lunes, febrero 08, 2021

Cesare Pavese / Civilización antigua




Seguro, el día no tiembla al mirarlo y las casas
son firmes, plantadas en el empedrado. El martillo
de ese hombre sentado golpea una piedra
sobre la tierra blanda. El muchacho que escapa
a la mañana no sabe si ese hombre trabaja,
y se para a mirarlo. Nadie trabaja en la calle.

El hombre se sienta en la sombra que cae desde lo alto
de una casa, más fresca que una sombra de nube,
y no las mira pero toca sus piedras, absorto.
El ruido de las piedras resuena lejos
sobre el empedrado velado por el sol. Muchachos
no hay por las calles. El muchacho está solo;
se da cuenta de que todos son hombres o mujeres
que no ven lo que él ve y caminan apurados.

Pero ese hombre trabaja. El muchacho lo mira
dudando al pensar que un hombre trabaje
sobre la calle, sentado como los mendigos.
Y también los otros que pasan parecen absortos
en terminar algo, y ninguno mira
hacia atrás o adelante, a lo largo de toda la calle.
Si la calle es de todos, hay que disfrutarla
sin hacer otra cosa, mirando alrededor,
a la sombra, al sol, en el fresco ligero.
Cada calle se abre de par en par como una puerta,
pero ninguno la traspasa. Ese hombre sentado
ni siquiera se da cuenta, como si fuese un mendigo,
de la gente que viene y que va, en la mañana.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, Italia, 1908-Turín, Italia, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Trabajar cansa. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, Griselda García Editora, Del Dock, Cartografías, Buenos Aires, 2018
Versión de Jorge Aulicino




Civiltà antica

Certo il giorno non trema, a guardarlo. E le case
sono ferme, piantate ai selciati. Il martello
di quell'uomo seduto scalpiccia su un cittolo
dentro il molle terriccio. Il ragazzo che scappa
al mattino, non sa che quell'uomo lavora,
e si ferma a guardarlo. Nessuno lavora per strada.

L'uomo siede nell'ombra, che cade dall'alto
di una casa, più fresca che un'ombra di nube,
e non guarda ma tocca i suoi cittoli assorto.
Il rumore dei cittoli echeggia lontano
sul selciato velato dal sole. Ragazzi
non ce n'è per le strade. Il ragazzo è bene solo
e s'acorge che tutti sono uomini o donne
che non vedono quel che lui vede e trascorrono.

Ma quell'uomo lavora. Il ragazzo lo guarda,
esitando al pensiero che un uomo lavori
sulla strada, seduto come fanno i pezzenti.
E anche gli altri che passano, paiano assorti
a finire qualcosa e nessuno si guarda
alle spalle o dinanzi, lungo tutta la strada.
Se la strada è di tutti, bisogna goderla
senza fare nient'altro, guardandosi intorno,
ora all'ombra ora al sole, nel fresco leggero.
Ogni via spalanca che pare una porta,
ma nessuno l'infila. Quell'uomo seduto
non s'accorge nemmeno, como fose un pezzente,
della gente che viene e che va, nel matino.

Poesie, Mondadori, 1969

domingo, febrero 07, 2021

Juan Gelman / lamento por el pelo de bright morgan
















"hop hop alba amo" decía a caballo de Alabama bright morgan
había nacido al lado de donde se quedaron los juntadores de pasto
indios choctaw que leían las nubes
frenadas por el sur los Apalaches tanta desolación

dios mío tanta desolación no alcanzó para un buen río
"no alcanzaste para un buen río mi Dios" decía bright morgan
"ah distraído" decía a caballo entre Sam Dale, William Bankhead (que tenía 
     cabeza de pájaro señor) y aún la Julia Tutwiler
(reformadora social consolatiz de presos poetisa) otros notables del lugar

"¡ah muererío muererío! decía bright morgan sin parar de correr
pensando en la madre que vio a siete hijos decapitar subida a su tejado
y después se tiró del tejado
bright morgan hablaba también
de las culebras y alacranes que se comieron el corazón amargo
de 7 hermanos 7 camino de Aragón
ola que ola la maripola no pasa nadie nadie

no pasa nadie por el cuerpo de bright morgan ya
más que el viento y la arena volada por el aire
porque se va a morir
lo dejarán salir

y la madre se subirá al tejado y dirá:
"quien a este hijo pierde merece ser apedreada
le pediría uñas al águila pezuñas a las bestias con pezuñas
y no le dejaría a la tierra ese muchacho lindo no"

decía la madre de bright morgan:
"no dejaría que la tierra lo pudra le deshaga la frente hermosa no
yo se lo arrancaría a la tierra de trigo sembrada
con dolor robaría a la tierra ese hijo tan bueno cara de plata"

decía la madre de bright morgan:
"que se llevó la tierra con golpe rabioso no
ese pequeño novio no alcanzó a criar hijos
dejó casa vacía por casa llena de compañeros sin luz"

mientras tanto bright morgan murió
"no le echen tierra sobre la frente hermosa" pedía la madre pero él
crecía a la derecha y a la izquierda
abajo arriba iba creciendo como una vaca grande

cuando el pelo de bright morgan paró
toda Alabama se detuvo un instante
pero ya no decía "madre madre no me dejes salir"
ola que ola la maripola no pasa nadie nadie

