miércoles, enero 30, 2019

Cesare Pavese / La mujer del barquero


























Alguna vez, en el tibio sueño del alba,
sola en el sueño, le sucede que ha desposado una mujer.

Se despega del cuerpo materno una mujer
magra y blanca que baja la pequeña cabeza
en el cuarto. En el frío resplandor la mujer
no espera la mañana, trabaja. Se mueve
silenciosa: entre mujeres no hacen falta palabras.

Mientras duerme, la mujer sabe de la barca sobre el río
y la lluvia que humea sobre la espalda del hombre.
Pero la pequeña esposa, rápida, cierra la puerta
y se apoya y pone la mirada en sus ojos.
La ventana tintinea por la lluvia que arrecia
y la mujer acostada, que mastica despacio,
tiende un plato. La pequeña esposa lo vuelve a llenar
y se sienta sobre la cama y comienza a comer.

Come de prisa la pequeña esposa furtiva,
bajo los ojos maternos, como si fuese una niña,
y resiste la mano que le busca la nuca.
Corre en un instante a la puerta y la abre: las barcas
están todas atracadas en el madero. Regresa
con pies descalzos a la cama y se abrazan ágiles.

Son gélidos y delgados los labios que arrima,
pero difunde por el cuerpo un profundo calor
tormentoso. La pequeña esposa ahora duerme,
tendida al lado de su cuerpo materno. Es sutilmente
áspera, como un muchacho, pero duerme como mujer.
No sabría llevar una barca en la lluvia.

Afuera arrecia la lluvia en la luz indecisa
de la puerta entreabierta. Entra un poco de viento
en la habitación desierta. Si se abriese la puerta,
entraría también el hombre, que ha visto algo.
No diría palabra: sacudiría la cabeza,
con mirada burlona a la mujer frustrada.    

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Trabajar cansa. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, Griselda García Editora, Del Dock, Cartografías, Buenos Aires, 2018
Versión de Jorge Aulicino

Ref.:
Op. Cit.
La Nación
Página 12
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