sábado, marzo 22, 2014

W. N. Herbert / Hechos sobre cosas













Las cosas se cansan.
A las cosas les gusta tumbarse.
Las cosas se ponen contentas cuando,
sin razón, colapsan.

La botella de plástico francesa, todavía media llena,
ese libro de tapa blanda, ahí apoyado en
otro libro, soñoliento:
pronto querrán salir,

pronto los encontrarás en el pasto
con los envases vacíos de lavandina y ese pedazo
de cartel de inmobiliaria
que está cubierto de mugre fina como máscara.

La bolsa de plástico que doblaste
se siente constreñida por ti y quiere
colgar de los arbustos, pareciéndose a un espíritu
despatarrado y haciendo dedo.

Las cosas son holgazanas, vagabundas, transitorias;
prefieren cuando llueve.
A las lamparitas les gusta estar tiradas en ese mismo
pasto crecido, no cortado, fortuito

y observar el efecto de embudo: el modo
de mirar hacia la lluvia, todo parece
inclinarse hacia ti,
el modo en que pareces gustarle a la lluvia.

A las cosas que no decaen
les gusta más en los arbustos, les gusta
estar parcialmente enterradas.
Les gusta la frescura del pasto.

A la mayoría de ellas, les gusta
cuando llueve.

W. N. Herbert (Dundee, Escocia, 1961), Omnesia: remix, Bloodaxe Books, Newcastle, 2013
Traducción de Jorge Fondebrider


Facts about Things

Things are tired.
Things like to lie down.
Things are happiest when,
for no reason, they collapse.

That French plastic bottle, still half-full,
that soft-back book, just leaning on
another book, drowsily:
soon they will want to go outside,

soon you will find them in the grass
with the empty bleaching cans and that part
of an estate agent’s sign
that’s covered in a fine grime like mascara.

That plastic bag you’ve folded up
feels constrained by you and wants
to hang from bushes, looking like a spirit,
sprawled and thumbing a lift.

Things are bums, tramps, transitories:
they prefer it when it’s raining.
Lightbulbs like to lie in that same
long, uncut, casual grass

and watch the funnel effect: the way
on looking up the rain, all seems
to bend towards you,
the way the rain seems to like you.

Things which do not decay
like it best in shrubbery, they like
to be partly buried.
They like the coolness of the grass.

Most of all, they like it
when it rains.

viernes, marzo 21, 2014

Carlos Godoy / Los principios del federalismo















Una tarde escuché a mi vecino gritar pidiendo ayuda.

No me animé a salir y pensé en que otro vecino podría acudir.
De todos modos me senté junto a la puerta
y esperé atento.

O no había nadie o nadie quería ayudarlo.

El hombre forzaba tanto la voz que empezó a toser
y a ahogarse mientras gritaba.

Yo me vestí, calenté agua para un café
y seguí apoyado sobre la puerta escuchando los gritos.

De un momento a otro se calló.
Después lo escuché toser durante varias noches.

En el lapso de las dos o tres semanas siguientes
me lo crucé en el supermercado
y me saludó como siempre con un movimiento de cabeza.

Carlos Godoy (Córdoba, 1983), 30.30 poesía argentina del siglo XXI, Editorial Municipal de Rosario, 2013

jueves, marzo 20, 2014

Juan Carlos Flores / de "El contragolpe"
















Visto desde el suelo

Amanece y están en la montaña, respirar otro aire y están en la montaña, gozar es mejor que sufrir y están en la montaña, jugar es mejor que matar y están en la montaña, ex-civilistas, lastre abajo, atraviesan la ley, buscando algún tubo de escape.


El repartidor de biblias

El repartidor de biblias, Dios o su mensajero, va de casa en casa distribuyendo biblias. Ni comida, ni ropa, ni enseres domésticos, ni paquete turístico, ni citación judicial. Hoy que me llamo Pessoa, mi nostalgia es la botella cuyo contenido era leche a la puerta dejada. Exiliado de mí, si pudiera regresar a algún sitio, me gustaría regresar a mí mismo, lugar con arboledas. Ni comida, ni ropa, ni enseres domésticos, ni paquete turístico, ni citación judicial. Hoy que me llamo Pessoa, mi nostalgia es la botella cuyo contenido era leche a la puerta dejada. Exiliado de mí, si pudiera regresar a algún sitio, me gustaría regresar a mí mismo, lugar con arboledas. Ni comida, ni ropa, ni enseres domésticos, ni paquete turístico, ni citación judicial. Bombas de humo, para que tú en el invisible te conviertas. Algo por los asediados hay que hacer.

