sábado, abril 08, 2023

Cesare Pavese / De "Poemas inéditos"




Mujeres perdidas

Tienen razón en tratarlas así.
Y es mejor que compadecerlas
con el corazón y después gozarlas en la cama.
“Es una necesidad más fuerte que la vida entera”,
digan, más bien, “y estamos condenados a ese paso;
pero si mi chica hiciese ese trabajo,
me ahogaría de rabia o sabría vengarme”.

Siempre compadecerse fue tiempo perdido,
la existencia es tremenda y no cambia,
mejor apretar los dientes y callar.

                                                  Un atardecer
viajaba en un tren en el que iba una chica,
sobria en el vestir, pintada, la cara muy seria.
Afuera, las luces un poco pálidas y el verde un poco gris
borraban el mundo. Estábamos solos
en el vagón de tercera la mujer y el muchacho.
No sabía en ese tiempo empezar un discurso
y lloraba al pensar en las mujeres. Así que
hice todo el viaje mirando nervioso y la desconocida 
me miró una que otra vez y fumaba. No dije,
no pensé nada, es cierto, pero llevo en la sangre
aquella mirada directa, aquella sonrisa de un instante
de quien ha trabajado bien y ha tomado la vida
como se debe, en silencio.

                                          Un amigo, de aquellos
que tienen en la mente palabras, querría salvar
a una mujer, enjugarle las lágrimas y alegrarla.
“No, es una necesidad más fuerte que la vida entera.
Y nosotros somos condenados cuya única fuerza
es un alma dura que no sirve de nada”.
Podrán salvar a miles de mujeres,
pero las muchas que vi fumar y mirar
con cara desdeñosa o sonreír cansadas
-mis buenas compañeras- estarán siempre vivas
para sufrir en silencio y pagar por todos.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, Italia, 1908-Turín, Italia, 1950)
Versión de Jorge Aulicino

Poemas inéditos*
,
Barnacle,
Buenos Aires, 2023










* Reúne los poemas inéditos que Italo Calvino compiló y publicó doce años después de la muerte de Pavese. La mayor parte de ellos están dentro del clima, el paisaje y los motivos de Trabajar cansa, y comparten métrica y fraseo con los poemas publicados. Calvino los intercaló en esa obra, primer y único libro de poesía que Pavese publicó en vida en 1936 y 1943, la segunda vez con poemas que habían sido censurados en la primera edición (N. del Ad.).


Foto: Fondazione Cesare Pavese


Donne perdute 

Hanno proprio ragione a trattarle così. 
E certo è meglio che compassionarle 
col cuore e poi godersele nel letto. 
“E un bisogno più forte di tutta la vita” 
di’ piuttosto “e siam tutti dannati a quel passo; 
ma se mai la ragazza mi facesse il mestiere, 
soffocherei di rabbia o saprei vendicarmi”. 

Sempre compassionare fu tempo perduto, 
l’esistenza è tremenda e non muta per questo, 
meglio stringere i denti e tacere. 

                                   Una sera 
ho viaggiato su un treno che c’era una donna, 
vesti sobrie, dipinta, serissima in faccia. 
Fuori i lumi un po’ pallidi e il verde un po’ grigio 
cancellavano il mondo. Eravamo isolati 
nel vagone -una terza- la donna ed io giovane. 
Non sapevo a quei tempi attaccare discorso 
e piangevo pensando alle donne. Cosi 
feci il viaggio osservando nervoso e quell’altra 
mi guardò qualche volta e fumava. Non dissi, 
non pensai certo nulla, ma ancora ho nel sangue 
quello sguardo diretto, quel riso di un attimo 
di chi ha ben lavorato ed ha preso la vita 
come occorre, in silenzio. 

                                  Un amico, di quelli 
che hanno in mente parole, vorrebbe salvare 
una donna e asciugarle le lacrime e darle le gioie.
“No, è un bisogno più forte di tutta la vita. 
E noi, siamo dannati che han l’unica forza 
in un’anima dura, che non serve a nulla”.
Le potete salvare a migliaia le donne 
ma le tante che ho visto fumare e guardare 
colla faccia sdegnosa o sorridere stanche 
-le mie buone compagne- saran sempre vive 
a soffrire in silenzio e pagare per tutti.

viernes, abril 07, 2023

Alberto Pipino / De "Riverside Drive"




Convent Ave. y la 144 

En la calle de la iglesia Bautista 
del Tabernáculo Mayor 
el viento barre la hojarasca, anuncia 
la vuelta del amor 
                 de mi vida, 
el gozo canta en mi núcleo y 
el órgano suelta su música laica.

Dobla en la esquina y aparece 
con la tez oliva y el cabello ceniza, 
podría ser 
          Norma Bessouet 
después de su muerte en 2018. 

Con las piernas juntas y las manos 
en los bolsillos cuajo el deseo 
para que no crea que disfruto del 
baile de San Vito, 
                 en versión propia.

