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martes, mayo 26, 2020

Mario Luzi / La India


























Está en silencio ahora, me pregunto si oprimida por su karma,
(sé sobre su vida, el nombre que le da y el significado)
mientras muestra la pantalla largo tiempo
en la vereda una multitud,
congelada en una pose entre el sueño y la muerte,
levantarse a duras penas en oración y cepillarse en el alba.
Quizá no el primer rostro la afecta
sino otro más escondido, y ve
una justicia de un tipo diferente
en ese sufrimiento de paria,
horrible pero no abyecto, y en el suyo que desciende sobre él.

"Tener o no tener su parte en esta vida",
su pensamiento resurge en palabras - pero solo un borde.
Y yo tironeo de ese fleco,
ansioso de que me confíe todo lo demás,
cuidando nada me niegue
ni siquiera la amargura, y espero.
Pero se detiene. Siguen otras imágenes de la India
y en su reverberación atrapo
una sonrisa extrema entre víctima y niña,
casi me deja esa gracia en prenda
mientras se eclipsa en su dolor
y la idea de sí misma muere en ella.

"¿Por qué llevas ese yugo? ¿Por qué no te levantas?",
apenas me contengo de gritarle,
sufriendo porque sufre, por supuesto,
pero aún más porque deja la toma
de mi ternura insatisfecha y se aleja llorando.
"Escúchame", empiezo a murmurar
y ya estoy pensando en la luz de la habitación después del tecnicolor
y a ella que está a punto de irse
y me mira por detrás de la lámpara
de su soledad enfrente.

"Mario", me previene ella, que adivina el resto, "todavía
levantas como una espada -¿buena para qué?-
el desdén por las cosas que te resisten.
Hombre cerrado a la inteligencia de lo distinto,
negado al amor: del mundo, quiero decir; de Dios, por lo tanto",
y se entrega a una mueca burlona
ella misma subida al púlpito, y casi se anula.

"Realmente desearía que hubieras ganado"
le digo con afecto incontenible, más tarde,
mientras fluye en un zumbido de abejas, en la película sin comentarios, la India.

Mario Luzi (Florencia, Italia, 1914-2005), Onore del vero, 1957 Club degli Autori
Versión de Jorge Aulicino

Otra Iglesia Es Imposible - Ojos de Papel - Ediciones Linteo - Trianarts - UNAM - Proyecto Patrimonio - Poéticas - Revista de Libros - El País Madrid - Páginas Digitales - La Verdad - La Nación

Foto: Premio "Firenze per Mario Luzi"

L'India

Tace ora, mi chiedo se oppressa dal suo Karma,
(so della sua vita, del nome che le dà, e del senso)
mentre mostra a lungo lo schermo
sul selciato una moltitudine
stecchita in una posa tra sonno e morte
levarsi a stento in preghiera e spulciarsi nell'alba.
Né forse la colpisce il primo aspetto
ma un altro più recondito, e vede
una giustizia di diverso stampo
in quella sofferenza di paria
orrida eppure non abbietta, e nella sua che le scende addosso.

"Avere o non avere la sua parte in questa vita"
riemerge in parole il suo pensiero - ma solo un lembo.
E io ne tiro a me quella frangia
ansioso mi confidi tutto l'altro,
attento non mi rubi niente
di lei, neppure l'amarezza, ed attendo.
S'interrompe invece. Seguono altre immagini dell'India
e nel loro riverbero le colgo
un sorriso estremo tra di vittima e di bimba,
quasi mi lasci quella grazia in pegno
di lei mentre si eclissa nella sua pena
e l'idea di se stessa le muore dentro.

"Perché porti quel giogo, perché non insorgi"
mi trattengo appena dal gridarle,
soffrendo perché soffre, certo,
ma più ancora perché lascia la presa
della mia tenerezza non saziata e piglia il largo piangendo;
"Ascoltami" comincio a mormorarle
e già penso al chiarore della sala dopo il technicolor
e a lei che sul punto di partire
mi guarda da dietro la lampada
della sua solitudine tenuta alzata di fronte.