Juan Gelman (Buenos Aires, 1930-México, 2014), Traducciones III. Los poemas de Sidney West (1968-1969), Editorial Galerna, Buenos Aires, 1969


Foto: Juan Gelman, París, 2012 Daniel Mordzinsky/El País, Madrid

sábado, febrero 06, 2021

Hugo Acevedo / Preludio

















Llega por galerías encarnadas,
tímidas, esbeltas.
Breve es el tiempo, breve.
Los pájaros son breves.
Breve es el vuelo,
tímido el camino.
El tiempo es breve.
No pasará por aquí,
no mirará los nidos;
y hacia el final, la cárcel.
No se vislumbra un ala,
no hay un llanto de perro abandonado.
Pero pasan las ondas
y se oye crecer el verano.
En el helecho parpadea una gota del último rocío.
Breve es el tiempo, como el rocío.
Ella no llegará,
no pasará por aquí.
A lo lejos, ni la chispa de un beso,
ni perdiéndose el témpano de un adiós
Galerías breves, solas.
Y hacia el final, el cielo.

    Opus Cero [2002]

Hugo Acevedo (Mendoza, Argentina, 1925-Buenos Aires, 2007), Barataria, Año 9, Número 21, agosto de 2008, nota y selección de Héctor Miguel Angeli, vía Antonio Miranda/Portal de Poesía Iberoamericana


viernes, febrero 05, 2021

Judith Filc / De "Año nuevo"



Incendio

El fuego brilla y su corazón es blanco como la luz.
Brilla detrás de los árboles despojados,
de la casa raída,
de la playa,
de dos chicos de espaldas.
Brilla contra los camiones,
los helicópteros,
los hombres de uniforme.
Brilla, y su brillo apacigua.


Huracán

Las salas del hospital están oscuras.
La luz roja no titila.
El corredor está vacío.
Nadie sabe qué pasa detrás de las puertas.


Soja

Las vainas, de un verde brillante,
crecen en el campo bajo el sol.
Hambrientas, se expanden,
avanzan,
buscan.
No queda nada;
solo un verde cada vez más alto.

Judith Filc (Buenos Aires, 1962)

Año nuevo
,
Barnacle,
Buenos Aires, 2021










jueves, febrero 04, 2021

Jonio González / Para una descripción del mundo
















hay animales que un día aparecen
detrás de las ventanas
sin que ésa sea su intención
no lo hacen movidos por el hambre
la curiosidad
la defensa de su territorio
o la necesidad de una caricia
lo hacen 
sin saber 
por qué lo hacen
porque estamos allí
tras las ventanas

los miramos y nos preguntamos
si habrá bastante comida
para arrojársela en caso
de que se muestren hambrientos
o balas suficientes para acabar con ellos
si feroces no se marchan o desvanecen
antes de que sus ojos 
nos llamen
nos pidan
que los sigamos
y obedezcamos 
como quien se siente solo
y busca un rincón
una lámpara encendida

[inédito]

Jonio González (Buenos Aires, 1954)


Foto: Jonio González frente a la Paris Jazz Corner, 5 Rue de Navarre, sin fecha Facebook

miércoles, febrero 03, 2021

Ezra Pound / De "Cathay", 2
















La esposa del mercader del rio: una carta 1

Cuando todavía usaba el pelo recto a la altura de mi frente 2
Yo jugaba cerca de la puerta de entrada, arrancando flores.
Tú llegaste sobre un palo de bambú 3, jugando a los caballos,
Caminaste cerca de mi asiento, jugando con ciruelas azules.
Y seguimos viviendo en el pueblo de Chokan:
Dos personas pequeñas, sin disgustos ni sospechas.

A los catorce años, Mi Señor, me casé contigo.
Nunca me reía, era tímida.
Bajando la cabeza, miraba la pared.
Cuando me llamaban, miles de veces, nunca me volvía hacia atrás.

A los quince años dejé de fruncir las cejas,
Deseaba que mi polvo se mezclara con el suyo
Por siempre y para siempre y por siempre 4.
Por qué debería treparme al mirador?

