigurada
     me abandonó, con una suerte de despedida,
     desvaneciéndose en medio del bramido de un corno.


III

Hay tres condiciones que siempre se parecen;
aun cuando difieren completamente, florecen en el mismo seto:
apego por uno mismo y por las cosas y las personas, desapego
por uno mismo y por las cosas y las personas; y, creciendo entre ellas, indiferencia
que se parece a los otros como la muerte se parece a la vida,
estando entre dos vidas — sin florecer, en medio
de la ortiga viva y la muerta. Para esto se usa la memoria:
liberación — no menos que amor sino la expansión
del amor más allá del deseo, y así liberación
del futuro como del pasado. Por eso, el amor de un país
comienza como apego a nuestro propio campo de batalla
y encuentra batallas de poca importancia
aunque nunca indiferentes. La historia puede ser esclavitud,
la historia puede ser libertad. Mira, ahora se desvanecen
las caras y lugares, con el ser que, mientras pudo, los amó,
para volverse nuevo, transfigurado en un nuevo orden.

El pecado es necesario, pero
todo será bueno, y
todo el curso de las cosas será bueno.
Si pienso, de nuevo, en este lugar,
y en la gente, no completamente admirable,
sin consanguinidad ni amabilidad,
pero de un peculiar genio,
todos tocados por un mismo genio,
unidos en los conflictos que los dividieron;

si pienso en un rey al caer la noche,
en tres hombres, y más, en el cadalso,
y unos pocos que murieron olvidados
en otros lugares, aquí y en tierras lejanas,
y en uno que murió ciego y callado,
¿por qué debemos celebrar
a estos muertos más que a los moribundos?
No se trata de tañer una campana al revés,
ni de proferir un encantamiento
para convocar el espectro de una Rosa.
No podemos revivir viejas facciones,
no podemos restaurar viejas políticas
o seguir un antiguo tambor.
Estos hombres, y aquellos que los confrontaron,
y esos a los que ellos mismos se opusieron,
aceptan todos la constitución del silencio
y se pliegan en un mismo frente.
Lo que nos legaron los afortunados
lo hemos tomado de los desventurados;
lo que nos dejaron fue un símbolo:
un símbolo perfeccionado en la muerte.
Y todo será bueno y
todas las cosas serán buenas
por la purificación del motivo
en el suelo de nuestra súplica.


IV

Rompe el aire la paloma y baja
con una flama de incandescente terror
y lenguas que proclaman
el único remedio del pecado y el error.
La única desesperación, o aun esperanza
     reposa en elegir entre pira y pira—
     para que el fuego del fuego nos redima.

¿Quién entonces sino Amor planeó la tormenta?
Amor es el nombre ciego
detrás de las manos que tejieron con ardor
la intolerable túnica de fuego
que no puede arrancar ningún humano valor.
      Sólo suspiramos, sólo vivimos
      por fuego o fuego consumidos.


V

Lo que llamamos principio es siempre el final
y forjar un final es forjar un principio.
El final es nuestro punto de partida. Y cada frase
y oración que es correcta (donde cada palabra se adecua a su lugar,
tomando su lugar para apoyar a las otras,
la palabra que no es humilde ni ostentosa,
un fácil trueque de lo viejo y lo nuevo,
la palabra común y exacta sin vulgaridad,
la palabra formal, precisa mas no pedante,
el consorcio entero bailando a un mismo tiempo)
cada frase y cada oración es un final y un comienzo,
cada poema, un epitafio. Y cualquier acción
es un paso inútil, hacia el fuego, sumergido en la garganta del océano
o condenado a una piedra ilegible: y es allí donde comenzamos.
Morimos con los moribundos:
mira cómo se van y partimos con ellos.
Nacemos con los muertos:
mira cómo vuelven, y nos arrastran tras sí.
La edad de la rosa y la del tejo
duran lo mismo. Un pueblo sin historia
no se redime del tiempo, pues la historia es un patrón
de momentos atemporales. Por eso, mientras la luz falla
en una tarde de invierno, en una capilla ermitaña,
la historia vive, es ahora y es Inglaterra.

Con el encanto de este Amor y la voz de esta Llamada

no cesaremos de explorar,
y el fin de toda nuestra exploración
será llegar adonde empezamos
y conocer ese lugar por primera vez.

A través de la reja desconocida, olvidada,
donde el último atisbo de tierra sin descubrir
es aquel que fue el principio;
en el comienzo del río más largo,
la voz de la cascada escondida
y de los niños en el manzano
ignoto por no haber sido buscado,
pero escuchado, a medias, en la quietud
que vive entre dos olas del mar.
Rápido ahora, aquí, ahora, siempre—
una condición de completa simplicidad
(costando no menos que todo)
y todo será bueno y
todas las cosas serán buenas
cuando las lenguas ígneas se entrelacen
en el nudo coronado por la lumbre,
y el fuego y la rosa sean uno.

