jueves, agosto 12, 2021

Pablo Anadón / Leyendo a Hobsbawm

 

            “Still falls the Rain…”
                         Edith Sitwell 
 
 
Sigue lloviendo. Adentro, en el silencio
De la casa de infancia, leo la historia
De matanzas, hambrunas, migraciones
Del espantoso siglo XX. 

A mi lado, enroscada en su almohadón,
La vieja gata de los padres viejos
Duerme plácidamente. No la inquieta
El tiempo que le queda por vivir. 

También duermen mis padres,
Y la lluvia en la noche, y el rumor
Mudo del sufrimiento universal,
Parecieran un sueño, un largo sueño oscuro. 

Pablo Anadón (Villa Dolores, Córdoba, Argentina, 1963), Viejas canciones rusas y otros poemas, inédito


miércoles, agosto 11, 2021

Louis Grudin / Nocturno

La noche se eleva sobre mí como un atardecer.
Bajo mi ventana,
la ciudad semeja un sueño
lleno de estrellas. Paredes con ojos que no parpadean,
nunca.

Y estoy mirando el rostro
de la oscuridad; con las sombras de todas las cosas
mis vecinas.
Con mis promesas muertas,
y los poemas que he perdido,
para morir con su canto.

Louis Grudin (Ucrania, 1898-Nueva York, Estados Unidos, 1993), Poems for L. S., University of Alabama Press, 1918. Edición digital Library of Congress
Versión de Jonio González.


Imagen: Portada de Poems for L. S., de Louis Grudin,
en la edición digital de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos


NOCTURNE

Night rises about me like a sunset.
Under my window,
The city is like a dream
Full of stars. Walls with eyes that do not blink,
Never.

And I am looking in the face
Of the dark; with the shadows of all things
My neighbors.
With my dead promises,
And the poems I have forgotten,
To sing me to death.

martes, agosto 10, 2021

Graciela Scarlatto / Dos poemas


 Clepsidras en la lluvia

no es esa ni madre contra la llovizna
cambiando una y otra vez
las fuentes donde iban 
las goteras a beber
era la esquina
del cuarto en la que el sol no daba nunca
era su cama donde el el agua
se iba a chorros
por las sienes de mi madre
          una ahogada ya futura
          la espera en la tormenta


Cauce marrón

cauce marrón
que se despeña
no la hebra de agua pura
el aluvión
ni la lengua del mar
proceloso en los muslos de la costa
esta creciente
muele piedra sobre piedra
nada remuerda la devastación del frío
agua brava, sí, calor,
deshielo

Graciela Scarlatto (Mendoza, Argentina, 1963)


Clepsidras en la lluvia
Ediciones del Dock, 
Buenos Aires, 2021










lunes, agosto 09, 2021

Alejandro Nicotra / Poemas a Manchita



MUSA MENOR

                        a Manchita, su gata
 
Casi como una luna, pero ligera
(con su mancha en el lomo
y su cola de sombra):
    
así juegas tu rayuela en el patio,
desde una eterna infancia,
que reconozco.

          *

Miramos la noche
(hay una bienvenida y hay un adiós)
desde el umbral, propicio

a esa avenida enorme de tinieblas y luces
─que nos tienta, te digo.

          *

Sí, tu tenue reclamo en la mañana.
A las puertas del cuarto,
o el despertar, que abren

a ya no sé qué espacios,
desde donde me llamas.

           *

Arcano:
eso es, cazadora,
lo que me traes,

viva tu presa oscura
en el brillo del ojo.

[En De una palabra a otra (2004-2008),  Ediciones del Copista, Col. “Fénix”, Córdoba, 2008]


A MANCHITA, EN EL JARDÍN

El sopor de las diez de la mañana
entrecierra tu ojo:
                     se apaga el verde,
el amarillo –y,
dentro de ti, incauta,
se hace la noche.

          *

¿Pensar, o no, entrever, un día
como éste de octubre
pero sin ti?

¿Con mi ojo extraviado
a través de su luz?

¿Perdiéndose aún más
en lo más claro?

¿Ahora, cuando juegas, gata niña,
en la lumbre, virginal,
del jardín?


ESTELAS
                    a Manchita

Esta piedra de cuarzo en el jardín,
sobre lecho de tierra
y alrededores verdes,
                            se parece a la luna
niña de esta mañana.
Y se parece a ti, por su blancura,
en tu noche, bajo ella.

               *

La poesía, como el ángel
de Rilke, no distingue
entre vivos y muertos:
                                     así,
aún te habla, en esta noche,
tal como si estuvieras, dormitando,
cerca del fuego.
(Y dice que mi mano, en su verdad,
te acaricia.)

