jueves, julio 14, 2022

Lin Huiyin / Sentada en la quietud




El invierno tiene un mensaje propio
cuando el frío es como una flor...
Las flores tienen su fragancia,
el invierno tiene su puñado de recuerdos.
La sombra de una rama marchita,
como un humo azul magro,
pinta un trazo a través de la ventana de la tarde.

En el frío, la luz del sol se vuelve pálida y sesgada.
Esto es así.
Bebo el té tranquilamente
como si esperara que un invitado hablara.

Lin Huiyin (Hangzhou, China, 1904-Pekín, 1955), The Anchor Book of Chinese Poetry, Tony Barnstone y Chou Ping, Anchor Books/Random House, Nueva York, 2005
Versión de Juan Arabia sobre la versión al inglés de Michelle Yeh


Foto: Lin Huiyin en los años 30  Wikimedia Commons

miércoles, julio 13, 2022

Susana Cabuchi / De "Siria", 2



Tren a Latakia

Después de tanto pesar
volveremos en tren
a Latakia.
Iremos para ver el sol
sobre el Mediterráneo,
sobre sus playas
extensas y blancas.

Como si Barbora la hubiera tejido
renacerá
—luminosa y tristísima—
el alma de las viñas.
Probaremos uvas extraordinarias
de la tierra reseca.

      Así será
porque todos los muertos
vendrán a las mezquitas,
a las iglesias,
a las sinagogas
a pedir por sus hijos.

      Así será
porque el niño moribundo
cumplirá su promesa:
cuando esté en el cielo
le contaré al Padre
lo que nos hacen.

Atrás
quedarán oscuridad y muerte,
atrás el horror, el miedo.
Iremos en tren
a Latakia
       a ver el mar
y a los niños
        que hacían
pirámides en la arena
y a los jóvenes músicos
           en los andenes
y al hombre
que tostaba su pan
sobre las brasas
y a las aves
         silenciosas
navegar, como antes,
entre las barcas
         sobre la luz del agua.

Susana Cabuchi (Jesús María, Argentina, 1948-2022)

Siria
,
Barnacle,
Buenos Aires, 2022









martes, julio 12, 2022

Luice Spède / Dos poemas



Retrato

Los abedules
tienen ojos
brazaletes
arrugas
escalofríos del agua
sobre su piel
blanca y gris


Frutos

La niña
su mejilla manzana
fresca.
En la palma de mi mano
se entibia
bajo el sol
de la ternura

Luice Spède (Bruselas, 1936-2010) Paroles de pommes, Éditions ELA, Bruselas, 2010
Versiones de Jonio González
 

Foto: Luice Spède por Eric Philippart, 1979 Wikimedia Commons


PORTRAIT

Les bouleaux
ont des yeux
des bracelets
des rides
des frissons d'eau
sur leur peau
blanche et grise


FRUITS

L'enfant
sa joue pomme
fraîche.
Dans ma paume
elle tiédit
au soleil
de la tendresse

lunes, julio 11, 2022

Leonor García Hernando / De "Poesía completa"



Existo

  Yo existo aún ante el miedo
golpeteando cascabeles de verano.
  Yo existo.
  Que el mármol resguarde
mis blasones de harapo,
porque transcurro.
  Mi canto entrelaza jirones de asfalto
y estoy, o me voy,
o me quedo,
o naufrago.

  La lámpara hilvana cansancio de luz
en su gesto callado.
Quedo atrapada en tus ojos maduros y blandos.
  Recorro la medular tristeza
de tus calles noctámbulas
y el viento es un mito desnudo
que rasguña apenas
la desolada piel de los faros.

  Mi vida de hojaldre está quieta.

  Mi cabeza de pájaros nocturnos
se deja caer, se derrumba.
Se abandonan mis manos
a su mudo destino de símbolos.
Pero yo sé que existo.

Aún ante el horario repetido
de los atardeceres mundanales y tiesos,
contagio un latigazo oscuro,
un rasgo gastado,
la impotencia brutal de mi destierro.

Mudanzas, 1974


*

El mundo se desmorona en inestables 
pétalos de aroma oscuro. 
Estos trapos estos adornos que se aprietan con tan poco
   calor
esta ilusión de flores dispersas, flotantes en un estanque de
   aguas sombrías
estos adornos digo para mí, para mi corazón perro que 
   olfatea las galochas del muerto
esta ilusión de belleza en el desastre vía atravesada por 
un infante de rojos cabellos terribles (el infante espera su 
tren, su máquina negra su triunfo) esa ilusión digo a mi 
corazón, a mi memoria       ópalo sensible a la fugacidad de los 
   cadáveres
ese deterioro palabras   zona donde los idiotas mueven
   sus cuadernos.