Hábil para no dar el brazo a torcer 
golpea con la vista, 
                  un soplo mide 
el límite y pone pasión al ajustar los 
lazos en mi camisa 
de fuerza

Exhausto apoyo la cara en la luneta 
trasera de la ambulancia,
clavo un alfiler de luz en el instinto 
y tengo miedo.

Enchalecado, con la punta 
de la lengua en el vidrio 
empañado 
        trazo un arbusto 
en un valle entre montañas 
bañadas de neblina.

En tanto, el amor de mi vida susurra:
“-Viejo, calma, la lucidez 
es lo peor que 
           puede suceder”.

Alberto Pipino (Buenos Aires, 1942)

Riverside Drive
,
Barnacle,
Buenos Aires, 2023










Foto: Gentileza del autor

jueves, abril 06, 2023

Miguel Espejo / Sinestesia

                 
                 

                      in memoriam Jean-Louis Trintignant

la vida, verdaderamente la vida,
puede apagarse entre poemas

así me lo reveló con infrecuente humildad
ese actor más infrecuente todavía, que prefirió retirarse
después de numerosos triunfos
al modesto escenario de la declamación

allí lo vi
          hierático
                   casi ciego
mientras escuchaba su todavía fascinante voz de noventa años
modelando cada verso amado con idéntica pasión
con la que un eximio guitarrista acaricia las cuerdas
o algún otro recorre el cuerpo que lo transporta a la plenitud

allí supe que la poesía sólo había muerto a medias
buceando entre silencios y secretos inencontrables
y que aún ahora se debate entre aleteos de resurrección

él tenía a su lado
                  permanentemente
                                          a la hija ausente
asesinada por celos o por pura violencia
entre bocanadas de hachís o inyecciones de heroína
furia de posesión o dominación ¿qué más da?
un rockero embebido de justicia militar

tal vez este padre herido sólo nos decía con tristeza:
juntos hemos bajado un millón de escaleras
y ahora que no estás cada escalón es un vacío

no cometeré la insensatez de intentar reproducir
las suaves palabras que él lanzaba a su extasiado público
sus poemas adorados de Rimbaud, Baudelaire o Boris Vian
con la plegaria inútil de no sucumbir ante la muerte
je voudrais pas crever
mujeres y hombres reverentes que eran capaces de escuchar
también el aullido del horror
y las múltiples voces
                    que se van desvaneciendo
                                                paulatinamente
a medida que nuestro propio cuerpo                                          
deja apenas una estela incierta
en el implacable camino hacia el fin

un poeta absorbe todo lo que experimenta
pero sólo un genio sabe destilarlo
había precisado Peter Brook
quien lo siguió en el cortejo
apenas unos pocos días después
para completar el círculo de una época

a ese deslumbrante director
yo lo había comenzado a admirar a mis dieciocho años
en el Cine Club Sombras de la lejana Córdoba
por su Señor de las Moscas y las religiones encubiertas
sólo para que tras medio siglo y una distancia transatlántica
me enseñara la forma que tomaba en mí la sinestesia

allá, en una sala de Les bouffes du Nord,
pude comprender a través de su pieza de teatro
que mi vida había ocurrido siempre en la confusión
pero yo, en lugar de ver otros colores, percibir sonidos o gustos
supe multiplicar cifras
con la descontrolada obsesión de un matemático
contar días horas minutos y segundos
sin que pudiera adivinar para qué servía esa tarea absurda
de intentar dibujar una balbuciente línea de tiempo

¿acaso quise precisar dónde se encuentra la cinta de llegada
en la carrera donde todos somos triunfadores
especialmente aquellos que aguardamos ante las puertas de la ley?

                                                                              París, julio 2022

Miguel Espejo (Ledesma, Argentina, 1948), Palabras de Poeta n° 14, Córdoba, Argentina, noviembre 2022


miércoles, abril 05, 2023

Bertolt Brecht / Dos poemas



Lo que queda de los viejos tiempos 

La luna, por ejemplo, todavía asoma 
por las noches encima de los edificios nuevos
(de todos los objetos de cobre 
ella es el más inservible). Ya 
las madres cuentan historias de unos animales 
que tiraban de los carros, llamados caballos, 
que por supuesto no figuran con su nombre 
en las comunicaciones intercontinentales: 
las grandes antenas nuevas 
ya no transmiten noticias 
de los viejos tiempos.  


Las pipas de fumar

Al salir corriendo para la frontera, dejé los libros 
en manos de mis amigos y renuncié a la poesía 
pero me traje las pipas, vulnerando 
la regla básica del refugiado: ¡No guardes nada! 

Los libros no dicen mucho al que ahora 
espera a esa gentuza que ya se acerca a capturarlo. 
La petaca y las viejas pipas 
pueden hacer más por él.