A los dieciséis años partiste,
Te fuiste lejos, a Ku-to-Yen, por el río de remolinos turbulentos,
Y ya han pasado cinco meses desde que te has marchado.
Los monos lanzaban dolorosos sonidos desde las alturas5.
Reacio, arrastrabas los pies al marcharte6.
Ahora los musgos han crecido junto a la puerta,
¡Han crecido demasiado como para poder cortarlos!
Las hojas caen temprano este otoño, con el viento.
Las parejas de mariposas ya se ven amarillas en Agosto
Sobre la hierba en el jardín del Oeste;
Me lastiman,
Estoy envejeciendo,
Si vuelves y bajas por los estrechos pasos del río Kiang,
Por favor avísame de antemano,
Y te iré a buscar
                             Tan lejos como Cho-fu-Sa.
Rihaku

Ezra Pound (Hailey, EE UU, 1885-Venecia, Italia, 1972), Cathay [1915], Buenos Aires Poetry, Buenos Aires, 2020
Versiones de Juan Arabia

Notas del traductor:
1 En “Transcripts of Fenollosa’s Notes” leemos: “By Li Bai (701-762)” (EZRA POUND, Cathay, The
Centennial Edition. Edited with an introduction and Transcripts of Fenollosa´s notes by Zhoaming
Qian, A New Directions Book, 2015, p. 81).
2 En “Transcripts of Fenollosa’s Notes” leemos: “my hair was at first covering my brows (child´s
method of wearing hair)” (EZRA POUND, op. cit., p. 75).
3 En “Transcripts of Fenollosa’s Notes” leemos: “A bamboo stick as toy horse” (EZRA
POUND, op. cit., p. 75).
4 Adición de Pound, inspirada en las líneas de Shakespeare: “To-morrow and tomorrow, and
tomorrow” (Macbeth, V, v, 19) (K. K. RUTHVEN, A Guide to Ezra Pound’s Personae, University of
California Press, California, 1969, p. 205)


Foto: RAI


THE RIVER-MERCHANT’S WIFE: A LETTER

While my hair was still cut straight across my forehead
I played about the front gate, pulling flowers.
You came by on bamboo stilts, playing horse,
You walked about my seat, playing with blue plums.
And we went on living in the village of Chokan:
Two small people, without dislike or suspicion.

At fourteen I married My Lord you.
I never laughed, being bashful.
Lowering my head, I looked at the wall.
Called to, a thousand times, I never looked back.

At fifteen I stopped scowling,
I desired my dust to be mingled with yours
Forever and forever, and forever.

Why should I climb the look out?
At sixteen you departed,
You went into far Ku-to-Yen, by the river of swirling eddies,
And you have been gone five months.
The monkeys make sorrowful noise overhead.
You dragged your feet when you went out.
By the gate now, the moss is grown, the different mosses,
Too deep to clear them away!
The leaves fall early this autumn, in wind.
The paired butterflies are already yellow with August
Over the grass in the West garden,
They hurt me,
I grow older,
If you are coming down through the narrows of the river Kiang,
Please let me know beforehand,
And I will come out to meet you,
                               As far as Cho-fu-Sa.
By Rihaku


長幹行
妾發初覆額,折花門前劇。
郎騎竹馬來,繞床弄青梅。
同居長干裡,兩小無嫌猜。
十四為君婦,羞顏未嘗開。
低頭向暗壁,千喚不一回。
十五始展眉,願同塵與灰。
常存抱柱信,豈上望夫台。
十六君遠行,瞿塘灩滪堆。
五月不可觸,猿聲天上哀。
門前遲行跡,一一生綠苔。
苔深不能掃,落葉秋風早。
八月蝴蝶黃,雙飛西園草。
感此傷妾心,坐愁紅顏老。
早晚下三巴,預將書報家。
相迎不道遠,直至長風沙。

martes, febrero 02, 2021

Paulo Leminsky / Olinda Wischral




     la gente debería poderse evaporar
cuando quisiera
     no andar dejando por ahí
recuerdos pedazos carcasas
     gotas de sangre calaveras esqueletos
y esos aprietos del corazón
     que no me dejan dormir

Paulo Leminsky (Curitiba, Brasil, 1944-1989), "La vie en close", Diario de Poesía n° 80, Buenos Aires, mayo a octubre de 2010
Traducción de Iván García y Rodolfo Mata




Olida Wischral
pessoas deviam poder evaporar / quando quisessem / não deixar por aí / lembranças pedaços carcaças / gotas de sangue cavairas esqueletos / e esses apertos no coração / que não me deixam dormir

lunes, febrero 01, 2021

Jorge García Sabal / De "Tabla rasa", 2



















En la ventana

Los patos, al amanecer, se van. En vuelo
despiden el agua, la escarcha, el musgo.
Los patos son como peces tranquilos
que no creen en el anzuelo; son patos,
solos, y sólo saben de la escopeta que mira:

por eso vuelan hacia ninguna parte, por eso
golpean, como a una puerta, el aire

Jorge García Sabal (Balcarce, Argentina, 1948-Buenos Aires, 1996), Tabla rasa, Ediciones del Dock, 1991, 2016