La enagua cuelga de un clavo en la pared, 1993


*

y de la fiebre, entonces, ese color de faros
fugitivos en la curva de la ruta 
esa necesidad de hallar un páramo abierto. Mi respiración
no pide otra caricia que un vidrio frío 
ventanal de La Matanza
y el pantano que resguarda sus flores de desborde, los 
lagartos blancos se deslizan en pastos azules banderas 
de la fiebre.
Son equívocas las sombras del alambre en la tierra 
bordes de un lugar ingrato ¿llovía contra el 
ventanal dejado abierto con descuido? ¿Se humedecían 
los muebles y después las puertas dejaban de cerrar 
con las maderas hinchadas como algo vivo y golpeado?
No era la fiebre quien anunciaba destrucción y 
demora. Sólo marcaba contornos como un rouge delata 
una boca agotada      palabras de comisuras blancas 
tus sábanas ocultan el cuerpo vendado por trapos de 
algodón
pequeña momia 
mínimo dibujo de cal 
ningún telón cubre lo abatido e insomne 
y de entre esos huesos de ballena en el arenal vacío, 
el mito se reduce a una gota de aceite en la mano lavada 
de anillos.

lámpara de uñas cortas llama antigua que
no termina de sospechar un pasaje, un estrecho posible 
aguas que comen catedrales 
luz temblorosa de los que acercan sus frentes a una 
página:
papeles amarillos cruzados de insectos, ciudades con 
puentes sobre los canales, 
fiebre y desdén
nada para aferrarse más que una sábana por momentos 
demasiado pesada
nada para evitar 
un resguardo húmedo más peligroso que la caída 
más vulgar los sensuales roces de las pesadillas que la 
mirada atónita en la ventana abierta,
o apartarse en aguas de un pantano hermético. 
¿No escuchas el roce del agua en las rodillas?
¿no está el peso de la orilla en tu cerebro blanco?, 
con sus árboles de un verde oscuro perfumado 
ese paisaje de reptiles y follajes en un turbio temblor 
memoria que transpira

espejo acumulado junto a la chimenea de piedra 
y entonces pedir otro fuego que aumente el incendio 
entre paredes 
pedir otro terror
que fije al amigo derramado en la calle y a la madre 
seca en un umbral de cenizas.

fiebre, ¿qué me has quitado
más que esa apariencia de salud? mi sangre no
tiene recursos
fiebre que brillas como un cuchillo al que se limpia en
un montón de estopa
o en pastos
o bajo el chorro del agua en los lavaderos.
El brillo de la hoja se repite en el brillo de la 
herida sobre el muslo opaco
y entonces renuncias a todo trapo que impida la condena.
Recuerdas el alimento escaso: la porción de arroz blanco y
las oscurísimas hojas de laurel 
y te inclinas sobre la herida
como un huérfano sobre los vidrios de la casa de expósitos. 
Se mira la calle tras un jardín de escombros un cielo 
intranquilo, velado de humos ajenos. 
Una musiquita de feria insiste como un dolor de muelas
cielo de fiebres continuas e iluminación escasa. 
Mi madre se mueve con un mechero de hierro donde 
hervirán jeringas.
Van a ver mi sangre como cine mudo en una palangana
oxidada
y hablarán en susurros desapacibles mientras arden 
plumas, cuentas de vidrio, esas orillas de terciopelo 
verde que duran en mi boca hambrienta de objetos 
amables.

fiebre intranquila
que es saber y pedir no haberse enterado nunca 
y atrás y escurridiza como algas la inocencia
se retira dejando una huella de talco sobre los muebles. 
El peso inestable de la fiebre, el pulso que late apenas
en un animal que hiberna
y son rancias las puntillas del camisón 
son desganadas las agujas del pequeño reloj con tres 
mínimos rubíes en su máquina
es avara la luz que penetra entre cortinas 
y la fiebre es ese pez de ojos estúpidos que fulgura 
alrededor de un vidrio rajado.

El cansancio de los materiales, 2001


Fotografía
                                        (Casamiento en la Boca)

                           Las novias,
                  los paisajes brumosos,
              la luz incierta de los puertos
           todos caerán a llorar sobra la casa,

“La estudiantina” gira como una bailarina enferma por el patio.

La desolación es un país habilitado de murmullos.

Las novias lloran al anochecer cuando la muerte viene a golpear sus flores pálidas.

                 Podría anotar otros hechos:
La sidra se enfría en el piletón del fondo.
A medianoche estallará su espuma junto a los grandes dolores humanos
                        y las novias lloran
                                  lloran
                            se desgarran.

Todo se detiene junto a las escaleras.

Las copas quiebran la luz que cae desde el ventanal.
                          las novias tiemblan
                                   tiemblan.

La muerte cae sobre la casa              sus guirnaldas.

El mundo es un escenario abandonado.

                                  No hay función por esta noche.

