domingo, agosto 19, 2007

César Vallejo / Dos poemas



XXIII

Tahona estuosa de aquellos mis bizcochos
pura yema infantil innumerable, madre.

Oh tus cuatro gorgas, asombrosamente
mal plañidas, madre: tus mendigos.
Las dos hermanas últimas, Miguel que ha muerto
y yo arrastrando todavía
una trenza por cada letra del abecedario.

En la sala de arriba nos repartías
de mañana, de tarde, de dual estiba,
aquellas ricas hostias de tiempo, para
que ahora nos sobrasen
cáscaras de relojes en flexión de las 24
en punto parados.

¡Madre, y ahora! Ahora, en cuál alvéolo
quedaría, en qué retoño capilar,
cierta migaja que hoy se me ata al cuello
y no quiere pasar. Hoy que hasta
tus puros huesos estarán harina
que no habrá en qué amasar
¡tierna dulcera de amor!,
hasta en la cruda sombra, hasta en el gran molar
cuya encía late en aquel lácteo hoyuelo
que inadvertido lábrase y pulula ¡tú lo viste tanto!
en las cerradas manos recién nacidas.

Tal la tierra oirá en tu silenciar,
cómo nos van cobrando todos
el alquiler del mundo donde nos dejas
y el valor de aquel pan inacabable.
Y nos lo cobran, cuando, siendo nosotros
pequeños entonces, como tú verías,
no se lo podíamos haber arrebatado
a nadie; cuando tú nos lo diste,
¿di, mamá?

Trilce, 1922


Setiembre

Aquella noche de setiembre, fuiste
tan buena para mí... hasta dolerme!
Yo no sé lo demás; y para eso,
no debiste ser buena, no debiste.

Aquella noche sollozaste al verme
hermético y tirano, enfermo y triste.
Yo no sé lo demás... y para eso,
yo no sé por qué fui triste... tan triste...!

Solo esa noche de setiembre dulce,
tuve a tus ojos de Magdala, toda
la distancia de Dios... y te fui dulce!

Y también fue una tarde de setiembre
cuando sembré en tus brasas, desde un auto,
los charcos de esta noche de diciembre.

Los heraldos negros, 1918

César Vallejo (Santiago de Chuco, Perú, 1892-París, 1938), Obra poética completa, Francisco Moncloa Editores, Lima, 1968
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Foto: César Vallejo, Puerta de Brandemburgo, Berlín, 1929 Wikimedia Commons

Notas sobre Vallejo

Tiendo a pensar que el vallejismo, cuya clave parecía ser la de utilizar el material corriente y el más arcaico léxico español ("Tahona estuosa de aquellos mis bizcochos") para hablar de la condición humana (otra cuestión sin sentido hoy) sucumbió con los poetas entre los sesenta y los noventa, que miraron a la vez realidad y tradición y creyeron en una poesía cuya verdad era lo escrito.

Jorge Aulicino, "¿Quién le teme a César Vallejo?", revista Ñ, 18 de agosto de 2007

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De una entrevista girada por Rodolfo Alonso al administrador de este blog, "para que veas que no todos olvidamos a nuestro padre Vallejo":

"Hay experiencias que acaso no puedan nunca verbalizarse del todo. Y quizás sea ésa, precisamente, una de las fuentes de la poesía. El descubrimiento personal, hondo e íntimo, de César Vallejo, fue para mí un acontecimiento extraordinario."


"...intuí que esa revelación conmocionante se debía a un fulmíneo contacto con la evidencia --en el sentido de Husserl: 'vivencia de la verdad'-- en que su uso de la palabra convertía a un poema."


"Vallejo me transmitió, me contagió, me hizo percibir de repente y a fondo lo que era la palabra entrañable, la poesía lograda, viva. Mucho tiempo después vine a saber que sus dos abuelos también eran gallegos, dos curas que se ayuntaron con sendas indias chimú. Y él, tan profundamente mestizo, nació en una Compostela indoamericana, Santiago de Chuco. Entonces, supongo, esa melancolía humanísima que se siente a través suyo no sería sólo la del indio sometido, sino quizás también la del gallego trasplantado."

Rodolfo Alonso (Buenos Aires, 1934). Poeta. Premio Nacional de Poesía. Editó dos libros de César Vallejo: Cartas a Pablo Abril (1971) y Enunciados de la guerra española (1976). Dedicó al poeta peruano un capítulo de La voz sin amo (Alción, Córdoba, 2006)

sábado, agosto 18, 2007

David Rosemann-Taub / Ataraxia


Ataraxia

De rodillas el Arbol.
Caigo sobre mis ojos: me acompaño:
sólo tengo caminos.
La luz clama: "¡Estoy ciega!"
Cunde frescos sentidos
el ansia, polvorienta, disoluta.
Los pies del cielo con mis pies tropiezan.
Vetusto claroscuro:
caminos y ninguna
huella. Jamás el mundo.