Bertolt Brecht (Augsburgo, Alemania, 1898 - Berlín, Alemania, 1956), Poemas del lugar y la circunstancia, Pre-Textos, Valencia, 2003
Selección y traducción de José Muñoz Millanes
Envío de Jonio González


Foto: Bertolt Brecht durante una reunión del Consejo Mundial de la Paz, Berlín Oriental, 1954 Ullstein Bild / Getty Images

martes, abril 04, 2023

Fray Luis de León / Vida retirada




¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal rüido,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!
    Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio moro, en jaspes sustentado.
    No cura si la Fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.
    ¿Qué presta a mi contento,
si soy del vano dedo señalado;
si en busca deste viento
ando desalentado
con ansias vivas, con mortal cuidado?
    ¡Oh monte, oh fuente, oh río!
¡Oh, secreto seguro, deleitoso!
Roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso.
    Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza o el dinero.
    Despiértenme las aves
con su cantar sabroso, no aprendido;
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio está atenido.
    Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.
    Del monte en la ladera
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera,
de bella flor cubierto,
ya muestra en esperanza el fruto cierto.
    Y como codiciosa
por ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.
    Y luego, sosegada,
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo
y con diversas flores va esparciendo.
    El aire el huerto orea
y ofrece mil olores al sentido,
los árboles menea
con un manso rüido,
que del oro y del cetro pone olvido.
    Ténganse su tesoro
los que de un flaco leño se confían;
no es mío ver el lloro
de los que desconfían
cuando el cierzo y el ábrego porfían.
    La combatida antena
cruje, y en ciega noche el claro día
se torna; al cielo suena
confusa vocería,
y la mar enriquecen a porfía.
    A mí una pobrecilla
mesa, de amable paz bien abastada
me baste; y la vajilla
de fino oro labrada
sea de quien la mar no teme airada.
    Y mientras miserable-
mente se están los otros abrasando
con sed insacïable
del no durable mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.
    A la sombra tendido,
de yedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado.

Fray Luis de León (Belmonte, Cuenca, España, 1527 - Madrigal de las Altas Torres, Ávila, España, 1591), Poesías, Javier San José Lera, editor literario. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Alicante, 2008


Ilustración: Fray Luis de León en El libro de los retratos de varones ilustres y memorables, de Francisco Pacheco, 1599 Real Academia de la Historia

lunes, abril 03, 2023

Raquel Jaduszliwer / De "Los diagramas radiantes", 2




Y a pesar de todo lo que ya sabíamos
acerca del tiempo circular en nuestras vidas,
y así como hay un tiempo en redondo
y el rostro de los pájaros
no refleja otra cosa que una repetición,
asombrados decimos:
aquí yo estuve un día
-y el canto que escuchamos
es una repetición,
nos sorprende y anuncia:
otra vez se escuchó una campana.
Yo escuché esa campana.
Escuché esa campana; cantaba y se rompía,
cantaba y se rompía
porque esa era la luz del tiempo, 
cada vez
el último de los inicios.



Sí, más y más luz para la hora
que avanza hacia esta otra,
el tiempo de la flecha justo a término,
justo sobre el final. 

Este es el tiempo, 
se arroja hacia adelante
como el pueblo elegido cuando lo guía la fe.

Hay tanta sencillez en las últimas cosas,
en la menor distancia
que ruge entre dos puntos
-esta es la trayectoria:
imposible perderse,
aunque quisieras no podrías.

Raquel Jaduszliwer (San Fernando, Argentina, 1946), Los diagramas radiantes, Barnacle, Buenos Aires, 2022

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domingo, abril 02, 2023

Cesare Pavese / Placeres nocturnos



También nosotros nos paramos a sentir la noche
en el instante en que viento está más desnudo:
las avenidas están frías de viento, todo olor ha cesado;
las narices se levantan hacia las luces oscilantes.

Tenemos todos una casa que espera en la oscuridad
a que regresemos: una mujer que espera en la oscuridad,
tendida en el sueño: el cuarto está caliente de olores.
No sabe nada del viento la mujer que duerme
y respira; la tibieza del cuerpo de ella
es la misma de la sangre que murmura en nosotros.

Este viento que nos lava llega desde el fondo
de las avenidas abiertas de par en par en la oscuridad;
las luces oscilantes y nuestras narices contraídas
se debaten desnudos. Cada olor es un recuerdo.
De lejos, de la oscuridad, salió este viento
que se abate sobre la ciudad: de abajo, de prados y colinas,
donde solo hay una hierba que el sol ha calentado
y una tierra ennegrecida de humores. Nuestro recuerdo
es un áspero olor, la poca dulzura
de la tierra desventrada que exhala en invierno
el aliento del fondo. Se ha apagado cada olor
en la oscuridad, y a la ciudad no nos llega más que el viento.

Volveremos esta noche a la mujer que duerme,
con los dedos helados a buscar su cuerpo,
y un calor nos sacudirá la sangre, un calor de tierra
ennegrecida de humores: un aliento de vida.
También ella se calentó en el sol y ahora descubre
en su desnudez su vida más dulce,
que de día desaparece, y tiene sabor de tierra.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, Italia, 1908-Turín, Italia, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Trabajar cansa. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, Griselda García Editora, Del Dock, Cartografías, Buenos Aires, 2018
Versión de Jorge Aulicino


Piaceri notturni

Anche noi ci fermiamo a sentire la notte
nell'istante che il vento è più nudo: le vie
sono fredde di vento, ogni odore è caduto;
le narici si levano verso le luci oscillanti.