"Mario" mi previene lei che indovina il resto. "Ancora
levi come una spada, buona a che?,
lo sdegno per le cose che ti resistono.
Uomo chiuso all'intelligenza del diverso,
negato all'amore: del mondo, intendo, di Dio dunque"
e indulge a una smorfia fine di scherno
per se stessa salita sul pulpito, e quasi si annulla.

"Davvero vorrei tu avessi vinto"
le dico con affetto incontenibile, più tardi,
mentre scorre in un brusio d'api, nel film senza commento, l'India.

domingo, enero 12, 2020

Mario Luzi / Dos poemas




















de Onore del vero [1957]

En la costa

Los olas cruzan los muelles desiertos,
hasta el lobo de mar está sombrío.
¿Qué hacés? Pongo aceite a la lámpara,
mantengo vivo el cuarto en que me encuentro,
a la sombra de ti y de tus deudos.

La brigada dispersa se reúne,
se recuenta tras las marejadas.
¿Dónde estás? Te espero en algún puerto ...
El hombre del faro sale en bote,
escruta, explora, va hacia mar abierto.
El tiempo y el mar tienen estas pausas.


La noche lava la mente

La noche lava la mente

Poco después llegan aquí, como bien sabes,
fila de almas siguiendo la cornisa,
algunos listos a saltar, otros más bien encadenados.

Alguien en la página del mar
traza un signo de vida, clava un punto.
Raramente aparece una gaviota.

Mario Luzi (Florencia, Italia, 1914-2005), Poeti italiani del novecento, a cura di Pier Vincenzo Mengaldo, Mondadori, Milán, 1978
Versiones: Jorge Aulicino

El País - Otra Iglesia Es Imposible - UNAM - Círculo de Poesía - Hablar de Poesía - Poéticas - Premio "Firenze per Mario Luzi" - La Repubblica - Club degli Autori - Nazione Indiana

Foto: AP/El País


da ONORE DEL VERO

Sulla riva

I pontili deserti scavalcano le ondate.
anche il lupo di mare si fa cupo.
Che fai? Aggiungo olio alla lucerna,
tengo desta la stanza in cui mi trovo
all'oscuro di te e dei tuoi cari.

La brigata dispersa si raccoglie,
si conta dopo queste mareggiate.
Tu dove sei? ti spero in qualche porto...
L'uomo del faro esce con la barca,
scruta, perlustra, va verso l'aperto.
Il tempo e il mare hanno di queste pause.


La notte lava la mente

La notte lava la mente

Poco dopo si è qui come sai bene,
fila d'anime lungo la cornice,
chi pronto al balzo, chi quasi in catene.

Qualcuno sulla pagina del mare
traccia un segno  di vita, figge un punto.
Raramente qualche gabbiano appare.

