domingo, agosto 13, 2017

Dante Alighieri / Infierno, Cantos vigesimosexto y vigesimoséptimo (Las llamas dolientes)




















Canto vigesimosexto

¡Goza Florencia, porque eres tan grande,
que por mar y por tierra bates alas
y por el infierno tu nombre se difunde!

Entre ladrones, encontré cinco tales,
ciudadanos tuyos, y me dio vergüenza,
y tú muy honrosa de esto no te sales.

Pero si el sueño es cierto en la mañana,
tú sentirás de aquí a un corto tiempo
aquello que Prato, no otros, te desea; *

y si fuese ahora, no sería temprano:
¡Ojalá fuese ya, puesto que debe ser!
Más me pesará cuanto más pase el tiempo.

Nos fuimos de allí, y por el borde
cuyos peldaños sirvieron para bajar,
remontó el duca, arrastrándome;

y prosiguiendo la solitaria vía,
entre astillas y rocas del escollo,
los pies sin las manos no valían.

Entonces me dolí, y a dolerme vuelvo,
cuando alzo la mente a lo que vi,
y el ingenio refreno más de lo que suelo,

para que no corra sin virtud que guíe;
tal que si estrella buena o mejor cosa
me dio el bien, a mí mismo no me envidie.

Como el aldeano que reposa en la colina,
cuando aquel que el mundo aclara
su cara a nosotros menos nos oculta

y ante el mosquito cede la mosca,
ve luciérnagas abajo por el valle,
tal vez allá donde vendimia y ara;

de tantas flamas resplandecía toda
la octava bolsa, tal como fue claro
ni bien llegué adonde el fondo se veía.

Y como el que tomó venganza de los osos
vio el carro de Elías alejarse, **
cuando los caballos al cielo lo elevaron,

que no podía seguirlo con sus luces,
pues no se veía más que una llama sola,
como nubecita cuando a lo alto se dirige;

tal se mueve cada una en la garganta
del foso, y ninguna muestra el hurto,
que cada llama un pecador oculta.

Yo miraba parado sobre el arco,
y de no haber estado tomado de una roca,
sin que me tiraran, me habría despeñado.

Y el duca, que me viera tan absorto,
dijo: "Están dentro del fuego los espíritus;
de la llama que lo enciende, fajado cada uno."

"Maestro mío", repuse, "al escucharte
estoy más cierto; pero había visto
que es así, y quería preguntarte:

"¿quién está en aquel fuego dividido
arriba, que parece surgir desde la pira
en la que Etéocles ardió junto a su hermano?" ***

Me respondió: "Allá adentro se tortura
a Ulises y Diomedes, y así juntos ****
a la venganza van como a la ira;

"y dentro de su llama se castiga
la celada del caballo que fue puerta
a la simiente gentil de los romanos.

"Se llora dentro el arte por la que, muerta,
Deidamia aún por Aquiles se lamenta,
y por el Palladium también se lleva pena." *****

"Si pueden dentro de esas llamas
hablar", dije yo, "entonces te ruego
y vuelvo a hacerlo, y el ruego sea millar,

"que no me niegues esperar, maestro,
hasta que la llama cornuda venga:
¡tanto me inclino a este deseo!"

Y él a mí: "Tu plegaria es digna
de alabanza, y por eso la acepto;
pero procura contener tu lengua.

"Déjame hablar a mí, que entiendo ******
lo que tú deseas; que pueden ser
esquivos ante ti, pues fueron griegos."

Cuando la flama hubo llegado donde
pareció a mi duca buen lugar y tiempo,
de esta forma su parlar audive:

"Oh ustedes, dos dentro de un fuego,
si les fui meritorio mientras estuve vivo,
si les fui meritorio, bastante o poco,

"cuando escribí altos versos en el mundo,
no se marchen; uno de ustedes diga
dónde fue, por fin, a morir perdido."

El mayor cuerno de la antigua llama
comenzó a estremecerse murmurando,
como aquella a la que el viento la fatiga;

luego la punta aquí y allá moviendo,
como si fuese su lengua que parlara,
gritó voces de furia y dijo: "Cuando *******

"me alejé de Circe, que me retuviera
más de un año, allá junto a Gaeta,
antes que como tal Eneas la nombrara,

"ni la dulzura del hijo ni la piedad
del viejo padre, ni el debido amor
que debía a Penélope la dicha,

"pudieron vencer en mí el ardor
que tuve por ser del mundo sabio,
y de los humanos vicios y del valor;

"más bien me puso en alto mar abierto
sólo con un leño y aquella compañía
pequeña, la que no me abandonó.