Juan Carlos Flores (La Habana, 1962), El contragolpe (y otros poemas horizontales), Letras Cubanas, La Habana, 2009


Un estudio de Julio Ortega aquí

Más poemas de Juan Carlos Flores en Fogonero Emergente

miércoles, marzo 19, 2014

Melinda Depetris / Construiste el escenario para tus días













Construiste el escenario para tus días
ese que te hace juego con las lentejuelas de la remera
te dedicaste a bailar abrazando gente posás para las fotos
muchas sonrisas y un mantel bonito
ya lo sé, quiero explotar en la vía pública
que mi relleno sea papel picado y pulpa de pomelo rosado
me gustan las texturas, ese momento en el que
no encontramos otras palabras para decir
que a cierta hora el fin del mundo éramos nosotros.

Melinda Depetris (Punta Alta, 1985), 30.30 poesía argentina del siglo XXI, Editorial Municipal de Rosario, 2013

martes, marzo 18, 2014

Gabriel Ferrater / Mala memoria















La pared era de piedras enormes
y blanqueada con cal azulada. La cama
(un armatoste, reparada
con listones de madera de una caja de coñac),
arrimada al muro, era un caballo
de toros que derramaba las entrañas:
dos colchones de mazorca, gris
el de abajo y rojo el de arriba,
mal cubiertos por la sábana enmascarada
de polvo y betún, ya que los zapatos
no suelen molestar en el amor
de precio más bajo. La chica que vendía
dentro de un alvéolo de aquel pueblo gótico,
su cuerpo poco formado, rudimentario
como la plebe, muy antigua y muy moderna,
hablaba con acento castellano, y era triste.
Dijo que se llamaba Victoria. Tenía
una foto de su prometido, y dos
nada más, de ella misma: una a los catorce años,
la otra del pasaporte.
                                       No sé qué hacer
con la barra de lacre que nos viene a los dedos
cuando registramos un escritorio viejo,
en la noche cerrada, mientras se agrieta un gallo.

Gabriel Ferrater (Reus,1922 - Sant Cugat del Vallès, 1972),  Les dones i els dies, Edicions 62, Barcelona, 2010
Versión de Aníbal Cristobo

Foto: Associació Gabriel Ferrater 

Mala memòria

La paret era de carreus enormes
i emblanquinada amb calç blavosa. El llit
(una gran baluerna, reparada
amb llates d’una caixa de conyac)
arrambat a la pedra, era un cavall
de toros, que abocava les entranyes:
dos matalassos de panolla, gris
el de sota i vermell el de damunt,
mal coberts pel llençol emmascarat
de pols i de betum, car les sabates
no es creu que facin nosa per l’amor
de preu més baix. La noia que venia
dins d’un alvèol d’aquell poble gòtic
el seu cos poc format, rudimentari
com la plebs, molt antiga i molt moderna,
parlava amb accent xava, i era trist.
Diu que es deia Victòria. Tenia
una foto del seu promès, i dues
només, de seves: una als catorze anys,
l’altra de passaport.
                                     No sé què fer-ne,
com la barra de lacre que ens ve als dits
quan regirem un escriptori vell,
dins l’alta nit, mentre s’esquerda un gall.

lunes, marzo 17, 2014

Chella Courington / Cuando murió Berryman




Dejó los zapatos, unos gastados mocasines,
en el puente. Era un par de cuero de cabra
que podría haberse quitado
en cualquier parte: en la universidad,
junto al escritorio, debajo de una mesa del café Tate,
a los pies de la cama de un amante.

Todas las noches pensaba, mañana.
Por la mañana, se acordaba
de su traje en la tintorería, de su ensayo
sobre Marlowe, de los estudiantes que esperaban
ante la puerta de su despacho. El 7 de enero
las razones se agotaron.

Se lavó y recortó la barba,
se puso una camisa nueva.
Poco a poco caminó
hacia el puente.

Chella Courington (Alabama, 1956), en gravity and light
Versión de Jonio González

El poema está dedicado al poeta John Berryman, nacido en McAlister, Oklahoma, en 1914, quien se arrojó del  puente de la Avenida Washington en Minneapolis, Minnesota, en 1972 (N. del Ad..)


Foto: Chella Courington/Facebook


When Berryman Died

He left his shoes, scuffed loafers, 
on the bridge. A cordovan pair 
he could have shed 
anywhere: at the university, 
beside his desk, under Tate’s coffee table,
at the foot of a lover’s bed. 