miércoles, julio 15, 2015

Mario Luzi / Cerca del Bisenzio















La niebla congelada cubre la represa de la curtiembre
y el sendero que bordea la orilla. Salen cuatro,
no sé si los he visto o no los he visto antes,
lentos en su andar, lentos también cuando me detienen
                frente a frente.
Uno, el más trabajado por el ansia y el más indolente
se para frente a mí y me dice: “¿Tú? No eres de los nuestros.
No te quemaste como nosotros en el fuego de la lucha
cuando éste abrasaba, y ardían en la hoguera el bien y el mal”:
Lo miro fijo, sin dar una respuesta, en sus ojos marchitos,
                 débiles,
y capto, mientras mueve el labio de abajo, una inquietud.
“Solo hubo un tiempo para redimirse”, y aquí el temblor
se vuelve un tic convulsivo, “o para perderse, y fue aquel
                 tiempo”.
Los otros, obligados a hacer una pausa imprevista,
muestran signos de fastidio, pero no suspiran,
mueven los pies con cadencia contra el frío,
y mastican chicle mirándome a mí o a nadie.
“¿Acaso eres mudo?”, protestan los labios atormentados,
mientras él se va abajo y retrocede
frenético, varias veces, hasta que queda más allá,
quieto, abrazado a un palo, mirándome
entre irónico y furioso. Y espera. El lugar,
poco visible, está desierto;
la niebla presiona con fuerza a las personas
y no deja ver sino la tierra sucia del dique
y el cigarro, la planta ancha de las fosas que rezuma moco.
Y yo: “Es difícil explicártelo. Pero tienes que saber que
                   el camino
era para mí más largo que para ustedes;
pasaba por otros lugares”, “¿Por qué lugares?”
Como yo no respondo,
me mira un largo tiempo y me lanza: “¿Por qué lugares?”
Uno de los compañeros se balancea, otro apoya todo su cuerpo
                  sobre las pantorrillas,
todos mastican chicle y me miran, a mí o al vacío.
“Es difícil, es difícil explicarte.”
Hay un largo silencio,
mientras todo se detiene,
mientras el agua de la curtiembre susurra.
Luego me dejan allí, y yo los sigo a cierta distancia.
Pero uno de ellos, el más joven, me parece, el más dubitativo,
se hace a un lado, se detiene en el borde de hierba y me espera,
mientras los sigo lentamente, devorados por la niebla. A solo
                    un paso,
pero sin detenerme, nos miramos,
luego, mientras baja la mirada, él tiene una sonrisa de enfermo.
“Oh, Mario”, dice y se me pone al lado
en esa calle que no es una calle
sino un trazo tortuoso que se pierde en el barro,
“mírate, mira a tu alrededor. Mientras piensas
y haces concordar las esferas del reloj de la mente
con el movimiento de los planetas en un presente eterno
que no es el nuestro, que no está ni aquí ni ahora,
date vuelta y mira en qué se ha transformado el mundo,
pon tu mente en aquello que este tiempo te reclama,
no la profundidad, no el arrojo,
sino la repetición de palabras,
la mímesis sin por qué ni cómo
de los gestos en los que se desata nuestra multitud
mordida por la tarántula de la vida, y basta.
Dices que apuntas alto, más allá de las apariencias,
y no sientes que eso es demasiado. Demasiado, entiendo,
para nosotros que somos después de todo tus compañeros,
jóvenes pero desgastados por la lucha y más que por la lucha,
                      por su falta humillante.”
Escucho los pasos en la niebla de los compañeros que se
                     eclipsan,
y esta voz que viene rasgada, rota en un jadeo.
Respondo: “También trabajo para ustedes, por el amor
                      de ustedes”.
Él calla un poco, como para recibir esta piedra en cambio
del saco doloroso vaciado a mis pies y desparramado.
Y, como yo no digo nada, agrega: “Oh, Mario,
qué triste es ser hostiles, decirte que rechazamos la salvación,
ni comemos el alimento que nos traes, decirte que eso nos
                       ofende”:
Dejo que se aplaque poco a poco su respiración entrecortada
                    por el esfuerzo
mientras los pasos de los compañeros se aplacan,
y sólo el agua de la curtiembre susurra de cuando en cuando.
“Es triste, pero es nuestro destino: convivir en un mismo tiempo
                    y lugar
y hacernos la guerra por amor. Comprendo tu angustia
pero soy yo el que pago toda la deuda. Y he aceptado esa suerte”.
Y él, ahora perdido e indignado: “¿Tú, tú solamente?”
Pero luego renuncia al desahogo, me aprieta la mano con las
                   suyas que tiemblan
y agita la cabeza: “Oh, Mario, pero es terrible, es terrible que no
                   seas de los nuestros”.
Y llora, y también yo lloraría
si no fuese porque debo mostrarme hombre ante él que ha visto
                   unos pocos.
Luego se va, absorbido por la niebla del sendero.
Me quedo allí, y voy midiendo lo poco que se dijo,
lo mucho que se ha oído, mientras el agua de la curtiembre
                  murmura,
mientras zumban hilos altos en la niebla sobre los palos y
                  las antenas.
“No podrás juzgar estos años vividos con el corazón duro,
me digo, podrán hacerlo los otros en un tiempo diferente.
Ruega para que su alma esté desnuda
y su piedad sea más perfecta”.

