lunes, enero 01, 2018

T. S. Eliot / Viaje de los Reyes Magos

















"Aquella sí que fue una travesía fría,
justo la peor época del año
para un viaje, y un viaje tan largo:
los caminos socavados y un tiempo riguroso,
lo más helado del invierno."
Y los camellos magullados, las patas lastimadas, díscolos,
echándose en la nieve que se derretía.
Hubo ocasiones en que extrañamos
los palacios de verano en las laderas, las terrazas,
y las sedosas muchachas trayéndonos sorbetes.
Además, los camelleros que maldecían, rezongaban
y desertaban, ansiosos de aguardiente y de mujeres,
y los fuegos nocturnos que se apagaban, la falta de refugios,
y las ciudades hostiles, los poblados inamistosos,
y los sucios caseríos donde cobraban precios muy altos:
aquellas sí que fueron circunstancias muy duras.
Al final optamos por viajar la noche entera,
con voces que resonaban en nuestros oídos, diciéndonos
que todo era una locura.
Después, un amanecer, llegamos a un valle templado,
húmedo, bajo la línea de las nieves, fragante de vegetación;
con un arroyo, un molino que batía en la oscuridad,
y tres árboles contra el cielo bajo,
y un viejo caballo blanco alejándose al galope por el prado.
Después arribamos a una taberna con hojas de parra en el dintel,
seis manos ante una puerta abierta jugando a los dados por monedas de plata,
y pies que pateaban odres vacíos.
Pero allí no nos dieron noticias, y entonces continuamos
y a la noche, justo a tiempo, dimos
con el sitio; la cosa fue (podría decirse) satisfactoria.

Todo eso ocurrió hace mucho, lo recuerdo,
y lo haría de nuevo, pero repara
en esto, repara
en esto:¿se nos hizo viajar hacia
un Nacimiento o una Muerte? Hubo un Nacimiento, por cierto,
tuvimos la prueba y no dudamos. Yo había visto nacimientos y muertes,
pensando que eran cosas distintas; este Nacimiento fue
para nosotros dura y amarga angustia, como la Muerte, nuestra muerte.
Retornamos a nuestros lugares, estos Reinos,
aunque ya no más en paz, en el viejo orden establecido,
con un pueblo extraño aferrado a sus dioses.
Me sentiría gozoso con otra muerte.

[Ariel Poems, 1927]

T. S. Eliot (St. Louis, Estados Unidos, 1888-Londres, 1965), Retrato de una dama y otros poemas. Versión y notas de Alberto Girri y Enrique Pezzoni, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1983

De las notas de los traductores:
La fuente del poema (1927) está en el Evangelio de San Matías (2, 1-12), y la variante que Eiot introduce es que el relator -uno de los Magos- refiere los hechos como sucedidos hace mucho tiempo, pesando y analizando sus implicaciones. Habla de las angustias padecidas hasta localizar al Niño, pero también profetiza las cosas que sucederían en la vida de Cristo: la crucifixión es sugerida por tres árboles contra el cielo bajo, y el viejo caballo blanco del verso siguiente es un símbolo para sugerir el caballo blanco del Apocalipsis (19, 11).

Foto: "Sunday Afternoon", T.S. Eliot (der.) con David Cecil, 1923, por lady Ottoline Morrell © National Portrait Gallery, London

Ref.:
The Poetry Archive (voz)


Journey of the Magi

A cold coming we had of it,
Just the worst time of the year
For a journey, and such a long journey:
The ways deep and the weather sharp,
The very dead of winter.'
And the camels galled, sorefooted, refractory,
Lying down in the melting snow.
There were times we regretted
The summer palaces on slopes, the terraces,
And the silken girls bringing sherbet.
Then the camel men cursing and grumbling
and running away, and wanting their liquor and women,
And the night-fires going out, and the lack of shelters,
And the cities hostile and the towns unfriendly
And the villages dirty and charging high prices:
A hard time we had of it.
At the end we preferred to travel all night,
Sleeping in snatches,
With the voices singing in our ears, saying
That this was all folly.

Then at dawn we came down to a temperate valley,
Wet, below the snow line, smelling of vegetation;
With a running stream and a water-mill beating the darkness,
And three trees on the low sky,
And an old white horse galloped away in the meadow.
Then we came to a tavern with vine-leaves over the lintel,
Six hands at an open door dicing for pieces of silver,
And feet kicking the empty wine-skins.
But there was no information, and so we continued
And arriving at evening, not a moment too soon
Finding the place; it was (you might say) satisfactory.

All this was a long time ago, I remember,
And I would do it again, but set down
This set down
This: were we led all that way for
Birth or Death? There was a Birth, certainly
We had evidence and no doubt. I had seen birth and death,
But had thought they were different; this Birth was
Hard and bitter agony for us, like Death, our death.
We returned to our places, these Kingdoms,
But no longer at ease here, in the old dispensation,
With an alien people clutching their gods.
I should be glad of another death.

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