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domingo, enero 31, 2021

Arthur Rimbaud / Tres poemas

























Partida

Visto lo suficiente. La visión se encontró en¹ todos los aires.
Obtenido lo suficiente. Rumores de las ciudades, al atardecer y al sol, siempre.
Conocido ya bastante. Las interrupciones de la vida². -¡Oh Rumores y Visiones!
¡Partir hacia la afección³ y el ruido nuevos 4!


Sensación

En las tardes azules¹ de verano, iré por los senderos,
arañado por el trigo, pisando la hierba fina.
Soñador, sentiré el frescor en mis pies.
Dejaré que el viento bañe mi cabeza desnuda.

No hablaré, no pensaré en nada²:
pero el amor infinito me subirá hasta el alma,
y me iré lejos, muy lejos, como un bohemio,
por la Naturaleza - feliz, como con una mujer³.

Marzo 1870

Arthur Rimbaud, Œuvre Complètes. Poésie, prose et correspondance. Introduction, chronologie, édition, notices et bibliographie par Pierre Brunel, Le Livre de Poche,  La Pochothèque, Clermont-Ferrand, 2010. 
Buenos Aires Poetry, 9 de diciembre de 2020 y 17 de enero de 2021
Traducciones de Juan Arabia


Antiguo

     ¡Gracioso hijo de Pan! Alrededor de tu frente, coronada de florcitas y bayas, tus ojos, esas esferas preciosas, se mueven. Salpicadas de sedimentos oscuros, tus fauces se abren. Brillan tus colmillos. Tu tórax parece una cítara, el tañido circula por tus brazos rubios. Tu corazón late en ese vientre donde duerme el doble sexo. Caminas por la noche moviendo dulcemente ese muslo, ese segundo muslo y esa pierna izquierda. 

"Illuminations", 1873-1875, Arthur Rimbaud, le Poète, Tous les textes
Traducción de Mateo Bonfiglio

Arthur Rimbaud (Charleville, Francia, 1854-Marsella, Francia, 1891)

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Notas del traductor a los dos primeros poemas:

"Partida":
1 Brunel anota: “Á en surcharge sur dans” (Arthur Rimbaud, Œuvre Complètes, Le Livre de Poche, La Pochothèque, Clermont-Ferrand, 2010, p. 466).
2 Brunel anota: “Momentos de éxtasis, pero también momentos de crisis” (Op. cit., p. 466).
3 Brunel anota: “Afecto: estado físico y moral que resulta de una influencia sufrida” (Op. cit., p. 466).
4 John Ashbery traduce: “Departure amid new noise and affection!”

"Sensación":
¹ Brunel anota: Posible reminiscencia de una línea de "Les Chimères" de Albert Mérat: “Par un soir bleu d’avril elle s’en revenait” (Op. cit., p. 194).
² Brunel anota: Diferencia esencial con Hugo en “Demain, dès l’aube” (Op. cit., p. 194).
³ Marc Eigeldinger escribe: “fusión con el cuerpo femenino de la Naturaleza” (Berenice, mars 1981, p. 55).
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Départ

Assez vu. La vision s’est rencontrée àtous les airs.
Assez eu. Rumeurs des villes, le soir, et au soleil, et toujours.
Assez connu. Les arrêts de la vie. — Ô Rumeurs et Visions !
Départ dans l’affection et le bruit neufs !


Sensation

Par les soirs bleus d’été, j’irai dans les sentiers,
Picoté par les blés, fouler l’herbe menue :
Rêveur, j’en sentirai la fraîcheur à mes pieds.
Je laisserai le vent baigner ma tête nue.

Je ne parlerai pas, je ne penserai rien :
Mais l’amour infini me montera dans l’âme,
Et j’irai loin, bien loin, comme un bohémien,
Par la Nature, – heureux comme avec une femme.

Mars 1870


Antique

Gracieux fils de Pan! Autour de ton front couronné de fleurettes et de baies tes yeux, des boules précieuses, remuent. Tachées de lies brunes, tes joues se creusent. Tes crocs luisent. Ta poitrine ressemble à une cithare, des tintements circulent dans tes bras blonds. Ton coeur bat dans ce ventre où dort le double sexe. Promène-toi, la nuit, en mouvant doucement cette cuisse, cette seconde cuisse et cette jambe de gauche.
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Ilustración: Arthur Rimbaud por Paul Verlaine Arthur Rimbaud, le poète/Bibliothèque Nationale de France

sábado, enero 30, 2021

Gary Snyder / Dos poemas a Robin

















Una noche de primavera en Shokoku-Ji

En mayo hará ocho años
que en un huerto de Oregon
pasamos la noche caminando bajo los cerezos en flor.
Ya he olvidado todo
lo que entonces deseaba, menos a ti.
Aquí, de noche
en un jardín de la vieja capital
siento el tembloroso fantasma de Yugao *
recuerdo la frescura de tu cuerpo
desnudo bajo el veraniego vestido de algodón.