Every night he thought, tomorrow. 
Mornings, he remembered
his suit at the cleaners, his essay
on Marlowe, students waiting 
outside his office. January 7
reasons ran dry. 

He bathed and trimmed his beard, 
put on a new shirt. 
In eight degrees he walked 
to the bridge.

act. 2021

domingo, marzo 16, 2014

Edwin Yllescas / A la misteriosa, andantes III y IV
















A la misteriosa
(Andante III)

Breve fue su tiempo, acaso súper y restaurante.
Temerosa del gentío al lado, el vino fue casero
blanco, o tinto siempre asaz calentó la palabra.
Los avíos de cena llegaron special delivery.
Sentencia atroz, rodó cabeza y cuerpo tumultuoso.
Colgaron y nunca nadie advirtió la horca soleada
su sistema de cuerdas y contra pesos, nadie lo vio.
Adversos al murmurador, su chiribitil fue extraño;
lobos de Gubia permanecieron en su risco
rapada en su lana negra, ella devoró oveja y pastor
vesperal siempre hubo en él, hueso por lamer y roer.
Tal como uno que sueña haber soñado con Dios
temerosos guardaron astillas para más adelante
y como no sabían dónde queda el espacio en el tiempo
buscaron redomada batalla, apenas reposo, orillados
en la puerta del más adelante. Siempre supieron, al pretérito
sólo suyo pertenece el vacío, el hollejo chupado, relamido.
Después de todo qué podía esperar el vejete.
Acaso, liar los bártulos rumbo al habitual desengaño
a la puerta eterna, otra vez contra la nariz de la vida.

19, 9, 13


A la misteriosa
(Andante IV)

Tenía una vida en Managua. La eche a perder.
Seguro, la  habría echado a perder en cualquier parte
Dada por el azar de mis padres, no la supe conducir
perdí mis años en cantinas y paliduchas de callejón.
Ahora ya todo pasó. No me queda nada.
Estoy más solo que durante aquellos años lapidarios.
Me quedé sin acordeón parisino, sin conservatorio romano.
Mi tiempo pasa lento, estoy ido en lo que pude ser sí ganaba
mi propia batalla contra mí. Confieso que perdí
Siempre hablo de esas cosas y, realmente,
por donde la busque ya no tiene salida el asunto.
Moriré un día de éstos y aún pienso que ganaré la guerra
ya perdida cuando andaba en mis alegres bermejas.
O guam tristis et afflicta voy por mi silencio desierto
pero no te enlutes, tú siempre tendrás París.

26, 09, 13


Edwin Yllescas (Managua, 1941), inéditos, Periódico de Poesía, UNAM, México

sábado, marzo 15, 2014

Heberto Padilla / Tres poemas





No fue un poeta del porvenir

Dirán un día:
él no tuvo visiones que puedan añadirse a la posteridad. 
No poseyó el talento de un profeta.
No encontró esfinges que interrogar
ni hechiceras que leyeran en la mano de su muchacha
el terror con que oían
las noticias y los partes de guerra.
Definitivamente él no fue un poeta del porvenir.
Habló mucho de los tiempos difíciles
y analizó las ruinas,
pero no fue capaz de apuntalarlas.
Siempre anduvo con ceniza en los hombros.
No develó ni siquiera un misterio.
No fue la primera ni la última figura de un cuadrivio.
Octavio Paz ya nunca se ocupará de él.
No será ni un ejemplo en los ensayos de Retamar.
Ni Alomá ni Rodríguez Rivera
Ni Wichy el pelirrojo se ocuparán de él.
La Estilística tampoco se ocupará de él,
No hubo nada extralógico en su lengua.
Envejeció de claridad.
Fue más directo que un objeto.

Fuera de juego, Aditor Publicaciones, Buenos Aires, 1969


Andaba yo por Grecia

Andaba yo por Grecia
y en todo creía sentir la huella de Cavafy.
Cubierta por la lluvia,
coloreada por una tierra parda,
¡qué extraña y solitaria Alejandría en la memoria!

Al templo abandonado,
a la ciudad perdida, a los mitos,
al muro, ¿cómo pudo Cavafy
arrancarles el signo de la vida?

En el tren de regreso,
cuando volvía de otras ruinas,
estaba el campo mudo
y el bosque amarillento
siempre al final de los caminos;
pero no me detuve ante aquel árbol sombrío
que vi al pasar,

que entró por mi ventana,
que aún pone en mis papeles
una hilacha sedienta,
que aún vela sobre mi amor
como un desastre.