Abbiam tutti una casa che attende nel buio
che torniamo: una donna ci attende nel buio
stesa al sonno: la camera è calda di odori.
Non sa nulla del vento la donna che dorme
e respira; il tepore del corpo di lei
è lo stesso del sangue che mormora in noi.

Questo vento ci lava, che giunge dal fondo
delle vie spalancate nel buio; le luci
oscillanti e le nostre narici contratte
si dibattono nude. Ogni odore è un ricordo.
Da lontano nel buio sbucò questo vento
che s'abbatte in città: giù per prati e colline,
dove pure c'è un'erba che il sole ha scaldato
e una terra sventrata che esala all'inverno
il respiro del fondo. Si è spento ogni odore
lungo il buio, e in città non ci giunge che il vento.

Torneremo stanotte alla donna che dorme,
con le dita gelate a cercare il suo corpo,
e un calore ci scuoterà il sangue, un calore di terra
annerita di umori: un respiro di vita.
Anche lei si è scaldata nel sole e ora scopre
nella sua nudità la sua vita più dolce,
che nel giorno scompare, e ha sapore di terra.


Poesie, Mondadori, 1969

sábado, abril 01, 2023

Fatos Arapi / Tres poemas



En los hombros de mi tiempo

En los hombros de mi tiempo
apoyé la cabeza.
No dormí. No me adormecí,
al igual que sobre el hombro de Ella,
me perdí en mis pensamientos.


Vida

La vida es una estación de ferrocarril
de partidas y encuentros,
llevamos en las manos nuestro inseparable equipaje,
una maleta pequeña
llena de esfuerzo, furia y recuerdos.


Mañana de otoño

El otoño ha derramado sus colores en mi alma.

Los colores de mi alma
los he decantado
en los días venideros.

Esta mañana, las lluvias de otoño
han bañado los cielos,
esta mañana
he refrescado mi alma con las lluvias del tiempo.

Fatos Arapi (Zvërnec, Albania, 1930 - Tirana, 2018), A Elusive Eagle Soars: Anthology of Modern Albanian Poetry, Forest Books, Londres, 1993
Traducción del albanés al inglés, Robert Elsie
Traducción del inglés, Jonio González


Foto: Fatos Arapi, 2004 Qerim Vrioni/Gazeta Si


ON THE SHOULDERS OF MY TIMES

On the shoulders of my times
I rested my head.
I did not sleep. I did not doze.
On the shoulders of my times,
As on Her shoulder
I was lost in thought. 


LIFE

Life is a railway station of partings and meetings.
We are constant travellers,
Holding in our hands our inseparable baggage,
A little suitcase
Of struggles, onslaughts and memories.


AUTUMN MORNING

Autumn has poured its colours into my soul.
The colours of my soul
             I have decanted
Into the coming days.
This morning, the skies were bathed by the autumn rains,
This morning
I refreshed my soul in the rains of time.

viernes, marzo 31, 2023

Blanca Varela / De "Las cosas que digo son ciertas"




Las cosas que digo son ciertas

Un astro estalla en una pequeña plaza y un pájaro pierde los ojos y cae. Alrededor de él los
hombres lloran y ven llegar la nueva estación. El río corre y arrastra entre sus fríos y
confusos brazos la oscura materia acumulada por años y años detrás de las ventanas.

Un caballo muere y su alma vuela al cielo sonriendo con sus grandes dientes de madera
manchada por el rocío. Más tarde, entre los ángeles, le crecerán negras y sedosas alas con
que espantar a las moscas.

Todo es perfecto. Estar encerrado en un pequeño cuarto de hotel, estar herido, tirado e
impotente, mientras afuera cae la lluvia dulce, inesperada.

¿Qué es lo que llega, lo que se precipita desde arriba y llena de sangre las hojas y de dorados
escombros las calles?

Sé que estoy enfermo de un pesado mal, lleno de un agua amarga, de una inclemente fiebre
que silba y espanta a quien la escucha. Mis amigos me dejaron, mi loro ha muerto ya, y no
puedo evitar que las gentes y los animales huyan al mirar el terrible y negro resplandor que
deja mi paso en las calles.

He de almorzar solo siempre. Es terrible.


El paseo

Vamos, la luz cambia,
la luz y el viento nos esperan creciendo.
Es hacia la noche donde vamos,
al frescor de la sombra continua,
a beber de los frutos vivos
que penden de ramas increíbles.

Ahora hay tal certeza
de que un pie sigue al otro
y el sol y la luna hacen el día juntos
y el reposo no es terrible.

No es éste el lazo
ni tú eres hoy la presa pequeña.


Alba

Al despertar
me sorprendió la imagen que perdí ayer.
El mismo árbol en la mañana
y en la acequia
el pájaro que bebe
todo el oro del día.