[inédito]

Leonor García Hernando (San Miguel de Tucumán, Argentina, 1955-Buenos Aires, 2001)

 
Poesía completa
,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2022










Foto: Leonor García Hernando (detalle) Carlos Romero/Excéntrica

domingo, julio 10, 2022

Andrés Urzúa de la Sotta / De "Galería"

 

1

Abres la puerta:

un cono naranja
en una habitación blanca.

En el suelo, cenizas
y la sensación de haber ingresado
al eco de una fiesta: 

          una mosca rebota con su reflejo en la ventana. 


El televisor está encendido:
la antena se une con su sombra en la pared.
 
En la pantalla refulge un arco iris
y frente a ella 

          -sobre un cojín violeta-

un oso de peluche parpadea.

 
3

Las cortinas están levemente abiertas. 

Una larga y angosta franja de luz
se proyecta en la pantalla del televisor.

Los visillos flamean como banderas.

Andrés Urzúa de la Sotta (Viña del Mar, Chile 1982), Galería, Ediciones Corriente Alterna, Chile, 2012. Vía La Parada Poética


sábado, julio 09, 2022

Mary Oliver / Ángeles



Podrías ver un ángel en cualquier momento
y en cualquier lugar. Por supuesto, has de
abrir los ojos a una especie de
segundo nivel, pero en realidad
no es difícil. El problema acerca de 
qué es la realidad y qué no lo es
nunca ha sido resuelto y probablemente
nunca lo será. Así que no me interesa
ser demasiado categórica en relación con nada.
Tengo un montón de límites llamados Quizá
y casi nada que pueda llamarse
Certeza. Para mí, pero no
para los demás. Se trata de un lugar
que no puedes pretender, al menos
del todo, que los demás comprendan.
Sólo te diré una cosa.
No me importa cuántos ángeles pueden
bailar en la cabeza de un alfiler. Basta
con saber que para algunos
existen, y que bailan.

Mary Oliver (Maple Heights, Estados Unidos, 1935 - Hobe Sound, Estados Unidos, 2019), Blue Horses, The Penguin Press, Nueva York, 2014
Versión de Jonio González



ANGELS

You might see an angel anytime
and anywhere. Of course you have
to open your eyes to a kind of
second level, but it’s not really
hard. The whole business of
what’s reality and what isn’t has
never been solved and probably
never will be. So I don’t care to
be too definite about anything.
I have a lot of edges called Perhaps
and almost nothing you can call
Certainty. For myself, but not
for other people. That’s a place
you just can’t get into, not
entirely anyway, other people’s heads.
I’ll just leave you with this.
I don’t care how many angels can
dance on the head of a pin. It’s
enough to know that for some people
they exist, and that they dance.

---

viernes, julio 08, 2022

T. S. Eliot / Una partida de ajedrez / "La tierra baldía"




II. Una partida de ajedrez

La Silla en la que estaba sentada, como un trono bruñido
brillaba sobre el mármol, donde el espejo,
sostenido por estantes labrados con parras y racimos,
desde el que un Cupido dorado espiaba
(otro escondía sus ojos detrás del ala),
duplicaba las llamas de los candelabros de siete brazos
que reflejaban su luz sobre la mesa mientras
el brillo de sus joyas, desde estuches de satén 
desparramados en rica profusión, subía a su encuentro;
en perfumeros de marfil y cristal de colores,
abiertos, rondaban sus extraños perfumes sintéticos,
ungüentos, polvos, o líquido -turbados, confundidos
y ahogados los sentidos en aromas; agitados por el aire
renovado que entraba por la ventana, ascendían
agrandando las largas llamas de las velas,
arrojaban su humo hacia el laqueado,
alterando el diseño del artesonado techo.
Grandes maderas marinas cubiertas de cobre
ardían en verde y naranja, enmarcadas por la piedra colorida,
en cuya triste luz nadaba un delfín.
Sobre la antigua repisa de la chimenea se desplegaba, 
como si la ventana se abriera a una escena silvana,
la metamorfosis de Filomela, por el bárbaro rey
tan brutalmente abusada; sin embargo el ruiseñor
llenó todo el desierto con inviolable voz,
y ella aún gritaba, y el mundo aún sigue,
‘Pío pío’ a oídos sucios.
Y otros apagados pasos del tiempo 
narrados en las paredes; formas fisgonas
se asomaban, inclinadas, acallando el cuarto cerrado.
Pasos arrastrándose por la escalera.
Bajo la luz del fuego, bajo el cepillo, su cabello
extendiéndose en puntas ardientes
brilló en palabras, para aquietarse luego en feroz calma.

“Estoy mal de los nervios esta noche. Sí, mal. Quédate conmigo
Háblame. ¿Por qué nunca hablas? Habla.
¿En que piensas? ¿Qué piensas? ¿Qué?
Nunca sé en qué piensas. Piensa”.