Una mañana de otoño en Shokoku-Ji

Anoche, contemplando las Pléyades,
el vaho del aliento iluminado por la luna,
un recuerdo amargo como un vómito
agarrotó mi garganta.
Desenrollé la bolsa de dormir
sobre una esterilla en el porche
bajo el cielo de otoño poblado de estrellas.
Apareciste en sueños
(tres veces en nueve años)
salvaje, fría y acusadora.
Desperté avergonzado y furioso:
las inútiles guerras del corazón.
Estaba a punto de amanecer. Venus y Júpiter.
La primera vez
que los he visto tan cerca.

Garay Snyder (San Francisco, Estados Unidos, 1930), "The Back Country", 1968; No Nature: New and Selected Poems, New Directions, Nueva York, 1992
Versiones de Jonio González

* De acuerdo con la Novela de Genji (Genji Monogatari), escrita hacia el año 1000 por Murasaki Shikibu, Yugao, que habitaba una casa en ruinas en medio de un jardín invadido por la maleza, fue una de las amantes, y la más apasionada, de Genji, con quien intercambiaba poemas. Murió asesinada por el celoso espíritu de una antigua amante del príncipe. (N. del T.)


Foto: ABC s/d


A SPRING NIGHT IN SHOKOKU-JI

Eight years ago this May
We walked under cherry blossoms
At night in an orchard in Oregon.
All that I wanted then
Is forgotten now, but you.
Here in the night
In a garden of the old capital
I feel the trembling ghost of Yugao
I remember your cool body
Naked under a summer cotton dress.


AN AUTUMN MORNING IN SHOKOKU-JI

Last night watching the Pleiades,
Breath smoking in the moonlight,
Bitter memory like vomit
Choked my throat.
I unrolled a sleeping bag
On mats on the porch
Under thick autumn stars.
In dream you appeared
(Three times in nine years)
Wild, cold, and accusing.
I woke shamed and angry:
The pointless wars of the heart.
Almost dawn. Venus and Jupiter.
The first time I have
Ever seen them close

viernes, enero 29, 2021

Jorge Teillier / ¿Qué historia es esta y cuál es su final?

















(Adaptación de Sergéi Esenin)

¿Qué historia es ésta y cuál es su final? 
Ya no quiero ser más vendedor de palabras. 
Ya mi cabeza está demasiado aturdida 
y mi canción es sólo un montón de hojas muertas. 
Me da lo mismo la ciudad que el campo. 
Trataré de olvidar los poemas y los libros 
abrigaré mi cuello con una vieja bufanda 
y me echaré un pan en el bolsillo. 
Oleré a mal vino y suciedad 
enturbiando los limpios mediodías. 
Y me haré el tonto a propósito de todo. 
Y sin tener necesidad de triunfar o fracasar 
trataré que la escarcha cubra mi pasado 
porque no puedo sino hacer estupideces 
seguir caminando en estos tiempos.

Jorge Teillier (Lautaro, Chile, 1935-Viña del Mar, Chile, 1996), "Hotel nube", 1996, El árbol de la memoria. Antología poética, edición de Niall Binns, Signos, Huerga y Fierro Editores, Madrid, 2001
Envío de Jonio González

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Foto: Jorge Teillier por Daniel Osorio, 1995 El Desconcierto

jueves, enero 28, 2021

Dylan Thomas / Veo a los muchachos del verano
















I.

Veo a los muchachos del verano en su ruina
echar el diezmo de oro estéril,
descuidar las cosechas, congelar los suelos;
allí, en su calor, las inundaciones de invierno
de amores congelados donde ellos buscan a sus niñas,
y ahogan en sus mareas las cargas de manzana.

Estos muchachos de luz paralizados en su locura,
amargan la miel hirviente;
manosean los muñecos de nieve de las colmenas;
allí, en el sol, ellos nutren sus nervios
en los frígidos hilos de la duda y la oscuridad;
la señal de la luna en sus vacíos es nula.

Veo a los niños del verano dentro de sus madres,
separar la carne del cálido útero,
dividir la noche y el día con dedos de duende;
allí, en lo profundo, con las cuatro sombras
del sol y la luna ellos pintan sus diques
así como la luz del sol pinta el contorno de sus frentes.