[1942] 

T. S. Eliot (St. Louis, Estados Unidos, 1888-Londres, 1965), Punto de Partida n° 151, septiembre-octubre de 2008, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)
Versión de Rodrigo Círigo Jiménez, 

N. del T.:
Little Gidding: Villa inglesa del antiguo condado de Huntingdonshire, donde se estableció en 1626 una comunidad religiosa, y que fue visitada por T. S. Eliot en 1936.

Para el texto completo online de Four Quartets, ver David Gorman


Foto: T. S. Eliot por lady Ottoline Morrell, 1923 Wikimedia Commons

sábado, octubre 03, 2020

Jaime Sáenz / De "Recorrer esta distancia"





















XI

   Una distancia recorrida, una ciudad deshabitada. En una 
ciudad perdida,
   una ciudad habitada - nunca hubo tiempo.
   El reflejo de la lluvia, una lluvia.
   Un saludo, una seña - te saludan y se van.
   Una música escuchada, un olvido - un olvido y no sé qué,
   un trance de inconsciencia,
   un olor,
   una mirada
   - qué recuerdo no se hunde, qué recuerdo no refluye.
   Y eso es todo.
   Nada ni nadie se queda; es uno mismo.
   Todo se queda con uno, y nada se queda
   - la substancia, la tierra. Lo que no se toca, lo que se toca,
   lo que no hay,
   todo es y se queda,
   Lo que ha sido, lo que es, lo que ha de ser, no hay tiempo
   - no hay nada - todo es.


                 No te duelas
                 - no te duelas nada.
                Nunca hubo un tiempo; nunca ha sido nada; el
      humano todo lo tiene
                 - cosa grave es la esperanza.
                 Decir adiós y volverse adiós,
                 es lo que cabe.

[1973]

Jaime Sáenz (La Paz, 1921-1986), "Recorrer esta distancia", Recorrer esta distancia. Bruckner. Las tinieblas, Carlos Cociña ed., Ediciones Intemperie, Santiago de Chile, 1996

Otra Iglesia Es Imposible - Jaime Sáenz - Ediciones IntemperieBuenos Aires Poetry - Ginebra MagnoliaBolivia Com - Poemas del Alma - Inmediaciones - Eterna Cadencia - El Boomerang - Plaza Catorce - Dos Disparos -Correo del Sur - Poetry Society of America

Foto: Jaime Sáenz

viernes, octubre 02, 2020

Velimir Jlébnikov / La gente, cuando ama




















La gente, cuando ama,
Inventa extensas miradas
Y emite largos suspiros.

Las fieras, cuando aman,
Se les empañan los ojos
Y del lamento hacen un freno.

Las estrellas, cuando aman,
Cubren las noches con su tejido
Y danzan majestuosas a sus amigos.

Los dioses, cuando aman,
Hacen el estrépito del universo
Y como Pushkin arden de amor por la doncella
                         De Wolkonsky.

1911

Velimir Jlébnikov (Malye Derbety, Rusia, 1885-Santalovo, Rusia, 1922), Letras Libres, México, 31 de octubre de 2000
Versión de Jorge Bustamante García


Foto: Pushkino

jueves, octubre 01, 2020

Andrea Zanzotto / De "Hipersoneto"


















(ILL)   (ILL)

Nada de cuanto subsiste
y se declara     en disparos     en gritos     en roces
           apenas más allá de los bambúes sensibles
                que se encogen de hombros ante todo -
nada de esto nos pertenece, nada del presente
ni del futuro sino la hendidura
           en el terso corte cristalino que sólo tu ojo
           ya fósil
                 consigue encuadrar
                 produce en lo compacto
                    en la monomanía
                    de la vida de la poesía y compañía

Ojo sin remedio,     del cual no hay remedio,
ojo sin regreso,     al cual todo regresa,
        cuenca como honguera     arrasada pero monstruo de
                                                 /fertilidad
Silogismo encogido     huevecillo torneado
al alcance del pie       y pateado -
y seguro mañana enganchado en la piedra
por el martillo del niño terrible
Diminuto bip bip, anteojo y lente que fulgura
pobremente en quién sabe qué prado o calvero,
nada sabremos de aquello que por azar nos dieron
o quitaron, si no nos reducimos 
a ti, a tu desmañada, humilde risa

                        (ojo perdido por una rebaba,
                         trabajando en el torno)

Andrea Zanzotto (Pieve di Soligo, Italia, 1921-Conegliano, Italia, 2011), "El Galateo en el bosque", 1978, Del paisaje al idioma. Antología poética, Universidad Iberoamericana /Revista Artes de México, México, 1996
Traducción de Ernesto Hernández Busto