Pienso que estamos en un callejón de ratas
donde los hombres muertos perdieron sus huesos.

“¿Qué ruido es ese?”
       El viento bajo la puerta.
“¿Qué es ese ruido ahora? ¿Qué hace el viento?”
       Nada, otra vez nada.

          “¿No
sabes nada? ¿No ves nada? ¿No
recuerdas nada?”

       Recuerdo
Que esas eran las perlas de sus ojos.
“¿Estás vivo o no? ¿No tienes nada en la cabeza?”
                     Pero
Oh oh oh oh ese rag shakespeariano-
Es tan elegante
tan inteligente
“¿Qué haré ahora? ¿Qué haré?
Saldré corriendo como estoy, y caminaré por la calle
con mi pelo suelto, así. ¿Qué haremos mañana?
¿Qué haremos alguna vez?”
 El agua caliente a las diez.
Y si llueve, un coche cerrado a las cuatro.
Y jugaremos un juego de ajedrez,
apretando ojos sin párpados y esperando que llamen a la puerta.

Cuando el marido de Lil fue dado de baja, dije-
sin medir mis palabras, yo misma le dije a ella,
APÚRENSE POR FAVOR YA ES HORA
hoy que Albert regresa, avívate un poco.
Querrá saber qué hiciste con ese dinero que te dio

para que te arreglaras los dientes. Lo hizo, yo estaba ahí. 
Sácatelos todos, Lil, y hazte una linda dentadura,
dijo, lo juro, no soporto verte.
Ni tampoco yo, dije, y piensa en el pobre Albert,
ha estado en el ejército cuatro años, quiere divertirse,
y si tu no lo haces, hay otras que lo harán, dije.
Oh, hay otras, dijo ella. Algo de eso, dije.
Entonces sabré a quien agradecerle, dijo ella, y me miró a los ojos.
APÚRENSE POR FAVOR YA ES HORA
si no te gusta arréglatelas, dije,
otras pueden elegir y decide si tú no puedes.
Pero si Albert se va, no será porque no te lo previne.
Debería darte vergüenza, dije, ser tan anticuada.
(Y solo tiene treinta y uno.)
No puedo evitarlo, dijo ella, poniendo cara larga,
son esas píldoras que tomé, para abortarlo, dijo ella.
(Ya tiene cinco, y casi muere cuando nació el pequeño George)
El farmacéutico dijo que todo saldría bien, pero no he vuelto a ser 
     [la misma.
Eres una verdadera tonta, dije.
Bueno, si Albert no te deja tranquila, ahí tienes, dije
¿Para qué casarte si no quieres hijos?
APÚRENSE POR FAVOR YA ES HORA
Bien, Albert llegó a casa ese domingo, tenían jamón cocido,
y me invitaron a cenar, para que disfrutara de ese jamón caliente-
APÚRENSE POR FAVOR YA ES HORA
APÚRENSE POR FAVOR YA ES HORA
Buenas noches Bill. Buenas noches Lou. Buenas noches May. 
[Buenas noches.
Chau chau. Buenas noches. Buenas noches.
Buenas noches, señoras, buenas noches, dulces señoras, buenas 
[noches, buenas noches. *

T. S. Eliot (Missouri, USA, 1888-Londres, 1965), La tierra baldía / The Waste Land [1922], Atelier 77, Andorra, MMXXII
Traducción de Silvia Camerotto

* El largo poema The Waste Land, de T.S. Eliot va seguido de una serie de notas del autor que dan fe de las citas contenidas en muchos versos. No refiere al último de esta parte (Good night, ladies, good night, sweet ladies, good night, good night), de la quinta escena del cuarto acto de Hamlet, de William Shakespeare, particularmente conmovedora pues las palabras las repite Ofelia mientras reparte flores, loca tras la muerte de su padre a manos del príncipe Hamlet. Poco después aparece ahogada. Eliot debió considerar que la escena era suficientemente conocida en Inglaterra como para declarar la cita (N. del Ad.)