Mario Luzi (Florencia, Italia, 1914-2005), Hablar de Poesía N° 31, Argentina, julio de 2015
Versión de Diego Bentivegna

Foto: Fondazione Mario Luzi/Facebook

Presso il Bisenzio // La nebbia ghiacciata affumica la gora della concia / e il viottolo che segue la proda. Ne escono quattro non so se visti o non mai visti prima, / pigri nell’andatura, pigri anche nel fermarsi fronte a fronte. / Uno, il più lavorato da smanie e il più indolente, / mi si fa incontro, mi dice: “Tu? Non sei dei nostri. / Non ti sei bruciato come noi al fuoco della lotta / quando divampava e ardevano nel rogo bene e male”. / Lo fisso senza dar risposta nei suoi occhi vizzi, deboli, / e colgo mentre guizza lungo il labbro di sotto un’inquietudine. / Ci fu solo un tempo per redimersi qui il tremito / si torce in tic convulso o perdersi, e fu quello. / Gli altri costretti a una sosta impreveduta / dànno segni di fastidio, ma non fiatano, / muovono i piedi in cadenza contro il freddo / e masticano gomma guardando me o nessuno. / Dunque sei muto? imprecano le labbra tormentate / mentre lui si fa sotto e retrocede / frenetico, più volte, finché‚ è là / fermo, addossato a un palo, che mi guarda / tra ironico e furente. E aspetta. Il luogo, / quel poco ch’è visibile, è deserto; la nebbia stringe dappresso le persone / e non lascia apparire che la terra fradicia dell’argine / e il cigaro, la pianta grassa dei fossati che stilla muco. / E io: E’ difficile spiegarti. Ma sappi che il cammino / per me era più lungo che per voi / e passava da altre parti Quali parti? / Come io non vado avanti, / mi fissa a lungo ed aspetta. Quali parti? / I compagni, uno si dondola, uno molleggia il corpo sui garetti / e tutti masticano gomma e mi guardano, me oppure il vuoto. / E’ difficile, difficile spiegarti. / C’è silenzio a lungo, / mentre tutto è fermo, / mentre l’acqua della gora fruscia. / Poi mi lasciano lì e io li seguo a distanza. // Ma uno d’essi, il più giovane, mi pare, e il più malcerto, / si fa da un lato, s’attarda sul ciglio erboso ad aspettarmi / mentre seguo lento loro inghiottiti dalla nebbia. A un passo / ormai, ma senza ch’io mi fermi, ci guardiamo, / poi abbassando gli occhi lui ha un sorriso da infermo. / O Mario dice e mi si mette al fianco / per quella strada che non è una strada / ma una traccia tortuosa che si perde nel fango / guardati, guardati d’attorno. Mentre pensi / e accordi le sfere d’orologio della mente / sul moto dei pianeti per un presente eterno / che non è il nostro, che non è qui né ora, / volgiti e guarda il mondo come è divenuto, / poni mente a che cosa questo tempo ti richiede, / non la profondità, né l’ardimento, / ma la ripetizione di parole, / la mimesi senza perché né come / dei gesti in cui si sfrena la nostra moltitudine / morsa dalla tarantola della vita, e basta. / Tu dici di puntare alto, di là dalle apparenze, / e non senti che è troppo. Troppo, intendo, / per noi che siamo dopo tutto i tuoi compagni, / giovani ma logorati dalla lotta e più che dalla lotta, dalla sua mancanza umiliante. / Ascolto insieme i passi nella nebbia dei compagni che si eclissano / e questa voce venire a strappi rotta da un ansito. / Rispondo: Lavoro anche per voi, per amor vostro. / Lui tace per un po’ quasi a ricever questa pietra in cambio / del sacco doloroso vuotato ai miei piedi e spanto. / E come io non dico altro, lui di nuovo: O Mario, / com’è triste essere ostili, dirti che rifiutiamo la salvezza, / né mangiamo del cibo che ci porgi, dirti che ci offende. / Lascio placarsi a poco a poco il suo respiro mozzato dall’affanno / mentre i passi dei compagni si spengono / e solo l’acqua della gora fruscia di quando in quando. / E’ triste, ma è il nostro destino: convivere in uno stesso tempo e luogo / e farci guerra per amore. Intendo la tua angoscia, / ma sono io che pago tutto il debito. E ho accettato questa sorte. / E lui, ora smarrito ed indignato: Tu? tu solamente? / Ma poi desiste dallo sfogo, mi stringe la mano con le sue convulse / e agita il capo: O Mario, ma è terribile, è terribile tu non sia dei nostri. / E piange, e anche io piangerei / se non fosse che devo mostrarmi uomo a lui che pochi ne ha veduti. / Poi corre via succhiato dalla nebbia del viottolo. // Rimango a misurare il poco detto, / il molto udito, mentre l’acqua della gora fruscia, / mentre ronzano fili alti nella nebbia sopra pali e antenne. / Non potrai giudicare di questi anni vissuti a cuore duro, / mi dico, potranno altri in un tempo diverso. / Prega che la loro anima sia spoglia / e la loro pietà sia più perfetta.