David Rosemann-Taub (Santiago de Chile, 1927), Los despojos del sol, LOM, Santiago de Chile, 2006

Poesía, voz, cronología, artículos, bibliografía

viernes, agosto 17, 2007

César Vallejo / Los heraldos negros

Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!

César Vallejo (Santiago de Chuco, 1892-París, 1938), Los heraldos negros, 1918
Sigue gritando y di lo que quieras de mí, pero no me vuelvas a escribir. Tus cartas me impiden trabajar.
Miguel Angel Buonarroti, carta a su padre. Buonarroti, Obras escogidas, M. E. Editores, Madrid, 1997
Arlt piensa que Las mil y una noches, a pesar de la constelación de personajes y situaciones que describe, es "un libro estático, quieto", producto de la civilización oriental que "gira siempre en torno de un diván" como si se tratase de una noria. (...) Los relatos tienden a la resolución mágica (...) sin jamás lograr construir verdaderos héroes literarios (propios de la cultura occidental, en la más pura tradición greco-latina). (...) Su viaje por Marruecos le permite reinterpretar Las mil y una noches: "Analizando seriamente y sobre el terreno (...) descubrimos que lo que caracteriza la imaginación oriental es precisamente su falta de horizonte y de imaginación".

Axel Gasquet, Oriente al Sur. El orientalismo literario argentino de Esteban Echeverría a Roberto Arlt. Eudeba, Buenos Aires, 2007

martes, agosto 14, 2007

Sin instrucciones


Si la materia no contuviera

sus propias leyes de autodestrucción
es probable que un demiurgo previsor
dejase precisas instrucciones
para la destrucción de lo rosado
blanquecino, beige, azul y oro,
lo rojizo, verdusco o incoloro,
en fin... de todo lo creado.
Pero las "Instrucciones para sostenerle
la vela a una anciana" son más bien imprecisas.
En ellas no figura cuánto tiempo
hay que sostener la vela,
si hasta el fin de nuestros días
o hasta que las pupilas se nos vuelvan cuadradas.
Y lo más preocupante, inquisidor de la conciencia,
si en todo caso cuando la vela se consuma
quien la sostiene estará muerto
y la anciana vivirá para contarlo.

Eduardo Ainbinder, Con gusano, Interzona, Buenos Aires, 2007

domingo, agosto 12, 2007

Jorge Leonidas Escudero / Mi actor gratuito



Es un hombre que inmensamente
espera en una silla,
dentro del restaurant mira hacia la puerta,
no se le mueve un gesto
sigue inmóvil.

Es hora de gente a comer
y él no hace más que estar mano sobre mano
en espera de vaya a saber qué.

Me dije este hombre debe haber muerto
porque no pestañea,
tiene la cara congelada. Y ¿Eh?
se levantó,
caminó hacia la puerta y se hizo humo.

Es una alucinación mía, pensé.
¿Ustedes creen que no?
Siempre veo alguno así,
hombre como si esperara lo que no llega.

Como sea
siempre algún individuo
se me presenta así y hace lo que puede,
luego se retira fantasmagóricamente
para ocupar una silla en otro sitio
y ahí esperarme.
Debe ser un actor excelente que representa
mi ansiedad ante lo inhallable.

Jorge Leonidas Escudero (San Juan, 1920), Caza nocturna, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2007
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Foto: s/d

jueves, agosto 09, 2007

Robert Frost / Devoción













El corazón no puede creer en devoción
Mayor que la de ser playa del océano,
Manteniendo la curva de una posición,
Contando una infinita repetición.

Robert Frost (San Francisco, Estados Unidos, 1874 - Boston, Estados Unidos, 1963) Traducción: Enrique L. Revol
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Foto: Robert Frost, 1941. Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos

martes, agosto 07, 2007

Juan L. Ortiz / De qué matiz...




















¿De qué matiz
abisal ya
la dulzura quieta, quieta
del crepúsculo?

Una dulce y extraña
alma submarina
flotante, o en las cosas como su íntima luz soñada...

Era dulce también estar en ella, ser parte de ella, ser ella...

La inseguridad oscura, los ranchos, el regreso.
La niña en el camino, triste, tras la vaca melancólica.

La vida que se agazapa, dura, e indiferente, sin culpas.
La vida cruel, la crueldad que debe imponerse en la lucha dura.
La crueldad, los gestos duros y sangrientos.

El alma del cielo se azulaba ahora
nocturnamente.

La crueldad. ¿Pero nos volveremos del lado del cielo
y deberemos perdernos en él por siempre
para no saber más de la crueldad?