[En Última cita, inédito]

Alejandro Nicotra (Sampacho, Argentina, 1931)
Envío de Pablo Anadón


domingo, agosto 08, 2021

Susana Cabuchi / Visita al Purgatorio




El cartel anuncia
                         "El Paraíso".
Aquí están
la directora del colegio,
la fundadora del Teatro Vocacional,
el carnicero,
el prestamista, el notario.
-Sí, madre,
traigo galletas,
sacaremos una mesa,
jugaremos a la confitería,
tomaremos el té.
Las pequeñas carrozas
              -trípodes, andadores,
              sillas de ruedas-
giran.
Aferrados al pasamanos
los caminantes
repiten la peregrinación,
como antes en la plaza,
ahora a orillas de la ciudad,
a orillas de la vida,
con las máscaras de la vejez,
con los pesados trajes,
                                  marchitos.
Sí madre,
soy la tía Emma
y también soy Susana.
Entre sombras
la comparsa emite
entrecortados llantos, gemidos secos.
-No madre, sus padres
no la olvidan,
están muy ocupados.
Cuando puedan
                  vendrán
con un ramo de rosas.

[Detrás de las máscaras, 2008-2022]

Susana Cabuchi (Jesús María, Argentina, 1948), Fénix nº 23, Córdoba, Argentina, octubre de 2008

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Foto: Susana Cabuchi/Facebook

sábado, agosto 07, 2021

Umberto Saba / El torrente




Tú que eres tan afortunado en mi mito
eres tan pobre entre tus orillas.
No veo que tengas márgenes floridas.
Donde te estancas, muestras algo inmundo.

Mas, si te veo, el corazón me oprimes,
oh pequeño torrente.
Todo tu curso es también el mismo
del pensamiento mío, que vuelves a empujar
a los orígenes, a lo fuerte y lo bello
que en ti admiraba; y si evoco los grandes 
rìos, el encuentro con el adverso mar,
esta agua con que apenas enrojeces
los pies desnudos a una lavandera,
la más alegre y la más arriesgada,
con islas y cascadas aún la veo;
y el monte del que bajas lo creo una montaña.

Sobre tu orilla pedregosa la hierba
crecía, y crece en el recuerdo siempre;
siempre es en torno a ti tarde de sábado,
siempre a un niño su madre vigilante 
le recuerda que esta agua es fugitiva,
que no regresa más a su surgente
ni a su ribera; siempre aquella mujer, todavía
bella, entristece y busca con su mano
al muchachito, que escuchó una extraña
comparación entre la vida nuestra
y la de la corriente.

Umberto Saba (Trieste, Italia, 1883-Gorizia, Italia, 1957), "Casa y campaña" (1909-1910), Umberto Saba, Il Nuovo, Vecchio Stil, Córdoba, Argentina, 1987
Traducción de Horacio Armani


Il torrente

Tu così avventuroso nel mio mito,
così povero sei fra le tue sponde.
Non hai, ch'io veda, margine fiorito.
Dove ristagni scopri cose immonde.
 
Pur, se ti guardo, il cor d'ansia mi stringi,
o torrentello.
Tutto il tuo corso è quello
del mio pensiero, che tu risospingi
alle origini, a tutto il fronte e il bello
che in te ammiravo; e se ripenso i grossi
fiumi, l'incontro con l'avverso mare,
quest'acqua onde tu appena i piedi arrossi
nudi a una lavandaia,
la più pericolosa e la più gaia,
con isole e cascate, ancor m'appare;
e il poggio da cui scendi è una montagna.
 
Sulla tua sponda lastricata l'erba
cresceva, e cresce nel ricordo sempre;
sempre è d'intorno a te sabato sera;
sempre ad un bimbo la sua madre austera
rammenta che quest'acqua è fuggitiva,
che non ritrova più la sua sorgente,
né la sua riva; sempre l'ancor bella
donna si attrista, e cerca la sua mano
il fanciulletto, che ascoltò uno strano
confronto tra la vita nostra e quella
della corrente.

viernes, agosto 06, 2021

Mary O'Donnell / Héroes no legendarios




  La vida pasa por lugares

  – P. J. Duffy, Paisajes del sur del Ulster


Patrick Farrell, de Lackgah, quien pudo segar un acre y un cuarto en un día. Tom Gallagher, Cornamucklagh, pudo caminar 50 millas irlandesas en un día. Patrick Mulligan, Cremartin, fue un gran remero. Tommy Atkinson, Lismanguship fue un muy buen saltador: saltar seis pies de alto. John Duffy, Corley, era capaz de cavar medio acre irlandés en un día. Edward Monaghan, Annagh, podía sostener en la cabeza una pinta o el aparejo de una casa.

  – Encuesta folklórica de 1938 para registrar a la población local que ocupaba el paisaje de la parroquia del sur de Ulster.

*

Kathleen McKenna, Annagola,
que fue capaz de lavar las sábanas y las camisas de una semana
y fajar, hornear pan y limpiar la casa
todo un lunes.