"De una costa a otra vi hasta España,
y hasta Marruecos, y la isla de los sardos,
y las otras que aquel mar en torno baña.

"Yo y mis compañeros éramos viejos y tardos
cuando llegamos a aquella boca estrecha
donde Hércules señaló sus dos resguardos,

"para que ningún otro hombre allí se meta:
a la mano derecha yo dejé Sevilla;
de la otra, ya había dejado Ceuta.

"'¡Oh hermanos, dije, que por cien mil
peligros han llegado hasta el occidente,
cuando ya es tan escasa la vigilia,

"'de nuestros sentidos apenas remanente:
no quieran negarse la experiencia
de ir tras el sol, del mundo sin gente!

"'Consideren cuál fue su ascendencia;
no fueron hechos para vivir como brutos,
sino para seguir virtud y sapiencia.

"A mis compañeros puse tan dispuestos
al camino con este oración pequeña,
que a duras penas los habría retenido;

"y vuelta nuestra popa a la mañana,
con remos hicimos alas al loco vuelo,
siempre inclinados a la parte izquierda.

"Todas las estrellas ya del otro polo
veía la noche, y el nuestro tan abajo,
que no surgía del marino suelo.

"Cinco veces encendido y apagado
fue el resplandor debajo de la luna,
luego que entramos en el alto paso,

"cuando apareció una montaña, oscura
por la distancia, y me pareció alta, tanto
cuanto vista no tenía a ninguna.

"Nos alegramos, y presto volvió el llanto;
nació un torbellino de la nueva tierra
y golpeó de nuestro leño el primer canto.

"Tres veces lo hizo girar con toda el agua;
a la cuarta, levantar la popa en alto
y, como alguien quiso, abajo irse la proa;
hasta que el mar se cerró sobre nosotros."



* Pequeña población sometida al gobierno de Florencia, descontenta. "No de otros": no de grandes ciudades, sino de esta pequeña.

* Eliseo, discípulo de Elías, maldijo a unos muchachos que se burlaban de su calvicie; dos osos salieron de la fronda y se cargaron a cuarenta y dos; Eliseo vio a Elías elevarse en un carro de fuego (II Reyes, 2: 11, 23).

*** En la mitología griega, Etéocles y Polinices, los dos hermanos hijos de Edipo, uno defensor de Tebas contra el asedio de "los siete" y el otro del lado de los sitiadores, se odiaban en vida. Muertos ambos en el combate e inmolados en la misma hoguera, provocaron que el fuego se dividiese, tal su encono.

**** Alusión a que los griegos mal querrían hablar con un descendiente de Eneas, troyano. Virgilio, hijo del mismo padre, confía en que con él lo harán, debido a que deben de apreciar sus versos, que al fin y al cabo narran la destrucción de Troya. Audive: latinismo, por "oí"

***** La diosa Tetis había confiado a su hijo Aquiles al cuidado de Licomedes, para alejarlo de la guerra. Aquiles vestía de mujer, pero en tanto había seducido a la hija de Licomedes, Deidamia. Odiseo reveló el engaño mediante la argucia de dejar a la vista la espada de Aquiles, y éste debió abandonar su escondite e ir a la guerra.

****** Diomedes fue el secuaz de Odiseo (Ulises) en la famosa treta del caballo de madera y en el robo de la estatua de Palas de su templo, el Palladium. Los troyanos creían a esa estatua caída del cielo y protectora de la ciudad.

******* Desde aquí, Odiseo narra su aventura hacia el occidente. Menciona a la hechicera Circe, a su familia (alude a Telémaco, su hijo, y nombra a Penélope, su mujer) y al paso frente a la mitológicas columnas de Hércules, es decir, el estrecho de Gibraltar. Los comentaristas suelen indicar que en la descripción del viaje se insinúa el conocimiento de Dante de la redondez de la Tierra (Odiseo ve que las estrellas de un polo se elevan y las del otro se hunden tras el horizonte). Tal percepción de Dante se hará evidente en el último canto del Infierno. Interesante es comprobar que el presente canto alude al soterrado pensamiento de Alighieri acerca del pecado de conocimiento, del que se cuida aunque lo comete de hecho, que por eso está Odiseo ardiendo y no por los fraudes ("el ingenio refreno más de lo que suelo, para que no corra sin virtud que guíe.") Dante no menciona que Odiseo lo precedió en el conocimiento de los infiernos. La opinión más extendida es que no lo hace porque no había leído la Odisea completa, aún no traducida al latín. Sus fuentes eran fragmentarias y latinas. Sin embargo, cabe la duda de que no tuviese Alighieri referencias de ningún tipo sobre el legendario descenso del héroe griego al Hades.