Foto: T. S. Eliot, por Irving Penn, 1950 National Portrait Gallery, Londres


II. A Game of Chess

The Chair she sat in, like a burnished throne,
Glowed on the marble, where the glass
Held up by standards wrought with fruited vines
From which a golden Cupidon peeped out
(Another hid his eyes behind his wing)
Doubled the flames of sevenbranched candelabra
Reflecting light upon the table as
The glitter of her jewels rose to meet it,
From satin cases poured in rich profusion.
In vials of ivory and coloured glass
Unstoppered, lurked her strange synthetic perfumes,
Unguent, powdered, or liquid—troubled, confused
And drowned the sense in odours; stirred by the air
That freshened from the window, these ascended
In fattening the prolonged candle-flames,
Flung their smoke into the laquearia,
Stirring the pattern on the coffered ceiling.
Huge sea-wood fed with copper
Burned green and orange, framed by the coloured stone,
In which sad light a carvèd dolphin swam.
Above the antique mantel was displayed
As though a window gave upon the sylvan scene
The change of Philomel, by the barbarous king
So rudely forced; yet there the nightingale
Filled all the desert with inviolable voice
And still she cried, and still the world pursues,
“Jug Jug” to dirty ears.
And other withered stumps of time
Were told upon the walls; staring forms
Leaned out, leaning, hushing the room enclosed.
Footsteps shuffled on the stair.
Under the firelight, under the brush, her hair
Spread out in fiery points
Glowed into words, then would be savagely still.

“My nerves are bad to-night. Yes, bad. Stay with me.
“Speak to me. Why do you never speak. Speak.
“What are you thinking of? What thinking? What?
“I never know what you are thinking. Think.”

I think we are in rats’ alley
Where the dead men lost their bones.

“What is that noise?”
      The wind under the door.
“What is that noise now? What is the wind doing?”
      Nothing again nothing.
               “Do
“You know nothing? Do you see nothing? Do you remember
“Nothing?”

   I remember
Those are pearls that were his eyes.
“Are you alive, or not? Is there nothing in your head?”
                   But
O O O O that Shakespeherian Rag—
It’s so elegant
So intelligent
“What shall I do now? What shall I do?”
I shall rush out as I am, and walk the street
“With my hair down, so. What shall we do tomorrow?
“What shall we ever do?”
            The hot water at ten.
And if it rains, a closed car at four.
And we shall play a game of chess,
Pressing lidless eyes and waiting for a knock upon the door.

When Lil’s husband got demobbed, I said—
I didn’t mince my words, I said to her myself,
HURRY UP PLEASE IT’S TIME
Now Albert’s coming back, make yourself a bit smart.
He’ll want to know what you done with that money he gave you
To get yourself some teeth. He did, I was there.
You have them all out, Lil, and get a nice set,
He said, I swear, I can’t bear to look at you.
And no more can’t I, I said, and think of poor Albert,
He’s been in the army four years, he wants a good time,
And if you don’t give it him, there’s others will, I said.
Oh is there, she said. Something o’ that, I said.
Then I’ll know who to thank, she said, and give me a straight look.
HURRY UP PLEASE IT’S TIME
If you don’t like it you can get on with it, I said.
Others can pick and choose if you can’t.
But if Albert makes off, it won’t be for lack of telling.
You ought to be ashamed, I said, to look so antique.
(And her only thirty-one.)
I can’t help it, she said, pulling a long face,
It’s them pills I took, to bring it off, she said.
(She’s had five already, and nearly died of young George.)
The chemist said it would be all right, but I’ve never been the same.
You are a proper fool, I said.
Well, if Albert won’t leave you alone, there it is, I said,
What you get married for if you don’t want children?
HURRY UP PLEASE IT’S TIME
Well, that Sunday Albert was home, they had a hot gammon,
And they asked me in to dinner, to get the beauty of it hot—
HURRY UP PLEASE IT’S TIME
HURRY UP PLEASE IT’S TIME
Goonight Bill. Goonight Lou. Goonight May. Goonight.
Ta ta. Goonight. Goonight.
Good night, ladies, good night, sweet ladies, good night, good night.

jueves, julio 07, 2022

Calímaco / Dos epigramas



285 (V 6)

Prometió a Jónide Calignoto: que ella jamás, ni amante más grande ni amada tendría.
Prometió. Pero dicen, es verdad, que a los juramentos en eros no bogan oídos inmortales
Y ahora él en fuego masculino se consume, pero de la penosa ninfa cono de los megareos no hay palabra ni recuento. [3]

318 b [4]

Concha tiempo atrás, Cefiritis, sin embargo
me tienes ahora, Cipris, como ofrenda más noble de Selenea,
Nautilo fui y surcaba el piélago
si empujaba la brisa,
tendiendo velas de cordones innatos,
y si venía Galanea, la diosa fértil, era todo remar
de piernas, esto me confirió el nombre,
hasta caer a la playa de Yúlide, para ser admirado
en cada ángulo era como un juguete luminoso para ti, Arsínoe,
y no habitación para huevos que ponga el húmedo alción,
y no he de respirar.
Da a la hija de Clinias dicha. Pues sabe obrar con bien
y también proviene de esmirnia de eólide.

Calímaco de Cirene (Colonia griega de Cirene, actual Libia,c. 300 a.C.-Alejandría, Egipto, c.240 a.C.), Universidad de Carabobo,  Poesía n° 55, traducción de César Torres

De las notas del traductor:

[3] De la Antología palatina "una alusión a la conocida anécdota según la cual los de Mégara (cf. el 189 de Arato) preguntaron al oráculo de Delfos qué pueblo era el mejor, a lo que respondió citando varias ciudades y terminando: Vosotros ¡oh Megareos! no sois ni los terceros ni los cuartos ni los duodécimos ni (entráis) en cuenta ni en consideración" (p.166).