Veo que de estos muchachos han de surgir hombres de nada
destinados hacia la perdición,
a lisiar el aire en el arrebato de sus calores;
desde sus corazones, el pulso más caluroso del día
estalla de amor y luz en sus gargantas.
Oh, miren el pulso del verano en el hielo.

II.

Pero las estaciones deben ser desafiadas o se tambalearán
en el momento en el que suene el cuarto de hora
cuando, puntual como la muerte, tocamos las estrellas;
allí, en su noche, el soñoliento hombre del invierno
toca de las campanas de lengua ennegrecida,
nunca antes que el aire de luna de medianoche.

Somos los oscuros negadores, convoquemos
a la muerte a partir de una mujer de verano,
a la fuerza de la vida desde el calambre de los amantes,
desde la pálida muerte que el mar levanta en la superficie,
el gusano de ojos brillantes en la lámpara de Davy,
hasta el hombre de paja en el útero sembrado.

Nosotros, muchachos del verano en este hilar de cuatro vientos
verde por el hierro de las algas marinas,
levantemos al escandaloso mar y soltemos sus pájaros,
recojamos las olas y la espuma de la bola del mundo
para ahogar los desiertos con sus mareas,
y peinar los jardines del condado por una guirnalda.

En primavera coronamos nuestras frentes con acebo,
salud a los frutos y a la sangre,
y crucificamos en los árboles a los alegres escuderos;
aquí el músculo húmedo del amor se seca y muere,
aquí se rompe un beso en la cantera del desamor.
Oh, miren en los muchachos los polos de la promesa.

III.

Veo a los muchachos de verano en su ruina.
Al hombre en la esterilidad del gusano.
Y los muchachos están plenos y extraños en el vientre.
Yo soy el hombre que fue tu padre.
Oh, miren cómo se besan los polos al cruzarse.

Dylan Thomas (Swansea, Gales, Reino Unido, 1914 – Nueva York, Estados Unidos, 1953), Collected Poems 1934-53, Everyman Library, J. M. Dent & Sons Ltd, Londres, 1993. Perfil, 24 de enero de 2021
Traducción de Juan Arabia

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Foto: ABC s/d

miércoles, enero 27, 2021

Alberto Cisnero / De "Media hora con el autor"















7-
el plan siempre fue incendiar todo. nunca
fueron buenos tiempos para la lírica. clase setenta
y cinco, entre ezeiza y el golpe, oh mi generación,
hiperinflaciones, trueque y año uno del siglo. toda merca
sin cortar. y ahora de vuelta al país de los bolsones
de comida y de los disparos por la espalda.
así que nada de faunos, ninfas, sátiros o centauros
por acá. la naturaleza hace su trabajo, damnifica.
nada de interludios líricos de pura beatitud
pagana. ni de ropa limpia. no se trata de elegir
entre dos cosas. ni de deserciones, para ello
los hombres del partido. adonde vayan los iremos
a buscar. rara vez invito a alguien a entrar a casa.
y desde afuera no vas a ver mucho. nos juntamos
con los que beben parecido, nos hundimos lentamente
en la tierra. y no escribimos, reaccionamos.

14-
escuchamos la marcha de los trenes
que se alejan de la ciudad bajo el último fulgor
dorado de la tarde. muevo mi mano en su pelo
en la oscuridad de la galería. cualquiera de esas
cosas pueden ser verdad. buscamos un calor
que no sea el propio. una ventana detrás
de la cual sentirnos seguros. y una vez ahí
saber que ya no volveremos a otros sitios.
entonces lo recordás, entonces empieza
realmente. ahora sólo se oye un crujido.
quizá sea el viento, el río, un primer
traslado. habrá que nombrar todo de nuevo.

Alberto Cisnero (La Matanza, Argentina, 1975)

Media hora con el autor
,
Barnacle, 
Buenos Aires,
sale en abril de 2021









Foto: Alberto Cisnero, Buenos Aires, 2021 Otra Iglesia es Imposible

martes, enero 26, 2021

Miltos Sakhtouris / La abandonada

















I

No es este surco surco de sangre
no es este barco barco de tormenta
no es este muro muro de placer
no es esta migaja migaja de fiesta
no es este perro perro de flores
no es este árbol árbol eléctrico
no es esta casa casa de distancia