El relevo

cada vez que entra y sale
una generación dando portazos
el viejo poeta se aprieta el cinturón
y afina el cornetín
como un gallito:

no se convencen -dice- de que en poesía
la juventud solo se alcanza con los años

Heberto Padilla (Puerta de Golpe, Pinar del Río, Cuba, 1932-Auburn, Alabama, Estados Unidos, 2000), Antología de la poesía hispanoamericana (1915-1980), selección de Jorge Rodríguez Padrón, Selecciones Austral Espasa Calpe, Madrid, 1984


act. 2022

viernes, marzo 14, 2014

Elizabeth Smart / El girasol de Blake
















I

¿Por qué dijo Blake
“Girasol, aburrido del tiempo”?
¡Ahora!, parecen decir
con un estruendo de címbalos
cada vez que los miro.
Muy alegres
y positivos
y disfrutando totalmente
de su redonda brillantez.


II

¡Perdón, Blake!
Ahora entiendo el significado de tus palabras.
Las tormentas y la escarcha han estropeado
su luminoso encanto
y aun cuando permanecen en pie
nada podría transmitir mayor abatimiento
que sus lánguidas
desengañadas
colgantes cabezas.

Elizabeth Smart (Ottawa, 1913-Londres, 1986), The Collected Poems of Elizabeth Smart, David Gascoyne, ed., Paladin, Londres, 1992.
Versión de Jonio González



Blake's Sunflower

I

Why did Blake say 
'Sunflower weary of time'? 
Every time I see them 
they seem to say 
Now! with a crash 
of cymbals!
Very pleased 
and positive 
and absolutely delighting 
in their own round brightness.

II

Sorry, Blake!
Now I see what you mean. 
Storms and frost have battered 
their bright delight 
and though they are still upright 
nothing could say dejection 
more than their weary 
disillusioned
hanging heads. 

jueves, marzo 13, 2014

Geoffrey Hill / De "Himnos de Mercia", 4

















VI

Los príncipes de Mercia eran tejón y cuervo. Esclavo de su libertad, yo excavaba y atesoraba. Huertos fructificados sobre grietas. Yo bebía de los panales de arenisca helada.

«Un niño inadaptado en casa, solitario entre hermanos.» Mas yo, que ninguno tenía, alentaba una extrañeza, me entregaba a juguetes inalcanzables.

Velas de resina nudosa, ramas de manzano, el muérdago pegajoso. «Mira», decían, y de nuevo, «mira». Pero yo corría despacio; el paisaje se retiraba, regresando a su fuente.

En el patio del colegio, en los baños, los niños mostraban orgullosos sus cicatrices de moco seco, muñecas y rodillas adornadas de impétigo.


VII

Gasómetros, su rojo entre los campos. Represas de molino, piscinas de marga en completo reposo. Enjambres de anguilas. Coágulos de ranas: en una ocasión, con ramas y trozos de ladrillo, golpeó una acequia llena; luego se alejó furtivamente de la quietud y el silencio.

Ceolred era su amigo y lo siguió siendo, incluso tras el día del caza perdido: un biplano, ya entonces obsoleto e irreemplazable, dos pulgadas de tosca plata densa. Ceolred lo dejó caer en barrena por un hueco abierto entre los tablones del suelo del aula, suavemente, sobre excrementos de rata y monedas.

Después del colegio atrajo a Ceolred, que se reía de miedo, hasta las viejas canteras, y lo despellejó. Luego, tras dejar a Ceolred, viajó durante horas, solo y tranquilo, en su camión de arena privado, derrelicto, de nombre
Albión.

Geoffrey Hill (Bromsgrove, Reino Unido, 1932-Cambridge, Reino Unido, 2016)), Himnos de Mercia (Mercian Hymns, 1971), Versión de Jordi Doce y Julián Jiménez Heffernan, DVD Ediciones, Barcelona, 2006

Jaime Siles en Perros en la playa:

(...)
Hill parece, pues, transgredir la frontera que Aristóteles establecía entre poesía e historiografía, aunque, como Cicerón, asigna a ésta un valor retórico, que es el que este libro retoma y que podría explicar la razón por la que prima en él el poema en prosa. Seamus Heaney así lo entendió cuando en Stations, gustosamente, se vio sometido a su influencia. Pero hay un punto en todo este libro que todavía está por resolver y al que me gustaría añadir una humilde sugerencia hermenéutica: me refiero no sólo a su clara dimensión política sino también a su misma condición y constitución estética. Mi impresión es que Hill combina aquí dos planos (el de la Historia con mayúscula y el de la historia con minúscula, que se imbrican en la experiencia de la infancia, el sentimiento del paisaje y la mixtura del espacio y del tiempo) pero que lo hace de un modo trágico –y, en ocasiones, lírico– que recuerda a algunos de los procedimientos shakespeareanos y, en concreto, a aquellos que tienen como tema la meditación sobre el poder y, para ser exactos, el hipotema de la violencia fundacional del Estado.