domingo, julio 17, 2011

Mario Luzi / Del "Viaje terrestre y celeste de Simone Martini"




Quédate donde estás, te lo ruego,
así como te veo.
No te retires de esa imagen tuya,
no huyas de esos firmes
rasgos que te di,
yo, sólo por obediencia.
No dejes desiertos mis jardines
de azul, de turquesa,
de oro, de las multicolores lacas
donde reinas
ofrecida a la pintura
y a la adoración,
no los dejes arrasados,
no hay primaveras si faltas,
faltando así el alma,
el fuego, el espíritu del mundo.
No permitas que mi obra
se cierre en sí misma,
se vuelva vaniloquio, culpa.

Mario Luzi (Florencia, 1914-2005), "Él, su arte", Viaje terrestre y celeste de Simone Martini, introducción, traducción y notas de María Julia De Ruschi Crespo, Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 2002

Nota: Simone Martini (Siena, c.1284- Aviñón, c.1344) fue uno de los más destacados pintores del siglo XIV. Su "viaje terrestre y celeste" es el del regreso a su ciudad natal y a los fundamentos de su arte. En la breve introducción al libro, Luzi indica: "Quizás ofendo a la verdad histórica, quizás no" con la narración de este viaje de retorno. Que tal vez no existió sino en el plano celeste, pero imaginativa e imprescindiblemente, también en la tierra.

Rimani dove sei, ti prego,
così come ti vedo.
Non ritirarti da quella tua imagine,
non involarti ai fermi
lineamenti che ti ho dato
io, solo per obbedienza.
Non lasciare deserti i miei giardini
d'azzurro, di turchese,
d'oro, di variopinte lacche
dove ti sei insediata
e offerta alla pintura
e all'adorazione,
non farne una deleritta plaga,
primavera da cui manchi,
mancando così l'anima,
il fuoco, lo spirito del mondo.
Non fare che la mia opera,
ricada su se medesima,
diventi vaniloquio, colpa.

Ilustración: L'Annunciazione tra i santi Ansano e Margherita (detalle), 1333, Simone Martini

lunes, julio 18, 2011

Mario Luzi / Del "Viaje terrestre y celeste de Simone Martini", 2


¿Es su extrema vejez
o una incipiente
divina gratuidad lo invade
vena tras vena
hasta colmarlo?
Se lanzan como desde una torre
hacia lo lejos los deseos. Se recrean
gozosamente en lo abierto,
no es un don para ellos
el pleno cumplimiento. No quieren,
de hecho, no buscan
el término, el arribo,
el nido. Se difunden
vibrantes de su vigor
en todo el luminoso espacio
humano y extrahumano
libres de causa, acaso,
porque todo es causa e insondable el principio.