Birdy McMahon, de Faulkland,
caminó a Monaghan para buscar una bolsa de harina dos días antes
de que naciera su octavo hijo.

Cepta Duffy, Glennan,
muy buena cosiendo – bordó n conjunto de vestimentas
en cinco días.

Mary McCabe, de Derrynashallog
que cuidó al marido de su madre en la vejez
alimentó a diez hijos
el menor todavía mamando durante la cosecha del heno.

Mary Conlon, Tullyree,
que escribía poemas de noche.
Assumpta Meehan, Tonygarvey,
tuvo muchas visiones y fue enviada a un asilo.

Martha McGinn, de Emyh
que nadó el Cornamunden Lough  en una hora y cuarto.

Marita McHugh, Foxhole,
cuyas tortas esponjosas ganaron el Primer Premio en el Cloncaw Show.

Miss Harper, Corley,
los problemas femeninos rara vez cesan, agradables en la mala salud.

Patricia Curley, Corlatt,
cuyas coyunturas le dolían  e hinchaban aunque era joven,
que tuvo tres hijos.

Dora Heuston, Strananny
murió dando a luz, a los 14 años,
últimas palabras: “¡Mami, oh mami!”

Rosie McCrudden, Aghabog,
destacada por las botas limpias, invierno o verano,
a menudo golpeada por su padre.

Maggie Traynor, Donagh,
no tenía desayunos, alimentada por las monjas, hogaza de pan con mermelada,
la mejor ortografía de la escuela.

Phyllis McCrudden, Knockaphubble,
que enterró a dos maridos, crió cinco hijos
y trabajó su propia tierra.

Ann Moffett, de Enagh
que le enseñó a leer a la gente sin cobrar.

Mary O'Donnell (Monaghan, Irlanda, 1954), Unlegendary Heroes, Salmon Publishing, Ennistymon, 1998
Traducción de Jorge Fondebrider



Unlegendary heroes

  'Life passes through places.'

  – P.J. Duffy, Landscapes of South Ulster


  Patrick Farrell, of Lackagh, who was able to mow one acre and one rood Irish in a day. Tom Gallagher, Cornamucklagh, could walk 50 Irish miles in one day. Patrick Mulligan, Cremartin, was a great oarsman. Tommy Atkinson, Lismagunshin, was very good at highjumping—he could jump six feet high. John Duffy, Corley, was able to dig half an Irish acre in one day. Edward Monaghan, Annagh, who could stand on his head on a pint tumbler or on the rigging of a house.

    – 1938 folklore survey to record the local people who occupied the South Ulster parish landscape.

*

Kathleen McKenna, Annagola,
who was able to wash a week’s sheets, shirts
and swaddling, bake bread and clean the house
all of a Monday.

Birdy McMahon, of Faulkland,
walked to Monaghan for a sack of flour two days before
her eighth child was born.

Cepta Duffy, Glennan,
very good at sewing—embroidered a set of vestments
in five days.

Mary McCabe, of Derrynashallog,
who cared for her husband’s mother in dotage,
fed ten children,
the youngest still at the breast during hay-making.

Mary Conlon, Tullyree,
who wrote poems at night.

Assumpta Meehan, Tonygarvey,
saw many visions and was committed to the asylum.
Martha McGinn, of Emy,
who swam Cornamunden Lough in one hour and a quarter.
Marita McHugh, Foxhole,
whose sponge cakes won First Prize at Cloncaw Show.

Miss Harper, Corley,
female problems rarely ceased, pleasant in ill-health. 

Patricia Curley, Corlatt,
whose joints ached and swelled though she was young,
who bore three children.

Dora Heuston, Strananny,
died in childbirth, aged 14 years,
last words ‘Mammy, O Mammy!’

Rosie McCrudden, Aghabog
noted for clean boots, winter or summer,
often beaten by her father. 

Maggie Traynor, Donagh,
got no breakfasts, fed by the nuns, batch loaf with jam,
the best speller in the school.

Phyllis McCrudden, Knockaphubble,
who buried two husbands, reared five children,
and farmed her own land.

Ann Moffett, of Enagh,
who taught people to read and did not charge.
---

jueves, agosto 05, 2021

Dora Battiston / Un retrato hacia 1920




Qué hace esa mano
sobre remota música
qué significa el pie
cruzado en sombra
la camisa qué enigma
y el pañuelo qué símbolo
roto a la altura fiel de la palabra 
no pronunciada sin embargo
en la comba del retrato 
en la pampa central de aquellos sepias
dónde está el hombre 
entre otros sin nombre
y él callado
amigo de lealtades
extranjero en la rosa
que el ojal mutilaba 
justo al centro 
de las edades simples
en que supo pulsar
esa celeste mandolina en fuga
en sueño en humo
entre las pertinaces estaciones 
inmóviles y grises 
o humilladas de blanco
y en arcos temporales recogiendo
despedidas y gestos 
triviales y episódicos
y sobre el mundo su vereda oscura
y la nada en las sillas laterales
y su imagen de aldea 
en un vértigo triste
del párpado al botín ensimismado. 