Estamos vivos,
quién lo duda,
el laurel, el ave, el agua
y yo,
que miro y tengo sed.

Blanca Varela (Lima, 1926-2009)

Las cosas que digo son ciertas.
Poesía completa 1949-2000,
Gog y Magog
y Caleta Olivia,
Buenos Aires, 2023









jueves, marzo 30, 2023

Benjamín Chávez / De "Para alguna vez cuando oscurece"




Hojeando un Atlas

Herodoto dice que vio tablillas de cobre
de lejos (porque los fenicios no quisieron enseñárselas) 
donde estaban todos los mares y todos los ríos.
Colecciones de mapas que
buscan el equilibrio de las esferas
-celeste y terrena-
y el tacto que se deleita en desplegarlos.

Cada uno es, se sabe
una urdimbre para transitar
prueba acometida en la labor lectio
el trazo de fuego robado en el Caúcaso.
Un sitio que se cree seguro desde fuera
pero asemeja -ya dentro 
un descampado en tierra casi enemiga.

Las certezas -un eterna búsqueda
de lupas y compases
a la luz de la lámpara junto al sillón
lomos (del viejo atlas o del gato) largamente acariciados
navegación en noches que amenazan tormenta
o todo el impulso traducido
en los pelos del animal
desparramados por la alfombra.
Formas misteriosas del habla del mundo
oscurecidas o iluminadas a mano.


“Puede decirse que la geografía ha preparado el terreno tanto para la gloria como para la felicidad y la comodidad de la vida humana. Si los reinos no estuvieran separados por ríos, cordilleras, estrechos, istmos o por el mar, ¿cómo tendrían final las guerras y fronteras los imperios? El príncipe que trata de llegar hasta las fronteras de su reino marcadas por los geógrafos, en lugar de las señaladas por su propia ambición –que suele ser lo habitual–, pone a prueba la última.” (Joan Blaeu, Atlas Maior, Ámsterdam, 1665).


Visión invernal en Dorpat

                                                                  A Jüri Talvet

He pasado la noche con la televisión sin volumen. 
Escucho el Da Pacem de Arvo Pärt. 
Miro la niebla del amanecer por la ventana y 
me quedo unos minutos en blanco. Al rato 
pasa chillando un ave que no alcanzo a reconocer. 
Las nubes finalizan y recomienzan 
su incansable labor gestáltica. Recuerdo  
una fotografía con un paisaje de playa rocosa: 
Dollarton, Columbia Británica. 
Allí vivió Lowry con Margerie Bonner su segunda esposa 
quien después de la muerte del escritor publicaría 
Selected poems of Malcom Lowry 
donde está el poema ‘Without the nighted wyvern’ 
(Sin el dragón nocturno) 
cuyo noveno verso, en traducción de Rafael Vargas dice: 
opúsculos sobre un país realmente mejor 
y luego: donde el hombre/ pueda beber, ah, un vino superior, 
no destilado/ que intoxique sutilmente sin dolor.

Ayer, en un pub muy animado
donde rubias meseras -jóvenes que hacen trabajos de medio tiempo
nos traían cervezas, canastitas con papas cocidas y mostaza rusa
conversé largamente con mi amigo Jüri.
Sin saberlo, o sabiéndolo, como todo o casi todo de esta tierra
que para mí es misteriosa y fría
(bosque plagado de osos antes del amanecer)
pronunció una palabra que me hizo viajar en el tiempo: Livonia.

Pronto brillará un poco sol en esta ciudad que ahora llaman Tartu.
Hay un abeto frente a mi ventana 
la nieve impide ver su punto de apoyo.


En el primer capítulo de la novela de Julio Verne Un drama en Livonia, una escalera salva de los lobos al protagonista fugitivo. Malcom Lowry, en su poema ‘El Pasado’ compara una escalera con su conciencia: Seems my conscience. Salvación como posibilidad ante el pesimismo y la resignación del poema de Lowry: la escalera flota en el agua sin nada en que apoyarse. En Verne: La niebla impedía ver su punto de apoyo.


Meditación en el pueblo de Juli

Cuando las ruinas empezaron a ser ruinas
y sus rocas desparramadas por los campos
se desparramaron más
sólo unas cuantas torres contra horizontes nuevos
abandonadas en un
damero de planicies y colinas sembradas
-chullpas entre campos de papa y habas-
observan de lejos a los monjes silenciosos.
Ellos hacen ademanes finos con las manos
llaman a trasponer las puertas de los mundos
copian con pluma y tinta 
(una forma de la memoria) y abren nuevas rutas
del comercio entre las gentes.
Sopar cálamos en el tintero y respar superficies
es todo un destino 
distrae del viento de la puna
del negro cielo que oculta montañas blancas
y lo transcrito
habla de eso y de Dios y de los hombres
(cómo se entienden o se desentienden)
cosas que pronto habrán de probar
los frailes que prediquen llevando bajo el brazo
“algunas anotaciones para saberse aprovechar”
por las riberas del lago Titicaca 
mojándose en las aguas del siglo XVII.