Ese, y no otro, me parece la clave que rige estos Himnos de Mercia, en los que se alude a las leyendas monetales del rey Offa y a los títulos latinos que acompañaron su acción o la de otros reyes en los oscuros tiempos del medievo que se mezclan con los, no menos oscuros, de la memoria personal aquí. De manera que estos Himnos son de carácter político, como se puede ver en la cita de C. H. Sisson que, en la primera edición (1971), los introducía y que, como las acotaciones explicativas que acompañaban a cada uno de los poemas, luego se suprimió. Lo que ha tenido graves consecuencias para la recta comprensión del texto, aunque haya contribuido –y mucho– a aumentar el carácter abierto de la literariedad de esta escritura, porque –como observa Jordi Doce en su fundamentado epílogo– «el sentido aparece incorporado en la configuración misma de la imagen que genera y articula el poema». Y ello no hace sino añadir opacidad. Ahora bien, la opacidad también es un criterio estético, que estudió Fuhrmann y ejemplificó Montale y que, desde la Antigüedad clásica y su reformulación en el Barroco, no ha dejado de ser nunca uno de los rasgos distintivos de la estética de la modernidad.

(...)

Jaime Siles, ABCD las Artes y las Letras, ABC, 4 de noviembre de 2006

VI

The princes of Mercia were badger and raven. Thrall to their freedom, I dug and hoarded. Orchards fruited above clefts. I drank from honeycombs of chill sandstone.

‘A boy at odds in the house, lonely among brothers.’ But I, who had none, fostered a strangeness; gave myself to unattainable toys.

Candles of gnarled resin, apple-branches, the tacky mistletoe. ‘Look’ they said and again ‘look.’ But I ran slowly; the landscape flowed away, back to its source.

In the schoolyard, in the cloakrooms, the children boasted their scars of dried snot; wrists and knees garnished with impetigo.


VII

Gasholders, russet among fields. Milldams, marlpools that lay unstirring. Eel-swarms. Coagulations of frogs: once, with branches and half-bricks, he battered a ditchful; then sidled away from the stillness and silence.

Ceolred was his friend and remained so, even after the day of the lost fighter: a biplane, already obsolete and irreplaceable, two inches of heavy snub silver. Ceolred let it spin through a hole in the classroom-floorboards, softly, into the rat-droppings and coins.

After school he lured Ceolred, who was sniggering with fright, down to the old quarries, and flayed him. Then, leaving Ceolred, he journeyed for hours, calm and alone, in his private derelict sandlorry named Albion.
---

miércoles, marzo 12, 2014

Montserrat Abelló / A menudo decimos




















A menudo decimos
esto es el fin,
ninguna música controla ya
nuestras esperanzas.
Pero hay ojos que no conocemos
que escrutan el horizonte,
labios que susurran.
Oídos que perciben,
que atentos escuchan
allá al fondo de la noche.
Esta es la fuerza que buscamos,
el amor que aprendemos a sostener
contra el borde del tiempo.

Montserrat Abelló (Tarragona, 1918), Al cor de les paraules. Obra poètica 1963-2002, Proa, Barcelona, 2012
Versión de Jonio González


Sovint diem

Sovint diem 
 això és la fi, 
 cap música ja no controla 
 les nostres esperances. 
 Però hi ha ulls que no coneixem 
 que escruten l’horitzó, 
 llavis que xiuxiuegen. 
 Orelles que perceben,      
 que amatents escolten 
 allà al fons de la nit. 
 Aquesta és la força que busquem, 
 l’amor que aprenem a sostenir 
 contra el caire del temps. 

Foto: s/d

martes, marzo 11, 2014

Horacio Fiebelkorn / El presente














Con un amigo íbamos en verano
por la avenida principal de aquella ciudad.
Nos paralizó la maniobra brusca de un auto.

Con qué necesidad apurarse tanto, dijo mi amigo.

Es cierto, le dije, porque en esta ciudad
las cosas, o ya sucedieron, o no ocurrirán nunca.