Dora Battiston (Realicó, La Pampa, Argentina), Relativa sombra, En Danza, Buenos Aires, 2018

Foto: La Arena

miércoles, agosto 04, 2021

Jorge Eduardo Eielson / Cuerpo de tierra



Todo lo que veo sobre la tierra 
Me convence que jamás seré un hombre 
Ni una mujer ni una hormiga 
Y ni siquiera una persona educada 
No me corto el pelo ni la barba 
Sino cuando el cielo me lo pide 
El cocodrilo es mi hermano querido 
Las cucarachas mi única familia 
Comparto con la yerba y con el sapo 
El amor a la lluvia con la araña el arte 
De levantar castillos de saliva 
Así avanzo avanzo todavía 
Generalmente en cuatro patas 
Encima de dos zapatos 
O debajo de un sombrero

Jorge Eduardo Eielson (Lima, 1924-Milán, Italia, 2006), Noche oscura del cuerpo, Jaime Campodónico Editor, Lima, 1989
Envío de Jonio González

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Foto: Viceversa

martes, agosto 03, 2021

Alberto Pipino / En Riverside Drive



Renuncié al Río de la Plata, exilio, retorno, 
ya ningún tazón de bayas o de semillas 
me ilusiona, lejos se oye el runrun 
de un avión que va al sur. 
Apegado al ser humano, sus ciudades y ríos, 
acá veo a una mujer saboreando vino 
y disfruto como si lo bebiera 
yo mismo. 

Al instante evoco las ondas del Sena, los labios 
del Xolotlán, los límites del río Masacre,
los cantos del Moscova, y en caída   
libre desde lo alto 
del Washington Bridge aleteo desafiando a la 
razón, sin temer al desvío ni a tu lectura, 
o al vacío que rompe bordes, sean
profanos o sumisos.

A veces la lluvia me rehúsa su caricia y la luz 
me cubre de hielo transparente, pero igual
me doy baños de tierra en Trinity Church Cemetery,
busco bichos y restos de frutas en las aceras 
y patios de las escuelas de Hamilton 
Heights, hasta que la alegría 
temple mi último gorjeo.

¡Ah, Riverside Drive!, no solo eres un lado 
de la corriente natural para llegar 
al deseo, sos además 
el sitio, cavidad 
y arbusto para cobijar lo que queda de mí, 
poner el pico bajo el ala y soñar 
que aquí enlazo siluetas 
del país que tuve.
 
Sí, soy un viejo gorrión que gusta del aire 
viciado e imita silencios. En el Hudson 
un soplo me eriza el plumaje
gris y el pecho prieto,
confiado confundo al río con el cielo, a una 
anguila de cristal con una estrella fugaz 
que sigo hasta el fondo,
seducido por la luna.

Alberto Pipino (Buenos Aires, 1942), Riverside Drive, etcétera, inédito


Foto: Alberto Pipino, Librería y Centro Cultural Barco de Papel, Nueva York, 2016

lunes, agosto 02, 2021

Jerome Rothenberg / De "Khurbn & otros poemas"




Dos geshray (el grito)

          Erd, zolst nit tsudekn mayn blut
          un zol nit kayn ort zayn far mayn geshray 
                                                         (Job 16:18)

–practica el grito –dije
(¿por qué habré dicho eso?)
porque era su grito & no el mío
se cernía entre nosotros       nítido
a los sentidos siempre nítido ocupaba
el lugar central
luego vino otro y lo miró fijo
a los ojos y allí en el fondo encontró un recuerdo
de caballos galopando más rápido las ruedas teñidas de rojo
tras ellos      los polacos habían reservado
un día de fiesta pero el judío
encerrado en el armario gritaba
para sus adentros un grito
sin sonido       tan mudo que
se arremolinaba alrededor del mundo 
tan feroz que quebraba las piedras
que hacía saltar los clavos de los zapatos
apilados a la entrada    los objetos dan fe
–la ley lo dice–
los zapatos & aquellos otros objetos más queridos
como el cabello & los dientes dan fe
con su sola presencia
No es que compartan –diría– el dolor
o que lo muestren ni siquiera las fotos desde donde
las expresiones de los muertos proyectan su lumbre
las montañas de muletas las montañas de prótesis
dan fe los anteojos dan fe
las maletas los zapatos de los niños los turistas alemanes
en ese tinglado en que oshvientsim se había transformado
la inscripción todavía brillando en los portones 
toda en mayúsculas
ARBEIT MACHT FREI
& a un costado    HOTEL
y BAR - COMIDAS
el espíritu del lugar disolviéndose
indiferente a su presencia
allí junto a los otros fantasmas
el tío lamentándose
los párpados cada vez más marrones un ojo
saliéndole de la nalga
este hombre con cuerpo 
de cangrejo
las tripas para afuera
las rosadas carnes de sus hijos
colgándole
con las rodillas subidas hasta el pecho
no hay holocausto
para ellos     solo khurbn
la palabra que aún dicen los muertos
que dicen       mi khurbn
& el khurbn de mis hijos
la única palabra que admite el poema
porque es la que decían ellos
la palabra como preludio del grito
entra
por el culo
sube por las tripas
hasta la garganta 
& estalla
en un llanto    un grito
es ese grito de él lo que me asalta
llorando en      oshvientsim
& convoca al poema