Un joven recién ordenado sacerdote llega al colegio jesuita de Juli, a orillas del lago Titicaca, en 1615. Allí conoce a un cura 25 años mayor con quien sostiene conversaciones sobre “cosas de indios”. El viejo ha publicado su obra más importante hace cuatro años y está aquejado de varias enfermedades. El joven elaborará también una gran obra que culminará en 1653, pero no la verá publicada en vida. Ambos frailes conversan varias veces. El viejo tiene gota y guarda un poco de chicha en una vasija para su uso exclusivo, porque es sabido en estas tierras que esa bebida no afecta a tal dolencia. Rememora su viaje por el Mediterráneo donde casi naufraga, su viaje a Potosí y tantas otras cosas. El joven anota y recuerda. Él también conocerá Potosí, Cochabamba, La Paz... El viejo ha publicado el Vocabulario de la lengua aymara con algunas anotaciones para saberse aprovechar en la labor evangelizadora. El joven, escribirá la Historia del Nuevo Mundo. Son Ludovico Bertonio y Bernabé Cobo. Dos amigos.

Benjamín Chávez (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, 1971)

Para alguna vez cuando oscurece
,
Editorial La Mariposa Mundial
y Plural Ediciones
La Paz, 2022










Foto: Alma Tunante

miércoles, marzo 29, 2023

Gonzalo Millán / Dos poemas




Hago señas y signos pasajeros

En aquel mismo árbol fui a buscar
otro verano, el corazón ese, mal grabado
sobre una playa de corteza tersa
con la hoja viva y rota de un cuchillo.
La crecida del invierno y de la savia
había arrastrado nuestras letras,
flechas y dibujos infantiles,
hasta perderlos en el laberinto para siempre
tragados por el remolino de las ramas.


Eclipse

Y a veces pienso que después de tanto
y tanto aire, soplo y saliva malgastados
en el intento de apagar el sol,
como me dijeron,
estará solo la manta de la oscuridad,
ahogándome,
y nada más en torno a mi cabeza,
si lo apago.

Gonzalo Millán (Santiago de Chile, 1947-2006), El viajero sin vuelta, Universidad de Concepción, Concepción, 2020
Envío de Jonio González


martes, marzo 28, 2023

Mark Weiss / Elegías 32




me quedo solo   leo poco
elijo poco.

hombres tranquilos y limitados
de traje oscuro.

los chicos
se van de su casa           dejan a sus chicas
sus árboles
y los cerros oscuros que se elevan detrás de la casa.
¿qué otro lugar les será tan ajeno?

un bosque con grandes flores
grandes como un pomelo   y excesivas 
hasta la podredumbre
la borrachera. 

Mark Weiss (Nueva York, Estados Unidos, 1943-2023)
Traducción de Judith Filc

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lunes, marzo 27, 2023

Russell Edson / Tres poemas




La granja de hormigas

A pesar incluso de Colón, la tierra se hunde y vuelve a ser plana.
El cielo es una campana de vidrio donde un niño en una escala distinta contempla su colonia de hormigas.
Cuando el aburrido niño bosteza pasan doscientos años.
Un día nos hemos desplomado sobre el suelo del cuarto de juegos; el imprudente niño nos derriba con su camión de bomberos... Toda aquella suciedad cubriendo su cielo roto.
Tras ser barrida, la arrojan a un cubo de basura detrás del universo.


Contando ovejas

Un científico tiene una probeta llena de ovejas. Se pregunta si debería intentar encoger un prado para ellas.
Son como granos de arroz.
Se pregunta si es posible encoger algo hasta que deja de existir.
Se pregunta si las ovejas serán conscientes de su pequeñez, si tendrán algún sentido del tamaño. Quizá sencillamente piensen que la probeta es un establo de vidrio...
Se pregunta qué hacer con ellas; sin duda tienen menos carne y lana que las ovejas corrientes. ¿Ha bajado su valor comercial?
Se pregunta si podrían emplearse como un sustituto del arroz, una especie de arroz lanudo...
Se pregunta si no debería sencillamente machacarlas hasta convertirlas en una pasta roja.
Se pregunta si estarán reproduciéndose o si alguna de ellas habrá muerto.
Las coloca bajo un microscopio y se duerme contándolas...


El gato

Un viejo está vestido con lencería para divertir a su gato.  Dice, ¿Verdad minino que no sabías que tu papá era una dama?
Entonces recibe la visita de otro viejo, al que le dice, Probablemente te estés preguntando por qué llevo ropa interior de mujer. No, en absoluto, dice el otro viejo.
Seguramente tengas curiosidad, quizá incluso te dé un poco de asco el ver a un viejo jugueteando en ropa interior de seda como una gatita provocativa. 
Bueno, ahora que lo mencionas...
-Sí, hablemos claro.
En ese caso, ¿por qué demonios llevas ropa interior de mujer?
Para divertir a mi gato.
Para divertir a tu gato. ¿Por qué no lo has dicho antes? Eso lo explica todo. Por un momento pensé que te habías vuelto loco. A propósito, ¿dónde está el gato?
Yo no tengo ningún gato.