Si eso es así, ¿dónde está el presente, entonces?,
preguntó, algo inquieto.

Pero en su frase nuestro andar era historia al revés,
esperaba en algún lugar para esfumarse
a pocos pasos de distancia.

Horacio Fiebelkorn (La Plata, 1958), El sueño de las antenas, Ediciones Vox, Bahia Blanca, 2013


Foto: Fiebelkorn en FB

lunes, marzo 10, 2014

Alfonso Gatto / Casi un recuerdo




Encontrarnos por azar nos pareció
en la hora olvidada.
Era la estación amarilla en el verde.
Un ciclista, extraviado el camino,
bebía recuerdos en el fondo de los ojos.
Pero todo es eterno para quien pasa,
hasta el nombre oído alguna vez.

Alfonso Gatto (Salerno, 1909–Orbetello, 1976), La forza degli occhi, Mondadori, 1954
Versión de Jorge Aulicino


Quasi un ricordo

Incontrarci per caso ci parve
nell'ora dimenticata.
Fu la stazione gialla nel verde.
Un ciclista perduta la via
beveva ricordi in fondo agli occhi.
Ma tutto è eterno per chi passa,
anche il nome udito una volta.

Foto: Unico s/d

domingo, marzo 09, 2014

Robinson Jeffers / Ama al cisne salvaje














"Odio mis versos, cada línea, cada palabra.
Oh pálidos y frágiles lápices intentando siempre
la curvatura de una hoja de hierba o la garganta de un pájaro
que se suspende en la rama, erizado contra un blanco cielo.
Oh quebrados y crepusculares espejos siempre por atrapar
un color, un raudo destello del esplendor de las cosas.
Cazador desafortunado, oh balas de cera,
la belleza del león, las alas del cisne salvaje, la tormenta de las alas."
-Este cisne salvaje del mundo no es presa de cazadores.
Mejores balas que las tuyas errarían al blanco pecho,
mejores espejos que los tuyos se quebrarían en la flama.
¿Acaso importa que te odies a ti mismo? Cuanto menos
ama tus ojos que pueden ver, tu mente que puede
oír la música, el trueno de las alas. Ama al cisne salvaje.

Solstice (1933-1935)

Robinson Jeffers (Pittsburgh, 1887- Carmel, 1962), Antología, versiones de Alberto López Fernández y Pablo Soler Frost, Libros del Umbral, Tlalpan, México, Distrito Federal, 1999


Love the Wild Swan

“I hate my verses, every line, every word.   
Oh pale and brittle pencils ever to try
One grass-blade’s curve, or the throat of one bird
That clings to twig, ruffled against white sky.
Oh cracked and twilight mirrors ever to catch
One color, one glinting flash, of the splendor of things.
Unlucky hunter, Oh bullets of wax,
The lion beauty, the wild-swan wings, the storm of the wings.”
—This wild swan of a world is no hunter’s game.
Better bullets than yours would miss the white breast,
Better mirrors than yours would crack in the flame.
Does it matter whether you hate your...self? At least
Love your eyes that can see, your mind that can
Hear the music, the thunder of the wings. Love the wild swan.
---

sábado, marzo 08, 2014

Robinson Jeffers / Los excesos de Dios













¿No es por su gran derroche que conocemos
a nuestro Dios? Pues ser igual a la necesidad
es natural, animal, mineral: pero arrojar
arcoiris sobre la lluvia
y belleza por encima de la luna, y secretos arcoiris
en las cúpulas de las conchas de las profundidades
y hacer el necesario abrazo de la procreación
hermoso también como el fuego;
ni siquiera los hierbajos se multiplican sin florecer
ni los pájaros sin música:
aquí está la gran cualidad humana en el corazón de las cosas,
la extravagante benevolencia, la fuente
que la humanidad puede entender, y con la que acorde correría
si el poder y el deseo fueran pares.