Jerome Rothenberg (Nueva York, Estados Unidos, 1931), "Khurbn & otros poemas" (1989), El trabajo del sueño. Antología 1960-1999, selección, traducción y prólogo de Mercedes Roffé, Hilos Editora, Buenos Aires, 2013

Khurbn (yiddish, del hebreo khurban): destrucción, ruina, devastación, estrago, holocausto; palabra usada tradicionalmente para referirse al destino sufrido por el templo o templos de Jerusalén, y de allí a cualquier tragedia humana de grandes proporciones. (N. de la T.)

 


Dos Geshray (The Scream)

            Erd, zolst nit tsudekn mayn blut 
            un zol nit kayn ort zayn far mayn geshray
                                          (Job 16:18)

“practice your scream” I said
(why did I say it?)
because it was his scream & wasn’t my own
it hovered between us       bright
to our senses always bright it held
the center place
then somebody else came up & stared
deep in his eyes there found a memory
of horses galloping faster the wheels dyed red
behind them       the poles had reserved
a feast day but the jew
locked in his closet screamed
into his vest a scream
that had no sound therefore
spiraled around the world
so wild that it shattered stones
it made the shoes piled in the doorway
scatter their nails        things testify
–the law declares it–
shoes & those dearer objects
like hair & teeth do
by their presence
I cannot say that they share the pain
or show it not even the photo
in which the expressions of the dead shine forth
the crutches by their mass the prosthetic limbs by theirs
bear witness the eyeglasses bear witness
the suitcases the children’s shoes the german tourists
in the stage set oshvientsim had become
the letters over its gates still glowing
still writ large
ARBEIT MACHT FREI
& to the       HOTEL
and GASTRONOMIC BAR
the spirit of the place dissolving
indifferent to his presence
there with the other ghosts
the uncle       grieving
his eyelids turning brown an eye
protruding from his rump
this man whose body
is a crab’s
his gut turned outward
the pink flesh of his children
hanging from him
that his knees slide up against
there is no holocaust
for these       but khurbn only
the word still spoken by the dead
who say       my khurbn
& my children’s khurbn
it is the only word that the poem allows
because it is their own
the word as prelude to the scream
it enters
through the asshole
circles along the gut
into the throat
& breaks out
in a cry       a scream
it is his scream that shakes me
weeping       in oshvientsim
& that allows the poem to come

domingo, agosto 01, 2021

Gabriela Schuhmacher / De "Golpe de frío"




Los colores del atardecer

aparecían al terminar las tareas.
El hijo de Doña María, la vendedora
de frutas y verduras, nos acompañaba
a contemplar el cielo.
Luego de una larga jornada 
sobre el tractor, sus ojos 
nos acercaban la luz 
del corazón de las sandías partidas, del jugo
de los melones ablandados por las lluvias. 
Él, antes de sentarse con nosotros,
se bañaba solo y al salir de la pileta 
cruzaba los brazos tiritando de frío.
Su rostro abría un éxtasis lejano
que nos dejaba desnudos, uno al lado del otro, 
en el vacío de la tarde.


El origen de las estrellas

Miraba a los mayores hacer el fuego
como quien contempla el origen de las estrellas. 
A esas alturas ya había descubierto que no nacían solas. 
Se trataba de minúsculos grupos resultantes 
de una materia nebulosa. En el proceso de formación, 
algunas explotaban violentamente. Intuí lo infernal:
nada bueno iba a pasar bajo cuerpos vacilantes.


Babas del diablo

Atrás de los piramidales se escondía el sol.
En ese punto de fuga, mi perro desaparecía
y llegaban otros sin dueños. Las babas 
del diablo quedaban retenidas 
por los pinos. Las avispas 
hacían sus panales y en lo bajo de los troncos 
varias culebras se encontraron muertas.
Las mujeres avanzábamos de la mano, 
o convencíamos a algún amigo para que
nos acompañara a explorar. 
Agitadas, voceábamos su nombre, 
dándonos palmadas sobre la boca. 
La gloria y el miedo iniciaron un lugar donde
luces y sombras se perdían juntas. Inexpertas,
jurábamos que nunca nos íbamos a enamorar.