[4] Poema motivado por un voto humilde: una concha de nautilos encontrada en la playa de Yúlide es ofrendada en el Cefirión. Esta especie marina sin embargo se encuentra bañada de ideas mitológicas que aparecen en el poema. *

* El nautilo es también conocido como argonauta, en alusión a los navegantes mitológicos de la nave Argos, conducida por Jasón. En tal "fósil viviente" se inspiró Julio Verne para la descripción de la nave submarina que habita el capitán Nemo en Veinte mil leguas de viaje submarino, publicada en dos partes en 1869 y 1870 (N. del Ad.)

De la introducción del traductor: 

En esta selección se muestran sus epigramas, donde colabora por momentos con la dialéctica de una lengua volátil, desacralizada y popular. (…) Su obra perdida es, sin embargo, un proyecto fracasado de una época en que cada sintagma, carácter, gramma, letra, símbolo... buscaba afincarse en una realidad aun inhóspita, inmanejable para un lenguaje ya no casto y puro, sino oriental y griego, un total desborde de la experiencia antigua. [César Torres]


Ilustración: Los argonautas abandonan la Cólquida, Ercole de'Roberti, c. 1480, Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid

miércoles, julio 06, 2022

Hettie Jones / Sin título



Amor mío

sacarás por favor
la basura, las espinas
que los gatos
rechazaron

los niños duermen
no los oigo respirar

¿Serás mi amigo?
Protégeme del mal

los peces muertos
llévatelos

por favor

Hettie Jones (Nueva York, Estados Unidos, 1934), Beat attitude. Antología de mujeres poetas de la generación beat, Bartleby, Madrid, 2015 
Traducción y selección de Annalisa Marí Pegrum
Envío de Jonio González


Foto: Hettie Jones habla, el 20 de junio de 2017, durante la ceremonia de la Sociedad para la Preservación Histórica de Greenwich Village en que se reveló una placa fuera de su casa, en 27 Cooper Square, Nueva York, para recordar su lugar en la literatura beat y en la historia del jazz

martes, julio 05, 2022

Valeria Pariso / De "Triza"




2  

             la catástrofe del amor
                 Cristina Peri Rossi

Dijo el sabio, vuelo de cóndor: 
-Para soñar bien,
traigan viento, agua, 
dos que se amen con la alegría del venir, 
dos que se amen en un cuerpo que no admita ser 
 interrumpido,
que se amen aún sobre el espanto y la esperanza,
que se amen más,
y cuando la vida 
ya no pueda reconstruir la catástrofe con final feliz,
se pongan de pie
sobre sus huesos,
y dignos de sí y de su historia,
sean capaces, juntos, 
de olvidarse para siempre


17

Hemos puesto las manos bajo el agua
y no logramos tener la suavidad
del alga que se lleva la corriente.
¿Quién nos quitará el don de la dureza? 
Hemos puesto las manos sobre la tierra, 
y no floreció nada.
¿Quién se llevará el fruto de la espera?
La distancia
entre la mano y el cactus no siempre
es igual a la espina.
¿Quién sabrá cuánto nos duele?
Hemos elevado los brazos al cielo,
y ningún pájaro reconoció nuestra intención.
¿En qué pozo se grita para decir estamos listos?
Ahora lo sabemos: el territorio puede
resultar hostil.
Sin embargo, querido mío,
estas manos inútiles nos han hecho felices:
no nadan, no crecen, no vuelan, 
son piedra quieta, rosa muerta, esqueleto,
puro intento, un testimonio.

Valeria Pariso (Muñiz, Argentina, 1970) 


Triza
segunda edición,

lunes, julio 04, 2022

Jan Kasprowicz / Al caer la tarde



Inclinado sobre mi libro,
no veo ni una sílaba;
pero aguzo mi oído cansado
para saber si todo está bien.

Ningún mensaje llega hasta mí
de ríos, riscos y cumbres-
sólo el estruendo del tráfico
habla pertinaz.

Ningún mensaje llega hasta mí
mientras se alejan las llamas del atardecer-
sólo la oscuridad inunda
el desierto de mi corazón.

Ah, pero mi mente se libera
y echa a volar ansiando
encontrar en cimas arreboladas por el sol
la gracia de Dios antes de que llegue la noche.

Jan Kasprowics (Inowroclaw, Polonia, 1860-Zakopanen, Polonia, 1926), Introduction to Modern Polish Literature, Adam Gillon, Ludwik Krzyzanowski y Krystyna Olszer, Hippocrene Books, Nueva York, 1982 Traducción del polaco al inglés: Watson Kirkconnell
Versión del inglés al castellano: Jonio González.