Oh, no. No es del amor eso, y esperemos
sonrientes, por encima de todo, sonrientes
y prontos a la obra paciente, a la humilde obra paciente.
Seremos en la participación, en la "terrible participación".
Entre las desgarraduras y las llagas y la sangre inocente y las súplicas angustiosas,
traspasados pero atentos, con la honda fe libre aunque algunas veces ella nos duela.

Juan L. Ortiz (Puerto Ruíz, 1896-Paraná, 1978), "La mano infinita", 1951, En el aura del sauce, Editorial Biblioteca, Rosario, 1970
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Foto: s/d

domingo, agosto 05, 2007

La vid

De quién nosotros y todos ellos somos,
todos ustedes ahora lo saben. Pero tú sabes,
después de que ellos empezaron a descubrirnos, nosotros crecimos.
Antes ellos habían muerto creyéndonos las causas

de sus actos. Ahora nosotros no sabemos
la verdad de algunos todavía al piano, aunque
ellos a menudo nos citan, causando
estos cambios que nosotros pensamos que somos. A nosotros no nos importa

sin embargo, tan alto ahi arriba
en joven aire. Pero las cosas se tornan más oscuras mientras nos movemos
para preguntarles: ¿A quién debemos alcanzar para saber,
para morir, así ustedes viven y nosotros sabemos?

John Ashbery (Rochester, Nueva York, 1927)
Versión de Mariana Aulicino


The grapevine
Of who we and all they are /You all now know. But you know /After they began to find us out we grew /Before they died thinking us the causes //Of their acts. Now we'll not know /The truth of some still at the piano, though /They often date from us, causing /These changes we think we are. We don't care //Though, so tall up there /In young air. But things get darker as we move /To ask them: Whom must we get to know/To die, so you live and we know?

viernes, agosto 03, 2007

Pedro Serrano (Montreal, 1957) dirá --y desarrollará-- que si algo distingue a un poema contemporáneo es su ductilidad, su falta de pertenencia. Su capacidad poética no radica en su pertenencia sino en su pertinencia.

Susana Cabuchi (Córdoba, 1948) dirá y desarrollará que el poema contemporáneo barre la concepción tradicional, que asignaba temas, escenografías y lenguajes a cada una de las distintas especies de la poesía.

Víctor Manuel Mendiola (México DF, 1954) dirá y desarrollará que el poema contemporáneo es o puede ser la crítica del vacimiento de la poesía del siglo XX y la creación de un nuevo significado y un nuevo sentido de la realidad.

Jorge Aulicino (Buenos Aires, 1949) dirá y desarrollará que el factor de contemporaneidad de la poesía está dado por la conquista de la impersonalidad y la recuperación de la función primordial del canto, que es el extrañamiento.


Del 27 al 31 de agosto 2007, a las 19 hs
CCEBA Paraná 1159
Qué hace contemporáneo a un poema

Seminario de poesía coordinado por Jorge Fondebrider.
Participan: Jorge Aulicino, Susana Cabuchi
Víctor Manuel Mendiola y Pedro Serrano.

Del 27 al 31 de agosto 2007, a las 19 hs
CCEBA Paraná 1159 (+54 11 4312 32 14)

jueves, agosto 02, 2007

La madera lo llama


Sueño con carpintero

La madera lo llama.
Su infantil aroma de pupitre
lo convence
de que el amor es posible.
Tornea en su mente
paisajes ajenos;
el resto son sus manos
a la obra, la luz
que es tanta y sin sentido.
El carpintero hace música de sierra,
pinta la falta
que le hacen los sillones.

Nada en su memoria está quieto.
Pero nada lo turba.
Las imágenes pasan
por orden a sus planos
como muñecos de cucú.
Hoy es el trabajo más amado:
la escultura del aire,
el hielo de la boca,
el apretado corazón de las tenazas.

Eduardo Mileo (Buenos Aires, 1953), Poemas del sin trabajo, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2007

martes, julio 31, 2007

Jorge Teillier / De "Para un pueblo fantasma"

39
Si el mismo camino que sube
es el que baja
lo mejor es mirarlo
inmóvil desde una ventana.

40
Los charcos
abren ojos aterrados
al oír a los patos.

41
Mientras no cesan los golpes de los dados
tres bicicletas relucientes y frías
esperan pacientes y cabizbajas
afirmadas en la pared de la cantina.

42
Fuego bajo las cenizas.
Y en el muro
la sombra de los amigos muertos.

Jorge Teillier (Lautaro, Chile, 1935 -Viña del Mar, Chile, 1996), Para un pueblo fantasma, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso-Concejo Nacional del Libro y la Lectura.
Salesianos, sin dirección del impresor, Chile, 2003.
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Foto: Teillier con su hija, Carolina. La Ligua, 1993. Universidad de Chile

lunes, julio 30, 2007

Enrique Lihn / De "Una nota estridente", 1


La revolución es

La revolución es nuestro negocio viajamos
a Cuba de preferencia en la época de verano
y nos detuvimos en Praga pero no abandonamos París
a su esplendorosa fachada. Y nos metimos de rondón
en la dorada podredumbre neocapitalista
unos dólares de más no están de menos.
Y Fidel nos brindó su amistad personal
por la revolución viajamos y viajamos
a una edad en que los hombres prosperan
pero quién no lo comprende y habría que oírnos gritar
Patria o Muerte en la Plaza de la Revolución.