                                                 / a Fernanda, 
                                                Cecilia e Inés


La fuerza divina

no podía elevarnos. Con la creciente 
el pueblo se puso intransitable.
Por el camino de arena 
se arreaba el ganado
a tierras más altas. Nadie podía 
llegar a la iglesia. 
Dios se había convertido 
en un pájaro que bajaba 
en picada 
para devorar ranas y libélulas:
los temores vagos 
entre el cielo y la tierra
necesitan alimentarse.
Comprendimos, 
en nuestro humano entendimiento, 
que la fuerza divina 
era limitada, sin embargo,
nos salvaba.
Agradecidos, tomábamos sol, 
cerca de la tranquera
para ver el paso de las vacas.

Gabriela Schuhmacher (Sante Fe, Argentina, 1970)

Golpe de frío
,
Universidad Nacional del Litoral,
Santa Fe, 2021









N. del Ad.: Algunos de los poemas de Golpe de frío refieren a los del Trabajar cansa, de Cesare Pavese, según se deja constancia en el final de este libro. De los aquí presentados, "Los colores del atardecer" tributan a "Revelación"; "Babas del diablo", a "Mujeres apasionadas" y "Después".



sábado, julio 31, 2021

Juan Carlos Moisés / Tres poemas



Unos cañitos viejos de andador

Tirados al costado del camino
vimos unos cañitos viejos de andador
que hace varios años mecieron
a una vida pequeña que prometía.

Ahora están bajo las inclemencias
del tiempo; el herrumbre, aunque sigue
su curso implacable, tendrá que trabajar
mucho y sin descanso para terminar,
algún día, con esos pocos restos de materia.
Pienso, sin embargo, que a veces
ni siquiera las palabras duran tanto.

 
Este poema no es político

Este poema no es político.
La poesía que originalmente pudiera
tener este poema tampoco es política.
Pero la poesía que le falta
a este poema sí lo es: política.
Entonces, por acción y también por omisión,
debo admitirlo: este poema es político.


Mensaje subliminal

Al caer la tarde, cuando el día perdía impulso
oímos el canto del zorzal de patas anaranjadas.
Algo se equilibró en el lugar. Algo, sólo eso.
Nosotros callamos y el zorzal entusiasmado
siguió dando lata durante varias horas más.
Con el fin que fuera o con ninguno, se quería quedar.
Fue uno de esos momentos de mensaje subliminal
en que me puse a pensar en el modo sutil, ingenioso,
que vamos siendo mentados por el destino,
llamados a sus filas, compadecidos por él.

Juan Carlos Moisés (Sarmiento, Chubut, Argentina, 1954), "El jugador de fútbol y El viento que hay allá afuera", Op. Cit., diciembre 10, 2015

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viernes, julio 30, 2021

Amy Lowell / Si yo fuese Francesco Guardi




I

Creo que eres una clemátide blanca
que asciende por la pared de un jardín frente al mar,
cuando hay una neblina verde sobre el agua
y un niño come un melón en una barca

cuya vela es marrón.


II

Creo que eres el plateado corazón de una gran plaza,
sosteniendo personas pequeñas como cuentas de cristal,
mirándolas desfilar -desfilar- y reunirse,
cuando el sol resbala hacia un ángulo opuesto,
y una tormenta de campanas de iglesia se tiende como un tejado de
                                         [bronce bajo el cielo 
                                                                  
Amy Lowell (Brookline, Massachusetts, Estados Unidos, 1874-1927) The Complete Poetical Works of Amy Lowell, Houghton Mifflin, Boston, 1999
Versión de Jonio González

N. del Ad.: Francesco Guardi fue uno de los grandes pintores neoclásicos de paisajes venecianos en el siglo XVIII. Su célebre "Plaza de San Marcos, hacia la Basílica" está en la National Gallery, de Londres




IF I WERE FRANCESCO GUARDI

I

I think you are a white clematis
Climbing the wall of a seaside garden,
When there is a green haze on the water
And a boy is eating a melon in a boat

with a brown sail.

II

I think you are the silver heart of a great square,
Holding little people like glass beads,
Watching them parade — parade — and gather,
When the sun slips to an opposite angle,
And a thunder of church bells lies like a bronze roof beneath the sky.

jueves, julio 29, 2021

Tamara Kamenszain / De "La novela de la poesía"

 
La prosa poética ya fue
La novela lírica con evocaciones de infancia
Ya fue ya fue
La poesía que se las da de narrativa
También ya fue salvo cuando cuenta


(...)