Canto vigesimoséptimo

Ya estaba enhiesta la llama y quieta
para no hablar más, y ya de nos se iba,
con la licencia del dulce poeta;

cuando otra, que venía detrás de ella
nos hizo volver los ojos a su cuerno
por el confuso sonido que formaba.

Como el buey siciliano que mugió primero *
con el llanto de quien, y eso fue justo,
lo había con su lima temperado,

mugía con esa voz el afligido,
tanto que, aunque de bronce fuera,
parecía atravesado por el duelo;

de este modo, por no tener hueco ni vía
en la cima del fuego, en tal lenguaje
se convertían las míseras palabras.

Pero luego que hubo hecho su viaje
hacia la punta, dándole el brinco
que le dio la lengua en su pasaje,

oímos decir: "Oh tú a quien dirijo
la voz, y que hablabas en lombardo,
diciendo: 'Istra puedes ir; más no te pido', **

"aunque haya llegado yo un poco tarde,
no te pese quedarte a hablar conmigo:
¡mira que no me pesa a mí, y ardo!

"Si no hace mucho en este mundo ciego
has caído de aquella dulce tierra
latina, de donde toda mi culpa traigo,

"dime si los romañoles tienen paz o guerra;
que yo fui de los montes allá entre Urbino
y el paso del que el Tíber se desata."

Yo estaba quieto, atento e inclinado,
cuando mi duca me tocó la espalda,
diciendo: "Háblale tú, este es latino."

Y yo, que tenía ya pronta la respuesta,
comencé a hablarle sin demora:
"Oh ánima que estás allí escondida,

"tu Romaña no está, y no estuvo nunca
sin guerra en el corazón de sus tiranos;
pero concreta, ninguna he visto ahora.

"Ravena está como estuvo muchos años: ***
allí anida el águila de los Polenta,
tanto que Cervia recubre con sus alas.

"La tierra que hizo ya su larga prueba
y de franceses un montón sangriento,
bajo las garras verdes aún se encuentra.

"Y el viejo mastín y el nuevo de Verucchio,
que hicieron de Montagna mal gobierno,
allá donde solían clavan sus colmillos.

"Las ciudades de Lamone y de Santerno
conduce el leoncito del campo blanco,
que cambia de bando de verano a invierno.

"Y aquella a la que el Savio baña el flanco,
así como se asienta entre monte y llano,
así entre tiranía vive y libre estado.

"Ahora, quién eres dinos, te lo ruego:
no seas más duro que los otros,
si quieres que tu nombre lo recuerde el mundo."

Luego que lo enrojeció un poco el fuego
a su modo, movió la aguda punta
de acá para allá, y lanzó este soplo:

"Si creyese que mi respuesta fuese
a una persona que regresara al mundo,
esta llama dejaría de agitarse;

"pero como jamás desde este fondo
ninguno regresó vivo, si bien oigo,
sin temor a la infamia te respondo.

"Fui hombre de armas, y después fraile, ****
creyendo de este modo hacer enmienda;
y en verdad mi creer se hacía entero,

"a no ser por el gran cura, ¡mal padezca!,
que me devolvió a las primeras culpas;
y cómo y quare quiero que me entiendas.

"Mientras que fui de pulpa y hueso
que me dio mi madre, las obras mías
nunca fueron de león, sino de zorro.

"Las artimañas y las cubiertas sendas
conocí todas, y tanto supe su arte,
que hasta los confines resonó mi fama.

"Cuando me vi llegado a esa parte
de la edad donde cada uno debe
plegar las velas y recoger los cabos,

"lo que me placía, ahora me pesaba,
y penado y confeso me rendí;
¡ah miserable!, y me salvaba.

"El príncipe de los nuevos fariseos,
haciendo guerra cerca de Letrán,
y no con sarracenos ni con judíos,

"porque cada enemigo suyo era cristiano,
y ninguno había ido a tomar Acre,
ni había mercado en tierra del sultán,

"ni sumo oficio ni órdenes sagradas
tuvo para sí, ni para mi cordón,
que solía hacer flaco a quien lo usaba.