Tamar (1920-1923)

Robinson Jeffers (Pittsburgh, 1887- Carmel, 1962), Antología, versiones de Alberto López Fernández y Pablo Soler Frost, Libros del Umbral, Tlalpan, México, Distrito Federal, 1999


The Excesses Of God

Is it not by his high superfluousness we know
Our God? For to be equal a need
Is natural, animal, mineral: but to fling
Rainbows over the rain
And beauty above the moon, and secret rainbows
On the domes of deep sea-shells,
And make the necessary embrace of breeding
Beautiful also as fire,
Not even the weeds to multiply without blossom
Nor the birds without music:
There is the great humaneness at the heart of things,
The extravagant kindness, the fountain
Humanity can understand, and would flow likewise
If power and desire were perch-mates.
---
Foto: Robinson Jeffers, costa del Pacífico, 1926 Bettmann/Getty Images

viernes, marzo 07, 2014

Eugenio Montale / Elogio de nuestro tiempo













No se puede exagerar bastante
la importancia del mundo
(del nuestro, quiero decir)
probablemente el único
en que se puede
matar con arte y crear también
obras de arte destinadas a vivir
el lapso de una mañana, si bien hecha
de milenios y hasta más. No, no se puede
magnificarlo bastante. Sólo
que debemos darnos prisa
porque podría no estar lejana
la hora en que se infló más de la cuenta,
según un conocido apólogo, la rana.

Eugenio Montale (Génova, 1896-Milán, 1981), "Quaderno di quattro anni", 1973-1977, Poesía completa, traducción de Fabio Morábito, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, Barcelona, 2006


Elogio del nostro tempo

Non si può esagerare abbastanza
l'importanza del mondo
(del nostro, intendo)
probabilmente il solo
in cui si possa uccidere
con arte e anche creare
opere d'arte destinate a vivire
lo spazio di un mattino, sia pur fatto
de millenni e anche più. No, no si può
magnificarlo a sufficienza. Solo
ci si deve affrettare perché potrebbe
non essere lontana
l'ora in cui troppo si sarà gonfiata
secondo un noto apologo la rana.

jueves, marzo 06, 2014

Daiana Henderson / Vi nevar, en Rosario, y con sol
















A ver si alguien entiende lo que digo.
Estábamos en el primer piso de un
estacionamiento. Nos bajamos, encastrando
las manos en los huecos de la ropa.
Un señor pasó muy cerca con su auto,
dijo algo que sonó como que
estaba nevando en Fisherton,
dijimos "¿qué dijo?", "este tipo está loco",
miramos afuera y los copos perfectos
descendían sobre los parabrisas, fue como una
redención y me acordé de tantos libros
y de tantas películas. Quise llamar
a todos por teléfono, decirles que los amo.
Necesito algo que me haga concha el corazón,
Como cuando se te pega una canción espantosa
y necesitás otra pegadiza para reemplazar
esa pieza en tu cerebro automático.
Necesito algo que me destruya.

Daiana Henderson (Paraná, Argentina, 1988), Un foquito en medio del campo, Editorial Municipal de Rosario, 2013

miércoles, marzo 05, 2014

Kakinomoto No Hitomaro / En el mar vestido...


























CIII
(Naga uta)

En el mar, vestido de yedra, de Iwami,
Cerca del cabo de Kara,
El alga miru de las profundidades
Crece en los arrecifes hundidos;
La enjoyada maraña marina
Crece en la playa rocosa.
Agitándose como la enjoyada maraña
Marina, mi amada yacía conmigo,
Mi amada, por la que siento un fervor
Profundo como el océano donde crece la miru
Sólo dormimos juntos unas pocas
Noches maravillosas y después
Tuve que separarme de ella.
Fue como separar enredaderas trenzadas.
Mis entrañas están enredadas.
Con la pena de mi corazón
La añoro y miro hacia atrás.
Una maraña de hojas de colores
Baja por el monte Watari.
Ya no puedo ver el agitarse
De sus mangas al despedirme.
La luna corre por entre las nubes
Y por encima de la casita
De la luna de miel en el monte Yagami.
El sol en el ocaso se ha ocultado.
Ya se va extinguiendo la luz.
Yo creí ser un hombre valiente.
Pero traigo mis delgadas mangas
Empapadas de lágrimas.

Kakinomoto No Hitomaro (Japón, siglos VII-VIII), Kenneth Rexroth, Cien poemas japoneses, versión del inglés al castellano de Carlos Manzano, Gadir, Madrid, 2007

Nota del Ad.:
Rexroth señala que lo único que puede ser tomado por exacto de la biografía de Hitomaro es que vivió durante el reinado del emperador Mommu, entre 697 y 707. La Enciclopedia Británica ubica la fecha de su muerte en 708. Otras reseñas biográficas no arriesgan fechas. Fue incluido en la antología de los 36 Inmortales en el siglo XI. Como señala Rexroth, es un poeta deificado. Las naga uta son composiciones más o menos extensas de contenido elegíaco, informa Rexroth.