Mario Luzi (Florencia, 1914-2005), "Él, su arte", Viaje terrestre y celeste de Simone Martini, introducción, traducción y notas de María Julia De Ruschi Crespo, Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 2002


Estrema sua vecchiezza
o un'incipiente
divina grauità lo invade
vena dopo vena
fino alla sua cima?
Si lanciano como de una torre
al largo i desideri. Svagano
gioiosamente nell'aperto
essi, non è grazia per loro
il pieno adempimento. Non lo vogliono
infatti, non lo cercano
il termine, l'approdo,
il nido. Si diffondono
vibranti del vigore loro
in tutto il luminoso spazio
umano ed extraumano
liberi da causa, forse,
perché tutto è causa e insondabile il principio.


Ilustración: La torre rossa, 1913, Giorgio de Chirico

sábado, noviembre 19, 2022

Mario Luzi / Génova, maravillas...



Génova, maravillas
que una a una se despliegan -
alegres altibajos,
deslumbrante mañana -
nuestra travesía
bajando nosotros
con sombras
a aquella
cavidad solar.
nosotros, luz escalando
precipicios
de piedra, pizarras, mármoles,
fija allá abajo la llama
del gran horno marino
                                  oh posta
de quiénes en mi camino,
escalera, escalera continua
por la que el infierno se aproxima
o el paraíso se avecina.

Mario Luzi (Florencia, Italia, 1914-2005), "Viaggio terrestre e celeste di Simone Martini" (1994), Le poesie, Garzanti, Milán, 2018



Genova, meraviglie
che a una a una sciorina -
festoso saliscendi,
sfolgorante mattino -
la nostra traversata
calando noi con ombre
in quella
solare cavità,
noi, luce, risalendo
precipizi
di pietre, ardesie, marmi,
fissa in basso la vampa
della fornace marina
                    oh posta
da chi sul mio cammino,
scala, sacala continua
per cui l'inferno si approssima
o il paradiso s'avvicina.

domingo, marzo 27, 2011

Mario Luzi / En qué página de la historia...














[de Al fuoco della controversia] [1978]

En qué página de la historia, en qué límite del sufrimiento -
me pregunto bruscamente, me pregunto
por aquel su "todavía un poco
y de nuevo me veréis" *, dicho dulce, dicho terriblemente

y él tal vez está allá, parado en el nudo de los tiempos,
allá, con su ejército de pobres
acuartelado en el protervo campo
en variables uniformes: uno e incalculable
como el número de las células. De las células y de las golondrinas.

Mario Luzi (Florencia, 1914-2005), Dopo la lirica, poeti italiani 1960-2000. A cura di Enrico Testa, Giulio Einaudi Editore, Turín, 2005
Versión de Jorge Aulicino

* N. del T.: Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre (Juan, 16,16)


[da Al fuoco della controversia]

A che pagina della storia, a che limite della sofferenza -
mi chiedo bruscamente, mi chiedo
di quel suo "ancora un poco
e di nuovo mi vedrete" detto mite, detto terribilmente

e lui forse è là, fermo nel nocciolo dei tempi,
là nel suo esercito di poveri
acquartierato nel protervo campo
in variabili uniformi: uno e incalcolabile
come il numero delle cellule. Delle cellule e delle rondini.


Foto: Pickline

miércoles, abril 06, 2011

Mario Luzi / Vuela alta palabra



[De Per il battesimo dei nostri frammenti] [1985]

Vuela alta palabra

Vuela alta, palabra, crece en profundidad,
toca nadir y cénit de tu significación,
ya que a veces lo consigues - sueño que la cosa exclama
en la oscuridad de la mente -
pero no te separes
de mí, no llegues,
te ruego, a esa cita celestial
sola, sin mi calor
o al menos mi recuerdo, sé
luz, no deshabitada transparencia...

¿La cosa y su alma? ¿O la mía y su sufrimiento?