"Como Constantino pidió a Silvestre
en el Soratte que la lepra le curara,
como maestro, así me pidió éste

"que le curara la fiebre de soberbia:
me demandó consejo, yo callaba
pues sus palabras parecían ebrias.

"Y luego dijo: 'Tu corazón no tema;
ahora te absuelvo, y tú me enseñas
cómo al Penestrino arrojar por tierra.

"'El cielo puedo abrir y cerrar yo,
como tú sabes; pues son dos las llaves
que mi antecesor cuidó muy poco.'

"Me empujaron los argumentos graves
a pensar que el callarme sería peor,
y dije: 'Ya que tú me lavas, Padre,

"'de que por cierto caiga en el pecado,
larga promesa con poco cumplimiento
te hará triunfar sobre el alto trono.'

"Francisco vino después, cuando fui muerto, *****
por mí; pero uno de los negros querubines
le dijo: 'No te lo lleves, no me hagas dolo.

'Este debe estar entre mis infelices,
porque dio un consejo fraudulento,
y desde entonces lo tengo de las crines;

'a quien no se arrepiente no se absuelve,
ni arrepentirse y querer se puede,
porque la contradicción no lo consiente.'

"¡Oh infeliz de mí!, me estremeció
cuando me tomó diciéndome: '¡Tal vez
no pensabas que yo fuera un lógico!'

"A Minos me condujo; y éste enroscó
ocho veces la cola al torso duro;
y luego de mordérsela furioso,

"dijo: 'Este será del rabioso fuego';
por lo que, donde me ves, estoy perdido,
y así vestido, me maldigo mientras ando."

Cuando tuvo su decir cumplido,
la llama adolorando se alejó,
torciendo y debatiendo el cuerno agudo.

Pasamos más allá, yo y el duca mío,
sobre el escollo hasta el siguiente arco
que cubre el foso en que se da castigo
a los que dividiendo acumulan cargos.



* Refiere a la leyenda del toro de Perilo, de Atenas, construido para Falaride, tirano de Agrigento. Se introducía a un reo en él y se ponía el artefacto en el fuego, de modo que los gritos del condenado simulaban los mugidos del toro, mediante un sistema de tubos que distorsionaba el sonido. El inventor fue el primero en probarlo: Dante dice que es justo que el primer mugido del buey fuera de su constructor.

** "Istra" es la palabra lombarda que creyó escuchar la sombra. Significa "ahora". El que despidió a Ulises fue Virgilio, y no puede suponerse que lo haya hecho en lombardo al dirigirse a los griegos. El ánima oye mal, tal vez por los mismos motivos por los que a su voz le cuesta llegar al exterior, o todo el universo de lenguas de la Comedia es entendido por Virgilio y asimismo por Dante .

*** Narra Dante diversas vicisitudes de las ciudades de la Romaña, con alusiones a familias y escudos de armas.

**** Cuenta su historia, a partir de aquí, Guido da Montefeltro, de la Umbria. Fue avezado duca gibelino, ferozmente opuesto a la Iglesia. Tuvo en jaque a las ciudades de la Romaña y peleó contra diversas ciudades güelfas del norte de Italia entre 1270 y 1290. Se lo llamaba "el lobo" o "el león" y era casi legendario cuando en 1298 tomó los hábitos franciscanos. Aquí Dante le hace confesar que lo hizo por el fraude en que había consistido su fama: su arte era más de zorro que de león. Bonifacio VIII, de quien dice el reo que llevó adelante una guerra contra cristianos opuestos al papado cerca de Letrán (es decir, la familia gibelina de los Colonna), y no contra sarracenos o judíos, mostró poco respeto por el cordón de la orden de San Francisco que llevaba el ex condottiero y le pidió consejo perverso; éste lo aconsejó del peor modo respecto del sitio que mantenía contra la fortaleza de Penestre, de los Colonna. El Papa prometió el oro y el moro, y cuando sus enemigos se rindieron, arrasó la fortaleza.

***** Quare, latinismo: "por qué".

***** San Francisco fue por él. El negro querubín es, desde luego, el diablo.

Dante Alighieri (Florencia, Italia, 1265-Rávena, Italia, 1321), "Infierno", La Divina Comedia, traducción y notas de Jorge Aulicino, Edhasa, Buenos Aires, 2015

Ref.: Dante Online

Ilustración: Dante y Virgilio frente a Ulises y Diomedes, miniatura del siglo XIV




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