THE CLOSE OF DAY

Bending above my book,
I see no syllable;
But strain my weary ears
To hear if all be well.

To me no message comes
From rivers, crags, and peaks-
Only the traffic's roar
Importunately speaks.

To me no message comes
As sunset's flames depart-
Only the darkness floods
The desert of my heart.

Ah, but my mind breaks free,
And soars in eager flight
To find on sun-flush'd peaks
God's grace, before the night.

domingo, julio 03, 2022

Danilo Kiš / Biografía



Ese Eduard Kohn fue un borracho prodigioso.
Usaba gafas de prismas relucientes y a través de ellas
miraba el mundo como a través de un arco iris.

I

Siendo niño tenía que orinar
después de los otros en la escuela, porque estaba circuncidado.
Una vez se enamoró de la hija de un panadero y fue un poco feliz.
Cuando ella se enteró de que estaba circuncidado, ni se le ocurrió que podían compartir el lecho.
Desde entonces él se aficionó a gastarse el sueldo en violinistas de zardas e intercambiar besos con gitanas.
Y así, en busca de consuelo se fue encariñando con Deliria, y ella lo envolvió en un sincero abrazo.

II

El viento dispersó sus cenizas a través de la estrecha chimenea del crematorio, cada vez más alto,
rumbo al arco iris.

Danilo Kiš (Subótica, Serbia, 1935-París, 1989), Biography and Other Poems, Autumn Hill Books, Nueva York, 2019
Traducción. del serbio al inglés: John K. Cox
Versión del inglés al castellano: Jonio González



BIOGRAPHY

That Eduard Kohn was a prodigious drunk.
He wore eyeglasses of glistening prisms and watched
the world through them as if through a rainbow.

1

Even as a child he had to urinate
after the others at school, for he was circumcised.
Once he loved a baker’s daughter and was a little happy.
When she learned he was circumcised, she didn’t think
she could share his bed.
From then on he loved slipping his wages to csárdás-fiddlers
and trading kisses with Gypsies.
And then, seeking comfort, he grew fond of Deliria, and she
wrapped him up in her sincere embrace.

2

The wind scattered his ashes through the narrow smokestack
at the crematorium, higher and higher,
all the way to the rainbow.

sábado, julio 02, 2022

Natasha Trethewey / Tareas domésticas



Nos afligimos por las cosas rotas, las patas de las sillas
arrancadas de sus asientos, los platos astillados.
la ropa raída. Practicamos la magia
del pegamento, clavamos los clavos, remendamos los agujeros.
Salvamos cuanto podemos, disolvemos pequeños trozos
de jabón, recogemos las nueces caídas, guardamos los huesos del cuello
para la sopa. Sacudimos las alfombras contra la casa,
estamos pendientes del polvo, iluminamos como estrellas, nos desplegamos
por el jardín. Al anochecer, bajamos
las persianas para refrescar las habitaciones, ahuyentamos
a los bichos. Mi madre plancha, canta, sumida en sus recuerdos.
Yo marco las páginas de un catálogo de venta por correo,
permanezco atenta a los coches que pasan. Todo el día estamos
pendientes del cartero, esperando noticias de un lugar lejano.

Natasha Trethewey (Gulfport, Misisipi, Estados Unidos, 1966), Domestic Work, Minneapolis, 2000
Versión de Jonio González


Foto:Natasha Trethewey en su casa en Evanston (Illinois), cerca de Chicago, 2022 Akilah Townsend/El País

HOUSEKEEPING

We mourn the broken things, chair legs
wrenched from their seats, chipped plates,
the threadbare clothes. We work the magic
of glue, drive the nails, mend the holes.
We save what we can, melt small pieces
of soap, gather fallen pecans, keep neck bones
for soup. Beating rugs against the house,
we watch dust, lit like stars, spreading
across the yard. Late afternoon, we draw
the blinds to cool the rooms, drive the bugs
out. My mother irons, singing, lost in reverie.
I mark the pages of a mail-order catalog,
listen for passing cars. All day we watch
for the mail, some news from a distant place.

viernes, julio 01, 2022

Jorge Accame / Tres poemas




Se me ha permitido ver dos dioses en esta vida

Un caballo corriendo por la ruta
contra los autos, 
entre la niebla del amanecer

El río Paraná, ensimismado y seguro,
derramando su silencio crepuscular
sobre los campos


*

Piensa en los instantes que dejaron sin estallar
como minas sembradas en un planeta vacío
al que nadie visitará ya nunca


*

En el Monte Calvo, de M. Musorgskij
 
La noche está cargada de rayos
y de insectos
como violines perforan nerviosos
el aire gris

Jorge Accame (Buenos Aires, 1956)

Objetos propios y prestados sin bordes precisos
,
De Todos los Mares,
Capilla del Monte, Córdoba, Argentina, 2021










jueves, junio 30, 2022

Abelardo Castillo / Tres poemas




Fotografía de Malcolm Lowry

Tremendas mangas, tremendos pantalones y ese mar y esa barba, Malcolm Lowry, y el 
     Popocatépetl detrás, o lo que sea,
algo como un volcán,
como el Embudo aquel,
como un presagio.

