martes, diciembre 05, 2017

Carlos Drummond de Andrade / Caso lluvioso















La lluvia me irritaba. Hasta que un día
descubrí que era maría que llovía.

La lluvia era maría. Y cada pringo
de maría empapaba mi domingo.

Y mis huesos mojando, me dejaba
como tierra que la lluvia labra y lava

Yo era todo barro, sin verdura...
maría, ¡lluviosísima criatura!

Ella llovía en mí, en cada gesto,
pensamiento, deseo, sueño, y el resto.

Era lluvia finita y lluvia copiosa,
matinal y nocturna, activa…¡Qué cosa!

No me lluevas, maría, más que lo justo
llovizna de un momento, apenas susto.

No me inundes de tu líquido plasma,
¡No seas tan acuático fantasma!

Yo le decía en vano -ya que maría
cuanto más yo rogaba, más llovía.

Y chaparreando atroz en mi camino.
lo dejaba bañado en triste vino.

que no calienta pues el agua de lluvia
mosto es de ceniza, no de buena uva.

¡Lluviadera maría, lluviadona,
lluvinienta, lluvil, pluvimiedona!

Yo le gritaba:¡Pará! Y ella seguía lloviendo,
Charcos de agua helada iba tejiendo.

Y hubo tanta maría en mi casa
que la correntada creó alas

y un río se formó, o mar, no sé,
Sé apenas que en él me anegué.

Y cuanto más las olas me llevaban,
las fuentes de maría más lluviaban,

de suerte que con poco, y sin recurso,
las cosas prosiguieron su curso,

y aquí es el mundo mojado y sumido
bajo aquel siniestro y oscuro llovido.

Los seres más extraños juntándose
en la misma acuosa pasta quejándose

contra esa lluvia estúpida y mortal
catarata (jamás hubo otra igual).

Cantos anti-ad petendam se oyeran.
¡Nada! Las cuerdas de agua más enloquecieran,

y maría, canilla desatada,
más deja salir la correntada.

Los navíos sozobran. Los continentes
sucumben con todos los vivientes,

y maría lloviendo. Fue que a esa altura,
diluida y fluida la humana estructura,

y la tierra no sufriendo tal lluviencia,
se conmovió la Divina Providencia,

y Dios, piadoso y enérgico, bramó:
¡No llueva más, maría! - y ella paró.

Carlos Drummond de Andrade (Itabira, Brasil, 1902-Río de Janeiro, Brasil, 1987), Antologia poética. Organizada pelo autor, Companhia Das Letras, São Paulo, 2012
Traducción: Silvina Elena Guala y Carles Tàvec


Ref.:
Jornal do Brasil
Escritores Org
El Placard


CASO PLUVIOSO 

A chuva me irritava. Até que um dia
descobri que maria é que chovia.

A chuva era maria. E cada pingo
de maria ensopava o meu domingo.

E meus ossos molhando, me deixava
como terra que a chuva lavra e lava.

Eu era todo barro, sem verdura…
maria, chuvosíssima criatura!

Ela chovia em mim, em cada gesto,
pensamento, desejo, sono, e o resto.

Era chuva fininha e chuva grossa,
matinal e noturna, ativa…Nossa!

Não me chovas, maria, mais que o justo
chuvisco de um momento, apenas susto.

Não me inundes de teu líquido plasma,
não sejas tão aquático fantasma!

Eu lhe dizia em vão – pois que maria
quanto mais eu rogava, mais chovia.

E chuveirando atroz em meu caminho,
o deixava banhado em triste vinho,

que não aquece, pois água de chuva
mosto é de cinza, não de boa uva.

Chuvadeira maria, chuvadonha,
chuvinhenta, chuvil, pluvimedonha!

Eu lhe gritava: Para! e ela chovendo,
Poças d´água gelada ia tecendo.

Choveu tanto maria em minha casa
que a correnteza forte criou asa

e um rio se formou, ou mar, não sei,
sei apenas que nele me afundei.

E quanto mais as ondas me levavam,
as fontes de maria mais chuvavam,

de sorte que com pouco, e sem recurso,
as coisas se lançaram no seu curso,

e eis o mundo molhado e sovertido
sob aquele sinistro e atro chuvido.

Os seres mais estranhos se juntando
na mesma aquosa pasta iam clamando

contra essa chuva estúpida e mortal
catarata (jamais houve outra igual).

Anti-petendam cânticos se ouviram.
Que nada! As cordas d´água mais deliram,

e maria, torneira desatada,
mais se dilata em sua chuvarada.

Os navios soçobram. Continentes
já submergem com todos os viventes,

e maria chovendo. Eis que a essa altura,
delida e fluida a humana enfibratura,

e a terra não sofrendo tal chuvência,
comoveu-se a Divina Providência,

e Deus, piedoso e enérgico, bradou:
Não chove mais, maria! – e ela parou.

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