Mario Luzi (Florencia, 1914-2005), Dopo la lirica, poeti italiani 1960-2000. A cura di Enrico Testa, Giulio Einaudi Editore, Turín, 2005
Versión de Jorge Aulicino


[Da Per il battesimo dei nostri frammenti]

Vola alta parola

Vola alta, parola, cresci in profondità,
toca nadir e zenith della tua significazione,
giacchè tavolta lo puoi - sogno che la cosa esclami
nel buio della mente -
però non separarti
da me, non arrivare,
ti prego, a quel celestiale appuntamento
da sola, senza il caldo di me
o almeno il mio ricordo, sii
luce, non disabitata trasparenza...

La cosa e la sua anima? o la mia e la sua sofferenza?

Ilustración: Códice de San Pedro de Cardeña, Burgos, siglo XI, anónimo

domingo, junio 27, 2010

Mario Luzi / Despertar




Diana, despertar

El viento libre luce entre los humos
de la llanura, el monte ríe raro
iluminándose, surgen relumbres
del agua, ¿hay mensaje más caro?

Hora es de levantarse, de vivir
puramente. Ya vuela en los espejos
un sonreir, un temblor en los vidrios,
vuelve un sonido a confundir los oídos.

Y tú acudes alegre y contradices
de inmediato a la muerte. Así cuando
se abre una puerta desbordan felices
los colores, la sombra va de vuelta

a disolverse. Nacen rientes imágenes,
en la sangre se filtra, ciego vuelve,
el espíritu del sol, nos llevan céfiros
consigo: a existir, a extinguirse en un día.

Mario Luzi (Florencia, 1914-2005)
Versión de Rodolfo Alonso

Foto: Corriere della Sera

Diana, risveglio
Il vento sparso luccica tra i fumi / della pianura, il monte ride raro / illuminadosi, escono barlumi / dall’acqua, quale messaggio più caro? // È tempo di levarsi su, di vivere / puramente. Ecco vola negli specchi / un sorriso, sui vetri aperti un brivido, / torna un suono a confondere gli orecchi. // E tu ilare acorri e contraddici / in un tratto la morte. Cosí quando / s’apre una porta irrompono felici / i colori, esce il buio di rimando // a dissolversi. Nascono liete immagini, / filtra nel sangue, cieco nel ritorno, / lo spirito ldel sole, aure ci traggono / con sé: a esistere, a estiguerci in un giorno.

lunes, mayo 25, 2020

Mario Luzi / Como debe





















¿Qué quieres tú que vienes de tan lejos
y en vuelo ciego entras en la niebla
hasta aquí donde aun los pajarillos
se desorientan de una rama a otra?

La vida, como debe, se perpetúa,
en mil arroyos se derrama. La madre
entre los hijos parte el pan, alimenta
el fuego; la jornada pasa, plena
o fastidiosa, llega un forastero,
se va, cae nieve, escampa o una llovizna
de fin de invierno apaga los colores,
moja zapatos y vestidos. Llega la noche.

Es poco, de otra cosa no hay señales.

Mario Luzi (Florencia, Italia, 1914-2005), Honor de la verdad [Onore del vero, 1957], Ediciones Linteo, Ourense, España, 2012 Centro Cultural Tina Modotti, Caracas
Versión de Francisco Deco

Otra Iglesia Es Imposible - Ediciones Linteo - Nazione Indiana - Associazioni Mendrisio - Club degli Autori - Ojos de Papel - UNAM - El Trabajo de las Horas - La Nación - Hablar de Poesía

Foto: La Casa della Poesia di Monza

Che vuoi che vieni da così lontano
ed entri a volo cieco nella nebbia
fin qua dove gli uccelli anche di nido
da ramo a ramo perdono la traccia?

La vita come deve si perpetua,
dirama in mille rivoli. La madre
spezza il pane tra i piccoli, alimenta
il fuoco; la giornata scorre piena
o uggiosa, arriva un forestiero, parte,
cade neve, rischiara o un’acquerugiola
di fine inverno soffoca le tinte,
impregna scarpe ed abiti, fa notte.