Russell Edson (Stamford, Connecticut, Estados Unidos, 1935-2014), "The Ant Farm" y "Counting Sheep", The Tunnel: Selected Poems 1964-1985, Oberlin College Press, 1994; "The Cat", en The Rooster's Wife, BOA Editions, Rochester, 2005
Versiones de Jonio González



THE ANT FARM

In spite even of Columbus the world collapses and goes flat again.
The sky is a bell jar where a child in another scale watches his ant farm.
When the bored child yawns two thousand years pass.
Someday we have crashed to the playroom floor; the careless child knocks us over with his fire truck… All that dirt lying in its broken sky.
Swept up, it is thrown into a garbage can at the back of the universe.


COUNTING SHEEP

A scientist has a test tube full of sheep. He wonders if he should try to shrink a pasture for them.
They are like grains of rice.
He wonders if it is possible to shrink something out of existence.
He wonders if the sheep are aware of their tininess, if they have any sense of scale. Perhaps they think the test tube is a glass barn…
He wonders what he should do with them; they certainly have less meat and wool than ordinary sheep. Has he reduced their commercial value?
He wonders if they could be used as a substitute for rice, a sort of woolly rice…
He wonders if he shouldn’t rub them into a red paste between his fingers.
He wonders if they are breeding, or if any of them have died.
He puts them under a microscope, and falls asleep counting them...


THE CAT

An old man is dressed in lingerie to amuse his cat. He says, You didn’t know your papa was a lady, did you, pussycat?
Then being visited by another old man he says to the other old man, You’re probably wondering why I’m wearing lingerie.
Not at all, says the other old man.
Surely you must be curious, perhaps even a little disgusted at seeing an old man romping about in silk undies like a sex kitten.
  Well now that you mention it. . . .
  —Yes, let’s put everything on the table.
  In that case, why in hell are you wearing women’s underwear?
  To amuse my cat.
  To amuse your cat. Why didn’t you say so, that explains everything. For a moment I thought you had lost your mind. Incidentally where is your cat?
  I don’t have a cat. ... 
---
Foto: Russell Edson y su esposa, Frances, a comienzos de los años sesenta Jim Kalett / University of Pennsylvania / Kicks Starter

domingo, marzo 26, 2023

Pablo Antonio Cuadra / Tres poemas



Pedro Urdemales

Pedro Urdemales, profesor
de aquella misteriosofía
mágica, dulce mentira
que hizo verdad tu boca de hablador.

¡Tus cuentos, Pedro Urdemales:
pantalón de prosa y camisa
de fantasía! ¡Refrán con sombrero
de palma! Fuiste burlero
metiéndote en berenjenales
y llenando de mentira y risa
los caminos de Chontales.

Con tu olor a monte y a sajino
-caminero, logrero, palabrero-
vendedor de cotonas y cususa
cruzaste las lomas
y los llanos. Terror
de los alcaravanes.
Ladino.
Inventor
de los cuentos de camino.
 

Por los caminos van los campesinos

De dos en dos,
de diez en diez,
de cien en cien,
de mil en mil,
descalzos van los campesinos
con la chamarra y el fusil.

De dos en dos los hijos han partido,
de cien en cien las madres han llorado,
de mil en mil los hombres han caído,
y hecho polvo ha quedado
su sueño en la chamarra, su vida en el fusil.

El rancho abandonado,
la milpa sola, el frijolar quemado.

El pájaro volando
sobre la espiga muda
y el corazón llorando
su lágrima desnuda.

De dos en dos,
de diez en diez,
de cien en cien,
de mil en mil,
descalzos van los campesinos
con la chamarra y el fusil.

De dos en dos,
de diez en diez,
de cien en cien,
de mil en mil,
¡por los caminos van los campesinos
a la guerra civil!
 
Canciones de pájaro y señora, 1929-31 y 1935


La noche es una mujer desconocida

Preguntó la muchacha al forastero:
-¿Por qué no pasas? En mi hogar
está encendido el fuego.

Contestó el peregrino: -Soy poeta,
sólo deseo conocer la noche.

Ella, entonces, echó cenizas sobre el fuego
y aproximó en la sombra su voz al forastero:
-¡Tócame! -dijo-. ¡Conocerás la noche!

El jaguar y la luna, 1958 -1959

Pablo Antonio Cuadra (Managua, 1912 - 2002), vía Poetas Famosos Nicaragüenses


Foto: Carátula

sábado, marzo 25, 2023

Andjelko Vuletic / Donde el destino está escrito




En una gota de lluvia está escrito
todo mi
destino:
          que hoy me pararé,
me levantaré,
y me lanzaré hacia el sol:
me reiré desde una nube,
cabalgaré vientos y tormentas,
y mañana me romperé
contra la acera.
Y se acabó: descanso.