Enrique Lihn (Santiago de Chile, 1929-1988) , Una nota estridente, Ediciones Universidad Diego Portales, Santiago de Chile, 2005

(N. de R.: Este libro estuvo inédito más de treinta años).

jueves, julio 26, 2007

Astracanada





El tercer recuerdo que tengo presente, en apariencia propio de una astracanada, nació como resultado de un embrollo sentimental que enfrentó al poeta con otro poeta, Jorge Teillier (N. de R.: Lautaro, 1935-Viña del Mar, 1996), una de las voces importantes de la generación del cincuenta. El hecho es que, a pesar de estar lejos del entuerto, me vi una tarde en la obligación moral de acompañar a Jorge a la Quinta Normal, en cuyas calles, pobladas de acacias y de nogales, había pactado con Enrique (N. de R.: Lihn, Santiago de Chile, 1929-1988)) batirse a duelo de pistolas. No niego que, a pesar de las aprensiones, tenía cierta curiosidad en observar qué ocurriría en el lance. Como diría el insidioso Gerardo de Pompier, el destino supo guiar los pasos de los contendientes y, a medida que oscurecía la tarde de noviembre en los jardines del antiguo parque, cada cual se fue alejando del otro hasta que, llegado un instante, plena noche ya, las partes optaron por una honrosa retirada ante la ausencia del otro duelista.

Germán Marín en el prólogo a El circo en llamas, de Enrique Lihn, Lom Ediciones, Santiago de Chile, 1997
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Fotos: Teillier y Lihn s/d

viernes, julio 20, 2007

Así las cosas

Alejandro Schmidt / Debería

Debería

Ahora es cuando tengo que pensar en mi madre
pero
está mal eso
porque debería ser visitado por ella
como esa irradiación
y el humo de la lengua.

La madre no es algo que se piensa.

Alejandro Schmidt (Villa María, Argentina, 1955-Córdoba, Argentina, 2021), Mamá, Ediciones Recovecos, Córdoba, 2007

miércoles, julio 18, 2007

¿Fraude o traducción?

La hipótesis en cuestión podría ser formulada así: el hecho de que las versiones de la poesía del siglo XX, de distintas lenguas, hayan privilegiado tal criterio literal y arrítmico ha creado en no pocos lectores, e incluso en poetas argentinos, una imagen distorsionada de la poesía moderna, identificada con ese modelo informal, que lleva a la espontánea contraposición con un modelo de lírica con métrica y rima asociada a una escritura tradicionalista y anticuada. Basta cotejar, en cambio, los textos originales para comprobar que autores tan diversos y decisivos para la escritura moderna, como T. S. Eliot, Wallace Stevens, Robert Lowell, Robert Frost, W. H. Auden, Stephen Spender, Cecil Day Lewis, Paul Eluard, Louis Aragon, Giuseppe Ungaretti, Eugenio Montale, Umberto Saba, Sandro Penna, Salvatore Quasimodo, Vittorio Sereni, Alfonso Gatto, Cesare Pavese, Rainer María Rilke, George Trakl, Stefan George, Hermann Hesse, Else Lasker-Schüler, Gottfried Benn, Bertolt Brecht, etc., etc., lejos de
ser los poetas antimusicales que tales traducciones nos presentan, han sido artistas que han trabajado sus versos con un cuidadoso sentido rítmico y métrico, y a menudo con un insistente recurso a las asonancias y las consonancias de la rima.

Pablo Anadón, Aproximaciones a la traducción de poesía en la Argentina, revista Fénix, número 20-21, octubre 2006-abril 2007, Córdoba.

martes, julio 17, 2007

Fabio Morábito / A lo mejor todos nacimos en Alejandría


Yo vine al mundo
en la ciudad más prostituida,
más circular,
más envidiada,
todo se deteriora
al acercarse a ella,
todo trabaja en su favor
para dejarla inalcanzable.
A lo mejor se nace siempre así,
a lo mejor todos nacimos en Alejandría.
Jamás he de volver a verla
porque mi edad, mis versos
(¿no son lo mismo?)
se han hecho
de esta lejanía
no de otra cosa.
Mi verdadero lujo
es éste: haber nacido
donde no he de volver jamás,
casi no haber nacido.
Cuando me muera,
si he de morir,
me moriré más lejos que ninguno.

Fabio Morábito (Alejandría, 1955), Alguien de lava, Ediciones Era y Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Ciudad de México, 2002