E’ poco, d’altro non vi sono segni.

jueves, noviembre 24, 2016

La lira argentina, ¿cómo suena?, 11


Pablo Anadón

Cuando leí el título de esta convocatoria, recordé a Vittorio Sereni, en un campo de prisioneros británico en Argelia, cuando anotaba: “Hoy la música es ésta: / las lonas que golpean en los postes. / No es música de ángeles, / pero es mi sola música, y me basta.” Lo decía, es cierto, aunque no fuera música angélica, en versos de excelente música verbal humana. Si tuviera que dar, como gentilmente nos solicita Jorge Aulicino, una impresión general sobre la poesía actual argentina, observaría que aquí también domina esa cruda sonoridad “delle tende che sbattono sui pali”, como si los poetas vivieran asimismo en un campo de reclusión, o tuvieran ―tuviéramos― la sensibilidad aprisionada en un perímetro semejante de alambres de púas. Ahora bien, me temo que la música resultante no sólo no es angélica, sino tampoco tan excelente, tan modulada, como la del poeta de Diario d’Argelia. Vale decir: la lira argentina ha perdido casi toda resonancia lírica, más allá de la crudeza o la rugosidad de la experiencia tratada. Predomina, pues, la prosa en versos de mayor o menor extensión, que a menudo no extrañarían la condición de versos si fueran yuxtapuestos en un texto que ocupara todo el renglón. Eso no quita, sin embargo, que esas prosas, cortadas con criterios menos rítmicos que sintácticos o visuales, puedan captar experiencias poéticas, pensamientos poéticos, descripciones poéticas, sentimientos poéticos, etc. El lirismo, así, se ha convertido más en un factor de “sentido” ―se me permita la didáctica distinción― que de “forma” (esa “forma que es el supremo contenido”, según Staiger, recordado por Benn y Klee). No se trata de una cuestión de verso medido o verso libre, sino de atención a la sonoridad del verso, entre otras dimensiones estilísticas. Hay excepciones, claro: muy raras en mi generación y la precedente a la mía, menos en las anteriores (pero ya van quedando pocos poetas vivos de ellas), y algunas, esperanzadoras, en las nuevas.



Pablo Anadón (Villa Dolores, provincia de Córdoba, 1963). Poeta, traductor, ensayista y docente. Sus dos últimos libros de poesía son El trabajo de las horas (Ediciones del Copista, Córdoba, 2006) y Estudios de la luz (Pre-textos, Valencia, 2010). Es autor de las antologías críticas Poetesse argentine (Plural Poesia, Acquaviva Picena, 1994); El astro disperso. Últimas transformaciones de la poesía en Italia. 1971-2001 (Ediciones del Copista, Córdoba, 2001) y Señales de la nueva poesía argentina (Llibros del Pexe, Gijón, 2004), así como del libro de crítica literaria La poesía en el país de los monólogos paralelos (Editorial Brujas, Córdoba, 2014). Ha publicado traducciones de Dante Alighieri, Giuseppe Ungaretti (El Dolor, Alción, Córdoba, 1994, en colaboración con Esteban Nicotra), Vittorio Sereni, Alfonso Gatto, Mario Luzi, Giorgio Caproni, Robert Frost, T. S. Eliot, W. S. Merwin, Boris Pasternak, Serguiei Esenin, entre otros.
Doctor en Letras por la Universidad Nacional de Córdoba, hizo estudios de especialización en la Universidad de Florencia y fue docente en la Universidad de Calabria. Vive actualmente en Córdoba, y trabaja en la docencia secundaria y universitaria. Ha fundado y dirige desde 1997 la revista de poesía y crítica Fénix y la colección de libros del mismo nombre. Es aficionado a los cafés, la noche, el tabaco de pipa, los gatos y la contemplación de la belleza femenina, en especial la de una, “igual a las demás, pero que es ella”.