Conclusión:

Entre el dolor y la alegría
De estar viva
Escribir poesía para mí
Es dar y recibir una promesa
De supervivencia
Hay corte de verso pero también hay
un verso que se encabalga con otro
Si van de la mano ¿cuentan algo?
No sé pero te aseguro
Con toda el alma quieren seguir contando
Para que mañana si me queda tiempo
Yo te pueda pasar en claro mi cuaderno
Escribirte por ejemplo un ensayo titulado
LA NOVELA DE LA POESÍA
¿Será eso hablar de la muerte?
Vos sabrás.

                            Mayo - octubre de 2011

Tamara Kamenszain (Buenos Aires, 1947-2021), "La novela de la poesía", 2012, La novela de la poesía. Poesía reunida, Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2012

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Víctor Rodríguez Nuñez / De "La luna según Masao Vicente"

 



palma inclinada
se alebresta el sinsonte
que borda suncia

rompecabezas
kenji guarda las almas
en su almacén

después de muerto
a pedro ese revólver
quién se lo quita

*

en la madera
de mi viejo fusil
otro alfabeto

tiré a matar
bendita la torpeza
que me protege

en la montaña
pesa el triple la pólvora
la ideología

*

la luna aún
en este cielo donde
lorca la puso

sombra que espiga
vértigo de arrozal 
espantapájaros

un cielo cruento
hasta para morir
la luna es buena

*

ni la milicia
ni los bandidos quieren
la luna franca

cueva del diablo
el eco me responde
y con tu voz

dejen en paz
la luna entre los hechos
a nadie acusa  

Víctor Rodríguez Núñez (La Habana, 1955)

La luna según Masao Vicente
,
Espacio Hudson,
Buenos Aires, 2021










miércoles, julio 28, 2021

José María Eguren / De "Simbólicas"



Marcha fúnebre de una marionnette

Suena trompa del infante con aguda melodía…
La farándula ha llegado de la reina Fantasía;
y en las luces otoñales se levanta plañidera
la carroza delantera.
Pasan luego, a la sordina, peregrinos y lacayos
y con sus caparazones los acéfalos caballos;
va en azul melancolía
la muñeca. ¡No hagáis ruido!;
se diría, se diría
que la pobre se ha dormido.
Vienen túmidos y erguidos palaciegos borgoñones
y los siguen arlequines con estrechos pantalones.
Ya monótona en litera
va la reina de madera;
y Paquita siente anhelo de reír y de bailar;
flotó breve la cadencia de la murria y la añoranza;
suena el pífano campestre con los aires de la danza.
¡Pobre, pobre marionnette que la van a sepultar!
Con silente poesía
va un grotesco Rey de Hungría
y lo siguen los alanos;
así toda la jauría
con los viejos cortesanos.
Y en tristor a la distancia
vuelan goces de la infancia,
los amores incipientes, los que nunca han de durar.
¡Pobrecita la muñeca que la van a sepultar!
Melancólico un zorcico se prolonga en la mañana,
la penumbra se difunde por el monte y la llanura,
marionnette deliciosa va a llegar a la temprana
sepultura.
En la trocha aúlla el lobo
cuando gime el melodioso paro bobo.
Tembló el cuerno de la infancia con aguda melodía
y la dicha tempranera a la tumba llega ahora
con funesta poesía
y Paquita danza y llora.


La comparsa

Allí van sobre el hielo las figurantas
sepultando en la bruma su paranieve,
y el automóvil rueda con finas llantas,
y los ojos se exponen al viento aleve.

Allí están con la risa multicolora
cascabeles felices de la locura,
y al poniente fluctúa luz incolora,
y los méganos ciñe la nieve obscura.

Así pasan los bellos, claros semblantes
a la luna del alma, la luna muerta;
las que vimos festivas formas galantes
se pierden en las luces del alba incierta.

La amarilla corneja llora en la nieve
y en un sueño fenece su grito alado;
hoy seguir la comparsa nadie se atreve;
porque aquella alegría no ha regresado


La Tarda

Despunta por la rambla amarillenta,
donde el puma se acobarda;
viene de lágrimas exenta
la Tarda.

Ella, del esqueleto madre,
el puente baja, inescuchada;
y antes que el rondín ladre
a la alborada,
lanza ronca carcajada.

Y con sus epitalamios rojos,
con sus vacíos ojos
y su extraña belleza
pasa sin ver, por la senda bravía,
sin ver que hoy me muero de tristeza
y de monotonía.

Va a la ciudad que duerme parda,
por la muerta avenida,
y sin ver el dolor distraída
la Tarda

José María Eguren (Lima, 1874-1942), "Simbólicas", 1911, Obra poética. Motivos, Biblioteca Ayacucho, Caracas, 2005


Foto: La imagen más difundida de José María Eguren (sin data)

martes, julio 27, 2021

W. H. Auden / Salta antes de pensar



No ha de caer la noción de peligro en el olvido:
No importa cuan suave te hubiera parecido
El camino es ciertamente corto y vertical;
Si lo prefieres piensa, igual ha de saltar.