No es la blanca vieja vieja moribunda

Es una cucharada de vino dulce fuerza de alegría
para la vida de la abandonada

II

La abandonada abre la ventana
abre sus ojos
por abajo pasan camiones con mujeres enlutadas 
que enseñan su sexo desnudo
con choferes tuertos que blasfeman
a su cristo y a su virgen
las enlutadas quieren su mal
aunque le lancen sus ensangrentados claveles
por la fiebre de su jardín del placer
por la evaporación de la bencina en la nube de humo
los choferes
rajan la nube y la llaman puta
ella, sin embargo, es una virgen triste
con su amado adentro en los retratos
así como lo guardó el tiempo
con los cirios de los traicionados todos
que caminaban a la muerte entre las margaritas y la camomila
con palmas siervos y estrellas del monte
con espadas que cortaban cuellos y palmeras

III

La abandonada extiende su mano blanca
coge sin embargo un vidrio coloreado y canta
-Te llamo no desde dentro del sueño
sino desde los añicos de estos vidrios de colores
pero tú siempre huyes
ahora sí, en verdad me asusta tu rostro
por más que recomponga estos vidrios quebrados
no puedo ya mirarte entero
a veces armo sólo tu cabeza
entre miles de otras cabezas salvajes
que me enajenan
otras veces sólo tu amado cuerpo
entre miles de otros cuerpos desmembrados
y a veces solamente tu mano bendita
entre miles de otras manos tendidas
que torturan mis piernas bajo mis faldas
me vendan los ojos con sus negros pañuelos
me ordenan caminar y no volver atrás mi cabeza
para ver tus ojos hacerse trizas.

IV

La abandonada en la profundidad de su victorioso sueño
Con una manzana en su mano derecha  y la otra acariciando el mar
Desdobla de pronto sus bellos ojos 
Es sólo un respiro un trueno de cañón
Es el ciclista su amada y el ramo de flores
Es el quejido del corazón humo de los socavones
El odio los cuerpos que se juntan con rabia y se hunden
Es un beso terrible en los confines del placer
Donde se encuentran diseminados entre las amapolas cinco muertos
Es la sombra de su amado que pasó

V

Estas palabras las arrancará de cuajo tras cuarenta
años la abandonada. ¿Y en este camino
decir acaso cómo se hacen los milagros? No. Los milagros
se hacen sólo en las iglesias con fantasmas.
¿Hablar del hombre que se hizo árbol y de 
su boca donde crecieron flores? Me avergüenzo
sin embargo debo hablar, aunque no me crean
El único que podría haberme creído lo ma-
taron allí frente al altar unos muchachos desnudos
lo mataron a pedradas. Querían herir
un perro lobo querían decir una canción querían
besar una mujer. En todo caso lo mataron
y en dos lo partieron con una espada. De la cintura
para arriba lo pusieron de estatua en una ventana.
De la cintura para abajo le enseñaron a caminar como
a los pequeños que comienzan. Para estatua no servía
porque no pudieron ponerse sus ojos blancos.
Sus piernas en cambio hacen locuras a montón y
asustan a las mujeres que se anochecen en las ventanas.
Ahora, otra vez en sus labios, han crecido
dos hojitas amargas. Verdeverdes. ¿Es flor u
hombre? ¿Es hombre o estatua? Es 
estatua o muerte apócrifa? Estas palabras
las arrancará de cuajo después de cuarenta años la abandonada.

VI

La abandonada es el soldado que fue sacrificado
la abandonada es el reloj que se detuvo
la abandonada es la rama que se encendió
la abandonada es la aguja que se rompió
la abandonada es el epitafio que floreció
la abandonada es la mano que marcó
la abandonada es la espalda que se estremeció
la abandonada es el beso que enfermó
la abandonada es la navaja que erró
la abandonada es el barro que se secó
la abandonada es la fiebre que cayó.

Miltos Sakhtouris (Atenas, 1919-2005), Μίλτου Σαχτούρη Ποιήματα, Kedros, Atenas, 1978, 2001 
Versiones de Pedro Ignacio Vicuña

Nota del traductor: Sakhtouris se escribe también Sajturis o Sahtouris, dependiendo de la transliteración; la primera corresponde a las reglas de transliteración francesas vigentes gran parte del siglo XX, la segunda forma es la que ha sido adoptada por los traductores españoles, pero se encuentra con el problema de la no correspondencia con la usada en otras lenguas, lo que puede producir lagunas en las informaciones bibliográficas sobre el autor; la tercera forma es la que ha sido adoptada en inglés, especialmente en EEUU, en donde su obra ha tenido una mayor difusión.


lunes, enero 25, 2021

Cófreces & Muñoz / De "Poéticas del agua"


















El río es un cementerio móvil

El río es un cementerio móvil.
Se lleva las cruces, las carretillas
y las ropas
de los pobres.

Los que se van por agua
llegan lejos:
los ojos cerrados
para que lo visto
no se moje.


La isla es marrana

La isla es marrana.
Te come la soledad,
te caza de las patas en la noche,
y te cuelga boca abajo.