Es raro, señor Lowry,
lo miro y hace frío,
me digo yo a este hombre lo conozco con esa mole gris como la muerte, tiene las manos entre las        piernas, tiene frente de mono y grandes mangas y un pantalón de lino, un pantalón como de marinero,
detrás la Bestia gris,
detrás
hay una especie de montaña que a lo mejor fue verde en las laderas, pero cómo saberlo.

Y es notable
que alguien saque la foto
de los que posan sobre un fondo tan gris mirando lejos.

Sería interesante
hacerse una pregunta, consultar
a un astrólogo,
sincerarse,
y ver qué significa Malcolm Lowry mirando lejos junto al mar con las manos entre las piernas como un chico que duerme, con sus tremendas mangas y sus tremendos pantalones, Malcolm Lowry con sus tremendos pantalones y su barba, 
tranquilamente junto al mar,
pegado en mi pared,
de perfil al demonio.

[1972]


Insomnio

Te persigue mi insomnio
se alarga y te persigue.

Soy como un pez que busca tu refugio de almeja
para dormir a salvo de la ola
nocturna y enemiga.

[c. 1974]


El orante

En el exacto centro de mí mismo
hay un hombre que reza, cada noche, 
yo lo dejo 
tratando de no perturbarlo demasiado, 

él ya olvidó el sentido
de las palabras que murmura, 
pero reza de noche
cuando cree que yo no lo vigilo

[c. 1987]

Abelardo Castillo (Buenos Aires, 1935-2017)

La fiesta secreta
,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2022










miércoles, junio 29, 2022

Reyna Domínguez / Derrame



Y así pasan los días y las noches
como ladrones en fuga huyen hacia 
rincones inestables de una casa derruida

los cuerpos enaceitados flotan
en la danza de luces artificiales
al compás de un tambor agónico
derraman la energía que sostiene
como un copa de vino sagrado
perforada en el fondo
y no hay escanciadora que la vuelva a llenar
mientras escondida esté bebiendo manchas
secas de sal
pegadas a las computadoras, a las paredes
detrás del telón de fondo
de la falsa fiesta continua
solas y solos en el autoexilio
ríen y gimen de espaldas
a los altos ventanales abiertos.

Reyna Domínguez (San Juan, Argentina, 1950-2021), Envivir, Vinciguerra, Buenos Aires, 2009


martes, junio 28, 2022

Manolis Anagnostakis / Aún hacía falta...



Aún hacía falta mucha luz para que amaneciera. Sin embargo, yo
No acepté la derrota. Veía ahora
Cuántos tesoros ocultos debía salvar
Cuántas fuentes de agua conservar en medio de las llamas.
Hablad, mostrad heridas desquiciadas en las calles
El pánico que estrangula vuestro corazón como bandera
clavadlo a los balcones, cargad con prisa el cargamento
Vuestro pronóstico infalible: caerá la ciudad.
Allí, atentamente, en un rincón, recojo en orden,
Sensatamente cerco mi último refugio
Cuelgo manos cortadas en los muros, adorno
con los cráneos cortados las ventanas, tejo
con cabellos cortados mi red y espero.
De pie y solo, como entonces, espero.

Manolis Anagnostakis (Salónica, Grecia, 1925-Atenas, 2005), El Navegante. Revista de Humanidades, Universidad del Desarrollo, Instituto de Humanidades, Santiago de Chile, 2016
Traducción de Pedro Ignacio Vicuña
Envío de Jonio González


Foto: Altazor

lunes, junio 27, 2022

May Muzaffar / La herida



Una muralla a la sombra de las nubes;
una casa rodeada de un jardín
habitada por la oscuridad.
El espacio ha huido,
la hojarasca se apiña en el suelo.
En la planta de arriba, una luz en vilo.
En las nubes: valles y pasillos,
rostros que se configuran o se desvanecen.
Una mano que tantea…unos dedos que se extienden, cautelosos,
la herida despierta
y late como una lumbre en vilo.

May Muzaffar (Bagdad, 1940, radicada en Amán desde 1991), revista Penélope, n° 1, diciembre de 2013, Departamento de Estudios Semíticos, Universidad de Granada
Traducción del árabe de Akram Jawad Thanoon e Isabel Lázaro Durán 
Envío de Jonio González