Los eficaces se vuelven cursis al soñar
Y olvidan lo que un tonto sabría recordar;
Es el miedo más que el buen sentido
Lo que tan velozmente cae en olvido.

Las ocupaciones que agitan al gentío,
La imprecisión, la cerveza, el polvo, el ruido,
Cada año inspiran bromas de sutileza impar:
Ríete si quieres, igual has de saltar.

La ropa cuyo uso se aconseja
No será barata ni tendrá el menor sentido
En tanto consintamos ser ovejas
Que nunca mencionan al desaparecido.

Por las buenas maneras puedes tomar partido
Pero alegrarse cuando todos han partido
Es incluso más difícil que llorar:
Nadie está mirando, e igual has de saltar.

Mide cien brazas la profunda soledad
Que sostiene nuestra cama, querido:
Yo te amo pero debes saltar,
Y la seguridad que soñamos debe pasar al olvido.
 
W. H. Auden (York, Inglaterra, 1907-Viena, 1973), "Dover y otros poemas", Diario de Poesía nº 9, Buenos Aires, invierno de 1988
Traducción de Mirta Rosenberg y Daniel Samoilovich

N. de los T.: "Leap before you look" es una inversión de la frase hecha "Look before you leap" que significa literalmente "Piensa antes de saltar" y podría equivaler al castellano "Piensa antes de actuar"


The sense of danger must not disappear:
The way is certainly both short and steep,
However gradual it looks from here;
Look if you like, but you will have to leap.

Tough-minded men get mushy in their sleep
And break the bylaws any fool can keep;
It is not the convention but the fear
That has a tendency to disappear.

The worried efforts of the busy heap,
The dirt, the imprecision, and the beer
Produce a few smart wisecracks every year;
Laugh if you can, but you will have to leap.

The clothes that are considered right to wear
Will not be either sensible or cheap,
So long as we consent to live like sheep
And never mention those who disappear.

Much can be said for social savoir-faire,
But to rejoice when no one else is there
Is even harder than it is to weep;
No one is watching, but you have to leap.

A solitude ten thousand fathoms deep
Sustains the bed on which we lie, my dear:
Although I love you, you will have to leap;
Our dream of safety has to disappear.

 December 1940

Collected Poems, 1976, 1991, Alfred A. Knopf
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Foto: W. H. Auden por Howard Coster, 1937 National Portrait Gallery, Londres

lunes, julio 26, 2021

Olga Fiódorovna Bergholz / Oh, amigo, no pensé que el silencio



Oh, amigo, no pensé que el silencio
es lo peor que nos dejaría la guerra.

Tanta quietud que los pensamientos 
son como gritos o sollozos solitarios.

Acá la gente se arrastra rugiendo, retorciéndose, 
y la sangre espuma en la tierra...
Hay tanto silencio que no vendrá
ni el campesino, ni el carpintero, tampoco el agricultor -
nadie, nunca, vendrá.

Tan silencioso todo, enmudecido,
que no es ni vida ni muerte
sino la peor condena.
Ni vida ni muerte -mudez, mudez-
desesperación que encogió la boca.

Los muertos se quieren vengar de lo vivo:
todos saben, todos recuerdan, y callan.

1940, Finlandia

Olga Fiódorovna Bergholz (San Petersburgo, Rusia, 1910-Leningrado, 1975), Animales en Bruto, 5 de marzo de 1917
Versión de Natalia Litvinova
 

Olga Fiódorovna Bergholz, 1944 Agencia Sputnik/Alamy

domingo, julio 25, 2021

John Hewitt / Para todo irlandés



Tu rostro, voz, nombre dirán
los que dominan tales estudios,
como las vetas de un guijarro
fácilmente encapsulan
una geología exacta
los flujos de la lava, las fallas,
los periodos glaciares
los sedimentos que se formaron
y que nos encerraron y mecieron
en las frías mareas que golpean
sobre estas costas desastrosas.

John Hewitt (Belfast, Irlanda del Norte, Reino Unidos, 1907-1987), The Collected Poems of John Hewitt. Edición a cargo de Frank Ormsby. Blackstaff Press, Belfast, 1991
Traducción de Jorge Fondebrider



Nota del Ad.: John Hewitt es uno de los pocos poetas en el mundo que ha merecido el honor de que un bar lleve su nombre. The John Hewitt abrió en 1999 y es propiedad del Centro de Recursos para Desempleados de Belfast


For Any Irishman 

Your face, voice, name will tell
Those master of such scholarship,
As the veins of a pebble
Readily encapsulate
An exact geology,
The lava flows, the faults,
The glacial periods,
The sediments which formed
And grip us locked and rocked
In the cold tides that beat
On these disastrous shores.