Andjelko Vuletic (Trebimlja, Bosnia, 1933 - Zagreb, 2021), La última cena, Huerga & Fierro, Madrid, 2004
Traducción del croata de Francisco Javier Juez
Envío de Jonio González


viernes, marzo 24, 2023

Omar Alarcón / Dos poemas




Sin señal

Desde que soy un agujero negro dejé de encriptar mi vida
en los mensajes de texto.
En mis manos el silencio ya no es una llamada perdida
y en los buzones solo recibo gaviotas
que suelto inmediatamente entre los árboles.

Ahora entiendo por qué los recién nacidos
llegan a este mundo sin un nombre.
Solo un desconocido puede:
fundar un desierto,
reescribir una nube,
vaciar la lluvia.

¿Quién teje una red para atrapar el aire?
Tarde o temprano el celular volverá a clasificar
mis pasos en "verdadero" o "falso"
y cada clic revelará mi posición exacta en el tablero,
Volveré a ser un hombre eficiente y ubicable.
Habré olvidado la importancia de lo inútil,
la fortaleza de no servir para nada,
igual que el árbol torcido
del que no se puede sacar ni una tabla recta
y que permanece en la montaña
sin que nadie lo corte.


Antes del cero

Antes de las matemáticas, los pueblos de la Mesopotamia
representaban el infinito con un círculo
   --El círculo -decían- es el origen del tiempo.

Entre los mayas el cero podía ser:
el dibujo de un hombre con la cabeza al revés,
una flor, media flor, o un jagurar devorando la mañana.

Bajo un árbol, Siddharta Gautama supo que el vacío
era el lugar donde nacía la respiración.
El origen de Todo era la Nada.
Y la Nada podía ser un estornudo, la flor de loto, el
silencio, o su mirada.

Siglos más tarde el matemático indio Brahmagupta
dibujó por primera vez el cero como una serpiente infinita
mordiéndose la cola,
Ese dibujo es el que usamos todavía "0".

Los árabes lo trajeron a occidente
después que Al-Khwarizmi descubriera el álgebra
y pasara la humanidad entera por el ojo de una guja.

La invención del cero abrió un espiral entre los
números, una puerta giratoria cada cifra.
Los bits de las computadoras, los algoritmos, los chats,
el código de barras, las URL, los cracks, la mecánica
cuántica: son el bostezo de la serpiente infinita,
un carrusel girando en la nada.

Omar Alarcón (Sucre, Bolivia, 1986)

 
Antología del Festival Internacional 
de Poesía Bolivia 2022, 
Plural Editores, 
La Paz, 2022









jueves, marzo 23, 2023

Baldomero Fernández Moreno / Tres poemas




Versos a un montón de basuras

Canto a este montoncito de basuras
junto a esta vieja tapia de ladrillos,
avergonzado y triste en la tiña tundente
que ralea la hierba del terreno baldío.
Es un breve montón...
No puede ser muy grande con tan pobres vecinos.
Un trozo de puntilla, unas pajas de escoba,
un bote de sardinas, un mendrugo roído
y una peladura larga de naranja
que se desenrolla como un áureo rizo...

Es un breve montón...
No puede ser muy grande con tan pobres vecinos.

Una lata de restos de una cena opulenta
es más que un mes aquí de desperdicios...
Para tener de todo, hasta tienen miseria,
en mayor cantidad que los pobres, los ricos.


Una lectora

Hasta el tercio inferior del muslo blanco
ávidamente estíranse las medias.
Allí seis broches de metal las muerden,
de ordinario latón... Yo cincelara
seis viperinas cabezuelas de oro.

La cabeza hacia atrás, hínchase el cuello
corrido por las venas yugulares,
asoma la barbilla el borde apenas,
y el rostro no se ve, pues se lo tapa
con sus dos alas de color el libro.

Los levantados y desnudos brazos
dejan al descubierto las axilas,
        negras, rizadas, hondas,
        más que sexos impúdicas.

[1910-1923]


Camarada

Y resultó, camarada,
que no era corta la vida,
que erramos en su medida
a la primera ojeada,
La vida es asoleada,
con pampas de latitud,
y sobraba juventud 
para, a través de los años,
impedirse de rebaños
o de gloria o de virtud.

[1924-1937]

Baldomero Fernández Moreno (Buenos Aires, 1866-1950), Las cien mejores poesías de Fernández Moreno*, selección y prólogo de César Fernández Moreno, Editorial Universitaria de Buenos Aires (Eudeba), Buenos Aires, 1961

* César Fernández Moreno divide esta antología de la obra de su padre en tres etapas cronológicas: a la primera, desde 1910 a 1923, llama sencillista; a la segunda, hasta 1937, formal; a la última, hasta la muerte de Baldomero, sustancial. (N. del Ad.)


Imagen: Baldomero Fernández Moreno por Demetrio Urruchúa, dibujo para el mural de la galería San José de Flores en Buenos Aires (detalle). Reproducción en la obra citada