Imagen: Hitomaro, según la inspiración de Yosai, siglo XIX


CIII

Tsunusa hau
Iwami non umi no
Koto saegu
Kara no saki naru
Ikuri ni zo
Fuka miru ouru
Ariso ni zo
Tama mo wa ouru
Tama mo nasu
Nabiki neshi ko wo
Fuka miru no
Fukamete moedo
Se neshi yo wa
Ikuda mo arazu
Hau tsuta no
Wakare shi kureba
Kimo mukau
Kokoro wo itami
Omoi tsutsu
Kaerimi suredo
O~ bune no
Watari no yama no
Momiji ba no
Chiri no midari ni
Imo ga sode
Saya ni mo miezu
Tsuma gomoru
Yagami no yama no
Kumo ma yori
Watarau tsuki no
Oshikedomo
Kakuroi kureba
Ama zutau
Iri hi sashinure
Masurao to
Omoeru ware mo
Shikitae no
Koromo no sode wa
Torite nurenu.

martes, marzo 04, 2014

Emily Dickinson / Dos poemas

























887

Sobrevivimos al amor, como a otras cosas
y lo guardamos en el cajón -
hasta que nos parece moda antigua -
como trajes usados por grandes señores.

c. 1864


888

Cuando he visto salir el sol
de su maravillosa casa -
dejar un día en cada puerta
un acto, en cada lugar -

sin incidentes de éxito
o accidentes del ruido -
un tambor me pareció el mundo,
perseguido por niñitos

c. 1864

Emily Elizabeth Dickinson (Amherst, Massachusetts, 1830 - 1886), Poemas, selección y traducción de Silvina Ocampo, Tusquets Editores, Buenos Aires, 2011


[887]
We outgrow love, like other things
And put it in the Drawer -
Till it an Antique fashion shows -
Like Costumes Grandsires wore.

[888]
When I have seen the Sun emerge
From His amazing House —
And leave a Day at every Door
A Deed, in every place —

Without the incident of Fame
Or accident of Noise —
The Earth has seemed to me a Drum,
Pursued of little Boys 

The Poems of Emily Dickinson Edited by Thomas H. Johnson (Universidad de Harvard)
---
Ilustración: daguerrotipo de Dickinson c. 1850  (Amherst College, Massachusetts)

lunes, marzo 03, 2014

José Mármol / Crepúsculo
















Con el color de la torcaz y el lirio,
tranquilas nubes el espacio pueblan,
y allá el confín del horizonte inundan
ondas de fuego que en la mar reflejan.

Guardado el rostro en azulados velos
cae a su ocaso la vital lumbrera,
pero, el cabello destrenzado, flotan
en sierpes de oro sus brillantes hebras.

Púrpura y oro en el ocaso brillan
entre celajes de enlutada niebla,
como entre el manto de la negra duda
los bellos sueños de la edad primera.

Púrpura y oro en el ocaso brillan;
y frente a frente de la luz postrera,
paso tras paso, con semblante adusto,
la obscura noche al firmamento trepa.

Así las esperanzas alumbraron
mi joven corazón; así con ellas
la gloria y el amor se reflejaban
sobre las flores de mi incierta huella.

Así vino después, como la noche,
el desencanto a oscurecer la senda;
y de gloria y de amor y de esperanzas
un crepúsculo vago se conserva.

                                             (Cantos del peregrino)

José Mármol (Buenos Aires, 1818-1871), Antología de la poesía argentina, selección e introducción de Raúl Gustavo Aguirre, Tomo I, Ediciones Librerías Fausto, Buenos Aires, 1979


Imagen: José Mármol, daguerrotipo de entre 1847 y 1853, en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

sábado, marzo 01, 2014

Luis de Tejeda / Santa Rosa de Lima














Nace en provincia verde y espinosa
tierno cogollo; apenas engendrado
entre las rosas, sol es ya del prado,
crepúsculo de olor, rayo de rosa.

De los llantos del alba apenas goza,
cuando es del dueño singular cuidado,
temiendo, o se lo tronche rudo arado,
o se lo aje mano artificiosa.

Mas ya que del cairel desaprisiona
la virgen hoja, previniendo engaños,
la corta y pone en su guirnalda o zona:

así esta virgen tierna en verdes años
cortó su Autor, y puso en su corona:
¡oh bien anticipados desengaños!

                                                          (Coronas líricas)


Luis de Tejeda (Córdoba, Argentina, 1604-1680), Antología de la poesía argentina, selección e introducción de Raúl Gustavo Aguirre, Tomo I, Ediciones Librerías Fausto, Buenos Aires, 1979