No hay relojes,
entonces
las horas entran y salen
por cualquier lado.
Capaz te patean el culo
y no te das cuenta.
Las ramas húmedas
no encienden así nomás.
El fuego te demora

Celso Caragatto (Resistencia, Argentina-1906-Arroyo Durazno, Argentina, 1941), El cementerio móvil

*


III
Canto

Escribí tu nombre en la fachada de la Santa María Gloriosa del Frari.
Tu nombre que es María y tu fémina
que en los días del cordero es gloriosa.
Lo hice para que supieras que a partir de la piedra blanca de Istria
has entrado en la penumbra gótica.
Ha sido tu amado Franco quien ha decidido
que en los promontorios rosados de la oscuridad
tu nombre guíe a los infelices


IX
Espectros

No he llorado la primera juventud
porque no he sido joven nunca.
Los gondoleros somos espectros,
de noche nos ven como cañas delgadas
tocando con una vara la herida de Neptuno,
y de día como vendedores de golosinas ácidas.
Las adolescentes dichosas reciben nuestros piropos,
como si en el fondo de la niebla
se los dijera Poe.

Franco Conigliaro (Treviso, Italia, 1982), Paraíso perdido

Cófreces & Muñoz
Poéticas del agua,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2021








domingo, enero 24, 2021

Rodolfo Alonso / Tres poemas

















El músico en la máquina

Yo compartía un país delicado y terrible; amaba todo candor,
toda barbarie.

Las tormentas abrían las puertas de mi casa.

Viajero: la piedra en que tropiezas también es el mundo.

(De El músico en la máquina, 1958)


El fondo de la noche

Un ebrio suena agudo en lo alto de la noche,
con la conciencia en duelo.

No es solo un ebrio, es
todo el alcohol del mundo que está cantando en coro
por el sueño perdido. No es
el pasajero de siempre ni la circunstancia
conocida. Es el percance de vivir,
la rabia de estar hecho, la sed de perdurar.

A la orilla del ebrio de la noche
giran frías nostalgias, discursos, acres negociaciones.
Y no hay nada de amor en todo eso.

(De Hablar claro, 1964)


Fulgor de la azalea

Estalla la naranja
entre mandíbulas
que derraman su vida.

Y en la luz te derramas,
memorable azalea,
soberana.
 
   Reina
del esplendor que te devora.

(De Señora vida, 1979)

Rodolfo Alonso (Buenos Aires, 1934-Olivos, Argentina, 2021), La poesía del cincuenta, selección, prologo y notas de Daniel Freidemberg, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1981


sábado, enero 23, 2021

Hala Alyan / Alimentos




I

En el comienzo comíamos océanos,
ostras traslúcidas, huevos de pescado, una radiante esfera

de verdor.
Las yemas de nuestros dedos, pegajosas de piélago,

en busca de más.

II

Casiopea posa la mirada sobre nuestro
árido banquete

de arena y adelfilla. Emergemos
del amanecer como una aparición.

Queremos vivir.

III

Llenamos nuestros cuencos con
viento
y lluvia.

IV

Mil manos vacías.

Los niños agarran cuanto crece, flores, hormigas,
una polilla de alas crujientes.

Chupan el hielo sucio.

V

El plato es un ojo negro, moras de invierno enterradas
en una copa de arena.

Primero comemos la lengua de la gacela.

Su lenguaje nos envuelve: pastizales y cielo,
grupos de setas

brotando en el campo de cenizas.

VI

Los hombres roban almejas en el mercado.

Nos sentamos en torno a mesas
y comemos enteros los salados cuerpos.

Nostalgia salvaje:
nuestras bocas llenas de las espinas de cosas

lo bastante lentas para atraparlas.

Hala Alyan (Carbondale, Illinois, Estados Unidos, 1986), Poetas norteamericanos en dos siglos.
Volumen IIEdiciones en Danza, e-BooksBuenos Aires, 2021
Versión de Jonio González




MEALS

I

In the beginning we ate oceans,
translucent oysters, fish eggs, a radiant orb

of green.
Our fingertips sticky with brine,

reaching for more.

II

Cassiopeia tosses her eyes over our
arid feast

of sand and milkweed. We emerge
from the dawn like jinn.

Willing ourselves alive.

III

We fill our bowls with
wind
and rain.

IV

A thousand empty hands.

The children clutch whatever grows, flowers, ants, a moth
with crunchy wings.

The suck the dirty ice.

V

The plate is a black eye, winter berries buried
in a cup of sand.

We eat the gazelle tongue first.

Her language engulfs us: grass pastures and sky,
mushroom clusters

blooming in the field of cinders.

VI

The men steal clams from the market.

We sit around tables
eating the salty bodies whole.

Savage longing —
Our mouths fill with the spines of things

slow enough to catch.